lunes, 3 de mayo de 2021

The Peaks of the Sun

Esperemos que con la nueva normalidad vuelvan las oportunidades de escribir crónicas de aventuras...

Muy buenas,

Lo cierto es que estas dos semanas anteriores ya debería haber hecho los deberes y escrito las crónicas correspondientes a dos rogaines en los que he participado, pero los dioses del trabajo y la velocidad de rotación de la tierra me lo han impedido. A la tercera va la vencida así que vamos a sacarle las telarañas al blog relatando las aventuras de ayer sábado 1 de mayo, ahora que los recuerdos están frescos…

The Peaks of the Sun (o Les Muntanyes del Sol, que a veces nos pasamos traduciendo…) es otra de las ideas de Marc Fernández y sus secuaces, a quienes ya os he presentado anteriormente, por ejemplo con ocasión de The Bandit, el pasado mes de octubre. El reto consiste en atravesar la comarca del Baix Camp (Tarragona) desde la playa de l’Almadrava hasta el punto más alto de la comarca, el Tossal de la Baltasana, muy cerca del pueblo de Prades. Por en medio un terreno técnico rompepiernas que sigue la norma general de que si entre dos puntos hay un camino fácil y otro difícil, siempre tienes que tomar el segundo. El recorrido resultante tiene 89 kms y a priori un desnivel positivo de 6000m (acabarán siendo 6400m), y el rasgo característico es que debemos completarlo entre la salida y la puesta de sol (13h59’). Para añadirle dificultad, el recorrido no está marcado y debe seguirse en base al track disponible, lo cual podremos comprobar que en senderos como los que nos encontraremos acaba siendo un problema.

Me presento en el aparcamiento de l’Almadrava el viernes por la noche después de dos fines de semana de tiradas largas en forma de rogaines y una semana de mala recuperación por temas laborales. Me planteo el reto (porque era más un reto colectivo que una carrera) como un entreno serio de volumen de cara al objetivo principal de esta parte de la temporada (o casi diría de toda la temporada) que es la Chartreuse Terminorum, sobre la que ya me enrollaré otro día. Me encuentro con mis padres, que como de costumbre estarán animando y ayudándome a lo largo del recorrido. El panorama pinta bastante crítico en cuanto a lo meteorológico, con lluvia, tormenta y viento durante las primeras horas del recorrido. Afortunadamente el agua se avanza un poco y cae toda de madrugada, de forma que el único problema es que no me deja dormir de 3 a 5 de la mañana. En cambio, los elementos ofrecen clemencia a los 62 corredores que nos disponemos a tomar la salida y de forma puntual a las 6h30 deja de llover, de forma que cuando salimos a las 7h05 estamos abrigados pero secos.

Tras la foto de grupo de rigor salimos de forma escalonada a lo largo del paseo marítimo en una mañana que sigue siendo gris. Después de una primera confusión con el camino a seguir nos metemos por una riera que marcará los primeros kilómetros de carrera. Al paso bajo la autopista el camino se ve interrumpido por las obras de una mega-tubería que nos obligan a hacer una primera trepada por terreno poco natural… Tras estos primeros percances nos metemos en terreno salvaje y vamos avanzando a buen ritmo por un sendero que tiende a evitar la parte más pedregosa de la riera. Enseguida se forma un grupillo en el que estamos Albert Giné (con quien compartí la travesía de Nonstop Aliments el pasado mes de septiembre), Víctor del Águila (con quien coincidimos en The Bandit aunque no habíamos llegado a hablar), Aitor Tomàs (no le conocía pero compartiremos bastantes kilómetros) y Abdelkadous (a quien tampoco conocía pero de quien he leído que había tenido buenos resultados en la OCC del UTMB). Así que buenos galgos…

Me pongo a hablar con Víctor pero el terreno pica para arriba y enseguida tengo ganas de conservar el oxígeno. Tengo la sensación de que vamos rápido y a mí como de costumbre me cuesta entrar en el ritmo de carrera. Llegamos al desvío donde tenemos que coger un sendero de subida que nos llevará al primer pico de la jornada, el Tossal de l’Alzina. Mis compañeros se pasan de frenada y entro primero en el sendero, con lo cual puedo marcar yo el ritmo y recuperar el aliento, pero enseguida se me desata el cordón de la zapatilla, problema que va a ser constante en la primera parte del recorrido, con lo cual me pasan y me quedo nuevamente detrás. A la que la pendiente cede mínimamente los tíos se ponen a trotar y yo siento que me estoy quemando, así que cedo un poco y me centro en mi ritmo. Para añadirle picante el camino no es muy evidente así que tienes que estar atento para seguirlo y para no destrozarte un tobillo. Hacia el final de la subida parece que recupero un poco y en un punto de duda sobre el camino les alcanzo y coronamos juntos la cima en medio de un vendaval considerable que hace que nos quedemos aproximadamente 2 segundos a mirar las vistas.

A partir de aquí empieza un recorrido por la parte alta de les Moles del Taix, superando diversos picos como el Cabeça Negra o el Molló Puntaire. El viento nos sacude de lo lindo y el ritmo me sigue pareciendo exigente. Tengo la sensación de que es cuestión de tiempo que tenga que ceder y hacer camino en solitario, dado que parece que por detrás no viene nadie. Pasamos un avituallamiento en el km11 donde aprovecho para parar poco y salir antes para poder descansar avanzando mientras me alcanzan. El viento no da tregua y llegamos a una pista donde debería dar comienzo una via ferrata que debía ser uno de los puntos clave de la travesía. Nos encontramos a Marc que gritando nos dice que nos olvidemos de la ferrata y bajemos por la pista para recuperar el recorrido más adelante. Buena decisión, porque el día no está como para meterse en sitios comprometidos.

Después de un rato de terreno complicado se agradece dejarse caer por una pista sencilla. Además el grupo se relaja y avanzamos más tranquilos charlando… bueno, charlando ellos mientras yo aprovecho para acabar de recuperar la compostura y que me entre bien la carrera. Una vez cubierto el bucle recuperamos el track y afrontamos una nueva subida donde ya me encuentro mejor y voy siguiendo a Víctor, que va alternando trote y caminar. Su ritmo de trote está a años luz del que puedo llevar yo, así que tengo que aguantar el ritmo a base de alargar las piernas en las treguas en las que él camina. Tras el nuevo repecho volvemos a coger un tramo de pista hormigonada que húmeda parece una pista de patinaje y llegamos al pueblecito de Castelló, donde hay un primer avituallamiento grande (km24).

Tras este agradecido break seguimos adelante por una bajada pedregosa pero relativamente agradable en comparación con el terreno del que venimos. El sendero nos lleva al pueblo de Masboquera, que bordeamos para cruzar la carretera por un paso subterráneo para seguir después por un torrente que nos deja al pie de la siguiente subida, al Coll Pressó. Nuevamente subo detrás de Víctor, que parece que va silbando haciendo cambios de ritmo entre caminar y correr. Yo ando detrás intentando no quemarme, con Albert pegado a mí y Aitor y Abdelkadous un poco más atrás, que parece que ahora van un poco más justos. Llegamos a la cima un poco detrás de Victor y nos lanzamos por un tramo que en el track queda algo confuso. Empiezo a comprobar que en carrera no es lo mismo seguir cintas que un track. Sea como sea acabamos acertando y vamos a parar a una pista que bordea a la derecha y vuelve a afrontar algunos repechos durillos hasta dejarnos en un camino que flanquea en descenso bastante técnico hasta el Coll Marqués. Aitor ha decidido poner fin a su mal momento a base de música y la verdad es que parece que da buen resultado. Nunca me la pondría para trabajar pero ahora no sienta mal. Persiguiendo a Víctor unos metros por detrás salimos a la carretera de Pratdip y llegamos al avituallamiento prometido, justo a la entrada del pueblo (km29).

Con ánimos y fuerzas renovadas a base de un zumo de piña que me da mi madre, salgo a por una nueva subida, la que nos tiene que llevar por las Crestas de la Seda hasta el Mont Redon y la Miranda. Este terreno lo conozco de un día que vine con Albert Vilardell a reconocer parte del terreno de The Bandit, así que se me hace algo más llevadero. Empieza por un bonito camino tradicional que debía conectar Pratdip con Colldejou y después se mete a la izquierda hacia lo alto de la montaña por terreno que se hace cada vez más agreste. Una bonita excursión que discurre por los resaltes de las crestas de la Seda, varios escalones rocosos no demasiado difíciles y con alguna cadena para ayudar en la progresión, todo ello aderezado con las vistas de la Serra de Llaberia a nuestra izquierda. El recorrido culmina en lo alto del Mont Redon, a donde llego con Víctor, con Albert y Aitor un poco más atrás y Abdelkadous que parece que pierde definitivamente contacto. Bajamos al otro lado y nos metemos por la vertiente este para bordear junto al Cavall Bernat, por donde voy comentando con Víctor sobre las ubicaciones de los libros que había por esta zona en The Bandit (el que no sepa nada sobre la Barkley o The Bandit y esté flipando al oír hablar de libros y carreras, le remito al post correspondiente…).

Seguimos recorriendo la parte alta de la cresta a través de la cima de la Creu, para llegar después al observatorio de la Miranda, nuevamente azotados por el viento. No nos entretenemos y nos descolgamos por un escalón rocoso que da inicio a la bajada al Coll de Guix y fin a esta nueva tanda de viento. En cuanto a la meteorología, tal como estaba previsto las nubes se han ido disipando y el sol se ha abierto paso, amenazando con un día que pase a ser caluroso, al menos en aquellos tramos donde no sople el viento. Al poco de empezar la bajada Aitor me dice: “Albert no va be, l’esperem?”. La verdad es que no me había dado cuenta y creo que no le había visto flojear en ningún momento, ni hoy ni en cualquiera de los kilómetros que habíamos compartido antes. Como Víctor se va a quedar en el km55, decidimos esperar para intentar hacer camino los tres e intentar llegar en tiempo, cosa que empiezo a ver que no va a ser sencilla. Bajamos algo más tranquilos y nos reagrupamos en el Coll del Guix, donde hay un nuevo avituallamiento (km40).

Victor sigue adelante (ya no le veremos más) y nosotros intentamos poner un ritmo sostenible en la subida a la Mola de Colldejou, pero a Albert se le atraganta bastante la subida. Poco después de la cima le esperamos y comentamos la jugada y nos dice que tiremos. La verdad es que no nos va a sobrar nada así que si queremos intentar llegar antes de la puesta de sol vamos a tener que correr de lo lindo. Así que seguimos adelante Aitor y yo, bajando hasta la carretera de Colldejou a Marçà, en el Coll Roig, y más allá por un curioso camino que están acondicionando con tablones de madera que estabilizan el terreno en forma de escalones. Este tramo hace mejorar nuestro ritmo medio, más aún cuando conecta con otro sendero que llanea a la izquierda y va flanqueando con pequeños repechillos que se hacen bastante bien. Entramos en zona del mapa de rogaine de Escornalbou, y me entretengo recordando dónde estaban puestas las balizas la última vez que corrí por aquí.

Todo lo bueno se acaba, y llegamos al final de una pista donde parece que no hay opción de seguir. El track sigue recto y nos hace descubrir un sendero escondido entre los arbustos por el que bajamos saltando muretes de piedra hasta llegar a una carretera. Recorremos 50 metros a la derecha y encontramos un hito que indica la entrada de otro sendero que parece aún peor que el anterior. Por terreno bastante guarro llegamos al fondo de un barranco y tras algo de confusión identificamos el inicio de un sendero que sube al otro lado y nos tiene que llevar al Castell d’Escornalbou. La subida es sin cuartel, de esas en las que echas de menos los bastones. Salimos a un claro y el castillo se ve todavía desesperantemente lejos… Por lo menos cambiamos sendero por pista trotable, con lo cual el ritmo aumenta y llegamos al Castell d’Escornalbou entre grupos de turistas que aprovechan la primera apertura de fin de semana. Sin llegar al punto más alto cogemos un camino ancho pero pedregoso que nos lleva sin mayores sobresaltos hasta el pueblo de l’Argentera, donde nos espera un avituallamiento bastante potente con pasta y todo. Buen momento para comer.

El plato de pasta con tomate sienta la mar de bien. La verdad es que me encuentro con fuerzas y animado para lo que queda de carrera, que ya es menos de la mitad. Tras una parada bastante eficiente, salimos con Aitor por una pista que va picando para arriba. Hay que encontrar un equilibrio entre un ritmo que permita hacer la digestión pero también aprovechar un tramo favorable que no sabemos cuánto durará. A Aitor parece que le está costando coger el ritmo después de comer y hay bastantes tramos en los que sugiere que caminemos. Tras un par de kilómetros llegamos a un desvío que indica el sendero por el que tenemos que subir. La verdad es que la visión da bastante miedo. Un primer escalón embarrado y una traza bastante difusa que se mete por el bosque. A Aitor me parece que todavía le ha gustado menos que a mí… “Tira tira” me dice… “Segur? Anem poc a poc…”… “Que no que no…”. No es momento para dudar, y parece que si empiezan a haber trampas como esta el ritmo se puede resentir considerablemente y puede que no lleguemos a tiempo. Además hay momentos en que si vas peor vale más coger tu propio ritmo y no cebarte con el de otro. Así que sigo adelante por un camino, por llamarle de alguna forma, que está muy venido a menos. Entre troncos, zarzas y escalones embarrados voy avanzando, intentando no salirme del track. Alguien ha puesto algunas cintas, pero se acaban a media subida. El sendero está completamente desdibujado y me quedo demasiado abajo. Recupero hacia arriba arrastrándome entre arbustos… Aquí parece que hay traza… Pero se vuelve a perder algo más allá… En esta tónica llego a una zona de muretes que parecen hechos para algún rebaño de cabras. Paso por debajo una valla metálica y supero un último repecho que me deja en lo alto de la cresta junto a un cartel que aparece como una tierra prometida. Por un sendero que me parece una autopista avanzo a la derecha por lo alto de la cresta. Al menos este rato me ha servido para que se asienten los macarrones y puedo trotar bastante bien, incluso cuando pica para arriba. Así voy recorriendo toda la Serra de Pradell y me dejo caer al otro lado hasta el Coll de la Teixeta, donde vuelvo a encontrar a mis padres, aunque no hay avituallamiento. Por el camino me doy cuenta que en el fragor de la batalla se me han perdido las gafas de sol.

Cruzo la carretera y subo al otro lado del collado siguiendo las marcas rojas y blancas del GR7, que salvan una revuelta de una pista en un primer repecho duro. Empieza aquí el conjunto de molinos que forman el Parc Eòlic del Collet dels Feixos. El recorrido va alternando tramos de pista bastante corredores con repechos por donde el track escoge senderos bastante abruptos por donde discurren las marcas del GR. A veces se hace difícil seguir el camino correcto y me toca atravesar campo a través en busca del sendero, perdiendo tiempo extra. El conjunto de repechos y trampas va haciendo mella en mi estado físico y empiezo a perder algo de alegría en mi carrera. Llego al final de los molinos pero no de los repechos, ya que siempre hay otro más alto más allá. Finalmente el paisaje se abre algo y una bajada algo más decidida me deja en una pista amplia que identifico como la que conduce a la Ermita de Puigcerver. Por aquí pasamos en la travesía de Nonstop Aliments en medio de la noche. Con un trote algo más continuo recorro un par de kilómetros que me dejan en la ermita, donde está el siguiente avituallamiento (km60).

Hace rato que voy mirando el reloj con aire preocupado. Los últimos 10km han sido bastante críticos a nivel de ritmo y ponen en duda la viabilidad del objetivo. Para llegar tengo que mantener una media de 6 por hora, lo cual es factible si el camino es sencillo, pero no si es como estos últimos kilómetros. Salgo del avituallamiento intentando olvidarme del reloj y centrarme en poner un pie delante del otro lo más rápido posible y lo que tenga que ser será. Cojo un sendero en una curva que nuevamente empieza a subir. Tengo la sensación de estar en lo más alto de la sierra pero a pesar de ello no dejo de subir… Llego a una torreta vigía… Bueno, esto sí que tiene que ser arriba del todo… Cojo el enésimo sendero desdibujado, donde tengo que ir parando para reubicarme en el track a pesar de que va habiendo marcas de GR. La tendencia es descendente así que al menos puedo trotar hasta un collado donde encuentro un cruce de pistas (Coll de Cortiella). De frente sale un sendero que sigue la cresta. No hay duda, va a ser por ahí y más de lo mismo, repechos y más repechos. Vuelvo a pensar en el reloj… El tiempo pasa deprisa… Cada vez lo veo más complicado y mis subidas cada vez son más lentas, no se si porque son más duras, porque hace más calor o porque tengo menos fuerzas. Afortunadamente, después de lo que me parecen 50 repechos aparece por sorpresa un vértice geodésico. Bien… esto tiene que ser “lo más alto” de algo. Me lanzo al otro lado sin perder tiempo por un sendero entre plantas y piedras que no deja avanzar muy rápido. En un momento dado veo a tres excursionistas… Hombre, son de la organización… “Vinga molt be Albert! Al sol ja el tens guanyat” … “No ho tinc tant clar”… “Si, home si, d’aquí et queden 24 km”… “Segur?”…”Si, si… A més ara baixes al coll i després tens un corriol molt suau 2 o 3 kilòmetres”. Se lo pregunto 3 o 4 veces para asegurarme y me voy algo más tranquilo. Además el sendero sale a una pista que parece que me va a facilitar la bajada hasta el Coll d’Alforja. Me encuentro a un ciclista con una bici eléctrica que me acompaña los últimos metros hasta el collado.

Nuevo encuentro con mis padres y otro trago de agua para seguir adelante en dirección a l’Arbolí. El “corriol molt suau” se transforma en un repecho por asfalto y un sendero que sube para bordear una cantera por arriba. Espero que por lo menos baje al otro lado… Pues no, suaviza pero sigue picando para arriba. Troto lo que puedo mientras el de chico de la bici me va siguiendo en paralelo por una carretera que va unos metros a la izquierda. Tras cruzar un campo y la carretera, el chico me dice que “ara ja tot baixada fins a L’Arbolí”. Mira qué bien… Empiezo a trotar por el sendero pero eso en mi pueblo no se llama bajada, aunque con una bici eléctrica todo hace más bajada, eso es verdad… Poco a poco la pendiente sí que se va poniendo más favorable y bajo más animado hasta que de repente pita el reloj… Desvío de la ruta… Mierda… Vuelvo atrás e identifico el cruce donde me he desviado. No adivinaréis hacia dónde tengo que ir… Efectivamente, hacia arriba.

Tomo un sendero que empieza a subir a saco y voy punteando, tirando de gemelos bajo un sol que pica bastante. Acompaso pies y respiración y pongo la mente en blanco hasta que pase el tramo. El recorrido va girando a la izquierda y se acerca a un enésimo pico para rodearlo por la derecha y subir por la parte trasera. Bajo por unas rocas y salgo a una pista donde veo una baliza de orientación con una pinza. Ya me habían advertido que donde la encontrase tenía que marcar el dorsal. Ahora sí que debe ser ya bajada hasta L’Arbolí, pero antes de coger el sendero definitivo vuelvo a tener un problema con el track y en un desvío me cuesta bastante ubicar el sendero. Una vez en el camino, los problemas desaparecen y me encuentro con un par de kilómetros de bonus en forma de agradable bajada por donde acumulo una ventaja sobre el reloj que puede ser clave. El pueblo de L’Arbolí aparece frente a mí y con él un nuevo avituallamiento.

Saco el paquetillo que llevo con puré de patata y cambio de menú porque estoy harto ya de rollitos de mermelada y membrillo. Pregunto lo que queda y me dicen que 14,5 kms a Prades y 3 más hasta el Tossal de la Baltasana. Salvo crisis seria creo que llego, aunque ahora ya las fuerzas van justas y no veo nada muy claro. Con algo más de gasolina en la barriga salgo del pueblo hacia arriba por otro bonito camino tradicional que sube pero con una pendiente moderada, que viene bien para caminar a buen ritmo mientras hago la digestión. Me va bien, porque parece que la patata no se me ha puesto muy bien y en algún momento incluso tengo algún amago de náusea. Modero el ritmo y parece que la cosa se controla, así que la subida acaba pasando sin sobresaltos y cambio de valle ya con el organismo más asentado. Me dejo caer por un tramo de pista buena que me deja en un camino bastante agradable. Me encuentro con un tramo por el que se puede correr bien y se suceden tres kilómetros en los que voy controlando los parciales y corro entre 10 y 11 por hora. Fantástico… Minutos de margen para posibles trampas finales. El tramo me deja en el fondo del valle junto a los Gorgs de la Febró, un bonito rincón donde hay varias familias de excursión. En una de ellas me encuentro a Joan, un chico con el que colaboramos habitualmente en el trabajo y que se queda tan flipado como yo de un encuentro en un lugar y situación tan particular.

Saliendo de los Gorgs tengo un problema serio con el track y pierdo 5 o 10 minutos buscando el camino. Salgo por un sendero hacia arriba pero no es el bueno, vuelvo atrás, vuelvo adelante… Finalmente veo una marca al otro lado y destrepando por unas rocas descubro un camino que se corresponde con lo que me indica el reloj. Con algo de rabia por haber perdido parte de la ventaja que le llevaba al crono acelero por el sendero hasta una pista que sube en la que decido tomarme las cosas con más calma no vaya a ser que explote. Un par de cruces me llevan a otro barranco por donde la ruta discurre en su fondo. El terreno está bastante guarro y hay puntos donde no identifico el camino. Finalmente encuentro un sendero que me saca del barranco a la derecha por un repecho, pero al menos puedo avanzar. Recupero el fondo del río por una pista y avanzo hasta unas granjas, en las que el track gira 180 grados y vuelve a meterse por otro sendero algo cerrado por la vegetación. Mi cuerpo ya está pidiendo la hora y subo caminando por una subida relativamente suave. De vez en cuando troto un poco, por aquello de mantenerme mentalmente activo, pero a la que pica para arriba camino. Tras una revuelta me acerco a una línea eléctrica por la que tengo que avanzar en línea recta. Esto lo había identificado a priori cuando miraba el recorrido, pero no se cuántos kilómetros voy a tener que seguirla. Llego al terreno despejado y veo el conjunto de toboganes que voy a tener que seguir… Bueno… Por lo menos es terreno abierto.

Troto torpemente en las bajadas y punteo las subidas para ir superando los diferentes repechos. Abro algo el zoom del reloj para identificar donde se acabará el tramo y giraré ya en dirección a Prades. Bueno… No parece muy lejos, pero cada vez soy capaz de trotar en menos sitios. Un todoterreno aparece allí a lo lejos y un par de personas me gritan. “Vinga Albert!” es Marc… “Aurrera txapeldun!” es Fernando (bueno, esto me lo he inventado, pero no era el momento ideal para aprender euskera…). “Qué com vas?”… “Bueno, justet ja… Quant queda?”… “Dos km i estàs a Prades”… “Baixada?”… “Si, si”. Marc me acompaña unos metros por una pista de grava y me deja en lo alto de una loma desde la que bajo al otro lado. La pista es buenísima y me sabe a gloria. Con el piloto automático voy bajando por ella en dirección a Prades. Llego al pueblo después de atravesar una zona llana de campos. Marc vuelve a estar a la entrada del pueblo y me indica la calle de entrada. Allí me encuentro a mi madre que me dice que en la plaza hay bastante gente y hasta está la tele. Caray… y yo con estas pintas… Oigo la voz del speaker y va apareciendo gente en la calle que me va animando. Saludo con la mano con gesto de zombi tímido y disfruto de la entrada a la plaza y de cruzar el arco de meta en uno de esos momentos que compensan el esfuerzo realizado.

A pesar de la satisfacción no me olvido de que sólo es la primera meta. Me quedan los tres kilómetros de bonus hasta el Tossal de la Baltasana. Afortunadamente a nivel de tiempo ya se que no va a haber problema. Llevo 12h45 y la subida que me queda va a ser probablemente de entre 30 y 40 minutos. Tras un breve avituallamiento salgo de la plaza entre más aplausos en dirección a la parte alta del pueblo. Me acompaña Tomàs, que forma parte del equipo de organización y es de Prades. “Gràcies per acompanyar-me, tot i que em temo que ara mateix no tinc la conversa més interessant…”. Efectivamente, voy guardando aliento para los tramos de subida más exigentes, que afortunadamente están alternados por tramos llanos y cómodos por donde incluso se puede trotar un poco. La subida discurre sin sobresaltos y llego al último desvío en el que cojo un sendero que sube de forma más exigente mientras empiezo a escuchar gritos y música que vienen de la cima. También hay gente aquí?... Madre mía…Chapeau…

Disfruto de los últimos metros entre unas rocas por las que trepo hasta la plataforma superior de la montaña entre 15 o 20 personas que me animan y felicitan por el objetivo conseguido mientras levanto el puño al aire, emocionado por el momento. En un último esfuerzo me encaramo al vértice geodésico y miro al sol, que se encuentra ya bastante bajo pero todavía está ahí. Esa luz rojiza ambienta la satisfacción que siento por haber conseguido el objetivo de una partida en la que he tenido que jugar todos los triunfos que tenía.

Besos y abrazos

 

jueves, 15 de octubre de 2020

The Bandit


Anticipo que esta va a ser de las que hacen necesario algo de avituallamiento...

Poco después de la decepción por no poder acudir a la Barkley me llegó la noticia de que algo similar se estaba cociendo mucho más cerca... "The Bandit, la locura"... ¿y esto?... ¿dónde?... no lo dice... ¿normas?... tampoco...¿cuándo?... ni idea... Efectivamente, se parece a la Barkley. Sin saber muy bien a qué nos enfrentábamos mordimos el anzuelo y en un día determinado empezamos a buscar una dirección de correo electrónico entre una serie de pistas lanzadas por Marc Fernández, una mente inquieta ávida de iniciativas como esta y como la última aventura de Nonstop Aliments. Digo empezamos porque ya entonces hicimos tándem con Javi Puit, viejo compañero de batallas, un tipo un poco friki como yo, y con quien estuvimos dándole vueltas al asunto. Después de pensar y leer, y de que Javi enviase decenas de miles de correos con permutaciones de palabras, conseguimos dar con la buena dirección y entrar dentro de esta aventura. El concepto, bastante similar al de la Barkley aunque con algunas diferencias:
- Cinco vueltas desde un punto de partida cerca de Capçanes (Priorat), aunque a diferencia de la Barkley el recorrido es diferente cada vez.
- La ruta no está marcada y únicamente se dispone de mapa, brújula y una descripción o roadbook para seguir el recorrido.
- A lo largo de cada vuelta se han de ir encontrando diversos libros (once) y arrancar la hoja correspondiente a tu dorsal
- Tiempo límite de 9 horas para cada vuelta y por tanto 45 horas en total.
- La distancia no se sabe pero a priori entre 35 y 40 kilómetros por vuelta.
- La hora de salida no se sabe con antelación, sino que 15 minutos antes tocan una corneta en el campamento y todo el mundo ha de ir hacia la salida.
- A diferencia de la Barkley sí que hay control de material.
- En lugar de una matrícula cada participante tiene que traer una bandera de su lugar de origen.
- Otro punto diferente es que en lugar de pagar 1,60$, aquí pagamos 0,00 €. En cambio, cada participante traía un mínimo de 10 kilos de alimentos que fueron a parar al Banc dels Aliments sumando un total de 780 kg.

Con estas premisas nos presentamos en la Font de Santa Rosalia el viernes por la tarde. Nos acompaña Albert Vilardell, un amigo de carreras y excursiones con el que siempre es un placer compartir experiencias y con quien vinimos a hacer una salida de reconocimiento la semana pasada. En esta ocasión nos ayudará con la asistencia durante la carrera. Un rato después nos dan el mapa correspondiente a la primera vuelta y nos vamos hacia el párking de caravanas, que difiere del lugar de la salida porque junto a la fuente no hay sitio para todo el mundo. Antes de lo previsto oímos el sonido de la corneta y el campamento se transforma en un ajetreado ir y venir de corredores acabando de preparar al mochila. Siguiendo el protocolo anti-COVID previsto cumplimos con el procedimiento de control de material y a las 8 en punto se da la salida. A diferencia del cigarrillo de Lazarus, el "pistoletazo" consiste en dos largos tragos de la bota de vino por parte de dos voluntarios. Sale el primer corredor... 20 segundos... otro... otro... otro... otro... Me toca, allá vamos.

Inciso: por mantener el "anonimato" de los lugares concretos por los que pasamos, omitiré los nombres de esos lugares, aunque hay algunos que son evidentes

VUELTA 1:
Salgo por un senderillo que desemboca en una pista y alcanzo a Sebas, un chico de Tarragona a quien conozco de las carreras de orientación y que ha salido justo delante de mí. Otro corredor se para y espera a algún compañero. Por mi parte he quedado con Javi, que sale tres puestos detrás, que iré trotando tranquilo hasta que me alcance e intentaremos hacer tándem. Aún no hemos salido del pueblo cuando me alcanza y torcemos al este en dirección al corazón de la Serra de Llaberia. Tras un primer kilómetro de asfalto llegamos al desvío de un sendero PR donde están parados los dos corredores que quedaban por delante. Nosotros seguimos por la pista, que parece que asegura más el tiro mientras vamos entrando en materia y nos ubicamos. Pronto nos damos cuenta de las limitaciones del mapa, que es parte de la dificultad, y nos confundimos girando a la izquierda antes de tiempo. Cuando nos damos cuenta del error intentamos subir por unas terrazas pero con la incertidumbre de la oscuridad optamos por volver en dirección a la pista por la que veníamos. Miro hacia atrás y veo unas luces que nos han seguido y que se deben estar acordando de nuestras madres. Una vez corregido el error tomamos el desvío bueno y vamos flanqueando hacia el Este. En un hábil movimiento, Sebas se da cuenta de un camino blanco que casi no se ve en el mapa y que sube en diagonal hasta muy cerca del primer libro. Buenísimo, nos permite acortar un montón, y nos deja en una pista a unos 200 metros del objetivo. Un breve desvío a la derecha y unas terrazas algo perdedoras nos llevan hasta una casa en cuya puerta encontramos el primero de los libros (LIBRO 1-1).
Tras recortar las páginas correspondientes, volvemos a la pista y seguimos subiendo montaña arriba. Pronto nos toca coger un desvío a la derecha por un camino que sube derecho. La traza va sucumbiendo a las zarzas y empezamos a probar lo que será una tónica bastante común en la zona. Algún arbusto de más y algún árbol caído hacen que estemos a punto de perder el camino, pero Sebas vuelve a estar fino y corrige la dirección hasta que una curva a la derecha hace que la realidad empiece a cuadrar con el mapa. Poco más allá salimos a un sendero más abierto (GR) que nos permite relajarnos. Salimos a un collado y nos lanzamos al otro lado por una bajada cómoda pero con alguna piedra de más en el camino. Yo he cambiado el mapa de la carrera por unas fotocopias del mapa de la Serra de Llaveria (Ed. Piolet) que hice el otro día en papel bueno. Tiene bastante más detalle y permite ver la evolución del sendero. Lo malo es que no acerté del todo la zona de carrera y más de la mitad de esta vuelta no entra en el ámbito fotocopiado. Mala suerte... Sin sobresaltos, llegamos a un cartel que nos indica el nombre de la casa que estamos buscando... aquí es. Nos encaramamos por un escalón de tierra y salimos a las ruinas de una casa. En un principio no vemos nada y empezamos a barrer el patio, hasta que el libro acaba apareciendo debajo de una teja junto a la puerta (LIBRO 1-2).
Acabamos de bajar hasta una pista y emprendemos una nueva subida por un sendero de PR (Pequeño Recorrido). "Por ahí detrás viene alguien a todo trapo" dice Javi. Me giro, no veo a nadie. Me sale la vena competitiva y aprieto el paso, aunque después lo pienso fríamente y con lo que queda no tiene sentido estresarse. Más centrado en mis asuntos y en el mapa coronamos un nuevo collado y bajamos por una pista en la que hemos de identificar una entrada a la derecha. La descripción habla de marcas verdes... ahí están. Nos metemos y tras un breve titubeo encontramos una cisterna y otra casa abandonada. Otra página más (LIBRO 1-3).
Volvemos a la pista sin que aparezca nadie, y seguimos el descenso. Viene ahora una larga tirada en la que tenemos que cruzar la carretera nacional por un paso obligado, hecho que implica seguir una sucesión de pistas y senderos que no siempre es fácil identificar en medio de la noche. Con alguna improvisación pero resolvemos el tema bastante bien y acabamos desembocando en los alrededores del cruce de la carretera. No acertamos la entrada y perdemos un par de minutos por un campo demasiado arriba, pero corregimos y encontramos las marcas verdes que nos tienen que conducir al paso, un curioso colector de drenaje en el que han dejado una escalera para poder llegar hasta él. Una trepada por terreno sucio (y por tanto auténtico) nos deja en el avituallamiento y rodeados de esos gritos de ánimo que tanto se agradecen. Albert nos sirve un caldo que entra la mar de bien, y yo lo complemento con uno de los rollitos de mermelada que llevo. Sin mucha más dilación tocamos corneta y seguimos adelante, cogiendo un sendero ascendente. El roadbook marca dos opciones, una larga y se supone que fácil y otra corta por un paso equipado. Escogemos esta y nos metemos por un sendero... bueno, una trocha... bueno, una traza de jabali... bueno, por aquí no cabe un jabalí... En fin, un indicio de itinerario que si no fuese por unas marcas de pintura no prometería nada. Afortunadamente las balizas nos van guiando hasta unas cadenas por las que nos encaramamos. El paso no tiene complicación, aunque se ha de hacer con cuidado y sin mirar a la oscuridad que tienes a la espalda. Poco a poco la pendiente se suaviza y seguimos sin más problemas que las eventuales pérdidas momentáneas del camino, que ya se están transformando en una costumbre con la que se ha de convivir. Salimos a un cruce donde viene de la derecha la otra opción de camino, y poco más allá buscamos y finalmente encontramos el sendero que sube a la cueva indicada en el roadbook. Un breve repecho nos deja en el cuarto libro (LIBRO 1-4).
Volvemos al camino y seguimos subiendo. Pronto se presentan dos opciones, a la derecha más directo pero se intuye más difícil, a la izquierda algo más de rodeo pero quizá más fácil. Yo voto la directa pero ellos dos la otra. Democracia. Vamos subiendo pero pronto tengo la sensación de que vamos demasiado a la izquierda. Corregimos el rumbo y acabamos saliendo a lo que parece el lomo de la montaña. Ahora toca seguir rumbo oeste. A veces aparecen marcas de un camino que está indicado en el mapa... uno de esos Caminos de la Fe, es decir que has de tener fe de que estás en el camino. Para acabar de ponerle picante al asunto apare una nueva invitada, la niebla. Me vienen recuerdos de aquel Campeonato de Europa de Rogaine en Aralar y el desastre que supuso la combinación niebla+noche. Intentamos mantener el rumbo oeste, pero la vegetación no lo facilita. Nos agarramos a la brújula como podemos, intentando apreciar los desniveles. En un momento dado afrontamos una bajada que creemos identificar, pero nos damos cuenta de que tiene rumbo más sur que oeste, que es lo que nos gustaría. Consejo de guerra... con más esperanza que certeza optamos por la opción de que nos hemos deslizado ligeramente al sur, e intentamos recuperar la zona más alta. Tanteando a izquierda y derecha por terreno poco definido llegamos a lo que parece un collado. Puede que esté totalmente equivocado pero si estamos donde creo, a 100 metros a la derecha tiene que haber una pista. Con sensación de "puerta grande o enfermería" atravieso la vegetación en esa dirección... "Pam!!"... Qué gozada ver aparecer lo que nos parece la Autopista A-7, a la que saltamos la mar de contentos. El resto del tramo discurre en un relax relativo sin más circunstancias que el cruce por un corral donde hay 7 u 8 perros sueltos, y un tipo que debe estar pensando lo mismo que nosotros "Qué narices estará/estarán haciendo este/estos tíos aquí?". Un último repecho la mar de "simpático" nos deja en nuestro quinto objetivo (LIBRO 1-5).
Salimos en dirección oeste por el lomo del monte y nos desviamos a la derecha por un indicio de espoloncillo que se intuye en el poco definido mapa (ahora ya voy con el que nos han suministrado, que voluntariamente tiene poco detalle). Siguiendo la parte alta identificamos un par de collados y afrontamos la subida que nos deja en la cima de un monte bastante prominente. Después de los problemas pasados se agradece un libro fácil (LIBRO 1-6).
Sigue la tónica favorable y tras unos metros por la parte alta nos lanzamos por un cómodo sendero que en una larga pero sencilla bajada nos deja en una nueva masía abandonada. Vuelve el optimismo (LIBRO 1-7).
Ahora se nos presentan dos opciones, la larga y segura por pista o la corta y más incierta porque pasa por algunos senderos que vete tú a saber... Nos acabamos decidiendo por la segunda opción. Al principio todo parece ir bien, y vemos las luces de la ermita a la que nos dirigimos allí delante, pero entre medio hay un torrente, y como pasa tantas veces, el camino se pierde al llegar a él. Mierda... Sebas encuentra un punto para cruzar la vaguada pero al otro lado el terreno no es muy prometedor. Finalmente trepamos por unos arbustos y acabamos saliendo a la pista. Mala decisión, aunque podría haber sido peor. Unos metros más abajo encontramos la ermita junto a la cual están Conrad y varios voluntarios más, y además el octavo libro (LIBRO 1-8).
Escarmentados del experimento anterior, agradecemos la pista que desciende y el tramo de sendero GR que nos deja en el pueblo de Tivissa. Unos cuantos adolescentes nos miran con cara extrañada mientras entramos en las calles del pueblo y lo bordeamos para ir en busca del camping y la calle por donde tenemos que subir. Al final de ella está el palo indicador junto al que encontramos el noveno libro (LIBRO 1-9).
Toca ahora dirigirse otra vez hacia el paso obligado bajo la carretera nacional. Para ello está prohibido seguir la carretera y es necesario continuar por una pista que va bordeando la montaña. El primer tramo tiene algún repecho y después pasa a ser bastante favorable para trotar a un ritmo aceptable, hasta que llegamos a un punto donde el mapa nos avisa del cambio de pista a sendero. La transición es difusa en medio de un descampado y al otro lado no se distingue bien lo que es terraza de lo que podría ser un camino, o de lo que en algún momento de la historia pudo ser un camino. Llegamos a la conclusión de haya lo que haya todo está muy sucio, y acabamos haciendo un rumbo a nivel con la esperanza de llegar a alguna parte practicable. Después de un rato de pelea salimos a un sendero que identificamos como el que hemos seguido hace un rato de subida, hacia el paso equipado. Por terreno conocido volvemos al avituallamiento, imagino que con cara de recién llegados de una batalla. Más caldo cinco estrellas de Albert, y con la impresión de que esta aventura no nos da tregua si queremos cumplir con los horarios previstos, seguimos adelante bajando por el destrepe y el colector bajo la carretera. Dejamos a la derecha el PR por el que hemos venido antes y vamos enlazando una serie de pistas y senderos por los que ascendemos hasta la parte alta de la montaña, mientras Javi va identificando planetas en el firmamento. Todo transcurre bien hasta que nos encontramos un árbol caído en medio del sendero. En ese momento voy en cabeza y lo bordeo por la izquierda. Sin la pausa necesaria, no acabo recuperando el camino marcado y en lugar de eso acabo siguiendo una trocha paralela hasta que esta se pierde. Intentamos corregir, pero la loma es bastante difusa y no hay buenas referencias. Cuando intentamos volver atrás ya hemos dado demasiadas vueltas y no identificamos. Miro la brújula y el terreno empieza a volcarse hacia donde no toca... A ver, calma, paremos y pensemos, que estamos cerca de ese punto en que pierdes el control y no tienes ni idea de dónde estás. Tras un nuevo consejo de guerra decidimos aferrarnos de nuevo a la brújula y tomar un rumbo norte. El terreno sube ligeramente, hasta llegar a una parte alta a lo otro lado de la cual hay un escalón bastante marcado. Sebas sugiere una posibilidad sobre el mapa. Probablemente nos hemos decantado demasiado al oeste. Si... tengo sensación de haber pululado más hacia la izquierda que hacia la derecha. Venga, sigamos rumbo este y a ver si tropezamos con el camino... Después de 5 minutos más de pelea contra la vegetación salimos al ansiado sendero. Menos mal... Hemos vuelto a solventar una situación complicada sin llegar a la catástrofe. Sin más problemas llegamos a lo alto de la punta donde está el nuevo libro (LIBRO 1-10).
Sin ganas de más incertidumbre, optamos por un largo rodeo a través de sendero amplio y después una sucesión de pistas que nos aproxima al siguiente punto sin más dificultades. El último tramo es por un sendero cuya entrada es difícil de identificar en medio de la noche. Tras cinco minutos de subida encontramos un cruce y tomamos el camino de la derecha. El roadbook dice que 160 metros y hay que buscar una formación de piedra seca. Cuento los pasos, pero sobreestimo su longitud, con lo que la búsqueda del punto empieza demasiado pronto. Por descarte acabamos buscando algo más allá y, ayudados por un terreno más abierto, vemos la formación circular en cuya puerta encontramos el último libro de la vuelta. (Libro 1-11).
Cubiertos todos los objetivos de este parcial, volvemos al sendero anterior y seguimos en dirección norte hacia Capçanes. El balance de la situación es que vamos a acabar la vuelta en 8 horas, sólo 1 hora por debajo del límite autorizado, y eso a pesar de que creo que lo hemos hecho bien, corriendo a buen ritmo, orientando bien y gestionando bien los momentos complicados. Y en teoría la primera vuelta nos habían dicho que era más fácil... Pues telita... Si es así está claro que nuestro futuro dentro de la carrera está cantado y será simplemente cuestión de ver hasta dónde somos capaces de llegar antes de que nos atrape el reloj. No puedo evitar pensar en otros participantes que quizá estén menos acostumbrados a gestionar el mapa, sobre todo de noche. No ha sido nada fácil y creo que sólo ofreciendo una versión muy buena de nosotros mismos hemos sido capaces de llegar con este margen, que al fin y al cabo es bastante mínimo. En estas llegamos a la Font del Rosari, donde hacemos sonar la campana que da por finalizada nuestra vuelta.

VUELTA 2:
Bebemos algo en el avituallamiento de la organización, pero a mí enseguida me cogen las prisas. Preveo que entre subir al párking donde tenemos las cosas, comer, bajar... todo va a ser lento y por lo visto aquí no va a sobrar tiempo para nada. En la furgoneta Albert nos tiene preparado un avituallamiento cinco estrellas, con un caldo caliente que sienta la mar de bien, y algo de arroz con pechuga de pollo que traigo yo de mi madre. Nos encontramos con los primeros abandonos por diversos problemas durante la primera vuelta. Después de 10 minutos empieza a ser hora de ponerse en movimiento. Salimos de la furgo y llamamos a Sebas pero no contesta. No sabemos si se ha quedado abajo o incluso si ya habrá salido. Al llegar a la fuente nos dicen que no, que debe estar arriba. Lástima porque no hemos podido avisarle ni hablar con él para ver si quería seguir con nosotros. Finalmente decidimos tomar la salida porque volver a subir al párking implica mucho tiempo. Salimos de nuevo a la noche por el mismo camino del principio, con la esperanza de que con la experiencia de la primera vuelta todo resulte algo más sencillo, más teniendo en cuenta que en pocas horas llegará la luz del día, ya que son ya las 4h30 de la madrugada. Llevamos ya 8h30 de carrera, y por ahí no ha aparecido nadie. Como me temía el terreno está haciendo daño.
Esta vez salimos del pueblo en dirección norte, por una pista que más adelante se transforma en sendero. El terreno es sencillo hasta un cruce de torrentes donde debemos dejarlo para entrar por una vaguada en dirección este. Siguiendo la brújula acabamos en el fondo del barranco por terreno que se va cerrando hasta declararse en rebeldía total. A juzgar por el mapa parece intuirse que hay que elevarse por el margen norte, pero encima tenemos un cortado, así que toca volver atrás y rodear. Una fita salvadora nos indica que estamos en el buen camino. Alguien ha marcado alguna vez la ruta hacia la cueva en la que el roadbook indica que está el libro. Por terreno algo más practicable nos metemos en otra vaguada secundaria que tiene dirección norte. Debemos estar cerca, barremos a uno y otro lado... Nada... A ver, si nos fiamos del mapa parece estar hacia el fondo norte de la vaguada... Allí arriba, tiene que ser eso. Nos encaramamos por unos escalones de roca y llegamos a la cavidad, que afortunadamente no es muy grande y no tiene muchos escondites. En un agujero encontramos el primer libro de la vuelta, que se ha hecho de rogar (LIBRO 2-1).
Bajamos los escalones y subimos en dirección este por un indicio de sendero que pronto se pierde en medio del bosque. Los arbustos son bastante espesos y el avance no es fácil, pero a falta de más criterios en que apoyarnos seguimos en dirección este, tomando como referencia un espolón poco definido (a Javi, llamarle espolón a esas lomas difusas le parecía un sacrilegio...). Mantenemos el rumbo a duras penas, intentando compensar los desvíos que nos obliga a hacer la vegetación hacia uno y otro lado, e intuyendo las caídas del terreno por ambas vertientes. En algún momento deberíamos tirar a la izquierda para ir a parar a una pista que empieza a media ladera, pero no podemos hacerlo demasiado pronto por que si no no la encontraremos y perderemos la referencia. Al cabo de bastante rato y ya desesperados de luchar contra ramas, hacemos un intento que afortunadamente tiene éxito. Qué gustazo tener pista de nuevo... Sin mayores problemas (no hacían falta más) llegamos hasta una casa junto a la pista, dentro de la cual está el libro. (LIBRO 2-2)
Seguimos pista arriba hasta un cruce en que giramos rumbo norte hacia un campo que hay que rodear por terreno algo confuso. Un cartel nos aclara las cosas y nos encara hacia un sendero por el que debemos subir e ir bordeando la montaña hasta el valle contiguo. La fotocopia del mapa de Piolet ayuda a identificar las curvas y los detalles, bastante más que el otro mapa. Un descenso acaba en el fondo de la otra vaguada, donde encontramos más desvíos que los que salen en el mapa (en cualquiera de los dos). En base al rumbo optamos por uno que empieza a subir de manera decidida. Lo cierto es que la subida se me hace larga. Debemos llegar hasta el pie de un paso equipado por el que pasamos la semana pasada. El muro de la pared parece no llegar nunca y cuando llega no estamos en la canaleta que buscamos. Mierda... No se si estamos demasiado a la izquierda o a la derecha. Nuevamente a barrer...A la derecha tiene mala pinta... a ver al otro lado... ahí está, correcto (LIBRO 2-3)
Tres libros llevamos de vuelta, y todos han requerido su pelea. Este debería ser más fácil, es un camino por el que pasamos la semana pasada... ah amigo, pero de día la montaña es otra montaña... Seguimos unas marcas azules algo difusas per menos que la traza y empezamos a bordear la montaña por debajo del escalón rocoso que la culmina. Javi sigue identificando cuerpos celestes y anticipa la salida de Venus por el este (no recuerdo si era Venus, sé que durante la noche salieron Venus, Marte, Júpiter, las Perseidas y vete a saber tú qué más... Javi más que brújula necesita ver el cielo, como si fuese un navegante del siglo XV). Una tendencia ascendente nos deja en un saliente hacia el norte en el cual deberíamos dejar un camino que se desvía hacia arriba y coger un ramal que llanea hacia la izquierda... Nunca llegamos a encontrarlo... Empezamos a pulular, intentado identificar cosas de la semana pasada, pero no hay manera. Después de varios intentos decidimos hacer una diagonal descendente en dirección Este desde la parte alta, de manera que en algún momento interceptemos el camino. La estrategia da buen resultado y las cosas se vuelven más fáciles a medida que nos acercamos a un sendero más importante (GR). Una vez en él, el único problema es evitar que alguna de las millones de piedras sueltas que hay, acabe con nuestros tobillos. Con las primeras luces del día llegamos al cuarto libro, donde han dejado un avituallamiento de la organización y ha subido Albert a vernos con la bici. (LIBRO 2-4).
Madre mía, llevamos cuatro tramos y hemos tenido complicaciones en todos... estamos arreglados... Salimos del control asegurando el tiro por pista descendente, hasta llegar a un desvío a la derecha que nos mete en un sendero balizado que va bordeando la montaña. Trotamos a buen ritmo intentando recuperar el tiempo perdido, hasta que salimos a una pista, ya bastante cerca del nuevo control. A pesar de que la identificación es sencilla, nos pasamos de nuevo el desvío que toca, aunque no perdemos más de 2-3 minutos, que viendo de lo que venimos no está mal (LIBRO 2-5).
Ahora nos toca subir hacia una montaña muy característica de la zona. En teoría el camino que sube desde la caseta en la que nos encontramos nos lleva, pero sobre el mapa hace un sube-baja raro que no me gusta, así que decidimos asegurar el tiro y rodear por pista. Quizá perdemos entre 5 y 10 minutos, pero sin conocer el otro, si sale mal puede ser bastante peor. Nuestra opción conservadora no tiene problemas de orientación, pero la pendiente que hay en la subida es de aúpa. El recorrido converge en una canal que nos deja en lo alto de una gran meseta. Giramos al este y por un sendero bastante marcado y fácil llegamos a lo alto de un montículo donde está el sexto libro y 3 o 4 personas de la organización, entre ellas Dani y Ramón (LIBRO 2-6).
Con el siguiente libro nos las prometemos muy felices, sale muy cerca en el mapa. Y nosotros lo queremos aún más cerca así que hacemos un rumbo campo a través... Vemos un sendero y damos por sentado que es el que debe bajar hacia esa canal tan temible que anuncia el roadbook. Hay unas marcas azules que llevan hacia un escalón, pero ni me parece tan temible, ni debajo se ve ninguna piedra grande como la que supuestamente esconde el libro. Bordeamos a la izquierda y vemos otra canal que si que presenta una tartera de bloques. Nos dirigimos hacia allí y empezamos a explorar todas las rocas grandes que vemos mientras vamos subiendo de nuevo hacia la parte alta de la montaña. Nada, no hay manera. El mapa no presenta definición suficiente para ubicar estas canales, y en este caso tampoco lo ofrece el otro más detallado que llevamos. Buscando algo a lo que agarrarme veo que el punto que indica el libro está sobre la línea de cota 900m. Joder... esto es mucho más arriba entonces, porque la cima de la meseta hace sobre 920... Volvemos a subir hasta arriba, prácticamente hasta el libro anterior, seguimos la curva de nivel... Pero aquí no hay ni canal, ni tartera ni roca... Vamos bordeando la montaña sin rastro de dónde se pueda esconder el libro. De repente aparece un hito de piedras allí abajo y se intuye la entrada de una canal hacia la izquierda. Cierto, en el mapa detallado sale una bajada en dirección este. No me cuadra con el punto del mapa pero si que puede ser la temible bajada de la que habla en el roadbook. Allí que nos vamos, nos asomamos y la cosa sí que es bastante temible. Si no fuese por el hito, no hubiese apostado un duro por esta bajada. Javi no lo ve claro, pero le digo que al menos nos asomamos y si no se puede nos vamos para arriba y que le den por saco al libro. Pululando de un lado para otro y con mucho cuidado vamos bajando hasta un pequeño destrepe... "Aquí está!"... en un agujero en medio de la canal aparece la ansiada bolsita gris con un libro de Julio Verne dentro, "De la Tierra a la Luna". Si te descuidas todavía debe estar en mi habitación de Lleida. A todo esto, y aceptando que nuestro ataque inicial ha sido lamentable, lo cierto es que el libro está más abajo de lo indicado y no debajo de un roca de la tartera. Habrá que tener cuidado. (LIBRO 2-7).
El tramo que teníamos que solventar en 5 o 10 minutos nos ha comido una hora, nada menos. Bajamos bastante desmoralizados, y el flanqueo a la derecha posterior, campo a través, tampoco ayuda a incrementar el ritmo y relajarse un poco. En un collado encontramos avituallamiento y a Albert que ha venido de nuevo con la bici. Me como lo que me había sobrado del tupper de macarrones, al menos que recupere las fuerzas. "Si arribem a temps de la segona volta ja farem prou..."... pues sí, nos quedan 3 horas y algo, y cuatro libros por encontrar. Como tengamos problemas con alguno, adiós muy buenas. Afortunadamente la subida siguiente discurre por un sendero claro, en el que la única dificultad es el desnivel, que a estas alturas ya empieza a no ser poco. A ritmo tractor nos plantamos en lo alto de la montaña, junto a una construcción muy característica (no estoy dando nombres pero vamos, blanco y en botella si conocéis la zona...). Por esta parte estuvimos Albert y yo la semana pasada así que debería ser más sencillo... Mal hecho, por confiarme, al mirar el mapa interpreto que el libro está en la parte alta de la montaña en lugar de debajo del cortado, como era en realidad. Eso hace que perdamos 5 minutos haciendo un pequeño rodeo. Bueno, podría haber sido peor, pero a partir de ahora, a leer la descripción entera... (LIBRO 2-8).

El siguiente tramo si que no tiene misterio. El libro está situado en una de las cimas más características de la Serra de Llaberia, que además no queda muy lejos. Bordeamos por debajo de los cortados y cruzamos un pequeño collado para acercarnos a la escarpada punta. Una canal equipada con una cuerda y una cadena posterior, dan acceso a la zona más alta. También estuvimos aquí con Albert. Bueno, por fin una hoja fácil y sin problemas (LIBRO 2-9).
También pinta bien la siguiente. Debemos volver atrás, casi hasta el libro anterior, y torcer a la izquierda por terreno abierto y sin más dificultad que las piedras tuercetobillos típicas de la zona, a las que ya nos estamos acostumbrando. El nuevo objetivo nos espera en un balcón espectacular con vistas sobre los cortados de la Serra de Llaberia y el pueblo de Pratdip allí abajo (LIBRO 2-10).
Después de tres libros bastante juntos, el siguiente vuelve a implicar una tirada larga, pero sigue siendo terreno conocido y de orientación previsiblemente sencilla. Tras un breve tramo de sendero salimos a una pista que nos conduce al precioso pueblo de Llaberia, donde cogemos un sendero GR descendente. El siguiente libro está en una cueva junto a unas vías de escalada. Encontramos una cuerda colgando que menciona el roadbook y vamos a la cueva que hay junto a ella. Encontramos unas cintas de escalada pero ni rastro del libro. Empezamos un nuevo barrido... El roadbook habla de que en esta cueva se escondía Carrasclet... Ok, pero hacia dónde está? El tiempo que habíamos ganado en los anteriores se nos va escapando en este libro... Pruebo hacia la izquierda... Una rendija aparece en la base de la pared... Joder, ahí está... ¿En serio Carrasclet se metía ahí dentro? (LIBRO 2-11).
Sólo queda volver hacia Capçanes, así que seguimos por el GR, conectamos con una pista hormigonada y cogemos un sendero PR que parece acortarnos un poco el trayecto antes de volver a hacer un tramo asfaltado. No tiene dificultad pero se hace bastante cansina la media hora de trote hasta el final de la vuelta. La luz del día no nos ha traído una vuelta más rápida y sencilla. Al contrario, llegamos al control a las 13h15 tras 17h15 de carrera, es decir, con sólo 45 minutos de margen para salir. Viendo el panorama, el máximo objetivo al que aspiramos ahora mismo es hacer tres vueltas, el famoso "Fun run" (trote divertido) de la Barkley. Aún así, si la cosa sigue la misma tónica o incluso si va a peor, es muy probable que la 3a vuelta se nos alargue más de 9 horas, más teniendo en cuenta que nos meteremos ya en la próxima noche. En fin, haremos lo que podamos...

VUELTA 3:
Tras un nuevo avituallamiento TOP servido por Albert, cambio de ropa, carga de material a la mochila y volvemos para la fuente para iniciar la 3a vuelta. Salimos casi a las 18 horas sin que haya aparecido nadie por la zona. Parece que somos los únicos en carrera, en los tiempos límites previstos por lo menos. Son las 14h de la tarde mientras trotamos de vuelta hacia el monte por el asfalto, bajo un calor considerable. Tomamos una pista que nos conduce hacia un valle secundario a la derecha y Javi, que hace un rato que me dice que va cansado, empieza a hacer la goma. "Tira para delante, no me esperes"... lo hablamos un poco y al final decidimos seguir cada uno nuestro ritmo. El nuevo estado en solitario me hace cambiar el chip y vuelvo a mi dinámica típica de pensamiento en carrera. Concentrado, escuchando mi respiración, echando vistazos al mapa, algún trago de vez en cuando... Un desvío me lleva a un camino más difuso que tras 2 o 3 curvas me deja en una fuente en la que encuentro el primer libro (LIBRO 3-1).
Cojo mi página y ubico el sendero que sigue subiendo, algo más perdido, en dirección sureste. Me concentro en identificar las curvas, comprobar rumbos, Ahora voy solo y no hay nadie al quite para corregir. El camino es algo perdedor, pero siendo de día te puedes apoyar en el relieve, así que al cabo de un rato llego a lo alto de la montaña. Estoy cerca... "Gira a la izquierda y abajo encontrarás la cueva. Dentro está el libro". Hago lo que me dice y encuentro la cueva, que además presenta un rasgo característico que la hace inconfundible. Entro dentro... No lo veo... Un breve túnel conecta con otra abertura de la cueva...Tampoco lo veo... Vale, no está claramente a la vista, busquemos mejor...Nada... Ahí hay un hueco oscuro que se mete en las entrañas del monte... Hasta donde me alcanza la vista nada... Vuelve al otro lado... ¿Por fuera?...Tampoco. Compruebo el roadbook "Dentro de la cueva está el libro", no dice nada más. Joder, si estuviera escondido habría alguna otra indicación... Y si se lo ha llevado alguien? Al fin y al cabo, a 50 metros pasa un sendero que parece concurrido, no sería raro. Me pongo un límite de tiempo y sigo buscando, metiendo la mano por repisas y mirando en agujeros de más arriba por si asoma la bolsa gris... Nada. Creo que estuve entre 15 y 20 minutos barriendo la cueva, que no tenía más de 50 metros, antes de optar por irme de allí. Estoy en el sitio que toca, así que si sólo me dicen que "el libro está dentro de la cueva" pero no soy capaz de encontrarlo en todo este tiempo, lo más probable es que alguien haya pasado y se lo haya llevado. Más de una vez se han perdido balizas en las carreras de orientación. Ale, me voy... (¿LIBRO 3-2?)
Bajo al sendero GR y sigo por un tramo por el que pasamos ayer noche en la primera vuelta. Esta vez, en lugar de seguir todo el descenso hasta el fondo del vaya, en un desvío me toca coger un sendero con marcas de pintura verde que se dirige a lo alto de otra de las montañas señaladas de la zona. La subida es de las que quita el hipo, y con el sol que está cayendo ya ni te cuento. Bajo el ritmo para no lleguen unas crisis que de momento me han respetado. Afortunadamente, el camino sube tan a saco que a pesar de ir lento ganas desnivel rápido, así que la cima se acerca bastante rápido. Una vez en la parte alta, giro a la derecha y voy hacia la cima sur, donde está indicado el tercer libro de la vuelta. Allí están Conrad y Ramón con otros dos voluntarios. "La de la cueva no la he encontrado, y he estado 15 o 20 minutos"... "No?? Pero si estaba allí, a la izquierda"... "No se, aquí dice que está dentro, sin más, pero no la he visto"... De momento cojo esta hoja, que sí que está clara (LIBRO 3-3).
Bajo de la cima en dirección sur, por un sendero que presenta algunos hitos, hasta un collado donde han dejado un pequeño avituallamiento. Solo hay un par de botellas, pero visto los que vamos a pasar por aquí... Recargo bidones y sigo el descenso por un sendero PR. Lo cierto es que más allá del problema del libro de la cueva, físicamente me encuentro muy bien. Puedo correr a buen ritmo, no me duele nada, no tengo sueño a pesar de que se va acercando el atardecer, y esta vuelta, no se si es por hacerla toda de día pero me está pareciendo más rápida. Si los próximos libros se me dan bien, empiezo a visualizar un objetivo más allá de la tercera vuelta. En una dinámica bastante positiva acabo de recorrer el sendero y salgo a una pista por la que troto hasta que llega la subida. Venga, camina un poco, recuperas y aprovechas para comer, y te lees la descripción del punto concreto donde está el libro. Una casa en ruinas, junto al camino... Ahí está, llena de zarzas, como todo, pero ahí está la casa y dentro el libro, genial... (LIBRO 3-4).
Un tramo de pista ascendente en el que alterno caminar y correr me deja en un tramo más favorable por el que troto hasta un avituallamiento. Saco un paquete de puré de patata y me lo como aprovechando el agua que ayuda a pasar la comida. "Qué tal?"... "Bueno, podría ir bastante peor"... Agradeciendo la charla y la compañía me despido y salgo hacia el oeste. Me tocan dos libros y vuelvo a pasar por aquí. El primero debería ser simple, sin más que bajar por el GR y tomar como referencia una línea eléctrica. Aun así me lío un poco buscando el libro en una torre de alta tensión, en lugar del poste que hay algo más abajo. Nada grave, de momento (LIBRO 3-5).
Cojo un breve tramo de pista y algo más allá un desvío por un sendero. El camino va dando la vuelta a la montaña y se acerca a la siguiente vaguada, donde ya debe estar el sexto libro. Una breve subida me deja en una pista, a no más de 100 metros del punto marcado en el mapa. "Salir del camino hacia tu izquierda, seguir por un campo abandonado, pasarás por debajo de un pino grande y un poco más allá, el bancal de abajo hay una caseta abandonada. Sin entrar en la repisa de la ventada tienes el libro". Lo de "ventada" debe ser "ventana" en realidad... A ver, aquí está el campo abandonado, muy bien, allí al fondo un pino enorme... perfecto... y al otro lado una casa, genial. Destrepo hacia ella y miro en las ventanas... Nada. Me meto en el patio y empiezo a barrer el terreno... Nada... Busco más ventanas pero no las hay, de hecho la casa se está cayendo a trozos. A ver... bien pensado, la N y la D no están juntas en el teclado... ¿querrá decir "ventada" realmente? Y si es así, ¿qué narices es una "ventada"? ¿Será una palabra que usan en esta zona? A ver, me suena a viento, podría ser la pared en la que sopla más viento... ¿La que da al valle?... Miro por ahí, levantando piedras y tejas... Nada. Miro por todas las paredes... Nada. Llevo un rato ya, me pongo otro límite de 5 minutos y vuelvo a escudriñar la casa desde todas las perspectivas... Nada. A tomar por saco... Me voy de vacío hacia el avituallamiento de antes, donde me encuentro a Albert con un tupper de macarrones. También están Conrado y Ramón nuevamente. "Tampoco la he encontrado este"..."Tampoco?"..."Albert, no estás fino!!" me dicen mientras salen corriendo en dirección al libro. Con el orgullo herido salgo tras ellos con el tupper de macarrones en la mano (imagen un tanto surrealista). Deshacemos todo el camino y llegamos al campo, pero en lugar de señalar hacia el pino Conrad me indica a la izquierda... Joder, hay otra casa. "Pero y el pino?" le digo... me señala otro pino al principio del campo. "Osti, pero en la descripción primero va el campo, luego el pino y más allá la casa. Todo cuadra con AQUELLA casa". Enseguida me arrepiento de que mi comentario haya sonado demasiado duro... "Oye, que lo digo en plan constructivo... que suficiente hacéis con montar todo esto, pero bueno lo digo para que veáis cómo lo he interpretado yo..."

Inciso: al leer todo esto supongo que suena a crítica hacia la organización. Quiero aclarar que yo cuando escribo esto y las crónicas en general, intento reproducir lo que he sentido y pensado en ese momento, no mis reflexiones estando sentado en el sofá. Sé que no es fácil ubicar balizas (o libros) y hacer las descripciones pertinentes. Yo mismo he metido una baliza 50 metros demasiado abajo montando un entreno de rogaine y he vuelto loco al personal por ello.

Sea como sea, me vuelvo hacia el avituallamiento con mi tupper de macarrones vacío y la hoja del sexto libro (LIBRO 3-6).
Al volver al avituallamiento Albert me espera con una hoja en la mano. "En Javi ha trobat el teu full!"... En un principio no entiendo nada, ¿se me ha caído una hoja por el camino? "No, no, ha trobat el teu llibre de la cova, ha vist que havies estat per les petjades i ha agafat el teu full" (Javi fue más persistente, en lugar de 15 minutos estuvo 20, y acabó encontrando el libro trepando hasta un agujero y metiendo la mano dentro). Un bonito gesto por su parte, aunque tampoco cambia mi situación porque esa hoja sigo sin haberla cogido yo, aunque tengo la esperanza de que el hecho de haber estado allí, certificado también por el GPS que llevamos, sea suficiente. Me centro en el siguiente libro, que no está lejos. La aproximación es por GR hasta llegar a un árbol caído, de donde en teoría sale un senderillo pero en realidad está muy tapado, o mas bien hay varias trochas semi-perdidas que avanzan por diferentes terrazas. En cualquier caso hay que ir hasta el fondo del barranco y buscar una fuente. Salgo un poco demasiado abajo pero corrijo y encuentro el lugar y el libro, que en este caso cuelga muy a la vista. Desafortunadamente he ido a parar al lado malo y me separan de mi objetivo unos zarzales muy poco amistosos y que me cuestan un rato de rodear. (LIBRO 3-7)
Recupero el GR y corro a buen ritmo valle abajo hasta una pista, que también me permite avanzar rápidamente. Me acerco a las 7 de la tarde, así que me queda una hora de luz más o menos. Tengo que aprovecharla al máximo y afortunadamente parece que las fuerzas me acompañan para ello. Identifico bien un desvío a la derecha por donde se mete el GR y cruzo el barranco para pasar a un campo. Tiene que haber una casa al otro lado, donde debería encontrar el libro. Ahí está la casa... un arbusto en la puerta... Ok, perfecto (LIBRO 3-8).
No pierdo tiempo y salgo por una pista en dirección oeste mientras guardo la hoja recién recogida. Me espera una tirada de trote constante excepto un breve repecho que aprovecho para seguir con la rutina de alimentación. Creo que también estoy controlando bien este tema, ya que en ningún momento he tenido pájara, más allá de algún amago de agujero en el estómago. Una serie de pistas me llevan hasta un nuevo libro, el noveno, tras un parcial de 22 minutos que me anima mucho. Creo que me va a dar tiempo incluso de llegar al próximo con luz (LIBRO 3-9).
Tras otros 600-800 metros de pista llego a un desvío de un sendero por el que ya pasamos en la primera vuelta. Ahora con luz se hace más llevadero el repecho de 100 y pocos metros de desnivel, antes de torcer a izquierda por otro camino que flanquea y va rodeando al montaña hacia la izquierda. Acabo saliendo a una pista por la que bajo hacia la zona del libro, cada vez con menos luz. Leo al descripción, que indica que se encuentra en una caseta en lo alto de un promontorio allí enfrente, pero que se ha de dar la vuelta por detrás, por donde sube un sendero. Sigo las indicaciones y llego a la caseta prácticamente a oscuras. (LIBRO 3-10).
Bajo casi a tientas por el sendero y una vez salgo a la pista saco el frontal de la mochila. El siguiente libro está muy cerca, y también el final de la vuelta. Voy buscando un desvío a la izquierda, que me debe llevar a un cobertizo con una mesa sobre la que está el libro. Encuentro un desvío que baja, levanto la vista... ahí hay un cobertizo, y con una mesa, perfecto... Pero no está el libro... Mierda... ¿También me va a dar problemas este libro?... Todo cuadra aquí, un cobertizo, una mesa... Ojo, sí que es verdad que el desvío bajaba ligeramente hacia detrás, y no me cuadra con la orientación del desvío "bueno" que sale en el mapa... Vuelvo a la pista y sigo avanzando. Las curvas me vuelven a cuadrar y algo más allá encuentro un nuevo desvío que lleva hasta otra casa, con cobertizo, con mesa... y esta vez con libro encima (LIBRO 3-11). 
En el mapa sale un camino que baja directo hacia la meta y parece que se intuye ahí a la izquierda. Más adelante se pierde, cosa que me hace arrepentir de no haber asegurado el tiro por la pista, pero afortunadamente el terreno es limpio y se avanza bien campo a través. Hago balance... Son las 8, con lo cual he ganado 3 horas sobre el tiempo límite. Me da tiempo de emplear 30 minutos para comer y reponer material, quizá una hora para dormir, aunque no estoy seguro de tener suficiente sueño, y aún saldría con 1h30 extra de margen, con lo cual tendría 10h30 para hacer la cuarta vuelta, que parece la más temible. Visto lo pasado, el panorama me parece bastante alentador. Siempre pueden surgir problemas, ya lo he visto, pero me encuentro bien física y mentalmente y también siento que he gestionado correctamente ritmo y alimentación. Siento que estoy ofreciendo una buena versión de mí mismo, tanto físicamente como orientando, así que estoy animado y motivado. Cojo el último sendero de acceso a la meta mientras pienso en los siguientes pasos para optimizar el tiempo en el avituallamiento. Ahí se ven las luces, y la gente que hay esperando me empieza a animar al ver llegar mi frontal. Toco la campana por tercera vez...

...A ver si puedo explicar esto fielmente a lo que ocurrió, pensé y sentí en ese momento...

Me acerco a la mesa mientras cojo el plástico donde llevo las hojas... "Què Albert, les has trobat totes?"... me pregunta Marc con una cara que me parece sorprendentemente seria... "No, la segona no l'he trobat"... "Si, ja m'ho han dit"... "He estat a la cova 15 o 20 minuts però no l'he trobat"... "I el Javi t'ha donat el full"... "Si"... Se ha hecho el silencio... Me siento confuso e incierto ante lo que pueda venir a continuación... Tengo la sensación de como si hubiera hecho algo malo pero no se exactamente qué, porque si bien he aceptado la hoja que me han pasado, lo primero que he hecho es decir que no la he encontrado yo, y de hecho ya lo había dicho varias veces a lo largo de la vuelta. "Per mi és molt important l'essència, i el companyerisme, la sinceritat... "... "ja, pues per això t'ho he dit"... Las palabras de Marc siguen girando alrededor del compañerismo y la sinceridad, aunque a medida que me fui viniendo abajo y haciendo pequeño, cada vez las recuerdo menos. Me siento como un niño recibiendo la bronca delante de la clase. Algo debo haber hecho mal, pero no entiendo el qué. "Et deixaré sortir perquè has sigut sincer, podràs sortir a la 4a volta, ara ves, recuperes, descansa..."... creo que ahí hago el click definitivo... 
Yo no quiero salir porque me dejen salir. Yo me veo "legitimado" para salir porque creo que los libros no son un objetivo en sí mismos sino una manera de certificar que has orientado correctamente y encontrado el lugar (así se introdujeron en la Barkley), porque creo que ese libro en concreto estaba muy escondido para las indicaciones del texto y porque creo que era natural valorar la posibilidad de que, estando cerca de un camino frecuentado, alguien se lo hubiera llevado. Pero no quiero salir porque me hagan un favor. Si realmente en esta ocasión sí se quieren seguir las normas de manera estricta, lo acepto y listos, no pasa nada. Es más, salir con la sensación de que la gente piensa que se me está haciendo un trato de favor no me motiva en absoluto, y si algo necesitas para salir a pelear una cuarta vuelta después de 24 horas dando el 100% físico y mental, es motivación y creer en lo que estás haciendo. Y ese ya no es mi caso.
Dejo caer las hojas encima de la mesa y me marcho a la otra donde están las botellas de avituallamiento, absorto en mis pensamientos. "Albert, yo creo que deberías seguir"... es Fernando, compañero de la travesía Nonstop Aliments. Me llama la atención su tono de voz, pausado, afectuoso... Ve lo que me pasa por la cabeza... "Estás haciendo una gran carrera, yo creo que deberías seguir"... "la verdad es que ya no tengo ganas"..."venga Albert, lo estás haciendo muy bien"... Lo cierto es que valoro mucho esas palabras y siento no haberme apoyado más en ellas, pero en ese momento mi interruptor ya se ha puesto en OFF.
Sin decir nada subo las escaleras, cruzo y voy hacia la furgo donde me espera Albert, que ajeno a todo lo que ha pasado me anima. "Espera Albert, crec que no continuo"... "Qué dius ara? Si vas molt be!"... Le explico la situación, me intenta convencer, pero el problema está dentro de mí, ya no estoy motivado y el bajón es total...
A partir de aquí, poco más que contar. Nada consiguió girar las tornas, ni la comida, ni el descanso, ni las palabras de Albert y Fernando... Mientras estoy cenando viene Marc a hablar conmigo. El tono es diferente, ahora me parece que tiene ganas de que siga, pero sigo sin entender exactamente lo que me quiere decir, y en todo caso la decisión ya la he tomado hace un rato. No sé, la verdad es que seguramente fue una pena que mi carrera acabase de esa manera, pero qué le vamos a hacer... En cada momento hay que hacer lo que uno siente y tampoco puedes pedir que después de 30 y pico horas sin dormir y 24 corriendo y pensando, además estés en un estado óptimo de reflexión y pausa. Supongo que nos juntamos uno demasiado impulsivo con uno que se toma las cosas demasiado a pecho.

Sea como sea, y sin que suene a contradicción porque no lo es, quiero sacarme el sombrero ante la iniciativa que ha tenido todo el equipo de organización de The Bandit y el empuje que han demostrado para tirar adelante esta aventura a pesar de las circunstancias difíciles. En una carrera que no nos ha costado un duro, los corredores hemos recibido más que en muchas competiciones que cuestan decenas de euros. Obviamente hay cosas a mejorar, y es lógico que así sea cuando todo se tiene que hacer a base del tiempo libre de la gente, con las limitaciones que eso conlleva. Y no es fácil montar una carrera de este tipo, donde hay más variables que en una carrera de montaña habitual. Lo más importante es que se tienen ganas de mejorar y de ofrecer lo mejor para el corredor, y eso es muy de valorar. Es un grupo de gente y una organización llena de pasión, desde el propio Marc hasta el último de los colaboradores y eso, si se complementa con la voluntad de hacer las cosas bien, es sinónimo de éxito.
Por mi parte la verdad es que contento porque acabo con la sensación de haberme encontrado bien físicamente, de haber mantenido un buen nivel de orientación durante todo el tiempo y de haber hecho buenas gestiones tanto mental como de alimentación. Tengo la sensación de que este tipo de actividad se ajusta bastante bien a mis habilidades y eso me anima de cara a poder hacer un buen papel en la Barkley, si es que algún día los virus me dejan correr esa carrera. Ahora toca descansar unas semanas y volver a arrancar intentando repetir la dinámica que el año pasado me llevó a llegar al mes de marzo con la sensación de estar más fuerte que nunca. Eso y cruzar los dedos para que la situación general del mundo mejore, aunque evidentemente en ese sentido, la Barkley es lo menos importante.
Quiero acordarme de mis compañeros de viaje en esta aventura. Empezando por Sebas, con quien compartimos 8 horas de orientación nocturna en buena compenetración y buenos resultados. Por supuesto de Javi, un tío de convivencia idealmente fácil para aventuras en equipo como esta, y a quien espero estirar para que se anime en algún rogaine más. Y sobre todo de Albert. Si tenéis un amigo que esté dispuesto a dejar su fin de semana para venir a estar pendiente de vosotros en una historia así, tener todo preparado para comer y para dormir, coger la bici para venir a ayudaros donde sea, aportaros palabras de ánimo siempre que las necesitéis, y todo eso durante 48 horas durmiendo tan poco como vosotros, guardadlo bien porque de esos hay muy pocos.
Y una pequeña reflexión para acabar (ahora sí). Desde el principio se ha asociado a The Bandit con el concepto "la locura". Entendiendo la connotación y sin querer discutir con nadie ni, evidentemente, que se cambie ningún nombre, tengo que decir que no estoy de acuerdo con ese calificativo. El loco es el que no sabe lo que hace o hace cosas sin sentido. En cambio, creo que todos los que venimos a aventuras como The Bandit sabemos perfectamente lo que hacemos y por qué. Sabemos que experiencias como esta nos permiten conocernos y entendernos mejor, aprender a distinguir lo importante de lo superfluo, desarrollar nuestra fuerza de voluntad, mejorar la versión que ofrecemos de nosotros mismos y sentir la satisfacción de que has afrontado una serie de problemas y, en mayor o menor medida, los has sabido superar. Los momentos de dificultades y sufrimiento no son más que un pequeño contrapeso que ayuda a impulsar lo anterior. Por eso creo que The Bandit no es ninguna locura, sino que tiene todo el sentido del mundo.

Besos y abrazos,