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jueves, 12 de julio de 2018

Ronda dels Cims 2018



Va a ser difícil estar a la altura de lo vivido pero vamos a intentarlo…

Mi relación con el Andorra Ultratrail empezó en 2010 (tranquil@s… no os voy a soltar al detalle todas mis experiencias previas). Sin saber dónde me metía me apunté a la “larga”. Esos 113 kilómetros con 9700 metros de desnivel positivo que después han acabado conociéndose como el Ultra Mític. Unas semanas antes, a modo de reconocimiento hice unos 30 kilómetros del recorrido que me dejaron con la sensación de “creo que no voy a ser capaz”. Llegó el día de la salida, de ver a la gente salir al trote y pensar “ah, pero aquí se corre?”, de descubrir al gaitero de la cima del Comapedrosa, de aprender que puedes estar hundido antes de mitad de carrera, de experimentar que puedes resucitar milagrosamente, de sufrir los efectos del sueño y de disfrutar de la satisfacción de cruzar una línea de meta tras horas y horas de esfuerzo contra el terreno y contra ti mismo. Fueron más de 34 horas que representaron mi bautizo en las carreras de larga distancia. Después llegó la edición de 2011 en la que, ya con más bagaje en las piernas y en la cabeza, repetí experiencia en el Mític y aprendí lo que significa competir por los puestos de delante, acabando en una 9ª posición que me supo a gloria. Tras un paréntesis en 2012, al año siguiente me animé con la por aquel entonces recién nacida Ronda dels Cims, con el atractivo adicional de ser prueba puntuable para la Copa del Mundo. Bonitos recuerdos de aquellos 170km compartidos en gran parte con Francesc, que se ha convertido en un buen amigo y compañero de batallas. “Tira que paro un moment i baixo tranquil”… “No home no, arribem junts”. Y así fue, en una 11ª posición que nos permitió ver de cerca a yanquis que salían entrevistados en Youtube. 2014 fue para mí la de arena, la del abandono, la de descubrir hasta qué punto la cabeza afecta en este tipo de carreras, aunque también la de marcar un punto de inflexión en diferentes aspectos personales. Y 2015 fue la del desempate, una montaña rusa que acabó con el bonito recuerdo de una nueva llegada compartida, en este caso con Esteban y en 7ª posición. Pero sentía que aún tenía cuentas pendientes con esta carrera y tras dos años de descanso, esta temporada llegó el momento de volver a intentarlo. Y así fue…
Son las 7 de la mañana del viernes 6 de julio. He venido con mis padres, que serán nuevamente mi equipo de apoyo y ánimo, a los que se añadirán (de momento…) en el km60 mi hermano, Elena y Ares, mi sobrina, que es la primera vez que viene. La plaza mayor de Ordino vibra a ritmo de batucada. Es momento de saludos, de cruce de miradas nerviosas, de desearse suerte. Jesús, Tomás, Sergi, Josep, Francesc, Roger… Me encantan esos momentos en los que sientes que conectas con ellos, que compartes esa mezcla de ilusión e incertidumbre ante la aventura que estás a punto de empezar… Porque finalmente empieza. Suena la ya clásica ópera, saltan los confetis y salimos calle abajo entre gritos de ánimo del público, mayormente acompañantes que también comparten esos sentimientos. La liberación de adrenalina nos hace salir con un sprint absurdo que suele estabilizarse en la primera rampa. La camiseta azul de Sanvi va en cabeza junto con otro chico que va del mismo color. La cosa se tranquiliza y trotamos tranquilos por la carretera de Ordino primero, por un senderillo arbolado después y por una calle de la parte superior del pueblo más tarde. “Lluis deixa’m pasar un moment, que pugui dir que he anat primer a la Ronda”. Me cede el paso unos metros mientras suelta alguna broma obscena que no reproduciré...
Se acaba el paseíllo turístico por el pueblo y empieza la primera subida de verdad. Francesc se pone en cabeza y el resto del grupo nos ponemos detrás respetando los galones que le otorgan sus dos victorias de ediciones anteriores. Las banderolas alternan caminos de tractor para acceder a campos, con bonitos senderos entre el bosque. El ritmo me parece en general bastante llevadero y aprovecho un par de huecos para ponerme justo detrás de Francesc. Venga, vamos a intentar ser valientes y tener la cabeza de carrera a la vista, no como tantas otras veces en que me duermo en los laureles. Detrás de mí van dos tipos de amarillo, creo que portugueses, está también Pep Ballester un valenciano que tiene mucha experiencia en esta carrera, viene Sanvi, también otro tío de azul con pinta de francés… El ritmo me parece cómodo, sobre todo en los tramos en los que la pendiente nos obliga a caminar. En los toboganes de bajada tengo la sensación de que no voy tan sobrado y tanto Francesc por delante como los portugueses por detrás, me aprietan un poco las tuercas, pero bueno, todo bien de momento. Después de un tramo por el valle de Ordino un precioso camino va flanqueando a nivel en dirección norte, dibujando vaguadas y espolones. Francesc acelera un poco… Este hombre nos está cocinando a fuego lento, pienso… Bueno, sobre todo céntrate en lo tuyo y lleva el ritmo que te vaya bien a ti. No llevo pulsómetro por lo que no voy a tener ese dato como referencia, así que todo por sensaciones.
En estas llegamos al bonito valle de acceso al Coll d’Arenes y el ritmo vuelve a ser predominantemente de andar. Eso me va bien y puedo seguir el ritmo de Francesc con una respiración algo más armónica. Por detrás los portugueses vienen a poca distancia y algo más atrás vienen Pep, Sanvi y el presunto francés. Con el solecillo de la mañana vamos superando escalones herbosos y llegamos a la explanada del Coll d’Arenes. “Bueno doncs amb la tontería ja portem 2000 positius”, le digo a Francesc. Así es… Un buen calentamiento ante lo que tenemos por delante. Las banderolas suben algo más y flanquean por trazas poco marcadas hasta la Collada de Ferreroles, donde se nos junta Pep. “Osti! Sou del mateix equip?”… “Si, si, ya ves. Somos la Roja”… “Jajajaja…”… “Solo que él es Isco y yo soy De Gea”… le digo…”Venga pues yo Piqué”…”No, no, tú Brasil”, le suelto, tanto por su camiseta como por el nivel (la canarinha todavía no había caído a manos de los belgas…). Entre broma y broma cruzamos Ferreroles y empieza la bajada, que hacemos sin mayores sobresaltos, Pep primero, Francesc después, y a unos metros yo con los portugueses haciéndome luces. Intento bajar con cierta gracia pero tranquilo, para guardar la musculatura lo mejor posible. Se acerca el fondo del valle y aparece al otro lado el Refugio de Sorteny, al que llegamos tras un corto repecho entre los ánimos del público.
Refugi de Sorteny (km21, 2h39):
Me toca rellenar un bidón que llevo preparado con la dosis de Tailwind y coger un plátano para algo más tarde. Además, pillo algo de melón y sandía, que apetecen con el calorcillo que empieza a apretar. En menos de un minuto está todo listo y sigo adelante, detrás de Francesc y Pep, que van 50 metros más adelante. “Osti Albert!”… Es Jordi Codina, el tío más positivo del planeta, que está asistiendo a Francesc. “Osti tiu, vas molt be! Vinga, vinga, molt be!” Si algún día se os hunde la casa, quedáis arruinados y muere de golpe toda vuestra familia, llamadle. Yo afortunadamente de momento me encuentro bien y estoy suficientemente optimista, pero cuidado, ahora viene un tramo en el que en 2015 me vine abajo y empezó una crisis que no acabó hasta el Coll de la Botella. Vamos a ver si se me da mejor…
Acaba un corto repecho y empieza una bajadita de unos 100 metros de desnivel. Como de costumbre, mi ritmo en relación a los demás se resiente. Pep y Francesc se me van y escucho a los portugueses que se me acercan. Llegamos al fondo del valle de Rialb y me pasa uno de ellos, el que va rapado, a un ritmo claramente superior al mío, mientras el otro se queda detrás de mí. El primero no deja de trotar, pasa a Pep y se va en pos de Francesc. O vas muy fácil o igual pagas este alarde… Yo voy combinando trote con caminar, según la pendiente, y me acerco a Pep. Camina en tramos no demasiado exigentes y me da la sensación de que va un poco a la baja, pero bueno, es un corredor con mucha experiencia aquí y puede que simplemente esté regulando. Le paso y llego a la zona donde el recorrido gira a la izquierda para enfilar dirección oeste hacia la Portella de Rialb. La pendiente se incrementa y los tramos de trote factible desaparecen por completo. Mi distancia con Francesc y el portugués se estabiliza e incluso disminuye algo a medida que nos acercamos a la cima. Por detrás el segundo portugués, un tal Ricardo Jorge (por el dorsal) me sigue a pocos metros. Mi ritmo es sostenible, me siento bien en subida y no hay ni rastro de las malas vibraciones de 2015, así que supero este tramo clave con sensaciones positivas.
La bajada es harina de otro costal y vuelve a ocurrir lo de siempre, se me van los de delante y mi perseguidor empieza a presionar y me adelanta. Me quedo en cuarta posición intentando encontrar mi ritmo aunque sin descontrolarme. El camino no está muy marcado y la bajada es algo incómoda hasta llegar al fondo de una vaguada donde empieza un repecho bastante cabroncete hasta el Estany Esbalçat. Veo con satisfacción que los tres de delante no están muy lejos, así que ahora que vuelve mi terreno voy a ver si me reengancho. Efectivamente voy recortando y llego a la cima a escasos metros. El día es espléndido, soleado aunque sin una temperatura asfixiante. Junto al lago hay algunos pescadores que parecen vivir a un ritmo bastante distinto al que llevo yo en este momento. Giramos a la izquierda y empieza una bajada y flanqueo en dirección a la estación de Arcalís, que ya se ve a lo lejos. Se me vuelven a ir un poco pero la distancia no llega a más de medio minuto. Bien, parece que las cosas se van estabilizando y a medida que avanza la carrera mi ritmo en bajada se ajusta más al de los demás. Paso algún tramo herboso incómodo en el que otras veces me había encontrado mal y compruebo que ahora mis sensaciones son distintas. Cruzamos un prado al trote y en el último repechillo recorto los 50 metros que me llevaban para llegar al avituallamiento prácticamente con ellos.
Arcalís (km32, 4h36):
Me encuentro con mis padres y seguimos el plan que teníamos planteado. Cambio de bidones con más Tailwind y cosillas varias de comer sólido hasta el próximo encuentro en el Coll de la Botella. Echo un trago de agua y como más fruta del avituallamiento. Parece que se ha formado algo de diferencia entre nosotros cuatro y el quinto clasificado, porque salimos del avituallamiento sin que éste haya aparecido. Lo hacen primero los dos portugueses y medio minuto después Francesc y yo, entre los animos de Jordi “Vinga, vinga que aneu molt be!”. “Què, com els veus aquest parell?” le pregunto a Francesc. “Buenu… bastant frescots”… “Si? Osti no ho se… Aviam si no s’ho coneixen i peten per alguna banda… Com vas tu?”… “Buenu… no massa be”. Osti, eso me sorprende. Es cierto que no era buen indicador que yo pudiera seguir su ritmo pero pensaba que estaba simplemente regulando. “Vinga va paciencia”… “Tranqui, tu tira que vas molt bé” me dice. Enfilamos las rampas de las pistas de esquí de Arcalís, ideales para mi ritmo de marcha-bastoneo. Veo que Francesc pierde algo de distancia… “Vinga vinga ànims!”… pero realmente llevo más ritmo y la distancia se amplia, mientras me acerco al portugués que va en segunda posición, el rapado. Le paso ya en el tramo de sendero y me acerco al primero, Ricardo Jorge. Parece que este es el que va mejor, y que el arreón del otro hace un rato era efectivamente un alarde un poco demasiado ambicioso. Llegamos a la cima del Coll de Cataperdís y me como un rollito de pan de molde con mermelada. Ya que voy bien, es importante seguir el planning de alimentación rigurosamente. Como dice Perico, el tío del mazo puede estar escondido en cualquier curva. También es importante no emborracharse de optimismo y anticipar esos momentos malos que seguro llegarán. Equilibrio mental…
Pero la bajada transcurre bien, manteniendo una distancia de 50 metros con Ricardo, incluso con tranquilidad. Pasamos junto a los lagos de Angonella, un nuevo control de paso, y enfilamos la subida al Clot de Cavall. Pequeño cambio de tercio… En teoría la subida me debería permitir acabar de recortar la distancia con mi predecesor pero veo que simplemente se mantiene. Son 400 metros de desnivel, con una pendiente relativamente llevadera, excepto en la última parte. Llego a la cima con algo de peores sensaciones, lo cual supone un toque de atención y la confirmación de que las buenas sensaciones pueden acabarse en cualquier momento. Bueno, tranquilidad. En el próximo avituallamiento paras un pelín más, comes bien… Tú a tu ritmo, hubieses firmado esta situación antes de la carrera. El tramo llano de cresta se traduce en un incremento de la distancia entre el primero y yo, mientras que el segundo portugués viene a una distancia equivalente por detrás. Tras varias lomas empieza la bajada y con ella descubro un nuevo problema. No sé si no me las he apretado bien al principio o si se han aflojado por el camino, pero noto un cierto movimiento del pie dentro de la zapatilla y me va apareciendo un dolor en los dedos. Lo lógico hubiera sido pararse pero decido (equivocadamente) no romper el ritmo. Mal hecho… El ritmo se resiente y el dolor mina la moral, sobre todo pensando en que queda mucho por delante y no es muy esperanzador que aparezcan molestias a estas alturas. Con la bajada de moral también bajan algo las fuerzas físicas. Llego al final de la bajada, junto a una cabaña, donde el camino gira decididamente a la derecha y empieza a subir ligeramente. No veo al primer portugués por delante, y en cambio se me acerca el otro por detrás. Eso tampoco ayuda a incrementar mi ánimo. A ver, este es de esos momentos en los que la carrera podría canalizarse en negativo, pero no desesperemos. El avituallamiento de Pla de l’Estany llega en breve. Tocará parar un poco más y reponer bien las fuerzas. Algún que otro tropezón, que asocio con la bajada de energía, me confirma la necesidad de calmarme un poco. Ya con el segundo portugués detrás llegamos al rellano del Pla de l’Estany. Al fondo está el refugio. Busco con la mirada al primer portugués… No le veo. Habrá tirado ya hacia el Comapedrosa? El segundo portugués me adelanta al trote incluso en el repecho de acceso al avituallamiento. Jops, también va mejor que yo este? Bueno venga, concéntrate, come, hidrata, y haz tu carrera.
Pla de l’Estany (km45, 6h34):
La primera sorpresa es que Ricardo Jorge está ahí sentado en una roca. Ah mira pues igual está más cansado de lo que parecía… Yo me voy a la fuente y repongo agua mientras me rellenan otro bidón con isotónico. Cojo más fruta y en cuanto tengo todo listo salgo adelante, con los dos portugueses aún en el avituallamiento. Ep! Un momento, las zapatillas! Me paro y aprieto la zona delantera, mientras me pasan los dos, espoleados por mi salida. Salgo tras ellos dos, pero el rapado enseguida me deja pasar. No lo entiendo, hace un momento sube trotando el repecho y ahora enseguida cede terreno. En fin, yo salgo detrás de Ricardo Jorge, que sí lleva buen ritmo. A ver si he recuperado algo y puedo seguirle en este que teóricamente es mi terreno. La subida es sin cuartel pero la conozco bien. Un primer escalón herboso, un segundo tramo de rocas con pendiente algo más llevadera y un último repecho durísimo por la canaleta que lleva a la Brecha dels Malshiverns. Sigo a Ricardo pero no me sobra gran cosa. Llego a la cima (km47, 7h39) algo por detrás y nuevamente con sensación que tengo que comer. Saco un nuevo invento, patata machacada y con algo de sal, que llevo dentro de una bolsita con zip. Bajo torpemente entre las piedras mientras estrujo y lamo la bolsa para sorber todos los trozos de patata. La verdad es que me resulta un alimento muy agradable y me deja la mar de contento. Mientras yo me como el puré de patatas Ricardo Jorge toma las de Villadiego. Lo bueno es que de reojo me parece apreciar que la distancia con el tercero se ha incrementado. Salgo a zona de tartera y vuelve a aparecer el dolor en los dedos de los pies, aunque al menos no va a más respecto de la bajada anterior. En vistas de que el portugués parece que está mejor que yo y claramente baja con más fuerza, me olvido de él y voy optimizando mi bajada. Paso al trote un nevero algo delicado junto al Estany Negre y enfilo el descenso por el marcado camino que va girando poco a poco a la izquierda y pone dirección al refugio de Comapedrosa, que ya se ve allí al fondo. Más o menos en esta zona empezó mi resurgir en el año 2015. A ver si esta vez también me trae buenas vibraciones…
Refugio de Comapedrosa (km50, 8h11):
Llego al avituallamiento algo más contento, supongo que porque llegar a un sitio con gente y comida tiende a ponerme contento. Me encuentro a Ricardo Jorge sentado en un banco y con cara de bastante demacre. “Osti pues per lo ràpid que va no fa gaire bona cara…” le digo al del avituallamiento. Me pido algo de caldo con fideos y lo complemento con fruta, además de rellenar dos bidones con isotónico. Yo prefiero no sentarme. Prefiero mantener una actitud activa, vayan las fuerzas como vayan. “Vais media hora más rápido que los otros años” me dice el hombre del avituallamiento. Como? No tenía esa sensación… Ups, pues igual eso es que no estoy yendo al ritmo que me toca… Igual es con razón que tengo la sensación de ir con el gancho… Igual a estas alturas debería tener sensación de ir bastante más fácil de lo que estoy yendo… No tenía en mente referencias de tiempo de otros años así que no me había planteado nada al respecto y he ido tirando por sensaciones, sin duda más difíciles de calibrar.
En fin, poco que hacer ahora. Sigamos con la carrera y lo que tenga que ser será. Por mi parte no tengo nada más que hacer aquí así que me voy hacia la puerta. Ricardo Jorge se levanta como un resorte y sale detrás de mí. La subida a la Collada de Sanfons es una diagonal herbosa hacia la derecha y otra más pedregosa y empinada hacia la izquierda. Ahora mi acompañante se contenta quedándose detrás. No suelta ni una palabra. Yo he hecho un par de intentos de interacción hace un rato pero no ha habido feedback, así que guardo el aliento, que falta me hace. Al girar a la izquierda veo a otro corredor subiendo, más cerca de lo que me gustaría. Diría que es Sanvi. Bufff, debe venir con el cuchillo entre los dientes. Me obligo a no mirar hacia atrás, que nunca trae nada bueno. Llego a la Collada de Sanfons y empiezo la bajada al otro lado, todo un flanqueo en diagonal por debajo de las instalaciones superiores de la pista de Arinsal. Mi silencioso compañero curiosamente ahora no me pega ningún hachazo y se queda detrás. Yo parece que mejoro un poco sensaciones y el tramo por el lomo de la montaña hasta el Port de Cabús se me hace más agradable. Me entretengo mirando a la derecha hacia el fondo de la Montaña de Tor, pensado en los tenebrosos acontecimientos que cuenta el libro que me estoy leyendo ahora mismo. Siempre con el compañero detrás llego al Port de Cabús, donde unos franceses nos animan. “Il en a un qui arrive la bas!”… Mierda, nos siguen persiguiendo de cerca. Evitando las miradas atrás cruzo la carretera y me lanzo por la vaguada al otro lado mientras oigo un claxon. “Vinga Albert!!” es Jordi Codina… y Francesc. Vaya, las malas sensaciones se han concretado. Lo positivo de los ánimos se mezcla con lo negativo de que no le hayan ido las cosas como le gustaría. Lástima…
Por nuestra parte afrontamos el incómodo descenso campo a través hacia las Bordas de Setúria. Terreno herboso e irregular con algunos escalones técnicos que vuelven a traerme el dolor en los dedos. El marcaje a veces es escaso, probablemente por culpa de todos estos rebaños de vacas que han considerado atractivo el color rojo de las banderolas. Aquí sí descubro el timbre de voz del compañero, que de vez en cuando dice “Allí”. Con una cierta cooperación vamos siguiendo el recorrido y salimos a una pistilla del fondo del valle que tras 100 metros llanos nos pone a los pies de una pista de esquí que sube sin cuartel hacia el Coll de la Botella. A ritmo de bastoneo, siempre los dos juntos, vamos acercándonos al grupo de gente que nos anima desde arriba. “Vinga Sanviiiii!!!”… Joder, pues no nos animan a nosotros, y debemos llevar a Lluis pisándonos los talones… Pero pronto vuelve el positivismo porque encuentro a mi hermano algo más allá, que empieza con su reportaje fotográfico. “Qué tal vas?”… “Bueno, creo que voy demasiado rápido para mí… Seguramente acabe explotando”… “No hombre no…”… “Bueno, veremos…”. Llego al avituallamiento unos metros por detrás del portugués. El equipo de apoyo se ha incrementado y ahora además de mis padres están también Francesc, Jordi y Nil, por un lado y mi hermano, Elena y Ares (que siempre me saca una sonrisa) por otro. Por eso casi nunca hago mala cara en los avituallamientos.

Coll de la Botella (km60, 9h41):
Se repite el patrón y yo liquido las operaciones planeadas de forma relativamente ágil mientras el portugués está sentado con un grupo de personas que le asisten. Me tiene desorientado, en los avituallamientos parece demacrado pero durante el recorrido me parece que va silbando. Salgo del avituallamiento con mi madre y su ya clásica obsesión de limpiarme los mocos, como si fuese el peor de los problemas del mundo… Enfilo una pista en medio del bosque. Viene ahora un tramo traidor hasta la Collada de Montaner, donde empezó mi debacle de 2014, donde me alcanzó Armando Teixeira (un portugués mucho más simpático que éste) y empecé a venirme abajo moralmente. La experiencia es un grado y ahora, cuando una vez más Ricardo Jorge me alcanza a un ritmo mucho más rápido que el mío, me importa solo relativamente. Sí que me empieza a mosquear que tengo la sensación de que juega conmigo, pero bueno, yo me centro en lo mío. El ritmo es bueno, quizá demasiado bueno… El hecho de estar al frente de la carrera me ha conducido a ir todo el rato a una intensidad demasiado elevada, cuando quizá a estas alturas todavía tendría que tener sensaciones prácticamente de ir de excursión. Hago balance y tengo la impresión de que hace 20km, desde Angonella más o menos, que voy más forzado de lo que debiera. Y a duras penas hemos pasado el primer tercio de carrera. En medio de estas preocupaciones me suelto de la rueda del portugués y me quedo sólo con mis reflexiones, trotando hasta la Collada de Montaner.
Afronto la subida al Bony de la Pica a unos 100 metros de él, que se mantienen constantes. Llegamos al trozo de cresta y troto un poco pero con menos alegría cada vez. Paso la cima (10h45) y viene ahora la temible bajada a Margineda, que lejos de representar un descanso te puede dejar peor de lo que la has empezado. El primer trozo, bastante técnico, me demuestra que mi agilidad desciende al mismo tiempo que mis fuerzas. La pendiente es fuerte y me devuelve también el dolor en los dedos. Vamos… que mis acciones están bajando considerablemente. Creo que voy a tener que replantear un poco la carrera si quiero evitar una quiebra segura. El portugués desaparece de mi vista rápidamente en el primer tramo. Algo más abajo me lo encuentro parado detrás de un árbol, no sé si después de haber atendido a una llamada de la naturaleza. Le paso pero al cabo de unos segundos me vuelve a alcanzar a mil por hora. Me aparto y le dejo pasar. Ni gracias… Pues que te den… Me centro en no abandonarme y en mantener un ritmo digno que no me saque de carrera. Llego a la aldea de Aixàs, con control de paso y una fuente que agradezco. Viene ahora un tobogancillo de bajada, donde pego una patada a una piedra que me hace ver las estrellas, y 100 metros de subida que me confirman que ya no soy escalador. Vamos a ver, balance de carrera. Está este tío, que va claramente más fuerte que yo, por lo que la primera posición parece lejana. Hay mucha gente por detrás que probablemente ha gestionado bien la carrera y me pueden dar alcance fácilmente con todo lo que queda. Creo que lo mejor es desconectar de la competición un rato. Comer bien en Margineda, coger un ritmo que me permita recuperar sensaciones en la subida de Costaseda y llegar a Comabella con ganas de afrontar la noche. Sé por experiencia que una explosión en esta zona conduce al fracaso seguro. Con estos pensamientos llego al avituallamiento de Margineda, donde vuelvo a encontrarme con todo el equipo.
La Margineda (km73, 11h56):
Pido un plato de pasta con tomate mientras me cambio las zapatillas y los calcetines. Están llenos de barro y húmedos, así que no está de más darles un poco de aire a mis pies. Miro a la izquierda y veo al portugués tumbado en el suelo, con las piernas en alto y mirando el mobil. Joder qué tío más raro... No come, no hace nada, solo mira el mobil. Bueno, y cambiarse de camiseta... En fin, déjalo y céntrate en tus cosas. Conmigo están mis padres, Kike, Elena y Ares, además de Francesc, Nil y Jordi. Así da gusto. La compañía me hace estar de buen humor, pero las fuerzas son las que son. "Lo siento pero voy un poco justo. Voy a desconectar un poco y a ver si vuelvo a entrar en carrera"... "No et preocupis, tu menja que vas molt be"... dice Francesc. Lo cierto es que viendo al portugués... "Lleva todo el rato así?" ... "Si, si, s'ha tumbat i allà el tens"... "Bueno, ya verás como en cuanto me levante sale detrás de mí...Si eso Kike, ponte una gorra y te sientas aquí a ver si no se da cuenta de que me he ido" le digo en broma a mi hermano. Acabo mis operaciones y salgo del avituallamiento entre los aplausos del público y amigos, saludando con la mano a Ares, que me mira extrañada, y bastante más contento de lo que he llegado. Y encima en esta inesperada primera posición. Bueno, no cambies nada de lo planeado. Con la dinámica que llevabas en el último tramo es cuestión de tiempo que te empiece a atrapar gente, así que el objetivo sigue siendo reencontrar el ritmo bueno. Pienso esto mientras describo un par de bucles que me llevan a los pies de la subida de Costaseda.
Ya he hecho bastantes veces este camino. Es un sinfín de revueltas que supera unos 800 metros de desnivel por en medio del bosque. Empieza con algunas rampas más duras donde relajo un poco el paso para acomodar la respiración y poco a poco va adoptando una pendiente más tendida donde se puede aligerar el paso. Voy con la sensación de que el portugués va a aparecer en cualquier momento. Constantemente oigo ruidos de pasos detrás de mí, pero me giro y no hay nada. Venga céntrate, es igual. Seguro que el portugués te va a atrapar. Tu lucha tiene que ser por el tercer puesto, me digo, en parte para no venirme abajo en el momento en que me alcancen. La subida sigue y en algunos puntos incluso se puede trotar, pero a pesar de que poco a poco me voy encontrando mejor me fuerzo a simplemente caminar con paso amplio, para acabar de consolidar la recuperación. Siento que las fuerzas van volviendo a mi cuerpo y que el baile con los bastones se vuelve más alegre y armónico. Llego por fin a un colladito que marca el final de la subida y el acceso a la vertiente de Sant Julià de Lòria. Bajo con agilidad, con energías y sin ninguna molestia muscular. De repente estoy volviendo a disfrutar de la carrera. El calor ha bajado, aunque sigo teniendo bastante sensación de sed. Las banderolas me van conduciendo por un conjunto de pistas, senderos e incluso algún trozo de carretera. Un tramo rompepiernas que si vas justo no se acaba nunca pero que en mi dinámica nuevamente positiva me entra de perlas. Poco a poco voy dándome por reubicado dentro de la carrera y llego al avituallamiento de Comabella con una sonrisa de oreja a oreja. Me encuentro con Francesc, Jordi y Nil..."He vuelto".

Comabella (km86; 14h18'):
Sigo con el ritual previsto de alimentación, aunque cambiando de sabor del Tailwind a uno de té que tiene Francesc y que me convence más que el de frutas del bosque que llevaba yo. Lentillas fuera, modo gafas y frontal, y preparado para afrontar la noche. "Qué hay del portugués?"... "Nada, seguía ahí tumbado". Salgo del avituallamiento aún más optimista mientras me animan unos voluntarios a la salida. "Oye cuendo llegue el segundo decidle que hago muy buena cara, que se siente ahí tranquilito .... y que no joda" les digo en broma. Realmente he vuelto y estoy en un momento muy positivo de la carrera. Ahora es cuestión de surfear bien sobre la buena ola.
La subida que viene ahora además me viene muy bien. Es de las de caminar a paso amplio, subida, pero no de pendiente exagerada. Estar pasando este trozo con luz cuando las otras veces lo hacía de madrugada me anima un montón. La temperatura es perfecta y el bosque bien bonito. Estoy en uno de esos momentos en que te sientes Superman. La luz va cayendo y enciendo el frontal a eso de las 22h. Acabo saliendo a una pista y cruzo el parking de la Naturlandia cota 2000. Queda poco para el avituallamiento de Roca de Pimés. Unas cuantas pistas de tierra donde alterno trote y caminar, y llego a este punto de control a la luz de la hoguera (km93; 15h38). Repongo isotónico, como algo de fruta y sigo a buen ritmo. Si el portugués ha abandonado, probablemente el que venga detrás sea Sanvi. También debe haber algún vasco-francés porque hace rato que me encuentro un grupo de gente con camisetas con ikurriñas pero que me dicen "Bravo Monsieur!" (gente formal y educada). Y qué será de Gianluca Galeati? Seguramente está yendo de menos a más y también será un rival complicado. Pero en el trozo malo no me han alcanzado y ahora estoy llevando muy buen ritmo. Es momento de intentar abrir un hueco que me garantice una buena posición al final a pesar de que después aparezcan previsibles momentos peores. El podium ya es una opción considerablemente sólida.
Hago estas cábalas mientras subo por pistas y atajos camino del Pic Negre. El avance sigue siendo muy bueno y en los prados superiores troto relativamente ágil. Llego a un control de paso. "Vas be?"... "Prou be, si, si!"... "D'on ets?"... "Mira doncs entre Lleida i Girona"... Pequeñas conversaciones que se agradecen para romper la soledad de la noche. Acaba el periplo por el altiplano del Pic Negre y llega la bajada a la Collada de la Caulla. Terreno más técnico y con bastantes piedras, con lo que mis dedos de los pies me recuerdan que aún están ahí, pero en medio del buen momento, parece que hasta duele menos. Paso zumbando por el control de paso del collado "Trescents seixanta-set!" grito el dorsal, y hasta luego. Un tramo llano de sendero con pequeños repechos y llego al refugio de Prat Primer. Busco la fuente para echar un trago... "Aquí tens la font" me dice la chica del control. Joder que rica está el agua... "Venga venga molt bon ritme!" me dice mientras salgo en pos de la Collada de Boumort. Es un repecho muy duro que hace pupa cuando vas justo. Incluso ahora que voy bien, ralentiza bastante mi ritmo, pero bueno, dentro de lo normal. Lo que sí es un toque de atención más importante es el rugir de mi estómago, que me recuerda que no hay que olvidar la alimentación. Llego a la cima y miro de reojo y con algo de miedo hacia atrás. No se ve ninguna luz. Perfecto... Llevo como mínimo 20 minutos de ventaja. Bajo hacia el avituallamiento de Claror, nuevamente con el único problema existente actualmente que es el dolor en los pies, y llego al refugio, donde no hay señales de vida. "Hola!" grito... Finalmente abro la puerta del que parece el cuarto principal y veo un montón de gente durmiendo, entre ellos los voluntarios, que se levantan rápidamente algo estresados. "Trescents seixanta-set"
Refugi de Claror (km105; 17h57'):
Hubiese preferido algo de pasta pero lo que tienen es caldo de verduras, así que intento suplir la carga de hidratos con alguna galleta, además de la típica ración de melón, sandía y plátano, que siempre apetecen. Doy las gracias y con el estómago algo más contento vuelvo a salir a la noche. Viene ahora un tramo algo confuso en el que hay que estar atento a las marcas hasta el refugio de Perafita. Es terreno rompepiernas y sin referencias claras, pero las piernas siguen bien y avanzo a buen paso. Después del refugio empieza una subida al Coll de la Maiana que me viene la mar de bien, tendida y de paso amplio. La luna sale al frente y me anuncia su compañía para lo que queda de noche. Desafortunadamente no es llena, como otras veces, y no permite ver esos paisajes nocturnos espectaculares. Cruzo el collado en la soledad de la noche y bajo al otro lado en dirección al valle del Madriu. Las bajadas me quitan algo del buen sabor de boca porque me deveulven el dolor de pies, pero como las fuerzas siguen a buen nivel, lo llevo con filosofía. Al llegar al fondo del valle me encuentro otro punto de control de voluntarios sentados entorno a una mesa (19h10). Una buena manera de disfrutar de la montaña a las 2 de la mañana. Cruzo el río por un puentecillo de troncos y enfilo nuevamente terreno ascendente por el amplio camino que va de Escaldes al Estany de l'Illa. Esta subida también me encanta. De caminar rápido y con tramos en los que incluso se puede trotar. Voy mirando el reloj y veo que puedo estar en Illa alrededor de las 3 de la mañana, muy buen horario. El último tramo de subida da más vueltas que un manco en una piragua pero finalmente llego al refugio-avituallamiento, justo después de las 3.

Refugi de l'Illa (km117; 20h08):
Me viene a buscar un voluntario la mar de simpático que me acompaña los últimos metros. Mientras me como una sopa, ahora sí bien cargada de fideos, me rellena los bidones con isotónico. Repito más sopa, que bien caliente sienta genial en el fresquillo de la noche. Cojo algo de fruta y ya estoy listo para continuar. Agradezco la compañía y salgo en dirección a la Portella de Vallcivera. Aquí se separan los itinerarios de la Ronda y del Mític y empieza una bajada hacia la Cabana dels Esparvers. Otro tramo técnico al principio, lleno de piedras que voy chutando con mis dedos maltrechos, y otro trecho más llevadero pero que se hace interminable hasta llegar a la confluencia con el valle que sube hacia la Portella Blanca. Como siempre que paso por aquí me acuerdo de la roca donde me encontré a Francesc en 2013 convencido de echarse una siesta de 5 minutos a las 5 de la mañana, con la fresca. Un poco más allá llego a un nuevo punto de control junto a la Cabana dels Esparvers, que marca el final de la bajada y el principio de la subida a la Portella Blanca. Ya empieza la cuenta atrás y después de esta ya sólo me quedarán tres subidas. Intento verlo de forma optimista. Además este tramo también me gusta porque el primer trozo es tendido y se camina rápido. Al principio hay un poco más de pendiente y después se accede a un prado amplio donde ya se alcanza a ver el collado. Me parece hasta cerca, todo sigue siendo positivo. Pero los problemas pueden aparecer en cualquier lado...
He seguido bebiendo isotónico según lo previsto y la cosa ha ido la mar de bien, pero no se si con la mezcla con otros alimentos se me ha formado una bola algo más espesa en la garganta. Intento arrancarla con fuerza... demasiada fuerza. El Kame Hame carrasperil desestabiliza todo mi interior y me viene un amago de arcada. Intento engañarle y caminar tranquilamente pero es demasiado tarde y vuelve al ataque. Finalmente acabo vomitando, aunque afortunadamente no demasiado. Parece que el poder oscuro se contenta con sacar algo del caldo y plátano del avituallamiento anterior (perdón por los detalles...) y puedo seguir caminando. Venga, no pasa nada. Hace tres años me pasó lo mismo bebiendo Powerade. No quiere decir que vaya mal, no pasa nada. Pero los problemas nunca vienen solos y al cabo de unos minutos mi frontal parpadea. Primer aviso. Sigo un poco más allá, pensando que me dará tiempo de llegar al collado y cambiar allí la batería. Nops... Segundo aviso y tarjeta roja. El frontal se apaga y me quedo a oscuras. Fantástico. Saco la batería a tientas, y a tientas intento encajarla. Ahora es cuando agradecería la luna llena. Me cuesta y pierdo otro minutillo, pero al final acabo encajándola y vuelvo a ver a mi alrededor. Busco las marcas... Ahí están. Ostia no, hay un montón. Mierda, son vacas. Los ojos de las vacas. Es un problema clásico, pasas un rebaño de vacas y es imposible diferenciar lo que son reflectantes del marcaje de los ojos de las vacas. Al final medio por intuición medio intentando identificar cuales se mueven y cuales no, acabo acertando la línea de banderolas. No obstante tampoco hay muchas y más arriba me voy un pelín a la izquierda y tengo que reubicarme. Venga, no hagas el imbécil y sitúate, que un error aquí lo tira todo por la borda. Finalmente acabo acertando la rampa final y llego a la cima de la Portella Blanca, donde vuelvo a cantar mi "tres sis set". Miro de reojo y parece que no se ve ningún frontal allí abajo, a pesar de mis minutos perdidos. Tampoco sé si alcanzo a ver todo el valle, sólo veo oscuridad. Da igual, a lo mío. Paso al otro lado y aligero el paso por un tramo llano camino del Coll dels Isards. Lo veo más lejos de lo que me imaginaba. Es lo que tiene, cuando todo es positivo ves las cosas cerca y cuando se empiezan a torcer, las ves lejos. Y es que se están torciendo...Llego al pie del repecho del collado y noto que mis piernas tienen menos energía. Normal, con el percance con el isotónico he dejado de beber y comer. Noto un agujero en el estómago, pero no me apetece comer y en este momento no tengo la fuerza mental para forzarme a ingerir algo. Decido erróneamente esperar al avituallamiento de Pas de la Casa, que está bajando al otro lado. Paso el collado a trancas y barrancas y bajo al otro lado por un tramo rocoso. Ahora que voy mal los golpes en los dedos de los pies me molestan mucho más y eso entorpece mi avance. Mi pesimismo va en aumento. Empezaba a ver factible la victoria. Se va a ir ahora todo al garete? Salgo a una pista, pero las marcas no bajan por ella sino que van hacia la derecha, saltando entre pistas de esquí. El terreno es incómodo y eso me va fatal. No tengo ganas de correr ni en las bajadas, aunque me fuerzo para perder el mínimo tiempo posible hasta el avituallamiento. Entro trotando en las calles desiertas de la dormida estación de esquí, con las primeras luces del día. Me encuetro a Francesc, Jordi y Nil justo antes del avituallamiento. "Vinga que vas molt be!"... "Que va, que va, vaig fatal, m'he vingut avall en aquesta baixada".

Pas de la Casa (km130, 23h10):
El panorama es bastante peor que en los avituallamientos anteriores. Me pido un caldo con arroz y alguien me rellena un bidón con isotónico y otro con agua mientras como. Cambio otra vez de zapatillas pero los calcetines que quedan tienen uno roto así que me acabo poniendo dos diferentes. Van pasando los minutos y parece que cojo algo de aliento para volver a salir. Los ánimos de todo el equipo de apoyo me acaban de dar el empujón necesario y me devuelven algo de optimismo. También ha aparecido por aquí Roger, que tuvo que abandonar en Margineda y se lo ha currado un montón para estar aquí a estas horas. Vamos, como todos, un detallazo. Me dan una buena y una mala noticia. La buena noticia es que en el paso anterior el segundo iba a 45 minutos. La mala es que el segundo es Gianluca Galeati. Es un corredor con muchas tablas, experto en carreras como el Tor des Geants, y seguro que va de menos a más. Tal como ha sido mi última bajada me lo imagino a media hora, y con el tiempo que he estado parado aquí parece seguro que en el próximo tramo me coja. El  tercero va más lejos, a 2 horas. Esperemos que este no me pille, aunque si me sigo hundiendo...De todas formas con los ánimos de todos me voy recuperando y estoy dispuesto a plantar la batalla que pueda. Venga, levantémonos y adelante. "Resucitaré otra vez" les digo, y me voy para la puerta.
Salgo del avituallamiento con Jordi, que me anima y me indica por dónde va el camino, aunque ya lo conozco. He cogido algo de fuerzas para trotar e intento coger un ritmo mínimamente digno. Si me tiene que coger que me coja, pero por lo menos que le cueste. El tramo de bajada me sirve para coger algo de ritmo, además de para embarrarme las zapatillas recién cambiadas. Llego a la curva del valle y empieza la subida al Port Dret. Probablemente sea la peor subida de la carrera, por lo que llevas, por las rampas y porque es prácticamente fuera de camino. Mi ritmo es ya de modo supervivencia, pero almenos voy avanzando. El valle describe varios escalones y antes del último aparece un tramo de pista por donde aprovecho para trotar un poco. No hay que regalar nada. De nuevo sobre sendero, afronto el último repecho, que es demoledor. Por lo menos no me ha pillado todavía. Veo unas tiendas que sugieren un control de paso pero no veo a nadie. "Hola?" grito... pero nadie. Pico con el palo a la tienda pero nadie reacciona. Pues nada, hasta luego. Alargo el paso por un tramo llano que me devuelve algo de ritmo y hasta me animo a trotar antes de llegar a la bajada definitiva. Miro de reojo y no veo venir a Gianluca. Afronto la bajada. Los dedos me siguen doliendo y ahora estas zapatillas además me rozan en el hueso del tobillo. Pues vaya negocio que he hecho... De todas formas en lo positivo parece he recuperado un puntito y acompañado por un día que apunta radiante, llego al avituallamiento de Incles con la sensación de haber estabilizado la caida y de no ir a peor. He aguantado un parcial, y me quedan dos. Aunque quizá eso sea peor si al final me acaba cogiendo cerca de la meta...

Vall d'Incles (km142; 25h55):
Los nuevos ánimos del avituallamiento vuelven a ser clave para acabar de darle la vuelta a la tortilla y renovar el modo resistencia para el siguiente tramo. "El Codina i jo vindrem entrenant, no t'espantis si veus algú que arriba", me dice Nil. Salgo del avituallamiento seguido por mi hermano, que se ha traído el dron que tiene y me graba el primer tramo de subida. Salgo con fuerzas renovadas, aunque sobre todo porque el primer trozo no es muy empinado. El tramo de subida hasta Cabana Sorda discurre bastante bien y hasta puedo trotar en algún tramo menos exigente. Pasado el refugio ya es otra cosa, porque las banderolas trepan por un tramo demoledor. El ritmo vuelve a bajar, aunque tengo la esperanza de que sea igual para todos. Rodeo el lomo de la montaña y afronto la última rampa, de unos 100-150 metros de desnivel. Esta ya es para rematar al personal. Recuerdo la primera vez que pasé por aquí en 2010. Era de noche y veía reflectantes y más reflectantes, y cuando te parecía que estabas mirando al cielo, aparecía una luz intermitente indicando el punto más alto de la subida. Ahora voy oyendo al de arriba que toca un cencerro para animarme, pero chaval, si tienes que aguantar tocando hasta que llegue vas fino. Subo en modo himalayista y el tramo se hace eterno, pero finalmente llego a lo más alto. "Vaya tela..." le digo al tío. 
Miro atrás y allá abajo ha aparecido una figurita de negro. "Per allà en ve un" me dice... Me entra un ataque de pánico pero recuerdo lo que me ha dicho Nil y tengo la esperanza de que sea él. Me monto una película según mis intereses, de que seguramente han esperado hasta que llegase Gianluca para ver a qué distancia iba, y entonces han subido a saco. Si es así la distancia aún es significativa. Esperemos que esté en lo cierto. Bajo al otro lado con más pena que gloria. El último repecho me ha dejado tieso y ni las piernas ni el dolor de pies favorecen un ritmo decente. En un cierto momento resbalo en un tramo embarrado y caigo con las rodillas retorcidas. Me desespero... No, venga, no desesperes. Me pongo en pie y me obligo a trotar, aunque sea de forma cansina. Por fin el terreno se hace más fácil y se va acercando el avituallamiento de Coms de Jan. He aguantado otro asalto. Sólo quedan 20 kilómetros. Una subida y una eterna bajada que es muy peligrosa, porque se pueden generar diferencias de ritmo importantes si las fuerzas de uno son muy superiores a las de otro. En fin, de momento comamos.

Coms de Jan (km150, 28h02'):
Pido sopa con pasta. "Només hi ha caldo, ara et bullo els fideus"... No jodas... "Quant tarden?"... "5 minuts"..."Bufff, no me'n sobra ni un. És igual, dona'm el caldo". Intento buscar hidratos que los sustituyan y acabo sorbiendo el caldo mientras me llevo a la boca puñaditos de frutos secos. Algo de fruta y pa'lante. Con esta gasolina hasta Sorteny. Echo un vistazo atrás y veo al corredor de negro bajando a zancada limpia por el prado del otro lado del río. Eso no puede ser un tío que lleva 150km... Y si lo es, muchas felicidades y ha sido un placer. Me pongo en mi modo subida y voy superando la subida escalonada que lleva a la Collada de Meners. El ritmo no es nada del otro mundo pero es constante, así que voy haciendo camino. Por fin llego a un punto más alto donde hay un tobogán de bajada que atraviesa un nevero. "Vinga Albert!"... Menos mal, era Nil. "Osti tiu, vas molt be! No t'agafava!". No me mientas... "Com ve l'italià?"..."Ui no, no tranquil, està molt lluny, 40 o 45 minuts". Se me pone la piel de gallina (y si no, sería porque a los pelos no les quedaban fuerzas...). "No saps l'alegria que me dones, de veritat"... Ahora sí que lo veo posible. He conseguido prácticamente mantener la distancia, a pesar de ir justo, con lo cual quiere decir que él también debe ir cansado. Me parece increible pero empiezo a hacerme a la idea de que puedo ganar la Ronda dels Cims. "Merci Nil, de veritat"... "Venga, venga, aquest ritme és molt bo"... Sin fuerzas pero con corazón, afronto el último repecho camino de la Collada de Meners, donde me recibe un nuevo voluntario. "Una foto pel twitter!" y me la tira mientras bebo un traguillo de agua de su botella. Venga, a por la bajada.
Tienes que conseguir trotar. Queda poco, lo tienes ahí, pero hay que asegurarlo. A mi ritmo de bajada no se le puede llamar correr, ni mucho menos, pero si que es algo más que caminar. Sería un dejarse caer por las revueltas, con media concentración para levantar las rodillas y media para levantar las puntas de los pies y evitar más golpes en los dedos. En medio de esta danza llega Jordi por detrás con su ya célebre "Vas molt be Albert! Molt be tiu!"... "Amb aquest ritme no pateixis que el tens controlat l'italià". Venga pues a mantenerlo como sea... El camino se mete a la derecha por un colladito y tras bordear una vaguada ya baja en dirección a Sorteny, que está allí al fondo. Un poco antes de llegar, alguien me saluda agitando los brazos. "Molt be Albeeert!!"... Osti, es Marta!... "Vinga que tens a tots els Aligots seguint-te"... "I hi ha l'Aurelio que em diu que t'ha estat seguint tota la nit i que está muy emocionado!"... Qué maravilla, Aurelio. Los ánimos y los empujones telepáticos me ayudan a llegar a Sorteny, donde vuelven a estar Francesc, Nil y Jordi. Realmente, me llevan en volandas.

Refugi de Sorteny (km157; 30h02'):
"Tranquil que li portes més d'una hora al segon, encara no ha passat per..."... "Per Coms de Jan?" digo esperanzado. "Sí, això, Coms de Jan"... Bufff, ahora sí que sí. Me relajo. Francesc me dice "ara aquests quilòmetres els has de disfrutar". Sonrío. Él sabe lo que es esto y por dos veces. Yo no me había imaginado estar en esta situación y tengo esa preciosa alegría de las cosas buenas inesperadas. Tomo algo de caldo y fruta mientras Marta me lee los mensajes del grupo de whatsapp de Aligots. "Diga'ls-hi que moltes gràcies, de veritat"... "L'Eli i l'Aparici també t'envien molts ànims" em diu el Francesc. Todo suma, y es gracias a esas buenas vibraciones que he podido llegar hasta aquí. Marta me dice, "Vinga va, que això ja ho tens, i demà l'exhibició de salsa!"... Diossss, no... Eso no me lo recuerdes... Salgo del avituallamiento medio avergonzado mientras los demás me miran con cara de estar más sonado que el pecho de King Kong. Me vuelvo a dejar caer por la primera rampa, bastante torpemente, pero al llegar al sendero que ataja hacia el Serrat parece que cojo algo más de soltura y aprovecho mejor la gravedad. Llego a las casas del pueblo y me voy encontrando con mi madre, mi hermano, Elena y mi padre. En cuanto les veo a lo lejos levanto los bastones en señal de victoria. Soy feliz. Me hace mucha ilusión compartir estos momentos con ellos, que me han seguido tantas veces.
Cruzo el pueblo y cojo un camino que lleva hasta una pista, ya en el fondo del valle. Ahora ya son 6-7 kilómetros picando para abajo y lo tengo. Troto en llano y bajada, pero en vistas de que tengo margen, soy incapaz de hacerlo a la que viene algún tramo ascendente. Me cruzo con un americano que me hace una foto. "Parreces muy frescou"... "Bueno, porque estoy contento!"... "Clarro, clarro, muy bien!!". Me acompaña un trozo hasta un punto de control donde canto alegre el "Tres sis set". Sigo avanzando por el valle, con un calor creciente y un sol que cae en el cogote y que hace crecer también mis ganas de llegar. Voy pasando los diferentes pueblecitos del valle y al llegar a la Cortinada alguien aparece corriendo a mi lado. "Osti Albert!! M'estàs dient que guanyaràs la Ronda?"... "Bufff tio, no m'ho crec, estic super content"... Es Sergi, que me acompaña unos metros para animarme y después se vuelve a donde estaba comiendo. Cruzo un puente lleno de gente encorbatada que también me anima y recorreo un tramo por la acera de la carretera. Ya distingo la distancia que me queda hasta Ordino. 
Paso un nuevo punto de control (anti-tramposos coge-coches) y junto a un campo de golf, que me deja ya en el camping justo antes de Sornàs. Otras dos personas a lo lejos saludándome a lo lejos. Sonia y Toni! Buenos momentos pasamos entre Cainejo y Zegama! Nos abrazamos los tres y Toni me acompaña ya dentro de este último kilómetro. "Osti tiu què bé!"... "Bufff, estic super content" (no sé decir otra cosa). Charlamos un poco pero enseguida le digo "perdona Toni, però crec que si dic una paraula més vomito..."... y no es cuestión de montar un espectáculo a la llegada. Ya estoy en la carretera, curvita a la izquierda y primeras casas del pueblo. Otras tres figuras a lo lejos... Francesc, Nil y Jordi... Que grandes... Se unen al grupo y también comparten conmigo este momento. Es la tercera vez que compartimos el último kilómetro con Francesc, una llegando juntos y las otras dos con uno como vencedor y el otro habiendo abandonado. Ojalá algún día estemos los dos a la vez en la mejor cara de la moneda. Más brazos que se agitan a lo lejos... Marta y Guille!... "Heu trobat la 38?" bromeo (con Marta y Guille nos conocemos del mundillo rogainero).  El repecho llega a su fin, los coches pitan, el policía que vigila el tráfico me saluda y aparece la recta de meta. Saludo a mi padre que me está grabando, miro a la gente a un lado y a otro y, entre un ruido lejano de aplausos, ánimos y gritos del speaker, saboreo cada metro de esa alfombra que conduce hasta la línea de meta y cada segundo de ese momento que recordaré toda mi vida.

Se que puede parecer un tópico decir que todo esto no hubiese sido posible sin la gente que le acompaña a uno, pero lo tópicos pueden ser ciertos. Más allá de que te llenen el bidón, te ayuden a cambiar las zapatillas, los calcetines, o te traigan un plato de pasta, el salto de potencial que te aporta llegar a un avituallamiento y ver las caras ilusionadas de la gente que aprecias es clave para mantener la determinación en una carrera como esta. La compañía en situaciones como la de Pas de la Casa es fundamental para darle la vuelta a la situación y convencerse de que es posible superar las dificultades. Pero sobre todo, tener al lado a esas personas en momentos como el que viví tras cruzar la meta de Ordino es de esas cosas que le dan sentido a la vida. Y es que como dijo Alex Supertramp, "la felicidad es real cuando es compartida".

Besos y abrazos

P.D: Felicidades si habéis llegado hasta aquí, y perdonad que haya salido tan larga, pero como comprenderéis, tenía ganas de volver a disfrutar de la carrera.

 ... y un momento surrealista con unos pasos de salsa.


Os dejo también el video en directo de la llegada. Yo aparezco hacia el minuto 35:
https://www.facebook.com/AndorraUltraTrail/videos/1931707190224728/

P.P.D: y ya puestos a llegar hasta aquí, vamos a añadir algún comentario técnico sobre cómo afronté la carrera. Lo primero que reseñar sería el tema nutrición. Este último mes decidí ponerme en manos de un grupo de nutricionistas, más que nada porque es una variable que no controlo y que es muy importante. El grupo en cuestión es Nutriexper y yo en concreto he recibido las indicaciones de Anna Gils. A la vista de los resultados, no hace falta decir que muy contento. La alimentación de la carrera se basó sobre todo en isotónico (Tailwind), membrillo, rollitos de pan de molde con mermelada, y caldo con pasta o arroz en los avituallamientos importantes. También como he comentado en la crónica, ese invento de la patata machacada que la verdad es que me gustó mucho.
A nivel de material, corrí la carrera con tres pares de zapatillas. De la salida a Margineda (km73) con las Salomon S-Wings Softground. Cómodas, buen agarre... Nada que objetar, pero como estaban mojadas, mejor dar un poco de descanso a los pies. De Margineda a Pas de la Casa (km130) con las Salomon S-Wings pero versión normal y de 2017. Evidentemente algo menos de agarre, pero bien también. Los últimos 40km los hice con las Salomon Sense Ride. Algo más blandas. Son como las Sense Ultra pero en versión más económica, y por tanto con algo menos de prestaciones a nivel de suela y upper (peso, creo) pero bueno, dan el pego. Si es cierto que me molestaron un poco en el hueso del tobillo, pero supongo que es cuestion de los kilómetros, y también es cierto que es un problema que me ocurre con bastantes zapatillas, así que debe ser un problema de la forma de mi pie.