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lunes, 24 de junio de 2013

Ronda dels Cims

En honor a la carrera a la que se refiere, coged un poco de aire y nunca penséis en lo que os queda para llegar al final…

En la crónica pre-carrera ya os conté sobre las características de esta aventura y le puse un cierto toque de vídeo guardiolesco, así que me ahorro cualquier introducción adicional y nos situamos directamente en la mañana del viernes…

Después de una noche de nervios en la que me costó dormirme a pesar del tostón del España-Tahití, me despierto a las 5.30 para desayunar en la habitación del hotel en ese estado mitad concentración y mitad empanamiento que me invade las horas antes de las carreras. Repaso el material de la mochila, atiendo las llamadas de la naturaleza, vuelvo a repasar el material, redistribuyo las cosas entre los bolsillos para volver a dejarlas como al principio, me tumbo "relajado" 10 minutos y a las 6.35 me voy ya de una vez a la salida.


400 zumbaos y sus respectiv@s acompañantes están en la calle central de Ordino dispuestos a lanzarse a la aventura. Me encuentro con Albert, Joel, Jordi y varios más del grupillo preparados para el "paseo". El ambiente es una mezcla de tensión, concentración y risas inciertas que intentan disipar las dudas sobre el futuro de las próximas horas. Aprovecho para hacerme una foto con Salva Calvo, una referencia del ultrafondo de montaña a nivel español (probablemente también de la demencia que caracteriza a buena parte de los que nos encontramos allí).


Me voy hacia la parte delantera para poder ver a los cracks y compartir con ellos almenos la salida. Está Julien Chorier, con cara de nula preocupación, Matt Cooper, un australiano rapado al cero con una precisión de relojero, Kenichi Yamamoto, un japonés que va pidiendo paso con la amabilidad propia del país del sol naciente, Armando Teixeira, Pablo Criado,... en fin, y toda una serie de gente con pinta de guiris que digo yo que si vienen de tan lejos a hacer esto, buenos tienen que ser. 

En particular me llama la atención un tipo corpulento que lleva una simple riñonera con dos bidones extremadamente acoplados a la cintura y un bolsillito de donde sobresale un impermeable. Vamos que este tío no lleva todo el material obligatorio ni de coña (pantalones impermeables, frontal, frontal de recambio, pilas, manta térmica, venda elástica,...). No contento con eso, este gurú del minimalismo, "Baywatch" a partir de ahora (en realidad Dave James, un americano), treinta segundos antes de la salida coge y se quita la camiseta, se la da a su novia y se queda con unos simples pantalones cortos en medio del fresquillo de la mañana.

Música que pone la piel de gallina, cuenta atrás, petardos, mirada al cielo y... salida! Por fin, después de tanta preparación, tantos nervios, ya solo queda correr. Salimos por la carretera del Coll d'Ordino mientras se van formando grupillos. Veo a Julien Chorier, Baywatch y alguna camiseta de Salomon en un grupillo delantero. Mi idea es salir entre la posición 20 y 30 y ver qué tal es el ritmo. El hecho de que pronto haya un tramo "de caminar" me favorece. Me encuentro al lado al japonés con un tipo con una cámara que lo va filmando mientras corre de lado. Me pregunto si le va a seguir toda la carrera... Salgo del pueblo junto con Pablo Criado y Jose Vicente Benito y me propongo coger su ritmo como referencia, aunque al cabo de un poco veo que se quedan atrás y decido fijarme únicamente en lo mío.

El primer tramo discurre por bosque bordeando el valle subiendo en diagonal hacia el norte. La pendiente no es muy exigente así que viene bien para entrar en calor pero sin asfixiarse. Al cabo de poco llega Joel (compañero de aventuras en Bastions) por detrás y vamos charlando con lo que el recorrido se va haciendo más ameno. Oigo corredores que se acercan por detrás.

- Bon dia! -dice una voz con acento meritorio pero incalificable.

Se trata del japonés, Kenichi Yamamoto, y un americano, Ty, de Wyoming, un tipo duro. Monte Fuji + Wyoming + Lleida + Bonmatí (Girona), grupo variopinto. Con una sonrisa de oreja a oreja Kenichi se dirige a nosotros:

-Com atà'? Com atà'?

En unos segundos entiendo que está mostrándonos orgulloso los progresos que ha llevado a cabo con el catalán durante la última semana y ante un tan loable como divertido interés por su parte, los siguientes kilómetros se convierten en una clase particular de catalán.

- Mo bé! I'm fine!, Mo bé! I'm fine!...
- Mo macu, beuatiful! Mo macu, beautiful!

El japonés sigue lanzando exclamaciones emocionado y ríe divertido cada vez que pasa por encima de una mierda de caballo.

- Woooooo! Caca, caca!

Increible. Un auténtico crack. Preocupado por no estar a la altura de las circunstancias le digo:

- Kenichi, if you want to pass, just say so, right?
- Noooo, good pace, good pace. I am a slowly starter! -me responde.
- Joel, si veus que vol passar diga'm-ho que jo crec que potser li fa vergonya -le digo al otro representante de "la terra".

Unos minutos después y a medio camino de convertirse en Pompeu Fabra, Kenichi suelta un breve "Sorry", que yo interpreto como un "Bueno, un placer pero ya si eso vamos a dejarnos de tonterías". Le cedo el paso y SonGoku se converte en "superguerrer" y en cinco minutos lo perdemos de vista. Nos quedamos Joel y yo y aún emocionados por el entrañable episodio nos perdemos un momento en medio del bosque. Con el despiste, llega por detrás un grupo de tres o cuatro con la primera chica, Emilie Lacomte, una tía con caché (ganadora de la Diagonal des Fous y la prueba de 113km del Ultra de Andorra en 2011). Con caché, pero una borde y una estresada de la vida. Le suelta un comentario a Joel sobre su forma de llevar los palos, y con 160kms por delante, a la que hay 100 metros de bajada te empieza a pedir paso, total para que un poco más adelante te quedes encallado detrás suyo en cualquier subida, viendo la punta de su bastón a tres dedos de tu nariz porque los lleva de cualquier manera. Vamos, que me cayó mal.

En esta dinámica llegamos al primer avituallamiento, con un montón de público animando.

Aparcamiento de Sorteny (km19, 2h56')
Importante comer y beber bien, reponer líquido, plátano al bolsillo y adelante. En el primer repecho fuerte paso por última vez a la francesa. Este tramo discurre entre prados, bosque poco espeso y algúna clapa de nieve que va contribuyendo a la creciente humedad en los pies, que será una constante a lo largo de la carrera. Llegamos a 2200 metros aproximadamente y bajamos hacia la carretera de Arcalís, para seguir por una bonita pista en medio del bosque. Joel y Ty van juntos más adelante y yo ahora coincido con dos ingleses, uno de los cuales me suena (Terry Conway, creo). El tramo favorable da para poner a prueba mi comprensión del complicado (para mí) acento británico, hasta que se paran a quitarse barro de las zapatillas y coger agua de una fuente mientras yo sigo mi trote, todavía relativamente ágil, hasta el siguiente avituallamiento.

Llorts (km30, 4h26')
Aquí me encuentro con Joel, Ty y, ante mi sorpresa, al gran Salva Calvo, que creo que no está teniendo un buen día. Me tomo un plato de sopa con fideos calentito que sienta la mar de bien porque el dia se está empezando a poner feo y fresco. Intento ser riguroso con la alimentación y tomarme el tiempo necesario. Sé que después se agradecerá. Cargo líquido, plátanos y para arriba. Salgo un poco detrás de Salva, lo alcanzo y le pregunto qué tal. Me dice que cascado, que ha tenido que andar en la bajada anterior y que viene medio lesionado. Le animo a seguir adelante, porque no debe ser fácil seguir insistiendo en una carrera como esta cuando sales con aspiraciones de estar con los de delante, pero no te encuentras como te gustaría. Yo en cambio estoy pasando por ese momento que suelo tener en la 2ª o 3ª subida de cada carrera en la que voy como un tiro. Alcanzo a Joel y Ty y formamos de nuevo un grupillo de tres. Bajamos hasta Arans y vuelta a subir por el GR-11 hasta el Coll de les Cases. Esta subida me va genial, pendiente moderada, ritmo y "tipi tapa" con los bastones. Me separo algo de mis compañeros y llego al control del collado (km34, 5h 26'), justo por detrás de Marc, el andorrano con quien coincidí en Apuko y en Bastions. Le paso en el siguiente repecho fuerte mientras oigo a Joel y Ty por detrás emulando a algún ave rapaz no identificada mientras llegan al collado. Creo que empieza a faltar el oxígeno.

La pendiente flojea y entro en un tramo ondulado que conozco de otros años y que viene bien ahora para trotar. Me voy acercando al valle que da acceso al Pic de Coma Pedrosa, punto más alto de Andorra, que este año no se subirá debido a la nieve acumulada. Incluso a 2000 metros, llegando al siguiente avituallamiento, el recorrido pasa por un rellano nevado donde voy corriendo por la nieve con una habilidad más bien limitada, hasta que decido que para parecer un borracho por la nieve vale más caminar.

Pla de l'Estany (km37, 6h18')
Sigo llevando bien la alimentación y la hidratación y me dicen que voy el 14, lo cual me anima. El recorrido vuelve sobre el mismo camino durante 200 metros, donde me cruzo con Joel y Ty primero y Salva y la francesa un poco más allá. Viene ahora un tramo de bajada que con la ligera llovizna que empieza a caer pone las rocas de lo más divertido. Después de algún amago, al pasar delante de un grupo de franceses describo mi primera pirueta del día. Como no he venido a ganar la medalla de oro de salto de trampolín, me incito a mantener los cinco sentidos al máximo y concentrarme para evitar un caida peligrosa que diese al traste con la carrera, que hasta ahora está yendo tan bien. A pesar de disminuir el ritmo nadie me coge por detrás y llego a un tramo de unos 300 metros de desnivel de subida por unas revueltas de la pista de esquí de Arinsal. Vuelvo a estar en mi terreno, tipi-tapa tipi tapa, bastones, riñones y arriba. Dos curvas más adelante veo a Baywatch delante de mí. Está más tieso que la mojama, brazos en jarra y con un andar cansino que no le augura un futuro muy prometedor. Ha tenido el detalle de ponerse el impermeable, lo cual no le salvará de tenerse que retirar unos kilómetros más tarde con una hipotermia de caballo.

Nos saludamos y poco más. Sigo hacia arriba y voy a por otro corredor que tengo delante, Francesc, que resultará ser mi principal compañero de fatigas de esta carrera. Después de unas 487 revueltas (eso me pareció) llegamos a el rellano donde se encuentra el siguiente avituallamiento.

Arinsal (km 41, 6h59')
Más caldo, más pasta con tomate, más plátanos y Powerade que viene a aliviar mi cansancio ante el gusto del Isostar, que ya me está empezando a trastocar la barriga. Viene ahora un desagradable tramo de un kilómetro y medio en bajada por carretera donde pongo el piloto automático hasta llegar a una curva donde se coge un camino que flanquea hasta un colladito. Aquí empieza una subida sin cuartel hasta el Pic Alt de la Capa, que está cubierto por la niebla. Todavía mantengo un buen ritmo y me voy acercando al siguiente corredor, al que alcanzo en un tramo de fuerte pendiente. Es Pep Ballester, tercer clasificado el año pasado, y corredor con un buen palmarés en este tipo de carreras. No os negaré que llegar a su altura supuso una buena inyección de moral. De todas formas, morales aparte, la conjunción entre las matemáticas, la física y la biología siguen un curso implacable y la acumulación de kilómetros, subidas y bajadas con el pertinente consumo energético hacen que mis músculos no entiendan de vibraciones positivas y mi andar cada vez es menos alegre. Afortunadamente Pep no va muy fuerte, probablemente conservando ante lo que queda, y dos tipos más adelante tampoco así que dentro de lo que cabe mantengo el tipo bastante bien.

Después de tres o cuatro falsas cimas llegamos a la de verdad, donde nos espera el gaitero que cada año pone la organización en algún punto señalado del recorrido. Hace un frío que pela así que no nos quedamos a disfrutar del concierto y nos lanzamos en dirección al Coll de la Botella. Voy bajando por una pista de esquí, a un ritmo no demasiado vivo, lo que hace que nos alcance Francesc por detrás. Me adelanta primero él y después Pep, que se marcha detrás suyo, así que me quedo yo bajando a mi ritmo, que en parte ya me va bien. Llego al avituallamiento del Coll de la Botella donde me encuentro por primera vez con mis padres, que han subido de Lleida en autobús.


Coll de la Botella (km50, 8h32')
La misma tónica de siempre: comer, beber, rellenar. Salgo solo, me viene bien porque estoy entrando en ese fase dura psicológica y físicamente en la que llevas mucho y te falta muchísimo, así que necesito ponerme una velocidad de crucero sin seguir a nadie. El tramo siguiente es ondulado hasta la Collada de Montaners, pero los repechillos hacen daño y tengo que ponerme a andar en casi todos. En el collado (km60) nos desvían hacia el fondo del valle. Ya nos habían avisado por la mañana, ante el riesgo de tormenta eléctrica por la tarde, evitan el tramo del Bony de la Pica y la bajada posterior a la Margineda. Con esto se evitan 300 metros de desnivel pero se añaden 7 u 8 kilómetros más a la carrera. Yo tengo la sensación de que prefería lo otro.

En cualquier caso me lanzo por un conjunto de senderos y pistas, manteniendo un ritmo bastante bueno hasta el pueblo de Sispony. Aquí el recorrido entra en la ultracongestionada zona del fondo de los valles andorranos, hecho que se resuelve por una bonita (dentro de lo que cabe) pasarela que discurre entre el río y el muro que sostiene la carretera de Andorra a La Massana. Esta pasarela conecta con otro caminillo flanqueado por un canal, que bordea Andorra la Vella por la parte superior se dirige hacia el sur. Todo este tramo es favorable para correr, con una buena velocidad media.

En una recta alcanzo a dos corredores a los que había vislumbrado subiendo al Pic Alt de la Capa pero que no había llegado a alcanzar nunca. Se trata de dos americanos de Salt Lake City, Jared Campbell y Benjamin Lewis. "Nice job!" me dicen... bueno, ahí vamos. Compartimos un rato de trote por la zona menos agradable de la carrera, entre obras y acumulaciones de casas altas de la parte más baja de Andorra, hasta llegar al avituallamiento de la Margineda.


La Margineda (km73, 10h51')
Cambio de camiseta y calcetines, más caldo, más pasta, más melón, sandía, plátanos para el camino... Los dos de Utah están un momento y toman las de Villadiego. No han parado ni cinco minutos y se supone que este es uno de los avituallamientos fuertes. Francesc está todavía ahí tomándoselo con más calma. Percibo con cierta solidaridad que en su cara se empiezan a notar los kilómetros. Yo también empiezo a ir cascado, seriamente cascado, en ese punto crítico en el que todavía no estás en la mitad y la cabeza está al borde del abismo que te separa de un estado de depresión que acabaría en un inevitable abandono (similar al que debéis sentir vosotros en este momento al daros cuenta de que no habéis llegado a la mitad de la crónica... es un buen momento para ir a buscar un zumo a la cocina, cambiar el blog por la página del Marca, o simplemente dejar de leer e ir a hacer un sudoku).


Salgo un par de minutos más tarde que Francesc. Viene un repecho de esos que no salen en el perfil y que representa un jodido aperitivo de la subida al Coll de la Gallina, que a su vez es un aperitivo de la subida más larga de la carrera que vendrá después. Estoy en la fase clave de la carrera. Después de un tramo de carretera empieza el sendero que sube a la ermita de Canolich. La subida es tremenda, no conozco este trozo y me sienta como una patada en el trasero. Alcanzo a Francesc, al que parece que no le está pareciendo mucho mejor y cogemos un ritmillo juntos, cansino pero constante. Por si faltaba algo, se pone a llover, cada vez más fuerte. Mirado por el lado positivo, una excusa para parar a ponerse el impermeable. No quiero ni pensar en la idea de pasarme calado las siguientes horas, que se acerca la noche. El camino desemboca en una pista tendida por la que caminamos-trotamos a buen ritmo hasta llegar al Coll de la Gallina. Estos últimos 1000 metros de desnivel han sido duros y solo es la antesala de lo que tenemos enfrente.

Nos lanzamos a la bajada y enseguida pierdo algo de terreno con Francesc. Ha dejado de llover pero la hierba está mojada, hay barro y el cansancio hace que mi ya originalmente escasa habilidad en el descenso, disminuya aún más. Paso por el pueblecito de Fontaneda, donde están mis padres de nuevo, y sigo bajando por bonitos senderos entre campos hasta la zona de Sant Julià de Lòria.
Después de unos 500m por la acera de la carretera principal, empieza el festival. Desde los 800m de altura a los que estoy, me espera una subida de más de 1800m hasta el Pic Negre. Afortunadamente hay un avituallamiento a media subida pero aún quedan 5kms. Intento coger un ritmo asequible pero se me hacen muy duros. Son 20kms de separación entre la Margineda y Coma Bella y llego con la reserva, decidido a parar lo que haga falta para reponer fuerzas. Llego con las últimas luces del día y me encuentro a Francesc, parece que en un estado similar.

Coma Bella (km 93, 14h44')
No sé cuánto tiempo estuve pero unos buenos 10 o 15 minutos. Caldo, pasta, fruta,... en fin, lo de siempre. Mientras tanto llega por detrás Ty, Josep (un valenciano que vive en Barcelona) y la primera chica, que ya no es la francesa sino la italiana Francesca Canepa. Fue la ganadora del Tor des Geants del año pasado (330kms y 24000 metros de desnivel positivo en el valle de Aosta). Tiene pinta de que viene como un avión y nos va a quitar las pegatinas.

Salgo del avituallamiento con fuerzas renovadas seguido de Josep. Vuelvo a ir mejor y gano algo de distancia. Mantengo un buen ritmo entre el bosque hasta la Rabassa y el control de Roca de Pimés. A partir de aquí la pendiente se incrementa y la pista por la que voy, y en la que no consigo imaginar como sube un todo terreno, se dirige directa hacia la cima del Pic Negre. La comida de Coma Bella ya ha dado para lo que daba y vuelve a encenderse la luz de la reserva. Afortunadamente llego a la cima y sigo el camino al trote, en ligero descenso y con las luces de Andorra a un lado y la luna llena iluminando la Serra del Cadí al otro.

El descenso se acentúa y desemboca en una ladera mixta de hierba y tartera bastante técnica que a mis pies no les gusta nada. El recorrido baja hasta la cota 2100, en un collado donde está Salvador haciendo de control. Mi humor ha decaído bastante desde esta mañana, así que me anima ante lo que viene. Lo que viene es un tramo de llaneo hasta el refugio de Prat Primer y después un repecho durísimo de unos 300 metros de desnivel hasta la Collada de Boumort. Afortunadamente (o no) lo conozco de otros años y sé lo que me espera. En el lado negativo está que me está empezando a coger el sueño, que junto con la falta de energías puede convertirse en un enemigo terrible. Tal como esperaba la subida se me hace durísima, el paso es agónico y llego arriba extenuado. Suerte que el refugio de Claror (próximo avituallamiento) se ve a poco más de un kilómetro.

Para combatir la falta de fuerzas y el sueño decido tomarme un gel con doble de cafeína. Hasta ahora he seguido el ritmo previsto de alimentación, juntando geles (debo llevar unos 8) y avituallamientos y los he asimilado bien. En este caso no va a ser así. Puede que sea por el momento de cansancio que atravieso pero tal como abro el gel ya me viene un amago de arcada. Decido meterme el gel en la boca sin pensarlo más... craso error. Inmediatamente lo tengo que escupir y detrás suyo sale toda la... llamémosle cena, que había tomado en Coma Bella. Dicho proceso se ve acompañado de unos alaridos  de esos que emite tu cuerpo cuando quiere desalojar la sala cual portero de discoteca a las 6 de la mañana. Eso sí pude comprobar que la acústica del circo de Claror es perfecta. Creo que desperté a todas las marmotas del lugar, por mucho que duerman las marmotas.

Paradójicamente me encuentro mejor de manera automática y puedo bajar bien hasta el refugio, eso sí, siendo consciente de que si no repongo lo que he dejado por la montaña, no voy a llegar muy lejos. En Claror, me encuentro a los dos de Utah, que ya se largan, y a Francesc y algo después llegan Ty y Josep. De la italiana ni rastro, contra todo pronóstico.

Refugi de Claror (km111, 18h51')
Más sopas y más plátanos, aunque cómo con miedo a la reacción de mi estómago. Lo bueno es que el próximo avituallamiento no está tan lejos (14kms) y el camino no es muy duro. El primer tramo es bastante llano hasta llegar al refugio de Perafita y a partir de ahí empieza una subida bastante tendida hasta el Coll de la Maiana. Aquí me alcanza Ty y pasamos un ratillo contándonos las vidas, que a las 2 o 3 de la mañana en medio del monte siempre ameniza un poco el tiempo. Bajada hasta el valle del Madriu, muy bonito cuando es de día, y subida muy progresiva (y por tanto interminable) hasta el Refugi de l’Estany de l’Illa. Como en los tramos anteriores, los últimos kilómetros hasta el avituallamiento los hago con un vacío en el estómago y sensación de hambre considerable, pero no me atrevo a hacer otro intento con los geles. Solo de pensarlo se me revuelven las entrañas.

Refugi de l’Estany de l’Illa (km125, 21h29')
Llegar a un avituallamiento es un oasis dentro de la soledad que hay ahí fuera en medio de la noche. Los voluntarios te animan, te preguntan qué quieres comer, te ayudan a reponer líquido, te aguantan los bastones… A veces incluso te quieren ayudar demasiado y te dicen que queda menos de lo que queda en realidad, o que el siguiente trozo es menos duro de lo que al final te vas a encontrar.

Pero toca abandonar ese ambiente amistoso de nuevo. Nos hemos juntado bastante los dos de Utah, Francesc, Ty y yo. Salimos los cinco con poca diferencia, yo cerrando el grupo. Mientras salgo oigo cómo llega Josep al refugio. Un corto tramo de subida al lado de un lago que no llego a ver y cruzamos el Coll de Vall Civera para bajar hacia la Cabana dels Esparvers.

Poco antes de llegar a la cabaña veo a Francesc subido en una roca a un lado del camino. Me dice que tiene sueño y que va a dormir 5 minutos. Me suena a desvarío total, si yo me tumbo 5 minutos me recogen al mediodía. Le digo que venga conmigo hasta Pas de la Casa, que vamos hablando. El insiste que no, yo insisto que sí, y tras varias iteraciones tiro la toalla no sin cierta preocupación. El camino gira ahora al norte por un valle en dirección a la Portella Blanca, unión de las fronteras de Francia, España y Andorra.

En un cierto punto de la subida a este collado el itinerario cruza un río. Llevamos una tónica constante de pies mojados desde el inicio de la carrera, pero aun así la idea de meter el pie en el río hasta el fondo no me atrae en absoluto, a las 5 de la mañana y con el fresquillo que pega. Hay una banderola en una isleta en medio del río, sugiriendo la posibilidad de cruzar el torrente en dos saltos. El problema es que la isleta está formada por una hierba resbaladiza que me genera confianza cero. Busco algo más arriba y encuentro una roca desde la que debería poder saltar los 2-3 metros que separan del otro lado. El terreno da para coger dos pasos de carrerilla. Miro por última vez buscando una mejor opción, veo dos luces que se acercan por detrás, y paso de perder más tiempo. Salto intentando recordar la técnica de salto de longitud que me enseñaban en la escuela de atletismo. Vuelo describiendo una parábola en el aire, junto los pies hacia delante inclinando también el tronco en esta dirección… y me quedo corto por 15 centímetros. En lugar de la caída triunfal y plástica en el foso de longitud, oigo un chapoteo sin paliativos seguido de una sensación gélida causada por el agua que me ha salpicado por las piernas y el pecho. Genial, estoy empapado. Ahora no solo tengo los pies sino todo el cuerpo congelado.

Llorando mis penas y lamiéndome las heridas afronto el último repecho hasta la Portella Blanca, donde advierto a los voluntarios de que Francesc se ha quedado durmiendo en una piedra y que vigilen si viene o no. La cara de perplejidad del tipo me indica que tampoco le convencía la idea. Las banderolas indican el recorrido hacia el Coll dels Isards, un flanqueo entre 2500 y 2600 metros donde aún queda bastante nieve, que a esta hora de la mañana está traicioneramente dura.

Ante mi sorpresa me alcanza por detrás Francesc, al que los 5 minutos de sueño le han sentado de maravilla. Empezamos la bajada hacia Pas de la Casa, con tramos de nieve, donde la organización ha trazado una trinchera a modo de camino y ha instalado cuerdas para asegurar. La verdad es que a mí no me ayudan demasiado y me pego un pego un par de morrazos importantes que acaban con una contusión en el codo y el dedo meñique hinchado y morado. Cabreado con el mundo por mi cansancio, mi torpeza y por todo en general, bajo trotando hacia Pas de la Casa mientras el sol empieza a aparecer en lo que parece que será un bonito y caluroso día.

Pas de la Casa (km 137, 24h 32’)
Avituallamiento importante. Mis padres vuelven a estar por aquí después del periplo nocturno. Coincidimos de nuevo los tres americanos, Francesc, yo y Josep. Los demás parecen estar lejos, tanto por delante como por detrás. Teniendo en cuenta los abandonos que se han producido somos del 7º al 12º de la carrera, lo cual supera con mucho mis expectativas. Ahora lo que hay que hacer es acabar de cualquier manera, quedan 41 kilómetros y la cuenta atrás ya ha empezado.

Decido cambiarme de zapatillas. La decisión es complicada porque la alternativa a las que llevo son unas que todavía no he estrenado, pero las Cascadia han demostrado que sus mejores días han pasado y que la adherencia deja bastante que desear a estas alturas, lo que puede ser peligroso en el estado de cansancio que se avecina. No se hable más, cambio de ropa. Salgo con Francesc y Josep, con los americanos 10 minutos por delante.

Llega ahora la subida al Port Dret, con una primera parte bastante tendida y una segunda que hace honor al nombre del lugar. Llegamos arriba Josep y yo cagándonos en la ley de la gravedad, con Francesc un poco por detrás. Toca tramo llano por lo alto de la loma y bajada hacia el oeste en dirección a Bordes d’Envalira. Este es tramo ejemplifica bien lo que es esta carrera y lo que la hace especialmente dura. Una gran parte de las subidas y las bajadas discurren absolutamente fuera de camino y las banderolas te llevan a saco y de frente hacia la pendiente, sea hacia arriba o hacia abajo. El resultado es que tienes que estar constantemente al cien por cien mirando dónde pones el pie, lo que reduce bastante la velocidad. La bajada empieza por prados y acaba metiéndose por un vallecito que desemboca en las Bordes d’Envalira, donde está el siguiente avituallamiento.

Bordes d’Envalira (km 148, 27h23')
Aquí ya ha quedado definido el tándem de los tres americanos por delante y Josep, Francesc y yo por otra. Las caras de los tres son una mezcla de solidaridad y compasión mutua. A ver si la compañía acelera el paso de los kilómetros. Vienen ahora tres kilómetros de trote llevadero hasta Soldeu y un nuevo repecho por un camino que conduce al extremo de la Vall d’Incles.

En Soldeu, nuevas caras conocidas, Jordi y Àngela que han subido a ver la carrera. Me cogen justo después de comer, en un buen momento y crecido por los ánimos, así que les ofrezco una cara mínimamente aceptable. Realmente se agradecen y son claves esas muestras de ánimo. Con una desgana creciente y palabras cada vez más escasas, el grupo de los tres mosqueteros llega al avituallamiento de la Vall d’Incles.

Vall d’Incles (km 155, 28h41')
Sigo a base de caldo y plátanos. Cuando estamos a punto de salir llegan Óscar Pérez y Sebastien Buffard, primeros clasificados del Ultra Mític, la prueba de 113kms. A pesar de que vienen rápido parece que van de paseo. Nosotros a lo nuestro, nos quedan dos tramos, éste de 9,5kms.

Yo ya me lo temía cuando vi el perfil. Este tramo de 20kms entre las dos últimas subidas importantes, donde aparecían cuatro ligeros “dientes de sierra”, metía un tufo tremendo a trampa mortal.

-  En este tramo si llegáis con fuerzas podéis ir bastante rápido –dijo Gerard Martínez, organizador de la carrera, durante la sesión de “brieffing”. Sí, los coj… 

Empezamos con un kilómetro de asfalto para bajar al río, subir al otro lado para dar una vuelta totalmente gratuita por detrás de una casa, volver a bajar el río, y subir una tremenda cuesta hormigonada y un sendero posterior, que parece no acabar nunca y no deja de alejarse de la dirección final en la que tenemos que ir. Al final se acaba la subida pero en los tramos llanos cada vez cuesta más correr. Bordeamos la montaña hasta llegar a Ransol, donde nos dicen que todavía son 5kms al siguiente avituallamiento. ¿¿¿Sólo hemos hecho 4,5??? Buffff, nos están cayendo los minutos por todos lados. Otra vez subida corta pero dura y más terreno rompepiernas.

Hace un rato Josep iba un pelín más justo pero ahora se han girado las tornas y es el que tiene bastante más fuerzas para trotar en el llano y en las bajadas. Resultado: hasta luego Lucas… Nos quedamos Francesc y yo con nuestro calvario particular hasta llegar al último avituallamiento, la Armiana.

La Armiana (km 163, 31h09)
Última taza de caldo, fideos y queso que hecho por ahí en la sopa sin demasiado criterio. La cara ya no disimula nada, el último tramo ha sido terrible, creo que una hora más lento de lo que había previsto. Con un sol de justicia salimos por un repecho que sube, como todas las subidas de esta carrera, sin ningún ánimo de facilitarle las cosas al caminante. A saco, recto para arriba.

Pongo mi marcheta rítmica, el tipi-tapa del principio, que ahora es tipi…….. tapa……… tipi……….. tapa…….. Superamos un primer repecho, y recorremos un flanqueo en ligero descenso que lleva hasta el pie de la última subida hasta el Coll d’Arenes. Este sí que es el último objetivo. Está allá arriba, a tomar por culo, pero es el último objetivo. Empieza marcando el ritmo Francesc y a media subida le relevo. Intento describir unas mínimas eses que faciliten un poco la subida. La última rampa es tremenda, el sol cae a plomo y voy mentalmente haciendo al cuenta atrás de las banderolas que faltan hasta arriba. Los controladores del collado nos miran con cara de pena. Imagino, al menos, yo la verdad es que solo miro al suelo.

Coll d’Arenes (km168, 32h47')
Llegar arriba supone una primera dosis de alivio. Me tomo un vaso de agua pero ni recargo los bidones. Sólo quiero llegar. Josep nos ha sacado bastante ventaja así que ni siquiera tenemos la tentación de luchar por el top 10, lo cual en ese momento supone básicamente más alivio y descarga de responsabilidades. De hecho yo casi no tengo ganas ni de apretar en la bajada siguiendo a Francesc. Las zapatillas me hacen daño en el tobillo, tengo arena dentro, las plantas de los pies hechas polvo… Le digo que tire que me quedo a hacer una foto, pero me dice que no, que lleguemos juntos.

Me animo y tiro detrás de él, debatiéndome entre el dolor de pies y la satisfacción de que el objetivo ahora sí que está cerca. Prados, nieve, más prados y bosque, que esconde una última trampa en forma de repecho de unos 100 metros de desnivel, donde aguanto como puedo. Seguimos bajando, el bosque no deja ver el fondo del valle, así que no puedo ver cuánto falta. De todas formas el camino baja a saco y el lado opuesto del valle se acerca, así que no podemos estar lejos.

En una de estas oigo gritos delante. Son Jordi y Àngela que me animan en una curva del camino.

-          Vamoooosssss!!!! Tres quilòmetres!!

Joder, todo me parece demasiado. Ya paso del dolor de pies, me apoyo como puedo en los palos. Finalmente llegamos al pueblo de Sornàs y salimos a la carretera principal. De aquí solo queda un kilómetro de carretera y Ordino está allí delante. Chocamos las manos.

-          Aquest quilómetre és per disfrutar-lo –me dice Francesc.

Buff, menos mal… Iba ya con el gancho.

Realmente las emociones de este último kilómetro son extrañas. Hay una componente importante de alivio, de que en breve uno no va a tener que seguir avanzando adelante, arriba y abajo. Hay otra parte de satisfacción personal, una especie de orgullo por el deber cumplido. Otra pieza del pastel sería de cierto vacío, de tener una idea en la cabeza durante buena parte de tu tiempo y de repente sentir como desaparece esa obsesión. Y por último una gran felicidad, una sensación de haberte propuesto un objetivo y haber sido capaz de cumplirlo. Porque al fin y al cabo, ¿qué es la vida sin objetivos?...

Llegamos a meta cogidos con las manos en alto entre los aplausos del público. Estoy tan contento como desorientado. El momento es indescriptible. Finalmente han sido 34 horas 24 minutos y 23 segundos, 11ª posición ex aequo para los dos. Por delante, Julien Chorier, que ha dado un auténtico repaso a todo el personal (28h40’), el simpático Kenichi Yamamoto (31h12’) y el austaliano Matt Cooper (31h24’) cerrando el pódium. Después Pep Ballester, el vasco Imanol Alesón, Armando Teixeira (portugués de Salomon), los tres americanos y Josep, que finalmente nos ha sacado 20 minutos.
Aquí tenéis una imagen del podium de la Ronda dels Cims:
Una fot con Kenichi Yamamoto y Matt Cooper (2º y 3º clasificados)...
...y otra con Óscar Pérez, ganador del Ultra Mític y un auténtico crack.

Muchas veces la gente te pregunta por qué haces estas cosas y muchas veces me lo pregunto yo mismo cuando estoy en medio de estas aventuras. Al llegar a esos últimos metros cada vez estoy tan convencido de que entiendo ese por qué como de que soy incapaz de explicarlo.

Besos y abrazos

P.D: quiero felicitar a la organización porque, en mi opinión, han sabido adaptarse bien a las dificultades generadas por la abundante nieve. Y han sabido crear un itinerario alternativo que ha mantenido, si no al cien por cien sí en buena medida, las características y dificultades del recorrido original.

P.P.D: Por supuesto también dar las gracias a mis padres que me acompañan a pesar del sufrimiento e inquietud en estos proyectos y están ahí, tanto para ayudar en la logística como para compartir estos momentos. También a Jordi y Àngela que estuvieron empujando.

P.P.P.D: Y por último agradecer también las muestras de ánimo que he leído después en el seguimiento por Facebook y el montón de whatsapps de apoyo. Os aseguro que me los he imaginado en muchos momentos y son un pilar básico para seguir adelante.

4 comentarios:

  1. Después de llegar hasta aquí (final de la crónica), sólo toca levantarse y aplaudir!!!!

    Esperamos impacientes la del UTMB!

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  2. Ei Carles! Me alegro que te haya gustado. Me da que la del UTMB también será larga, pero hay más ideas enmedio así que espero que haya más. Vamos hablando!

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  3. Jodeeer!! he hagut de llegir la crònica en dos etapes... que bèstia alberto! Ja vem comentar la cursa amb el Biel que deia que havia sigut una mica més freda de lo que s'esperava... Ets un màquina!! a seguir!! Quan tardes a recuperar-te d'una cursa així? Anims!!
    Següent objectiu?

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  4. Albert!!!! Ja tenia ganes també de llegir la teva crònica, per saber què sentíeu els que aneu a davant!!! A vegades tens idealitzats els de deavant com si aquests no patissin gens, com si sempre anessin frescos. Veig, però, que també hi va haver moments durs per vosaltres. I com em va dir un voluntari al Pas de la Casa: "Com més dur és el camí, més gran és la satisfacció del després!"jejeje. A seguir així màquina!!!!!!!!!! Eli

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