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domingo, 5 de noviembre de 2017

UTDL: Ultratrail Terres de Lleida

Otoño siempre es un periodo incierto para planificar carreras. Nunca sabes cómo vas a llegar después de la temporada alta del verano, ni a nivel de gasolina ni a nivel de tornillos mejor o peor apretados y vas dejando pasar el tiempo con la excusa del "ya veremos cómo llego a esas alturas de temporada". Por otro lado es una época en la que se celebran carreras interesantes en zonas de media montaña menos conocidas pero sorprendentes. Carreras que buscan estas fechas huyendo tanto del calor como de la proximidad de carreras más clásicas o comerciales, que tienen lugar en las zonas más altas del Pirineo en pleno verano. Creo que fué en primavera cuando me enteré de una nueva iniciativa que surgía en la zona de Lleida, concretamente en los alrededores de Sant Llorenç de Montgai y Camarasa. La verdad es que aparte de viajar e ir a correr al quinto pino, me gusta participar en las iniciativas que promueven el deporte de naturaleza cerca de Lleida. En julio coincidí con Sílvia, una de las organizadoras de la carrera, en la carrera del Gran Paradiso. Me estuvo hablando de la iniciativa, me gustó la idea así que no me lo pensé más y decidí darle al click de no retorno del formulario de inscripción.
Pero es que además esta carrera tenía un componente adicional en la vertiente solidaria de este proyecto, que destinaba parte de la recaudación a la investigación del Trastorno Límite de la Personalidad. El TLP se caracteriza básicamente por la inestabilidad emocional y las relaciones personales caóticas, una de esas enfermedades dentro del campo misterioso y trascendente de la psiquiatría. Como investigador y como persona que ha tenido cierta implicación en proyectos solidarios, me parecía una motivación extra muy importante, el aportar un granito de arena en un área seguramente con menos foco social que otras enfermedades que tenemos más presentes en nuestro día a día.
Pasando a la vertiente más deportiva, el plan era el siguiente: 93kms con 5100 metros de desnivel positivo, por la zona de Camarasa y alrededores. Terreno de media montaña entre los 300 y los 950 metros de altura. En parte, zona conocida porque es por donde vamos a entrenar con mi amigo Ruben cuando estoy por Lleida, aunque en 93kms también implica descubrir muchas zonas desconocidas. Así nos presentamos con el fiel equipo de apoyo que forman mis padres, el sábado a las 7 de la mañana en el camping de Sant Llorenç de Montgai. La verdad es que llego a la carrera con bastante incertidumbre. Después del Ultratrail del Mont Blanc he tenido una desconexión tanto física como mental de las carreras. Si a eso le sumas ciertas molestias en el tendón de Aquiles que no se acaban de limpiar y una cabeza cansada de discusiones políticas, el resultado es que cuando suena la cuenta atrás a las 7 de la mañana no sé si tengo ganas de salir a la noche o miedo de estrellarme contra un muro físico-mental. Veremos...
En todo caso la salida me obliga a dejar de lado cualquier preocupación y centrarme en lo que hemos venido. El aire fresco de la noche me ayuda a despejar la mente. Corro junto a 3 o 4 corredores que perseguimos a Ángel, que ha salido como un tiro por una pistilla entre campos que ahora mismo sólo intuyo. Enseguida empalmamos con un sendero pedregoso en el que la pendiente se acentúa y mi distancia con respecto a Ángel se reduce, a la vez que mis anteriores acompañantes se quedan algo atrás. La rampa suaviza y giramos a la derecha por un sendero de toboganes entretenidos. En las rampas hacia arriba me acerco algo más a Ángel. "Pasa, pasa"... La verdad es que tenía intención de intentar ir con el grupo de cabeza, aunque sin saber muy bien quiénes eran el resto de participantes. En cualquier caso no era el objetivo intentar tirar yo sólo a la aventura, pero lo cierto es que me encuentro de repente en primera posición y en fin, tampoco me voy a parar. Así que paso junto a un cruce donde está controlando Iván (Espílez) y me pongo al trote por un repecho bastante más duro. Miro el reloj... 160 pulsaciones... correcto. Pues nada, haz la tuya, controla el ritmo y ya veremos. El repecho me deja en una pista que cojo hacia la izquierda alargando la zancada, para pasar después a un sendero que alterna tramos exigentes con otros más llanos, siempre con un bonito panorama a la izquierda de luces en los pueblos de la llanura y la claridad incipiente del amanecer. Qué gozada! Definitivamente las preocupaciones han quedado atrás. No sé si somos nación, república o comunidad de vecinos y me perdonaréis, pero la verdad es que en este momento me importa un rábano.
Este primer tramo de ascenso acaba y las marcas se adentran en una zona relativamente llana, pasando de un senderillo a otro de una forma muy entretenida. Me llevo un membrillo a la boca para empezar con el plan de alimentación y mantengo un ritmo de crucero que me parece llevadero. Reloj... 150... está bien. Paso un primer avituallamiento en el km 9 con los amigos de Ultra Lleida animando, pero ahora mismo llevo de todo así que paso de largo. En un cruce de pistas algo más abierto veo un frontal no demasiado lejos. Me agobio un poco... Una vez me he puesto en cabeza parece que el hecho de que me den alcance sea una cierta derrota. Subo un puntito para activarme un poco, a la vez que intento convencerme de que lo importante es que tengo que hacer caso a mi pulsómetro y no el ritmo al que venga el de detrás. Una zona de repechos parece que me favorece y el perseguidor no acaba de darme alcance. De todas formas me centro en mirar adelante, tomarme un gel y disfrutar del sendero, que es a la vez rápido y agradable. Llego al Monestir de les Avellanes, todavía dormido a estas horas de la mañana. Vuelvo a encontrarme al Team Ultra Lleida y esos ánimos bienvenidos. "Els pares t'esperen a Vilanova!"... Pues para allí que me voy, sin mirar atrás, sólo mirando en mi interior. 500 metros antes de llegar al pueblo desemboco en una carretera y el asfalto me recuerda las molestias del tendón. Algo hay, como algo hubo más o menos a estas alturas de carrera en el rogaine del otro día. Esperemos que igual que entonces, la cosa no vaya a más.
Paso por el avituallamiento de Vilanova de la Sal (km17) el tiempo justo para reponer existencias para el próximo tramo (un bidón con Tailwind, tres membrillos y dos geles que me han de llevar hasta el km38) y salgo del pueblo sin perder tiempo por una calle hormigonada que sube de lo lindo. Un breve tramo campo a través y en descenso me lleva hasta un sendero que pone rumbo noreste y va aproximándose a la Serra de Montroig. El terreno es bastante llano y entretenido y permite llevar una velocidad bastante buena hasta un collado en el que está Iván (Sabaté) animando y hay instalado un control por el que volveremos a pasar más adelante. "Necessites algo?!?"... "No, no, merci!"... Voy bien, me he acabado el Tailwind y tengo líquido de sobras para llegar al avituallamiento de Montalegre. Empiezo animado la subida mientras pongo el oído alerta para ver si escucho ánimos a un eventual perseguidor. Parece que no, buena señal, la distancia ha aumentado. Animado con esta incierta referencia sigo con un trote bastante bueno por una subida constante pero llevadera que me deja en la Ermita de Montalegre (km24). Repongo agua y salgo por un sendero que acaba de subir hasta el vértice geodésico de la Pala Alta. A partir de aquí se alternan cortos tramos de bajada técnica con repechos muy explosivos. Hasta aquí he corrido todo el rato pero en estas rampas llega un punto que veo que no me sale a cuenta así que echo las manos a las rodillas y enciendo brevemente el "modo caminante". Algún síntoma de torpeza en las subidas me recuerda que hay que seguir comiendo para no romper el buen ritmo que llevo hasta el momento. Así llego al avituallamiento del Refugi del Xut (km28).
Toca reponer líquido de nuevo, agua en este caso. Las marcas siguen un senderillo que baja haciendo eses por el bosque hasta un desvío en el que hay un control de paso. Me envían hacia la derecha, por otro sendero que rodea la montaña y afronta un ascenso progresivo justo bajo la pared que culmina la cara sur de la Serra de Montroig. Hace un rato he pasado en sentido opuesto por la carena que queda encima de esta pared. El camino es bastante incómodo, con algunos tramos que parecen abiertos recientemente. El sol empieza a apretar y obliga a una buena hidratación. Después de varios tramos pintorescos bajo la pared las marcas parecen adoptar una tendencia descendente. El sendero es bueno y permite mantener una buena velocidad. Repaso la comida y me tomo un membrillo y un gel para acabar de cumplir con lo previsto para este tramo. Las sensaciones son bastante buenas aunque empiezo a notar que ya llevo treinta y tantos kilómetros en las piernas. El fondo del valle se va acercando y desemboco en una pista, cosa que hasta se agradece para poder poner un rato el piloto automático. Me cruzo con Sílvia que tiene pinta de estar haciendo unas series en subida. Todo menos perder el tiempo! La bajada se acaba y salgo a la carretera, que después de unos 500m me deja en el avituallamiento justo a la entrada de Sant Llorenç de Montgai (km38).
Vuelvo a encontrarme con mis padres, que tienen preparado otro bidón con Tailwind. Me lo llevo, pillo otro gel y tres membrillos. "A cuánto va el segundo?"... "8 o 10 minutos en el avituallamiento anterior". No es mucho, no me puedo relajar ni un poco... En fin, me despido hasta el km51. Salgo por un senderillo que discurre por el fondo de una vaguada. Este minutillo de break me ha sentado la mar de bien y cojo un trote animado que sólo se interrumpe para caminar la rampa que sirve para superar la vía del tren. Por lo demás la subida es relativamente tendida y a estas alturas todavía puede hacerse corriendo. Llego al collado por el que he pasado esta mañana camino de la Ermita de Montalegre y paso por el control de paso, donde pillo un trago de agua. Si no me equivoco ahora toca ir bajando progresivamente hasta el avituallamiento de la Estación de Vilanova de la Sal (sí que me equivoco, primer fallo en lo que respecta al estudio previo del recorrido, parece mentira...). Las marcas me van conduciendo por senderillos que discurren por terreno variado, predominantemente de bajada pero con algún repecho que va desgastando las piernas. De repente salgo a una carreterilla que va hacia la estación de Vilanova. Imagino que ahora bajaremos por este valle y listos, aunque según el reloj faltarían 5km... No me suena que haya un tramo tan largo por carretera y no sería el estilo de Sílvia. Efectivamente, ahí hay una flecha que enfoca a la izquierda. Me meto por un sendero que avanza por una vaguada y va subiendo. Espero que gire a la derecha de un momento a otro pero el sendero sube y sube. Alterno el trote con momentos de caminar en las rampas más duras, mientras me voy dando cuenta de que eso de bajar ya hacia el avituallamiento nada de nada. Aquí hay una subida que no tenía en mente. Hay que hacer mejor los deberes... Qué le vamos a hacer, miro hacia riba e identifico un collado como probable objetivo. Tampoco está tan lejos, no nos deprimiremos. El pulsómetro me va marcando entre 150 y 155 pulsaciones en los momentos de más esfuerzo, lo cual indica que voy bien a nivel de alimentación y energías. Llego al collado y me lanzo hacia el otro lado por una pista. Ya he pasado el ecuador de la carrera y las piernas no cambian tan fácilmente de modo subida a modo bajada. Casi prefiero los tramos más llanos en los que hay menos impacto doloroso. Vuelvo a agradecer este tramo de pista y piloto automático, mientras rodeo la montaña hacia la derecha, hasta empalmar con un sendero que baja de manera agradable por el bosque hasta el avituallamiento (km51).
Nuevo bidón de Tailwind, que me están sentando la mar de bien. "A cuanto va?"... "Nueve minutos... pero no hay buena cobertura". Joder, no le saco nada, qué estrés. En vista de las noticias salgo pitando. Un repechillo me deja en una pista que llanea hacia la izquierda. Este tramo sí que recuerdo que era predominantemente llano, simplemente bordear el embalse de Camarasa hasta la presa. Pongo un ritmo vivo, si me tiene que pillar al menos que le cueste. La pista se convierte en un bonito sendero que va avanzando entre la vegetación. Tiene algunos repechos pero son cortos y casi que lo que más estorba es el hecho de tener que ir esquivando ramas constantemente. Afortunadamente hace tres semanas tuve un buen entreno persiguiendo a Tommi a través del bosque en el Rogaine de Pardines, así que intento imitar el baile del maestro Yoda. Voy echando vistazos a la ladera del otro lado del embalse buscando la carretera que viene de la Pobla de Segur, que me sirve de referencia para identificar lo que me queda hasta la presa. Ahí está... Contento con el ritmo de este tramo afronto un repechillo antes de la bajada definitiva hacia las proximidades de la presa. El sendero se abre y aparece el avituallamiento (km58) con tres simpáticos voluntarios disfrazados.
Habia medio quedado con mis padres pero no era seguro que llegasen aquí y parece que así ha sido. Repongo agua y en el otro pongo un líquido con sales que tienen en la mesa. Cojo algo de fruta y sigo en dirección a la carretera que cruza la presa. Justo al otro lado me encuentro a mis padres, que me preguntan si necesito algo. Más Tailwind me vendría bien, pero no está permitida la asistencia fuera de los avituallamientos, así que tiraré con lo que llevo hasta Alós de Balaguer, que creo que está a 9 kilómetros (Ojo, segundo fallo de la jornada...). Entro en el túnel de la carretera y las marcas se meten por otro túnel auxiliar por el que me llevó Ruben una vez en uno de nuestros entrenos. Salgo por el otro lado y afronto una nueva subida. Estoy animado, he llegado al avituallamiento en 6h05, que supone una media muy buena para esta primera parte de carrera. Empieza la cuenta atrás y si consiguiese mantener el ritmo deberían quedarme unas 4 horas. De vuelta a la realidad me encuentro con una subida que alterna tramos exigentes con otros más llevaderos así que adapto los tramos de trote y andar. Descubro con cierta desilusión que el brebaje lila que he rellenado en el avitullamiento está bastante malo. Empiezo a encontrar corredores de la carrera de 50km, cuyo recorrido coincide con la nuestra de ahora en adelante. Me acerco a la parte superior de la montaña y las eses del camino quedan a merced del sol, que aprieta de lo lindo. Decido trotar las rectas que van hacia la derecha y andar las que van hacia la izquierda, pero poco a poco noto que las fuerzas bajan y los tramos de andar se van incrementando. Sensiblemente más cansado llego a lo alto de la carena. Me tomo un gel y bebo agua. Vuelvo a probar las sales pero me dan ganas de vomitar, así que decido evitarlas en la medida de lo posible. Las marcas giran a la derecha por lo alto de la carena. El camino empeora y hace difícil correr, incluso en tramos en los que la pendiente no es exigente. Mis energías van claramente a peor, tal como indica el descenso en las pulsaciones en momentos de máximo esfuerzo. Una bajada bastante marcada lleva a un nuevo repecho muy exigente. En lo alto me encuentro con Olga, situada en un punto estratégico para sus magníficas fotos. "Vinga Albert! Què, com va?"... "Bueno..."... "Anar fent, no?"... "Si, podria anar millor la veritat...". Salgo a lo alto de la carena y agradezco el final de la subida. Espero al llegada del segundo corredor en cualquier momento. Mi ritmo ha bajado claramente, así que si el suyo no hace lo mismo, es cuestión de tiempo. Expulso pensamientos negativos y me centro en lidiar con las piedras del "camino" de la mejor manera posible. El terreno es bastante técnico y de avance difícil. Este debe ser aquel tramo que me dijo Sílvia que estaba abriendo "a machete". Pues me está entrando del revés... Hay otra cima ahí delante. Estaría muy bien que el camino la evitase por algún lado. Pues sí! Qué bien, las marcas se meten a la izquierda y la van rodeando. Miro el reloj... 65km. Si el avituallamiento está en el km67 quiere decir que estoy cerca de poder reponer alimento, cosa que mi cuerpo está pidiendo a gritos. Las marcas se meten por una pista que va bajando. Reloj... km66.5... Ni rastro del pueblo... Veo una pista ahí delante y un cartel que indica... a la derecha. Cómo? Hacia arriba? Bufff... Me pongo a andar. Un repecho que me parece durísimo me lleva hasta un collado, pasando ya de largo el km67 en el que pensaba que estaba el avituallamiento. El reloj me marca 130 pulsaciones en un momento en que lo estoy dando todo, con lo cual el pajarón está plenamente confirmado. Las marcas bajan al otro lado y van rodeando la montaña. El tramo se alarga y presenta algunas bajadas técnicas que ahora mismo me sientan bastante mal. El reloj marca ya el km71 cuando acabo saliendo a una terraza en la que aparece una bonita vista del ansiado pueblo de Alós de Balaguer. La entrada al pueblo es por unas callejuelas la mar de pintorescas, pero en este momento yo sólo quiero comer y beber. Me encuentro a mis padres ya cerca del avituallamiento (km72... ese era el dato correcto, lo que pasa es que yo como soy imbécil me acuerdo del récord del mundo de lanzamiento de hueso de cereza y no del kilómetro en el que están los avituallamientos).
Me llevo un bidón lleno con Tailwind y otro vacío sólo con los polvos. Como fruta y echo un buen trago de agua. Demasiado, porque salgo del avituallamiento con la tripa llena. Poco a poco el estómago se va acomodando y el ritmo se incrementa un poco por un tramo de pista favorable. Esta parte vuelve a ser llana con pequeños repechos, pero si recuerdo bien el avituallamiento siguiente está en el km78, que con el "desfase" del tramo anterior, debería irse hasta el 81 u 82. No me han dado referencias del segundo. Espero que haya tenido también dificultades en este último trozo. La comida se nota y mi ritmo, aunque sin llegar al nivel de la primera parte de la carrera, mejora sensiblemente. El sol baja y el camino queda a la sombra a medida que se va metiendo en el Congost del Mu, una bonita excursión de domingo. Empiezo a pensar que con esta mejoría, si mi perseguidor no me ha alcanzado ya, es posible que tampoco haya ido muy fino y ahora se esté incrementando la diferencia. Camino algunos repechos pero troto la mayor parte del tramo, mientras echo vistazos intentando identificar hasta dónde tengo que llegar por este valle. Ostia! Allí esta el puente! Si, aquél es el puente en el que está el avituallamiento, así que realmente está en el kilómetro 78. Por tanto el error era simplemente en el avituallamiento anterior. El descubrimiento me da unos ánimos definitivos. Bajo contento hasta el puente colgante. "Es aquí l'avituallament, oi?"... "Si, si, 50 metres"... Qué ilusión! Así que sólo me quedan 15km a meta. A estas alturas que "te quiten" 4 kilómetros sienta la mar de bien.
Relleno el bidón que tenía con polvos de Tailwind y me lanzo literalmente a por la subida. La pendiente es más o menos llevadera y el camino es bueno, con lo cual el estado de relativa euforia que llevo me lleva a poder mantener un trote bastante bueno. Además así pasan los kilómetros más rápido. Las pulsaciones en momento de esfuerzo han vuelto a subir a un rango aceptable de entre 145 y 150, cosa que ratifica la mejoría. Me cruzo con dos corredores de la carrera de 50km que me animan. "Si viene el otro le decís que estoy lejos, que no apriete!" les digo medio en broma. Llego a un cortafuegos por donde el camino sube derecho, así que manos en las rodillas y otra vez a andar. Esta parte la conozco, queda un último tramo de pendiente muy fuerte hasta llegar a la meseta superior de la montaña. Se nota que es el kilómetro 80 pero supero la dificultad con cierta dignidad y algo de energías para volver a trotar en la parte superior, más favorable. Llego al avituallamiento de la Ermita de Sant Jordi (km82), donde hay música y muy buen ambiente.
Relleno agua y pillo un par de trozos de naranja y me voy a por el descenso. Venga, sólo 10 kilómetros y una subida entre medio. Las marcas se meten por un trozo de camino muy deshecho, que acaba en un resalte con argollas y una cuerda para ayudarse. La pendiente es muy pronunciada y el camino prácticamente inexistente. También nos ha metido por aquí Ruben en algún entrenillo. La verdad es que se nota la falta de agilidad a estas alturas de carrera. Agradezco el llegar a una pista, aunque sea con un breve repecho. Al otro lado de un colladito el descenso continúa, ya por sendero más sencillo. Me duelen algo los pies, quizá por llevar la zapatilla algo floja (debería haberme parado a apretarla pero a esas alturas creo que sólo quieres avanzar sin parar), con lo cual la bajada se me hace algo pesada. Afortunadamente no es muy larga y después de un bucle hacia la derecha salgo a un caminito junto al río que cubre el último kilómetro hasta Camarasa, en cuya entrada está el último avituallamiento (km86). Se me ha pasado bastante la euforia de antes y con el dolor de pies lo cierto es que tengo bastantes ganas de llegar.
Me encuentro nuevamente con mis padres y recargo el último bidón con Tailwind. Pido referencias pero nadie sabe. Aparece Sílvia en coche. "Què necessites?"... "Pueeeess, saber on va el segon" le digo un poco desesperado. "Lluny, lluny, tranquil...Mmmm, 15 minuts". No me convence mucho, me voy con la sensación de que me lo ha dicho más para que esté tranquilo que porque realmente esté a 15 minutos, pero bueno, es el único número al que puedo aferrarme así que... Salgo por una pistilla que cruza un prado. Voy echando números. Si quedan 7 kilómetros y le llevo 15 minutos... me ha de recuperar 2 minutos por kilómetro... Ahora en este llano estoy yendo más o menos entre 5'30'' y 6'/km... en las subidas creo que voy a buen ritmo... Entre llano y cálculos se pasan dos kilómetros hasta que llego a un senderillo que se mete a la izquierda de la carretera. Vamos a ver qué sorpresa nos ha preparado Sílvia para este final... El primer tramo es por un camino bueno que llanea bastante, pero de repente las marcas se meten por un sendero más estrecho a la izquierda, que sube de manera decidida. Un cartel dice "Otra subida más de los cabrones de la UTDL, pero te gusta... Y lo sabes"... con la ya clásica imagen de Julio Iglesias sonriendo y señalándome. Me lo veo venir. Manos en las rodillas, voy subiendo por en medio del bosque, intentando intuir cuál es el objetivo. Del perfil me suena que no había más de 200 metros de desnivel positivo, pero visto lo "bien" que me lo he estudiado... Allí enfrente hay un colladito, debe ser eso. Hasta ahí y bajada. Voy subiendo, con unas fuerzas que van menguando a pesar del Tailwind que ya me he ventilado. La luz del sol entre la vegetación me indica que estoy llegando al collado. Ya tengo ganas de ver el camping de meta al otro lado y las marcas bajando hacia él... Pam, flecha a la izquierda. (...) (aquí vendría una palabrota irreproducible, me sé de una que seguramente le pitarían los oídos ;-). Efectivamente, las marcas tiran a la izquierda rumbo a lo más alto de la montaña. Si el sendero era estrecho, ahora todavía más, y se mete por una zona de vegetación densa y resaltes que obligan a utilizar las manos. Otra imagen de Julio Iglesias saluda al esforzado corredor. Creo que ya sé dónde estamos... Un día Ruben nos trajo por aquí también, pero en sentido opuesto. El camino se mete por una espectacular grieta entre unas rocas. Un adorno jalona el camino como si fuese una especie de túnel del terror (yo no lo ví, pero me dijeron también que había un ataúd, que no falte de ná...). Una trepada me lleva al otro lado de la grieta y me devuelve a la luz del sol. Sólo quedan unos metros más de terreno exigente, hasta que la pendiente afloja a través de un falso llano. Por fin cima. Al otro lado las marcas bajan y se dirigen hacia un espolón. A la derecha se ve el embalse y al otro lado el camping, desde el que llega el sonido de la música de meta.

Cambio de marcha, bajo piñones y pongo algo de ritmo por el sendero. La cercanía de la meta hace algo más llevadero el dolor de pies. Tras un par de repechos llego a un collado en el que las marcas tuercen a la derecha y se meten por el bosque, conduciendo hasta un camino que bordea el lago y que también es conocido. La presa está ahí delante, ya estoy en el último kilómetro. Cruzo la presa, miro hacia atrás y compruebo que no hay sorpresas de última hora, así que disfruto de la agradable pista de tierra que forma este último tramo de la carrera. Además hay un montón de gente paseando que me anima al pasar, a los que devuelvo el saludo con una sonrisa de oreja a oreja. Se acerca el final de la recta, la música y el speaker, mi padre con la cámara, los amigos de Ultra Lleida que me dan la bandera del equipo... y una recta de meta muy emocionante, con mi madre y la sorpresa de Kike, Elena y Ares, que han venido a verme llegar. No os negaré que no estando acostumbrando a cruzar metas en primera posición, levantar la cinta fue un gustazo.


Balance de la carrera:
Por lo que respecta a mi actuación, pues la verdad es que contento. Siempre es una alegría ganar una carrera y 10h44 para 93 kilómetros lo considero un buen ritmo para mí, más teniendo en cuenta el momento de la temporada y la incertidumbre que sentía antes de la carrera. Es cierto que había tramos bastante rápidos, sobretodo al principio, pero los 5100m de desnivel positivo estaban ahí, y había bastantes tramos de sendero que se tenían que pelear bastante. Tuve sólo el rato malo entre el km62 y 72 más o menos, que achaco en gran parte a un fallo en la alimentación. Ese fallo en la alimentación viene de lo que para mí es el error más grande por mi parte, que es el de no empaparte y aprenderte el recorrido hasta la saciedad. Pensar que un avituallamiento está en el 67 cuando está en el 72, es imperdonable y que te pillen subidas por sorpresa, poco más o menos que lo mismo.
Más importante, sobre la carrera en sí. La verdad es que me sorprendió muy positivamente. No lo digo por decir, si no lo pensara simplemente no diría nada y pasaría directamente al "Besos y abrazos" o al rincón del freak como hago siempre que la organización de la carrera no me parece ni fu ni fa. El recorrido fue muy atractivo. En una zona en la que faltan las subidas largas y demoledoras de zonas más altas del Pirineo, se supo encontrar un recorrido rompepiernas a base de senderillos divertidos, agradables pero exigentes, cuidando al detalle el evitar pistas y carreteras en la medida de lo posible. El marcaje me pareció impecable, y lo dice alguien que corre con gorra y mirando al suelo, combinación perfecta para comerse los desvíos. Como le dije a Sílvia, que le pitasen los oídos durante todo el sábado es la mejor muestra de que había hecho bien su tarea y de que sacó petróleo de una zona que quizá tiene menos materia prima que otras más clásicas del Pirineo. Por otro lado el ambiente en los avituallamientos y el equipo de voluntarios fue espectacular. En todos lados me encontré sonrisas y ganas de ayudar. El número de avituallamientos era significativo, muy próximos sobre todo en el último tramo y el problema que hubo con el arroz y del que Xavi se disculpó, no es más que un incentivo para hacerlo todavía mejor el año que viene. Y por último dentro de este tema, me ha llamado la atención la cantidad de detalles que han rodeado a la carrera, desde sorteos durante estos meses hasta actividades para acompañantes y montajes en la feria del corredor. Uno de estos detalles estaba en los dorsales. Cada dorsal llevaba dos nombres, uno el del propio corredor y otro el de una persona afectada por TLP. En mi caso yo corrí con Dolors, quien sin conocernos me ayudó en esos momentos de duda camino de Alós de Balaguer, recordándome que todo objetivo cuesta un esfuerzo y que la opción de gestionar las dificultades siempre pasa por delante de la de rendirse. Estoy seguro de que esos nombres nos ayudaron a más de uno a conseguir el objetivo de llegar a la meta, igual que el nombre que llevaba Xavi en su "dorsal" le ayudó a que este proyecto saliese tan bien como ha salido.
E igual de importante, mi carrera no hubiera podido ser igual sin el ya clásico equipo de apoyo de mis padres, que van de avituallamiento en avituallamiento para darme una ayuda fundamental, sólo a cambio de verme pasar unos segundos. Me hizo mucha ilusión poder compartir esta carrera con ellos y también con Kike, Elena y Ares, de quien me quedó grabada la mirada de "este tío me suena", y nunca mejor dicho.

Besos y abrazos

P.D: Felicidades a todos l@s corredor@s que participaron en la carrera y en especial a Carmen por su risueña victoria :-)

P.D: ahora sí, rincón del freak:
En cuanto a zapatillas, corrí con las Salomon Sense Ultra. Como he dicho otras veces, un guante. Acabé con dolor en los pies, pero creo que fue más culpa mía por no parar un momento a ajustármelas bien. Mochila como en el resto de carreras en las que se exige un cierto volumen de material, la Skin-5 de Salomon. Buen ajuste, buen acceso al material, en fin, una mochila top.
En cuanto a alimentación, volví a montarme mi tabla con aporte y gasto de calorías, que construí en base a membrillos, geles y bidones de Tailwind. Quizá lo más remarcable de esta carrera es lo bien que me fue el Tailwind. El único momento de flaqueza coincidió con el tramo en que no dispuse de este alimento líquido.

4 comentarios:

  1. Sempre podràs dir que ets el campió de la primera edició. Felicitats!!!

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  2. Enhorabuena!! La sensación de levantar la cinta en la salida no creo que la viva nunca a no ser que sea voluntario y me toque recoger el material. jijij. Una pregunta. ¿Que es el Tailwind? Un suplemento alimenticio. Entonces ¿No comes nada solido en toda la carrera? Gracias y un saludo

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    1. Muchas gracias! Pues el Tailwind son unos polvos que disuelves en agua. No te sé decir exactamente la composición pero creo que llevan un poco de todo lo necesario para ir reponiendo el cuerpo durante la carrera. Es fácil de digerir y el gusto es bastante bueno. En los avituallamientos cojo también algo de fruta. Lo cierto es que en esta carrera a base de alimento líquido pude ir tirando sin sensación de hambre ni de falta de fuerzas excepto en el tramo en que no pude tomarlo. Un saludo!

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