domingo, 20 de octubre de 2013

Maratón de Amsterdam

Qué pinta una maratón de asfalto al final de la temporada de montaña, dos semanas después de la Marató del Montsec? Efectivamente, nada.

Estaba inscrito a este maratón desde hace tiempo, como consecuencia de un regalo especial de cumpleaños que me apetecía aprovechar. Así que en cuanto vi que las piernas no se habían resentido de forma grave del Ultratrail del Mont Blanc, compré los billetes, reservé un hotelillo barato y a pasar un fin de semana en Amsterdam.

Amsterdam es una ciudad bonita, con sus canales por los que van paseando a los turistas en innumerables barcos de paseo. Más que los edificios singulares a mí me llaman la atención las típicas casas de ladrillo y mil ventanas que recorren el margen de los canales. Los cimientos son más bien dudosos, ya que muchas de ellas están torcidas y cada una torcida como le da la gana sin importarle lo que ha hecho la de al lado. A nadie parece importarle ese aspecto geotécnico y pasa a ser una curiosidad turística más.

Cosillas que me han llamado la atención: los coches son pepinillo, aquí el más tonto tiene un BMW, pero en cambio las bicis son bastante truño. No porque sean del rollo clásico de verano azul, sino porque están viejas, muchas usan freno de pedal y la mayor parte de las cadenas están más oxidadas que el inglés de Ana Botella. Eso sí, no serán muy buenas, pero hay bicis a patadas. Y son todas iguales! ¿Alguien sería capaz de encontrar su bici en un sitio como este?

Ahora, da gusto ver cómo se puede dejar la bici con un simple candado que ata el cuadro a una farola, sin tener que quitar el sillín, asegurar las dos ruedas y cruzar los dedos como pasa en Barcelona. Cualquier día uno se encuentra que le han birlado un pedal o los piñones…

Otra cosa que me ha chocado es que en la moto no lleva casco ni el tato.

En este ambiente aparecí el viernes por la tarde procedente de Lyon. El hotel como os he dicho, sin lujos, pero es Holanda, así que tampoco era un cuchitril. Eso sí, si quieres un precio razonable y vas solo, la habitación compartida no te la quita nadie. La primera noche compartí habitación con cuatro chicos, cuya nacionalidad desconozco, pero me quedó claro rápidamente que no venían a correr el maratón. Se presentaron a las cuatro de la mañana, y después de un minuto de pelea con la tarjeta y la cerradura, irrumpieron en la habitación como Pedro por su casa, luz encendida, riendo y hablando a grito pelado. Me tocaron los huevos pero no me despertaron, porque yo llevaba rato interaccionando con un inesperado compañero de habitación.

Un mosquito. No hay ser vivo que conozca mejor que un mosquito la anatomía superficial del cuerpo humano. Conocen como la palma de su pata ese rincón detrás de la rodilla en el que encuentran su solomillo particular. En cuanto te pican ahí a los 5 minutos tienes una picada en la otra rodilla con una simetría matemática. La base del pulgar, el cuello o un lateral de la frente son otros clásicos. Sobre las dos de la mañana el simpático insecto apareció por mi pie izquierdo, dando cuenta del dedo meñique y otra picada en los alrededores del tobillo (otra de las zonas preferidas). Antes de que reaccionase tapando el otro pie ya me había dado cuatro mordiscos hasta donde le dejó el pantalón. El siguiente paso fue dirigirse hacia la cintura y aprovechar algún furtivo espacio entre jersey y pantalón para marcarse cinco picadas. ¿Te giras? Pues te pico por el otro lado, ningún problema. Por algún motivo que desconozco las picadas en la cintura acaban convirtiéndose en lentejones de dos dedos de diámetro. En plena borrachera el jodido perdió todo tipo de mesura y se puso a acribillar ambas manos a discreción. 10 picadas en la derecha y 7 en la izquierda. Eso es de auténtico cabrón, es imposible no rascarse las manos… Ya totalmente desesperado, asistí impotente a los cinco disparos que me dio en el cuello antes de culminar su obra con la prometida firma en toda la frente. Sigo rascándome por todos lados mientras escribo esto…

Después del día de turismo del sábado, la segunda noche no fue mucho mejor. Después de irme a dormir juiciosamente a las 10 de la noche para estar listo para la carrera, media hora más tarde aparece por la puerta el típico compatriota que enciende la luz a pesar de estar todo dios durmiendo y mira perplejo a la primera cama de la izquierda, donde había un… alemán pongamos que fuese. “Esquius mi, dis is mai bed”. El otro le dice que en la suya había alguien, que se ponga en otra que está limpia. “Sorri bat dis is mai bed, leter F”, seguido de unos carraspeos ridículos. Situación de colleja de las buenas. Total que se marchan a hablar con el de recepción, que viene y pasa lista despertando a todo quisqui. Finalmente el tal Pastor (así se llamaba el amigo), acaba durmiendo en la cama que le había dicho el alemán.

Una vez todo en orden, pude seguir disfrutando de los picores que recorrían todo mi cuerpo y diseñando posiciones que minimizasen el roce. No hubo manera, me pasé dos horas sin poder dormir. Cuando había cogido algo parecido al sueño, a pesar de mis tapones llegaron a mis oídos unos sonidos que parecían proceder de un oso de tres metros. En una habitación de ocho personas es normal que alguien ronque, pero aquello era otra cosa, aquello era tocar los bongos con las anginas. Sinceramente no soy capaz de entender como el cuello puede soportar las vibraciones necesarias para generar ese sonido. Me quito los tapones e intento detectar el autor de semejante estruendo. Efectivamente, era él: Pastor. Joder… no hay manera. Mi mala leche va creciendo por momentos y diría que no soy el único. En la ascensión al Mont Blanc recriminaba a Adrià su falta de tolerancia cuando tiraba cosas a la gente que ronca durante la noche. Yo juro que en plena escalada de mi instinto asesino estuve a punto de levantarme y taparle la cara con la toalla. El tío se pasó 4 horas rugiendo como un león en cada puñetera inspiración. ¿Cómo se puede aguantar eso? Esta mañana cuando me he levantado no me he cortado un pelo al preparar las cosas, con la luz del lavabo encendida y la puerta abierta de par en par. Y el tío, el único que seguía durmiendo, se levanta con mirada inquisitiva. Me lo he quedado mirando mientras pensaba “¿me vas a decir algo después de pasarte la noche dando por saco?”. Ahora en serio, es imposible que una persona así no sepa que ronca como un cerdo. Cony, pues ponte de lado, ves cambiando de posición, intenta algo, macho…

Y diréis, con todo este rollo sobre la previa, la carrera le debe haber ido como el culo y no tiene ganas de hablar de ella. Efectivamente.

Después de acabar el UTMB, con un aire más bien negativo, me había dicho que en el mejor de los casos, si llegaba a correr en Amsterdam sería a medio gas. Después de tener buenas sensaciones en el Montsec y sobre todo al hacer varios rodajes a buen ritmo y buenas sensaciones, aunque sin pasar de 20-22kms, mi yo optimista decidió salir a 4’ el km para un ritmo de 2h48’ e intentar, por lo menos, hacer marca personal (que es 2h49’).

Y en esas me presento, en la salida, con una noche de muy mal descanso pero con ganas de que les diese el aire a mis manos y olvidarme por un rato de los picores. La salida se hace desde el estadio olímpico, con la típica agrupación por tiempos. Música de piel de gallina y salida a las 9h30’. El marco es bonito pero hace que la salida sea un poco incómoda, incluso en el segundo cajón en el que me encuentro. Primer kilómetro en 4:13 (no os los voy a contar todos, tranquilos…) pero no me agobio demasiado y el segundo y el tercero discurren a través de un parque y ya van sobre el tiempo previsto. Los primeros 8kms nos devuelven al punto de salida antes de dar lo que será una vuelta grande por Amsterdam y algo de alrededor. No voy mal de sensaciones (solo faltaría eso en el km8) aunque tengo el feeling de ir rápido y poco relajado. Voy acercándome a la media de 4’/km y el 10 lo paso justo sobre 40 minutos. Me junto con dos gallegos mientras vamos hacia un tramo entre el km15 y el 25 que consiste en una ida y vuelta a lo largo de un río (vas por un lado y vuelves por el otro). Tengo claro que psicológicamente es el tramo clave. Me pongo un poco a rueda para taparme el viento. Me noto inestable. Un kilómetro tengo sensación de ir bien y al siguiente de ir forzado. Las pulsaciones van 3 o 4 por encima de lo que recuerdo de otras veces, pero no tengo claro si quizá en todo este tiempo hayan cambiado también mis umbrales.


Llegamos al tramo del río, uno de los dos gallegos acelera (mínimamente) y me doy cuenta de que, estando en el km15, voy un punto por encima de lo que toca. Paso el 15 ligeramente por debajo de la hora, pero no es sostenible de ninguna manera. Los dejo ir. Los siguientes kilómetros de mueven entorno al 4:05, pero en una pequeña subida (para cruzar el puente, toda la subida que puede haber en Holanda) me hace renunciar al 4:05. Estoy en el km20 y me doy cuenta de que hoy va a ser un día duro. Si estoy jodido en el km20…
Reduzco la zancada buscando algo de comodidad e intento no desmoralizarme mientras me va pasando gente como consecuencia de mi ralentización. Consigo mantenerme en el 4:15 hasta el 27 o así, intentando hidratar bien en los avituallamientos. Me tomo un gel en el 20 y otro en el 30. No han hecho gran cosa la verdad. Del 27 al 30 pasamos por una zona bastante feucha con rectas largas en un polígono. Me voy acercando al 4:20 y 4:30, pero aun así llego al 30, sobre 2h4’ en un tiempo que parece prometedor para al menos bajar de 3 horas.

Pero las piernas están agarrotadísimas. No he ido mal de respiración, pero la falta de fuerzas ha ido in crescendo. Me instalo claramente en el 4:30 y algo más el kilómetro en el que toca avituallamiento. En el kilómetro 35, con el margen que se va recortando sobre el pronóstico de 3 horas, me doy cuenta de que en mi cálculo he cometido un error fatal. Me he olvidado del bonus de 200 metros que implica casi un minuto adicional. Eso implica que a estas alturas no me puedo ir más allá del 4:30 en lo que queda. Pero voy cada vez más apajarado, con algún amago de calambre y con las pulsaciones que van bajando. Cuando las pulsaciones bajan, pero cada vez te sientes peor, es el claro síntoma de la debacle.

Total que voy pasando el km 38, 39 y entre frenar algo en el avituallamiento para beber compulsivamente (señal de que iba corto de hidratación también) me voy a casi 5’/km. Los últimos dos kilómetros transcurren sin pena ni gloria, junto a un tal Javi (a juzgar por su camiseta) que va más o menos igual de petado que yo. En los últimos 500 metros hago un testimonial cambio de ritmo para entrar al estadio con un poco más de dignidad y acabo la carrera en 3h1’30’’, eso sí, con la emoción que implica siempre el acabar un maratón.

Moralejas del día:
-      - Probablemente hubiese sido más realista, teniendo en cuenta las fuerzas y la preparación (o la no preparación), haber salido a intentar estar sobre 2h55 o 2h56. Hemos jugado y hemos perdido.
-          - La próxima vez que haga un maratón le dedicaré 3-4 meses, a ver si de una vez mejoramos marcas en 10km, media y maratón.
-              - Ya no me acordaba de lo duro que es un maratón de asfalto…


Besos y abrazos

martes, 8 de octubre de 2013

Marató del Montsec

Después de un mes y medio adaptándome a la nueva vida en Lyon, este fin de semana volvía a casa a coger un poco de aire y a seguir arrancando el proyecto de Le Treg que os comentaba en el post anterior (agradezco enormemente también por aquí las muestras de apoyo, la difusión y la participación que ha mostrado ya mucha gente ;-)). La visita coincidía con la celebración de la primera Montsec Ultratrail, organizada por los amigos de Ultra Lleida con Dani a la cabeza. Los más de 100 kilómetros de la versión larga eran demasiado para mi fatigado cuerpo a estas alturas de temporada, pero me apetecía correr la versión más corta, de distancia maratón. Ya conocía el recorrido de una salida que hicimos en el mes de abril y que, de hecho, también expliqué a través del blog.

El recorrido de la carrera sale del pueblo de Àger y se dirige hasta Corçà y el Congost de Montrebei, cruza este impresionante desfiladero y sube, ya en la vertiente norte de la Serra del Montsec, al pueblo de Alsamora y el Coll d’Ares, en la zona alta de la sierra. De ahí la ruta larga sigue hacia el este, hacia la zona del Montsec de Rúbies, mientras que el maratón desciende directamente a Àger, donde está situada la meta. Total que la carrera venía a suponer unos 42kms de recorrido con alrededor de 2500 metros de desnivel positivo (que me corrija alguien si tiene el dato más exacto).

Y ahí nos dirigimos el sábado por la mañana, plantándonos en la línea de salida a las 8 de la mañana en medio de una niebla denominación de origen de nuestra zona. La carrera empieza en la bonita plazoleta interior de la Col·legiata d’Àger y al sonido de las campanas. Salimos cuando suena la última y nos lanzamos por las calles estrechas del pueblo intentando evitar resbalones en el empedrado húmedo de los callejones. Empezamos a dar vueltas, tanto que me desoriento y llego a dudar de si no estaremos siguiendo la ruta por la que se llega desde el recorrido largo. De todas maneras hay un tipo que va unos metros avanzado y parece tenerlo bastante claro así que vamos todo el rebaño detrás. Finalmente salimos a la carretera y me ubico, al tiempo que cogemos una pistilla que va en dirección oeste, es decir, lo que toca. Después de este kilómetro inicial quedan por delante tres corredores y detrás venimos Joel y yo (Joel Adan, con quien ya coincidimos en varias carreras en los inicios de este blog). Sé que nosotros vamos a un ritmo parecido así que lo doy por bueno y a ver qué hacen los de delante. Dos de ellos me da la impresión de que van un poco por encima de su ritmo pero el tercero es un jovencillo que no conozco pero ya lo he visto en la salida y hacía pinta de tener letra en el asunto. En fin, si va de farol a ver si lo cogemos más adelante y si realmente va bien y tira más que nosotros, pues qué se le va a hacer.
En estos primeros kilómetros noto que me cuesta coger el ritmo. Además me molesta la riñonera. He optado por coger un portabidón con dos botellines y creo que he hecho el primo. Me peleo con unas gomas que lleva la historia para intentar que salten menos los bidones. Al final decido vaciar la mitad del líquido en cada uno de ellos. Algo mejor, pero los de delante se van separando. Recupero en un repechillo y paso al tercer clasificado y me voy acercando al segundo. El hecho de ir siguiéndole me hace poner el piloto automático y en una de estas nos equivocamos de camino. De repente oigo a Joel por detrás que nos grita, de forma que tenemos que recuperar unos 100 metros de subida, con la consecuente cortada de rollo. Una vez resuelto el entuerto nos juntamos cuatro corredores y llegamos a Corçà (km9), con unas sensaciones más bien negativas, como de ir más cansado de lo que tocaría para estas alturas de carrera.


Breve parada en el avituallamiento, un traguillo de agua y para delante. Se acaba el terreno rápido y corredor para dar paso a un senderillo que sube fuerte, con bastantes trozos en los que no queda otra que caminar. Nos quedamos Joel, yo y otro corredor, Víctor, como trío perseguidor (perseguidor por decir algo…) del llanero solitario que anda por delante. Voy tirando del grupo. En teoría la subida es mi terreno pero tengo cierto complejo de Safety Car, una sensación de que mis acompañantes van bastante más finos que yo, así que ofrezco el adelantamiento, pero Víctor me dice que no, que si pasa él nos perdemos. Pues anda que yo, ya llevo un fiasco en lo que va de carrera… Nada pues vamos tirando. Al rato salimos por encima de la niebla y aparece un paisaje espectacular que hace mejorar un poco mi ánimo. Un mar de nubes hasta donde alcanza la vista con algunos pequeños islotes formados por las montañas más altas de la zona.


El terreno empieza a llanear y se suceden varias subidas y bajadas por terreno relativamente técnico y de roca húmeda que promete resbalones de lo más artísticos. Yo sigo sin estar en mi mejor momento y no hago gala de mi mejor agilidad, pero al menos los kilómetros van pasando (eso dicen los pitidos del reloj de Joel) y las sensaciones no empeoran. Parece que voy cogiendo el ritmo. Hacia el kilómetro 16 empieza la bajada hacia el Congost de Montrebei. Unos excursionistas nos dicen que el primero ha pasado hace bastante rato así que parece que en ese sentido el pescado está vendido. En esta bajada me voy recuperando y noto algo más de alegría en las piernas. El paisaje es espectacular, otra vez debajo de una capa de nubes que hace que el hoyo formado por las paredes de Montrebei parezca una gran caverna. Ayudado por el ambiente y el sentido de la fuerza de la gravedad voy recuperando un cierto optimismo y llego con ganas al repecho que da acceso al camino tallado en la roca que cruza el desfiladero.


Aquí, sensaciones aparte, toca tomárselo con calma. Un tropezón y puedes ser campeón mundial de salto base sin membrana, así que adopto un trotecillo suave con la mano deslizando por el pasamanos que hay instalado. En un par de minutos estamos en el otro lado y sigue un tramo de bosque en el que confirmo mis buenas sensaciones corriendo a buen ritmo hasta un puente colgante en el que hay un nuevo avituallamiento (km20). Un trozo de melón mientras me confirman que el primero nos lleva más de 5 minutos. Por otro lado en el último tramo he tenido la sensación de que se habían girado un poco las tornas y que iba algo mejor que Joel y Victor. Tengo agua y comida en la riñonera así que casi no paro y sigo adelante aprovechando la buena onda.

De esta forma me quedo en solitario para afrontar el siguiente tramo. Subidas, bajadas, tramos hacia delante, otros en los que parece que vuelves, todo en un entorno boscoso y en medio de la niebla. Alterno el trote en tramos llanos aunque llenos de raíces y piedras húmedas, con tramos de andar con las manos en las rodillas cuando la pendiente aprieta. Por detrás parece que crece la distancia con Joel y Víctor. Estos 8 kilómetros hasta Alsamora se hacen largos, pero ya venía mentalizado de cuando lo hicimos en abril. Voy yendo mejor de piernas y de cabeza y el hecho de ir consolidando la segunda posición y no ver demasiadas opciones a la primera, hace que adopte una cierta actitud de despreocupación con la que disfruto de lo lindo. Al cabo de un rato me encuentro a mi madre, que suele ser un indicativo de que me faltan 400-500 metros para el avituallamiento. Después de un puente trampa convertido en pista de patinaje, llego al puesto de control donde ataco el melón que tiene muy buena pinta.



Pregunto por el primero y sorprendentemente mi padre me dice que ha salido hace un minuto. Automáticamente cojo el bidón que me están llenando y me las piro. Parece ser que se ha caído en el puente de antes y ha parado algo más en ese avituallamiento. La verdad es que en ese momento no me paro a pensar en la deportividad o no de mis actos y al ver tan cerca la primera posición me lanzo a por ella. Por otro lado, sospecho que Joel y Víctor no deben andar muy lejos y si quiero asegurar el pódium tengo que jugar mis bazas en la subida para evitar forzar en la bajada, con unas rodillas que son un poco incógnita después del fiasco del Mont Blanc. Al salir del pueblo me dicen que el minuto, no es tal, sino que son tres. Me lo dicen mirando el reloj, con lo cual le doy mayor rigor científico al dato. Bufff, pequeña derrota, pero en fin, estamos mejor que hace un rato. Sigo por terreno que pica para arriba, con piedras de esas que si vas mal te tocan las narices cosa fina, pero ahora estoy en “modo happy”. Dos kilómetros más y el recorrido gira a la derecha para emprender la subida hacia el Coll d’Ares. Otra vez por encima de la niebla, el sol empieza a apretar, así que bebo bien y aprovecho para tomarme un zumillo de esos de naranja (5-hours, les llamo, porque supuestamente son “5-hours of energy”… no sé si dan para 5 horas pero lo cierto es que a mí no me sientan mal y el sabor está bien) y medio Energy Drink de Maxim, de esos de limón (el otro medio acabará diseminado por mi riñonera). Con eso ya hay que tirar hasta meta.

Subo a buen ritmo, incluso trotando en trozos relativamente empinados, y busco con la mirada hacia arriba con la esperanza de ver al primero. Nothing… la subida se acaba en un tramo despejado de unos 400 metros hasta el avituallamiento de la cima y ni rastro del líder. Llego arriba y me dicen que me lleva 5 minutos. Pues vaya, yo que pensaba que había subido bien… Ahí está Kako, uno de los héroes del Tor des Geants (olvidé preguntarle si los pies habían vuelto a su tamaño habitual ;-)). Me dice que vienen 2 kilómetros de asfalto y que igual lo pillo, pero nada, si no le he recuperado en la subida, en la bajada menos. Total que pillo un trozo de melón y sigo adelante, ya más preocupado de saber a qué distancia vienen los de atrás.

Efectivamente, un par de kilómetros de asfalto donde me coge una cierta sensación de monotonía, y giro por una pista de tierra que da acceso al camino que baja hacia una Ermita cuyo nombre no recuerdo, creo que empieza por G… Ermitas aparte casi me pierdo a la entrada del camino, y en un pequeño repechillo noto que el pequeño bajón que ha significado lo infructuoso de mi persecución, ha hecho mella también en mis piernas. Voy echando miradas furtivas hacia atrás en busca de perseguidores y me lanzo por una bajada cada vez más pedregosa hacia la niebla y la clandestinidad. Si en la última bajada te ve alguien que viene por detrás te mete un hachazo que te deja fino, así que la niebla supone una cierta protección.

Se acaba el camino y empiezan una serie de pistas que me tienen que dejar en el pueblo y la ansiada meta. Me encuentro un tío que me dice que el primero ha pasado hace un minuto o dos. Sospecho que la medida no es muy rigurosa pero la noticia me obliga a hacer un intento. Aprieto el paso, voy bien de pulsaciones, fuerzas y respiración, pero a la que intento adoptar una zancada un poco más grácil mis gemelos empiezan a bailar un twist y amenazan con subirse hasta las orejas. Así que nanai, preocúpate por pisar bien y no mover una pestaña de más porque en cualquier momento puede venir una rampa de elefante (no sé si los elefantes tienen rampas, pero dudo que mucha gente sepa si se constipan y todo el mundo pilla “constipados de elefante”… no sé si os dais cuenta pero siempre acabo diciendo lo que me da la gana…).

Así que nada, a pasar los últimos dos kilómetros, parece que no viene nadie por detrás, y como última buena noticia el hecho de que la meta no está en la Col·legiata de dónde hemos salido (con el consecuente repecho) sino más cerca, en el Camping. Llego a la meta con Dani de speaker pasándoselo pipa y Diego (el ganador), que al final me ha sacado 4 minutos y medio y no hace cara de demasiado esfuerzo. Los posteriores comentarios de “Home, es que té 21 anys!”, quieren ser reconfortantes hacia mí, pero me hacen percibir el inexorable paso del tiempo, snif, snif… Sea como sea, no sé si se lo pusimos muy difícil o no, pero mis felicitaciones por la victoria. Al poco rato llega Joel en tercera posición completando el podio y Víctor en la cuarta.


Balance de la carrera (sentado en un cómodo asiento de un tren en dirección a Lyon): me quema un poco el no haber forzado algo más después de Alsamora, aprovechando el buen momento. En estas carreras más cortas de lo que quizá estoy acostumbrado, tienes que estar con la cabeza al 100% todo el rato, porque aquí a base de estar concentrado en cada paso es como rascas un par de minutillos. Dicho esto, encantando de haber disfrutado de esta carrera y del recorrido, y haberme encontrado bien (y sin recaídas de lesiones) a estas alturas de temporada en las que ya falta algo de chispa. De ese disfrute tiene buena parte de culpa la organización, por conseguir un recorrido tan atractivo. Mis felicitaciones también hacia ellos, que sé que han tenido un trabajo duro.

Besos y abrazos


domingo, 29 de septiembre de 2013

Un proyecto especial

Situémonos en el mes de julio, un lunes. Ocho horas de coche volviendo de los Alpes a Lleida, el día después de haber corrido la Ice Trail Tarentaise. Ocho horas sólo para darle a la batidora mental, no en mi mejor estado anímico. Aparco el coche delante de casa y compruebo los asientos para no dejarme nada tirado por ahí. En el de atrás aparece un papelito de una propaganda que nos dieron en la recogida de dorsales. Le Treg, una carrera en una región del norte del Chad, en medio del Sahara africano. Qué más da, muy complicado, demasiado dinero…

Hay conjunciones astrales que hacen que la gente decida dar la vuelta al mundo en medio de una clase de física estadística o emprender una nueva carrera universitaria mientras ojea el último best-seller paseando del FNAC a casa. El salto de tensión se produce en escasos 30 segundos, que separan la iluminación de la bombilla del punto de no retorno. En esos 30 segundos sabes si quieres o no hacer algo. En los días, semanas y meses posteriores te las apañas para conseguirlo.

Mi aparcamiento coincidió con un nueve en raya del Sistema Solar (ocho y medio para los puristas, que Plutón ya no es planeta). De repente tomó forma una idea. Hace tiempo que me rondaba por la cabeza la iniciativa de recoger camisetas y zapatillas, que se acumulan en los armarios fruto del boom del atletismo popular y llevarlas a alguno de los millones de lugares donde puedes ver críos de 10 años jugando a futbol con chanclas del 45, adolescentes de 16 cuyo dedo gordo del pie ha reventado la punta del zapato o, en general, gente de cualquier edad con 10 días la misma camiseta. De esa forma pensé que unir las dos iniciativas daba lugar a un proyecto interesante, para el cual se podría pedir colaboración, bien a través de instituciones públicas, bien a través de crowdfunding,… En fin, apareció un hilo del que tirar y me agarré con las dos manos.

En pleno fenómeno cósmico y sumido en la bola de nieve que se estaba convirtiendo en avalancha, dejé volar la imaginación rememorando tiempos pasados y el ya de por sí ilusionante proyecto pasó de la categoría de “todo” a la de “parte”. Siempre he defendido el dicho de que “vale más ser dueño de tu silencio que esclavo de tus palabras” (ahí va el refrán de turno que cae en cada post). Bien, pues voy a pasármelo por el forro. En ese momento de excitación y generación compulsiva de hormonas emprendedoras, se me metió en la cabeza que Le Treg fuese la primera etapa dentro de un proyecto consistente en hacer una carrera de ultra-distancia en cada uno de los siete continentes. No se trata de ganarlas como Kilian, ni de escogerlas con un criterio exclusivamente deportivo, sino de buscar lugares con un especial interés social y cultural y descubrir diferentes tipos de terreno y naturaleza. Como os podréis imaginar ideas no me faltan. Más adelante, algún día de otoño en que haya que mantener a flote el blog por falta de carreras, ya colgaré otro post explicando con más detalle el proyecto global.

Pero volvamos a la primera parte, que es la más inmediata. Le Treg es una carrera de 170 kilómetros en autosuficiencia y autonavegación. Eso no quiere decir que vayas en coche, sino que te las apañes para llevar encima lo que necesitas y que ellos te dan un libro de ruta, unos puntos GPS y una palmadita en la espalda. Se va a celebrar por primera vez entre el 10 y el 17 de febrero de 2014, en la región del Ennedi, al norte del Chad (podéis echarle un vistazo en www.le-treg.com, por las fotos tiene muy buena pinta). Se trata también de probar algo un poco diferente, que como toda novedad es interesante.



Para que el tema tire adelante, además de la conjunción astral que dinamita la idea, en la evolución posterior hacen falta diversos eclipses que catalicen el proceso. El primero se dio al comprobar que la organización de la carrera surgió precisamente de una iniciativa de recolecta de zapatillas y camisetas por parte de una asociación francesa. Hablé con ellos y les conté la idea. Les pareció la mar de bien y me dijeron que ellos se encargaban del transporte de Lleida a Francia y una vez ahí hasta el Chad. Una vez resuelto el tema de cómo iba la ropa, la siguiente pregunta era cómo iba a ir yo. En este punto entran en juego diferentes tránsitos de cometas en forma de personas que han ayudado y hecho posible el desarrollo de la idea, pero eso ya es un tema personal que no sólo me pertenece a mí. La cuestión es que inspirado en experiencias de otra gente decidí presentar el proyecto a la Diputació de Lleida y ver qué acogida tenía antes de seguir tirando del hilo a través de otros planes B, C,…

Y la respuesta ha sido de lo más positiva, hasta el punto que me veo en condiciones de, rascando el bolsillo en los próximos meses, inscribirme en la carrera (con viaje incluido) y seguir adelante con la iniciativa. No voy a evitar el tema que puede venir a la mente en este punto, sobre la idoneidad de otorgar subvenciones públicas en este momento, a un proyecto que tiene una componente muy importante que es exclusivamente personal. La verdad es que le di bastantes vueltas al asunto y es por ese motivo que decidí potenciar al máximo la parte solidaria de la iniciativa. Es por eso también que voy a daros el coñazo por Facebook, Whatsapp, correo postal y señales de humo, para que os animéis a vaciar el armario de todas esas camisetas que os han dado en carreras populares y no os habéis puesto nunca (yo he contado 25). Para que, todos aquellos que aún no habéis caído en la corriente filosófico-atlética del minimalismo, os deshagáis de esas zapatillas que han quedado olvidadas por haber perdido la suficiente amortiguación. Por otro lado, la idea de este tipo de subvenciones es la de difundir la imagen de Lleida en el exterior, así que se intentará incorporar de la mejor manera posible esa componente en el proyecto (tengo alguna idea pero se aceptan más sugerencias).

A nivel logístico, el punto inicial de recogida de material sería la tienda Ultra Lleida (Avenida Sant Ruf, 39, bajos; es decir, Lleida al final de Prat de la Riba a la izquierda). Aprovecho para agradecer a Dani el hacerme un hueco para ello. El horario es de 10:00 a 13:30 por la mañana y de 17:00 a 20:30 (o hasta que nos vamos los pesados que vamos a darle la tabarra).

En este sentido también quería decir que si alguien se anima a colaborar con el tema, sobra decir que es más que bienvenid@. Ahí van algunas posibilidades:
  • Tengo una, dos o cincuenta camisetas que no utilizo y me gustaría donarlas a la causa (ídem con las zapatillas)
  •  Soy de un grupo de gente que corre y entre todos igual podemos reunir alguna cosilla
  •  Correr más de 5 minutos seguidos me produce arcadas pero hago un par de clicks para reenviar el mensaje y haré correr la voz
  •  Tengo una tienda de deporte (o un amigo que tiene una tienda de deporte) en tal sitio y no hay problema en poner allí otro punto de recolecta
  •  Mi padre es Bill Gates y dice que está dispuesto a financiar el proyecto entero
  •   
Y no vale decir que “es que vivo en una casa perdida de la Alta Ribagorça y solo tengo dos camisetas, que no vale la pena”… Es igual, ya nos apañaremos. Como decía el Capità Planeta, “els petits canvis són poderosos”. Y si a alguien se le ocurre alguna otra idea o alguna otra forma de participar en el tema, sólo hay que decirlo!

Así están las cosas. Para acabar me gustaría agradecer a las personas que han hecho posible que este proyecto, por lo menos, arranque, y que tenga una idea ilusionante a la que dedicar mis ratos libres. En primer lugar obviamente a la Diputació de Lleida, que es el pilar básico desde el punto de vista económico. Por otra parte a Antoni, que me ayudó mucho a la hora de pedir la subvención, a Edu, sin el cual no hubiese contactado con Antoni (además de los buenos consejos) y a Elena, sin la cual no se me hubiera ocurrido hablar con Edu. Y por supuesto a Dani, que además de ser pieza clave en la logística, si no fuese por él sencillamente no se me hubiera ocurrido la idea.

Besos y abrazos

P.D: anyadido de ultima hora (perdon por las ny's y los acentos, estoy en un ordenador frances con un teclado extranyo...):

Bueno primero de todo muchas gracias a tod@s por el interés mostrado, por los comentarios y por la difusión!! Me ha hecho mucha ilusión ir recibiendo todas esas muestras de apoyo desde ayer, esto cada vez va cogiendo más forma!!

Por otro lado, ya tenemos punto de recogida de material en Barcelona gracias a Joan Coll. Así que los dos puntos que hay hasta el momento son:
En Lleida:
- Tienda Ultra Lleida: Avenida Sant Ruf, 39 Bajos (Tel: 973 044707)
Horario: Lunes a Viernes: 10:00 a 13:30 y 17:00 a 20:30
En Barcelona:
- Cultruta (Excursiones y visitas guiadas): Carrer Estruc, 10 Local (Tel: 634534333)
Si estais en Plaza Catalunya donde empieza Portal de l'Àngel, es ir hacia Urquinaona y la primera a la derecha es el Carrer Estruc (para más detalle www.cultruta.com).
Horarios: Martes a sabado 10-14h y 16-20h
Lunes y domingo de 10-14h

No busquéis un escaparate lleno de zapatillas Salomon, mochilas Raidlight ni relojes Suunto. Se trata del local de un amigo de cuando medíamos menos de 1,40, que organiza excursiones guiadas por rincones curiosos de Barcelona. Os imagináis la típica visita guiada para guiris? Pues esto es totalmente diferente y una opción interesante para cualquier tarde-noche. Para que no digáis que el blog no tiene sección cultural!

Seguiremos buscando nuevos puntos y formas de recolecta!

Lo dicho, MUCHÍSIMAS GRACIAS por la ayuda!!

miércoles, 18 de septiembre de 2013

De visita en el Tor des Geants

Llevaba un par de semanas acojonado escaneando la rodilla cada dos por tres... por fin hoy me he atrevido a correr 45 minutillos (aunque al trote cochinero) y no ha habido ninguna molestia, así que tras esta pequeña victoria moral me animo a mantener con vida el blog en estas semanas de impás. Tranquilos que no voy a hacer una crónica sobre mis 45 minutos de rodaje...

Después de estar la semana pasada asistiendo a un curso de formación enteramente en francés y sobre algo de lo que no tenía ni idea, llegué el viernes por la noche a mi nuevo apartamento de Lyon con el agradable recibimiento de una vivienda todavía sin electricidad. La perspectiva de pasar un fin de semana sin luz, sin nevera y sin agua caliente me hizo buscar rápidamente una mejor alternativa. Así que me puse rumbo a los Alpes, que ahora me quedan atractivamente cerca, y me planté en Courmayeur. Allí acababa el sábado la que mucha gente considera como la carrera de montaña más dura del mundo, el Tor des Geants, en la que participaban varios amigos con los que pasé un fin de semana en pleno ambiente de trail running. La carrera acababa el sábado y había empezado el domingo anterior, así que los que no la conocéis, podéis haceros una idea de qué pie calza el animalico.


El Tor des Geants es una carrera que se viene disputando desde el año 2010 en el valle de Aosta, en el extremo noroeste de Italia. El recorrido tiene unos números oficiales que quitan el hipo: 330kms y 24000 metros de desnivel positivo (aunque los relojes del personal llegan a marcar hasta 342kms y casi 27000 metros de desnivel positivo). Se trata de un enorme bucle con salida y llegada en Courmayeur, a los pies de la cara sur del Mont Blanc. La primera parte discurre por la Alta Via 1, que cruza diversos collados de hasta 3290 metros a través de la zona del Gran Paradiso. Una interminable bajada lleva hasta Donnas, en el fondo del valle y sobre el kilómetro 150 de recorrido, donde se empalma con la Alta Via 2 para volver hasta Courmayeur cruzando infinitos valles en las vertientes sur de montañas como el Monte Rosa, el Cervino o el Gran Combin. Es una carrera diferente, en la que entran en juego factores diferentes, el más importante de los cuales probablemente sea la gestión del sueño. Efectivamente se trata de una carrera en la que se invierten desde las 70 horas de los primeros, hasta las 150 que marca el reglamento como límite para completar el recorrido, por lo que es imposible hacerlos del tirón y todo el mundo tiene que diseñar su estrategia para descansar el tiempo adecuado en el momento oportuno. Para ello hay 6 puntos intermedios donde además de encontrar la bolsa personal de material, hay una serie de camillas donde el que quiera puede echarse a dormir el tiempo que crea conveniente. Además, en cualquiera de los numerosos refugios que sirven de avituallamiento está permitido dormir un máximo de 2 horas (aunque en la práctica este límite no se aplica en muchos casos). Todos estos números y normas más un entorno alpino espectacular, dan como resultado una aventura personal que marca un antes y un después en todos los corredores que se lanzan a por este reto. Y entre estos corredores varios compañeros de otras batallas. Albert, David y Joel, que se marcaron auténticos carrerones.

Ahí os dejo algunos vídeos para ilustrar un poco el evento:
El vídeo presentación de este año (17min, para el desayuno...)
http://www.youtube.com/watch?v=8zZkyN5WZi8
La llegada de este año (2 minutillos, enorme detalle de Óscar Pérez):
http://www.youtube.com/watch?v=TsBtl9RVwW0
Y la del año pasado (buena entrevista a Óscar):
http://www.youtube.com/watch?v=SIoq_jzw2hs
Para los freaks/masocas (2 horas y cuarto de Tor):
http://www.youtube.com/watch?v=X7B1ZZsUkfs

Y como estoy lanzado, os voy a meter uno que me quedó grabado. En el año 2011, Marco Gazzola fue descalificado tras haber llegado en primera posición por saltarse sin querer el último control después de 76 horas de carrera. Llevaba 4 horas de ventaja sobre el segundo. Vale la pena ver cómo se toma la historia, la viva imagen del "fair play":
http://www.youtube.com/watch?v=oNbysFSpUpA

Este año la carrera estuvo marcada por la tragedia durante la primera noche de carrera, con un tiempo meteorológico adverso que hizo que uno de los participantes, el chino Yuan Wang, tuviera un accidente que acabó con un fatal golpe en la cabeza que le costó la vida. Uno de esos sucesos que le recuerdan a uno los peligros que existen en la montaña y mantienen activo el respeto y el cuidado que se ha de tener con ella. En un ambiente difícil para la organización, pero con el resto de corredores inmersos en su aventura personal y desconocedores del drama en la parte trasera de la carrera, la competición siguió adelante deparando bonitas luchas por la victoria tanto en categoría masculina como femenina.

Entre los chicos la carrera estuvo encabezada casí todo el tiempo por Iker Karrera, pero en los últimos kilómetros llegó por detrás Oscar Pérez, ganador del año pasado, que acabó entrando a escasos 25 minutos, que sobre las 70 horas que tardaron (70h4' Iker, 70h29' Óscar), no es más que un suspiro. Dos pedazo de corredores que representan dos maneras de correr. Iker encarna la concentración, la meticulosidad en la preparación y el desarrollo de la carrera. Óscar, que como siempre explica corre sin reloj, representa una cierta despreocupación, un punto de vista místico de la montaña y las carreras, aunque la competitividad que nos surge a todos al ponernos el dorsal y una clase como la de muy pocos, hace que en todas las carreras esté o luchando por la victoria o ganando sin luchar. Evidentemente esto es una impresión mía, que saco de lo que observo y lo que les he oído contar, pero como estamos en familia me tiro a la piscina. Con ellos he experimentado también una de las grandes cosas que tiene este deporte y es que la élite está formada por gente mayoritariamente sencilla y con la que puedes hablar de igual a igual sin tener la sensación de estar amargándoles la tarde.

En chicas la cosa estuvo entre Francesca Canepa y Nerea Martínez. Hacia el kilómetro 200 parecía que Nerea llevaba mejor dinámica, pero se ve que se despistó en un cruce y perdió algo de tiempo. Seguramente a esas alturas ese inconveniente también te corta el rollo bastante y te vienes un poco abajo mentalmente. Por otro lado corrió el comentario de que la italiana había hecho "sorprendentemente" rápido el tramo entre Gressoney y Valtournenche (km 200 - km 236). Como soy un enfermo de los números me he puesto a comparar y efectivamente, después de llegar al kilómetro 200 con 12h22' de retraso sobre Iker Karrera, este tramo de 36 kilómetros lo hizo 1h15' más rápido que Iker, sin que este se parase a dormir (que yo sepa) ya que se había parado justo antes en el km 186. 

Si miramos el tramo anterior entre Niel y Gressoney (14kms), Nerea lo hace en 3h47 (15' más rápido que Iker porque éste se ha parado a dormir) mientras que Canepa emplea 4h54', así que parece que lleva un globo considerable. En Gressoney Nerea descansa 32', por 1h26' de la italiana y ahí empieza la remontada. Las malas lenguas hablan de viajecitos en coche... Siguiendo con el rollo detectivesco, si miramos con detalle el tramo la verdad es que hay un trozo de unos 2kms al salir de Gressoney en los que te pueden ahorrar 20 minutos y una carreterilla al acabar la primera de las dos bajadas que hay en el tramo, entre Cuneaz y Saint Jaques donde también te pueden ahorrar un par de kilómetros. El hecho de que fuera de noche también podría ayudar a cualquier maniobra clandestina. Y se acabó el rollo, que viene a cuenta de una conversación que tuvimos por allá. Esto son datos. A partir de ahí, si el descanso en Gressoney le sirvió a Canepa para hacer un reset y salió con las pilas renovadas o si hubo alguna cosa irregular por ahí enmedio, cada uno que piense lo que quiera.


Lo cierto es que se habló también, en general, de gente que acompañaba a corredores durante la noche, facilitando la concentración y a veces llevando la mochila, asistentes que proporcionaban los bastones en el momento adecuado... todo eso básicamente entre los corredores locales que son los que tienen más conocidos cerca y por tanto más acceso a ese tipo de ayudas. En fin, esto nos llevaría a otros debates sobre si permitir o no la asistencia externa en los avituallamientos, que te den material en un momento determinado, el tema de los acompañantes (que en Estados Unidos en cambio está totalmente permitido y generalizado). Pero bueno, los dejamos para otro día, porque da para un post entero...


La idea con que me quedo de la carrera es la de una aventura espectacular, por unos paisajes increibles y que, a juzgar por las caras de los corredores al llegar a meta, representa una experiencia personal como pocas. Lástima que mucha gente piensa lo mismo y el número de pretendientes ha hecho que la inscripción pase por un sorteo previo. Pero bueno, un año u otro tiene que caer...

Lo dejo con un pequeño homenaje al pleno de Finishers y pleno de carrerones que se marcó el equipo (Alberto te la he robado...;-))

Besos y abrazos

domingo, 1 de septiembre de 2013

Ultratrail del Mont Blanc

Como dicen los curas, “en la salud y en la enfermedad”, así que después de la peli de color de rosa de la Monte Perdido Extrem hoy toca drama.

Inciso: como no pude hacer fotos he decidido cogerlas de Google Earth (lo cual repercute positivamente en la calidad de las fotos). En un afán de dotar de realismo al texto he optado por no poner las del trozo que hice de noche (total, yo tampoco lo ví...)

Nos presentamos con mis padres en Chamonix el jueves a primera hora de la tarde. El tiempo está espectacular y en las calles se masca ambiente de carrera. Entrando al pueblo nos cruzamos con Anton Krupicka en estado puro (chanclas, bermudas, gafas de pasta blancas y una camiseta de tirantes con rallas multicolor). Todo aquí es más grande. La recogida de dorsales es un proceso logístico complejo en el que después de una hora de cola pasas por sucesivos puntos en los que te comprueban el material, te dan el dorsal, te comprueban el dorsal, te cuelgan un sensor en la mochila, te dan la camiseta… Entretanto por ahí en medio hay una mesa con propaganda sobre todas las carreras del mundo mundial, para que vayas cogiendo ideas…

Esto de salir el viernes por la tarde me gusta. Te preparas la mochila el día anterior con tranquilidad, el viernes por la mañana te das un paseíto por los “stans” de todas las marcas habidas y por haber, compruebas que todo es carísimo y te vuelves para el apartamento a comer y a echar una siestecilla.

Y después del descansillo, al lío. De camino a la salida dejo la bolsa con material para el punto intermedio de Courmayeur. Había leído que era importante llegar pronto porque se acumula bastante gente. Somos unos 2300 corredores y se sale de la plaza mayor del pueblo, que no fue especialmente diseñada para ese cometido. De todas formas creo que me he pasado, falta una hora y media y está cayendo un sol de justicia. Total que entre el agua que llevo bebiendo todo el día para hidratar y el rato de espera, voy a salir con unas ganas de mear tremendas. Además después me encuentro a Francesc (compañero de fatigas de la Ronda dels Cims, en Andorra) que ha entrado por delante, porque se ve que te miran los resultados del año y según cómo te dejan entrar en el cajón de los “buenos”. Mirando alrededor te das cuenta de que aquí el más tonto hace relojes. Julien Chorier, Miguel Heras, Anton Krupicka, Timothy Olson… y lo que te rondaré morena. El elenco de pros es inacabable.
15 minutos antes de salir aparece la jefa de todo este cotarro, que después de los problemas de los últimos años y los palos que le han caído, hoy que hace un tiempo perfecto lleva una sonrisa de oreja a oreja. Deja paso al speaker que se encarga de animar al personal ayudado por la música que transforma la plaza en una discoteca con toda la peña dando palmas al aire. Los últimos dos minutos suena la canción Conquest of Paradise, de Vangelis. Un momentazo, piel de gallina, nudo en la garganta, cuenta atrás y desbandada. La salida es muy estrecha, primero entre vallas y después entre el pasillo de gente que se forma como si estuviéramos en el Tourmalet. No es lo más cómodo pero vale la pena. El ambiente es espectacular, creo que no había visto nada igual en una carrera de montaña.

Los primeros 8 kilómetros son llanos, hasta Les Houches. Como me imaginaba, la gente sale a machete. Voy con Francesc hasta que pasado el primer kilómetro decido parar a cambiarle el agua al canario, que no viene de 30 segundos. Coincido con Gaizka Barañano (ganador de Apuko, y gran blogger, os lo recomiendo, tengo el enlace por aquí pero me siento incapaz de reproducirlo, uno que está en euskera…) y también con Emma Roca, Núria Picas y Francesca Canepa, las tres primeras chicas en ese punto. También pasamos a Anton Krupicka, que ha salido la mar de tranquilo con sus mini-zapatillas, mini-mochila y mini-camiseta. Y así, entre tanta “celebrity” discurren estos kilómetros por terreno ligeramente ondulado pero cómodo a pesar del ritmillo animado que llevamos, hasta Les Houches, primer avituallamiento líquido.

Les Houches (km8, 1035m)

Echo un traguillo de aquellos de “ya que lo regalan…” y para delante. Aquí se acaban las tonterías y empieza la subida de verdad. Salimos del pueblo por una pista empinada, con Kilian y Emelie Forsberg animando a un lado del recorrido. El camino es de aquellos en los que no sabes si vas más rápido caminando o corriendo. Yo voy alternando, con miedo de pegarme un calentón en esta primera subida. Efectivamente me empiezo a notar con los gemelos especialmente cargados y mi alegría inicial va desapareciendo mientras me van pasando corredores como Sebastien Buffard o Anton Krupicka, gente de quien no debería estar delante. Cerca de la cima del Col de Voze, llegan a mi altura Emma Roca y Núria Picas. Comentamos un poco la jugada y les deseo suerte previendo que probablemente no volvamos a coincidir. Acaba la primera subida y me lanzo, por llamarlo de alguna manera, al descenso hacia Saint Gervais.

Intento guardar los cuádriceps pero la bajada es por una de esas pistas de esquí empinadas en las que tienes que tirar a saco de frenar con los muslos. El itinerario es bonito, pasando entre casitas de panorama envidiable y donde la gente anima a los corredores desde el también envidiable relax de unas atractivas tumbonas. Finalmente llego a Saint Gervais entre los gritos del público, que se esfuerzan por ver el nombre del corredor de turno en el dorsal para ofrecerte un agradable ánimo personalizado. En este caso en el dorsal también hay una banderita con la nacionalidad correspondiente, que en mi caso dio como resultado numerosos “Viva España!” a lo largo del camino.

Saint Gervais – Les Bains (2h9’, km21, 835m)

Cómo algo y relleno botellines dándome cuenta de que he bebido mucho menos de lo que debiera. Viene ahora un tramo de esos que en el perfil parecen casi llanos. No se me ha pasado el cansancio de piernas de hace un rato y para acabar de "arreglar" las cosas empiezan a aparecer repechillos imprevistos que suponen puñaladas traperas a mi moral. No solo no consigo entrar en carrera sino que me voy viniendo abajo mientras me va pasando gente a puñados. Intento concentrarme en hacer mi carrera, que esto es muy largo, que ya sabemos que en estas pruebas pasas por mil momentos buenos y malos, pero al otro lado está el demoniete rojo que me va diciendo que no deberías haber subido al Mont Blanc hace tres días, que llevas demasiadas carreras este año, que cómo te pasa este… Total, que del km20 al 30 un auténtico suplicio. En esta dinámica negativa llego a Les Contamines.

Les Contamines (3h31’, km31, 1150m)

Avituallamiento sólido y líquido. Sé que es vital así que intento cargar bien el buche para ver si resucito. Dentro del panorama negativo me anima algo el ver que llevo una media de unos 9km/h. O sea que voy más rápido de lo que pensaba pero llevo delante más gente de la que pensaba también. En fin, tradicionalmente la segunda subida es “mi subida” así que allá vamos. Todavía queda un tramo llano hasta la ermita de Nôtre Dame de la Gorge, donde coincido por primera vez con David y Xavier, dos chicos de Moià, que aquí van bastante más rápido que yo. Se acaba la pista y el camino se empina de lo lindo. Se está haciendo de noche pero a mí me está entrando algo de luz. Creo que la comida del último avituallamiento y el haber cogido un ritmo adecuado de hidratación están haciendo que empiece a ser persona. Nada del otro mundo, pero empiezo a sentir que hay gente peor que yo y de vez en cuando cae algún adelantamiento. Algo más animado llego al avituallamiento de La Balme.

La Balme (4h44’, km37, 1705m)

Repongo agua, plátanos al bolsillo y salgo por un repecho bastante duro junto con David y Xavier. Éste último pone un ritmo perfecto y vamos subiendo adelantando a gente en dirección al Col de Bonhomme (2329m). Justo antes de llegar al collado nos encontramos con Baywatch (¿os acordáis de él? Que conste que he indagado un poco en su historia y es un tipo interesante…) que está viendo la carrera y animando al personal. Llegamos a la cima, lo cual no quiere decir que se acabe la subida porque el camino flanquea a la izquierda en ligero ascenso hasta el Col de la Croix de Bonhomme (2443m). Mis dos compañeros de subida se paran a comer algo y yo sigo adelante aprovechando la buena onda que parece que empieza a llegar. Sigo ganando algunas posiciones, incluso en la siguiente bajada hasta Les Chapieux, cosa rara en mí. El sendero herboso deja paso a una pista que después de unas 824 revueltas me deja en el avituallamiento.

Les Chapieux (6h31’, km49, 1549m)

Me tomo una sopa caliente que está de muerte, seguida de los plátanos de rigor que caen en cada avituallamiento. Creo que estoy en mi momento más aceptable de la carrera así que salgo del avituallamiento bastante animado, también gracias a la gente que está apoyando a los corredores. Vienen ahora 4 o 5 kilómetros de asfalto no demasiado agradables, así que pongo el piloto automático y troto con la mirada fija en el círculo de luz que genera el frontal. Sin ser una gran pendiente el desnivel se mantiene con bastantes tramos de un 8-10% así que estoy deseando que llegue el sendero para ponerme a caminar. Al frente veo la hilera de luces que marcan la subida al Col de la Seigne. Finalmente llego al camino y tiro de palos por un tramo de revueltas en el que voy alcanzando al corredor que me precede. Se trata de un chino, japonés, nepalí… en medio de la noche dejémoslo en oriental, que está subiendo como si fuera lo último que va a hacer en la vida. El tío va trotando por un terreno que sube de lo lindo, entre gemidos que se oyen desde 50 metros de distancia. No debe ir a más de 3km/h (por eso lo he alcanzado) pero se empeña en ir dando saltitos como si le quemasen los pies. En fin, le paso y sigo adelante, llegando a la altura de una chica italiana que debe ir cuarta o quinta. También llevo mejor ritmo que ella, total que llego al control de lo alto del Col de la Seigne en solitario (8h21’, km60, 2516m). Mete rasquilla, así que me pongo el buff y los guantes mientras me pasan la italiana y el oriental. La subida me ha quitado la alegría de abajo y la bajada no se me da tan bien como la anterior. Me alcanzan dos valencianos por detrás y llegamos al avituallamiento de Lac Combal.

Lac Combal (8h53’, km65, 1964m)

Sigue ahora un tramo llano cómodo para correr, para coger después un sendero a la derecha que sube hacia la Arête de Mont Favre. Siguiendo con mi tónica general, alcanzo en la subida a los valencianos, que se me habían escapado en el tramo corredor. En medio de la noche y a rueda, subo en una especie de trance sin pensar demasiado. De vez en cuando levanto la vista hacia el otro lado del valle, imaginando las vistas del Mont Blanc que desde aquí deben ser espectaculares. Hacemos cima (9h49’, km69, 2409m) y empezamos un descenso suave con algún repechillo. Se me vuelven a escapar (creo que ya no los vi más) antes de llegar al Col de Chécrouit (10h23’, km73’5, 1958m). Aquí hay otro pequeño avituallamiento donde me tomo un caldo caliente que sabe a gloria. Ya se ven abajo las luces de Courmayeur, pero antes de llegar me espera un sendero empinado donde los haya por un terreno arenoso que acaba conmigo en el suelo. Bajo bastante torpe, deseando llegar a este punto principal de avituallamiento y tomarme un buen cuarto de hora para cambiarme y comer bien. Llego finalmente sobre las 3 y media de la mañana y me encuentro con mis padres que están como siempre de equipo de apoyo.

Courmayeur (10h59’, km77, 1192m)

El panorama ya empieza a ser de campo de batalla, con bastante gente con pinta de abandonar. Entre ellos están Gaizka Barañano e Imanol Aleson, que hacen cara de no querer saber nada más de esta historia. Le pregunto a Gaizka si no se anima pero tampoco me queda mucha energía positiva que transmitir, así que me centro en zumbarme un plato de sopa y otro de macarrones y salgo atravesando el pueblo, donde todavía no han puesto las calles.

Antes de empezar al siguiente subida gano un par o tres de posiciones, pero una vez en el sendero me mantengo a unos 50m de un frontal que veo delante. Nunca conseguiré ver quién es su propietario. Los 700m de subida hasta el Refugio Bertone transcurren para mí, tirando de palos y riñones sin conseguir acercarme a esa luz que persigo como si fuera la puerta del paraíso (esto ha quedado bastante sectario…). Por fin se acaba la interminable subida y llego al refugio. Por la cara de los voluntarios deduzco que la mía no es muy buena. Efectivamente, la comida de Courmayeur no sé dónde ha ido a parar porque me noto con las fuerzas muy justas (12h32’, km82’4, 1979m).

El bonus track de 100 metros de desnivel inesperados con los que empieza el siguiente tramo, no me ayudan para nada. A ellos sigue un tramo ondulado en el que cada vez me da más pereza trotar y aprovecho cualquier pequeño repecho para ponerme a caminar. Al menos estoy llevando bastante bien la hidratación (creo que debo haber bebido un litro por hora entre agua y sales). Pidiendo la hora llego al Refugio Bonatti (13h49’, km89’8, 2015m), donde me meto entre pecho y espalda otro plato de caldo para ver si el calorcillo enciende un poco el motor. No demasiado, la dinámica positiva de entre los kilómetros 30 y 50 ha desaparecido y vuelvo a estar bastante cruzado. Muscularmente tampoco estoy para tirar cohetes y en los 300m de descenso hasta el avituallamiento de Arnuva mis cuádriceps manifiestan su enfado frente a la actividad a la que los estoy sometiendo.

Arnuva (14h40, km95, 1771m)

Aquí caen dos platos de caldo más y parece que ahora sí que funciona. O eso o los corredores de mí alrededor no van muy finos. Probablemente un poco de todo. La cuestión es que hace un rato tenía pánico a esta subida al Gran Col Ferret, de casi 800m de desnivel y ahora los estoy subiendo relativamente bien. A todo esto se ha hecho de día y los primeros rayos de sol me tocan al llegar a la cima (15h53’, km99’5, 2527m). Viene ahora una larguísima bajada en la que tenía puestas bastantes esperanzas en caso de llegar con fuerzas. Dentro de la dinámica de montaña rusa que tienen estas carreras parece que ahora estoy en un tramo favorable y voy bajando corriendo con buen ritmo. Creo que he pasado a 6 corredores en la subida y ahora llevo otros tres, antes de que llegue por detrás Xavier, que ha dejado a su compañero de fatigas y va como una moto. Bajamos un rato juntos pero cedo algo antes de llegar al avituallamiento de La Fouly. En este último tramo empiezo a notar algo de molestias en la rodilla izquierda. No le doy demasiada importancia, la verdad es que a estas alturas lo normal es que te duela un poco todo y hay dolores que aparecen en un momento determinado y después se van, sin ninguna lógica aparente. Así que llego a La Fouly y sigo con la dinámica de comer y beber, ya que de fuerzas voy bastante mejor y tengo bastante claro que llegar voy a llegar…

La Fouly (17h06’, km110, 1603m)

Hasta que arranco a trotar. Estos 5 minutos de descanso me han dejado las piernas embotadas y la molestia en la rodilla no se ha recuperado para nada. En llano puedo trotar y prácticamente no lo noto, los pocos tramos de subida que hay en este trozo no suponen ningún problema, pero a la que hay unos metros de bajada las cosas se ponen feas. El terreno es muy favorable, por una pista que llanea y tiende a bajar, pero a mí me está invadiendo el pesimismo. Voy probando la rodilla pero cada vez que hay un pequeño tramo de bajada mínimamente seria las sensaciones son peores. No es un dolor agudo en un punto concreto. Es una molestia en la parte inferior de la rótula izquierda y por el exterior de la pierna, entre la rótula y la tibia. A la que doy cinco pasos seguidos en descenso noto como si la rodilla se hinchase y me invade un dolor de esos en plan escalofrío. Si el terreno suaviza el dolor se pasa, hasta la siguiente bajadita donde se repite la misma historia. Un tramo de bajada de unos 30 metros de desnivel supone el remate definitivo. Tengo que apoyarme totalmente en los palos y bajo a un ritmo lamentable. Me pasan varios corredores y poco a poco voy viendo que no voy a ningún lado.

Llega el momento de tomar una decisión. En este punto me quedan unos 50kms, que consisten en una subida de unos 400m de desnivel hasta Champex-Lac y después tres subidas de entre 500 y 800 metros con sus correspondientes bajadas, que por la pinta que tienen sobre el mapa parecen ser importantes. El dolor en la rodilla no tiene aspecto de desaparecer, sino que ha parecido ir a más durante los últimos 10-15 kilómetros. Puedo ir tirando en el llano y la subida pero voy a tardar una eternidad en las bajadas y si consigo llegar a Chamonix me da que va a ser a costa de arriesgar mucho la rodilla. Hasta este punto probablemente sea sólo una de esas molestias que salen durante las carreras de fondo y que se vaya con las semanas de reposo que ya pensaba tomarme después de esta carrera, pero me da miedo que el problema se agrave y me hipoteque los próximos meses. Esta es una carrera importante, uno de los dos objetivos que tenía este año, pero hay más carreras, más ideas, más proyectos… Pienso también en llegar a Champex-Lac de alguna forma y pasar por la enfermería a que me den algo, pero me da miedo que sólo enmascare el problema y me permita llegar pero a costa de algún problema grave. No se… estoy parado en una sombra, apoyado en un coche, tocándome la rodilla. Poco a poco me a invadiendo la desconexión y ya no hay vuelta atrás. Sé que me voy a arrepentir y que le voy a dar mil vueltas esta tarde, esta noche, pero también sé que en este momento no tengo sensaciones de poder seguir delante de una manera sensata.

Ya está, abandono. La sensación es extraña. Una mezcla de tristeza por no poder cumplir el objetivo marcado, por no poder corresponder las muestras de apoyo de aquellos que han seguido y están siguiendo tus evoluciones, frustración por la mala suerte de tener este problema en el día más importante, envidia de los corredores que ves pasar… Mientras camino en busca de algún coche que me suba a Champex-Lac me encuentro a Ivan Artigas y Mia Carol. Ivan me ofrece un antiinflamatorio pero no sé, en ese punto la decisión ya está tomada. ¿Podría haberlo intentado? Quizá… Pero en ese momento intento huir de todo aquello que me siga tambaleando de un lado a otro en la decisión que acabo de tomar. Les deseo suerte y finalmente consigo que, entre un par de coches, me suban hasta Champex. Comunico mi abandono, me encuentro con mis padres y me siento en un banco, ensimismado, sin hambre, ni ganas de hablar, mientras me invade el sueño fruto de la noche sin dormir.

En fin, lo hecho, hecho está. Es una pena que una temporada que me había ido muy bien acabe de esta manera pero qué le vamos a hacer. Me sabe mal sobre todo por todas las muestras de apoyo y cariño que había recibido antes de la carrera (y que estoy recibiendo también ahora). Por Dani, que me regaló la camiseta y me prestó material sin el cual no podría haber corrido; por Meritxell y Adrià que estaban esperándome en Bovine, por donde nunca llegué a pasar; por el chat de Tribuneros, que aparcaron el monopolio futbolístico y las discusiones sobre Rossell y Laporta para seguir la carrera y animarme; por todos los que os acordasteis de mí, sea por Facebook o por Whatsapp (perdonad que no os ponga aquí a todos, pero afortunadamente fuisteis muchos); y por mis padres, que habían venido desde Lleida para acompañarme como siempre en estos proyectos, a veces poco comprensibles, a veces poco compartibles, pero siempre con un apoyo incondicional que seguramente ni sé ni soy capaz de agradecer.

Ahora toca pensar en las cosas positivas del año y seguir teniendo objetivos, que al final de eso se trata. No viene a cuenta  pero ya que he entrado en el rollo personal, mañana empiezo un nuevo trabajo, en una nueva ciudad y con una nueva gente. No tiene ya mucho sentido darle vueltas a lo que podría haber sido y no fue, o pensar en qué hubiera pasado si… No sé si tomé la decisión correcta pero como diría aquél, a toro pasado todos somos Manolete.

Besos y abrazos


P.D: no quiero acabar el post sin acordarme de felicitar a Francesc (28º, en 25h59’) y a Eli (35h52’ y 20ª chica) por el carrerón de ambos. Una pareja de cracks! ;-)

miércoles, 28 de agosto de 2013

Previa del UTMB

El Ultratrail del Mont Blanc... Cuando comentas en algún círculo de amigos que te gusta eso de correr por la montaña, tarde o temprano sale la pregunta de "oye y esa del Mont Blanc no te la has planteado?"...

Pues sí, efectivamente. Hace cosa de dos años que decidí intentar correr la que tradicionalmente se ha considerado como el campeonato del mundo no oficial de las carreras de montaña de larga distancia, la que, a pesar de los problemas entre meteorológicos y organizativos de los últimos años, todo aquel al que le atrae el mundo del ultratrail quiere correr almenos una vez en la vida. Y digo intentar porque la popularidad de esta carrera hace que para inscribirte tengas que, o ser un "pro" que va con invitación, o pasar por un sorteo como la mayoría de los mortales. Como soy de los segundos me apunté al sorteo correspondiente a la edición de 2012 y como voy más bien escaso de suerte en el azar, el resultado fue negativo. Tenía la opción de cambiar la inscripción a alguna de las otras carreras que se organizan de manera paralela, pero renunciando a ello tenía la inscripción asegurada para la edición de 2013, así que eso fue lo que escogí y aquí estamos, a dos días de que empiece la carrera, concretamente el viernes a las 16h.
No negaré que en primavera mi principal objetivo era la Ronda dels Cims, en Andorra, pero la verdad es que con el buen resultado de allí y el resto de carreras del verano, estoy motivadísimo para ponerme el dorsal y echar a correr alrededor de ese macizo espectacular. Porque de eso se trata, de dar la vuelta al macizo del Montblanc, siguiendo el itinerario del famoso trekking que pasa por Francia, Italia y Suiza a lo largo de 168kms y unos 9000m de desnivel positivo. Dicen que el recorrido es relativamente poco técnico (ya dire la mía cuando lo haga) y bastante favorable para poder correr buena parte del tiempo. Habrá que adaptarse a ello y lo cierto es que el ambiente y los paisajes ponen todo de su parte.

Y para un buen objetivo, una buena preparación. ¿Cuál? Pues qué mejor que un buen entreno en altura subiendo el Mont Blanc y durmiendo un par de noches a más de 3000 metros para que los glóbulos rojos se pongan fuertotes y vayan cargados de burbujas de oxígeno cual sherpa nepalí (quién no ha visto "Érase una vez la vida"?). Miembros de la expedición: Elena, Meritxell, Adrià y un servidor, como pardillo alpinístico del grupo.

Tranquilos, no voy a relatar con detalle los tres días de ascensión. A grandes rasgos, cogimos un trenecillo (más lento que el caballo del malo) en Sant Gervais que nos dejó a unos 2300m, de ahí subimos en medio de la niebla hasta el refugio de Tête Rouse (3150m). donde pasamos la primera noche. Segundo día corto pero intenso, subiendo por terreno mixto y empinado de roca y nieve, hasta el nuevo refugio de Gouter (3800m), que es una especie de platillo volante que han construído en una ubicación de mirador privilegiado. Y el tercer día, ascensión a la cumbre. Pero antes algunas anecdotillas que surgieron por el camino:

- El tema estrella de la expedición probablemente sea el agua. Llegamos al refugio de Tête Rouse y cenamos, bastante bien por cierto, pero cuando al acabar pedimos más agua nos dicen que después de la cena ya se ha de pagar. El precio: 5 euros la botella de litro y medio. No es la mejor manera de promover la hidratación necesaria para prevenir el mal de altura. Vamos al lavabo pero de los grifos no sale agua (gran utilidad la de los grifos), en la cocina libre tampoco. No nos queda más remedio que comprar un par de botellas y racionar el agua cual habitantes de Dune (cuando no entendáis alguna broma freak, pasad de largo con tranquilidad, nada de lo que digo suele ser demasiado importante...). Al día siguiente, en el refugio de Gouter, recurrimos a la clásica picaresca española y bajamos a cenar con tres botellas escondidas para rellenarlas con el agua "gratis" de la cena. Chasco, a 3800m ya no regalan ni eso, así que si quieres beber, 5 eurazos al canto. Estas restricciones han favorecido varios récords batidos durante esta expedición relativos a la falta de higiene personal, que no detallaremos para que no se os atragante el desayuno.

- Una manera rápida de evaluar si uno está bien hidratado es a través del color que generamos cuando miccionamos/orinamos/meamos. Cuanto más claro, mejor hidratados. Pues bien, si ponéis a un tío a correr 24 horas en medio del desierto del Sahara sin beber una gota de agua y lo ponéis a mear, obtendréis un líquido de color similar al que sale cuando tiras de la cadena en el lavabo del Refugio de Gouter. De juzgado de guardia. Una cosa es que raciones el agua y otra que para entrar al lavabo tengas que hacer un ejercicio de amnea que a esa altura te hace salir mareado. No se quién hizo el sistema de evacuación pero recircular los residuos humanos tiene todos los calificativos situados entre "cruel" y "mezquino" (perdón, ahora ya no me he cortado, espero que hayáis acabado el desayuno...)

- Ya que esto se pone gore, seguiré con el panorama que uno se encuentra cuando llega al Refugio de Valot, una caja metálica situada a unos 4300 metros. Las guías ya avisan de que no se cuente con esta cabaña más que en caso de emergencia. Primero porque a esa altura más que descansar fomentas el mal de altura y segundo porque el estado de limpieza es deplorable. Una cuarta parte del espacio interior es un montón de basura de todo tipo. Esa variedad de residuos se percibe también en el olor ambiente, fruto de situaciones desesperadas que se deben dar en este refugio. En este caso entiendo una cierta solidaridad, supongo que cuando un tipo llega con el colocón de la altura, en medio de una tormenta y a 20 grados bajo cero, la perspectiva de salir afuera y la difícilmente empeorable limpieza interior, hacen que todo tipo de excremento pase a formar parte de tan desafortunado ecosistema. Ahí enmedio encontramos a tres valientes durmiendo. Dudo que pagasen los 6 euros que exige por dormir ahí, una especie de hucha que algún cachondo ha puesto al lado de la puerta.

Pero bueno, para que la película acabe bien, tras todas esas penalidades llegamos a la cima. Después de salir a las 3 de la mañana de Gouter y pasando por algunos tramos de arista algo afilados pero sin llegar a ser complicados, hacemos cumbre a las 6:50, justo en el instante en que llegan los primeros rayos de sol. El momento es muy emocionante y las vistas espectaculares. El tiempo nos ha respetado y el día es clarisimo así que nos recreamos identificando las infinitas montañas que se ven. Aunque no demasiado rato, porque la rasca que mete es importante. Algunas fotillos y para abajo sin perder tiempo. Me ahorraré el descenso, que fue interminable (7 horas) hasta el trenecillo de Saint Gervais.

Así que con las piernas algo cansadas (espero que se me pase) pero con la motivación a tope para la carrera. El objetivo, como siempre, acabar con la sensación de haber hecho una buena gestión del esfuerzo, la alimentación y la cabeza. Si os aburrís podéis seguir la carrera en el link: http://utmb.livetrail.net/
Espero estar a la altura de la carrera y del ambiente, y tener buenas cosas que contar la semana que viene.

Besos y abrazos