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viernes, 19 de diciembre de 2014

Cronicas desde Australia

Buenas!

Si me descuido no llego a escribir este post como manda el titulo, pero ahi van unas cuantas fotillos y cuatro anecdotas de este ultimo mes. A pesar del tinte exotico que esta cogiendo este blog, que conste que uno tambien trabaja, y eso es lo que vine a hacer a Melbourne. Entre medio de los rios, las ecuaciones y el transporte de sedimentos hemos sacado unos ratillos para conocer un poco la ciudad y algo de los alrededores. Poca cosa, Australia es un pais enorme y vista la limitacion de tiempo renuncie totalmente a las largas distancias y me centre en captar un poco el feeling de la ciudad, recordando cosas de cuando estuve aqui en 2007 y descubriendo otras nuevas.
Australia es un pais con una historia curiosa (podriamos poner otros calificativos mas negativos). Los ingleses se plantaron aqui a mediados del siglo XIX y se encontraron el lugar poblado por una serie de tribus aborigenes bastante menos desarrolladas tecnologicamente (de hecho en 1977 todavia descubrieron una tribu que vivia como en la Edad de Piedra). Al parecer esta gente no tenia implantado el concepto de propiedad asi que los ingleses dijeron que ya que no es de nadie ya si eso me lo quedo... Ahora se habla mucho de la integracion de los inmigrantes al pais de acogida. Los aborigenes tuvieron que integrarse a los inmigrantes. Ole tus huevos... Hasta el 1970 niños aborigenes eran tomados de sus familias e introducidos en familias anglosajonas. Un ejemplo mas de genocidio imperialista con la unica diferencia de que mas reciente.
Historia aparte, para un europeo un elemento curioso de Australia es la naturaleza. La cantidad de animaluchos extraños que hay por aqui es espectacular. Evidentemente los numeros estrella son los canguros y los koalas, pero en las ciudades te encuentras otros individuos menos célebres como los possums (no se como se escribe), que son como una especie de armadillos torpones y con pinta un tanto estupida pero simpatica. En ambientes no urbanos la cosa se pone mas peligrosa, a pesar de que los australianos te tranquilizan diciendo que "Tranquilo, no creo que te mate...". Serpientes, cocodrilos, tiburones o la raya que mató al cazador de cocodrilos son algunos de los bichejos que rondan por ahi. Afortunadamente en la residencia en la que estuve alojado solo habia un raton.
En el tema deportivo, he aprovechado para arrancar los entrenos, aunque he notado la manera poco ortodoxa de empezar con la carrera de Tailandia, y tengo algunas molestias que van de un lado a otro, espero que poco importantes. Aun asi, me dio para hacer una carrera de orientacion en un parque de los alrededores. Podria poner la excusa de que mi brujula daba mas vueltas que un manco en una piragua (hasta el punto de preguntarme si las brujulas funcionaban en el hemisferio sur...), pero la verdad es que note bastante falta de inspiracion. Tocara ponerse las pilas para la nueva temporada si queremos hacer un buen papel de cara a los rogaines. Al dia siguiente, para completar el fin de semana, fui a hacer una carrera de 10 kilmetros (10.7 para ser exactos), consistente en dar tres vueltas alrededor de un lago. Un rollo bastante familiar. Al poco de salir vi bastante claro que mis capacidades distaban bastante tanto del primero como del tercero, asi que el tema se convirtio en un esfuerzo en solitario y bastante agonico, por qué no decirlo. El hecho de no asentarme hasta el tercer kilmetro a un ritmo llevadero para mi estado de forma actual, no ayudo para nada. Al final 38'55'', o 36'10'' el 10K para entendernos. No estuvo mal, me hubiese hecho gracia estar por debajo de 36' pero sabia que no estaba para ritmos mucho mejores, y hace gracia tener una medalla de recuerdo de una carrera en las antipodas.

Ahi os dejo algunas fotillos hechas durante estos dias. Mayormente de la Great Ocean Road, una carretera que va por un tramo de costa tipo Costa Brava, en la que el mar se va comiendo los acantilados a bocados. Algo de fauna (salvaje y menos salvaje), paisajes costeros, skyline de Melbourne y alguna muestra de Street Art (graffities con clase para entendernos...):














Pues nada, la proxima cronica supongo que sera desde entornos mas proximos y menos exoticos, aunque en 2015 espero seguir combinando deporte y viaje. Ya tengo unos billetes de avion por ahi para ello...

Besos y abrazos

P.D: de todas formas de momento en el tema 7 Continentes se amplia el marcador: Salsa 4 - Ultras 2

lunes, 17 de noviembre de 2014

Ultra Thai Chiang Mai - Edition Zero

Buenas!

Aún desde Bangkok, ahí va un pequeño post para explicar esta carrera, o mejor dicho, la edición de prueba de lo que va a ser esta carrera a partir del año que viene. Como os comentaba en el post anterior, hace unos meses que Sylvain Bazin, un amigo que conocí en el Chad, me propuso participar en esta edición cero que debía servir para detectar errores y proponer posibles mejoras para la carrera definitiva. No era propiamente una carrera, ni nada que ver con el proyecto "7 Ultras 7 Continentes", pero sí otra ocasión más de conocer mundo a ritmo de zapatilla. Seb, un chico francés medio instalado en Tailandia, es el principal organizador del evento. En esta edición de prueba han participado equipos de Malasia, Tailandia, Singapur, Japón y Filipinas por el lado asiatico, un equipo escandinavo (un danés y un noruego) y el equipo formado por Sylvain y yo. La idea era correr en equipos de dos, cada uno con un GPS, pero como no todo el mundo tenía al final nos agrupamos como pudimos.
El tema empezó el viernes 14 por la mañana y acabó el domingo 16 por la tarde. Tres etapas de 52, 42 y 53kms respectivamente. Cada día se montaron tres avituallamientos, uno de los cuales con comida bastante sólida a base de arroz con carne y verduras. Las noches intermedias las pasamos en dos aldeas perdidas por la montaña, durmiendo en espacios cedidos por la gente del lugar. Pocos lujos, nada de colchón siguiendo el modo de hacer tailandés y habitaciones destartaladas con arañas culturistas y demás bichos.
La verdad es que deportivamente hablando vine aquí un poco confiado después de mis dos meses de descanso casi absoluto tras el Tor des Geants. Me habían dicho que sería algo poco competitivo así que me lo tomé como una toma de contacto para reemprender los entrenos a partir de ahora. A la hora de la verdad desde el primer día me quedó claro que si quería seguir el ritmo del primer grupo la cosa no sería tan relajada. Además de Sylvain y yo, nos juntamos en ese grupillo:
- Michi (26 años, Michitomo en realidad): un japonés que se dedica a la ingeniería financiera (de esos que hacen aparecer billetes) y que ha ganado una prueba de 100kms en Londres.
- Nen (26 años): otro japonés, más de pruebas de ruta que de trail, con 2h48 en maratón (o sea mejor que yo). Si os imagináis el estereotipo de japonés que responde a cada apelación con esa amable sonrisa, ese es Nen.
- Jan (48 años): un noruego que trabaja en un barco en Tailandia. Diréis, y cómo entrena este hombre para correr por el monte? Pues en una cinta... Un tío duro.
- Simon (38 años): danés, profesor de deportes outdoor. 30º en el Ultratrail del Mont Blanc de este año en poco más de 25 horas, como ejemplo de un palmarés nada desdeñable. Experiencia en raids de aventura, orientación, mountain bike... Aunque Dinamarca no sea el lugar más favorable para el skyrunning, ser probablemente el mejor del país indica que el hombre tiene un nivel considerable
- Tarmo (no se, le echo unos 30): un estonio bastante peculiar que lleva tres años viviendo en Chiang Mai y se alimenta a base de frutas. Sí, ni vegetariano ni vegano, frutas... En mi humilde opinión, creo que va a tener que cambiar porque con eso me da que no basta...
En fin, que nada de domingueros. Los dos primeros días, no obstante, nos los tomamos con relativa calma. El recorrido alternaba zonas de selva densa, subidas por bosque relativamente despejado y también tramos de pista muy corribles. El tercer dia la cosa cambió porque Seb nos dijo que íbamos justos de tiempo, asi que se puso una barrera horaria en el km40 (después acabó siendo 37), a donde teníamos que llegar a las 13h30 (es decir a las 7h de empezar). Viendo los ritmos de los primeros días quedó claro que si queríamos completar el recorrido y subir la cima del Chiang Dao (última parte del recorrido), tendríamos que apretar un poco los dientes. Así que salimos con un ritmo vivo, los siete de los dos primeros días y Jung, un tailandés bajito y con gafas (un poco Nobita ahora que lo pienso) con una sonrisa de lo más simpática. El grupo fue perdiendo unidades y al paso por el km15 vimos que no nos podíamos relajar. Finalmente nos quedamos Simon y yo, servidor poniendo un ritmo exigente en una subida bastante dura. De hecho exigente incluso para mí, así que llegué a la cima con un globo considerable y haciendo la goma respecto de Simon. Los otros días no había prestado demasiada atención al tema comida, pero el ritmo de este último día exigía hacerlo. Por suerte el Kit Kat que llevaba en la mochila hizo su efecto y el fantasma del pajarón total se fue esfumando a medida que fui recuperando un buen ritmo. Llegamos al km30 (avituallamiento fuerte) con algo de margen, pero aún así decidimos llevarnos la bandejita de arroz e ir comiendo por el camino (no es la opción más cómoda). Acabamos llegando a la barrera horaria sobre las 12h45, y ya sin tanto estrés afrontamos la última subida mientras íbamos charlando de diferentes carreras y proyectos. Sin duda este tercer día fue el más bonito de los tres y las vistas desde la cima del Chiang Dao (2070m) fueron el colofón perfecto.
Una carrera bonita en un entorno diferente, con mucha más vegetación de la que estoy acostumbrado. La verdad es que Seb ha hecho un trabajo de exploración de la zona espectacular, para poder encontrar caminos que enlacen todo ese laberinto de valles. Es cierto que se ha visto obligado a utilizar bastantes tramos de pista, pero probablemente era muy difícil hacerlo mejor.
Aquí os dejo unas cuantas fotos del recorrido para que os hagáis una idea:




















De vuelta a Bangkok, saqué energías para ver otro templo y después, buscando algo diferente, fui a visitar un museo de medicina forense que aparecía en la guía. Entre otras cosas, había bastante sobre el tsunami de 2004. La verdad es que era bastante duro. Los cráneos con agujeros de bala e hígados desechos por la cirrosis me fueron revolviendo el estómago y aguanté relativamente poco. La noche deparó un rato bastante más agradable. Siguiendo la llamada de mi segundo hobby encontré un bar de baile latino en plena zona "cool" de Bangkok. Éramos cuatro y el cabo, pero un muy buen ambiente como hace tiempo que no vivía. Salsa y bachata en un lugar inesperado. Respecto de los 7 continentes, no sé qué conseguiré antes o si conseguiré alguna de las dos colecciones, pero de momento: Salsa 3 - Ultras 2

Besos y abrazos

Albert

P.D: próximo post, nuevo destino

jueves, 13 de noviembre de 2014

Crónicas desde Tailandia

Este post no es una crónica ni de "sky" ni de "running", pero tenía ganas de rememorar los viejos tiempos y volver a escribir una "crónica desde...". El formato es el habitual, largo y tedioso, y las normas de funcionamiento idénticas: cuando os canseis, arriba a la derecha tenéis la cruz de "cerrar ventana" o el botón de apagar el móvil.
Una alineación de astros me llevo a plantearme 10 días de vacaciones en Tailandia, como paso intermedio hacia otro destino donde voy a pasar un mes por temas de trabajo. Así que el viernes pasado dejé el Lyon del "winter is coming" para dirigirme hacia el calor, en ese momento anhelado y ahora ya aborrecido. No me molestan los viajes largos, soy de fácil entretener. Poco que reseñar del viaje, únicamente una escala en Dubai en la que por las ventanas de la terminal vislumbré el hotel este de 800m, el edificio más alto del mundo (no se si era Mision Imposible donde salía...). Realmente estos jeques están como un cencerro.
Llegar a Bangkok desde el aeropuerto, si obvias los ojos de la gente y las letras "raras", es como llegar a Barcelona, Londres o París. Metro, atascos y todo el personal concentrado en su móvil.
Inciso tema móvil: 
Aparentemente hay una ley en Tailandia que promueve el establecimiento de internet y cobertura 3g por todos los rincones del país. Eso ha fomentado que todo kiski tenga smartphones, tablets y todo lo que quieras, y que hasta el cuchitril más cutre tenga WiFi.
Cuando bajas del metro el ambiente cambia, con puestos de comida callejera a mansalva y un desorden que no deja de tener cierto encanto. Escogí un hotel cerca de la estación de trenes, de donde tenia que salir al día siguiente, y me fui en busca de algo que llevarme a la boca por Chinatown. Era demasiado tarde y casi todo estaba cerrado. Además, la resolución de mi plano no alcanzaba para distinguir todo ese laberinto de callejuelas y acabé medio perdido y preguntándome si ir al mundial de Rogaine es una buena idea. Caminando con una falsa pero necesaria convicción entre carritos de pinchos en retirada y filas de señoritas sentadas en una silla, conseguí recuperar un punto de referencia y volver junto al hotel. Me comí un crêpe de plátano y chocolate junto a un tipo que dormía a pierna suelta y un plato de arroz con cerdo en un puesto ambulante al lado de un karaoke. No se si era la musica en si o la calidad de las voces, pero si tengo que escoger un recuerdo de Tailandia no sera la musica local.

Domingo 9: 
Mi primer día en Tailandia empezó con una desagradable sorpresa: no había dormido solo.
Si, desagradable, porque mi compañía se tradujo en unas cuarenta picadas entre brazos y piernas. No fue un mosquito, fue el mismo bicho que me picó hace un año en un hotel de amsterdam. Me pregunto si estaba aun en mi funda de seda o era su primo lejano tailandés. Una putada, porque pica un huevo y tarda un montón en irse...
Bichos aparte, decidí dejar la visita de Bangkok para los dos últimos días y cogí el tren a Ayuthaya, ya camino del norte. Breve apunte cultural, esta fue la capital de Tailandia (o lo que entonces era Siam, estratégico territorio del Risk) entre el 1300 y el 1700, o sea cuando los europeos empezaron a aparecer por aquí. Todavía queda un barrio portugués, otro holandés y no se si británico también. En 1760 y pico llegaron los birmanos y no dejaron títere con cabeza. Para cargarse de arriba a abajo templos de ladrillo y piedra sin una artillería pesada realmente hay que cebarse pero bien...
Aun así, lo que queda es patrimonio de la humanidad y merece una visita y la mejor manera de hacerlo es en bicicleta, que puedes alquilar por unos 80centimos. Dicho lo cual, sinceramente visto un templo los demás aportan poca cosa, o al menos yo no lo supe apreciar. Únicamente reseñar uno que visité al atardecer lejos de las hordas de turistas y una cabeza de buda que curiosamente ha quedado entre las raíces de un árbol.
Templos aparte, al mediodía probé mis primeros fideos con cordero, plato nacional. Aquí los fideos son como spaguettis de aspecto gelatinoso pero muy ricos, aunque las raciones son un poco escasas. La solución, visto el precio (un euro aprox) es pedirse dos. Estuvieron acompañados de una fanta verde de sabor no identificado directamente importada de Chernobil.
Pululando por la ciudad, acabe en un "Museo del Millon de Juguetes" donde tenian una cantidad enorme de munyecos a cual mas extranyo. Mas tarde pase junto a un templo donde habian unos monjes de todas las edades haciendo un examen (y copiando como cosacos...) y un tercer lugar curioso me lo encontre junto al rio, donde la gente se dedica a tirarles ganchitos a los peces porque dicen que da suerte. No se si dara suerte, pero los peces se amontonan como posesos. Ademas como tienen memoria de tres segundos enseguida se olvidan de que han comido, asi que estan todos en actitud compulsiva. Imagino que acabaran reventando.
 

Acabé el día cenando con Manu (el nombre real era demasiado complicado asi que se quedo con este), un suizo en año sabático que se dedica a hacer kayak de aguas bravas por todo el mundo. Llegamos al mismo tiempo a un restaurante donde solo quedaba una mesa así que ahí nos quedamos charlando y escuchando de fondo a un cantante tailandés en vivo. La calidad de sus versiones fue bajando a medida que su cubata hacia lo propio.
Camino al hostal, un susto que afortunadamente quedó en anécdota, cuando cinco perros se acercaron ladrando en actitud poco amistosa. Dudaron 0,1 segundos cuando levanté la mano con una botella y otro tanto cuando se la tiré. Ya estaba a punto de subirme a un árbol cuando los gritos de la dueña me salvaron de lo que hubiese sido un verdadero problema. Ya voy corto de días como para ponerme a buscar hospitales, papeleos y demás...
Por suerte esta segunda noche dormí solo.
Lunes 10: 
Después de un desayuno ligero me marché para la estación a ver cómo estaba el tema
trenes. Objetivo sencillo para el día, una horita de tren hasta Lopburi. Principal atractivo de la ciudad: su banda de monos. La mayoría están alrededor de un templo, el Pra Sam Yot, donde van pasando los turistas a echarles comida como cuando de pequeño ibas a la Sagrada Familia a darles a las palomas. Estos macacos son bastante más cabrones e inteligentes y no se contentan con poco, así que están al acecho de cualquier bolsa abierta. Si no activas la visión 360 grados y vas lanzando patadas al aire, en breve acabas con un mono subido a la chepa y quizá sin tu cámara de fotos. Unos tipos se encargan de espantarlos con tirachinas, pero solo si formas parte de un grupo organizado y/o les pagas una propina. Si no, estas solo ante el peligro.
En dos horas me harté de templos y de monos, así que me puse a deambular por un
mercadillo de comidas varias. Me pillé una cosa para almorzar cuyo género animal o vegetal no conseguí identificar y me fui a echar una siesta al hotel (junto a mas monos).
Ante la cansina perspectiva de pasar la tarde entre más templos y más sol, decidi intentar llegar a una cueva donde aparentemente hay un mogollón de murciélagos que salen al anochecer. El tipo del hotel me dijo que no había transporte público, pero en estas que llegó un alemán con la misma idea y me propuso alquilar una moto. Mi segunda principal rareza, después de la de no gustarme el café, es la de no haber conducido nunca una moto. No me pareció Tailandia el mejor lugar para tener mi bautismo en la materia, pero sí me vi en condiciones de ir de paquete e intentar descifrar el mapa al mas puro estilo rogaine.
El hombre en cuestión, Mickael, un alemán de 26 años que salió de Alemania hace 10 días con la idea de dar la vuelta al mundo en un tiempo y modo indefinidos. Un tío con letra, que pasó un año en Sudamerica y que por tanto es capaz de adaptar su conducción a condiciones hostiles. Contra todo pronóstico, gracias al mapa y a un par de amables indicaciones fuimos capaces de encontrar la cueva, incrustada en un promontorio rocoso y junto a un templo con bastante más encanto que los urbanos.
En modo despistado nos descalzamos y subimos unas escaleras hasta la sala principal. Le preguntamos a un monje muy simpático por la "bats cave", pero siguiendo sus indicaciones acabamos en una especie de capilla frente a un buda, arrodillados junto a tres tailandeses. Con respeto, pero en fuera de juego.
En un segundo intento de comunicación acabamos en la dirección opuesta y unos chillidos agudos (desconozco la palabra técnica para el sonido que emiten los murciélagos) nos indican que vamos en la dirección correcta. El ruido salía de una puerta abierta junto con un olor bastante nauseabundo. Nos metimos en la gruta y empezamos a escudriñar el techo intentando ver a los murciélagos entre la oscuridad. Nada, solo los gritos. En cambio al bajar la mirada si que vimos en el suelo iluminado que nuestros pies estaban sobre un mejunje verde que identificamos como mierda de murciélago. Además miles de hormigas diminutas empezaban a subirse por nuestros pies. Salimos pitando.
Para hacer tiempo nos fuimos a un lago cercano, a lavarnos los pies y sentarnos en una terracita en modo relax. De vuelta a la cueva coincidimos con tres tailandeses, dos chicas y un chico (algo así como nung, noh y kratae). La mar de simpáticos. Nos dieron palomitas, caramelos picantes y un amuleto de buda. Nos hicimos unas fotos que después me enviaron por Facebook (esas y todas las que habían hecho el ultimo mes) y estuvimos de cháchara hasta el anochecer. A las 18h, hora indicada por el monje para la salida de los murciélagos, Mickael se empezo a impacientar (hay rasgos germánicos que ni Colombia consigue erradicar). Finalmente, cinco minutos más tarde y con las ultimas luces, un zumbido in crescendo acompaño la salida de miles y miles de formas negras en un torrente de sincronización perfecta. Una cosa curiosa más y una tarde bien aprovechada.
El dia dio lugar a un par de anecdotillas mas durante la cena. Hay un fenomeno viajero con el que quiza os hayais encontrado, una especie de capitalismo basado en las guias de viajes, mediante el cual los viajeros acabamos en los hoteles y restaurantes que aparecen en la guia. En ocasiones el escritor cita incluso un plato del restaurante que a el le ha gustado. Este era el caso del restaurante al que fui a cenar. Tras pedirle consejo a la camarera, ella me indico varias opciones pero me dijo que por algun motivo mucha gente pedia pollo con hojas de albahaca. Soy un fiel seguidor de las guias Lonely Planet, pero siempre intento mantener un cierto nivel de improvisacion, asi que opte por el cerdo con gengibre.
Mientras disfrutaba de este pequenyo (os habreis dado cuenta que a veces faltan acentos y enyes) acto de rebeldia se sento en la mesa de al lado otro backpacker con un sombrero boliviano y... un monopatin (hace falta ser tan "cool"?). De vuelta al hotel me encontre en una terracita a Manu, el suizo del dia anterior, asi que me pase el final de un dia interesante frente a una cerveza y charlando de esto y aquello con un suizo y una polaca.
Martes 11: 
El objetivo del día era sencillo: viaje en tren hasta Phrae, una pequeña ciudad del norte sin ningún atractivo turístico en particular. Precisamente por eso la escogí, para tener una cierta imagen de la Tailandia más auténtica.
El tren resultó ser más largo de lo que yo pensaba, 7 horas y media, las primeras 5 con un monótono y relajado paisaje de campos de arroz y el resto por zona más montañosa. Tailandia es un país barato, pero ese aspecto se lleva al extremo en los viajes en tren. 4,50 euros me costo recorrer unos 400kms y 50cts la hora y media entre Bangkok y Ayuthaya. Eso si, si vas en primera clase se te multiplica por 10.
Durante el trayecto va pasando gente a venderte todo tipo de comida y bebidas. Por 50cts tuve una bandejita de arroz con un huevo frito, una bolsita con salsa marrón y algo de carne y otra bolsita con salsa naranja que picaba. No vi cubiertos por ninguna parte y mis manos daban asco, así que a la siguiente chica que paso le compre un par de pinchos con bolas de carne para poder usarlos como palillos. Un viaje agradable, en el que me empece el Invierno del Mundo (Ken Follett, soy un tio facilon...) y descubri que el bloc de notas del movil es la mar de util para escribir estas cronicas en ratos muertos. Un ultimo tramo de 30kms en una furgoneta no apta para pivotsme dejo en Phrae al caer la noche.
Mis primeros intentos para averiguar la direccion hacia el hotel previsto, me dejaron claro que no seria tarea facil...
Inciso sobre idiomas:
Como os podreis imaginar, si hay una lengua que puede permitir la comunicacion entre gente de procedencias varias, esta es el ingles. El nivel y tipo de ingles de los diferentes paises se puede entender con un esquema de circulos concentricos, en el que la calidad va disminuyendo hacia el exterior. Despues de un centro en el que logicamente estan el Reino Unido y demas paises en los que es oficial, te encuentras una segunda capa formada por Alemania, Suecia, Dinamarca,... Europa del norte, vamos. Los tios dominan, desde el crio de 10 anyos hasta el abuelo de 70. Mas alla estamos los malos. El problema anyadido es que se puede ser malo de muchas maneras. Los espanyoles somos igual de malos que los italianos, pero lo somos en la misma direccion, asi que entendemos mucho mejor el pausado y cantarin "I donte rilly understanda" de un tipo de Roma que la patata en la boca de un yanqui. En cambio los franceses estan alejados en otra direccion y estan empenyados en pasarse por el forro las "h" y meter el acento en la ultima silaba peti qui peti, asi que la cosa resulta mas jodida. Y ya cuando te vas a los tailandeses, chinos, japoneses... Estos estan en la direccion opuesta. Nosotros entonamos las preguntas; ellos, por ejemplo, cambian segun hablan a hombre o mujer.

Conclusion: otra filosofia y yo enfrentandome a ella en los arrabales de la Palencia tailandesa (sin connotacion negativa...), sucio, mochila a la espalda y hablando por senyas con la chica de una tienda de la estacion.
Finalmente el dios de la globalizacion se apiado de mi. La chica saco su movil y abrio el Googlemaps. Tanto sufrir para eso... Asi que al final consegui llegar al hotel... digamos casa con habitaciones y despues cenar en un mercadillo nocturno entre todos los adolescentes de la ciudad, me fui a dormir a mi simpatica y destartalada pension. Eso si, destartalada pero con WiFi...
Miercoles 12:
Venga paso rapido los dos ultimos dias y os dejo en paz ya... Nada realmente emocionante para este dia. Con pocas ganas de templos me alquile una bicicleta y me fui en busca de unas extranyas formaciones rocosas en forma de setas al norte de la ciudad. Con la tonteria cayeron unos 40kms en bici con todo el solamen... y yo, muy habilmente, con mi camiseta negra. Comi en un restaurantillo local donde a falta de carta y de comunicacion tuve que optar por senyalar un plato al azar en una de las mesas de alrededor. No salio mal la jugada. Con poca cosa mas que hacer me fui hacia la estacion para coger el autobus en direccion a Chiang Mai. Algo mas caro que el tren, unos 7,50 euros por 4 horas de trayecto, pero la calidad del bus deja a la Alsina Graells a la altura del betun. Aire acondicionado, butaca, una botellita de agua, un bollo y toallita para limpiarte las manos. Y asi llegue a Chiang Mai al anochecer. Nuevamente turismo, nuevamente coches...

Jueves 13:
Dia de visita por Chiang Mai. He intentado ventilar los templos "obligatorios" pronto por la manyana, cuando no apretaba mucho el sol. Despues me he puesto a pulular con la bici, pero estaba tragando humo a raudales, asi que he decidido acercarme a un sitio curioso del que hablaba la guia. Se trata de una biblioteca-escuela-centro de acogida, para emigrantes birmanos en Tailandia. Los mas veteranos de estas cronicas, de antes de que fueran de skyrunning, recordareis que hace unos anyos visite este pais y que le tengo un especial aprecio. Asi que me he pasado por alli, he estado hablando con los chicos
que llevan el centro y leyendo cosillas mientras unos chicos hacian su clase de ingles. Podria escribir un post entero sobre Birmania. Lo dejare en que si alguna vez teneis ganas de juntar naturaleza, cultura y gente acogedora, echadle un vistazo a esta opcion y no os decepcionara. Bondad en los genes.

Y ya para acabar, que he venido a hacer a  Chiang Mai? Pues esa era un poco la excusa de este viaje a Tailandia. Hace unos meses Sylvain, un chico que conoci en Le Treg, la carrera que hice en el Chad, me propuso participar en una edicion de prueba de una carrera que quiere empezar un amigo suyo el ayo que viene. Somos 10 equipos de dos personas y son tres etapas de unos 50kms cada una con unos 2500-3500m de desnivel positivo por dia. Y eso es lo que vamos a hacer a partir de manyana. El proximo post deberia ser sobre ello.

Besos y abrazos