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jueves, 23 de marzo de 2017

Rogaine Serra de Catllaràs


Cuántas veces se dice aquello de que no valoramos las cosas hasta que no las tenemos... Para un deportista, una lesión se encarga de traer ese mensaje al día a día. Te deja como un león enjaulado pensando en entrenos, salidas y carreras que no puedes llevar a cabo, mientras ves gente que pasa por la calle en pantalones cortos en su rodaje cotidiano. La última historieta de este aparentemente abandonado blog hablaba de la aventura en Hong Kong, con esa carrera de fin de año que tuve que abandonar por una lesión en el gemelo. Lo que parecía una simple contractura se fue reproduciendo. La vuelta a la actividad tras tres días de reposo llevó a una primera recaída, otra semana sin correr también resultó insuficiente. Con la intención de participar en el ya clásico Rogaine de la Llacuna hice un tercer intento de vuelta que también salió mal. Más descanso, más fisio, vuelta a la actividad paulatinamente, varios entrenos sin molestias y cuando empezaba a ver la luz, una cuarta recaída. El gemelo se empeñaba en sobrecargarse una y otra vez, unas veces en el exterior, otras en el interior, otras arriba y otras abajo. Ninguna gran molestia, y a las 24 o 48 horas había prácticamente desaparecido, pero suficiente para no poder pensar en correr y para tener que restringir los entrenos a bici y muchos ratos de elíptica en el gimnasio que me han dejado con cara de hamster. El problema principal es la sensación de misterio y de no entender cual es el problema. El dramatismo, seguramente excesivo, llega y no puedes evitar preguntarte si tal vez no tenga solución. 
Por fin, parece que la cuarta rehabilitacion sí que dio resultado y digo parece porque cuesta ahuyentar de mi cabeza esa psicosis que traslada mi cerebro al gemelo cada vez que salga a entrenar. Pero lo cierto es que ya va un mes de entreno sin problemas y tres semanas corriendo a intensidades de entreno habitual. Es justo dar las gracias a Raul y Judit, las dos personas a las que he acudido en mi desesperación buscando consejos, ideas, desde su punto de vista de fisioterapeutas, que se han portado muy bien conmigo y que sea cual sea la tecla, que no lo sé, parece que dieron con ella.
Asi que tras este periodo de crisis estaba como loco por volver a tener la sensación de competición. La oportunidad llegó el fin de semana pasado, con motivo del Rogaine de Catllaràs. Por si hay alguien nuevo en el blog, un Rogaine es una modalidad de carreras de orientación en las que tienes un tiempo determinado para recorrer el máximo número de controles (o más precisamente hacer el máxmo número de puntos, ya que cada control tiene diferente puntuación) dentro del territorio que aparece en un mapa que te proporcionan. En este caso concreto, nos daban el mapa 15 minutos antes de la salida, trazabamos el recorrido que nos parecía óptimo y teníamos 6 horas para llevarlo a cabo. Mezcla de estrategia, físico y habilidad en orientación.


Esta vez formé equipo con Tommi Tölko. La última y única vez que corrí con él fue en el Campeonato de España de hace dos años. Fué un espectáculo. A su dominio absoluto de la orientación se unía un muy buen estado de forma así que junto con Jaume (los tres formábamos equipo) pude asistir en primera fila a una clase magistral. Hicimos, o mejor dicho hizo, todas las balizas del mapa y sobraron 25 minutos de las 6 horas. Es como si en uno de esos temibles exámenes de álgebra de la universidad donde la gente está sufriendo por aprobar, un tipo entrega una hora antes del final y clava un 10. Así que todo un privilegio poder ir con él, aprender y si con un poco de suerte no está tan fuerte como la otra vez, tener tiempo de mirar bien el mapa y tener la sensación de que aporto algo.
Con esta perspectiva me presenté en Sant Joan de Cerdanyola, un pueblecillo encima de Guardiola de Berguedà, en el norte de la provincia de Barcelona. 20 minutos antes de la hora de salida nos dejan abrir el mapa para trazar la estrategia. Esto es lo que nos encontramos:

Estamos en el extremo noroeste del mapa, así que se presentan dos opciones: sentido horario o antihorario. Cosas que vemos, sea como sea tocará subir al principio. El borde del mapa está más o menos formado por zonas altas. En el medio hay unas cuantas balizas en zonas de vegetación espesa (verde oscuro) que parecen difíciles de conectar... Tras algo de dudas decidimos salir hacia el sur. Las balizas 33-34-32-50 están bastante juntas y nos pueden servir para empezar con buen pie. A partir de ahí vamos conectando todo... Porque esa es otra, normalmente cuando planteas la estrategia ya prevés renunciar a algunas de las balizas, pero con Tommi a priori no se renuncia a nada, él lo conecta todo y después en todo caso ya veremos. Intentando minimizar desniveles y mirando las características de la vegetación, el plan acaba siendo salir hacia el sur y hacer: 33-34-32-50, cambio de valle hacia 51-71-84-57, nuevo cambio por el borde sur y subida a 74-63-72-66, cruce a 76-35-43-58-73 y de ahí ir hacia la parte este del mapa. Nos queda la duda de las balizas centrales, pero ya lo adaptaremos sobre la marcha. Un punto positivo de la estrategia que hemos decidido es que acabamos con una zona de bastantes balizas en el extremo noroeste, justo encima de la meta, que nos permitirá adaptarnos al tiempo que nos quede y poder asegurar el llegar dentro de tiempo, pero pudiendo tachar balizas hasta el final.

Una vez en marcha, la primera hora se da bastante bien, a pesar de algo de confusión en la segunda baliza, 34. El recorrido entre la 84 y la 57 discurre por una bonita carena bastante afilada que se hace más lenta de lo previsto. Lo mirmo pasa con el siguiente tramo de subida a traves de las balizas 74-63-72-66. El ritmo se resiente y eso hace que una vez llegamos a la 76 y la 35 decidimos hacer una primera renuncia y evitarnos la subida a la 43, que implica una subida considerable y total por 4 puntos. Así que de la 35 cambiamos de plan y vamos primero a la 73, que se ve de lejos, para subir después a la 58 y la 60. Intentando minimizar desniveles bordeamos un montículo por el este a través de clapas de nieve para llegar a la 67 y nuevamente flanqueando conseguimos los 7 puntos de la 77. De ahí volvemos en dirección norte y vamos a buscar la 45 al fondo de un valle y siguiendo hacia el noreste nos acercamos a la 82, que está en unas agujas rocosas (zonas negras en el mapa). Este control está verdaderamente escondido y acaba cayendo con algo de suerte, para qué negarlo. La 46 resulta más fácil, y también la 83, si no fuese porque en un momento dado me doy cuenta de que he perdido el mapa, afortunadamente sólo 100 metros más arriba, pero el calentón esprintando para recuperarlo no me lo quita nadie.

Estamos ya sobre las 4 horas y claramente hay que replantear la estrategia para volver hacia la meta de la manera más rentable posible. Iremos a buscar los 9 puntos de la 93, en la esquina noreste, pasando antes por 65 y 75 y renunciaremos a las balizas de la zona central. Lo bueno es que fallos de orientación prácticamente no cometemos. Por otra parte es normal porque si hay indicios de problema, con Tommi es como cuando se la pasan a Messi, o como cuando pones las fichas del parchís en el seguro. De todas formas el ritmo de hoy está siendo más asequible para mí con lo cual estoy teniendo tiempo de mirar bien el mapa. Tengo la sensación de que contribuyo a la causa.
Una vez fichada la 93 y cogido agua en una fuente, nos dirigimos a las balizas 64 y 79, que quedan bastante cerca. Tommi va algo más cansado, cosa que se traduce en que su castellano cada vez tiene menos artículos, pero aunque las fuerzas flaqueen la precisión no se ve afectada para nada. Es sorprendente, yo a la que se empiezan a caer las piernas, el riego se resiente y no atino ni a la de tres. Después de la 79 hacemos una tirada larga pero plana hasta la 78. Planteamos la opción de ir a la 90... "No" dice Tommi "Yo conozco, es media hora, es una bestia". Vamos que debe haber una cuesta de narices, y estamos ya metidos en la última hora. Mejor nos vamos hacia la ladera donde están las balizas 53-44-52-40-61-31, y ahí hacemos lo que podemos. Al final esta zona acaba siendo más complicada de lo previsto, porque hay 200 millones de muros en el mapa, y el doble en la realidad. Recurrimos a unas cabañas (círculos en el mapa) en el fondo de una vaguada para encontrar la 53 y por rumbo, olfato y sobretodo un cortado curvo que delimita una vaguada, atacamos la 52. Tampoco es fácl la 40, que tras un flanqueo incómodo encontramos entre dos árboles. El tiempo está justillo, 20 minutos. Avanzamos un poco en dirección a la 61 pero aparece una ladera con otra infinidad de muros, que nadie nos asegura que sean franqueables, almenos sin paracaídas. Así que se acabó, nos volvemos para el pueblo y esto es lo que hay. Almenos de esta forma llegamos a la meta con margen (8 minutos) y sin prisas.

Resultado final: 186 puntos, primera posición, fuet y botella de vino. Y lo que es más importante para mí, el gemelo no ha dado muestras de queja y físicamente me he encontrado razonablemente bien.

Este fin de semana, el sábado, otra vez al lío, esta vez en carrera de montaña convencional, el Trail Nogueruelas. Si recordáis, aquella en que el año pasado hubo una confusión en un cruce del recorrido y los primeros acabamos metiéndonos por una zona que ya habíamos pasado en la primera parte de la carrera. En fin, este año ya me lo conozco. A ver qué tal están las fuerzas, porque tengo mis dudas a la hora de meter la quinta...

Besos y abrazos

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