domingo, 21 de julio de 2013

La nectarina atlètica

De los creadores de la Naranja Mecánica…

No tiene ningún sentido hacer una carrera de 10 kilómetros de asfalto en plena temporada de trail, en medio de carreras de 60, 100 o 170 kilómetros, en medio de entrenos de varias horas por la montaña… y como no tiene ningún sentido, me apunté a una carrera de 10 kilómetros por asfalto, la "Nectarina Atlètica", en Alcarrás (a 10kms de Lleida para los no autóctonos), este sábado por la tarde.

Así que sábado 20 de julio, 8 de la tarde, tiempo meteorológico cocinando una de estas granizadas de los últimos días, humedad para aburrir, y unas 250 personas en la línea de salida dispuestas a sudar un rato por la huerta de Alcarrás. Muy buen ambiente y una organización digna de una carrera de 250 personas y de 2500, vaya por delante. La carrera tiene un claro favorito, por no decir un claro ganador ya de salida, que es Iván Espílez, que nos saca un mínimo de 4 o 5 minutos a todos los demás en 10kms.

Da la salida el no se cuántas veces campeón de España de 110 metros vallas, Jackson Quiñónez y salimos al ataque, yo personalmente con el miedo de ahogarme y no poder responder al ritmo rápido de una carrera de 10kms. Para abrir boca dos tipos se cascan un sprint, que o es un farol o son unos fieras, con lo cual ni me inmuto. Primer kilómetro por las calles del pueblo, mucha gente animando, da gusto correr así!! Uno de los dos valientes dura unos 500 metros y es engullido por la manada. Iván alcanza al segundo aventurado y detrás nos quedamos un grupillo de unos 5 corredores, entre ellos Miquel Angel, un anitguo compi del equipo de la escuela (estamos hablando del siglo pasado…). Sobre el kilómetro 2 salimos del pueblo mientras el grupo de cinco se deshace y me quedo en tercera posición.

En el km2,5 primer avituallamiento de un total de tres (muy bien para ser una carrera de 10km), alcanzo al segundo de los valientes del principio, un chavalillo marroquí que me pregunta donde está el siguiente avituallamiento, se queja de que se le ha caído la botella, que si está haciendo el ramadán… vamos, que se ha pasado tres pueblos en la salida, uno menos…

Y así se estabiliza la carrera, Iván por delante dándose un paseo a unos 50 metros que van creciendo paulatinamente, yo detrás intentando coger un ritmo de crucero al que hace tiempo que no iba y detrás un dueto con el chico marroquí y un corredor del Xafatolls. Otro punto positivo de la organización son una serie de duchas que han puesto por el recorrido y que van la mar de bien para paliar la deshidratación. También se apunta algún vecino que sale con la manguera y va regando al que se lo pide. Ni idea del ritmo que llevo porque he salido en modo Óscar Pérez, es decir sin reloj, pero llego razonablemente bien al kilómetro 5. Aquí se acabó la alegría. Del km 5 al 6 aparecen un par de repechos que se me clavan en el espinazo y dinamitan mi ritmo. El cartel del km6 no aparece nunca, voy mirando de reojo a ver si vienen lejos los de detrás intentando disimular mi debilidad del momento y utilizo esa táctica ruín de esconderme en la parte interior en cuanto paso una curva para que se piensen que estoy lejos. No tengo muy claro que vaya a aguantar la segunda posición, aunque me parece que el de detrás no va muy fino tampoco porque cada vez lo veo menos.

Del km7 al 8 hay un par de bajaditas que me vienen de perlas. Último remojón con las botellas del tercer avituallamiento, mirada atrás y no viene nadie. Parece que lo tengo! Por delante hace rato que he dejado de ver a Iván, el coche y la sirena que lo preceden como cabeza de carrera. Última subida a la entrada del pueblo que me cuesta horrores, pero tiene como premio el cartel del kilómetro 9. Llega una bajadita y una recta interminable que debe cruzar el pueblo entero. No sé dónde narices está la meta pero voy justillo, justillo. Afortunadamente al girar la curva me encuentro el arco de meta a 100 metros y el reloj por debajo de los 35 minutos. Consigo llegar en 34:58. El recorrido eran unos 9,900 según el reloj de Iván, así que super contento de haber estado alrededor del ritmo de mi marca en 10kms, en un momento que no era el óptimo y corriendo sólo prácticamente toda la carrera. Muy contento de haberme encontrado con Miquel Àngel en el mismo ambiente que nos vimos la última vez (no diré hace cuántos años que me siento viejo). Al final lo que más llena de estas carreras es encontrarse a los viejos amigos.  Los ganadores de la carrera, Iván Espílez con 33:15 sin sudar siquiera y Berta Gasol, que viene apretando fuerte durante esta temporada, con 38:04.


Ahí va una foto en el podio, que siempre hace ilusión!

Besos y abrazos

lunes, 15 de julio de 2013

Ice Trail Tarentaise: "La lluita contra el gel"

Bueno, hay que estar a las duras y a las maduras…

Este fin de semana he venido a los Alpes a hacer una de mis carreras. Nunca había ido tan lejos a correr pero por diferentes motivos que no vienen al caso el viaje cuadraba, la carrera era atractiva y tenía ganas así que dicho y hecho.

La carrera en cuestión era la Ice Trail Tarentaise, en los alrededores de Val d’Isére. Características: 65 kilómetros, 5000 metros de desnivel positivo y una altitud media por encima de los 2500 metros, lo que dan lugar a la frase que explota con orgullo la organización: El trail más alto de Europa. Por el camino se suben dos picos de más de 3000 metros, la Pointe Pers (3325m) y la Grande Motte (3653m), que es el punto estrella. Este año además ha sido prueba puntuable para la Copa del Mundo, con lo cual se presentaba aquí todo un elenco de estrellas que también le daban atractivo a la prueba. A la cabeza del grupo, Emelie Forsberg en chicas y como no, Kilian en chicos.

Dadas las condiciones de la carrera y que tenía tiempo, decidí venir un par de días antes para ver con tranquilidad el recorrido y adaptarme un poco a la altura. Las fotos que añado en la crónica son de los días de reconocimiento.

Y en estas nos plantamos la madrugada del domingo a las 4 de la mañana, unos quinientos corredores dispuestos a tomar la salida. Los “pros” delante, Kilian, François D’Haene, Rickey Gates, Emelie Forsberg, Anna Frost, Francesca Canepa,… Se da la salida y el personal sale a machete. Sé que a alguno le sonará extraño y hasta con un toque de prepotencia calificar de “corta” a una carrera de 65kms, pero realmente el ritmo de una carrera como esta, sobretodo en la salida, no tiene nada que ver con el de, por ejemplo, la Ronda dels Cims de hace tres semanas. Allí, ante 30 horas mínimo de carrera, hasta los de delante salen con un rodar tranquilo y relajado. En la de hoy, la salida es una estampida por un primer kilómetro de asfalto donde el personal busca colocarse en las primeras posiciones corriendo tranquilamente a menos de 4 minutos el kilómetro lo cual, con alrededor de 10 horas o más de carrera por delante, a mí me saca de punto fácilmente.

Pasado ese primer kilómetro de asfalto por dentro de Val d’Isére, empezamos a subir por un sendero que no esperaba tan empinado. He cogido como referencia, de una manera quizá demasiado atrevida, a Arnau Julià, un tipo muy conocido dentro de este mundillo a nivel catalán y español. Cruzamos un primer collado (primeros 400m de subida) a buen ritmo y bajamos unos 200m de desnivel hasta la pista de esquí de Tignes. Aquí empieza la parte más dura de la carrera, la subida a la Grand Motte, con más de 1600m de desnivel. Era consciente de que a mí me cuesta coger el ritmo en las carreras y que normalmente la segunda y tercera subidas es en las que voy mejor. Tenía la esperanza de hacer la primera relativamente tranquilo y que me sirviese para calentar, pero más que eso me ha supuesto un calentón importante.

La subida empieza por una pista de estas empinadas que utilizan las máquinas de la pista de esquí. Se va a mantener sin nieve hasta los 2700m. Consigo trotar bastante rato y cuando no, mantener un ritmo interesante de paso amplio, con lo cual gano algunas posiciones (calculo que debo estar sobre el puesto 25). Llegamos a la nieve en forma de pala (pista roja bien bien) que hace subir la temperatura de los gemelos y llego de esta forma al primer avituallamiento (km15 y a 3000m de altura) con las fuerzas que ya no sobran. Aquí nos obligan a ponernos los Yatrax. Ezo ke é lo ke é?... diréis… pues unos accesorios que se acoplan a las zapatillas con una goma y que llevan en la suela una especie de anillas que facilitan el agarre al hielo. Vamos como los crampones de mierda que llevé la semana pasada pero con menos agarre y menos peligroso y al menos estos no se han roto. La organización no permitía el uso de crampones por ser peligroso al correr, según la versión oficial. La realidad: porque no sé qué tienda de allí patrocinaba la carrera y así te obligaban a comprarlos. Yo para tocar las narices me los compré en el Barrabés de Benasque.

Como de costumbre estoy bastante poco ágil en el avituallamiento y me pasan 3 o 4 tíos. Salgo por una pequeña bajadita y miro lo que se avecina. Una rampa tremenda por una pista de esquí donde veo 10 o 15 corredores subiendo a un ritmo bastante cansino. Señal de que la cuesta se las trae… efectivamente…la pala se hace interminable y me obligo a mantener la mirada en el suelo para no ver lo que queda. A más de 3000 metros este trozo me deja tocado. Llego a lo alto de un telesilla a 3400m justo cuando bajan los tres primeros, Rickey Gates, François d’Haene y como no, Kilian, que parece que va de paseo. La ruta de subida se mete por un flanqueo a la derecha antes de subir a la cima por una pequeña trepada, fácil pero que se me hace dura. Llego a la cima bastante extenuado y me tomo unos segundos de respiro para admirar el paisaje, que es espectacular. Debo ir entre la posición 25 y 30.

El primer tramo de bajada tiene un par de trozos técnicos donde hago gala de toda mi torpeza. Por lo demás, deshacer el camino por la pala interminable mientras te apiadas de los que están subiendo. Llego al avituallamiento a 3000m y me vuelven a pasar 3 o 4 tipos por "empanao". Llega también Francesca Canepa, la italiana que ganó en Andorra, que hoy va tercera. Bajo con ella todo el siguiente trozo, entre nieve irregular por donde se hace difícil correr y prados que se agradecen, hasta que llegamos al siguiente avituallamiento en el Col de Fresse (km25, 2550m).

Empiezo a encontrar mi ritmillo. Salgo justo detrás de un grupo de 5, entre ellos la italiana, a los que alcanzo rápido en un trozo de subida poco exigente. Vamos llaneando entre nieve y prado hasta otro collado y bajamos al fondo de un valle. En este tramo he ganado 6 posiciones y sigo viendo objetivos potenciales por delante así que me voy animando mientras subo hacia el siguiente punto de control, en el Col de la Rocheure. Después de un falso llano empiezo a notar un vacío en el estómago y decido que es momento de tomarse otro gel y coger fuerzas para los 7 u 8 kilómetros que quedan hasta el siguiente avituallamiento. Decisión catastrófica.
Era el tercero del día. El primero me supo mal, el segundo me dio una arcada controlable y el tercero dinamita mi estómago y sale despedido junto con lo ingerido en el avituallamiento anterior. Fantástico. Llega un tipo por detrás mientras estoy en pleno apogeo y en lugar de preocuparse por mi estado me suelta un “C’est dur, eh?”, con ese típico “eh?” que le meten a todo los franceses. Qué cabrón… Después de medio minuto el ascensor de mi tráquea deja de funcionar y parece que la cosa se estabiliza. Me pongo a caminar y parece que el tema se calma y me encuentro mejor. Son esos 15-20 minutos de sosiego que siguen al desalojo del estómago, pero que soy consciente que preceden a la debacle por falta de alimento. De todas formas en el subidón transitorio consigo llegar al collado, pasando a un corredor al que no le veo mucho futuro y dándome el gustazo de alcanzar a Monsieur C’est Dur, que parece sorprendido al verme.

Pero la alegría dura poco. Viene ahora un trozo llano donde te hundes en la nieve hasta las rodillas, lo cual no le va nada bien a mis fuerzas en declive. Falta una bajada y un tramo llano hasta el refugio donde está el siguiente avituallamiento. Tengo que llegar allí como sea y comer. Pero al empezar la bajada me empiezo a notar torpe y mareado. Llega por detrás Monsieur C’est Dur y otro corredor. Me aparto para que pasen sin la más mínima resistencia. Necesito hacer el tramo que falta hasta el refugio sin ningún estrés. Este tramo se me hace muy duro pero al final llego al avituallamiento (km40).

Paro decidido a estar el tiempo que haga falta. Bebo agua, te y cojo un plátano, pero me da ganas de vomitar otra vez. Genial, si no puedo comer ni comida “normal” estoy arreglado. Al final me entra pero se me quitan las ganas de comer y la moral. Algo cojo pero me voy hundiendo en la miseria y estoy al borde de la desconexión. Visito al Señor Roca para ver si eso ayuda. Me planteo seriamente la retirada. Desde aquí sería bajar al fondo del valle y en una hora y poco estoy en Val d’Isere, una ducha y a las 2 de la tarde puedo estar saliendo de vuelta para casa pasando de la carrera y la madre que la p… Pero pienso en un viaje de vuelta, sólo, 8 horas de coche, con la comida de tarro de la retirada y puede ser para cortarse las venas. Intento comer algo más mientras miro a uno de los voluntarios con una cara que debía ser indescriptible. Supongo que busco alguna palabra de ánimo, algo que me empuje hacia delante… Nada, el tipo me mira con una expresión de incomprensión. Nadie va a hacer nada por mí y nada podría hacerse así que, en un momento de distracción de mi cerebro, empiezo a caminar hacia el siguiente collado con un ritmo de paseo agónico.

Vamos a ver qué pasa. No tengo sensación de haber recuperado fuerzas, pero he hecho un cambio de chip en el que automáticamente la posición no importa (me deben haber pasado 15 o 20 tíos en todo este rato) y ver cómo va el siguiente tramo e intentar acabar la carrera. Vienen ahora 400m de desnivel de subida hasta el Col de Fours. Mi ritmo es lento pero constante y me sorprendo al llegar arriba sin que me haya pasado nadie más, pero sigo extenuado y el tipo de la organización que hay arriba me anima pero me dice que vaya con cabeza. Le digo que sí, que “doucement” y sigo para abajo. Me dejo llevar por la gravedad en un tramo de nieve profunda. Aquí se ha juntado el recorrido de la carrera de 30kms que se hace paralelamente, con lo cual ya ha pasado un montón de gente y hay huellas por todos lados y el terreno está muy irregular e incómodo. Me pasan 3 tíos antes de llegar a la carretera donde empiezan 2 kilómetros de subida hasta el siguiente avituallamiento. Ni me planteo correr. Aprovecho para coger un ritmo de andar más o menos digno y recuperar la respiración. Llego al oasis con un humor algo más positivo (km48, 2720m).

Como algo más y sigo adelante. Creo que voy a conseguir acabar. Me queda una subida seria y otra cortita. No sé cuánto tardaré pero he pasado mis peores momentos. Sigo sin muchas fuerzas pero algo de efecto hace lo que he comido y el hecho de que la meta se acerque, lentamente, pero se acerque, ayuda a ver las cosas de otro color. La ruta sube por un repecho de piedras al borde de una pista de esquí. La pendiente es demoledora. Vuelvo a forzarme a no mirar arriba y avanzar paso a paso al ritmo de la canción “Je te donne” (Jean Jaques Goldman, creo), que había escuchado hace mil años y ayer se me metió en la cabeza al oirla por la radio. Me lleva a lo alto del repecho, donde la ruta hace una travesía absurda a la izquierda perdiendo unos desesperantes metros de altura que habrá que recuperar. Llego a un repecho nevado donde una chica de la carrera de 30kms las está pasando canutas porque se ha resbalado por la pendiente y está con un estrés que no veas. Llego a una zona de roca por donde el itinerario sube a la Pointe Pers, 3325m, prácticamente la última dificultad (o de eso me intento convencer). Es la típica montaña traidora en la que nunca se ve la cima, pero al final consigo llegar justo al mismo tiempo que alcanzo a otro corredor que parece aún más desesperado que yo. Pido un poco de agua fresca y me lanzo hacia abajo con la moral bastante recuperada. Hay que acabar con esto ya.

Qué importante es el coco en este deporte… Me lanzo a por la bajada sin rastro de la depresión de hace un par de horas. Hago cálculos y veo factible bajar de las 12 horas si salgo del siguiente avituallamiento antes de las 14:30 (me quedarán 10kms para hacer en 1h y media). No es lo que quería pero en fin, visto el panorama es una forma bastante satisfactoria de salvar los muebles. He recuperado mi agilidad habitual (que tampoco es mucha) y aprovecho los tramos de nieve para avanzar todo lo rápido que puedo. Este tramo coincide un rato con el de subida y después se dirige directo hacia el Col d’Iseran (mítico del Tour de Francia) donde está el último punto de comida y bebida. Consigo llegar casi sin tener que caminar en ningún momento. Repongo algo de té de melocotón (ha sido la bebida estrella del día, visto que mi estómago no aceptaba bebidas con gas y que estaba harto de Isostar y agua con sabor a plástico), me como un plátano y salgo. Son las 14:23, lo tengo bien.


Viene ahora un repecho de 200m de desnivel, con un último tramo duro pero que me coge con la moral alta. La subida acaba en un curioso túnel de unos 100m que atraviesa la montaña (os dejo el vídeo que hice el día antes de la carrera). Paso a gente de la carrera corta y me lanzo como un poseso a por el descenso definitivo. La nieve está en un estado lamentable con el solazo y la cantidad de gente que ha pasado. Quizá por eso mi cerebro cambia de pista y se pasa a la de “Sopa Fría” de M-Clan. Solo me sé 7 segundos que se van repitiendo recurrentemente. Una rallada. Aprovecho los laterales donde la nieve está más pasable y bajo a piñón. Intento no parar a caminar en ningún momento, me voy encendiendo por momentos. Un pequeño repecho trampa y se acabó la nieve, bordeo un lago que incita a un bañito pero yo solo miro adelante. De repente aparece Val d’Isére al fondo del valle. Ya lo tengo. Bajo como un poseso por un sendero de descenso en BTT, hasta que la ruta se mete por una huella que baja recto por la pendiente y sigo a saco por ahí. Paso a dos chicas de la carrera corta en un tramo especialmente empinado donde acabo por los suelos resbalando pendiente abajo. Pierdo un palo y una pernera que llevaba en la mochila, ambos recuperados amablemente por las chicas. “Merci beaucoup” y para abajo, unas cuantas eses y el camino sale del bosque a escasos 100 metros del pueblo. Pequeño rodeo y enfilo la recta de meta tomándome unos momentos de tranquilidad para saborear el momento después de un día con momentos duros.

El público no es especialmente entusiasta, pero hay un speaker que va entrevistando al personal. No entiendo y le digo que me hable “doucement, s’il vous plait”. Me repite igual así que le digo que “je n’ai pas compris” pero que “je vais dir quelque chose” y que quiero “expresser mes felicitations a l’organization”, que todo “tres joli” y que ha valido la pena “venir de Barcelone jusqu’ici pour courrir la course”. Parece que le mola que un matao se haya cascado semejante viaje para venir a correr la carrera, con lo que consigue arrancar un aplauso del público. Tiempo final, 11h32 y posición 44.

En cuanto a los resultados generales de la carrera, en chicas ha ganado Emelie Forsberg (9h11’) y en chicos “sorpresón”, victoria y récord para Kilian (7h35’). Queda claro que la mafia de las apuestas no ha llegado al mundo del Skyrunning.

Así que nada, visto fríamente, la verdad es que después de la moral que había cogido en Andorra esta carrera ha sido un poco de bajón. Se puede vestir de cualquier manera y buscar excusas, en el estómago, el descanso deficiente en la tienda de campaña… Pero sea por lo que sea la cuestión es que el resultado no ha sido el que yo quería. Además me voy preocupado con la poca tolerancia de mi estómago ante los geles de cara a las próximas carreras. En el punto positivo, estoy contento al menos de haber sabido pelear y cambiar de objetivo aún cuando las cosas no estaban saliendo como a mí me gustaría.


Besos y abrazos

lunes, 8 de julio de 2013

Aneto - Perdiguero - Posets: Segundo nulo

Hace unos años, estando de excursión en algún rincón del valle de Benasque alguien me dijo que se había encontrado a unos vascos (cuando se habla de cosas de este estilo los protagonistas siempre son vascos...) que estaban intentando hacer Aneto, Perdiguero y Posets en menos de 24 horas.

La idea se me quedó pululando por la cabeza y en 2007 encontré un hueco para intentarlo por primera vez. Por aquel entonces, ni estaba en la forma que estoy ahora ni tenía la experiencia que tengo ahora sobre alimentación, gestión del esfuerzo y demás. Total que me planté un día de julio en el Plan de Senarta (1400m) y salí a la 1 de la mañana camino del Aneto con tres geles en la mochila como todo alimento, uno para cada una de las tres cimas. Subí al Aneto de noche, con unas vistas del glaciar increibles con las primeras luces del día, bajé hacia Renclusa, subí hacia el Perdiguero por el valle de Remuñe y cuando estaba subiendo el último repecho hacia este segundo pico me cogió un pajarón de escándalo. Llegué a la cima medio mareado, me senté, me comí el segundo gel y decidí abandonar la historia. Bajada por el Valle de Estós, al coche y para casa.


Con ganas de quitarme la espina y después de haber recuperado bastante bien de la Ronda dels Cims, decidí probarlo otra vez este fin de semana. Además el tiempo pintaba bien y además me acompañaba mi amigo Ruben, que se había motivado también con este proyecto. Por darle un poco más de elegancia al recorrido decidimos que el principio y el final debería ser en Benasque. La idea (para los que lo conozcais, para los que no, os podéis saltar este trozo) es subir al Aneto por el valle de Coronas, bajar por la Renclusa, seguir al Hospital de Benasque, subir al Perdiguero por el valle de Remuñe, bajar hacia el Valle de Estós, subir al Posets por el valle de la Paul y bajar hacia el refugio de Angel Orús, Eriste y Benasque.


Subimos con la furgo el viernes por la tarde, cenamos pronto y nos tumbamos a descansar un par de horillas en las que prácticamente ni duermo. A las 12 Ruben hace un rato que prepara las cosas. Me levanto, "desayuno" y a las 12:40 salimos desde la calle principal de Benasque.
Trotamos por la carretera y antes del primer kilómetro nos encontramos con la primera sorpresa. Las riadas que hubo hace tres semanas se han comido parte de la carretera. Los destrozos son impresionantes, piedras como pianos esparcidas por todos lados. Mi idea era hacer este primer tramo por una pista que acorta algo hasta llegar al Plan de Senarta, pero en vista del panorama parece más seguro ir por la carretera. Llegamos a Senarta en algo menos de una hora y enfilamos la pista de Vallhivierna. Llegamos al refugio del Puente de Coronas (2000m) poco antes de las 3 de la mañana.

Aquí se acaba la pista y 5 minutos más allá cogemos el sendero que se mete por el valle de Coronas en dirección al Aneto. A pesar de los montones de gente que pasa por aquí el camino es difícil de seguir y tiene cambios de dirección que por la noche despistan bastante. Aún así llegamos bien al Ibonet de Cornoas (2200m) y afrontamos la segunda parte del valle. Aquí la ruta gira a la derecha y se mete en una zona de prados y rocas por donde el camino es aún más perdedor. Además toda esta ladera es un mar de fitas que pone la gente de manera anárquica, sin que se establezca un itinerario preferente. Como condimento, en estos días todavía quedan algunos neveros en esta zona que son incómodos de cruzar, más con la nieve dura que hay a estas horas de la madrugada. Con todas estas dudas llegamos al primer lago de Coronas (2635m) bastante más altos de la cuenta, lo que nos obliga a bajar de nuevo dando un poco de vuelta.

De aquí terreno fácil hasta el segundo lago (2725m), donde nos ponemos los crampones porque tiene pinta que a partir de aquí va a ser casi todo nieve hasta arriba. Efectivamente, salvo algunas rocas sueltas, cogemos ya la ruta por el glaciar en dirección al collado de Coronas. Con nieve, esta subida está formada por 3 rampas bastante empinadas con dos rellanos intermedios, por las que puedes subir recto tirando de gemelos. En un principio los crampones me van bastante bien, sobretodo cuando sigues la huella por donde ha pasado la gente del día anterior, pero en el último repecho me desvío un poco a la izquierda y me veo metido en un trozo de nieve dura que es demasiado para mis crampones de trail. Flanqueo a la derecha para recuperar las huellas pero cada paso hay que clavar bien el piolet y me voy rallando por momentos. Me pongo un poco tenso y le grito a Ruben que me espere. Al final recupero las huellas, llegamos a la roca y trepamos los últimos metros hasta el collado de Coronas (3198m).

La vista desde aquí cambia rápidamente mi humor. Las primeras luces de la mañana iluminan el Glaciar del Aneto y las rocas del Pico de Coronas y una línea roja ilumina todo el horizonte. Flanqueamos a la derecha y llegamos a la huella que viene de la ruta normal desde la Renclusa. Se nota que a esta altura no se sube con la misma alegría que más abajo, pero de todas formas este último repecho transcurre sin mayores sobresaltos. Llegamos a la antecima, nos quitamos los crampones, dejamos la mochila y cruzamos el famoso Paso de Mahoma para llegar al pico más alto de los Pirineos. Son las 6 de la mañana, esta es la única manera de estar solo en la cima del Aneto.
Hacemos fotos, damos señales de vida con el movil y disfrutamos de la salida del sol desde este mirador privilegiado. Volvemos a cruzar el Paso de Mahoma, comemos algo y nos disponemos a seguir con la ruta. Volvemos a bajar la pala de nieve hasta las inmediaciones del Collado de Coronas y seguimos por la marcadísima huella del Glaciar del Aneto. En estas que Ruben empieza a tener problemas con sus crampones. Él va también con unas zapatillas de trail y eso facilita que los crampones se vayan aflojando. De todas maneras el terreno es fácil y avanzamos rápido.

Poco antes de llegar al Portillón Superior los problemas me vienen a mí. Noto algo raro y me doy cuenta de que la parte trasera de uno de mis crampones se ha salido de sitio. La recoloco, pero 100 metros más allá me vuelve a pasar lo mismo. Miro que pasa y me doy cuenta que una cadenita que une la pieza metálica a la goma que sujeta el crampon al pie se ha salido de sitio. El motivo, que se ha roto la goma... Mierda, no parece tener solución. Lo coloco como puedo y llego a la brecha del Portillón Superior con un mal humor creciente. El siguiente tramo de flanqueo a la izquierda no mejora las cosas por que al dar pasos de lado mi crampón se sale cada dos por tres. Eso hace que al pisar de talon lo que toque con la nieve sea directamente la zapatilla, cuya suela tampoco está para muchas alegrías después de tantas batallas. Total, que cuando piso algún trozo un poco duro me voy resbalando. Incómodo, inseguro, un desastre.

Nos encontramos con la avanzadilla de la riada de gente que va hacia el Aneto desde la Renclusa. Este es un punto delicado en el que es fácil tirar recto y salirse del camino y alguno va más perdido que un pingüino en el desierto. Nos preguntan que por dónde se va al Aneto. Le indico pero no parecen convencidos porque hay unos tipos que han tirado recto en dirección a la Maladeta. Le digo que es por ahí, que venimos del Aneto. "Seguro?". Con la rallada que llevo con mi crampón me dan ganas de decirle que haga lo que quiera, que suba a la Maladeta, al Posets o al Nanga Parbat. Sigo la bajada mientras ellos parece que finalmente entran en razón.

Toda la bajada siguiente sigue la tónica de crampón fuera, recoloco, crampón fuera, recoloco... Intento coger la parte de nieve más reblandecida por el sol para poder bajar corriendo clavando talones. El problema es que la parte averiada de mi crampón apunta peligrosamente al otro tobillo. La nieve se acaba a los 2300m y afrontamos la última bajada hasta la Renclusa en medio de un debate interior.

Está bastante claro que mi crampón no se puede arreglar de manera sencilla y que voy a tener los mismos problemas todo el dia. En las subidas no es demasiado problema porque traccionas básicamente de punta, pero en bajadas y flanqueos puede dar lugar a situaciones peligrosas. Repaso mentalmente el itinerario para identificar posibles zonas complicadas. Me preocupa especialmente una bajada que hay antes de enfliar el último tramo al Perdiguero. Es cierto que con el calor y la nieve blanda, los crampones cumplen menos su función, pero en ese sentido el desgaste que lleva la suela de mis zapatillas no ayuda demasiado. Le cuento mis preocupaciones a Ruben y poco a poco me voy dando cuenta de que así no voy a ningún lado. Se va decantando la balanza hasta que llegamos a un punto de no retorno en el que desconectamos mentalmente del reto. No ha podido ser.
 

Una lástima porque llevábamos un ritmo bastante bueno y estoy convencido de que el objetivo entraba dentro de nuestras posibilidades. Mala suerte. Por otra parte, como comprenderéis, quedé muy decepcionado con los crampones. No es por hacer mala propaganda pero es lo que hay, eran unos Ice Traction de Climbing Technology y era la primera vez que los usaba. Salvo el tramo anterior al Collado de Coronas el resto del recorrido es sencillo y sin grandes pendientes, o al menos, nada que no deba superar algo que te tiene que permitir ir por la montaña. Cuando llegué a casa me dí cuenta que el otro crampón también estaba roto por otro punto. En fin, un desastre. No se si alguien que llegue a leer esto a tenido un problema semejante.

Total, que ya con calma y con la satisfacción, por lo menos, de haber subido el Aneto y disfrutado de la salida del sol en la cima, bajamos hacia la carretera de la Besurta y el Hospital de Benasque mientras ruben y yo, sumidos ya en otros temas, discutimos sobre pasos de salsa y bachata... Bajamos a Benasque en autostop con un auténtico personaje, furgo y partimos al encuentro de los 40 grados que nos esperan en Lleida. El reto Aneto - Perdiguero - Posets tendrá que esperar a un tercer intento que espero que sea el definitivo.

De todas maneras y a pesar de no haber conseguido el objetivo, me alegro de haber planteado un reto como éste con un amigo como Ruben, de haber compartido horas de camino por la montaña, esfuerzo, reflexiones... Normalmente nos embarcamos en estos proyectos en forma de retos solitarios y de puesta a prueba de la propia fuerza de voluntad. Pero es bonito compartir objetivos y muchas veces tiendo a estar de acuerdo con Alex Supertramp en su última frase de "Into the Wild": LA FELICIDAD SÓLO ES REAL SI ES COMPARTIDA.

Besos y abrazos

lunes, 24 de junio de 2013

Ronda dels Cims

En honor a la carrera a la que se refiere, coged un poco de aire y nunca penséis en lo que os queda para llegar al final…

En la crónica pre-carrera ya os conté sobre las características de esta aventura y le puse un cierto toque de vídeo guardiolesco, así que me ahorro cualquier introducción adicional y nos situamos directamente en la mañana del viernes…

Después de una noche de nervios en la que me costó dormirme a pesar del tostón del España-Tahití, me despierto a las 5.30 para desayunar en la habitación del hotel en ese estado mitad concentración y mitad empanamiento que me invade las horas antes de las carreras. Repaso el material de la mochila, atiendo las llamadas de la naturaleza, vuelvo a repasar el material, redistribuyo las cosas entre los bolsillos para volver a dejarlas como al principio, me tumbo "relajado" 10 minutos y a las 6.35 me voy ya de una vez a la salida.


400 zumbaos y sus respectiv@s acompañantes están en la calle central de Ordino dispuestos a lanzarse a la aventura. Me encuentro con Albert, Joel, Jordi y varios más del grupillo preparados para el "paseo". El ambiente es una mezcla de tensión, concentración y risas inciertas que intentan disipar las dudas sobre el futuro de las próximas horas. Aprovecho para hacerme una foto con Salva Calvo, una referencia del ultrafondo de montaña a nivel español (probablemente también de la demencia que caracteriza a buena parte de los que nos encontramos allí).


Me voy hacia la parte delantera para poder ver a los cracks y compartir con ellos almenos la salida. Está Julien Chorier, con cara de nula preocupación, Matt Cooper, un australiano rapado al cero con una precisión de relojero, Kenichi Yamamoto, un japonés que va pidiendo paso con la amabilidad propia del país del sol naciente, Armando Teixeira, Pablo Criado,... en fin, y toda una serie de gente con pinta de guiris que digo yo que si vienen de tan lejos a hacer esto, buenos tienen que ser. 

En particular me llama la atención un tipo corpulento que lleva una simple riñonera con dos bidones extremadamente acoplados a la cintura y un bolsillito de donde sobresale un impermeable. Vamos que este tío no lleva todo el material obligatorio ni de coña (pantalones impermeables, frontal, frontal de recambio, pilas, manta térmica, venda elástica,...). No contento con eso, este gurú del minimalismo, "Baywatch" a partir de ahora (en realidad Dave James, un americano), treinta segundos antes de la salida coge y se quita la camiseta, se la da a su novia y se queda con unos simples pantalones cortos en medio del fresquillo de la mañana.

Música que pone la piel de gallina, cuenta atrás, petardos, mirada al cielo y... salida! Por fin, después de tanta preparación, tantos nervios, ya solo queda correr. Salimos por la carretera del Coll d'Ordino mientras se van formando grupillos. Veo a Julien Chorier, Baywatch y alguna camiseta de Salomon en un grupillo delantero. Mi idea es salir entre la posición 20 y 30 y ver qué tal es el ritmo. El hecho de que pronto haya un tramo "de caminar" me favorece. Me encuentro al lado al japonés con un tipo con una cámara que lo va filmando mientras corre de lado. Me pregunto si le va a seguir toda la carrera... Salgo del pueblo junto con Pablo Criado y Jose Vicente Benito y me propongo coger su ritmo como referencia, aunque al cabo de un poco veo que se quedan atrás y decido fijarme únicamente en lo mío.

El primer tramo discurre por bosque bordeando el valle subiendo en diagonal hacia el norte. La pendiente no es muy exigente así que viene bien para entrar en calor pero sin asfixiarse. Al cabo de poco llega Joel (compañero de aventuras en Bastions) por detrás y vamos charlando con lo que el recorrido se va haciendo más ameno. Oigo corredores que se acercan por detrás.

- Bon dia! -dice una voz con acento meritorio pero incalificable.

Se trata del japonés, Kenichi Yamamoto, y un americano, Ty, de Wyoming, un tipo duro. Monte Fuji + Wyoming + Lleida + Bonmatí (Girona), grupo variopinto. Con una sonrisa de oreja a oreja Kenichi se dirige a nosotros:

-Com atà'? Com atà'?

En unos segundos entiendo que está mostrándonos orgulloso los progresos que ha llevado a cabo con el catalán durante la última semana y ante un tan loable como divertido interés por su parte, los siguientes kilómetros se convierten en una clase particular de catalán.

- Mo bé! I'm fine!, Mo bé! I'm fine!...
- Mo macu, beuatiful! Mo macu, beautiful!

El japonés sigue lanzando exclamaciones emocionado y ríe divertido cada vez que pasa por encima de una mierda de caballo.

- Woooooo! Caca, caca!

Increible. Un auténtico crack. Preocupado por no estar a la altura de las circunstancias le digo:

- Kenichi, if you want to pass, just say so, right?
- Noooo, good pace, good pace. I am a slowly starter! -me responde.
- Joel, si veus que vol passar diga'm-ho que jo crec que potser li fa vergonya -le digo al otro representante de "la terra".

Unos minutos después y a medio camino de convertirse en Pompeu Fabra, Kenichi suelta un breve "Sorry", que yo interpreto como un "Bueno, un placer pero ya si eso vamos a dejarnos de tonterías". Le cedo el paso y SonGoku se converte en "superguerrer" y en cinco minutos lo perdemos de vista. Nos quedamos Joel y yo y aún emocionados por el entrañable episodio nos perdemos un momento en medio del bosque. Con el despiste, llega por detrás un grupo de tres o cuatro con la primera chica, Emilie Lacomte, una tía con caché (ganadora de la Diagonal des Fous y la prueba de 113km del Ultra de Andorra en 2011). Con caché, pero una borde y una estresada de la vida. Le suelta un comentario a Joel sobre su forma de llevar los palos, y con 160kms por delante, a la que hay 100 metros de bajada te empieza a pedir paso, total para que un poco más adelante te quedes encallado detrás suyo en cualquier subida, viendo la punta de su bastón a tres dedos de tu nariz porque los lleva de cualquier manera. Vamos, que me cayó mal.

En esta dinámica llegamos al primer avituallamiento, con un montón de público animando.

Aparcamiento de Sorteny (km19, 2h56')
Importante comer y beber bien, reponer líquido, plátano al bolsillo y adelante. En el primer repecho fuerte paso por última vez a la francesa. Este tramo discurre entre prados, bosque poco espeso y algúna clapa de nieve que va contribuyendo a la creciente humedad en los pies, que será una constante a lo largo de la carrera. Llegamos a 2200 metros aproximadamente y bajamos hacia la carretera de Arcalís, para seguir por una bonita pista en medio del bosque. Joel y Ty van juntos más adelante y yo ahora coincido con dos ingleses, uno de los cuales me suena (Terry Conway, creo). El tramo favorable da para poner a prueba mi comprensión del complicado (para mí) acento británico, hasta que se paran a quitarse barro de las zapatillas y coger agua de una fuente mientras yo sigo mi trote, todavía relativamente ágil, hasta el siguiente avituallamiento.

Llorts (km30, 4h26')
Aquí me encuentro con Joel, Ty y, ante mi sorpresa, al gran Salva Calvo, que creo que no está teniendo un buen día. Me tomo un plato de sopa con fideos calentito que sienta la mar de bien porque el dia se está empezando a poner feo y fresco. Intento ser riguroso con la alimentación y tomarme el tiempo necesario. Sé que después se agradecerá. Cargo líquido, plátanos y para arriba. Salgo un poco detrás de Salva, lo alcanzo y le pregunto qué tal. Me dice que cascado, que ha tenido que andar en la bajada anterior y que viene medio lesionado. Le animo a seguir adelante, porque no debe ser fácil seguir insistiendo en una carrera como esta cuando sales con aspiraciones de estar con los de delante, pero no te encuentras como te gustaría. Yo en cambio estoy pasando por ese momento que suelo tener en la 2ª o 3ª subida de cada carrera en la que voy como un tiro. Alcanzo a Joel y Ty y formamos de nuevo un grupillo de tres. Bajamos hasta Arans y vuelta a subir por el GR-11 hasta el Coll de les Cases. Esta subida me va genial, pendiente moderada, ritmo y "tipi tapa" con los bastones. Me separo algo de mis compañeros y llego al control del collado (km34, 5h 26'), justo por detrás de Marc, el andorrano con quien coincidí en Apuko y en Bastions. Le paso en el siguiente repecho fuerte mientras oigo a Joel y Ty por detrás emulando a algún ave rapaz no identificada mientras llegan al collado. Creo que empieza a faltar el oxígeno.

La pendiente flojea y entro en un tramo ondulado que conozco de otros años y que viene bien ahora para trotar. Me voy acercando al valle que da acceso al Pic de Coma Pedrosa, punto más alto de Andorra, que este año no se subirá debido a la nieve acumulada. Incluso a 2000 metros, llegando al siguiente avituallamiento, el recorrido pasa por un rellano nevado donde voy corriendo por la nieve con una habilidad más bien limitada, hasta que decido que para parecer un borracho por la nieve vale más caminar.

Pla de l'Estany (km37, 6h18')
Sigo llevando bien la alimentación y la hidratación y me dicen que voy el 14, lo cual me anima. El recorrido vuelve sobre el mismo camino durante 200 metros, donde me cruzo con Joel y Ty primero y Salva y la francesa un poco más allá. Viene ahora un tramo de bajada que con la ligera llovizna que empieza a caer pone las rocas de lo más divertido. Después de algún amago, al pasar delante de un grupo de franceses describo mi primera pirueta del día. Como no he venido a ganar la medalla de oro de salto de trampolín, me incito a mantener los cinco sentidos al máximo y concentrarme para evitar un caida peligrosa que diese al traste con la carrera, que hasta ahora está yendo tan bien. A pesar de disminuir el ritmo nadie me coge por detrás y llego a un tramo de unos 300 metros de desnivel de subida por unas revueltas de la pista de esquí de Arinsal. Vuelvo a estar en mi terreno, tipi-tapa tipi tapa, bastones, riñones y arriba. Dos curvas más adelante veo a Baywatch delante de mí. Está más tieso que la mojama, brazos en jarra y con un andar cansino que no le augura un futuro muy prometedor. Ha tenido el detalle de ponerse el impermeable, lo cual no le salvará de tenerse que retirar unos kilómetros más tarde con una hipotermia de caballo.

Nos saludamos y poco más. Sigo hacia arriba y voy a por otro corredor que tengo delante, Francesc, que resultará ser mi principal compañero de fatigas de esta carrera. Después de unas 487 revueltas (eso me pareció) llegamos a el rellano donde se encuentra el siguiente avituallamiento.

Arinsal (km 41, 6h59')
Más caldo, más pasta con tomate, más plátanos y Powerade que viene a aliviar mi cansancio ante el gusto del Isostar, que ya me está empezando a trastocar la barriga. Viene ahora un desagradable tramo de un kilómetro y medio en bajada por carretera donde pongo el piloto automático hasta llegar a una curva donde se coge un camino que flanquea hasta un colladito. Aquí empieza una subida sin cuartel hasta el Pic Alt de la Capa, que está cubierto por la niebla. Todavía mantengo un buen ritmo y me voy acercando al siguiente corredor, al que alcanzo en un tramo de fuerte pendiente. Es Pep Ballester, tercer clasificado el año pasado, y corredor con un buen palmarés en este tipo de carreras. No os negaré que llegar a su altura supuso una buena inyección de moral. De todas formas, morales aparte, la conjunción entre las matemáticas, la física y la biología siguen un curso implacable y la acumulación de kilómetros, subidas y bajadas con el pertinente consumo energético hacen que mis músculos no entiendan de vibraciones positivas y mi andar cada vez es menos alegre. Afortunadamente Pep no va muy fuerte, probablemente conservando ante lo que queda, y dos tipos más adelante tampoco así que dentro de lo que cabe mantengo el tipo bastante bien.

Después de tres o cuatro falsas cimas llegamos a la de verdad, donde nos espera el gaitero que cada año pone la organización en algún punto señalado del recorrido. Hace un frío que pela así que no nos quedamos a disfrutar del concierto y nos lanzamos en dirección al Coll de la Botella. Voy bajando por una pista de esquí, a un ritmo no demasiado vivo, lo que hace que nos alcance Francesc por detrás. Me adelanta primero él y después Pep, que se marcha detrás suyo, así que me quedo yo bajando a mi ritmo, que en parte ya me va bien. Llego al avituallamiento del Coll de la Botella donde me encuentro por primera vez con mis padres, que han subido de Lleida en autobús.


Coll de la Botella (km50, 8h32')
La misma tónica de siempre: comer, beber, rellenar. Salgo solo, me viene bien porque estoy entrando en ese fase dura psicológica y físicamente en la que llevas mucho y te falta muchísimo, así que necesito ponerme una velocidad de crucero sin seguir a nadie. El tramo siguiente es ondulado hasta la Collada de Montaners, pero los repechillos hacen daño y tengo que ponerme a andar en casi todos. En el collado (km60) nos desvían hacia el fondo del valle. Ya nos habían avisado por la mañana, ante el riesgo de tormenta eléctrica por la tarde, evitan el tramo del Bony de la Pica y la bajada posterior a la Margineda. Con esto se evitan 300 metros de desnivel pero se añaden 7 u 8 kilómetros más a la carrera. Yo tengo la sensación de que prefería lo otro.

En cualquier caso me lanzo por un conjunto de senderos y pistas, manteniendo un ritmo bastante bueno hasta el pueblo de Sispony. Aquí el recorrido entra en la ultracongestionada zona del fondo de los valles andorranos, hecho que se resuelve por una bonita (dentro de lo que cabe) pasarela que discurre entre el río y el muro que sostiene la carretera de Andorra a La Massana. Esta pasarela conecta con otro caminillo flanqueado por un canal, que bordea Andorra la Vella por la parte superior se dirige hacia el sur. Todo este tramo es favorable para correr, con una buena velocidad media.

En una recta alcanzo a dos corredores a los que había vislumbrado subiendo al Pic Alt de la Capa pero que no había llegado a alcanzar nunca. Se trata de dos americanos de Salt Lake City, Jared Campbell y Benjamin Lewis. "Nice job!" me dicen... bueno, ahí vamos. Compartimos un rato de trote por la zona menos agradable de la carrera, entre obras y acumulaciones de casas altas de la parte más baja de Andorra, hasta llegar al avituallamiento de la Margineda.


La Margineda (km73, 10h51')
Cambio de camiseta y calcetines, más caldo, más pasta, más melón, sandía, plátanos para el camino... Los dos de Utah están un momento y toman las de Villadiego. No han parado ni cinco minutos y se supone que este es uno de los avituallamientos fuertes. Francesc está todavía ahí tomándoselo con más calma. Percibo con cierta solidaridad que en su cara se empiezan a notar los kilómetros. Yo también empiezo a ir cascado, seriamente cascado, en ese punto crítico en el que todavía no estás en la mitad y la cabeza está al borde del abismo que te separa de un estado de depresión que acabaría en un inevitable abandono (similar al que debéis sentir vosotros en este momento al daros cuenta de que no habéis llegado a la mitad de la crónica... es un buen momento para ir a buscar un zumo a la cocina, cambiar el blog por la página del Marca, o simplemente dejar de leer e ir a hacer un sudoku).


Salgo un par de minutos más tarde que Francesc. Viene un repecho de esos que no salen en el perfil y que representa un jodido aperitivo de la subida al Coll de la Gallina, que a su vez es un aperitivo de la subida más larga de la carrera que vendrá después. Estoy en la fase clave de la carrera. Después de un tramo de carretera empieza el sendero que sube a la ermita de Canolich. La subida es tremenda, no conozco este trozo y me sienta como una patada en el trasero. Alcanzo a Francesc, al que parece que no le está pareciendo mucho mejor y cogemos un ritmillo juntos, cansino pero constante. Por si faltaba algo, se pone a llover, cada vez más fuerte. Mirado por el lado positivo, una excusa para parar a ponerse el impermeable. No quiero ni pensar en la idea de pasarme calado las siguientes horas, que se acerca la noche. El camino desemboca en una pista tendida por la que caminamos-trotamos a buen ritmo hasta llegar al Coll de la Gallina. Estos últimos 1000 metros de desnivel han sido duros y solo es la antesala de lo que tenemos enfrente.

Nos lanzamos a la bajada y enseguida pierdo algo de terreno con Francesc. Ha dejado de llover pero la hierba está mojada, hay barro y el cansancio hace que mi ya originalmente escasa habilidad en el descenso, disminuya aún más. Paso por el pueblecito de Fontaneda, donde están mis padres de nuevo, y sigo bajando por bonitos senderos entre campos hasta la zona de Sant Julià de Lòria.
Después de unos 500m por la acera de la carretera principal, empieza el festival. Desde los 800m de altura a los que estoy, me espera una subida de más de 1800m hasta el Pic Negre. Afortunadamente hay un avituallamiento a media subida pero aún quedan 5kms. Intento coger un ritmo asequible pero se me hacen muy duros. Son 20kms de separación entre la Margineda y Coma Bella y llego con la reserva, decidido a parar lo que haga falta para reponer fuerzas. Llego con las últimas luces del día y me encuentro a Francesc, parece que en un estado similar.

Coma Bella (km 93, 14h44')
No sé cuánto tiempo estuve pero unos buenos 10 o 15 minutos. Caldo, pasta, fruta,... en fin, lo de siempre. Mientras tanto llega por detrás Ty, Josep (un valenciano que vive en Barcelona) y la primera chica, que ya no es la francesa sino la italiana Francesca Canepa. Fue la ganadora del Tor des Geants del año pasado (330kms y 24000 metros de desnivel positivo en el valle de Aosta). Tiene pinta de que viene como un avión y nos va a quitar las pegatinas.

Salgo del avituallamiento con fuerzas renovadas seguido de Josep. Vuelvo a ir mejor y gano algo de distancia. Mantengo un buen ritmo entre el bosque hasta la Rabassa y el control de Roca de Pimés. A partir de aquí la pendiente se incrementa y la pista por la que voy, y en la que no consigo imaginar como sube un todo terreno, se dirige directa hacia la cima del Pic Negre. La comida de Coma Bella ya ha dado para lo que daba y vuelve a encenderse la luz de la reserva. Afortunadamente llego a la cima y sigo el camino al trote, en ligero descenso y con las luces de Andorra a un lado y la luna llena iluminando la Serra del Cadí al otro.

El descenso se acentúa y desemboca en una ladera mixta de hierba y tartera bastante técnica que a mis pies no les gusta nada. El recorrido baja hasta la cota 2100, en un collado donde está Salvador haciendo de control. Mi humor ha decaído bastante desde esta mañana, así que me anima ante lo que viene. Lo que viene es un tramo de llaneo hasta el refugio de Prat Primer y después un repecho durísimo de unos 300 metros de desnivel hasta la Collada de Boumort. Afortunadamente (o no) lo conozco de otros años y sé lo que me espera. En el lado negativo está que me está empezando a coger el sueño, que junto con la falta de energías puede convertirse en un enemigo terrible. Tal como esperaba la subida se me hace durísima, el paso es agónico y llego arriba extenuado. Suerte que el refugio de Claror (próximo avituallamiento) se ve a poco más de un kilómetro.

Para combatir la falta de fuerzas y el sueño decido tomarme un gel con doble de cafeína. Hasta ahora he seguido el ritmo previsto de alimentación, juntando geles (debo llevar unos 8) y avituallamientos y los he asimilado bien. En este caso no va a ser así. Puede que sea por el momento de cansancio que atravieso pero tal como abro el gel ya me viene un amago de arcada. Decido meterme el gel en la boca sin pensarlo más... craso error. Inmediatamente lo tengo que escupir y detrás suyo sale toda la... llamémosle cena, que había tomado en Coma Bella. Dicho proceso se ve acompañado de unos alaridos  de esos que emite tu cuerpo cuando quiere desalojar la sala cual portero de discoteca a las 6 de la mañana. Eso sí pude comprobar que la acústica del circo de Claror es perfecta. Creo que desperté a todas las marmotas del lugar, por mucho que duerman las marmotas.

Paradójicamente me encuentro mejor de manera automática y puedo bajar bien hasta el refugio, eso sí, siendo consciente de que si no repongo lo que he dejado por la montaña, no voy a llegar muy lejos. En Claror, me encuentro a los dos de Utah, que ya se largan, y a Francesc y algo después llegan Ty y Josep. De la italiana ni rastro, contra todo pronóstico.

Refugi de Claror (km111, 18h51')
Más sopas y más plátanos, aunque cómo con miedo a la reacción de mi estómago. Lo bueno es que el próximo avituallamiento no está tan lejos (14kms) y el camino no es muy duro. El primer tramo es bastante llano hasta llegar al refugio de Perafita y a partir de ahí empieza una subida bastante tendida hasta el Coll de la Maiana. Aquí me alcanza Ty y pasamos un ratillo contándonos las vidas, que a las 2 o 3 de la mañana en medio del monte siempre ameniza un poco el tiempo. Bajada hasta el valle del Madriu, muy bonito cuando es de día, y subida muy progresiva (y por tanto interminable) hasta el Refugi de l’Estany de l’Illa. Como en los tramos anteriores, los últimos kilómetros hasta el avituallamiento los hago con un vacío en el estómago y sensación de hambre considerable, pero no me atrevo a hacer otro intento con los geles. Solo de pensarlo se me revuelven las entrañas.

Refugi de l’Estany de l’Illa (km125, 21h29')
Llegar a un avituallamiento es un oasis dentro de la soledad que hay ahí fuera en medio de la noche. Los voluntarios te animan, te preguntan qué quieres comer, te ayudan a reponer líquido, te aguantan los bastones… A veces incluso te quieren ayudar demasiado y te dicen que queda menos de lo que queda en realidad, o que el siguiente trozo es menos duro de lo que al final te vas a encontrar.

Pero toca abandonar ese ambiente amistoso de nuevo. Nos hemos juntado bastante los dos de Utah, Francesc, Ty y yo. Salimos los cinco con poca diferencia, yo cerrando el grupo. Mientras salgo oigo cómo llega Josep al refugio. Un corto tramo de subida al lado de un lago que no llego a ver y cruzamos el Coll de Vall Civera para bajar hacia la Cabana dels Esparvers.

Poco antes de llegar a la cabaña veo a Francesc subido en una roca a un lado del camino. Me dice que tiene sueño y que va a dormir 5 minutos. Me suena a desvarío total, si yo me tumbo 5 minutos me recogen al mediodía. Le digo que venga conmigo hasta Pas de la Casa, que vamos hablando. El insiste que no, yo insisto que sí, y tras varias iteraciones tiro la toalla no sin cierta preocupación. El camino gira ahora al norte por un valle en dirección a la Portella Blanca, unión de las fronteras de Francia, España y Andorra.

En un cierto punto de la subida a este collado el itinerario cruza un río. Llevamos una tónica constante de pies mojados desde el inicio de la carrera, pero aun así la idea de meter el pie en el río hasta el fondo no me atrae en absoluto, a las 5 de la mañana y con el fresquillo que pega. Hay una banderola en una isleta en medio del río, sugiriendo la posibilidad de cruzar el torrente en dos saltos. El problema es que la isleta está formada por una hierba resbaladiza que me genera confianza cero. Busco algo más arriba y encuentro una roca desde la que debería poder saltar los 2-3 metros que separan del otro lado. El terreno da para coger dos pasos de carrerilla. Miro por última vez buscando una mejor opción, veo dos luces que se acercan por detrás, y paso de perder más tiempo. Salto intentando recordar la técnica de salto de longitud que me enseñaban en la escuela de atletismo. Vuelo describiendo una parábola en el aire, junto los pies hacia delante inclinando también el tronco en esta dirección… y me quedo corto por 15 centímetros. En lugar de la caída triunfal y plástica en el foso de longitud, oigo un chapoteo sin paliativos seguido de una sensación gélida causada por el agua que me ha salpicado por las piernas y el pecho. Genial, estoy empapado. Ahora no solo tengo los pies sino todo el cuerpo congelado.

Llorando mis penas y lamiéndome las heridas afronto el último repecho hasta la Portella Blanca, donde advierto a los voluntarios de que Francesc se ha quedado durmiendo en una piedra y que vigilen si viene o no. La cara de perplejidad del tipo me indica que tampoco le convencía la idea. Las banderolas indican el recorrido hacia el Coll dels Isards, un flanqueo entre 2500 y 2600 metros donde aún queda bastante nieve, que a esta hora de la mañana está traicioneramente dura.

Ante mi sorpresa me alcanza por detrás Francesc, al que los 5 minutos de sueño le han sentado de maravilla. Empezamos la bajada hacia Pas de la Casa, con tramos de nieve, donde la organización ha trazado una trinchera a modo de camino y ha instalado cuerdas para asegurar. La verdad es que a mí no me ayudan demasiado y me pego un pego un par de morrazos importantes que acaban con una contusión en el codo y el dedo meñique hinchado y morado. Cabreado con el mundo por mi cansancio, mi torpeza y por todo en general, bajo trotando hacia Pas de la Casa mientras el sol empieza a aparecer en lo que parece que será un bonito y caluroso día.

Pas de la Casa (km 137, 24h 32’)
Avituallamiento importante. Mis padres vuelven a estar por aquí después del periplo nocturno. Coincidimos de nuevo los tres americanos, Francesc, yo y Josep. Los demás parecen estar lejos, tanto por delante como por detrás. Teniendo en cuenta los abandonos que se han producido somos del 7º al 12º de la carrera, lo cual supera con mucho mis expectativas. Ahora lo que hay que hacer es acabar de cualquier manera, quedan 41 kilómetros y la cuenta atrás ya ha empezado.

Decido cambiarme de zapatillas. La decisión es complicada porque la alternativa a las que llevo son unas que todavía no he estrenado, pero las Cascadia han demostrado que sus mejores días han pasado y que la adherencia deja bastante que desear a estas alturas, lo que puede ser peligroso en el estado de cansancio que se avecina. No se hable más, cambio de ropa. Salgo con Francesc y Josep, con los americanos 10 minutos por delante.

Llega ahora la subida al Port Dret, con una primera parte bastante tendida y una segunda que hace honor al nombre del lugar. Llegamos arriba Josep y yo cagándonos en la ley de la gravedad, con Francesc un poco por detrás. Toca tramo llano por lo alto de la loma y bajada hacia el oeste en dirección a Bordes d’Envalira. Este es tramo ejemplifica bien lo que es esta carrera y lo que la hace especialmente dura. Una gran parte de las subidas y las bajadas discurren absolutamente fuera de camino y las banderolas te llevan a saco y de frente hacia la pendiente, sea hacia arriba o hacia abajo. El resultado es que tienes que estar constantemente al cien por cien mirando dónde pones el pie, lo que reduce bastante la velocidad. La bajada empieza por prados y acaba metiéndose por un vallecito que desemboca en las Bordes d’Envalira, donde está el siguiente avituallamiento.

Bordes d’Envalira (km 148, 27h23')
Aquí ya ha quedado definido el tándem de los tres americanos por delante y Josep, Francesc y yo por otra. Las caras de los tres son una mezcla de solidaridad y compasión mutua. A ver si la compañía acelera el paso de los kilómetros. Vienen ahora tres kilómetros de trote llevadero hasta Soldeu y un nuevo repecho por un camino que conduce al extremo de la Vall d’Incles.

En Soldeu, nuevas caras conocidas, Jordi y Àngela que han subido a ver la carrera. Me cogen justo después de comer, en un buen momento y crecido por los ánimos, así que les ofrezco una cara mínimamente aceptable. Realmente se agradecen y son claves esas muestras de ánimo. Con una desgana creciente y palabras cada vez más escasas, el grupo de los tres mosqueteros llega al avituallamiento de la Vall d’Incles.

Vall d’Incles (km 155, 28h41')
Sigo a base de caldo y plátanos. Cuando estamos a punto de salir llegan Óscar Pérez y Sebastien Buffard, primeros clasificados del Ultra Mític, la prueba de 113kms. A pesar de que vienen rápido parece que van de paseo. Nosotros a lo nuestro, nos quedan dos tramos, éste de 9,5kms.

Yo ya me lo temía cuando vi el perfil. Este tramo de 20kms entre las dos últimas subidas importantes, donde aparecían cuatro ligeros “dientes de sierra”, metía un tufo tremendo a trampa mortal.

-  En este tramo si llegáis con fuerzas podéis ir bastante rápido –dijo Gerard Martínez, organizador de la carrera, durante la sesión de “brieffing”. Sí, los coj… 

Empezamos con un kilómetro de asfalto para bajar al río, subir al otro lado para dar una vuelta totalmente gratuita por detrás de una casa, volver a bajar el río, y subir una tremenda cuesta hormigonada y un sendero posterior, que parece no acabar nunca y no deja de alejarse de la dirección final en la que tenemos que ir. Al final se acaba la subida pero en los tramos llanos cada vez cuesta más correr. Bordeamos la montaña hasta llegar a Ransol, donde nos dicen que todavía son 5kms al siguiente avituallamiento. ¿¿¿Sólo hemos hecho 4,5??? Buffff, nos están cayendo los minutos por todos lados. Otra vez subida corta pero dura y más terreno rompepiernas.

Hace un rato Josep iba un pelín más justo pero ahora se han girado las tornas y es el que tiene bastante más fuerzas para trotar en el llano y en las bajadas. Resultado: hasta luego Lucas… Nos quedamos Francesc y yo con nuestro calvario particular hasta llegar al último avituallamiento, la Armiana.

La Armiana (km 163, 31h09)
Última taza de caldo, fideos y queso que hecho por ahí en la sopa sin demasiado criterio. La cara ya no disimula nada, el último tramo ha sido terrible, creo que una hora más lento de lo que había previsto. Con un sol de justicia salimos por un repecho que sube, como todas las subidas de esta carrera, sin ningún ánimo de facilitarle las cosas al caminante. A saco, recto para arriba.

Pongo mi marcheta rítmica, el tipi-tapa del principio, que ahora es tipi…….. tapa……… tipi……….. tapa…….. Superamos un primer repecho, y recorremos un flanqueo en ligero descenso que lleva hasta el pie de la última subida hasta el Coll d’Arenes. Este sí que es el último objetivo. Está allá arriba, a tomar por culo, pero es el último objetivo. Empieza marcando el ritmo Francesc y a media subida le relevo. Intento describir unas mínimas eses que faciliten un poco la subida. La última rampa es tremenda, el sol cae a plomo y voy mentalmente haciendo al cuenta atrás de las banderolas que faltan hasta arriba. Los controladores del collado nos miran con cara de pena. Imagino, al menos, yo la verdad es que solo miro al suelo.

Coll d’Arenes (km168, 32h47')
Llegar arriba supone una primera dosis de alivio. Me tomo un vaso de agua pero ni recargo los bidones. Sólo quiero llegar. Josep nos ha sacado bastante ventaja así que ni siquiera tenemos la tentación de luchar por el top 10, lo cual en ese momento supone básicamente más alivio y descarga de responsabilidades. De hecho yo casi no tengo ganas ni de apretar en la bajada siguiendo a Francesc. Las zapatillas me hacen daño en el tobillo, tengo arena dentro, las plantas de los pies hechas polvo… Le digo que tire que me quedo a hacer una foto, pero me dice que no, que lleguemos juntos.

Me animo y tiro detrás de él, debatiéndome entre el dolor de pies y la satisfacción de que el objetivo ahora sí que está cerca. Prados, nieve, más prados y bosque, que esconde una última trampa en forma de repecho de unos 100 metros de desnivel, donde aguanto como puedo. Seguimos bajando, el bosque no deja ver el fondo del valle, así que no puedo ver cuánto falta. De todas formas el camino baja a saco y el lado opuesto del valle se acerca, así que no podemos estar lejos.

En una de estas oigo gritos delante. Son Jordi y Àngela que me animan en una curva del camino.

-          Vamoooosssss!!!! Tres quilòmetres!!

Joder, todo me parece demasiado. Ya paso del dolor de pies, me apoyo como puedo en los palos. Finalmente llegamos al pueblo de Sornàs y salimos a la carretera principal. De aquí solo queda un kilómetro de carretera y Ordino está allí delante. Chocamos las manos.

-          Aquest quilómetre és per disfrutar-lo –me dice Francesc.

Buff, menos mal… Iba ya con el gancho.

Realmente las emociones de este último kilómetro son extrañas. Hay una componente importante de alivio, de que en breve uno no va a tener que seguir avanzando adelante, arriba y abajo. Hay otra parte de satisfacción personal, una especie de orgullo por el deber cumplido. Otra pieza del pastel sería de cierto vacío, de tener una idea en la cabeza durante buena parte de tu tiempo y de repente sentir como desaparece esa obsesión. Y por último una gran felicidad, una sensación de haberte propuesto un objetivo y haber sido capaz de cumplirlo. Porque al fin y al cabo, ¿qué es la vida sin objetivos?...

Llegamos a meta cogidos con las manos en alto entre los aplausos del público. Estoy tan contento como desorientado. El momento es indescriptible. Finalmente han sido 34 horas 24 minutos y 23 segundos, 11ª posición ex aequo para los dos. Por delante, Julien Chorier, que ha dado un auténtico repaso a todo el personal (28h40’), el simpático Kenichi Yamamoto (31h12’) y el austaliano Matt Cooper (31h24’) cerrando el pódium. Después Pep Ballester, el vasco Imanol Alesón, Armando Teixeira (portugués de Salomon), los tres americanos y Josep, que finalmente nos ha sacado 20 minutos.
Aquí tenéis una imagen del podium de la Ronda dels Cims:
Una fot con Kenichi Yamamoto y Matt Cooper (2º y 3º clasificados)...
...y otra con Óscar Pérez, ganador del Ultra Mític y un auténtico crack.

Muchas veces la gente te pregunta por qué haces estas cosas y muchas veces me lo pregunto yo mismo cuando estoy en medio de estas aventuras. Al llegar a esos últimos metros cada vez estoy tan convencido de que entiendo ese por qué como de que soy incapaz de explicarlo.

Besos y abrazos

P.D: quiero felicitar a la organización porque, en mi opinión, han sabido adaptarse bien a las dificultades generadas por la abundante nieve. Y han sabido crear un itinerario alternativo que ha mantenido, si no al cien por cien sí en buena medida, las características y dificultades del recorrido original.

P.P.D: Por supuesto también dar las gracias a mis padres que me acompañan a pesar del sufrimiento e inquietud en estos proyectos y están ahí, tanto para ayudar en la logística como para compartir estos momentos. También a Jordi y Àngela que estuvieron empujando.

P.P.P.D: Y por último agradecer también las muestras de ánimo que he leído después en el seguimiento por Facebook y el montón de whatsapps de apoyo. Os aseguro que me los he imaginado en muchos momentos y son un pilar básico para seguir adelante.