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domingo, 26 de marzo de 2017

Trail Nogueruelas 2017

Venga que no hay que dejar que se enfríe esto…
Después de la primera toma de contacto con la competición con el Rogaine de hace dos semanas, este sábado tocaba estrenarse con las carreras de montaña propiamente dichas. La carrera en cuestión, el Trail Nogueruelas. Imagino que nadie sabrá dónde narices está Nogueruelas (a no ser que alguno de los más fieles y sacrificados lectores se acuerden de la crónica del año pasado…). Pues resulta ser un pueblecito de la provincia de Teruel (existe), situado más bien hacia la provincia de Castellón. Sierra de Gudar, Javalambre… quizá os suene… En fín, donde Cristo perdió el gorro. Resulta ser también el pueblo de mis abuelos paternos, y cuando el año pasado vi que se hacía una carrera aquí, me pareció una buena ocasión para conocerlo, ya que nunca había venido.
Mi participación del año pasado acabó con sabor agridulce. Dulce porque la zona y el recorrido me gustaron mucho. Agrio porque en un cruce por el que pasábamos dos veces tuvimos una confusión con unos voluntarios, que se pensaron que éramos de los últimos y que era la primera vez que pasábamos por allí, así que nos enviaron por el camino que ya habíamos recorrido. Los tres primeros acabamos en un avituallamiento por el que ya habíamos pasado y como estaban retirando ya el marcaje acabamos por bajar en coche, fuera de carrera. Por ese motivo la organización me invitó (imagino que a los otros dos también) a participar este año, y como tenía ganas de quitarme la espinilla, aquí me presenté, aprovechando para hacer un fin de semana familiar con mis padres.
 
 
La carrera en cuestión tiene dos versiones, una de 29km con 1650mD+ y otra de 70km con 3700mD+, a las que este año se añadía una más corta, de 13km. Como el año pasado, opto por la distancia de 29km, que me viene mejor a estas alturas de temporada. La salida, desde la plaza del pueblo, se hace a las 9 de la mañana conjuntamente con la distancia de 13km, lo cual garantiza algo de confusión al inicio de la carrera. El fin de semana ha traído frío y nieve, y ayer viniendo con el coche se veían todos los montes con una capa de blanco, ya veremos de qué espesor. Como el mundo es un pañuelo, en el cajón de salida me encuentro con Adrià, un chico con quien coincidí en la residencia de estudiantes de Barcelona, hace ya unos años, prefiero no pararme a contar cuántos…
Como me esperaba, la salida es a degüello. No conozco a la gente, pero veo a un chico de verde, Barry, que conocí el año pasado y a uno de amarillo que tiene “cara de bueno”, que hacen seguro la de 29km. Los ubico delante de mí mientras salimos del pueblo hacia la primera cuesta. Hay otros 8-10 corredores que espero que hagan la corta. En la primera subida paso a alguno que se da cuenta de que ha salido muy rápido, pero enseguida me estabilizo porque tampoco es que yo vaya con una gran alegría. Aparece a mi lado Adrià y me pasa. Intento poner un puntito más para seguirle y lo consigo durante algunos tramos en que los de más adelante bloquean el paso, pero enseguida salimos a lo alto de una loma, el terreno se abre, llanea y el ritmo sube. Sube más para los demás que para mí. Ya me pasó el año pasado en este mismo punto. Las piernas me pesan, voy alto de pulsaciones y también de respiración. Había un grupo de 4 o 5 más adelante, que ni los veo y los 4 o 5 con los que iba yo se me van escapando. Me pilla algún otro por detrás, pero aprieto para quedarme delante a la entrada de un sendero que desciende y así poder bajar más tranquilo. Veo que al menos bajando voy mejor que los recién llegados. Algo es algo, pero llega otro repecho duro pero “de trotar” y me vuelven a coger. Adrià va a unos 100 metros con otro corredor de la de 13.
Paso un primer avituallamiento en el km5 y empieza otra bajada en la que vuelvo a abrir hueco con los que me acompañaban. No tengo piernas pero parece que por lo menos estoy ágil. El senderillo es entretenido pero traidor con muchas piedras que atentan directamente contra los tobillos. Nuevo repecho y fin de la fiesta. Un tramo empinado obliga a ponerse a caminar y al salir a la parte superior de la loma mi trote es de lo más cansino. Me he quedado solo. Miro la pista por la que voy y no hay pendiente, pero a mí me parece que tiene un 20%. En fin, intento pensar en que hace un mes hubiese firmado el poder correr aquí sin molestias en el gemelo, aunque fuese con la sensación de no avanzar ni para atrás. Adrià ha desaparecido de mi vista, y sólo veo a un corredor de verde fosforito que es de la de 13km. El recorrido adquiere una tendencia descendente y aprovecho para poner a la gravedad de mi parte, aunque corriendo con el estilo de un elefante. Habrá que tomárselo como un buen entreno, ir tirando al ritmo que se pueda y tener la esperanza de que en algún momento resurja de mis cenizas.
En un nuevo repecho hacia el km9 decido tomarme uno de los geles que llevo, a ver si me empuja algo. El recorrido de 13km se desvía a la derecha y yo me quedo definitivamente solo. Hay que decir que el senderillo es bonito y además tiene algún tobogancillo de bajada que me cae de lo más simpático. Recupero algo de dignidad en mi velocidad de crucero, las pulsaciones se ponen en un nivel más razonable y mi moral se recupera un poco. Llego a un repecho duro que conozco del año pasado y tengo la esperanza de poder ver a alguien delante… Nada. Vaya, pues sí que se me han ido… Me pongo manos en las rodillas y afronto la subida. Echo algún vistazo hacia detrás y tampoco veo a nadie. Tiene pinta que me espera una larga travesía en solitario. Acaba la subida y bajo al otro lado por terreno bastante incómodo y sin camino, cosa que obliga a estar súper concentrado con las marcas. Salgo a un camino que llanea a la izquierda y que me lleva al avituallamiento del km13. Un poco antes me encuentro a mi madre… “Han pasado cuatro”… Vaya, me lo temía, tenía la esperanza de ir cuarto pero alguno más se me tenía que haber colado al principio.

Así que el pódium tiene pinta de estar bien lejos, pero bueno, parece que he recuperado algo de alegría en mis piernas, así que a mantener un buen ritmo y disfrutar del recorrido intentando no perder el espíritu de competición. Otro tramo llano y bonito, con una capita de nieve sobre el sendero que serpentea entre los árboles, me lleva a los pies de la subida al Alto de la Nevera, punto más alto del recorrido. Otra vez manos a las rodillas, hasta arriba y a correr sobre la nieve en un tramo llano por lo alto del cerro. Paso junto a un avituallamiento justo cuando empieza una bajada por una vaguada de lo más entretenida. Sin objetivos a la vista pero estoy más inspirado que hace un rato y disfruto de la bajada. La mezcla de nieve y tierra permite bajar rápido, haciendo algún que otro equilibrio para esquivar troncos y ramas. Se acaba la bajada y el repecho siguiente me confirma que mis fuerzas han mejorado claramente. Ahí delante tengo un repecho por un cortafuegos. Levanto la vista con la esperanza de ver a alguien. Tengo que haberme acercado… Nada. Llego al pie de la subida y no veo a nadie, así que me siguen llevando mínimo 2 minutos de ventaja. Vuelvo a resignarme de que probablemente no tenga nada más que hacer en la carrera.
Pasa el kilómetro 20 y un par de sube y bajas, que me llevan a un descenso tras el cual quedará la última subida. Y de repente, hay alguien ahí delante. Hombre! Aún se va a poner esto interesante! Es Adrià. Si en el cortafuegos no le he visto eso es que ahora debo llevar más ritmo que él. Me pongo delante y cruzamos unos campos junto a una casa, en el fondo de un valle. Toca afrontar la última subida, vamos a ver cómo están las fuerzas. Esta última dificultad empieza con un tramo corrible de calentamiento, hasta llegar a una flecha que te pone de cara a la pendiente. Venga, manos a las rodillas. Veo que me separo y la cuarta plaza empieza a tomar forma. De todos los repechos es claramente el que estoy haciendo mejor. Me pongo la gorra para atrás para ampliar el campo de visión, no vayamos a perder las marcas. Y de repente veo algo más que marcas, un chubasquero verde… Premio! Eso me da alas. Es Barry, al que no veía desde el km2. Parece que ahora mismo estoy bastante más fino. “Joder, qué energías a estas alturas!”… “Si, parece que soy más bien diésel, venga ánimo!”… “El segundo lo llevas a 200 metros”, me responde. Vaya festival, salgo pitando para delante, crecidísimo y sintiéndome Superman. Me acerco a lo alto del repecho y me concentro porque este es el punto de la confusión del año pasado. Los voluntarios me indican a la derecha… “Para bajar al pueblo, eh?”… “Si, si, bajada ya!”… Perfecto. Salvo un repecho y oteo el horizonte con actitud de cazador. Dos chubasqueros azules, ahí está. El otro no será el primero, porque el primero debe ser el tipo aquel de amarillo. Me lanzo entusiasmado a por la bajada, tanto que pierdo un momento las marcas. A ver, concéntrate… A la derecha… Perfecto. Mierda, amagos de rampas… A ver, concéntrate otra vez, corre bien, no hagas gestos raros… Bien, las piernas se adaptan a la bajada… Estabilizado. Miro al frente y el segundo y su acompañante están subiendo un repecho. Caminan, perfecto. Llega mi turno y troto la cuesta prácticamente hasta arriba. Me lanzo al otro lado como un poseso, siguiendo las marcas que combinan tramos de sendero y pista. Me encuentro al chico que acompañaba a mi predecesor. “Vas fortísimo!”… No me has visto hace un rato… “Gracias! Esta aquí mismo el segundo, no?”… “Si, si, lo pillas!”…
Hay llego a un último avituallamiento, el tío está saliendo. Yo paso de largo sin ni pensármelo. Un tramo de pista llano, perfecto para consolidar la caza. Flanqueamos una vaguada y después viene una rampa de subida. Aquí te pillo… Veo que se gira buscando con la mirada detrás de mí… Perfecto, las fuerzas efectivamente van justillas, le basta con el tercer puesto, seamos amigos y firmemos la paz. Por si acaso, mantengo un buen ritmo mientras le adelanto. Levanto la mano a modo de saludo pero yo sólo tengo ojos para lo que viene delante. Estoy disfrutando como un enano mientras bajo a toda pastilla por senderos pedregosos y entretenidos. Echo algún vistazo atrás y veo que salvo accidente lo tengo hecho. El reloj me marca 27km y pico así que estoy a punto de entrar en el último kilómetro. Bien, ahí aparece el pueblo. Última bajada entre muros y campos, con un tropezón incluido que está a punto de llevarme al suelo. Consigo controlar la situación y decido bajar un puntillo, no vayamos a echarlo todo a perder ahora. Aparece un último repecho, que subo a un trote que me permite disfrutar del momento. Pensaba que íbamos a entrar por la parte baja del pueblo pero no, entramos por arriba. Le pregunto a un señor que hay por la calle. "Para abajo?”… “Si, si!”… “Y ya meta?”… “Si, si, ya estás!”… Qué bien! Bajo por la recta de meta muy contento, casi emocionado de haber podido correr esta carrera después de las semanas de dudas de estos meses atrás, y con la buena sensación de haber ido de menos a más. Qué alegría oír a Jaime, el speaker, gritando “En segunda posición, Albeeeeert Herreeeroooo!!!”, mientras cruzo la meta con el puño cerrado con una mezcla de rabia positiva, alegría y emoción.



Besos y abrazos


P.D: Balance de la carrera, bastante positivo. Sigo con la tónica del año pasado en que me cuesta entrar en las carreras, sobre todo cuando son cortas y rápidas, pero contento de poder ir de menos a más. Por quejarme de algo, los 13 minutos que me sacó el primero, por mucho que no fuese un cualquiera (un chico de Castellón, Jonathan Rogla, que ha ganado alguna carrera importante de por allí).

P.P.D: rincón del freak, tema material:
- Zapatillas: Salomon S-Wings softground. Un acierto, buena tracción en la nieve y en el barro y buen grip en roca húmeda. Y cómodas
- Mochila: estaba harto de llevar cinturón portabidón que te lo acabas teniendo que apretar para que no se mueva, así que opté por la mochila, la de siempre, Salomon Skin 5, con agua+isotónico en el camel (unos 0.6 litros). Problema que he encontrado, no sé si de correr rápido pero bebiendo tragaba un huevo de aire.
- Alimentación: llevaba tres geles, de los que utilicé dos (de los únicos que tolero, los PowerGel líquidos)

P.P.P.D: sección de agradecimientos, primero de todo a mis padres, que me han acompañado una vez más; y también a la organización de la carrera, que tuvieron la deferencia de invitarme aún cuando no había nada que compensar por la confusión del año pasado

jueves, 23 de marzo de 2017

Rogaine Serra de Catllaràs


Cuántas veces se dice aquello de que no valoramos las cosas hasta que no las tenemos... Para un deportista, una lesión se encarga de traer ese mensaje al día a día. Te deja como un león enjaulado pensando en entrenos, salidas y carreras que no puedes llevar a cabo, mientras ves gente que pasa por la calle en pantalones cortos en su rodaje cotidiano. La última historieta de este aparentemente abandonado blog hablaba de la aventura en Hong Kong, con esa carrera de fin de año que tuve que abandonar por una lesión en el gemelo. Lo que parecía una simple contractura se fue reproduciendo. La vuelta a la actividad tras tres días de reposo llevó a una primera recaída, otra semana sin correr también resultó insuficiente. Con la intención de participar en el ya clásico Rogaine de la Llacuna hice un tercer intento de vuelta que también salió mal. Más descanso, más fisio, vuelta a la actividad paulatinamente, varios entrenos sin molestias y cuando empezaba a ver la luz, una cuarta recaída. El gemelo se empeñaba en sobrecargarse una y otra vez, unas veces en el exterior, otras en el interior, otras arriba y otras abajo. Ninguna gran molestia, y a las 24 o 48 horas había prácticamente desaparecido, pero suficiente para no poder pensar en correr y para tener que restringir los entrenos a bici y muchos ratos de elíptica en el gimnasio que me han dejado con cara de hamster. El problema principal es la sensación de misterio y de no entender cual es el problema. El dramatismo, seguramente excesivo, llega y no puedes evitar preguntarte si tal vez no tenga solución. 
Por fin, parece que la cuarta rehabilitacion sí que dio resultado y digo parece porque cuesta ahuyentar de mi cabeza esa psicosis que traslada mi cerebro al gemelo cada vez que salga a entrenar. Pero lo cierto es que ya va un mes de entreno sin problemas y tres semanas corriendo a intensidades de entreno habitual. Es justo dar las gracias a Raul y Judit, las dos personas a las que he acudido en mi desesperación buscando consejos, ideas, desde su punto de vista de fisioterapeutas, que se han portado muy bien conmigo y que sea cual sea la tecla, que no lo sé, parece que dieron con ella.
Asi que tras este periodo de crisis estaba como loco por volver a tener la sensación de competición. La oportunidad llegó el fin de semana pasado, con motivo del Rogaine de Catllaràs. Por si hay alguien nuevo en el blog, un Rogaine es una modalidad de carreras de orientación en las que tienes un tiempo determinado para recorrer el máximo número de controles (o más precisamente hacer el máxmo número de puntos, ya que cada control tiene diferente puntuación) dentro del territorio que aparece en un mapa que te proporcionan. En este caso concreto, nos daban el mapa 15 minutos antes de la salida, trazabamos el recorrido que nos parecía óptimo y teníamos 6 horas para llevarlo a cabo. Mezcla de estrategia, físico y habilidad en orientación.


Esta vez formé equipo con Tommi Tölko. La última y única vez que corrí con él fue en el Campeonato de España de hace dos años. Fué un espectáculo. A su dominio absoluto de la orientación se unía un muy buen estado de forma así que junto con Jaume (los tres formábamos equipo) pude asistir en primera fila a una clase magistral. Hicimos, o mejor dicho hizo, todas las balizas del mapa y sobraron 25 minutos de las 6 horas. Es como si en uno de esos temibles exámenes de álgebra de la universidad donde la gente está sufriendo por aprobar, un tipo entrega una hora antes del final y clava un 10. Así que todo un privilegio poder ir con él, aprender y si con un poco de suerte no está tan fuerte como la otra vez, tener tiempo de mirar bien el mapa y tener la sensación de que aporto algo.
Con esta perspectiva me presenté en Sant Joan de Cerdanyola, un pueblecillo encima de Guardiola de Berguedà, en el norte de la provincia de Barcelona. 20 minutos antes de la hora de salida nos dejan abrir el mapa para trazar la estrategia. Esto es lo que nos encontramos:

Estamos en el extremo noroeste del mapa, así que se presentan dos opciones: sentido horario o antihorario. Cosas que vemos, sea como sea tocará subir al principio. El borde del mapa está más o menos formado por zonas altas. En el medio hay unas cuantas balizas en zonas de vegetación espesa (verde oscuro) que parecen difíciles de conectar... Tras algo de dudas decidimos salir hacia el sur. Las balizas 33-34-32-50 están bastante juntas y nos pueden servir para empezar con buen pie. A partir de ahí vamos conectando todo... Porque esa es otra, normalmente cuando planteas la estrategia ya prevés renunciar a algunas de las balizas, pero con Tommi a priori no se renuncia a nada, él lo conecta todo y después en todo caso ya veremos. Intentando minimizar desniveles y mirando las características de la vegetación, el plan acaba siendo salir hacia el sur y hacer: 33-34-32-50, cambio de valle hacia 51-71-84-57, nuevo cambio por el borde sur y subida a 74-63-72-66, cruce a 76-35-43-58-73 y de ahí ir hacia la parte este del mapa. Nos queda la duda de las balizas centrales, pero ya lo adaptaremos sobre la marcha. Un punto positivo de la estrategia que hemos decidido es que acabamos con una zona de bastantes balizas en el extremo noroeste, justo encima de la meta, que nos permitirá adaptarnos al tiempo que nos quede y poder asegurar el llegar dentro de tiempo, pero pudiendo tachar balizas hasta el final.

Una vez en marcha, la primera hora se da bastante bien, a pesar de algo de confusión en la segunda baliza, 34. El recorrido entre la 84 y la 57 discurre por una bonita carena bastante afilada que se hace más lenta de lo previsto. Lo mirmo pasa con el siguiente tramo de subida a traves de las balizas 74-63-72-66. El ritmo se resiente y eso hace que una vez llegamos a la 76 y la 35 decidimos hacer una primera renuncia y evitarnos la subida a la 43, que implica una subida considerable y total por 4 puntos. Así que de la 35 cambiamos de plan y vamos primero a la 73, que se ve de lejos, para subir después a la 58 y la 60. Intentando minimizar desniveles bordeamos un montículo por el este a través de clapas de nieve para llegar a la 67 y nuevamente flanqueando conseguimos los 7 puntos de la 77. De ahí volvemos en dirección norte y vamos a buscar la 45 al fondo de un valle y siguiendo hacia el noreste nos acercamos a la 82, que está en unas agujas rocosas (zonas negras en el mapa). Este control está verdaderamente escondido y acaba cayendo con algo de suerte, para qué negarlo. La 46 resulta más fácil, y también la 83, si no fuese porque en un momento dado me doy cuenta de que he perdido el mapa, afortunadamente sólo 100 metros más arriba, pero el calentón esprintando para recuperarlo no me lo quita nadie.

Estamos ya sobre las 4 horas y claramente hay que replantear la estrategia para volver hacia la meta de la manera más rentable posible. Iremos a buscar los 9 puntos de la 93, en la esquina noreste, pasando antes por 65 y 75 y renunciaremos a las balizas de la zona central. Lo bueno es que fallos de orientación prácticamente no cometemos. Por otra parte es normal porque si hay indicios de problema, con Tommi es como cuando se la pasan a Messi, o como cuando pones las fichas del parchís en el seguro. De todas formas el ritmo de hoy está siendo más asequible para mí con lo cual estoy teniendo tiempo de mirar bien el mapa. Tengo la sensación de que contribuyo a la causa.
Una vez fichada la 93 y cogido agua en una fuente, nos dirigimos a las balizas 64 y 79, que quedan bastante cerca. Tommi va algo más cansado, cosa que se traduce en que su castellano cada vez tiene menos artículos, pero aunque las fuerzas flaqueen la precisión no se ve afectada para nada. Es sorprendente, yo a la que se empiezan a caer las piernas, el riego se resiente y no atino ni a la de tres. Después de la 79 hacemos una tirada larga pero plana hasta la 78. Planteamos la opción de ir a la 90... "No" dice Tommi "Yo conozco, es media hora, es una bestia". Vamos que debe haber una cuesta de narices, y estamos ya metidos en la última hora. Mejor nos vamos hacia la ladera donde están las balizas 53-44-52-40-61-31, y ahí hacemos lo que podemos. Al final esta zona acaba siendo más complicada de lo previsto, porque hay 200 millones de muros en el mapa, y el doble en la realidad. Recurrimos a unas cabañas (círculos en el mapa) en el fondo de una vaguada para encontrar la 53 y por rumbo, olfato y sobretodo un cortado curvo que delimita una vaguada, atacamos la 52. Tampoco es fácl la 40, que tras un flanqueo incómodo encontramos entre dos árboles. El tiempo está justillo, 20 minutos. Avanzamos un poco en dirección a la 61 pero aparece una ladera con otra infinidad de muros, que nadie nos asegura que sean franqueables, almenos sin paracaídas. Así que se acabó, nos volvemos para el pueblo y esto es lo que hay. Almenos de esta forma llegamos a la meta con margen (8 minutos) y sin prisas.

Resultado final: 186 puntos, primera posición, fuet y botella de vino. Y lo que es más importante para mí, el gemelo no ha dado muestras de queja y físicamente me he encontrado razonablemente bien.

Este fin de semana, el sábado, otra vez al lío, esta vez en carrera de montaña convencional, el Trail Nogueruelas. Si recordáis, aquella en que el año pasado hubo una confusión en un cruce del recorrido y los primeros acabamos metiéndonos por una zona que ya habíamos pasado en la primera parte de la carrera. En fin, este año ya me lo conozco. A ver qué tal están las fuerzas, porque tengo mis dudas a la hora de meter la quinta...

Besos y abrazos