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domingo, 29 de septiembre de 2013

Un proyecto especial

Situémonos en el mes de julio, un lunes. Ocho horas de coche volviendo de los Alpes a Lleida, el día después de haber corrido la Ice Trail Tarentaise. Ocho horas sólo para darle a la batidora mental, no en mi mejor estado anímico. Aparco el coche delante de casa y compruebo los asientos para no dejarme nada tirado por ahí. En el de atrás aparece un papelito de una propaganda que nos dieron en la recogida de dorsales. Le Treg, una carrera en una región del norte del Chad, en medio del Sahara africano. Qué más da, muy complicado, demasiado dinero…

Hay conjunciones astrales que hacen que la gente decida dar la vuelta al mundo en medio de una clase de física estadística o emprender una nueva carrera universitaria mientras ojea el último best-seller paseando del FNAC a casa. El salto de tensión se produce en escasos 30 segundos, que separan la iluminación de la bombilla del punto de no retorno. En esos 30 segundos sabes si quieres o no hacer algo. En los días, semanas y meses posteriores te las apañas para conseguirlo.

Mi aparcamiento coincidió con un nueve en raya del Sistema Solar (ocho y medio para los puristas, que Plutón ya no es planeta). De repente tomó forma una idea. Hace tiempo que me rondaba por la cabeza la iniciativa de recoger camisetas y zapatillas, que se acumulan en los armarios fruto del boom del atletismo popular y llevarlas a alguno de los millones de lugares donde puedes ver críos de 10 años jugando a futbol con chanclas del 45, adolescentes de 16 cuyo dedo gordo del pie ha reventado la punta del zapato o, en general, gente de cualquier edad con 10 días la misma camiseta. De esa forma pensé que unir las dos iniciativas daba lugar a un proyecto interesante, para el cual se podría pedir colaboración, bien a través de instituciones públicas, bien a través de crowdfunding,… En fin, apareció un hilo del que tirar y me agarré con las dos manos.

En pleno fenómeno cósmico y sumido en la bola de nieve que se estaba convirtiendo en avalancha, dejé volar la imaginación rememorando tiempos pasados y el ya de por sí ilusionante proyecto pasó de la categoría de “todo” a la de “parte”. Siempre he defendido el dicho de que “vale más ser dueño de tu silencio que esclavo de tus palabras” (ahí va el refrán de turno que cae en cada post). Bien, pues voy a pasármelo por el forro. En ese momento de excitación y generación compulsiva de hormonas emprendedoras, se me metió en la cabeza que Le Treg fuese la primera etapa dentro de un proyecto consistente en hacer una carrera de ultra-distancia en cada uno de los siete continentes. No se trata de ganarlas como Kilian, ni de escogerlas con un criterio exclusivamente deportivo, sino de buscar lugares con un especial interés social y cultural y descubrir diferentes tipos de terreno y naturaleza. Como os podréis imaginar ideas no me faltan. Más adelante, algún día de otoño en que haya que mantener a flote el blog por falta de carreras, ya colgaré otro post explicando con más detalle el proyecto global.

Pero volvamos a la primera parte, que es la más inmediata. Le Treg es una carrera de 170 kilómetros en autosuficiencia y autonavegación. Eso no quiere decir que vayas en coche, sino que te las apañes para llevar encima lo que necesitas y que ellos te dan un libro de ruta, unos puntos GPS y una palmadita en la espalda. Se va a celebrar por primera vez entre el 10 y el 17 de febrero de 2014, en la región del Ennedi, al norte del Chad (podéis echarle un vistazo en www.le-treg.com, por las fotos tiene muy buena pinta). Se trata también de probar algo un poco diferente, que como toda novedad es interesante.



Para que el tema tire adelante, además de la conjunción astral que dinamita la idea, en la evolución posterior hacen falta diversos eclipses que catalicen el proceso. El primero se dio al comprobar que la organización de la carrera surgió precisamente de una iniciativa de recolecta de zapatillas y camisetas por parte de una asociación francesa. Hablé con ellos y les conté la idea. Les pareció la mar de bien y me dijeron que ellos se encargaban del transporte de Lleida a Francia y una vez ahí hasta el Chad. Una vez resuelto el tema de cómo iba la ropa, la siguiente pregunta era cómo iba a ir yo. En este punto entran en juego diferentes tránsitos de cometas en forma de personas que han ayudado y hecho posible el desarrollo de la idea, pero eso ya es un tema personal que no sólo me pertenece a mí. La cuestión es que inspirado en experiencias de otra gente decidí presentar el proyecto a la Diputació de Lleida y ver qué acogida tenía antes de seguir tirando del hilo a través de otros planes B, C,…

Y la respuesta ha sido de lo más positiva, hasta el punto que me veo en condiciones de, rascando el bolsillo en los próximos meses, inscribirme en la carrera (con viaje incluido) y seguir adelante con la iniciativa. No voy a evitar el tema que puede venir a la mente en este punto, sobre la idoneidad de otorgar subvenciones públicas en este momento, a un proyecto que tiene una componente muy importante que es exclusivamente personal. La verdad es que le di bastantes vueltas al asunto y es por ese motivo que decidí potenciar al máximo la parte solidaria de la iniciativa. Es por eso también que voy a daros el coñazo por Facebook, Whatsapp, correo postal y señales de humo, para que os animéis a vaciar el armario de todas esas camisetas que os han dado en carreras populares y no os habéis puesto nunca (yo he contado 25). Para que, todos aquellos que aún no habéis caído en la corriente filosófico-atlética del minimalismo, os deshagáis de esas zapatillas que han quedado olvidadas por haber perdido la suficiente amortiguación. Por otro lado, la idea de este tipo de subvenciones es la de difundir la imagen de Lleida en el exterior, así que se intentará incorporar de la mejor manera posible esa componente en el proyecto (tengo alguna idea pero se aceptan más sugerencias).

A nivel logístico, el punto inicial de recogida de material sería la tienda Ultra Lleida (Avenida Sant Ruf, 39, bajos; es decir, Lleida al final de Prat de la Riba a la izquierda). Aprovecho para agradecer a Dani el hacerme un hueco para ello. El horario es de 10:00 a 13:30 por la mañana y de 17:00 a 20:30 (o hasta que nos vamos los pesados que vamos a darle la tabarra).

En este sentido también quería decir que si alguien se anima a colaborar con el tema, sobra decir que es más que bienvenid@. Ahí van algunas posibilidades:
  • Tengo una, dos o cincuenta camisetas que no utilizo y me gustaría donarlas a la causa (ídem con las zapatillas)
  •  Soy de un grupo de gente que corre y entre todos igual podemos reunir alguna cosilla
  •  Correr más de 5 minutos seguidos me produce arcadas pero hago un par de clicks para reenviar el mensaje y haré correr la voz
  •  Tengo una tienda de deporte (o un amigo que tiene una tienda de deporte) en tal sitio y no hay problema en poner allí otro punto de recolecta
  •  Mi padre es Bill Gates y dice que está dispuesto a financiar el proyecto entero
  •   
Y no vale decir que “es que vivo en una casa perdida de la Alta Ribagorça y solo tengo dos camisetas, que no vale la pena”… Es igual, ya nos apañaremos. Como decía el Capità Planeta, “els petits canvis són poderosos”. Y si a alguien se le ocurre alguna otra idea o alguna otra forma de participar en el tema, sólo hay que decirlo!

Así están las cosas. Para acabar me gustaría agradecer a las personas que han hecho posible que este proyecto, por lo menos, arranque, y que tenga una idea ilusionante a la que dedicar mis ratos libres. En primer lugar obviamente a la Diputació de Lleida, que es el pilar básico desde el punto de vista económico. Por otra parte a Antoni, que me ayudó mucho a la hora de pedir la subvención, a Edu, sin el cual no hubiese contactado con Antoni (además de los buenos consejos) y a Elena, sin la cual no se me hubiera ocurrido hablar con Edu. Y por supuesto a Dani, que además de ser pieza clave en la logística, si no fuese por él sencillamente no se me hubiera ocurrido la idea.

Besos y abrazos

P.D: anyadido de ultima hora (perdon por las ny's y los acentos, estoy en un ordenador frances con un teclado extranyo...):

Bueno primero de todo muchas gracias a tod@s por el interés mostrado, por los comentarios y por la difusión!! Me ha hecho mucha ilusión ir recibiendo todas esas muestras de apoyo desde ayer, esto cada vez va cogiendo más forma!!

Por otro lado, ya tenemos punto de recogida de material en Barcelona gracias a Joan Coll. Así que los dos puntos que hay hasta el momento son:
En Lleida:
- Tienda Ultra Lleida: Avenida Sant Ruf, 39 Bajos (Tel: 973 044707)
Horario: Lunes a Viernes: 10:00 a 13:30 y 17:00 a 20:30
En Barcelona:
- Cultruta (Excursiones y visitas guiadas): Carrer Estruc, 10 Local (Tel: 634534333)
Si estais en Plaza Catalunya donde empieza Portal de l'Àngel, es ir hacia Urquinaona y la primera a la derecha es el Carrer Estruc (para más detalle www.cultruta.com).
Horarios: Martes a sabado 10-14h y 16-20h
Lunes y domingo de 10-14h

No busquéis un escaparate lleno de zapatillas Salomon, mochilas Raidlight ni relojes Suunto. Se trata del local de un amigo de cuando medíamos menos de 1,40, que organiza excursiones guiadas por rincones curiosos de Barcelona. Os imagináis la típica visita guiada para guiris? Pues esto es totalmente diferente y una opción interesante para cualquier tarde-noche. Para que no digáis que el blog no tiene sección cultural!

Seguiremos buscando nuevos puntos y formas de recolecta!

Lo dicho, MUCHÍSIMAS GRACIAS por la ayuda!!

miércoles, 18 de septiembre de 2013

De visita en el Tor des Geants

Llevaba un par de semanas acojonado escaneando la rodilla cada dos por tres... por fin hoy me he atrevido a correr 45 minutillos (aunque al trote cochinero) y no ha habido ninguna molestia, así que tras esta pequeña victoria moral me animo a mantener con vida el blog en estas semanas de impás. Tranquilos que no voy a hacer una crónica sobre mis 45 minutos de rodaje...

Después de estar la semana pasada asistiendo a un curso de formación enteramente en francés y sobre algo de lo que no tenía ni idea, llegué el viernes por la noche a mi nuevo apartamento de Lyon con el agradable recibimiento de una vivienda todavía sin electricidad. La perspectiva de pasar un fin de semana sin luz, sin nevera y sin agua caliente me hizo buscar rápidamente una mejor alternativa. Así que me puse rumbo a los Alpes, que ahora me quedan atractivamente cerca, y me planté en Courmayeur. Allí acababa el sábado la que mucha gente considera como la carrera de montaña más dura del mundo, el Tor des Geants, en la que participaban varios amigos con los que pasé un fin de semana en pleno ambiente de trail running. La carrera acababa el sábado y había empezado el domingo anterior, así que los que no la conocéis, podéis haceros una idea de qué pie calza el animalico.


El Tor des Geants es una carrera que se viene disputando desde el año 2010 en el valle de Aosta, en el extremo noroeste de Italia. El recorrido tiene unos números oficiales que quitan el hipo: 330kms y 24000 metros de desnivel positivo (aunque los relojes del personal llegan a marcar hasta 342kms y casi 27000 metros de desnivel positivo). Se trata de un enorme bucle con salida y llegada en Courmayeur, a los pies de la cara sur del Mont Blanc. La primera parte discurre por la Alta Via 1, que cruza diversos collados de hasta 3290 metros a través de la zona del Gran Paradiso. Una interminable bajada lleva hasta Donnas, en el fondo del valle y sobre el kilómetro 150 de recorrido, donde se empalma con la Alta Via 2 para volver hasta Courmayeur cruzando infinitos valles en las vertientes sur de montañas como el Monte Rosa, el Cervino o el Gran Combin. Es una carrera diferente, en la que entran en juego factores diferentes, el más importante de los cuales probablemente sea la gestión del sueño. Efectivamente se trata de una carrera en la que se invierten desde las 70 horas de los primeros, hasta las 150 que marca el reglamento como límite para completar el recorrido, por lo que es imposible hacerlos del tirón y todo el mundo tiene que diseñar su estrategia para descansar el tiempo adecuado en el momento oportuno. Para ello hay 6 puntos intermedios donde además de encontrar la bolsa personal de material, hay una serie de camillas donde el que quiera puede echarse a dormir el tiempo que crea conveniente. Además, en cualquiera de los numerosos refugios que sirven de avituallamiento está permitido dormir un máximo de 2 horas (aunque en la práctica este límite no se aplica en muchos casos). Todos estos números y normas más un entorno alpino espectacular, dan como resultado una aventura personal que marca un antes y un después en todos los corredores que se lanzan a por este reto. Y entre estos corredores varios compañeros de otras batallas. Albert, David y Joel, que se marcaron auténticos carrerones.

Ahí os dejo algunos vídeos para ilustrar un poco el evento:
El vídeo presentación de este año (17min, para el desayuno...)
http://www.youtube.com/watch?v=8zZkyN5WZi8
La llegada de este año (2 minutillos, enorme detalle de Óscar Pérez):
http://www.youtube.com/watch?v=TsBtl9RVwW0
Y la del año pasado (buena entrevista a Óscar):
http://www.youtube.com/watch?v=SIoq_jzw2hs
Para los freaks/masocas (2 horas y cuarto de Tor):
http://www.youtube.com/watch?v=X7B1ZZsUkfs

Y como estoy lanzado, os voy a meter uno que me quedó grabado. En el año 2011, Marco Gazzola fue descalificado tras haber llegado en primera posición por saltarse sin querer el último control después de 76 horas de carrera. Llevaba 4 horas de ventaja sobre el segundo. Vale la pena ver cómo se toma la historia, la viva imagen del "fair play":
http://www.youtube.com/watch?v=oNbysFSpUpA

Este año la carrera estuvo marcada por la tragedia durante la primera noche de carrera, con un tiempo meteorológico adverso que hizo que uno de los participantes, el chino Yuan Wang, tuviera un accidente que acabó con un fatal golpe en la cabeza que le costó la vida. Uno de esos sucesos que le recuerdan a uno los peligros que existen en la montaña y mantienen activo el respeto y el cuidado que se ha de tener con ella. En un ambiente difícil para la organización, pero con el resto de corredores inmersos en su aventura personal y desconocedores del drama en la parte trasera de la carrera, la competición siguió adelante deparando bonitas luchas por la victoria tanto en categoría masculina como femenina.

Entre los chicos la carrera estuvo encabezada casí todo el tiempo por Iker Karrera, pero en los últimos kilómetros llegó por detrás Oscar Pérez, ganador del año pasado, que acabó entrando a escasos 25 minutos, que sobre las 70 horas que tardaron (70h4' Iker, 70h29' Óscar), no es más que un suspiro. Dos pedazo de corredores que representan dos maneras de correr. Iker encarna la concentración, la meticulosidad en la preparación y el desarrollo de la carrera. Óscar, que como siempre explica corre sin reloj, representa una cierta despreocupación, un punto de vista místico de la montaña y las carreras, aunque la competitividad que nos surge a todos al ponernos el dorsal y una clase como la de muy pocos, hace que en todas las carreras esté o luchando por la victoria o ganando sin luchar. Evidentemente esto es una impresión mía, que saco de lo que observo y lo que les he oído contar, pero como estamos en familia me tiro a la piscina. Con ellos he experimentado también una de las grandes cosas que tiene este deporte y es que la élite está formada por gente mayoritariamente sencilla y con la que puedes hablar de igual a igual sin tener la sensación de estar amargándoles la tarde.

En chicas la cosa estuvo entre Francesca Canepa y Nerea Martínez. Hacia el kilómetro 200 parecía que Nerea llevaba mejor dinámica, pero se ve que se despistó en un cruce y perdió algo de tiempo. Seguramente a esas alturas ese inconveniente también te corta el rollo bastante y te vienes un poco abajo mentalmente. Por otro lado corrió el comentario de que la italiana había hecho "sorprendentemente" rápido el tramo entre Gressoney y Valtournenche (km 200 - km 236). Como soy un enfermo de los números me he puesto a comparar y efectivamente, después de llegar al kilómetro 200 con 12h22' de retraso sobre Iker Karrera, este tramo de 36 kilómetros lo hizo 1h15' más rápido que Iker, sin que este se parase a dormir (que yo sepa) ya que se había parado justo antes en el km 186. 

Si miramos el tramo anterior entre Niel y Gressoney (14kms), Nerea lo hace en 3h47 (15' más rápido que Iker porque éste se ha parado a dormir) mientras que Canepa emplea 4h54', así que parece que lleva un globo considerable. En Gressoney Nerea descansa 32', por 1h26' de la italiana y ahí empieza la remontada. Las malas lenguas hablan de viajecitos en coche... Siguiendo con el rollo detectivesco, si miramos con detalle el tramo la verdad es que hay un trozo de unos 2kms al salir de Gressoney en los que te pueden ahorrar 20 minutos y una carreterilla al acabar la primera de las dos bajadas que hay en el tramo, entre Cuneaz y Saint Jaques donde también te pueden ahorrar un par de kilómetros. El hecho de que fuera de noche también podría ayudar a cualquier maniobra clandestina. Y se acabó el rollo, que viene a cuenta de una conversación que tuvimos por allá. Esto son datos. A partir de ahí, si el descanso en Gressoney le sirvió a Canepa para hacer un reset y salió con las pilas renovadas o si hubo alguna cosa irregular por ahí enmedio, cada uno que piense lo que quiera.


Lo cierto es que se habló también, en general, de gente que acompañaba a corredores durante la noche, facilitando la concentración y a veces llevando la mochila, asistentes que proporcionaban los bastones en el momento adecuado... todo eso básicamente entre los corredores locales que son los que tienen más conocidos cerca y por tanto más acceso a ese tipo de ayudas. En fin, esto nos llevaría a otros debates sobre si permitir o no la asistencia externa en los avituallamientos, que te den material en un momento determinado, el tema de los acompañantes (que en Estados Unidos en cambio está totalmente permitido y generalizado). Pero bueno, los dejamos para otro día, porque da para un post entero...


La idea con que me quedo de la carrera es la de una aventura espectacular, por unos paisajes increibles y que, a juzgar por las caras de los corredores al llegar a meta, representa una experiencia personal como pocas. Lástima que mucha gente piensa lo mismo y el número de pretendientes ha hecho que la inscripción pase por un sorteo previo. Pero bueno, un año u otro tiene que caer...

Lo dejo con un pequeño homenaje al pleno de Finishers y pleno de carrerones que se marcó el equipo (Alberto te la he robado...;-))

Besos y abrazos

domingo, 1 de septiembre de 2013

Ultratrail del Mont Blanc

Como dicen los curas, “en la salud y en la enfermedad”, así que después de la peli de color de rosa de la Monte Perdido Extrem hoy toca drama.

Inciso: como no pude hacer fotos he decidido cogerlas de Google Earth (lo cual repercute positivamente en la calidad de las fotos). En un afán de dotar de realismo al texto he optado por no poner las del trozo que hice de noche (total, yo tampoco lo ví...)

Nos presentamos con mis padres en Chamonix el jueves a primera hora de la tarde. El tiempo está espectacular y en las calles se masca ambiente de carrera. Entrando al pueblo nos cruzamos con Anton Krupicka en estado puro (chanclas, bermudas, gafas de pasta blancas y una camiseta de tirantes con rallas multicolor). Todo aquí es más grande. La recogida de dorsales es un proceso logístico complejo en el que después de una hora de cola pasas por sucesivos puntos en los que te comprueban el material, te dan el dorsal, te comprueban el dorsal, te cuelgan un sensor en la mochila, te dan la camiseta… Entretanto por ahí en medio hay una mesa con propaganda sobre todas las carreras del mundo mundial, para que vayas cogiendo ideas…

Esto de salir el viernes por la tarde me gusta. Te preparas la mochila el día anterior con tranquilidad, el viernes por la mañana te das un paseíto por los “stans” de todas las marcas habidas y por haber, compruebas que todo es carísimo y te vuelves para el apartamento a comer y a echar una siestecilla.

Y después del descansillo, al lío. De camino a la salida dejo la bolsa con material para el punto intermedio de Courmayeur. Había leído que era importante llegar pronto porque se acumula bastante gente. Somos unos 2300 corredores y se sale de la plaza mayor del pueblo, que no fue especialmente diseñada para ese cometido. De todas formas creo que me he pasado, falta una hora y media y está cayendo un sol de justicia. Total que entre el agua que llevo bebiendo todo el día para hidratar y el rato de espera, voy a salir con unas ganas de mear tremendas. Además después me encuentro a Francesc (compañero de fatigas de la Ronda dels Cims, en Andorra) que ha entrado por delante, porque se ve que te miran los resultados del año y según cómo te dejan entrar en el cajón de los “buenos”. Mirando alrededor te das cuenta de que aquí el más tonto hace relojes. Julien Chorier, Miguel Heras, Anton Krupicka, Timothy Olson… y lo que te rondaré morena. El elenco de pros es inacabable.
15 minutos antes de salir aparece la jefa de todo este cotarro, que después de los problemas de los últimos años y los palos que le han caído, hoy que hace un tiempo perfecto lleva una sonrisa de oreja a oreja. Deja paso al speaker que se encarga de animar al personal ayudado por la música que transforma la plaza en una discoteca con toda la peña dando palmas al aire. Los últimos dos minutos suena la canción Conquest of Paradise, de Vangelis. Un momentazo, piel de gallina, nudo en la garganta, cuenta atrás y desbandada. La salida es muy estrecha, primero entre vallas y después entre el pasillo de gente que se forma como si estuviéramos en el Tourmalet. No es lo más cómodo pero vale la pena. El ambiente es espectacular, creo que no había visto nada igual en una carrera de montaña.

Los primeros 8 kilómetros son llanos, hasta Les Houches. Como me imaginaba, la gente sale a machete. Voy con Francesc hasta que pasado el primer kilómetro decido parar a cambiarle el agua al canario, que no viene de 30 segundos. Coincido con Gaizka Barañano (ganador de Apuko, y gran blogger, os lo recomiendo, tengo el enlace por aquí pero me siento incapaz de reproducirlo, uno que está en euskera…) y también con Emma Roca, Núria Picas y Francesca Canepa, las tres primeras chicas en ese punto. También pasamos a Anton Krupicka, que ha salido la mar de tranquilo con sus mini-zapatillas, mini-mochila y mini-camiseta. Y así, entre tanta “celebrity” discurren estos kilómetros por terreno ligeramente ondulado pero cómodo a pesar del ritmillo animado que llevamos, hasta Les Houches, primer avituallamiento líquido.

Les Houches (km8, 1035m)

Echo un traguillo de aquellos de “ya que lo regalan…” y para delante. Aquí se acaban las tonterías y empieza la subida de verdad. Salimos del pueblo por una pista empinada, con Kilian y Emelie Forsberg animando a un lado del recorrido. El camino es de aquellos en los que no sabes si vas más rápido caminando o corriendo. Yo voy alternando, con miedo de pegarme un calentón en esta primera subida. Efectivamente me empiezo a notar con los gemelos especialmente cargados y mi alegría inicial va desapareciendo mientras me van pasando corredores como Sebastien Buffard o Anton Krupicka, gente de quien no debería estar delante. Cerca de la cima del Col de Voze, llegan a mi altura Emma Roca y Núria Picas. Comentamos un poco la jugada y les deseo suerte previendo que probablemente no volvamos a coincidir. Acaba la primera subida y me lanzo, por llamarlo de alguna manera, al descenso hacia Saint Gervais.

Intento guardar los cuádriceps pero la bajada es por una de esas pistas de esquí empinadas en las que tienes que tirar a saco de frenar con los muslos. El itinerario es bonito, pasando entre casitas de panorama envidiable y donde la gente anima a los corredores desde el también envidiable relax de unas atractivas tumbonas. Finalmente llego a Saint Gervais entre los gritos del público, que se esfuerzan por ver el nombre del corredor de turno en el dorsal para ofrecerte un agradable ánimo personalizado. En este caso en el dorsal también hay una banderita con la nacionalidad correspondiente, que en mi caso dio como resultado numerosos “Viva España!” a lo largo del camino.

Saint Gervais – Les Bains (2h9’, km21, 835m)

Cómo algo y relleno botellines dándome cuenta de que he bebido mucho menos de lo que debiera. Viene ahora un tramo de esos que en el perfil parecen casi llanos. No se me ha pasado el cansancio de piernas de hace un rato y para acabar de "arreglar" las cosas empiezan a aparecer repechillos imprevistos que suponen puñaladas traperas a mi moral. No solo no consigo entrar en carrera sino que me voy viniendo abajo mientras me va pasando gente a puñados. Intento concentrarme en hacer mi carrera, que esto es muy largo, que ya sabemos que en estas pruebas pasas por mil momentos buenos y malos, pero al otro lado está el demoniete rojo que me va diciendo que no deberías haber subido al Mont Blanc hace tres días, que llevas demasiadas carreras este año, que cómo te pasa este… Total, que del km20 al 30 un auténtico suplicio. En esta dinámica negativa llego a Les Contamines.

Les Contamines (3h31’, km31, 1150m)

Avituallamiento sólido y líquido. Sé que es vital así que intento cargar bien el buche para ver si resucito. Dentro del panorama negativo me anima algo el ver que llevo una media de unos 9km/h. O sea que voy más rápido de lo que pensaba pero llevo delante más gente de la que pensaba también. En fin, tradicionalmente la segunda subida es “mi subida” así que allá vamos. Todavía queda un tramo llano hasta la ermita de Nôtre Dame de la Gorge, donde coincido por primera vez con David y Xavier, dos chicos de Moià, que aquí van bastante más rápido que yo. Se acaba la pista y el camino se empina de lo lindo. Se está haciendo de noche pero a mí me está entrando algo de luz. Creo que la comida del último avituallamiento y el haber cogido un ritmo adecuado de hidratación están haciendo que empiece a ser persona. Nada del otro mundo, pero empiezo a sentir que hay gente peor que yo y de vez en cuando cae algún adelantamiento. Algo más animado llego al avituallamiento de La Balme.

La Balme (4h44’, km37, 1705m)

Repongo agua, plátanos al bolsillo y salgo por un repecho bastante duro junto con David y Xavier. Éste último pone un ritmo perfecto y vamos subiendo adelantando a gente en dirección al Col de Bonhomme (2329m). Justo antes de llegar al collado nos encontramos con Baywatch (¿os acordáis de él? Que conste que he indagado un poco en su historia y es un tipo interesante…) que está viendo la carrera y animando al personal. Llegamos a la cima, lo cual no quiere decir que se acabe la subida porque el camino flanquea a la izquierda en ligero ascenso hasta el Col de la Croix de Bonhomme (2443m). Mis dos compañeros de subida se paran a comer algo y yo sigo adelante aprovechando la buena onda que parece que empieza a llegar. Sigo ganando algunas posiciones, incluso en la siguiente bajada hasta Les Chapieux, cosa rara en mí. El sendero herboso deja paso a una pista que después de unas 824 revueltas me deja en el avituallamiento.

Les Chapieux (6h31’, km49, 1549m)

Me tomo una sopa caliente que está de muerte, seguida de los plátanos de rigor que caen en cada avituallamiento. Creo que estoy en mi momento más aceptable de la carrera así que salgo del avituallamiento bastante animado, también gracias a la gente que está apoyando a los corredores. Vienen ahora 4 o 5 kilómetros de asfalto no demasiado agradables, así que pongo el piloto automático y troto con la mirada fija en el círculo de luz que genera el frontal. Sin ser una gran pendiente el desnivel se mantiene con bastantes tramos de un 8-10% así que estoy deseando que llegue el sendero para ponerme a caminar. Al frente veo la hilera de luces que marcan la subida al Col de la Seigne. Finalmente llego al camino y tiro de palos por un tramo de revueltas en el que voy alcanzando al corredor que me precede. Se trata de un chino, japonés, nepalí… en medio de la noche dejémoslo en oriental, que está subiendo como si fuera lo último que va a hacer en la vida. El tío va trotando por un terreno que sube de lo lindo, entre gemidos que se oyen desde 50 metros de distancia. No debe ir a más de 3km/h (por eso lo he alcanzado) pero se empeña en ir dando saltitos como si le quemasen los pies. En fin, le paso y sigo adelante, llegando a la altura de una chica italiana que debe ir cuarta o quinta. También llevo mejor ritmo que ella, total que llego al control de lo alto del Col de la Seigne en solitario (8h21’, km60, 2516m). Mete rasquilla, así que me pongo el buff y los guantes mientras me pasan la italiana y el oriental. La subida me ha quitado la alegría de abajo y la bajada no se me da tan bien como la anterior. Me alcanzan dos valencianos por detrás y llegamos al avituallamiento de Lac Combal.

Lac Combal (8h53’, km65, 1964m)

Sigue ahora un tramo llano cómodo para correr, para coger después un sendero a la derecha que sube hacia la Arête de Mont Favre. Siguiendo con mi tónica general, alcanzo en la subida a los valencianos, que se me habían escapado en el tramo corredor. En medio de la noche y a rueda, subo en una especie de trance sin pensar demasiado. De vez en cuando levanto la vista hacia el otro lado del valle, imaginando las vistas del Mont Blanc que desde aquí deben ser espectaculares. Hacemos cima (9h49’, km69, 2409m) y empezamos un descenso suave con algún repechillo. Se me vuelven a escapar (creo que ya no los vi más) antes de llegar al Col de Chécrouit (10h23’, km73’5, 1958m). Aquí hay otro pequeño avituallamiento donde me tomo un caldo caliente que sabe a gloria. Ya se ven abajo las luces de Courmayeur, pero antes de llegar me espera un sendero empinado donde los haya por un terreno arenoso que acaba conmigo en el suelo. Bajo bastante torpe, deseando llegar a este punto principal de avituallamiento y tomarme un buen cuarto de hora para cambiarme y comer bien. Llego finalmente sobre las 3 y media de la mañana y me encuentro con mis padres que están como siempre de equipo de apoyo.

Courmayeur (10h59’, km77, 1192m)

El panorama ya empieza a ser de campo de batalla, con bastante gente con pinta de abandonar. Entre ellos están Gaizka Barañano e Imanol Aleson, que hacen cara de no querer saber nada más de esta historia. Le pregunto a Gaizka si no se anima pero tampoco me queda mucha energía positiva que transmitir, así que me centro en zumbarme un plato de sopa y otro de macarrones y salgo atravesando el pueblo, donde todavía no han puesto las calles.

Antes de empezar al siguiente subida gano un par o tres de posiciones, pero una vez en el sendero me mantengo a unos 50m de un frontal que veo delante. Nunca conseguiré ver quién es su propietario. Los 700m de subida hasta el Refugio Bertone transcurren para mí, tirando de palos y riñones sin conseguir acercarme a esa luz que persigo como si fuera la puerta del paraíso (esto ha quedado bastante sectario…). Por fin se acaba la interminable subida y llego al refugio. Por la cara de los voluntarios deduzco que la mía no es muy buena. Efectivamente, la comida de Courmayeur no sé dónde ha ido a parar porque me noto con las fuerzas muy justas (12h32’, km82’4, 1979m).

El bonus track de 100 metros de desnivel inesperados con los que empieza el siguiente tramo, no me ayudan para nada. A ellos sigue un tramo ondulado en el que cada vez me da más pereza trotar y aprovecho cualquier pequeño repecho para ponerme a caminar. Al menos estoy llevando bastante bien la hidratación (creo que debo haber bebido un litro por hora entre agua y sales). Pidiendo la hora llego al Refugio Bonatti (13h49’, km89’8, 2015m), donde me meto entre pecho y espalda otro plato de caldo para ver si el calorcillo enciende un poco el motor. No demasiado, la dinámica positiva de entre los kilómetros 30 y 50 ha desaparecido y vuelvo a estar bastante cruzado. Muscularmente tampoco estoy para tirar cohetes y en los 300m de descenso hasta el avituallamiento de Arnuva mis cuádriceps manifiestan su enfado frente a la actividad a la que los estoy sometiendo.

Arnuva (14h40, km95, 1771m)

Aquí caen dos platos de caldo más y parece que ahora sí que funciona. O eso o los corredores de mí alrededor no van muy finos. Probablemente un poco de todo. La cuestión es que hace un rato tenía pánico a esta subida al Gran Col Ferret, de casi 800m de desnivel y ahora los estoy subiendo relativamente bien. A todo esto se ha hecho de día y los primeros rayos de sol me tocan al llegar a la cima (15h53’, km99’5, 2527m). Viene ahora una larguísima bajada en la que tenía puestas bastantes esperanzas en caso de llegar con fuerzas. Dentro de la dinámica de montaña rusa que tienen estas carreras parece que ahora estoy en un tramo favorable y voy bajando corriendo con buen ritmo. Creo que he pasado a 6 corredores en la subida y ahora llevo otros tres, antes de que llegue por detrás Xavier, que ha dejado a su compañero de fatigas y va como una moto. Bajamos un rato juntos pero cedo algo antes de llegar al avituallamiento de La Fouly. En este último tramo empiezo a notar algo de molestias en la rodilla izquierda. No le doy demasiada importancia, la verdad es que a estas alturas lo normal es que te duela un poco todo y hay dolores que aparecen en un momento determinado y después se van, sin ninguna lógica aparente. Así que llego a La Fouly y sigo con la dinámica de comer y beber, ya que de fuerzas voy bastante mejor y tengo bastante claro que llegar voy a llegar…

La Fouly (17h06’, km110, 1603m)

Hasta que arranco a trotar. Estos 5 minutos de descanso me han dejado las piernas embotadas y la molestia en la rodilla no se ha recuperado para nada. En llano puedo trotar y prácticamente no lo noto, los pocos tramos de subida que hay en este trozo no suponen ningún problema, pero a la que hay unos metros de bajada las cosas se ponen feas. El terreno es muy favorable, por una pista que llanea y tiende a bajar, pero a mí me está invadiendo el pesimismo. Voy probando la rodilla pero cada vez que hay un pequeño tramo de bajada mínimamente seria las sensaciones son peores. No es un dolor agudo en un punto concreto. Es una molestia en la parte inferior de la rótula izquierda y por el exterior de la pierna, entre la rótula y la tibia. A la que doy cinco pasos seguidos en descenso noto como si la rodilla se hinchase y me invade un dolor de esos en plan escalofrío. Si el terreno suaviza el dolor se pasa, hasta la siguiente bajadita donde se repite la misma historia. Un tramo de bajada de unos 30 metros de desnivel supone el remate definitivo. Tengo que apoyarme totalmente en los palos y bajo a un ritmo lamentable. Me pasan varios corredores y poco a poco voy viendo que no voy a ningún lado.

Llega el momento de tomar una decisión. En este punto me quedan unos 50kms, que consisten en una subida de unos 400m de desnivel hasta Champex-Lac y después tres subidas de entre 500 y 800 metros con sus correspondientes bajadas, que por la pinta que tienen sobre el mapa parecen ser importantes. El dolor en la rodilla no tiene aspecto de desaparecer, sino que ha parecido ir a más durante los últimos 10-15 kilómetros. Puedo ir tirando en el llano y la subida pero voy a tardar una eternidad en las bajadas y si consigo llegar a Chamonix me da que va a ser a costa de arriesgar mucho la rodilla. Hasta este punto probablemente sea sólo una de esas molestias que salen durante las carreras de fondo y que se vaya con las semanas de reposo que ya pensaba tomarme después de esta carrera, pero me da miedo que el problema se agrave y me hipoteque los próximos meses. Esta es una carrera importante, uno de los dos objetivos que tenía este año, pero hay más carreras, más ideas, más proyectos… Pienso también en llegar a Champex-Lac de alguna forma y pasar por la enfermería a que me den algo, pero me da miedo que sólo enmascare el problema y me permita llegar pero a costa de algún problema grave. No se… estoy parado en una sombra, apoyado en un coche, tocándome la rodilla. Poco a poco me a invadiendo la desconexión y ya no hay vuelta atrás. Sé que me voy a arrepentir y que le voy a dar mil vueltas esta tarde, esta noche, pero también sé que en este momento no tengo sensaciones de poder seguir delante de una manera sensata.

Ya está, abandono. La sensación es extraña. Una mezcla de tristeza por no poder cumplir el objetivo marcado, por no poder corresponder las muestras de apoyo de aquellos que han seguido y están siguiendo tus evoluciones, frustración por la mala suerte de tener este problema en el día más importante, envidia de los corredores que ves pasar… Mientras camino en busca de algún coche que me suba a Champex-Lac me encuentro a Ivan Artigas y Mia Carol. Ivan me ofrece un antiinflamatorio pero no sé, en ese punto la decisión ya está tomada. ¿Podría haberlo intentado? Quizá… Pero en ese momento intento huir de todo aquello que me siga tambaleando de un lado a otro en la decisión que acabo de tomar. Les deseo suerte y finalmente consigo que, entre un par de coches, me suban hasta Champex. Comunico mi abandono, me encuentro con mis padres y me siento en un banco, ensimismado, sin hambre, ni ganas de hablar, mientras me invade el sueño fruto de la noche sin dormir.

En fin, lo hecho, hecho está. Es una pena que una temporada que me había ido muy bien acabe de esta manera pero qué le vamos a hacer. Me sabe mal sobre todo por todas las muestras de apoyo y cariño que había recibido antes de la carrera (y que estoy recibiendo también ahora). Por Dani, que me regaló la camiseta y me prestó material sin el cual no podría haber corrido; por Meritxell y Adrià que estaban esperándome en Bovine, por donde nunca llegué a pasar; por el chat de Tribuneros, que aparcaron el monopolio futbolístico y las discusiones sobre Rossell y Laporta para seguir la carrera y animarme; por todos los que os acordasteis de mí, sea por Facebook o por Whatsapp (perdonad que no os ponga aquí a todos, pero afortunadamente fuisteis muchos); y por mis padres, que habían venido desde Lleida para acompañarme como siempre en estos proyectos, a veces poco comprensibles, a veces poco compartibles, pero siempre con un apoyo incondicional que seguramente ni sé ni soy capaz de agradecer.

Ahora toca pensar en las cosas positivas del año y seguir teniendo objetivos, que al final de eso se trata. No viene a cuenta  pero ya que he entrado en el rollo personal, mañana empiezo un nuevo trabajo, en una nueva ciudad y con una nueva gente. No tiene ya mucho sentido darle vueltas a lo que podría haber sido y no fue, o pensar en qué hubiera pasado si… No sé si tomé la decisión correcta pero como diría aquél, a toro pasado todos somos Manolete.

Besos y abrazos


P.D: no quiero acabar el post sin acordarme de felicitar a Francesc (28º, en 25h59’) y a Eli (35h52’ y 20ª chica) por el carrerón de ambos. Una pareja de cracks! ;-)