jueves, 18 de septiembre de 2014

Tor des Geants (3ª parte)

...¡Y el desenlace final!...

Valtournenche – Ollomont:
Salgo animado pero tanteando el pie en una primera bajada que lleva hasta una aldea que queda al otro lado del valle. Me duele, pero parece que la cosa se ha estabilizado, así que empiezo la subida más animado. El subidón es total cuando suena en el MP3 una canción que no conocía (es de las que me grabé rápido del móvil de Salvador) pero que es super animada (Non é facile, de la Pegatina, https://www.youtube.com/watch?v=vM0gUacrp4g). Tarareo la canción mientras muevo los bastones y subo al compás. A ritmo de música aleatoria sigo subiendo hasta el lago y el refugio de Barmasse (km240, 2175m), donde me encuentro con un chico que resulta estar acompañando a su tío, que está durmiendo 20 minutos (empezamos con la dinámica de acompañantes). Cómo algo y salimos juntos del refugio, pero llevo algo más de ritmo y me separo de ellos en un tramo que pica para abajo, entre senderillo y pista. Más adelante dejamos la pista para dar un rodeo que baja unos 100 metros de desnivel. Hace un par de semanas este trozo lo hice por la pista, por donde en 2 minutos recuperaría el itinerario. Me sorprende no ver a nadie controlando que realmente sigues las banderas. He aquí un sitio donde si te lo conoces puedes ganar 8 o 10 minutos.

Yo sigo a lo mío y después de cruzar la pista afronto la subida, no demasiado larga, que lleva hasta el Col Fenetre d’Ersa (km244, 2295m). El camino ahora flanquea a la derecha, con varios repechos que no recordaba del otro día (cómo se nota la diferencia de kilómetros en las piernas…) y va a parar a una pista por la que llego a un nuevo avituallamiento, el del refugio de Vareton (km 247, 2352m). Aquí me entero que ya es primero Franco Colle, que en este punto acababa de adelantar a Lionel Trivel (que va a explotar auténticamente por los aires…). Yo si no recuerdo mal iba el 16 aquí. Decido jugar una carta que tenía guardada y que es pedir un poco de café. Los que me conocéis sabéis que no me gusta nada y que nunca tomo, y por eso tengo la esperanza de que en este momento me sirva para mantenerme despierto (sinceramente, no noté gran cosa). Llega por detrás el italiano y su lacayo. Me abrigo y salgo del avituallamiento (hoy hace más frío, tocará andar rápido). Ellos han salido un poco antes pero les alcanzo y me dejan pasar porque en la subida aún tiro más. Muy cabrona la subida por eso… Vas teniendo subidas y bajadas y llanos que cruzar, el collado al que vas no se acaba de ver nunca y de noche todavía tienes menos referencias. Se me hace realmente larga, pero finalmente llego al Col de Fenetre du Tzan (km250, 2736m).
El senderillo baja con unas revueltas muy pronunciadas y atraviesa a la derecha para flanquear hasta el Bivacco Reboulaz, nuevo avituallamiento. Llego con ganas de hacer una siestecilla de 15 minutos que me dé una chispa para continuar. Me pido un caldo antes y mientras me lo tomo llegan el italiano y su sobrino. Él dice que para, así que eso me acaba de decidir. Es pan para hoy, hambre para mañana, pero al menos te da un toque de ganas para salir del refugio. Viene ahora una nueva subida dentro de este rompepiernas que es el tramo entre Valtournenche y Oyace: 250m de desnivel hasta el Col de Terray. Todavía llevo más ritmo que mis perseguidores pero noto que queda poco de la alegría de hace un rato. Además no sé cómo quitar el aleatorio del MP3 y de vez en cuando me toca algún reggae que me deja por los suelos. Me voy quitando y poniendo los auriculares en busca de canciones que me inculquen algo de energía (demasiado trabajo pelearme con el aparatito y descifrar su funcionamiento, ¿que lo podría haber hecho antes?...tenéis toda la razón). Llego al collado, como todas estas noches bajo una magnífica luna llena y me dejo caer al otro lado por un tramo algo técnico. El sendero flanquea con continuos repechos hasta meterse por fin en el valle que da acceso al Refugio de Cuney (km256, 2656m; 68h41’). Como todo el rato, al cabo de un poco llegan mis perseguidores. Pido un plato de pasta pero me dicen que me espere 10 o 15 minutos. Unos pardos de cuidado los tipos de este refugio. Les digo que nada, que ya me contento con los pastelitos de mermelada y salgo del refugio con el italiano, su sobrino y las primeras luces del día. Hago balance y tengo la impresión de no haber avanzado nada durante esta noche. Cierto que me comí la primera parte entre fisio y dormir, pero 20km en 6 horas es un balance bastante desolador, que esfuma mis esperanzas de llegar a Courmayeur a una hora prudente del miércoles, más bien me va a tocar madrugada. Pero en fin, todo sea llegar…

“un pas darrera l’altre…”

Aquí ya no tiro más que mis acompañantes y vamos todos juntos, cruzando el Col Chaleby y entrando en la cuenca del Bivacco Clermont. Me paro como siempre a comer algo en este refugio pero el italiano dice que hace calor y que se las pira. Cuando salgo de la cabaña ellos ya van camino del Col de Vessona (km261, 2788), 150 metros de subida que me cuestan más y ya no les recorto nada. Llego al collado y me lanzo por la tartera del otro lado, pero he perdido ritmo y aunque los veo allí abajo, cada vez se me alejan más. La llegada al bosque y algún tramo de camino algo más técnico y con roca mojada, no me ayudan en mi persecución. Total que me centro en volver a coger mi propio ritmo y caminar lo más rápido posible, porque aunque el pie ha mejorado, no lo veo como para ponerme a trotar. Empiezo a notar un hambre importante que se va repitiendo en cada tramo entre avituallamiento y avituallamiento. La bajada por el valle se me hace larga y todavía me queda un repecho (suerte que lo conozco del otro día) de un cuarto de hora antes de llegar al pueblo de Oyace. Le doy vueltas a la táctica para lo que queda de carrera. Ha llegado el día y con eso el sueño ha remitido un poco, pero voy a necesitar hacer como mínimo un sueño más o menos largo (lo cual quiere decir una hora, tampoco nos emocionemos…). Podría esperar a Ollomont, pero me da miedo dormir en las bases de vida porque puede haber mucho ruido, así que voy a intentar dormir aquí.

Llego al avituallamiento (km271, 1463m; 72h33’), que está en un pequeño pabellón, ficho y pido algo de comer. Me sirven una lasaña que me viene como anillo al dedo. Necesitaba algo un poco contundente, sí señor. Me la cómo lento pero seguro y le digo al tipo del control que me despierte en 1 hora (o 45 minutos, no recuerdo qué le dije al final). Me vienen un par de niñas a que les firme un autógrafo, lo cual me deja atónito. Con la pinta que llevo… Me tumbo y cierro los ojos pero enseguida veo que ahí no voy a ningún lado. Está la gente hablando, estoy al lado de la gente del control, con lo cual voy a estar pendiente de si llega alguien… Me levanto y les digo que me voy, y sin más dilación me dirijo hacia la próxima subida, de algo más de 1000 metros hasta el Col Brison.

Afortunadamente la lasaña da sus frutos y además la subida es más bien tendida, así que cojo un ritmo bastante interesante. El pensar que es la antepenúltima subida (qué ganas tenía de poder pensar en estos términos) también me ayuda. Un poco antes del collado hay otro avituallamiento, a donde he decidido trasladar el sueño que pensaba echarme aquí, así que puedo apretar un poco en este tramo de subida. Se trata de una ascensión en oblicuo hacia la izquierda por dentro del bosque, por lo general de pendiente moderada. Un poco antes de llegar al avituallamiento me encuentro a una chica que iba con su padre (por decir algo, pongamos que fuese su padre…) y al verme dice “te acompaño!” y me lleva hasta el refugio, que está cinco minutos más allá. Ficho y pido algo de Coca Cola. Pregunto por caldo, pero no tienen. Eso sí, todo el mundo es muy servicial, exageradamente servicial. Te aguantan el vaso, si mueves un dedo te quieren ayudar a quitarte la mochila, si hablas de galletas van dos a traértela… Con el cansancio casi que me agobio… Les digo que si puedo dormir, me dicen que sí, les digo que dónde y me dicen que en la cabina. Una cabina de metacrilato que se encuentra al sol de la 1 del mediodía. Entro y hace un calor de tres pares de narices. ¿No hay ningún colchón? La mujer empieza a poner mantas sobre un banco metálico para que hagan de colchón. Da igual, yo vengo con la idea de dormir aquí y voy a piño fijo. Tampoco hay almohada pero pillo un saco de dormir que encuentro por ahí. Cierro los ojos… Joder, qué calor… Consigo hacer un pequeño break pero a la media hora me despierto totalmente abrumado por el calor. Me levanto cabreado y salgo de la cabina. Noto un fresquillo por el cuerpo y me doy cuenta de que estoy empapado. Me cabreo más, he tirado la pausa a la basura. Empiezo a caminar hacia el collado y me siento sin fuerzas. Estoy deshidratado. Bebo agua, Enervit y lo que se ponga por delante, pero me vengo un poco abajo moralmente…

“gaudeix del dia a dia, que avui hi som i demà no…”

Venga va, coge un ritmillo que ahí hay un tramo horizontal y recuperas. Voy acercándome al collado. Me cruzo con una pareja y le digo al tío que les diga a los del avituallamiento que son muy amables, pero que no metan a nadie en esa cabina si no quieren que le dé un telele. Llego al Col Brison (km277, 2508m) y pido desesperadamente un poco de agua fresca a un grupillo que está ahí, creo que de control de carrera.

Quedan algo más de 5km hasta la base de vida de Ollomont. Un primer tramo técnico, un flanqueo a la derecha hasta unas casas y la bajada por una pista de infinitas revueltas. En esta bajada aparece una nueva molestia, en la parte interior de la rodilla izquierda, en lo que sería la parte inferior del cuádriceps. Otra cosa más con la que tener cuidado, así que me olvido de la posibilidad de trotar y me centro en caminar con paso amplio y lo más rápido posible. No hay rastro de nadie, ni por delante ni por detrás. Parezco bastante estabilizado en esta 17ª posición. Acabo la bajada y tras un kilómetro de asfalto llego a la base de vida (km283, 1396m; 77h12’). Por seguir quejándome, otro mal que no había comentado es que me molesta horrores la planta del pie derecho, en la zona del metatarso. En ese momento lo achaco a que quizá las Scott tengan poca amortiguación, así que decido cambiar a las Cascadia, pero las Cascadia viejas, no las que he usado hasta Valtournenche. En realidad lo que tenía era una ampolla como una catedral, así que ese cambio no solucionará nada. En el comedor hay un menú de lo más interesante, pero yo sigo con mi habitual plato de macarrones. Me lo acabo, me cambio y me dispongo a salir, justo cuando veo a Armando, que acaba de levantarse de dormir. No habremos coincidido veces ni nada… Le digo que voy tirando y que me cogerá por el camino y salgo a por este último tramo.

Ollomont – Courmayeur
Y la subida, ya la penúltima, empieza sin más dilación. 1400 metros hasta el Col de Champillon, con un pequeño break en el refugio del mismo nombre. Este trozo también lo hice hace tres semanas y me lo conozco bien. Reforzado por el plato de macarrones cojo otra vez un buen ritmo y subo por un tramo de bosque que hasta me parece agradable. Casi sin darme cuenta llego a un prado con un cartel donde hicimos unas fotos el otro día y lo cruzo en ascenso hasta una pista. La sigo a la derecha por pendiente más suave. He descubierto un ritmo combinado de bastones, palos y respiración que me va la mar de bien y hago toda la subida con esa misma cancioncilla. No sé cómo explicarlo, un bastón cada dos pasos y la expiración que coincide con el golpe de bastón… En fín, no importa, que me va bien… Casi sin darme cuenta llego a unas bordas donde cojo una pista que me ha de llevar al refugio, que ya se ve ahí mismo. A pesar de lo que llevamos encima me ha salido un ritmo de subida de entre 700 y 800 metros de desnivel por hora, lo cual me deja la mar de contento. Entro al refugio de buen humor, en el que debe ser mi ciclo anímico número 57 en lo que llevamos de carrera. Me tomo un plato de caldo al que le hecho unos trozos de pan mientras charlo con las chicas del refugio y un chico valenciano que al parecer trabaja allí cada verano. Les doy las gracias y en plena dinámica positiva me dispongo a cubrir los últimos trescientos metros de subida. El camino es algo más empinado pero sigo en forma y llego a la cima en medio de una vista espectacular con los colores de la tarde. Doy una vuelta sobre mí mismo con los brazos y los bastones abiertos. Este es uno de esos momentos mágicos (km289, 2707m).

Empiezo la bajada con un ligero trote, pero mi rodilla me recuerda que no me emocione. Intento buscar una forma de pisar que no me moleste pero no la encuentro, así que sigo bajando con buen paso, vigilando con los bastones, pero controlando. Con el ritmo que he llevado creo que no me habrán recortado por detrás, y delante tampoco tiene pinta de haber nadie, así que voy avanzando casi con la carrera perdida de vista. Sin poder correr, la bajada se hace bastante larga, pero finalmente llego al pequeño avituallamiento de Pontbosset. Me como… no lo adivinaríais… sí, un pastelito de mermelada, y un trozo de mocetta, un embutido que está muy bueno pero que es muy salado y que a mi lengua le sienta como una patada en el trasero. Qué putada! Por un día que el estómago está en plena forma y con el hambre que tengo, comer se convierte en un suplicio por culpa de la lengua. La garganta tampoco está muy fina (¿de esto todavía no me había quejado?). Ya de costumbre tengo un carraspeo bastante constante, que en las carreras de montaña con el aire bastante seco se agrava bastante. Como os podréis imaginar después de 3 días y pico carraspeando tengo las amígdalas como el papel de lija.


Muy simpáticos la gente de este avituallamiento. Pregunto por curiosidad si va primero el italiano Colle o el francés Trivel, y me dicen que el francés ha explotado, que apenas se tenía en pie y que está en Saint Rhemy durmiendo. Mira pues igual hasta gano otra posición. Salgo del punto de control con la sensación de que lo que queda va a ser fácil y que en unas 7 horas estaré en Courmayeur. Me queda la temida subida al Malatra, pero son 1300 metros y ya es la última, así que no puede ser tan grave. Después de un pequeño repecho cojo el tramo llano que me habían prometido y me dedico a ensayar la técnica de marcha nórdica que he observado aquí en Lyon a menudo, entre gente mayor que va a pasear por el Parc de la Tête d’Or. En algún momento casi me doy con el bastón en los huevos pero por lo demás el resultado es muy satisfactorio y debo caminar a 7 u 8 por hora por este agradable camino de hierba. Todo eso amenizado con la música del MP3 que he vuelto a encender para pasar el rato. Desciendo hacia Saint Rhemy moviendo los bastones a ritmo de Romeo Santos, en una imagen que espero que nadie viera. El último tramo se me hace un poco coñazo porque me vuelve a entrar el ataque de hambre previo a cada avituallamiento, pero ya he pasado el kilómetro 300. Todo tiene que ir bien.

Justo antes de llegar me encuentro a Marilisa y su hermana, que me acompañan el último kilómetro. Me dicen que hago mejor cara que ayer y que camino rápido, lo cual me anima. No obstante, el estómago está en modo león de la Metro Goldwin Meyer y tengo unas ganas locas de comer algo. Por fin, llegamos (km303, 1650m; 83h11'). El público que se ha concentrado allí me aplaude y yo devuelvo el detalle. Me siento en la mesa y pido un plato de caldo con pasta. Acaban cayendo tres. En la mesa de al lado está el francés Lionel Trivel, que parece recuperado pero sin ganas de seguir adelante por el momento (finalmente durmió aquí y siguió al día siguiente, un detalle el de querer terminar a pesar de perder su objetivo original, que le valió el premio especial al “fair play”… no me parece mal, pero yo se lo hubiese dado al japonés que quedó quinto y cuando llegaba a la base de vida esparcía sus pertenencias por toda la mesa porque no tenía nadie que le organizara las paradas). Con el estómago recuperado decido levantarme y acabar con esto lo antes posible. Si todo va bien algo más de dos horas de subida y tres horas y pico del collado a Courmayeur y tiene pinta de que voy a poder quedar el 15º, un bonito número.

Salgo del pueblo entre los ánimos de la gente. Los primeros kilómetros discurren por terreno cómodo, subiendo muy progresivamente, hasta que el sendero llega al fondo del valle y se mete a la derecha por la vaguada que da acceso al Refugio Frassati y el Col de Malatra. Veo las banderas como describen un flanqueo y en la ladera de enfrente veo dos primeras luces a unos 2200m y otras cuatro más arriba, que deben ser el refugio. Sigo con mi ritmo de bastones, pasos y respiración, sin pensar, ganando metros poco a poco…

“un pas darrera l’altre…”

Me estoy acercando a la ladera y he perdido la referencia de las luces, tanto las del refugio como las que había más abajo que debe ser de algunas casas. La pendiente aumenta y de repente, casi sin previo aviso, siento que estoy muy cansado. El ataque de sueño es tan repentino como demoledor. Joder… Sigo adelante intentando adivinar donde están las casas. Sigo pasando banderas y subiendo, pero mi ritmo disminuye, con lo cual todo se me hace más largo, con lo cual la cabeza sigue cansándose más. Joder, mira que pensaba que ya había pasado lo peor… Me pregunto si me habré pasado esas casas… Es imposible, tenían una luz de narices… Ahí arriba parece que hay algo, menos mal… Alguien habrá y me podré quedar a dormir un poco… Una luz asoma y llego a un rellano donde hay un par de casas. Un corral de vacas. Me asomo a una puerta y ahí las veo, todas mirándome con los ojos reflejando la luz de mi frontal. No parece haber nadie. Mierda… ¿Me meto dentro a dormir con ellas?... Me asomo a una segunda puerta y unos perros empiezan a ladrar furiosos… Ahí tienes la respuesta… Bufff, no queda más remedio que seguir subiendo.

“ets un corredor fort i tenaç”

Me dan ganas de sacar la manta de supervivencia y tumbarme un rato, pero afortunadamente todavía estoy cuerdo y sé que no es una buena opción. No queda otra, ir de banderola en banderola y llegar al refugio. La subida se me hace eterna en medio de un sueño terrible que me ha dejado las piernas sin chispa. Vuelvo a tener miedo de haberme pasado el refugio, pero no puede ser, estoy siguiendo las banderas!! Finalmene veo un cartel. Apoyado sobre mis bastones leo “Ref. Frassati 0h05”… ¡Menos mal! Me dirijo hacia allí y de repente aparece el pepino de edificio que se veía desde abajo pero que aquí estaba escondido detrás de una colina. Entro por la puerta con un aire nuevamente derrotado. Pido un caldo en medio de una tos bastante fea y me siento. Un par de chicos juegan al ajedrez y un hombre se encarga del control de paso. Unas zapatillas indican que hay otro corredor que está durmiendo. Mira, aún hubiese podido ganar otro puesto, pero es algo que ni me pasa por la cabeza. Me tomo el caldo y les digo que me despierten en una hora. La idea de bajar de 90h se ha esfumado totalmente. Tengo que conseguir cruzar este collado y lo demás poco importa.

Después de una hora de break con algún ataque de tos causado por el cargamento de mocos que asedia mi garganta, me levanto con algo menos de sueño pero con cero ganas de salir ahí fuera al frío. Vuelvo al comedor y mientras me pongo las zapatillas entra un tío vestido con unos pantalones impermeables llenos de barro y un impermeable negro. Parece el típico tío que se ha perdido y llega tarde a un refugio pero me fijo y lleva un dorsal atado a la cintura. Bueno, podía pasar, con todo el rato que me he pasado aquí… Nos saludamos con miradas de solidaridad.

“Where are you from?”
“Ireland, you?”
“Spain. What’s your name?”
“Eoin Keith, you?”
“Albert… there was another Irish…”
“Yeah, Dan Doherty, I think he was at the front”
“Yeah man... he must be at the hotel”
“Yeah... Bastard…”

Le digo que nos vemos por el camino y salgo al frío. Y realmente es al frío. Voy con todo puesto pero va a tocar apretar el paso. Me aseguro que cojo las banderas en la buena dirección (sólo faltaría eso…) y tiro para arriba intentando poner un buen ritmo. El camino sube bastante progresivo, flanqueando en dirección a los pies de una muralla rocosa que se ve al fondo. Una de las brechas que se intuyen tiene que ser el ansiado Col de Malatra. Levanto la vista y no dejan de aparecer banderas, que van girando más y más a la izquierda. Miro hacia atrás y el amigo Irish ya ha salido del refugio. Me cogerá en la bajada, sin duda. Vuelvo a lo mío, que es seguir banderas, que parecen no acabar nunca. El efecto del descanso ya se ha pasado y vuelve a costarme subir. La pendiente se acentúa, miro hacia arriba y veo que las marcas describen unas cuantas eses muy pronunciadas que parecen no acabar nunca. Bueno, al menos este es el último repecho. Cuento que se ven 10 banderolas, bajo la cabeza y voy recontándolas una a una a medida que las voy pasando. El paso vuelve a ser en modo himalayista. Pasan 10 banderolas y todavía no he llegado… Levanto la cabeza y aparecen unas cuantas más… Y una cuerda. Bien! Me suena que en las fotos había una cuerda casi arriba. Me agarro a ella, describiendo un par de eses más. De repente me giro a la izquierda y veo un tajo en la roca de unos 4 o 5 metros de alto. ¡Por fin! Levanto la mano y le señalo con el dedo. ¡Por fin te tengo! Subo los últimos metros y miro al otro lado. La vista es impresionante. Apago el frontal y me siento unos segundos en un hueco de la roca. La luz de la luna ilumina la cara sur del Mont Blanc y toda la pared que sigue hacia las Grandes Jorasses. Un momento verdaderamente especial, de esos que el cansancio no hace más que acentuar tu comunión con el ambiente.

Al otro lado se abre una ladera pedregosa por la que el camino baja a media pendiente. El camino es fácil y puedo bajar por él a buen paso, aunque nuevamente sin correr. Tengo la sensación de que está todo hecho, aunque en el fondo sé que aún queda bastante por caminar. El valle va girando a la derecha y el sendero baja un pequeño escalón un poco más pronunciado. Eoin (hijo de Eomer) llega por detrás trotando alegremente… “That was hard, man”… “Yeah, you saw the mountain with the moonlight?”… “Yeah man, magic… you think you can run a little bit?”… Le digo que no, que tire, que tire. Error, debería haberle seguido un poco, almenos para activarme, pero es fácil hablar ahora. Sigo bajando a la mía y llego a un gran rellano herboso. De noche fallan las referencias, pero espero que al final del rellano haya un escalón que lleve ya al Refugio Bonatti. Ni de coña, al final del rellano hay otro rellano. Las distancias empiezan a parecerme enormes. Me vuelve a coger sueño. Intento concentrarme pero vuelvo a estar como antes. Intento hablar en voz alta conmigo mismo… “Ahora voy a esta roca”… “He llegado a la roca… Voy a esa otra”… Pero mi discurso aburre a las piedras, así que pruebo la misma operación pero como si narrase un partido de fútbol. De esa forma atravieso el segundo rellano, pero todavía hay un tercero. Buffff, pero si la montaña de enfrente está ahí mismo… A pesar del sueño no llegué a tener las famosas alucinaciones de las que habla todo el mundo, pero en medio de esa dinámica de descenso inacabable muerto de sueño, me coge una extraña obsesión. De repente me coge un antojo irrefrenable de beber zumo de pera. Reflexiono sobre cuánto dinero llevo en la mochila y cuántos zumos de pera puedo comprar con eso cuando llegue al Refugio Bonatti. Si, zumo de pera, dulce, tolerable para mi maltrecha lengua… Si, quiero beber zumo de pera… Unas casas me sacan de mis cavilaciones. Hombre, por fin algún elemento singular…  Al lado de las casas hay un cartel que marca 30minutos al refugio. Bueno, menos mal! Me olvido de mis antojos y acelero un poco el paso. Un poco más allá veo el refugio y bajo hacia él con la satisfacción de que ya es el penúltimo punto de control (km320, 2033m; 90h00').

Ya se me han olvidado los zumos de pera, pero he llegado, como desde hace muchos kilómetros, muerto de hambre. Me como otro pastelito de mermelada, el último del periplo, y salgo en dirección al refugio Bertone. Este tramo lo hice el año pasado en sentido opuesto durante el UTMB, recuerdo que tiene bastantes subidas y bajadas. El camino confirma mis recuerdos. Intento caminar rápido pero voy bastante cansino y sin muchas ganas. Voy superando un continuo de subidas y bajadas echando la mirada periódicamente a la derecha hacia el impresionante Glaciar de Boccalatte que baja de las Grandes Jorasses. 

"un pas darrera l'altre..."

Para qué os voy a contar, también se me hace muy largo este trozo, pero finalmente, aunque parezca mentira, supero un último repecho y ahí abajo, a la derecha se ve el Refugio Bertone. Y más abajo… sí, más abajo las luces que vengo persiguiendo desde hace tantos kilómetros, las luces de Courmayeur.

Bajo hasta el refugio, pido un té al tipo del control y le pregunto si viene alguien por detrás. Me dice que no, que el siguiente acaba de salir de Bonatti así que le llevo una hora de ventaja. Me siento tranquilamente y me tomo el té. Dos minutos más tarde aparece un tío corriendo con el acompañante de turno… Será gilipollas… Me levanto confuso y me dirijo al sendero, aunque debería haberme quedado a pedirle explicaciones al tío. Lo pienso y no me queda claro si era un cabrón, un estúpido, un empanado o un poco de todo. El acompañante le pregunta al imbécil si yo soy de la carrera. Yo he cogido ya el sendero pero no me apetece bajar estresado. Si quedo el 17 y no el 16, pues el 17, pero esta bajada la voy a bajar tranquilo y disfrutando de lo que he hecho. El italiano y su lacayo cogen el camino pero no ven banderas y se estresan. Sueltan varios “Porco dio” y lindeces semejantes. Yo le digo al tío que “per me, tu poi andare tranquilo”, pero los tíos siguen ahí parados preguntándose cuál es el camino. “Creo que es por ahí…”… no lo sé, pero este pedazo de camino que baja digo yo que irá a Courmayeur y no a Roma… Los dejo ahí discutiendo y me largo tranquilamente por el camino. Al final parece que se deciden, me pasan y se las piran (casi que me arrepiento de no haberles dado más guerra, por capulletes, pero en fin…). Sigo bajando tranquilo, llamo a mis padres para avisarles de que llego y unas cuantas revueltas después llego a una pista que baja directa hacia las primeras casas. Me pongo a trotar un poco, por aquello de acabar con dignidad. Ya dentro del pueblo oigo unas voces detrás de mí. Me giro y veo un grupo de tres corredores… efectivamente, uno de ellos lleva dorsal. No me jodas… por aquí ya no paso. Acelero el paso calle abajo, con un cabreo que me fastidia porque me quita un poco de la satisfacción del momento. Miro atrás y veo que no me siguen, pero ya no paro. Llego a la curva de la iglesia y enfilo la última recta. Por fin aparece el arco de la meta y veo a Marilisa y a su hermana que han venido a verme. Choco con ellas las manos justo antes de cruzar la meta. Son las 6h51 de la mañana, no hay casi nadie en la calle, no hay demasiados aplausos, el speaker está medio dormido, pero me da igual… Este es mi momento, por el que llevo luchando más de 92 horas y que llevo esperando más de dos meses, en el que vuelvo a sentir que soy capaz de sacar fuerza para superar los problemas y cumplir un objetivo.

Bueno, 21 páginas de Word nada menos. Un record difícil de superar, así que me ahorraré los detalles del resto de días, que básicamente han consistido en esperar la llegada de los compañeros. Casi pleno, solo Salvador tuvo desgraciadamente que abandonar en Gressoney con el estómago en malas condiciones. Él ya sabe lo que es acabar el Tor y como él mismo dijo, saber lo que te queda lo hace aún más duro. Felicidades al resto del equipo, Jordi, Javi, Joan y Alfred. Mención honorífica para Javi que superó el Tor en condiciones harto complicadas y lo bien que se lo tomó. No os podéis imaginar lo que nos reímos contando anécdotas. Un mal bastante frecuente en este tipo de carreras es la retención de líquidos, que hace que se te hinchen las piernas o los pies. Bien, pues hoy sabemos que se pueden hinchar otras cosas… Y hasta ahí puedo leer. Le dejo el espacio “Comentarios” por si quiere ampliarlo él mismo :-P

Esta ha sido la historia de lo que fue propiamente la carrera y las experiencias vividas durante ella. Otro día, con un poco más de tiempo, intentaré colgar otro post con mis reflexiones sobre la polémica que ha envuelto la carrera y mi opinión sobre el reglamento y la manera de cumplirlo. Sea como sea, lo que sí sé es que más allá de lo que hagan los demás, más allá de la posición y del tiempo, que en varios momentos de la carrera pensé que pudieran ser mejores, estoy contento de cómo me he planteado este reto, de cómo he afrontado los problemas y de haber vuelto a sentir la satisfacción de conseguir un objetivo a base de fuerza de voluntad.

Besos y abrazos

3 comentarios:

  1. Molt gran Albert!!! Impresionant de nou tot lo que has aconseguit. Amb una humiltat increible, amb un esforc superior i amb la clarividencia per despres escriure unes croniques apassionants. Bravo! Bravisim! Increiblement gran!
    Una abracada d'un dels teus mes grans fans,

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  2. És molt gran fer tants kms amb estil competitiu com vas fer tu!!Mantenint-te ferm per fer-ho el millor possible a cada instant.És admirable la teva tenacitat!!Moltes felicitatssss pel que has aconseguit Albert!!!

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  3. Hola Albert! Llego a tu blog tras la victoria (esta mañana mismo) de Javi Rodríguez en la edición del 2017 del Tor. La verdad es que había oído y leído algo sobre esta gran carrera, pero dado que "solo" llevo en esto del trail un año, tampoco estaba muy al corriente de como va esto de un ultra-ultra trail. Y la verdad sea dicha... me has hecho disfrutar un montón gracias a tu detallado texto. Has sido capaz de recodar esos detalles que te mantienen entretenido leyendo inmóvil durante un buen rato, tal y como sería retransmitir en directo una carrera de 90 horas pero en el tiempo acelerado de la hora larga que lleva su lectura. Y me ha encantado, gracias por compartir tus emociones y por darnos ganas a los lectores de salir ahí fuera a sufrir y disfrutar por igual.

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