miércoles, 9 de julio de 2014

Nos vamos de Ronda

Pues aquí ando, en el tren de Lyon a Barcelona, repasando el material en la libreta, imaginándome la carrera, dándole vueltas a qué comer y dónde… Todo ese tipo de cosas que después me voy a saltar a la torera…

Y es que pasado mañana ya es el día. Bueno, pasado mañana y al otro, porque si todo va bien espero acabar a una hora indefinida de la tarde-noche del sábado (espero no llegar al domingo...). ¿Nervios? Tampoco diría nervios. Es una mezcla de inquietud ante la certeza de afrontar algo que se va a hacer duro y ganas de empezar y dejarse ya de especulaciones e historias, de caminar y correr por la montaña y de vivir esos momentos de comunión y solidaridad contigo mismo cuando tienes que sacar toda tu fuerza de voluntad por conseguir un objetivo.

Después de varias semanas haciendo pruebas y de dos horas aquí en el tren dándole vueltas al boli y a la libretilla, creo que ya he decidido los detalles a nivel de material, comida y demás.

Tema zapatillas: Una vez más las Cascadia 9. Ya sé que el terreno es técnico y todo lo que se quiera, pero en una carrera de 170km, si llegas al km80 y ya te duelen los pies, las zapatillas ya se te pueden agarrar al techo que no vas a hacer más que retorcerte caminando. Y sinceramente yo cuando el terreno está mojado resbalo con todo… De repuesto las Dynafit, pero muy por si acaso. Si no hay problema serio del tipo la zapatilla se rompe (me pasó el año pasado con el último suspiro de las Cascadia 7), la idea es tirar con ellas hasta el final.

Mochila: la Olmo 12. Tiene más bolsillos que la Skin 5 de Salomon, el bolsillo principal se abre mejor, me olvido de agobios a nivel de espacio y si la comprimes bien ocupa poco. La duda que me ofrecía que es que llevaba los tubos de las botellas (soy fan de las botellas con tubo para beber directamente sin sacarlas) a 2cm de la cara y daban bastante por saco al girar la cabeza (como los burros que solo pueden mirar adelante). Pero el otro día conseguí ponerlas de una manera que no molesta demasiado así que más o menos solucionado.

Comida: llevo 6 geles para la parte inicial (los Overstim líquidos, los únicos que tolero), pero básicamente a base de bollos de crema, membrillo, algún brioche con embutido y no sé coger algún kit kat o snickers para tener algo de chocolate y azúcar. Por lo demás la idea es tirar mucho de avituallamientos. No voy a ser más cansino aquí con la distribución de todo eso por tramos, pero más o menos hay una idea (se admiten apuestas sobre hasta qué kilómetro voy a ser capaz de respetarla).

Bebida: pues llevo dos bidones de unos 600ml, en principio uno para agua y el otro para sales. 4 botellas de Powerade (no las cargo) para cuatro puntos donde me las puedan dar mis padres, un botecito de pastillas de sales de GU, y a partir de ahí a ver qué me va apeteciendo en los avituallamientos. Hago un llamamiento a favor de la Coca Cola sin gas.

Y no sé si me dejo algo. Bueno, por supuesto bastones. Una vez alguien me dijo que para Andorra, si le daban a elegir entre zapatillas y bastones, escogía bastones. Una exageración pero la verdad es que pienso en las tres últimas subidas sin bastones y me entra un sudor frío. El resto de material obligatorio, impermeable, pantalones impermeables (nueva adquisición), manta térmica, silbato, manga larga…

¿Aspiraciones? Pasa palabra. El año pasado quedé el 11º, en una carrera con un buen nivel, al ser parte de la Copa del Mundo. Pero creo que casi ni me lo creo todavía. Probablemente haya sido mi mejor carrera y no va a ser fácil repetir una actuación así. Es cierto que este año hay menos gallos de los conocidos internacionalmente, pero también es cierto que cada vez hay más gente en este deporte y al final el que no corre vuela. Gente que tiene pinta de que lo hará bien, pues por ejemplo Ernest Ausiro, que hace un mes en Bastions, nos dijo hasta luego en el km2 y acabó batiendo el récord de Oscar Pérez. Pavel Pavloncy (o algo así), un checo que ganó en enero la Spine Race, una carrera de 430km por Inglaterra… Sí, Inglaterra, Enero… barro, nieve, lluvia, y noche a tutiplén… Creo que si buscas en la enciclopedia “tipo duro” te sale una foto de este tío. Están Pep Ballester y Armando Teixeira, el portugués de Salomon, que fueron 4º y 6º respectivamente el año pasado. Un nutrido grupo de andorranos, Carles Rossell, Joan Vilana, Lluis Sanvicente (espero no repetir el último tramo de Bastions… ;-)). Mención especial para estos dos últimos que junto con otros dos compañeros (no recuerdo el nombre y no tengo Internet ahora mismo) han llevado a cabo un proyecto solidario que se llama Ronda per la Infància. Pero la verdad es que yo tengo una apuesta particular por otro corredor pero como a veces se pasea por este blog y para no meter presión, me lo guardo y lo dejamos en que tiene toda la pinta de que en condiciones normales, va a hacer un carrerón y vamos a llegar bastante más separados que el año pasado ;-)

Así que aspiraciones por mi parte (que me había ido por la tangente), pues conseguir acabar con la sensación de que he gestionado bien el esfuerzo y la alimentación, que he corrido con cabeza y que he sabido poner la fuerza de voluntad necesaria para conseguir un objetivo. Creo que si soy capaz de hacer una carrera como Bastions, la cosa puede ir bien. A nivel de ritmos y posiciones, la verdad es que he hecho todo lo posible para no pensar en ello, y concentrarme en mi ritmo y mi cuerpo.

Ieps! Llegamos a la estación, os salváis. Dejo de escribir. Si os aburrís podéis seguir la carrera y nuestras evoluciones en este link: http://www.andorraultratrail.com/

Y en principio por Facebook también se irá actualizando la información como el año pasado. Está muy bien cuando llegas a casa luego y ves todos esos mensajes de ánimo que ya habías sentido durante la carrera :-).
Así que ahí nos vamos. Espero tener motivos para llenar dos crónicas como el año pasado.

Besos y abrazos
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martes, 1 de julio de 2014

Trail des Crêtes de Chaublais

Por fin he encontrado un rato para ponerme a escribir la crónica del fin de semana pasado… Buen marco, por la ventana del apartamento en el que estoy veo el Mont Blanc. He venido a Chamonix a pasar el fin de semana, entrenar un poco y ver mañana el maratón del Campeonato del Mundo de Skyrunning.
Total, que el fin de semana pasado fui a correr el Trail des Crêtes de Chaublais, una carrera de 67kms y 5200 metros de desnivel positivo acumulado. ¿Dónde quedaba esto? Pues al lado del Lac Leman, en una zona de montañas de unos 2000m de altura que se encuentra junto a la orilla sur. La carrera tiene un punto atractivo y es que Kilian Jornet es el padrino de la carrera. Desconozco qué significa ser el padrino de una carrera. De hecho tanto él como Emelie Forsberg aparecen en la lista de inscritos a la carrera, aunque finalmente no corrieron ni aparecieron por allí, así que me recuerda un poco a cuando todas las fiestas de caminos “se hacían” con Enfermería y Farmacia…
Me presento ahí el sábado a primera hora de la tarde en Vacheresse, un pueblecito que no tendrá más de 500 habitantes, donde está la salida y llegada de la carrera. No hay grandes objetivos para la tarde. Coger el dorsal, hacer la mochila y preparar el coche, que hoy va a ser mi habitación de hotel (creo que ya lo he contado pero reciclé un colchón que entra bastante bien entre los asientos abatidos; no es lo óptimo, pero es barato y para salir del paso no está mal).
Me encuentro a Sabine, una amiga de Grenoble con he compartido bastantes entrenos, que corre la carrera de 23kms y que en ausencia de Emelie Forsberg huele bastante a victoria. Comentamos la jugada y me voy para mi coche-hotel. Palos (nueva adquisición), ropa para mañana, llenar los bidones, ordenar la comida… Ceno pronto y me tumbo a leer un rato, a ver si me coge el sueño. Dejo el libro e intento dejar la mente en blanco, pero unas vacas que hay en la ladera de enfrente no dejan de joder con el cencerro. Finalmente consigo dormirme mientras imagino el suplicio que tiene que suponer vivir con una campana colgada al cuello…
Primer despertador a las 3:30, desayuno, a las 4 vuelvo a tumbarme… bueno, he desayunado tumbado… digamos que vuelvo a intentar dormir un poco, y después de 45 minutos de trance me levanto, me visto y me voy para la salida. En un principio no conozco a nadie, así que la idea es ver un poco qué ritmo se maneja delante y a ver qué tal. Justo antes de la salida sí veo una cara conocida, Gregoire Millet, segundo clasificado en el Tor des Geants de hace dos años. Ya tengo una buena referencia.
Y como siempre, ¡cuenta atrás y salimos! Como es habitual en Francia, la salida es a destajo, más aún teniendo en cuenta que tras 500 metros cogemos un sendero y empieza la primera subida sin piedad. Me coloco quinto, detrás de Gregoire Millet. La pendiente es fuerte así que la gente se pone a caminar bastante pronto, pero eso no quiere decir que vayamos lentos. Noto que hay gente intranquila por detrás y efectivamente en un par de curvas me pasan dos o tres. Algo estresado por la pérdida de posiciones adelanto a Millet, pero enseguida me doy cuenta de que estoy yendo demasiado rápido.
Me pasa otro corredor, un chico que ayer pasó corriendo por al lado de las 8 de la tarde (curioso entrenamiento). La verdad es que no tiene mucha fisionomía de corredor de trail. Está bastante mazado, parece que come sandías por los sobacos. Tiene que costar mover esa musculatura. Al menos le serviría para propulsarse con los bastones, pero incomprensiblemente los lleva en la mano pero sin usarlos. Aún así lo llevaré delante durante toda esta primera subida.
Llego a la cima justo detrás de este chico, calculo que en décima posición. El recorrido pasa por la cima de un montículo pero me doy cuenta de que un tío está cortando 20 metros por debajo. “La baliza está ahí arriba!” le grito. El tío me mira. Le insisto, pero no me dice nada, sabe perfectamente lo que está haciendo. Evidentemente no viene de esos 20 metros de desnivel, pero me toca las narices que la peña haga trampas deliberadamente.

Adelanto al “cachas” y afrontamos la bajada con un tío de rojo y el Tramposo, siguiendo de lejos a un chaval que me ha pasado con muy buen ritmo y unas Sense la mar de limpitas en la última parte de la subida. Una bajada entretenida entre bosque y por un senderillo muy estrecho nos lleva al pueblo de Bernex, primer avituallamiento (km10, aunque a mí el reloj me da menos). El de rojo y el Tramposo pasan de largo pero yo me acerco a pillar un vaso de coca-cola y un puñado de frutos secos. No pierdo demasiado tiempo y salgo ya por una calle en ligero ascenso. Adelanto al Tramposo (aprovecho para lanzarle una mirada de odio) y salimos del pueblo por una pista de esas que está al límite entre caminar y trotar. Yo decido hacer mitad y mitad, mientras parece que cojo algo de ritmo y sensaciones. Después de unos 400 metros de desnivel de una subida llevadera llego a un collado donde la vista se abre hacia el norte. La vista es espectacular, con el Lac Leman en todo su esplendor. El recorrido va por una pistilla fácil que permite admirar el paisaje. Yo sigo con sensaciones raras. De ir bien aquí se puede correr bastante ágil porque el camino pica para abajo, pero yo llevo una zancada corta y bastante pesada. Resultado: me pasa el Tramposo y otro corredor que lleva buen paso. Debo estar el 12º.

En seguida empieza de nuevo la subida, esta vez por sendero con fuerte pendiente. Mis sensaciones no mejoran pero los otros van más lentos y la distancia se mantiene. El sendero es incómodo y pica bastante, todavía más después de llegar a un collado y enfilar un repecho que me deja en lo alto de una cresta. Nuevas vistas espectaculares que aprovecho como excusa para recuperar el aliento, mientras los corredores de delante se me alejan. Ahora mismo me importa más bien poco. Me noto sin chispa, torpe y pesado, mientras avanzo por un sendero que va superando diversos montículos hasta llegar al segundo avituallamiento (km.19, aunque me siguen saliendo menos…).
El Tramposo sale justo cuando llego y el de rojo unos segundos después, pero yo me quedo a recargar líquido y comer algo, a ver si cambio la dinámica. No parece… En el llano y las bajadas noto un malestar que me hace correr a un ritmo lento. Me noto con algo de ganas de vomitar y deseando que llegue la subida para acabar con el traqueteo de cada zancada. Y efectivamente, llega (con el regalo de un primer abandono por parte de uno de los de delante.). Unos 300 metros de desnivel bastante empinados donde cojo otra vez el ritmo de caminar con los bastones. Recupero algo de terreno a los de delante pero también veo como por detrás llegan 3 o 4 encabezados por Grégoire Millet (yo pensaba que no le vería más pero ahí se nota la experiencia…). El balance de la subida es positivo y llego a la cima del Pic Boré justo detrás del Tramposo y el de rojo, a los que paso justo después en un tramo de cresta con vistas brutales. Afronto ahora una bajada por un prado empinado, donde las marcas siguen una valla que hace un rodeo hacia la izquierda y en estas que me giro y veo al Tramposo atravesando a saco pendiente abajo. Me vuelvo a cabrear. Mira que nos habían dicho que no estaba permitido atajar porque estamos en una reserva natural y hay que respetar los senderos… Nada. Le vuelvo a gritar y al llegar al final de la bajada les digo a los de la organización que si ese hace 67 o 57kms. Como quien oye llover, si de hecho parece que el tío es de la zona porque en cada control lo saluda todo el mundo…
Bueno, pues para intentar distraer mi enfado y mantener una buena dinámica de alimentación a pesar de la inestabilidad de mi estómago, saco un brioche de paté que llevo en la mochila y me peleo con él durante un rato. El sendero es llano y es un buen momento para comer. Vuelvo a alcanzar al Tramposo y le lanzo una nueva mirada con toda la bordería que soy capaz de reunir y entre la rabia y que voy algo menos mal que antes, gano distancia hasta llegar al Col de la Dent d’Oche. Tras una bajadita de poco más de un kilómetro por un sendero de piedra bastante suelta (donde acabo una vez en el suelo) llego al tercer avituallamiento (km27, para mi reloj, 23…).

Más naranjas, más plátano y más líquido, que el calor aprieta. Mientras como pasa como un ciclón Millet, que coge un par de cosas y sigue adelante. Pues nada, adelante se ha dicho. La ligera recuperación que había notado no se concreta y vuelvo a notarme incómodo. Se me repite el paté, las naranjas están buenas pero le dejan un sabor desagradable al agua que bebes después… Me noto en una cierta vía de desconexión de la carrera. “Por lo menos será un buen entreno”, intento consolarme. La distancia con Millet aumenta lentamente, pero por lo menos en un collado recojo un segundo cadáver que está sentado tomándose un gel. Si no me he descontado voy noveno, que para tal como está el panorama está bastante bien. Pero tampoco me anima esto y dos tíos se acercan por detrás durante un flanqueo hacia un segundo collado. Me pasan en la bajada sin que les oponga demasiada resistencia. Bajo desganado, con el estómago dando botes. Nada que ver con la bajada del otro día por el valle de Coma de Vaca. Afortunadamente la bajada no es muy larga y llego al avituallamiento del Refugio de Bise (km34, 30 para mi reloj, en cualquier caso ecuador de la carrera).


Me lo vuelvo a tomar con calma. Lleno las dos botellas porque ahora vienen 12kms sin avituallamiento y cada vez hace más calor. En medio de mi sentimiento negativo, una nota positiva: las naranjas. No sé de dónde sacaron semejantes naranjas en el mes de junio pero estaban espectaculares. Lamentablemente al arrancar de nuevo no me encuentro menos cansado. En medio del festín creo que me han pasado otros dos tíos así que debo andar el 13º o el 14º. Afronto la siguiente subida, otros 300 metros, con mentalidad de entreno, a intentar mantener el ritmo pero sin ser capaz de sacar ambición para ir a por los corredores que tengo delante. Aún así, como en todos sitios cuecen habas, dos de ellos se van acercando. Otro cadáver de los que habían salido disparados y uno de los que me ha pasado abajo. Mi amigo el Tramposo parece el más fuerte de los que vienen por detrás. Tras una bajadita y otro repecho hacia un collado, alcanzo a otro corredor y lo paso al inicio del descenso siguiente. No es que me encuentre mucho mejor, pero simplemente hay otros que se encuentran aún peor. Animado por volver a entrar en el top 10, me fuerzo a correr con un ritmo mínimamente digno en un tramo llano de unos 3-4kms. Al final del mismo hay unas casas donde me encuentro con un avituallamiento imprevisto. Pues mira qué bien! Las botellas de agua están calientes así que me voy a la fuente, pego un trago y meto al cabeza. Sigo adelante en un estado que parece que ha vuelto a pasar de malo a regular, por lo menos durante un repecho que me deja frente a la bajada de 4kms hasta el avituallamiento de Abondance. Sin rastro de corredores delante o detrás, afronto la bajada en piloto automático. Desafortunadamente el traqueteo me vuelve a dejar chafado y llego al avituallamiento nuevamente en momento “choffff” (con bastantes efes…).
Km 46 (41 para mi reloj). “Qué tal?” me preguntan las chicas del avituallamiento. “Bueno… cómo te lo diría… dejémoslo en que no es mi mejor día”. Mientras me rellenan las botellas paseo la mirada del jamón a los plátanos, de los plátanos a las naranjas, de las naranjas a los frutos secos. Pico un poco de aquí y de allá, sin saber muy bien que es lo que me conviene o me apetece. En medio de la indecisión llega el Tramposo. La verdad es que en este momento me da un poco lo mismo, pero salgo al trote por lo menos pensando en que le cueste un poco pillarme. Un tramo llano y algo cansino entre la carretera y una cantera, me deja al pie de la siguiente subida (quedan tres y son las más largas de la carrera junto con la del principio). Buffff, ya veo de qué va a ir esto. Una pista forestal de estas de sacar madera, con pendientes que quitan el hipo. Pues venga, palos a caminar y a ir haciendo. Voy buscando las sombras de lado a lado pero el calor va haciendo mella. Mi ritmo no es bueno y al poco oigo el inevitable sonido procedente de detrás. Nuestro amigo se acerca irremisiblemente. Ni me giro, pero noto que se va acercando hasta que llega a mi altura. “Esto sube, eh?”… “Sí” respondo desganado. “Y hace un calor de tres pares de narices…” (bueno no sé decir eso en francés pero con un “Il fait chaud” y la cara transmito mi mensaje). No todo es negativo, el tío me trae la noticia de que no somos 10º y 11º como yo pensaba sino 9º y 10º. No me salen las cuentas pero bueno, mira qué bien… Aún así no tengo muchas ganas de hablar con él y no quiero cebarme, así que dejo unos metros y sigo a mi ritmo, intentando tapar con la visera de la gorra, la visión de la rampa de turno que tengo por delante. No tengo ninguna referencia de lo que queda por subir. Estamos en medio del bosque y no se ve nada. A veces parece que el terreno se abre por delante pero siempre aparece una nueva rampa de cojones. Una eternidad después, una revuelta hacia la izquierda nos deja en un prado al fondo del cual hay un collado con unas casas. Es más lejos de lo que pensaba pero por lo menos veo donde tenemos que llegar… O eso me creía. Giro la mirada a la izquierda, montaña arriba, y veo tres tíos sentados, uno de ellos con el inconfundible peto naranja fosforito de la organización. “Queeee?!?!?! Tenemos que subir allá???”. Había vuelto a atrapar al Tramposo porque se había parado a coger agua de un riachuelo, pero ante este golpe moral me vuelvo a descolgar. Tiro de palos prado arriba, casi sin sendero, mientras me pregunto por qué coññññññño (con muchas eñes) tenemos que subir hasta allí, si no hay un collado, ni una cima, ni nada de nada, simplemente es un punto indefinido en la inmensidad del prado (no es una crítica a la organización ni al recorrido, simplemente describo lo que me pasa por la cabeza en ese momento :-p). Por fin llego a la cima. El Tramposo ya corre prado abajo para llegar, ahora sí, a las casas del collado. Yo hago lo propio, pero con bastante menos ritmo. En las casas me encuentro un avituallamiento líquido inesperado. Cojo una botella de agua, pero está a mil grados. Les pido, suplico, agua fresca, y a la tercera encontramos una botella bebible. Me paro un momento junto a una bañera con agua que han puesto para que la gente se refresque. Mientras me mojo la cabeza veo mi cansancio reflejado en las miradas de la gente. En fin, sigamos… Ya solo quedan dos subidas. Hay que acabar como sea.
Salgo de allí sin atreverme a mirar atrás por miedo a que la llegada de más gente suponga un golpe moral añadido. Bajo torpemente mientras el Tramposo se pierde allá abajo entre el bosque. “Ya no le veo más” pienso. No me apetece pero me zampo un quesito de membrillo (ya llevo 7 u 8). El camino es bonito, primero por un prado de hierbas altas donde han abierto huella y después por un sendero entre el bosque. Salgo a una pista y de ahí a una carretera que me deja en otro mini avituallamiento inesperado (suerte de ellos, que si no…). Más plátano, más naranja… A pesar del membrillo estaba ya con la sensación de agujero en el estómago. Venga sigamos, la penúltima ya… Salgo por otra pista maderera, mientras espero tardar lo máximo posible en escuchar los ánimos hacia mis perseguidores, como quien cuenta los segundos para que llegue el trueno. Pero el trueno llega pronto, así que la tormenta está cerca. “Me van a pillar, pero al menos vamos a joder todo lo que se pueda…”. Con este sentimiento perverso afronto la subida. Es algo más tendida, y eso me ayuda a recuperar un punto de sensaciones. Consigo llevar un ritmo que por lo menos debe ser equivalente al de los de atrás. Alargaremos la agonía pues. La subida acaba y llega un descenso sobre el que nos habían advertido expresamente. “Está prohibido correr y adelantar”. Una orden algo contradictoria en una carrera, pero que yo adopto a gusto como excusa para relajarme un poco. Tampoco mucho, enseguida entiendo el porqué de la advertencia. El sendero se mete por unos tramos equipados con cadenas y cuerdas donde tienes que ir con mucho cuidado, aunque un diez para la organización que tiene a gente en todos los puntos comprometidos. Donde no hay cuerdas tampoco es un camino de rosas y el sendero baja a saco y tienes que vigilar para no dejar caer piedras por si hay alguien abajo. El hecho de no verlas caer de arriba me anima porque eso significa que los de detrás no me han recuperado distancia. Se acaba el descenso, y tras un kilómetro de pista que pica hacia arriba (y donde a mí ya no me da para correr), llego al último avituallamiento (km61, 55 para mi reloj).
“Ça va?”… Miro al chico del avituallamiento y le contesto con una sonrisa cansada… Creo que lo entiende. Bueno he mantenido la posición en el penúltimo tramo, así que me siento obligado a lucharla en lo que queda. Me largo, mirando de reojo para ver si viene alguien. El tramo duro de la subida empieza sin piedad. Un sendero estrecho que sube entre el bosque haciendo eses. Calculo que debía haber unas 1387 eses. Ya tenía pinta en el mapa, pero la realidad supera lo que me esperaba. Además, a pesar de estar entre el bosque el sol está ahora en lo más alto así que me azota sin piedad. Mi ritmo se resiente. Tiro de palos pero llevo una velocidad de excursión de domingo. Alcanzo a los últimos clasificados de la carrera de 23kms y le pregunto a un tío si tiene idea de cuánto falta. “Deben quedar unos 400 metros de desnivel”. Afortunadamente soy consciente de que es imposible (si fuese así, me daba la vuelta y me iba a mi casa). Me suena que el punto más bajo antes del avituallamiento estaba a 900 y poco, he hecho un kilómetro largo en una pendiente que debía ser de algo más del 10%, y llevo 20 minutos subiendo (calculo que debo haber ganado 250m)… Me tienen que quedar 100m. De todas maneras como no estoy seguro, prefiero no decirle nada al tío. No obstante, la subida se me hace interminable. Mis piernas, cual marineros a punto de amotinarse a bordo de la Santa María de Cristóbal Colón, empiezan a preguntarse por la validez de mis cálculos. Afortunadamente y sin previo aviso, el camino desemboca bruscamente en lo alto de una loma. El bosque baja hacia el otro lado. “Perfecto”. Esto me lo había aprendido bien, son 70 metros de desnivel por la loma y bajada a la izquierda hacia la meta. Con la tranquilidad que me da esa certeza, afronto estos últimos metros de subida mientras oigo un cencerro que me indica que el control de la organización, imagino que en el punto más alto, están cada vez más cerca.

Y así es. “Teneis agua fresca?” les pregunto mientras miro inquisitivamente a una botella que indica que mi pregunta es retórica y equivale a un “Dame agua, por favor”. Le echo un trago mientras me informan que el noveno no está lejos. Me da igual el noveno, ahora mismo estoy en modo presa y no cazador. Quedan 4kms, preferentemente de bajada aunque tengo el chip activado para encontrarme aún algún repecho sorpresa. Les doy las gracias y me marcho sin perder más tiempo. Mi agilidad en la bajada no es extrema, pero la proximidad de la meta me da un punto extra. Al principio el camino baja fuerte pero después atraviesa a la derecha en una ligera subida que ya había sospechado sobre el mapa. Al cruzar un riachuelo me quedo mirando el agua y no puedo resistir. Me arrodillo con el pie, la rodilla y los morros en el agua. Joder, qué rica. He ido bebiendo todo el rato, pero el agua fresca del riachuelo frente a la recalentada y con gusto del bidón… No hay color. Algo repuesto sigo adelante, salgo a una pequeña pista y de repente veo a un corredor delante. Enseguida reconozco esa mochila naranja. “Así que te tengo, eh?”. De repente tengo una bocanada de aire fresco e incremento la zancada. Me relajo un momento, casi disfrutándolo e intentando correr sin hacer ruido para que no me oiga, nuevamente en “modo lobo” como el otro día en Bastions (Eli, aquesta del llop va per tu ;-) ). Estoy a 20 metros y el tío todavía no se ha girado, cuando me doy cuenta que va con otro. Va a buen ritmo, así que o no está en la carrera o es de la de 67. Alargo la zancada y me concedo esa pequeña satisfacción. “Iep” le digo mientras le adelanto. Creo que no esperaba verme más (yo tampoco, seamos sinceros…). No me quedo a comentar cómo va el Mundial. Sigo pista abajo desbocado, intentando mantener un ritmo que les incite a dejarme marchar, y así de paso, que me deje cuanto antes en la meta, que ya va siendo hora. Voy girando la cabeza y veo que he abierto hueco. Un pequeño repecho hace algo de daño pero sigo a la carrera, intentando no relajarme porque ellos son dos y al final puede que aceleren para jugarse la posición. Se va acercando el campanario de la iglesia, aunque aún queda un tramo de bajada entre el bosque que se me hace largo. De todas formas mi ritmo es bueno y soy consciente de que ya no me cogen. Por fin, salgo a las calles del pueblo, paso junto a mi coche-hotel y llego a la carretera principal. Caminando en sentido contrario viene Sabine (que después de ganar la carrera ya ha tenido tiempo de comer, ducharse y leer el Quijote). “Ale, ale, ale!! Pues sí que llegas en forma!”. Bueno, la verdad es que mi estado actual no es muy representativo de lo que ha sido la carrera. “Está lejos?” Me está volviendo la pereza y tengo ganas de acabar. No mucho, curva derecha, paso justo por debajo, y otra curva a derecha para cruzar el arco. Llego entre gritos de “Venga, venga!!”. Es lo exótico de ser el único elemento extranjero…
Y esta es la historia de esta carrera... Sensaciones positivas y negativas. Quizá el hecho de acabar bien y el de haber mantenido el ritmo a pesar de no tener buen "feeling" me hace mirar el vaso medio lleno. Por otro lado me sirve para ver claramente que en Andorra tengo que salir con cabeza o si no no voy a ningún lado.
Algunos temillas técnicos:
- Mochila: Skin5 de Salomon (había poco material obligatorio y entraba de sobras). Está empezando a abrirse por algunos sitios pero aún le quedan algunas batallas (y muchas que ha librado...). 
- Zapatillas: otra vez las Cascadia. No corren solas, pero nuevamente muy contento con ellas. Las llevé al zapatero porque se les abrió un poco la punta en Bastions. El apaño ha aguantado perfectamente. Algunos tacos de las suelas empiezan a romperse un poco (van 460kms) pero en general aguantan bien.
- Bastones: nueva adquisición. Los Black Diamond de carbono plegables. Yo la verdad es que plegarlos no los plego. Cuando no me hacen falta corro con ellos en la mano y listos. Es la costumbre... Pesan poco, eso sí que se nota.

Ale pues, os dejo! Próximo objetivo: Ronda dels Cims

Besos y abrazos

martes, 10 de junio de 2014

Bastions

Marchando una de suspense… (me ha salido larga, coged el punto de libro)

Llegaba a esta carrera con sensaciones contradictorias. Por una parte positivas por haber hecho una prueba de esfuerzo la semana pasada con unos resultados bastante positivos (mejores que el año pasado por lo menos…) y un entreno de unos 50kms el sábado pasado con buenas sensaciones. Por otra parte negativas porque cuando fui a rodar el lunes me apareció una molestia en el gemelo que me ha tenido toda la semana mosqueado. Además, el fiasco de la carrera anterior me tenía un poco presionado ante la idea de que otro resultado negativo me dejaba sin ninguna dosis de moral para el primer objetivo de la temporada, que es la Ronda dels Cims, dentro de poco más de un mes.

Bastions es una carrera de 90kms, que sale de Ribes de Freser, sube por la Serra de Montgrony, baja hacia Planoles y se dirige hacia Nuria pasando por Fontalba. De ahí se sube al Puigmal y se recorre la mítica Olla de Núria hasta ir a parar al valle de Coma de Vaca, desde donde se sube al Balandrau y se baja al sur hacia el pueblo de Pardines. El tema acaba con la subida al Taga y bajada nuevamente hacia Ribes de Freser. Un recorrido muy montañero, con una buena parte del recorrido por encima de los 2500 metros y con un desnivel positivo que oficialmente es de 6000m, pero que en realidad es bastante más (creo que es la única carrera que conozco en la que no se exageran los números si no lo contrario…). Para que os hagáis una idea la carrera corta tiene teóricamente 3000m positivos y he oído gente que le salían 4500… En pocas palabras, un buen entreno para el recorrido técnico de la Ronda dels Cims en Andorra. No sé si lo recordáis pero esta es la carrera que el año pasado suspendieron cuando nos encontramos en Fontalba con rachas de viento de hasta 150km/h.

La salida tiene lugar el sábado a las 6.30 de la mañana. Tengo ganas de empezar y ver hacia dónde van mis sensaciones. Siento algo de miedo de que se reproduzcan esos pensamientos medio de desgana que aparecieron en algún momento de la carrera anterior. Casi sin avisar el speaker da la cuenta atrás y salimos calle abajo. Cruzamos el pueblo y enfilamos la primera subida, sin más dilación. Me coloco tercero, detrás de Carles Rossell, andorrano ganador en 2012 y un chico con barba y tatuajes por todo el cuerpo, que el año pasado iba junto con Carles entre los tres de delante. Éste chico sale a saco y enseguida lo perdemos de vista. Yo llevo detrás otro chico que lleva el intermitente puesto y a la primera que puede nos pasa en una curva y sale pitando a por el primero. Justo antes de acabar este primer tramo de subida nos pasa un tercero, así que al salir a la pista que lleva al primer control de paso en Campelles la cosa está con tres corredores por delante y un grupillo en el que estoy yo junto a Carles Rossell, Ivan Artigas, Lluis Sanvicente (otro andorrano que mucha gente conoce como “Sanvi”) y otros dos o tres corredores que no conozco.

Llegamos al primer control en 31 minutos, y yo con unas sensaciones de ir un pelín pasado de vueltas.
Así que a calmarse toca. Cogemos una serie de pistas y senderos con pendiente algo más llevadera en los que intento coger un ritmo de trote suave pero constante. Nos quedamos Ivan, yo y otro chico con la camiseta del Ultra del Montsant, con cuatro corredores por delante. Me tomo un primer gel ahora que el estómago todavía está en forma, para ver si me ayuda a coger el ritmo en la segunda parte de la subida. Mejoran las sensaciones y recupero algo de terreno que había perdido con los dos compañeros. Tirando de bastones y mirando al suelo por debajo de la gorra, me marco como objetivo no perder de vista los talones de Iván, después los gemelos, después las rodillas… Desgraciadamente mide un metro noventa y pico así que parece que no lo vaya a alcanzar nunca… (en fin, gilipolleces con las que se entretiene uno…). En esta dinámica llegamos al refugio del Covil, primer avituallamiento (km 8, aprox).

Covil – Planoles:
Hoy venía mentalizado a comer bien (de hecho me escribí en un papel todo lo que tenía que comer en cada tramo, lástima que lo haya tirado, si no pondría una foto porque era freak freak…), así que hago una ronda de fruta, relleno algo de agua y me meto un puñado de frutos secos y galletas en el bolsillo. Salgo prado arriba persiguiendo a los compañeros que han pasado como cohetes. Me encuentro mejor y recupero bien el terreno antes de llegar a la cima del Covil (control de paso). Ahora viene un tramo rompepiernas y en la primera bajada nos quedamos sólos Iván y yo. En las subidas tiro yo un poco más, en las bajadas me recupera… Afortunadamente, porque llegamos a un punto donde hay marcas hacia dos lados y él me avisa de que el camino bueno es el de abajo. En medio de la confusión nos alcanza otro corredor por detrás, justo antes de una última subida que nos deja en el control de paso de La Emperadora. Ahora pasamos a terreno favorable y nos lanzamos los tres a por el descenso, siguiendo de lejos al chico de barba y tatuajes. En un cierto momento, yo que voy delante pierdo las marcas y al chico de barba. Nos paramos y miramos para todos lados, pero nada. Iván sugiere que vayamos hacia una pista que se ve abajo, y que seguro que lleva en la buena dirección. Bajamos campo a través por terreno bastante incómodo y en fuerte pendiente (no sé si recortamos metros o no pero creo sinceramente que no ganamos tiempo). Llegamos a la pista justo en el momento que pasa el chico de barba. Al principio se mosquea un poco… “el camino es por ahí, estáis recortando!”… pero yo le digo que ahí tampoco hay marcas y que estamos todos igual de perdidos, así que hacemos frente común y seguimos bajando por la pista preocupándonos de identificar dónde está el camino correcto. Finalmente lo encontramos, un poco antes de llegar al pueblo de Nevà. Después de esos momentos de cierta tensión, vuelvo a mi rutina alimentaria a base de frutos secos y un brioche con salchichón. Con ese entretenimiento y tras un par de repechillos que se me hacen más cortos que el año pasado, llegamos al fondo del valle, y tras otra pequeña confusión con las marcas, a Planoles y el segundo avituallamiento (km20). 2h39, un pelín más rápido que el año pasado (2h42’), con el primero a la suya 12 minutos por delante, y el segundo y tercero a unos 3 minutos.
Planoles – Núria:

Primer punto de encuentro con una parte de la hinchada (en este caso mis padres). Más fruta, coca con chocolate, frutos secos y galletas al bolsillo… y para arriba. Me noto con ganas y he pasado ya esa fase inicial de las carreras en las que me cuesta coger el ritmo. Las molestias en el gemelo iban en aumento durante la primera subida pero ahora, aunque sin desaparecer, se han estabilizado. “Vamos allá!”… Incremento el ritmo y poco a poco me voy distanciando de los tres compañeros de batalla. He hecho varias veces esta subida al Coll de Barraques y siempre se me da bastante bien. Es ese tipo de sendero demasiado empinado para trotar (almenos yo…) pero que deja mantener un paso amplio con la ayuda de los bastones. Tengo la esperanza de recortar algo de mis predecesores, pero llego al collado sin haberles visto el pelo y tampoco aparecen en el siguiente tramo de ligero descenso hasta el avituallamiento de la Font de l´Home Mort (bonito nombre…). “El tercero a cuatro minutos” me dicen… Pues nada, más fruta, frutos secos al bolsillo y a seguir.

Viene ahora un tramo de pequeños repechos de esos que parece que no pero joden. Me viene a la cabeza los 10 minutos que pasé aquí el año pasado intentando ponerme el impermeable en medio de un auténtico huracán. El sendero va bordeando la montaña cruzando sucesivas vaguadas y en una de ellas veo al tercero. No es Lluis, ni el tipo de azul que me ha pasado al principio, sino el otro chico que no conozco y que no tengo ni idea de si va pasado de vueltas o no. Miro atrás y veo que a mí también me persiguen, más o menos a la misma distancia que estoy yo del tercero. Así que en medio de esa dualidad cazador-presa, decido preocuparme más de mi propio ritmo y de comer. Se acerca Fontalba, donde el año pasado llegué con Joel (el Enrampat ;-) )arrastrándonos cual Rambo acorralado y como si fuesen las mismísimas puertas del infierno. Este año en cambio la llegada es todo un subidón cuando encuentro a la segunda parte del equipo de apoyo, Jordi y Àngela, que han subido con la bici. Con la tontería, whatsapps aparte no nos veíamos desde la Monte Perdido Extreme del mes de agosto. “Qué tal cara hacen los de alante?”… “Peor que la tuya!” Bueno, debe ser la ilusión al verlos que hace que tenga un rostro algo más presentable. 

Empujado por los ánimos cojo el sendero de Núria, que empieza en ligero descenso. Sigo teniendo al tercero allá delante, pero no le estoy recortando nada. Diez minutos más tarde nos metemos en el bosque y pierdo incluso la referencia visual. Tras el momento positivo de Fontalba, noto ahora algo de bajón, procedente sobre todo del estómago. No sé si es que he comido demasiado, pero siento incluso algo de ganas de vomitar. Bajo algo el ritmo y me concentro en optimizar los apoyos para perder el menor tiempo posible en este momento malo. En esta dinámica algo negativa llego al lago y los prados de Núria, llenos de gente que me animan y me levantan algo la moral. “Qué tal? A tope?” …me pregunta el chico del control… “Hombre, a tope a tope…”. Voy a ver si cómo algo en el avituallamiento y recupero el tino.

Mientras entro por la puerta sale ya el tercero. Joder, ya se va?... Bueno calma, lo peor que puedo hacer es ir con prisas ahora. Repongo sales, agua, pillo un plato de pasta y me lo zampo con la ayuda de un vaso de agua. Mis padres vuelven a estar aquí y me han traído la bolsa con comida que tenía planeada para este punto. En medio de las operaciones me doy cuenta de que Lluis, el andorrano, justo sale en ese momento, así que estoy más “en la pomada” de lo que creía. En cambio el primero ha pasado hace 24 minutos y va por libre. Pero somos más en la pomada, porque por detrás llega el quinto clasificado (el chico con el que veníamos bajando del Covil). En cambio Iván y Quim (el chico de barba y tatuajes) no aparecen.

Núria – Coll de la Marrana:

Salgo de Núria en quinto lugar, con mi madre al lado que me acompaña un trozo mientras me bebo una botella de Powerade que me sienta bastante bien. Viene hasta donde empieza el sendero de subida al Puigmal y a partir de ahí sigo sólo en busca del cuarto clasificado, que ha hecho una parada bastante rápida en Núria. Con el estrés de perdernos y demás, en la bajada a Planoles casi no hemos hablado pero ahora descubro que Javi (no le había presentado hasta ahora) forma parte del grupo que nos hemos juntado por Internet y que vamos a compartir apartamento en la aventura del Tor des Geants, en el mes de septiembre. Me cuenta que el primero es Ernest Ausiro, un chico que Jaume (mi compañero de las carreras de orientación… perdonad que con tanto nombre tendré que hacer árboles genealógicos como en Juego de Tronos…) ya me había advertido que tiraba de lo lindo.

A todo esto veo que los spaguettis me han sentado la mar de bien y he pasado el bache de hace un rato así que me subo en la ola positiva y tiro para arriba a buen ritmo. El último repecho se hace duro pero consigo llegar a la cima en poco menos de 1h10 desde Núria, parcial que me deja la mar de contento. Aun así, ni rastro de los de delante… Joder, me han dicho abajo que iban tocados, pensaba que con el ritmo decente al que he subido los tendría a la vista… En fin, no desesperemos…
Empieza ahora el mítico tramo de la Olla de Núria. Un contínuo de subidas y bajadas, al Pic del Segre, Finestrelles, Eina, Noufonts i Noucreus sucesivamente. Aparecen algunos tramos de nieve, aparecen los primeros corredores (o los últimos) del Trail (la carrera de 52kms que ha salido a las 10h30 de Núria) y aparece un nuevo enemigo, el viento. Sin ser el huracán exagerado del año pasado, todo el trayecto por la cresta es una lucha continua contra rachas que deben rondar los 80-100 km/h. Por suerte ando bien de coco e intento aprovechar la situación como puedo. En las subidas hago las eses de forma que gano la mayor parte del desnivel cuando voy del lado sur a norte, con lo cual el viento me da en el culo y parece que suba en ascensor. Super contento con mi hallazgo (no me darán el Nobel por eso, lo sé…). En otros tramos llanos adopto la técnica Marc Márquez de inclinar el cuerpo hacia un lado, y en otros intento otra nueva de correr de lado con la cara hacia el viento. Con los bastones en la mano parezco un lanzador de jabalina…
En medio de todos estos experimentos me las arreglo para comerme un bollo de crema y un par de trozos de membrillo, además de la fruta de rigor en el avituallamiento del Coll d’Eina, que parece un campo de batalla en medio del vendaval. Por lo demás, de lo que interesa, que es el tercer clasificado, ni rastro. Además ahora como voy encontrando todo el reguero de corredores del Trail, es más difícil identificar donde está mi objetivo. A veces veo una figurita con mochila negra que parece ir más rápido que los demás, pero no consigo acercarme a ella. Surge otro problema que es la estrechez del camino. A estas alturas aún voy más rápido que los corredores del Trail que me voy encontrando y los adelantamientos son complicados, más aún cuando con el viento nadie te oye llegar ni puedes pedir paso, ni nada. Creo que no di a nadie con los bastones, pero pido perdón si molesté a alguno de los participantes, por si acaso llega a leer esto.


Se acaba el tramo de cresta y bajamos hacia la Cabana de Tirapits y la parte superior del valle de Coma de Vaca. Sorprendentemente me encuentro cada vez mejor. Me acuerdo de las sensaciones negativas de la semana y eso me enchufa todavía más. Subo el repecho hacia el Coll de la Marrana auténticamente encendido y tirando de bastones como un poseso. Llego al collado, ficho y pillo la dosis de rigor de fruta y frutos secos para el bolsillo (lo que se ha salvado, porque el vendaval ha dejado la mitad de las existencias llenas de polvo).

Coll de la Marrana – Pardines:

Saliendo del collado pregunto cuanto me lleva el tercero. Ocho minutos… jooodeeeeerrrrr… es desesperante, no recorto ni a palo, más bien al contrario. Da igual, de perdidos al río. Me encuentro bien y quedan poco más de 30kms. Una bajada suave, subida al Balandrau, bajada a Pardines y ascenso y descenso del Taga. Me marco como objetivo hacer fuerte el trozo hasta el Balandrau y si ni así recorto, pues me quedo la medalla de chocolate y ancha es Castilla.

En medio de estas cábalas me lanzo a la bajada, todavía sumido en ese estado de efervescencia y hablando solo para mantener la concentración. Disfruto como un enano con la satisfacción de encontrarme bien y poder llevar una zancada amplia, para lo cual hay que decir que lo agradable del sendero ayuda bastante. Voy pasando corredores del Trail y llego al prado de Coma de Vaca, inicio de la subida al Balandrau. No conocía esta subida y tengo que decir que me pareció más dura de lo esperado. Quizá el alarde de la bajada me pasa algo de factura pero consigo mantener un ritmo bastante decente, incluso animándome a trotar en algún trozo en que la pendiente afloja. Algunos corredores me animan y me dan referencias de los de delante, pero ya me conozco la historia y la fiabilidad de los datos (cosa lógica, que suficiente tiene uno con correr su carrera). Llego a la cima del Balandrau entre los gritos de ánimo de un grupo de gente que ha subido hasta ahí y lo está dando todo. La verdad es que se agradece un montón.

Y por fín llega el dato que esperaba. “El tercero ha pasado hace tres minutos!”… “Si? Seguro?”… “Sí, si, yo creo que cuando te asomes ahí todavía lo verás”. Me acompaña y efectivamente, en el primer tramo de descenso hay unos cuantos corredores del Trail y la anhelada camiseta blanca con la mochila Salomon. Le doy las gracias al chico del control y salgo disparado con la mirada fija en mi objetivo (ahora lo pienso y debía parecer un orco de las pelis con los ojos inyectados en sangre…). Lo veo, cierto, pero el cabrón (eps, dicho con todo el cariño) no se acerca. Intento no ponerme nervioso, todavía queda mucho y en principio llevo mejor dinámica, aunque en estas carreras eso puede cambiar en nada. Lo bueno es que el paisaje es amplio y le tengo todo el rato a la vista. Veo donde camina, donde trota, si va mejor o peor… De repente, en uno de los repechos veo a dos figuras en bici, Jordi y Àngela. Al verme cerca del tercero me empiezan a gritar y yo levanto los brazos, en lo que es mitad un saludo, mitad alegría, mitad rabia y mitad “lo estoy dando todo, coñññññ….” (muchas mitades, lo sé, pero en ese momento estaba “on fire”…).


“Un minuto y medio!!”… “Joder, llevo persiguiéndole desde Fontalba…”. Con el subidón de los ánimos me acerco a unos 200 metros, pero Jordi me recuerda que tenga cabeza y que aún queda mucho. Jordi y Àngela avanzan hasta el avituallamiento de Puig Cerverís, que está a un kilómetro. Llevo agua y sales y después sólo es media hora de bajada hasta Pardines, si hace falta no paro. Llego al control, ficho y busco con la mirada. Jordi viene corriendo y casi en voz baja me dice “Está saliendo del avituallamiento!”. No hay más que hablar, cojo un trozo de melón, sandía, le pego un trago a una botella de Aquarius, miro al cielo y pego un grito “Vamooosssss!!!”. “Es el de delante de ese grupillo” me dice.

Y ahí que me voy. Ahora sólo nos separan 80 metros, que se van recortando. Creo, o quiero creer, que por su forma de correr va peor que yo. 500 metros de pista más adelante, cogemos un sendero a la izquierda. Nos separan 20 metros y dos corredores del Trail. Entrando al sendero paso al primero y, con cierto complejo de aquel detective que iba detrás de Willy Fogg, le digo al segundo “déjame pasar, por favor, hace 40 kilómetros que persigo a este tío”. Sonríe, me anima y me deja pasar, así que me quedo justo detrás de este corredor, que se ha convertido en una obsesión, una especie de Décima (maldita Décima…) personal. El sendero serpentea entre un bosquecillo de abetos bastante cerrado. Me resulta hasta divertido. Parezco un lobo (me estoy flipando, lo sé, pido perdón…) avanzando sigilosamente sobre su presa (momento Félix Rodríguez de la Fuente) sin que esta sospeche que el enemigo está al acecho. No sé qué hacer, si intentar cambiar el ritmo para jugar con el factor moral, si relajarme un poco y bajar con él hasta Pardines…

Y de repente se para a mear. Al principio creo que no ha visto el camino y le digo “Derecha, derecha!”, pero me responde “Sí, si…” sin girarse. Coño, surrealista… Bueno, pues en la vida y en las carreras también hay que mear, y no me voy a esperar a que acabe, ¿no? Así que tiro adelante, salgo al prado y acelero mientras me doy cuenta de la nueva situación (quizá esto vaya a parecer muy competitivo, pero en fin, es una carrera, un juego, pero una carrera al fin y al cabo). No sé si él sabía que yo venía detrás, pero si no lo sabía, igual ni se ha dado cuenta de que lo he pasado y que ahora es cuarto. Llegar al avituallamiento y darte cuenta de que eres cuarto cuando no lo sabías puede ser un golpe moral definitivo (joder, no me iba a esperar a decirle, “oye, que ya si eso, que te he pasado…”… no?? ). Dilemas éticos aparte, la cuestión es que me lanzo hacia abajo como un poseso, pero casi sin mirar atrás para ver si así, paso desapercibido. Voy a muy buen ritmo, zancada amplia (es bajada, también es normal…), bien de respiración, de pulsaciones (bueno, imagino, me olvidé el pulsómetro en la salida, no lo había contado…)… Llego al pueblo con un doble subidón. La plaza está llena de gente animando, aplaudiendo, gritando… y ahí delante está Lluis, “Sanvi”, el segundo clasificado. Vaya!... esto sí que no me lo esperaba. Con la obsesión de pelear por el podio se me había olvidado lo demás. Veo a mi padre en la plaza que me señala estresado al corredor que me precede. Le hago un gesto de que lo he visto y entro al avituallamiento (que estaba dentro del ayuntamiento, bueno, dentro de un edificio, no sé qué era…) justo detrás de él.

Lluís entra ficha y sale disparado. Me aparto para dejarle pasar pero creo que ni me vio. Yo intento controlar las prisas y no olvidarme de la alimentación. He hecho un esfuerzo importante los últimos kilómetros y si no cómo aquí se puede ir todo al garete, así que relleno una botella de Aquarius, pillo un par de trozos de plátano para el camino y me zampo un trozo de melón y otro de sandía. Mi madre me da un trozo de membrillo un botecito de esos de “5 hours” (a mí que me perdonen, pero eso no da 5 hours de energía, ni harto de vino… será energía para dormir en todo caso). Salgo de la plaza y el cuarto no ha pasado todavía. Bueno, vamos a ver si aún damos guerra con este nuevo objetivo inesperado que se ha presentado.

Pardines -  Ribes de Freser:

Salgo del pueblo por una pista en bajada que va bien para coger un poco de carrerilla. Conozco todo este tramo. Un primer trozo por una serie de pistas y una subida final por prados bastante empinados que se va a hacer dura. Después, bajada a saco hasta la meta. Al poco rato veo a Lluis caminando a unos 100 metros por delante. Alterno trote y caminar rápido y poco a poco le alcanzo. “Estoy hasta los huevos de tanta pista” me dice. Comentamos un poco la jugada y al final me dice “Venga, métele caña”. Hombre pues intentarlo, vamos a intentarlo… así que a base de trotar en un par de tramos favorables intento cambiar un poco el ritmo para ver cómo está el panorama. Le saco unos 100 metros, pero entonces de repente, jodidamente de repente, noto como un vacío en las piernas. Una sensación que conozco bien, es la luz de la reserva que se enciende. Mierda… Me como un trozo de plátano para ver si resurjo.

En ese momento alcanzo a un corredor del Trail que me anima. “Muy bien tío, vas segundo!”… “Sí, pero bueno, llevo al tercero aquí detrás”. Y en broma le digo “Si eso, ahora cuando llegue dile que voy como un tiro y que no se estrese”… “Hombre, eso depende de si es amigo mío, que es el Sanvi?”. Mierda, jugamos fuera de casa. Me río y le digo resignado “Eres de Andorra, no?” Se ríe… Total que al cabo de dos minutos empiezo a oír las voces cada vez más cerca y justo al final del tramo de pista Lluís me alcanza y me pasa sin perder ni un segundo. Yo cedo unos metros. Si me cebo soy cadáver. Me da pánico la sensación la última carrera. Miro al suelo, bastones y tip, tip, tip… Llegamos al tramo de sendero y a los prados de la parte superior. Lluís me lleva unos 100 metros, pero me da miedo mirar hacia arriba y ver lo que me queda hasta la cima. Con cierto alivio veo que el pajarón se ha estabilizado y no paso del estado de “hecho polvo”. Parece que el plátano ha hecho algo. Veo también que la distancia con Lluís deja de crecer e incluso disminuye a medida que sube la pendiente. Poco a poco le voy alcanzando de nuevo, con una sensación contradictoria entre la satisfacción y la desesperación por tener que seguir luchándolo. Le paso al llegar al lomo de la montaña y enfilar el último repecho. Le saco unos metros pero en un pequeño repecho en el que la pendiente sube vuelvo a bajar el ritmo y me alcanza. Miro atrás con miedo para ver si el cuarto está cerca. No le veo, pero tampoco he mirado demasiado. Tengo pánico al golpe moral.

Venga que ya no queda nada, superamos una antecima y ya se ve la cruz… Eso es, ahí está. Últimos 100 metros de subida. De repente Lluís se abre a un lado y me adelanta trotando. Sinceramente en ese momento no siento más que alivio. Alivio por poder conformarme con la tercera plaza y hacer la última bajada con relativa tranquilidad. Paso por la cima (ahí os dejo una foto del paso por la cima, que si la descargo no se ve bien: http://www.naciodigital.cat/elripolles/galeria/1376/foto/50584#pagdalt), ficho y sigo andando mientras me como el trozo de plátano que me queda. El paisaje está bien bonito, se ven todas las montañas que llevamos recorriendo todo el día. Y se ve a Lluís cómo desaparece por la cresta hacia abajo. Llego a un tramo de fuerte pendiente y aparece un nuevo problema, las rampas. Bufff… en algún momento el sóleo se tensa a saco y la punta del pie se me queda paralizada. Paro e intento controlarla. Se pasa y sigo bajando con sumo cuidado. Me da la impresión de que chafando de talón la cosa se relaja un poco. Parece que el peor momento ha pasado y puedo bajar corriendo, no muy rápido pero corriendo.


Y por enésima vez, cuando ya esperaba no ver más a Lluís, me doy cuenta que la distancia entre los dos vuelve a disminuir. Joder, vaya sinvivir… Efectivamente, llego a su altura y me dice “Tira que bajo chafando huevos”… “Venga ánimo” le digo mientras vuelvo a pasarle. Realmente este tramo tan empinado le está pasando factura y gano distancia relativamente rápido. Tomo referencias en la montaña de enfrente para hacerme una idea de lo que queda y de repente aparece el último problema del día, un apretón. Bufff… qué hago… quedan tres kilómetros, pero es que realmente me ralentiza un montón, no puedo correr. En un par de minutos tomo la decisión inevitable (tranquilos, evitaré los detalles de tal operación en una situación de estrés como la de ese momento).

Después de ese pequeño paréntesis, tan pequeño como pude, salgo de nuevo al camino y Lluís no ha pasado todavía. Sigo bajando, mucho más cómodo y recupero un buen ritmo. Llegamos a una pista que empieza a hacer revueltas y más revueltas. Esos momentos en que parece que no se va a acabar nunca. Salgo a un prado, con un pequeño repecho en el que me obligo a no caminar. Ya sólo queda un sendero de bajada que lleva al pueblo. No es más que un kilómetro pero se hace eterno, en medio del bosque, sin referencias. Miro a la derecha, hacia abajo, intentando intuir alguna forma de una casa, de lo que sea. De repente aparecen una especie de platillos volantes… no son las típicas alucinaciones de las que habla todo el mundo, tranquilos, son las farolas. Miro adelante y en una curva del camino aparece mi madre que me anima. Por fin! Llego a su altura y suelto el clásico y desesperado “¿Falta mucho?”. No, no falta mucho, un paseo entre árboles, hasta una calle que sube, curva a izquierda y meta. Mi madre corre a mi lado. “Viene alguien?”…”No, no hay nadie”. Repito la pregunta tres o cuatro veces, pero parece que realmente lo voy a conseguir. Últimos cien metros, aparecen al fondo mi padre, Jordi y Àngela, todos animándome. Los últimos 15 metros de subida todavía se me hacen duros mientras oigo, como en una nube, al speaker que grita mi nombre. Qué placer cruzar la meta… indescriptible…

Me inclino hacia delante sobre los bastones intentando recuperar el aliento, ficho (que casi me olvido) y saludo al director de la organización. Solo recuerdo un “Felicidades” y un “Estoy fundido”, no sé si llegué a decir algo más. Muy bonito el momento con todo el público aplaudiendo. Me giro y devuelvo el aplauso, pero no aguanto mucho. Necesito sentarme, bueno, no sé lo que necesito, pero entro al pabellón y me dejo caer sobre una silla y al cabo de un minuto sobre el suelo.

Una hora y pico después sigo ahí tirado, intentando recuperarme a base de sorbos de zumo de naranja y mordiscos de sandía que mi estómago no acaba de tolerar. Finalmente, y viendo que la situación no mejora demasiado, nos vamos para el hotel.

Venga va, balance de la carrera y no me enrollo más que a estas alturas del texto no debe quedar nadie…
Qué decir, súper contento de haber conseguido la segunda posición, pero sobre todo de haber sido ambicioso y peleado la carrera hasta el final. Contento también de tener la sensación de que quien te gana es simplemente porque es mejor. En este caso, teniendo en cuenta que el ganador, Ernest Ausiro, me ha sacado 1h larga y que ha batido el récord nada menos que de “un tal” Óscar Pérez, pues no hase falta desir nada más… Por si alguna vez llega a leer esto, felicitarle por el carrerón. Felicitar también a Lluís “Sanvi” también por la buena carrera y por esa lucha sana en la última subida, que ahora que se ha pasado el sofocón yo creo que deja más bien buenos recuerdos. De todas maneras ya hemos quedado que la próxima vez nos lo jugamos a cara o cruz, llegamos tranquilamente y dejamos de hacer el gilipollas.

Cosillas más técnicas (sección para Pere): material que he llevado durante la carrera:
- Pantalones y camiseta técnicos (los del equipo de Ultra Lleida), llenos de bolsillos que me han ido la mar de bien para tener accesibles y por separado, geles, plátano, galletas + frutos secos y membrillo
- Como cortavientos/impermeable obligatorio he llevado el Ronhill que se puede atar en la cintura y por tanto no ocupa espacio en la mochila (que era la Skin 5 de Salomon, como casi siempre). Cuando el estómago empieza a estar pachucho a veces molesta un poco, pero si bajas la correa y se apoya sobre el hueso de la cadera, es bastante soportable y se mueve poco aunque vayas rápido.
- Zapatillas: las Cascadia 9 (ratifico mi romance con estas zapatillas). La sensación de poder rodar sin que te duelan los pies ni lo más mínimo cuando llevas 70 kilómetros es impagable. En terreno seco, buena adherencia, y a nivel de estabilidad, no recuerdo ni un amago de torcedura de tobillo.
- Comida durante la carrera: como comentaba antes, venía concienciado a comer bien. He cumplido con el plan la primera mitad de carrera, pero reconozco que en la segunda, entre el viento y después la lucha por el pódium, he comido menos de lo previsto. En total, dos geles (los Overstim líquidos pequeños y en la primera parte de la carrera), un brioche de salchichón, plátano (en todos los avituallmientos, seguramente 4 en total), melón y sandía (también en todos los avituallamientos), un trozo de coca con chocolate (pequeño, la verdad), un bollo de crema, bastantes frutos secos y galletas saladas y un plato pequeño de spaguettis con tomate (en Núria). A nivel de bebida, llevaba dos bidones (750ml) y he ido llenando alternativamente agua y sales en cada avituallamiento. Las sales, las de la marca Gu (estas no me sientan mal, no como los geles) hasta el Coll de la Marrana, y a partir me ha pasado al Aquarius. También casi medio litro de Powerade saliendo de Núria y un 5 Hours (un botecito de esos pequeños rojo y amarillo que venden hasta en los súpers… o sea que se usa tanto para estudiar como para correr, así que probablemente no sirva para nada… yo no lo noté al menos…).


Nada más (como si fuera poco…). Sólo para acabar, el reconocimiento al equipo de apoyo. Sé que suena a topicazo, pero sin ellos estoy convencido de que el resultado hubiese sido otro. Esos subidones son fundamentales durante la carrera, momentos en los que te das cuenta por qué te gusta hacer estas cosas.

Besos y abrazos

P.D: pido perdón si en algún momento la cosa ha quedado muy competitiva, pero he intentado reproducir lo que me iba pasando por la cabeza siendo sincero

domingo, 18 de mayo de 2014

Les Aventuriers du Bout de Drôme

Bueno hay que estar a las duras y a las maduras…

(perdonad por la falta de fotos, pero secuestrarlas de la web con un rótulo enorme delante me parecía demasiado...)

Siguiendo con la preparación para la Ronda dels Cims este sábado tenía una carrera a unos 120kms al sudeste de Lyon, concretamente en Crest. Zona prealpina, media montaña, bonito… quizá poco montañoso para el tipo de terreno que me interesaba, pero una zona atractiva al fin y al cabo. La carrera en cuestión tenía el curioso nombre de “Les aventuriers du bout de Drôme” (Los aventureros del límite de la Drôme, si no me equivoco) y forma parte de toda una movida llamada Challenge Charles et Alice, en la que en un fin de semana se celebran en Crest, carreras de 12, 21, 35,42, 67 y 105kms (que era la mía), además de otras historias para los pequeños. Creo que había un total de 9 carreras, ideal para un desplazamiento en familia en el que cada uno busque su plan (de hecho mientras escribo esto pasan al lado del coche los corredores de 12kms). En concreto la de 105kms, tenía 6600m de desnivel (o eso decía en la web, aunque yo lo dudo mucho). Una primera parte bastante plana, con pequeños repechos y bastantes pistas que se presumía bastante rápida, dos o tres subidas bastante progresivas y una última parte mucho más dura con subidas verdaderamente empinadas y una de cerca de 1000 metros de desnivel hacia los kilómetros 75-80. La salida, nada menos que a las 3:30 de la mañana. Ahí nos situamos…

Después de una noche de dormir en el coche y poco (más por horario que por incomodidad, porque el colchón que tengo no está mal), me levanto a las 2 de la mañana, desayuno y me voy para la salida. Curiosamente se empieza con un tramo neutralizado por dentro del pueblo para hacer la salida real en el patio de un castillo que domina la población. No conozco a ningún corredor, pero si a una corredora que es la estrella mediática de la carrera, Francesca Canepa. Ganadora dos veces del Tor des Geants (la segunda con una cierta polémica que ya comenté en otro post), de la Ronda dels Cims 2013 (única vez que he quedado por delante suyo)… Un buen palmarés y una buena referencia. Cuenta atrás y salimos por una subida donde como de costumbre en Francia, se sale rápido. A los 100 metros la organización ha preparado unos fuegos artificiales, pero a mí me cogen más bien preocupado por no tropezarme con nadie. Una vez más no soy demasiado hábil en la salida y, a pesar de que mi intención era meterme en el grupo de cabeza y ver qué ritmos se manejaban, llegamos a un senderillo y me he quedado con al menos 10 personas delante. Aprovecho los momentos en que me quedo atrapado detrás de algún corredor para pelearme con un bastón que no funciona bien. Segunda torpeza, creo que hasta el cuarto kilómetro no consigo ponerlo bien.

Finalmente salimos a una pista amplia donde puedo coger mi ritmo. Cuento a unos 7 u 8 corredores delante, de los cuales adelanto a los cuatro de detrás aprovechando algunos repechos que hay en estos primeros 10 kilómetros. Me estabilizo en la cuarta posición e incluso me acerco al tercero en una subida algo más larga hacia el km11, pero en la bajada va más rápido que yo y no llego a alcanzarle. No me preocupo demasiado. La idea es intentar no pasarme de ritmo en estos primeros kilómetros, que siempre me cuestan, y si todo va bien en las subidas más largas es donde tengo que aprovechar.

Después del primer avituallamiento (km16), llega el primer problema del día (o noche aún). Bajando por una pista de repente me doy cuenta de que no veo marcas delante de mí. Por la ley de Murphy, me coge en una bajada, con lo cual cuando llego a una carretera y certifico (por la ausencia de ninguna flecha) que me he equivocado, me toca remontar todo este terreno. Mierda, ahora sí que se me ha ido el tercero. No pierdo más de 2 o 3 minutos, pero sobre todo me supone un golpe moral y me corta bastante el rollo. De manera un tanto absurda, entro en una dinámica mental negativa durante los siguientes kilómetros, en la que me pregunto qué hago aquí, a las 5 y pico de la mañana, corriendo por una pista en un bosque ni siquiera demasiado bonito (y que no veo demasiado porque está oscuro). La bola de nieve se va haciendo grande y llego a plantearme si realmente me apetece hacer este tipo de cosas. Este estado semi-depresivo me dura hasta el siguiente avituallamiento (km26). Justo al llegar me encuentro una bufanda de la selección española y escucho como los de la organización me cantan el “Que viva España”. Creo de todas maneras que lo que me levanta la moral es ver que, a pesar la mala dinámica mental, he conseguido mantener un ritmo de crucero decente que me ha permitido alcanzar de nuevo al tercero, que está ahí comiendo algo.

Vengo comiendo bien, o eso creo (después lo discutimos). Así que tomo un par de trozos de naranja, relleno el agua y salgo justo al mismo tiempo que el compañero (llamémosle Speedcross 3, por las zapas, evidentemente...). La subida empieza fuerte pero en seguida se transforma en un continuo de pistas y senderos que suben muy progresivos. Yo adopto un ritmo de trote continuo, de forma que en los repechos me separo de él pero en el llano o bajada me recupera. De esta forma vamos subiendo y casi sin darme cuenta me encuentro la antena del punto más alto justo delante. Para acabar de rematar la faena, en un prado, a unos 300 metros, veo una figura corriendo, así que el segundo clasificado está a tiro. Realmente han cambiado las tornas totalmente. Hace una hora y pico estaba con ganas de mandarlo todo al garete, pasando de todo, y ahora veo que la carrera me da una segunda oportunidad. Recorro un último tramo de subida por un bosquecillo espeso que de vez en cuando deja ver unas vistas espectaculares hacia el oeste, sobre el valle del Ródano.

Corono la cima y bajo por una carreterilla unos metros antes de coger un camino que va cresteando. Observo con satisfacción que mi perseguidor ya no me recupera terreno en la bajada así que estoy mejorando mi ritmo en esta parte también. Al cabo de unos minutos alcanzo al segundo, que de vez en cuando da algún tropiezo, cosa que indica que no anda muy sobrado de fuerzas. Me entero de que está haciendo la carrera de 67kms (ni siquiera sabía yo que las dos carreras salían a la vez) con lo cual ya estaba segundo antes de alcanzarlo. De todas formas el tipo que va por delante, un tal Frédéric que es de la zona y conoce el terreno, sí que está haciendo la carrera larga. Ha pasado por la cima unos 7 minutos antes que nosotros.

Y en esto que cruzando palabras de repente el tío me dice: “Hace mucho rato que no veo balizas”… “Coño, pues si hace mucho rato haberlo dicho antes” (aunque lo más justo sería admitir que estoy empanado y hace rato que no me fijo). Seguimos bajando un poco más por la pista en la que estamos pero no aparece ninguna cinta. La verdad es que el marcaje deja un poco que desear y no han sido raros los trozos en los que había 100 o 200 metros sin cintas, más aún en tramos de pistas, pero esto ya pasa de castaño oscuro. Yo tengo la sensación de que la dirección que llevamos es buena, pero no nos la podemos jugar. Al cabo de otros 300 o 400 metros, y con la mala ostia en aumento, decidimos volver a subir. El compañero se queda atrás mientras yo recupero altura tirando de bastones. Descubro con impotencia que hemos bajado una barbaridad (mirando el GPS del reloj, más de un kilómetro por una pista que debe rondar el 15% de media). Llega un punto que ni siquiera estoy seguro que estemos en el mismo camino por el que hemos bajado. Grito, pero la única respuesta es la del compañero de infortunio. Al final veo unas cintas al otro lado de un claro del bosque. Debemos haber perdido 15 o 20 minutos fácilmente.
El compañero sale pitando, pero yo intento controlar el bajón moral y la rabia y me obligo a comer, ya que este es el típico momento en que te cebas por la rabia y la cagas. Sigo bien de fuerzas así que recupero rápido el terreno, preguntándome cuánta gente nos debe haber pasado. Al llegar al avituallamiento siguiente (km40) descubro que nos han pasado 8 o 10… Bufff… queda mucho pero es un bajón…

Cargo agua, como y sigo adelante por terreno favorable. Menos de un kilómetro más tarde veo un grupo de tres, uno de los cuales es el chico con el que me he perdido antes. Vamos por una pista que pica para arriba y ellos van andando pero la verdad es que me encuentro muy bien y voy trotando a un ritmo ágil pero sin quemarme. El calor empieza a apretar y me voy obligando a beber. Sigue la tónica de terreno bastante corredor, con subidas y bajadas pero técnicamente sencillo. Tanto es así que en el siguiente parcial de 5 kilómetros hago una media de 10km/h, lo cual para estar en el km50 y con desnivel me deja bastante contento. Veo a otro corredor por delante y lo alcanzo justo al llegar al siguiente avituallamiento en Miribel (km53). Si mis cálculos y las indicaciones no fallan, por delante va el tal Frédéric, Speedcross 3, otro corredor que llegaba al avituallamiento del km26 cuando nosotros salíamos, Francesca Canepa y este chico. Bueno queda mucho, aún hay tiempo de seguir recuperando. Mi predecesor se va y yo me lo tomo con calma comiendo algo, rellenando las botellas con agua y sales y sacando comida de la mochila para dentro de un poco. Vamos allá, que ahora viene una subida bastante progresiva en la que con la dinámica positiva que llevo tengo que seguir prorgesando...

Pero entonces llegó la debacle (ya veis, esto hoy pega unos giros dignos de Juego de Tronos). El primer kilómetro, más o menos llano, y el segundo, ya en subida, pasan bastante bien, pero a partir de ahí noto como de repente necesito andar cada vez más, hasta llegar a un punto en el que únicamente troto en el llano. El sol, al que hasta ahora había ignorado, se empieza a sentir cada vez más pesado en el cogote. Alterno agua y sales sin parar, me tomo un paquete de compota... nada, sigo en claro declive. Voy por una cresta entre el bosque en la que no tengo referencias. Se me hace eterna. Finalmente no queda más montaña delante y empieza un flanqueo en descenso en el que vuelvo a correr, aunque con menos alegría que hace un rato. El descenso continúa, ahora más empinado y por terreno más técnico, hacia el fondo del valle donde encuentro una pista. Bufff, y ahora viene una subida que sobre el mapa parecía tremenda, no muy larga pero con una pendiente de miedo. Creo que en el próximo avituallamiento (Saillans, km66) tendré que parar a comer algo consistente. De momento me tomo un kit kat para mantener el tipo y llego a un punto de control.
"Como va?"... "No muy bien"..."Ahora viene una subida fuerte" me dice el hombre con cierto pesar. "Lo se, lo se... 2 kilómetros?"..."Mmmm, más o menos" concede... Vale, o sea que son tres... Bueno, ritmillo y con filosofía.

Cojo el sendero y realmente el repecho es de espanto. Después de todo el día de subidas tendidas y rodadoras, aquí de repente aparece un sendero que sube a saco de cara a la pendiente. Voy metiendo los bastones todo lo arriba que puedo y tiro de brazos para ir avanzando hacia arriba. En muchos momentos no hay casi ni sendero, aunque afortunadamente aquí está muy bien marcado (suerte, porque hace un rato me he prometido que si me pierdo una tercera vez, me las piro a casa...). Mi ritmo es desesperantemente lento, pero nadie llega por detrás, así que imagino que en todos sitios cuecen habas y todo el mundo las pasa canutas aquí. De todas formas mi desfallecimiento va en aumento. Tocará recuperar algo de aliento en la bajada, comer bien en Saillans e intentar volver a entrar en la carrera. Con esa esperanza, pero desfondado, llego a la cima y cojo un camino a la derecha que asoma a un balcón desde el que se ve el pueblo.

Pero la recuperación que buscaba no llega. Todo lo contrario. Intento trotar pero me noto extremadamente torpe y el cansancio de pulsaciones y respiración de la subida se transforma en un malestar a nivel de cabeza. De mal en peor... Empiezo a notarme mareado. Dejo de correr y camino, pero incluso poner un pie delante de otro me cuesta. Así no voy a ningún lado. Me paro y me inclino hacia delante pero tampoco tengo ganas de vomitar. Vuelvo a avanzar pero sigo mareado. Demasiado. Tomo la decisión, que estaba intentando evitar hace un rato, en parte por la decepción con la que voy a volver a casa, en parte pensando en el golpe moral que eso supondrá para las próximas carreras. Pero sí, me retiro en Saillans. Una cosa es ir cansado y otra cosa es que la cabeza empiece a fallar. Aún así, todavía tengo que llegar ahí abajo y el pueblo se acerca desesperantemente lento. Llega un tío por detrás. Me aparto directamente y el hombre pasa sin siquiera preguntarme qué tal. Algo más tarde llega de nuevo el chico con el que me he perdido y me encuentra a un lado en inclinado de nuevo. Me pregunta y niego con la cabeza. Me da una palmada de ánimo que se agradece, y con ello sigo mi caminar cansino. Algo más abajo me encuentro una mujer que me da agua y en vistas del panorama me dice que me acompaña en la bajada. Me da un azucarillo y me lo meto en la boca mientras sigo en plan zombi. Parece que algo funciona... 5 minutos más tarde noto que por lo menos me vuelven ciertas ganas de hablar. Le doy las gracias y le empiezo a explicar mi vida, que no se qué me ha pasado, que iba muy bien hace un rato,... Le digo que tire, que voy algo mejor y que al pueblo llego bien. Aún así se espera hasta que pasa otro corredor que creo que es de su equipo, y sigue con él corriendo. Finalmente, ya con la cabeza más en su sitio pero con la decisión ya tomada, llego al pueblo y al avituallamiento, que a su vez es meta de la carrera de 67 kilómetros. Troto de manera testimonial para entrar en esta meta, que no es la mía. El speaker me anuncia como sexto clasificado de la carrera, pero yo le digo que "el sexto se para aquí".

En fin, que voy a decir... decepción. Encima François, un amigo de Lyon que ha venido para hacer la maratón de mañana, estaba esperando en lo alto de la próxima subida. La verdad es que no se muy bien qué ha pasado. No he salido especialmente fuerte. Muchas veces me pasa de empezar forzado los primeros 15-20 kms, pero hoy entre pelearme con el bastón, perderme, rallarme y demás, la verdad es que iba en modo entreno. Beber he bebido más que de costumbre y de hecho este ultimo tramo me he zumbado un botellín de agua y otro de sales, cada uno de 3/4 de litro. De comida me habia tomado ya tres geles, tres kit kats, tres sobres de compota y en los avituallamientos yo creo que mas de una naranja y un plátano, que sin ser una barbaridad es más que de costumbre. Quizá no haya descansado suficiente... es cierto que ayer me costó dormirme y no debo haber dormido más de 4 horas y eso viniendo de una semana en la que había dormido más o menos bien pero no había acumulado en exceso. Quizá un tema de azucar... lo cierto es que el azucarillo que me ha dado la chica que me he encontrado en la bajada me ha resucitado un poco... No se, lo cierto es que hay algo que no hago bien, y toca ver qué es para mejorarlo de cara a las próximas carreras.
Voy a hacer una semana un poco de desconexión para descansar la cabeza y a ver si cargamos las pilas mentales para la próxima, que será Bastions el día 7 de junio.

Besos y abrazos