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domingo, 23 de febrero de 2014

Le Treg (3a parte: regreso y balance)

(prometo que esta va a ser más corta :-p)

Lo habíamos dejado en que estaba en una nube...

Después de los momentos de júbilo, paso dentro del poblado donde vienen los amigos de la televisión chadiana y me entrevistan de nuevo (la verdad es que ya no recuerdo lo que dije). Aprovecho el ahora sí agradecido calor para probar la rudimentaria ducha del poblado y eliminar almenos parte de la arena y la sal que llevo por toda la piel (olvidé contarlo ayer pero mi ingesta de sales durante la carrera consistió básicamente en ir lamiendo el dorso de la mano constantemente, una pena no poder chuparme la frente porque aquello era como el Salar de Uyuni... perdón por el inciso desagradable...). Ya en un estado algo más presentable me siento un rato a esperar que llegue Fabrice, cosa que sucede más o menos una hora más tarde.
Tal como sospechaba el sol aprieta igual para todos y él también ha pillado de lo lindo, si bien es cierto que llega con un trote bastante más digno que el mío. Mientras tanto se repiten las muestras de reconocimiento que recibo por parte de todo el mundo, organizadores, otros corredores que se habían retirado y sobre todo de la gente del lugar, que te hacen sentir como si fueras una super estrella. Lo cierto es que me siento un poco descolocado, totalmente desacostumbrado a ese tipo de trato, pero intento corresponder y nos vamos haciendo fotos con todo el mundo.
A eso de las 17, dos horas después de haber llegado, la excitación de la llegada ha dejado paso al cansancio acumulado y me tumbo en un colchón de la tienda-bar. Creo que tardé unos 3 segundos en dormirme, y tampoco apercibí cuando alguien se acercó a ponerme una manta por encima. Me despiertan porque la cena está a punto. Dentro de lo que cabe mi estómago aún está en forma y soy capaz de comer de forma normal. Hará falta, porque tengo que empezar a recuperar lo que he perdido. Mientras cenamos aparece Rudolf, de Lyon, 3er clasificado. También llega con la expresión marcada por el esfuerzo después de más de 40 horas por el desierto. Mi jornada no da para mucho más y me voy a la tienda a dormir. Cada movimiento es una lucha y tengo un agarrotamiento importante tanto en las piernas como en las lumbares, donde se pone de manifiesto el esfuerzo inusual que he hecho con esta parte del cuerpo por la falta de tracción sobre la arena.
La noche pasa, entre visitas al señor Roca, donde expulso la parte que no he sudado de los 15-20 litros de agua que he debido beber durante la carrera y los aplausos que escucho entre sueños cuando llegan Christian, un veterano con 26 participaciones en la Marathon des Sables y Jean-Noël, en cuarta y quinta posición respectivamente. Ya con las primeras luces, cuando paradójicamente el cansancio no me deja dormir, me levanto justo en el momento en que llega Elodie, única participante femenina que ha cumplido perfectamente con la carrera. Durante las primeras horas de la mañana, después de alrededor de 48 horas de recorrido, llegan sucesivamente Didier, Frédéric y Luc, resultando así nueve los corredores que hemos completado el recorrido, la mitad de los que tomamos la salida, lo cual da una idea de lo duro que se nos ha hecho y de la cantidad de problemas que podían surgir.
Ya sumido en la etapa post-carrera, la organización ha previsto una serie de actividades para que podamos aprovechar nuestra estancia en la zona y apreciar las maravillas del lugar de una forma más pausada. De las diferentes combinaciones, siguiendo mi afición por las cuestiones históricas (o prehistóricas en este caso), el sábado por la mañana me uno al grupo que va a visitar las pinturas rupestres de la zona.
Como os podéis imaginar, con la de roca, paredes y cuevas que hay en los numerosos montes rocosos de la región, los habitantes del neolítico podían pintarrajear a discreción todo lo que les viniese en gana. Eso dio lugar a un estilo característico de esta zona, que descubro que ha servido de inspiración para pintar el logo de la carrera. Se trata de una pintura que resalta de una forma sorprendentemente eficaz el movimiento, y eso ha servido en el caso de las cuevas para representar escenas de cacería que dan una idea de la vida de aquellos tiempos y en el caso del logo para pintar a tres frikis corriendo por el desierto, lo cual da una idea del estado mental actual. Esta y una serie de curiosidades más, nos las explica de forma magistral Koki, un chico de la zona, apasionado de la prehistoria en su tiempo libre, que ha desarrollado una serie de conocimientos totalmente inusuales en una sociedad local que deja esas cuestiones para cuatro europeos que vienen a curiosear.
A pesar de la batalla que supone entrar y salir del coche cada vez, por la tarde decido apuntarme a otra visita, que en este caso nos lleva a una zona con especial aglomeración de montañas rocosas y formas de lo más curiosas. Una pared con dos ojos, innumerables "champignons", agujas, rocas en equilibrios imposibles... todo ello salpicado con numerosos trazos de la guerra contra Libia que afectó a la región hace un par de décadas. Balas por el suelo, camiones desahuciados, restos de ametralladoras... Todo nuevamente explicado perfectamente por Koki, que improvisa una clase de historia del Chad sobre la arena.




Así acaba el sábado, también con un primer pase de fotos durante la cena en un proyector improvisado. Con el cuerpo aún dolorido me voy para la tienda, donde me encuentro a Frédéric en un estado no mucho mejor.
El domingo por la mañana mi estado físico ya empieza a mejorar y soy capaz de levantarme del colchón sin necesidad de hacer tambalearse la tienda entera cuando me agarro al marco de la puerta. Para esta mañana hay programada una excursión a la Güelta de Archei. El recorrido es de una hora de ir y otra de volver y coincide en parte con el inicio de la carrera. Subimos un collado y bajamos por el otro lado hasta un recodo del valle. El resultado es espectacular. A medida que nos vamos acercando se oye un ruido que en un principio me parece ser el viento, pero que una vez uno se asoma en lo alto del promontorio, resulta proceder de cientos de camellos que están bebiendo en una de las pocas masas de agua (por exigua que sea) de la región. La imagen se enmarca entre paredes verticales de roca donde el juego de luces provocado por el sol genera una magia especial. Nos quedamos una hora en el lugar, simplemente relajados, simplemente escuchando el sonido, simplemente disfrutando de estar en un lugar tan alejado de las preocupaciones habituales, un lugar en el que, como dice el lema de la carrera, el tiempo se ha detenido.


Volvemos a comer al campamento. Por la tarde es la entrega de premios. El sarao empieza a las 3. Han venido nuevamente diversas personalidades y muchos de los habitantes de la zona. Sigo recibiendo felicitaciones y voy reencontrando a todos los que me iban animando durante la carrera. Recuerdo con especial cariño a Alexis, de la oficina de turismo, que cada vez que me ve me tiende la mano y con una sonrisa de oreja a oreja me dice "Alberrrrto, le meilleurrrr!!" con esa R vibrante del francés africano en la que los españoles podemos encontrar algo de solidaridad ante las dificultades habituales de la ggggggg...
La ceremonia es especialmente emotiva. Creo que el hecho de ser un grupo reducido hace que el reconocimiento hacia los corredores sea particularmente agradecido y que también los miembros de la organización y toda la gente local que ha colaborado tengan su momento de reconocimiento. Subo al podio con Fabrice y Rudolf, después viene también Elodie y finalmente se unen todos los corredores, hayan finalizado o no. Las caras de felicidad de las fotos creo que denotan lo especial del momento.


No se si os habéis fijado pero el trofeo es un pedrusco de mucho cuidado. Pedrusco dicho con todo el cariño. Se trata de una reproducción del Arche Lyre, uno de los hits del recorrido, hecha con la roca típica que forma las montañas de la zona. Con él venía una placa metálica sobre la que colocarlo, que procedía de restos metálicos de la guerra. Dos elementos característicos de la zona que forman un trofeo de lo más singular.
Una vez acabada la entrega de premios se monta un jaleo importante delante de la entrada del poblado (entre medio tuve una conversación interesante con Koki y los amigos de la televisión Chadiana, en la que me estuvieron preguntando sobre la cuestión Cataluña-España, Barça y demás, en la que lo hice de la mejor y más objetiva forma que pude...). Un tipo ha cogido un tambor y empieza a tocarlo mientras la gente canta y empieza a bailar en corro. A mí como no me gusta bailar me voy a la otra punta del poblado y me siento en un rincón... No, evidentemente. A los 5 segundos estoy intentando asimilar los pasos para meterme en el meollo. De esos momentos de comunión entre gente de lo más diversa en el que las sonrisas denotan felicidad.

El baile da paso a la cena, y ante la presencia del gobernador de Fada y algunas otras personalidades hoy toca menú VIP, carne de camello con patatas. Sinceramente, no es la mejor carne que he comido, pero en mi estado sabe como el mejor bife de chorizo de Buenos Aires. Mi estómago está ya recuperado y dispuesto a comerse un camello entero, así que voy mirando de reojo a ver si sobra y puedo rapiñar algo. No hay suerte, pero arraso con los cacahuetes, galletas y sandía del resopón.
El lunes nos levantamos pronto porque toca viaje de vuelta. Tengo bastante más suerte que a la ida y me toca un coche mucho más espacioso. Comparto viaje con Sylvain, Frédéric, Yann, otro corredor francés pero que trabaja en Marruecos y el chófer, el nombre del cual no llegué a saber pero que era el chef de la expedición. El primer tramo discurre entre discusiones sobre dopaje y marcas de atletismo. En el momento en que Slvain y yo empezamos a hablar de récords del mundo sub17 nos damos cuenta de que puede ser excesivo para el resto de acompañantes y pasamos a la política francesa. Cuando este tema se agota, cada uno pasa a echar su respectiva siesta y así van pasando las 10 horas (una menos que a la ida) hasta Faya-Largeau.
Por la noche vamos a un bar a celebrar entre todos el éxito de la semana, cenamos por enésima vez, cuscus con ensalada y carne, donde sigo recuperando calorías a tutiplén. La sobremesa se alarga a base de nuevas conversaciones de atletismo con Sylvain, a las que se une Marie, que resulta ser otra freak del asunto. La cosa discurre entre el récord del mundo de Lavillenie y cuán duro puede llegar a ser un 400 (recordando mis tiempos pasados).
Y así llegamos al martes, día de vuelta, en el que nos levantamos con la mala noticia de que el avión de Marsella, que tenía que salir a las 4 hacia aquí para después volver nosotros en él, no ha salido. Finalmente el retraso será de unas 3 horas, que al final resultan bien aprovechadas porque paso un buen rato hablando con Henri. Henri es un hombre de 68 años (creo) que era el más veterano de los corredores. No pudo acabar porque, como me dijo él, no sabía lo que era y vino en modo montañero, pero ya estaba con ganas de reintentarlo el año que viene. Un hombre con una energía e iniciativa increible y un bagaje propio de ellas. La cantidad de experiencias vividas y lugares conocidos era inacabable. No le pregunto por Corea del Norte, pero no soy capaz de encontrar un país en el que no haya estado, y en cada uno de ellos con mil ideas y proyectos para repetir. Un ejemplo de como vivir el presente a base de proyectos para el futuro, de la filosofía del "si no soñamos, estamos muertos".
Finalmente nos dirigimos al aeropuerto, donde descubro nuevamente sorprendido que todo el mundo me felicita por la carrera. Al parecer salió la noticia en la televisión del Chad y hasta el policía de los pasaportes quiere hacerse una foto conmigo. Me siento entre cohibido y divertido. Ya en el avión descubro la causa del retraso en Marsella. Resulta que un tipo se ha presentado en el aeropuerto con un equipaje personal de... 600kg!! Hay gente con menos luces que el barco de un contrabandista. A quién se lo ocurre... Me imagino al chico o chica del mostrador a las dos de la madrugada... "Votre baggage, monsieur?" Y el tipo con una caravana detrás. Digo yo que qué menos que ir días antes a gestionarlo... En fin...


El vuelo me sirve para apreciar nuevamente la inmensidad del Sahara, para descubrir que una vez llegas a 200kms de Francia te encuentras las nubes de rigor y para comerme un sobre de comida liofilizada que me deja el estómago para tirar a la basura (y aún sigo). Ya en Marsella, os podéis imaginar, despedidas, felicitaciones y buenos augurios para los planes próximos de cada uno. Agradezco especialmente a Jean-Philippe por cómo ha salido todo y todo lo que ha hecho y quedamos para el tema del material la semana que viene (Nota del que está escribiendo ahora mismo: mañana).
Mientras vuelvo en coche con Sylvain hacia Lyon, hago balance mental de lo que ha sido el viaje. Deportivamente guardo recuerdos contrapuestos de la carrera, positivos por el objetivo cumplido y por la satisfacción de haber sabido gestionar y sobreponerme a momentos complicados, y algo más negativos porque en algunos de esos momentos me he notado cansado como pocas veces. Pero a nivel de experiencia personal, que seguramente es lo que considero más importante, el viaje ha sido muy especial. Me he encontrado con un grupo de gente muy agradable con la que compartir las vivencias ha sido de lo más natural. Por otro lado una sociedad local muy acojedora y, como me he encontrado en otros lugares, preocupada por mejorar una imagen de inseguridad del país que hemos podido comprobar que empieza a resultar injustificada. Una gente que con sus sonrisas te enseña nuevamente que el estado anímico puede estar alejado de lo material. Y para acabar quiero expresar un reconocimiento especial a la organización de la carrera. Diseñar, organizar y coordinar una carrera de 178 kilómetros en una región tan alejada como es el Ennedi, supone un reto bastante más dificil que correrlos. Sorprendía al principio ver que en la expedición había más organizadores que corredores, pero después he quedado convencido que era algo que hacía falta para tener el resultado final obtenido. 6 personas en el equipo médico, ayudantes en los controles, encargados en el GPS, central de comunicación para el seguimiento de la carrera por Internet, fotógrafos, cámaras de vídeo, conductores, cocineros, gente para construir el campamento,... Todo para cuidar hasta el más mínimo detalle. Ojalá el año que viene se confirme el éxito de esta primera edición y mucha más gente pueda disfrutar de una manera respetuosa y coherente del ambiente y las maravillas de esta zona, generando también una fuente de ingresos en una región en la que no sobran.
Y por mi parte poco más que decir (ya he dicho bastante, jejeje...). Feliz de haber vivido esta experiencia que arrancó hace unos meses y culminará la semana que viene con el transporte del material de la campaña de recogida. En los próximos días tiene que haber noticias sobre la segunda de las carreras del proyecto 7 Ultras - 7 Continentes, con el que espero poder seguir adelante, descubriendo nuevas carreras, nuevos ambientes y nueva gente.

Besos y abrazos

sábado, 22 de febrero de 2014

Le Treg (2a parte: La Carrera)

Eh! Cobardes! Leeros antes la primera! ;-)

(coged fuerzas que va para rato... pero espero que valga la pena)

Creo que ya lo había contado alguna otra vez pero por resumir las características de la carrera, se trataba de 178 kilómetros con 6 puntos de control en los que hay abastecimiento de agua pero no de comida, con lo cual todo lo que es alimentación lo tenemos que llevar de salida. El recorrido no está marcado sino que vamos siguiendo el track del GPS proporcionado por la organización. Se trata de una vuelta alargada que recorreremos en sentido horario.

Lo habíamos dejado en el pistoletazo de salida... (para que podáis poner el punto de libro y dejarlo para otro rato cuando os aburráis, aprovecho los 7 tramos de la carrera para subdividir la crónica)

Salida - PC1 (km 0 - 36):
Salgo con la cámara en la mano para hacer un vídeo que, visto el resultado, mejor ni publicar. Toda la gente del lugar, personalidades célebres o no, nos aplauden y emiten gritos de ánimo. Salimos al trote excepto Marco que sale disparado hacia delante. Al cabo de 100 metros primer imprevisto, oigo unos gritos detrás, a alguien se le ha caído un frontal. Creo entender que es azul, puede ser el mío, así que vuelvo corriendo hasta Jean-Noël, que es el que lo ha cogido, para descubrir que no, que es de otra persona. Voy recuperando posiciones intentando descubrir al propietario pero no hay éxito. Pues nada, me lo guardo y lo dejaré en el PC1 y ya lo reclamará alguien. Después de este inicio anecdótico llego a la altura de Sylvain y trotamos un rato juntos por un terreno de bosque (bosque aquí quiere decir un árbol cada 15-20 metros) y suelo de arena suelta que a estas alturas es hasta agradable. Marco va 100 metros por delante y poco a poco me voy quedando en 2ª posición y aclimatándome a esto de correr mirando el GPS. Finalmente salgo del bosquecillo justo al llegar al primer waypoint (los puntos marcados en el GPS), que está en lo alto de una duna. Allí me encuentro a la "jet set" animando y haciendo fotos con sus Iphone's, elemento distintivo de las clases altas chadianas. Veo a Marco a la izquierda, que va por el fondo de una vaguada, pero yo sigo lo que me parece que es el track del GPS, metiéndome por terreno rocoso. Esta es la zona que me gusta, así que avanzo rápido hacia una subida de piedras que nos ha de dejar en lo alto de un altiplano. Me encuentro bien en esta zona más parecida a lo que estoy acostumbrado, así que acabo adelantando a Marco y llego a lo alto de un primer collado en primera posición. La extensión al otro lado es espectacular así que no puedo resistir hacer una foto aprovechando que he sacado unos metros de ventaja (al final he decidido coger la cámara, no vendrá de hacer unas cuantas paradas de unos segundos, y el paisaje lo vale). Giramos a la derecha y seguimos subiendo, siempre por rocas, para seguir por una bajada no demasiado técnica y una nueva subida que ahora sí nos deja en lo alto de un altiplano.
Empiezo a comer. Me he intentado concienciar de comer 1 kit kat, 1 snickers y 3 barritas de "pâte de fruits" en cada tramo, más uno de los mini-sandwiches de brioche con salchichón o chorizo (un clásico) en cada punto de control. Veremos hasta dónde soy capaz de cumplirlo. Una vez en la meseta el terreno es sencillo y muy corrible, con el único requisito de estar al loro para no torcerte un tobillo con las piedras. El paisaje es espectacular, con toda la llanura salpicada de los diferentes montículos rocosos. La temperatura también es todavía llevadera. Estoy disfrutando de lo lindo. Llevo algo más de velocidad que Marco, por lo que la distancia se va ampliando a 100, 150, 200 metros... La verdad es que quedarme sólo a estas alturas da un poco de vértigo con lo que queda, pero también es cierto que llevo un ritmo bastante asequible para este terreno y que no noto que esté forzando para nada así que decido fijarme sólo en mis sensaciones e ir haciendo.
Aparece un grupo de gacelas y más allá 2 o 3 asnos sueltos, que me resultan simpáticos y les lanzo otra foto.
En esta dinámica y por terreno que pica un poco para abajo, llego al Laberinto de Ohio (km15), una formación rocosa de torres de roca y pasillos estrechos, en los que vuelven a estar los VIP, la televisión chadiana y también Magali y Jean-Philippe. Siempre es agradable encontrar a gente y recibir ánimos después de un rato de soledad, así que con esta pequeña dosis de moral afronto el laberinto y la duna posterior, de arena suelta pero que a estas alturas todavía troto. Nuevo trozo llano por terreno duro, en el que todavía veo a Marco detrás, pero cada vez más lejos, y llego a otra zona rocosa que da acceso a una bajada algo más técnica que nos deja en el "Point d'eau" (km18), un avituallamiento líquido intermedio que han introducido en este primer tramo más largo, de 36km.
Allí está Marie, del equipo médico, que pregunta con voz acogedora pero firme, si ves bien, cuánta agua has bebido... Yo de momento intento respetar la doctrina que nos han inculcado de 1 litro cada 10 kilómetros, forzandome a beber ahora que la temperatura no es tan alta y no apetece tanto. Van resonando en mi cabeza las palabras de Isabelle, la médico-chef: "si os entra sed es que ya es muy tarde!".
Repongo las botellas y sigo al delante sin perder mucho más tiempo. El terreno entra en una dinámica de pequeños valles con algo de vegetación y bastantes zonas de arena suelta en las que correr no resulta cómodo. El terreno es menos abierto y las vistas no tan espectaculares, así que empiezo a buscar pensamientos que distriagan un poco mi cabeza. Intento identificar maneras de correr óptimas en est tipo de terreno que hasta hoy era desconocido para mí. Más frecuencia, menos frecuencia. Más impulso de rodilla, más braceo...Siguiendo mi instinto investigador también realizo estudios empíricos que me ayuden a determinar si la arena es más consistente cuando está mezclada con mierda de oveja o de camello, decantándome finalmente por la primera. Toda esta serie de diserciones van ambientadas por la música de fondo de "Hey Brother", que después de haberla escuchado en la radio 227 veces durante la última semana prometía ser mi compañera de viaje en esta aventura.
No me encuentro totalmente sólo en este terreno. De vez en cuando aparecen, como de la nada, cabañas solitarias de familias nómadas. Sus habitantes, no obstante, son difíciles de ver. La visión de un astronauta intruso con una Olmo 12 a la espalda, dos botellines en cada asa y los respectivos tubos cual antenas de radio, deben despertar sensaciones a caballo entre la curiosidad, la incredulidad y el escepticismo.
Entre toda esta mezcla de pensamientos, más cuerdos o menos, llego a una duna importante hacia el kilómetro 30. El sol empieza a apretar y la subida ya no es tan alegre como hace un rato, y empiezo a notar mis gemelos como un flan de huevo que se balancea, dando pequeños avisos. En ese momento lo asocio al tipo de terreno, que debe forzar más la musculatura. Arriba encuentro un coche de la organización y todavía sonrío a la cámara. La duna da paso a un plano con un oasis con bastante vegetación y más allá un kilómetro de terreno árido que me conduce al primer punto de control, tras una aguja de roca.
Se agradece charlar un poco con gente. Allí están Jean-Philippe y Magali. Les comento que voy bien, pero que todavía no hemos hecho nada y que es el tramo siguiente el que me da miedo. Son las 11 y pico y ahora viene el tramo del día donde más aprieta el calor. Me como mi primer brioche de salchichón, me vacío por primera vez las zapatillas generando una cascada de arena espectacular que da que pensar sobre problemas futuros, y me quedo un par de minutos intentando fotos artísticas con Pierre-Emmanuel, en un tunel justo detrás del avituallamiento. Sigamos adelante, que ahora viene lo bueno...

PC1-PC2 (km 36 - 63):
Salgo del punto de control con la típica frescura que te da el "break" psicológico de los avituallamientos. A los 100 metros me encuentro un hombre con un camello que empieza a seguirme. El tipo me sonríe. "Ça va?"... "Ça va! Un peu fatigué" le respondo devolviendo la sonrisa. Al parecer la organización ha mobilizado a los habitantes de la zona para que vayan acompañando al personal, todo un detalle. El sol que cae a plomo y la pendiente que empieza a apretar, hacen que la conversación no de para mucho más, pero se agradece mucho la compañía. De vez en cuando el amigo me va corrigiendo el rumbo, sin comprender que el reloj ya me indica por dónde se supone que debo ir. El track se dirige directo a una duna que sube y sube hacia unas rocas. Se ha acabado la frescura y el flanqueo ascendente por arena suelta hace que deje de trotar por primera vez. Pequeño rellano y nueva subida, otra vez andando y empezando a notar sensaciones de fatiga. Sigo bebiendo y comiendo según el ritmo preestablecido. El estado del Snickers pone de manifiesto la evolución de la temperatura.
En un estado de fuerzas y ánimo claramente descendente voy tomando los waypoints del GPS como referencias psicológicas y pasados unos 5kms el tipo del camello se despide dando a entender que hasta ahí llega su trozo. Efectivamente, 200 metros más allá hay otro camello con su jinete correspondiente, que me acompañará el siguiente trozo. Sigo entre trote y marcha rápida por un tramo llano y algo más consistente, lo cual representa un pequeño respiro, hasta llegar frente a una montaña de roca. El track parece rodearla por la izquierda, pero al encaminarme hacia allí mi acompañante me hace señas indicando el otro lado. Le hago caso a pesar de que parece que nos alejamos del track, pero la trayectoria es más o menos paralela y detrás del montículo recuperamos la ruta. Más allá se repite la historia, pero esta vez la "opción track" y la "opción camello" son más divergentes. Le indico el reloj y señalo en la dirección supuesta, pero él insiste. Todo va por señas. Acabo por hacerme el loco y seguir la opción track, mientras él me sigue resignado.
Llegamos a un nuevo cambio de relevo, en el que doy las gracias a mi viejo acompañante y saludo al nuevo. Al poco rato volvemos a las andadas, track por un lado, guía por otro... Por alternar, esta vez hago caso al guía, pero al poco rato observo preocupado cómo nos vamos alejando de la ruta marcada, que llega a estar casi 600 metros a la izquierda. En teoría no nos podíamos separar de la ruta más de 400 metros, pero no veo qué le puedo hacer. No puedo explicarle (con mi francés macarrónico y el suyo inexistente) que no se trata de llegar al sitio por donde a él le parezca sino por donde marca la organización. De todas formas creo sinceramente que no supuso ninguna ventaja y que debieron guiar a todo el mundo por el mismo camino. 
Respiro aliviado al ver cómo nuestra trayectoria y la del track confluyen de nuevo, pero 1 kilómetro más adelante se repite la historia. No puedo más. Llevamos un rato por terreno de arena suelta que se me va metiendo en las zapatillas, con un sol de justicia que hace que tenga la boca seca a pesar de beber constantemente. Noto como las fuerzas físicas me abandonan y la discusión (o la impotencia por no poder mantener una discusión) con el guía tambalea mis débiles cimientos psicológicos. El tipo insiste, se señala a sí mismo y a "su" opción mientras yo le indico el reloj y la otra dirección entre una mezcla de súplicas y miradas lastimeras. Da igual, me resigno. Sólo falta que se cabree el tío. Vamos por donde tú quieras y listos, no tengo ni un gramo de fuerzas para discutir.
Ni para discutir ni casi para nada. He perdido completamente el ritmo de carrera y voy avanzando, ya caminando constantemente, mientras miro hacia atrás esperando la inevitable llegada de mis perseguidores. Camino por una vaguada donde se ha amontonado la arena y cada paso es una lucha. De repente el tipo me grita. "Qué pasa ahora? No te estoy haciendo caso?" Señala hacia atrás, no entiendo nada. Insiste y se señala la cabeza. No jodas, se le ha caido el gorro... Vuelvo unos metros hacia atrás y recupero la prenda, que se había enganchado en unas zarzas. Se la entrego y sigo con mi paso cansino hasta un nuevo cambio de relevo. Aquí pasa a acompañarme un chico de unos 15 años que va a pie. "Ça va?"... Bueno... cómo te lo explicaría... 
El chico lleva buen paso y al cabo de poco rato me cuesta seguirle. Imagino lo que debe estar pensando. "Joder, pues si este es el primero y va a este ritmo..." Yo sigo enfrascado en mis cábalas, con una comida de tarro que va en aumento. Estoy en el kilómetro 55, quedan 8 para el PC2 y no llevo ni la tercera parte de la carrera. Mi nivel de fuerzas está por los suelos y la moral va de la mano. Una mezcla de sentimientos me invade. Por un lado vergüenza. Siento que no había valorado como se merece lo que suponía esta carrera a nivel físico. "178 kilómetros pero son planos..."..."Sí, los coj...". Visualizo los comentarios tras una eventual retirada de "Hombre, es que has salido muy rápido" o "Qué te pensabas que era una carrera por el desierto?". Por otro lado pienso en todo lo que ha supuesto el Proyecto Le Treg, tanto por sí solo como formando parte del proyecto "7 Ultras - 7 Continentes". Los sietes se dibujan en mi mente con sonrisa burlona y me conducen a otro proyecto de nombre parecido pero mucho más mediático. Efectivamente, aparece Josef Ajram por mi cabeza (que conste que, sin ser ni mucho menos mi referente, no formo parte de la gran corriente crítica frente a lo que hace... me colocaría bastante próximo a la indiferencia), sentado en una silla justificando su fracaso en el 7 Islands - 7 Ironmans. Fracaso... Pienso también en todo el coñazo que he dado por Facebook los últimos meses y en la gente que estará siguiendo la carrera por Internet. Creo que la mezcla de vergüenza, miedo y pereza a tener que justificar un fracaso tan total como precoz de la iniciativa me llevan, en un momento de lucidez y frialdad, a replantearme la carrera. Voy a olvidarme por el momento de cualquier competición, posiciones, tiempos... El objetivo pasa a ser llegar al ritmo que sea al PC2, sentarme tranquilamente, comer, dormir el tiempo que haga falta, y con el fresco de la noche seguir adelante, aunque sea a ritmo de trekking. Si en los otros puntos de control me tengo que parar otro rato a dormir, pues se para y si mañana tengo que quedarme un tiempo parado para evitar las horas de calor, pues igual.
Una visión aterradora me saca de mis pensamientos (que por otra parte, no me han devuelto las fuerzas). Una duna que parece vertical se levanta delante nuestro, con unas huellas que suben directo hacia arriba. Amplio la escala del GPS y descubro apesadumbrado que, efectivamente, es por allí. Tras subir unos primeros metros me detengo, brazos en jarra y exhausto. El chico me indica hacia un lado una variante que hace una pequeña ese con una pendiente algo más llevadera. Voy hacia allá con paso cansino pero me vuelvo a parar a los pocos metros. Me inclino hacia delante y llega lo inevitable. Mi estómago ha decidido lanzar por la borda todo el proceso nutricional que había llevado rigurosamente a pesar del cansancio. Va saliendo todo de forma ordenada, acabando incluso con cosas que vienen de la comida de ayer. Levanto la cabeza y el chico me mira entre serio y preocupado mientras niega con la cabeza. Una vez se calma la tormenta la situación me parece hasta cómica. Me pregunto qué debe estar pensando. "Qué coñ... estará haciendo este tipo arrastrándose de esta manera por aquí...".
Tras las erupciones volcánicas viene una relativa calma y dispones de 15-20 minutos de bonus en los que te sientes bien, antes de caer de nuevo fruto de la falta de alimento. Decido aprovecharlos y ando con un ritmo algo renovado, agradeciendo al chico por su preocupación y ayuda en el mal trago. No habla francés así que la comunicación es difícil. Llego a utilizar un recurso, pocas veces fallido, de tantear con un "Barça?" "Messi?", pero ni aun así. El hombre me sonríe pero desde la incomprensión. Pues nada, sigamos. Tras cruzar una pequeña meseta viene una bajada de arena suelta donde se me mete arena hasta en las orejas, de forma que al llegar abajo tengo que sacarme las zapatillas.
Nuevo momento crítico. Hace rato que las rampas de las que os hablaba antes de llegar al PC1 se han generalizado por todo el cuerpo. Al doblar la pierna para sacarme la zapatilla noto que toda la pierna se me tensa y el dolor es insoportable. Me tiro al suelo. "Mierda, solo me falta quedarme aquí encallado..." El chico me saca las zapatillas y las vacía de arena. También les saca decenas y decenas de pinchos ("cram cram" les llaman) procedentes de unas plantas que basan su reproducción en joder a cabras, camellos y corredores de ultrafondo. El chico me ayuda con delicadeza a ponerme las zapatillas y a levantarme del suelo. Se lo agradezco infinitamente, han sido momentos complicados. Seguimos adelante. Los ultimos 2 kilómetros hasta el punto del control son llanos pero el bonus se está acabando. El chico se despide (me da rabia no haber llegado a saber ni su nombre) y recorro los últimos metros hasta el punto de control. Me encuentro a Laurent, de la organización. "Comment ça va?" "Mal..." es toda mi respuesta. Llego al avituallamiento bajo el espectacular arco de Alogba.
Me tumbo en la colchoneta. Isabelle viene y me pregunta por mi estado. Ella las ha visto de todos los colores. Me da una pastilla para la deshidratación (o para las rampas, no recuerdo bien...) e instrucciones. Me pregunta si llevo comida liofilizada. Le respondo que no, que no me convencía de cara a la carrera (el tiempo me dará la razón, después del viaje uno de esos sobres me ha dejado con una diarrea de competición). Me dice que me cambie de calcetines. Le digo que no llevo. Se enfada, pero yo soy de la opinión de que si cambias mucho de calcetines tienes más números de que te salgan ampollas (fui el único que llegué sin ampollas, dejadme que me marque un pequeño tanto ;-)). Total, que me acabo tomando mi brioche de chorizo con una taza de té. Parece que me entra bien. Mientras tanto las rampas siguen sacudiendo mis piernas. Mi gemelo tiene vida propia y de vez en cuando llega un arreón en el que se contrae formando un agujero que hace las delicias de Philippe, el cámara de vídeo, mientras yo me retuerzo para intentar controlarla. Mientras cómo le comento a Isabelle que ahora mismo no tengo espíritu competitivo y que mi intención es descansar y buscar el recuperar sensaciones que me permitan acabar de alguna manera. Me tumbo e intento dormir algo pero las rampas no me dejan. Aún así, bajo la manta noto como algo de fuerza vuelve a mi cuerpo mientras la luz del día se va apagando. Nadie llega por detrás. Parece que estamos todos igual de jodidos...

PC2-PC3 (km 63 - 93):
He estado unos 30 minutos tumbado, casi una hora en total desde que llegué. Siento que ha vuelto la chispa y que estoy en condiciones de seguir. El estómago está tranquilo, las rampas se han calmado y la cabeza está animada. Pregunto si ha pasado alguien y me dicen que no, lo cual me da algo de moral. El objetivo sigue siendo recuperar sensaciones en marcha, pero vuelve ha despertarse un poco el gen de la competición. Doy las gracias por la ayuda a toda la gente del punto de control y salgo en dirección al gran arco de Alogba, que domina el campamento a unos 50 metros. Justo en ese momento llega Marco, pero no llegamos a cruzar palabra. Cojo un ritmo de marcheta rápida, sin trotar pero a un ritmo rápido. Pacto conmigo mismo que de aqui al PC3 voy a intentar caminar lo más rápido posible pero sin correr, a ver si acabo de recuperar las sensaciones. El recorrido cruza el arco gira a la izquierda y después de superar un montículo se mete en una extensa llanura que hay que cruzar en su totalidad. Es de noche y la temperatura es agradable. La luz de la luna permite hasta ver el GPS sin la necesidad del frontal así que apago la luz, tomo una referencia en el horizonte y me dirijo en esa dirección. Aquí y allá se ven pequeños fuegos que marcan la posición de diferentes cabañas de los habitantes de la zona. Mi estado de ánimo se ha recuperado de una forma sorprendente. Caminar por el desierto a la luz de la luna con las formas rocosas en el horizonte tiene un toque mágico.
Me voy entreteniendo con los waypoints del GPS como referencia. El hecho de que el terreno sea bastante más compacto que el del parcial anterior colabora a toda esta energía positiva. Se acaba la llanura y llego a un pequeño repecho en el que noto una respuesta de mis piernas bastante mejor que hace unos kilómetros. Las rampas han desaparecido, si bien tampoco es que esté fresco como una rosa. Una nueva llanura y el camino rodea una serie de promontorios rocosos antes de llegar a un tramo un poco más incómodo por las piedras del suelo, que me obligan a encender el frontal. Aquí otro visitante inesperado se encarga de enfriar un poco mis ánimos. Se trata del flato, que me ataca durante un par de kilómetros. A base de apretarme el abdomen y respirar profundo consigo controlar el tema, pero me ha cortado un poco el rollo. A pesar de ello, a base de waypoints, llanuras, piedras y demás, los kilómetros van pasando y poco a poco paso el ecuador de la carrera y me acerco al tercer punto de control, que está en el km93. 5 o 6 kilómetros antes de llegar, el terreno se hace incómodo y la arena vuelve a estar suelta. Paso junto a un coche de la organización en la que hay un pequeño control de paso. Allí encuentro a uno de los fotógrafos (me da mucha rabia no recordar el nombre porque se portó muy bien conmigo) que habla un español perfecto con acento mexicano. Me había visto jodido en el PC2 y me pregunta qué tal. "Mejor, mejor" respondo, ante lo cual me anima efusivamente. El último tramo hasta el PC3 va por el fondo de una vaguada y pasa junto al Arche Lyre (yo no lo vi como en la foto pero para qeu os hagáis una idea), un arco en forma de lira que constituye una de las formaciones más caracterísiticas de la zona. En medio de la noche casi me lo paso sin verlo, pero domina majestuoso el camino desde la derecha. Llego al punto de control y despierto al personal, que se había dormido. Me tomo un té y un nuevo brioche con embutido. Pregunto por cómo va la carrera y me dicen que vienen por detrás Marco y Fabrice, y que éste último es ya segundo. Eso quiere decir que va de menos a más. Yo he mejorado mi estado, pero aún dista bastante de poder calificarse de bueno. Justo cuando acabo de comer suena el walkie-talkie. Son los del punto de control de paso, que Fabrice acaba de pasar. Me levanto y me dispongo a irme. Hay un tramo de un kilómetro largo común al recorrido por el que he llegado y si nos cruzamos ahí, eso va a ser un pequeño golpe de moral, negativo para mí, positivo para él. Agradezco de nuevo la atención recibida y me lanzo a por el siguiente tramo, que vuelve a ser de 30 kilómetros hasta el PC4.

... Estais reventaos, ¿no? ¿que hago? ¿parto la crónica por la mitad? Venga va, caballo grande, ande o no ande... pausa para ir al lavabo y seguimos...

PC3 - PC4 (km 93 - 123):
Salgo caminando, rápido pero caminando, porque el terreno de arena suelta no da para mucho más. Voy hacia el flanco izquierdo de la vaguada, en parte buscando terreno algo más compacto, en parte para evitar que me vea Fabrice en caso de que nos crucemos (soy malo, lo sé...). Es inútil, de repente aparece en la noche caminando por la arena pero a un muy buen ritmo ayudado por los bastones. Nos pegamos un grito de saludo rápido en la oscuridad. No llevo ni un kilómetro desde el avituallamiento creo, así que esa es mi ventaja: dos veces este trozo más lo que descanse, que sospecho que animado por tenerme cerca será más bien poco. De Marco ni rastro.
Acaba el trozo común y me meto en otra llanura en la que el terreno es bastante duro. Miro el GPS y el siguiente waypoint está a 5kms en línea recta. Para evitar que se haga eterno, animado por la mejora del suelo y espoleado por la proximidad de mi perseguidor decido empezar a trotar. Es trote, tampoco os imaginéis gran cosa, pero ir a 8-9 por hora después de las que he pasado me parece ritmo de final olímpica de 10000. Noto que mis piernas lo aceptan bien y adopto una especie de trance estacionario. La temperatura es buena, la luz de la luna suficiente y el aliento responde. Me entretengo calculando velocidades entre el GPS y el cronómetro, hago pactos para no mirar la distancia recorrida hasta pasado un cierto tiempo y de esa manera van pasando los kilómetros. Pasados unos 12 desde que empecé a trotar noto que bajar un punto me puede venir bien porque todavía queda mucho y el terreno ha pasado a ser algo más incómodo. Cambio de pacto y lo que hago es recorrer la primera mitad de cada waypoint al trote y la segunda caminando rápido. De esa forma me sale una velocidad de unos 8 por hora cuando troto y sobre 7 cuando camino, y voy teniendo pequeñas recuperaciones a nivel de pulsaciones, que me vienen la mar de bien. A falta de 8 kilómetros para el PC4 me noto algo más cansado y decido eliminar la parte trote, así que camino todo este tramo junto a una sucesión de montículos rocosos que emergen a la izquierda. Pasado el último, el track gira algo a la derecha y atraviesa una llanura enorme en dirección a un cilindro de roca que hay en medio. Tiene pinta de que ahí está el PC4. No veo rastro de Fabrice, pero probablemente vaya con el frontal apagado como yo. Aún así, creo que he hecho este tramo a buen ritmo y probablemente haya sacado distancia. Tomo una decisión, aunque ahora voy bien de fuerzas, voy a echar un sueñecillo de 20 minutos en el PC4. Creo que lo puedo agradecer más adelante.
2 kilómetros antes de llegar al cilindro de roca veo unas luces intermitentes que certifican la ubicación del control. El último tramo se hace largo pero finalmente llego junto a la hoguera. Mi frontal apagado y unas maderas colocadas en el suelo de una forma un tanto desafortunada, acaban conmigo en el suelo. Sigo el protocolo, té y brioche y pido que me despierten en 20 minutos.

PC4 - PC5 (km 123 - 141):
Mis sospechas eran ciertas y he sacado ventaja a Fabrice, que tras la media hora que he estado en este control, todavía no ha llegado. Salgo rápido mientras me pongo el impermeable. Son las 4 de la mañana y hasta el amanecer va a hacer frío. El sueño me ha dejado la cabeza bastante fresca y salgo bien motivado y animándome en voz alta. Me pongo en lo que llamo "Modo Iker Karrera", es decir, concentrado en cada paso y sin dejarme llevar por dinámicas ni positivas ni negativas. Empiezan a aparecer las primeras luces cuando paso junto a un arco de roca. El terreno, que desde el PC3 había sido llevadero, vuelve a complicarse y llego a una duna de manual, en cuya bajada se me llenan las zapatillas de arena. Paro a sacarmela y pongo el pie en el suelo, con lo cual se me llena el calcetín de cram-cram's. Muy hábil, sí señor... Quito los que puedo y sigo adelante, girando a izquierda y derecha, subiendo otra duna y bajando a un pequeño cañon, siempre por un tipo de terreno más difícil que el de kilómetros atrás. Afortunadamente este parcial (y los que quedan) es más corto, con lo cual psicológicamente se lleva algo mejor.
A falta de unos 5kms voy por el fondo de un valle cuando veo que el track tiene tendencia a subir a la izquierda. Intento quedarme algo más abajo para ver si rodeando la montaña puedo recuperar la pista sin necesidad de subir, pero el recorrido cada vez se separa más. No hay duda, toca subir a la izquierda hasta lo alto de la loma y probablemente bajar al otro lado. Más arena suelta y nuevamente la energía que se va escurriendo como un reloj de arena (nunca mejor dicho). La ruta sigue en flanqueo incómodo, con más arena entrando en las zapatillas, hasta superar la colina. A dos kilómetros se ve ya el PC5, al que llego después de una bajadita que me deja con mejor cara.

Es el kilómetro 141 y dentro de lo que cabe estoy bien, o eso les parece a Marie y Magali, que están en el avituallamiento. Parece ser que Marco ha abandonado con problemas de ampollas. Me tomo mi último brioche y última taza de té. Vacío de nuevo las "zapas" y sigo adelante. Son las 7 y pico y ya empiezo a notar el calor. Estoy obsesionado por avanzar al máximo antes de que sea demasiado tarde. El recuerdo de ayer me aterroriza.

PC5 - PC6 (km 141 - 160):
Al preparar el GPS para el siguiente tramo me encuentro con la primera sorpresa. Próximo waypoint, 8,3kms!! Joder, esta línea recta va a ser eterna. La dirección se dirige a lo alto de una duna que descubre detrás una extensa llanura. Hay que cruzarla de cabo a rabo. Bajo hacia ella intentando minimizar la cantidad de arena que entra en mis zapatillas, pero no hay manera. Al llegar abajo descubro que el terreno (ni mis fuerzas) dan ya para trotar, así que esto se va a hacer largo. Voy buscando zonas rojizas que he ido aprendiendo que son algo más compactas. Me prometo no mirar el reloj hasta dentro de una hora. Voy echando miradas hacia atrás esperando ver aparecer a Fabrice en cualquier momento por lo alto de la duna, pero no le veo, no sé si por falta de atención o porque no está. En esta dinámica voy atravesando el llano. Finalmente el waypoint de 8kms se acaba y da paso a otro de... 5. Casi otra hora igual... Las fuerzas van disminuyendo al mismo ritmo que la temperatura aumenta y el sol vuelve a darme en el cogote. Afortunadamente las montañas del otro lado se van acercando e identifico la abertura por la que se mete la ruta, ya a 3 kilómetros del PC6. Me meto por el cañón, en el que almenos puedo buscar alguna sombra, y algo más adelante aparece un coche de la organización que me da ánimos desde la distancia. Esta pequeña inyección de moral me anima y acabo trotando el último kilómetro hasta el PC6, que se encuentra junto al Arco del Elefante. Llego un poco justo porque se me ha acabado el agua 5 minutos antes. Señal de que por lo menos bebo bastante, no se si suficiente... 
Hay mucha gente en el punto de control y todos me animan como si fuesen el mejor club de fans. La verdad es que con las últimas fuerzas que me quedan me emociono y se me pone la piel de gallina. Jean-Philippe me indica que hay que ir a dar la vuelta por detrás del arco y llegar desde allí. Finalmente llego a las colchonetas, donde encuentro a Marco dentro del saco. También hay otros corredores, Henri, Philippe (probablemente más que no recuerdo). Cómo unas cuantas pasas que todavía me quedan tiradas por el bolsillo. Dos chicos me quitan amablemente cram-cram's de los calcetines. Pregunto y Magali me dice que Fabrice ha salido una hora más tarde que yo del PC5, pero que iba corriendo. Si viene corriendo hasta aquí me va a recuperar bastante, porque yo no he trotado más que al final y mi ritmo andando tampoco era supremo. Lleno las botellas y me voy. Si me tiene que coger que me coja, pero almenos hagamos lo que esté en nuestras manos. Acabemos con esto...


PC6 - Meta (km 160 - 178):
Salgo entre aplausos que, después de la soledad de los kilómetros anteriores, suponen un subidón impresionante. Marco me dice que corra un poco, pero no sé si estoy como para eso. Preparo el GPS y deshago el camino unos 500 metros hasta un valle que se mete a la izquierda. Intento trotar un poco, en parte para que psicológicamente se pase más rápido, pero hace mucho calor y noto que me salgo de punto. Además, con el estrés del avituallamiento he olvidado quitarme las zapatillas para sacar la arena así que me toca hacerlo ahora. Valle izquierda, valle derecha, más y más calor. Llego a la barrera psicológica de los 10kms a meta, mientras sigo lanzando miradas atrás. Nada. Voy elucubrando teorías que me permitan deducir a qué distancia está Fabrice. Con una de ellas intento convencerme de que cuando salga Fabrice del PC6 el coche de la orgnización vendrá hasta mí y por tanto si no lo veo es que le llevo bastante (en realidad el coche fue directo a meta).
Pensamientos arriba y abajo el track se dirige flanqueando en subida hacia una duna de la izquierda. Permanezco rodeándola por abajo, manteniendo un pulso con él, pero como siempre gana y me toca subir mientras voy rodeando el montículo. Al otro lado aparece un valle que sube y sube a lo lejos, y la línea de mi GPS parece indicar hacia allí sin dudas. Voy dándome cuenta, no sin desesperación, que el recorrido va a pasar por el punto más alto. A estas alturas estoy ya como ayer. Es la 1 del mediodía y estoy con la reserva. Es cierto que ahora sé que llegar voy a llegar, pero la subida por este terreno se hace agónica. La pendiente cada vez es mayor y la arena cada vez más suelta. La parte superior de la duna parece no llegar nunca. Tengo la sensación de ser uno de esos alpinisitas que llegan a la cima del Everest. Llego a preguntarme si realmente seré capaz de llegar a lo alto de la duna. Me paro, miro hacia arriba y decido hacer una curva a la derecha buscando llegar antes a un punto con menos pendiente. Miro hacia abajo, a lo largo del valle, y no veo a Fabrice. Me parece imposible, voy increiblemente lento, pero imagino que el terreno al final es igual para todos.
Después de unos últimos metros agónicos llego a lo alto de la duna. Estoy exhausto. Me paro un momento a recuperar el aliento. Con paso incierto flanqueo una vez más en ligero descenso. Al otro lado se ve una vaguada que conduce a una llanura, al otro lado de la cual identifico la montaña al pie de la cual está el poblado y la meta. Creo que ni siquiera me alegro. Me parece demasiado lejos. Bajo como atontado, sin saber si perder altura más directamente y buscar terreno cómodo o quedarme a más altura y bajar después. Al final me quedo en término medio y con los pies llenos de arena. Llego abajo. 7 kilómetros a meta. Dejo el terreno de arena más suelta y me paro (creo recordar...) a sacarme la arena por enésima vez. Tengo los pies asados y llenos de cram-cram's pero afortunadamente sin ampollas. Sigo adelante a un ritmo que en el que los metros van goteando con una lentitud exasperante.
5,5kms. Me da la sensación de que el track rodea unas rocas por la derecha pero hay un montículo de arena que me da un palo tremendo, así que rodeo por la izquierda manteniéndome dentro de la distancia permitida. Miro el GPS y veo que el siguiente waypoint es ya la meta. Línea recta hasta allá. Ahora la montaña me parece más cercana. Hasta allí veo un llano pelado con arbolitos sueltos y un bosque (por el que empezó la carrera ayer) que parece ya muy cerca de la meta. Vamos para allá. Me imagino que no estoy en el desierto sino dando un paseo por la calle, intentando quitar dramatismo a la situación. La farsa me dura poco y vuelvo al juego psicológico con el GPS, después de una eternidad cedo y me quedan 4,4 kilómetros y después de dos eternidades 3,2... A falta de 2,5kms llego al bosque. "Todavía 2,5? Pero si parece que estoy al lado" Me meto entre los árboles, con lo cual voy teniendo sombras que se agradecen pero también pierdo la referencia de la montaña y aumenta la monotonía. El terreno es una sucesión de parcelas más duras donde crecen los árboles y ríos de arena que las dividen. Por fin el 2, da lugar al "uno coma" y el "uno coma" deja paso al último kilómetro. Que placer ver cómo aparece el "999 metros" en mi muñeca. A todo esto voy echando miradas hacia atrás. Mi ritmo no ha aumentado lo más mínimo ante la proximidad de la meta y me viene a la cabeza la imagen de esos ciclistas que, escapados durante 150 kilómetros, son engullidos por el pelotón cuando tienen a la vista la línea de meta.

Línea de meta que no llega nunca. 900, 800, 700,... árboles y más árboles. Hago un pequeño vídeo para que se me pase más rápido el tiempo, por lo menos un minuto. 450 metros, todavía no veo nada. Estará mal el GPS? Finalmente un poco más adelante el terreno se abre y entre los dos últimos árboles veo las banderas de la llegada. Al principio es como un espejismo de esos de los tebeos. Poco a poco me voy acercando y oigo los gritos de la gente, así que el espejismo pasa a ser de calidad. Giro 360 grados con los brazos abiertos. Nadie viene por detrás. Después de todas las dificultades voy a llegar a la meta y además en primera posición. He dejado de mirar el reloj para ir apreciando las caras de la gente. Saco la cámara y disfruto del momento. Se van dibujando las caras con sonrisas de alegría, casi más de la que siento yo en medio de mi cansancio, de ver cómo he podido cumplir con este objetivo que a muchos de ellos, sobretodo la gente del lugar, les resulta incomprensible. Alexis, de la oficina de turismo, viene a buscarme los últimos metros y me alza el brazo en señal de victoria. Trotamos juntos los últimos metros entre el pasillo de gente. Fotógrafos, cámaras, los chicos de la televisión chadiana, Marco, Jean-Philippe... Momentos de felicidad, en los que se libra una batalla en tu interior entre la satisfacción y el recuerdo de lo que has pasado.
Una vez recupero el aliento, en mi cara se va formando una sonrisa de oreja a oreja y me siento mientras aparece Philippe con la cámara. Me entrevistan. Bufff... esto va a ser duro. Intento sacar fuerzas para hilvanar un discurso coherente, pero me cuesta horrores y tengo lapsus como el de no acordarme del nombre de Isabelle, con todo lo que me ayudó en el PC2. Agradezco a ella por los mimos imprescindibles en el momento más crítico, muy especialmente al chico que me acompañó en esos kilómetros y también cuidó de mí. También a la organización, impecable ante un reto como es el de llevar a cabo una carrera en un entorno como este, tan alejado de todo, con la imagen (he quedado con la impresión de que totalmente injustificada) de inseguridad que se asociaba a la zona y que ha retenido a muchos potenciales corredores. Ya desatado en mi verborrea (aunque esto no sale en el enlace de Youtube que os adjunto abajo), agradezco la ayuda de la Diputació de Lleida, entidad sin la cual nada de esto hubiera existido para mí y aprovecho para invitar a los allí presentes a conocer los entornos naturales de la provincia. Y acabo con un recuerdo para toda la gente que me ha, que me habéis, estado siguiendo durante la carrera, especialmente a mis padres que son los que más sufren y probablemente estuvieran preocupados ayer cuando me quedé encallado en el PC2.
Valga este párrafo para volver a insistir en todo ese agradecimiento. Sé que suena a tópico, pero nunca fue tan cierto. Sin ser consciente de ese apoyo, en el kilómetro 55 lo hubiera dejado. Así que muchas muchas gracias a tod@s... (va, y también a Ajram ;-) )

Besos y abrazos

P.D: ¿Alguien ha conseguido leerla del tirón? Me da un palo tremendo repasarla, creo que la voy a dejar así :-p

P.P.D: para el que no haya quedado completamente aturdido, mañana añado la tercera parte contando la última parte del viaje, que también estuvo interesante

P.P.P.D: ahí os dejo un enlace con las entrevistas a corredores: http://www.youtube.com/watch?v=ZdnSLymO8QY (como vereis después de 32 horas de pateo mi discurso no era muy fluido) y una recopilación de fotos (http://www.youtube.com/watch?v=DvyaMCyVe9s). En unas semanas tendremos un DVD con más material, pero no podía esperar tanto para la crónica!


viernes, 21 de febrero de 2014

Le Treg (1a parte: Hacia la batalla)

Casi no me atrevía a escribir esta crónica. Supongo que tengo miedo de no ser capaz de reproducir las experiencias y sensaciones de estos días... He renunciado de partida a intentar escribir todo en un solo post, así que de momento lo intentaré dividir en tres. Aún así, según el repaso mental que hice mientras volvía en el avión, esta presumible trilogía corre peligro de acabar convirtiéndose en Juego de Tronos. Vamos allá...

Todo empieza el lunes 10 de febrero por la tarde, dejando el trabajo con la mente más puesta en la arena del desierto que en la del canal del laboratorio. Salgo del piso con las mochilas y cruzando los dedos para no dejarme nada importante. Espero que no, ya que por una vez llevaba varios días preparando el equipaje y con todo ordenado encima del sofá. El coche arranca y después de 28 semáforos en rojo en la hora punta de una tarde lluviosa en Lyon, llego a la estación de tren de Part Dieu, donde tengo que recoger a Sylvain, otro corredor con el que compartiré el viaje al aeropuerto de Marsella.

Sylvain Bazin es un personaje pintoresco al que no conocía pero que es un tipo muy popular en el mundo del trail y atletismo popular francés. Periodista en diversas revistas de Outdoor, autor de varios libros y hombre cargado de proyectos personales cumplidos y por cumplir, a nivel de rutas por el mundo realizadas corriendo. Sombrero de cowboy, pelo largo y barba de varios meses, constituyen los rasgos característicos de este apasionado de la "course a pied", una de las pocas personas que me he encontrado con mayor capacidad que yo en el absurdo arte de memorizar marcas de atletismo. Si a eso le añadís que entre su larga lista de contactos se encuentran todas las estrellas del trail a las que admiro, podréis imaginaros que el viaje bajo la lluvia se pasa rápido (ahí os dejo el enlace de su blog por si queréis conocer al personaje: http://sylvainbazin.blogspot.fr/)

Dejo el coche en el parking del aeropuerto, donde he conseguido una económica tarifa de 30 euros para toda la semana y nos vamos para el Hotel Ibis, donde nos hemos de encontrar con el resto de corredores y organizadores. Hora oficial del encuentro: de lo más normal, la 1 de la mañana. ¿Por qué? Porque el avión sale nada menos que a las 4... Así que llegamos al restaurante del hotel y nos encontramos a todo el elenco de expedicionarios todavía algo descolocados por lo extraño de la hora y por la falta de conocimiento mútuo que todavía tenemos entre todos. Echo una cabezadita apoyado en el vidrio de a ventana, otra tirado en el suelo y una última en los asientos del aeropuerto, antes de entrar en el desierto vestíbulo de no ser por la aglomeración en la cola de gente que se dirige a esta extraña destinación.

Intento aprovechar también las 4 horas y media de vuelo para descansar en vistas a la carrera, ya que empezar con esta noche rara no es la mejor forma de afrontar el reto, pero no pego el ojo mucho más de un par de horas y me despierta el amanecer sobrevolando las montañas del Tibesti, entre el sur de Libia y el norte del Chad. Los cañones y montañas de esa zona dejan paso a la inmensidad del desierto, con curiosos trenes de dunas con formas que son consecuencia del viento del este.
Y por fin ponemos pies en el suelo, momento quizá para hacer un breve inciso cultural sobre el Chad, para diversificar un poco el blog y que no se diga que aquí solo se cuentan mis penas. Por si alguien se ha despistado, el Chad es un país que está en lo que sería el medio de África, limitando al norte con Libia, al este con Sudán, al sur con República Centroafricana y Camerún y al oeste con Nigeria y Niger. Actualmente el panorama consiste más o menos en una parte de desierto total en el norte, algo fifty-fifty en la parte central y una zona de sabana, lo típico de tigres, leones y elefantes, de la capital N'Djamena hacia abajo. De todas formas esto no siempre ha sido así. Hará cosa de 10000 años en esta zona había bosques y agua a mansalva y eso hizo que bastante personal de esos tiempos viniese a instalarse a la zona hacia el 7000a.C. Digamos que esta gente no fue precisamente la vanguardia de la historia, y mientras los vecinos de Egipto andaban ya liados con sus pirámides y pintando peña mitad hombre mitad pajarraco, aquí aún estaban con las piedras dale que te pego. De todas formas, el hecho de estar situados en lo que sería Paseo de Gracia con Gran Vía hizo que partiesen bastante el bacalao en lo que se refiere a los intercambios comerciales, lo cual quiere decir pasta, lo cual quiere decir poder, lo cual quiere decir pequeños imperios que se empiezan a dar garrotazos. En esta dinámica se mantuvo el tema hasta el año 1000 o así, cuando llegaron los musulmanes en sus oleadas ultraconquistadoras y homogeneizaron bastante el tema, todo esto mientras el ambiente se había ido secando y todos aquellos árboles ya eran cosa de un pasado ni siquiera recordado. El hecho de estar alejado del mar, posibilitó que el Chad esquivase hasta bastante tarde el impacto directo de las colonizaciones, y no fue hasta 1900 que aparecieron los franceses por la zona. Fue colonia francesa entre 1920 y 1960, momento en el que alguien se hartó y decidió proclamar la independencia. A partir de ahí el Chad ha entrado en una dinámica, bastante común en África, en la que aparece un tipo como libertador, que dice "no os preocupéis que arreglo esto", "fuera cadenas, viva la Democracia", "calla que parece que le he pillado el gustillo a esto..." y puñalada del vecino de enfrente para volver a empezar el ciclo. Y así han andado, en estado de guerra civil semi-permanente, salpimentado con el entrometimiento de Libia para ver si sacaba tajada ahora que parecía que había petróleo. Por suerte la cosa se ha tranquilizado en los últimos 5 años, aún más comparado con cómo está el patio en los países vecinos.

Está tranquilo pero sigue siendo un país pobre como pocos (el séptimo más pobre). Aún recuerdo ver un almanaque de países del mundo cuando era pequeño y descubrir atónito como el Chad tenía la esperanza de vida más baja del mundo con... 39 años!! La economía del 80% del personal se basa en agricultura y ganadería de pura subsistencia. Esos números chocan con el dato de que N'Djamena es la tercera ciudad más cara del mundo en lo referente al precio del metro cuadrado, fruto del movimiento de expatriados (que alguien me lo explique...). A nivel de religión lo que más se lleva es el islamismo (54%), seguidos de los católicos, que son una cuarta parte y los protestantes, que serían un 10% más o menos. Fin de este inciso histórico-cultural que sería lanzado a la basura por cualquier erudito...

Volvamos a ese aeropuerto de Faya-Largeau en el que habíamos aterrizado. Son las 9 de la mañana y después del típico y típicamente tedioso proceso de sellado de pasaporte, nos disponemos a emprender un viaje de 300 y pico kilómetros en coche a través del desierto. Juntamos un equipo de cuatro, Sylvain, yo y una pareja de París. Marco es otro de los participantes en la carrera, entrenador de gente importante, tanto importante deportivamente hablando, como importante a nivel de política, famoseo y demás. Antíguo ciclista de descenso en BTT, es también el doble de Oscar Pereiro (también de Oriol Reolid, pero eso solo lo puede corroborar una parte de los lectores... Oriol, si aún no me has abandonado, responde...). Magali, es su pareja, una chica muy agradable que viene de acompañante a disfrutar del viaje de una manera civilizada. Con ellos comparto el viaje, que acabará siendo de nada menos que 11 horas, a base de paradas para mear, paradas para comer, paradas para empujar a un coche que se ha encallado en la arena, paradas para cambiar ruedas y paradas que nadie entiende. El principio del trayecto lo encuentro fascinante, descubriendo lo que significa la inmensidad del desierto con los colores blancos y rosados de las dunas. La segunda mitad, ya de noche, es un coñazo infame en el que mi rodilla doblada en exceso no deja de mandarme mensajes de protesta propios del 15-M más radical. 
En un determinado momento un ruido rompe la monotonía del trayecto. Un ruido agudo que parece venir del freno... pero no frenamos…ah, no, el conductor ha encendido la radio. Que conste que respeto totalmente cualquier tendencia musical, pero tengo que decir que mi simple y cerrada mente se encuentra a años luz de comprender la estética de una gran parte de músicas africanas. Secuencias de 3 segundos pueden repetirse durante minutos sin el más mínimo guiño a la armonía y la dulzura de sonidos. Tal vez nuestro amigo conductor detecta falta de feeling por nuestra parte y cambia de tercio, pasando desde RMB parisino hasta reggaetón. Escuchar la canción de la Gasolina en medio del desierto del Sahara representa uno de los bofetones globalizadores más destacados que he recibido en mi vida. Decido tomármelo como una oda al Dios del Motor, para evitar quedarnos tirados en medio de esta Nada…


Después de todo este periplo llegamos a nuestro destino. Ahí conozco a Jean-Philippe, el organizador principal de la carrera, con quien llevo tiempo interaccionando por mail con motivo de la colecta de material. Precisamente sobre esto recibo una noticia que en un primer momento me asusta sobremanera, y es que por un problema de entendimiento entre todos el material no ha podido viajar en el avión en el que hemos venido. El susto se pasa rápido porque entre Jean-Philippe y Marc (encargado de la ONG que colabora con el proyecto desde el Chad) nos ponemos de acuerdo para gestionar todo el tema de cara al vuelo de la semana siguiente a nuestra vuelta (el único coñazo es que este lunes me toca viajar a Marsella para arreglar el tema). Al final incluso ha parecido ser lo mejor visto el planning apretado que tuvimos durante todos los días. Más tranquilo, me voy para mi tienda a intentar descansar lo que no he podido la noche anterior.

Os presento a mis dos compañeros de tienda. Por un lado, Frédéric (puede que no haya acertado con los acentos, pero es una batalla que doy por perdida...), un periodista de BFM TV, un canal de información continua en Francia, que ha hecho un par de veces la Marathon des Sables y alguna otra la Diagonale des Fous. Un tipo simpático, que al parecer es un presentador relativamente conocido (os he colgado un video suyo en Facebook sobre el reportaje de la carrera). Por otro lado, Gerard, un hombre que con 60 años ya se ha hartado de librar batallas (no lleva pocas en las piernas y tampoco lo esconde por la boca) y ahora se dedica a organizarlas para que sean otros los que sufran.

El miércoles fue un día más tranquilo. Por la mañana, a la luz del día me dedico a explorar el poblado-vivac.
Le llamo así porque el lugar de dónde empezará la carrera, se trata de un poblado que ha sido construido para la ocasión a base de cabañas análogas a las que utilizan las familias nómadas que habitan la región. Eso tiene la ventaja de que, como hace unas cuantas generaciones que esta gente está optimizando el proceso, no nos vamos a podrir de calor como si estuviéramos en una tienda del Decathlon, y segundo y más importante, que es una fuente de trabajo que, aunque de forma puntual, genera unos ingresos que serán bien recibidos por la población local. Al lugar no le falta de nada, tienda-bar-chill out, central de comunicación con los ordenadores, modem-satélite y demás accesorios, báteres montados para la ocasión, y hasta una ducha... bueno, un círculo donde te puedes echar agua a partir de unos cubos y unas piedras en el suelo para no llenarte lo pies de arena. Todo muy muy currado.






A parte de eso, control de material, instrucciones del equipo médico y un cursillo acelerado para saber utilizar el GPS. Parte teórica y parte práctica, que consiste en ir a dar un paseo por la tarde por los alrededores, que aparte de para aprender a usar el GPS, sirve para descubrir que estamos en un entorno espectacular. Las montañas de roca adoptan las formas más inverosímiles y ya preveo que este maremágnum de "Montserrats" por doquier, va a dar lugar a más de una paranoia durante las horas nocturnas de la carrera.




Poco más queda por hacer. La verdad es que no estoy nada nervioso (hubiese debido estarlo...). Sólo tengo ganas de empezar a correr y disfrutar de estos paisajes espectaculares. Dejo preparada la camiseta con el dorsal. La mochila con toda la comida distribuida por los infinitos bolsillos de forma que esté bien repartida y fácil de alcanzar e intento aprovechar bien la cena. Por la noche, un último paso preparatorio: la colocación de la baliza de emergencia por satélite. Hay un primer botón que sirve para indicar que te has quedado sin batería en el GPS y que te vengan a traer pilas. Un segundo que sirve para indicar que te has hecho daño y que no puedes seguir adelante con la carrera. Las indicaciones de estos dos botones las recibe la organización de la carrera y a ellos corresponde la respuesta. Pero hay un tercero que significa literalmente "Peligro de muerte", cuya señal es recibida internacionalmente y que implica que te viene a buscar un helicóptero y te repatrían directamente. Vamos que la lías parda. Echo en falta un cuarto que signifique "Ups, perdón, me equivoqué al pulsar el tercero"...


La noche la paso bien y descanso razonablemente, pero a las 4.30 se arma un jaleo tremendo fuera. Ha llegado una delegación con el Ministro de Turismo (y de la Producción de Artesanado, o algo así se llamaba el cargo...), el Gobernador del Ennedi Ouest, el prefecto de no se qué... en fin, peces gordos que vienen a dar un discurso previo a la salida y a hacer acto de presencia en esta competición que probablemente sea de los primeros eventos deportivos con ámbito internacional en el pais. Pues nada, a levantarse toca. Desayuno, último repaso a la mochila y ya vestidos para la batalla, a escuchar los discursos del personal. La gente está con ganas y nos hacemos fotos ahora que todavía tenemos buena cara. Las personalidades van pasando y al final el señor ministro parece que no tiene ganas de hablar y decide que pasemos directos a los hechos. Pues mejor que mejor, vamos para la salida. Son las 7 de la mañana, 178 kilómetros de desierto nos esperan por delante. Pistoletazo de salida y allá vamos...


Besos y abrazos


 

 
P.D: en estas fotos podéis ver, aparte de a un servidor, a Sylvain, Marco, Frédéric y Élodie (única participante femenina) respectivamente, y en la última a los diferentes corredores acabando de atinar con el GPS. Ale, os he dejado con el gusanillo, mañana más...