viernes, 3 de enero de 2014

Sant Silvestre Night Trail Mataró

Feliz Navidad y feliz 2014, antes de nada, que si lo dejo para el final corro el riesgo de que muchos no lleguéis a recibir los buenos augurios para el año próximo…

Para ser justo y no explicar sólo las buenas voy a hacer un pequeño preludio sobre este tiempo desde la última carrera, el Rogaine de Cap de Creus, con el que cerré la temporada de 2013. Prometí estar un mes sin correr, para reposar un poco las piernas y desconectar algo la cabeza… debo admitir que no lo cumplí. A las dos semanas me apunté a una carrera de orientación que hacían cerca de Lyon, la Rhône Orientation. Resultó que las dos semanas de antes estuvo nevando de lo lindo por la zona así que a pesar de estar el terreno entre 500 y 800 metros, había como medio metro de nieve por todo el recorrido. Al principio la cosa era curiosa pero después se convirtió en un coñazo considerable. Mis zapatillas tenían tacos más bien reducidos así que correr se convirtió más bien en patinaje y en tirar de riñones para intentar traccionar algo. Así que fueron 4 horas con los pies en remojo, total para un reto deportivo bastante poco motivante, ya que con toda esa nieve no hace falta ser Légolas para seguir la huella de tus predecesores y encontrar las balizas.

Más allá de esa carrera y un par de partidillos de básquet, la actividad física se redujo a los trayectos en bici para moverme por Lyon así que, a pesar de ese desliz, doy por bueno el mes de vacaciones deportivas. Empecé de nuevo el día 12 de diciembre, en plan bastante progresivo, pero en vistas a ir acumulando kilómetros para la carrera de Le Treg, acepté la invitación de Jaume (mi compañero de Rogaine) para ir a hacer un entreno de 60kms por l’Ametlla del Vallès y alrededores. Una buena manera de ganarse la cena de Nochebuena el día 24. En cuanto vi que éramos sólo nosotros dos ya me imaginé que el “ritmo trotón” prometido se convertiría para mí en una carrera a muerte. Efectivamente, probé una buena dosis del “Tío del Mazo” y es que para mí, 60 kilómetros en menos de 7 horas por terreno mayoritariamente de sendero es un ritmo verdaderamente rápido en un momento álgido de la temporada y un suicidio cuando llevo 10 días de entreno. De todas formas, dejando aparte la pájara, una salida muy chula y un entreno que seguro que agradeceré cuando toquen las grandes kilometradas.

Siguiendo la tradición de los últimos años me apunté el día 26 a la Cursa de l’Indiot, en Mollerussa, una buena manera de quemar los excesos gastronómicos de estos días. Aún con el calentón de los 60kms en las piernas y sin calentar demasiado, intenté convencerme de salir relativamente de paseo o como mucho a hacer un rodaje rápido, pero rodaje al fin y al cabo. Lo cumplí los primeros 500 metros, pero el dorsal empuja, así que al poco rato estaba ya mirando hacia delante. Es una carrera de 8kms, y el ritmo para mí es realmente asfixiante, más aún sin haber hecho ni una miserable serie. Aun así, el hecho de haber salido más lento e ir de menos a más fue una sensación reconfortante y me encontré relativamente bien. Me pasé casi toda la carrera recuperando terreno a un grupillo de unos 7 u 8 corredores donde estaba Willy, un Ironman que de vez en cuando se pasea por el blog (estás ahí?...). Los pillé cuando faltaban dos kilómetros para meta, cuando enfilábamos una recta con el viento en contra, así que me hice un poco el remolón a rueda. Al final la gente se hartó y se desataron las hostilidades y nos acabamos cascando el último kilómetro a 3’15’’, es decir bastante más rápido que la media de la carrera que estuvo sobre 3’35’’. Yo estuve un poco cobarde porque me pasaron dos tíos cuando iba bastante bien. Al final 12ª posición y 28’50’’, contento para tal como venía, pero lástima porque no sabía que estábamos tan adelante y hubiese hecho gracia hacer de los 10 primeros. En fin…

Y así llegamos al día 31. Me intenté apuntar a la Cursa dels Nassos en Barcelona, de 10kms, para darle otra oportunidad a los ritmos rápidos, pero las inscripciones estaban ya cerradas así que busqué alternativas y me apunté a una carrera nocturna de trail que se celebró el 31 a las 18h en la parte alta de Mataró. Me alegro de que las cosas fueran así y acabar corriendo esta carrera, más familiar y divertida que la primera opción. Así fue la cosa:

Al salir a las 18h la carrera fue íntegramente de noche y por tanto a la luz de los frontales. No he hecho demasiadas de este tipo, pero realmente lo recomiendo. La sensación de velocidad es mucho mayor y es super entretenido. Eso sí, hay que estar al loro porque cualquier despiste puede acabar con tus dientes encastados en alguna raíz o el tobillo mirando a Cuenca.


En la salida somos unos 225 corredores y a los 30 metros hay una “chicane” digna de Montecarlo, sí que en cuanto se da la salida hago un pequeño sprint para pasar el primero por ese punto y nos lanzamos por unos primeros 300 metros de buena bajada por una pista estrecha. Llegamos a un cruce y el recorrido toma un sendero ascendente, en lo que es la primera de las 3 subidas que, a grandes rasgos, tiene la carrera. Al arrancar la subida me pasan 3 tíos, uno de amarillo y dos de azul, y viene por detrás un tipo de verde dando unos resoplidos considerables que escucho cada vez más cerca. Parece que entre los cinco va a estar la cosa.


La subida es dura y me coge en ese tramo de las carreras en el que me cuesta coger el ritmo, así que hago un poco la goma con los de delante. Afortunadamente para mí uno de los de azul va menos fino que yo y le adelanto, aunque a cambio viene el de verde como una moto y me sigo quedando en cuarta posición. La subida se trota pero hay momentos en que tengo los gemelos asfixiados (aprovecho para comentar por si a alguien le sirve, que ir al fisio el día antes de una carrera no es la mejor decisión, aunque es este caso yo no tenía muchas más opciones…). Por fin se acaba, en un avituallamiento que los cinco que vamos en cabeza ignoramos. Nos lanzamos en una bajada en la que “el segundo de azul” me pasa bajando como un poseso, aunque en el repecho siguiente le vuelvo a adelantar y me quedo a pocos metros del “verde” y con el “amarillo” y “el primero de azul” a unos 15-20 segundos.

La bajada me devuelve el aliento y empiezo a encontrarme bien por los toboganes por los que discurre el recorrido. Además la carrera está muy bien marcada y no cuesta demasiado seguir el recorrido a pesar de ser de noche y de ir a un ritmo que por momentos debe andar sobre 3’20’’ – 3’30’’ el km. En una de estas veo que el “verde” se salta una curva en un tramo de revueltas. Me mosqueo y le grito, pero sigo por el camino que toca y me resigno a perder esos 10 segundillos que pueden haber significado el atajo. Intento no dejarme llevar por el lado oscuro y no cebarme y llego a una pista amplia donde busco un ritmo de crucero decente pero cómodo. Con todo esto me he quedado algo alejado de los de delante y el de atrás, en posición de medalla de chocolate. Bueno, aún no hemos llegado a la mitad de la carrera, no hay que desesperarse.

En el siguiente repecho importante, la segunda de las subidas, aprovecho el ir sólo para buscar mi propia marcha y coger fuerzas para la última parte de la carrera. Mis sensaciones van mejorando, llego al kilómetro 6 (de 11 que tiene la carrera, no sé si lo había dicho…) y veo que delante se han juntado el “azul” y el “verde”. Viene ahora un tramo de un kilómetro largo de bajada cómoda por pista y noto que me voy acercando. Cruzamos la autopista por un túnel y los tengo ya a escasos 15 metros, e incluso el “amarillo” que anda en cabeza no está a más de 80 metros. En plena dinámica positiva empieza la última subida y ya voy a rueda de los dos corredores que me preceden, intentando coger algo de aliento.

Todo parece ir bien pero en un momento dado veo que en el sendero no hay marcas, lo cual me extraña porque llevamos toda la carrera con marcas cada 10 metros (en serio, genial el marcaje). Al ir mirando el suelo nos hemos colado y las marcas están 10 metros más arriba. Les grito para avisarles y cruzamos campo a través para recuperar el camino. Esta gilipollez me rompe totalmente el ritmo. Noto que esos metros a toda pendiente me dejan asfixiado y pierdo 5-10 metros con los otros dos, distancia que se va ampliando en lo que queda de subida. Vaya… con lo que me había costado pillarlos y mira que estaba convencido de que los pasaba…

Afortunadamente para mis revoluciones llega al bajada, pero es un tramo técnico entre plantas en el que, en plena asfixia, no acabo de coger un ritmo especialmente ágil. El terreno se abre de nuevo y me meto por un sendero fácil y descendente, perfecto para recuperar ritmo y respiración. Por delante veo que el “azul” se ha destacado del “verde” y que a éste aún le puedo pillar. Efectivamente le voy recortando poco a poco y llego al túnel a unos 30 metros del verde y unos 80 del “azul”.

Queda un kilómetro y medio, que vuelve a ser en subida casi constante hasta la meta. Con la dinámica positiva de venir de atrás, acabo pillando al de verde. Le paso para intentar aprovechar el golpe moral pero mis piernas tampoco dan para mucho y él se da cuenta y me vuelve a pasar. En una de estas le grita al de delante “Roger, tira! Que me han cazao!...”. Me siento en territorio comanche, pero mientras pierda aliento pegando gritos, puntos para mí. El terreno es duro, una rampa con bastantes tramos entre el 10 y el 15% que a esas alturas duelen. Andamos en un tira y afloja en el que ahora te paso y te saco 5 metros, ahora me pasas y me los sacas tú… Sumidos en esa lucha de repente el compi me pregunta que cómo me llamo… La verdad es que si nos tenemos que explicar la vida casi mejor esperar 3 minutos pero por no pecar de falta de caballerosidad le respondo con un gemido no demasiado inteligible. Afortunadamente la conversación se acaba ahí. Entramos en el tramo por el que ha empezado la carrera e intento hacer memoria para ver cuánto queda. No puede ser mucho, así que en un pequeño descansillo pego un pequeño acelerón y gano 10 metros. Creo que esta vez son buenos. Intento no girarme para no dar síntomas de flaqueza pero escucho la respiración cada vez más lejos. Por delante el “azul” está a unos 30-40 metros pero me falta determinación, ambición y sobre todo fuerzas para ir a por él. Me conformo con el tercer puesto y entro en meta a un ritmo trotón no demasiado heroico. Han sido 51 minutos, un ritmo de 4’15’’/km en los 11kms y pico de carrera, contento por haberlo disfrutado, por haber luchado la tercera plaza y por haberme encontrado razonablemente bien. El primero y el segundo me han sacado 50 y 20 segundos (aprox.) respectivamente.

Ya recuperados del esfuerzo de la carrera comentamos la jugada con los compañeros de fatigas. La cosa ha estado entretenida con los tira y afloja entre todos y cuando acaba la carrera el ambiente es deportivo y agradable. Por mi parte, la verdad es que siempre hace ilusión subir al podio así que me marcho de buen humor, rumbo a los siguientes objetivos del día, bastante menos deportivos.

Me ahorraré la crónica de la noche… Sólo algunas keywords como “cena a reventar”, “vino blanco”, “Singstar”, “Gangam Style”, “bachata”…


Besos y abrazos

viernes, 20 de diciembre de 2013

7 Ultras - 7 Continentes

Vamos a sacarle las telarañas al blog…

Cuando en verano me vino a la cabeza la idea del Proyecto Le Treg, lo hizo de la mano de una iniciativa personal a más largo plazo consistente en realizar una carrera de ultradistancia en cada continente. Aunque ya comenté algo en aquel post, voy a explicar ahora de qué va y en qué consiste la idea.

El lema principal del proyecto que lleva por nombre 7 Ultras 7 Continentes (llamadme original…) es el descubrir diferentes tipos de carreras, culturas y entornos naturales. No se trata para nada de buscar carreras que destaquen por su nivel competitivo, aunque algunas también lo puedan tener. Unas son más duras, otras menos, pero cada una de ellas representa un viaje, una aventura, con la que me gustaría descubrir nuevos lugares y nueva gente.


Para darle forma y difusión al proyecto hemos desarrollado una web, o mejor dicho, se la ha currado mi amigo Carles con la poca ayuda que yo le he proporcionado (aprovecho para agradecer públicamente todo ese trabajo ;-)). Ahí tenéis la dirección: www.7u7c.org. En ella aparece la idea general del proyecto y detalles sobre las diferentes etapas. También se va actualizando la información de la etapa siguiente, como es en este caso la del Proyecto Le Treg. Espero que os guste y, como siempre, las sugerencias son más que bienvenidas.

Como os podréis imaginar, tenía mil opciones en la cabeza a la hora de decidir los objetivos y me lo pasé pipa recorriendo todos los calendarios de carreras habidos y por haber. Finalmente este es el resultado de horas de masticar la idea y soñar despierto:

Africa (Chad): Le Treg
Bueno, con este tema ya os he machacado bastante entre blog y Facebook. Esta primera etapa ya está en marcha y se celebrará la segunda semana del mes de febrero de 2014. Se trata de una carrera de 170 kilómetros en autosuficiencia en la zona del Ennedi, en el norte del Chad. En otras palabras, un sitio al que nunca hubiese dicho que iría. Para mí representa descubrir lo que es una carrera por el desierto, aunque no se trata de una carrera atravesando dunas y más dunas sino que es una región con una serie de formaciones rocosas bastante curiosas. Como muchos sabéis, paralelamente a la carrera estamos llevando a cabo una campaña de recogida de ropa para llevar al Chad junto con más material que lleva por su parte la organización de la carrera (para los que no conocéis la iniciativa: https://www.facebook.com/proyectoletreg).

 Europa (Italia): Tor des Geants
Ya hace varios años que la segunda semana del mes de septiembre, la paso enganchado a Internet siguiendo las evoluciones de esta carrera. Se trata de una vuelta gigante al valle de Aosta, en el extremo noroeste de Italia, que atraviesa los macizos del Mont Blanc, Monte Rosa, Cervino y Gran Paradiso. 330 kilómetros y 24000 metros de desnivel, unos números que introducen en la carrera un elemento diferente que es la gestión del sueño. Dispones de 6 puntos intermedios en los que puedes dormir el tiempo que quieras, además de refugios y avituallamientos donde te puedes parar un máximo de 2 horas. El valle entero se vuelca con la carrera y los amigos que la han corrido hablan maravillas. En la última edición asistí como público y quedé enamorado. El punto negativo es que se entra a través de un sorteo, pero está claro que lo vamos a intentar de cara a 2014 (http://www.tordesgeants.it).


Sudamérica (Argentina): La Misión
Esta carrera se celebra en la región de Bariloche, en la Patagonia Norte argentina. Cuando estuve cerca de ahí hace unos años me quedé con las ganas de visitar esta zona de lagos y montañas que es famosa por su belleza en toda Sudamérica. La Misión es una carrera de 160 kilómetros y unos 8500 metros de desnivel positivo. El terreno es una mezcla de bosque y tarteras, que parece (digo parece por las fotos porque no he estado allí) menos técnico que lo que uno se puede encontrar en muchas carreras de aquí. La carrera se celebra durante el mes de febrero, es decir en pleno verano austral. Las fotos que salen en la web son espectaculares (http://lamisionrace.com.ar/2013/).


Oceanía (Indonesia): Volcans de l’Extrème
Aquí entramos en terreno complicado, hablando desde el punto de vista logístico y económico. Se trata de un viaje y una carrera por etapas que se lleva a cabo en la isla de Java, en Indonesia. No es una carrera especialmente dura, al menos comparada con las otras. Son 165 kilómetros con 9000 metros de desnivel positivo que se cubren en un total de 8 etapas de longitudes muy diversas. La he escogido frente a otras que se celebran en Australia o Nueva Zelanda porque el ambiente volcánico y el hecho de que sea por etapas de diferentes modalidades, me parece un rasgo característico respecto al resto de carreras del proyecto. Por otro lado podemos discutir si la isla de Java es Oceanía o Asia, pero en fin, la cuestión es que me pareció la carrera más atractiva de la zona!
(http://www.lesvolcansdelextreme.com)

Asia (Bhutan): The Last Secret
Pocos países permanecen más inmunes al “desarrollo” occidental como Bhutan. Si excluimos a aquellos que mantienen un aislamiento a costa de un régimen opresivo, probablemente encontremos en este país del Himalaya un caso prácticamente único. El contacto con la cultura budista y el descubrir los factores que llevan a que este país tenga el “mayor índice de felicidad”, dotan a esta etapa del proyecto de un interés especial. En el aspecto deportivo, se trata de un recorrido de 192 kilómetros y 10000 metros de desnivel positivo en 6 etapas. Igual que en el caso anterior, no se trata de una carrera que destaque por la dureza deportiva (sin que eso signifique que es un paseo) sino que me llamaba especialmente la atención por la cuestión social y cultural de este país (http://www.global-limits.com/bhutan-the-last-secret.html)



Norteamérica (Canadá): Yukon Arctic
Esta es una carrera, o mejor dicho una serie de carreras, que se celebra en el estado de Yukon, en el noroeste de Canadá, cada mes de febrero. Las opciones a nivel de distancias son de maratón, 100, 300 y 430 millas (ésta última se celebra cada dos años). También hay diferentes modalidades en cuanto a cómo hacer el recorrido, que puede ser en mountain-bike, con esquís o corriendo. Lo mío sería correr, y llegados a estas alturas del proyecto, la idea sería “caballo grande ande o no ande”. 430 millas, más que una carrera son una aventura. La distancia y la época del año la convierten, según el lema de la organización en “the world’s toughest and coldest ultra”. Temperaturas de -20ºC o -30ºC son habituales en esa región en esa época del año. No se trata de una carrera de montaña con grandes desniveles sino más bien una larga travesía por ambientes extraídos de la película “Into the Wild”.
 (http://www.arcticultra.de/en/)

Antártida: The Last Desert
Y para rematar la faena nos quedaría esta carrera en ese continente que todos vemos tan lejano. Consiste en una carrera por etapas en diferentes puntos de la Península Antártica. Un total de 250 kilómetros en 7 etapas y en autosuficiencia. La dureza principal proviene sobre todo del ambiente y las temperaturas. El atractivo aquí nuevamente procede más del entorno natural, del descubrimiento del último rincón mínimamente virgen del planeta, más que del ámbito propiamente deportivo.
(http://www.4deserts.com/thelastdesert/)

Pues esta es la idea. Lo cierto es que es un proyecto a medio plazo, que espero combinar con otras carreras y actividades. Al durar varios años cabe la posibilidad de que alguna de las carreras sufra modificaciones o incluso desaparezca, por lo que me reservo el comodín de cambiar alguna de las carreras, siempre manteniendo la filosofía de descubrir naturaleza, deporte y cultura. El desarrollo del proyecto excede el terreno propiamente deportivo y, en algunas de sus etapas, presenta dificultades importantes a nivel de logística y sobre todo a nivel económico. Eso implica que voy a tener que buscarme bastante la vida, tal como estoy haciendo con la primera fase del Proyecto Le Treg.

No sé si seré capaz de tirar adelante con todo, si podré encontrar los medios de llevar a cabo el proyecto hasta el final, cómo evolucionará la vida durante este tiempo… Lo que está claro es que tengo ganas de intentar cumplir el sueño que apareció de repente mientras aparcaba el coche una tarde de julio. Y es que como dice Kilian “si no soñamos estamos muertos”.

Besos y abrazos


jueves, 14 de noviembre de 2013

Rogaine Cap de Creus

Este fin de semana he venido otra vez desde tierras francesas para pasar el fin de semana, ver a familia y amigos, seguir trabajando en el Proyecto Le Treg (muy gratificante ver cómo se van llenando las cajas de ropa y poder contar con dos nuevos puntos de recogida como Bikila y J’Arribu, toda la información en https://www.facebook.com/proyectoletreg) y aprovechando la ocasión, correr el Rogaine de Cap de Creus para cerrar esta temporada.

El rogaine es una modalidad de carreras de orientación en la que dispones de un mapa que cubre un cierto territorio y en el que están marcados una serie de puntos correspondientes a balizas que hay sobre el terreno. Cada baliza tiene una puntuación en base a dificultad técnica, distancia que hay que recorrer, etc. La competición se realiza por equipos de entre 2 y 5 corredores, que pueden seguir la estrategia que crean conveniente para hacer la máxima puntuación a base de fichar en un tiempo máximo del que no te puedes pasar.

La idea surgió cuando Jaume (Folguera) me propuso formar equipo para correr esta carrera. Jaume es uno de los corredores más destacados a nivel catalán en carreras de larga distancia en montaña, así que me hizo mucha ilusión la propuesta y no dudé en alargar un poco el calendario para llegar hasta la carrera del sábado. No negaré que también estaba un poquillo acojonado por la duda de si podría aguantar bien el ritmo y no suponer un lastre.

Como pasa en estas pruebas, se reparten los mapas 15 minutos antes de la salida y cada equipo tiene ese tiempo para diseñar la estrategia para cubrir el máximo número de puntos posible. Desde mi modesta experiencia en este tipo de carreras, algunos criterios útiles pueden ser el de dejar algún pequeño grupo de balizas cercano a la meta para el final, de forma que uno pueda aprovechar los últimos minutos sin arriesgarse a no llegar a la meta; o el de hacer prevalecer las balizas próximas a caminos, sobre todo si el punto fuerte del equipo es el físico más que el orientador.


Cuando abrimos el mapa (os lo pongo grandote y solo la parte que recorrimos, para que se vea algo...) la primera cosa que salta a la vista es que la salida y meta (en Port de la Selva) se encuentra en el extremo noroeste del mapa. Eso elimina algunos dilemas, ya que sólo hay dos alternativas globales: salir hacia el este y hacer una vuelta en sentido horario, o salir hacia el sur y hacerla en antihorario, todo eso a grandes rasgos. Justo al sur del pueblo hay un bucle formado por las balizas 33, 48, 51 y 69 que se presta bastante para dejarlo al final, así que decidimos salir hacia el este. Con más estrés que criterio vamos enlazando balizas con el rotulador. Como siempre, el plan es ultraoptimista y sobre el papel, recorres el plano en un periquete. Otro punto que salta a la vista es la falta de caminos importantes en la zona norte del mapa, y la necesidad de recorrer campo a través muchos tramos, lo cual probablemente no nos vaya a favorecer. En el último momento decidimos dejar para el final dos balizas de dentro del pueblo (49 y 50) y salir directamente hacia la 32 y la 83.

En este plan arranca la carrera. Yo la verdad es que mientras corro no alcanzo a ver el detalle del mapa en el interior del pueblo, pero hay varios equipos al lado y vamos todos en plan rebaño y llegamos de cabeza a la baliza 32. Para salir del pueblo nos liamos algo dando bastante rodeo entre las calles que suben por el monte, pero al final atinamos con la pista que sale del pueblo hacia la 83 y corremos a buen ritmo. En la aproximación a la baliza ya nos damos cuenta de que el terreno rasca y que la cosa tiene pinta de que va a ser durilla. Campo a través atravesando dos vaguadas hasta la 64 y de ahí a la 53 apoyándonos en el camino al sur (un buen orientador iría directo por la curva de nivel). Buena aproximación hacia la 35, pero mala localización de esta porque no ubicamos bien el montículo exacto en el que se encuentra. 3 o 4 minutos de lío, no más. Llegados a este punto ignoramos por primera vez algunas balizas (68, 31 y 34) y nos vamos hacia la 72 tirando de pista.

Deshacemos el camino, pero al llegar a un cruce de donde sale un sendero que debería permitir atacar la 55 por el norte, no acertamos con el camino y nos metemos más al sur. No me noto demasiado hábil con la brújula hoy, debería haberme dado cuenta del error. Acabamos siguiendo una valla por encima en plan Paso de Mahoma, pero ésta se acaba y salimos a un terreno de vegetación muy espesa (tramo amarillo con líneas verdes juntas; el verde oscuro es directamente impenetrable a no ser que vayas con una desbrozadora…). Las paso canutas para atravesar, pero a Jaume, que no lleva perneras para proteger los gemelos, el tramo creo que le gusta aún menos. Llegamos a la 55 con sensación de haber perdido demasiado tiempo por 5 miserables puntos. Para destensar un poco la mente después de los apuros tiramos de pista hasta la 73 y vamos por terreno relativamente cómodo hasta la 93, colgada literalmente encima del mar. El repecho de vuelta es durillo pero es el terreno donde nos encontramos mejor así que se lleva bien. Deshacemos el camino para ir a buscar la 65 en la intersección entre dos vallas, a la que llegamos después de atravesar un terreno de zarzas secas bastante incómodo.

Aquí va a empezar la peor fase de la carrera. La idea es ir hacia la 42. Podríamos volver hacia el camino al oeste y dar un rodeo para atacar la baliza por camino, pero da una vuelta enorme, así que seguimos la curva de nivel rodeando una vaguada. El terreno va de mal en peor y toda especie vegetal se empeña en firmarte autógrafos en las piernas. La peor es una planta verde claro que no parece especialmente espinosa pero que al más mínimo roce te hace ver las estrellas. Yo voy algo más protegido y aún voy tirando, pero Jaume viene detrás emitiendo una amplia gama de gemidos y jurando en arameo. Por lo menos llegados al sitio, la baliza en sí se encuentra fácil, pero la dinámica del tramo siguiente, hasta la 43, es más de lo mismo. Estamos en el fondo de una vaguada y toca ir hacia los apetitosos 8 puntos de la 81. Vemos gente trepando por la ladera de enfrente y nos lanzamos por ahí. Aquí por lo menos hay rocas a las que te puedes ir agarrando, pero la trepada tampoco es un terreno especialmente rápido. En un estado anímico cada vez más flojo llegamos a la 81. En el trayecto hacia la 76 sigue la dinámica negativa. Tardamos más de 15 minutos entre zarzas y gemidos.

Después de casi 2h y media de carrera toca replantear objetivos. Decidimos ir ya en dirección sur, pasar de toda la mitad este del mapa y, a poder ser, apoyarnos en caminos todo lo posible durante el resto de la carrera. Subimos un repecho duro por un camino, aliviados de no tener más plantas “acariciando” la piel. Hacemos fácilmente la 39 y aunque pasamos cerca de la 40 la ignoramos por miedo a meternos en otro berenjenal y “sólo” por 4 puntos, así que nos vamos a la 63, que cuesta algo de ubicar entre los detalles del mapa. Pista hacia la 74, que atacamos (ahora pienso que erróneamente) desde el sur en lugar que desde el este. Desechamos también la 41 y hacemos fácil la 37.

Vuelve a hacerse complicado el terreno para subir hacia la 82. Nos encontramos a un grupo que sale de la derecha con cara de pocos amigos, así que decidimos atacar la baliza rodeando por lo alto de la montaña. La dinámica vuelve a ser algo negativa: caminos que son difíciles de seguir, más zarzas, pausas para debatir por dónde seguir… Todo hace mella en el ritmo global y hace que nos cueste 19 minutos llegar a esta baliza (el parcial más largo). No queremos saber nada de campo a través y nos vamos a la 58 dando una vuelta tremenda por un camino, pero por lo menos puedes poner un cierto piloto automático. Hacemos relativamente bien el bucle 58-62-75 y, siempre basándonos en una pista que vuelve hacia el pueblo, vamos cubriendo la 45, 67 y 78. Recuperamos el ánimo con la libertad del camino abierto y vamos a muy buen ritmo, sacando algo a relucir la base de fonderos (más Jaume que yo, la verdad…). Rodeo hacia la derecha para cubrir 66 y 36 y vuelta hacia la 70, ya muy cerca del pueblo.
Nos queda una hora, que queremos dedicar a barrer las balizas de alrededor de la meta. Vamos primero hacia las del norte (49 y 50), que se hacen muy fáciles. Aquí me doy cuenta de que he descuidado mucho la alimentación (llevo comido un kit kat en 5 horas y media, un desastre, lo sé…) y me tomo un gel para evitar la típica pájara del final. Vamos hacia la parte sur, donde están las balizas 48, 51, 33 y 69. En el repecho que lleva a la 48 me doy cuenta de que voy con la reserva. Afortunadamente aprovecha mientras Jaume ubica el senderillo que lleva a la baliza para recuperar la respiración, igual que en la bajada posterior. La 51 la atacamos por el este, coincidiendo con varios equipos que están por allí. Nos liamos bastante, y yo la verdad es que ya no soy de mucha ayuda. Al final la encontramos pero mirando el reloj nos damos cuenta de que ir hasta la 69, con la subida correspondiente y teniendo que buscar fuera de camino, es bastante arriesgado, así que vamos a la 33, que es fácil, y hacia la meta.

Resultado: 189 puntos. Posición… cuartos. La verdad es que visto el panorama de la fase intermedia de la carrera está bastante bien. Es una lástima porque los segundos y terceros tienen 195 y 192 puntos respectivamente (205, los primeros), así que nos hemos quedado a una baliza del pódium. Estas carreras se prestan para comentarios “y si…”, pero ya se sabe que a toro pasado todos somos Manolete. Posibles balizas que nos hubiesen dado esos puntos extras son la 40, por la que pasamos cerca y la 69, si hubiésemos llegado con un pelín más de margen. De todas maneras un balance de la carrera bastante positivo, en un tipo de carrera que creo que no se adaptaba demasiado a nuestras características. Me parece que hay margen de mejora en términos de velocidad campo a través, o en un rogaine más corredor. La comunicación también se mejora con la experiencia conjunta y hace que sea menos necesario parar para comentar la jugada, lo que se traduce en un mejor ritmo medio. Por último, no tengo muy claro si otra estrategia global hubiese sido más adecuada, pero sí que noté que no era uno de mis mejores días con la brújula, por lo que perdimos algo de tiempo en el ataque a alguna de las balizas iniciales en las que iba yo delante.

En resumen, con ganas de repetir y mejorar todos esos aspecto para ver si podemos estar luchando por la victoria. Como curiosidad, acabo con el ritmo de puntos por hora, que da una idea de la evolución:
-          1h: 6 balizas, 32pts
-          2h: 6 balizas, 35pts
-          3h: 5 balizas, 31pts
-          4h: 5 balizas, 28pts
-          5h: 6 balizas, 34pts
-          6h: 6 balizas, 28pts

Ahora, un mes de vacaciones en el que me he propuesto no correr ni para cruzar la calle. Alguna salida a la montaña sí que caerá, pero “de tranquis”. Y a seguir trabajando en el proyecto Le Treg (www.facebook.com/proyectoletreg) que la verdad es que va muy bien. Este fin de semana hemos incorporado dos nuevos puntos de recogida en dos tiendas de material de running, uno en J’Arribu (Cornellà) y otro en Bikila (Barcelona). Más información en Facebook!!

Besos y abrazos 

domingo, 20 de octubre de 2013

Maratón de Amsterdam

Qué pinta una maratón de asfalto al final de la temporada de montaña, dos semanas después de la Marató del Montsec? Efectivamente, nada.

Estaba inscrito a este maratón desde hace tiempo, como consecuencia de un regalo especial de cumpleaños que me apetecía aprovechar. Así que en cuanto vi que las piernas no se habían resentido de forma grave del Ultratrail del Mont Blanc, compré los billetes, reservé un hotelillo barato y a pasar un fin de semana en Amsterdam.

Amsterdam es una ciudad bonita, con sus canales por los que van paseando a los turistas en innumerables barcos de paseo. Más que los edificios singulares a mí me llaman la atención las típicas casas de ladrillo y mil ventanas que recorren el margen de los canales. Los cimientos son más bien dudosos, ya que muchas de ellas están torcidas y cada una torcida como le da la gana sin importarle lo que ha hecho la de al lado. A nadie parece importarle ese aspecto geotécnico y pasa a ser una curiosidad turística más.

Cosillas que me han llamado la atención: los coches son pepinillo, aquí el más tonto tiene un BMW, pero en cambio las bicis son bastante truño. No porque sean del rollo clásico de verano azul, sino porque están viejas, muchas usan freno de pedal y la mayor parte de las cadenas están más oxidadas que el inglés de Ana Botella. Eso sí, no serán muy buenas, pero hay bicis a patadas. Y son todas iguales! ¿Alguien sería capaz de encontrar su bici en un sitio como este?

Ahora, da gusto ver cómo se puede dejar la bici con un simple candado que ata el cuadro a una farola, sin tener que quitar el sillín, asegurar las dos ruedas y cruzar los dedos como pasa en Barcelona. Cualquier día uno se encuentra que le han birlado un pedal o los piñones…

Otra cosa que me ha chocado es que en la moto no lleva casco ni el tato.

En este ambiente aparecí el viernes por la tarde procedente de Lyon. El hotel como os he dicho, sin lujos, pero es Holanda, así que tampoco era un cuchitril. Eso sí, si quieres un precio razonable y vas solo, la habitación compartida no te la quita nadie. La primera noche compartí habitación con cuatro chicos, cuya nacionalidad desconozco, pero me quedó claro rápidamente que no venían a correr el maratón. Se presentaron a las cuatro de la mañana, y después de un minuto de pelea con la tarjeta y la cerradura, irrumpieron en la habitación como Pedro por su casa, luz encendida, riendo y hablando a grito pelado. Me tocaron los huevos pero no me despertaron, porque yo llevaba rato interaccionando con un inesperado compañero de habitación.

Un mosquito. No hay ser vivo que conozca mejor que un mosquito la anatomía superficial del cuerpo humano. Conocen como la palma de su pata ese rincón detrás de la rodilla en el que encuentran su solomillo particular. En cuanto te pican ahí a los 5 minutos tienes una picada en la otra rodilla con una simetría matemática. La base del pulgar, el cuello o un lateral de la frente son otros clásicos. Sobre las dos de la mañana el simpático insecto apareció por mi pie izquierdo, dando cuenta del dedo meñique y otra picada en los alrededores del tobillo (otra de las zonas preferidas). Antes de que reaccionase tapando el otro pie ya me había dado cuatro mordiscos hasta donde le dejó el pantalón. El siguiente paso fue dirigirse hacia la cintura y aprovechar algún furtivo espacio entre jersey y pantalón para marcarse cinco picadas. ¿Te giras? Pues te pico por el otro lado, ningún problema. Por algún motivo que desconozco las picadas en la cintura acaban convirtiéndose en lentejones de dos dedos de diámetro. En plena borrachera el jodido perdió todo tipo de mesura y se puso a acribillar ambas manos a discreción. 10 picadas en la derecha y 7 en la izquierda. Eso es de auténtico cabrón, es imposible no rascarse las manos… Ya totalmente desesperado, asistí impotente a los cinco disparos que me dio en el cuello antes de culminar su obra con la prometida firma en toda la frente. Sigo rascándome por todos lados mientras escribo esto…

Después del día de turismo del sábado, la segunda noche no fue mucho mejor. Después de irme a dormir juiciosamente a las 10 de la noche para estar listo para la carrera, media hora más tarde aparece por la puerta el típico compatriota que enciende la luz a pesar de estar todo dios durmiendo y mira perplejo a la primera cama de la izquierda, donde había un… alemán pongamos que fuese. “Esquius mi, dis is mai bed”. El otro le dice que en la suya había alguien, que se ponga en otra que está limpia. “Sorri bat dis is mai bed, leter F”, seguido de unos carraspeos ridículos. Situación de colleja de las buenas. Total que se marchan a hablar con el de recepción, que viene y pasa lista despertando a todo quisqui. Finalmente el tal Pastor (así se llamaba el amigo), acaba durmiendo en la cama que le había dicho el alemán.

Una vez todo en orden, pude seguir disfrutando de los picores que recorrían todo mi cuerpo y diseñando posiciones que minimizasen el roce. No hubo manera, me pasé dos horas sin poder dormir. Cuando había cogido algo parecido al sueño, a pesar de mis tapones llegaron a mis oídos unos sonidos que parecían proceder de un oso de tres metros. En una habitación de ocho personas es normal que alguien ronque, pero aquello era otra cosa, aquello era tocar los bongos con las anginas. Sinceramente no soy capaz de entender como el cuello puede soportar las vibraciones necesarias para generar ese sonido. Me quito los tapones e intento detectar el autor de semejante estruendo. Efectivamente, era él: Pastor. Joder… no hay manera. Mi mala leche va creciendo por momentos y diría que no soy el único. En la ascensión al Mont Blanc recriminaba a Adrià su falta de tolerancia cuando tiraba cosas a la gente que ronca durante la noche. Yo juro que en plena escalada de mi instinto asesino estuve a punto de levantarme y taparle la cara con la toalla. El tío se pasó 4 horas rugiendo como un león en cada puñetera inspiración. ¿Cómo se puede aguantar eso? Esta mañana cuando me he levantado no me he cortado un pelo al preparar las cosas, con la luz del lavabo encendida y la puerta abierta de par en par. Y el tío, el único que seguía durmiendo, se levanta con mirada inquisitiva. Me lo he quedado mirando mientras pensaba “¿me vas a decir algo después de pasarte la noche dando por saco?”. Ahora en serio, es imposible que una persona así no sepa que ronca como un cerdo. Cony, pues ponte de lado, ves cambiando de posición, intenta algo, macho…

Y diréis, con todo este rollo sobre la previa, la carrera le debe haber ido como el culo y no tiene ganas de hablar de ella. Efectivamente.

Después de acabar el UTMB, con un aire más bien negativo, me había dicho que en el mejor de los casos, si llegaba a correr en Amsterdam sería a medio gas. Después de tener buenas sensaciones en el Montsec y sobre todo al hacer varios rodajes a buen ritmo y buenas sensaciones, aunque sin pasar de 20-22kms, mi yo optimista decidió salir a 4’ el km para un ritmo de 2h48’ e intentar, por lo menos, hacer marca personal (que es 2h49’).

Y en esas me presento, en la salida, con una noche de muy mal descanso pero con ganas de que les diese el aire a mis manos y olvidarme por un rato de los picores. La salida se hace desde el estadio olímpico, con la típica agrupación por tiempos. Música de piel de gallina y salida a las 9h30’. El marco es bonito pero hace que la salida sea un poco incómoda, incluso en el segundo cajón en el que me encuentro. Primer kilómetro en 4:13 (no os los voy a contar todos, tranquilos…) pero no me agobio demasiado y el segundo y el tercero discurren a través de un parque y ya van sobre el tiempo previsto. Los primeros 8kms nos devuelven al punto de salida antes de dar lo que será una vuelta grande por Amsterdam y algo de alrededor. No voy mal de sensaciones (solo faltaría eso en el km8) aunque tengo el feeling de ir rápido y poco relajado. Voy acercándome a la media de 4’/km y el 10 lo paso justo sobre 40 minutos. Me junto con dos gallegos mientras vamos hacia un tramo entre el km15 y el 25 que consiste en una ida y vuelta a lo largo de un río (vas por un lado y vuelves por el otro). Tengo claro que psicológicamente es el tramo clave. Me pongo un poco a rueda para taparme el viento. Me noto inestable. Un kilómetro tengo sensación de ir bien y al siguiente de ir forzado. Las pulsaciones van 3 o 4 por encima de lo que recuerdo de otras veces, pero no tengo claro si quizá en todo este tiempo hayan cambiado también mis umbrales.


Llegamos al tramo del río, uno de los dos gallegos acelera (mínimamente) y me doy cuenta de que, estando en el km15, voy un punto por encima de lo que toca. Paso el 15 ligeramente por debajo de la hora, pero no es sostenible de ninguna manera. Los dejo ir. Los siguientes kilómetros de mueven entorno al 4:05, pero en una pequeña subida (para cruzar el puente, toda la subida que puede haber en Holanda) me hace renunciar al 4:05. Estoy en el km20 y me doy cuenta de que hoy va a ser un día duro. Si estoy jodido en el km20…
Reduzco la zancada buscando algo de comodidad e intento no desmoralizarme mientras me va pasando gente como consecuencia de mi ralentización. Consigo mantenerme en el 4:15 hasta el 27 o así, intentando hidratar bien en los avituallamientos. Me tomo un gel en el 20 y otro en el 30. No han hecho gran cosa la verdad. Del 27 al 30 pasamos por una zona bastante feucha con rectas largas en un polígono. Me voy acercando al 4:20 y 4:30, pero aun así llego al 30, sobre 2h4’ en un tiempo que parece prometedor para al menos bajar de 3 horas.

Pero las piernas están agarrotadísimas. No he ido mal de respiración, pero la falta de fuerzas ha ido in crescendo. Me instalo claramente en el 4:30 y algo más el kilómetro en el que toca avituallamiento. En el kilómetro 35, con el margen que se va recortando sobre el pronóstico de 3 horas, me doy cuenta de que en mi cálculo he cometido un error fatal. Me he olvidado del bonus de 200 metros que implica casi un minuto adicional. Eso implica que a estas alturas no me puedo ir más allá del 4:30 en lo que queda. Pero voy cada vez más apajarado, con algún amago de calambre y con las pulsaciones que van bajando. Cuando las pulsaciones bajan, pero cada vez te sientes peor, es el claro síntoma de la debacle.

Total que voy pasando el km 38, 39 y entre frenar algo en el avituallamiento para beber compulsivamente (señal de que iba corto de hidratación también) me voy a casi 5’/km. Los últimos dos kilómetros transcurren sin pena ni gloria, junto a un tal Javi (a juzgar por su camiseta) que va más o menos igual de petado que yo. En los últimos 500 metros hago un testimonial cambio de ritmo para entrar al estadio con un poco más de dignidad y acabo la carrera en 3h1’30’’, eso sí, con la emoción que implica siempre el acabar un maratón.

Moralejas del día:
-      - Probablemente hubiese sido más realista, teniendo en cuenta las fuerzas y la preparación (o la no preparación), haber salido a intentar estar sobre 2h55 o 2h56. Hemos jugado y hemos perdido.
-          - La próxima vez que haga un maratón le dedicaré 3-4 meses, a ver si de una vez mejoramos marcas en 10km, media y maratón.
-              - Ya no me acordaba de lo duro que es un maratón de asfalto…


Besos y abrazos

martes, 8 de octubre de 2013

Marató del Montsec

Después de un mes y medio adaptándome a la nueva vida en Lyon, este fin de semana volvía a casa a coger un poco de aire y a seguir arrancando el proyecto de Le Treg que os comentaba en el post anterior (agradezco enormemente también por aquí las muestras de apoyo, la difusión y la participación que ha mostrado ya mucha gente ;-)). La visita coincidía con la celebración de la primera Montsec Ultratrail, organizada por los amigos de Ultra Lleida con Dani a la cabeza. Los más de 100 kilómetros de la versión larga eran demasiado para mi fatigado cuerpo a estas alturas de temporada, pero me apetecía correr la versión más corta, de distancia maratón. Ya conocía el recorrido de una salida que hicimos en el mes de abril y que, de hecho, también expliqué a través del blog.

El recorrido de la carrera sale del pueblo de Àger y se dirige hasta Corçà y el Congost de Montrebei, cruza este impresionante desfiladero y sube, ya en la vertiente norte de la Serra del Montsec, al pueblo de Alsamora y el Coll d’Ares, en la zona alta de la sierra. De ahí la ruta larga sigue hacia el este, hacia la zona del Montsec de Rúbies, mientras que el maratón desciende directamente a Àger, donde está situada la meta. Total que la carrera venía a suponer unos 42kms de recorrido con alrededor de 2500 metros de desnivel positivo (que me corrija alguien si tiene el dato más exacto).

Y ahí nos dirigimos el sábado por la mañana, plantándonos en la línea de salida a las 8 de la mañana en medio de una niebla denominación de origen de nuestra zona. La carrera empieza en la bonita plazoleta interior de la Col·legiata d’Àger y al sonido de las campanas. Salimos cuando suena la última y nos lanzamos por las calles estrechas del pueblo intentando evitar resbalones en el empedrado húmedo de los callejones. Empezamos a dar vueltas, tanto que me desoriento y llego a dudar de si no estaremos siguiendo la ruta por la que se llega desde el recorrido largo. De todas maneras hay un tipo que va unos metros avanzado y parece tenerlo bastante claro así que vamos todo el rebaño detrás. Finalmente salimos a la carretera y me ubico, al tiempo que cogemos una pistilla que va en dirección oeste, es decir, lo que toca. Después de este kilómetro inicial quedan por delante tres corredores y detrás venimos Joel y yo (Joel Adan, con quien ya coincidimos en varias carreras en los inicios de este blog). Sé que nosotros vamos a un ritmo parecido así que lo doy por bueno y a ver qué hacen los de delante. Dos de ellos me da la impresión de que van un poco por encima de su ritmo pero el tercero es un jovencillo que no conozco pero ya lo he visto en la salida y hacía pinta de tener letra en el asunto. En fin, si va de farol a ver si lo cogemos más adelante y si realmente va bien y tira más que nosotros, pues qué se le va a hacer.
En estos primeros kilómetros noto que me cuesta coger el ritmo. Además me molesta la riñonera. He optado por coger un portabidón con dos botellines y creo que he hecho el primo. Me peleo con unas gomas que lleva la historia para intentar que salten menos los bidones. Al final decido vaciar la mitad del líquido en cada uno de ellos. Algo mejor, pero los de delante se van separando. Recupero en un repechillo y paso al tercer clasificado y me voy acercando al segundo. El hecho de ir siguiéndole me hace poner el piloto automático y en una de estas nos equivocamos de camino. De repente oigo a Joel por detrás que nos grita, de forma que tenemos que recuperar unos 100 metros de subida, con la consecuente cortada de rollo. Una vez resuelto el entuerto nos juntamos cuatro corredores y llegamos a Corçà (km9), con unas sensaciones más bien negativas, como de ir más cansado de lo que tocaría para estas alturas de carrera.


Breve parada en el avituallamiento, un traguillo de agua y para delante. Se acaba el terreno rápido y corredor para dar paso a un senderillo que sube fuerte, con bastantes trozos en los que no queda otra que caminar. Nos quedamos Joel, yo y otro corredor, Víctor, como trío perseguidor (perseguidor por decir algo…) del llanero solitario que anda por delante. Voy tirando del grupo. En teoría la subida es mi terreno pero tengo cierto complejo de Safety Car, una sensación de que mis acompañantes van bastante más finos que yo, así que ofrezco el adelantamiento, pero Víctor me dice que no, que si pasa él nos perdemos. Pues anda que yo, ya llevo un fiasco en lo que va de carrera… Nada pues vamos tirando. Al rato salimos por encima de la niebla y aparece un paisaje espectacular que hace mejorar un poco mi ánimo. Un mar de nubes hasta donde alcanza la vista con algunos pequeños islotes formados por las montañas más altas de la zona.


El terreno empieza a llanear y se suceden varias subidas y bajadas por terreno relativamente técnico y de roca húmeda que promete resbalones de lo más artísticos. Yo sigo sin estar en mi mejor momento y no hago gala de mi mejor agilidad, pero al menos los kilómetros van pasando (eso dicen los pitidos del reloj de Joel) y las sensaciones no empeoran. Parece que voy cogiendo el ritmo. Hacia el kilómetro 16 empieza la bajada hacia el Congost de Montrebei. Unos excursionistas nos dicen que el primero ha pasado hace bastante rato así que parece que en ese sentido el pescado está vendido. En esta bajada me voy recuperando y noto algo más de alegría en las piernas. El paisaje es espectacular, otra vez debajo de una capa de nubes que hace que el hoyo formado por las paredes de Montrebei parezca una gran caverna. Ayudado por el ambiente y el sentido de la fuerza de la gravedad voy recuperando un cierto optimismo y llego con ganas al repecho que da acceso al camino tallado en la roca que cruza el desfiladero.


Aquí, sensaciones aparte, toca tomárselo con calma. Un tropezón y puedes ser campeón mundial de salto base sin membrana, así que adopto un trotecillo suave con la mano deslizando por el pasamanos que hay instalado. En un par de minutos estamos en el otro lado y sigue un tramo de bosque en el que confirmo mis buenas sensaciones corriendo a buen ritmo hasta un puente colgante en el que hay un nuevo avituallamiento (km20). Un trozo de melón mientras me confirman que el primero nos lleva más de 5 minutos. Por otro lado en el último tramo he tenido la sensación de que se habían girado un poco las tornas y que iba algo mejor que Joel y Victor. Tengo agua y comida en la riñonera así que casi no paro y sigo adelante aprovechando la buena onda.

De esta forma me quedo en solitario para afrontar el siguiente tramo. Subidas, bajadas, tramos hacia delante, otros en los que parece que vuelves, todo en un entorno boscoso y en medio de la niebla. Alterno el trote en tramos llanos aunque llenos de raíces y piedras húmedas, con tramos de andar con las manos en las rodillas cuando la pendiente aprieta. Por detrás parece que crece la distancia con Joel y Víctor. Estos 8 kilómetros hasta Alsamora se hacen largos, pero ya venía mentalizado de cuando lo hicimos en abril. Voy yendo mejor de piernas y de cabeza y el hecho de ir consolidando la segunda posición y no ver demasiadas opciones a la primera, hace que adopte una cierta actitud de despreocupación con la que disfruto de lo lindo. Al cabo de un rato me encuentro a mi madre, que suele ser un indicativo de que me faltan 400-500 metros para el avituallamiento. Después de un puente trampa convertido en pista de patinaje, llego al puesto de control donde ataco el melón que tiene muy buena pinta.



Pregunto por el primero y sorprendentemente mi padre me dice que ha salido hace un minuto. Automáticamente cojo el bidón que me están llenando y me las piro. Parece ser que se ha caído en el puente de antes y ha parado algo más en ese avituallamiento. La verdad es que en ese momento no me paro a pensar en la deportividad o no de mis actos y al ver tan cerca la primera posición me lanzo a por ella. Por otro lado, sospecho que Joel y Víctor no deben andar muy lejos y si quiero asegurar el pódium tengo que jugar mis bazas en la subida para evitar forzar en la bajada, con unas rodillas que son un poco incógnita después del fiasco del Mont Blanc. Al salir del pueblo me dicen que el minuto, no es tal, sino que son tres. Me lo dicen mirando el reloj, con lo cual le doy mayor rigor científico al dato. Bufff, pequeña derrota, pero en fin, estamos mejor que hace un rato. Sigo por terreno que pica para arriba, con piedras de esas que si vas mal te tocan las narices cosa fina, pero ahora estoy en “modo happy”. Dos kilómetros más y el recorrido gira a la derecha para emprender la subida hacia el Coll d’Ares. Otra vez por encima de la niebla, el sol empieza a apretar, así que bebo bien y aprovecho para tomarme un zumillo de esos de naranja (5-hours, les llamo, porque supuestamente son “5-hours of energy”… no sé si dan para 5 horas pero lo cierto es que a mí no me sientan mal y el sabor está bien) y medio Energy Drink de Maxim, de esos de limón (el otro medio acabará diseminado por mi riñonera). Con eso ya hay que tirar hasta meta.

Subo a buen ritmo, incluso trotando en trozos relativamente empinados, y busco con la mirada hacia arriba con la esperanza de ver al primero. Nothing… la subida se acaba en un tramo despejado de unos 400 metros hasta el avituallamiento de la cima y ni rastro del líder. Llego arriba y me dicen que me lleva 5 minutos. Pues vaya, yo que pensaba que había subido bien… Ahí está Kako, uno de los héroes del Tor des Geants (olvidé preguntarle si los pies habían vuelto a su tamaño habitual ;-)). Me dice que vienen 2 kilómetros de asfalto y que igual lo pillo, pero nada, si no le he recuperado en la subida, en la bajada menos. Total que pillo un trozo de melón y sigo adelante, ya más preocupado de saber a qué distancia vienen los de atrás.

Efectivamente, un par de kilómetros de asfalto donde me coge una cierta sensación de monotonía, y giro por una pista de tierra que da acceso al camino que baja hacia una Ermita cuyo nombre no recuerdo, creo que empieza por G… Ermitas aparte casi me pierdo a la entrada del camino, y en un pequeño repechillo noto que el pequeño bajón que ha significado lo infructuoso de mi persecución, ha hecho mella también en mis piernas. Voy echando miradas furtivas hacia atrás en busca de perseguidores y me lanzo por una bajada cada vez más pedregosa hacia la niebla y la clandestinidad. Si en la última bajada te ve alguien que viene por detrás te mete un hachazo que te deja fino, así que la niebla supone una cierta protección.

Se acaba el camino y empiezan una serie de pistas que me tienen que dejar en el pueblo y la ansiada meta. Me encuentro un tío que me dice que el primero ha pasado hace un minuto o dos. Sospecho que la medida no es muy rigurosa pero la noticia me obliga a hacer un intento. Aprieto el paso, voy bien de pulsaciones, fuerzas y respiración, pero a la que intento adoptar una zancada un poco más grácil mis gemelos empiezan a bailar un twist y amenazan con subirse hasta las orejas. Así que nanai, preocúpate por pisar bien y no mover una pestaña de más porque en cualquier momento puede venir una rampa de elefante (no sé si los elefantes tienen rampas, pero dudo que mucha gente sepa si se constipan y todo el mundo pilla “constipados de elefante”… no sé si os dais cuenta pero siempre acabo diciendo lo que me da la gana…).

Así que nada, a pasar los últimos dos kilómetros, parece que no viene nadie por detrás, y como última buena noticia el hecho de que la meta no está en la Col·legiata de dónde hemos salido (con el consecuente repecho) sino más cerca, en el Camping. Llego a la meta con Dani de speaker pasándoselo pipa y Diego (el ganador), que al final me ha sacado 4 minutos y medio y no hace cara de demasiado esfuerzo. Los posteriores comentarios de “Home, es que té 21 anys!”, quieren ser reconfortantes hacia mí, pero me hacen percibir el inexorable paso del tiempo, snif, snif… Sea como sea, no sé si se lo pusimos muy difícil o no, pero mis felicitaciones por la victoria. Al poco rato llega Joel en tercera posición completando el podio y Víctor en la cuarta.


Balance de la carrera (sentado en un cómodo asiento de un tren en dirección a Lyon): me quema un poco el no haber forzado algo más después de Alsamora, aprovechando el buen momento. En estas carreras más cortas de lo que quizá estoy acostumbrado, tienes que estar con la cabeza al 100% todo el rato, porque aquí a base de estar concentrado en cada paso es como rascas un par de minutillos. Dicho esto, encantando de haber disfrutado de esta carrera y del recorrido, y haberme encontrado bien (y sin recaídas de lesiones) a estas alturas de temporada en las que ya falta algo de chispa. De ese disfrute tiene buena parte de culpa la organización, por conseguir un recorrido tan atractivo. Mis felicitaciones también hacia ellos, que sé que han tenido un trabajo duro.

Besos y abrazos