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domingo, 29 de marzo de 2015

Trail Mirmande

Buenas!
Voy a ver si aprovecho la tarde que si entramos en la semana es imposible encontrar el tiempo para ponerme a escribir... Además en caliente os puedo martirizar con más detalles de la batalla. Así que ahí va la crónica de la carrera de esta mañana.
La carrera en cuestión era el Trail de Mirmande. Datos: 43kms en teoría, 46,5 según el reloj. 2000 metros de desnivel positivo en teoría, ahora me acabo de entretener a contarlos sobre el mapa y me salen 2350, solo contando el desnivel que identificas con las curvas de nivel, que normalmente es menos que el que sale en realidad a base de vaguadas, toboganes y demás (http://www.trail-mirmande.com/43-km/). Os va sonando la cosa a excusas que voy poniendo, no? Soy un spoiler... ;-)
Total que con el cambio de hora en contra me levanto a las 5 de la mañana (nuevas) para salir a las 6 con François, un amigo del trabajo que va a hacer la carrera de 26km. Nos toca hacer 150km hasta Mirmande, donde empieza la carrera a las 9 de la mañana, ahí nos situamos.
La salida es conjunta para las dos carreras, así que identificar posiciones es un lío. Salimos desde un camping dando la vuelta al mismo, como siempre a buen ritmo para coger posiciones de cara a los primeros senderos. Veo un poco más adelante a Fréderic Desplanches (del equipo New Balance), un tipo pintoresco que ganó la carrera el año pasado y ganó también el Challenge Charles et Alice, carrera en la que yo abandoné. Un buen galgo, vamos... Llevo también justo delante a otro corredor que me parece que es Guillaume Le Normand, el ganador de la edición de este año de Le Treg, la carrera del Chad. No tengo idea de si el resto son de la carrera corta. Me ilusiono con que así sea. Las hostilidades empiezan con un primer repecho de unos 150 metros de desnivel, donde se forma algo de atasco, cosa que aprovecho para coger aire. Bajada rápida, más cuando la gente está fresca y empalmamos directamente con el segundo repecho. Voy detrás de Guillaume y de varios corredores de la carrera de 26km que llevan algo menos de ritmo que nosotros en la subida pero apretan más en la bajada así que cuesta adelantarles. Entre ellos un tipo con unas bermudas de flores, de las de manual... 
La segunda bajada nos lleva al pueblo de Mirmande propiamente dicho. Ya he cogido el ritmo y me encuentro bien, así que suelto las piernas y adelanto a Guillaume en un tramo de asfalto que nos lleva a la tercera subida. A unos 100 metros veo a Fréderic Desplanches. Tengo la impresión de haber empezado como tocaba, me siento bien y voy encontrando mi ritmo. Empieza el repecho por unas callejuelas de escaleras que llevan a lo alto del pueblo y empalman con un camino tendido que se sube bastante bien. Alcanzo a otro corredor de 26km y lo paso al llegar al descenso. Le dejo atrás, buen indicador teniendo en cuenta que no soy un gran bajador. Casi sin darme cuenta llego a una pista que tomo a la izquierda por un tramo llano que empalma al cabo de poco con el cuarto repecho, otros 120-140 metros en este continuo sube-baja. A media subida veo detrás de mí a un corredor de la carrera de 46km (que cómo lo sé? Por el número de dorsal...). Tiene pinta de llevar buen ritmo, moviendo con agilidad y frecuencia sus New Balance minimalistas. De todas formas se mantiene unos metros detrás, junto con otro corredor de la de 26km. Tampoco me pasan en la siguiente bajada. Bien, señal de que no voy mal. Llegamos al primer avituallamiento, algo así como en el kilómetro 12. Paso de largo pero echo un tramo a la botella con sales (Powerade) que llevo en el cinturón (hoy he corrido con el cinturón portabidón, no me ha convencido la decisión, se movía bastante, creo que los portabidones, almenos los que yo he probado, están perdiendo terreno frente a las mochilas chaleco, más cómodas y no más pesadas desde mi punto de vista). 
La quinta subida es algo más larga, unos 270 metros netos. Yo sigo con buenas sensaciones y troto
detrás del minimalista (llamémosle así, con todo respeto, que últimamente he hecho mis pinitos en el tema con mejor resultado del que esperaba... sin haberme convertido, de todas maneras...). La subida pica pero voy bien. Incluso tengo la sensación de que resoplo menos que él. Después de la subida viene un largo tramo "llano" en el que corremos a buen paso. En la bajada definitiva tomo la delantera, más de cara a hacer yo delante la próxima subida, la más larga y poner las cartas sobre la mesa a ver qué lleva cada uno. Empiezo a subir sin cebarme pero constante. Él resopla pero sigue detrás sin muestras de flaqueza. En un momento determinado dudo un momento con las marcas y el me pasa hacia la izquierda, así que me quedo detrás. Y el ritmo se incrementa un pelín, no demasiado, pero mis sensaciones van un poco a menos... Y después a menos... Vaya, me está sacando de punto. Al final él tenía un trío de ases y yo una pareja de jotas a todo estirar. Pues nada, coge tu ritmo que esto es largo y si las cosas tienen que cambiar ya cambiarán después. En una rampa más empinada camino un poco por primera vez. Noto las piernas pesadas y un poco de marcha espero que me ayude a oxigenar un poco la musculatura. Poco a poco lo pierdo de vista y quedo definitivamente a mi bola. Todavía tengo la esperanza de que fuésemos segundo y tercero y todavía esté en situación de podio. Más tarde de lo que me hubiese gustado se acaba la subida y viene un tramo de sube-baja hasta una carretera, donde nos juntamos con los de 26km, que habíamos dejado hace un rato. En el cruce una mujer me dice "Quatrième!"... "Pues vaya... Lástima...". Tiene pinta que los dos primeros están lejos y que el podio en todo caso me lo juego con el minimalista. De todas formas la carrera pasa por reecontrar las sensaciones.
Afortunadamente a una subida larga le sucede una bajada larga y me suelto un poco para coger un buen ritmo, ayudado por los corredores de 26km, que me van sirviendo de referencia. Entre ellos François, al que encuentro en una bajada con su inseparable camiseta del PSG. Lo adelanto en una bajada pero había vislumbrado sus 2,04m dos kilómetros antes... Parece que he mejorado algo (faltaría más, yendo para abajo...). Me tomo el segundo gel (hoy voy a base de tres geles, teniendo en cuenta que la carrera es rápida y más corta que de costumbre) y paso también de largo el segundo avituallamiento, al final de la bajada. Sin cuartel, cien metros de asfalto y vuelta a subir, por unas escalerillas empedradas. 50 metros de subida y otro tobogán de asfalto, antes de que continúe la subida. La anterior y estos 300 metros de subida son las dos dificultades principales de la carrera. El camino es bastante tendido y en principio fácil, pero una raíz acaba conmigo en el suelo. Me levanto rápido y cinco metros más adelante otra raíz me remata. A mí y a la frágil correa de mi Garmin 310XT (apuesto a que no soy el único al que se le ha roto). Me levanto con algo más de calma y me meto el reloj en el bolsillo. Sigo al trote, almenos la pendiente es llevadera y adelanto corredores de 26km, cosa que me hace creer qeu llevo buen ritmo.
Pero de repente oigo pasos detrás de mí, me giro y es Guillaume. Jops, esto no me lo esperaba,
pensaba que llevaba mejor ritmo que él. Pero claro, con el semiglobo que he pillado hace un rato. Identifico un momento potencialmente crítico para mi moral. Podio definitivamente al garete, me pasa un corredor que pensaba que iba más lento y más jodido que yo... La única referencia anterior que tenía de Guillaume es el tiempo de cada uno en Le Treg, en ese caso bastante mejor el mío (básicamente porque este año hizo un calor de tres pares de...). Por tanto el hecho de que me alcance supone un golpe para esa impresión que tenía entrenando de que este año estaba bastante mejor. Bueno, desenchufa la batidora mental porque si no esto va a ser una autopista hacia la debacle. Me pasa y me anima (yo estoy para hablar más bien poco) y yo sigo a la mía, con mi trote. Cruzamos una carretera y llega el último repecho de la subida. Veo que Guillaume se pone a caminar, mientras que yo soy capaz de trotar, aunque sea lento. Eso hace que almenos la distancia se mantenga en unos 30-40 metros. Así sigue la cosa en la bajada, conmigo en un estado anímico algo decaído, pero que intento controlar. Llega un repecho, que no alcanzo a saber si es la subida siguiente o un repecho que no había identificado cuando me empollé el mapa del recorrido. Sea como sea me sienta como una patada en el trasero y Guillaume se separa. Se acaba el repecho y empezamos a bajar, Guillaume cada vez más lejos. El camino es técnicamente fácil, así que entro en modo piloto automático y que pasen los kilómetros (no se cuantos porque tengo el reloj guardado...). 
Definitivamente lo de antes no era la siguiente subida y es ahora cuando llega (van nueve?). Buenas noticias, allá delante Guillaume se pone a caminar casi al empezar un repecho que tampoco parece un muro. Esta es la mía, voy a ver si recorto. Efectivamente, al llegar arriba estamos muy cerca, en el siguiente tramo llano le paso y cuando llega la bajada de verdad noto que me voy separando. Me tomo el último gel, quedan tres subidas y a ver si puedo defender esta cuarta plaza. Paso el tercer y último avituallamiento y afronto una nueva subida, ¡la décima! (mierda, recuerdos futbolísticos funestos...). En un alarde de fuerza de voluntad me paso el avituallamiento y lo cambio por un trago de Powerade y troto pista arriba, más por el posible golpe moral hacia mi perseguidor que porque realmente tenga muchas fuerzas. Algo más arriba me giro y veo que no viene, así que me pongo a caminar. Caminando se hace más larga la cuesta, pero al final se acaba... bueno, se acaba y deja paso a un camino por el lomo de la montaña que va subiendo y bajando. Mi ritmo es de trote cochinero, pero cochinero de verdad. Además hace hasta calor, el sol molesta, me pican los ojos de la luz... Estoy quejica... Se acaba la pista y empalmo con un sendero. Guillaume no viene, pero mi preocupación ahora se traslada a mis gemelos. Al entrar en el sendero más técnico veo que están con ganas de subírseme hasta las orejas. Si me tropiezo y me caigo la rampa va a ser digna del Angliru. Así que con cuidado y intenta no mover una pestaña de más... 
Llego a una carretera y giro a la izquierda y me dirijo hacia el undécimo repecho, que en el mapa tenía pinta de duro. Teniendo en cuenta que el último es cortito me ilusiono diciendo que ya es la última. Hay un preludio llano en el que voy echando vistazos atras. Nada. Bueno, mejor. Troto hasta que llega un desvío a la derecha en el que el terreno se pone estupendo. Venga, a caminar. Manos a los muslos, ajuste de la respiración y mente más allá de Plutón (que no es un planeta, que lo sepáis, que si no mi hermano se cabrea...). La cosa sube más que el precio de las copas en año nuevo... En algún tramo en que la pendiente afloja intento trotar, pero no está el horno para bollos y enseguida me rajo. Al final llego al lomo de la montaña y giro a la derecha. Bufff... menos mal. Vuelta al trote, torpe pero algo más rápido, básicamente porque la gravedad pone de su parte. Vuelvo a coincidir con corredores de los 26km, a los que paso en la bajada, primero porque ellos no van muy católicos y segundo porque con el olor de la meta he resucitado un poco, siempre con la amenaza de los gemelos. Llega un desvío a la izquierda y un tramo llano y algo de subida. La teórica duodécima subida acaba siendo mucho más corta de lo que esperaba. Mejor que mejor, bajo ya hacia la meta. Después de tanto sufrir el valle se acerca más rápido de lo esperado y finalmente llego junto al río. 
El camping no se ve por ninguna parte, y el sendero se pone a serpentear y a subir y bajar río arriba. Vaya, me temo lo peor, esto no estaba en el mapa y no estoy para trampas. De repente oigo al speaker por el altavoz de la meta, no está lejos, menos mal! Salimos a la pista del principio y unos metros más allá está el campo de césped por el que discurre la recta final. Sin subir el ritmo excesivamente intento poner buena cara para la cámara de François y cruzo la meta con un tímido saludo de brazos. Me viene el speaker y el organizador con un micro cada uno. Y yo con estos pelos, menudo discurso me va a salir. De primeras me sale un "Buffff, c'était dur..." y poco más. Después le acabo explicando un poco mi vida, no sé si de forma coherente con su pregunta (que no he escuchado...). Me dice algo de que si me he perdido... Mmmm, no... Mis fuerzas se han perdido por ahí pero yo las cintas las he seguido bien, diría... Al final entiendo que me habla de una carrera del año pasado en la que me perdí y él era el organizador. "Ah, oui, oui..." Y poco más, déjame ir a sentarme que estoy pa'l arrastre...
Merci François pour les photos! ;-) 
Balance: hombre, no negaré que entrenando me estaba encontrando muy bien, también en los rogaines y que venía aquí con ganas de comerme el mundo. Eso viene también propiciado porque yo a veces me creo que en lugar de Francia estoy en Brunei y que la gente no sabe correr por el monte. Al final la realidad es que el más tonto hace relojes y siempre me llevo merecidas curas de humildad. Visto con algo más de positivismo, la verdad es que el tiempo final, de 4h24 no está mal para la distancia y desnivel de la carrera. Era una carrera corredora, pero bueno, hay que correrla... Los de delante, aunque uno siempre es ambicioso, corren, y corren bien. Tu mejoras, pero los otros también, toca aceptarlo. El mismo Guillaume, que ha llegado unos minutos más tarde, es un corredor más destacado de lo que indica el tiempo realizado en Le Treg, de lo que indica si uno no tiene en cuenta las condiciones en las que se hizo. Por otro lado los entrenos, rogaines aparte, han sido un poco cortos para la distancia de hoy. Así que ahí ando, intentando construir una visión más optimista que durante la carrera, más en mi sitio y con ganas de seguir entrenando para acumular kilómetros y afinar de cara a los siguientes objetivos.
Además a causa de un sistema clasificatorio que no entiendo y que separa a los tres primeros de la clasificación general de las clasificaciones por categorías, he sido el primer senior, con lo cual me han dado una bolsa con cuatro camisetas (¿!?), un conejo de chocoloate y una botella de vino blanco (nous sommes en France...). Ya me pasó una vez en el Ultra de les Fonts que siendo séptimo acabé subiendo a lo más alto del podio y me dieron un saco de naranjas enorme.

Besos y abrazos

sábado, 28 de marzo de 2015

Rogaine de Collserola

De vuelta de las vacaciones y embarcado ya en la rutina laboral y deportiva, ahí va una de orientación...
El fin de semana pasado estuve por Barcelona en plan "flash", entre otras cosas para correr el segundo rogaine de la temporada con el objetivo de ir mejorando y ver de qué somos capaces de cara al campeonato del mundo de final de agosto. Se hace un pelín pesado hacer 6-7 horas de coche el viernes y otras tantas el domingo, pero sirve para una dosis de deporte, familia y amigos que siempre viene bien. Además el sistema del Blablacar se encarga de hacerlo más barato y siempre es interesante compartir el viaje con gente variopinta. En total dos francesas, un tunecino, una colombiana y un senegalés a la ida; otra colombiana, dos indios y tres hippies universitarios de Montpellier a la vuelta. Así que entretenido...
Si alguno de ellos iba hacia el sur en busca del buen tiempo, no acertó el fin de semana. El sábado amaneció con una lluvia y un viento que hacía que ir a correr por el monte fuese más bien poco apetecible. En medio del diluvio me perdí con el coche camino de El Papiol, gran forma de empezar de camino a una carrera de orientación... Me encuentro a Jaume protegido de la lluvia en su coche, ya preparado, así que hago lo propio y nos vamos para la salida, a escuchar el briefing y esperar al entrega de mapas. Como de costumbre, tenemos 20 minutos para planificar las 6 horas de la carrera. Esto es lo que nos encontramos:
Impresiones a vista: hay una acumulación de balizas en el extremo superior y parecido en el extremo inferior; el centro en cambio está bastante vacío. Total, que se presta bastante para hacer un recorrido circular. La salida está en el centro a la izquierda... ¿que hacemos? ¿sentido horario o antihorario?... La esquina superior izquierda tiene muchos puntos, si la dejamos para el final y llegamos apurados vamos a perder bastante, así que vamos a empezar por ahí y recorrer el mapa en sentido horario. Saldremos hacia la 51-42-83-65-74...
En medio de una lluvia intermitente salimos por el pueblo. Vamos casi solos, así que todo el mundo ha escogido otra estrategia. Da qué pensar... El camino hacia la 51 es un callejeo entretenido por el pueblo, no apto para hipermétropes. Suerte que Jaume tiene la lupa para mirar los detalles del mapa. Fichamos junto a una zona encharcada y nos vamos ha la 42 dando un rodeo por una calle del pueblo. Salimos hacia unos campos y nos encontramos con el primer problema, ya que el camino parece cortado en un sitio donde el mapa no lo indica como tal. Tras un par de minutos de dudas Jaume encuentra un senderillo que atraviesa un riachuelo. Bien mirado el mapa, está bien indicado. A ver si nos centramos... Tirando de caminos y sin más dificultad fichamos la 83, la 65 y la 74 mientras la lluvia aprieta.
Toca ahora la 92, nueve puntos que huelen a dificultades. El ataque a la baliza parece óptimo por un camino desdibujado que lleva a escasos metros por encima de la baliza. Acertamos con los desvíos pero cuando llegamos al sendero definitivo nos lo encontramos cortado. Eso nos lleva a buscar la baliza antes de lo que toca. Empezamos a perder tiempo y a acumular dudas. Volvemos al camino, volvemos a buscar... Al final me voy camino abajo a buscar una referencia segura (una revuelta en el camino, y vuelvo otra vez mirando con atención las curvas. Llego a donde está cortado y forzando un poco veo que se puede pasar y llego hasta un lomo de la montaña que tiene que ser el bueno. Efectivamente lo es. Además ha empezado a llegar gente, así que ubicamos la baliza, algo desmoralizados por el tiempo perdido. 
Un equipo mixto que ha fichado justo antes que nosotros ha salido pendiente abajo. Nos tiramos detrás. Otro error, el campo a través en Collserola es muuuuuy peligroso. Acabamos en una vaguada en medio de un zarzal de campeonato. El avance es penoso y desesperantemente lento. Desesperados acabamos saliendo al camino al sudoeste. Definitivamente la baliza 92 ha sido un fracaso completo. Vamos a intentar centrarnos y aprovechar la carrera para mejorar la orientación, que hasta ahora no estamos muy finos...
El camino al que hemos salido nos lleva a la 66, con un acceso algo incómodo y después cruzando un collado y bajando un collado nos plantamos en la 36. La idea es seguir es seguir hacia 75-46-55-95-64, abandonando 35, 56 y 47 que quedan al sur, montaña arriba y con acceso poco evidente. La línea elegida resulta bastante fácil, bien conectada por caminos y con poco desnivel hasta llegar al último repecho que lleva a una urbanización antes de bajar a la 64. Toca escoger la forma de bajar hacia el sur. Parece que la manera más rentable es 73-87-81-84. Las tres primeras no presentan más problema que los rodeos por caminos. En cambio camino a la 84 nos liamos en un vertedero tras una casa, perdiendo algo más de tiempo. En la 81, nos habíamos planteado las opciones 84-44 o 32-31-41 para ir hasta la 96. Escogimos la primera porque tenía más puntos. Ahora me doy cuenta de que la 84 está bien conectada con la 32, así que la opción buena hubiese sido de la 84 hacer 32-31-41. En fin, a toro pasado todos somos Manolete... En el fragor de la batalla nos fuimos por la 44 y nos pegamos un buen pateo hasta la 96.
Ahora tocan la 34 y la 54. La red de caminos es densa, así que llegamos sin problemas a la 34. En cambio yendo a la 54 nos encontramos cerrados dos caminos que en el mapa están marcados como "autopistas". Algo cabreados acabamos atinando con la tercera opción. Siguiente objetivo los 9 puntos de la 94, fáciles por terreno bastante llano, aunque nos cuesta algo de encontrar la cueva en la que está la baliza. Tenemos algo de dudas sobre cómo resolver esta zona sur del mapa. Al final optamos por 63-82-53-62, aunque la primera de ellas supone una ida y vuelta (además fallamos en el ataque a la baliza). Las otras no presentan problema.

A partir de aquí ya empezamos a volver. Empezamos con la 93, algo delicada al final por un camino desdibujado. Coincidimos con la misma pareja con la que nos habíamos metido en el zarzal al principio, en la 92. Dos franceses. Subimos con ellos montaña arriba camino de la 72, por unos caminos más presentes en el mapa que en la realidad. De aquí el plan es ir hacia la 76, pero el tema pinta complicado porque no hay caminos que conecten bien y toca bajar campo a través hacia el norte. Acabamos inevitablemente perdidos en medio del bosque. Vamos bajando pero el terreno es muy malo. Tengo la sensación de que los franceses escogen siempre el mejor paso, lo cual me lleva a un cabreo progresivo, conmigo mismo, con las zarzas y con el mundo en general. Finalmente llegamos a una valla y atravesamos un campo que no sé si es el que marca el mapa. Al otro lado hay otra valla y un cortado. No parece haber más opción así que saltamos una puerta y sin saber muy bien donde estamos llegamos a una pista importante. Vamos al este y un primer camino donde podríamos atravesar hacia la 76 nos lo encontramos cerrado con una puerta. Me cabreo con el mapa. Damos toda la vuelta por el este para ir a buscar el camino que sigue el lomo de la montaña y veo a los franceses más adelante que nos han comido la tostada atravesando por un atajo. Me cabreo con los franceses. Lo bueno es que físicamente me encuentro fantásticamente así que corro a zancada limpia camino abajo, más por desahogarme que por otra cosa. Acabamos llegando a la 76, donde nuevamente los franceses atinan más que nosotros y la encuentran primero.

Invadido por el lado oscuro de la fuerza salgo hacia el camino y la 77, mientras Jaume me dice que me calme. Es ya la última hora y el plan para lo que queda es 77-33-61-86-85 y barrer lo que se pueda alrededor de la meta. 77 y 33 se hacen a base de pata y hoy las patas van mejor que la cabeza así que bien. En cambio la salida de la 61 nos volvemos a liar un poco respecto de otros equipos con los que coincidimos. La 86, nos sale bien, exceptuando un tortazo que me pego en una bajada embarrada que acaba con un par de cortes en la mano. Bueno, ya para lo que queda... El camino hacia la 85 sigue una serie de pistas fáciles si vas bien físicamente, hasta un campo de frutales desde el que se ataca la baliza. Me vuelvo a equivocar y es Jaume el que encuentra el camino a la baliza. Quedan 15 minutos. Salimos a una pista y al pueblo, ya cerca de la meta. Decidimos optar por hacer 43 y 91, dejando la 71. Bajando a la 43 me meto sin querer en una cuneta de hormigón con ese musguillo húmedo resbaladizo. Las zapas escogidas para esta carrera fueron unas Fellcross de Salomon, que Jordi, uno de los fieles lectores del blog, (Jordi no em fallis ;-)) me regaló hace un tiempo. El rendimiento por el terreno embarrado de Collserola el sábado pasado fue exquisito, pero en terreno duro y húmedo son auténticos patines. Me voy al suelo, de paso rompiendo la brújula en tres trozos. Recojo los restos y sigo adelante sin darle muchas vueltas, mientras Jaume ya está encontrando la baliza 43. Salimos monte arriba hacia una calle que lleva a la meta, pero quedan 7 minutos y vamos a apurar hasta la 91. Aunque nos pasásemos de tiempo nos seguiría saliendo a cuenta, ya que vale más los 9 puntos de la baliza que los 5 puntos de penalización si nos pasamos menos de 5 minutos. De todas formas la baliza no presenta muchas dificultades y acabamos llegando a meta con casi dos minutos de margen.

Mis sensaciones contradictorias. Por una parte contento porque físicamente me he encontrado muy bien. Por otra parte cabreado porque tengo la sensación de que la cabeza no ha funcionado y que he cometido un montón de errores. No es que hayamos hecho una mala carrera ni mucho menos, pero es más la sensación de hacer cosas peor de lo que las puedes hacer. En fin... tampoco quiero ser demasiado negativo. De hecho el resultado en la clasificación no pudo ser mejor. Es cierto que los dos equipos que nos ganaron en la Llacuna en enero no participaban aquí, pero también que respecto de otros equipos quedamos más separados que otras veces, lo cual debe querer decir que la estrategia global escogida era bastante buena. Al final se trata de valorar las cosas positivas e intentar aprender de las negativas. En mayo tenemos varias oportunidades para ver si vamos en esa dirección. Dicho sea de paso, con esta victoria ganamos una inscripción al campeonato de Europa, que se celebra en la República Checa en junio. Lo malo para mí es que es el fin de semana de la Ronda dels Cims, donde aparte de estar ya inscrito tengo muchas cuentas pendientes que resolver. Creo que Jaume ya ha encontrado compañero alternativo, así que será un buen viaje y una bonita competición.
Por mi parte mañana tengo más jaleo, una maratón de montaña a algo más de una hora al sur de Lyon. El trail de Mirmande. Objetivo incierto, dado el desconocimiento del terreno y del resto de corredores que tengo en estas carreras por aquí. Creo que me quedo con confirmar las buenas sensaciones que estoy teniendo en los entrenos, casi diría que demasiado buenas...

Besos y abrazos


miércoles, 4 de marzo de 2015

Crónicas desde Buenos Aires

Aprovecho la buena conexión de este hostal de Buenos Aires para hacer la crónica de los últimos días de viaje. Mañana, rumbo a Europa y el viernes a trabajaaaaal... :-s (pero con las pilas cargadas...)

Lo dejamos en Villa O'Higgins, un pueblecito con aires de colonización recién llevada a cabo. Final de la carretera austral y punto que da acceso a un cruce fronterizo a Argentina bastante aventurero y accidentado. A ello vamos...

28 de febrero:
Tocó levantarse pronto para tomar el bus que lleva al embarcadero del Lago O'Higgins, donde nos subimos al barco que cruza el lago. Si alguien piensa que en un lago no hay olas... el viento del oeste menea el agua que da gusto y el barco se mueve más que un garbanzo en la boca de un viejo. El paisaje era espectacular y estuvimos un rato haciendo fotos hasta que quedamos empapados por el oleaje y decidimos retirarnos al interior. Ya nos mojaríamos más tarde. ¿Quién eramos "nosotros"? El equipo que nos juntamos para el cruce estaba formado por:
Felix: un alemán de Frankfurt que lleva 10 meses bajando en bici desde México y va para un par de años dando vueltas por Sudamérica
Carlo: ya os he hablado de él. Compañero de banquetes carnívoros, caminatas en busca del Cerro Torre, un simpático italiano que recorre en bici la Patagonia desde Valdivia a Ushuaia
Célia: mención especial para esta agradable e interesante chica francesa de 21 años que en su primer viaje en bici, lleva seis meses recorriendo desde Ecuador hasta la Patagonia. De esas personas que te encuentras viajando y que despiertan tu admiración por su capacidad de iniciativa y valentía.

Ya veis que lo mío era como una salida de fin de semana comparado con mis compañeros. Célia estaba bastante preocupada (y con razón) por el cruce a Argentina con la bici cargada con las alforjas. Sacando el lado caballeresco mediterráneo Carlo y yo propusimos echarle una mano. Así nos presentamos en Candelario Mansilla, puesto de control de pasaportes chileno y punto donde empieza un tramo de 22 kilómetros entre pista y sendero hasta el puesto fronterizo argentino. Ensayando diferentes combinaciones para llevar mochilas, bicis y alforjas, encontramos el rendimiento óptimo en el siguiente sistema:
-Bajadas y llano: yo con mi mochila en la bici de Célia y Célia subida en el cuadro de la bici de Carlo
-Subidas: Célia y yo empujando su bici y Carlo subiendo con la suya (un maestro del equilibrio, nunca el pie al suelo)
-Sendero: freestyle, supervivencia, orgullo...
Los primeros 16kms eran de pista y excepto un tramo donde el viento soplaba de lo lindo en una pista de aterrizaje en medio de ninguna parte, el resto se podía ir haciendo. Mi espalda tendría algo que objetar a ello... Después del hito fronterizo llegó el sendero y la cosa se puso más peliaguda. Raíces, ríos, tramos de barro con el pie hasta el tobillo... Nos lo tomamos con bastante buen humor y acabamos cantando Bella Ciao, la marsellesa y algún que otro tema que no recuerdo. No sé cómo sobrevivieron las bicis a semejante traqueteo con las alforjas cargadas hasta los topes. Apremiados por unas nubes amenazadores y por el horario de la barca posterior en la Laguna del Desierto, llegamos al puesto fronterizo argentino (salida de la barca) justo a tiempo. No os negaré que fue duro, el alivio al quitarme la mochila fue indescriptible. Una vez cruzado el lago nos instalamos en un camping en medio de la lluvia. Definitivamente el buen tiempo del que había disfrutado en todo el viaje había cambiado. En fin, no se puede tener todo...






1 de marzo:
Después de una noche de lluvia llegó una mañana de lluvia. Pocas ganas de ir en bici unos y de caminar otros. Los primeros en salir fueron una pareja de neozelandeses. ¿No os los he presentado? Una pareja de unos 65 años que viajan en bici de Santiago a Punta Arenas. Profesores de deportes outdoor, gente muy muy curtida, demostraron su veteranía ignorando la lluvia mientras los perezosos jovenzuelos mirábamos desde un cobertizo con una mezcla de admiración y culpabilidad. Por mi parte finalmente salí con la mochila cruzando los dedos para que algún coche se apiadase de mí y tuviese que hacer los menos posible de los 37kms que había hasta el Chaltén. Finalmente fueron unos 12kms bajo la lluvia antes de que una simpática pareja de argentinos de Rosario (aunque él fuese del Madrid) que ya habían recogido a dos chicas chilenas por el camino. De camino a El Chaltén salió el sol, al menos en el valle, aunque el viento que hacía era para nota. La tarde fue de bastante relax. Entre la comida y la cena empezamos con Carlo la conquista de los restaurantes de la localidad. La parrillada de la noche no estuvo nada nada mal.

2 de marzo:
Una vez decidido que me quedaba en el Chaltén hasta el martes e iba directamente al aeropuerto de El Calafate renunciando al Perito Moreno (que ya vi hace unos años), el objetivo del día era intentar ver el Cerro Torre y/o el Fitz Roy, las dos montañas estrella de la zona. El panorama meteorológico era poco alentador. Salimos con Carlo de buena mañana rumbo al Cerro Torre. No llovió, vimos el impresionante glaciar de la cabecera del valle, pero como pasase aquella noche de fin de año de 2007-2008, me quedé con las ganas de ver la que para muchos es la montaña más bonita del mundo. Aceptado el fracaso en el primer objetivo, seguimos caminando a través de un collado para llegar al clásico mirador del Fitz Roy. Resultado parecido. Lástima... Me tocará venir una tercera vez. Por la noche optamos por una solución de buena relación cantidad/precio y fuimos a arrasar la parrilla de un tenedor libre. Después de 2000 kilómetros en bicicleta Carlo es una especie de agujero negro. Vaya par, se juntó el hambre con las ganas de comer, y nunca mejor dicho...





3 de marzo:
Y así llegamos al día de hoy, ya con aires de final de viaje y con pocas energías. Autobús a El Calafate, vuelo que salía dos horas más tarde de lo que yo pensaba y tres horas de avión a Buenos Aires. Los puntos positivos del día son la tercera parrillada consecutiva y el haber encontrado un hostal con buena conexión a Internet para poder subir fotos y martirizaros con mis crónicas.


Mañana por la tarde tomo el avión a París, a donde llego el jueves al mediodía y de ahí en Blablacar a Lyon.
Qué decir de este viaje... La verdad es que han sido 25 días interesantes. Estoy muy contento de haber recuperado la dinámica mochilera que te lleva a improvisar, a cambiar el tipo de cosas por las que te preocupas o te despreocupas... Mucha gente te pregunta extrañada que si "¿viajas solo?"... Yo siempre digo que si más o menos coinciden los intereses prefiero viajar con alguien que viajar solo, pero que prefiero viajar solo que quedarme en casa. Uno de los puntos positivos de viajar solo, al menos para mí, es que te obliga a abrirte y establecer contacto con otra gente. En ese sentido estoy contento de haber descubierto y en cierto modo aprendido a hacer autostop. Mucha gente lo considera peligroso y no faltará quien haya tenido malas experiencias, pero por lo que a mí respecta y a la gente con la que he coincidido en este viaje, el balance es francamente positivo. Me ha proporcionado una manera de relacionarme con la gente local, llenando el viaje de muchos pequeños buenos momentos. Porque aunque viajes a un sitio con los atractivos naturales que tiene la Patagonia, son las relaciones personales las que acaban añadiendo un plus definitivo al viaje. Y más allá de montañas, carreras y fiordos, me quedo con todos esos momentos con esas personas curiosas e interesantes: Genís, Lluis, Oriol, Pablo, Yuri, Christian, Belén, Ramiro, Édgar, Gustavo, Pancho, Andrés, Felipe, Nico, Gringo y Luciel, Ezequiel, las dos profesoras de Trevelin, los chilenos malabaristas, Rodrigo y Tamara, los chilenos del cordero de Futaleufú, Roberto el italiano, la familia de Cerro Castillo, Carlo, con quien más he coincidido en este trayecto, Roberto el estoico vegtariano, Nicolás y Jaqueline, los moteros de las Capillas de Mármol, Moisés el espía de antenas telefónicas, Ramon y Silvia, Célia la "lilloise" aventurera, Félix, Manuel del Camping el Mosco de Villa O'Higgins, Odile y Antoine, Davide y Manuele (Bananas on Bike), la pareja de neozelandeses... y toda la gente con la que he compartido mis trayectos de autostop. Ya os dejo en paz, espero que las fotos o las anécdotas le despierten a alguien el apetito y la iniciativa por salir a ver gente y mundo. Hay muchas personas y lugares por conocer.

Besos y abrazos

martes, 3 de marzo de 2015

Cronicas desde Villa O'Higgins

(con algo de desfase por falta de conexión en condiciones pero bueno...)

Muy buenas,

Si buscáis en la enciclopedia dónde Cristo perdió el gorro, probablemente llegaréis a este lugar. He aquí un pueblecito del sur de Chile perdido entre lagos y fiordos de la Patagonia. Aparte de los pueblos autóctonos que vivían en modo cazadores-recolectores hasta tiempos muy recientes, los primeros colonos llegaron por aquí a inicios del siglo XX, imagino que buscando más terrenos para poner a pastar a las vacas y propiciar la actual fama (merecida) de la excelente carne que se produce en esta zona del mundo. Hasta el 1999 no llegó la carretera hasta aquí. Antes, solamente a caballo o en barco por el lago que queda unos cuantos kilómetros hacia el sur. Este es el final de la mítica carretera austral chilena, que en el último tramo es una pista de tierra que pasa por unos paisajes de auténtico escándalo. Voy a explicaros un poco cómo he llegado hasta aquí. Prometo poner fotos para lubrificar un poco el texto...

16 de febrero:
El día después de la carrera me levanté razonablemente bien. No habiendo podido cenar por tener el estómago aún agitado, el hambre funcionó como un despertador demoledor y me levanté dispuesto a comerme tres vacas enteras. Me mentalicé y al mediodía fui a un buffet chino de esos en los que prima la cantidad muy por encima de la calidad. Me senté tranquilamente, tanteé el estómago y arrasé con todo. Fui hacia la llegada en busca de un césped donde disfrutar de una siesta recuperadora y allí me encontré a Pancho y Gustavo, los ecuatorianos compañeros de podium. Como se tenían que ir al día siguiente por la mañana, se avanzó la entrega de premios e hicimos algo un poco improvisado. Por si mi mochila no pesaba, me llevé una placa de madera que he ido arrastrando por toda la Patagonia. Afortunadamente no fue el arco de roca del año pasado en Le Treg (que un día estuvo a punto de matarme al caer sobre mi cabeza mientras limpiaba un mueble en mi casa...). La tarde de chill out acabó con un buen equipo Argentina-Ecuador-España (se nos unió Andrés), una cena a base de bife de chorizo y unas cervezas en una terraza mientras sonaba el carnaval por la calle. Se me pusieron los dientes largos escuchando todas las aventuras en los raids de aventura de mis experimentados compañeros de mesa. Un rato muy agradable.

17 de febrero:
Después de casi una semana en Villa La Angostura, era momento de partir. Objetivo: el sur. Me puse a hacer dedo (autostop no se usa aquí en Sudamérica) a la salida del pueblo. Imaginé que con la de coches que pasaban rumbo a Bariloche (la capital turística de la región) alguien me llevaría. Error, la verdad que este primer intento fue bastante fracaso y después de una hora y pico pasó un autobus y me subí. Aun así el rato fue interesante porque estuve charlando con Felipe, un español de Santo Domingo de Silos (Burgos) con más batallas en su haber que toda la provincia junta. Si a eso le añadís que hablaba como si lo fueran a prohibir, podéis imaginar que el rato fue entretenido. Ya metido en la dinámica del autobús, conecté directamente con otro que iba a El Bolsón. Este pueblo de nombre señoranillesco, es probablemente la capital hippie-alternativa de Argentina. Mercadillos, artesanías, rastas, reggae y vida que avanza al ralentí, en un ambiente interesante del que aún disfrutas más en caso de ir acompañado. Aquí empecé a darme cuenta de la subida de precios a medida que uno avanza hacia el sur. Puede que una vez Argentina y Chile fuesen destinos baratos. Bueno, eso se acabó, los precios ya son como en España y según como peor... Y al sur aún más, así que va a tocar acampar y cocinar a tutiplen.



18 de febrero:
Como las piernas habían recuperado bien, me fui a hacer una excursión que recomendaba un libro de trekkings que tengo. Una caminata sencilla en dirección al Refugio del Hielo Azul. No llegué hasta arriba pero tuve unas vistas bastante majas. Un buen paseo para retantear las piernas y vuelta para el camping a disfrutar de una ducha por solidaridad con mis compañeros del bus que quería tomar por la tarde. En el camping conocí a Gringo y Luciel, padre e hijo, compañeros de la tienda de al lado. Me invitaron a una cocido riquísimo que me supo a gloria y disfruté de un rato de charla interesante con dos personas super agradables. Tanto que estuve a punto de perder el autobús que me tenía que llevar hacia el sur. Finalmente se alinearon los planetas y llegué a tiempo (gracias en parte al retraso de rigor en la salida del autobus). De esa forma pude recorrer otros ciento y pico kilómetros a través del Parque Nacional de los Alerces, una zona de bosques y lagos preciosa. Acabé llegando a Villa Futaleufquen, a orillas del Lago Futaleufquen, que aparte de tener un nombre complicado es una de estas enormes masas de agua entre montaña que le dan a la zona una aire a fiordos noruegos o neozelandeses.


19 de febrero:
Por la mañana me levanté a una hora razonable para ir a caminar. Al estar en un parque nacional te tienes que ir a registrar a la oficina del parque y decir qué es lo que piensas hacer. Puede que a nivel de filosofía general se asocie Sudamérica con un estilo más flexible y relajado, pero os aseguro que cuando se trata de planificar o regular actividades en montaña, te encuentras con muros germánicos a prueba de bombas. Mi idea era caminar un par de horas en dirección a un pico que domina el lago y volverme. El horario oficial de la ruta hasta arriba y volver era de 7 horas, así que el tío me dijo que no podía ir. ¿Qué problema hay en volverme antes de llegar arriba? En fin... al final le convencí. Y de hecho acabé llegando a lo alto en las dos horas y disfrutando de unas vistas bien majas desde la cima del camino. De vuelta al camping recogí los bártulos y en vistas de que solo había un bus a las 8 de la tarde, decidí dar otra oportunidad al autostop. Esta vez funcionó mejor y fui avanzando, primero con dos profesoras de Trevelin, después con dos malabaristas chilenos en el remolque de una pick-up, con otros dos chilenos y un constructor de la zona y por último en un Renault... 5?... No sé, una pieza de museo si no fuese porque su interior era un auténtico vertedero. El conductor iba a juego con el cuadro. Así llegué a un kilómetro de la frontera con Chile y crucé a pie mientras dos franceses discutían con los guardias porque no les dejaban cruzar el coche. Al entrar a Chile me dijeron que no podía cruzar el embutido que llevaba. Perfecto, una excusa genial para pegarme una merendola y saciar en parte el hambre crónico que arrastro desde después de la carrera. Después de la evolución del día mi objetivo era llegar a Futaleufú, una especie de meca del rafting en Chile. Los 10km me tocó hacerlos a patita hasta que un tipo en una furgoneta se apiadó de mi espalda oprimida por una pesada mochila y me ahorró los últimos 3km. Fui a parar a un camping donde me encontré a un grupo de chilenos que estaban asando un cordero que habían comprado vivo por la mañana. Me costó poco unirme y pasar una velada de lo más agradable.







20 de febrero:
El camping resultó tener la mayor concentración del mundo de tijeretas. Se metieron por todos los rincones de mi mochila y las he ido esparciendo por toda la Patagonia, espero que sin causar un desastre ecológico. Se presentó la oportunidad de tomar un bus hasta Coyahaique y avanzar unos 400km del tirón. En vistas de que no había lugares que me interesasen mucho por el camino, aproveché la ocasión sin dudarlo. Compartí el viaje con Rodrigo y Tamara, músico y historiadora de arte, de Santiago. También con una señora de oratoria fácil que volvía a Coyhaique después de 25 años. Muy interesante, un pozo de ciencia en asuntos de la zona. El viaje no tuvo más historia, aparte de las 11 horas de viaje y del retraso, que nos dejó en Coyhaique pasada la media noche. Coyhaique es la gran ciudad de esta zona de la Patagonia chilena. 70000 habitantes, no os imaginéis París. Aún así, no el lugar más apetecible para llegar pasada la media noche y menos cuando llueve y no tienes reserva en ningún hostal. Y menos aún para darte cuenta, cuando te faltan dos calles para llegar a la dirección que había encontrado en la guía, que has perdido el monedero. Fue un momento crítico. Llegué a la dirección que buscaba y el hostal no existía. Es lo que tiene aprovechar la guía del 2006. En medio de mi desesperación volví a un hotel que acababa de ver y llamé al timbre. Con cara de crisis le expliqué mi situación al tipo, que se portó muy bien y me dejó dejar las cosas. Me fui pitando deshaciendo el camino hasta el bus mientras el llamaba a la compañía. No encontré nada por la acera y llegué al bus justo cuando salía el conductor del mismo con la cartera en la mano. Momento "uff..." con unas 28 efes... Con el corazón en la boca volví al hotel le di mil gracias al tío y me quedé allá, aunque los casi 30 euros se saliesen del presupuesto para alojamiento. Al menos disfruté de buena cama y buena ducha.

21 de febrero:
Tras el susto de la noche anterior, me tomé la mañana con calma. Objetivos: encontrar internet, cambiar dinero, comprar comida... Resolví el tema por la mañana y tras comer un plato de pescado en un restaurante para descansar un poco de la dinámica carnívora, me fui a la salida del pueblo a hacer dedo. Una hora después paró una pickup y sin preguntarme dónde iba me dijo que me subiera. En el remolque ya habían tres chicos chilenos con los que estuvimos charlando un rato de futbol, una situación curiosa. A unos 30kms el coche se paró y nos bajamos todos. El hombre me dijo que a 5km estaba el desvío hacia Cerro Castillo, mi objetivo del día. Pues nada, a caminar. Un kilómetro más tarde me cansé y me paré a esperar que me llevase alguien. Ese alguien llegó, una pareja que iban al aeropuerto. Me dejaron en el cruce, donde ya habían dos grupos esperando, dos parejas, una con perro y otra sin perro. Casualidades de la vida, pasó un coche que solo tenía una plaza libre así que pasé delante de la cola. Una familia que iban a Cerro Castillo, la mar de simpáticos. Paramos a hacer fotos, me invitaron a huevos con pan y estuvimos charlando un buen rato. Ya instalado en el camping me di un paseo por el pueblo y acabé en unas pinturas rupestres con un montón de manos pintadas en la pared, El guía era más bien justito pero un toque cultural interesante para acabar el día. En el camping me encontré que en la cocina estaban preparando un mega asado para un grupo de un tour de estos de full-equipe (y full price también...). Y yo cocinando unos spaguettis con el poco de salsa de tomate que quedaba y frankfurts marca blanca crudos. En esas circunstancias conocí a Carlo, un italiano de Brescia que miraba horrorizado mi plato. El dueño del camping, un tipo muy simpático, nos trajo un plato de carne del día anterior que calentamos y devoramos como posesos. Agazapados en un rincón de la cocina, esperamos nuestra oportunidad... Y se presentó. Se dejaron la mitad del asado. Nos avalanzamos sobre la bandeja de carne junto con una pareja de chilenos, Nicolás y Jaqueline, mientras otro chileno rebañaba las ensaladas (el hombre era vegetariano... qué pecado). Nos dio para hacer bocatas para el día siguiente.






22 de febrero:
Salí a las 8 de la mañana rumbo al monte para caminar. El tiempo espectacular. Cerro Castillo todo despejado, unas nubecillas por la mañana para suavizar un poco la subida y sol más tarde para mostrar la montaña en todo su esplendor. Ligero de equipaje, me dio para darle la vuelta y verla por otro lado y volver al pueblo tras 8 horas de caminata espectacular. Me duché recogí y me fui a probar suerte a la carretera. El panorama no era muy prometedor. 15 o 20 personas en diferentes grupos dispersadas a lo largo de una recta. Durante las siguientes dos horas y media nadie consiguió salir hacia el sur. Un chico dijo que llevaba desde las 11 y media de la mañana... Además corría el rumor de que los autobuses que venían de Coyhaique estarían probablemente llenos... ¿Cómo salimos de aquí?
Inciso sobre el autostop: supongo que igual que hay colgados como un servidor que hacen tesis sobre cómo se reparte el sedimento en un río, habrá alguien que se haya dedicado a estudiar la dinámica del autostop, las costumbres, tácticas óptimas, perfil del autostopista y del conductor que se presta... Hay preguntas no triviales sobre el tema. Por ejemplo si es mejor ser el primero o ponerse un poco más adelante y jugar con el remordimiento del conductor que afronta un debate interior mientras va dejando gente en la cuneta. Claramente ir sólo es una ventaja. Eso hace que, aunque te apetece hablar con el compañero de 20 metros más abajo, dejes esa distancia prudencial y lo ignores en el momento que aparece un coche en el horizonte. Sea como sea, uno de los hechos claros y contrastados científicamente es que el tiempo que espera una chica guapa o un chico feo difiere en varios órdenes de magnitud.




23 de febrero:
Tras dormir en otro camping junto a la carretera, me levanto a las 6h30 y me bajo a la carretera sin desayunar ni nada. Un minuto antes de llegar vi un coche que dejaba a dos personas y seguía al sur. Ese me podría haber llevado... Desayuno ya sobre el asfalto y espero... y espero... y espero... A las 9h15 habían pasado (que no parado) 5 coches. La situación era desesperante. En estas apareció como de la nada Rodrigo que venía en un tour hacia Puerto Tranquilo. No me lo pensé. Fui a hablar con el conductor y me uní al grupo, tanto para el trayecto como para la comida y el tour a las capillas de mármol. Las capillas de mármol son unas formaciones rocosas curiosas a la orilla del Lago General Carrera. Sin ser algo que recordaré toda mi vida, una cosa interesante y curiosa de esas que no está de más hacer. Eso sí, el grupo muy majo, además de Rodrigo y Tamara, una chica de Puerto Montt y tres moteros chilenos la mar de simpáticos. Si alguien cree que en un lago no hay olas que vaya a este sitio. Acabamos empapados. El panorama autostopista era similar al de Cerro Castillo así que opté por una solución drástica. Fui a la gasolinera y me puse a abordar los coches cual Sandokan y los piratas de Malasia. Al segundo intento y tras una mirada bastante escéptica un chico aceptó llevarme a Cochrane. "Así me haces compañía, pero que sepas que voy trabajando y llegaremos tarde". Poco me importó. Se trataba de Moisés un chico de Santiago, que estaba en una especie de misión para espiar antenas telefónicas. Total que acabamos en un par de pueblecitos por el camino y mientras el hombre sacaba fotos de las antenas y apuntaba vete a saber qué cosas, yo tomaba el aire y leía un rato. Hablando de esto y de aquello se nos hizo el viaje ameno y llegamos a Cochrane a una hora razonable, a tiempo de instalar la tienda en el camping y hacer la cena tranquilamente. A todo esto descubrí atónito un coche al lado mío con matrícula de Girona ¿!?... Eran Ramon y Silvia, una pareja de Arbúcies que tienen el proyecto de recorrer en jeep desde la Patagonia hasta Alaska en diversas etapas los próximos años. Otra cena agradable en buena compañía.






24 de febrero:
Sin plan muy definido me fui a la oficina de turismo en busca de ideas. Estaba cerrada, pero rebotando de aquí para allá acabé en el ayuntamiento y me pasaron un plano de una reserva natural situada a 3 o 4 kilómetros. Y para allá me fui. Un día magnífico y un paseo más exigente de lo que esperaba junto al Lago Cochrane. De vuelta al pueblo me pegué una necesaria ducha en el camping y aproveché un autobús que salía hacia Caleta Tortel. Un par de horas de trayecto hasta este curioso pueblecito cuyo nombre me suena a Juego de Tronos. No hay calles sino que todas las casas están conectadas por pasarelas de madera. Nada que ver con las pasarelas de Bocas de Satinga (un pueblecito de Colombia al que le tengo un especial cariño y donde he ido varias veces por distintos proyectos). Todo muy cuco y bien arreglado. Para llegar al camping había que caminar 3 o 4 kilómetros. Me dio palo y acabé en un hostal de una señora que estaba como un auténtico cencerro.





25 de febrero:
Después de barajar varias opciones opté por un plan fácil y relajado, en principio. Una caminata hasta un mirador encima del pueblo. En mis ansias por conocer, intenté bajar por otro lado y acabé liado por terreno embarrado y rocas, lo cual no ayudó a mejorar el estado de mis zapatillas, que desde la carrera han entrado en una irrevocable fase terminal. Después de comer fui a tomar un autobus que me ahorrase los 20 kilómetros hasta la carretera principal (Caleta Tortel no está sobre la propia Carretera Austral). En el cruce me encontré con un chico italiano que viajaba en moto y Célia, una chica francesa que viene en bicicleta desde Ecuador. Ahí queda eso. Este último tramo es más complicado y, cargada como una mula, estaba intentando ahorrarse un tramo en autostop. No es fácil hacer autostop con una bici. Si yo hago autostop con una bici creo que estaría todavía en Villa Angostura pero... En principio llevaba idea de dormir en el cruce, pero pasó un coche que no tenía espacio para bici pero sí para mí, así que un día antes de lo previsto me encontré en Villa O'Higgins, final oficial de la Carretera Austral. En el camping me encontré con Ramon y Siliva, que me ofrecieron acompañarles a un restaurante a comer cordero asado, Mi debate interior duró unas 2 milésimas de segundo.




26 de febrero:
Me encontré con dos días para disfrutar de los alrededores, así que decidí dedicar el primero a una excursión cuya logística pintaba difícil en principio porque la salida es a 25km de Villa O'Higgins. Pero Ramon y Silvia salían hacia el norte así que solucioné al menos la ida yendo en la parte trasera de su jeep equipado. La excursión en sí discurría por un camino que al cabo de un rato se perdía así que decidí subir en freestyle en la dirección que me parecía correcta. Acabé comiendo junto a un lago rodeado de glaciares. Mientras me comía el bocadillo me fijé en un pico de donde intuí que habría una buena vista. Miré el reloj y a pesar de que la vuelta pintaba larga me animé a ir a la cima. Buena decisión, las vistas de arriba eran para mear y no echar gota. 360 grados de montañas, glaciares y lagos. Bajé más contento que unas castañuelas y con energía positiva para superar otro descenso campo a través al más puro estilo rogaine. Llegué a la pista y al cabo de poco llegó por detrás Carlo con la bici. Supongo que se sorprendió de verme. Me acompañó un rato andando y después me animé a correr un rato (dejando la mochila en sus alforjas) hasta que pasó un jeep de lugareños muy lugareños que me ahorraron unos 15kms de carrera. Nos encontramos más tarde en el camping, también con Célia, a quien habían traído hasta aquí y con otro grupo de ciclistas que van hacia el norte. Odile y Antoine, dos franceses de Grenoble, Davide y Manuele, otros dos italianos de Brescia y Silvio, un argentino de Entre Ríos. Un equipazo. Nos pasamos hasta las tantas comentando la jugada. Otra velada agradable más de todas las pasadas en este viaje,








27 de febrero:
Y esta mañana he optado por otra caminata prometedora, aconsejado sabiamente por Manuel, que se encarga del camping El Mosco, en el que me he instalado estos tres días. Me recomendó la ascensión al Cerro Submarino, que se puede hacer saliendo a pie desde Villa O'Higgins. Después de un inicio un tanto perdedor, he encontrado el camino correcto y he subido a buen ritmo por esas subidas directas que a mi me gustan. El tiempo acompañaba, de hecho hacía demasiado calor y he llegado a la cima. Las vistas estaban a la altura de las del día anterior. No hay palabras. Si las fotos no están a la altura es culpa del fotógrafo. Y poco más, para celebrar la llegada a Villa O'Higgins y gastar los últimos pesos hemos repetido el restaurante del cordero de hace dos días y ahora acelero para acabar este post e irme a dormir, que mañana pronto cogemos el barco para cruzar el Lago O'Higgins y de ahí cruzar andando hasta la frontera con Argentina.









Como podéis ver salí con unas sandalias y unas zapas de trail, y vuelvo con dos pares de sandalias...

Ya quedan pocos días, pero si consigo ver el Cerro Torre desde el Chaltén, la montaña que me escapó una noche de fin de año de 2007-2008, la nota del viaje será de matrícula. Seguiremos informando...

Besos y abrazos