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jueves, 18 de septiembre de 2014

Tor des Geants (2ª parte)

Cogne – Donnas
Salgo de la base de vida sobre las 8 de la mañana con un frío que pela. No me he atrevido a preguntar ni cómo voy. Me da igual, tengo que centrarme en hacer mi carrera. Y mi carrera ahora me depara 5 kilómetros entre una pista herbosa agradable y una carretera. También es un tramo que se debería correr, pero me da miedo la digestión de mis macarrones, así que intento coger un ritmo de marcha rápida. Por fin unas flechas indican a la izquierda y cojo un senderillo que sube. Alcanzo a una italiana que debe ir tercera (finalmente iba cuarta porque aparte de Canepa y Lecomte estaba la suiza Denise Zimmermann por delante) y aprovecho para comerme un kit kat, que parece que mi estómago ha cogido el buen camino y es momento de compensar lo que no he comido hace un rato. La paso y un poco más allá llego al control de Goilles (km 107), el control de la discordia (pero no entremos en eso de momento). Son un par de carpas a un lado del camino, con algo de galletas y embutido, más bien un avituallamiento discreto. Dos hombres, hay que decir que más bien empanadetes, me hacen fichar. Sigo adelante, un par de minutos después que un corredor americano que me ha adelantado antes de Cogne.

Mi recuperación parece hacerse oficial y avanzo caminando a buen ritmo por una subida bastante moderada. Paso al americano y voy siguiendo una serie de vaguadas que el camino va flanqueando. No conozco este trozo, así que no tengo referencia de lo que queda. Vamos hacia un collado que tiene que estar al fondo del valle, pero hay mil valles, así que no tengo ni idea de dónde es. Pues nada, tú tira para delante y punto. Todavía noto la falta de comida y los 9kms hasta el próximo avituallamiento se me hacen algo largos. Llego con algo de agujero en el estómago pero bien de fuerzas y con el humor recuperado. Entro en el Refugio de Sogno (km 117, 2534m) y me lanzo a por los pastelitos de mermelada, embutido, un vaso de coca-cola para combatir el sueño…

Salgo para afrontar los últimos 300 metros de desnivel hasta el Col Fenêtre (sí, ya hemos pasado un Col Fenêtre hace un rato pero qué queréis que os diga, no hay Copyright…). Unas cuantas revueltas, travesía a la izquierda y llego arriba, donde vuelvo a encontrar público que anima. El ambiente de esta carrera me está encantando. El paisaje que se abre al otro lado es muy chulo, con un largo valle por el que tenemos que bajar hasta Donnas, que empieza con unos prados y lagos de lo más bucólicos. Hace rato que vengo guardando fuerzas y mentalizándome para hacer todo este tramo corriéndolo entero, o caminando lo menos posible, porque si no puedo perder mucho tiempo y hacerse interminable. La bajada empieza a la derecha en dirección  a un primer refugio, el de Miserin, que se encuentra junto a una curiosa iglesia. Aquí no hay avituallamiento así que sigo rodando por una pista cómoda hasta el Refugio de Dondena (km123, 2151m). Más pastelitos de mermelada, que ya empiezan a cansar un poco, un vaso de Coca Cola y decido probar el Enervit que dan como bebida energética. Me sorprende positivamente y lo adopto para el resto de la carrera. Poco antes de salir llega Joviça el serbio, que se alimenta a base de uvas y Coca Cola porque dice que ha vomitado varias veces.


Sigo bajando, próximo objetivo Chardonney. Pistas y senderos sin demasiada historia, un tramo que no conozco así que intento ir avanzando sin pensar y el tiempo se me pasa más o menos rápido hasta Chardonney (km129, 1450m, 27h02'). Entro en la carpa del avituallamiento y me encuentro tres o cuatro corredores que descansan. Creo que iba el 20, con esto me pongo el 17… pues mira qué bien.

En cada avituallamiento hay un cartelito que te pone las características del siguiente tramo. El que toca ahora son 9kms y pico con sólo 20 metros positivos, así que perfecto, más terreno favorable. Esos 20 metros ya los hago en un primer repecho por carretera así que me espero que lo demás sea bajada… Y un huevo. La ruta se mete por un senderillo que baja, sube, va a izquierda, a derecha y empieza a dar más vueltas que un manco en una piragua. Cruza por mi cabeza la duda de si realmente todo el mundo da todas estas vueltas, porque lo que es controles, no hay ninguno. Que conste que bonito lo era, eh! Mejor que ponerse a bajar kilómetros y kilómetros por una pista o carretera, pero cuando llevas más de 100kms en las piernas todas estas subidas inesperadas son las que duelen y las que minan la moral. Con estos dilemas llego al avituallamiento de Pontbosset (km139, 790m).

Marcan una subida de 250 metros para el próximo tramo, antes de llegar a Donnas, pero esta es de verdad. Ya te digo… Una cuesta de narices, que lleva a ninguna parte, pero que jode que no veas. Además son como las 3 de la tarde y hemos bajado hasta 500 o 600 metros, así que el calor aprieta. Pasada la subida llego a una pista que baja hasta un pueblo en el fondo del valle. Debe ser Donnas. Le pregunto a un tío que está sentado junto al camino y me dice que “Cinque kilometri”… “Comorrr?”. Pues sí, sí, esto resulta ser Bard, lo atraviesas y subes una cuesta junto a un castillo, y bajas al otro lado, y más calles y llegas a Donnas, y para más inri el avituallamiento está en la otra punta del pueblo. Finalmente aparece (km148, 330m; 29h55').

El panorama en esta base ya es más calmado que en las anteriores. El demacre se ha instaurado más en las almas y las piernas de la gente. Está Salva Calvo, que se ha retirado, y Pablo Criado, en modo similar. Bastante gente reponiendo fuerzas, alguien durmiendo arriba. Yo ahora resulta que estoy animado, así que cojo la bolsa, la dejo en una mesa y me voy a pedir un plato de macarrones. Mientras me lo como llega Joviça con su racimo de uvas. Charlamos un ratillo y al final decido hacer una siestecilla para ver si así puedo estirar el siguiente tramo hasta Niel, antes de hacer una parada más seria. Subo y me pongo el despertador en 15 minutos pero hace un calor que te mueres, así que al poco me agobio, me levanto y me voy. Salgo un poco por delante del italiano de Tecnica, que hace un rato que no os hablaba de él. Posición, la verdad es que no lo sé, pero imagino que alguna habré ganado con el panorama que había por aquí.

Donnas – Gressoney:
Para empezar, un repecho por una carreterilla, que no está mal para soltar las piernas (andando, ahora ya en las cuestas lo de correr ni me lo planteo). Sigue una bajada a Pont Sant Martin y un bonito callejeo por el pueblo hasta subir al castillo. De ahí sigo subiendo por un camino escalonado que se mete entre campos de viñas con ubicaciones surrealistas en una pendiente brutal. Contaba con este repecho, de unos 150 a 200 metros de desnivel, pero cuando llevo media hora subiendo me empiezo a mosquear. En principio de Donnas al avituallamiento de Perloz había 5 kilómetros pero ya llevo bastante más y el camino no deja de subir hasta el infinito. Finalmente llego al final de la subida, pero un poco mosqueado. En la bajada me alcanza el chico de Tecnica y al poco nos encontramos a dos amigos suyos que animan a grito pelado. Muy simpáticos y a mi también me trataron muy bien. Llegamos al avituallamiento (km153) e intercambiamos algunas palabras, entre italiano y español, pero con comunicación un poco precaria.


Salimos en descenso, el italiano con su amigo el tiffosi, y yo un poco más atrás, todavía algo desganado y sin ganas de seguir a nadie. Al llegar al fondo del valle se me pasa un poco el enfado y decido apretar un poquillo y alcanzar al italiano. Así socializamos un poco y la subida se hace un poco más amena. Se trata de Gianluca, de Imola y es su segundo intento en el Tor después de un abandono en 2012, en Gressoney. Un tío simpático y está bien tener un poco de conversación. Aun así noto que va un puntito más fuerte que yo, sobre todo cuando no hay mucha pendiente. Cuidado que queda mucho y no conviene cebarse. Me propone de hacer juntos el tramo de noche hasta Niel, que es bastante técnico. Le digo que ya veremos, que lo intento pero que me da la impresión de que va más fuerte que yo. Mejor o peor, al final alcanzamos el avituallamiento de Sassa (km161, 1305m; 33h51'), a media subida del refugio de Coda (no lo había dicho pero después del punto bajo de Donnas, estamos recuperando altura hasta el refugio de Coda, a 2200m, 500 metros del repecho cabrón de antes, 200 de bajada y 1600 de la subida definitiva).

Aquí nos encontramos a Armando, que ya no me acuerdo ni dónde lo habíamos dejado la última vez y a Denise Zimmermann, a quien no tenía controlada y que resulta que le acaba de morder un perro. Joder, qué mala pata! Pregunto a los del avituallamiento cómo va la cosa por delante y me sorprenden con que Óscar Pérez se ha retirado. “Algun espagnolo devanti?” “Non!” “Non va bene l’Espagna si io sono il primo!” (de hecho no era cierto porque iba Egoitz Aragón tres o cuatro sitios por delante).

Y sale Denise, sale Armando que creo que estuvo durmiendo un rato ahí y salimos un poco más tarde Gianluca y yo, pero nos acabamos juntando un poco antes de llegar a un colladito desde el que se ve ya el Refugio de Coda. El siguiente trozo es llano y comentamos el notición que ha corrido como la pólvora. Han descalificado a Francesca Canepa por saltarse un control. El año pasado hizo un parcial de 36kms 1h15’ más rápido que Iker Karrera y se la acusó de haber pillado un coche, o hecho algún tipo de trampas, así que los rumores este año se han vuelto a disparar. Armando ha salido de Sassa con un acompañante de su equipo que dice que la han visto en un coche (al final esto resulta ser mentira, nadie la vio en coche, pero dejemos las polémicas en todo caso para otro post). Con el marujeo nos vamos entreteniendo hasta que llegamos al repecho final que nos obliga a cerrar el pico. De repente me noto cansado. Mi intención era llegar hasta Niel y pasar ya el tramo técnico, pero noto que mi ritmo ha bajado y que no seré capaz de seguir a Gianluca. Me viene a la cabeza las carreras de Fórmula 1, en las que has de entrar a cambiar neumáticos en cuanto empiezan a estar desgastados, porque si no empiezas a perder segundos por vuelta. Llego al refugio el 14º, pero la decisión está tomada. Me tomo un caldo con pasta, algo de fruta y me meto en las habitaciones después de pedir que me despierten en dos horas. Esta vez el minisueño es más plácido, aunque inevitablemente corto.

Cuando salgo del refugio hay niebla y hace frío, lo cual no invita mucho al paseo nocturno, pero bueno, tampoco hay que pensárselo demasiado. En la primera bajada veo que el descanso me ha puesto un poco las pilas y bajo con relativa agilidad. Después de un tramo técnico llego a una casa donde a pesar de ser medianoche hay montado un avituallamiento improvisado. Me encuentro a Joviça en una silla con una manta y su racimo de uvas en la mano. Yo opto por un pastel de frutas que tiene una pinta increíble y no me equivoco. Me zampo tres trozos y no me llevo otros tres en el bolsillo por deferencia hacia los que vienen detrás. Salimos juntos por un trozo de pista y volvemos a comentar la jugada. Está muy decepcionado con la historia de Canepa, cualquiera que sea la versión que le ha llegado a él. Antes de llegar a Lago Vargno hay un pequeño repecho en el que me despego un poco. Bajadita, cruce de la presa y pequeña subida para llegar al avituallamiento (km171). Me encuentro a Denise con un plato de macarrones que tienen buena pinta y me pido otro. Excelentes, los mejores de toda la carrera y juro que probé unos cuantos. El sueño me ha devuelto el positivismo y me encuentro de buen humor. Bromeamos con Denise y la gente del avituallamiento. Ella sale un poco antes pero con el bocado del perro va bastante limitada y la cojo enseguida. Me dice que tire, que no me preocupe, que irá poco a poco. A todo esto se han ido formando tormentas alrededor y se ven rayos por todos lados. Nos hemos salvado durante un rato pero finalmente las gotas llegan y toca parar a ponerse el impermeable y los cubrepantalones. No es una gran lluvia, pero deja el terreno bien mojado y no me gusta nada para el trozo que viene a partir de ahora. La ruta alterna pistas y senderos hasta el último repecho que lleva al Col de Marmontana (km 176, 2350m). Como me temía, el terreno del otro lado está bien mojadito, lo cual para alguien que no es un artista de las bajadas como yo, es más bien una putada. Aun así me acerco a un par de frontales que avanzan delante de mí. Bueno avanzan pero poco a poco. Se trata de Emmanuela, la italiana de hace un rato y su acompañante correspondiente (me empiezo a dar cuenta de que casi todos los italianos llevan su acompañante de turno por la noche, esto parece como en las fiestas americanas…). La chica va muy insegura y me dejan pasar. Llego a un pequeño avituallamiento, donde vuelvo a los pasteles de mermelada clásicos (peores que el de hace un rato pero qué se le va a hacer) y sigo adelante. Tengo que seguir concentrado porque este es el típico tramo en el que no te das cuenta pero pasa el tiempo y no avanzas. Tras otra bajadita técnica con rocas mojadas emprendo la subida al collado de Crena du Ley. Son 300 metros de desnivel, pero subes un par de trozos de bloques que son muy incómodos. Además en la noche las distancias engañan y a pesar de haberlo hecho hace unos días tengo la sensación de que es más largo que la otra vez. Impresiones aparte, llego finalmente al tajo característico que forma esta brecha y sin perder tiempo me lanzo por la canaleta del otro lado, donde la tónica es la misma: terreno mojado y descenso más bien torpe. Las banderolas van girando a la izquierda y por terreno de sube y baja me dejan en el pequeño avituallamiento del Col della Vecchia (km181, 2184m) (la foto evidentemente es hace tres semanas, cuando pasé por ahí de día)

Mientras como algo pregunto la posición y me dicen que el 12º. Fantástico, tengo que intentar estabilizarme en esta posición y si conservo más o menos bien la dinámica física y mental, en la última parte de la carrera siempre hay explosiones en la parte delantera que me deberían dejar en un magnífico para mí top 10. Qué fácil es hacer planes así, eh? Volviendo a la Tierra, subo un corto repecho y empiezo la bajada definitiva hasta Niel. Me parece el peor trozo. Roca mojada que te dice a gritos “Písame y verás que divertido”. Bajo torpe y tensionado y eso me desgasta mentalmente. Las Cascadia realmente no ayudan en este elemento. Ya hacia el final y después de numerosos amagos, acabo en el suelo. Justo en ese momento llega un frontal por detrás como un ciclón. Es nuestro amigo el Austero, que debe haberse quedado a dormir más rato que yo en Coda (porque cuando he llegado estaba durmiendo allí ya). Me ayuda a levantarme, me anima y sigue adelante con una habilidad envidiable y ahora con un palo, que debe haber cogido de la bolsa en la base de vida. Llego a Niel (km186, 1571m; 44h05'), donde están el Austero (venga llamémosle Enrico, que se ha portado bien conmigo) y Armando, con quien tengo la sensación de encontrarme todo el rato. Enrico se las pira pronto y Armando poco después. También está Magali, que me ayuda a reponer las botellas, aunque me parece que a estas horas tiene menos energía que yo. Con el ayudante de Armando comentamos el caso Canepa y dice que hay fotos de Canepa en un coche en marcha y que ya están en Facebook y en la Gazzetta dello Sport. Falso, una bola de nieve como el vídeo del perro Ricky y la mermelada. Me pido otro plato de pasta con tomate, que eso es lo que da energías y me voy a por la próxima subida, de 800 metros hasta el Col de Lasoney.

Las primeras luces del día devuelven algo de vitalidad y te quitan un poco el sueño. O eso intento decirme mientras cojo el ritmo de subida. Ahora ya se trata de pillar ritmos estables sin el más mínimo alarde, no mirar demasiado hacia arriba y dejar que pase el tiempo esperando que con él vayan superándose metros de desnivel. No conozco esta subida, así que se me hace algo más larga al no tener referencias. Tampoco tengo a nadie ni delante ni detrás, estabilizado ahora en 13ª posición. Finalmente llego al collado (km190, 2300m), donde hay un tipo haciendo fotos con un pepino de cámara, entiendo que para la organización. Al otro lado me encuentro unos prados herbosos preciosos y solitarios a esta hora de la mañana. Me falla la fuerza mental para ponerme a correr, aunque el terreno sea favorable y me conformo con caminar a buen ritmo. La pendiente se incrementa y sin mayores historias llego al avituallamiento de Loo (km193, 1600m). Aquí vuelve a haber una tarta de frutas la mar de rica, que aprovecho para variar un poco el menú de pasteles de mermelada, galletas y embutido. Tampoco tiene mayor historia el trozo siguiente, que sigue bajando por el valle hasta el valle principal de Gressoney. Noto que tiendo hacia un estado en el que cada vez es más fácil sentir hambre, cada vez pasa menos tiempo entre que como en el avituallamiento y que vuelvo a sentir ese agujero en el estómago. Agradezco la llegada a la base de vida de Gressoney (km200, 1360m; 47h32'). Me encuentro a Sergio, que me saluda con entusiasmo y me echa unas cuantas fotos que acaban en twitter y Facebook. Entre él y un colega italiano comentan las diferencias entre hacer el Tor con y sin asistencia, mientras yo me como el plato de macarrones de turno y asiento resignado. Efectivamente me estoy dando cuenta de la desigualdad de condiciones que permite el reglamento, pero en fin, tampoco es momento de compadecerse ni darle más vueltas. A echarle cabeza, huevos y piernas y pa’lante…

(aquí os dejo algunas fotos más que me hizo Mayayo, de carrerasdemontana.com, en Gressoney, por el formato no me deja engancharlas al post así que os dejo los enlaces)

Gressoney – Valtournenche:
Y salgo carretera arriba, siguiendo las banderitas y las flechas pintadas en el suelo, que te llevan dando pequeños rodeos a izquierda y derecha hasta un desvío en el que empieza la subida al Col Pinter. Tocan 1350 metros de subida, venga que no ha sido nada. Para animarme me digo que ya he pasado el km200 y que la distancia que me queda la he hecho varias veces anteriormente (el que no se consuela es porque no quiere). Cojo un ritmo de crucero normalito y voy pasando prados y bonitas casas de montaña. En una de esas (Refugio Alpenzu, km207, 1788m) me encuentro un avituallamiento que ni esperaba. Me comería otro plato de macarrones, pero no tienen, así que me resigno con los ya aborrecidos pastelitos de mermelada. Me está surgiendo un nuevo problema y es que me empieza a doler la lengua horrores. Comer embutido o cualquier cosa salada se ha convertido en un suplicio. El estómago está en plena forma, pero el paso de la comida por la boca es un via crucis.

Tras el pequeño tentenpie sigo para arriba, mirando cada vez con más preocupación las nubes y tormentas que se forman alrededor. Finalmente empieza la fiesta. Como no hace frío intento aguantar un poco a ver si son cuatro gotas y no saco el impermeable… Error, la cosa va en aumento y cuando me pongo el impermeable ya estoy mojado así que el impermeable ya me lo podría haber metido por un sitio porque no sirve de nada… Muy bien, campeón. La lluvia y el hecho de no conocer esta subida me bajan un poco la moral. No alcanzo a ver el collado donde tengo que llegar o en todo caso lo que veo al fondo me parece muy alto, no puede ser que todavía tenga que subir todo esto… Los mensajes de ánimo recibidos antes de la carrera vienen a rescatarme en estos momentos bajos…

“ets un home fort i tenaç”

… Venga, va, ritmillo, sin pensar y para arriba. Mente en blanco, palos y respiración. Finalmente el panorama se abre y veo una vaguada que acaba en una canaleta y el ansiado collado. Muy lejos para mi gusto pero al menos es eso. La lluvia sigue dale que te pego. No es torrencial, pero si molesta y es suficiente para dejar todo el terreno empapado.

Por fin llego al Col Pinter (km 211, 2770m) y no me paro ni un momento porque con la humedad que llevo encima me puede coger un pasmo. Por suerte el frío no es exagerado, pero aun así, 2700m son 2700m. El primer tramo de bajada no es demasiado empinado, por unas tarterillas fáciles y algún tramo de prado, pero después la cosa se empina y toca bajar por varios tramos, alguno incluso con cuerda de ayuda, donde la roca está muy poco apetecible. Mis Cascadia se encuentran claramente fuera de su elemento, más aún cuando el que las calza lleva más de 200km en las piernas. No llego a caer al suelo pero hago varias piruetas de esas que te dejan tensionado y que te hacen bajar el ritmo. Intento concentrarme y no rallarme…

“gaudeix del dia a dia, perque avui hi som i demà no…”

Es verdad, llueve pero las nubes le dan un toque especial a la montaña. Sigue avanzando, la cuestión es pasar los kilómetros.

La lluvia para y se observan claros al fondo del valle así que abro el impermeable para ver si se me seca la camiseta. La situación ha mejorado bastante cuando llego al Refugio Crest (km216, 1958m; 52h14'). En este avituallamiento tienen jamón dulce. Mira qué bien, algo diferente y además algo más amable para mi maltrecha lengua. Ha salido el sol y con el renace un momentáneo optimismo. Este tramo hasta Saint Jaques me da bastante miedo porque no lo conozco y sobre el plano parece uno de esos flanqueos que en el perfil son planos pero en la realidad ni de coña. No me equivocaba. Después de un primer trozo más o menos fácil las banderolas me llevan por unas pistas de esquí en las que me pregunto dónde coño estoy subiendo y para qué, si el pueblo al que voy está allí abajo a la izquierda. Este es el tramo polémico del año pasado, así que no puedo evitar preguntarme también, si todo el mundo hace el primo subiendo por esta pista de esquí… en fin Serafín, tu sigue las banderas y allá cada cual. Finalmente la subida se acaba y vuelvo a bajar, ahora parece que en la buena dirección. Al paso por una casa pregunto “Saint Jacques?”… “10 minuti!”. Bueno bien, sigo bajando, deben ser esas casas que se intuyen ahí cerca. Más tarde me encuentro a otro grupo y repito la pregunta… “250 metri de desnivello”. Como?? Pero si hace 10 minutos me han dicho que 10 minutos!! Me dan ganas de subir a la casa y decirle a la señora que a ver si baja en 10 minutos, y que si no la empujo rodando a ver si así sí… Nunca le digáis a nadie que le falta menos de lo que le falta para animarlo porque es todo lo contrario. Es el principio del fin. Me coge algo de cabreo, no puedo evitarlo. Encima el terreno está mojado y voy torpe. ¿Me puedo quejar más? Pues llevo el pie izquierdo que desde Donnas empezaba a dar unas señales un poco negativas, y que en esta bajada parece haberse puesto como hinchado y me empieza a doler seriamente el empeine. En medio de esta dinámica negativa miro lo que queda de carrera y me planteo la táctica. Mi idea era hacer un descanso serio (2 horas de sueño) hacia el refugio de Cuney (km256) con la esperanza de que eso sea suficiente, quizá añadiéndole alguna otra pequeña siesta más adelante. Siento que para llegar a Cuney necesito hacer una de esas siestas ahora, así que decido parar 20 minutos en Saint Jacques. En medio del debate interior llego al avituallamiento (km222, 1700m; 53h41') y le pido al chico que me despierte en 20 minutos (después de comerme el pastelito de mermelada de rigor).

Es sólo un pequeño break, donde tienes un momento de descanso mental, que te sirve para tener ganas de salir del refugio y la verdad que poco cosa más. Mientras me pongo las zapatillas me doy cuenta de que ha llegado un japonés, aquel que en el km25 parecía estar listo de papeles. Pues míralo, y ahora si eso lo sigues. Salgo del avituallamiento un poco detrás suyo y lo sigo, pero básicamente con la mirada. No subo mal dentro de lo que cabe, porque la pendiente no es muy fuerte, pero la distancia entre los dos se va ampliando. Llego al refugio de Grand Tournalin (km227, 2535m) y el tío parece haberse esfumado. No le veo en lo que queda de subida hasta el collado. ¿Se habrá parado a dormir? Qué va, lo que pasa es que ha pasado de largo del avituallamiento y está ya en Cuenca. Pues nada, yo paro que ya he entrado en una dinámica en la que tengo hambre todo el tiempo.

El último tramo de subida es un flanqueo bordeando el valle y un pequeño repecho final algo más duro. Llego a lo alto del Col di Nana (km229, 2770m). Por aquí también ha llovido de lo lindo y las nubes que todavía quedan le dan al ambiente un toque bucólico. De todas formas a mí me toca bajar por este terreno resbaladizo y ya os he dicho que las bajadas con lluvia no son mi pasión. Antes de la bajada definitiva a Valtournenche queda un repecho para cruzar el Col des Fontaines. Casi que es un alivio ante el terreno embarrado y mi pie izquierdo que en la bajada me duele cada vez más.

Pero finalmente llega esa bajada definitiva de unos 1300 metros hasta la próxima base de vida (ya la quinta) y mi situación va de mal en peor. Bajo lento y eso me desespera, bajo torpe y eso me desespera más, me duele el pie y eso me da miedo… Hace un rato había previsto llegar a Valtournenche a las 7 de la tarde y ahora veo que va a ser una hora más tarde. El sendero es el típico ancho lleno de rocas y raíces mojadas, donde mis zapatillas, con poco taco y llenas de barro, tienen cero agarre. El fondo del valle no parece llegar nunca. El pie me preocupa cada vez más, quedan muchas bajadas todavía y el dolor va francamente en aumento. Y estoy cansado, para qué os voy a mentir. Dinámica muy negativa y probablemente el momento más crítico de la carrera. Así llego por fin, después de una eternidad, al pueblo de Valtournenche. A la entrada del mismo de repente oigo una voz que grita mi nombre…  “Albert!!”… es Marilisa, una compañera del trabajo que es de Aosta y que la semana pasada montó la excursión al Gran Paradiso. “Vas super bien!!” dice con su sonrisa habitual. Super bien jodido… Mi cara es un auténtico poema. “No, no voy nada bien. Me duele mucho el pie. Voy a parar aquí un rato y a ver”. He decidido parar aquí a ver el fisio si puede hacer algo, comer y a ver qué tal…

Llego a la base de vida de Valtournenche (km236, 1526m; 57h58'). La hermana de Marilisa me hace una foto en la que debo salir con una cara bastante desagradable. Me quito las zapatillas. Es un alivio pero el pie está realmente hinchado, el empeine me duele al tocarlo y no puedo mover los dedos. Bueno, vamos a olvidarnos momentáneamente de la carrera y ver si se puede resolver la situación. Pido un plato de macarrones y mis tres inesperadas asistentes me ayudan con la bolsa del material y buscando al fisio. Realmente su ayuda aquí fue fundamental para poder seguir adelante con la carrera. Me como el plato de macarrones de turno mientras veo cómo el japonés monta un estalaje con toda su ropa desperdigada en la mesa de al lado. Una vez he acabado de comer vamos a ver al médico que me mira el pie y da su aprobación para que la fisioterapeuta me haga un poco de masaje. Al ir para allá descalzo no puedo prácticamente ni caminar y bajar las escaleras es harto complicado. Realmente no veo cómo voy a poder seguir con esto. Me hace el masaje y me ata una bolsa de hielo al pie. Decido cambiar de planes y dormir dos horas aquí, dado que estoy metido en todo este lío. Me voy a la cama con la bolsa de hielo atada al pie y le pido a Marilisa que me despierten dentro de dos horas. Dos horas… qué placer… y qué cortas!

Marilisa viene a despertarme y me levanto. Todavía me noto el pie, pero al menos no está peor. Voy a cambiar de zapatillas, a las Scott Kinabalu, que están medio rotas por el lateral y por tanto tienen algo más de holgura. Como algo más y me calzo. Primera sensación positiva, parece que puedo caminar razonablemente. Las molestias existen, pero se enmarcan en el cúmulo de molestias (lengua que pica, garganta que duele, plantas de los pies totalmente arrugadas, ampolla en el matatarso derecho, gemelo derecho bastante cargado) que son lógicas de estas alturas de carrera. Son las 11 y pico de la noche, he estado más de 3h y media aquí, pero al menos salgo con la sensación de que puedo intentar acabar la carrera, y eso es mucho teniendo en cuenta mi estado de hace un rato. Saco el MP3 y me lanzo a por la noche, después de darles las gracias a mis tres supporters por la inestimable ayuda que me han prestado).



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