Google+ Badge

miércoles, 28 de agosto de 2013

Previa del UTMB

El Ultratrail del Mont Blanc... Cuando comentas en algún círculo de amigos que te gusta eso de correr por la montaña, tarde o temprano sale la pregunta de "oye y esa del Mont Blanc no te la has planteado?"...

Pues sí, efectivamente. Hace cosa de dos años que decidí intentar correr la que tradicionalmente se ha considerado como el campeonato del mundo no oficial de las carreras de montaña de larga distancia, la que, a pesar de los problemas entre meteorológicos y organizativos de los últimos años, todo aquel al que le atrae el mundo del ultratrail quiere correr almenos una vez en la vida. Y digo intentar porque la popularidad de esta carrera hace que para inscribirte tengas que, o ser un "pro" que va con invitación, o pasar por un sorteo como la mayoría de los mortales. Como soy de los segundos me apunté al sorteo correspondiente a la edición de 2012 y como voy más bien escaso de suerte en el azar, el resultado fue negativo. Tenía la opción de cambiar la inscripción a alguna de las otras carreras que se organizan de manera paralela, pero renunciando a ello tenía la inscripción asegurada para la edición de 2013, así que eso fue lo que escogí y aquí estamos, a dos días de que empiece la carrera, concretamente el viernes a las 16h.
No negaré que en primavera mi principal objetivo era la Ronda dels Cims, en Andorra, pero la verdad es que con el buen resultado de allí y el resto de carreras del verano, estoy motivadísimo para ponerme el dorsal y echar a correr alrededor de ese macizo espectacular. Porque de eso se trata, de dar la vuelta al macizo del Montblanc, siguiendo el itinerario del famoso trekking que pasa por Francia, Italia y Suiza a lo largo de 168kms y unos 9000m de desnivel positivo. Dicen que el recorrido es relativamente poco técnico (ya dire la mía cuando lo haga) y bastante favorable para poder correr buena parte del tiempo. Habrá que adaptarse a ello y lo cierto es que el ambiente y los paisajes ponen todo de su parte.

Y para un buen objetivo, una buena preparación. ¿Cuál? Pues qué mejor que un buen entreno en altura subiendo el Mont Blanc y durmiendo un par de noches a más de 3000 metros para que los glóbulos rojos se pongan fuertotes y vayan cargados de burbujas de oxígeno cual sherpa nepalí (quién no ha visto "Érase una vez la vida"?). Miembros de la expedición: Elena, Meritxell, Adrià y un servidor, como pardillo alpinístico del grupo.

Tranquilos, no voy a relatar con detalle los tres días de ascensión. A grandes rasgos, cogimos un trenecillo (más lento que el caballo del malo) en Sant Gervais que nos dejó a unos 2300m, de ahí subimos en medio de la niebla hasta el refugio de Tête Rouse (3150m). donde pasamos la primera noche. Segundo día corto pero intenso, subiendo por terreno mixto y empinado de roca y nieve, hasta el nuevo refugio de Gouter (3800m), que es una especie de platillo volante que han construído en una ubicación de mirador privilegiado. Y el tercer día, ascensión a la cumbre. Pero antes algunas anecdotillas que surgieron por el camino:

- El tema estrella de la expedición probablemente sea el agua. Llegamos al refugio de Tête Rouse y cenamos, bastante bien por cierto, pero cuando al acabar pedimos más agua nos dicen que después de la cena ya se ha de pagar. El precio: 5 euros la botella de litro y medio. No es la mejor manera de promover la hidratación necesaria para prevenir el mal de altura. Vamos al lavabo pero de los grifos no sale agua (gran utilidad la de los grifos), en la cocina libre tampoco. No nos queda más remedio que comprar un par de botellas y racionar el agua cual habitantes de Dune (cuando no entendáis alguna broma freak, pasad de largo con tranquilidad, nada de lo que digo suele ser demasiado importante...). Al día siguiente, en el refugio de Gouter, recurrimos a la clásica picaresca española y bajamos a cenar con tres botellas escondidas para rellenarlas con el agua "gratis" de la cena. Chasco, a 3800m ya no regalan ni eso, así que si quieres beber, 5 eurazos al canto. Estas restricciones han favorecido varios récords batidos durante esta expedición relativos a la falta de higiene personal, que no detallaremos para que no se os atragante el desayuno.

- Una manera rápida de evaluar si uno está bien hidratado es a través del color que generamos cuando miccionamos/orinamos/meamos. Cuanto más claro, mejor hidratados. Pues bien, si ponéis a un tío a correr 24 horas en medio del desierto del Sahara sin beber una gota de agua y lo ponéis a mear, obtendréis un líquido de color similar al que sale cuando tiras de la cadena en el lavabo del Refugio de Gouter. De juzgado de guardia. Una cosa es que raciones el agua y otra que para entrar al lavabo tengas que hacer un ejercicio de amnea que a esa altura te hace salir mareado. No se quién hizo el sistema de evacuación pero recircular los residuos humanos tiene todos los calificativos situados entre "cruel" y "mezquino" (perdón, ahora ya no me he cortado, espero que hayáis acabado el desayuno...)

- Ya que esto se pone gore, seguiré con el panorama que uno se encuentra cuando llega al Refugio de Valot, una caja metálica situada a unos 4300 metros. Las guías ya avisan de que no se cuente con esta cabaña más que en caso de emergencia. Primero porque a esa altura más que descansar fomentas el mal de altura y segundo porque el estado de limpieza es deplorable. Una cuarta parte del espacio interior es un montón de basura de todo tipo. Esa variedad de residuos se percibe también en el olor ambiente, fruto de situaciones desesperadas que se deben dar en este refugio. En este caso entiendo una cierta solidaridad, supongo que cuando un tipo llega con el colocón de la altura, en medio de una tormenta y a 20 grados bajo cero, la perspectiva de salir afuera y la difícilmente empeorable limpieza interior, hacen que todo tipo de excremento pase a formar parte de tan desafortunado ecosistema. Ahí enmedio encontramos a tres valientes durmiendo. Dudo que pagasen los 6 euros que exige por dormir ahí, una especie de hucha que algún cachondo ha puesto al lado de la puerta.

Pero bueno, para que la película acabe bien, tras todas esas penalidades llegamos a la cima. Después de salir a las 3 de la mañana de Gouter y pasando por algunos tramos de arista algo afilados pero sin llegar a ser complicados, hacemos cumbre a las 6:50, justo en el instante en que llegan los primeros rayos de sol. El momento es muy emocionante y las vistas espectaculares. El tiempo nos ha respetado y el día es clarisimo así que nos recreamos identificando las infinitas montañas que se ven. Aunque no demasiado rato, porque la rasca que mete es importante. Algunas fotillos y para abajo sin perder tiempo. Me ahorraré el descenso, que fue interminable (7 horas) hasta el trenecillo de Saint Gervais.

Así que con las piernas algo cansadas (espero que se me pase) pero con la motivación a tope para la carrera. El objetivo, como siempre, acabar con la sensación de haber hecho una buena gestión del esfuerzo, la alimentación y la cabeza. Si os aburrís podéis seguir la carrera en el link: http://utmb.livetrail.net/
Espero estar a la altura de la carrera y del ambiente, y tener buenas cosas que contar la semana que viene.

Besos y abrazos

domingo, 18 de agosto de 2013

Monte Perdido Extrem

En esta película aguantad hasta el final, que al final se casan y tienen hijos…

El Tour Monte Perdido Extrem es una ruta circular de 45 kilómetros y unos 3800 metros de desnivel positivo que discurre entre los parques nacionales de Ordesa en la parte española y Hautes Pyrenees en la francesa. Como su nombre indica, la ruta rodea el Monte Perdido en un itinerario que se apoya en los refugios de Pineta, Espuguettes, Serradets y Góriz. Dependiendo de las ganas, fuerzas y tiempo de cada uno, se puede hacer en cuatro, tres, dos días o en modalidad non-stop, para lo cual se da un máximo de 17 horas. No es ningún paseo, ya que el recorrido es bastante técnico, tiene algunas zonas de trepada donde la mochila de travesía dificulta bastante el avance, y según la época tramos de nieve que pueden obligar a llevar crampones, pero la ruta es sencillamente espectacular y pasa por lugares que para mí son de lo más bonito del Pirineo. Total, que lo recomiendo totalmente, ya tenéis otro plan (www.monteperdidoextrem.com).

Y en vista de la buena pinta que tenía, les propuse la idea a Jordi y Àngela. El plan era hacer la ruta en dos etapas con noche intermedia en Serradets, un día de descanso y relax e intentar la travesía del tirón el cuarto día. La verdad es que me encantan este tipo de combinaciones, en las que disfrutas de una ruta de dos maneras distintas, una apreciando tranquilamente el paisaje y la compañía de amigos y otra con dosis de esfuerzo y superación en un marco incomparable.

El recorrido en dos días estuvo muy bien (las fotos son de entonces). Salimos el jueves a las 8 y pico de la mañana en dirección al Balcón de Pineta y aunque con algunos momentos de niebla, el día aguanta bastante bien y podemos disfrutar bastante del paisaje del Circo de Gavarnie, que incluye la romería de gente que se dirige a la gran cascada, el highlight del lugar. Plantamos la tienda junto al Refugio de Serradets, que estaba lleno, pero cenamos y desayunamos dentro huyendo del ambiente fresquito que hay a esos casi 2600 metros de altura. Al día siguiente cruzamos la Brecha de Rolando y recorremos el camino hasta el Refugio del Góriz. Hacia el mediodía el tiempo se empieza a complicar y cruzamos la Faja de las Olas en medio de una niebla amenazadora y hostil. Finalmente la cosa no pasa a mayores y llegamos sin mojarnos al Refugio de Pineta.

El día de descanso es realmente de descanso. Paseíto matinal hasta el Parador de Pineta y poco más que reseñar. Por cierto, ¿alguien sabe cuánto cobra un guarda de refugio? (tuvimos un encarnizado debate, cuyo tema no viene al caso, y nos falta ese dato para resolverlo. Por favor, si alguien nos puede iluminar al respecto, se ruega lo haga en la sección de comentarios. Dinero, honor y orgullo están en juego). Siguiendo con la dinámica relajante, comemos en un restaurante muy acogedor en la carretera de Bielsa a Pineta (y de nombre curioso, el Kanguro Truchero). Finalmente Jordi y Àngela no se animan a repetir la travesía al día siguiente así que nos despedimos después de comer mientras en el valle se prepara una tormenta que durará hasta la noche. Ceno en el refugio de Pineta y me echo a dormir en la “furgo” con el sonido de la lluvia de fondo.

A las 4:30 suena el despertador. Ha parado de llover (menos mal…). Desayuno medio adormecido y me concedo otros 50 minutos de sueño (por llamarlo de alguna manera). A las 5:45 vuelve a sonar, me preparo las cosas y voy para el refugio, donde está Tomás, el organizador de la carrera, que va sellando el forfait de todos los corredores que vamos saliendo. Hago algo de tiempo y finalmente salgo a las 6:32, ya con algo de luz para no tener que llevar el frontal. Adoptando una actitud optimista, he estimado una serie de parciales para los diferentes tramos, que llevarían a un tiempo total de 8 horas. Los mejores tiempos de la prueba son 8h2’ de Imanol Alesón y 8h4’ de Pablo Criado. Sinceramente a priori no creo que pueda hacer ese tiempo, pero he decidido tomarlo como referencia para quedarme entre 8 y 9 horas que es el objetivo que veo factible.

El primer tramo es 1,5kms de carretera, lo único fácil de toda la ruta, para después desviarse a izquierda por una serie de senderos entre el bosque. Aquí me doy cuenta de que quizá debería haber esperado un poco más, porque entre la vegetación todavía está muy oscuro. Efectivamente, a los 5 minutos llego a un callejón sin salida. Vuelvo atrás un par de veces y al final descubro el sendero a un lado. Me obligo a concentrarme bien pero un poco más adelante me pasa lo mismo. Vuelvo atrás, adelante, atrás… no hay manera. El sendero que seguía acaba en unas rocas que dan a un torrente donde no se ven más huellas. Aun temiendo que sea una mala decisión que me haga perder más tiempo, estoy tan desquiciado que decido tirar arriba por el torrente y campo a través. Afortunadamente puedo ir progresando y no demasiado lejos me encuentro con una pista. La reconozco, la cruzamos el otro día antes de empezar la subida definitiva al Balcón. Problema, no sé si he de ir a derecha o a izquierda. Medio por intuición, medio por moneda al aire, decido ir a izquierda y por suerte acierto, 100 metros más allá encuentro el camino que toca. De todas formas llevo 30 minutos de carrera haciendo el primo de mala manera. Decido olvidarme de récords e historias.

Ya en terreno conocido, y cabreado conmigo mismo por el mal comienzo, empiezo la subida fuerte totalmente encendido. De vez en cuando una vocecita interior me dice que me calme, que si no me voy a quemar, pero voy tirando de riñones, cuádriceps y palos y cojo un ritmo bastante bueno. El camino va superando sucesivos escalones rocosos por un terreno que cuando lo ves de lejos parece imposible que se pueda subir. Empiezo a encontrarme algunos corredores que han salido antes que yo, entre ellos tres chicos de Irún que se han dejado el forfait abajo y que parecen contentos de que se lo haya traído. La subida se me pasa sorprendentemente rápido y llego al Balcón con 1h32’. No sé si está bien el mapa pero he subido 1100m en 1h2’, bastante mejor que en mi más bien mediocre última actuación en un kilómetro vertical. Recupero el optimismo, ayudado por las impresionantes vistas de la cara norte del Monte Perdido.

El camino llanea ahora por un caos de bloques en el que troto mientras me tomo un primer gel y bordea el Lago Helado de Marboré, que este año parece que va a hacer honor a su nombre toda la temporada. El camino se va acercando a la canal que da acceso a la Brecha de Tucarroya y el refugio del mismo nombre. Este último repecho se me hace duro y me recuerda que más me conviene adoptar un ritmo equilibrado, ni optimista ni pesimista, que todavía queda mucha ruta por delante. Cruzo la brecha a la 1h59. Había contado 2h hasta aquí así que satisfecho después de los problemas iniciales.

El camino baja ahora por una canal bastante inclinada. La parte derecha todavía tiene nieve, que sospecho que tapa el sendero habitual. Eso obliga a meterse por la pared de la izquierda con algunos pasos de destrepe que se hacen algo incómodos. De todas formas noto mucha diferencia respecto del otro día, cuando con la mochila me quedé aquí medio encallado. Después del pasito complicado bajo por terreno de tartera a un ritmo bastante animado y me meto a la izquierda por un pequeño collado. Sigue el descenso por zona de bloques hasta encontrar un camino más amplio por el que troto mientras me insisto sobre la importancia de comer y beber, comer y beber, comer y beber… Me zampo un kit kat, mientras resoplo en el repecho que lleva hasta la Hourquette d’Alans (2h32’).

Mucho mejor vista que el otro día, en medio de la niebla, aunque centro más mi atención en seguir llevándome cosas al estómago ahora que voy bien y no esperar a que me coja el globo como el otro día en la Porta del Cel. El camino flanquea en descenso a la derecha y sigue bajando por prados en los que se puede correr rápido, hasta el Refugio de Espuguettes. 2h45’, justo el tiempo previsto para el plan de 8h, aunque le tengo bastante miedo a la siguiente subida.

Repongo agua, sello y para abajo sin perder más tiempo. Otros 5 o 10 minutos de bajada y cojo el sendero, precioso, que va bordeando a la izquierda por debajo de la pared, hasta llegar al hotel-bar del Circo de Gavarnie (3h15, seguimos con el tiempo clavado). El ambiente hoy, sin tanta gente como el otro día, es espectacular. Al bajar hacia el río (donde el puente que había se rompió con las lluvias de junio), me encuentro con que baja bastante más crecido que hace dos días. No veo por donde saltar, y al meter la pierna para intentar cruzar a saco, llego a la conclusión de que no es la mejor idea si no quiero aparecer en Burdeos. Total que adopto la táctica de “Divide y vencerás” y voy subiendo río arriba esperando que a medida que vaya cruzando los riachuelos que bajan de las diferentes cascadas, encuentre algún punto suficientemente estrecho para cruzar. Total, voy más o menos paralelo al camino que va por el otro lado. Finalmente consigo cruzar y subo por el prado hasta recuperar el camino.





Visto de lejos no se ve por dónde se puede salvar el murallón que cierra el circo, pero milagrosamente aparece una terraza inclinada por donde el sendero trepa hacia el nivel superior. La trepada sirve para ganar altura rápidamente, pero me deja bastante extenuado. Una vez superado el tramo más complicado, se llega a una ladera herbosa donde la pendiente no afloja. Estoy empezando a verle las orejas al lobo. Tengo la sensación de que mi ritmo no tiene nada que ver con el de la subida anterior al Balcón de Pineta. Intento no mirar hacia arriba y me centro en adoptar un ritmo automático y poner en stand-by mi cerebro, rescatándolo únicamente para recordarme que hay que seguir bebiendo. Se acaba el tramo más duro y a través del vaho que le ha entrado a mi reloj (parece que tampoco le ha sentado bien la subida), intuyo que he mantenido un ritmo bastante bueno. El Refugio de Serradets ya se ve allí delante y recupero algo de velocidad en este tramo más favorable. Me encuentro a Josep Maria, de Vic, con quien coincidimos hace dos años en el Ultra de Coll de Nargó y ayer en la cena, y que también está haciendo la ruta. Comentamos un poco cómo es el siguiente descenso mientras subimos la última rampa hasta el refugio. Llego a las 4h25’ (5 minutos de adelanto).

Me animo, sello rápido, agua en un botellín, sales en el otro, gel al bolsillo y para arriba. Quedan 200 metros de subida hasta el impresionante tajo de la Brecha de Rolando.
Con eso creo que lo más duro habrá pasado. Aprieto los dientes y afronto el tramo, primero por tartera, después por nieve y finalmente por una trepada fácil que me deja en la brecha. Cruzo el paso sin parar y me meto a la derecha para bordear un nevero que bloquea la bajada directa hacia la vertiente aragonesa. En este punto se puede también ir a la izquierda hacia el Paso de los Sarrios, pero este año hay un par de neveros que lo hacen bastante peligroso para ir sin crampones. Total que tiro 100 metros en dirección al Pico del Tallón y me lanzo hacia abajo por una tartera bastante cómoda. Justo abajo la huella conecta con un camino que por el que más o menos se puede correr. De todas formas me convence más el nevero del fondo del valle así que me meto a la izquierda y avanzo por él, con un estilo de carrera más bien precario, hasta el resalte que da acceso al inmenso rellano que hay en la parte media de este valle.

Me paro un momento porque me he llevado media tartera dentro de mis zapatillas, y vale más perder un minuto ahora que ir todo el día atravesado. Sigue ahora un tramo de roca caliza sin camino concreto, sino hitos por todas partes. Se me plantean dos opciones, flanquear a izquierda a media ladera como hicimos el otro día o bajar hasta el replano inferior y subir al Collado de los Carabineros, donde confluirían las dos opciones. Al final gana la opción de “sube lo menos posible”, aunque no tengo claro que sea la mejor, porque el terreno es algo incómodo. De todas maneras yendo ligero de peso se hace bastante bien y llego a la zona alta del collado, donde me encuentro con el camino que viene del Paso de los Sarrios y la Gruta de Casteret. La bajada me ha devuelto un poco de alegría, así que troto bastante bien por el sendero que flanquea en un descenso que se agradece hasta el Collado de Millaris. Sigue la misma tónica por zona de prados, que el otro día se me hicieron bastante largos pero que hoy pasan bastante rápido con el trotecillo. Un par de destrepes me acercan al refugio de Góriz. Miro el reloj, 5h40’. Yo contaba que para hacer 8h se tenía que estar aquí en 6h. No negaré que me sentí emocionado ante el sorprendente resultado positivo, aunque provisional. Llego a Góriz con un cierto nudo en la garganta.


En vista del adelanto, me lo tomo con algo más de calma, repongo agua, un Aquarius, un par de geles al bolsillo y adelante. Aunque haya ido bien hasta el momento, el Tío del Mazo está siempre al acecho y te lo puedes encontrar detrás de cualquier roca. Troto por el tramo horizontal que lleva hasta los pies del Collado de Góriz con el impresionante Cañón de Ordesa a la derecha y afronto la subida, de unos 100 metros, echando el resto. Llego al collado resoplando de lo lindo y sigo subiendo hacia la izquierda por la variante del GR que sigue la Faja de las Olas. Una nueva preocupación me invade. El tiempo, que hasta ahora era bastante bueno, se está liando por momentos. La zona superior de la montaña está con niebla y a la derecha, en el Valle de Añisclo, se ve una nube gris bastante fea. Como se ponga a llover, el tramo que queda puede ser un infierno y el crono se puede disparar. Así que intento acelerar para avanzar lo máximo posible antes de que llegue ese momento.

Este tramo de subida, el último de la ruta, es relativamente bueno para encontrártelo a esas alturas del esfuerzo. Es una sucesión de repechos y rellanos para cruzar vaguadas, donde si no vas desfondado puedes mantener un ritmo bastante digno. Yo quizá no voy desfondado pero tampoco me sobra mucho. Alcanzo un mojón que había contado como “final de la subida” a las 6h32’ y en medio de la niebla. Viene ahora un tramo pseudo-horizontal, lo que quiere decir que te sigues encontrando repechillos que duelen y los ligeros descensos los aprovechas a regañadientes con el cortado amenazador que hay a la derecha. De todas formas el terreno es amplio y no hay peligro. Llego de esta forma una pequeña canal con una cadena que sinceramente no hace falta, que acaba en un paso equipado con otra cadena donde sí que me agarro con todas las de la ley. Aquí sí que se acabó la subida pero no las complicaciones.
Después de una pequeña bajada por terreno descompuesto, el camino llega a una laja de roca blanquinosa donde bajan reguerillos de agua en actitud amenazadora. Afortunadamente una tercera cadena ayuda a superar esta dificultad. Noto que la suela de mis zapatillas está al borde del deslizamiento así que me agarro al metal como si lo fueran a prohibir. Vale más perder 2 minutos que el pellejo, así que me tomo con calma este trozo y el siguiente, en el que avanzas por unas rocas oscuras y empapadas mientras una cascadilla te va duchando desde arriba. Finalmente llego a terreno más amistoso y bajo hacia el doble Collado de Añisclo, con miedo de haber perdido mucho tiempo en este tramo. Flanqueo el montículo que hay en medio del collado y llego al inicio de la bajada final. Miro el reloj, 7h3’.

Tomás me dijo que en el récord anterior se había hecho la bajada final en 40 minutos. Hay gente que baja muy rápido, pero después de mantener todo el día ritmo de récord, debería ser capaz de bajar en algo menos de 1 hora lo que otros bajan en 40 minutos. Echo un traguillo y me lanzo a la bajada. Voy hablando en voz alta, en una actitud no demasiado cuerda, para intentar mantener la concentración. Es importante hacer rápido el primer tramo, primero para evitar la desconexión (como me pasó en Apuko) y segundo para tener un margen que evite el estrés del otro día en la Porta del Cel. Tomo como referencia un pequeño resalte, a unos 1900 metros, donde el otro día paramos a comer. Llego en unos 14 minutos, lo cual me alivia porque veo que estoy siendo capaz de bajar rápido. Quizá hasta me alivia demasiado, porque durante el resto de la bajada voy teniendo momentos de relajación que me esfuerzo por abortar. A unos 1750 metros empieza una eterna travesía hacia la derecha donde vas cruzando sucesivas vaguadas, alternando tramos llanos con destrepes en los que agradezco que el tiempo haya aguantado y no me encuentre el terreno mojado. Me voy parando de vez en cuando para mirar el reloj (sigue medio entelado) casi sin creerme que el objetivo se acerca. La bajada sigue sin más sobresaltos que un tropezón en medio del bosque que me recuerda que cualquier descuido puede acabar con la carrera. De todas formas ahora ya llego aunque sea a rastras. Finalmente aparece frente a mí la deliciosa visión de una señal de GR que indica curva a la izquierda. Estoy casi abajo. Paso junto al cartel de “Refugio de Pineta” y cruzo el fondo del valle por un camino lleno de cantos rodados. Cruzo el río a saco, con el agua hasta el tobillo, sin pensármelo ni un momento, paso junto a la “furgo” y llego a la puerta del refugio, donde encuentro a Tomás. Tiempo final: 7h45’.

Bufff, estoy super contento, y además he podido acabar un poco más “relajado” que otros días, así que he disfrutado bastante de la última bajada. Creo que nunca había batido ningún récord de nada así que me siento como un niño con zapatos nuevos. Obviamente hay mucha gente que puede mejorar este tiempo, solo es cuestión de que lo intenten, pero no os negaré que haber superado las marcas de gente a la que considero superior en este mundillo, me pone en modo “Pavo real”, jejeje.

Así que nada, una buena inyección de moral para el próximo gran objetivo de la temporada, dentro de dos semanas, el Ultratrail del Mont Blanc. Se me está haciendo algo largo el tema, así que tengo ganas de correrla y hacer vacaciones deportivas. Quiero agradecer a Tomás por el buen trato recibido y por las fotos, y sobre todo a Jordi y Àngela por haber compartido travesía, risas, debates, paisajes y fotos para la peluquera de la esquina ;-).


Besos y abrazos

miércoles, 7 de agosto de 2013

La Porta del Cel

Para los que no la conozcáis, la Porta del Cel es una travesía de unos 65kms que une los refugios de Graus, Certascan, Pinet y Vallferrera, en la zona noreste del Pallars Sobirà, en pleno pirineo de Lleida. Normalmente se hace en 4 etapas, con parada en los refugios que os comentaba. El terreno es muy bonito, con un par de cimas importantes, el Pic de Certascan y la Pica d’Estats, lagos espectaculares como el Certascan y circos impresionantes como el de Baborte, que a mí personalmente es la zona que más me gusta. No es una ruta para tomársela a la ligera, el recorrido es duro, tiene tramos complicados, más por falta de camino marcado que por dificultades técnicas propiamente y la orientación en algunos puntos no es sencilla. Desde mi punto de vista tiene un plus de dificultad respecto a otras rutas similares como Carros de Foc o Cavalls del Vent, pero esa complicación extra queda compensada por un recorrido gratificante y espectacular. Así que ya tenéis plan para 4 o 5 días de vacaciones que os queden sueltos por ahí.

Hecha esta introducción publicitaria, hablemos de la modalidad skyrunning. Efectivamente, como pasa con tantas otras rutas, en esta también se viene planteando desde hace años la opción de hacerla en menos de 24 horas, alternativa que, dada la avidez de retos deportivos que tiene la sociedad actual, ha gozado de un éxito notable y creciente en las últimas temporadas. Y ahí aparezco yo con mi avidez de retos deportivos…
Antecedentes: justo hace un año que la hice por primera vez y por duplicado, primero en cuatro días para conocer el recorrido y disfrutar de él con tranquilidad y al quinto día en modalidad carrera en menos de 24 horas. Me tocó un día de calor tremendo que hizo que me fuera deshaciendo como un azucarillo durante la segunda mitad de la ruta, aunque con las rentas del principio conseguí acabar en 13h39’, que fue el mejor tiempo del año pasado y tercero en la clasificación global de todos los años.

Así que con ganas de mejorar esa actuación y después de encontrar un hueco en la cargada agenda montañera de este verano, decidí intentarlo de nuevo el sábado pasado (3 de agosto). Las previsiones de tiempo eran bastante buenas (quizá algo de calor), las fuerzas más o menos en orden aunque en estas últimas semanas el entreno se ha anarquizado un poco y las ganas por todo lo alto. En marcha con la “furgo” hacia el Pirineo, noche en el Camping de Graus y nos plantamos en la mañana siguiente.

Pongo el despertador a las 5 para desayunar. Un par de bocadillos de salchichón, dos yogurts, un plátano, una madalena, todo engullido en ese silencio solitario y oscuro que rodea esos momentos de madrugada previos a la salida de cualquier ultra. Me doy media horita más de sueño y otra vez arriba a las 6:15 para preparar las cosas. Quería salir sobre las 6:30 o 6:45 pero al final se hacen las 7. Bueno, en principio si todo va según lo previsto no debería haber problema para hacer la ruta con luz como el año pasado. Sello el forfait que acredita la hora de salida y el paso por los diferentes puntos y me lanzo al ataque.

Empiezo por todo lo alto. Nada más salir del camping, me encuentro con que no sé si he de cruzar un campo o coger un camino que baja por el río. Pierdo un minuto yendo de un lado a otro como un imbécil, pero finalmente encuentro el puente que cruza el río y lleva al inicio de la primera subida. Este tramo es muy agradable, entre el bosque, por encima de un pequeño embalse y metiéndose progresivamente en el valle de Noarre hasta llegar al pueblo que le da nombre.
Noarre es la imagen que aparece en la Wikipedia cuando uno busca la palabra “desconexión”. Un conjunto de bordas de madera a las que no se puede llegar en coche, situadas en un lugar idílico entre bosque y prados. Llego a la aldea después de cruzar un barrizal en el que meto la zarpa hasta la rodilla, lo cual me garantiza un inicio del día ciertamente húmedo. Sigue el camino hacia el fondo del valle por terreno favorable en el que se puede trotar bastante bien hasta que el camino se pone a subir decididamente para superar un resalte que te planta ya en un rellano situado a 2000 metros. El siguiente escalón se supera por un terreno rocoso en el que me empiezo a notar algo torpe con los palos, con algún tramo de trepada, hasta llegar a la Pleta Nova (2200m). Este año hay un montón de nieve y eso es sinónimo de mucha agua, como manifiesta el río que me encuentro delante. Tres segundos de reflexión me bastan para llegar a la conclusión de que, salvo que sufra una instantánea reencarnación en Carl Lewis, nadie me salva del remojón, así que paso tranquilamente con los pies dentro del agua y así de paso limpio las zapatillas.

Nuevo escalón hasta llegar a la cubeta de los Estanys de Guerossos y giro a la derecha en dirección al Coll de Certascan, cruzando las primeras zonas de nieve, que presagian las dificultades de después. Llego al collado (2585m) algo pasada la hora y media de recorrido, y empiezo el durísimo repecho que lleva a lo alto del Pic de Certascan por terreno de tartera fina en el que tiro de palos y riñones como un condenado. Un tramo de flanqueo poco complicado lleva a la cresta ancha y horizontal superior, antes de superar los últimos 15 metros de desnivel hasta el vértice geodésico de la cima. Llevo 1h49, 2 minutos más que el año pasado. La verdad es que me vengo un pelín abajo. Me pasa a menudo que cuando salgo con la mentalidad de superar una marca anterior, me parece que tengo que pegarle bocados al crono desde el minuto cero, como si el año pasado fuera un patata que iba de campo y playa, y ahora fuese Kilian en cuarta transformación de “superguerrer”. Intento convencerme de que el año pasado iba bien en la primera parte y que es al final cuando tengo que mejorar, pero aun así empiezo a entrar en una dinámica mental algo negativa.

Deshago el camino hasta el collado dejándome caer por la tartera con velocidad pero dedicando algo de tiempo a llevarme algo al estómago. Un trozo de Snickers y un gel. En el tema geles, como si de un casting de OT se tratara, el aspirante de hoy es Overstim, que son más líquidos y parecen adecuados para mi reconciliación con la comida sintética. Me lo tomo mientras exclamo en voz alta “Mmmmm, buenísimo!” y me imagino en un restaurante de tres estrellas Michelin. De momento funciona.

Debajo del collado me encuentro con la primera trampa seria. Una lengua de nieve, que no parece evitable, y que cuando pongo el pie en ella se revela dura y resbaladiza. Sabía que había más nieve de lo normal, pero yo esperaba sacar partido de ello en lugar de que fuese un “hándicap”. Pero no lo veo claro. La nieve no está suficientemente blanda como para clavar talones y un resbalón, en el mejor de los casos, puede acabar con los brazos y las piernas escocidos. Así que me pongo los Yatrax (ver crónica de la Ice Trail para mayor descripción) y empiezo a bajar. No sirven de gran cosa, así que bajo haciendo eses con cuidado. Entre el empanamiento que llevo, sacar los trastos estos y la torpeza al bajar debo haber perdido otros cinco minutos. Me obligo a trotar para recuperar un poco la chispa y llego al refugio de Certascan a las 2h25’.

Busco la pinza para sellar el forfait, saco algo de comida, relleno el agua (llevo un bidón de agua y otro con sales) y a por el siguiente tramo. El primer trozo es algo incómodo porque tiende a bajar pero el sendero es malo para correr y cuesta coger velocidad. Sigue un pequeño y bonito repecho con unas eses a la sombra que llevan al Collet de Llurri y de ahí descenso hacia los lagos de Romedo. Voy cumpliendo con los parciales que me había marcado pero no me quito la sensación de no ir bien de cabeza, de no ser capaz de ir más rápido que el año pasado, tal como pensaba que podría hacer. Paso por la presa del lago inferior, a donde llega una pista para 4x4 y giro al norte bordeando el lago y un rellano superior. A partir de aquí el recorrido gira a la derecha y empieza la subida al Coll de l’Artiga. Aquí coincido con los primeros excursionistas que están haciendo la travesía. La subida es dura, por terreno de bloques que hace complicado avanzar y al salir a la parte superior se vuelve más herbosa pero te encuentras con el típico terreno en el que parece que no llegas nunca porque siempre aparece más montaña por subir. Me había marcado llegar al collado a las 4h y llego con 8 o 10 minutos de adelanto. Pequeña victoria.

Pero voy a perder la ventaja en la siguiente bajada. Es un descenso técnico, entre bloques grandes en los que deberías ir saltando de uno a otro, pero yo hoy parezco un bailarín de ballet (en el improbable caso de que alguna vez lea esto un bailarín de ballet, que nadie se ofenda, el ballet está muy bien pero no era el momento…). Parece que en cada roca tenga que resolver el “to be or not to be”, debatiendo sobre si el pedrusco va a moverse o no y haciendo un análisis dinámico entre el coeficiente de rozamiento de mis zapatillas y el granito. Me voy exasperando a mí mismo. Tira “palante” y no pienses tanto, coj…!!!

Finalmente acabo la bajada en un prado a unos 2100m y empiezo la siguiente subida hacia el lago de Montestaure y la Pointe de Recós. El calor aprieta y echo un buen trago en un riachuelo porque me noto deshidratado. La subida es dura pero la paso bastante bien y llego arriba a las 4h45’, lo que me había marcado. Sigue ahora una bajadita empinada con una placa de nieve que no me decido a aprovechar y un rellano rocoso detrás del cual aparece la ladera que da acceso, a lo lejos, al refugio de Pinet. Aquí el camino se pierde, ya me había pasado las otras veces, así que decido bajar recto hacia un punto, allá abajo, donde se distingue el sendero. El terreno es empinado y la hierba resbala, así que me pego unos cuantos tortazos, pero bajo relativamente rápido y alcanzo el sendero justo a las 5h. Después de un tramo llaneando el camino gira a la derecha y sube decididamente dejando el refugio desesperantemente abajo (para los que no conocéis este tramo, nunca vayáis directos hacia el refugio, si no disponéis de material para montar una tirolina o si no queréis morir estampados en el fondo del barranco). Sorprendentemente empiezo a encontrarme mejor y más animado.
Llego al punto en que la ruta cruza el río (que ahora queda bajo dos metros de nieve) y bajo hacia el refugio, llegando a las 5h30 de carrera. He cumplido con las 3h que me había marcado para este tramo, pero necesito algo de tiempo para beber y comer, para no desfallecer y aprovechar esta recuperación que parece que se intuye.

Entro al refugio para rellenar agua y me encuentro con una acogida no muy simpática. Inciso (si eres menor de 18 años pasa al siguiente párrafo): vaya por delante que esto no es una generalización (no aplica a los otros refugios de la ruta), pero estoy hasta los huevos de encontrarme con guardas en los refugios que son auténticos gilipollas. En un refugio de montaña te encuentras desde domingueros en chanclas hasta gurús que han hecho 58 ochomiles, pasando por montañeros jubilados que hablan de los inicios del montañismo en Montserrat y Sant Llorenç del Munt, grupos de peña que grita como si el refugio fuera suyo y freaks que van corriendo por el monte como yo. Pero toda esta fauna, para bien o para mal, paga y utiliza el servicio, difunde la ruta y ayuda a mantener el tema. Si tienes antropofobia y no tienes ganas de interaccionar con este panorama, coges y te dedicas a hacer punto de cruz en una base científica de la Antártida. Entiendo que a veces haya cosas que exasperen, pero que llegues al refugio cansado y te miren con cara de “Qué coño quieres?”, pidas donde puedes coger agua con el mejor francés de que soy capaz y te suelte a toda velocidad una parrafada burlesca que sabe que obviamente no entiendes, y demás actitudes por el estilo, ese tipo de cosas me revientan hasta la saciedad. Fin de la cita, que diría aquel…

Me marcho del refugio haciendo alguna mención a su ascendencia que prefiero no reproducir e inicio la subida a la Pica d’Estats mientras me como un mini-bocata de chorizo que llevaba en la mochila. Los siguientes 10 minutos discurren de una manera un tanto esperpéntica, impulsándome con los dos bastones en una mano, mordisqueando el bocadillo, bebiendo agua para intentar empujarlo hacia el estómago y resoplando ante semejante combinación de actividades. Al final decido que ya estoy perdiendo suficiente tiempo, envuelvo como puedo el bocadillo y me lo meto por dentro de las mallas. Pierdo algo más de tiempo en un tramo de nieve inclinada donde me cruzo con un grupillo que va un poco apurado, justo antes de girar a la izquierda por el valle que lleva al Estany de Montcalm. El resto de la subida sigue sin demasiada historia. No voy mal de fuerzas pero el calor va haciendo mella y llego a lo alto de la Pica poco antes de cumplir 7 horas.

Había salido con una estimación aproximada de parciales para estar sobre 12 horas, que implicaba estar aquí en 6h45 (de todas formas la estimación estaba mal hecha). Así que unos 10 minutos de retraso, que creo que son más o menos lo que he perdido entre discutir con la tipa del refugio, la nieve y hacer malabares con el bocadillo. Sumergida entre mil banderas, cintas y demás objetos que cuelgan de la cruz de la cima, encuentro finalmente la pinza con la que tengo que sellar el forfait. Descanso un par de minutos y hago un pequeño vídeo para felicitar el cumpleaños a Francesc, compañero de fatigas en Andorra. Me lanzo para abajo.

He estado planteándome si bajar por la ruta normal, más sencilla pero más larga y con un repecho de subida antes del Coll de Sotllo, o bajar por la cresta, algo más complicado pero más directo. En tiempo debe ser similar, pero la ruta normal implica cruzar algún trozo de nieve que no me hace mucha gracia, así que me voy por la cresta. No es difícil pero tiene 2 o 3 destrepes que con los palos se hacen bastante incómodos. Para postre en el último tramo se pone a granizar, cosa que no me hace demasiada gracia. De todas formas llego al collado en unos 20 minutos, por lo que creo que ha salido a cuenta venir por aquí.

La bajada hacia la vertiente catalana es una enorme pala nevada. Con un poco más de arrojo en un par de minutos estaría abajo, no sé si corriendo o rodando. Pero no lo veo claro y bajo la primera parte siguiendo la huella y buscando trozos de roca para evitar la nieve, hasta que quedan solo unos 50 metros de desnivel y ya me pongo a hacer algo de pseudo-esquí.
El camino cruza un prado y bordea los Estanys de Estats y de Sotllo, en una sucesión de escalones que no se acaba nunca. Para ser una ruta tan concurrida el camino es bastante incómodo (eso o no estoy yendo por la autopista general) y no es fácil mantener un trote con cierta velocidad. Finalmente llego al Pla de Socauba, donde el recorrido se mete a la izquierda y va flanqueando por terreno rompepiernas para aproximarse al Refugi de Vallferrera. Aquí se pone a llover. Son 2 minutos, pero cae un chaparrón de esos que me hace ponerme el chubasquero, casi más por proteger el móvil y la mochila que por mí mismo (todo cuenta para la hidratación). Obviamente al minuto de ponérmelo deja de llover. Por lo menos, el episodio me sirve para descubrir una nueva manera rápida de llevar el chubasquero enrollado en la mano. El fragor de la bajada ha tenido consecuencias sobre el bocadillo que, si recordáis, sigue en el interior de mis mallas. El antiguo manjar ha seguido un proceso de meteorización y posterior descenso, que hace que trozos de pan, chorizo y papel de plata vayan apareciendo por la parte inferior de mi rótula. En los dos primeros casos me los voy comiendo a medida que aparecen, en el tercero los vuelvo a introducir en el ciclo. El punto positivo es que los trozos son mucho más pequeños y fáciles de comer que cuando iba dando mordiscos en la subida. Creo que bien aplicado puede ser un método de alimentación más sostenible y efectivo. Lo dejo como idea, fin del inciso desagradable…(no os quejéis, podría haberme puesto a hablar del reaprovechamiento de sales minerales del propio sudor...).

Acaba el flanqueo a la izquierda y bajo en 5 minutos por el camino que lleva al refugio. Llevo unas 8h50. Había contado 1h15’ de bajada y han sido 1h45’. Me había flipado totalmente. De hecho he llevado un ritmo bastante bueno y sorprendentemente me encuentro cada vez mejor. Un par de Aquarius en el refugio (mucho más simpáticos que en Pinet) y sigo adelante para enfrentarme al último tramo. Viene ahora un trozo favorable, con un trocito de pista y un camino junto al río por el que se corre entre bosque bastante bien. Voy muy bien de fuerzas, creo que mejor que en todo el día y subo hasta la Cabana de Bassello infinitamente mejor que el año pasado. Pero cometo el error de confiarme y no aprovechar ahora para comer y garantizar que la buena ola llegue hasta el final. Encima de la cabaña el terreno se despeja, me empieza a dar el sol y empiezo a notar la luz de la reserva. Además voy justo de agua, y llego al Estany de Baborte con mucha menos alegría que media hora antes.

Encuentro un arroyo salvador justo a orillas del lago y repongo agua. Se ha quedado un tarde espectacular. Paso bajo el refugio metálico y me acerco a la subida, de unos 100 metros de desnivel, que lleva al Coll de Sellente. Llego a las 10h25’. He recalculado objetivos y para bajar de 13h he contado estar aquí a las 10h30’ así que vamos bien para el plan B. Viene ahora un pequeño descenso de 5 minutos y se ha de estar atento para no perderse un desvío a la izquierda que lleva a un vallecito que acaba en el Coll de la Llacuna. Es la última subida seria, pero es seria de verdad. El repecho final sube a saco y llego al collado resoplando de lo lindo. Ese tramo contrasta con el altiplano que te encuentras arriba, que sube suavemente hacia la Roca Cigalera, a donde llego justo a las 11h, siguiendo con el nuevo objetivo.
Echo a trotar por este altiplano interminable hasta llegar al borde del valle de la Cabaña de Boldís, por donde se baja definitivamente a Tavascán. La cabaña es el último punto de paso para sellar el forfait. Consigo bajar con un trote bastante aceptable y continuo, ni crecido como al salir del refugio de Vallferrera, ni hundido como iba por aquí el año pasado.

Un vacío en el estómago me incita a tomar un último gel (será el cuarto de hoy, el resto del menú: dos kit kats, un snickers, un gel líquido Maxim de 160ml (muy bueno, por cierto), 2 trozos de fuet, 1,2 litros de agua con sales, 2 aquarius, agua a montones y una cantidad indeterminada del dañado bocadillo de chorizo). Mis tácticas psicológicas consiguen evitar la arcada a duras penas, pero pasados los dos minutos de secuelas recupero un puntito de energía que me va a servir para encarar la segunda parte de la bajada. Es un flanqueo a la izquierda interminable, en el que vas viendo el pueblo de Tavascan siempre desesperantemente abajo. En el último tramo tengo un momento de crisis cuando se me mete en la cabeza tomarme un botecito de un zumo de naranja energético que llevo, en un momento que no es el adecuado porque el camino es estrecho y lleno de plantas. Manipulo por la mochila y la cosa acaba conmigo metiendo el pie en un agujero y dándome un trompazo importante. Me incorporo apoyando la mano en la capital de Ortigolandia, cuyas habitantes manifiestan su descontento superponiendo sus picadas a los arañazos que arrastro de todo el día. Dolorido, renuncio al maldito zumo energético y me vuelvo a poner la mochila. Segunda caída, esta vez con un golpe en la espinilla de esos que duelen en el alma. Cuento hasta tres cruzando los dedos para que no haya sido nada grave y juro en arameo insultándome por mi propia estupidez. Vamos para abajo y dejémonos de historias, me quedan unos 45 minutos. Llego a Tavascan a las 12h27 de carrera, a ritmo de los pasodobles de la fiesta mayor.

Me había marcado las 12h30 como límite para llegar aquí, en el objetivo de bajar de 13h, así que sin parar ni un segundo enfilo la calle hormigonada por la que sigue la ruta, ante la mirada escéptica de los lugareños. Quedan unos 4 o 5 kilómetros para llegar a Graus, divididos en tres tramos para los que estimo unos 10 minutos en cada uno. Pero voy cascado y el primero de ellos, por un camino encima del río, me lleva hasta las 12h41’. Me mentalizo de que estoy más lejos de lo que pensaba y que no va a poder ser. Sigo con un trote cansino renunciando al objetivo, pero sorprendentemente llego al último tramo de camino que se desvía de la carretera, a las 12h48’. Mierda, me veo con la obligación moral de intentarlo… Maldiciendo el sistema sexagesimal y el egipcio que inventó las horas de 60 minutos y no de 61, me lanzo por el camino empujando con las piernas, con los brazos y con el alma. La ruta va por en medio del bosque así que no estoy seguro de lo que queda. Voy encendiéndome progresivamente y me imagino con la cara descompuesta de los ciclistas al subir Alpe d’Huez. A las 12h55’ el terreno se abre e intuyo el camping al otro lado del río. Desgraciadamente la ruta pasa de largo y describe una U volviendo al camping desde la parte superior del valle. Acelero a zancada limpia metiendo el pie en barro, hierba o lo que se ponga por delante. Por fin llego al desvío que baja hacia el puente desde el que me quedan unos 200m de vuelta. Miro el reloj y marca 12h58’05. Joder qué estrés... Esprinto a través de un campo y entro al camping desbocado en dirección a las escaleras que llevan a recepción. Echo un vistazo al reloj y justo cambia a 12h59’. Subo los escalones de 3 en 3, cruzo la puerta y paro el crono: 12h59’30’’.

Pongo el forfait sobre la mesa y me quedo recostado hacia delante resoplando como un pez fuera del agua, mientras espero que alguien venga. La gente del restaurante me mira con una mezcla de curiosidad e incomprensión. Finalmente viene la dueña del camping (no sé su nombre pero aprovecho para darle las gracias porque me ha tratado muy bien tanto esta vez como el año pasado) y le susurro un exhausto “dotze cinquanta-nou”. Es un buen tiempo, me felicitan, cosa que agradezco mientras empiezo a recuperar el color. Esprintar (esprintar aquí significa ir a 4’ o 4’30’’ el km, que nadie se imagine a Usain Bolt) durante 2kms con las reservas al límite después de todo el día de andar arriba y abajo, para bajar de la cifra redonda de las 13 horas, es un esfuerzo tan intenso como probablemente absurdo, pero a mí me ha dejado con esa satisfacción que tienes cuando vas superando los pequeños retos que te vas poniendo delante.

Así que un buen balance. Sinceramente yo había salido con el récord (11h57’) en la cabeza. Acabo convencido de que hoy por hoy está más allá de mis posibilidades. Con los planetas mejor alineados, sin nieve, comiendo perfecto, bla, bla, bla… quizá me hubiese visto con posibilidades de batir el segundo tiempo, 12h38’, pero bueno, ahora sentado delante del ordenador se ve todo muy fácil. A ver qué tal tiempos hace la gente durante el verano. Yo personalmente acabo contento con mi papel, contento de haber disfrutado (aunque en algún tramo de la lectura no lo parezca) y con ganas de afrontar los próximos retos.

Después de unas semanas complicadas, correr por la montaña y encontrarse con uno mismo ha sido muy especial. Me alegro de haber acabado con buenas sensaciones, de haber revivido buenos recuerdos y de sentir la satisfacción del objetivo cumplido. A quien va dedicado este relato y este pequeño éxito, espero que le traiga esos mismos recuerdos.

Besos y abrazos