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domingo, 6 de agosto de 2017

Tromso Skyrace


Desde la luz diurna de la medianoche y ahora que las ideas están frescas, vamos a explicar esta nueva aventurilla...
Cada año intento buscar una carrera en un sitio más o menos atípico para tener la excusa de hacer un viajecillo interesante. Este año opté por apuntarme a esta carrera, que además tiene los atractivos de ofrecer un recorrido especialmente técnico y ser prueba de copa del mundo con lo cual el nivel está garantizado. Y por qué no decirlo, el hecho de estar organizada por "el Pastor que nos guía" también le da un toque de curiosidad. Coincidí en el viaje con Roger Viñas, un trayecto algo accidentado después de perder el enlace por estar dos horas parados en el aeropuerto de Barcelona. Durante la espera en Oslo coincidimos con Zaid Ait Malek, uno de los estandartes del equipo Buff, al que le había pasado lo mismo. Un tipo muy simpático y un luchador de la vida. Os ahorro más detalles preliminares y pasamos directo al sábado a las 8 de la mañana.
La salida llega casi de repente y nos vamos en pelotón por unas calles al borde del puerto que nos dejan en el puente que cruza el fiordo. El personal va tranquilo y eso me deja entorno a la 10ª posición justo detrás de Gum Bhirim (se escribe algo así), el nepalí que ganó el otro día en Gran Paradiso. Un tipo la mar de majo que siempre va la mar de repeinado como recién salido de un colegio de pago. Dejamos atrás el puente y nos metemos por un barrio de casitas (a decir verdad en Noruega todos los barrios son de casitas), con alguna primera rampa que nos lleva al final del asfalto. Empieza el tema... Echo un vistazo adelante... Va Eric (Moya) tirando y detrás Zaid, Michel Lanne... Cuento que voy el 11, justo detrás de Roger. Una rueda ambiciosa, pero a ver si hoy puedo aguantarle el ritmo que otras veces no ha habido manera. La pendiente se empieza a poner exigente... Los de delante deben ir silbando, pero yo enseguida me doy cuenta que me estoy saliendo de punto. Miro el reloj... 170... Efectivamente. Me pasa un tío... Y otro... Y otro más... Me pasa también Marc, del Matxacuca. Tampoco le sigo... Un tramo llano exige correr... Troto pero los demás corren más... Ayayay, que te has pasado de rosca...
Pasamos el avituallamiento del km4, que a estas alturas no necesitamos todavía y enfilamos el lomo de la montaña. Por mi parte la sangría continúa y me va pasando gente sin remedio, entre ellos Maite Maiora y Ragna Debats, que se disputan la cabeza de la carrera de chicas. Intento tapar la vía de agua con un gel, y un poco más adelante con una barrita. Parece que estabilizo las cosas y mantengo la distancia con Maite. La comida me sirve para contener la hemorragia en la subida pero a la que llegamos a una primera cima y la pendiente tira para abajo aparece un nuevo problema. Un proyecto de ampolla en el dedo gordo del pie derecho... Ayer estuve con las zapas de la carrera durante el día y no se por qué me noté el pie apretado, como si estuviera hinchado. Total que esta mañana he apretado poco los cordones y ahora lo estoy pagando. Bajo incómodo y preocupado, porque esto no es más que una breve bajada en medio de la primera subida. No quiero pensar... con lo que queda por delante. Un nuevo repecho pone un paréntesis en mis preocupaciones. Los de delante se me han ido bastante y por detrás llegan dos tíos, uno de azul y otro sin camiseta, minimalismo al poder... Venga síguelo en la bajada que así no vas a ningun lado. Siguiendo al tío duro me activo un poco camino del último repecho antes de la cresta cimera del Tromsdalstind, la primera cima del día. Las rocas van quitándole utilidad a los palos así que ante lo inminente de la bajada decido plegarlos y guardarlos en el cogote (hoy sin problemas).
"Heia! Heia!"... es el grito de ánimo de los voluntarios de la cima. "Great job! Follow the pink flags to the right. Be careful it's pretty steep". Bajo al otro lado junto a una cornisa de nieve y de repente las banderas desaparecen. Miro "to the right" y ahí abajo están... Madre mía... De pretty nada, de steep todo lo que quieras... Echo un vistazo rápido y no hay alternativa. Toca lanzarse por un resalte muy empinado que acaba en unas piedras que te esperan con las fauces abiertas. En fin, sin pensar... Afortunadamente no es muy largo y no coges velocidad. Primer tobogán de la jornada. De ahí el camino... Perdón, las marcas, camino ninguno, van bajando entre rocas por una pendiente empinadísima. Llevo las piernas calentitas de la subida y este tramo me sienta como una patada en el trasero. Voy totalmente torpe y llega lo inevitable. Se me engancha un pie en una roca y salgo hacia delante... Afortunadamente iba hacia un lado con lo cual la caida tiene menos desnivel. Tampoco aparece ninguna roca puntiaguda colocada estratégicamente... Podría haber sido peor. "Are you right?" me preguntan dos voces preocupadas. "Yes, yes, thanks"... "Sure?" ... Debe haber tenido mala pinta. Los dos corredores me pasan y yo sigo bajando aún más torpe que antes. Bufff... Tengo la impresión de que la carrera me está superando. Entro en un estado de negativismo... La ampolla del pie, este terreno tan difícil... Tendré que pararme? Sería la peor manera de presentarme ante el objetivo del verano, que es el UTMB... Más madera, llega Núria (Picas), que en este territorio comanche se mueve como pez en el agua. Me pasa e intento activarme siguiéndola por un nevero relativamente "esquiable", pero en un nuevo tramo más técnico vuelvo a quedarme atrás.
Afortunadamente las dificultades disminuyen y llegamos a un rellano del valle donde se puede correr mejor. La distancia se estabiliza y en el repecho posterior veo que le recorto con facilidad. Venga, céntrate, no es un problema de fuerzas... Esto es largo, estas comiendo lo que toca... Paciencia... La paso y poco a poco consigo activarme definitivamente. Tras el rellano viene un nuevo tramo muy empinado a través del bosque. Está embarrado y toca agarrarse de los árboles. Pero parece que ha pasado lo peor y mi agilidad va en aumento. Incluso dejo atrás a Núria, buena señal. La bajada se acaba y llego a un río. Hay un tronco que cruza a metro y medio del agua, pero ya tengo los pies mojados de otro que hemos cruzado hace un rato así que me meto hasta la rodilla y adelante. Voy chapoteando los pies mientras corro por un sendero acolchadito que atraviesa un terreno llano que lleva al avituallamiento (km18... creo). Por el camino paso a uno de los dos corredores que me había pasado cuando el trompazo. Relleno el flasco con Tailwind (alimento líquido) que llevo. El tema de la alimentación si que lo voy cumpliendo. Dos geles por tramo, más una barrita (de hecho dos en este primero) más el alimento líquido ahora.
Salgo sin perder mucho tiempo. La situación ha mejorado algo pero sigo sin estar muy animado. Me había encontrado bien entrenando y tenía la ilusión de que se notase en esta carrera. De momento no es así, no sé si voy cruzado por haberme pasado al principio pero en fin, no es lo que esperaba. Empiezo la subida entre el bosque y de repente veo al tipo sin camiseta. Automáticamente mi moral gana un punto, bueno a ver si empiezo a recoger gente... El tío ha bajado su ritmo considerablemente así que enseguida le alcanzo y le paso. Un poco más allá aparece Marc, del Matxacuca, al que igual que le están atacando los mosquitos igual que a mí. Con las posiciones ganadas mi moral va creciendo y mi ritmo también. La subida es dura pero pongo mi ritmo de crucero y voy avanzando bien. Las banderolas me llevan a una antecima. Levanto la vista... Ahí está la camiseta rosa de Ragna y un tipo de gorra blanca. Perfecto... Vista al suelo y cada vez que alzo la mirada veo que voy recortando. Lástima que el terreno fácil se va acabando y salimos a una cima que parece el inicio oficial de la arista de Hamperokken. Al fondo se ve la cima puntiaguda. Parece increible que la carrera pase por ahí. Vaya tela con Kilian...
En fin, manos a la obra. Guardo los palos, bajo un punto mi modo competitivo y subo el de concentración. El primer tramo de la cresta es fácil, rocas amplias y que se pueden evitar a un lado y a otro, pero la cosa enseguida se pone aérea. Afortunadamente las banderolas abundan y dan confianza. Hay una banderola ahí arriba? Pues sube ahí arriba y punto... No soy alguien que se mueva especialmente rápido por las crestas, más bien al contrario, pero las fuerzas están relativamente bien y eso favorece la concentración. Me voy cruzando con gente que está de excursión, o los periodistas que cubren la carrera y están haciendo fotos. Ahí está Albert Jorquera, Ian Corless, que como siempre se ha puesto en el mejor sitio... "Vamos, vamos"... "Thanks"... Me quedo con las ganas de felicitarle por las fotos. En los pocos momentos de respiro levanto la cabeza y veo que sigo recortando respecto de Ragna y el tipo de la gorra blanca. Esto sí que es una sorpresa. Lo cierto es que me lo estoy pasando pipa. Estando la roca seca no es dificil, y los pocos resaltes que hay las banderolas te los evitan por uno u otro lado. Solo recuerdo una chimenea vertical que debía ser el paso ese de tercer grado del que me sonaba haber oído hablar. Finalmente llegamos a la aguja final, que se salva por una canaleta en el lado derecho. En el último tramo me cruzo con Ragna, que ya baja. "Qué divertit, no?" le digo medio irónicamente. Una cuerda colabora en el último tramo, para salvar un último resalte. Asomo la cabeza a la estrecha repisa de la cima, donde hay dos tipos tumbados apuntado los dorsales que van pasando. "Seventy-five, is it OK like this?" O me tengo que subir a la repisa..."Yes, fine!"... "Nice, thanks" y me voy para abajo. Salto de repisa en repisa y veo que Núria está apunto de llegar. Se debe haber cascado la cresta a cañón porque yo diría que en la subida le debo haber sacado bastante. "Ojo! Pedra, Núria!"... Se me ha escapado un guijarro que había en una de las repisas... Me voy a meter para la derecha y así no tengo a nadie en la línea de tiro. Las banderolas de hecho es lo que hacen, llevándonos hacia una chimenea paralela. Y en el sitio más jodido, mira quién está aquí... El responsable de todo esto, con la cámara de la que tantos vídeos nos hemos tragado en el Facebook. "Que sàpiguis que m'he enrecordat de tu unes quantes vegades..."... "Bueno, home..." me contesta Kilian riendo... "Algunes per a bé, tot sigui dit... No, molt guapa la cresta, en serio..."... "Vinga! Que vagi bé!". Y con la bendición del Dalai Lama me meto por una cornisa equipada con una cuerda que me lleva a otra pendiente llena de piedras sueltas preparadas para hacer salto base. Ragna baja más o menos como yo, pero la que llega por detrás como un avión es Núria. Vaya tela, la tía, cómo baja... Me pasa incontestablemente y hace lo propio con Ragna, justo antes de meternos en un nevero empinado y alargado. Un auténtico tobogán que ya me llamó la atención ayer en las fotos del briefing. Núria y Ragna están bajando de culo a mil por hora. Yo hago un primer intento de bajar clavando talones, pero la pendiente es demasiada y enseguida me voy al suelo y paso al plan B. No se si habéis visto un vídeo en el que Kilian baja del Mont Blanc de culo con una pierna doblada y clavando el talón a modo de quilla de barco. Pues más o menos eso... Pero con pantalones cortos... Así que la nieve se me va metiendo por todos lados, pero en ese momento la verdad es que paso de todo y voy bajando intentando con más o menos éxito controlar la velocidad y la dirección. En un determinado momento veo que me voy irremediablemente contra una roca de la izquierda pero consigo controlar la velocidad lo justo para rebotar con los pies en la roca y salir despedido otra vez hacia el centro del nevero para seguir bajando por el tobogán, muy orgulloso de mi maniobra. Finalmente llego al final del nevero y echo el freno de mano. "Ten points!" Y de fondo esa música que hace algo así como "Ah ah ah ah ah, pum, I got a feeling!" (muy cutre, lo sé, pero llevo 10 minutos googleando y no doy con ella, la conocéis seguro, da muy buen rollo). Total, dos voluntarios, que estaban ahí para recoger los trocitos del que no frenase a tiempo. Yo creo que si ven como quedó mi muslo, igual me dan el "cum laude" (de aquí a que acabe la crónica me pienso si pongo la foto, que es un poco gore...). El tema es que como se me quedó el culo congelado tampoco notaba nada.
Me subo a las piedras y sigo tras Núria y Ragna (por cierto al principio de la bajada he pasado al de la gorra blanca, que bajaba justillo), intentando cambiar las piernas de modo. Me cuesta más que a mis dos predecesoras, que se me van escapando. Tendré que revisar el embrague porque me cuesta horrores cambiar de marcha. En fin, voy haciendo, reencontrándome nuevamente con mi proyecto de ampolla, que por otro lado podría haber evolucionado bastante peor. Cruzo un nevero junto a un lago, por el que un resbalón acabaría en un baño de lo más fresquito, y sigo por unos prados un tanto incómodos de correr pero que bueno, acostumbrados ya a la tónica de la carrera, pues tira que te va... Van apareciendo arbolitos que son el preámbulo del bosque de más abajo, así que pierdo de vista definitivamente a Ragna y Núria. Noto que mi ritmo se ha resentido algo en este trozo, no sé si por cansancio o por cierta desconexión. Venga, ponte las pilas... Llego de nuevo al camino de subida, donde coincido con los corredores que están empezando la subida al Hamperokken. No me dan ninguna envidia... Un poco más conectado llego al avituallamiento (km36), donde relleno la segunda bolsa de hidratación con alimento líquido.
Sorpresa, un corredor está parado aquí y o abandona o se queda un rato, pero la cuestión es que salgo del punto de control ganando una posición, pero con el de la gorra blanca pisándome los talones. Me pasa en un punto en el que me despisto de las marcas pero lo vuelvo a pasar justo cuando empieza la subida. La subida... Os acordáis de esa bajada tan divertida que os contaba hace un rato? Pues ahora subimos por el mismo sitio... Qué guay, no? Bueno, vamos a ver si jugamos la carta a nuestro favor. Tiro de palos para superar el resalte por dentro del bosque. El sendero es empinado y está embarrado, un cóctel exquisito. Al que vaya cocido le va a dejar listo de papeles... Adapto mi ritmo de paso-bastón-respiración. Pasos cortos pero frecuencia alta, obligada si tengo que seguir mi resople, que está a tope. Al llegar a lo alto del escalón, veo a una primera víctima. Un tipo de rojo que va más tieso que la mojama. Lo paso en el llano posterior. Levanto la vista.... La camiseta rosa de Ragna, que está a punto de alcanzar a un tipo. Osti, pero están lejos... Bueno, a lo mío. Cuando la pendiente vuelve a empinarse veo que mi ritmo responde bien, y al llegar a un nevero un poco más arriba me he acercado bastante. Y no solo eso, hay otros dos corredores un poco más adelante. Y de hecho si levanto la mirada todavía veo a Núria y alguno más... Pero bueno, tampoco te pases... Mira a estos de aquí que todavía no los has pillado. Al superar un nuevo resalte veo al primero. Camiseta verde y blanca, mochila negra. Es Roger. Lo alcanzo al pie de la última rampa. "Jabatu!"..."Ei Roger, qué tal... Vinga ànims!" Tampoco nos sobra el aire, así que ya charlaremos después. Sigo adelante y pongo el punto de mira en el proximo corredor, que es un tipo de camiseta blanca, azul y roja. Debe ser noruego o francés. Me cuesta un poco más pero acabo dándole caza y encontrando un hueco para adelantarle porque el tipo no me regala nada. Ragna está unos metros más adelante y un poco más allá Núria. Las paso a las dos pero la subida se acaba y llegamos al nevero empinado de esta mañana. "Oita, que ens han fet unes escales"... Qué detalle, qué maravilla... Menos mal, porque si no aquí no subimos...
Salimos a la cima. "Vinga Ragna que agafem a la Maite ara a la baixada, que l'he vist!" dice Núria. Mis dos compañeras han olido sangre y cambian a modo bajada en un periquete. A mí como antes me falla el embrague y a pesar de que en la subida iba mejor que ellas ahora tengo las piernas tiesas y las rocas me sientan fatal. Tengo la impresión de que el noruego-frances me va a empezar a hacer luces en cualquier momento, pero me empeño en no mirar atrás y concentrarme en bailar lo más rápido posible sobre las piedras, mientras voy pasando a corredores de la carrera corta, con los que coincidimos en este tramo. Pierdo de vista a Ragna y Núria y prácticamente me olvido de ellas. Me tomo el último gel para intentar recomponer la situación y poco a poco la cosa mejora, también ayudado por el cambio de terreno a algo más herboso y blandito. Alargo la zancada. A ver, si no ha llegado en este rato malo ahora menos. Me animo y recupero un muy buen ritmo, una vez las piernas se acostumbran a la bajada. Queda un último repecho donde si llego con estas fuerzas todavía puedo cazar algo. Llego al desvío que da inicio a la subida y me lanzo como un lobo. Un tramo llano se dirige hacia una línea eléctrica por donde Kilian dijo que se subía en el briefing. Sigo corriendo bien, sigo pasando corredores de la corta... Hasta que de repente, sin previo aviso... Zasca! El tío de mazo, que te está esperando en cualquier esquina. Lo de sin previo aviso no es bien bien cierto. Hace un rato que el estómago me ruge, y el gel no ha conseguido calmarlo. Me queda una barrita y me la tendría que haber tomado antes... De repente las piernas se me ponen de gelatina y la pájara llega con las garras bien afiladas. Miro el reloj... 120 pulsaciones... Y no voy ni para atrás... Juas! De manual... El avituallamiento no debe estar lejos... Qué hago? Venga va, saca la barrita. Las de antes eran de sésamo pero está es de chocolate y más contundente. Me tomo un tercio, agua, y un poco más allá un segundo tercio. No pasan ni 5 minutos y las pulsaciones empiezan a recuperarse, el ritmo también. Vuelvo a poder trotar dignamente camino del avituallamiento. Cojo un trozo de plátano y unos cuantos de manzana, mientras me giro y veo que llega el noruego-francés. Venga pírate de aquí, que con un poco de suerte no te ha visto.
Me lanzo por el camino de bajada, que coincide con los 4 primeros kilómetros de esta mañana. La pájara es historia y bajo muy ágil ayudado ahora por los palos. Joder, cómo gira la tortilla en 10 minutos. No sé si me ha visto pero igualmente a este ritmo creo que no me pilla. Entre el bosque veo la ciudad de Tromso que se va acercando, el puente, y aún más cerca las casas del barrio a este lado del fiordo. Llego a la pista y más alla al asfalto. Mantengo el ritmo, que así de paso llego antes, y bajo junto a la curiosa catedral hasta el inicio del puente. Venga última rampa. Por el pasillo lateral se confunden corredores de la corta y peatones. No veo a Ragna ni a Núria que son quienes creo que me preceden en la carrera larga, pero incremento el ritmo simplemente porque me siento bien y voy encendido, quizá por una deuda conmigo mismo por el final del otro día en Gran Paradiso. La subida se acaba y el puente hace un cambio de rasante para empezar a bajar. Y más encendido todavía, esquivando a la gente... Un momento, ese tipo de allí con camiseta amarilla... Ese juraría que es de la larga, no? Venga, más madera... Llego al final del puente y giro para empezar el callejeo. Tengo al de la camiseta amarilla a 30 metros pero antes adelanto a un tipo de la corta que cuando ve mi dorsal le grita algo en noruego al de delante, que automáticamente acelera. OK, es de la larga... Pues nada, yo acelero también... Y así empezamos a curvear por al lado del puerto en plan persecución de peli... Y ahora sí, en esta peli sí que le paso... Le adelanto e intento cambiar de ritmo para parecer más convincente. Adelanto a una chica en un estrechamiento, los palos me chocan con la pared, oops... "Sorry!" Levanto la mano a modo de disculpa, me sabe mal... Pero bueno, sigo adelante a ver si consolido mi posición. Miro de reojo, parece que sí. Pero bueno, me quedan 200 o 300 metros, ya llego con la carrerilla. Giro la última curva. Osti! Ahí está Núria... No me ha visto, si esprinto como un loco yo creo que la paso... Pero sería muuuy rastrero. Ni hablar. Entro en meta justo tras ella, finalmente en 18º lugar de la general (15º de la clasificación masculina más las tres chicas, Maite, Ragna y Núria).

Balance de la carrera: hombre pues siempre que vas de menos a más las sensaciones tienden a ser buenas. Reconozco que en algún momento del principio me vi superado por las circunstancias. Esa primera bajada la verdad es que en algún momento me pareció "too much", en plan, lo siento pero yo por aquí no puedo bajar corriendo. Como errores y cosas a mejorar, la salida debió ser con un punto más de calma. Creo que eso me hubiese permitido coger el tren de Maite Maiora y compañía, que era una buena rueda, que el otro día pude seguir bien. También esa barrita al final debió haber caído antes, con lo cual hubiese evitado esa pájara del final. Pero por otro lado la gestión de la comida fue bastante buena y una vez cogí la dinámica, mi ritmo también. Creo que no era el terreno óptimo para mí, pero aun así me defendí relativamente bien. Y lo más importante, la sensación es que las fuerzas responden con el paso de los kilómetros. Así que me voy de esta carrera con buenas sensaciones de cara al día D, dentro de cuatro semanas. Os dejo tranquil@s hasta el UTMB.


Besos y abrazos.

P.D: sobre el material, poco que reseñar. Sólo las zapatillas, las S-Wings negras, las de taco. Como siempre buena respuesta en cuanto al agarre. Menos comodidad que otros días, pero normal teniendo en cuenta que crucé doscientos ríos con el agua hasta la rodilla.

P.P.D: ahí va la foto gore...


























lunes, 24 de julio de 2017

Royal Ultra Sky Marathon Gran Paradiso



Y aquí va la crónica del segundo round de mi semana en los Alpes: la Royal Ultra Sky Marathon Gran Paradiso (un nombre escueto…). Se trataba de una prueba de la nueva serie que ha aparecido este año en la Copa del Mundo, la categoría Sky Extreme, que está formada por tres pruebas caracterizadas por ser más técnicas de lo normal. Esta es la primera de ellas y la segunda será dentro de un par de semanas en Tromso, donde también estaremos intentando dar el callo. Los números de esta carrera, 55km y unos 4000 metros de desnivel positivo, alrededor del Valle dell’Orco y con la peculiaridad de tener la salida y la meta en sitios distintos (Lago di Teleccio y Ceresole Reale respectivamente).
La verdad es que antes de viajar a los Alpes tenía la esperanza de que la High Trail Vanoise me fuera bien y coger moral para esta segunda prueba, de forma que se compensase el hecho de tener los 70km en las piernas. Al acabar la HTV con sensaciones bastante mejorables el panorama se planteaba un tanto incierto. Después de pasar un par de días en Lyon mezclando trabajo y visitas de viejos amigos, el miércoles crucé los Alpes en dirección a Turín y de ahí a Ceresole Reale, el núcleo más importante de la Valle dell’Orco. Un rincón la mar de bonito, si tenéis ocasión de acercaros por allí os lo podéis apuntar como una buena opción para pasar unos días. Los tres días que tenía hasta el domingo los dediqué a hacer excursiones por la zona aprovechando que el tiempo acompañaba. El jueves una tirada algo más larga (30km) cubriendo un trozo de la carrera (Colle della Porta y Colle della Terra) y apretando un poco el paso en alguna de las subidas. El viernes una subida de unos 1400m a ritmo suave de caminar, hasta el Colle de Teleccio, un paso a 3300m por el que teníamos que cruzar en una travesía que hice con unos amigos hace años, pero al que tuvimos que renunciar por mal tiempo (total que fui a ver lo que no vi en su día). Y el sábado un paseo de 1h y media del Col de Nivolet al Col de Rosset, trotando un poco a la bajada para ver que tal las piernas. Creo que fue en este momento en el que empecé a recuperar buenas vibraciones. Así que, ya más optimista, me fui para el briefing donde me encontré de nuevo con Francesc y Eli, que al final se animaron a venir a correr y aparecieron por allí con su descapotable (alquilado, y descapotable de rebote, que si no lo aclaro como llegue a leer esto Francesc me mata :-p). Últimas instrucciones, preparaciones y una cena agradable intentando hablar de todo menos de correr, con ellos y otros tres compañeros del Matxacuca, Eric, Roberto y Sílvia. Todos ellos, high level y muy buena gente.
Y así llega la mañana del domingo, tras una noche de muy poco sueño, siguiendo la tónica de los últimos tiempos. A las 4 toca coger el autobús que nos lleva desde la zona de la meta hasta la salida, en el Lago Teleccio. La salida es a las 6:30, ya con luz y con una temperatura menos fría de lo esperado. Después del control de material pasamos el rato comentando la jugada con Sílvia, Eric, Roberto, Francesc y Eli, que no ha pasado buena noche. Y mas caras conocidas, Roger Viñas y Pere Aurell, Jan el checo con quien hice buena parte de la HTV… Como la semana pasada, la salida es un tutti frutti de nacionalidades que deja entrever que el personal va a correr de lo lindo. Nos dirigimos hacia el centro de la presa y tras una cuenta atrás fugaz dejamos atrás los nervios y salimos a por los 55km.
Los primeros metros son un poco caóticos, esquivando bastones y piernas por los tres metros de ancho que tiene la presa. Por suerte enseguida salimos a una pista que sube con un fuerte repecho de esos que te pone las pulsaciones a tono en un periquete. Intento encontrar un equilibrio entre no calentarme demasiado y mantenerme en una posición relativamente buena, porque sé que tras un primer kilómetro llano alrededor del embalse entramos en un sendero estrecho que va a ser un embudo de los buenos. Me lanzo en una bajadita y consigo situarme sobre la posición 20 al llegar al cuello de botella. El sendero sube de lo lindo y es de esos formados por piedras y escalones empinados que hacen que el personal camine, a pesar de que acabamos de empezar y las piernas están frescas. Es estrecho, así que hay cierta tensión entre la gente que se ha quedado en una posición que considera que no es la suya. No es mi caso. Justo delante de mí van Roberto, Eric, Roger y Francesc, buenas ruedas.

A los 20 minutos llegamos al Refugio Pontese. Roger, Eric y Roberto pasan a Francesc y tiran para delante. Le echo un vistazo al reloj… 160-165… Bien, pero no pasemos de aquí. Saco los palos, ya que ahora viene un tramo de subida donde pueden venir bien. Me pasa un francés y un tipo de naranja, mientras yo paso a otro y me quedo detrás de Francesc. Parece que las posiciones se estabilizan. “Albert!”… “Què tal?”… “Passa eh si vols…”…”No, no, si em temo que vaig massa ràpid… Però bueno, almenys que pequem de valents avui… Com vas?”… “Bueno, anar fent!”. Sospecho que si ha dejado ir a los demás es porque no tiene las sensaciones que le gustaría. Sea como sea, el ritmo de este Francesc mermado de fuerzas parece que se adapta bastante al que puedo llevar yo ahora mismo, así que pongo piloto automático tras él y voy combinando marcha con pequeños trotes. Un poco más allá veo al grupillo del resto de catalanes. El terreno va ganando en rocas y perdiendo en hierba, con lo cual los bastones pierden en utilidad. Tras un primer tramo de bloques decido que ha llegado el momento de guardarlos. Los pliego y los meto en las gomas de la mochila, tras la nuca, pero al no estar acostumbrado a la nueva forma de la empuñadura no acierto y se me queda uno medio salido. Me voy peleando con ellos mientras atravieso un nevero y mientras yo voy haciendo el gilipollas Francesc se me aleja y me pasa un tipo de blanco que viene desde atrás. Al final resuelvo el entuerto justo al llegar a la cima del Colle de Becchi (2990m), donde se ha reunido bastante gente a animar a los corredores.
Una vez pasé por aquí con unos amigos viniendo de travesía. Recuerdo una zona con muchos bloques… Aquí la tienes. Las banderolas van serpenteando entre bloques de 2 a 5 metros entre los que toca ir saltando. Con las piernas calentitas de la subida me noto la mar de torpe. Francesc ha desaparecido y el de blanco está a punto de hacer lo propio, pero lo más grave es que siento que el ostión por mi parte es inminente. Vamos a ver… Concéntrate… Hay que ponerse las pilas porque si no aquí te va a pasar todo quisqui… Salto a un nevero que tiene la nieve bien dura. Parece que el patinaje ahora mismo se me da mejor que el ballet sobre las rocas. Voy cogiendo el ritmo, parece que ha pasado lo peor. Salgo de la zona de rocas y las banderolas remontan por una zona herbosa hasta pasar junto al Bivacco Ivrea. Aprovecho para comer algo, siguiendo con la disciplina que ya he empezado en la subida. Hoy he hecho un planteamiento serio, espero que más serio que de costumbre, y estoy decidido a comerme todo lo que llevo en la mochila. Cruzando un prado adelanto a un corredor que tiene pinta de eslovaco (no me preguntéis qué pinta tienen los eslovacos pero por algún misterioso motivo en ese momento le asigné esa etiqueta, probablemente falsa…). Le adelanto y sigo corriendo por un camino pedregoso pero poco empinado. Noto que mis piernas están bastante alegres. He enganchado bien el ritmo y no siento secuelas de la carrera de la semana pasada. El día está bien bonito y el entorno es espectacular. Empiezo a sentir ese estado de disfrute de cuando las cosas acompañan en las carreras. En esta buena dinámica voy bajando con el eslovaco y otro corredor que creo que hace la corta, y aparecemos justo encima de un prado donde está el primer avituallamiento (km14).
Veo la mochila blanca de Francesc que sale del punto de control y le echo un vistazo al reloj. Por mi parte llevo comida y me queda todavía bastante líquido, así que pillo un vaso al vuelo y paso de largo sin parar, tres minutos detrás de Francesc. Entre medio está el corredor de blanco, al que me he acercado bastante pero que sube corriendo el repecho siguiente, por lo que no acabo de darle alcance. Viene ahora una subida cortilla, de unos 400 metros de desnivel, hasta la Bochetta di Ges. Vuelvo a sacar los palos, aunque el terreno no es óptimo para usarlos, con bastantes piedras y ranuras donde pueden quedarse atascados o directamente que pueden rompértelos. Parece que me acerco al de blanco, pero el tipo lo corre absolutamente todo y no hay forma de atraparlo. La subida se acaba casi sin darme cuenta y con ella mis esperanzas de ganar esta posición. Al contrario, en las últimas revueltas me giro últimas revueltas y veo que hay un grupillo de tres corredores que se acerca, entre ellos Maite Maiora, la primera chica. Pues mira que pensaba que llevaba buen ritmo…
Al empezar la bajada vuelvo a tener el mismo problema con los palos, aunque ya le voy pillando el truco y lo resuelvo más rápido que antes. El camino permite una buena zancada así que me mantengo a una distancia razonable del trotador insaciable, a la vez que llega uno de los tres que venían por detrás. No lo había comentado pero buena parte de la carrera discurre por unos caminos muy arreglados con revueltas apuntaladas con muretes, lo cual no quita que estén llenos de piedras anti tobillos. Resulta que todo esto lo construyeron allá por el siglo XIX para que el rey de la época, creo que Amadeo de Savoya (en cualquier caso es el único rey italiano que conozco así que pongamos que era este…), viniera a cazar por la zona con todo su séquito. De ahí lo de Royal Ultra… Total que siguiendo los pasos de este hombre voy bajando hasta el siguiente avituallamiento (km20), al que llego junto al recién llegado, un tío con gorra y pinta de inglés. No sé quién es pero lleva el dorsal 4, así que no debe ser manco.
Repongo agua y pillo algún trozo de plátano, para complementar la barrita, los geles y el membrillo que he ido tomando por el camino. El siguiente tramo es un largo flanqueo hasta el inicio de la subida al Colle della Porta. Parece un tramo corredor, donde según las fuerzas se puede ganar o perder bastante tiempo. Mis sensaciones no son malas, pero las del tipo de blanco tampoco lo parecen porque no me acerco ni a palo. Por allí delante alcanzo a ver la mochila blanca de Francesc, lo cual me anima. A medio flanqueo las banderolas esquivan un nevero por debajo. Me lanzo y acabo con el culo en el suelo y resbalando hasta el fondo del barranco. Me levanto acelerado y subo por el otro lado, con un nuevo resbalón que pudo ser más grave ya que mi pie acabó colándose entre dos rocas. El inglés, como buen gentleman, se para a echarme una mano. “It’s fine, it’s fine, thanks”… A ver, a recomponerse… Coge el ritmillo… Será que no voy tan bien y me están fallando las fuerzas?... Mi acompañante se aleja unos metros. Este es uno de esos momentos en los que las dinámicas pueden torcerse. Calma, venga, comamos algo… Perfecto, parece que cerramos la vía de agua y todo vuelve a su curso. Mantengo la distancia con él y llego al siguiente avituallamiento nuevamente con buenas vibraciones (km 24).
Aquí se separa la carrera corta, que baja directamente a Ceresole. Tengo la esperanza de que haya bastantes de delante que sean de la carrera corta y con ello ganar unas cuantas posiciones gratis. Miro para abajo y no veo a nadie, así que me temo que no es así. Bueno, què hi farem… Siguiente tramo, 800m de subida hasta el Colle della Porta, y lo conozco porque viene a caminar por aquí el otro día. Empiezo la subida bebiéndome el Tailwind (alimento líquido) que tenía previsto para este punto. Estoy muy contento con la alimentación. Estoy casi a media carrera y estoy cumpliendo el plan, cosa rarísima en mí. Me lo acabo, acoplo las dragoneras de los bastones y me pongo en modo subida, a ver si hago de ella mi terreno. De momento parece que bien, porque doy alcance relativamente rápido al nº4. “Go ahead, you’re going faster”… “Thanks” Muy majo el tío. Pongo el punto de mira en el tipo de blanco, que está a un par de minutos. Sigue corriéndolo todo… Qué pesao el tío… Revueltas y más revueltas siguiendo otro de los caminos acicalados para el señor rey, para irnos metiendo debajo del Collado della Porta. En una de estas aparece de repente uno de los suecos que había salido delante. El hombre está más doblado que el balón de Oliver y Benji, caminando en modo de desconexión total. Mira qué bien, una posición que no me esperaba. Milagrosamente me acerco metro a metro al de blanco… “You run everything! It’s incredible”… El hombre se ríe… “Yes, cos’ I don’t have any poles”. No veo claro el razonamiento, pero admirable en cualquier caso. Tiene pinta de alemán, suizo o austríaco… Germánico y cuadriculado sea como sea… Ni siquiera en la última rampa ceja en su empeño. Para mí que hay francotiradores apostados dispuestos a dispararle en el momento que deje de trotar, un poco como en la peli esa del autobús… Deseseperantemente llego al collado 5 metros por detrás de él, nuevamente sin haber conseguido adelantarle.
Un flanqueo por la nieve nos lleva a una rampa de bajada que empalma nuevamente con el sendero. Lo que sí es cierto es que en la bajada me cuesta menos que antes seguirlo, señal de que sus fuerzas van bajando. También parece que he abierto hueco con los de detrás, así que mi ritmo debe ser bueno. Unos 300 metros de desnivel en bajada nos dejan en un avituallamiento, que da paso a un repecho de unos 200 metros para arriba hasta el Collado della Porta. Damos alcance a un corredor de naranja que por la cara con la que me mira al pasarlo no atraviesa su mejor momento. El repecho es corto pero durísimo y en algún momento tengo la anhelada visión de que el germánico cede y renuncia a su trote. De todas formas a mí la rampa también me está atizando duro, así que tampoco conseguiré adelantarle esta vez. Aprovecho unos metros llanos arriba del todo para comer y guardar los bastones antes de lanzarme a por el siguiente tramo de descenso. Mira que bien, una tarterilla de esas acolchadas para bajar esquiando. Muy divertido, pero vigila porque si no te vas a llevar media montaña dentro de la zapatilla y tendrás que pararte a vaciarlas… El tramo se acaba y las banderolas se meten por un camino que vuelve a flanquear en dirección al Colle del Nivolet. El calor aprieta por este tramo corredor, con algunos repechos que a estas alturas son menos corribles. Incluso veo a nuestro amigo cada vez con menos ganas de trotar. Un repecho y una curva del valle nos dejan en la carretera que sube al collado. Qué bajón esos 100 metros de asfalto! El alquitrán devuelve todo el calor y me deja pesado pesado. “Brava!” oigo detrás de mí… Coño, es Maite que viene como un avión… Vuelvo a mirar para delante… Bueno, ya me pasará. Voy a ver si al menos adelanto de una vez a este hombre, que hace 20 kilómetros que estamos en las mismas. Finalmente me doy el gustazo en una de las últimas revueltas antes de culminar la subida y llego al avituallamiento el primero de este recién formado grupo (km34). Alguien nos canta que vamos “diccetessimo” y “diottesimo” (que debe ser 17 y 18).
Pido que me rellenen el flasco de isotónico… No se puede, sólo beber… Joder, ya me pasó el año pasado en Madeira. No lo entiendo, no creo que sea para ahorrar. Hay un montón de carreras locales en las que te dejan rellenar el bidón de lo que te dé la gana, no puede ser que en una prueba de la Copa del Mundo vayamos con estas… Creo que es una medida que genera diferencias entre tener asistencia o no, y por tanto negativa a mi modo de ver. En fin, me tomo un par de vasos, un puñado de trozos de plátano y salgo a por Maite y el trotador, que han pasado pitando. Venga, no te dejes llevar por el lado oscuro… Fuera cabreos y a la carrera. Reacciono bien y les alcanzo en unos prados, justo cuando empieza la subida al Colle de Rocche Bianche. Intento identificar a dónde vamos porque este tramo no lo conozco… Una rampa allí… Hay gente arriba… Eso debe ser… Bueno, no parece mal. Veo que voy mejor que mis compañeros, cosa que me sorprende, sobre todo respecto de Maite, así que me pongo delante y cojo mi ritmo. Me veo con ganas de trotar, y eso que el terreno es incómodo. Me giro y veo que incluso corro en sitios donde el suizo-austríaco-alemán camina. Increible! Qué subidón! Lo que hace la comida… La última rampa es dura pero la supero bastante bien. Otro gel arriba, y guardo los palos, ya con más destreza que al principio. Tocan ahora 500 metros de descenso, básicamente por prados. Una sucesión de toboganes en los que se ha empujar y tener cierta habilidad, pero estoy en un buen momento. Pensaba que Maite me alcanzaría de nuevo pero no es así, buena señal. Salgo a la presa del Lago Serru, al otro lado está el avituallamiento (km40).
Momento de usar el segundo flasco de alimento líquido que llevo preparado. Relleno y salgo adelante para seguir con la bajada, 400 metros más que me han de dejar al pie de la última dificultad orográfica. Le voy dando sorbos tranquilamente por un tramo de pista. La verdad es que entra la mar de bien. Las banderolas me meten por un sendero y al abrirse un poco la vista veo de nuevo la mochila blanca de Francesc. Si alguna vez estáis en una guerra y necesitáis camuflaros no os compréis esa mochila… Qué me debe llevar… Cinco minutos? No está nada mal, a ver si en la próxima subida pudiese acercarme… Acaba la bajada y encuentro un nuevo avituallamiento. Me bebo un vaso de sales y otro de coca cola y sigo sin perder tiempo. El camino ahora es llano y corrible. Me encuentro por el camino al compañero de Roser Español, una corredora catalana que está participando. “Vinga! Portes al Francesc a 2 o 3 minuts”… “Merci!”… “Es dura o què?”… “Home, deu n’hi do…”. Voy de subidón. Alargo la zancada y cojo un ritmo bastante bueno que me deja en un desvío que tiene pinta de ser el inicio de la subida definitiva al Refugio Jarvis y Colle de Niel. Oigo ruido detrás y veo que viene atrapando Maite… Joder, yo que me sentía Superman… Pensaba que había acelerado! Pues nada, bastones y a ser ambicioso en esta última subida.
El primer repecho empieza duro y me corta un poco el rollo… Venga, no pasa nada. Ritmo, bastón-paso-respiración… Mi ritmo se acompasa al de Maite, que se mantiene a una distancia constante detrás de mí. La sombra de los árboles se agradece, pero se agradece más el llegar a un colladito después del cual el camino llanea. Salimos a un valle con una cabaña, a la que está llegando Francesc. Echo un vistazo al reloj… Cuatro minutos cuando llego yo a la cabaña. Vaya, no recorto… Cierto es que me ha faltado un puntillo de alegría en este primer tramo de subida, pero ahora parece que me noto algo mejor y con ganas de trotar. Curiosamente, otra vez cuando parece que me encuentro mejor es cuando me atrapa Maite. “Si quieres pasar me dices, eh!”… “Nada, tranquilo”. Por la voz parece que va apretando los dientes “Pero no sé a cuánto viene la otra y no puedo confiarme” me dice. Yo tampoco estoy para hablar mucho así que vamos tirando alternándonos en cabeza y buscando desesperadamente el Refugio Jarvis. Ahí hay unas casas, eso debe ser… Qué va, sólo ruinas, y detrás de ellas un falso llano cabrón de esos que toca correrlo porque lo pone en el guion. Superamos un repecho y ahí aparece… “Hombre, qué ilusión!” digo en voz alta recordándome a Aurelio cuando encontramos una baliza. Llegamos al avituallamiento (km48) y como buen caballero cedo el paso, al fin y al cabo ella se juega la victoria y yo el puesto 17. Maite sale pitando y yo un poco después, cruzando un prado a unos 20 metros de ella. Ir con la primera chica conlleva que todo el mundo la anima a ella y pasan bastante de tu cara, pero bueno qué le vamos a hacer. Sería lo suyo poder distanciarse de ella, ya sea por delante o por detrás, a ver si me aplaude alguien en la meta :-p.
El camino se vuelve a empinar y parece que llevo más ritmo que ella. “Paso un poquillo”, le digo, y pongo un punto más de velocidad. “Il colle é questo o quello?” Pregunto a unos que bajan, señalando… “Questo, questo, é prossimo” Mira qué bien, es esto de aquí arriba. Vuelta a mirar al suelo, supero un resalte y me acerco a la última rampa… Coño! Pero si está ahí Francesc!... Y muy cerca, empezando la última tarterilla, a menos de un minuto. Ya no me lo esperaba… A ver si puedo engancharle antes de llegar arriba e intentar bajar con él. Lo intento pero queda poco… Corono a unos 30 o 40 metros de él. Le echo un trago a una botella de agua que me ofrece un voluntario. Esta caliente pero sienta bien igual. Venga, a ver si le pillo… Intento plegar los palos… Mierda, la pestaña se ha atascado. Espérate un poco que este tramo es técnico… Bajo como puedo y vuelvo a intentarlo más allá… Nada, me lío, empiezo a mover los palos de un lado a otro. Maite debe estar pensando que qué coño hace este tío, eso si tiene tiempo de levantar la cabeza, ya que el caminito se las trae. Al final consigo plegarlos y guardarlos, pero se me ha cortado el ritmo y el rollo. Francesc se ha alejado bastante, y teniendo en cuenta que baja bastante mejor que yo, pierdo la esperanza de darle alcance. Por su parte Maite tiene pinta de que debe haber visto que no venía nadie detrás y se va a tomar la bajada en plan más conservador. Total que sin ningún objetivo aparente, voy bajando intentando mantener un ritmo digno pero sin mayor actitud. La entrada en el bosque se agradece y parece que recupero un punto de agilidad. Entre los árboles se intuye el azul del lago de Ceresole, más lejos de lo que me gustaría. Al menos parece que vamos flanqueando hacia la izquierda, así que nos vamos acercando a la zona donde tiene que estar la meta. Miro el reloj y tampoco parece factible bajar de las 8 horas, así que tampoco hay motivación por ese lado. Pues nada, a ir tirando… Coño! Otra vez la mochila blanca!... Ahí está Francesc, un par de curvas más abajo. Acelero con ánimos renovados, justo antes de salir a la carretera que nos tiene que llevar a la meta… Busco con la mirada pero el tío también ha acelerado y lo veo más lejos de lo que me esperaba. Alargo la zancada pero el asfalto se me hace pesado. Lo pierdo de vista entre las curvas… Miro la meta y me parece más lejos de lo que me gustaría. Por un lado está bien porque hay tiempo para recuperar, pero por el otro las fuerzas empiezan a estar justas… Qué hago? Le puedo pillar?... Cuando lo intuyo a lo lejos acelero, a la que no le veo renuncio… Llego a una recta donde se ve bastante… Nada, no le he recortado significativamente. Me encuentro a Eli a un lado de la carretera (que no se encontraba bien y ha bajado por el recorrido corto). “Què? L’agafaràs?”…

 (si esto fuese una peli ahora pondrían la canción de Gladiator, yo aceleraría con cara de poseso y mientras la imagen de gente jaleándome pasa a cámara lenta adelantaría a Francesc y entraría en meta levantando los brazos... pero lo siento, esto no es una peli...)

“No”… Es mi escueta respuesta, y creo que en ese momento renuncio definitivamente. No sé si sería capaz de sacar el cambio que necesito para alcanzarle pero en el dudoso caso de que así fuera, creo que montaría un espectáculo en la meta, así que quizá es pecar de conformista pero bueno, me quedo aquí, la carrera ha estado bien, disfruta de los últimos metros y fuera. Así que ya más tranquilo recorro el último trozo de carretera y un pequeño bucle que han limpiado para entrar en meta, por donde cruzo en 8h4’ y en 17ª posición.
A pesar de este final algo conformista, sobre todo visto ahora desde el sofá, muy contento con la carrera y eso es algo que no digo a menudo. Acabar a un minuto de Francesc (16º), aunque no estuviera en uno de sus mejores días, o a 4 de Roger (15º), indica que he gestionado bien la carrera y que no he notado demasiado los kilómetros de la semana pasada. Y sobre todo, me he demostrado que puedo llevar una buena alimentación del principio al final y que si es así, el rendimiento lo nota. Por lo que respecta al resto de resultados, la carrera la ganó el nepalí de Salomon, Gurung Bhim Bahadur, con 6h41'. Quien sabe si el día que empiecen a llegar sherpas en masa pasará como cuando irrumpieron los africanos en las pistas de atletismo... Gran 3ª posición de Pere Aurell y 11ª de Eric, el resto de la representación catalana. Y en chicas, victoria de Maite Maiora, que llegó un minutillo detrás de mí, y muy buena 6ª posición de Sílvia, superando las dificultades. Ya os dije que me había juntado con la crême de la crême. Lástima que a Eli y a Roberto la cena les jugó una mala pasada. En cualquier caso muy buen final a la semana de vacaciones, con una buena carrera, rodeado de buenos paisajes y sobre todo de buena gente.

Besos y abrazos


P.D: rincón del freak:
- Zapatillas: las S-Wings Softgrund de Salomon. Encantado con ellas. Respondieron muy bien a un terreno bastante complicado. Prácticamente en ningun momento tuve problemas con el agarre. Además la molestia de la planta del pie que había tenido en la High Trail Vanoise no se me reprodujo y me sentí muy cómodo durante toda la carrera. Y de momento siguen aguantando sin vías de agua (deben andar por los 200km aunque 200km de carreras sin cuartel).
- Comida: me llevé 6 geles de los Powergel de naranja, 5 quesitos de membrillo, dos barritas y dos flascos con Tailwind. Me sobraron dos membrillos y una barrita, a cambio de lo que pillé de los avituallamientos. Por una vez me parece que llevé una buena alimentación.
- Y lo demás, mochila, bastones, etc. no me repito que ya he sido suficientemente pesado ;-)