martes, 10 de junio de 2014

Bastions

Marchando una de suspense… (me ha salido larga, coged el punto de libro)

Llegaba a esta carrera con sensaciones contradictorias. Por una parte positivas por haber hecho una prueba de esfuerzo la semana pasada con unos resultados bastante positivos (mejores que el año pasado por lo menos…) y un entreno de unos 50kms el sábado pasado con buenas sensaciones. Por otra parte negativas porque cuando fui a rodar el lunes me apareció una molestia en el gemelo que me ha tenido toda la semana mosqueado. Además, el fiasco de la carrera anterior me tenía un poco presionado ante la idea de que otro resultado negativo me dejaba sin ninguna dosis de moral para el primer objetivo de la temporada, que es la Ronda dels Cims, dentro de poco más de un mes.

Bastions es una carrera de 90kms, que sale de Ribes de Freser, sube por la Serra de Montgrony, baja hacia Planoles y se dirige hacia Nuria pasando por Fontalba. De ahí se sube al Puigmal y se recorre la mítica Olla de Núria hasta ir a parar al valle de Coma de Vaca, desde donde se sube al Balandrau y se baja al sur hacia el pueblo de Pardines. El tema acaba con la subida al Taga y bajada nuevamente hacia Ribes de Freser. Un recorrido muy montañero, con una buena parte del recorrido por encima de los 2500 metros y con un desnivel positivo que oficialmente es de 6000m, pero que en realidad es bastante más (creo que es la única carrera que conozco en la que no se exageran los números si no lo contrario…). Para que os hagáis una idea la carrera corta tiene teóricamente 3000m positivos y he oído gente que le salían 4500… En pocas palabras, un buen entreno para el recorrido técnico de la Ronda dels Cims en Andorra. No sé si lo recordáis pero esta es la carrera que el año pasado suspendieron cuando nos encontramos en Fontalba con rachas de viento de hasta 150km/h.

La salida tiene lugar el sábado a las 6.30 de la mañana. Tengo ganas de empezar y ver hacia dónde van mis sensaciones. Siento algo de miedo de que se reproduzcan esos pensamientos medio de desgana que aparecieron en algún momento de la carrera anterior. Casi sin avisar el speaker da la cuenta atrás y salimos calle abajo. Cruzamos el pueblo y enfilamos la primera subida, sin más dilación. Me coloco tercero, detrás de Carles Rossell, andorrano ganador en 2012 y un chico con barba y tatuajes por todo el cuerpo, que el año pasado iba junto con Carles entre los tres de delante. Éste chico sale a saco y enseguida lo perdemos de vista. Yo llevo detrás otro chico que lleva el intermitente puesto y a la primera que puede nos pasa en una curva y sale pitando a por el primero. Justo antes de acabar este primer tramo de subida nos pasa un tercero, así que al salir a la pista que lleva al primer control de paso en Campelles la cosa está con tres corredores por delante y un grupillo en el que estoy yo junto a Carles Rossell, Ivan Artigas, Lluis Sanvicente (otro andorrano que mucha gente conoce como “Sanvi”) y otros dos o tres corredores que no conozco.

Llegamos al primer control en 31 minutos, y yo con unas sensaciones de ir un pelín pasado de vueltas.
Así que a calmarse toca. Cogemos una serie de pistas y senderos con pendiente algo más llevadera en los que intento coger un ritmo de trote suave pero constante. Nos quedamos Ivan, yo y otro chico con la camiseta del Ultra del Montsant, con cuatro corredores por delante. Me tomo un primer gel ahora que el estómago todavía está en forma, para ver si me ayuda a coger el ritmo en la segunda parte de la subida. Mejoran las sensaciones y recupero algo de terreno que había perdido con los dos compañeros. Tirando de bastones y mirando al suelo por debajo de la gorra, me marco como objetivo no perder de vista los talones de Iván, después los gemelos, después las rodillas… Desgraciadamente mide un metro noventa y pico así que parece que no lo vaya a alcanzar nunca… (en fin, gilipolleces con las que se entretiene uno…). En esta dinámica llegamos al refugio del Covil, primer avituallamiento (km 8, aprox).

Covil – Planoles:
Hoy venía mentalizado a comer bien (de hecho me escribí en un papel todo lo que tenía que comer en cada tramo, lástima que lo haya tirado, si no pondría una foto porque era freak freak…), así que hago una ronda de fruta, relleno algo de agua y me meto un puñado de frutos secos y galletas en el bolsillo. Salgo prado arriba persiguiendo a los compañeros que han pasado como cohetes. Me encuentro mejor y recupero bien el terreno antes de llegar a la cima del Covil (control de paso). Ahora viene un tramo rompepiernas y en la primera bajada nos quedamos sólos Iván y yo. En las subidas tiro yo un poco más, en las bajadas me recupera… Afortunadamente, porque llegamos a un punto donde hay marcas hacia dos lados y él me avisa de que el camino bueno es el de abajo. En medio de la confusión nos alcanza otro corredor por detrás, justo antes de una última subida que nos deja en el control de paso de La Emperadora. Ahora pasamos a terreno favorable y nos lanzamos los tres a por el descenso, siguiendo de lejos al chico de barba y tatuajes. En un cierto momento, yo que voy delante pierdo las marcas y al chico de barba. Nos paramos y miramos para todos lados, pero nada. Iván sugiere que vayamos hacia una pista que se ve abajo, y que seguro que lleva en la buena dirección. Bajamos campo a través por terreno bastante incómodo y en fuerte pendiente (no sé si recortamos metros o no pero creo sinceramente que no ganamos tiempo). Llegamos a la pista justo en el momento que pasa el chico de barba. Al principio se mosquea un poco… “el camino es por ahí, estáis recortando!”… pero yo le digo que ahí tampoco hay marcas y que estamos todos igual de perdidos, así que hacemos frente común y seguimos bajando por la pista preocupándonos de identificar dónde está el camino correcto. Finalmente lo encontramos, un poco antes de llegar al pueblo de Nevà. Después de esos momentos de cierta tensión, vuelvo a mi rutina alimentaria a base de frutos secos y un brioche con salchichón. Con ese entretenimiento y tras un par de repechillos que se me hacen más cortos que el año pasado, llegamos al fondo del valle, y tras otra pequeña confusión con las marcas, a Planoles y el segundo avituallamiento (km20). 2h39, un pelín más rápido que el año pasado (2h42’), con el primero a la suya 12 minutos por delante, y el segundo y tercero a unos 3 minutos.
Planoles – Núria:

Primer punto de encuentro con una parte de la hinchada (en este caso mis padres). Más fruta, coca con chocolate, frutos secos y galletas al bolsillo… y para arriba. Me noto con ganas y he pasado ya esa fase inicial de las carreras en las que me cuesta coger el ritmo. Las molestias en el gemelo iban en aumento durante la primera subida pero ahora, aunque sin desaparecer, se han estabilizado. “Vamos allá!”… Incremento el ritmo y poco a poco me voy distanciando de los tres compañeros de batalla. He hecho varias veces esta subida al Coll de Barraques y siempre se me da bastante bien. Es ese tipo de sendero demasiado empinado para trotar (almenos yo…) pero que deja mantener un paso amplio con la ayuda de los bastones. Tengo la esperanza de recortar algo de mis predecesores, pero llego al collado sin haberles visto el pelo y tampoco aparecen en el siguiente tramo de ligero descenso hasta el avituallamiento de la Font de l´Home Mort (bonito nombre…). “El tercero a cuatro minutos” me dicen… Pues nada, más fruta, frutos secos al bolsillo y a seguir.

Viene ahora un tramo de pequeños repechos de esos que parece que no pero joden. Me viene a la cabeza los 10 minutos que pasé aquí el año pasado intentando ponerme el impermeable en medio de un auténtico huracán. El sendero va bordeando la montaña cruzando sucesivas vaguadas y en una de ellas veo al tercero. No es Lluis, ni el tipo de azul que me ha pasado al principio, sino el otro chico que no conozco y que no tengo ni idea de si va pasado de vueltas o no. Miro atrás y veo que a mí también me persiguen, más o menos a la misma distancia que estoy yo del tercero. Así que en medio de esa dualidad cazador-presa, decido preocuparme más de mi propio ritmo y de comer. Se acerca Fontalba, donde el año pasado llegué con Joel (el Enrampat ;-) )arrastrándonos cual Rambo acorralado y como si fuesen las mismísimas puertas del infierno. Este año en cambio la llegada es todo un subidón cuando encuentro a la segunda parte del equipo de apoyo, Jordi y Àngela, que han subido con la bici. Con la tontería, whatsapps aparte no nos veíamos desde la Monte Perdido Extreme del mes de agosto. “Qué tal cara hacen los de alante?”… “Peor que la tuya!” Bueno, debe ser la ilusión al verlos que hace que tenga un rostro algo más presentable. 

Empujado por los ánimos cojo el sendero de Núria, que empieza en ligero descenso. Sigo teniendo al tercero allá delante, pero no le estoy recortando nada. Diez minutos más tarde nos metemos en el bosque y pierdo incluso la referencia visual. Tras el momento positivo de Fontalba, noto ahora algo de bajón, procedente sobre todo del estómago. No sé si es que he comido demasiado, pero siento incluso algo de ganas de vomitar. Bajo algo el ritmo y me concentro en optimizar los apoyos para perder el menor tiempo posible en este momento malo. En esta dinámica algo negativa llego al lago y los prados de Núria, llenos de gente que me animan y me levantan algo la moral. “Qué tal? A tope?” …me pregunta el chico del control… “Hombre, a tope a tope…”. Voy a ver si cómo algo en el avituallamiento y recupero el tino.

Mientras entro por la puerta sale ya el tercero. Joder, ya se va?... Bueno calma, lo peor que puedo hacer es ir con prisas ahora. Repongo sales, agua, pillo un plato de pasta y me lo zampo con la ayuda de un vaso de agua. Mis padres vuelven a estar aquí y me han traído la bolsa con comida que tenía planeada para este punto. En medio de las operaciones me doy cuenta de que Lluis, el andorrano, justo sale en ese momento, así que estoy más “en la pomada” de lo que creía. En cambio el primero ha pasado hace 24 minutos y va por libre. Pero somos más en la pomada, porque por detrás llega el quinto clasificado (el chico con el que veníamos bajando del Covil). En cambio Iván y Quim (el chico de barba y tatuajes) no aparecen.

Núria – Coll de la Marrana:

Salgo de Núria en quinto lugar, con mi madre al lado que me acompaña un trozo mientras me bebo una botella de Powerade que me sienta bastante bien. Viene hasta donde empieza el sendero de subida al Puigmal y a partir de ahí sigo sólo en busca del cuarto clasificado, que ha hecho una parada bastante rápida en Núria. Con el estrés de perdernos y demás, en la bajada a Planoles casi no hemos hablado pero ahora descubro que Javi (no le había presentado hasta ahora) forma parte del grupo que nos hemos juntado por Internet y que vamos a compartir apartamento en la aventura del Tor des Geants, en el mes de septiembre. Me cuenta que el primero es Ernest Ausiro, un chico que Jaume (mi compañero de las carreras de orientación… perdonad que con tanto nombre tendré que hacer árboles genealógicos como en Juego de Tronos…) ya me había advertido que tiraba de lo lindo.

A todo esto veo que los spaguettis me han sentado la mar de bien y he pasado el bache de hace un rato así que me subo en la ola positiva y tiro para arriba a buen ritmo. El último repecho se hace duro pero consigo llegar a la cima en poco menos de 1h10 desde Núria, parcial que me deja la mar de contento. Aun así, ni rastro de los de delante… Joder, me han dicho abajo que iban tocados, pensaba que con el ritmo decente al que he subido los tendría a la vista… En fin, no desesperemos…
Empieza ahora el mítico tramo de la Olla de Núria. Un contínuo de subidas y bajadas, al Pic del Segre, Finestrelles, Eina, Noufonts i Noucreus sucesivamente. Aparecen algunos tramos de nieve, aparecen los primeros corredores (o los últimos) del Trail (la carrera de 52kms que ha salido a las 10h30 de Núria) y aparece un nuevo enemigo, el viento. Sin ser el huracán exagerado del año pasado, todo el trayecto por la cresta es una lucha continua contra rachas que deben rondar los 80-100 km/h. Por suerte ando bien de coco e intento aprovechar la situación como puedo. En las subidas hago las eses de forma que gano la mayor parte del desnivel cuando voy del lado sur a norte, con lo cual el viento me da en el culo y parece que suba en ascensor. Super contento con mi hallazgo (no me darán el Nobel por eso, lo sé…). En otros tramos llanos adopto la técnica Marc Márquez de inclinar el cuerpo hacia un lado, y en otros intento otra nueva de correr de lado con la cara hacia el viento. Con los bastones en la mano parezco un lanzador de jabalina…
En medio de todos estos experimentos me las arreglo para comerme un bollo de crema y un par de trozos de membrillo, además de la fruta de rigor en el avituallamiento del Coll d’Eina, que parece un campo de batalla en medio del vendaval. Por lo demás, de lo que interesa, que es el tercer clasificado, ni rastro. Además ahora como voy encontrando todo el reguero de corredores del Trail, es más difícil identificar donde está mi objetivo. A veces veo una figurita con mochila negra que parece ir más rápido que los demás, pero no consigo acercarme a ella. Surge otro problema que es la estrechez del camino. A estas alturas aún voy más rápido que los corredores del Trail que me voy encontrando y los adelantamientos son complicados, más aún cuando con el viento nadie te oye llegar ni puedes pedir paso, ni nada. Creo que no di a nadie con los bastones, pero pido perdón si molesté a alguno de los participantes, por si acaso llega a leer esto.


Se acaba el tramo de cresta y bajamos hacia la Cabana de Tirapits y la parte superior del valle de Coma de Vaca. Sorprendentemente me encuentro cada vez mejor. Me acuerdo de las sensaciones negativas de la semana y eso me enchufa todavía más. Subo el repecho hacia el Coll de la Marrana auténticamente encendido y tirando de bastones como un poseso. Llego al collado, ficho y pillo la dosis de rigor de fruta y frutos secos para el bolsillo (lo que se ha salvado, porque el vendaval ha dejado la mitad de las existencias llenas de polvo).

Coll de la Marrana – Pardines:

Saliendo del collado pregunto cuanto me lleva el tercero. Ocho minutos… jooodeeeeerrrrr… es desesperante, no recorto ni a palo, más bien al contrario. Da igual, de perdidos al río. Me encuentro bien y quedan poco más de 30kms. Una bajada suave, subida al Balandrau, bajada a Pardines y ascenso y descenso del Taga. Me marco como objetivo hacer fuerte el trozo hasta el Balandrau y si ni así recorto, pues me quedo la medalla de chocolate y ancha es Castilla.

En medio de estas cábalas me lanzo a la bajada, todavía sumido en ese estado de efervescencia y hablando solo para mantener la concentración. Disfruto como un enano con la satisfacción de encontrarme bien y poder llevar una zancada amplia, para lo cual hay que decir que lo agradable del sendero ayuda bastante. Voy pasando corredores del Trail y llego al prado de Coma de Vaca, inicio de la subida al Balandrau. No conocía esta subida y tengo que decir que me pareció más dura de lo esperado. Quizá el alarde de la bajada me pasa algo de factura pero consigo mantener un ritmo bastante decente, incluso animándome a trotar en algún trozo en que la pendiente afloja. Algunos corredores me animan y me dan referencias de los de delante, pero ya me conozco la historia y la fiabilidad de los datos (cosa lógica, que suficiente tiene uno con correr su carrera). Llego a la cima del Balandrau entre los gritos de ánimo de un grupo de gente que ha subido hasta ahí y lo está dando todo. La verdad es que se agradece un montón.

Y por fín llega el dato que esperaba. “El tercero ha pasado hace tres minutos!”… “Si? Seguro?”… “Sí, si, yo creo que cuando te asomes ahí todavía lo verás”. Me acompaña y efectivamente, en el primer tramo de descenso hay unos cuantos corredores del Trail y la anhelada camiseta blanca con la mochila Salomon. Le doy las gracias al chico del control y salgo disparado con la mirada fija en mi objetivo (ahora lo pienso y debía parecer un orco de las pelis con los ojos inyectados en sangre…). Lo veo, cierto, pero el cabrón (eps, dicho con todo el cariño) no se acerca. Intento no ponerme nervioso, todavía queda mucho y en principio llevo mejor dinámica, aunque en estas carreras eso puede cambiar en nada. Lo bueno es que el paisaje es amplio y le tengo todo el rato a la vista. Veo donde camina, donde trota, si va mejor o peor… De repente, en uno de los repechos veo a dos figuras en bici, Jordi y Àngela. Al verme cerca del tercero me empiezan a gritar y yo levanto los brazos, en lo que es mitad un saludo, mitad alegría, mitad rabia y mitad “lo estoy dando todo, coñññññ….” (muchas mitades, lo sé, pero en ese momento estaba “on fire”…).


“Un minuto y medio!!”… “Joder, llevo persiguiéndole desde Fontalba…”. Con el subidón de los ánimos me acerco a unos 200 metros, pero Jordi me recuerda que tenga cabeza y que aún queda mucho. Jordi y Àngela avanzan hasta el avituallamiento de Puig Cerverís, que está a un kilómetro. Llevo agua y sales y después sólo es media hora de bajada hasta Pardines, si hace falta no paro. Llego al control, ficho y busco con la mirada. Jordi viene corriendo y casi en voz baja me dice “Está saliendo del avituallamiento!”. No hay más que hablar, cojo un trozo de melón, sandía, le pego un trago a una botella de Aquarius, miro al cielo y pego un grito “Vamooosssss!!!”. “Es el de delante de ese grupillo” me dice.

Y ahí que me voy. Ahora sólo nos separan 80 metros, que se van recortando. Creo, o quiero creer, que por su forma de correr va peor que yo. 500 metros de pista más adelante, cogemos un sendero a la izquierda. Nos separan 20 metros y dos corredores del Trail. Entrando al sendero paso al primero y, con cierto complejo de aquel detective que iba detrás de Willy Fogg, le digo al segundo “déjame pasar, por favor, hace 40 kilómetros que persigo a este tío”. Sonríe, me anima y me deja pasar, así que me quedo justo detrás de este corredor, que se ha convertido en una obsesión, una especie de Décima (maldita Décima…) personal. El sendero serpentea entre un bosquecillo de abetos bastante cerrado. Me resulta hasta divertido. Parezco un lobo (me estoy flipando, lo sé, pido perdón…) avanzando sigilosamente sobre su presa (momento Félix Rodríguez de la Fuente) sin que esta sospeche que el enemigo está al acecho. No sé qué hacer, si intentar cambiar el ritmo para jugar con el factor moral, si relajarme un poco y bajar con él hasta Pardines…

Y de repente se para a mear. Al principio creo que no ha visto el camino y le digo “Derecha, derecha!”, pero me responde “Sí, si…” sin girarse. Coño, surrealista… Bueno, pues en la vida y en las carreras también hay que mear, y no me voy a esperar a que acabe, ¿no? Así que tiro adelante, salgo al prado y acelero mientras me doy cuenta de la nueva situación (quizá esto vaya a parecer muy competitivo, pero en fin, es una carrera, un juego, pero una carrera al fin y al cabo). No sé si él sabía que yo venía detrás, pero si no lo sabía, igual ni se ha dado cuenta de que lo he pasado y que ahora es cuarto. Llegar al avituallamiento y darte cuenta de que eres cuarto cuando no lo sabías puede ser un golpe moral definitivo (joder, no me iba a esperar a decirle, “oye, que ya si eso, que te he pasado…”… no?? ). Dilemas éticos aparte, la cuestión es que me lanzo hacia abajo como un poseso, pero casi sin mirar atrás para ver si así, paso desapercibido. Voy a muy buen ritmo, zancada amplia (es bajada, también es normal…), bien de respiración, de pulsaciones (bueno, imagino, me olvidé el pulsómetro en la salida, no lo había contado…)… Llego al pueblo con un doble subidón. La plaza está llena de gente animando, aplaudiendo, gritando… y ahí delante está Lluis, “Sanvi”, el segundo clasificado. Vaya!... esto sí que no me lo esperaba. Con la obsesión de pelear por el podio se me había olvidado lo demás. Veo a mi padre en la plaza que me señala estresado al corredor que me precede. Le hago un gesto de que lo he visto y entro al avituallamiento (que estaba dentro del ayuntamiento, bueno, dentro de un edificio, no sé qué era…) justo detrás de él.

Lluís entra ficha y sale disparado. Me aparto para dejarle pasar pero creo que ni me vio. Yo intento controlar las prisas y no olvidarme de la alimentación. He hecho un esfuerzo importante los últimos kilómetros y si no cómo aquí se puede ir todo al garete, así que relleno una botella de Aquarius, pillo un par de trozos de plátano para el camino y me zampo un trozo de melón y otro de sandía. Mi madre me da un trozo de membrillo un botecito de esos de “5 hours” (a mí que me perdonen, pero eso no da 5 hours de energía, ni harto de vino… será energía para dormir en todo caso). Salgo de la plaza y el cuarto no ha pasado todavía. Bueno, vamos a ver si aún damos guerra con este nuevo objetivo inesperado que se ha presentado.

Pardines -  Ribes de Freser:

Salgo del pueblo por una pista en bajada que va bien para coger un poco de carrerilla. Conozco todo este tramo. Un primer trozo por una serie de pistas y una subida final por prados bastante empinados que se va a hacer dura. Después, bajada a saco hasta la meta. Al poco rato veo a Lluis caminando a unos 100 metros por delante. Alterno trote y caminar rápido y poco a poco le alcanzo. “Estoy hasta los huevos de tanta pista” me dice. Comentamos un poco la jugada y al final me dice “Venga, métele caña”. Hombre pues intentarlo, vamos a intentarlo… así que a base de trotar en un par de tramos favorables intento cambiar un poco el ritmo para ver cómo está el panorama. Le saco unos 100 metros, pero entonces de repente, jodidamente de repente, noto como un vacío en las piernas. Una sensación que conozco bien, es la luz de la reserva que se enciende. Mierda… Me como un trozo de plátano para ver si resurjo.

En ese momento alcanzo a un corredor del Trail que me anima. “Muy bien tío, vas segundo!”… “Sí, pero bueno, llevo al tercero aquí detrás”. Y en broma le digo “Si eso, ahora cuando llegue dile que voy como un tiro y que no se estrese”… “Hombre, eso depende de si es amigo mío, que es el Sanvi?”. Mierda, jugamos fuera de casa. Me río y le digo resignado “Eres de Andorra, no?” Se ríe… Total que al cabo de dos minutos empiezo a oír las voces cada vez más cerca y justo al final del tramo de pista Lluís me alcanza y me pasa sin perder ni un segundo. Yo cedo unos metros. Si me cebo soy cadáver. Me da pánico la sensación la última carrera. Miro al suelo, bastones y tip, tip, tip… Llegamos al tramo de sendero y a los prados de la parte superior. Lluís me lleva unos 100 metros, pero me da miedo mirar hacia arriba y ver lo que me queda hasta la cima. Con cierto alivio veo que el pajarón se ha estabilizado y no paso del estado de “hecho polvo”. Parece que el plátano ha hecho algo. Veo también que la distancia con Lluís deja de crecer e incluso disminuye a medida que sube la pendiente. Poco a poco le voy alcanzando de nuevo, con una sensación contradictoria entre la satisfacción y la desesperación por tener que seguir luchándolo. Le paso al llegar al lomo de la montaña y enfilar el último repecho. Le saco unos metros pero en un pequeño repecho en el que la pendiente sube vuelvo a bajar el ritmo y me alcanza. Miro atrás con miedo para ver si el cuarto está cerca. No le veo, pero tampoco he mirado demasiado. Tengo pánico al golpe moral.

Venga que ya no queda nada, superamos una antecima y ya se ve la cruz… Eso es, ahí está. Últimos 100 metros de subida. De repente Lluís se abre a un lado y me adelanta trotando. Sinceramente en ese momento no siento más que alivio. Alivio por poder conformarme con la tercera plaza y hacer la última bajada con relativa tranquilidad. Paso por la cima (ahí os dejo una foto del paso por la cima, que si la descargo no se ve bien: http://www.naciodigital.cat/elripolles/galeria/1376/foto/50584#pagdalt), ficho y sigo andando mientras me como el trozo de plátano que me queda. El paisaje está bien bonito, se ven todas las montañas que llevamos recorriendo todo el día. Y se ve a Lluís cómo desaparece por la cresta hacia abajo. Llego a un tramo de fuerte pendiente y aparece un nuevo problema, las rampas. Bufff… en algún momento el sóleo se tensa a saco y la punta del pie se me queda paralizada. Paro e intento controlarla. Se pasa y sigo bajando con sumo cuidado. Me da la impresión de que chafando de talón la cosa se relaja un poco. Parece que el peor momento ha pasado y puedo bajar corriendo, no muy rápido pero corriendo.


Y por enésima vez, cuando ya esperaba no ver más a Lluís, me doy cuenta que la distancia entre los dos vuelve a disminuir. Joder, vaya sinvivir… Efectivamente, llego a su altura y me dice “Tira que bajo chafando huevos”… “Venga ánimo” le digo mientras vuelvo a pasarle. Realmente este tramo tan empinado le está pasando factura y gano distancia relativamente rápido. Tomo referencias en la montaña de enfrente para hacerme una idea de lo que queda y de repente aparece el último problema del día, un apretón. Bufff… qué hago… quedan tres kilómetros, pero es que realmente me ralentiza un montón, no puedo correr. En un par de minutos tomo la decisión inevitable (tranquilos, evitaré los detalles de tal operación en una situación de estrés como la de ese momento).

Después de ese pequeño paréntesis, tan pequeño como pude, salgo de nuevo al camino y Lluís no ha pasado todavía. Sigo bajando, mucho más cómodo y recupero un buen ritmo. Llegamos a una pista que empieza a hacer revueltas y más revueltas. Esos momentos en que parece que no se va a acabar nunca. Salgo a un prado, con un pequeño repecho en el que me obligo a no caminar. Ya sólo queda un sendero de bajada que lleva al pueblo. No es más que un kilómetro pero se hace eterno, en medio del bosque, sin referencias. Miro a la derecha, hacia abajo, intentando intuir alguna forma de una casa, de lo que sea. De repente aparecen una especie de platillos volantes… no son las típicas alucinaciones de las que habla todo el mundo, tranquilos, son las farolas. Miro adelante y en una curva del camino aparece mi madre que me anima. Por fin! Llego a su altura y suelto el clásico y desesperado “¿Falta mucho?”. No, no falta mucho, un paseo entre árboles, hasta una calle que sube, curva a izquierda y meta. Mi madre corre a mi lado. “Viene alguien?”…”No, no hay nadie”. Repito la pregunta tres o cuatro veces, pero parece que realmente lo voy a conseguir. Últimos cien metros, aparecen al fondo mi padre, Jordi y Àngela, todos animándome. Los últimos 15 metros de subida todavía se me hacen duros mientras oigo, como en una nube, al speaker que grita mi nombre. Qué placer cruzar la meta… indescriptible…

Me inclino hacia delante sobre los bastones intentando recuperar el aliento, ficho (que casi me olvido) y saludo al director de la organización. Solo recuerdo un “Felicidades” y un “Estoy fundido”, no sé si llegué a decir algo más. Muy bonito el momento con todo el público aplaudiendo. Me giro y devuelvo el aplauso, pero no aguanto mucho. Necesito sentarme, bueno, no sé lo que necesito, pero entro al pabellón y me dejo caer sobre una silla y al cabo de un minuto sobre el suelo.

Una hora y pico después sigo ahí tirado, intentando recuperarme a base de sorbos de zumo de naranja y mordiscos de sandía que mi estómago no acaba de tolerar. Finalmente, y viendo que la situación no mejora demasiado, nos vamos para el hotel.

Venga va, balance de la carrera y no me enrollo más que a estas alturas del texto no debe quedar nadie…
Qué decir, súper contento de haber conseguido la segunda posición, pero sobre todo de haber sido ambicioso y peleado la carrera hasta el final. Contento también de tener la sensación de que quien te gana es simplemente porque es mejor. En este caso, teniendo en cuenta que el ganador, Ernest Ausiro, me ha sacado 1h larga y que ha batido el récord nada menos que de “un tal” Óscar Pérez, pues no hase falta desir nada más… Por si alguna vez llega a leer esto, felicitarle por el carrerón. Felicitar también a Lluís “Sanvi” también por la buena carrera y por esa lucha sana en la última subida, que ahora que se ha pasado el sofocón yo creo que deja más bien buenos recuerdos. De todas maneras ya hemos quedado que la próxima vez nos lo jugamos a cara o cruz, llegamos tranquilamente y dejamos de hacer el gilipollas.

Cosillas más técnicas (sección para Pere): material que he llevado durante la carrera:
- Pantalones y camiseta técnicos (los del equipo de Ultra Lleida), llenos de bolsillos que me han ido la mar de bien para tener accesibles y por separado, geles, plátano, galletas + frutos secos y membrillo
- Como cortavientos/impermeable obligatorio he llevado el Ronhill que se puede atar en la cintura y por tanto no ocupa espacio en la mochila (que era la Skin 5 de Salomon, como casi siempre). Cuando el estómago empieza a estar pachucho a veces molesta un poco, pero si bajas la correa y se apoya sobre el hueso de la cadera, es bastante soportable y se mueve poco aunque vayas rápido.
- Zapatillas: las Cascadia 9 (ratifico mi romance con estas zapatillas). La sensación de poder rodar sin que te duelan los pies ni lo más mínimo cuando llevas 70 kilómetros es impagable. En terreno seco, buena adherencia, y a nivel de estabilidad, no recuerdo ni un amago de torcedura de tobillo.
- Comida durante la carrera: como comentaba antes, venía concienciado a comer bien. He cumplido con el plan la primera mitad de carrera, pero reconozco que en la segunda, entre el viento y después la lucha por el pódium, he comido menos de lo previsto. En total, dos geles (los Overstim líquidos pequeños y en la primera parte de la carrera), un brioche de salchichón, plátano (en todos los avituallmientos, seguramente 4 en total), melón y sandía (también en todos los avituallamientos), un trozo de coca con chocolate (pequeño, la verdad), un bollo de crema, bastantes frutos secos y galletas saladas y un plato pequeño de spaguettis con tomate (en Núria). A nivel de bebida, llevaba dos bidones (750ml) y he ido llenando alternativamente agua y sales en cada avituallamiento. Las sales, las de la marca Gu (estas no me sientan mal, no como los geles) hasta el Coll de la Marrana, y a partir me ha pasado al Aquarius. También casi medio litro de Powerade saliendo de Núria y un 5 Hours (un botecito de esos pequeños rojo y amarillo que venden hasta en los súpers… o sea que se usa tanto para estudiar como para correr, así que probablemente no sirva para nada… yo no lo noté al menos…).


Nada más (como si fuera poco…). Sólo para acabar, el reconocimiento al equipo de apoyo. Sé que suena a topicazo, pero sin ellos estoy convencido de que el resultado hubiese sido otro. Esos subidones son fundamentales durante la carrera, momentos en los que te das cuenta por qué te gusta hacer estas cosas.

Besos y abrazos

P.D: pido perdón si en algún momento la cosa ha quedado muy competitiva, pero he intentado reproducir lo que me iba pasando por la cabeza siendo sincero

domingo, 18 de mayo de 2014

Les Aventuriers du Bout de Drôme

Bueno hay que estar a las duras y a las maduras…

(perdonad por la falta de fotos, pero secuestrarlas de la web con un rótulo enorme delante me parecía demasiado...)

Siguiendo con la preparación para la Ronda dels Cims este sábado tenía una carrera a unos 120kms al sudeste de Lyon, concretamente en Crest. Zona prealpina, media montaña, bonito… quizá poco montañoso para el tipo de terreno que me interesaba, pero una zona atractiva al fin y al cabo. La carrera en cuestión tenía el curioso nombre de “Les aventuriers du bout de Drôme” (Los aventureros del límite de la Drôme, si no me equivoco) y forma parte de toda una movida llamada Challenge Charles et Alice, en la que en un fin de semana se celebran en Crest, carreras de 12, 21, 35,42, 67 y 105kms (que era la mía), además de otras historias para los pequeños. Creo que había un total de 9 carreras, ideal para un desplazamiento en familia en el que cada uno busque su plan (de hecho mientras escribo esto pasan al lado del coche los corredores de 12kms). En concreto la de 105kms, tenía 6600m de desnivel (o eso decía en la web, aunque yo lo dudo mucho). Una primera parte bastante plana, con pequeños repechos y bastantes pistas que se presumía bastante rápida, dos o tres subidas bastante progresivas y una última parte mucho más dura con subidas verdaderamente empinadas y una de cerca de 1000 metros de desnivel hacia los kilómetros 75-80. La salida, nada menos que a las 3:30 de la mañana. Ahí nos situamos…

Después de una noche de dormir en el coche y poco (más por horario que por incomodidad, porque el colchón que tengo no está mal), me levanto a las 2 de la mañana, desayuno y me voy para la salida. Curiosamente se empieza con un tramo neutralizado por dentro del pueblo para hacer la salida real en el patio de un castillo que domina la población. No conozco a ningún corredor, pero si a una corredora que es la estrella mediática de la carrera, Francesca Canepa. Ganadora dos veces del Tor des Geants (la segunda con una cierta polémica que ya comenté en otro post), de la Ronda dels Cims 2013 (única vez que he quedado por delante suyo)… Un buen palmarés y una buena referencia. Cuenta atrás y salimos por una subida donde como de costumbre en Francia, se sale rápido. A los 100 metros la organización ha preparado unos fuegos artificiales, pero a mí me cogen más bien preocupado por no tropezarme con nadie. Una vez más no soy demasiado hábil en la salida y, a pesar de que mi intención era meterme en el grupo de cabeza y ver qué ritmos se manejaban, llegamos a un senderillo y me he quedado con al menos 10 personas delante. Aprovecho los momentos en que me quedo atrapado detrás de algún corredor para pelearme con un bastón que no funciona bien. Segunda torpeza, creo que hasta el cuarto kilómetro no consigo ponerlo bien.

Finalmente salimos a una pista amplia donde puedo coger mi ritmo. Cuento a unos 7 u 8 corredores delante, de los cuales adelanto a los cuatro de detrás aprovechando algunos repechos que hay en estos primeros 10 kilómetros. Me estabilizo en la cuarta posición e incluso me acerco al tercero en una subida algo más larga hacia el km11, pero en la bajada va más rápido que yo y no llego a alcanzarle. No me preocupo demasiado. La idea es intentar no pasarme de ritmo en estos primeros kilómetros, que siempre me cuestan, y si todo va bien en las subidas más largas es donde tengo que aprovechar.

Después del primer avituallamiento (km16), llega el primer problema del día (o noche aún). Bajando por una pista de repente me doy cuenta de que no veo marcas delante de mí. Por la ley de Murphy, me coge en una bajada, con lo cual cuando llego a una carretera y certifico (por la ausencia de ninguna flecha) que me he equivocado, me toca remontar todo este terreno. Mierda, ahora sí que se me ha ido el tercero. No pierdo más de 2 o 3 minutos, pero sobre todo me supone un golpe moral y me corta bastante el rollo. De manera un tanto absurda, entro en una dinámica mental negativa durante los siguientes kilómetros, en la que me pregunto qué hago aquí, a las 5 y pico de la mañana, corriendo por una pista en un bosque ni siquiera demasiado bonito (y que no veo demasiado porque está oscuro). La bola de nieve se va haciendo grande y llego a plantearme si realmente me apetece hacer este tipo de cosas. Este estado semi-depresivo me dura hasta el siguiente avituallamiento (km26). Justo al llegar me encuentro una bufanda de la selección española y escucho como los de la organización me cantan el “Que viva España”. Creo de todas maneras que lo que me levanta la moral es ver que, a pesar la mala dinámica mental, he conseguido mantener un ritmo de crucero decente que me ha permitido alcanzar de nuevo al tercero, que está ahí comiendo algo.

Vengo comiendo bien, o eso creo (después lo discutimos). Así que tomo un par de trozos de naranja, relleno el agua y salgo justo al mismo tiempo que el compañero (llamémosle Speedcross 3, por las zapas, evidentemente...). La subida empieza fuerte pero en seguida se transforma en un continuo de pistas y senderos que suben muy progresivos. Yo adopto un ritmo de trote continuo, de forma que en los repechos me separo de él pero en el llano o bajada me recupera. De esta forma vamos subiendo y casi sin darme cuenta me encuentro la antena del punto más alto justo delante. Para acabar de rematar la faena, en un prado, a unos 300 metros, veo una figura corriendo, así que el segundo clasificado está a tiro. Realmente han cambiado las tornas totalmente. Hace una hora y pico estaba con ganas de mandarlo todo al garete, pasando de todo, y ahora veo que la carrera me da una segunda oportunidad. Recorro un último tramo de subida por un bosquecillo espeso que de vez en cuando deja ver unas vistas espectaculares hacia el oeste, sobre el valle del Ródano.

Corono la cima y bajo por una carreterilla unos metros antes de coger un camino que va cresteando. Observo con satisfacción que mi perseguidor ya no me recupera terreno en la bajada así que estoy mejorando mi ritmo en esta parte también. Al cabo de unos minutos alcanzo al segundo, que de vez en cuando da algún tropiezo, cosa que indica que no anda muy sobrado de fuerzas. Me entero de que está haciendo la carrera de 67kms (ni siquiera sabía yo que las dos carreras salían a la vez) con lo cual ya estaba segundo antes de alcanzarlo. De todas formas el tipo que va por delante, un tal Frédéric que es de la zona y conoce el terreno, sí que está haciendo la carrera larga. Ha pasado por la cima unos 7 minutos antes que nosotros.

Y en esto que cruzando palabras de repente el tío me dice: “Hace mucho rato que no veo balizas”… “Coño, pues si hace mucho rato haberlo dicho antes” (aunque lo más justo sería admitir que estoy empanado y hace rato que no me fijo). Seguimos bajando un poco más por la pista en la que estamos pero no aparece ninguna cinta. La verdad es que el marcaje deja un poco que desear y no han sido raros los trozos en los que había 100 o 200 metros sin cintas, más aún en tramos de pistas, pero esto ya pasa de castaño oscuro. Yo tengo la sensación de que la dirección que llevamos es buena, pero no nos la podemos jugar. Al cabo de otros 300 o 400 metros, y con la mala ostia en aumento, decidimos volver a subir. El compañero se queda atrás mientras yo recupero altura tirando de bastones. Descubro con impotencia que hemos bajado una barbaridad (mirando el GPS del reloj, más de un kilómetro por una pista que debe rondar el 15% de media). Llega un punto que ni siquiera estoy seguro que estemos en el mismo camino por el que hemos bajado. Grito, pero la única respuesta es la del compañero de infortunio. Al final veo unas cintas al otro lado de un claro del bosque. Debemos haber perdido 15 o 20 minutos fácilmente.
El compañero sale pitando, pero yo intento controlar el bajón moral y la rabia y me obligo a comer, ya que este es el típico momento en que te cebas por la rabia y la cagas. Sigo bien de fuerzas así que recupero rápido el terreno, preguntándome cuánta gente nos debe haber pasado. Al llegar al avituallamiento siguiente (km40) descubro que nos han pasado 8 o 10… Bufff… queda mucho pero es un bajón…

Cargo agua, como y sigo adelante por terreno favorable. Menos de un kilómetro más tarde veo un grupo de tres, uno de los cuales es el chico con el que me he perdido antes. Vamos por una pista que pica para arriba y ellos van andando pero la verdad es que me encuentro muy bien y voy trotando a un ritmo ágil pero sin quemarme. El calor empieza a apretar y me voy obligando a beber. Sigue la tónica de terreno bastante corredor, con subidas y bajadas pero técnicamente sencillo. Tanto es así que en el siguiente parcial de 5 kilómetros hago una media de 10km/h, lo cual para estar en el km50 y con desnivel me deja bastante contento. Veo a otro corredor por delante y lo alcanzo justo al llegar al siguiente avituallamiento en Miribel (km53). Si mis cálculos y las indicaciones no fallan, por delante va el tal Frédéric, Speedcross 3, otro corredor que llegaba al avituallamiento del km26 cuando nosotros salíamos, Francesca Canepa y este chico. Bueno queda mucho, aún hay tiempo de seguir recuperando. Mi predecesor se va y yo me lo tomo con calma comiendo algo, rellenando las botellas con agua y sales y sacando comida de la mochila para dentro de un poco. Vamos allá, que ahora viene una subida bastante progresiva en la que con la dinámica positiva que llevo tengo que seguir prorgesando...

Pero entonces llegó la debacle (ya veis, esto hoy pega unos giros dignos de Juego de Tronos). El primer kilómetro, más o menos llano, y el segundo, ya en subida, pasan bastante bien, pero a partir de ahí noto como de repente necesito andar cada vez más, hasta llegar a un punto en el que únicamente troto en el llano. El sol, al que hasta ahora había ignorado, se empieza a sentir cada vez más pesado en el cogote. Alterno agua y sales sin parar, me tomo un paquete de compota... nada, sigo en claro declive. Voy por una cresta entre el bosque en la que no tengo referencias. Se me hace eterna. Finalmente no queda más montaña delante y empieza un flanqueo en descenso en el que vuelvo a correr, aunque con menos alegría que hace un rato. El descenso continúa, ahora más empinado y por terreno más técnico, hacia el fondo del valle donde encuentro una pista. Bufff, y ahora viene una subida que sobre el mapa parecía tremenda, no muy larga pero con una pendiente de miedo. Creo que en el próximo avituallamiento (Saillans, km66) tendré que parar a comer algo consistente. De momento me tomo un kit kat para mantener el tipo y llego a un punto de control.
"Como va?"... "No muy bien"..."Ahora viene una subida fuerte" me dice el hombre con cierto pesar. "Lo se, lo se... 2 kilómetros?"..."Mmmm, más o menos" concede... Vale, o sea que son tres... Bueno, ritmillo y con filosofía.

Cojo el sendero y realmente el repecho es de espanto. Después de todo el día de subidas tendidas y rodadoras, aquí de repente aparece un sendero que sube a saco de cara a la pendiente. Voy metiendo los bastones todo lo arriba que puedo y tiro de brazos para ir avanzando hacia arriba. En muchos momentos no hay casi ni sendero, aunque afortunadamente aquí está muy bien marcado (suerte, porque hace un rato me he prometido que si me pierdo una tercera vez, me las piro a casa...). Mi ritmo es desesperantemente lento, pero nadie llega por detrás, así que imagino que en todos sitios cuecen habas y todo el mundo las pasa canutas aquí. De todas formas mi desfallecimiento va en aumento. Tocará recuperar algo de aliento en la bajada, comer bien en Saillans e intentar volver a entrar en la carrera. Con esa esperanza, pero desfondado, llego a la cima y cojo un camino a la derecha que asoma a un balcón desde el que se ve el pueblo.

Pero la recuperación que buscaba no llega. Todo lo contrario. Intento trotar pero me noto extremadamente torpe y el cansancio de pulsaciones y respiración de la subida se transforma en un malestar a nivel de cabeza. De mal en peor... Empiezo a notarme mareado. Dejo de correr y camino, pero incluso poner un pie delante de otro me cuesta. Así no voy a ningún lado. Me paro y me inclino hacia delante pero tampoco tengo ganas de vomitar. Vuelvo a avanzar pero sigo mareado. Demasiado. Tomo la decisión, que estaba intentando evitar hace un rato, en parte por la decepción con la que voy a volver a casa, en parte pensando en el golpe moral que eso supondrá para las próximas carreras. Pero sí, me retiro en Saillans. Una cosa es ir cansado y otra cosa es que la cabeza empiece a fallar. Aún así, todavía tengo que llegar ahí abajo y el pueblo se acerca desesperantemente lento. Llega un tío por detrás. Me aparto directamente y el hombre pasa sin siquiera preguntarme qué tal. Algo más tarde llega de nuevo el chico con el que me he perdido y me encuentra a un lado en inclinado de nuevo. Me pregunta y niego con la cabeza. Me da una palmada de ánimo que se agradece, y con ello sigo mi caminar cansino. Algo más abajo me encuentro una mujer que me da agua y en vistas del panorama me dice que me acompaña en la bajada. Me da un azucarillo y me lo meto en la boca mientras sigo en plan zombi. Parece que algo funciona... 5 minutos más tarde noto que por lo menos me vuelven ciertas ganas de hablar. Le doy las gracias y le empiezo a explicar mi vida, que no se qué me ha pasado, que iba muy bien hace un rato,... Le digo que tire, que voy algo mejor y que al pueblo llego bien. Aún así se espera hasta que pasa otro corredor que creo que es de su equipo, y sigue con él corriendo. Finalmente, ya con la cabeza más en su sitio pero con la decisión ya tomada, llego al pueblo y al avituallamiento, que a su vez es meta de la carrera de 67 kilómetros. Troto de manera testimonial para entrar en esta meta, que no es la mía. El speaker me anuncia como sexto clasificado de la carrera, pero yo le digo que "el sexto se para aquí".

En fin, que voy a decir... decepción. Encima François, un amigo de Lyon que ha venido para hacer la maratón de mañana, estaba esperando en lo alto de la próxima subida. La verdad es que no se muy bien qué ha pasado. No he salido especialmente fuerte. Muchas veces me pasa de empezar forzado los primeros 15-20 kms, pero hoy entre pelearme con el bastón, perderme, rallarme y demás, la verdad es que iba en modo entreno. Beber he bebido más que de costumbre y de hecho este ultimo tramo me he zumbado un botellín de agua y otro de sales, cada uno de 3/4 de litro. De comida me habia tomado ya tres geles, tres kit kats, tres sobres de compota y en los avituallamientos yo creo que mas de una naranja y un plátano, que sin ser una barbaridad es más que de costumbre. Quizá no haya descansado suficiente... es cierto que ayer me costó dormirme y no debo haber dormido más de 4 horas y eso viniendo de una semana en la que había dormido más o menos bien pero no había acumulado en exceso. Quizá un tema de azucar... lo cierto es que el azucarillo que me ha dado la chica que me he encontrado en la bajada me ha resucitado un poco... No se, lo cierto es que hay algo que no hago bien, y toca ver qué es para mejorarlo de cara a las próximas carreras.
Voy a hacer una semana un poco de desconexión para descansar la cabeza y a ver si cargamos las pilas mentales para la próxima, que será Bastions el día 7 de junio.

Besos y abrazos

sábado, 3 de mayo de 2014

Rogaine Internacional de Vilassar: Va per tu, Iñaki


El sábado pasado corrí el Rogaine Internacional de Vilassar 2014, carrera que formaba parte de la Copa Catalana de Rogaine. Era la tercera del año en la que participaba, formando equipo con Jaume como las dos veces anteriores (La Llacuna y Sant Bartomeu del Grau). La carrera se celebró en unas circunstancias especialmente tristes. Iñaki Pérez, miembro del equipo de orientación Farra-O, del grupo de los Koalas (que muchos aficionados al trail conoceréis) y persona muy cercana tanto a Jaume como a su compañera Mireia, murió la semana pasada. A los 43 años, estando de vacaciones, con la violencia y lo repentino de un problema cardiaco. De esas cosas que cuando las ves de cerca te hacen darte cuenta de lo poca cosa que somos y de lo necesario de aprovechar el día a día.
Yo personalmente le conocía simplemente de habernos cruzado un par de veces en dos rogaines anteriores, pero le recuerdo como un tipo agradable y sencillo esas dos veces en las que nos saludamos y comentamos la jugada. Tanto lo que me ha contado Jaume como el discurso y las reacciones que vi en todos los miembros de Farra-O me confirman y ensalzan esa impresión. Seguramente sería pretencioso por mi parte decir que compartí el dolor de todos los amigos que estaban allí presentes, pero es cierto que desde el momento en que me lo propuso Jaume me sentí identificado con este pequeño homenaje en el que se convirtió nuestra carrera y salí decidido a darlo todo para estar a la altura de las circunstancias. Cambiamos el nombre del equipo por el de "Va per tu, Iñaki" y corrimos con unas camisetas muy bonitas con su imagen y el lema "Bon amic, millor persona i gran atleta". 

Una vez explicadas las circunstancias que rodearon la carrera, nos situamos el sábado a las 6 de la mañana. Al tratarse de un rogaine de 12 horas el tiempo que dan para preparar la estrategia es de 1 hora, así que entramos tranquilamente y nos miramos el mapa con calma. La salida y meta se encuentran en Vilassar, en la parte central e inferior del mapa. Por tanto se nos presentan dos opciones a nivel global, recorrer el mapa en sentido horario o antihorario. Como me va el cálculo mental, he pillado la costumbre de dividir el mapa en cuatro cuadriculas para ver como están distribuidos los puntos. Me salen 122, 111, 115 y 36 en la sudoeste, noroeste, noreste y sudeste respectivamente (probablemente me equivocase, no lo comprobéis...). Total que bastante equilibrado, exceptuando la cuadricula donde está la salida y que le falta un cacho de mapa. Decidimos ir en sentido antihorario porque así en la última zona nos pillan unas cuantas bastante juntas (62, 37, 83, 85, 63, 58) que pueden ser adecuadas para cuando lleguemos cansados. En cuanto a la forma de salir, optamos por salir hacia la 57 y 41. El razonamiento es que de esa forma después podemos conectar unas cuantas (41, 39, 64,...) que están cerca unas de otras y así cogemos moral para empezar. Además van bastante a nivel y no implican subir y bajar mucho. Esa es otra... después del ultimo rogaine en el que acabamos con la sensación de haber subido y bajado como burros, hoy le damos más importancia a este tema y lo primero que hacemos es identificar la cadena montañosa principal, que atraviesa el mapa de sudoeste a noreste, y 3 o 4 secundarias que también pueden dar por saco. Vamos enlazando balizas sobre el mapa, dejando sin hacer unas 10 o 12 en nuestro planning inicial.
A todo esto he pedido a la organización si disponían de un Sportident (comentario para los no orientadores: no es una marca de pasta de dientes, es esa especie de USB que llevas en el dedo para fichar en las diferentes balizas) con más memoria del mío. El que tengo sirve para 50 balizas y normalmente me basta, pero hoy que la carrera es más larga y hay un total de 63. Puede que nos vaya justo. Pep Mayolas, uno de los organizadores de la carrera, nos confirma que mejor que lleve uno con más capacidad y me deja el suyo, de lo cual le estoy muy agradecido. Por otro lado, la manera como nos lo ha dicho me deja con la mosca detrás de la oreja, preocupado de si no habremos sido conservadores dejando 10 o 12. Igual si la cosa va yendo bien podemos ser un poco más ambiciosos...

A las 7 de la mañana se da la salida y partimos por la calle-riera que va hacia el noreste. Vamos en cabeza de los que hemos optado por este inicio y en una fuente cogemos una pista a la derecha que nos debe acercar a la 57. Importante para la moral empezar con buen pie, pero en la aproximación a la baliza hay una serie de caminos algo confusos que nos despistan un poco y nos pasamos. Vemos gente más abajo y descendemos algo para encontrar la baliza en una cueva, justo después del equipo de Navarra, con los que ya hemos coincidido en otras carreras y que son una buena referencia. Pequeña derrota moral pero a la que no debemos darle importancia en una carrera de tantas horas.
Salimos hacia el este para encontrar un camino que nos lleva rápido y bien a la 41. Pequeña ida y vuelta y subida hacia el norte. El terreno pinta bastante abierto así que cruzamos directo hacia la 39, encontrándola con alguna pequeña duda. La 64 cae enseguida y siguiendo hacia el norte y atravesando nuevamente campo a través, llegamos a la 94 apoyándonos en el recinto privado (verde pistacho...verde raro digamos...). El siguiente objetivo es la 46 y Jaume sugiere tirar por el camino bueno (línea negra continua) que nos queda al norte. Da algo de vuelta pero así evitamos sorpresas y reposamos la mente un poco. La baliza queda a un lado en medio de una bajada. Seguimos adelante, en descenso, hasta llegar a la parte alta de Vilassar (o quizá esto era Cabrils, no sé...). Callejeamos tendiendo a izquierda para acercarnos a la 88. Perdemos otro minutillo o dos para encontrarla, pero nada grave. De momento todo va bastante bien. Es la séptima baliza y acabamos de pasar de la primera hora. Es cierto que este trozo se prestaba a hacer bastantes pero eso nos empieza a confirmar que igual no tenemos que renunciar a tantas balizas como estaba previsto.
Seguimos subiendo bordeando la parte alta de la urbanización hacia la 84, 8 puntos que fichamos sin demasiados problemas. La idea es aprovechar el relieve para hacer por lo alto de la carena la 43 y la 91, bajada a la 66 y de vuelta, llaneando, la 34. Todo resulta bastante sencillo excepto la 66, que encontramos con algo de suerte después de bajar un tramo bastante técnico. Seguimos el descenso ya dentro del pueblo callejeando hasta la 59 y volvemos a la dinámica ascendente para ir a buscar la 82, al fondo de una vaguada. Deshaciendo camino, nos dirigimos al extremo este del mapa por una red de senderos que aprovecha bien las curvas de nivel. De esa forma nos acercamos a las balizas 65 y 35, que atacamos por este orden desviándonos abajo y arriba del camino respectivamente. El descenso hacia la 76 es bastante perdedor, por un camino que se desdobla numerosas veces, lo que dificulta bastante el identificar sobre el mapa en qué punto exacto nos encontramos. Eso hace que dudemos bastante a la hora de encontrar el camino a la derecha que nos debe llevar a la baliza. Además, hay bastantes rocas en la zona y se hace difícil identificar cuáles son aquellas en las que está la baliza, según lo que indica la simbología que nos han facilitado (un papelito que te dan con el mapa que da pistas sobre donde están las balizas: en un árbol, en una roca, etc...). Tras 3 o 4 minutos de confusión la encontramos en un rincón. Creo que fue la baliza que nos presentó mayores
dificultades de toda la carrera.

La idea global de la siguiente fase de la carrera es dirigirnos hacia el Hash House (avituallamiento, para entendernos) situado en el extremo norte del mapa (baliza 96). La intención es ir barriendo todas las balizas ubicadas en la franja superior del plano y que quedan al norte de la cadena montañosa principal. Para ello intentamos seguir una serie de senderos que van bordeando la montaña, siempre intentando minimizar el desnivel a salvar. De esa forma fichamos sucesivamente la 95, la 77, la 67 y la 78. Nos toca ahora la 60, que obliga a un pequeño ascenso y un descenso posterior hacia el fondo de la siguiente vaguada. Si no queremos dar vueltas tocara atravesar unos 300 metros campo a través. Nos apoyamos en una curva marcada para identificar bien dónde estamos y atravesamos hacia el oeste. Como pasa muchas veces, a medida que nos acercamos al fondo de la vaguada el tema se convierte en un zarzal de miedo donde tienes la sensación de quedarte atrapado y la mala ostia crece por momentos. Intento mantener la calma, ya que es importante no caer en dinámicas psicológicas negativas. El avance es lento y los arañazos numerosos, pero finalmente llegamos al sendero que recorre el fondo del valle. Me da la impresión de que hemos caído demasiado al norte, así que tiro hacia la izquierda. Nos cruzamos con los navarros en sentido opuesto, lo cual indica que seguramente vienen de la baliza y vamos bien. Efectivamente, identificamos un cruce de vaguadas y algo mas allá una zanja al fondo de la cual está la baliza. Salimos pitando por el camino, hacia el norte, camino de la 86. Al cabo de un par de minutos, nos volvemos a cruzar con los navarros. Siendo un poco malo, pequeña victoria moral. Parece ser que todavía no habían encontrado la 60 y han perdido varios minutos por aquí.
La 86, cae muy fácil junto a una curva del camino y ya más tranquilos, nos dirigimos por una serie de pistas importantes hacia el pueblo (ni me preocupe de saber cuál era) en cuya plaza está el avituallamiento y la baliza 96. Es momento de hacer una reflexión. Llevamos 4h15 y hemos barrido poco menos de la mitad del mapa sin dejarnos ninguna baliza (bueno, la 47 que queda colgada cerca de la meta y hasta la podríamos hacer al final). Yo todavía me encuentro bien físicamente y me noto inspirado sobre el mapa. El cuerpo me pide que seamos ambiciosos. Prefiero pecar de eso que quedarme con la sensación de poder haber hecho más. Pienso en lo que nos ha movido a hacer esta carrera, miro la camiseta y me digo que quizá después nos pase factura, sobre todo a mí, pero que hay que intentar ir a por todas. Así que, aunque en circunstancias normales seguramente hubiésemos dejado las balizas 48, 69, 36 y 44, e hubiésemos ido directos a la 68, planteo a Jaume la opción de hacer este bucle, trazando un recorrido que gana el desnivel bastante progresivo. Para él, el físico no es un problema, así que le parece bien y eso es lo que hacemos (48-69-36-44-68), llevándonos este trozo más o menos una hora y cuarto.
Viene un tramo clave al que le tengo algo de respeto, una subida bastante directa hacia la baliza 92. Jaume pone el ritmo y en el último tramo le dejo ir algunos metros. He de tener cabeza y regular, porque si no voy a acabar siendo un desecho humano como en el último rogaine. Jaume encuentra la baliza fácil y nos vamos hacia el norte por un buen camino. No haberme cebado en la subida hace que enseguida recupere la frescura de cabeza y en la 72 no dudamos ni un momento. Algo parecido pasa con la 45, a la que se accede fácilmente por un sendero. Antes de empezar habíamos dudado sobre si dejar el grupo de tres (75-71-49) del extremo noroeste del mapa, pero siguiendo con la dinámica ambiciosa nos vamos a por ellas. La 75 implica atravesar campo a través desde el este y se complica un poco, pero las otras nos acaban resultando sencillas.
Vuelve a tocar subida... Desde la 49 cogemos la típica calle de urbanización con una pendiente del 20%. Troto a pasitos cortos, por aquello de mantener una frecuencia alta que camufle ante mi moral la falta de velocidad. Jaume se pone a mi lado y me da la sensación de que se esfuerza por no correr más de la cuenta por no sacarme de punto. La verdad es que creo que hoy estoy corriendo con cabeza y estoy decidido a escuchar mi cuerpo y seguir mi ritmo. Es cierto que en la subida desconecto un poco la orientación y la dejo en manos del compañero, pero al llegar arriba me esfuerzo por reincorporarme al mapa y aportar mi parte para atacar bien la baliza siguiente (81). No es difícil, nos planteamos bajar campo a través pero no está claro, así que nos dejamos caer por la pista hasta la baliza. Le pego un buen trago a unas garrafas de agua que ha dejado la organización. Eso me hace ver que estoy en déficit de hidratación. Hay que poner atención a eso...
Nos vamos hacia la 79, con un trote que en el llano es menos alegre que hace un rato. Se me hace largo... Fichamos la baliza, situada en lo alto de un cortado enorme. Aquí, por primera vez, decidimos renunciar a una baliza, la 56. Nos queda bastante apartada y yo voy viendo como mi ritmo va a ir bajando en lo que queda de carrera. Nos vamos directos hacia la 98, en una subida en la que me toca apretar los dientes. Me da la impresión de que necesito hacerlas subidas caminando si quiero mantener una cierta frescura, tanto para el llano y las bajadas como para seguir metido en el mapa. Le transmito a Jaume mis sensaciones a Jaume. En la primera parte de la carrera, después de lo emotivo de la salida y las circunstancias de la carrera, seguramente yo he estado algo más fresco de cabeza y llevado más la voz cantante, pero ahora toca aprovechar su mejor estado físico y psicológico. Al fin y al cabo es una carrera de equipo y saber gestionar este tipo de cosas es determinante para optimizar el resultado.
Después de la subida acaba cayendo la 98, al final de un camino, y respiro pensando en el descenso posterior que nos ha de llevar a la 55. Tenemos algo de problemas para encontrarla porque hay que atravesar un tramo sin sendero, pero finalmente la acertamos y todo es más fácil hasta la 89, que está al lado de unas barbacoas. Cruzamos otro pueblo al sur y afrontamos la subida a la 93, situada en lo alto de un deposito. La idea es fichar 93, 73 y 61 basándonos en la pista amplia que va al lado del rio, por el norte. No presentan más problemas que el hecho de tener que subir y bajar para ir a buscarlas. En la 61 renunciamos a la 51 y nos vamos directos a la 52. Vuelve la subida y vuelven los problemas para mí. A ratos miro la camiseta y me obligo a trotar, pero quedan más de 3 horas y he de tener cuidado de no reventar por completo. Llegamos a la 52 desde el este y vuelve la bajada (ignoramos también la 54), en la que cómo algo olvidándome del mapa por un rato. El camino hasta la 31 es sencillo y, quitando un pequeño repecho al lado de una propiedad privada, tampoco hay muchos problemas hasta la 87. 
Quizá por haber comido, o simplemente porque me he estabilizado dentro de la fatiga, noto que voy manteniendo el ritmo de caminar rápido en las subidas, trotar en el llano y correr a un ritmo más decente en las bajadas, todo ello manteniendo la cabeza en su sitio (aunque sin hablar demasiado). Me da todavía para contar las curvas de bajada a la 74 y acertar con el sendero que da acceso a la baliza. Solo quedan dos horas de carrera, empiezo a ver la luz. 
Atravesamos al noreste por al lado de un campo de árboles y por una pista que se convierte en carretera (sudeste) nos aproximamos a la 53. Toca subir pero se encuentra fácil. Se acerca el objetivo mental que me había marcado de llegar al Hash House (avituallamiento) de la 97, pero el repecho que nos lleva hacia allí se me hace muy duro. Hace calor, me pesan las piernas y voy a unos 30 o 40 metros por detrás de Jaume, que me espera en el último desvío. El puntito de fuerza que guardo en la subida lo uso para bajar a mejor ritmo en la bajada. Llegamos a la 97 a las 10h30 de carrera. Básicamente bebo, casi diría que en exceso. Se me llena la barriga y no me apetece comer. Cojo una galleta pero noto que mi estómago no está para muchas alegrías y me da miedo vomitar. De repente me coge un bajón tremendo dentro de la cabaña donde está toda la comida y la bebida, no sé si sueño, claustrofobia o qué... "Vámonos de aquí" digo... No hago nada aquí, necesito caminar, avanzar, aunque sea lento. Discutimos un momento la táctica a seguir. "62-37-83-85-63-58 y vemos 42" sugiero  balbuceando... Prefiero que nos quitemos de encima la subida peor lo antes posible.

Así que deshacemos el sendero por el que hemos llegado y afrontamos otra subida que me parece durísima, aunque una vez más intento hacerla de forma inteligente y concentrado para seguir con la cabeza en el mapa y en la carrera. Se acaba la subida y recupero el aliento camino de la 62, que está junto a unas rocas. Seguimos bajando hasta una pista grande, la tomamos a la derecha y por un sendero algo desdibujado llegamos a la 37. Un despiste mío camino de esta baliza me obliga a prestar más atención y a dejar que Jaume localice la baliza, ya que está más ubicado en el mapa. Pasada la 37 me recoloco y bajo mejor hacia la 83, que identificamos gracias a varias rocas alineadas. Sigue la tendencia descendente hacia la 85. Unos chavales que están haciendo botellón nos indican que está dentro de la casa. Pues muchas gracias...

Llegamos a una urbanización. Quedan 40 minutos. Yo voy cansado y a Jaume le empieza a coger el "estrés de la última hora". Decidimos pasar de la 63, que implica subir bastante., y callejear hacia la 58. No es fácil porque las calles se ven muy pequeñas en el mapa, pero ahora tengo bastante claro por donde pasamos y vamos acertando el camino. Llegamos a la baliza, junto a una cruz. Jaume no ve claro llegar a la 42 y a mí la posibilidad de un final tranquilo después de tanto esfuerzo me resulta irresistiblemente tentadora. Total que nos vamos hacia la meta y ficharemos únicamente la 38.
Nos relajamos algo mientras bajamos rodando a un ritmo relativamente ágil por una carreterilla. Jaume me cuenta como fue Iñaki quien le introdujo en este mundo de los rogaines. Creo que hemos hecho un buen papel, sin grandes fallos de orientación y adaptando bien la estrategia sobre la marcha. Físicamente estamos desequilibrados, pero creo que he hecho lo que he podido, la camiseta me ha empujado mucho y estoy contento con mi gestión del esfuerzo. Aun yendo cansado, muy cansado en algunos momentos, he sido capaz de mantener un punto de concentración y, aunque con algunos momentos de lapsus, seguir aportando ideas al equipo. Hoy me hace especial ilusión acabar con la sensación de que hemos hecho y he hecho una buena carrera, dentro de mis limitaciones.
Nos desviamos para fichar la 38 y 200 metros más allá llegamos a la meta. Nos abrazamos, foto de equipo y me dejo caer en el césped, desfondado.

Bebo un par de vasos de agua y nos vamos a descargar el Sportident para obtener la puntuación final. De camino dejo a Jaume junto al pódium y las imágenes de Iñaki que ha preparado la organización. Un momento emotivo en el que sobran las palabras... 
El siguiente rato es de confusión total por mi parte. No sé si descalzarme, si subir al coche, si beber, si coger la mochila, si no... Realmente parece que vaya borracho. Finalmente acierto a coger la mochila y dirigirme poco a poco hacia las duchas. A la vuelta Jaume me espera con una noticia genial. Hemos ganado... Bufff... se me pone la piel de gallina cuando escribo esto, al recordar la satisfacción que sentí cuando me lo dijo. Es una tontería, pero en ese momento me pareció el mínimo homenaje simbólico que estaba en nuestras manos.
La ceremonia de entrega de premios fue muy bonita. Dura, pero sincera y emotiva, y creo que reflejó bien lo que significaba Iñaki dentro del grupo Farra-O y para los amigos que estaban allí presentes. Estoy seguro de que a Iñaki, o al recuerdo de Iñaki que todos sus amigos tenían en la cabeza, en ese momento se le dibujó una sonrisa.

Besos y abrazos

P.D: Añado aquí un pequeño anejo con algún comentario técnico más. Hicimos un total de 78 kilómetros en las 12 horas, con un desnivel positivo acumulado de unos 4400 metros (un palizón, vamos...). 
Zapatillas: Scott Kinabalu, muy buenas sensaciones. Cómodas incluso cuando iba reventado, ninguna molestia en los pies. 
Mochila: la Skin-5 de Salomon que me ha acompañado en tantas batallas. 
Comida: llevaba un par de kit kats, 8 quesitos de membrillo (que pringaron enormemente el bolsillo de la mochila), 3 sobres de compota de frutas, y diría que ya está. Después cogí cosas de los avituallamientos.
Hidratación: la bolsa de 1,5l de la mochila.

Evolución de la carrera:
- Hora 1: 31 puntos (6 balizas)
- Hora 2: 43 puntos (7 balizas)
- Hora 3: 33 puntos (5 balizas)
- Hora 4: 34 puntos (5 balizas)
- Hora 5: 19 puntos (3 balizas, parada breve en el avituallamiento 96)
- Hora 6: 29 puntos (5 balizas)
- Hora 7: 30 puntos (5 balizas)
- Hora 8: 21 puntos (3 balizas)
- Hora 9: 30 puntos (4 balizas)
- Hora 10: 23 puntos (4 balizas)
- Hora 11: 23 puntos (4 balizas)
- Hora 12: 24 puntos (4 balizas)
Ahi os dejo el enlace de los resultados (con todos los parciales de todos los equipos solo para freaks...):
https://docs.google.com/file/d/0B_TEJWp1QPqnRTAza0pLbHQxY1U/edit 

Cosas mejorables de la carrera: 
- Haber llevado mi portaleyendas porque no estaba la descripción en el mapa y tenía que ir puteando todo el rato a Jaume para que leyeses el símbolo
- De haber sido más ambiciosos de salida, quizá hubiésemos podido redistribuir algo las balizas y optimizar. Por ejemplo hacer la 56 o la 36 entre la 94 y la 46, al principio. O la 48 y 69 antes de llegar al primer avituallamiento en la 96.
- Al final de carrera hubiésemos podido hacer la 42 o la 32, con los 13 minutos que nos sobraron. Ahora lo veo claro pero en ese momento la comodidad de la meta hizo que no quisiera ni mirar la posibilidad. 

Viene una temporada cargada de carreras y no se si habrá tiempo para algun rogaine más. Esperemos poder seguir con esta dinámica positiva en otoño!