domingo, 21 de junio de 2015

Rogaine Port del Comte

Y por fin el tercer rogaine del mes de mayo!

Llegaba el momento de ver si habíamos aprendido algo en la clase magistral del Campeonato de España. Volvíamos a estar Jaume y yo solos. Así fue la cosa...

Promete que va a ser un mapa con muchos desniveles, estamos en alta montaña y salimos desde la estación de esquí de Port del Comte, a unos 1700 metros y la montaña más alta de la zona, el Pedró dels Quatre Batlles, roza los 2400 metros. Es decir que si no vamos con cuidado en el diseño de la estrategia nos vamos a chupar desnivel por un tubo como hace dos semanas. Con esa idea recibimos el mapa:

Dividimos el mapa en tres partes, una que queda de la mitad hacia el norte y dos que dividen a partes iguales la mitad sur. Contamos puntos: norte, 115; suroeste, 92; sureste, 82. Vamos a ir hacia el norte recorriendo una línea bastante a nivel por el borde este del mapa, que conecta una serie de balizas de forma bastante natural: 31-55-44-65-64-50-70-71-92-58... De ahí la idea es barrer toda esta zona subiendo progresivamente hasta la zona más alta (balizas 60-42-72-91), bajar hacia la esquina suroeste y volver hacia la meta acabando en bajada por una zona con bastante densidad de balizas y donde podremos adaptar la estrategia al tiempo que nos quede. A ver qué tal sale la cosa...

Desde la salida se ve la baliza 31, así que nos preparamos para salir rápido y evitar el previsible atasco. Fichamos después de un par de jovenzuelos y salimos hacia el oeste más o menos a nivel, cruzando bosque bastante penetrable y dos pistas de esquí. Fichamos la 55 en una pequeña vaguada junto con Olga y Francesc, que han llegado desde abajo. Seguimos a nivel, concentrados en evitar ganar o perder altura involuntariamente a medida que esquivamos árboles. Nos sale bastante bien y damos de lleno con la 44. La 65 nos obliga a subir algo, pero la encontramos fácil en un riachuelo. Más complicada es la 64, en un claro del bosque difícil de identificar, pero que al coincidir con más gente pululando por ahí, acabamos encontrando. De momento las balizas van cayendo bastante fácil y parece que hemos entrado bien en el mapa.
Ahora toca una travesía bastante larga hasta la 50. Empezamos siguiendo a nivel, atravesamos una encrucijada de pistas de esquí y empalmamos con una pista que seguimos hasta una revuelta de donde ya podemos atacar la baliza. Subimos en diagonal, Jaume un poco más abajo y yo más arriba, para cubrir más zona. Yo me voy demasiado lejos y acabo en la pista de arriba, mientras Jaume ya ha encontrado la baliza y me grita para que baje. Resuelta la confusión, subimos pendiente arriba hacia la 70. La pendiente es fuerte pero se sube bien, aunque no acertamos bien el rumbo y salimos demasiado a la derecha. De todas formas no tiene pérdida, la baliza está en lo alto del montículo. Fichamos y salimos montaña abajo hacia el noroeste y flanqueando por la izquierda para evitar la subida posterior. Pasamos por la 71 y seguimos bajando por una vaguada que no ofrece dudas, hasta una pista que nos sirve de referencia y nos permite atacar sin problemas la 92.


Volvemos a la pista anterior y la seguimos al norte subiendo ligeramente hasta llegar a una vaguada de donde podemos atacar la 58. Identificamos bien el prado en el que se encuentra y la encontramos sin problemas. Bajamos al oeste en diagonal para recuperar la pista, que nos deja en la 48. Seguimos llaneando hacia el norte, pero el terreno es algo mas incómodo y la llegada a la zona de la 81 algo confusa. Nos liamos algo bajando al norte y nos pasamos de largo. Empezamos a ir de un lado a otro, típica situación en la que podríamos perder tiempo indefinidamente, pero tenemos suerte y estamos más o menos donde toca, así que Jaume la acaba encontrando. Nos sirve de aviso, para concentrarnos y tomar referencias seguras de ahora en adelante. Salimos al prado justo al sur y lo seguimos en dirección suroeste apoyándonos en un camino desdibujado que lo bordea y nos deja en la 79. Bajamos al norte por un cortafuegos y atravesamos al oeste bajando en diagonal cruzando varias pistas hasta una vaguada y cruzamos hasta el siguiente lomo. Pintaba difícil la baliza 80 pero damos directo con ella. Parece que hoy estamos inspirados.
Subimos en diagonal al suroeste hasta salir a una pista importante. En un cruce cogemos la pista que sale al sur y en la curva siguiente salimos ya más o menos a nivel en dirección a la 67. Hoy nos sale todo bien y damos con ella a pesar de que tampoco pintaba fácil. Subimos hacia el sur hasta una pista que acaba enseguida. Seguimos a nivel por terreno bastante empinado e incómodo, cruzando un par de vaguadas antes de llegar a otra más profunda que es la buena. Perfecto, nuevamente salimos directo a la baliza. Deshacemos el camino subiendo algo más al sur y utilizamos un prado como referencia para atacar la 38. La idea es subir hacia la parte alta siguiendo la ruta: 62-39-59-60-42-72-91.


Salimos de la 38 hacia el norte hasta llegar a una pista. Identificamos la curva adecuada y cruzamos el bosque a nivel hasta dar con la 62 en una vaguada. Seguimos al este subiendo ligeramente bordeando el montículo tras el cual está la 39. Salimos junto a la cima y bajamos por el lomo de la montaña hacia el noreste. Me paso de largo, así que Jaume me frena y nos tranquilizamos un poco para tomar referencias. Oimos voces más abajo así que de oidas acabamos dando con el prado en el que está la 39. Salimos hacia el sur y cogemos una pista que va bordeando la montaña y cruzando pistas de esquí que bajan de la derecha. Apoyándonos en una de ellas subimos a la 59 y seguimos subiendo a saco hasta la cima donde está la 60. Hemos pasado lo peor a efectos de desnivel. Salimos al suroeste y fichamos la 42 en una pequeña cueva y seguimos un camino en ligera subida hasta la 73, que está en una depresión del terreno. Otra sucesión de toboganes arriba y abajo nos lleva a la 91.
A partir de aquí la idea es hacer un zig zag mientras bajamos progresivamente hacia la esquina suroeste del mapa: 73-74-85-94-82-56-47. La 73 no tiene más problema que el de tener que salvar algo de desnivel. Bordeamos el montículo siguiente hacia la 74, pero bajamos demasiado y acabamos teniendo que recuperar altura para fichar la baliza. La ruta hacia la 85 no tiene misterio, pero es una bajada pedregosa por fuerte pendiente que se hace muy incómoda. La cosa mejora en el fondo del valle y siguiendo el barranco salimos directos a la baliza. Viene ahora un tramo complicado ya que tenemos que ir a nivel hasta la 94. Hacemos lo que podemos, porque casi no hay referencias y el terreno es complicado entre tarteras y bosque. Al final salimos más o menos donde toca y además coincidimos con otro equipo, con lo que entre todos la acabamos encontrando.
Pasamos las 4 horas. De momento las hemos ido haciendo todas pero llegará un punto en que habrá que empezar a descartar balizas. De momento seguimos hacia la 82 por un senderillo, después al sur a la 56 bordeando un montículo, y la 47 sin mayores problemas en un riachuelo. Yo no lo tengo claro, pero Jaume me convence para ir a buscar la 93. Pasamos antes por el avituallamiento líquido, no vaya a ser que me pase como la semana pasada, y seguimos rumbo suroeste. Ayudándonos en un camino que atravesamos y en el relieve, salimos directos a la baliza. Nos ha salido bien la jugada. Vamos a ver cómo organizamos la vuelta... Decidimos hacer 84-87-78, ya veremos si 83, 77 y ahí lo volvemos a mirar. 
La 84 nos sale bastante bien y la 87 no tiene misterio, más allá de que toca subir un repecho que a estas alturas hace daño. Coincidimos con el equipo que ganó hace dos semanas el rogaine de Catllarás. A ver si hoy estamos más cerca... Vamos algo por delante de ellos en la 87, pero salimos diferente hacia la 78. Nosotros bordeamos por el norte el montículo (ahora que lo miro hubiese sido mejor por el sur) y tomando como referencia una cima en la que hay una antena, bajamos a la vaguada donde está la baliza. Decidimos descartar la 83 y nos vamos directo a la 77. Seguimos un camino que no me cuadra mucho pero resulta ser el bueno y salimos a la 77. Nos quedan 40 minutos, toca volver...
Vamos a hacer 54-63-40 y ahí vemos lo que queda. Llegamos a la 54 por un camino y atravesamos a nivel hasta una pista de esquí que baja y otra que atraviesa enfrente hacia la 63. La cogemos y seguimos de frente hacia la 40. Nos quedan 18 minutos y estamos junto a la meta... y después de una muy buena carrera en general aquí vino el fallo. De las tres balizas que quedan al este de la meta, yo creo que lo mejor es ir a buscar la 41 y la 61. Jaume no lo ve claro porque la 41 queda lejos, pero al final mi estrés se acaba imponiendo. Bajamos por un cortafuegos a la calle inferior y corremos al sureste. Empiezo a ver que hay que bajar más de lo que pensaba. Llegamos a una vaguada que nos tiene que llevar a la 41, pero es demasiado tarde... Llegamos a una carretera y Jaume me hace entrar en razón. No llegamos... Renunciamos a la 41 a pesar de estar ya muy cerca y nos vamos directo a la 61. Llegamos por una serie de calles pero quedan tres minutos y va a ser demasiado tarde también para llegar a meta a tiempo. Efectivamente llegamos un minuto tarde, así que cinco puntos de penalización...
Acabo con mal sabor de boca por mi error, peor aún cuando sale la clasificación y hemos quedado segundos a 8 puntos de los primeros. Lo bueno es que hace dos semanas nos sacaron 50, así que algo hemos mejorado. Lo malo es que si hubiésemos hecho lo tocaba, es decir, después de la 40 ir a buscar la 61 y la 32, hubiésemos tenido esos 8 puntos de más. En fin... Nos tendremos que quedar con lo positivo!!
Balance de la carrera, a pesar del error final hemos mejorado claramente respecto de la carrera de hace dos semanas. La estrategia ha sido buena exceptuando el error final y a nivel de orientación no hemos cometido fallos importantes. Otro punto positivo es que me he encontrado bien físicamente, así que de cara a las carreras que vienen por lo menos eso me anima.
Balance de la carrera:
Hora 1: 52 puntos (9 balizas)
Hora 2: 38 puntos (6 balizas)
Hora 3: 36 puntos (7 balizas)
Hora 4: 47 puntos (6 balizas)
Hora 5: 34 puntos (5 balizas)
Hora 6: 43 puntos (7 balizas)

Besos y abrazos

P.D: próxima parada, Ronda dels Cims (el fin de semana pasado fui al Trail du Gypaète, pero con gastroenteritis, así que a los 10 kilómetros, deshidratado y sin fuerzas, me fui para casa a comer arroz blanco...)



domingo, 7 de junio de 2015

Campeonato de España de Rogaine: Peguerinos (Ávila)

Marchando la segunda de rogaines del mes de mayo!

Tras el varapalo de la semana anterior, aprovechando el fin de semana largo en Francia (entre conmemoración del fin de la 2ª guerra mundial, fiestas religiosas y fiestas que no entiendo, el mes de mayo en Francia no trabaja ni el tato…) bajé de jueves a domingo, con entre otros objetivos, el de disputar el Campeonato de España de rogaine en Peguerinos (Ávila), el sábado 16 de mayo. Venía a la carrera con la curiosidad de que íbamos a contar con la compañía de Tommi Tölko. ¿Quién es Tommi? Con ese nombre habréis deducido que no viene de Badajoz, efectivamente. Se trata de un finlandés que vive en Begues, cerca de Barcelona y que en el mundo de la orientación puede decir que ha ganado la Jukkola (una de las carreras de referencia a nivel mundial, por no decir la más importante) varias veces (no sé si eran cuatro o cinco, cosa que no ha hecho nadie si no me equivoco… estoy en un aeropuerto sin WiFi y no puedo documentarme…). En fin, en pocas palabras, un pepino. ¿Y qué hacía con nosotros? Pues resulta que su compañero habitual (Aurelio Olivar) formaba parte de la organización así que no podía competir y Tommi, que ya ha hecho algunos rogaines con Jaume, se vino con nosotros. Yo encantado, con los ojos y oídos bien abiertos y la libreta a punto para tomar apuntes.

Media hora antes de la salida nos juntamos los tres. A pesar de habernos saludado algunas veces, nunca había hablado con Tommi antes. Un tío sencillo y agradable, con ese toque nórdico algo reservado que hace que con él no corras el riesgo de marearte por un ataque de verborrea. A mí me parece bien, yo tampoco soy de hablar mucho, aunque reconozco que a su lado soy Belén Esteban… Jaume y yo estamos un poco a la expectativa, más aún después de la actuación de la semana anterior, así que esperamos que el maestro lleve la voz cantante. “Empezamos poco a poco, las primeras son para calentar”. OK, perfecto, que a mí siempre me cuesta algo coger el ritmo.

Y llega el momento de abrir el mapa… Jaume y yo siempre abrimos y miramos cada uno el suyo y empezamos a discutir “la 45! Y de ahí por el camino de arriba a la 63!... y de ahí por lo naranja… la 78… la 43…” y pasamos más rato interpretando lo que dice el otro que otra cosa. Hoy estamos los tres mirando el mismo mapa y Jaume y yo cohibidos esperando a ver qué dice Tommi. “Buff, complicado… complicado” dice mientras desliza su dedo por el mapa. “Buff… difícil”… El mapa tiene las zonas altas en la parte norte, con tres marcados valles que surcan de norte a sur. Toda la parte inferior del mapa es de relieve menos acusado, excepto una sierra que cierra el mapa por el sur. A mí me parece buena opción la de empezar hacia la esquina noreste, pero sigo observando a Tommi, que sigue pensativo. De repente, tras tres o cuatro minutos de dudas, cambia la expresión. “Vale, salimos 44” y a partir de ahí va deslizando el dedo por el mapa mientras Jaume, que tiene un convenio con Staedler, va dibujando el recorrido con el rotulador. “Coges esto… Esta… Aquí…Mmmmm…. No, esta primero… Coge esto”. Con tres o cuatro aportaciones testimoniales por nuestra parte cuando me doy cuenta la línea rosa del rotulador ya conecta todas las balizas del mapa. Y quedan todavía 8 minutos. La verdad es que el recorrido parece tener toda lógica, aprovechando bien los desniveles y empezando primero con la zona más complicada a nivel de relieve.

Finalmente salimos a las 11:15 en medio de un pelotón que va hacia la 44. Tommi ha dicho que “la primera tranquilos, que nos la levanten”. Pues eso, cruzamos una pista, un prado y siguiendo la dirección alguien la encuentra en medio de la marabunta y vamos todos detrás. A partir de aquí se acaba el juego, salimos del barullo y veo a Tommi que ya ha cogido dirección norte en ligero ascenso, hacia la 63. Cruzamos una vaguada, unas rocas de referencia y seguimos a nivel entre vegetación bastante penetrable. Tommi ha subido un par de marchas y va tragándose arbustos y saltando ramas sin pestañear. Solo queda un equipo alrededor cuando llegamos a las inmediaciones de la baliza. De repente la veo arriba a la derecha al tiempo que Tommi se para y me indica que no diga nada. Los otros se pasan de largo, así es la vida… Fichamos la 63 y sin perder un segundo Jaume y Tommi ya están subiendo pendiente arriba, caminando pero pasos grandes, mientras mis pulsaciones van subiendo también a pasos grandes. Vamos subiendo a saco, cruzamos una valla y seguimos hasta lo alto de la montaña. Hecho un vistazo al mapa para hacerme una idea de donde está la siguiente baliza (53) pero básicamente voy siguiendo a Tommi y a Jaume. Las primeras no eran de calentamiento? Si este es el ritmo “tranquilo” voy apañado. A la que la pendiente afloja Tommi y Jaume se ponen a trotar sin cuartel. Atravesamos a la izquierda hacia unas rocas. “Aquí a la izquierda, no?” digo para sentir que aporto algo pero vamos, que Tommi ya lo tenía claro y la ha encontrado. Y venga , que el ritmo no pare…

Bajamos por lo alto de la loma hacia el norte, con lo cual recupero algo de pulsaciones, pero bajamos rápido así que no tengo tiempo de mirar el mapa más que cuando llegamos al siguiente collado y de reojo. Empezamos a subir sin dejar de trotar. No sé si es por las ganas de dejar de subir pero me da la impresión de que tenemos que girar a la izquierda y llanear, tomando como referencia una valla. Me da como cosa llevar la contraria pero al final planteo mis dudas y parece que tenía razón. Bueno, en medio del cansancio físico un pequeño golpe positivo para la moral. Tommi corrige el rumbo y sigue moviéndose entre ramas y arbustos a un ritmo sorprendente. Jaume detrás y yo más atrás haciendo lo que puedo. En la siguiente loma bajamos por unos prados y siguiendo a Tommi aparecemos directos en la baliza 83. Ficho mientras mis dos compañeros ya dan media vuelta. Venga, más subida hacia la 92… Por lo menos la pendiente se incrementa y caminamos, parece que voy algo más cómodo… Unas trazas de sendero en la buena dirección nos llevan a la 92 y más allá hacia la 47. Tommi y Jaume vuelven a trotar a buen ritmo y yo empiezo a estar realmente preocupado. Del mapa me he olvidado ya, pero es que aun así voy sacando el hígado y me empiezo a comer la cabeza… Que si estoy peor que hace un mes, que si no recupero de las carreras, que si el otro día hice una prueba de esfuerzo y el nivel de lactato me salió peor que el año pasado… batidora mental. Y hoy vamos por equipos… De momento me guardo mis problemas pero si esto sigue así tendré que pedir a mis compañeros que bajen un punto porque si no explotaré. En fin, en breve acabaremos la primera subida, a ver si después recupero…

En medio de esas cábalas fichamos con pocas dudas tanto la 47 como la 61. A ver la bajada… Juas… y aquí pensaba recuperar yo? A la que me doy cuenta Tommi y Jaume están a 60 u 80 metros bajando a todo trapo. Es bosque abierto pero sin nada de sendero y con mil ramas por metro cuadrado. Y yo torpe, torpe, que no me tuerzo el tobillo o la rodilla porque los astros estaban alineados… Cruzamos dos vallas donde estoy a punto de quedarme colgado de un alambre y cruzamos una carretera. La gente normal cuando llega a la carretera se para y toma referencias para ver el punto exacto en el que está. Tommi no mira a los lados ni de reojo y cruza a piñón para seguir de frente con una seguridad pasmosa hacia la 66. Y venga, media vuelta y a buscar ir a nivel hacia la 87. Está al pie de un cortado en una ladera sin demasiadas referencias y en donde sería muy fácil desviarse arriba o abajo… Nada, la vuelve a clavar. “Quieres decir que no tiene el track?” me dice Jaume en broma. Realmente es un escándalo... Pero no hay tiempo para despistarse, ya estamos bajando al suroeste por la loma, para cruzar una valla y una pista y encontrar la 35 en un agujerillo y de ahí recto a la 56 y a la 34, que está en medio de mil rocas de las que nadie sabría cuál es la buena… excepto Tommi. Físicamente llueve menos para mí. Parece que la bajada me ha hecho recuperar el aliento y el pulso, así que me da para ir mirando el mapa y siguiendo. Pero con moderación, a la que bajo la mirada baja el ritmo y pierdo metros. Tommi en cambio funciona diferente. Dicen que Messi corre más rápido con la pelota que sin ella. Este hombre es igual, le pones un mapa en las manos y es como el DRS de los Fórmula 1. Y cuantas más ramas y agujeros en el suelo mejor que mejor… Impresionante.

Cambio de tercio y de dirección, hacia el oeste en busca de la 77, en una zona de relieve muy complicado. Novedad, creo que hubo unos 30 segundos de duda. Siguiendo en la misma dirección resolvemos la 36, también en terreno rocoso bastante traidor. Ahora empieza de nuevo la subida, segunda importante del recorrido planificado. Cruzamos un par de riachuelos y una pista y vamos atravesando subiendo la ladera en diagonal. De repente veo que Tommi afloja algo el ritmo y dice “estoy un poco perdido”. Dios! Es humano! “Creo que son las rocas después de la siguiente vaguada” digo en un alarde mitad de inspiración mitad de farol que flipas. Afortunadamente ahí está la baliza. Tommi me felicita y yo salgo de ahí como un pavo real, buena inyección de moral para la subida a la 93. Vamos siguiendo lo alto de la loma decantándonos a la derecha, por donde tiene que llegar un camino. Al final lo encontramos, pasamos junto a unos escaladores y acabamos dando con la baliza (bueno, Tommi, que ya ha gastado el comodín de “estar un poco perdido” y vuelve a estar “on fire”). La siguiente es más fácil, siguiendo camino y lo alto de la loma hasta la 71, y no presenta muchos más problemas la 82, por terreno abierto y fácil de identificar. Además tengo la sensación de que ya no estoy físicamente a años luz de mis compañeros. Parece que he cogido algo el ritmo, o que ellos han aflojado un poco, pero voy comiendo sin confiarme, no vaya a ser que el tío del mazo todavía aceche detrás de cualquier roca.

El plan ahora es bajar e ir hacia la esquina noroeste del mapa: 54-85-76-51-72-95-86. Empezamos este bucle bajando por la loma hacia el suroeste hasta que poco antes de llegar a un collado encontramos un sendero que nos tiene que llevar a la baliza 54. Dudamos un momento buscándola antes de la cuenta (yo estaba convencido de que estaba allí) hasta que Jaume y Tommi corrigen y seguimos más abajo hasta un collado donde la encontramos en un hueco. “Como siga así, exploto” me dice Jaume. Vaya, yo pensaba que era el único que iba sacando el hígado. Siempre es un consuelo compartir penas. Salimos en bajada siguiendo a nuestro despiadado colega finlandés, por un sendero que va girando al suroeste y se va desdibujando hasta que se pierde. Ningún problema, Tommi sigue bajando entre el bosque por terreno sin grandes referencias aparentemente y se mete entre unos arbustos sin dudar. Ahí está la 85. Quizá fue esta la baliza en que quedé más impresionado de la habilidad del compañero.

Salimos más o menos a nivel hasta cruzar un sendero y un riachuelo y subimos al noroeste buscando a la 76. Vamos pasando rocas y llega un punto en que creo que nos hemos pasado. Así lo manifiesto y corregimos algo hacia abajo, con buen resultado (perdonad que exponga todas mis aportaciones pero ya que fueron pocas…). De ahí cae la 51 tras bordear un mar de rocas y la 72 después de otra muestra de identificar referencias donde no las hay por parte de Tommi. Recorremos a nivel hacia el oeste hasta una vaguada importante y después de dudar un poco demasiado al norte, corregimos al sur hacia una pequeña vaguada contigua donde está la 95. De aquí nos dirigimos a la fuente marcada en el mapa. Qué bien! Un minuto de paréntesis para llenar el camelbak (aunque creo que perdí más agua de la que metí…). Tommi toca la trompeta y seguimos nuestro camino por una pista al sur, hasta la curva para atravesar hasta un sendero ascendente, de ahí por terreno abierto hasta unas rocas y travesía a nivel hasta la 86. Qué fácil parece todo…

Acabamos de pasar las 3 horas y hemos hecho la zona de relieve más complicado. “Las hacemos todas y nos sobra media hora” dice Tommi. Un simple comentario neutro, sin un ápice de arrogancia, como quien lanza un dato más. No se cómo lo ha calculado, pero lo tiene claro. Pues nada, no seré yo quien lleve la contraria… Hacemos acrobacias para pasar una valla y bajamos hacia una vaguada donde está la 32. De ahí a nivel y subiendo un poco al final hacia unas rocas donde está la 46. El siguiente tramo tengo que confesar que no sé cómo lo hicimos porque siguiendo con mi rutina de alimentación me saqué un minibocadillo de la mochila y estuve peleándome con él, yendo a remolque y olvidándome del mapa por completo. Cosas que se pueden hacer cuando uno tiene un guía de lujo. Acabamos saliendo a una valla, y algo más allá a la baliza 75. Vamos al sureste y apoyándonos en una valla salimos a terreno abierto, una pista y al llegar junto a un merendero nos metemos a la derecha para fichar la 45 en un hueco de un bosquecillo.

Vamos a por la esquina suroeste del mapa. El plan es 31-41-65-52-94-84-42. Salimos al este y basándonos en varias carreterillas nos acercamos a la 31. La buena noticia para mí es que después de haberlas pasado canutas al principio de la carrera cada vez me encuentro mejor. Animado, me avanzo unos metros y ataco la 31 por una vaguada hasta un collado. Unos metros más allá está la baliza metida en una curiosa cabaña. Vamos al suroeste y salimos a la carretera. Después de hacer unos metros nos metemos a la derecha junto a unas rocas y llegamos junto al río. Es fácil identificar la curva que describe éste y un poco más allá una isleta junto a la que está la baliza 41. Volvemos otra vez al este para buscar la 65, cruzando nuevamente la carretera y, tras un puente, metiéndonos al este justo por debajo de unas rocas que hay en lo alto de la loma. Resuelta la 65 nos vamos, ahora sí, a por las balizas del extremo suroeste. Cruzamos otra vez más la carretera y subimos por un sendero importante y desviándonos hacia lo alto de la loma. Tomando como referencia un grupo de rocas significativo cruzamos una vaguada y fichamos la 52. Desde aquí Tommi encuentra un senderillo que viene perfecto para bajar en diagonal hacia el valle, cruzamos el río y vamos a nivel bordeando hasta el siguiente valle hacia el oeste. Sigue mi recuperación, a la vez que parece que Jaume y Tommi están algo más cansados, así que tengo más tiempo de mirar el mapa. Me pongo en modo alumno de primera fila y le voy preguntando a Tommi, sobre táctica, detalles del mapa… No sé si es por el calor o el cansancio pero creo que él tiene menos ganas de hablar que yo. Cruzamos el río y subimos en diagonal hacia una valla y unas rocas donde está la 94.

De camino a la 84 se cumplen las cuatro horas. Se va aclarando el panorama y salvo problema grave parece que sí que las haremos todas. Bajamos a cruzar el río de nuevo y subimos al otro lado. Dudamos algo sobre nuestra ubicación… Yo creo que estamos más al este, en unas zonas abiertas que aparecen en el mapa. Tommi tiene cinco segundos de duda pero parece estar de acuerdo. Se reubica y subimos pendiente arriba. “Clariana y roca” dice Tommi mientras señala a un lado. Yo ni la había visto en el mapa, y la verdad es que esa roca me parece igual que otras diez que tenemos alrededor, pero si él lo dice… Evidentemente tenía razón y vamos en buena dirección hacia la 84. La travesía hacia la 42 la hacemos por una serie de caminos que quedan algo al sur, pero hay margen y mejor asegurar el tiro. Tommi parece algo más cansado pero la cabeza le sigue funcionando perfectamente y atacamos bien la baliza a pesar de que el terreno no es nada fácil. Jaume empieza a tener algunos problemas de rampas. Afortunadamente seguimos sin atascarnos en ninguna baliza y estamos manteniendo bien el ritmo.

Queda por delante la esquina sureste. El plan establecido es: 74-64-91-73-81-96-62-43-33. La primera parece un poco complicada porque hay muchas rocas, pero fijándonos en una vaguada y en un cortado en forma de semicírculo la encontramos sin muchos problemas. Con rumbo sureste cruzamos un sendero y una pista importante y subimos hacia la 64. Nos ponemos a andar. “Mucho calor, mucho calor, ya no puedo correr en subida” dice Tommi. Como si se excusase… Pero si nos has llevado con el gancho todo el día… Vamos subiendo en diagonal hacia lo alto de la montaña en busca de la 91. De repente se me acaba el agua… Uups, y queda aún una horilla de carrera. Miro el mapa y la única esperanza para reponer agua es junto a la 81. Afortunadamente voy bien de fuerzas así que tengo algo de margen. Con estas preocupaciones aparecemos en lo alto de la sierra y después de algo de dudas entre dos vaguadas acabamos dando con la baliza 91 junto a un árbol. “Nos quedan seis kilómetros y medio” dice Tommi. Cómo c… lo sabe? Ni idea… Deshacemos algo de camino y vamos recorriendo a nivel bajo una barrera de rocas hasta la 73. Podríamos atravesar directo a la 81, pero al final decidimos rodear por el norte siguiendo un camino que ahorra algo de desnivel. Bajamos al sur hasta un prado, donde descubro que el riachuelo en el que tenía depositadas mis esperanzas no lleva agua. Pues nada, seco hasta el final. Fichamos la 81 y subimos por un sendero hasta un collado con una casa y nos metemos al otro lado para marcar la 96. Está bastante abajo, entre unas ramas junto a un árbol. Me agacho y me meto mirando al suelo con la cabeza por delante. Craso error… Me como una rama con todo el cráneo. Una buena cornada. Algo de sangre pero parece superficial. Bueno, ya por lo que queda…

Volvemos al collado y bajamos por un sendero, para coger un sendero desdibujado a la izquierda. El sendero se pierde y nos pasamos la 62 yendo demasiado arriba, pero entre todos conseguimos corregir y reubicarnos. Fichada la antepenúlitma cogemos dirección oeste para encontrar una pista. Yo hubiese atacado la baliza 43 desde una curva de la pista. “No se ve nada por ahí”… Tommi dice que mejor meterse antes a la derecha y va identificando rocas y pequeños bosquecillos. Dudamos algo pero acaba apareciendo y nos vamos ya para el norte en busca de la última, la 33. Tomamos como referencia las curvas del río y a partir de ahí, basándonos en una pequeña vaguada y sobre todo en la inspiración de Tommi, acabamos saliendo a una roca tras la cual está la baliza. Ya solo queda atravesar al este para salir a los prados donde está la meta. Llegamos en 5h35.

La verdad es que estoy impresionado. Nada de arrogancia, porque sinceramente mi responsabilidad en este resultado es insignificante. Vaya clase magistral… Por mi parte, bastante contento, porque después de un inicio con muchas dudas, físicamente me he encontrado bastante bien, con buena dinámica de comer y beber si exceptuamos la última hora por el fallo del Camelbak, cosa que no debería pasarme cuando lleve bidones. El hecho de quedar campeones de España siempre hace gracia pero tampoco os voy a engañar, mi papel se ha limitado bastante a cuatro aportaciones mal contadas. Si no le hacíamos la zancadilla a Tommi o le metíamos piedras en la mochila, era un resultado bastante posible. En fin, a ver si hoy hemos aprendido y se nota en la próxima carrera… La semana siguiente teníamos oportunidad de sacar los apuntes y poner en práctica lo aprendido.

Besos y abrazos

P.D: aquí están los resultados totales:
http://www.lanovafita.com/wp-content/uploads/2015/05/index.html
Y con los parciales de cada baliza:
http://www.lanovafita.com/wp-content/uploads/2015/05/index1.html

Balance de puntos:
Hora 1: 48 puntos (8 balizas)
Hora 2: 43 puntos (8 balizas)
Hora 3: 56 puntos (8 balizas)
Hora 4: 53 puntos (10 balizas)
Hora 5: 41 puntos (6 balizas)
Hora 6 (35min): 30 puntos (5 balizas)



miércoles, 3 de junio de 2015

Rogaine Serra de Catllaràs


La locura de este mes de mayo me ha hecho perder el ritmo de las crónicas respecto del de las carreras. Ahí va la primera entrega de la trilogía de rogaines de este mes, enmarcados por kilómetros y kilómetros de coche entre Lyon, Barcelona, Ávila
El primero de estos rogaines fue en la Serra de Catllaràs, el sábado 9 de mayo. Fin de semana de calor, así que la hora de salida fue adaptada sabiamente a las 9 de la mañana. Ya sabéis las normas, 6 horas, máximo número de balizas y puntos posible. Correr, orientar y… estrategia. Pinta que es un rogaine con mucho desnivel y así lo confirma el mapa cuando lo abrimos 15 minutos antes de la salida. Con el típico estrés, que va en contra de la reflexión, empezamos a unir balizas sin ton ni son. Decidimos empezar por el cuadrante superior derecho. Hay muchas balizas (aunque de pocos puntos!!!...) y las unimos en un recorrido algo tortuoso: 45-70-55-83-71-50-62-73-63-60-40-66-41-61-51-64… y de ahí hacia la parte inferior, donde hay bastantes balizas de mucha puntuación, que parecen poder conectarse bien, y después subir hacia la esquina superior izquierda y ver qué podemos recoger allí, donde hay relativamente pocas balizas pero de bastantes puntos.
Así que a las 9 en punto salimos hacia la 45, bajando los primeros por un buen camino. Empezamos regular, no identificamos bien un camino que viene por la izquierda y nos pasamos el sendero bueno hacia la derecha, que tiene que llevar a la baliza. Así que arrastrando en el error a otros equipos empezamos a deambular un poco hasta que al final damos con la buena entrada y fichamos la baliza. Bajamos a un camino inferior y realizamos una aproximación bastante larga hasta cerca de la 70, llegando en subida. No nos coordinamos y Jaume y yo acabamos uno arriba y el otro debajo de un cortado, donde está la baliza, así que perdemos otro poco de tiempo. A ver si nos centramos… La 55 no tiene misterio, por un camino claro que lleva hasta la cocina. De aquí la idea para la 83 es bajar campo a través al noreste. Otros dos equipos están haciendo lo mismo y la verdad es que les seguimos confiando en su criterio. Acabamos más debajo de la cuenta y por terreno incómodo, para remontar al final junto a unas rocas. Siguiente objetivo la 71. Subida del copón (mirando ahora 200m de desnivel), entre caminos y pequeños tramos de campo a través. A mí me está costando entrar en el mapa y al principio ni siquiera identifico bien en qué camino estamos. Más allá de la subida, la baliza se encuentra fácil, pero vamos viendo como otros equipos que se mueven más lento, acaban llegando a la baliza igual o más rápido que nosotros. Algo no hacemos bien…
Seguimos hacia la 50 dando rodeo por una pista y bajando una vaguada para ir a buscar la baliza. De ahí a la 62 nos toca otro repecho, donde coincidimos con Olga y Francesc y otro equipo. Entre los tres equipos buscamos la baliza y no atinamos, saliendo bastante más a la derecha. Resuelto el error, vamos a la 73 aprovechando un sendero y una zona de vegetación penetrable, esta ha sido fácil, vamos ahora a la 63. Vuelta a subir… Un sendero debería servir de guía pero nos cuesta identificarlo y perdemos algo de tiempo con las dudas. Llegamos a un collado con varias torres rocosas alrededor. Volvemos a dudar al identificarlas en el mapa, pero al final parece que acertamos la vaguada que nos debería llevar a la baliza 63. Efectivamente, fichamos. Nos toca bajar hacia la 60. Bajamos por una vaguada y acertamos un caminito que sale a la izquierda, pero se pierde algo y nos aparecen más dudas, a pesar de que la baliza tiene que estar al lado. Volvemos atrás, tomamos referencia y acertamos a la segunda. Qué toca ahora? Efectivamente subir, hacia la 40. La orientación no es difícil, subir al este con la referencia de unas torres rocosas a la izquierda y bajar por una vaguada hacia el norte. La baliza nos la encontramos en el propio riachuelo y seguimos el barranco al norte en fuerte e incómoda bajada. Por fin salimos a un camino bueno y vamos a la 66 sin mayor problema. También por caminos fichamos la 41. Más difícil va a ser la 61. Intentamos seguir una zona de vegetación penetrable (blanco) hacia el noroeste, pero el relieve en lo alto de la loma es difícil de identificar (o no tuvimos suficiente inspiración para ello) y al bajar al otro lado el relieve no me cuadra. Más dudas… Acabamos saliendo a un camino, sin saber muy bien donde estamos. Al final nos damos cuenta de que hemos bajado más al norte, atravesando una zona verde oscuro, en teoría impenetrable, pero la deben haber talado últimamente. Ya ubicados vamos siguiendo el camino hacia la 61, pero tras un tramo campo a través no identificamos bien el punto de entrada al siguiente camino y nos pasamos la baliza. 500 metros extra, para darnos cuenta del error y corregirlo. La 51, afortunadamente no nos da opción a más errores y la 64 tampoco, más allá de que no nos la jugamos y pegamos dos buenos rodeos a oeste y este.
Vamos ahora hacia la 42, mucho trayecto para pocos puntos, aunque para lo escondida que estaba aún la encontramos relativamente bien. Empezamos a darle vueltas a la estrategia y vemos que no nos va a dar tiempo de hacer lo previsto (a no ser que volvamos mañana otras 6 horas…). Así que fuera 80 y 76, y vamos a la 85. Otro tramo de subida eterno y dando unas vueltas del copón. Creo que estuvimos como 20 minutos de una baliza a otra. Sin fallos de orientación… simplemente era larguísimo. Fichamos y bajamos a la 52, encontrándonos a equipos fuertes que vienen en sentido opuesto y por tanto estrategia opuesta. Empiezo a sospechar que quizá la táctica global no era buena. Otro vistazo al reloj nos hace seguir soltado lastre y anulamos 81-82-68-91. Muchos puntos a la basura… 
La idea es 67-84-57-92. La primera la hacemos relativamente bien, marchando campo a través y a nivel. Otro tramo de avance a nivel y nos lanzamos por una ladera entre el bosque hacia la 84. Está todo de hojas caídas y resbala que da gusto, así que pocas neuronas nos quedan para orientar. Intentamos identificar los cortados de la izquierda, pero con bastantes dudas. Al final, acabamos dando con la baliza, con una cierta dosis de azar y seguimos haciendo piruetas en descenso hasta un sendero que vamos siguiendo hasta el avituallamiento líquido y la baliza 57. De ahí, más pista fácil a la 92.
Bueno, miremos el reloj y vayamos cerrando el tema, que hay que volver y estamos lejos. La idea va a ser 54-65-33-86-78-90-79-31 y meta. La primera no tiene más historia que la de tener que subir por enésima vez y la 65 también es por camino hasta la cocina. Atravesamos al noreste y con algo de dudas por alguna bifurcación del sendero que no aparece en el mapa, pero acabamos saliendo a las pistas principales y fichado la 33. Pasamos por una fuente (el calor aprieta y yo voy muy justo de agua), llegamos a unas casas bajo la pendiente que tiene que llevar a la 86. Subimos a saco por terreno de difícil orientación, con una infinidad de muros que yo no identifico bien en el mapa. Nos separamos y empezamos a atacar por K.O. hasta que tras perder bastante tiempo, Jaume la encuentra más abajo. Salimos al camino justo al norte y vamos subiendo nuevamente, a la vez que vamos descartando la 90. No hay tiempo… La 78 en el camino y la 79 también fácil. Quedan unos 20 minutos y todavía una última subida, donde deberíamos encontrar la baliza 31. El primer tramo es por pistas buenas, hasta una carretera y en una curva cerrada sale un senderillo que debe llevar a la baliza, que total son 3 puntos… Nada. No identificamos la vaguada donde debería estar la baliza. Otros equipos están igual. Se empieza a escapar el tiempo. Nos ponemos de límite los 10 minutos, para llegar a meta. El tiempo límite llega y no hemos encontrado la baliza, así que nos vamos, creo que igual que los demás equipos que estaban por ahí. Llegamos a la meta sin buenas sensaciones…
Pero el resultado supera con creces los malos augurios. No ya por la posición (4os) sino por la comparación de distancias, desniveles y estrategias. El ejemplo más claro es que hemos hecho 5 kilómetros y 25 puntos menos que el equipo de Pep Mayolas (2os). Nos han salido 35kms y 2600 metros de desnivel positivo… En fin, no hace falta decir mucho más. Y los primeros nos han sacado la friolera de 50 puntos (223-173). Ale, vámonos para casa…
Una estrategia nefasta, que nos ha llevado a empezar por la zona con menos puntos y tener que descartar muchas balizas de mucha puntuación. Estando a las 4 horas y pico a la otra punta del mapa, hemos tenido que hacer una vuelta muy directa y con pocas balizas. Todo eso aderezado por fallos que han ido penalizando el ritmo da como resultado el obtenido. En fin, cura de humildad y mucho por aprender.
El fin de semana siguiente teníamos el Campeonato de España de rogaine en Peguerinos (Ávila). Ahí íbamos a contar con una incorporación de lujo, Tommi Tölko. Ahí íbamos a aprender lo que era orientar…

Besos y abrazos


lunes, 11 de mayo de 2015

Montsec Ultratrail

Marchando una de Ultras...

Aprovechando que el mes de mayo en Francia está plagado de días de vacaciones, este mes de mayo voy a bajar casi todos los fines de semana por tierras catalanas para participar en diferentes carreras. Los próximos tres findes estarán enfocados al tema orientación, pero en este primero el objetivo era la Montsec Ultratrail, principal carrera larga de preparación de cara a la Ronda dels Cims a finales del mes de junio. 95kkms con unos 5500m de desnivel, por una zona bonita y algo desconocida para el corremontes catalán, organizada por los amigos de Ultra Lleida con Dani y Txuano a la cabeza. Terreno técnico, subidas duras y calor ahora que empezamos a acercarnos al verano.
¿Y cómo me presentaba yo a esta carrera? Pues preocupado... El Lyon Urban Trail de hace dos semanas, con todas sus callejuelas, sus escaleras y su asfalto, me dejó con una molestia en la rodilla que he estado tratando a base de hielo y pomada. La semana después de la carrera hice dos entrenos con sensaciones dudosas y esta semana pasada salí a correr el lunes y a los 20 minutos me paré porque la molestia seguí ahí, burlona e implacable. No era un gran dolor, puedes ir haciendo, pero era como tener a alguien metiéndote el dedo en el ojo. Una carrera de 100kms no parecía el remedio óptimo, pero parar dos o tres semanas en este tramo importante de la preparación me daba bastante palo, así que decidí salir y ver definitivamente hacia dónde iba la cosa. En medio de un pesimismo importante y con la inseguridad sobre si estaba haciendo lo correcto, nos presentamos el viernes por la noche en Àger, con mis padres y con Ruben, que también participa en la carrera. La salida es a las 11 desde el centro del pueblo. Me encuentro con muchos amigos y gente conocida, Lluis ("Sanvi", quien descubro que es uno de los esforzados que se lee estos relatos y con quien comentamos la cerveza que tenemos pendiente para la llegada...), Joel, Kako, Albert,... y Dani de Ultra Lleida, maestro de ceremonias y uno de los principales impulsores de la carrera. Me meto en el recinto de la salida y me quedo en un rincón sin demasiadas ganas de hablar. Con las campanadas Dani da la salida y salimos por unas callejuelas en dirección a la montaña, a los kilómetros... Ha llegado la hora de ver cómo está esta rodilla.
Salimos del pueblo por una serie de pistas y enseguida nos quedamos en cabeza, Lluis, yo y Josep Cuadrat, con permiso de Lluis, claro favorito para ganar la carrera. Josep va muy fácil y va charlando tranquilamente. Yo enseguida me callo y me quedo detrás de ellos dos guardando aliento, que seguro que me va a hacer falta. Llegamos al sendero y Josep tira para delante al trote y Lluis y yo nos quedamos detrás en modo caminante. Me gusta el panorama, a ver si podemos ir tirando juntos que siempre se hace más ameno. Vamos subiendo y poniéndonos al día sobre nuestras respectivas vidas, sobre todo cuando la pendiente es un poco generosa. 
Y asi llegamos a lo alto de la primera subida, donde hay un avituallamiento que pasamos de largo. Viene ahora un tramo de pista que va tirando para abajo durante varios kilómetros. Es el momento de la verdad, de ver qué tal está realmente esta rodilla. Amplio la zancada tanteando el terreno e intentando pisar de metatarso para suavizar el impacto. Noto la rodilla rara, probablemente debido en parte a la obsesión, pero no parece haber un dolor concreto. No estoy convencido pero al menos la respuesta no es claramente negativa, que ya es algo. Mientras sigo con este debate interior, Lluis se va separando hacia delante. Da igual, lo primero es comprobar que puedo llevar un ritmo de crucero aceptable. Parece que sí...

(... lo siento, aquí es de noche y no hay fotos...)

La pista gira a la derecha y al poco rato me meto por un senderillo más empinado a la izquierda. Un poco más abajo veo las luces de Lluis y de Josep, que ahora van juntos y están a 1 o 2 minutos por delante. Siguiente paso para la rodilla, sendero empinado. A ver qué tal… parece que no empeora… bueno, vamos a intentar olvidarnos de ella. Más vale, y concentrarme en el camino, porque estoy en medio de un campo donde no veo marcas. Barriendo con el frontal consigo ver una allá al final. Me lleva a un bosquecillo por donde va bajando el sendero, que casi no se ve. Bajo con muchas dudas y al final acabo en un trozo de pseudo-camino por donde al cabo de 100 o 200 metros no he visto marca… Decido volver atrás, si me voy a Cuenca puede ser peor. Las luces de Lluis y Josep están por allá abajo pero demasiado lejos como para ir campo a través. Llego hasta la última marca y busco, hasta que al poco rato llega una luz. “Conoces el camino?” “Si, vas bien!” Perfecto, es Ruben! De él me fío sin ningún problema, que se conoce todas las piedras del lugar. Bajamos un ratillo juntos por terreno bastante técnico y poco a poco el camino va mejorando a medida que nos acercamos al Congost de Terradets y la Font de les Bagasses, punto del segundo avituallamiento. En el último tramo de bajada Rubén ha quedado un poco más atrás así que llego al avituallamiento sólo. Me encuentro a mis padres por primera vez a lo largo de ese gran seguimiento que me hicieron durante la carrera. Le echo algo de pomada a la rodilla y tiro adelante. Vamos a por la siguiente subida!
Esta me la conozco. Es la subida que va hacia el pueblo abandonado de Rúbies y después gira hacia la Portella Blanca. Sendero bueno y subida relativamente tendida, aunque con algún corto tramo más empinado, sobre todo al final. De esas que son de caminar mucho con paso amplio, en principio de las que me van bien. Cojo el ritmo y así voy pasando la madrugada. Llevo una buena velocidad y creo que me voy separando de los de detrás, pero entre el bosque tampoco veo las luces de Lluis y Josep, así que la subida transcurre de forma bastante solitaria. No es problema, caminar por el bosque bajo el cielo estrellado, con las luces adormecidas de Camarasa y Balaguer allá al fondo es uno de esos grandes momentos de las carreras. Llego a Rúbies y el terreno se abre. Veo las dos luces de delante, una ya cerca de la subida final a la Portella Blanca y la otra más a la derecha, que acaba de finalizar el primer repecho hacia el collado. La segunda luz me debe llevar unos 5 o 6 minutos, así que me animo y voy a por este último tramo de subida. Las fuerzas aguantan, el terreno no es muy complicado y además me lo conozco, así que llego a la Portella Blanca con bastantes buenas sensaciones.
La ruta gira a la derecha y alterna una serie de subidas y bajadas hasta la entrada al Camí de les Cent Corbes. Aprovecho para comer algo y voy avanzado por el estrecho senderillo. Intento correr pero entre los árboles y algunas rocas se hace complicado. Los primeros apoyos de bajada vuelven a llevar mi mente hacia mi rodilla. Este flanqueo me lleva a hacer apoyos raros y me vuelve a coger algo de miedo, que se traduce en torpeza. Sigo sin un dolor concreto, pero con pequeñas molestias que van de aquí para allá y me tienen mosqueado. El hecho de llegar a la bajada definitiva no mejora mi feeling. Se trata de una eterna sucesión de revueltas que hacen honor al nombre del camino. Definitivamente hay muchas más de 100 curvas. No las conté, pero estoy convencido. Además el sendero es muy pedregoso y eso no me ayuda. Cada vez que freno en una revuelta pienso en mi rodilla. Intento frenar siempre con la izquierda, bajar con precaución, pero en la bajada precaución suele ser sinónimo de lentitud... En fin, no siento confianza para lanzarme más así que voy tirando y ya pasaremos este tramo. Al menos la cosa va bastante mejor de lo que esperaba antes de empezar la carrera.
Por fin acaba el sendero, y tras un tramo de pista llego a un nuevo avituallamiento. Sorpresa, me encuentro a Josep con una bolsa de hielo en el pie. Se ha torcido el tobillo y no puede continuar. Eso me hace ganar una posición (que nunca hubiese ganado ni en la mejor de mis carreras) pero la verdad es que cuando pasas a alguien porque se ha lesionado te sientes como medio sucio. En fin, es mala suerte y cosas que pueden pasar. Cojo un par de naranjas y poca cosa más, porque llevo mucho en la mochila (demasiado, debería estar comiendo más… ya me acordaré…). Animo a Josep y sigo adelante. Viene ahora un tramo de pistas por el que ruedo a buen ritmo y con menos preocupación que en el sendero técnico. Voy bien de fuerzas y el camino es de piloto automático y los kilómetros pasan rápido mientras el repertorio musical del día se repite en mi mente (hoy, Els Amics de les Arts, creo que me pasé 90 kilómetros entre "L'home que treballa fent de gos" y "4-3-3", hasta que en el último tramo vino al rescate una de Skalariak de la que solo me sé un estribillo que dice "sarri, sarri, sarri..."... y así todo el rato... qué coñazo es cuando se te mete en la cabeza una canción de la que sólo te sabes 5 segundos...). En fin, finalmente llego al Congost de Terradets, donde vuelvo a encontrar a mis padres, nada menos que a las 4 de la mañana. Mi padre me dice que Lluis ha pasado hace 17 minutos. Me ha sacado distancia pero podría ser peor y aún queda mucho. A ver qué tal voy regulando y si consigo llegar con fuerzas al final igual puedo darle guerra. Tenemos una cerveza pendiente, pero como le vuelva a pasar en la última bajada como en Bastions igual me la tira por la cabeza ;-) … Pero bueno, céntrate en lo que viene y deja de pensar en el final, que siempre estás igual…
Lo que viene es una subida por el Barranc del Bosc, que no conozco. La afronto mientras me como una tarta de manzana en un tramo relativamente sencillo. El sendero sube lentamente y se mete hacia el fondo del valle cuando en una de estas veo la luz de Lluis allá delante. No está a 17 minutos… me habrá dicho 7 mi padre? Estará cansado y le he recortado? Qué raro… De todas formas me animo y sigo avanzando con la impresión de que le voy a alcanzar (iluso…). Me confío (error…) y en lugar de apretar en la siguiente subida me relajo y en algunos tramos trotables sigo caminando, como si Lluis fuese a caer por su propio peso (entre que pesa poco y que los tiene cuadrados… no es de esos, jejeje). Después de un repecho más empinado el camino sigue subiendo lentamente por terreno más suave pero donde la orientación es algo complicada. Tiene que haber un avituallamiento por aquí, pero no llega nunca. No conozco esta zona y este tramo se me hace largo, señal también de que las piernas pierden algo de la alegría que tenían hace un rato. Cuando ya empiezo a dudar de la existencia del avituallamiento llego por fin a una pista donde encuentro un jeep y el prometido punto de asistencia. “¿Te has perdido?”… ”Al principio, pero no en este tramo, por?”… “Es que el chico de Andorra que va delante nos ha dicho que se ha perdido 10 minutos en esta subida”… Ahora entiendo las cosas…
Ya consciente de la ausencia de méritos por mi parte, sigo adelante con un cierto bajón moral. Así que no estaba yendo más rápido que Lluis, sino que ha se ha despistado y a estas horas ya debe haber vuelto a poner el turbo. Bueno pues nada, vuelvo a lo mío, que es intentar no perderme por este sendero traicionero y trotar lo más dignamente posible por una pista que pica hacia arriba y que me deja en el siguiente avituallamiento, cerca de Moror. Vuelvo a encontrar a mis padres, pero esta vez ni me dan referencias ni las pregunto. Da igual, hago mi vida, mi ritmo y ya llegaré donde tenga que llegar. Cómo algo en el avituallamiento, pero cada vez menos sólido. Llevo desde el inicio de la carrera con malas sensaciones en el estómago. Ya de salida he notado que el plato de espaguetis de la cena no acababa de procesarse (probablemente por los nervios) y después la verdad es que he comido un par de bollos que tampoco me acaban de bajar bien. A las sales les he cogido asco y las he descartado y cambiado ya por Aquarius. Lo único que va pasando bien es el membrillo, pero hace falta algo más…
De todas formas el paso por el avituallamiento me renueva las fuerzas y salgo algo más fuerte. Tengo un momento de confusión en un desvío donde no veo marcas pero resuelvo el entuerto y llego al pie de la subida definitiva hacia Sant Alis. Me lanzo a ella con buen paso, buen ritmo de bastones y con el motor procesando el último membrillo, el caldo y la naranja del avituallamiento. Así voy ganando desnivel, mientras hacia el este se empiezan a intuir las luces del amanecer. Esa dinámica dura más o menos hasta los 1100 metros de altura. Ahí lenta pero inexorablemente mi alegría en el paso decrece, mi ritmo se va hundiendo y mi mirada va buscando desesperadamente el final de la montaña. La luz de la reserva se enciende en forma de agujero en el estómago. Me como medio plátano que he cogido en el avituallamiento, pero es demasiado tarde. La sensación de vacío estomacal hace que el plátano me entre mal y hasta me cuente tragarlo. Serás imbécil… es cuando vas animado y te sientes bien que tienes que comer… En fin, con un ritmo bastante cansino llego a lo alto de la montaña y salgo a una pistilla desdibujada. Parece que el terreno es llano… Vaya, me toca trotar… Lo hago a un ritmo bastante ridículo, y cada vez que el terreno se empina algo, me pongo a caminar. Al final llega lo inevitable. Después de las experiencias del Chad y la Patagonia, he aquí la tercera entrega de “Crisis en el kilómetro 55”. Mi estómago hace una pirueta y llama a la puerta, llegan las náuseas y servidor parado apoyado en los bastones, viendo venir las arcadas. No sale nada… Lo intento, porque sé que después me sentiré mejor, pero no hay manera. De todas formas a base de berridos parece que el interior se estabiliza mínimamente y al menos puedo seguir avanzando. Si, el ya célebre bonus track que me debería permitir llegar al avituallamiento, que está a unos dos kilómetros. El final de la subida y el descenso por pista asfaltada ayudan a que recupere algo mi estado. Encontrarme nuevamente con mis padres y ver el equipo de apoyo ampliado con mi hermano y Elena es definitivo. 10 minutos después de estar apoyado en mis bastones con aire de nonagenario estoy comiéndome una llesca de pan con tomate y jamón con un humor relativamente bueno.
En vista del panorama y como me dicen que le llevo 25 minutos al tercero (que parece ser el Ruben), decido parar bien y comer con tranquilidad intentando que entre bien. Me siento y charlo un poco con Olga, que se encarga del avituallamiento, con mis padres, con mi hermano, Elena… Realmente no sé cómo quedaré pero en la modalidad equipo de “supporters” somos primeros destacados. Ya con el pan, el jamón y la naranja dentro, me levanto y me dispongo a continuar, cuando en estas que aparece un corredor a unos 200 metros. Jops, no eran 25 minutos? “Bufff, no me hagáis esto…”, lanzo con una sonrisa de resignación. Así que con algo de estrés renovado me lanzo por el tobogán que inicia el descenso y troto camino abajo. El tramo es favorable en cuanto a desnivel, pero incómodo, con muchas piedras. De todas formas la aparición de nuevos problemas ha hecho que la rodilla haya quedado en el olvido y bajo bastante bien. La bajada se me pasa relativamente rápido y llego a una serie de pistillas que me llevan hacia Alsamora. En el último sendero antes de llegar al pueblo me vuelvo a encontrar con el equipo de apoyo, a pesar de que no estaba previsto. Nuevamente, chapeau!
Vuelvo a comer una llesca de pan con jamón y algo de fruta y sigo. Mi padre me dice que en este tramo he mantenido la distancia con Lluis así que eso quiere decir que he recuperado ritmo (no era difícil) respecto del anterior. Salgo del pueblo por una serie de senderillos que van subiendo y bajando. Voy bien, nuevamente gracias a lo que acabo de comer y me vuelvo a encontrar con fuerzas de correr a buen ritmo y trotar incluso en las subidas siempre que no sean muy empinadas. Por última vez, albergo esperanzas de al  menos recortar distancia con respecto a Lluis. Este tramo que viene ahora hasta Montrebei es muy traicionero, con varias subidas duras de esas que casi no salen en el perfil. La primera la paso muy bien, la segunda bien, la tercera normal y la cuarta regular, lógica evolución que repite lo de hace un rato subiendo al Montsec. No he aprendido, y en lugar de comer cuando voy bien aunque no tenga hambre, dejo que vuelva a aparecer el agujero en el estómago. Afortunadamente aparece en terreno favorable, ya llegando al Congost de Montrebei. Este tramo era neutralizado y en teoría estaba prohibido correr, así que paso andando a buen ritmo intentando no estorbar demasiado a los caminantes que empiezan a abarrotar el recorrido. Una vez se abre el panorama vuelvo a trotar y cojo el desvío a la izquierda que tiene que llevar al avituallamiento del Pla de Sant Lluis. No conozco la zona pero no debe de estar muy lejos a juzgar por lo que ponía en el perfil.
Al cabo de un poco me encuentro un hombre que baja y me dice que el avituallamiento está a “10 minutos”. Iluso de mí, pienso que igual son 10 minutos a ritmo de paseo y que estoy ya muy cerca… Ni de coña. Voy subiendo y no aparece. El calor aprieta y se me acaba el agua y me quedan dos tragos de Aquarius. Al cabo de bastante más de 10 minutos llego a una casa. Tiene que ser ahí… Hay gente, pero no veo ningún puesto de avituallamiento. Pregunto a una pareja que están sentados y no saben muy bien de que les hablo, pero me dan agua. Acepto el trago. En estas aparece Ruben por el camino. “Qué tal?”… “Pues aquí, vacío y buscando el avituallamiento desesperadamente”. Seguimos juntos y me dice que no queda mucho, que está detrás de unos árboles. Será porque voy mirando al suelo pero no sé a qué árboles se refiere… ¿Esos de ahí delante?... Llegamos y no… Giramos a izquierda, más árboles… “Ahí delante!” Vale, será que lo ha visto ya… Nada, ni rastro… Medio enfadado con actitud de niño de “ya llegamos???” decido olvidarme del camino, de lo que queda, no preguntar y simplemente avanzar. Por el lado positivo pienso que cuanto más subimos antes del avituallamiento, menos queda después del avituallamiento (el que no se contenta es porque no quiere). Ruben me propone que lleguemos juntos y yo le digo que si le aguanto, cosa que no tengo nada clara, OK, pero que si ve que voy más lento que tire, no vaya a ser que por esperarme pierda más posiciones. Una eternidad después y acordándome de la madre del de los “10 minutos” llegamos al avituallamiento. Pido que me rellenen coca-cola y Aquarius y empiezo a comer fruta, concretamente un melón buenísimo que sabía a gloria. Ruben coge un par de cosas y me dice que si tiramos… “Tira, tira, yo necesito comer, si no no voy a ningún lado”… “OK tio, ho sento pero tiro…” No hay motivo, cada uno va al ritmo que va en cada momento y a mí en ese momento el cuerpo me exige comer, concretamente otra llesca de pan con tomate que me sirven amablemente en el avituallamiento. Con la batería necesaria para afrontar el último tramo, espero…
Salgo por una pista ya sin Ruben a la vista y enseguida cojo un camino a la izquierda. Mira hacia arriba. Pinta que esto va a ser duro. Efectivamente, el camino se convierte en un sendero de piedra desecha donde traccionar es realmente complicado. Aprieto con los bastones y voy subiendo a un ritmo bastante lamentable, a pesar de la energía adicional por haber comido. “Vinga Albert! Que et pesa el cul!!” Joder, y las pestañas… Miro hacia arriba y veo a Tomas, que tendría que haber competido pero se lesionó hace unos días y hoy retoma los pateos. Llego a su altura y, imagino que en vista de que no hago muy buena cara, añade un “Vinga que no queda res!”… “no me mintáis más, cabrones” le digo en broma. Y sigo con mi ascensión en modo arista cimera del Everest. De repente aparece un corredor de frente bajando disparado. En medio del esfuerzo me cuesta un momento darme cuenta de que es un corredor de la maratón que se corre simultáneamente. Qué raro… hubiese jurado que el recorrido iba en el mismo sentido que el nuestro. En fin, yo sigo con lo mío. Aparecen otros dos o tres, me aparto levemente pero no doy para mucho más. El terreno se va complicando y me cruzo con algún otro en plena trepada. Empiezo a preocuparme… ¿cómo puede ser que vayamos en sentido opuesto?... Esto va a ser un caos (no me enteré muy bien pero parece ser que alguien cambio un cartel y hubo una confusión que llevó a muchos corredores a coger un desvío en dirección opuesta). Ajeno a las explicaciones de la situación, sigo subiendo por una trepada cada vez más complicada. Tomás y su perro me adelantan para ir a buscar a Ruben, que va algo más adelante. Yo voy mirando de reojo, preocupado por posibles piedras desprendidas por corredores que bajen embalados. Al final llego arriba y salgo a un rellano. Ya ha pasado lo peor. Veo a Ruben y Tomás más cerca de lo que esperaba, empezando a trotar por una pista que recorre lo alto de la montaña hacia la derecha. Cruzo un campo y me animo a trotar, a ver si les alcanzo y puedo hacer el último tramo con ellos y llegar con Ruben como habíamos comentado. La pista es una sucesión de repechos y toboganes. En cada repecho intento aguantar el trote hasta un poco más lejos que Ruben y Tomás y de esa forma me voy acercando. Y en una de estas me da por girarme atrás…
Mierda, apareciendo por el borde de la trepada anterior veo a al menos dos corredores que avanzan a muy buen ritmo. Vaya, así que va a tocar luchar por el pódium… Lo que faltaba. Aprieto el paso, para alcanzar a Ruben pero sobre todo para huir de los perseguidores. Pienso que deben ser Kako y Joel, que iban a hacer la carrera juntos. Tienen buenas piernas y parecen ir muy fuertes. Mirando hacia delante veo que me acerco cada vez más a Ruben y llegando al Coll d’Ares estoy a unos 60 u 80 metros. Subo el último repecho encendido, entre los ánimos nuevamente de mis padres, Elena, mi hermano y dos amigos que por si fuera poco, se han unido a mi hinchada particular. Cojo tres trozos de naranja y sigo casi sin parar.
Empiezo a bajar por un sendero que corta las revueltas de la carretera. Ruben está unos metros más adelante, se gira y me espera. Le grito y le hago señas para que tire. Aprieto el paso y llego a su altura. “Vienen dos por detrás, tira, tira…” Bajamos por la carretera con paso y estrés renovado. “Deuen ser el Kako y el Joel”… “Segur?”… “Si, si, tira”. Y así nos lanzamos por la carretera, pero yo después del esfuerzo para alcanzar a Ruben y con el melón y la llesca de pan ya en el dedo meñique del pie, vuelvo a estar off. Me dejo ir… “Tira Ruben, ja faré el que pugui”… “Que no collons, que arribem junts”. La situación me recuerda a hace un par de años en la Ronda dels Cims, cuando después de compartir más de 100 kilómetros con Francesc en el último collado le dije que tirase que yo bajaba tranquilo. “No home no, arribem junts!”… Supongo que son de esas cosas que hacen diferente este deporte…
Así que aprieto los dientes y aguanto el tipo como puedo, imagino que también porque Rubén controla y contiene su ritmo. Me va animando, cosa que agradezco infinitamente. Cogemos un desvío a la izquierda y otro a derecha para cruzar un campo, subir un pequeño repecho y lanzarnos al otro lado por un sendero que baja hacia una ermita. Aquí el terreno se vuelve más técnico y voy mejor… bueno, digamos que paso del estado “un poco mejor que muerto” al estado “reventado”. Me cuesta menos seguir el ritmo de Rubén y recupero algo de moral. Al menos lo pelearemos… Sinceramente hasta ahí estaba convencido de que nos pillaban… Salimos a una pista pero la cruzamos por un sendero que baja directo. Mientras se trata de bajar a saco por sendero voy bien (qué lejos aquellos problemas con la rodilla… fuera de toda lógica), pero más adelante cogemos definitivamente la pista, el ritmo se incrementa y me cuesta más. Me voy girando y no veo a nadie, mientras que hacia delante el pueblo se acerca lentamente ¿Llegaremos?... Hay un par de rectas en las que recupero alguna neurona para hacer algunos cálculos. Unos 300 metros… me giro, no hay nadie… quedan menos de 2kms… quieras que no vamos sobre 4:30 el km… hombre, rápido tendrían que ir para cogernos. Me empiezo a tranquilizar, mientras llegamos a las primeras casas del pueblo. Le agradezco a Ruben lo que ha hecho y nos calmamos algo los últimos 200 metros. Una bonita carrera, dura, con terreno bastante técnico en muchos tramos y que recordaré por esa muestra de compañerismo, y haber compartido una llegada, después de haber compartido entrenos otras veces. Por fin aparece la meta, tras una curva a la derecha. Entramos andando con las manos en alto, con los gritos al micro de Dani, nuevamente con mis padres allí, Quique, Elena, también los padres de Ruben, Lluis aplaudiendo… “A mí pídemela con limón, que si no me muero…”
Besos y abrazos



P.D: Felicidades a Lluis que hizo un carrerón, e igualmente a Rubén que hizo mucho menos tiempo del que tenía previsto. Por mi parte,  analizando la carrera un poco más fríamente, en el lado positivo pondría el haber luchado al final (buena parte de culpa la tienen los ánimos y broncas productivas de Ruben) y el hecho de que la rodilla haya respondido mucho mejor de los esperado, aunque la inseguridad inicial haya afectado más o menos mi ritmo. En el negativo, la gestión de la alimentación. Estas carreras son también cabeza. Si te cansas de cabeza y no eres constante y tozudo comiendo, no vales. En cada tramo de la segunda mitad de carrera he sentido el subidón tras comer y el bajón 5 o 6kms más allá. Claro síntoma de falta de comida. Parece mentira que con la de tiempo que llevo en esto siga siendo incapaz… En fin, otro día más!