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jueves, 1 de junio de 2017

Desafío El Cainejo

No os lo vais a creer, en esta no hay fitas!!
Pues sí, después de un inicio de temporada predominantemente marcado por las carreras de orientación, el fin se semana pasado hice una incursión (segunda, después del Trail de Nogueruelas del mes de marzo) en las carreras de montaña puras y duras. Y tan montaña, tan pura y tan dura!
La cita, el Desafío el Cainejo, primera prueba de la serie Alpin Ultras, un conjunto de carreras (cuatro este año) de larga distancia y caracterizadas por su componente especialmente alpino y técnico. El resto de la colección son el Ultra Valls d’Aneu (por donde nos dejamos caer el año pasado), la Canfranc-Canfranc (le tengo ganas pero siempre me coincide con otras cosas…) y una que se añade este año en Escocia, en el mes de octubre (ya veremos cómo llegamos a esas fechas…). Pero volvamos al Cainejo…
La prueba en cuestión se celebra en Caín de Valdeón, en pleno corazón de los Picos de Europa; para los que hayáis estado por allí, en uno de los extremos de la Garganta del Cares (una ruta bastante turística que vendría a ser como un Congost de Montrebei). Los números sorprenden, con una distancia de 52km, no demasiado para lo que son normalmente estas pruebas, pero con la friolera de 5100m de desnivel positivo. Personalmente nunca había hecho una carrera con semejante proporción. El recorrido viene a ser un trébol de tres hojas con corazón en Caín, cada hoja con su correspondiente subidón y bajadón, y conectadas con unas pequeñas transiciones más planas y llevaderas. Aquí tenéis el perfil:
Con la curiosidad de hacer una carrera diferente y sobre todo de conocer un sitio nuevo, esta cita cayó pronto sobre el Excel de mi calendario de la temporada. Supongo que de forma parecida se animaron a ella los compis con los que he compartido el fin de semana: Alberto, de aquí de Girona y compañero de entrenos y ya de varias batallas, Tomás y Enric, de Lleida, dos tíos curtidos en mil aventuras a los que les quedan pocas carreras por tachar de la lista, y Joan, que se vino con nosotros desde Olot. 
Tras un ultratrail de coche nos presentamos en Caín la tarde del viernes, en medio de una tormenta que les da a las escarpadas montañas de los alrededores un toque todavía más hostil. Por ahí está Mayayo de Carrerasdemontana.com, que no se pierde una y está cubriendo el evento desde fuera y desde dentro. Para evadirnos un poco del ambiente pre-carrera, nos vamos para Posada de Valdeón, a 8 km, que es donde tenemos el hotel Alberto y yo. Mis expectativas para la carrera son inciertas, pero vengo con una actitud bastante positiva. Me he encontrado muy bien en todas las pruebas de orientación, y también entrenando. De todas formas esto es diferente y aquí el más tonto hace relojes. Para empezar están los ganadores de los dos años anteriores, Manuel Pérez Nestar, que es de la zona y domina el terreno como nadie, y David López Castán, del equipo La Sportiva, con un palmarés nada despreciable. Así que el objetivo será el de siempre, acabar con la sensación de que he hecho lo que he podido y he gestionado bien la carrera, filosofía que se recoge en un nuevo concepto que he aprendido esta semana: flexi-exigencia ;-).
Y así, tras una noche de dormir menos de lo que me gustaría, nos presentamos en la salida de la carrera, a las 6 de la mañana. El sonido de un gaitero me pone la piel de gallina y llena de emoción esos momentos previos a la salida, sentimientos mezclados con las ganas de empezar y lanzarme a la aventura. Cuenta atrás y allá vamos!
Vistos los números de la carrera, no es cuestión de perder el tiempo así que el recorrido enseguida se empina para arriba por una calle que se transforma en una pista hormigonada. Se va formado algo de embudo entre bastones y gente que busca una buena posición ante la posible llegada de un sendero que haga imposible adelantar. El estrechamiento definitivo me pilla en quinta posición, encabezando un grupo que va detrás de un primer corredor que ya ha tomado distancia (Manuel Pérez Nestar) y un grupillo de tres donde identifico a David López Castán y a Emili Rafecas. Por nuestra parte el grupo se va seleccionando y al final nos quedamos Alberto, Jordi (Marco) y yo, y así vamos descubriendo un precioso sendero que alterna trepadas por canaletas empinadas con flanqueos por balcones herbosos con vistas espectaculares a las montañas del otro lado del valle. Me dan ganas de apretar un poco para conectar con el grupillo de tres, pero le voy echando vistazos al pulsómetro y éste me dice que tú mismo, que ya verás después… Así que me contento con ver cómo al menos mantenemos la distancia. Estabilizo el ritmo y voy siguiendo banderolas seguido a poca distancia por Alberto y Jordi. Tras este primer repecho de 1500m positivos para desayunar, salimos a unos prados en la parte alta de la montaña. Aquí se puede correr y Alberto está con ganas de aumentar un poco el ritmo, así que le dejo pasar. La verdad es que tengo la sensación de que el ritmo que llevamos es bueno y estos falsos llanos son los típicos que me pasan factura a mí, así que mantengo un poco la calma.


Así pasamos por el avituallamiento de Vega de Ario (km7). Tengo agua y comida así que pillo un trozo de chocolate al vuelo y tiro para delante. Un trocito más de subida y empieza el primer bajadón. Sin secretos, lo mismo que antes pero al revés. No hay camino, pero la ruta es fácil de seguir porque han instalado muchos metros de una cuerda fluorescente. Bueno, fácil de saber por dónde tienes que ir, lo que es avanzar, es un baile entre piedras y hierbas que afortunadamente están secas por el solecillo de la mañana. Voy adaptando la musculatura al nuevo ritmo y disfrutando de los paisajes que tenemos enfrente (en los pocos momentos que el terreno lo permite). La montaña se va volviendo cada vez más agreste y el camino se precipita hacia una canal pedregosa (Canal de Culiembro) por donde baja un bonito sendero en cortas revueltas. En un momento dado veo a dos corredores delante de mí, a unos 2 o 3 minutos, lo cual me anima. Por detrás, parece que Alberto y Jordi han cedido algo de terreno, aunque poca cosa, estamos en un pañuelo. Por fin llego al fondo de la Garganta del Cares, donde hay un nuevo avituallamiento (km 12,3), con el que francamente no contaba (hay que estudiarse mejor el recorrido…). De todas formas todavía me queda agua, y ahora viene un tramo prácticamente plano por la garganta, así que paso de largo y pongo rumbo a Caín. Estos 5km de transición suponen un nuevo cambio de tercio, pasando a un rodaje predominantemente llano en el que conviene no dormirse pero tampoco pasarse. Voy echando vistazos al pulsómetro para intentar poner la marcha correcta y entre algunos excursionistas madrugadores que animan y tiran fotos, llego de nuevo al pueblo de Caín, donde está el tercer avituallamiento (km 18).


El crono marca 2h37 para este primer tercio de prueba, lo cual me confirma que el ritmo es más que bueno, ya que yo contaba con irme hacia las 9h mínimo para toda la carrera. Repongo líquido (he bebido menos de lo que debería) y lleno una de las bolsas de hidratación que he preparado con polvos de alimento líquido. En menos de un minuto tengo liquidado el tema y salgo adelante mientras me lo bebo. Los de delante han pasado a 3 minutos, vamos a ver qué podemos hacer… Salgo del pueblo nuevamente en subida, ahora en dirección suroeste a por el segundo bucle. Pronto veo a un primer objetivo, diría que es Emili. Me voy acercando a él pero la verdad es que me cuesta más de lo que me gustaría. En cambio no veo al tercero, así que el pódium parece que no se está acercando sino más bien lo contrario. Alcanzo a Emili en un momento en que se para a beber. Charlamos un poco, le pregunto por el tercero y me dice que subía corriendo… Pues yo lo que es correr no estoy corriendo así que hasta luego Lucas… No llevo mal ritmo pero no me noto muy alegre de piernas. Empiezo a notar un hueco en el estómago. Ahí está la explicación, no has comido ni bebido suficiente. Y encima nada de sales… Si es que… Pues venga ya te estás zampando una barrita. A base de sorbos de agua, coordinados como puedo con el bastoneo (necesito las manos para acercarme el bidón a la boca, tendré que comprarme los que lleva Alberto, que tienen un tubito que parece la mar de práctico) voy pasando la barrita para dentro. Llego a un avituallamiento a media subida (km23) y lo primero que hago es llenar una de las bolsas de hidratación con Gatorade. Pongo agua en la otra, pillo un par de trozos de naranja, un plátano para el camino y adelante.
Echo la mirada hacia arriba y veo dos puntitos... Mira qué bien! El segundo y el tercero... Pero bueno, no nos engañemos, me queda un trozo para llegar hasta allí... De todas formas, una carga de energía positiva que me ayuda a empezar el nuevo tramo de subida con ganas. Desafortunadamente la energía positiva es sobre todo mental, y la física parece que no va por el mismo camino. Me como el plátano que he pillado en el avituallamiento, y un poco más allá una barrita. Mientras espero que hagan efecto me acerco a un resalte que parecería el final de la subida. Por suerte no me hago ilusiones... Sospecho que va a haber sorpresa detrás... Efectivamente. Asomo a un rellano y veo lo que realmente queda... No pasa nada... "More kilometers, more fun..." que le leí a Kilian una vez en no se qué crónica. Pequeño percance por el camino, la plantilla de mi zapatilla derecha está medio salida, no se por qué misterioso mecanismo físico (ya me pasó en la Buff Epic del año pasado). Me paro a sacarla mientras miro de reojo y veo que se acercan Emili y Alberto, que se han juntado. Tiene pinta de que me pillan, por lo menos Alberto. No pasa nada, hoy estoy positivo y decidido a fijarme en mí y hacer mi carrera. Miro hacia delante y cojo mi ya clásico ritmo de 2 pasos, un bastón y una respiración, y voy avanzando como quien nada crol (imagino que con estas comparaciones os pierdo...). Así, y ayudado también por la barrita y el plátano que van llegando al estómago, corono este segundo puerto y sin echar la vista atrás me lanzo a por la siguiente bajada.

Saco la gorra, plego bastones y para abajo por la pradera. Una ladera de roca estriada impresionante cubre el lado opuesto del valle, mientras voy girando a la izquierda siguiendo las banderolas que se meten por el fondo de una canal. Una nueva bajada vertiginosa y técnica que requiere de los cinco sentidos bien activados. El terreno va teniendo cada vez más vegetación y humedad, lo cual añade más intríngulis al asunto. Mención especial para las zapatillas (las S-Wings de Salomon con suela de más taco, las negras modelo del año pasado...), ya que antes les he atizado un poco, lo cierto es que la suela está respondiendo muy bien, incluso en apoyos sobre roca mojada que hago cruzando los dedos. Trampeando como puedo voy bajando concentrado en lo que tengo delante y con la intuición de que me he separado un poco de mis perseguidores. El tramo final antes de llegar al fondo del valle son una serie de rampas y falsos llanos donde se ha de correr. Compruebo con satisfacción que puedo hacerlo, lo cual me confirma que el mal momento de antes venía de una alimentación algo descuidada y que la cosa pinta mejor. Llego al avituallamiento del Mirador del Tombo (km34) con el consiguiente chute de ánimos por parte del público que se ha acumulado allí.
Hay que seguir dándole gasolina al cuerpo, así que saco la otra bolsa de hidratación que llevo con alimento líquido. Mientras los voluntarios del avituallamiento gestionan la reposición de líquido (agua en un lado y Gatorade en otro) pico de aquí y de allí, naranja, plátano, chocolate. Hay una empanada que hace una pinta tremenda pero no lo veo claro para este momento... Y nada, sin perder más de un minuto a seguir adelante. Bajo por una pista cómoda que me permite beberme el alimento líquido sin riesgo de acabar estampado contra el suelo. El terreno es cómodo y pica para abajo, pero no se por qué me suena que antes de la tercera subida fuerte había un repecho intermedio de 300 o 400 metros, de esos que no te esperas y te joden la moral (también tiene huevos no memorizar bien el perfil...), así que bajo con el freno algo echado para reservar energías. El repecho temido no llega y a al cabo de un rato me cruzo con Tito Parra (compañero de Nerea Martínez) y le pregunto cómo es lo que queda... "Un poco de pista, 2km de carretera y el subidote"... "No hay ningún repecho antes?"... "No, no, todo así!"... Qué ilusión! (y qué capullo por no haberlo mirado bien antes...), así que por un terreno más fácil de lo esperado me presento a velocidad de crucero al pie de la última subida, Cabeza Alta.

Y así, con la cabeza alta, vuelvo a ponerme en modo caminante y afronto un valle que parece subir hacia el infinito. Entre el solecillo y la gente voy animado y a la que la pendiente se deja troto un poco para mantener un ritmo activo. "Venga que vas muy bien! El tercero ha pasado hace 8 o 10 minutos"... "Y qué cara lleva?"... "Bueno, el tercero bien, el segundo peor"... Me parece que hace un buen rato que lo llevo a 10 minutos, estamos haciendo todo al mismo ritmo... Nada, yo a mi ritmo y lo que tenga que ser será. Por detrás, en algún momento veo que viene Alberto, pero a más distancia que la última vez que le ví. Creo que voy a más, así que parece que el cuarto puesto lo tengo bien. Subiendo sucesivos escalones me voy acercando a un circo de tartera, la Majada de Moeño, al fondo del cual veo el último avituallamiento (km43). Oigo unos aplausos que me indican que el tercero está saliendo o llegando al punto de control. Tomo referencias y cuando llego yo veo que han pasado los consabidos 10 minutos. Nada, que no recorto. Repongo líquido por última vez y emprendo un flanqueo por tartera que me deja al pie de los últimos 500 metros de subida. Las banderolas suben despiadadamente y yo voy ya con ganas de que esto se acabe. Un collado hacia la izquierda me parece un buen candidato para ser la cima de esta última subida. No estaría mal, ya casi estoy. Mira hay una banderola hacia allí, parece que sí que va a ser... Juas! Que te lo crees tú, las marcas vuelven a girar a la derecha. Levanto la mirada, y allá arriba, bien arriba, veo un grupo de gente sobre una arista. Joder... Pues nada, para allí... Escucho unos aplausos, ahí está llegando el tercero. Hombre... pues parece que ahora si que estoy a menos de 10 minutos... Echo un vistazo al reloj para tomar otra referencia y sigo bastoneando hacia arriba. Me cruzo con la gente que baja... "Buena subida eh!"... "No está mal"... respondo entre resoplidos... "No está mal para antes de comer, no!"... Me animan, agradezco y sigo por una rampa cada vez más empinada, hasta que llega un punto que no puedo poner los bastones tan arriba así que los dejo colgar de las muñecas y me voy agarrando a las hierbas como puedo. Así corono esta Cabeza Alta y miro el reloj para descubrir que el tercero sigue estando a esos malditos 10 minutos...


Pues nada, lo hemos intentado, no se ha podido... qué se le va a hacer. Plego los bastones con calma y me los coloco en la mochila, que parece que viene un trozo divertido. "Cuidado que esta bajada es complicada!" me dice el voluntario de la cima. Ya te digo... piedra suelta y una cuerda. Me agarro y voy flanqueando de lado a lado, agradeciendo que no haya otro corredor encima dispuesto a lanzarme proyectiles rocosos. Paso el peor tramo y llego a una tartera mucho más agradecida por donde se puede bajar medio surfeando y perdiendo altura a toda velocidad. No veo a nadie delante ni detrás así que bajo concentrado pero sin "modo competi", con ritmo vivo más que nada por aquello de que ya tengo ganas de llegar. Tarteras, canaletas, tramos de bosque y algunas pozas de agua donde metería los pies, me acaban dejando casi al fondo de la Garganta del Cares. "Muy bien tío! 200 metros positivos y ya lo tienes!"... "200?"... Sabía que había un último repecho pero tanto?... Último esfuerzo en subida flanqueando hacia la izquierda, que afortunadamente resulta ser más corta que esos 200 metros anunciados. Veo a dos voluntarios ahí delante... "Se acaba ahí la subida?"... "Sí, si, ya lo tienes!"... "No me engañéis, eh!"... Llego hasta ellos... "50 metros ahí delante y bajada"... Ya sabía yo...Venga, 50 metros os los perdono... Sobre todo porque veo ya Caín ahí abajo... Supero, ahora sí, el último repecho y bajo por una tartera mientras escucho al speaker de meta anunciado la llegada del tercer clasificado, Raúl Pérez Nestar (hermano del ganador, Manuel Pérez Nestar). Aplausos, entrevista y una salsa que le han puesto al tío a la llegada (qué envidia! Aún me voy a poner a bailar...), todo retumba por la Garganta del Cares. A ritmo de 1, 2, 3... 5, 6, 7, recorro este último tobogán y un tramito de bosque que permite alargar la zancada con la satisfacción de que el objetivo está cerca. Una rampita persiguiendo a unas cuantas gallinas me deja en la carretera y en la calle adoquinada que constituye la arteria del pueblo. La gente me anima y respondo con saludos y sonrisas llenos de satisfacción por la carrera que estoy a punto de concluir, en un entorno espectacular. La llegada en bajada me permite acabar con brío, con el speaker gritando mi nombre mientras cruzo la meta en 8h22.



Como le dije a él, la verdad es que me gustaría felicitar a la organización y a quien tuvo la iniciativa de montar una carrera aquí. En un momento en que hay montones de carreras por todos lados, creo que la gente busca cosas diferentes, y este Desafío el Cainejo, por sus subidas, su ambiente montañero y por lo agreste del terreno, es algo diferente. No es cuestión de que sea más duro, al fin y al cabo si el terreno es más fácil vas más rápido y acaba siendo igual de duro. Para mí el mérito está en la originalidad del terreno que se propone y en lo espectacular de los paisajes que atraviesas. Qué decir... Una gran experiencia, aderezada con la sensación de que, aún con fallos mejorables, he hecho lo que he podido y he corrido con una de las mejores actitudes que recuerdo. Si a eso le añades una tarde de sobremesa con Enric, Tomás y Alberto entre risas, fabadas y cachopos, da como resultado un fin de semana que deja el mejor recuerdo.






Besos y abrazos



Aquí os dejo un pequeño vídeo-resumen de la carrera: 
https://www.facebook.com/desafioultraelcainejo/videos/799787323529399/

Y por petición de los lectores más fieles, el Rincón del Freak con algunos datos más técnicos:

En cuanto a la clasificación de la carrera, el podium lo formaron Manuel Pérez Nestar (7h27, un tiempazo para quitar el hipo), David López Castán (8h1') y Raúl Pérez Nestar (8h14', mira, al final a 8 minutos). Alberto y Emili llegaron juntos en 8h44 y en 7ª posición lo hizo Jesús, con quien estuve charlando después de la carrera.

Tema material:
- Zapatillas: Salomon S-Wings Softground (modelo de 2016, es decir las negras). La plantilla que viene de serie tiene el problema que os comentaba de que se sale (aunque parece increíble, acaba saliendose por el tobillo como si fuera una serpiente...), pero eso se soluciona poniéndole otras, como he hecho con las S-Wings rojas. Por lo demás, comodidad total y muy buena respuesta de la suela en un terreno muy exigente. De momento el upper aguanta bien por muchas patadas a piedras que le dí (sólo llevan 120km, nada más faltaría...)
- Mochila: como en toda carrera de monte, la Skin 5 de Salomon. De sobras para el material necesario aquí: chubasquero, manga larga, comida, hidratación, manta térmica, silbato...
- Hidratación: las dos bolsas clásicas de Salomon (0.5l cada una), que este año han sido mejoradas y tienen la apertura más grande, y tienen unos rebordes más resistentes (antes eran un drama y se rompían cada poco).
- Alimento: unas barritas de sésamo (3) que he descubierto en una tienda Bio de Girona; otras barritas Trek de chocolate (3) , que vende un argentino de debajo de mi casa y que probé porque se ve que se las compra el Jan Frodeno, así que deben ser buenas; 3 geles Power Gel de esos líquidos que son como zumo de naranja, y dos bolsas de hidratación con alimento líquido (un gran descubrimiento porque lo preparas antes, no abulta nada si le quitas el aire, lo llenas al llegar al avituallamiento de turno y te lo tomas fácil mientras corres, además digestión fácil)

Y ya que es el rincón del Freak y hasta aquí sólo habréis llegado los más duros, el reloj marcó una media de pulsaciones de 149, una punta de 176 (en el calentón del principio) y un total de calorías de 6550. Las subidas las fuí haciendo básicamente entre 150 y 160 pulsaciones.

Y dejo de dar la chapa, próxima parada, más balizas, el Campeonato de España de Rogaine este fin de semana!

2 comentarios:

  1. Albert, eres un fenómeno. Otros (pocos) igual corren más, pero tú lo cuentas mejor. Felicidades y gracias. Pruden.

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