Google+ Badge

viernes, 14 de abril de 2017

Rogaine Collserola 2017

Y con la carrerilla, marchando una nueva entrega con una de orientación. El recordatorio de rigor, ya sabéis, un rogaine, un cierto tiempo (6 horas en este caso) para hacer el máximo número de puntos de entre las balizas que salen en el mapa. Cada baliza vale tantos puntos como indica su primera cifra (la 38, 3 puntos; la 82, 8 puntos). Estrategia, orientación y correr.

En esta ocasión el Rogaine de Collserola, prueba de 6h organizada por La Nova Fita y que discurrió por la zona norte del Parque Natural de Collserola, en los alrededores de Barcelona. La cita fue el sábado a las 10 de la mañana en El Papiol y Aurelio fue mi compañero de batalla esta vez. Collserola se caracteriza por un terreno de vegetación espesa y una extensa red de caminos y pistas. El relieve es bastante accidentado, sin largas subidas pero sin tampoco terreno llano. Eso hace que la estrategia se base bastante en unir balizas intentando aprovechar posibles senderos a nivel y minimizando los rumbos campo a través. Se prevé un rogaine bastante físico, de muchos kilómetros y mucho correr. Como de costumbre, 20 minutos antes de la salida llega el momento de abrir los mapas y trazar el plan:
Como era de prever, en la salida (que coincide con la meta) nos encontramos en el extremo oeste (y un poco norte) del mapa. En los alrededores hay mucha densidad de balizas, aunque de pocos puntos. Está bien porque eso nos puede permitir adaptar la estrategia hacia el final, según el tiempo disponible. El dilema principal es si recorrer el mapa en sentido horario o antihorario. En el extremo noroeste hay una línea muy clara con cuatro balizas (36-45-73-31) que nos pueden permitir una conexión rápida y productiva. En cambio hacia el sur están más "desordenadas". Siempre va bien empezar con un buen ritmo de balizas así que vamos a empezar hacia el norte. Saldremos por un pequeño bucle (55-42-32), de ahí conectamos con la línea 36-45-73-31, empezamos con los desniveles hacia 92 y 61, zona alta hacia 48-46-53, bajada al extremo noreste donde hay bastantes puntos (84-52-81) y de ahí ir subiendo y bajando hacia el sur: 62-44-91-35. Aquí la duda es si pasar por el punto de agua. Es prácticamente el único fuera de las zonas urbanas. Veremos cómo llegamos a ese punto y decidimos. Si no fuese necesario de la 35 iríamos a 75-74-56-58-83-64 y aprovechando de la mejor manera posible el desnivel, 77-57-65-93-47. En esta zona hay varias propiedades privadas (zonas de color verde en el mapa) que complican bastante la conexión de los controles. Optamos finalmente por 38, ida y vuelta desde el este a la 76 y de aquí a 33-72-67-66, la 71 y 51 que quedan un poco colgadas, y 82-43 y la zona final (37-63-41-34). Evidentemente este es el plan optimista. El mapa es 1:20000 (1cm = 200m) así que las distancias son grandes y se avanza lento en el mapa. Veremos qué tal pintan las cosas una vez en carrera.
A las 10 salimos por unas calles en fuerte pendiente que nos dan un primer calentón. Unos senderillos en las afueras nos llevan a una vaguada donde está la 55, pero las prisas iniciales nos llevan a un primer despiste, ya que el control está en un rinconcillo ligeramente al oeste. Con más calma fichamos 42 y 32, pero el camino a la 36 vuelve a ser un poco confuso a través de unos campos con alguna valla imprevista. Aún así las balizas están próximas y la línea 36-45-73-31 cae con facilidad. Los 9 puntos de la 92 están algo más escondidos pero no nos hacen perder más de un minuto y acabamos de subir para tirarnos al otro lado y con un pequeño campo a través fichamos la 61 cuando se cumple la primera hora de carrera. Ya llevamos 9 balizas, así que llevamos un muy buen ritmo. Si seguimos así igual nos da tiempo de cumplir con todo el recorrido previsto. Siempre a base de senderos, pistas y calles cumplimos con la 48, 46, 53 y las tres del noreste, 84-52-81. Las fuerzas responden y podemos correr toda la subida y la bajada a la 62. La 44 y la 91 plantean dilemas de elección de itinerario. Para la primera optamos por un rodeo por el sur, mientras que la segunda la atacamos bajando desde un camino que rodea por el este. Acabamos de subir hasta la 35, y dado que vamos bien de agua, decidimos seguir hacia la 75 (con una llamada de la naturaleza que nos hace perder algo de tiempo por el camino). Aurelio propone un campo a través hacia la 74 que nos sale muy bien, mientras que la 56 la hacemos a través de un laberinto de caminos. Las siguientes balizas plantean menos problemas (83-64-77) mientras que la 57 es algo más confusa pero Aurelio la resuelve muy bien siguiendo una loma. Sin problemas caen la 65 y la 93 y camino de la 47 tomamos un pequeño atajo a traves de un precario puente y un pequeño campo.
En este punto toca hacer un planteamiento. Llevamos casi cuatro horas y media y todavía nos quedan muchas balizas. No va a dar tiempo de hacer todo. Decidimos descartar de momento las dos balizas de 3 puntos, 38 y 33, y vamos hacia la 76 pasando por un punto de agua que nos sienta la mar de bien. La travesía hacia la 72 se hace bastante larga, con lo que va tomando forma un segundo descarte, el de las balizas 71 y 51. Vamos a asegurar el resto de los controles: 67-66-82-43. Los vamos fichando sin problemas y llegamos a la 54 a falta de media hora. Nos quedan cuatro balizas pero están bastante juntas. La 37 está en un árbol caído y la encontramos bien. En cambio en la 63 perdemos un par de minutos porque nos pasamos la entrada del camino correcto. Quedan menos de 20 minutos, tenemos que asegurar. Llegamos a zona urbana, cosa que facilita las cosas. La 41 está en un pequeño agujero bajo unas casas. Nos metemos ya en las calles del Papiol y mirando todos los detalles del mapa llegamos a la 34, en una plazoleta, justo cuando se pone a llover con fuerza. Los últimos cinco minutos hacia la meta nos remojamos de lo lindo, y llegamos al control de meta a las 5h55, con 5 minutos de margen.


Al final fueron 48,6km y 2200m de desnivel positivo. Los 228 puntos nos permitireron conseguir la victoria de la prueba. Creo que fue uno de los mejores rogaines que he corrido. Buena estrategia, bien físicamente y muy pocos errores de orientación o elección de itinerario. A lo sumo sin esos poquillos fallos quizá nos hubiese dado tiempo de hacer 38-76-32 en lugar de hacer 76-72 después de hacer la 47, pero bueno...
Lo mejor del día es que las fuerzas y las antiguas lesiones han respondido para los dos. Era una prueba de fuego para ver si nos animábamos a tirar adelante con la primera gran cita del año y la respuesta ha sido positiva. Así que en tres semanas (ahora ya sólo una) nos vamos al Campeonato de Europa de Rogaine, en San Gimigniano, en la Toscana italiana. Ahí serán 24 horas, otras variables, otros equipos... y por nuestra parte la misma ilusión o más.

Besos y abrazos

P.D: rincón del freak:
Material empleado:
- Zapatillas, las Cascadia de Brooks (11)
- Mochila: la Ultimate de 11 litros, ya condenada a los rogaines y llena de agujeros de tanta zarza
- Agua: dos bidones de 0.6. Justillo, si no hubiese estado nublado creo que hubiese llegado al agua en la reserva, o bien hubiéramos tenido que alterar la estrategia
- Comida: tres clásicos brioches con queso y mermelada y unas barritas de la marca Trek que vende un argentino en un colmado debajo de mi casa y que están sorprendentemente buenas, sobre todo las de chocolate

Distancia recorrida: 48.6km. Bastante, de hecho es el segundo rogaine con más distancia recorrida de los que he hecho, después de uno que hice con Jaume en Capellades (49.5km en 5h45). En esta ocasión hicimos creo que más desnivel que en Capellades, unos 2250m de desnivel positivo, y teniendo en cuenta que también hubo algo de campo a través, la verdad es que unos buenos números. Parece que la máquina se va engrasando

domingo, 26 de marzo de 2017

Trail Nogueruelas 2017

Venga que no hay que dejar que se enfríe esto…
Después de la primera toma de contacto con la competición con el Rogaine de hace dos semanas, este sábado tocaba estrenarse con las carreras de montaña propiamente dichas. La carrera en cuestión, el Trail Nogueruelas. Imagino que nadie sabrá dónde narices está Nogueruelas (a no ser que alguno de los más fieles y sacrificados lectores se acuerden de la crónica del año pasado…). Pues resulta ser un pueblecito de la provincia de Teruel (existe), situado más bien hacia la provincia de Castellón. Sierra de Gudar, Javalambre… quizá os suene… En fín, donde Cristo perdió el gorro. Resulta ser también el pueblo de mis abuelos paternos, y cuando el año pasado vi que se hacía una carrera aquí, me pareció una buena ocasión para conocerlo, ya que nunca había venido.
Mi participación del año pasado acabó con sabor agridulce. Dulce porque la zona y el recorrido me gustaron mucho. Agrio porque en un cruce por el que pasábamos dos veces tuvimos una confusión con unos voluntarios, que se pensaron que éramos de los últimos y que era la primera vez que pasábamos por allí, así que nos enviaron por el camino que ya habíamos recorrido. Los tres primeros acabamos en un avituallamiento por el que ya habíamos pasado y como estaban retirando ya el marcaje acabamos por bajar en coche, fuera de carrera. Por ese motivo la organización me invitó (imagino que a los otros dos también) a participar este año, y como tenía ganas de quitarme la espinilla, aquí me presenté, aprovechando para hacer un fin de semana familiar con mis padres.
 
 
La carrera en cuestión tiene dos versiones, una de 29km con 1650mD+ y otra de 70km con 3700mD+, a las que este año se añadía una más corta, de 13km. Como el año pasado, opto por la distancia de 29km, que me viene mejor a estas alturas de temporada. La salida, desde la plaza del pueblo, se hace a las 9 de la mañana conjuntamente con la distancia de 13km, lo cual garantiza algo de confusión al inicio de la carrera. El fin de semana ha traído frío y nieve, y ayer viniendo con el coche se veían todos los montes con una capa de blanco, ya veremos de qué espesor. Como el mundo es un pañuelo, en el cajón de salida me encuentro con Adrià, un chico con quien coincidí en la residencia de estudiantes de Barcelona, hace ya unos años, prefiero no pararme a contar cuántos…
Como me esperaba, la salida es a degüello. No conozco a la gente, pero veo a un chico de verde, Barry, que conocí el año pasado y a uno de amarillo que tiene “cara de bueno”, que hacen seguro la de 29km. Los ubico delante de mí mientras salimos del pueblo hacia la primera cuesta. Hay otros 8-10 corredores que espero que hagan la corta. En la primera subida paso a alguno que se da cuenta de que ha salido muy rápido, pero enseguida me estabilizo porque tampoco es que yo vaya con una gran alegría. Aparece a mi lado Adrià y me pasa. Intento poner un puntito más para seguirle y lo consigo durante algunos tramos en que los de más adelante bloquean el paso, pero enseguida salimos a lo alto de una loma, el terreno se abre, llanea y el ritmo sube. Sube más para los demás que para mí. Ya me pasó el año pasado en este mismo punto. Las piernas me pesan, voy alto de pulsaciones y también de respiración. Había un grupo de 4 o 5 más adelante, que ni los veo y los 4 o 5 con los que iba yo se me van escapando. Me pilla algún otro por detrás, pero aprieto para quedarme delante a la entrada de un sendero que desciende y así poder bajar más tranquilo. Veo que al menos bajando voy mejor que los recién llegados. Algo es algo, pero llega otro repecho duro pero “de trotar” y me vuelven a coger. Adrià va a unos 100 metros con otro corredor de la de 13.
Paso un primer avituallamiento en el km5 y empieza otra bajada en la que vuelvo a abrir hueco con los que me acompañaban. No tengo piernas pero parece que por lo menos estoy ágil. El senderillo es entretenido pero traidor con muchas piedras que atentan directamente contra los tobillos. Nuevo repecho y fin de la fiesta. Un tramo empinado obliga a ponerse a caminar y al salir a la parte superior de la loma mi trote es de lo más cansino. Me he quedado solo. Miro la pista por la que voy y no hay pendiente, pero a mí me parece que tiene un 20%. En fin, intento pensar en que hace un mes hubiese firmado el poder correr aquí sin molestias en el gemelo, aunque fuese con la sensación de no avanzar ni para atrás. Adrià ha desaparecido de mi vista, y sólo veo a un corredor de verde fosforito que es de la de 13km. El recorrido adquiere una tendencia descendente y aprovecho para poner a la gravedad de mi parte, aunque corriendo con el estilo de un elefante. Habrá que tomárselo como un buen entreno, ir tirando al ritmo que se pueda y tener la esperanza de que en algún momento resurja de mis cenizas.
En un nuevo repecho hacia el km9 decido tomarme uno de los geles que llevo, a ver si me empuja algo. El recorrido de 13km se desvía a la derecha y yo me quedo definitivamente solo. Hay que decir que el senderillo es bonito y además tiene algún tobogancillo de bajada que me cae de lo más simpático. Recupero algo de dignidad en mi velocidad de crucero, las pulsaciones se ponen en un nivel más razonable y mi moral se recupera un poco. Llego a un repecho duro que conozco del año pasado y tengo la esperanza de poder ver a alguien delante… Nada. Vaya, pues sí que se me han ido… Me pongo manos en las rodillas y afronto la subida. Echo algún vistazo hacia detrás y tampoco veo a nadie. Tiene pinta que me espera una larga travesía en solitario. Acaba la subida y bajo al otro lado por terreno bastante incómodo y sin camino, cosa que obliga a estar súper concentrado con las marcas. Salgo a un camino que llanea a la izquierda y que me lleva al avituallamiento del km13. Un poco antes me encuentro a mi madre… “Han pasado cuatro”… Vaya, me lo temía, tenía la esperanza de ir cuarto pero alguno más se me tenía que haber colado al principio.

Así que el pódium tiene pinta de estar bien lejos, pero bueno, parece que he recuperado algo de alegría en mis piernas, así que a mantener un buen ritmo y disfrutar del recorrido intentando no perder el espíritu de competición. Otro tramo llano y bonito, con una capita de nieve sobre el sendero que serpentea entre los árboles, me lleva a los pies de la subida al Alto de la Nevera, punto más alto del recorrido. Otra vez manos a las rodillas, hasta arriba y a correr sobre la nieve en un tramo llano por lo alto del cerro. Paso junto a un avituallamiento justo cuando empieza una bajada por una vaguada de lo más entretenida. Sin objetivos a la vista pero estoy más inspirado que hace un rato y disfruto de la bajada. La mezcla de nieve y tierra permite bajar rápido, haciendo algún que otro equilibrio para esquivar troncos y ramas. Se acaba la bajada y el repecho siguiente me confirma que mis fuerzas han mejorado claramente. Ahí delante tengo un repecho por un cortafuegos. Levanto la vista con la esperanza de ver a alguien. Tengo que haberme acercado… Nada. Llego al pie de la subida y no veo a nadie, así que me siguen llevando mínimo 2 minutos de ventaja. Vuelvo a resignarme de que probablemente no tenga nada más que hacer en la carrera.
Pasa el kilómetro 20 y un par de sube y bajas, que me llevan a un descenso tras el cual quedará la última subida. Y de repente, hay alguien ahí delante. Hombre! Aún se va a poner esto interesante! Es Adrià. Si en el cortafuegos no le he visto eso es que ahora debo llevar más ritmo que él. Me pongo delante y cruzamos unos campos junto a una casa, en el fondo de un valle. Toca afrontar la última subida, vamos a ver cómo están las fuerzas. Esta última dificultad empieza con un tramo corrible de calentamiento, hasta llegar a una flecha que te pone de cara a la pendiente. Venga, manos a las rodillas. Veo que me separo y la cuarta plaza empieza a tomar forma. De todos los repechos es claramente el que estoy haciendo mejor. Me pongo la gorra para atrás para ampliar el campo de visión, no vayamos a perder las marcas. Y de repente veo algo más que marcas, un chubasquero verde… Premio! Eso me da alas. Es Barry, al que no veía desde el km2. Parece que ahora mismo estoy bastante más fino. “Joder, qué energías a estas alturas!”… “Si, parece que soy más bien diésel, venga ánimo!”… “El segundo lo llevas a 200 metros”, me responde. Vaya festival, salgo pitando para delante, crecidísimo y sintiéndome Superman. Me acerco a lo alto del repecho y me concentro porque este es el punto de la confusión del año pasado. Los voluntarios me indican a la derecha… “Para bajar al pueblo, eh?”… “Si, si, bajada ya!”… Perfecto. Salvo un repecho y oteo el horizonte con actitud de cazador. Dos chubasqueros azules, ahí está. El otro no será el primero, porque el primero debe ser el tipo aquel de amarillo. Me lanzo entusiasmado a por la bajada, tanto que pierdo un momento las marcas. A ver, concéntrate… A la derecha… Perfecto. Mierda, amagos de rampas… A ver, concéntrate otra vez, corre bien, no hagas gestos raros… Bien, las piernas se adaptan a la bajada… Estabilizado. Miro al frente y el segundo y su acompañante están subiendo un repecho. Caminan, perfecto. Llega mi turno y troto la cuesta prácticamente hasta arriba. Me lanzo al otro lado como un poseso, siguiendo las marcas que combinan tramos de sendero y pista. Me encuentro al chico que acompañaba a mi predecesor. “Vas fortísimo!”… No me has visto hace un rato… “Gracias! Esta aquí mismo el segundo, no?”… “Si, si, lo pillas!”…
Hay llego a un último avituallamiento, el tío está saliendo. Yo paso de largo sin ni pensármelo. Un tramo de pista llano, perfecto para consolidar la caza. Flanqueamos una vaguada y después viene una rampa de subida. Aquí te pillo… Veo que se gira buscando con la mirada detrás de mí… Perfecto, las fuerzas efectivamente van justillas, le basta con el tercer puesto, seamos amigos y firmemos la paz. Por si acaso, mantengo un buen ritmo mientras le adelanto. Levanto la mano a modo de saludo pero yo sólo tengo ojos para lo que viene delante. Estoy disfrutando como un enano mientras bajo a toda pastilla por senderos pedregosos y entretenidos. Echo algún vistazo atrás y veo que salvo accidente lo tengo hecho. El reloj me marca 27km y pico así que estoy a punto de entrar en el último kilómetro. Bien, ahí aparece el pueblo. Última bajada entre muros y campos, con un tropezón incluido que está a punto de llevarme al suelo. Consigo controlar la situación y decido bajar un puntillo, no vayamos a echarlo todo a perder ahora. Aparece un último repecho, que subo a un trote que me permite disfrutar del momento. Pensaba que íbamos a entrar por la parte baja del pueblo pero no, entramos por arriba. Le pregunto a un señor que hay por la calle. "Para abajo?”… “Si, si!”… “Y ya meta?”… “Si, si, ya estás!”… Qué bien! Bajo por la recta de meta muy contento, casi emocionado de haber podido correr esta carrera después de las semanas de dudas de estos meses atrás, y con la buena sensación de haber ido de menos a más. Qué alegría oír a Jaime, el speaker, gritando “En segunda posición, Albeeeeert Herreeeroooo!!!”, mientras cruzo la meta con el puño cerrado con una mezcla de rabia positiva, alegría y emoción.



Besos y abrazos


P.D: Balance de la carrera, bastante positivo. Sigo con la tónica del año pasado en que me cuesta entrar en las carreras, sobre todo cuando son cortas y rápidas, pero contento de poder ir de menos a más. Por quejarme de algo, los 13 minutos que me sacó el primero, por mucho que no fuese un cualquiera (un chico de Castellón, Jonathan Rogla, que ha ganado alguna carrera importante de por allí).

P.P.D: rincón del freak, tema material:
- Zapatillas: Salomon S-Wings softground. Un acierto, buena tracción en la nieve y en el barro y buen grip en roca húmeda. Y cómodas
- Mochila: estaba harto de llevar cinturón portabidón que te lo acabas teniendo que apretar para que no se mueva, así que opté por la mochila, la de siempre, Salomon Skin 5, con agua+isotónico en el camel (unos 0.6 litros). Problema que he encontrado, no sé si de correr rápido pero bebiendo tragaba un huevo de aire.
- Alimentación: llevaba tres geles, de los que utilicé dos (de los únicos que tolero, los PowerGel líquidos)

P.P.P.D: sección de agradecimientos, primero de todo a mis padres, que me han acompañado una vez más; y también a la organización de la carrera, que tuvieron la deferencia de invitarme aún cuando no había nada que compensar por la confusión del año pasado

jueves, 23 de marzo de 2017

Rogaine Serra de Catllaràs


Cuántas veces se dice aquello de que no valoramos las cosas hasta que no las tenemos... Para un deportista, una lesión se encarga de traer ese mensaje al día a día. Te deja como un león enjaulado pensando en entrenos, salidas y carreras que no puedes llevar a cabo, mientras ves gente que pasa por la calle en pantalones cortos en su rodaje cotidiano. La última historieta de este aparentemente abandonado blog hablaba de la aventura en Hong Kong, con esa carrera de fin de año que tuve que abandonar por una lesión en el gemelo. Lo que parecía una simple contractura se fue reproduciendo. La vuelta a la actividad tras tres días de reposo llevó a una primera recaída, otra semana sin correr también resultó insuficiente. Con la intención de participar en el ya clásico Rogaine de la Llacuna hice un tercer intento de vuelta que también salió mal. Más descanso, más fisio, vuelta a la actividad paulatinamente, varios entrenos sin molestias y cuando empezaba a ver la luz, una cuarta recaída. El gemelo se empeñaba en sobrecargarse una y otra vez, unas veces en el exterior, otras en el interior, otras arriba y otras abajo. Ninguna gran molestia, y a las 24 o 48 horas había prácticamente desaparecido, pero suficiente para no poder pensar en correr y para tener que restringir los entrenos a bici y muchos ratos de elíptica en el gimnasio que me han dejado con cara de hamster. El problema principal es la sensación de misterio y de no entender cual es el problema. El dramatismo, seguramente excesivo, llega y no puedes evitar preguntarte si tal vez no tenga solución. 
Por fin, parece que la cuarta rehabilitacion sí que dio resultado y digo parece porque cuesta ahuyentar de mi cabeza esa psicosis que traslada mi cerebro al gemelo cada vez que salga a entrenar. Pero lo cierto es que ya va un mes de entreno sin problemas y tres semanas corriendo a intensidades de entreno habitual. Es justo dar las gracias a Raul y Judit, las dos personas a las que he acudido en mi desesperación buscando consejos, ideas, desde su punto de vista de fisioterapeutas, que se han portado muy bien conmigo y que sea cual sea la tecla, que no lo sé, parece que dieron con ella.
Asi que tras este periodo de crisis estaba como loco por volver a tener la sensación de competición. La oportunidad llegó el fin de semana pasado, con motivo del Rogaine de Catllaràs. Por si hay alguien nuevo en el blog, un Rogaine es una modalidad de carreras de orientación en las que tienes un tiempo determinado para recorrer el máximo número de controles (o más precisamente hacer el máxmo número de puntos, ya que cada control tiene diferente puntuación) dentro del territorio que aparece en un mapa que te proporcionan. En este caso concreto, nos daban el mapa 15 minutos antes de la salida, trazabamos el recorrido que nos parecía óptimo y teníamos 6 horas para llevarlo a cabo. Mezcla de estrategia, físico y habilidad en orientación.


Esta vez formé equipo con Tommi Tölko. La última y única vez que corrí con él fue en el Campeonato de España de hace dos años. Fué un espectáculo. A su dominio absoluto de la orientación se unía un muy buen estado de forma así que junto con Jaume (los tres formábamos equipo) pude asistir en primera fila a una clase magistral. Hicimos, o mejor dicho hizo, todas las balizas del mapa y sobraron 25 minutos de las 6 horas. Es como si en uno de esos temibles exámenes de álgebra de la universidad donde la gente está sufriendo por aprobar, un tipo entrega una hora antes del final y clava un 10. Así que todo un privilegio poder ir con él, aprender y si con un poco de suerte no está tan fuerte como la otra vez, tener tiempo de mirar bien el mapa y tener la sensación de que aporto algo.
Con esta perspectiva me presenté en Sant Joan de Cerdanyola, un pueblecillo encima de Guardiola de Berguedà, en el norte de la provincia de Barcelona. 20 minutos antes de la hora de salida nos dejan abrir el mapa para trazar la estrategia. Esto es lo que nos encontramos:

Estamos en el extremo noroeste del mapa, así que se presentan dos opciones: sentido horario o antihorario. Cosas que vemos, sea como sea tocará subir al principio. El borde del mapa está más o menos formado por zonas altas. En el medio hay unas cuantas balizas en zonas de vegetación espesa (verde oscuro) que parecen difíciles de conectar... Tras algo de dudas decidimos salir hacia el sur. Las balizas 33-34-32-50 están bastante juntas y nos pueden servir para empezar con buen pie. A partir de ahí vamos conectando todo... Porque esa es otra, normalmente cuando planteas la estrategia ya prevés renunciar a algunas de las balizas, pero con Tommi a priori no se renuncia a nada, él lo conecta todo y después en todo caso ya veremos. Intentando minimizar desniveles y mirando las características de la vegetación, el plan acaba siendo salir hacia el sur y hacer: 33-34-32-50, cambio de valle hacia 51-71-84-57, nuevo cambio por el borde sur y subida a 74-63-72-66, cruce a 76-35-43-58-73 y de ahí ir hacia la parte este del mapa. Nos queda la duda de las balizas centrales, pero ya lo adaptaremos sobre la marcha. Un punto positivo de la estrategia que hemos decidido es que acabamos con una zona de bastantes balizas en el extremo noroeste, justo encima de la meta, que nos permitirá adaptarnos al tiempo que nos quede y poder asegurar el llegar dentro de tiempo, pero pudiendo tachar balizas hasta el final.

Una vez en marcha, la primera hora se da bastante bien, a pesar de algo de confusión en la segunda baliza, 34. El recorrido entre la 84 y la 57 discurre por una bonita carena bastante afilada que se hace más lenta de lo previsto. Lo mirmo pasa con el siguiente tramo de subida a traves de las balizas 74-63-72-66. El ritmo se resiente y eso hace que una vez llegamos a la 76 y la 35 decidimos hacer una primera renuncia y evitarnos la subida a la 43, que implica una subida considerable y total por 4 puntos. Así que de la 35 cambiamos de plan y vamos primero a la 73, que se ve de lejos, para subir después a la 58 y la 60. Intentando minimizar desniveles bordeamos un montículo por el este a través de clapas de nieve para llegar a la 67 y nuevamente flanqueando conseguimos los 7 puntos de la 77. De ahí volvemos en dirección norte y vamos a buscar la 45 al fondo de un valle y siguiendo hacia el noreste nos acercamos a la 82, que está en unas agujas rocosas (zonas negras en el mapa). Este control está verdaderamente escondido y acaba cayendo con algo de suerte, para qué negarlo. La 46 resulta más fácil, y también la 83, si no fuese porque en un momento dado me doy cuenta de que he perdido el mapa, afortunadamente sólo 100 metros más arriba, pero el calentón esprintando para recuperarlo no me lo quita nadie.

Estamos ya sobre las 4 horas y claramente hay que replantear la estrategia para volver hacia la meta de la manera más rentable posible. Iremos a buscar los 9 puntos de la 93, en la esquina noreste, pasando antes por 65 y 75 y renunciaremos a las balizas de la zona central. Lo bueno es que fallos de orientación prácticamente no cometemos. Por otra parte es normal porque si hay indicios de problema, con Tommi es como cuando se la pasan a Messi, o como cuando pones las fichas del parchís en el seguro. De todas formas el ritmo de hoy está siendo más asequible para mí con lo cual estoy teniendo tiempo de mirar bien el mapa. Tengo la sensación de que contribuyo a la causa.
Una vez fichada la 93 y cogido agua en una fuente, nos dirigimos a las balizas 64 y 79, que quedan bastante cerca. Tommi va algo más cansado, cosa que se traduce en que su castellano cada vez tiene menos artículos, pero aunque las fuerzas flaqueen la precisión no se ve afectada para nada. Es sorprendente, yo a la que se empiezan a caer las piernas, el riego se resiente y no atino ni a la de tres. Después de la 79 hacemos una tirada larga pero plana hasta la 78. Planteamos la opción de ir a la 90... "No" dice Tommi "Yo conozco, es media hora, es una bestia". Vamos que debe haber una cuesta de narices, y estamos ya metidos en la última hora. Mejor nos vamos hacia la ladera donde están las balizas 53-44-52-40-61-31, y ahí hacemos lo que podemos. Al final esta zona acaba siendo más complicada de lo previsto, porque hay 200 millones de muros en el mapa, y el doble en la realidad. Recurrimos a unas cabañas (círculos en el mapa) en el fondo de una vaguada para encontrar la 53 y por rumbo, olfato y sobretodo un cortado curvo que delimita una vaguada, atacamos la 52. Tampoco es fácl la 40, que tras un flanqueo incómodo encontramos entre dos árboles. El tiempo está justillo, 20 minutos. Avanzamos un poco en dirección a la 61 pero aparece una ladera con otra infinidad de muros, que nadie nos asegura que sean franqueables, almenos sin paracaídas. Así que se acabó, nos volvemos para el pueblo y esto es lo que hay. Almenos de esta forma llegamos a la meta con margen (8 minutos) y sin prisas.

Resultado final: 186 puntos, primera posición, fuet y botella de vino. Y lo que es más importante para mí, el gemelo no ha dado muestras de queja y físicamente me he encontrado razonablemente bien.

Este fin de semana, el sábado, otra vez al lío, esta vez en carrera de montaña convencional, el Trail Nogueruelas. Si recordáis, aquella en que el año pasado hubo una confusión en un cruce del recorrido y los primeros acabamos metiéndonos por una zona que ya habíamos pasado en la primera parte de la carrera. En fin, este año ya me lo conozco. A ver qué tal están las fuerzas, porque tengo mis dudas a la hora de meter la quinta...

Besos y abrazos

viernes, 20 de enero de 2017

Fin de año en Hong Kong - Ultratrail Tai Mo Shan

Con algo de retraso pero por fin saco algo de tiempo para quitarle las telarañas al blog. Esta es la crónica de un fin de año diferente, aprovechando una oportunidad que surgió gracias a mi amigo Simon Grimstrup, un danés corredor y trotamundos, un poco como yo. Gracias a él y gracias a la organización del Ultra Tai Mo Shan, que me invitó a participar en esta carrera en la otra punta del mundo. Lo cierto es que no me acababa de encajar dentro del calendario, a caballo entre una temporada 2016 que acabó con la paliza de la Diagonale des Fous y un año 2017 en el que los objetivos principales están en verano e invitan a tomarse el inicio de temporada con tranquilidad y de forma progresiva. De todas formas, una ocasión así no surge todos los días y me hacía ilusión enfrentarme a una carrera de montaña en un entorno curioso como la ciudad de Hong Kong.
La carrera en sí era un nada despreciable "paseo" de 162km, con unos 9000 metros de desnivel positivo. El desnivel era un contínuo rompepiernas con repechos de unos 400-500 metros, y una altitud máxima de 900m. La ciudad de Hong Kong se encuentra distribuida entre una serie de islitas y también en parte en territorio continental. Es en los alrededores de esta última parte por donde discurría la carrera. Me lo imaginaba como una especie de Ultratrail de Collserola, y teniendo en cuenta los ritmos de años anteriores, con un recorrido bastante corredor. Éramos varios los corredores procedentes de Westeros (europeos, para los no expertos en Juego de Tronos...), entre los que destacaban claramente dos figuras de nivel mundial, como son Gediminas Grinius y Andrea Huser, lituano y suiza respectivamente, segundo y segunda en el último Ultratrail du Mont Blanc.
Por no ceñirme sólo a la vertiente deportiva del viaje (que por otra parte si vísteis mi post del Facebook ya sabréis que no fue muy allá...), ahí van cuatro pinceladas con toque viajero para recuperar un poco la dinámica de las crónicas de antaño. Hong Kong es una ciudad con 8 millones de habitantes instalada en un sitio donde no caben. Tanto las islas como la parte continental están formadas por terreno escarpado. Vendría a ser como meter París en las costas del Garraf, así que la única solución posible es poner a la gente unos encima de otros. La acumulación de rascacielos es realmente especacular. No es como en Nueva York, donde están concentrados en Manhattan y son mayormente edificios de oficinas. Aquí los barrios residenciales también están formados por pepinos de 30 a 60 pisos ubicados en serie. En los barrios de clase baja además se intuye que los apartamentos que forman esas torres deben ser bastante pequeños. En alguno de esos edificios deben vivir hasta 5000 personas.
Si una cosa me marcó de Hong Kong fueron eso, los rascacielos, pero hay más cosas. Por ejemplo, la comida. Un parámetro curiosamente muy variable entre países es la relación entre el precio de la comida en los supermercados y en los restaurantes. Hay países donde puedes encontrar supermercados o mercadillos muy económicos mientras que salir a comer fuera es bastante prohibitivo, sólo para ocasiones especiales. Hay otros, como Hong Kong, donde una botella de agua de medio litro en el super te puede costar un euro y pico (por no hablar de los 6 euros que me costaron mis 300g de uvas) y en cambio puedes comer en el restaurante con una estrella Michelín más barato del mundo (Tim Ho Wan, http://blogs.20minutos.es/la-gulateca/2015/09/03/restaurante-estrella-michelin-mas-barato-mundo-tim-ho-wan/). Simon y yo nos presentamos allí después de la carrera y pagamos 15 euros cada uno por un total de trece platos. Si la vida os lleva hasta allí, pedid unos bollos dulces con carne por dentro que se llaman "bum". Espectaculares.
Y un tercer aspecto que me llamó la atención fue la gente. Hong Kong es una curiosa mezcla entre inmigrantes chinos que llegan a raudales y población autóctona entendiendo como tal (dado que al fin y al cabo Hong Kong políticamente es China), las familias que llevan en la ciudad dos o tres generaciones. Todo ello aderezado con una legión no despreciable de expatriados hombres y mujeres de negocios procedentes de multitud de países del mundo. Me dio la sensación de que los "hongkongers" de toda la vida sienten una identidad propia con respecto al global de China y también que en general son más simpáticos y acogedores (espero que no lea esto mi amigo Sheng...). O quizá simplemente sea que se son más expresivos y se ríen más a la manera en que lo hacemos nosotros aquí y eso hace que para un europeo sea más fácil empatizar con ellos. Sea como sea, me quedé con una grata impresión de las personas a las que conocí, principalmente del entorno de la organización de la carrera.

Y a eso vamos, a la carrera. La verdad es que, por abrir un poco la "Sección Excusas", no llegaba a la carrera en una forma óptima (supongo por otra parte que como la mayoría). Después de la Diagonale des Fous me tomé un mes de descanso y después intenté coger un ritmillo de mantenimiento durante el mes de diciembre, más que nada con el objetivo de llegar a la carrera en condiciones de sobrevivir a ella. Después de unos días de Navidad en familia, salí hacia allá el día 27 por la tarde, pasé la noche en el aeropuerto de Doha y llegué a Hong Kong el 28, ya por la noche de allí. Después de la paliza de viaje la primera noche dormí bien, pero las dos noches posteriores me hicieron darme cuenta que llevo especialmente mal el tema del jet lag. La noche del 29 al 30 dormí de 6h30 a 10h y la del 30 al 31, de las 4h30 a las 5h45. Cuando sonó el despertador a las 5h45, 2h15 antes de la salida de la carrera, estaba de un humor de perros.

Acabo los preparativos mientras Simon hace los mismo, y bajamos al hall del hotel para encontrarnos con Angel, la chica de la asistencia. Le damos las bolsas y nos vamos para la salida, que no está lejos. El sitio en cuestión es una plazoleta que han cerrado para la ocasión y donde han montado un escenario donde una speaker muy simpática va amenizando el rato. Va llamando a los foreigners para que subamos a decir algo. A mí me pide "que dé un consejo para los corredores populares"... Le suelto algo como que estas carreras son montañas rusas en las que hay que anticipar los momentos malos para estar preparado mentalmente... Me lo podría aplicar a mí mismo... Se hacen las 8 y llega la hora de salir a afrontar esta curiosa carrera.
Salimos calle arriba, cruzando un barrio dormido e indiferente al grupo de corredores que sale a la aventura. Enseguida dejamos atrás los rascacielos y subimos por una carreterilla que se dirige hacia la montaña. Como era de prever, se pone delante el lituano, junto con Cedric, un francés. Detrás van dos japoneses y Simon, y después voy yo a mi ritmo. Llega el momento de catar la primera subida, una serie de escalones de piedra que dan una idea de lo que será una tónica general a lo largo del día. Varios repechos me acaban llevando a lo alto de una cima desde la que se ve la ciudad de Hong Kong en medio de la neblina. Un curioso paisaje de torres enormes entre islas de vegetación. Sigo en sexta posición, acercándome a Simon y uno de los japoneses en las subidas y alejándome en las bajadas. El primer descenso requiere concentración porque los escalones son muy pequeños y corres el riesgo de acabar de morros en el suelo. La segunda parte cambia de tónica, ya que pasa a ser por un senderillo que se han currado a golpe de machete. En ese momento es algo cabroncete, pero lo echaré de menos más tarde. Salgo a una carretera y veo a Simon un poco más allá. Nos acabamos juntando y llegamos al primer avituallamiento (km12).
Como un plátano, cojo otro y en un bolsillo me meto unas galletas saladas, para complementar lo que llevo en la mochila. Unos geles de esos líquidos de Power Gel y unos bollos que me compré en el super y que resultan ser bastante más secos y sosos de lo que esperaba. Es lo que tiene probar cosas en la carrera... El siguiente tramo son un par de kilómetros de asfalto llanos. "Me gustan estos kilómetros gratis", le digo a Simon... Juas, ya verás si te gustan o no... Afrontamos un repecho de unos 200m y bajada posterior hacia otro barrio de torres, al que llegamos tras cruzar una especie de Ronda de Dalt. Por el camino nos encontramos a uno de los japoneses medio despistado y pasamos a formar un grupo de 3. Me explica que el año pasado estuvo por Barcelona para correr el Ultratrail de Barcelona y vamos charlando un poquillo cuando el aliento lo permite, hasta llegar al CP2 (el segundo avituallamiento, vamos... km22).
Me tomo el avituallamiento con más calma de mis compañeros pero recupero algo después. Nos dicen que vamos 3º, 4º y 5º, algo debe haber pasado con el otro japonés que iba más adelante. Me junto con Simon y al poco nos encontramos al japonés de antes que tiene algún problema en los pies y está ahí parado. El tramo pasa relativamente rápido, entre algún trozo de asfalto y otros de sendero más agradable. En las subidas voy algo mejor que Simon, pero a la que bajamos se reúne conmigo. Antes de los previsto nos encontramos con el CP3 (km29, pensábamos que estaba en el 35, mira qué bien).
Mientras reponemos aparece el japonés y un chico rubio uniformado de Salomon de arriba a abajo que ya lo he calado en la salida y tiene pinta de ir bien. Simon y yo salimos nos espabilamos y salimos en dirección a la subida más larga de la carrera, 700m de desnivel que nos han de llevar hasta el pico de Tai Mo Shan, el punto más alto de la carrera con 950m. A la que la cosa se pone hacia arriba cojo la delantera e intento poner un ritmo algo más exigente en el que considero que es mi terreno. Me separo algo de Simon y me encuentro bien en esta zona de sendero entre el bosque que me gusta bastante más que el asfalto y el empedrado de antes. Salgo del bosque y el sol del mediodía cae a plomo sobre mi cogote, recordándome que hay que beber. El calor me quita algo de alegría pero voy tirando con mi ritmo de bastoneo habitual. Ahora que hablo de los bastones, en esta carrera me reencontré con ellos después de 6 meses sin ellos, desde que se me rompió uno en la Buff Epic Trail. Como a mi amigo Francesc le pasó lo mismo, me dejó el que le quedaba sano, con la mala suerte de que era de la misma marca pero más corto que el mío. Tampoco se notaba mucho, eh, no es excusa...
Avanzo por terreno abierto y veo que por detrás el que viene es el rubio de Salomon. Ya te digo si va fino, me alcanza justo cuando llegamos a la cima, yo agobiado por el calor y con poca alegría. El descenso empieza por una carretera... Empieza, sigue y acaba... Debieron ser 6 o 7 kms de asfalto en descenso con alguna breve interrupción para atajar por un sendero. Aprovecho para charlar con el nuevo compañero. Se llama Tom, es inglés pero vive en Hong Kong desde hace tiempo, donde trabaja como profesor de inglés. Me dice que probablemente va demasiado rápido, que Simon y yo somos más fuertes que él, pero yo no me lo creo. Tiene muy buena pinta, conoce el terreno y se le ve con alegría. La charla me levanta el ánimo y a pesar de que no me gusta el asfalto, por lo menos los kilómetros pasan rápido hasta llegar al CP4. (km47). Aquí está Angel con la mochila. Me bebo uno de los botellines de carbohidratos, me como unos dumplings que están cocinando y me meto un par en un bolsillo ante la mirada aterrorizada de la chica que los cocina. La sed me hace beber bastante, así que entre el agua y los carbohidratos arranco con la tripa llena de líquido. Mala jugada. Salgo un poco detrás de Tom por otro tramo llano de asfalto, justo cuando llegan Simon y el japonés. En el avituallamiento está Cathy, la mujer de Cedric, que no está muy lejos. "Il y a que du beton..." le digo (no hay más que asfalto)... Me dice que Cedric tampoco está muy contento.
Atrapo a Tom y subimos por un sendero asfaltado (sí, un sendero asfaltado). Noto que la comida y líquido del avituallamiento no se me ha puesto bien y veo acercarse al Tío del Mazo peligrosamente. Le digo a Tom que no me encuentro bien y que freno. El hombre huele carne y sale disparado hacia delante, mientras yo me quedo recomponiendo la figura. Paso un par de kilómetros malos pero la cosa se acaba asentando y durante el descenso hacia el CP5 vuelvo a coger un ritmo digno. El malestar de estómago ha hecho que no haya comido suficiente en este tramo así que llego al CP5 (km60) con ganas de comer algo con cara y ojos. Unos noodles no estarían mal. Pero desilusión, justo en este no hay casi nada (sería el único porque todos estaban muy bien surtidos). Plátanos, unos frutos secos y poca cosa más. Me desmoralizo un poco. Llega Simon, que casi no para, así que salimos juntos.
No imaginaréis cómo empezaba el tramo hacia el CP6. Sï, cuatro kilómetros de asfalto llanos junto a un canal. Le digo a Simon que estoy un poco desmoralizado con tanto asfalto, pero la verdad es que no tengo muchas ganas de hablar. Me paro a mear, casi más por seguir sólo a mi bola que porque realmente tenga ganas. No sé si es por la cabeza pero las piernas tampoco responden, aunque es raro porque cuando más adelante llega algún repecho (también de asfalto) es donde le recupero terreno a Simon. Después de unos 7kms de asfalto el recorrido me da un respiro con un sendero agradable, más aún ahora que el calor ha dejado paso a un atardecer agradable. Sólo seran 2 o 3 kilómetros. Tras ellos salgo a una nueva carretera en lo alto de una colina, donde un control de paso me indica que hay 8kms al CP6. Empiezan con un descenso hormigonado matador y siguen de carretera en carretera. Sólo algún corto tramo de tierra para enlazar tramos de asfalto. Curiosamente en uno de ellos de repente noto que el gemelo derecho se contrae y unos metros más allá noto un punto de dolor. Espero que sea un mal gesto y que se pase pero no, se ha instalado y en todo caso va a más. No ha sido un "pedrada", no hay rotura, pero he tenido mil contracturas en los gemelos y sé identificarlas. Durante este último tramo había estado reflexionando sobre la carrera. Os habréis dado cuenta de que no me estaba gustando demasiado (soy sincero), pero habiéndome invitado a venir y con lo buena gente que son los de la organización, estaba decidido a ir tirando hasta el final. Pero esto cambia las cosas. 80km por delante con el gemelo así, no son una buena idea. Me sabe mal, pero arriesgarme a una lesión seria va más allá de lo que estoy dispuesto a hacer. El suplicio del último tramo de la Diagonale des Fous también me viene a la cabeza. Nada, me quedan 5km hasta el CP6 (km78), voy tirando hasta allí, pero si la cosa no mejora, hasta aquí hemos llegado. Y no mejora, más bien el agarrotamiento va en aumento. No puedo correr sin cojear, porque a la que apoyo de metatarso noto que el gemelo se queja con pinchazos de muy mala pinta. A caminar pues. Llega el japonés, que me ve ya en estado de resignación. Le explico mis penas y le deseo suerte. Finalmente llego al CP6, nuevamente en un barrio junto a unos rascacielos enormes.
Me encuentro con Angel y le digo que "I'm very sorry" pero que me he lesionado y que me temo que "the race is over" para mí. El médico está en el siguiente punto de control, aunque tampoco creo que me sea de ayuda. Cathy me ayuda con un tapping y me dice si quiero un ibuprofeno pero no (no soy partidario de ibuprofenos en la carreras, primero porque pueden esconder el dolor y que acabes más lesionado y segundo porque si estás cansado y te duelen cosas, creo que es parte de la carrera). Me siento y me cómo unos noodles con carne, que me sientan la mar de bien, pero cuando me levanto para repetir, sólo caminando ya noto el punto de dolor. Voy desconectando y consolidando al decisión. Lo siento pero no quiero hipotecar el inicio de la temporada que viene, una fase importante, sólo para seguir con 80km de suplicio. Así que cedo el chip a la organización, que por otro lado se portaron muy bien conmigo, y sigo comiendo noodles. Ya en modo turista, uno de los chicos que hace de asistente (no se si para Andrea Huser, que viene más atrás), me dice que vive allí al lado y que si quiero ir a ducharme. Bufff, de lujo. Me lleva a una torre de 60 pisos que en la planta baja tiene unos vestuarios con duchas. Buenísimo.
El tema es que como en principio teníamos que pasar toda la noche corriendo no tengo habitación en el hotel, así que me subo al coche con Angel y el chico que conduce, que no me acuerdo cómo se llamaba pero le pondremos Tor, porque había hecho tres veces el Tor des Geants. Y así que nos fuimos para el CP7, para esperar a Simon, después de ver pasar a Cedric y a Tom (a Gediminas ya ni llegamos). Así entré en la dinámica acompañante, de avituallamiento en avituallamiento y poniéndome tibio de comer. El sumum fue en el CP8, donde los diferentes acompañantes se reunieron para cenar en un restaurante y cada uno me dio la mitad de su plato... En el CP9 lo curioso fue que nos dieron la uvas, literalmente. Saqué la cajita de uvas que había comprado y que tenía preparadas para llevármelas en ruta y me tome mis doce granos, al toque de las campanadas de la alarma del reloj. El resto los repartí entre Cedric (que resultó ser un fanático de las uvas), Tom y Simon. En estas Tom ya iba en segunda posición, haciendo un auténtico carrerón, tal como yo había vaticinado, y Cedric y Simon luchando por la tercera. En el CP10 me tocó arroz tres delicias y en el CP11 unos noodles finos riquísimos. Procuraba esconderme y que no me viesen comiendo cuando llegaban ellos corriendo, porque la verdad es que debía dar bastante envidia. A todo esto a pesar de haber corrido 70 y pico kilómetros de dormir, ni gota, tiene narices hasta dónde llegó el jet lag. Eso sí cuando llegamos a la meta a las 6 de la mañana ahí sí llego mi hora y me tumbé en un banco. Después de Gediminas, que llegó 2 horas antes, llegó Tom en segunda posición y con una energía envidiable, Simon en tercera, y Cedric en quinta, ya que fue sobrepasado al final por el japonés que llegó como un tiro desde detrás. Por concluir con la carrera, decir que a pesar de que el recorrido no fue del estilo que a mí me gusta más, quiero agradecer a la organización por la invitación y felicitarles porque a nivel organizativo la carrera estaba a un nivel espectacular. Los avituallamientos en general muy bien abastecidos, el marcaje bueno, muchos voluntarios a lo largo del camino, muchos fotógrafos (y además las fotos son públicas, no como en muchas carreras)... Y la simpatía de todo el mundo y en general de los asistentes con quien compartí la segunda parte de la carrera, ejemplar. No lo digo por decir. Igual que he dicho lo que me pareció negativo, digo lo positivo.
Y esta es la historia, deportivamente algo triste, de mi periplo por Hong Kong. Lo cierto es que pensaba que parando hacía que el problema fuese poco grave y que en unos días podría volver a correr. A la hora de la verdad, a lo largo de estas tres semanas he ido arrastrando el problema y el conjunto sóleo-gemelo ha ido petando por diferentes puntos, quizá a consecuencia de la fatiga por tantos kilómetros de asfalto, corriendo con zapatillas de trail que no tienen la amortiguación necesaria. De hecho mañana debería haber corrido el ya clásico Rogaine de la Llacuna y he tenido que renunciar. Espero que no corriendo durante una semana o diez días consiga limpiar el tema y poder empezar la temporada tranquilamente. Ya os contaré.

Besos y abrazos