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jueves, 18 de septiembre de 2014

Tor des Geants (3ª parte)

...¡Y el desenlace final!...

Valtournenche – Ollomont:
Salgo animado pero tanteando el pie en una primera bajada que lleva hasta una aldea que queda al otro lado del valle. Me duele, pero parece que la cosa se ha estabilizado, así que empiezo la subida más animado. El subidón es total cuando suena en el MP3 una canción que no conocía (es de las que me grabé rápido del móvil de Salvador) pero que es super animada (Non é facile, de la Pegatina, https://www.youtube.com/watch?v=vM0gUacrp4g). Tarareo la canción mientras muevo los bastones y subo al compás. A ritmo de música aleatoria sigo subiendo hasta el lago y el refugio de Barmasse (km240, 2175m), donde me encuentro con un chico que resulta estar acompañando a su tío, que está durmiendo 20 minutos (empezamos con la dinámica de acompañantes). Cómo algo y salimos juntos del refugio, pero llevo algo más de ritmo y me separo de ellos en un tramo que pica para abajo, entre senderillo y pista. Más adelante dejamos la pista para dar un rodeo que baja unos 100 metros de desnivel. Hace un par de semanas este trozo lo hice por la pista, por donde en 2 minutos recuperaría el itinerario. Me sorprende no ver a nadie controlando que realmente sigues las banderas. He aquí un sitio donde si te lo conoces puedes ganar 8 o 10 minutos.

Yo sigo a lo mío y después de cruzar la pista afronto la subida, no demasiado larga, que lleva hasta el Col Fenetre d’Ersa (km244, 2295m). El camino ahora flanquea a la derecha, con varios repechos que no recordaba del otro día (cómo se nota la diferencia de kilómetros en las piernas…) y va a parar a una pista por la que llego a un nuevo avituallamiento, el del refugio de Vareton (km 247, 2352m). Aquí me entero que ya es primero Franco Colle, que en este punto acababa de adelantar a Lionel Trivel (que va a explotar auténticamente por los aires…). Yo si no recuerdo mal iba el 16 aquí. Decido jugar una carta que tenía guardada y que es pedir un poco de café. Los que me conocéis sabéis que no me gusta nada y que nunca tomo, y por eso tengo la esperanza de que en este momento me sirva para mantenerme despierto (sinceramente, no noté gran cosa). Llega por detrás el italiano y su lacayo. Me abrigo y salgo del avituallamiento (hoy hace más frío, tocará andar rápido). Ellos han salido un poco antes pero les alcanzo y me dejan pasar porque en la subida aún tiro más. Muy cabrona la subida por eso… Vas teniendo subidas y bajadas y llanos que cruzar, el collado al que vas no se acaba de ver nunca y de noche todavía tienes menos referencias. Se me hace realmente larga, pero finalmente llego al Col de Fenetre du Tzan (km250, 2736m).
El senderillo baja con unas revueltas muy pronunciadas y atraviesa a la derecha para flanquear hasta el Bivacco Reboulaz, nuevo avituallamiento. Llego con ganas de hacer una siestecilla de 15 minutos que me dé una chispa para continuar. Me pido un caldo antes y mientras me lo tomo llegan el italiano y su sobrino. Él dice que para, así que eso me acaba de decidir. Es pan para hoy, hambre para mañana, pero al menos te da un toque de ganas para salir del refugio. Viene ahora una nueva subida dentro de este rompepiernas que es el tramo entre Valtournenche y Oyace: 250m de desnivel hasta el Col de Terray. Todavía llevo más ritmo que mis perseguidores pero noto que queda poco de la alegría de hace un rato. Además no sé cómo quitar el aleatorio del MP3 y de vez en cuando me toca algún reggae que me deja por los suelos. Me voy quitando y poniendo los auriculares en busca de canciones que me inculquen algo de energía (demasiado trabajo pelearme con el aparatito y descifrar su funcionamiento, ¿que lo podría haber hecho antes?...tenéis toda la razón). Llego al collado, como todas estas noches bajo una magnífica luna llena y me dejo caer al otro lado por un tramo algo técnico. El sendero flanquea con continuos repechos hasta meterse por fin en el valle que da acceso al Refugio de Cuney (km256, 2656m; 68h41’). Como todo el rato, al cabo de un poco llegan mis perseguidores. Pido un plato de pasta pero me dicen que me espere 10 o 15 minutos. Unos pardos de cuidado los tipos de este refugio. Les digo que nada, que ya me contento con los pastelitos de mermelada y salgo del refugio con el italiano, su sobrino y las primeras luces del día. Hago balance y tengo la impresión de no haber avanzado nada durante esta noche. Cierto que me comí la primera parte entre fisio y dormir, pero 20km en 6 horas es un balance bastante desolador, que esfuma mis esperanzas de llegar a Courmayeur a una hora prudente del miércoles, más bien me va a tocar madrugada. Pero en fin, todo sea llegar…

“un pas darrera l’altre…”

Aquí ya no tiro más que mis acompañantes y vamos todos juntos, cruzando el Col Chaleby y entrando en la cuenca del Bivacco Clermont. Me paro como siempre a comer algo en este refugio pero el italiano dice que hace calor y que se las pira. Cuando salgo de la cabaña ellos ya van camino del Col de Vessona (km261, 2788), 150 metros de subida que me cuestan más y ya no les recorto nada. Llego al collado y me lanzo por la tartera del otro lado, pero he perdido ritmo y aunque los veo allí abajo, cada vez se me alejan más. La llegada al bosque y algún tramo de camino algo más técnico y con roca mojada, no me ayudan en mi persecución. Total que me centro en volver a coger mi propio ritmo y caminar lo más rápido posible, porque aunque el pie ha mejorado, no lo veo como para ponerme a trotar. Empiezo a notar un hambre importante que se va repitiendo en cada tramo entre avituallamiento y avituallamiento. La bajada por el valle se me hace larga y todavía me queda un repecho (suerte que lo conozco del otro día) de un cuarto de hora antes de llegar al pueblo de Oyace. Le doy vueltas a la táctica para lo que queda de carrera. Ha llegado el día y con eso el sueño ha remitido un poco, pero voy a necesitar hacer como mínimo un sueño más o menos largo (lo cual quiere decir una hora, tampoco nos emocionemos…). Podría esperar a Ollomont, pero me da miedo dormir en las bases de vida porque puede haber mucho ruido, así que voy a intentar dormir aquí.

Llego al avituallamiento (km271, 1463m; 72h33’), que está en un pequeño pabellón, ficho y pido algo de comer. Me sirven una lasaña que me viene como anillo al dedo. Necesitaba algo un poco contundente, sí señor. Me la cómo lento pero seguro y le digo al tipo del control que me despierte en 1 hora (o 45 minutos, no recuerdo qué le dije al final). Me vienen un par de niñas a que les firme un autógrafo, lo cual me deja atónito. Con la pinta que llevo… Me tumbo y cierro los ojos pero enseguida veo que ahí no voy a ningún lado. Está la gente hablando, estoy al lado de la gente del control, con lo cual voy a estar pendiente de si llega alguien… Me levanto y les digo que me voy, y sin más dilación me dirijo hacia la próxima subida, de algo más de 1000 metros hasta el Col Brison.

Afortunadamente la lasaña da sus frutos y además la subida es más bien tendida, así que cojo un ritmo bastante interesante. El pensar que es la antepenúltima subida (qué ganas tenía de poder pensar en estos términos) también me ayuda. Un poco antes del collado hay otro avituallamiento, a donde he decidido trasladar el sueño que pensaba echarme aquí, así que puedo apretar un poco en este tramo de subida. Se trata de una ascensión en oblicuo hacia la izquierda por dentro del bosque, por lo general de pendiente moderada. Un poco antes de llegar al avituallamiento me encuentro a una chica que iba con su padre (por decir algo, pongamos que fuese su padre…) y al verme dice “te acompaño!” y me lleva hasta el refugio, que está cinco minutos más allá. Ficho y pido algo de Coca Cola. Pregunto por caldo, pero no tienen. Eso sí, todo el mundo es muy servicial, exageradamente servicial. Te aguantan el vaso, si mueves un dedo te quieren ayudar a quitarte la mochila, si hablas de galletas van dos a traértela… Con el cansancio casi que me agobio… Les digo que si puedo dormir, me dicen que sí, les digo que dónde y me dicen que en la cabina. Una cabina de metacrilato que se encuentra al sol de la 1 del mediodía. Entro y hace un calor de tres pares de narices. ¿No hay ningún colchón? La mujer empieza a poner mantas sobre un banco metálico para que hagan de colchón. Da igual, yo vengo con la idea de dormir aquí y voy a piño fijo. Tampoco hay almohada pero pillo un saco de dormir que encuentro por ahí. Cierro los ojos… Joder, qué calor… Consigo hacer un pequeño break pero a la media hora me despierto totalmente abrumado por el calor. Me levanto cabreado y salgo de la cabina. Noto un fresquillo por el cuerpo y me doy cuenta de que estoy empapado. Me cabreo más, he tirado la pausa a la basura. Empiezo a caminar hacia el collado y me siento sin fuerzas. Estoy deshidratado. Bebo agua, Enervit y lo que se ponga por delante, pero me vengo un poco abajo moralmente…

“gaudeix del dia a dia, que avui hi som i demà no…”

Venga va, coge un ritmillo que ahí hay un tramo horizontal y recuperas. Voy acercándome al collado. Me cruzo con una pareja y le digo al tío que les diga a los del avituallamiento que son muy amables, pero que no metan a nadie en esa cabina si no quieren que le dé un telele. Llego al Col Brison (km277, 2508m) y pido desesperadamente un poco de agua fresca a un grupillo que está ahí, creo que de control de carrera.

Quedan algo más de 5km hasta la base de vida de Ollomont. Un primer tramo técnico, un flanqueo a la derecha hasta unas casas y la bajada por una pista de infinitas revueltas. En esta bajada aparece una nueva molestia, en la parte interior de la rodilla izquierda, en lo que sería la parte inferior del cuádriceps. Otra cosa más con la que tener cuidado, así que me olvido de la posibilidad de trotar y me centro en caminar con paso amplio y lo más rápido posible. No hay rastro de nadie, ni por delante ni por detrás. Parezco bastante estabilizado en esta 17ª posición. Acabo la bajada y tras un kilómetro de asfalto llego a la base de vida (km283, 1396m; 77h12’). Por seguir quejándome, otro mal que no había comentado es que me molesta horrores la planta del pie derecho, en la zona del metatarso. En ese momento lo achaco a que quizá las Scott tengan poca amortiguación, así que decido cambiar a las Cascadia, pero las Cascadia viejas, no las que he usado hasta Valtournenche. En realidad lo que tenía era una ampolla como una catedral, así que ese cambio no solucionará nada. En el comedor hay un menú de lo más interesante, pero yo sigo con mi habitual plato de macarrones. Me lo acabo, me cambio y me dispongo a salir, justo cuando veo a Armando, que acaba de levantarse de dormir. No habremos coincidido veces ni nada… Le digo que voy tirando y que me cogerá por el camino y salgo a por este último tramo.

Ollomont – Courmayeur
Y la subida, ya la penúltima, empieza sin más dilación. 1400 metros hasta el Col de Champillon, con un pequeño break en el refugio del mismo nombre. Este trozo también lo hice hace tres semanas y me lo conozco bien. Reforzado por el plato de macarrones cojo otra vez un buen ritmo y subo por un tramo de bosque que hasta me parece agradable. Casi sin darme cuenta llego a un prado con un cartel donde hicimos unas fotos el otro día y lo cruzo en ascenso hasta una pista. La sigo a la derecha por pendiente más suave. He descubierto un ritmo combinado de bastones, palos y respiración que me va la mar de bien y hago toda la subida con esa misma cancioncilla. No sé cómo explicarlo, un bastón cada dos pasos y la expiración que coincide con el golpe de bastón… En fín, no importa, que me va bien… Casi sin darme cuenta llego a unas bordas donde cojo una pista que me ha de llevar al refugio, que ya se ve ahí mismo. A pesar de lo que llevamos encima me ha salido un ritmo de subida de entre 700 y 800 metros de desnivel por hora, lo cual me deja la mar de contento. Entro al refugio de buen humor, en el que debe ser mi ciclo anímico número 57 en lo que llevamos de carrera. Me tomo un plato de caldo al que le hecho unos trozos de pan mientras charlo con las chicas del refugio y un chico valenciano que al parecer trabaja allí cada verano. Les doy las gracias y en plena dinámica positiva me dispongo a cubrir los últimos trescientos metros de subida. El camino es algo más empinado pero sigo en forma y llego a la cima en medio de una vista espectacular con los colores de la tarde. Doy una vuelta sobre mí mismo con los brazos y los bastones abiertos. Este es uno de esos momentos mágicos (km289, 2707m).

Empiezo la bajada con un ligero trote, pero mi rodilla me recuerda que no me emocione. Intento buscar una forma de pisar que no me moleste pero no la encuentro, así que sigo bajando con buen paso, vigilando con los bastones, pero controlando. Con el ritmo que he llevado creo que no me habrán recortado por detrás, y delante tampoco tiene pinta de haber nadie, así que voy avanzando casi con la carrera perdida de vista. Sin poder correr, la bajada se hace bastante larga, pero finalmente llego al pequeño avituallamiento de Pontbosset. Me como… no lo adivinaríais… sí, un pastelito de mermelada, y un trozo de mocetta, un embutido que está muy bueno pero que es muy salado y que a mi lengua le sienta como una patada en el trasero. Qué putada! Por un día que el estómago está en plena forma y con el hambre que tengo, comer se convierte en un suplicio por culpa de la lengua. La garganta tampoco está muy fina (¿de esto todavía no me había quejado?). Ya de costumbre tengo un carraspeo bastante constante, que en las carreras de montaña con el aire bastante seco se agrava bastante. Como os podréis imaginar después de 3 días y pico carraspeando tengo las amígdalas como el papel de lija.


Muy simpáticos la gente de este avituallamiento. Pregunto por curiosidad si va primero el italiano Colle o el francés Trivel, y me dicen que el francés ha explotado, que apenas se tenía en pie y que está en Saint Rhemy durmiendo. Mira pues igual hasta gano otra posición. Salgo del punto de control con la sensación de que lo que queda va a ser fácil y que en unas 7 horas estaré en Courmayeur. Me queda la temida subida al Malatra, pero son 1300 metros y ya es la última, así que no puede ser tan grave. Después de un pequeño repecho cojo el tramo llano que me habían prometido y me dedico a ensayar la técnica de marcha nórdica que he observado aquí en Lyon a menudo, entre gente mayor que va a pasear por el Parc de la Tête d’Or. En algún momento casi me doy con el bastón en los huevos pero por lo demás el resultado es muy satisfactorio y debo caminar a 7 u 8 por hora por este agradable camino de hierba. Todo eso amenizado con la música del MP3 que he vuelto a encender para pasar el rato. Desciendo hacia Saint Rhemy moviendo los bastones a ritmo de Romeo Santos, en una imagen que espero que nadie viera. El último tramo se me hace un poco coñazo porque me vuelve a entrar el ataque de hambre previo a cada avituallamiento, pero ya he pasado el kilómetro 300. Todo tiene que ir bien.

Justo antes de llegar me encuentro a Marilisa y su hermana, que me acompañan el último kilómetro. Me dicen que hago mejor cara que ayer y que camino rápido, lo cual me anima. No obstante, el estómago está en modo león de la Metro Goldwin Meyer y tengo unas ganas locas de comer algo. Por fin, llegamos (km303, 1650m; 83h11'). El público que se ha concentrado allí me aplaude y yo devuelvo el detalle. Me siento en la mesa y pido un plato de caldo con pasta. Acaban cayendo tres. En la mesa de al lado está el francés Lionel Trivel, que parece recuperado pero sin ganas de seguir adelante por el momento (finalmente durmió aquí y siguió al día siguiente, un detalle el de querer terminar a pesar de perder su objetivo original, que le valió el premio especial al “fair play”… no me parece mal, pero yo se lo hubiese dado al japonés que quedó quinto y cuando llegaba a la base de vida esparcía sus pertenencias por toda la mesa porque no tenía nadie que le organizara las paradas). Con el estómago recuperado decido levantarme y acabar con esto lo antes posible. Si todo va bien algo más de dos horas de subida y tres horas y pico del collado a Courmayeur y tiene pinta de que voy a poder quedar el 15º, un bonito número.

Salgo del pueblo entre los ánimos de la gente. Los primeros kilómetros discurren por terreno cómodo, subiendo muy progresivamente, hasta que el sendero llega al fondo del valle y se mete a la derecha por la vaguada que da acceso al Refugio Frassati y el Col de Malatra. Veo las banderas como describen un flanqueo y en la ladera de enfrente veo dos primeras luces a unos 2200m y otras cuatro más arriba, que deben ser el refugio. Sigo con mi ritmo de bastones, pasos y respiración, sin pensar, ganando metros poco a poco…

“un pas darrera l’altre…”

Me estoy acercando a la ladera y he perdido la referencia de las luces, tanto las del refugio como las que había más abajo que debe ser de algunas casas. La pendiente aumenta y de repente, casi sin previo aviso, siento que estoy muy cansado. El ataque de sueño es tan repentino como demoledor. Joder… Sigo adelante intentando adivinar donde están las casas. Sigo pasando banderas y subiendo, pero mi ritmo disminuye, con lo cual todo se me hace más largo, con lo cual la cabeza sigue cansándose más. Joder, mira que pensaba que ya había pasado lo peor… Me pregunto si me habré pasado esas casas… Es imposible, tenían una luz de narices… Ahí arriba parece que hay algo, menos mal… Alguien habrá y me podré quedar a dormir un poco… Una luz asoma y llego a un rellano donde hay un par de casas. Un corral de vacas. Me asomo a una puerta y ahí las veo, todas mirándome con los ojos reflejando la luz de mi frontal. No parece haber nadie. Mierda… ¿Me meto dentro a dormir con ellas?... Me asomo a una segunda puerta y unos perros empiezan a ladrar furiosos… Ahí tienes la respuesta… Bufff, no queda más remedio que seguir subiendo.

“ets un corredor fort i tenaç”

Me dan ganas de sacar la manta de supervivencia y tumbarme un rato, pero afortunadamente todavía estoy cuerdo y sé que no es una buena opción. No queda otra, ir de banderola en banderola y llegar al refugio. La subida se me hace eterna en medio de un sueño terrible que me ha dejado las piernas sin chispa. Vuelvo a tener miedo de haberme pasado el refugio, pero no puede ser, estoy siguiendo las banderas!! Finalmene veo un cartel. Apoyado sobre mis bastones leo “Ref. Frassati 0h05”… ¡Menos mal! Me dirijo hacia allí y de repente aparece el pepino de edificio que se veía desde abajo pero que aquí estaba escondido detrás de una colina. Entro por la puerta con un aire nuevamente derrotado. Pido un caldo en medio de una tos bastante fea y me siento. Un par de chicos juegan al ajedrez y un hombre se encarga del control de paso. Unas zapatillas indican que hay otro corredor que está durmiendo. Mira, aún hubiese podido ganar otro puesto, pero es algo que ni me pasa por la cabeza. Me tomo el caldo y les digo que me despierten en una hora. La idea de bajar de 90h se ha esfumado totalmente. Tengo que conseguir cruzar este collado y lo demás poco importa.

Después de una hora de break con algún ataque de tos causado por el cargamento de mocos que asedia mi garganta, me levanto con algo menos de sueño pero con cero ganas de salir ahí fuera al frío. Vuelvo al comedor y mientras me pongo las zapatillas entra un tío vestido con unos pantalones impermeables llenos de barro y un impermeable negro. Parece el típico tío que se ha perdido y llega tarde a un refugio pero me fijo y lleva un dorsal atado a la cintura. Bueno, podía pasar, con todo el rato que me he pasado aquí… Nos saludamos con miradas de solidaridad.

“Where are you from?”
“Ireland, you?”
“Spain. What’s your name?”
“Eoin Keith, you?”
“Albert… there was another Irish…”
“Yeah, Dan Doherty, I think he was at the front”
“Yeah man... he must be at the hotel”
“Yeah... Bastard…”

Le digo que nos vemos por el camino y salgo al frío. Y realmente es al frío. Voy con todo puesto pero va a tocar apretar el paso. Me aseguro que cojo las banderas en la buena dirección (sólo faltaría eso…) y tiro para arriba intentando poner un buen ritmo. El camino sube bastante progresivo, flanqueando en dirección a los pies de una muralla rocosa que se ve al fondo. Una de las brechas que se intuyen tiene que ser el ansiado Col de Malatra. Levanto la vista y no dejan de aparecer banderas, que van girando más y más a la izquierda. Miro hacia atrás y el amigo Irish ya ha salido del refugio. Me cogerá en la bajada, sin duda. Vuelvo a lo mío, que es seguir banderas, que parecen no acabar nunca. El efecto del descanso ya se ha pasado y vuelve a costarme subir. La pendiente se acentúa, miro hacia arriba y veo que las marcas describen unas cuantas eses muy pronunciadas que parecen no acabar nunca. Bueno, al menos este es el último repecho. Cuento que se ven 10 banderolas, bajo la cabeza y voy recontándolas una a una a medida que las voy pasando. El paso vuelve a ser en modo himalayista. Pasan 10 banderolas y todavía no he llegado… Levanto la cabeza y aparecen unas cuantas más… Y una cuerda. Bien! Me suena que en las fotos había una cuerda casi arriba. Me agarro a ella, describiendo un par de eses más. De repente me giro a la izquierda y veo un tajo en la roca de unos 4 o 5 metros de alto. ¡Por fin! Levanto la mano y le señalo con el dedo. ¡Por fin te tengo! Subo los últimos metros y miro al otro lado. La vista es impresionante. Apago el frontal y me siento unos segundos en un hueco de la roca. La luz de la luna ilumina la cara sur del Mont Blanc y toda la pared que sigue hacia las Grandes Jorasses. Un momento verdaderamente especial, de esos que el cansancio no hace más que acentuar tu comunión con el ambiente.

Al otro lado se abre una ladera pedregosa por la que el camino baja a media pendiente. El camino es fácil y puedo bajar por él a buen paso, aunque nuevamente sin correr. Tengo la sensación de que está todo hecho, aunque en el fondo sé que aún queda bastante por caminar. El valle va girando a la derecha y el sendero baja un pequeño escalón un poco más pronunciado. Eoin (hijo de Eomer) llega por detrás trotando alegremente… “That was hard, man”… “Yeah, you saw the mountain with the moonlight?”… “Yeah man, magic… you think you can run a little bit?”… Le digo que no, que tire, que tire. Error, debería haberle seguido un poco, almenos para activarme, pero es fácil hablar ahora. Sigo bajando a la mía y llego a un gran rellano herboso. De noche fallan las referencias, pero espero que al final del rellano haya un escalón que lleve ya al Refugio Bonatti. Ni de coña, al final del rellano hay otro rellano. Las distancias empiezan a parecerme enormes. Me vuelve a coger sueño. Intento concentrarme pero vuelvo a estar como antes. Intento hablar en voz alta conmigo mismo… “Ahora voy a esta roca”… “He llegado a la roca… Voy a esa otra”… Pero mi discurso aburre a las piedras, así que pruebo la misma operación pero como si narrase un partido de fútbol. De esa forma atravieso el segundo rellano, pero todavía hay un tercero. Buffff, pero si la montaña de enfrente está ahí mismo… A pesar del sueño no llegué a tener las famosas alucinaciones de las que habla todo el mundo, pero en medio de esa dinámica de descenso inacabable muerto de sueño, me coge una extraña obsesión. De repente me coge un antojo irrefrenable de beber zumo de pera. Reflexiono sobre cuánto dinero llevo en la mochila y cuántos zumos de pera puedo comprar con eso cuando llegue al Refugio Bonatti. Si, zumo de pera, dulce, tolerable para mi maltrecha lengua… Si, quiero beber zumo de pera… Unas casas me sacan de mis cavilaciones. Hombre, por fin algún elemento singular…  Al lado de las casas hay un cartel que marca 30minutos al refugio. Bueno, menos mal! Me olvido de mis antojos y acelero un poco el paso. Un poco más allá veo el refugio y bajo hacia él con la satisfacción de que ya es el penúltimo punto de control (km320, 2033m; 90h00').

Ya se me han olvidado los zumos de pera, pero he llegado, como desde hace muchos kilómetros, muerto de hambre. Me como otro pastelito de mermelada, el último del periplo, y salgo en dirección al refugio Bertone. Este tramo lo hice el año pasado en sentido opuesto durante el UTMB, recuerdo que tiene bastantes subidas y bajadas. El camino confirma mis recuerdos. Intento caminar rápido pero voy bastante cansino y sin muchas ganas. Voy superando un continuo de subidas y bajadas echando la mirada periódicamente a la derecha hacia el impresionante Glaciar de Boccalatte que baja de las Grandes Jorasses. 

"un pas darrera l'altre..."

Para qué os voy a contar, también se me hace muy largo este trozo, pero finalmente, aunque parezca mentira, supero un último repecho y ahí abajo, a la derecha se ve el Refugio Bertone. Y más abajo… sí, más abajo las luces que vengo persiguiendo desde hace tantos kilómetros, las luces de Courmayeur.

Bajo hasta el refugio, pido un té al tipo del control y le pregunto si viene alguien por detrás. Me dice que no, que el siguiente acaba de salir de Bonatti así que le llevo una hora de ventaja. Me siento tranquilamente y me tomo el té. Dos minutos más tarde aparece un tío corriendo con el acompañante de turno… Será gilipollas… Me levanto confuso y me dirijo al sendero, aunque debería haberme quedado a pedirle explicaciones al tío. Lo pienso y no me queda claro si era un cabrón, un estúpido, un empanado o un poco de todo. El acompañante le pregunta al imbécil si yo soy de la carrera. Yo he cogido ya el sendero pero no me apetece bajar estresado. Si quedo el 17 y no el 16, pues el 17, pero esta bajada la voy a bajar tranquilo y disfrutando de lo que he hecho. El italiano y su lacayo cogen el camino pero no ven banderas y se estresan. Sueltan varios “Porco dio” y lindeces semejantes. Yo le digo al tío que “per me, tu poi andare tranquilo”, pero los tíos siguen ahí parados preguntándose cuál es el camino. “Creo que es por ahí…”… no lo sé, pero este pedazo de camino que baja digo yo que irá a Courmayeur y no a Roma… Los dejo ahí discutiendo y me largo tranquilamente por el camino. Al final parece que se deciden, me pasan y se las piran (casi que me arrepiento de no haberles dado más guerra, por capulletes, pero en fin…). Sigo bajando tranquilo, llamo a mis padres para avisarles de que llego y unas cuantas revueltas después llego a una pista que baja directa hacia las primeras casas. Me pongo a trotar un poco, por aquello de acabar con dignidad. Ya dentro del pueblo oigo unas voces detrás de mí. Me giro y veo un grupo de tres corredores… efectivamente, uno de ellos lleva dorsal. No me jodas… por aquí ya no paso. Acelero el paso calle abajo, con un cabreo que me fastidia porque me quita un poco de la satisfacción del momento. Miro atrás y veo que no me siguen, pero ya no paro. Llego a la curva de la iglesia y enfilo la última recta. Por fin aparece el arco de la meta y veo a Marilisa y a su hermana que han venido a verme. Choco con ellas las manos justo antes de cruzar la meta. Son las 6h51 de la mañana, no hay casi nadie en la calle, no hay demasiados aplausos, el speaker está medio dormido, pero me da igual… Este es mi momento, por el que llevo luchando más de 92 horas y que llevo esperando más de dos meses, en el que vuelvo a sentir que soy capaz de sacar fuerza para superar los problemas y cumplir un objetivo.

Bueno, 21 páginas de Word nada menos. Un record difícil de superar, así que me ahorraré los detalles del resto de días, que básicamente han consistido en esperar la llegada de los compañeros. Casi pleno, solo Salvador tuvo desgraciadamente que abandonar en Gressoney con el estómago en malas condiciones. Él ya sabe lo que es acabar el Tor y como él mismo dijo, saber lo que te queda lo hace aún más duro. Felicidades al resto del equipo, Jordi, Javi, Joan y Alfred. Mención honorífica para Javi que superó el Tor en condiciones harto complicadas y lo bien que se lo tomó. No os podéis imaginar lo que nos reímos contando anécdotas. Un mal bastante frecuente en este tipo de carreras es la retención de líquidos, que hace que se te hinchen las piernas o los pies. Bien, pues hoy sabemos que se pueden hinchar otras cosas… Y hasta ahí puedo leer. Le dejo el espacio “Comentarios” por si quiere ampliarlo él mismo :-P

Esta ha sido la historia de lo que fue propiamente la carrera y las experiencias vividas durante ella. Otro día, con un poco más de tiempo, intentaré colgar otro post con mis reflexiones sobre la polémica que ha envuelto la carrera y mi opinión sobre el reglamento y la manera de cumplirlo. Sea como sea, lo que sí sé es que más allá de lo que hagan los demás, más allá de la posición y del tiempo, que en varios momentos de la carrera pensé que pudieran ser mejores, estoy contento de cómo me he planteado este reto, de cómo he afrontado los problemas y de haber vuelto a sentir la satisfacción de conseguir un objetivo a base de fuerza de voluntad.

Besos y abrazos

Tor des Geants (2ª parte)

Cogne – Donnas
Salgo de la base de vida sobre las 8 de la mañana con un frío que pela. No me he atrevido a preguntar ni cómo voy. Me da igual, tengo que centrarme en hacer mi carrera. Y mi carrera ahora me depara 5 kilómetros entre una pista herbosa agradable y una carretera. También es un tramo que se debería correr, pero me da miedo la digestión de mis macarrones, así que intento coger un ritmo de marcha rápida. Por fin unas flechas indican a la izquierda y cojo un senderillo que sube. Alcanzo a una italiana que debe ir tercera (finalmente iba cuarta porque aparte de Canepa y Lecomte estaba la suiza Denise Zimmermann por delante) y aprovecho para comerme un kit kat, que parece que mi estómago ha cogido el buen camino y es momento de compensar lo que no he comido hace un rato. La paso y un poco más allá llego al control de Goilles (km 107), el control de la discordia (pero no entremos en eso de momento). Son un par de carpas a un lado del camino, con algo de galletas y embutido, más bien un avituallamiento discreto. Dos hombres, hay que decir que más bien empanadetes, me hacen fichar. Sigo adelante, un par de minutos después que un corredor americano que me ha adelantado antes de Cogne.

Mi recuperación parece hacerse oficial y avanzo caminando a buen ritmo por una subida bastante moderada. Paso al americano y voy siguiendo una serie de vaguadas que el camino va flanqueando. No conozco este trozo, así que no tengo referencia de lo que queda. Vamos hacia un collado que tiene que estar al fondo del valle, pero hay mil valles, así que no tengo ni idea de dónde es. Pues nada, tú tira para delante y punto. Todavía noto la falta de comida y los 9kms hasta el próximo avituallamiento se me hacen algo largos. Llego con algo de agujero en el estómago pero bien de fuerzas y con el humor recuperado. Entro en el Refugio de Sogno (km 117, 2534m) y me lanzo a por los pastelitos de mermelada, embutido, un vaso de coca-cola para combatir el sueño…

Salgo para afrontar los últimos 300 metros de desnivel hasta el Col Fenêtre (sí, ya hemos pasado un Col Fenêtre hace un rato pero qué queréis que os diga, no hay Copyright…). Unas cuantas revueltas, travesía a la izquierda y llego arriba, donde vuelvo a encontrar público que anima. El ambiente de esta carrera me está encantando. El paisaje que se abre al otro lado es muy chulo, con un largo valle por el que tenemos que bajar hasta Donnas, que empieza con unos prados y lagos de lo más bucólicos. Hace rato que vengo guardando fuerzas y mentalizándome para hacer todo este tramo corriéndolo entero, o caminando lo menos posible, porque si no puedo perder mucho tiempo y hacerse interminable. La bajada empieza a la derecha en dirección  a un primer refugio, el de Miserin, que se encuentra junto a una curiosa iglesia. Aquí no hay avituallamiento así que sigo rodando por una pista cómoda hasta el Refugio de Dondena (km123, 2151m). Más pastelitos de mermelada, que ya empiezan a cansar un poco, un vaso de Coca Cola y decido probar el Enervit que dan como bebida energética. Me sorprende positivamente y lo adopto para el resto de la carrera. Poco antes de salir llega Joviça el serbio, que se alimenta a base de uvas y Coca Cola porque dice que ha vomitado varias veces.


Sigo bajando, próximo objetivo Chardonney. Pistas y senderos sin demasiada historia, un tramo que no conozco así que intento ir avanzando sin pensar y el tiempo se me pasa más o menos rápido hasta Chardonney (km129, 1450m, 27h02'). Entro en la carpa del avituallamiento y me encuentro tres o cuatro corredores que descansan. Creo que iba el 20, con esto me pongo el 17… pues mira qué bien.

En cada avituallamiento hay un cartelito que te pone las características del siguiente tramo. El que toca ahora son 9kms y pico con sólo 20 metros positivos, así que perfecto, más terreno favorable. Esos 20 metros ya los hago en un primer repecho por carretera así que me espero que lo demás sea bajada… Y un huevo. La ruta se mete por un senderillo que baja, sube, va a izquierda, a derecha y empieza a dar más vueltas que un manco en una piragua. Cruza por mi cabeza la duda de si realmente todo el mundo da todas estas vueltas, porque lo que es controles, no hay ninguno. Que conste que bonito lo era, eh! Mejor que ponerse a bajar kilómetros y kilómetros por una pista o carretera, pero cuando llevas más de 100kms en las piernas todas estas subidas inesperadas son las que duelen y las que minan la moral. Con estos dilemas llego al avituallamiento de Pontbosset (km139, 790m).

Marcan una subida de 250 metros para el próximo tramo, antes de llegar a Donnas, pero esta es de verdad. Ya te digo… Una cuesta de narices, que lleva a ninguna parte, pero que jode que no veas. Además son como las 3 de la tarde y hemos bajado hasta 500 o 600 metros, así que el calor aprieta. Pasada la subida llego a una pista que baja hasta un pueblo en el fondo del valle. Debe ser Donnas. Le pregunto a un tío que está sentado junto al camino y me dice que “Cinque kilometri”… “Comorrr?”. Pues sí, sí, esto resulta ser Bard, lo atraviesas y subes una cuesta junto a un castillo, y bajas al otro lado, y más calles y llegas a Donnas, y para más inri el avituallamiento está en la otra punta del pueblo. Finalmente aparece (km148, 330m; 29h55').

El panorama en esta base ya es más calmado que en las anteriores. El demacre se ha instaurado más en las almas y las piernas de la gente. Está Salva Calvo, que se ha retirado, y Pablo Criado, en modo similar. Bastante gente reponiendo fuerzas, alguien durmiendo arriba. Yo ahora resulta que estoy animado, así que cojo la bolsa, la dejo en una mesa y me voy a pedir un plato de macarrones. Mientras me lo como llega Joviça con su racimo de uvas. Charlamos un ratillo y al final decido hacer una siestecilla para ver si así puedo estirar el siguiente tramo hasta Niel, antes de hacer una parada más seria. Subo y me pongo el despertador en 15 minutos pero hace un calor que te mueres, así que al poco me agobio, me levanto y me voy. Salgo un poco por delante del italiano de Tecnica, que hace un rato que no os hablaba de él. Posición, la verdad es que no lo sé, pero imagino que alguna habré ganado con el panorama que había por aquí.

Donnas – Gressoney:
Para empezar, un repecho por una carreterilla, que no está mal para soltar las piernas (andando, ahora ya en las cuestas lo de correr ni me lo planteo). Sigue una bajada a Pont Sant Martin y un bonito callejeo por el pueblo hasta subir al castillo. De ahí sigo subiendo por un camino escalonado que se mete entre campos de viñas con ubicaciones surrealistas en una pendiente brutal. Contaba con este repecho, de unos 150 a 200 metros de desnivel, pero cuando llevo media hora subiendo me empiezo a mosquear. En principio de Donnas al avituallamiento de Perloz había 5 kilómetros pero ya llevo bastante más y el camino no deja de subir hasta el infinito. Finalmente llego al final de la subida, pero un poco mosqueado. En la bajada me alcanza el chico de Tecnica y al poco nos encontramos a dos amigos suyos que animan a grito pelado. Muy simpáticos y a mi también me trataron muy bien. Llegamos al avituallamiento (km153) e intercambiamos algunas palabras, entre italiano y español, pero con comunicación un poco precaria.


Salimos en descenso, el italiano con su amigo el tiffosi, y yo un poco más atrás, todavía algo desganado y sin ganas de seguir a nadie. Al llegar al fondo del valle se me pasa un poco el enfado y decido apretar un poquillo y alcanzar al italiano. Así socializamos un poco y la subida se hace un poco más amena. Se trata de Gianluca, de Imola y es su segundo intento en el Tor después de un abandono en 2012, en Gressoney. Un tío simpático y está bien tener un poco de conversación. Aun así noto que va un puntito más fuerte que yo, sobre todo cuando no hay mucha pendiente. Cuidado que queda mucho y no conviene cebarse. Me propone de hacer juntos el tramo de noche hasta Niel, que es bastante técnico. Le digo que ya veremos, que lo intento pero que me da la impresión de que va más fuerte que yo. Mejor o peor, al final alcanzamos el avituallamiento de Sassa (km161, 1305m; 33h51'), a media subida del refugio de Coda (no lo había dicho pero después del punto bajo de Donnas, estamos recuperando altura hasta el refugio de Coda, a 2200m, 500 metros del repecho cabrón de antes, 200 de bajada y 1600 de la subida definitiva).

Aquí nos encontramos a Armando, que ya no me acuerdo ni dónde lo habíamos dejado la última vez y a Denise Zimmermann, a quien no tenía controlada y que resulta que le acaba de morder un perro. Joder, qué mala pata! Pregunto a los del avituallamiento cómo va la cosa por delante y me sorprenden con que Óscar Pérez se ha retirado. “Algun espagnolo devanti?” “Non!” “Non va bene l’Espagna si io sono il primo!” (de hecho no era cierto porque iba Egoitz Aragón tres o cuatro sitios por delante).

Y sale Denise, sale Armando que creo que estuvo durmiendo un rato ahí y salimos un poco más tarde Gianluca y yo, pero nos acabamos juntando un poco antes de llegar a un colladito desde el que se ve ya el Refugio de Coda. El siguiente trozo es llano y comentamos el notición que ha corrido como la pólvora. Han descalificado a Francesca Canepa por saltarse un control. El año pasado hizo un parcial de 36kms 1h15’ más rápido que Iker Karrera y se la acusó de haber pillado un coche, o hecho algún tipo de trampas, así que los rumores este año se han vuelto a disparar. Armando ha salido de Sassa con un acompañante de su equipo que dice que la han visto en un coche (al final esto resulta ser mentira, nadie la vio en coche, pero dejemos las polémicas en todo caso para otro post). Con el marujeo nos vamos entreteniendo hasta que llegamos al repecho final que nos obliga a cerrar el pico. De repente me noto cansado. Mi intención era llegar hasta Niel y pasar ya el tramo técnico, pero noto que mi ritmo ha bajado y que no seré capaz de seguir a Gianluca. Me viene a la cabeza las carreras de Fórmula 1, en las que has de entrar a cambiar neumáticos en cuanto empiezan a estar desgastados, porque si no empiezas a perder segundos por vuelta. Llego al refugio el 14º, pero la decisión está tomada. Me tomo un caldo con pasta, algo de fruta y me meto en las habitaciones después de pedir que me despierten en dos horas. Esta vez el minisueño es más plácido, aunque inevitablemente corto.

Cuando salgo del refugio hay niebla y hace frío, lo cual no invita mucho al paseo nocturno, pero bueno, tampoco hay que pensárselo demasiado. En la primera bajada veo que el descanso me ha puesto un poco las pilas y bajo con relativa agilidad. Después de un tramo técnico llego a una casa donde a pesar de ser medianoche hay montado un avituallamiento improvisado. Me encuentro a Joviça en una silla con una manta y su racimo de uvas en la mano. Yo opto por un pastel de frutas que tiene una pinta increíble y no me equivoco. Me zampo tres trozos y no me llevo otros tres en el bolsillo por deferencia hacia los que vienen detrás. Salimos juntos por un trozo de pista y volvemos a comentar la jugada. Está muy decepcionado con la historia de Canepa, cualquiera que sea la versión que le ha llegado a él. Antes de llegar a Lago Vargno hay un pequeño repecho en el que me despego un poco. Bajadita, cruce de la presa y pequeña subida para llegar al avituallamiento (km171). Me encuentro a Denise con un plato de macarrones que tienen buena pinta y me pido otro. Excelentes, los mejores de toda la carrera y juro que probé unos cuantos. El sueño me ha devuelto el positivismo y me encuentro de buen humor. Bromeamos con Denise y la gente del avituallamiento. Ella sale un poco antes pero con el bocado del perro va bastante limitada y la cojo enseguida. Me dice que tire, que no me preocupe, que irá poco a poco. A todo esto se han ido formando tormentas alrededor y se ven rayos por todos lados. Nos hemos salvado durante un rato pero finalmente las gotas llegan y toca parar a ponerse el impermeable y los cubrepantalones. No es una gran lluvia, pero deja el terreno bien mojado y no me gusta nada para el trozo que viene a partir de ahora. La ruta alterna pistas y senderos hasta el último repecho que lleva al Col de Marmontana (km 176, 2350m). Como me temía, el terreno del otro lado está bien mojadito, lo cual para alguien que no es un artista de las bajadas como yo, es más bien una putada. Aun así me acerco a un par de frontales que avanzan delante de mí. Bueno avanzan pero poco a poco. Se trata de Emmanuela, la italiana de hace un rato y su acompañante correspondiente (me empiezo a dar cuenta de que casi todos los italianos llevan su acompañante de turno por la noche, esto parece como en las fiestas americanas…). La chica va muy insegura y me dejan pasar. Llego a un pequeño avituallamiento, donde vuelvo a los pasteles de mermelada clásicos (peores que el de hace un rato pero qué se le va a hacer) y sigo adelante. Tengo que seguir concentrado porque este es el típico tramo en el que no te das cuenta pero pasa el tiempo y no avanzas. Tras otra bajadita técnica con rocas mojadas emprendo la subida al collado de Crena du Ley. Son 300 metros de desnivel, pero subes un par de trozos de bloques que son muy incómodos. Además en la noche las distancias engañan y a pesar de haberlo hecho hace unos días tengo la sensación de que es más largo que la otra vez. Impresiones aparte, llego finalmente al tajo característico que forma esta brecha y sin perder tiempo me lanzo por la canaleta del otro lado, donde la tónica es la misma: terreno mojado y descenso más bien torpe. Las banderolas van girando a la izquierda y por terreno de sube y baja me dejan en el pequeño avituallamiento del Col della Vecchia (km181, 2184m) (la foto evidentemente es hace tres semanas, cuando pasé por ahí de día)

Mientras como algo pregunto la posición y me dicen que el 12º. Fantástico, tengo que intentar estabilizarme en esta posición y si conservo más o menos bien la dinámica física y mental, en la última parte de la carrera siempre hay explosiones en la parte delantera que me deberían dejar en un magnífico para mí top 10. Qué fácil es hacer planes así, eh? Volviendo a la Tierra, subo un corto repecho y empiezo la bajada definitiva hasta Niel. Me parece el peor trozo. Roca mojada que te dice a gritos “Písame y verás que divertido”. Bajo torpe y tensionado y eso me desgasta mentalmente. Las Cascadia realmente no ayudan en este elemento. Ya hacia el final y después de numerosos amagos, acabo en el suelo. Justo en ese momento llega un frontal por detrás como un ciclón. Es nuestro amigo el Austero, que debe haberse quedado a dormir más rato que yo en Coda (porque cuando he llegado estaba durmiendo allí ya). Me ayuda a levantarme, me anima y sigue adelante con una habilidad envidiable y ahora con un palo, que debe haber cogido de la bolsa en la base de vida. Llego a Niel (km186, 1571m; 44h05'), donde están el Austero (venga llamémosle Enrico, que se ha portado bien conmigo) y Armando, con quien tengo la sensación de encontrarme todo el rato. Enrico se las pira pronto y Armando poco después. También está Magali, que me ayuda a reponer las botellas, aunque me parece que a estas horas tiene menos energía que yo. Con el ayudante de Armando comentamos el caso Canepa y dice que hay fotos de Canepa en un coche en marcha y que ya están en Facebook y en la Gazzetta dello Sport. Falso, una bola de nieve como el vídeo del perro Ricky y la mermelada. Me pido otro plato de pasta con tomate, que eso es lo que da energías y me voy a por la próxima subida, de 800 metros hasta el Col de Lasoney.

Las primeras luces del día devuelven algo de vitalidad y te quitan un poco el sueño. O eso intento decirme mientras cojo el ritmo de subida. Ahora ya se trata de pillar ritmos estables sin el más mínimo alarde, no mirar demasiado hacia arriba y dejar que pase el tiempo esperando que con él vayan superándose metros de desnivel. No conozco esta subida, así que se me hace algo más larga al no tener referencias. Tampoco tengo a nadie ni delante ni detrás, estabilizado ahora en 13ª posición. Finalmente llego al collado (km190, 2300m), donde hay un tipo haciendo fotos con un pepino de cámara, entiendo que para la organización. Al otro lado me encuentro unos prados herbosos preciosos y solitarios a esta hora de la mañana. Me falla la fuerza mental para ponerme a correr, aunque el terreno sea favorable y me conformo con caminar a buen ritmo. La pendiente se incrementa y sin mayores historias llego al avituallamiento de Loo (km193, 1600m). Aquí vuelve a haber una tarta de frutas la mar de rica, que aprovecho para variar un poco el menú de pasteles de mermelada, galletas y embutido. Tampoco tiene mayor historia el trozo siguiente, que sigue bajando por el valle hasta el valle principal de Gressoney. Noto que tiendo hacia un estado en el que cada vez es más fácil sentir hambre, cada vez pasa menos tiempo entre que como en el avituallamiento y que vuelvo a sentir ese agujero en el estómago. Agradezco la llegada a la base de vida de Gressoney (km200, 1360m; 47h32'). Me encuentro a Sergio, que me saluda con entusiasmo y me echa unas cuantas fotos que acaban en twitter y Facebook. Entre él y un colega italiano comentan las diferencias entre hacer el Tor con y sin asistencia, mientras yo me como el plato de macarrones de turno y asiento resignado. Efectivamente me estoy dando cuenta de la desigualdad de condiciones que permite el reglamento, pero en fin, tampoco es momento de compadecerse ni darle más vueltas. A echarle cabeza, huevos y piernas y pa’lante…

(aquí os dejo algunas fotos más que me hizo Mayayo, de carrerasdemontana.com, en Gressoney, por el formato no me deja engancharlas al post así que os dejo los enlaces)

Gressoney – Valtournenche:
Y salgo carretera arriba, siguiendo las banderitas y las flechas pintadas en el suelo, que te llevan dando pequeños rodeos a izquierda y derecha hasta un desvío en el que empieza la subida al Col Pinter. Tocan 1350 metros de subida, venga que no ha sido nada. Para animarme me digo que ya he pasado el km200 y que la distancia que me queda la he hecho varias veces anteriormente (el que no se consuela es porque no quiere). Cojo un ritmo de crucero normalito y voy pasando prados y bonitas casas de montaña. En una de esas (Refugio Alpenzu, km207, 1788m) me encuentro un avituallamiento que ni esperaba. Me comería otro plato de macarrones, pero no tienen, así que me resigno con los ya aborrecidos pastelitos de mermelada. Me está surgiendo un nuevo problema y es que me empieza a doler la lengua horrores. Comer embutido o cualquier cosa salada se ha convertido en un suplicio. El estómago está en plena forma, pero el paso de la comida por la boca es un via crucis.

Tras el pequeño tentenpie sigo para arriba, mirando cada vez con más preocupación las nubes y tormentas que se forman alrededor. Finalmente empieza la fiesta. Como no hace frío intento aguantar un poco a ver si son cuatro gotas y no saco el impermeable… Error, la cosa va en aumento y cuando me pongo el impermeable ya estoy mojado así que el impermeable ya me lo podría haber metido por un sitio porque no sirve de nada… Muy bien, campeón. La lluvia y el hecho de no conocer esta subida me bajan un poco la moral. No alcanzo a ver el collado donde tengo que llegar o en todo caso lo que veo al fondo me parece muy alto, no puede ser que todavía tenga que subir todo esto… Los mensajes de ánimo recibidos antes de la carrera vienen a rescatarme en estos momentos bajos…

“ets un home fort i tenaç”

… Venga, va, ritmillo, sin pensar y para arriba. Mente en blanco, palos y respiración. Finalmente el panorama se abre y veo una vaguada que acaba en una canaleta y el ansiado collado. Muy lejos para mi gusto pero al menos es eso. La lluvia sigue dale que te pego. No es torrencial, pero si molesta y es suficiente para dejar todo el terreno empapado.

Por fin llego al Col Pinter (km 211, 2770m) y no me paro ni un momento porque con la humedad que llevo encima me puede coger un pasmo. Por suerte el frío no es exagerado, pero aun así, 2700m son 2700m. El primer tramo de bajada no es demasiado empinado, por unas tarterillas fáciles y algún tramo de prado, pero después la cosa se empina y toca bajar por varios tramos, alguno incluso con cuerda de ayuda, donde la roca está muy poco apetecible. Mis Cascadia se encuentran claramente fuera de su elemento, más aún cuando el que las calza lleva más de 200km en las piernas. No llego a caer al suelo pero hago varias piruetas de esas que te dejan tensionado y que te hacen bajar el ritmo. Intento concentrarme y no rallarme…

“gaudeix del dia a dia, perque avui hi som i demà no…”

Es verdad, llueve pero las nubes le dan un toque especial a la montaña. Sigue avanzando, la cuestión es pasar los kilómetros.

La lluvia para y se observan claros al fondo del valle así que abro el impermeable para ver si se me seca la camiseta. La situación ha mejorado bastante cuando llego al Refugio Crest (km216, 1958m; 52h14'). En este avituallamiento tienen jamón dulce. Mira qué bien, algo diferente y además algo más amable para mi maltrecha lengua. Ha salido el sol y con el renace un momentáneo optimismo. Este tramo hasta Saint Jaques me da bastante miedo porque no lo conozco y sobre el plano parece uno de esos flanqueos que en el perfil son planos pero en la realidad ni de coña. No me equivocaba. Después de un primer trozo más o menos fácil las banderolas me llevan por unas pistas de esquí en las que me pregunto dónde coño estoy subiendo y para qué, si el pueblo al que voy está allí abajo a la izquierda. Este es el tramo polémico del año pasado, así que no puedo evitar preguntarme también, si todo el mundo hace el primo subiendo por esta pista de esquí… en fin Serafín, tu sigue las banderas y allá cada cual. Finalmente la subida se acaba y vuelvo a bajar, ahora parece que en la buena dirección. Al paso por una casa pregunto “Saint Jacques?”… “10 minuti!”. Bueno bien, sigo bajando, deben ser esas casas que se intuyen ahí cerca. Más tarde me encuentro a otro grupo y repito la pregunta… “250 metri de desnivello”. Como?? Pero si hace 10 minutos me han dicho que 10 minutos!! Me dan ganas de subir a la casa y decirle a la señora que a ver si baja en 10 minutos, y que si no la empujo rodando a ver si así sí… Nunca le digáis a nadie que le falta menos de lo que le falta para animarlo porque es todo lo contrario. Es el principio del fin. Me coge algo de cabreo, no puedo evitarlo. Encima el terreno está mojado y voy torpe. ¿Me puedo quejar más? Pues llevo el pie izquierdo que desde Donnas empezaba a dar unas señales un poco negativas, y que en esta bajada parece haberse puesto como hinchado y me empieza a doler seriamente el empeine. En medio de esta dinámica negativa miro lo que queda de carrera y me planteo la táctica. Mi idea era hacer un descanso serio (2 horas de sueño) hacia el refugio de Cuney (km256) con la esperanza de que eso sea suficiente, quizá añadiéndole alguna otra pequeña siesta más adelante. Siento que para llegar a Cuney necesito hacer una de esas siestas ahora, así que decido parar 20 minutos en Saint Jacques. En medio del debate interior llego al avituallamiento (km222, 1700m; 53h41') y le pido al chico que me despierte en 20 minutos (después de comerme el pastelito de mermelada de rigor).

Es sólo un pequeño break, donde tienes un momento de descanso mental, que te sirve para tener ganas de salir del refugio y la verdad que poco cosa más. Mientras me pongo las zapatillas me doy cuenta de que ha llegado un japonés, aquel que en el km25 parecía estar listo de papeles. Pues míralo, y ahora si eso lo sigues. Salgo del avituallamiento un poco detrás suyo y lo sigo, pero básicamente con la mirada. No subo mal dentro de lo que cabe, porque la pendiente no es muy fuerte, pero la distancia entre los dos se va ampliando. Llego al refugio de Grand Tournalin (km227, 2535m) y el tío parece haberse esfumado. No le veo en lo que queda de subida hasta el collado. ¿Se habrá parado a dormir? Qué va, lo que pasa es que ha pasado de largo del avituallamiento y está ya en Cuenca. Pues nada, yo paro que ya he entrado en una dinámica en la que tengo hambre todo el tiempo.

El último tramo de subida es un flanqueo bordeando el valle y un pequeño repecho final algo más duro. Llego a lo alto del Col di Nana (km229, 2770m). Por aquí también ha llovido de lo lindo y las nubes que todavía quedan le dan al ambiente un toque bucólico. De todas formas a mí me toca bajar por este terreno resbaladizo y ya os he dicho que las bajadas con lluvia no son mi pasión. Antes de la bajada definitiva a Valtournenche queda un repecho para cruzar el Col des Fontaines. Casi que es un alivio ante el terreno embarrado y mi pie izquierdo que en la bajada me duele cada vez más.

Pero finalmente llega esa bajada definitiva de unos 1300 metros hasta la próxima base de vida (ya la quinta) y mi situación va de mal en peor. Bajo lento y eso me desespera, bajo torpe y eso me desespera más, me duele el pie y eso me da miedo… Hace un rato había previsto llegar a Valtournenche a las 7 de la tarde y ahora veo que va a ser una hora más tarde. El sendero es el típico ancho lleno de rocas y raíces mojadas, donde mis zapatillas, con poco taco y llenas de barro, tienen cero agarre. El fondo del valle no parece llegar nunca. El pie me preocupa cada vez más, quedan muchas bajadas todavía y el dolor va francamente en aumento. Y estoy cansado, para qué os voy a mentir. Dinámica muy negativa y probablemente el momento más crítico de la carrera. Así llego por fin, después de una eternidad, al pueblo de Valtournenche. A la entrada del mismo de repente oigo una voz que grita mi nombre…  “Albert!!”… es Marilisa, una compañera del trabajo que es de Aosta y que la semana pasada montó la excursión al Gran Paradiso. “Vas super bien!!” dice con su sonrisa habitual. Super bien jodido… Mi cara es un auténtico poema. “No, no voy nada bien. Me duele mucho el pie. Voy a parar aquí un rato y a ver”. He decidido parar aquí a ver el fisio si puede hacer algo, comer y a ver qué tal…

Llego a la base de vida de Valtournenche (km236, 1526m; 57h58'). La hermana de Marilisa me hace una foto en la que debo salir con una cara bastante desagradable. Me quito las zapatillas. Es un alivio pero el pie está realmente hinchado, el empeine me duele al tocarlo y no puedo mover los dedos. Bueno, vamos a olvidarnos momentáneamente de la carrera y ver si se puede resolver la situación. Pido un plato de macarrones y mis tres inesperadas asistentes me ayudan con la bolsa del material y buscando al fisio. Realmente su ayuda aquí fue fundamental para poder seguir adelante con la carrera. Me como el plato de macarrones de turno mientras veo cómo el japonés monta un estalaje con toda su ropa desperdigada en la mesa de al lado. Una vez he acabado de comer vamos a ver al médico que me mira el pie y da su aprobación para que la fisioterapeuta me haga un poco de masaje. Al ir para allá descalzo no puedo prácticamente ni caminar y bajar las escaleras es harto complicado. Realmente no veo cómo voy a poder seguir con esto. Me hace el masaje y me ata una bolsa de hielo al pie. Decido cambiar de planes y dormir dos horas aquí, dado que estoy metido en todo este lío. Me voy a la cama con la bolsa de hielo atada al pie y le pido a Marilisa que me despierten dentro de dos horas. Dos horas… qué placer… y qué cortas!

Marilisa viene a despertarme y me levanto. Todavía me noto el pie, pero al menos no está peor. Voy a cambiar de zapatillas, a las Scott Kinabalu, que están medio rotas por el lateral y por tanto tienen algo más de holgura. Como algo más y me calzo. Primera sensación positiva, parece que puedo caminar razonablemente. Las molestias existen, pero se enmarcan en el cúmulo de molestias (lengua que pica, garganta que duele, plantas de los pies totalmente arrugadas, ampolla en el matatarso derecho, gemelo derecho bastante cargado) que son lógicas de estas alturas de carrera. Son las 11 y pico de la noche, he estado más de 3h y media aquí, pero al menos salgo con la sensación de que puedo intentar acabar la carrera, y eso es mucho teniendo en cuenta mi estado de hace un rato. Saco el MP3 y me lanzo a por la noche, después de darles las gracias a mis tres supporters por la inestimable ayuda que me han prestado).



Tor des Geants (1ª parte)

“Mira Albert, una corsa para ti”…

Corría septiembre de 2010 y Fabio, un amigo italiano que trabajaba conmigo en Barcelona, me enseñó la web de una carrera que no sé cómo había llegado a sus manos.

Tor des Geants… 330 kms y 24000 metros de desnivel positivo… ¿dónde es esto?... Valle de Aosta, toda una vuelta siguiendo la Alta Via 1 y Alta Vía 2, dos especies de “GR” que recorren la parte norte y sur del valle respectivamente… ¿pero cómo puedes hacer 330kms en carrera?...Ok, aparte de los avituallamientos hay unos sitios llamados Base Vita donde hay camas y puedes pararte a dormir… Bufff, que pasada!

Y así estuve siguiendo aquella semana la carrera en su primera edición, animando mentalmente a un español, Salva Calvo, a quien hasta entonces no conocía y que estuvo peleando por la victoria aunque finalmente fue segundo. Y volví a estar pegado al ordenador en 2011 con la victoria de Jules Henri Gabioud por descalificación de Marco Gazzola al saltarse el ultimo control (nada que ver con las historias que vendrán después, su discurso admitiendo su error me parece un icono del sentimiento deportivo), y en 2012 con la victoria de Oscar Pérez y en 2013 con el emocionante duelo entre el mismo Óscar e Iker Karrera, con victoria de éste último y un precioso detalle del primero cediéndole su dorsal número 1, en una bonita imagen de compañerismo. Y lo que en un principio parecía algo implanteable pasó a ser para mí un objetivo, una experiencia que tenía ganas de vivir, de forma que el año pasado decidí que en 2014 quería intentar correr ese temible y ya mitificado Tor des Geants.

Y así llega una mañana de febrero de este 2014, en la que me encuentro en mi apartamento de Lyon con el ordenador preparado y desde las 12 menos cuarto actualizando la página donde se tiene que hacer la preinscripción. El sistema es “first in, first served” o en otras palabras “tonto el último”. Hay un periodo de preinscripción de 15 días y después asignan plazas a cada nacionalidad en función del número de preinscritos de cada país. Si por ejemplo tocan 54 plazas para españoles, los 54 primeros españoles preinscritos. En la práctica y en pocas palabras, si a las 12:10 no te has preinscrito estás en la calle. Eso a no ser que seas de Saint Kitts & Nevis, ya que hay un mínimo de 3 plazas garantizadas por nacionalidad, así que en países con poca demanda no hay problema. Relleno el formulario tan deprisa que me equivoco entre apellido y nombre (después se resuelve el problema). Aunque con algunos problemas consigo enviarlo y salgo en la lista de preinscritos en la posición 200 y pico, a las 12:07 y no sé cuantos segundos (y hasta salen las milésimas). Bufff… me pongo a contar españoles… Hago un Excel contando uno a uno la gente de cada nacionalidad… Creo que debería estar dentro pero hasta que no acabe la preinscripción… Finalmente, un mes después se confirma la lista de admitidos. Estoy dentro!!

Y así llega el verano, las carreras que ya he contado en posts anteriores, el fracaso de Andorra, el reset mental… Después del abandono en la Ronda dels Cims me dedico básicamente a caminar kilómetros y kilómetros por la montaña los fines de semana. Descubrir rincones de los Alpes, reencontrarle el gusto a correr y moverme por el monte… Los últimos tres fines de semana antes del Tor me los paso también en el Valle de Aosta (la mayoría de las fotos son de esos días porque durante la carrera ya tenía bastante faena con avanzar). El primero con Sabine, una amiga tráiler de Grenoble, con quien descubro tres zonas del recorrido que preveo hacer de noche. Quedo maravillado con el valle, así que vuelvo las dos semanas siguientes para conocer otros trozos y saldar una cuenta pendiente con el Gran Paradiso, del que nos habíamos quedado tan cerca en 2005.

Y por fin llega el fin de semana clave y pongo rumbo a Courmayeur. Nos hemos juntado cinco catalanes que vamos a correr la carrera y compartimos apartamento. Alfred, un profesor de Terrassa; Joan, de Matadepera; también están Javi y Salvador, con quien ya he compartido antes este tipo de aventuras.

El sábado, día antes de la carrera, preparamos la bolsa del corredor, que la organización te va llevando a las diferentes bases de vida (si eso ya entraré en detalles sobre esto en otro post, que si no, no acabaremos nunca… de hecho creo que no acabaremos nunca, jejeje). Nos vamos para el pabellón donde se recogen los dorsales. La cola es impresionante. Dos horas y media de pie. El control de material es minucioso, minucioso y absurdo porque tú después te llevas la mochila para casa y puedes poner y quitar lo que quieras. ¿Por qué no haces controles sorpresa durante el recorrido? Así ves lo que lleva cada uno en la mochila, tanto el corredor como los “acompañantes” (ya entraremos en eso, también…). Vaya por delante que la organización de la carrera me parece muy buena y muy meritoria, en una labor nada fácil, pero que hay unas cuantas cosas mejorables de las que ya iré dando mi opinión. Bastante cabreado saldo el trámite y por la noche, ya más relajados, durante la cena asistimos al briefing de la carrera y al pase de un vídeo que te pone la piel de gallina. Dejamos preparada la mochila de carrera y nos vamos a dormir, ansiosos de que llegue el momento.


Y el momento llega. Son las 9:55 y suena por los altavoces la banda sonora de Piratas del Caribe, poniendo la piel de gallina al personal. De casualidad me encuentro al lado de Armando Teixeira, el portugués de Salomon con quien coincidimos bastante durante la carrera de Andorra… bueno, durante el rato que estuve en ella. Comentamos la jugada y le explico un poco lo que conozco del recorrido. Llega la cuenta atrás, el momento de dejarse de preocupaciones y ponerse a correr. Llega el pistoletazo de salida.

Inciso: voy a dividirlo en partes para que vosotros tengáis también bases de vida donde poder cambiaros y reponer hidratos de carbono para aguantar la lectura…

Courmayeur – Valgrisenche:
Entre gritos del público, gritos del speaker y gritos de los corredores, salimos por la calle principal dando una vuelta por el pueblo entre más gente que grita y agita cencerros desmesurados que debieron pertenecer a vacas del Pleistoceno. Si pensáis que por tener 330kms por delante la gente sale andando o al trote estáis totalmente equivocados. “Campi qui pugui” y a correr como si lo fueran a prohibir, a coger buena posición que dentro de un kilómetro cogemos un senderillo estrecho y no vaya a ser que nos quedemos atrás. Me encuentro con Marco, compañero de viaje en el Chad y que también se ha embarcado en esta movida. En una recta echo un vistazo hacia delante y veo que debe haber unas 40 o 50 personas por delante. Bueno, ya está bien, no hay por qué estresarse. Y llegamos al camino. Pequeño embudo al ponerse la gente a sacar los palos y a caminar. Aparece Emilie Lecomte (ya ha aparecido otras veces, y volverá a aparecer por aquí, no os preocupéis) que empieza a adelantar a gente saliéndose del sendero por la izquierda. Qué agobio de tía… 330kms por delante y ponerse a adelantar a tíos para encontrarse con el culo de otro que va al mismo ritmo. Debe estar la Canepa más adelante, otra qué tal baila…

Lecomtes y Canepas aparte, yo cojo mi ritmo de marcha viva pero relajada por este bonito sendero entre el bosque. Aprovechando el domingo y el sol, bastante público se ha animado a subir para animar a los corredores. Tomo como referencia a Armando y me pongo dos o tres posiciones por detrás suyo. El tío tiene letra, sabe gestionar ritmos y quiero pensar que no tenemos niveles muy diferentes así que puede ser una rueda interesante. Llegamos a una pista que hice hace dos semanas y descubro con agrado que el recorrido no la sigue sino que ataja por un sendero directo hacia arriba. Mejor, así más trozo de caminar. Me voy animando a ganar algunas posiciones y a trotar un poco cuando el terreno se deja, más por soltar las piernas que por poner un ritmo más alto. Paso a dos valencianos que están de charreta. Los únicos, el resto de la gente está centrada en su ritmo, imagino que pensando en la que se les viene encima.

Con la tontería ganamos los primeros 800 metros de desnivel y llegamos a una vaguada que se mete hacia el fondo con unos bonitos prados que dejan ver hasta el Col d’Arp, primer collado de la ruta. Al ganar posiciones las caras que empiezo a ver son conocidas. Nichademus Hollon (from San Diego, California… véase crónica de Ronda dels Cims…), Jules Henri Gabioud con un tipo que tiene que ser su hermano, sigue por ahí Emilie Lecomte, Armando… Veo hasta la melena del impetuoso Christophe Le Saux… Gente V.I.P, vamos… Nos metemos por un sendero en el que la cosa se ralentiza. Andamos un grupo de unos diez detrás de Emilie que actúa a modo de Safety Car. Ella pelea por la victoria en categoría femenina y no se va a apartar ante unos piltrafillas que pelean por quedar el veinte, así que tienes que salirte del camino y trotar un poco para pasarla (le tengo manía, lo reconozco…). El sendero llega hasta el fondo de la vaguada y describe unas eses para superar el último repecho hasta el collado, al que llego justo detrás de Armando y entre gente que agita campanas y grita al más puro estilo de puerto del Tour de Francia. “Ya tenemos la primera!”, le digo. “Sólo quedan quince”, pienso.

Animado por el ambientillo me pongo a bajar por un valle precioso y con el Glaciar de Ruitor como telón de fondo. Hay trozos de hierba empinada en los que toca controlarse y guardar cuádriceps. Llego a una pistilla en la que se puede correr más relajado y al poco aparece mi “amiga” Emilie como un ciclón porque, eso hay que reconocerlo, baja de una forma envidiable. Antes de la última bajada hacia La Thuile hay un primer avituallamiento. Un primero de tantos. Realmente es impresionante lo de los avituallamientos de esta carrera. Podríamos pensar que al ser una carrera tan larga tienen que poner los avituallamientos separados… Todo lo contrario. Excepto dos parciales de 15 kilómetros, nunca hay 10 kilómetros sin avituallamiento, hasta un total de 45. Eso, más los avituallamientos improvisados de la gente que está en los collados, más la gente de las casas que monta avituallamientos espontáneos en sus casas. La verdad es que no me hace demasiada falta pero por empezar con la rutina alimentaria pillo un par de trozos de naranja y chocolate. Viene un trozo ahora un poco aburrido, una pista que después pasa a ser asfaltada, en la que lo único bueno es que te permite mirar el paisaje sin miedo a partirte un pie. Paso a Bruno Brunod, recordman del Cervino hasta que llegó un chaval de la Cerdanya que no lo hace mal. Ya se ve el pueblo de La Thuile allí abajo (km17, 1458m; 2h31'). Llego hasta él por un senderillo y entre un pasillo de gente que anima. Primer momento realmente emocionante de la carrera. Lo volcada que está la gente con este evento es espectacular. Tras atravesar todo el pueblo aparece el avituallamiento, también abarrotado de gente. Me encuentro a Magali, compañera de Marco y a quien también conozco del Chad.

Repongo líquido y como algo mientras comento un poco la jugada con ella, pero veo que la gente pasa pitando por el avituallamiento y me estreso, así que sigo adelante. Viene ahora un trozo cómodo de pistas y carreteritas hasta el fondo del valle, bueno para trotar un poco y que las piernas hagan bien la transición entre la bajada y la subida que viene. Nada más salir del avituallamiento veo la primera (de tantas) irregularidad. Un corredor sentado en la parte de atrás de una furgoneta, comiendo mientras le hacen un masaje en las piernas. Juraría que estaba prohibida la asistencia fuera de los avituallamientos… Juraría que eso es asistencia… En fin, sigo a lo mío. Llego al inicio de la subida al Refugio Deffeyes. La gente ya se va calmando y voy ganando posiciones. En un llano veo un corredor japonés con el dorsal número 8 (V.I.P. por tanto) que tiene pinta de llevar un globo importante. Le paso y unos españoles me dicen que voy el 25. ¡Qué sorpresa! La verdad es que pensaba que iba más atrás. Me centro en coger un ritmo ágil pero con sensaciones fáciles. Normalmente este es el tramo de las carreras que se me da mejor, una vez han pasado 20 o 30 kilómetros, y aún sin forzar a media subida he ganado cinco posiciones más. Llego a un prado con un lago donde está la gente pasando el domingo y se ve el último repecho hasta el refugio, en el que se ven 4 o 5 corredores más. Al llegar arriba nos hemos agrupado, un tipo que se pelea con los bastones, dos italianos del equipo Tecnica y Pablo Criado, corredor cántabro que ha hecho buenas posiciones en ediciones anteriores. Así llegamos al Refugio Deffeyes (km 26, 2465m), donde sigo con la rutina de alimentación a base de unos pastelitos de mermelada la mar de buenos, algo de embutido y galletas. Me estoy dando cuenta que toda la comida que he preparado para las bases de vida no me va a hacer falta para nada.

Salimos del refugio en dirección al Paso Alto, en un grupillo con el de los bastones, los Tecnica, Pablo Criado y Armando, al que hemos alcanzado al final de la subida anterior. Subimos a buen ritmo, casi demasiado porque en un punto perdemos el camino y nos toca deshacer unos metros. En los tramos más suaves voy más a remolque cuando echan a correr, pero cuando toca tirar de bastones me veo bien y gano algo de distancia, así que llego a lo alto del collado (km 29, 2865m) algo destacado. Mejor, que así bajo algo más relajado mientras me alcanzan otra vez. Se trata de una bajada bastante técnica, con muchas piedras grandes, así que me concentro para no dar un mal paso e irme a casa antes de tiempo. Consigo bajar más o menos dignamente y no me cogen hasta el último bosquecillo antes del Bivacco Promoud, siguiente avituallamiento. Detecto su llegada porque la gente empieza a pasar de animarme a mí y solo gritan “Bravo Pablo!!”, que llega justo por detrás. ¡Realmente lo adoran! “Eres un tío popular, eh?” “Mira… paso bastante tiempo aquí”. Comentamos un poco la jugada y me dice que el día importante es pasado mañana, lo cual me entra un poco como un “Lo que estamos haciendo ahora es un mínimo aperitivo, no te confíes”. En estas llegamos al avituallamiento, con un nuevo recibimiento a base de gritos, aplausos y cencerros. Poco después llega Emilie Lecomte (lo había olvidado, la había adelantado otra vez en la subida).

Venga, a por la siguiente. 800 metros de desnivel hasta el Col de Crossaties. Salimos Armando, Pablo, un Tecnica y yo. Le pregunto a Pablo cual es el collado porque no conozco esta zona, pero veo que no tiene muchas ganas de hablar así que tiro para delante a la mía. Me quedo con el italiano de Tecnica a unos metros por detrás y vamos subiendo por una pala de hierba en la que el camino hace revueltas y más revueltas. Ganamos algo de distancia respecto de dos corredores, pero se nota que cada vez cuesta más ganar posiciones. El prado da paso a un terreno técnico con algunas cuerdas, donde doy caza finalmente a los dos que me preceden. El primero va bastante justo y el segundo es un tío que va sin bastones. Me suena… osti si, el mismo que iba sin bastones en la ronda, que al principio no daba un duro por él… Un tipo curioso, austero, cara poco simpática. Le cuesta subir, pero es que sin bastones por estas cuestas… No me extraña. Llego a la cima (km 36, 2820m) en medio de otra muchedumbre de gente que anima. Devuelvo el aplauso porque realmente es un subidón encontrarse con ese ambiente ahí arriba.

Bueno, ahora ya es terreno favorable hasta la primera base de vida en Valgrisenche. Me zampo un kit kat mientras miro el paisaje en un pequeño llano al inicio del descenso. No es que tenga hambre, pero es más por seguir el protocolo previsto de qué comer en cada tramo. Al poco me alcanza el Austero, que baja de una forma envidiable. Parece que sea la última bajada de la carrera y que no tenga que guardarse nada. Pasamos junto a un lago y después por unos prados donde se puede trotar cómodamente hasta el inicio de la última bajada, algo más técnica. Al poco oigo una especie de búfalo que se acerca en estampida por detrás. “Droite!”. Tardo un segundo en reaccionar así que la voz insiste “Bah, ou gauche, comme tu veux!”. Me aparto y dejo pasar a Madame Lecomte. “OK, mais après à la montée on fait pareille”… “Oui, oui, t’inquietes pas", como quien dice “tu no me vas a ver más que en las fotos, piltrafilla”. El episodio me deja con mal cuerpo porque por muy borde que sea la tía no me gusta soltarle la fanfarronada de que la voy a pillar después. Vale más ser dueño de tu silencio que esclavo de tus palabras. Comiéndome la cabeza acabo la bajada por un sendero y cojo un tramo de carretera hasta el siguiente avituallamiento en Planaval (km 43, 1517m), mientras me alcanza Pablo Criado, hecho que me quita mi cuota de aplausos :-p.

Ya solo queda un tramo pestosillo, de esos que no son ni chicha ni limoná, que no es subida pero pica y te va desgastando ahora que ya llevamos más de 40kms. Pongo el piloto automático y troto, unos 200 metros por detrás de Pablo, y así recorro estos 5 kilómetros y pico que me dejan en la base de vida de Valgrisenche (km 48, 1662m; 8h10').

Es raro esto de las bases de vida. Llegas a una especie de hotel, donde entras por una puerta, un tipo te pregunta el dorsal y va a buscar tu bolsa correspondiente. Pillas la bolsa y llegas a donde dan la comida, que es full equipe, hay pasta, arroz, caldo, fruta, yogurts, aparte de las galletas, pastelitos y toda la historia que había en los otros. Está muy bien, pero con el bolsón en una mano y la otra maniobrando la mochila no puedes pillar nada para comer, así que me toca ir hasta el comedor, dejar las cosas y volver para pillarme un plato de macarrones y una botella de agua. Coincido en la base de vida con gente ilustre, Pablo Criado, Joe Grant, Jules Henri Gabioud… Aps, y Francesca Canepa, que me atropella por el pasillo porque debe haber visto llegar a nuestra francesa y le debe haber cogido un ataque de ansiedad. Me tomo con relativa calma el avituallamiento, porque no quiero olvidarme de nada. Repongo parte de la comida de la mochila, pero no me cambio de ropa porque voy bien de pies y la camiseta con bolsillos me viene bien para meter cosas (y es la única que tengo así). Vamos a por el segundo tramo.

Valgrisenche – Cogne
Salgo de Valgrisenche (8h29') en dirección al Col de Fenetre. Son 1200 metros de subida en los que habrá un avituallamiento intermedio en el refugio de Epée. Salgo detrás del chico que se peleaba con los bastones y del italiano de Tecnica, pero el primero cede al cabo de un poco y me dedico a subir detrás del italiano. El ritmo me parece cómodo así que me viene bien para hacer la digestión y controlar un poco las fuerzas, que esto no ha hecho más que empezar. El camino flanquea y sube suave hasta el Refugio de Epée (km 57, 2150m), nuevo avituallamiento. Sigo con la rutina de alimentación y saco el frontal, que se acercan las últimas luces de este primer día. Le digo al italiano que voy tirando, que quiero intentar hacer la subida con luz. Al poco me encuentro al chico que se peleaba con los bastones, que ha pasado de largo del avituallamiento y está cogiendo agua de un reguerillo (¿?). Se llama Joviça (imagino que se escribe algo así), es serbio y trabaja en las fuerzas armadas. Un tipo duro. Me cuenta su historial de carreras de larga distancia, pero todas en asfalto. Buena la has escogido para empezar en montaña… El sol se está poniendo a nuestras espaldas y el collado al que nos dirigimos coge un tono rojizo espectacular, mágico. Animado por este ambiente sigo hacia arriba en solitario, acercándome a algunos corredores que veo por delante entre las últimas luces. Llego a la cima (km 60, 2854m) y saco el paravientos mientras observo el horizonte por donde se pone el sol. ¡Qué momentos!


El primer tramo de bajada es bastante técnico, por una canal muy empinada que el sendero recorre con una sucesión de eses. Tema frontales, he decidido venir con el NAO de Petzl, que alumbra muy bien pero que aún con la batería de recambio no me daría para cuatro noches que son más que posibles. Así que esta primera noche, en la que todavía voy fresco, utilizo el otro, que es muy sencillito y no alumbra demasiado. Me obliga a ir concentrado pero con las tiras reflectantes de las banderolas no tengo problemas serios en ningún momento. La bajada hasta Rhemes-Notre Dame (km 64,5; 1738m; 11h15') discurre tranquila y después de tomarme un caldo caliente y más pasteles salgo en dirección al próximo obstáculo, el Col d’Entrelor. 1400 metros de subida, llegando a más de 3000 metros. Afortunadamente no hace un frío exagerado.

Empiezo la subida y al poco me encuentro delante de mí a la ya conocida figura sin bastones. Se tropieza e intento ayudarle. “Va bene?”…”Rampa, bene, bene”. Tampoco parece tener muchas ganas de hablar así que viendo que está repuesto, me largo para arriba. Igual que en la subida anterior, mantengo un ritmo ágil pero controlando. Me acerco a dos frontales que resultan ser los hermanos Gabioud (supongamos que lo sean). Yo casi que me quería quedar detrás pero se apartan y me dejan pasar así que sigo a mi bola. Al poco rato oigo a uno de los dos que está devolviendo a la naturaleza parte de lo que le pertenece. No parece ir muy bien. El último tramo es más duro y acaba con una canaleta bastante derecha en la que hay unos hierros para ayudarse y unas cuerdas. Llegando a la cima veo a escasos metros la mochila Quechua de Madame Lecomte. Uuyyy… te salvas por poco, jejeje (km 70, 3002m).

Llega la bajada, es su terreno, pero lo cierto es que noto que no me saca tanto y su frontal se mantiene a una distancia razonable. Seguramente porque esta bajada no es tan técnica. De todas formas yo le tengo mucho miedo a desgastarme muscularmente e intento bajar con un ritmo controlado y amortiguando los pasos. No hemos llegado todavía a un cuarto de la carrera. El último tramo de bajada es por un sendero agradable entre bosque por el que se corre muy cómodo. El otro día bajamos por aquí con unas vistas preciosas del Gran Paradiso. En esta dinámica llego al avituallamiento de Eaux Rousses (km79, 1660m; 14h26'). Ahí está Emilie Lecomte con su equipo de asistencia, llega poco después Armando y me encuentro también con Magali, que me ayuda a rellenar las botellas y me comenta que voy el 12º. ¡Nada mal!

Armando y Emilie salen antes que yo. “Cuidado con esta subida que es dura” me dice Magali. La hice hace unos años de bajada y recuerdo un camino con bastantes revueltas que subía muy progresivo, la verdad es que creo que me viene bien ahora mismo este tipo de subida… Ya lo veremos… Salgo por un puentecillo y engancho el camino que, efectivamente, sube muy tendido. Mientras andamos fuera del bosque veo el frontal de Armando un par de revueltas más arriba pero más tarde, entre la vegetación, pierdo la referencia y la subida transcurre en un monótono alternar de bastones, pasos y respiración. Sobre los 2200 metros el recorrido flanquea a la izquierda y se mete en el valle que conduce al collado. Se intuyen las montañas con la luna llena, pero en la noche no alcanzo a identificar dónde tenemos que ir a parar. Dos frontales aparecen al fondo de la vaguada, previsiblemente Armando y Emilie. Noto que la noche me ha quitado algo de energía y así como en las subidas anteriores tenía tendencia a recortar respecto de los que me precedían, ahora noto que me cuesta más. Después de un trozo más favorable, volvemos al lío de ganar desnivel. Una de las dos lucecitas de delante se va acercando cada vez más, hasta que alcanzo a ver la mochila Quechua. Bueno, al menos me voy a dar este pequeño gustazo. Me quedo un rato detrás para ver si se rebaja y me cede el paso pero no está en su diccionario… “Je passe à droite”. Pues pasa… no se aparta ni un centímetro, así que me tengo que meter por la hierba. El hecho de adelantarla no quiere decir que yo vaya demasiado bien. De hecho mis energías van francamente a la baja y necesito que llegue la luz del día y sobre todo la base de vida de Cogne y un buen plato de macarrones. Empiezo a escudriñar las montañas, a hacer memoria e intentar identificar dónde narices está el Col Loson. Ya debemos estar a 3200, no?... Ahí a la derecha hay un collado, seguro que ahora flanqueamos en horizontal hacia allí y se acabó… Pero nada, revueltas y más revueltas que se meten por una pala que sube hacia una cresta que está allí arriba a tomar por saco. Descarto con desilusión la opción del collado de la derecha y al poco rato me remata el ver una lucecita roja en un punto de la cresta, todavía muuuuuy lejos… Bufff, bueno, a guardar, calma, ritmo y para arriba sin darle muchas vueltas. Pero el cansancio, probablemente ayudado por el hecho de estar a más de 3000 metros, se incrementa y el caminar es cada vez más cansino, a pesar de que la pendiente del sendero es muy moderada. A unos 150 metros por debajo del collado el sendero deja de tener este detalle conmigo y se convierte en una traza desecha que sube en revueltas muy empinadas hacia la cresta. Paso a modo himalayista y subo desesperantemente lento. Después de una eternidad oigo el ánimo de un tipo que está en el collado (km 90, 3296m), al que respondo con un “Gracie” a modo de susurro. Me paro un momento a recuperar el aliento… Error. Con el cambio de ritmo mi estómago, convulso por el cansancio, encuentra un momento para entrar en erupción. Afortunadamente tampoco parece salir todo lo que he comido durante el día, pero vomitar a 3300 metros es más bien desagradable (esta foto no es del día de la carrera, ni mis caras en ambos momentos son similares, pero es para compensar la imágen desagradable...).

Paso por un primer momento de negativismo al ver que, a pesar de haber ido bien durante todo el día, estoy en menos de un tercio de carrera y paso por un momento bastante crítico. Si el estómago se pone mal se acabó la carrera… Ni hablar, hoy no es ese día (lo admito, me tragué el vídeo de Aragorn en la Puerta Negra unas 10 veces la semana antes de la carrera). Pararse no es una opción, veamos cómo resolvemos el problema. Lo primero es llegar a una cabina de emergencia que hay un poco más allá, a unos 200 metros. Me agarro a unas cuerdas y avanzo por un senderillo, plano pero con un patio que se intuye a la derecha. Me dan un vaso de te calentito que parece que me sienta bien, y sigo bajando en dirección al refugio Vittorio Sella. En mis planes no estaba el dormir tan pronto, y realmente no siento que lo necesite, pero parar una hora puede ser una buena idea para ver si el estómago se estabiliza. Decidido, me paro en el refugio (km 94, 2585m). Llego y me tomo otro vaso de té, porque no me atrevo con las galletas y demás historias que he estado comiendo. Al mismo tiempo llega Emilie y otro tipo, que ahora mismo no le pongo cara, pero algún otro corredor había por allá. Le digo al tipo del refugio que si puedo dormir una hora y me lleva a un cuarto donde hay otro tipo durmiendo. Me quito la mochila y las zapatillas y para de contar. Lo demás, ropa sucia, barro, etc., bajo la manta, donde me meto mientras intento controlar un ataque de temblor. Es una sensación rara lo de dormir en carrera. Vienes con la actividad de la competición y a pesar de estar cansado no te puedes dormir inmediatamente. El revuelto en el estómago no ayuda. Creo que me llego a dormir un poco pero me despierto de repente con mucho malestar en la barriga. Mierda, más… Me levanto abro la puerta y salgo al frío. Las arcadas llegan pero nada detrás. Joder, lo peor… No sale nada y el ataque remite, así que me vuelvo a la cama. Al cabo de un poco llegan los dos Gabioud, que también paran porque uno de ellos está también para los leones. El tipo del refugio me dice que ya ha pasado una hora. Me levanto con la sensación de no haber descansado absolutamente nada, espantado de salir al frío de la mañana, pero sin nada más que hacer allí. Bueno, sigamos hasta Cogne en plan tranquilo, cuidando el estómago, y a ver si allí soy capaz de comerme un plato de macarrones.

Bajo por el sendero hasta Valnontey (km99, 1667m) mientras aparecen las primeras luces del día. Miro hacia el sur hacia unos glaciares que tendríamos que haber cruzado en 2005 si el mal tiempo no nos hubiese impedido pasar un collado. Viéndolos de aquí, casi que mejor… Me encuentro un par de catalanes que me animan durante la bajada y a Sergio, de Carrerasdemontaña.com, que me echa una foto y me anima, que voy muy bien. Hombre, bien, bien… Llego a Valnontey y vienen tres kilómetros de llano por pista y carretera. Debería correr, pero me da miedo agitar el estómago con el trote y llegar al avituallamiento sin ganas de comer lo que necesito. Me pasan dos tíos pero me da igual, es una inversión que me tiene que permitir acabar la carrera.


Llego al avituallamiento (km102, 1531m) y me dan la bolsa. Esta vez sí que me cambio de ropa, que ya toca. Me pido un plato de macarrones y me los como poco a poco mientras charlo con Magali. Parece que me entran, pero me tiro allí diría que media hora. Bueno, parece que el peor momento ha pasado, aunque todavía queda trabajo por hacer para acabar de superar esta crisis.

... continuará...