lunes, 11 de mayo de 2015

Montsec Ultratrail

Marchando una de Ultras...

Aprovechando que el mes de mayo en Francia está plagado de días de vacaciones, este mes de mayo voy a bajar casi todos los fines de semana por tierras catalanas para participar en diferentes carreras. Los próximos tres findes estarán enfocados al tema orientación, pero en este primero el objetivo era la Montsec Ultratrail, principal carrera larga de preparación de cara a la Ronda dels Cims a finales del mes de junio. 95kkms con unos 5500m de desnivel, por una zona bonita y algo desconocida para el corremontes catalán, organizada por los amigos de Ultra Lleida con Dani y Txuano a la cabeza. Terreno técnico, subidas duras y calor ahora que empezamos a acercarnos al verano.
¿Y cómo me presentaba yo a esta carrera? Pues preocupado... El Lyon Urban Trail de hace dos semanas, con todas sus callejuelas, sus escaleras y su asfalto, me dejó con una molestia en la rodilla que he estado tratando a base de hielo y pomada. La semana después de la carrera hice dos entrenos con sensaciones dudosas y esta semana pasada salí a correr el lunes y a los 20 minutos me paré porque la molestia seguí ahí, burlona e implacable. No era un gran dolor, puedes ir haciendo, pero era como tener a alguien metiéndote el dedo en el ojo. Una carrera de 100kms no parecía el remedio óptimo, pero parar dos o tres semanas en este tramo importante de la preparación me daba bastante palo, así que decidí salir y ver definitivamente hacia dónde iba la cosa. En medio de un pesimismo importante y con la inseguridad sobre si estaba haciendo lo correcto, nos presentamos el viernes por la noche en Àger, con mis padres y con Ruben, que también participa en la carrera. La salida es a las 11 desde el centro del pueblo. Me encuentro con muchos amigos y gente conocida, Lluis ("Sanvi", quien descubro que es uno de los esforzados que se lee estos relatos y con quien comentamos la cerveza que tenemos pendiente para la llegada...), Joel, Kako, Albert,... y Dani de Ultra Lleida, maestro de ceremonias y uno de los principales impulsores de la carrera. Me meto en el recinto de la salida y me quedo en un rincón sin demasiadas ganas de hablar. Con las campanadas Dani da la salida y salimos por unas callejuelas en dirección a la montaña, a los kilómetros... Ha llegado la hora de ver cómo está esta rodilla.
Salimos del pueblo por una serie de pistas y enseguida nos quedamos en cabeza, Lluis, yo y Josep Cuadrat, con permiso de Lluis, claro favorito para ganar la carrera. Josep va muy fácil y va charlando tranquilamente. Yo enseguida me callo y me quedo detrás de ellos dos guardando aliento, que seguro que me va a hacer falta. Llegamos al sendero y Josep tira para delante al trote y Lluis y yo nos quedamos detrás en modo caminante. Me gusta el panorama, a ver si podemos ir tirando juntos que siempre se hace más ameno. Vamos subiendo y poniéndonos al día sobre nuestras respectivas vidas, sobre todo cuando la pendiente es un poco generosa. 
Y asi llegamos a lo alto de la primera subida, donde hay un avituallamiento que pasamos de largo. Viene ahora un tramo de pista que va tirando para abajo durante varios kilómetros. Es el momento de la verdad, de ver qué tal está realmente esta rodilla. Amplio la zancada tanteando el terreno e intentando pisar de metatarso para suavizar el impacto. Noto la rodilla rara, probablemente debido en parte a la obsesión, pero no parece haber un dolor concreto. No estoy convencido pero al menos la respuesta no es claramente negativa, que ya es algo. Mientras sigo con este debate interior, Lluis se va separando hacia delante. Da igual, lo primero es comprobar que puedo llevar un ritmo de crucero aceptable. Parece que sí...

(... lo siento, aquí es de noche y no hay fotos...)

La pista gira a la derecha y al poco rato me meto por un senderillo más empinado a la izquierda. Un poco más abajo veo las luces de Lluis y de Josep, que ahora van juntos y están a 1 o 2 minutos por delante. Siguiente paso para la rodilla, sendero empinado. A ver qué tal… parece que no empeora… bueno, vamos a intentar olvidarnos de ella. Más vale, y concentrarme en el camino, porque estoy en medio de un campo donde no veo marcas. Barriendo con el frontal consigo ver una allá al final. Me lleva a un bosquecillo por donde va bajando el sendero, que casi no se ve. Bajo con muchas dudas y al final acabo en un trozo de pseudo-camino por donde al cabo de 100 o 200 metros no he visto marca… Decido volver atrás, si me voy a Cuenca puede ser peor. Las luces de Lluis y Josep están por allá abajo pero demasiado lejos como para ir campo a través. Llego hasta la última marca y busco, hasta que al poco rato llega una luz. “Conoces el camino?” “Si, vas bien!” Perfecto, es Ruben! De él me fío sin ningún problema, que se conoce todas las piedras del lugar. Bajamos un ratillo juntos por terreno bastante técnico y poco a poco el camino va mejorando a medida que nos acercamos al Congost de Terradets y la Font de les Bagasses, punto del segundo avituallamiento. En el último tramo de bajada Rubén ha quedado un poco más atrás así que llego al avituallamiento sólo. Me encuentro a mis padres por primera vez a lo largo de ese gran seguimiento que me hicieron durante la carrera. Le echo algo de pomada a la rodilla y tiro adelante. Vamos a por la siguiente subida!
Esta me la conozco. Es la subida que va hacia el pueblo abandonado de Rúbies y después gira hacia la Portella Blanca. Sendero bueno y subida relativamente tendida, aunque con algún corto tramo más empinado, sobre todo al final. De esas que son de caminar mucho con paso amplio, en principio de las que me van bien. Cojo el ritmo y así voy pasando la madrugada. Llevo una buena velocidad y creo que me voy separando de los de detrás, pero entre el bosque tampoco veo las luces de Lluis y Josep, así que la subida transcurre de forma bastante solitaria. No es problema, caminar por el bosque bajo el cielo estrellado, con las luces adormecidas de Camarasa y Balaguer allá al fondo es uno de esos grandes momentos de las carreras. Llego a Rúbies y el terreno se abre. Veo las dos luces de delante, una ya cerca de la subida final a la Portella Blanca y la otra más a la derecha, que acaba de finalizar el primer repecho hacia el collado. La segunda luz me debe llevar unos 5 o 6 minutos, así que me animo y voy a por este último tramo de subida. Las fuerzas aguantan, el terreno no es muy complicado y además me lo conozco, así que llego a la Portella Blanca con bastantes buenas sensaciones.
La ruta gira a la derecha y alterna una serie de subidas y bajadas hasta la entrada al Camí de les Cent Corbes. Aprovecho para comer algo y voy avanzado por el estrecho senderillo. Intento correr pero entre los árboles y algunas rocas se hace complicado. Los primeros apoyos de bajada vuelven a llevar mi mente hacia mi rodilla. Este flanqueo me lleva a hacer apoyos raros y me vuelve a coger algo de miedo, que se traduce en torpeza. Sigo sin un dolor concreto, pero con pequeñas molestias que van de aquí para allá y me tienen mosqueado. El hecho de llegar a la bajada definitiva no mejora mi feeling. Se trata de una eterna sucesión de revueltas que hacen honor al nombre del camino. Definitivamente hay muchas más de 100 curvas. No las conté, pero estoy convencido. Además el sendero es muy pedregoso y eso no me ayuda. Cada vez que freno en una revuelta pienso en mi rodilla. Intento frenar siempre con la izquierda, bajar con precaución, pero en la bajada precaución suele ser sinónimo de lentitud... En fin, no siento confianza para lanzarme más así que voy tirando y ya pasaremos este tramo. Al menos la cosa va bastante mejor de lo que esperaba antes de empezar la carrera.
Por fin acaba el sendero, y tras un tramo de pista llego a un nuevo avituallamiento. Sorpresa, me encuentro a Josep con una bolsa de hielo en el pie. Se ha torcido el tobillo y no puede continuar. Eso me hace ganar una posición (que nunca hubiese ganado ni en la mejor de mis carreras) pero la verdad es que cuando pasas a alguien porque se ha lesionado te sientes como medio sucio. En fin, es mala suerte y cosas que pueden pasar. Cojo un par de naranjas y poca cosa más, porque llevo mucho en la mochila (demasiado, debería estar comiendo más… ya me acordaré…). Animo a Josep y sigo adelante. Viene ahora un tramo de pistas por el que ruedo a buen ritmo y con menos preocupación que en el sendero técnico. Voy bien de fuerzas y el camino es de piloto automático y los kilómetros pasan rápido mientras el repertorio musical del día se repite en mi mente (hoy, Els Amics de les Arts, creo que me pasé 90 kilómetros entre "L'home que treballa fent de gos" y "4-3-3", hasta que en el último tramo vino al rescate una de Skalariak de la que solo me sé un estribillo que dice "sarri, sarri, sarri..."... y así todo el rato... qué coñazo es cuando se te mete en la cabeza una canción de la que sólo te sabes 5 segundos...). En fin, finalmente llego al Congost de Terradets, donde vuelvo a encontrar a mis padres, nada menos que a las 4 de la mañana. Mi padre me dice que Lluis ha pasado hace 17 minutos. Me ha sacado distancia pero podría ser peor y aún queda mucho. A ver qué tal voy regulando y si consigo llegar con fuerzas al final igual puedo darle guerra. Tenemos una cerveza pendiente, pero como le vuelva a pasar en la última bajada como en Bastions igual me la tira por la cabeza ;-) … Pero bueno, céntrate en lo que viene y deja de pensar en el final, que siempre estás igual…
Lo que viene es una subida por el Barranc del Bosc, que no conozco. La afronto mientras me como una tarta de manzana en un tramo relativamente sencillo. El sendero sube lentamente y se mete hacia el fondo del valle cuando en una de estas veo la luz de Lluis allá delante. No está a 17 minutos… me habrá dicho 7 mi padre? Estará cansado y le he recortado? Qué raro… De todas formas me animo y sigo avanzando con la impresión de que le voy a alcanzar (iluso…). Me confío (error…) y en lugar de apretar en la siguiente subida me relajo y en algunos tramos trotables sigo caminando, como si Lluis fuese a caer por su propio peso (entre que pesa poco y que los tiene cuadrados… no es de esos, jejeje). Después de un repecho más empinado el camino sigue subiendo lentamente por terreno más suave pero donde la orientación es algo complicada. Tiene que haber un avituallamiento por aquí, pero no llega nunca. No conozco esta zona y este tramo se me hace largo, señal también de que las piernas pierden algo de la alegría que tenían hace un rato. Cuando ya empiezo a dudar de la existencia del avituallamiento llego por fin a una pista donde encuentro un jeep y el prometido punto de asistencia. “¿Te has perdido?”… ”Al principio, pero no en este tramo, por?”… “Es que el chico de Andorra que va delante nos ha dicho que se ha perdido 10 minutos en esta subida”… Ahora entiendo las cosas…
Ya consciente de la ausencia de méritos por mi parte, sigo adelante con un cierto bajón moral. Así que no estaba yendo más rápido que Lluis, sino que ha se ha despistado y a estas horas ya debe haber vuelto a poner el turbo. Bueno pues nada, vuelvo a lo mío, que es intentar no perderme por este sendero traicionero y trotar lo más dignamente posible por una pista que pica hacia arriba y que me deja en el siguiente avituallamiento, cerca de Moror. Vuelvo a encontrar a mis padres, pero esta vez ni me dan referencias ni las pregunto. Da igual, hago mi vida, mi ritmo y ya llegaré donde tenga que llegar. Cómo algo en el avituallamiento, pero cada vez menos sólido. Llevo desde el inicio de la carrera con malas sensaciones en el estómago. Ya de salida he notado que el plato de espaguetis de la cena no acababa de procesarse (probablemente por los nervios) y después la verdad es que he comido un par de bollos que tampoco me acaban de bajar bien. A las sales les he cogido asco y las he descartado y cambiado ya por Aquarius. Lo único que va pasando bien es el membrillo, pero hace falta algo más…
De todas formas el paso por el avituallamiento me renueva las fuerzas y salgo algo más fuerte. Tengo un momento de confusión en un desvío donde no veo marcas pero resuelvo el entuerto y llego al pie de la subida definitiva hacia Sant Alis. Me lanzo a ella con buen paso, buen ritmo de bastones y con el motor procesando el último membrillo, el caldo y la naranja del avituallamiento. Así voy ganando desnivel, mientras hacia el este se empiezan a intuir las luces del amanecer. Esa dinámica dura más o menos hasta los 1100 metros de altura. Ahí lenta pero inexorablemente mi alegría en el paso decrece, mi ritmo se va hundiendo y mi mirada va buscando desesperadamente el final de la montaña. La luz de la reserva se enciende en forma de agujero en el estómago. Me como medio plátano que he cogido en el avituallamiento, pero es demasiado tarde. La sensación de vacío estomacal hace que el plátano me entre mal y hasta me cuente tragarlo. Serás imbécil… es cuando vas animado y te sientes bien que tienes que comer… En fin, con un ritmo bastante cansino llego a lo alto de la montaña y salgo a una pistilla desdibujada. Parece que el terreno es llano… Vaya, me toca trotar… Lo hago a un ritmo bastante ridículo, y cada vez que el terreno se empina algo, me pongo a caminar. Al final llega lo inevitable. Después de las experiencias del Chad y la Patagonia, he aquí la tercera entrega de “Crisis en el kilómetro 55”. Mi estómago hace una pirueta y llama a la puerta, llegan las náuseas y servidor parado apoyado en los bastones, viendo venir las arcadas. No sale nada… Lo intento, porque sé que después me sentiré mejor, pero no hay manera. De todas formas a base de berridos parece que el interior se estabiliza mínimamente y al menos puedo seguir avanzando. Si, el ya célebre bonus track que me debería permitir llegar al avituallamiento, que está a unos dos kilómetros. El final de la subida y el descenso por pista asfaltada ayudan a que recupere algo mi estado. Encontrarme nuevamente con mis padres y ver el equipo de apoyo ampliado con mi hermano y Elena es definitivo. 10 minutos después de estar apoyado en mis bastones con aire de nonagenario estoy comiéndome una llesca de pan con tomate y jamón con un humor relativamente bueno.
En vista del panorama y como me dicen que le llevo 25 minutos al tercero (que parece ser el Ruben), decido parar bien y comer con tranquilidad intentando que entre bien. Me siento y charlo un poco con Olga, que se encarga del avituallamiento, con mis padres, con mi hermano, Elena… Realmente no sé cómo quedaré pero en la modalidad equipo de “supporters” somos primeros destacados. Ya con el pan, el jamón y la naranja dentro, me levanto y me dispongo a continuar, cuando en estas que aparece un corredor a unos 200 metros. Jops, no eran 25 minutos? “Bufff, no me hagáis esto…”, lanzo con una sonrisa de resignación. Así que con algo de estrés renovado me lanzo por el tobogán que inicia el descenso y troto camino abajo. El tramo es favorable en cuanto a desnivel, pero incómodo, con muchas piedras. De todas formas la aparición de nuevos problemas ha hecho que la rodilla haya quedado en el olvido y bajo bastante bien. La bajada se me pasa relativamente rápido y llego a una serie de pistillas que me llevan hacia Alsamora. En el último sendero antes de llegar al pueblo me vuelvo a encontrar con el equipo de apoyo, a pesar de que no estaba previsto. Nuevamente, chapeau!
Vuelvo a comer una llesca de pan con jamón y algo de fruta y sigo. Mi padre me dice que en este tramo he mantenido la distancia con Lluis así que eso quiere decir que he recuperado ritmo (no era difícil) respecto del anterior. Salgo del pueblo por una serie de senderillos que van subiendo y bajando. Voy bien, nuevamente gracias a lo que acabo de comer y me vuelvo a encontrar con fuerzas de correr a buen ritmo y trotar incluso en las subidas siempre que no sean muy empinadas. Por última vez, albergo esperanzas de al  menos recortar distancia con respecto a Lluis. Este tramo que viene ahora hasta Montrebei es muy traicionero, con varias subidas duras de esas que casi no salen en el perfil. La primera la paso muy bien, la segunda bien, la tercera normal y la cuarta regular, lógica evolución que repite lo de hace un rato subiendo al Montsec. No he aprendido, y en lugar de comer cuando voy bien aunque no tenga hambre, dejo que vuelva a aparecer el agujero en el estómago. Afortunadamente aparece en terreno favorable, ya llegando al Congost de Montrebei. Este tramo era neutralizado y en teoría estaba prohibido correr, así que paso andando a buen ritmo intentando no estorbar demasiado a los caminantes que empiezan a abarrotar el recorrido. Una vez se abre el panorama vuelvo a trotar y cojo el desvío a la izquierda que tiene que llevar al avituallamiento del Pla de Sant Lluis. No conozco la zona pero no debe de estar muy lejos a juzgar por lo que ponía en el perfil.
Al cabo de un poco me encuentro un hombre que baja y me dice que el avituallamiento está a “10 minutos”. Iluso de mí, pienso que igual son 10 minutos a ritmo de paseo y que estoy ya muy cerca… Ni de coña. Voy subiendo y no aparece. El calor aprieta y se me acaba el agua y me quedan dos tragos de Aquarius. Al cabo de bastante más de 10 minutos llego a una casa. Tiene que ser ahí… Hay gente, pero no veo ningún puesto de avituallamiento. Pregunto a una pareja que están sentados y no saben muy bien de que les hablo, pero me dan agua. Acepto el trago. En estas aparece Ruben por el camino. “Qué tal?”… “Pues aquí, vacío y buscando el avituallamiento desesperadamente”. Seguimos juntos y me dice que no queda mucho, que está detrás de unos árboles. Será porque voy mirando al suelo pero no sé a qué árboles se refiere… ¿Esos de ahí delante?... Llegamos y no… Giramos a izquierda, más árboles… “Ahí delante!” Vale, será que lo ha visto ya… Nada, ni rastro… Medio enfadado con actitud de niño de “ya llegamos???” decido olvidarme del camino, de lo que queda, no preguntar y simplemente avanzar. Por el lado positivo pienso que cuanto más subimos antes del avituallamiento, menos queda después del avituallamiento (el que no se contenta es porque no quiere). Ruben me propone que lleguemos juntos y yo le digo que si le aguanto, cosa que no tengo nada clara, OK, pero que si ve que voy más lento que tire, no vaya a ser que por esperarme pierda más posiciones. Una eternidad después y acordándome de la madre del de los “10 minutos” llegamos al avituallamiento. Pido que me rellenen coca-cola y Aquarius y empiezo a comer fruta, concretamente un melón buenísimo que sabía a gloria. Ruben coge un par de cosas y me dice que si tiramos… “Tira, tira, yo necesito comer, si no no voy a ningún lado”… “OK tio, ho sento pero tiro…” No hay motivo, cada uno va al ritmo que va en cada momento y a mí en ese momento el cuerpo me exige comer, concretamente otra llesca de pan con tomate que me sirven amablemente en el avituallamiento. Con la batería necesaria para afrontar el último tramo, espero…
Salgo por una pista ya sin Ruben a la vista y enseguida cojo un camino a la izquierda. Mira hacia arriba. Pinta que esto va a ser duro. Efectivamente, el camino se convierte en un sendero de piedra desecha donde traccionar es realmente complicado. Aprieto con los bastones y voy subiendo a un ritmo bastante lamentable, a pesar de la energía adicional por haber comido. “Vinga Albert! Que et pesa el cul!!” Joder, y las pestañas… Miro hacia arriba y veo a Tomas, que tendría que haber competido pero se lesionó hace unos días y hoy retoma los pateos. Llego a su altura y, imagino que en vista de que no hago muy buena cara, añade un “Vinga que no queda res!”… “no me mintáis más, cabrones” le digo en broma. Y sigo con mi ascensión en modo arista cimera del Everest. De repente aparece un corredor de frente bajando disparado. En medio del esfuerzo me cuesta un momento darme cuenta de que es un corredor de la maratón que se corre simultáneamente. Qué raro… hubiese jurado que el recorrido iba en el mismo sentido que el nuestro. En fin, yo sigo con lo mío. Aparecen otros dos o tres, me aparto levemente pero no doy para mucho más. El terreno se va complicando y me cruzo con algún otro en plena trepada. Empiezo a preocuparme… ¿cómo puede ser que vayamos en sentido opuesto?... Esto va a ser un caos (no me enteré muy bien pero parece ser que alguien cambio un cartel y hubo una confusión que llevó a muchos corredores a coger un desvío en dirección opuesta). Ajeno a las explicaciones de la situación, sigo subiendo por una trepada cada vez más complicada. Tomás y su perro me adelantan para ir a buscar a Ruben, que va algo más adelante. Yo voy mirando de reojo, preocupado por posibles piedras desprendidas por corredores que bajen embalados. Al final llego arriba y salgo a un rellano. Ya ha pasado lo peor. Veo a Ruben y Tomás más cerca de lo que esperaba, empezando a trotar por una pista que recorre lo alto de la montaña hacia la derecha. Cruzo un campo y me animo a trotar, a ver si les alcanzo y puedo hacer el último tramo con ellos y llegar con Ruben como habíamos comentado. La pista es una sucesión de repechos y toboganes. En cada repecho intento aguantar el trote hasta un poco más lejos que Ruben y Tomás y de esa forma me voy acercando. Y en una de estas me da por girarme atrás…
Mierda, apareciendo por el borde de la trepada anterior veo a al menos dos corredores que avanzan a muy buen ritmo. Vaya, así que va a tocar luchar por el pódium… Lo que faltaba. Aprieto el paso, para alcanzar a Ruben pero sobre todo para huir de los perseguidores. Pienso que deben ser Kako y Joel, que iban a hacer la carrera juntos. Tienen buenas piernas y parecen ir muy fuertes. Mirando hacia delante veo que me acerco cada vez más a Ruben y llegando al Coll d’Ares estoy a unos 60 u 80 metros. Subo el último repecho encendido, entre los ánimos nuevamente de mis padres, Elena, mi hermano y dos amigos que por si fuera poco, se han unido a mi hinchada particular. Cojo tres trozos de naranja y sigo casi sin parar.
Empiezo a bajar por un sendero que corta las revueltas de la carretera. Ruben está unos metros más adelante, se gira y me espera. Le grito y le hago señas para que tire. Aprieto el paso y llego a su altura. “Vienen dos por detrás, tira, tira…” Bajamos por la carretera con paso y estrés renovado. “Deuen ser el Kako y el Joel”… “Segur?”… “Si, si, tira”. Y así nos lanzamos por la carretera, pero yo después del esfuerzo para alcanzar a Ruben y con el melón y la llesca de pan ya en el dedo meñique del pie, vuelvo a estar off. Me dejo ir… “Tira Ruben, ja faré el que pugui”… “Que no collons, que arribem junts”. La situación me recuerda a hace un par de años en la Ronda dels Cims, cuando después de compartir más de 100 kilómetros con Francesc en el último collado le dije que tirase que yo bajaba tranquilo. “No home no, arribem junts!”… Supongo que son de esas cosas que hacen diferente este deporte…
Así que aprieto los dientes y aguanto el tipo como puedo, imagino que también porque Rubén controla y contiene su ritmo. Me va animando, cosa que agradezco infinitamente. Cogemos un desvío a la izquierda y otro a derecha para cruzar un campo, subir un pequeño repecho y lanzarnos al otro lado por un sendero que baja hacia una ermita. Aquí el terreno se vuelve más técnico y voy mejor… bueno, digamos que paso del estado “un poco mejor que muerto” al estado “reventado”. Me cuesta menos seguir el ritmo de Rubén y recupero algo de moral. Al menos lo pelearemos… Sinceramente hasta ahí estaba convencido de que nos pillaban… Salimos a una pista pero la cruzamos por un sendero que baja directo. Mientras se trata de bajar a saco por sendero voy bien (qué lejos aquellos problemas con la rodilla… fuera de toda lógica), pero más adelante cogemos definitivamente la pista, el ritmo se incrementa y me cuesta más. Me voy girando y no veo a nadie, mientras que hacia delante el pueblo se acerca lentamente ¿Llegaremos?... Hay un par de rectas en las que recupero alguna neurona para hacer algunos cálculos. Unos 300 metros… me giro, no hay nadie… quedan menos de 2kms… quieras que no vamos sobre 4:30 el km… hombre, rápido tendrían que ir para cogernos. Me empiezo a tranquilizar, mientras llegamos a las primeras casas del pueblo. Le agradezco a Ruben lo que ha hecho y nos calmamos algo los últimos 200 metros. Una bonita carrera, dura, con terreno bastante técnico en muchos tramos y que recordaré por esa muestra de compañerismo, y haber compartido una llegada, después de haber compartido entrenos otras veces. Por fin aparece la meta, tras una curva a la derecha. Entramos andando con las manos en alto, con los gritos al micro de Dani, nuevamente con mis padres allí, Quique, Elena, también los padres de Ruben, Lluis aplaudiendo… “A mí pídemela con limón, que si no me muero…”
Besos y abrazos



P.D: Felicidades a Lluis que hizo un carrerón, e igualmente a Rubén que hizo mucho menos tiempo del que tenía previsto. Por mi parte,  analizando la carrera un poco más fríamente, en el lado positivo pondría el haber luchado al final (buena parte de culpa la tienen los ánimos y broncas productivas de Ruben) y el hecho de que la rodilla haya respondido mucho mejor de los esperado, aunque la inseguridad inicial haya afectado más o menos mi ritmo. En el negativo, la gestión de la alimentación. Estas carreras son también cabeza. Si te cansas de cabeza y no eres constante y tozudo comiendo, no vales. En cada tramo de la segunda mitad de carrera he sentido el subidón tras comer y el bajón 5 o 6kms más allá. Claro síntoma de falta de comida. Parece mentira que con la de tiempo que llevo en esto siga siendo incapaz… En fin, otro día más!

domingo, 26 de abril de 2015

Lyon Urban Trail 2015



Muy buenas,

El Lyon Urban Trail probablemente sea una de las mejores carreras de esta modalidad que es el trail urbano y que surge de que muchos de los aficionados a correr arriba y abajo vivan, vivamos, en la ciudad. Lyon es una ciudad que ha crecido entre ríos y colinas y eso ha generado varios barrios de callejuelas empinadas y escalinatas retorcidas, por los que te puedes inventar una carrera de 35kms y 1600 metros de desnivel positivo. El año pasado ya me lancé a descubrir esta carrera en su versión más larga pero esta vez, en vistas de un calendario bastante cargado y conociendo lo agresivo del terreno para las rodillas, opté por la hermana mediana, de 23kms y 900m de desnivel positivo. Los entrenos previos eran bastante prometedores y en vistas de los tiempos de años anteriores (de menos nivel que los de la carrera larga), parecía factible salir en el grupo de delante y ver qué tal iba la cosa. Con esa idea estaba cuando sonó la cuenta atrás para la salida.

Salimos desde la Place de Terraux (la plaza mayor de Lyon) y como de costumbre, todo el mundo corriendo como si lo fueran a prohibir. Estrés, curva izquierda, curva derecha y en menos de un minuto ya estamos subiendo por una calle escalonada en dirección al barrio de la Croix Rousse. Estoy en el grupo de delante, pero mucho más rápido de lo que me imaginaba. Un corredor negro con pinta de Gebreselassie, dos jovencillos de Salomon (uno de ellos con un tatuaje que parece la Dama de Elche, curiosa manera de hipotecar tu brazo…) y en fin, hasta unos 12 o 15 corredores que intentamos coger el ritmo de respiración. Llego a lo alto de la subida con más pulsaciones de las que me gustaría y giramos 180 grados para lanzarnos por un túnel que nos devuelve casi a la salida. El grupo se descomprime y veo como la gente de cabeza se aleja bajando cual manada de búfalos. Bueno… cálmate, cambia el chip y coge tu ritmo porque si no esto acabará en debacle. Llego a un puente que cruza el río y que tenía como referencia. Efectivamente vamos rápido. Así que o la gente corre mucho más de lo previsto, o van a explotar, pero lo que está claro es que o me calmo o yo seguro que exploto. Echo un vistazo y veo que estoy el 14º. Venga pues a hacer mi carrera y luego ya veremos.

La cosa sigue por una cuesta que pasa sobre el barrio viejo y nos lleva a unas escaleras que bajan a la catedral. Con un corredor estamos a punto de colarnos pero corregimos la situación y seguimos zigzagueando alrededor de la catedral, pasando por unas ruinas romanas. Nuevo cruce del río y empezamos un tramo llano (bueno, interrumpido por un par de escaleras arriba y abajo) que me sirve para coger algo de velocidad de crucero. Las distancias se han estabilizado y veo que voy algo más rápido que los 5 o 6 corredores que llevo por delante. Momentáneamente recupero algo de confianza.
Un bucle por unas escaleras me deja en otro puente que cruza el río Saône, con tres o cuatro corredores delante a tiro de piedra. Se acerca una nueva subida, yo creo que les paso. Al principio de unas escaleras tengo otro punto de referencia y veo que el tiempo es bueno, a pesar de que el recorrido exacto de la carrera es algo más largo que el que había hecho entrenando. Tip, tip, tip… cojo mi ritmo con la mirada en el suelo y voy pasando uno a uno a los que me preceden. Me pongo décimo. Otro tramo llano me sirve para volver a ponerme en modo crucero, sin cebarme con otro corredor que veo allá delante. Si sigo así ya caerá… si sigo así. Llego a unas escaleras muy duras, que empiezo a subir de dos en dos pero al llegar arriba me rajo y acabo de uno en uno. Las escaleras son un dilema constante. Subir de dos en dos es lógicamente lo más rápido pero las pulsaciones se disparan. Subiendo de una en una tienes la desesperante sensación de remar en el aire, de no avanzar, pero es cierto que te mantiene en la dinámica de correr, de estar en carrera. La tercera opción es subir andando de dos en dos. Vas a la misma velocidad o más rápido que corriendo de una en una, pero cortas la dinámica y al llegar arriba arrancar es un esfuerzo físico y mental. En medio de estas cavilaciones llego a lo alto de dos tramos muy duros de escaleras, con bastantes menos fuerzas que hace un par de minutos. Dos de los corredores a los que había pasado me adelantan, pero por otro lado a menos de 50 metros tenemos un grupillo de otros tres, entre ellos los dos chavales de Salomon. Hasta el quinto o el sexto estamos en un pañuelo así que tengo la sensación de estar “en la pomada”. Nueva bajada (no es lo mío) y empalmamos con otra subida, donde veo que ya no voy mejor que los de al lado. Al llegar arriba se ha formado delante de mí un grupillo que tiene pinta de interesante pero se me escapa. Es uno de esos momentos en los que ahora piensas que deberías haber luchado, pero en el fragor de la batalla no supe o no fui capaz.

En lugar de eso me quedo en tierra de nadie. Tengo algo de bajón moral y creo que eso se traduce en algo de desgana en el ritmo. Afortunadamente el perfil se suaviza y vuelve a ser de piloto automático lo cual me viene bien porque últimamente he rodado a buenos ritmos entrenando. Tengo a un tipo de azul con coleta a unos 50 metros y uno de los chavales de Salomon que tiene pinta de ir hacia abajo. Excepto con él, las distancias se mantienen. Entre que le voy cogiendo y que gracias al perfil favorable voy corriendo más rápido, me vuelvo a animar. Le paso justo antes de una nueva subida bastante dura. En este tramo el recorrido coincide con la carrera de 35kms y vamos superando a toda la parte trasera del pelotón de valientes. Cruzamos por una curiosa puertecilla y una bajada nos deja en las ruinas del anfiteatro romano. Ni rastro del de Salomon pero tengo un tío de violeta que no me suelta, y el de azul delante que sigue a 50 metros. Salimos de las ruinas y vamos hacia la basílica de Fourviere, a donde llegamos por un repecho muy duro que me deja extenuado. El de azul se me va.
Tras 100 metros llanos llega una bajada por escaleras interminable. Las escaleras de bajada suponen otro dilema similar. Opción fácil, bajar de dos en dos. Es la que escojo, pero el tipo de violeta me pasa por la derecha como un avión bajando de tres en tres. Bufff… cuando las fuerzas y la cabeza empiezan a flojear es arriesgado, más cuando a veces hay algún escalón traidor que es más corto que los demás. Yo sigo con lo mío. La bajada nos deja en una calle adoquinada donde vuelvo a pasar al de violeta, que en el llano y en subida va peor. Solo me quedan tres subidas serias, pero la próxima es de las buenas, la Montée de la Sarra. Una antigua pista de esquí (¿?¿?¿?) que ahora es un muro por el que se tira la gente en BTT… Y ahora es una rampa de hierba con un reguero de esforzados subiendo cada uno como puede. Veo el de azul sorprendentemente cerca (ficticio… lógicamente en un tramo más lento estará más cerca en distancia, pero igual de lejos en tiempo) y caminando. Pues no irá tan bien! Troto un poco para acercarme algo pero me rajo y echo las manos a las rodillas para subir en modo kilómetro vertical mientras sorteo corredores de la carrera larga. La cuesta es dura de cojones. Echo la mirada al frente cuando llego arriba y veo que no le he recortado. Vaya… Además el tío a la que la cuesta afloja sale disparado y en la bajada se me escapa, a la que me doy cuenta lo tengo a más de 100 metros. Parezco irremisiblemente estabilizado en lo que creo que es la 12ª posición. Por lo menos al de violeta lo he soltado definitivamente.

Una bajada traicionera con varios repechos y en la que me cruzo con Xavi, un amigo que está haciendo la de 35km me deja nuevamente en el río. El de azul se ha alejado, así que me quedo otra vez en tierra de nadie y sin objetivos claros. Cruzo por un puente y afronto la penúltima subida, también dura (a estas alturas todo cuesta… y nunca mejor dicho). Escalones bajitos y largos, manos a las rodillas y de dos en dos, y un repecho en curva durísimo, donde me separo del recorrido de 35km así que me quedo solo de verdad. Un tobogán y unas escaleras me sirven para enfriar un poco las pulsaciones y lanzar un poco el ritmo hacia la última subida. Sin mayores objetivos, ya empiezo a pensar simplemente en acabar. Antes de la subida el recorrido hace un bucle, curioso y un tanto inútil por dentro de un museo (no es el momento de ponerse a mirar cuadros), que me deja en una esquina frente a unas temibles escaleras. Subo un trecho de dos en dos aprovechando la carrerilla pero no duro mucho. Manos a las rodillas. Aun así llego arriba asfixiado. Un tramo llano por un parquecillo me lleva al segundo tramo de la subida, más favorable y corrible. No veo a nadie delante, y al de violeta sólo lo veo unos 200 metros detrás cuando llego al final de la calle. La ruta atraviesa un portal y se mete por un parquecillo haciendo unas eses que vuelven a ser duras, pero ya es lo último de la subida y después todo es favorable y sin trampas. Un grupo de gente me anima mientras salgo a las calles del barrio de la Croix Rousse.

De repente al girar una esquina veo un tío allá delante, a unos 150 metros. No es el de la coleta, es uno que no he visto desde el inicio de la carrera. Eso quiere decir que muy fino no va… Bueno, tenemos un aliciente para el final de carrera, vamos a ver qué pasa. Salgo al boulevard y paso junto al mercadillo, de nuevo con cara de lobo acechando su presa. Me lanzo a por la bajada y entre curva y curva veo que voy recuperando terreno. Se alternan tramos de escaleras y callejuelas que van girando a izquierda y derecha en un descenso muy entretenido. Me siento con fuerzas (ya las podrías haber sacado hace un rato…) y tras cada tramo de escaleras y cada esquina arranco disparado para alcanzar al corredor que me precede. Hay momentos que no le veo pero sé que me acerco. Finalmente salgo de la zona de callejuelas y lo veo a 20 metros. Ya eres mío… Doblamos a la derecha hacia la Ópera y otra vez a la derecha hacia el ayuntamiento. Quedan 300 metros. En la recta hasta el ayuntamiento le alcanzo y le paso mientras un grupo entre el público grita “Allez Nicolas! Allez!”. Así que a mí me toca animarme solo. Esprinto para ganar la puerta del ayuntamiento antes que él y otra vez para pillar bien unas escaleras bastante cabronas que hay en medio del claustro. Consigo evitar un tropezón que hubiese sido tan ridículo como definitivo y cruzo hacia el otro extremo mientras miro de reojo. Le he sacado 10 metrillos que creo que van a valer, así que cruzo el recibidor (si, si… leéis bien, la carrera acaba cruzando el recibidor del ayuntamiento) y salgo a las escaleras de la plaza. Los 10 metros de ventaja me sirven para no tener que dar un salto épico sobre los 12 escalones (que acabaría con mis dientes en el suelo sin ninguna duda) y cruzo la meta definitivamente en 11ª posición (me dijeron que había quedado 10º pero finalmente fue 11º tal como pensaba cuando llegué.

El tiempo, 1h40’58’’. Sinceramente un tiempo coherente con lo que había entrenado, ni magnífico ni catastrófico. Problema, el año pasado el primero hizo 1h41’ y este año 1h34’. El recorrido cambia algo de año en año pero la distancia era la misma y creo que soy objetivo si digo que no era más fácil. Simplemente que la gente corre. El primero fue el portugués con pinta etíope que había visto al principio. Segundo y tercero estuvieron en 1h36’, cuarto y quinto en 1h38’ y del sexto al décimo en 1h39’. Este era el grupillo interesante en el que tendría que haber luchado por entrar a mitad de carrera. Pero en fin… Hicimos lo que hicimos y luchamos lo que luchamos.

La verdad es que esto del trail urbano es divertido. Muy explosivo y el recorrido muy entretenido. Pero sinceramente no creo que vuelva a hacerlo. Las bajadas por calles empinadas y escaleras, sobre todo cuando vas cansado y los músculos no amortiguan nada, son muy agresivas para las rodillas. Ando medio mosqueado con un punto de molestia en la rótula derecha. No es un gran dolor, pero algo molesto. Esta semana he podido hacer un par de sesiones, una de ellas larga, y la cosa aguanta pero con sensación de “hay algo ahí”. En fin, reposo este fin de semana (con boda incluida en las Islas Afortunadas, así que reposo relativo…) y la semana que viene reencuentro con la larga distancia en el Montsec Ultratrail. Esa será la próxima aventura.

Besos y abrazos

domingo, 29 de marzo de 2015

Trail Mirmande

Buenas!
Voy a ver si aprovecho la tarde que si entramos en la semana es imposible encontrar el tiempo para ponerme a escribir... Además en caliente os puedo martirizar con más detalles de la batalla. Así que ahí va la crónica de la carrera de esta mañana.
La carrera en cuestión era el Trail de Mirmande. Datos: 43kms en teoría, 46,5 según el reloj. 2000 metros de desnivel positivo en teoría, ahora me acabo de entretener a contarlos sobre el mapa y me salen 2350, solo contando el desnivel que identificas con las curvas de nivel, que normalmente es menos que el que sale en realidad a base de vaguadas, toboganes y demás (http://www.trail-mirmande.com/43-km/). Os va sonando la cosa a excusas que voy poniendo, no? Soy un spoiler... ;-)
Total que con el cambio de hora en contra me levanto a las 5 de la mañana (nuevas) para salir a las 6 con François, un amigo del trabajo que va a hacer la carrera de 26km. Nos toca hacer 150km hasta Mirmande, donde empieza la carrera a las 9 de la mañana, ahí nos situamos.
La salida es conjunta para las dos carreras, así que identificar posiciones es un lío. Salimos desde un camping dando la vuelta al mismo, como siempre a buen ritmo para coger posiciones de cara a los primeros senderos. Veo un poco más adelante a Fréderic Desplanches (del equipo New Balance), un tipo pintoresco que ganó la carrera el año pasado y ganó también el Challenge Charles et Alice, carrera en la que yo abandoné. Un buen galgo, vamos... Llevo también justo delante a otro corredor que me parece que es Guillaume Le Normand, el ganador de la edición de este año de Le Treg, la carrera del Chad. No tengo idea de si el resto son de la carrera corta. Me ilusiono con que así sea. Las hostilidades empiezan con un primer repecho de unos 150 metros de desnivel, donde se forma algo de atasco, cosa que aprovecho para coger aire. Bajada rápida, más cuando la gente está fresca y empalmamos directamente con el segundo repecho. Voy detrás de Guillaume y de varios corredores de la carrera de 26km que llevan algo menos de ritmo que nosotros en la subida pero apretan más en la bajada así que cuesta adelantarles. Entre ellos un tipo con unas bermudas de flores, de las de manual... 
La segunda bajada nos lleva al pueblo de Mirmande propiamente dicho. Ya he cogido el ritmo y me encuentro bien, así que suelto las piernas y adelanto a Guillaume en un tramo de asfalto que nos lleva a la tercera subida. A unos 100 metros veo a Fréderic Desplanches. Tengo la impresión de haber empezado como tocaba, me siento bien y voy encontrando mi ritmo. Empieza el repecho por unas callejuelas de escaleras que llevan a lo alto del pueblo y empalman con un camino tendido que se sube bastante bien. Alcanzo a otro corredor de 26km y lo paso al llegar al descenso. Le dejo atrás, buen indicador teniendo en cuenta que no soy un gran bajador. Casi sin darme cuenta llego a una pista que tomo a la izquierda por un tramo llano que empalma al cabo de poco con el cuarto repecho, otros 120-140 metros en este continuo sube-baja. A media subida veo detrás de mí a un corredor de la carrera de 46km (que cómo lo sé? Por el número de dorsal...). Tiene pinta de llevar buen ritmo, moviendo con agilidad y frecuencia sus New Balance minimalistas. De todas formas se mantiene unos metros detrás, junto con otro corredor de la de 26km. Tampoco me pasan en la siguiente bajada. Bien, señal de que no voy mal. Llegamos al primer avituallamiento, algo así como en el kilómetro 12. Paso de largo pero echo un tramo a la botella con sales (Powerade) que llevo en el cinturón (hoy he corrido con el cinturón portabidón, no me ha convencido la decisión, se movía bastante, creo que los portabidones, almenos los que yo he probado, están perdiendo terreno frente a las mochilas chaleco, más cómodas y no más pesadas desde mi punto de vista). 
La quinta subida es algo más larga, unos 270 metros netos. Yo sigo con buenas sensaciones y troto
detrás del minimalista (llamémosle así, con todo respeto, que últimamente he hecho mis pinitos en el tema con mejor resultado del que esperaba... sin haberme convertido, de todas maneras...). La subida pica pero voy bien. Incluso tengo la sensación de que resoplo menos que él. Después de la subida viene un largo tramo "llano" en el que corremos a buen paso. En la bajada definitiva tomo la delantera, más de cara a hacer yo delante la próxima subida, la más larga y poner las cartas sobre la mesa a ver qué lleva cada uno. Empiezo a subir sin cebarme pero constante. Él resopla pero sigue detrás sin muestras de flaqueza. En un momento determinado dudo un momento con las marcas y el me pasa hacia la izquierda, así que me quedo detrás. Y el ritmo se incrementa un pelín, no demasiado, pero mis sensaciones van un poco a menos... Y después a menos... Vaya, me está sacando de punto. Al final él tenía un trío de ases y yo una pareja de jotas a todo estirar. Pues nada, coge tu ritmo que esto es largo y si las cosas tienen que cambiar ya cambiarán después. En una rampa más empinada camino un poco por primera vez. Noto las piernas pesadas y un poco de marcha espero que me ayude a oxigenar un poco la musculatura. Poco a poco lo pierdo de vista y quedo definitivamente a mi bola. Todavía tengo la esperanza de que fuésemos segundo y tercero y todavía esté en situación de podio. Más tarde de lo que me hubiese gustado se acaba la subida y viene un tramo de sube-baja hasta una carretera, donde nos juntamos con los de 26km, que habíamos dejado hace un rato. En el cruce una mujer me dice "Quatrième!"... "Pues vaya... Lástima...". Tiene pinta que los dos primeros están lejos y que el podio en todo caso me lo juego con el minimalista. De todas formas la carrera pasa por reecontrar las sensaciones.
Afortunadamente a una subida larga le sucede una bajada larga y me suelto un poco para coger un buen ritmo, ayudado por los corredores de 26km, que me van sirviendo de referencia. Entre ellos François, al que encuentro en una bajada con su inseparable camiseta del PSG. Lo adelanto en una bajada pero había vislumbrado sus 2,04m dos kilómetros antes... Parece que he mejorado algo (faltaría más, yendo para abajo...). Me tomo el segundo gel (hoy voy a base de tres geles, teniendo en cuenta que la carrera es rápida y más corta que de costumbre) y paso también de largo el segundo avituallamiento, al final de la bajada. Sin cuartel, cien metros de asfalto y vuelta a subir, por unas escalerillas empedradas. 50 metros de subida y otro tobogán de asfalto, antes de que continúe la subida. La anterior y estos 300 metros de subida son las dos dificultades principales de la carrera. El camino es bastante tendido y en principio fácil, pero una raíz acaba conmigo en el suelo. Me levanto rápido y cinco metros más adelante otra raíz me remata. A mí y a la frágil correa de mi Garmin 310XT (apuesto a que no soy el único al que se le ha roto). Me levanto con algo más de calma y me meto el reloj en el bolsillo. Sigo al trote, almenos la pendiente es llevadera y adelanto corredores de 26km, cosa que me hace creer qeu llevo buen ritmo.
Pero de repente oigo pasos detrás de mí, me giro y es Guillaume. Jops, esto no me lo esperaba,
pensaba que llevaba mejor ritmo que él. Pero claro, con el semiglobo que he pillado hace un rato. Identifico un momento potencialmente crítico para mi moral. Podio definitivamente al garete, me pasa un corredor que pensaba que iba más lento y más jodido que yo... La única referencia anterior que tenía de Guillaume es el tiempo de cada uno en Le Treg, en ese caso bastante mejor el mío (básicamente porque este año hizo un calor de tres pares de...). Por tanto el hecho de que me alcance supone un golpe para esa impresión que tenía entrenando de que este año estaba bastante mejor. Bueno, desenchufa la batidora mental porque si no esto va a ser una autopista hacia la debacle. Me pasa y me anima (yo estoy para hablar más bien poco) y yo sigo a la mía, con mi trote. Cruzamos una carretera y llega el último repecho de la subida. Veo que Guillaume se pone a caminar, mientras que yo soy capaz de trotar, aunque sea lento. Eso hace que almenos la distancia se mantenga en unos 30-40 metros. Así sigue la cosa en la bajada, conmigo en un estado anímico algo decaído, pero que intento controlar. Llega un repecho, que no alcanzo a saber si es la subida siguiente o un repecho que no había identificado cuando me empollé el mapa del recorrido. Sea como sea me sienta como una patada en el trasero y Guillaume se separa. Se acaba el repecho y empezamos a bajar, Guillaume cada vez más lejos. El camino es técnicamente fácil, así que entro en modo piloto automático y que pasen los kilómetros (no se cuantos porque tengo el reloj guardado...). 
Definitivamente lo de antes no era la siguiente subida y es ahora cuando llega (van nueve?). Buenas noticias, allá delante Guillaume se pone a caminar casi al empezar un repecho que tampoco parece un muro. Esta es la mía, voy a ver si recorto. Efectivamente, al llegar arriba estamos muy cerca, en el siguiente tramo llano le paso y cuando llega la bajada de verdad noto que me voy separando. Me tomo el último gel, quedan tres subidas y a ver si puedo defender esta cuarta plaza. Paso el tercer y último avituallamiento y afronto una nueva subida, ¡la décima! (mierda, recuerdos futbolísticos funestos...). En un alarde de fuerza de voluntad me paso el avituallamiento y lo cambio por un trago de Powerade y troto pista arriba, más por el posible golpe moral hacia mi perseguidor que porque realmente tenga muchas fuerzas. Algo más arriba me giro y veo que no viene, así que me pongo a caminar. Caminando se hace más larga la cuesta, pero al final se acaba... bueno, se acaba y deja paso a un camino por el lomo de la montaña que va subiendo y bajando. Mi ritmo es de trote cochinero, pero cochinero de verdad. Además hace hasta calor, el sol molesta, me pican los ojos de la luz... Estoy quejica... Se acaba la pista y empalmo con un sendero. Guillaume no viene, pero mi preocupación ahora se traslada a mis gemelos. Al entrar en el sendero más técnico veo que están con ganas de subírseme hasta las orejas. Si me tropiezo y me caigo la rampa va a ser digna del Angliru. Así que con cuidado y intenta no mover una pestaña de más... 
Llego a una carretera y giro a la izquierda y me dirijo hacia el undécimo repecho, que en el mapa tenía pinta de duro. Teniendo en cuenta que el último es cortito me ilusiono diciendo que ya es la última. Hay un preludio llano en el que voy echando vistazos atras. Nada. Bueno, mejor. Troto hasta que llega un desvío a la derecha en el que el terreno se pone estupendo. Venga, a caminar. Manos a los muslos, ajuste de la respiración y mente más allá de Plutón (que no es un planeta, que lo sepáis, que si no mi hermano se cabrea...). La cosa sube más que el precio de las copas en año nuevo... En algún tramo en que la pendiente afloja intento trotar, pero no está el horno para bollos y enseguida me rajo. Al final llego al lomo de la montaña y giro a la derecha. Bufff... menos mal. Vuelta al trote, torpe pero algo más rápido, básicamente porque la gravedad pone de su parte. Vuelvo a coincidir con corredores de los 26km, a los que paso en la bajada, primero porque ellos no van muy católicos y segundo porque con el olor de la meta he resucitado un poco, siempre con la amenaza de los gemelos. Llega un desvío a la izquierda y un tramo llano y algo de subida. La teórica duodécima subida acaba siendo mucho más corta de lo que esperaba. Mejor que mejor, bajo ya hacia la meta. Después de tanto sufrir el valle se acerca más rápido de lo esperado y finalmente llego junto al río. 
El camping no se ve por ninguna parte, y el sendero se pone a serpentear y a subir y bajar río arriba. Vaya, me temo lo peor, esto no estaba en el mapa y no estoy para trampas. De repente oigo al speaker por el altavoz de la meta, no está lejos, menos mal! Salimos a la pista del principio y unos metros más allá está el campo de césped por el que discurre la recta final. Sin subir el ritmo excesivamente intento poner buena cara para la cámara de François y cruzo la meta con un tímido saludo de brazos. Me viene el speaker y el organizador con un micro cada uno. Y yo con estos pelos, menudo discurso me va a salir. De primeras me sale un "Buffff, c'était dur..." y poco más. Después le acabo explicando un poco mi vida, no sé si de forma coherente con su pregunta (que no he escuchado...). Me dice algo de que si me he perdido... Mmmm, no... Mis fuerzas se han perdido por ahí pero yo las cintas las he seguido bien, diría... Al final entiendo que me habla de una carrera del año pasado en la que me perdí y él era el organizador. "Ah, oui, oui..." Y poco más, déjame ir a sentarme que estoy pa'l arrastre...
Merci François pour les photos! ;-) 
Balance: hombre, no negaré que entrenando me estaba encontrando muy bien, también en los rogaines y que venía aquí con ganas de comerme el mundo. Eso viene también propiciado porque yo a veces me creo que en lugar de Francia estoy en Brunei y que la gente no sabe correr por el monte. Al final la realidad es que el más tonto hace relojes y siempre me llevo merecidas curas de humildad. Visto con algo más de positivismo, la verdad es que el tiempo final, de 4h24 no está mal para la distancia y desnivel de la carrera. Era una carrera corredora, pero bueno, hay que correrla... Los de delante, aunque uno siempre es ambicioso, corren, y corren bien. Tu mejoras, pero los otros también, toca aceptarlo. El mismo Guillaume, que ha llegado unos minutos más tarde, es un corredor más destacado de lo que indica el tiempo realizado en Le Treg, de lo que indica si uno no tiene en cuenta las condiciones en las que se hizo. Por otro lado los entrenos, rogaines aparte, han sido un poco cortos para la distancia de hoy. Así que ahí ando, intentando construir una visión más optimista que durante la carrera, más en mi sitio y con ganas de seguir entrenando para acumular kilómetros y afinar de cara a los siguientes objetivos.
Además a causa de un sistema clasificatorio que no entiendo y que separa a los tres primeros de la clasificación general de las clasificaciones por categorías, he sido el primer senior, con lo cual me han dado una bolsa con cuatro camisetas (¿!?), un conejo de chocoloate y una botella de vino blanco (nous sommes en France...). Ya me pasó una vez en el Ultra de les Fonts que siendo séptimo acabé subiendo a lo más alto del podio y me dieron un saco de naranjas enorme.

Besos y abrazos

sábado, 28 de marzo de 2015

Rogaine de Collserola

De vuelta de las vacaciones y embarcado ya en la rutina laboral y deportiva, ahí va una de orientación...
El fin de semana pasado estuve por Barcelona en plan "flash", entre otras cosas para correr el segundo rogaine de la temporada con el objetivo de ir mejorando y ver de qué somos capaces de cara al campeonato del mundo de final de agosto. Se hace un pelín pesado hacer 6-7 horas de coche el viernes y otras tantas el domingo, pero sirve para una dosis de deporte, familia y amigos que siempre viene bien. Además el sistema del Blablacar se encarga de hacerlo más barato y siempre es interesante compartir el viaje con gente variopinta. En total dos francesas, un tunecino, una colombiana y un senegalés a la ida; otra colombiana, dos indios y tres hippies universitarios de Montpellier a la vuelta. Así que entretenido...
Si alguno de ellos iba hacia el sur en busca del buen tiempo, no acertó el fin de semana. El sábado amaneció con una lluvia y un viento que hacía que ir a correr por el monte fuese más bien poco apetecible. En medio del diluvio me perdí con el coche camino de El Papiol, gran forma de empezar de camino a una carrera de orientación... Me encuentro a Jaume protegido de la lluvia en su coche, ya preparado, así que hago lo propio y nos vamos para la salida, a escuchar el briefing y esperar al entrega de mapas. Como de costumbre, tenemos 20 minutos para planificar las 6 horas de la carrera. Esto es lo que nos encontramos:
Impresiones a vista: hay una acumulación de balizas en el extremo superior y parecido en el extremo inferior; el centro en cambio está bastante vacío. Total, que se presta bastante para hacer un recorrido circular. La salida está en el centro a la izquierda... ¿que hacemos? ¿sentido horario o antihorario?... La esquina superior izquierda tiene muchos puntos, si la dejamos para el final y llegamos apurados vamos a perder bastante, así que vamos a empezar por ahí y recorrer el mapa en sentido horario. Saldremos hacia la 51-42-83-65-74...
En medio de una lluvia intermitente salimos por el pueblo. Vamos casi solos, así que todo el mundo ha escogido otra estrategia. Da qué pensar... El camino hacia la 51 es un callejeo entretenido por el pueblo, no apto para hipermétropes. Suerte que Jaume tiene la lupa para mirar los detalles del mapa. Fichamos junto a una zona encharcada y nos vamos ha la 42 dando un rodeo por una calle del pueblo. Salimos hacia unos campos y nos encontramos con el primer problema, ya que el camino parece cortado en un sitio donde el mapa no lo indica como tal. Tras un par de minutos de dudas Jaume encuentra un senderillo que atraviesa un riachuelo. Bien mirado el mapa, está bien indicado. A ver si nos centramos... Tirando de caminos y sin más dificultad fichamos la 83, la 65 y la 74 mientras la lluvia aprieta.
Toca ahora la 92, nueve puntos que huelen a dificultades. El ataque a la baliza parece óptimo por un camino desdibujado que lleva a escasos metros por encima de la baliza. Acertamos con los desvíos pero cuando llegamos al sendero definitivo nos lo encontramos cortado. Eso nos lleva a buscar la baliza antes de lo que toca. Empezamos a perder tiempo y a acumular dudas. Volvemos al camino, volvemos a buscar... Al final me voy camino abajo a buscar una referencia segura (una revuelta en el camino, y vuelvo otra vez mirando con atención las curvas. Llego a donde está cortado y forzando un poco veo que se puede pasar y llego hasta un lomo de la montaña que tiene que ser el bueno. Efectivamente lo es. Además ha empezado a llegar gente, así que ubicamos la baliza, algo desmoralizados por el tiempo perdido. 
Un equipo mixto que ha fichado justo antes que nosotros ha salido pendiente abajo. Nos tiramos detrás. Otro error, el campo a través en Collserola es muuuuuy peligroso. Acabamos en una vaguada en medio de un zarzal de campeonato. El avance es penoso y desesperantemente lento. Desesperados acabamos saliendo al camino al sudoeste. Definitivamente la baliza 92 ha sido un fracaso completo. Vamos a intentar centrarnos y aprovechar la carrera para mejorar la orientación, que hasta ahora no estamos muy finos...
El camino al que hemos salido nos lleva a la 66, con un acceso algo incómodo y después cruzando un collado y bajando un collado nos plantamos en la 36. La idea es seguir es seguir hacia 75-46-55-95-64, abandonando 35, 56 y 47 que quedan al sur, montaña arriba y con acceso poco evidente. La línea elegida resulta bastante fácil, bien conectada por caminos y con poco desnivel hasta llegar al último repecho que lleva a una urbanización antes de bajar a la 64. Toca escoger la forma de bajar hacia el sur. Parece que la manera más rentable es 73-87-81-84. Las tres primeras no presentan más problema que los rodeos por caminos. En cambio camino a la 84 nos liamos en un vertedero tras una casa, perdiendo algo más de tiempo. En la 81, nos habíamos planteado las opciones 84-44 o 32-31-41 para ir hasta la 96. Escogimos la primera porque tenía más puntos. Ahora me doy cuenta de que la 84 está bien conectada con la 32, así que la opción buena hubiese sido de la 84 hacer 32-31-41. En fin, a toro pasado todos somos Manolete... En el fragor de la batalla nos fuimos por la 44 y nos pegamos un buen pateo hasta la 96.
Ahora tocan la 34 y la 54. La red de caminos es densa, así que llegamos sin problemas a la 34. En cambio yendo a la 54 nos encontramos cerrados dos caminos que en el mapa están marcados como "autopistas". Algo cabreados acabamos atinando con la tercera opción. Siguiente objetivo los 9 puntos de la 94, fáciles por terreno bastante llano, aunque nos cuesta algo de encontrar la cueva en la que está la baliza. Tenemos algo de dudas sobre cómo resolver esta zona sur del mapa. Al final optamos por 63-82-53-62, aunque la primera de ellas supone una ida y vuelta (además fallamos en el ataque a la baliza). Las otras no presentan problema.

A partir de aquí ya empezamos a volver. Empezamos con la 93, algo delicada al final por un camino desdibujado. Coincidimos con la misma pareja con la que nos habíamos metido en el zarzal al principio, en la 92. Dos franceses. Subimos con ellos montaña arriba camino de la 72, por unos caminos más presentes en el mapa que en la realidad. De aquí el plan es ir hacia la 76, pero el tema pinta complicado porque no hay caminos que conecten bien y toca bajar campo a través hacia el norte. Acabamos inevitablemente perdidos en medio del bosque. Vamos bajando pero el terreno es muy malo. Tengo la sensación de que los franceses escogen siempre el mejor paso, lo cual me lleva a un cabreo progresivo, conmigo mismo, con las zarzas y con el mundo en general. Finalmente llegamos a una valla y atravesamos un campo que no sé si es el que marca el mapa. Al otro lado hay otra valla y un cortado. No parece haber más opción así que saltamos una puerta y sin saber muy bien donde estamos llegamos a una pista importante. Vamos al este y un primer camino donde podríamos atravesar hacia la 76 nos lo encontramos cerrado con una puerta. Me cabreo con el mapa. Damos toda la vuelta por el este para ir a buscar el camino que sigue el lomo de la montaña y veo a los franceses más adelante que nos han comido la tostada atravesando por un atajo. Me cabreo con los franceses. Lo bueno es que físicamente me encuentro fantásticamente así que corro a zancada limpia camino abajo, más por desahogarme que por otra cosa. Acabamos llegando a la 76, donde nuevamente los franceses atinan más que nosotros y la encuentran primero.

Invadido por el lado oscuro de la fuerza salgo hacia el camino y la 77, mientras Jaume me dice que me calme. Es ya la última hora y el plan para lo que queda es 77-33-61-86-85 y barrer lo que se pueda alrededor de la meta. 77 y 33 se hacen a base de pata y hoy las patas van mejor que la cabeza así que bien. En cambio la salida de la 61 nos volvemos a liar un poco respecto de otros equipos con los que coincidimos. La 86, nos sale bien, exceptuando un tortazo que me pego en una bajada embarrada que acaba con un par de cortes en la mano. Bueno, ya para lo que queda... El camino hacia la 85 sigue una serie de pistas fáciles si vas bien físicamente, hasta un campo de frutales desde el que se ataca la baliza. Me vuelvo a equivocar y es Jaume el que encuentra el camino a la baliza. Quedan 15 minutos. Salimos a una pista y al pueblo, ya cerca de la meta. Decidimos optar por hacer 43 y 91, dejando la 71. Bajando a la 43 me meto sin querer en una cuneta de hormigón con ese musguillo húmedo resbaladizo. Las zapas escogidas para esta carrera fueron unas Fellcross de Salomon, que Jordi, uno de los fieles lectores del blog, (Jordi no em fallis ;-)) me regaló hace un tiempo. El rendimiento por el terreno embarrado de Collserola el sábado pasado fue exquisito, pero en terreno duro y húmedo son auténticos patines. Me voy al suelo, de paso rompiendo la brújula en tres trozos. Recojo los restos y sigo adelante sin darle muchas vueltas, mientras Jaume ya está encontrando la baliza 43. Salimos monte arriba hacia una calle que lleva a la meta, pero quedan 7 minutos y vamos a apurar hasta la 91. Aunque nos pasásemos de tiempo nos seguiría saliendo a cuenta, ya que vale más los 9 puntos de la baliza que los 5 puntos de penalización si nos pasamos menos de 5 minutos. De todas formas la baliza no presenta muchas dificultades y acabamos llegando a meta con casi dos minutos de margen.

Mis sensaciones contradictorias. Por una parte contento porque físicamente me he encontrado muy bien. Por otra parte cabreado porque tengo la sensación de que la cabeza no ha funcionado y que he cometido un montón de errores. No es que hayamos hecho una mala carrera ni mucho menos, pero es más la sensación de hacer cosas peor de lo que las puedes hacer. En fin... tampoco quiero ser demasiado negativo. De hecho el resultado en la clasificación no pudo ser mejor. Es cierto que los dos equipos que nos ganaron en la Llacuna en enero no participaban aquí, pero también que respecto de otros equipos quedamos más separados que otras veces, lo cual debe querer decir que la estrategia global escogida era bastante buena. Al final se trata de valorar las cosas positivas e intentar aprender de las negativas. En mayo tenemos varias oportunidades para ver si vamos en esa dirección. Dicho sea de paso, con esta victoria ganamos una inscripción al campeonato de Europa, que se celebra en la República Checa en junio. Lo malo para mí es que es el fin de semana de la Ronda dels Cims, donde aparte de estar ya inscrito tengo muchas cuentas pendientes que resolver. Creo que Jaume ya ha encontrado compañero alternativo, así que será un buen viaje y una bonita competición.
Por mi parte mañana tengo más jaleo, una maratón de montaña a algo más de una hora al sur de Lyon. El trail de Mirmande. Objetivo incierto, dado el desconocimiento del terreno y del resto de corredores que tengo en estas carreras por aquí. Creo que me quedo con confirmar las buenas sensaciones que estoy teniendo en los entrenos, casi diría que demasiado buenas...

Besos y abrazos


miércoles, 4 de marzo de 2015

Crónicas desde Buenos Aires

Aprovecho la buena conexión de este hostal de Buenos Aires para hacer la crónica de los últimos días de viaje. Mañana, rumbo a Europa y el viernes a trabajaaaaal... :-s (pero con las pilas cargadas...)

Lo dejamos en Villa O'Higgins, un pueblecito con aires de colonización recién llevada a cabo. Final de la carretera austral y punto que da acceso a un cruce fronterizo a Argentina bastante aventurero y accidentado. A ello vamos...

28 de febrero:
Tocó levantarse pronto para tomar el bus que lleva al embarcadero del Lago O'Higgins, donde nos subimos al barco que cruza el lago. Si alguien piensa que en un lago no hay olas... el viento del oeste menea el agua que da gusto y el barco se mueve más que un garbanzo en la boca de un viejo. El paisaje era espectacular y estuvimos un rato haciendo fotos hasta que quedamos empapados por el oleaje y decidimos retirarnos al interior. Ya nos mojaríamos más tarde. ¿Quién eramos "nosotros"? El equipo que nos juntamos para el cruce estaba formado por:
Felix: un alemán de Frankfurt que lleva 10 meses bajando en bici desde México y va para un par de años dando vueltas por Sudamérica
Carlo: ya os he hablado de él. Compañero de banquetes carnívoros, caminatas en busca del Cerro Torre, un simpático italiano que recorre en bici la Patagonia desde Valdivia a Ushuaia
Célia: mención especial para esta agradable e interesante chica francesa de 21 años que en su primer viaje en bici, lleva seis meses recorriendo desde Ecuador hasta la Patagonia. De esas personas que te encuentras viajando y que despiertan tu admiración por su capacidad de iniciativa y valentía.

Ya veis que lo mío era como una salida de fin de semana comparado con mis compañeros. Célia estaba bastante preocupada (y con razón) por el cruce a Argentina con la bici cargada con las alforjas. Sacando el lado caballeresco mediterráneo Carlo y yo propusimos echarle una mano. Así nos presentamos en Candelario Mansilla, puesto de control de pasaportes chileno y punto donde empieza un tramo de 22 kilómetros entre pista y sendero hasta el puesto fronterizo argentino. Ensayando diferentes combinaciones para llevar mochilas, bicis y alforjas, encontramos el rendimiento óptimo en el siguiente sistema:
-Bajadas y llano: yo con mi mochila en la bici de Célia y Célia subida en el cuadro de la bici de Carlo
-Subidas: Célia y yo empujando su bici y Carlo subiendo con la suya (un maestro del equilibrio, nunca el pie al suelo)
-Sendero: freestyle, supervivencia, orgullo...
Los primeros 16kms eran de pista y excepto un tramo donde el viento soplaba de lo lindo en una pista de aterrizaje en medio de ninguna parte, el resto se podía ir haciendo. Mi espalda tendría algo que objetar a ello... Después del hito fronterizo llegó el sendero y la cosa se puso más peliaguda. Raíces, ríos, tramos de barro con el pie hasta el tobillo... Nos lo tomamos con bastante buen humor y acabamos cantando Bella Ciao, la marsellesa y algún que otro tema que no recuerdo. No sé cómo sobrevivieron las bicis a semejante traqueteo con las alforjas cargadas hasta los topes. Apremiados por unas nubes amenazadores y por el horario de la barca posterior en la Laguna del Desierto, llegamos al puesto fronterizo argentino (salida de la barca) justo a tiempo. No os negaré que fue duro, el alivio al quitarme la mochila fue indescriptible. Una vez cruzado el lago nos instalamos en un camping en medio de la lluvia. Definitivamente el buen tiempo del que había disfrutado en todo el viaje había cambiado. En fin, no se puede tener todo...






1 de marzo:
Después de una noche de lluvia llegó una mañana de lluvia. Pocas ganas de ir en bici unos y de caminar otros. Los primeros en salir fueron una pareja de neozelandeses. ¿No os los he presentado? Una pareja de unos 65 años que viajan en bici de Santiago a Punta Arenas. Profesores de deportes outdoor, gente muy muy curtida, demostraron su veteranía ignorando la lluvia mientras los perezosos jovenzuelos mirábamos desde un cobertizo con una mezcla de admiración y culpabilidad. Por mi parte finalmente salí con la mochila cruzando los dedos para que algún coche se apiadase de mí y tuviese que hacer los menos posible de los 37kms que había hasta el Chaltén. Finalmente fueron unos 12kms bajo la lluvia antes de que una simpática pareja de argentinos de Rosario (aunque él fuese del Madrid) que ya habían recogido a dos chicas chilenas por el camino. De camino a El Chaltén salió el sol, al menos en el valle, aunque el viento que hacía era para nota. La tarde fue de bastante relax. Entre la comida y la cena empezamos con Carlo la conquista de los restaurantes de la localidad. La parrillada de la noche no estuvo nada nada mal.

2 de marzo:
Una vez decidido que me quedaba en el Chaltén hasta el martes e iba directamente al aeropuerto de El Calafate renunciando al Perito Moreno (que ya vi hace unos años), el objetivo del día era intentar ver el Cerro Torre y/o el Fitz Roy, las dos montañas estrella de la zona. El panorama meteorológico era poco alentador. Salimos con Carlo de buena mañana rumbo al Cerro Torre. No llovió, vimos el impresionante glaciar de la cabecera del valle, pero como pasase aquella noche de fin de año de 2007-2008, me quedé con las ganas de ver la que para muchos es la montaña más bonita del mundo. Aceptado el fracaso en el primer objetivo, seguimos caminando a través de un collado para llegar al clásico mirador del Fitz Roy. Resultado parecido. Lástima... Me tocará venir una tercera vez. Por la noche optamos por una solución de buena relación cantidad/precio y fuimos a arrasar la parrilla de un tenedor libre. Después de 2000 kilómetros en bicicleta Carlo es una especie de agujero negro. Vaya par, se juntó el hambre con las ganas de comer, y nunca mejor dicho...





3 de marzo:
Y así llegamos al día de hoy, ya con aires de final de viaje y con pocas energías. Autobús a El Calafate, vuelo que salía dos horas más tarde de lo que yo pensaba y tres horas de avión a Buenos Aires. Los puntos positivos del día son la tercera parrillada consecutiva y el haber encontrado un hostal con buena conexión a Internet para poder subir fotos y martirizaros con mis crónicas.


Mañana por la tarde tomo el avión a París, a donde llego el jueves al mediodía y de ahí en Blablacar a Lyon.
Qué decir de este viaje... La verdad es que han sido 25 días interesantes. Estoy muy contento de haber recuperado la dinámica mochilera que te lleva a improvisar, a cambiar el tipo de cosas por las que te preocupas o te despreocupas... Mucha gente te pregunta extrañada que si "¿viajas solo?"... Yo siempre digo que si más o menos coinciden los intereses prefiero viajar con alguien que viajar solo, pero que prefiero viajar solo que quedarme en casa. Uno de los puntos positivos de viajar solo, al menos para mí, es que te obliga a abrirte y establecer contacto con otra gente. En ese sentido estoy contento de haber descubierto y en cierto modo aprendido a hacer autostop. Mucha gente lo considera peligroso y no faltará quien haya tenido malas experiencias, pero por lo que a mí respecta y a la gente con la que he coincidido en este viaje, el balance es francamente positivo. Me ha proporcionado una manera de relacionarme con la gente local, llenando el viaje de muchos pequeños buenos momentos. Porque aunque viajes a un sitio con los atractivos naturales que tiene la Patagonia, son las relaciones personales las que acaban añadiendo un plus definitivo al viaje. Y más allá de montañas, carreras y fiordos, me quedo con todos esos momentos con esas personas curiosas e interesantes: Genís, Lluis, Oriol, Pablo, Yuri, Christian, Belén, Ramiro, Édgar, Gustavo, Pancho, Andrés, Felipe, Nico, Gringo y Luciel, Ezequiel, las dos profesoras de Trevelin, los chilenos malabaristas, Rodrigo y Tamara, los chilenos del cordero de Futaleufú, Roberto el italiano, la familia de Cerro Castillo, Carlo, con quien más he coincidido en este trayecto, Roberto el estoico vegtariano, Nicolás y Jaqueline, los moteros de las Capillas de Mármol, Moisés el espía de antenas telefónicas, Ramon y Silvia, Célia la "lilloise" aventurera, Félix, Manuel del Camping el Mosco de Villa O'Higgins, Odile y Antoine, Davide y Manuele (Bananas on Bike), la pareja de neozelandeses... y toda la gente con la que he compartido mis trayectos de autostop. Ya os dejo en paz, espero que las fotos o las anécdotas le despierten a alguien el apetito y la iniciativa por salir a ver gente y mundo. Hay muchas personas y lugares por conocer.

Besos y abrazos