jueves, 18 de septiembre de 2014

Tor des Geants (1ª parte)

“Mira Albert, una corsa para ti”…

Corría septiembre de 2010 y Fabio, un amigo italiano que trabajaba conmigo en Barcelona, me enseñó la web de una carrera que no sé cómo había llegado a sus manos.

Tor des Geants… 330 kms y 24000 metros de desnivel positivo… ¿dónde es esto?... Valle de Aosta, toda una vuelta siguiendo la Alta Via 1 y Alta Vía 2, dos especies de “GR” que recorren la parte norte y sur del valle respectivamente… ¿pero cómo puedes hacer 330kms en carrera?...Ok, aparte de los avituallamientos hay unos sitios llamados Base Vita donde hay camas y puedes pararte a dormir… Bufff, que pasada!

Y así estuve siguiendo aquella semana la carrera en su primera edición, animando mentalmente a un español, Salva Calvo, a quien hasta entonces no conocía y que estuvo peleando por la victoria aunque finalmente fue segundo. Y volví a estar pegado al ordenador en 2011 con la victoria de Jules Henri Gabioud por descalificación de Marco Gazzola al saltarse el ultimo control (nada que ver con las historias que vendrán después, su discurso admitiendo su error me parece un icono del sentimiento deportivo), y en 2012 con la victoria de Oscar Pérez y en 2013 con el emocionante duelo entre el mismo Óscar e Iker Karrera, con victoria de éste último y un precioso detalle del primero cediéndole su dorsal número 1, en una bonita imagen de compañerismo. Y lo que en un principio parecía algo implanteable pasó a ser para mí un objetivo, una experiencia que tenía ganas de vivir, de forma que el año pasado decidí que en 2014 quería intentar correr ese temible y ya mitificado Tor des Geants.

Y así llega una mañana de febrero de este 2014, en la que me encuentro en mi apartamento de Lyon con el ordenador preparado y desde las 12 menos cuarto actualizando la página donde se tiene que hacer la preinscripción. El sistema es “first in, first served” o en otras palabras “tonto el último”. Hay un periodo de preinscripción de 15 días y después asignan plazas a cada nacionalidad en función del número de preinscritos de cada país. Si por ejemplo tocan 54 plazas para españoles, los 54 primeros españoles preinscritos. En la práctica y en pocas palabras, si a las 12:10 no te has preinscrito estás en la calle. Eso a no ser que seas de Saint Kitts & Nevis, ya que hay un mínimo de 3 plazas garantizadas por nacionalidad, así que en países con poca demanda no hay problema. Relleno el formulario tan deprisa que me equivoco entre apellido y nombre (después se resuelve el problema). Aunque con algunos problemas consigo enviarlo y salgo en la lista de preinscritos en la posición 200 y pico, a las 12:07 y no sé cuantos segundos (y hasta salen las milésimas). Bufff… me pongo a contar españoles… Hago un Excel contando uno a uno la gente de cada nacionalidad… Creo que debería estar dentro pero hasta que no acabe la preinscripción… Finalmente, un mes después se confirma la lista de admitidos. Estoy dentro!!

Y así llega el verano, las carreras que ya he contado en posts anteriores, el fracaso de Andorra, el reset mental… Después del abandono en la Ronda dels Cims me dedico básicamente a caminar kilómetros y kilómetros por la montaña los fines de semana. Descubrir rincones de los Alpes, reencontrarle el gusto a correr y moverme por el monte… Los últimos tres fines de semana antes del Tor me los paso también en el Valle de Aosta (la mayoría de las fotos son de esos días porque durante la carrera ya tenía bastante faena con avanzar). El primero con Sabine, una amiga tráiler de Grenoble, con quien descubro tres zonas del recorrido que preveo hacer de noche. Quedo maravillado con el valle, así que vuelvo las dos semanas siguientes para conocer otros trozos y saldar una cuenta pendiente con el Gran Paradiso, del que nos habíamos quedado tan cerca en 2005.

Y por fin llega el fin de semana clave y pongo rumbo a Courmayeur. Nos hemos juntado cinco catalanes que vamos a correr la carrera y compartimos apartamento. Alfred, un profesor de Terrassa; Joan, de Matadepera; también están Javi y Salvador, con quien ya he compartido antes este tipo de aventuras.

El sábado, día antes de la carrera, preparamos la bolsa del corredor, que la organización te va llevando a las diferentes bases de vida (si eso ya entraré en detalles sobre esto en otro post, que si no, no acabaremos nunca… de hecho creo que no acabaremos nunca, jejeje). Nos vamos para el pabellón donde se recogen los dorsales. La cola es impresionante. Dos horas y media de pie. El control de material es minucioso, minucioso y absurdo porque tú después te llevas la mochila para casa y puedes poner y quitar lo que quieras. ¿Por qué no haces controles sorpresa durante el recorrido? Así ves lo que lleva cada uno en la mochila, tanto el corredor como los “acompañantes” (ya entraremos en eso, también…). Vaya por delante que la organización de la carrera me parece muy buena y muy meritoria, en una labor nada fácil, pero que hay unas cuantas cosas mejorables de las que ya iré dando mi opinión. Bastante cabreado saldo el trámite y por la noche, ya más relajados, durante la cena asistimos al briefing de la carrera y al pase de un vídeo que te pone la piel de gallina. Dejamos preparada la mochila de carrera y nos vamos a dormir, ansiosos de que llegue el momento.


Y el momento llega. Son las 9:55 y suena por los altavoces la banda sonora de Piratas del Caribe, poniendo la piel de gallina al personal. De casualidad me encuentro al lado de Armando Teixeira, el portugués de Salomon con quien coincidimos bastante durante la carrera de Andorra… bueno, durante el rato que estuve en ella. Comentamos la jugada y le explico un poco lo que conozco del recorrido. Llega la cuenta atrás, el momento de dejarse de preocupaciones y ponerse a correr. Llega el pistoletazo de salida.

Inciso: voy a dividirlo en partes para que vosotros tengáis también bases de vida donde poder cambiaros y reponer hidratos de carbono para aguantar la lectura…

Courmayeur – Valgrisenche:
Entre gritos del público, gritos del speaker y gritos de los corredores, salimos por la calle principal dando una vuelta por el pueblo entre más gente que grita y agita cencerros desmesurados que debieron pertenecer a vacas del Pleistoceno. Si pensáis que por tener 330kms por delante la gente sale andando o al trote estáis totalmente equivocados. “Campi qui pugui” y a correr como si lo fueran a prohibir, a coger buena posición que dentro de un kilómetro cogemos un senderillo estrecho y no vaya a ser que nos quedemos atrás. Me encuentro con Marco, compañero de viaje en el Chad y que también se ha embarcado en esta movida. En una recta echo un vistazo hacia delante y veo que debe haber unas 40 o 50 personas por delante. Bueno, ya está bien, no hay por qué estresarse. Y llegamos al camino. Pequeño embudo al ponerse la gente a sacar los palos y a caminar. Aparece Emilie Lecomte (ya ha aparecido otras veces, y volverá a aparecer por aquí, no os preocupéis) que empieza a adelantar a gente saliéndose del sendero por la izquierda. Qué agobio de tía… 330kms por delante y ponerse a adelantar a tíos para encontrarse con el culo de otro que va al mismo ritmo. Debe estar la Canepa más adelante, otra qué tal baila…

Lecomtes y Canepas aparte, yo cojo mi ritmo de marcha viva pero relajada por este bonito sendero entre el bosque. Aprovechando el domingo y el sol, bastante público se ha animado a subir para animar a los corredores. Tomo como referencia a Armando y me pongo dos o tres posiciones por detrás suyo. El tío tiene letra, sabe gestionar ritmos y quiero pensar que no tenemos niveles muy diferentes así que puede ser una rueda interesante. Llegamos a una pista que hice hace dos semanas y descubro con agrado que el recorrido no la sigue sino que ataja por un sendero directo hacia arriba. Mejor, así más trozo de caminar. Me voy animando a ganar algunas posiciones y a trotar un poco cuando el terreno se deja, más por soltar las piernas que por poner un ritmo más alto. Paso a dos valencianos que están de charreta. Los únicos, el resto de la gente está centrada en su ritmo, imagino que pensando en la que se les viene encima.

Con la tontería ganamos los primeros 800 metros de desnivel y llegamos a una vaguada que se mete hacia el fondo con unos bonitos prados que dejan ver hasta el Col d’Arp, primer collado de la ruta. Al ganar posiciones las caras que empiezo a ver son conocidas. Nichademus Hollon (from San Diego, California… véase crónica de Ronda dels Cims…), Jules Henri Gabioud con un tipo que tiene que ser su hermano, sigue por ahí Emilie Lecomte, Armando… Veo hasta la melena del impetuoso Christophe Le Saux… Gente V.I.P, vamos… Nos metemos por un sendero en el que la cosa se ralentiza. Andamos un grupo de unos diez detrás de Emilie que actúa a modo de Safety Car. Ella pelea por la victoria en categoría femenina y no se va a apartar ante unos piltrafillas que pelean por quedar el veinte, así que tienes que salirte del camino y trotar un poco para pasarla (le tengo manía, lo reconozco…). El sendero llega hasta el fondo de la vaguada y describe unas eses para superar el último repecho hasta el collado, al que llego justo detrás de Armando y entre gente que agita campanas y grita al más puro estilo de puerto del Tour de Francia. “Ya tenemos la primera!”, le digo. “Sólo quedan quince”, pienso.

Animado por el ambientillo me pongo a bajar por un valle precioso y con el Glaciar de Ruitor como telón de fondo. Hay trozos de hierba empinada en los que toca controlarse y guardar cuádriceps. Llego a una pistilla en la que se puede correr más relajado y al poco aparece mi “amiga” Emilie como un ciclón porque, eso hay que reconocerlo, baja de una forma envidiable. Antes de la última bajada hacia La Thuile hay un primer avituallamiento. Un primero de tantos. Realmente es impresionante lo de los avituallamientos de esta carrera. Podríamos pensar que al ser una carrera tan larga tienen que poner los avituallamientos separados… Todo lo contrario. Excepto dos parciales de 15 kilómetros, nunca hay 10 kilómetros sin avituallamiento, hasta un total de 45. Eso, más los avituallamientos improvisados de la gente que está en los collados, más la gente de las casas que monta avituallamientos espontáneos en sus casas. La verdad es que no me hace demasiada falta pero por empezar con la rutina alimentaria pillo un par de trozos de naranja y chocolate. Viene un trozo ahora un poco aburrido, una pista que después pasa a ser asfaltada, en la que lo único bueno es que te permite mirar el paisaje sin miedo a partirte un pie. Paso a Bruno Brunod, recordman del Cervino hasta que llegó un chaval de la Cerdanya que no lo hace mal. Ya se ve el pueblo de La Thuile allí abajo (km17, 1458m; 2h31'). Llego hasta él por un senderillo y entre un pasillo de gente que anima. Primer momento realmente emocionante de la carrera. Lo volcada que está la gente con este evento es espectacular. Tras atravesar todo el pueblo aparece el avituallamiento, también abarrotado de gente. Me encuentro a Magali, compañera de Marco y a quien también conozco del Chad.

Repongo líquido y como algo mientras comento un poco la jugada con ella, pero veo que la gente pasa pitando por el avituallamiento y me estreso, así que sigo adelante. Viene ahora un trozo cómodo de pistas y carreteritas hasta el fondo del valle, bueno para trotar un poco y que las piernas hagan bien la transición entre la bajada y la subida que viene. Nada más salir del avituallamiento veo la primera (de tantas) irregularidad. Un corredor sentado en la parte de atrás de una furgoneta, comiendo mientras le hacen un masaje en las piernas. Juraría que estaba prohibida la asistencia fuera de los avituallamientos… Juraría que eso es asistencia… En fin, sigo a lo mío. Llego al inicio de la subida al Refugio Deffeyes. La gente ya se va calmando y voy ganando posiciones. En un llano veo un corredor japonés con el dorsal número 8 (V.I.P. por tanto) que tiene pinta de llevar un globo importante. Le paso y unos españoles me dicen que voy el 25. ¡Qué sorpresa! La verdad es que pensaba que iba más atrás. Me centro en coger un ritmo ágil pero con sensaciones fáciles. Normalmente este es el tramo de las carreras que se me da mejor, una vez han pasado 20 o 30 kilómetros, y aún sin forzar a media subida he ganado cinco posiciones más. Llego a un prado con un lago donde está la gente pasando el domingo y se ve el último repecho hasta el refugio, en el que se ven 4 o 5 corredores más. Al llegar arriba nos hemos agrupado, un tipo que se pelea con los bastones, dos italianos del equipo Tecnica y Pablo Criado, corredor cántabro que ha hecho buenas posiciones en ediciones anteriores. Así llegamos al Refugio Deffeyes (km 26, 2465m), donde sigo con la rutina de alimentación a base de unos pastelitos de mermelada la mar de buenos, algo de embutido y galletas. Me estoy dando cuenta que toda la comida que he preparado para las bases de vida no me va a hacer falta para nada.

Salimos del refugio en dirección al Paso Alto, en un grupillo con el de los bastones, los Tecnica, Pablo Criado y Armando, al que hemos alcanzado al final de la subida anterior. Subimos a buen ritmo, casi demasiado porque en un punto perdemos el camino y nos toca deshacer unos metros. En los tramos más suaves voy más a remolque cuando echan a correr, pero cuando toca tirar de bastones me veo bien y gano algo de distancia, así que llego a lo alto del collado (km 29, 2865m) algo destacado. Mejor, que así bajo algo más relajado mientras me alcanzan otra vez. Se trata de una bajada bastante técnica, con muchas piedras grandes, así que me concentro para no dar un mal paso e irme a casa antes de tiempo. Consigo bajar más o menos dignamente y no me cogen hasta el último bosquecillo antes del Bivacco Promoud, siguiente avituallamiento. Detecto su llegada porque la gente empieza a pasar de animarme a mí y solo gritan “Bravo Pablo!!”, que llega justo por detrás. ¡Realmente lo adoran! “Eres un tío popular, eh?” “Mira… paso bastante tiempo aquí”. Comentamos un poco la jugada y me dice que el día importante es pasado mañana, lo cual me entra un poco como un “Lo que estamos haciendo ahora es un mínimo aperitivo, no te confíes”. En estas llegamos al avituallamiento, con un nuevo recibimiento a base de gritos, aplausos y cencerros. Poco después llega Emilie Lecomte (lo había olvidado, la había adelantado otra vez en la subida).

Venga, a por la siguiente. 800 metros de desnivel hasta el Col de Crossaties. Salimos Armando, Pablo, un Tecnica y yo. Le pregunto a Pablo cual es el collado porque no conozco esta zona, pero veo que no tiene muchas ganas de hablar así que tiro para delante a la mía. Me quedo con el italiano de Tecnica a unos metros por detrás y vamos subiendo por una pala de hierba en la que el camino hace revueltas y más revueltas. Ganamos algo de distancia respecto de dos corredores, pero se nota que cada vez cuesta más ganar posiciones. El prado da paso a un terreno técnico con algunas cuerdas, donde doy caza finalmente a los dos que me preceden. El primero va bastante justo y el segundo es un tío que va sin bastones. Me suena… osti si, el mismo que iba sin bastones en la ronda, que al principio no daba un duro por él… Un tipo curioso, austero, cara poco simpática. Le cuesta subir, pero es que sin bastones por estas cuestas… No me extraña. Llego a la cima (km 36, 2820m) en medio de otra muchedumbre de gente que anima. Devuelvo el aplauso porque realmente es un subidón encontrarse con ese ambiente ahí arriba.

Bueno, ahora ya es terreno favorable hasta la primera base de vida en Valgrisenche. Me zampo un kit kat mientras miro el paisaje en un pequeño llano al inicio del descenso. No es que tenga hambre, pero es más por seguir el protocolo previsto de qué comer en cada tramo. Al poco me alcanza el Austero, que baja de una forma envidiable. Parece que sea la última bajada de la carrera y que no tenga que guardarse nada. Pasamos junto a un lago y después por unos prados donde se puede trotar cómodamente hasta el inicio de la última bajada, algo más técnica. Al poco oigo una especie de búfalo que se acerca en estampida por detrás. “Droite!”. Tardo un segundo en reaccionar así que la voz insiste “Bah, ou gauche, comme tu veux!”. Me aparto y dejo pasar a Madame Lecomte. “OK, mais après à la montée on fait pareille”… “Oui, oui, t’inquietes pas", como quien dice “tu no me vas a ver más que en las fotos, piltrafilla”. El episodio me deja con mal cuerpo porque por muy borde que sea la tía no me gusta soltarle la fanfarronada de que la voy a pillar después. Vale más ser dueño de tu silencio que esclavo de tus palabras. Comiéndome la cabeza acabo la bajada por un sendero y cojo un tramo de carretera hasta el siguiente avituallamiento en Planaval (km 43, 1517m), mientras me alcanza Pablo Criado, hecho que me quita mi cuota de aplausos :-p.

Ya solo queda un tramo pestosillo, de esos que no son ni chicha ni limoná, que no es subida pero pica y te va desgastando ahora que ya llevamos más de 40kms. Pongo el piloto automático y troto, unos 200 metros por detrás de Pablo, y así recorro estos 5 kilómetros y pico que me dejan en la base de vida de Valgrisenche (km 48, 1662m; 8h10').

Es raro esto de las bases de vida. Llegas a una especie de hotel, donde entras por una puerta, un tipo te pregunta el dorsal y va a buscar tu bolsa correspondiente. Pillas la bolsa y llegas a donde dan la comida, que es full equipe, hay pasta, arroz, caldo, fruta, yogurts, aparte de las galletas, pastelitos y toda la historia que había en los otros. Está muy bien, pero con el bolsón en una mano y la otra maniobrando la mochila no puedes pillar nada para comer, así que me toca ir hasta el comedor, dejar las cosas y volver para pillarme un plato de macarrones y una botella de agua. Coincido en la base de vida con gente ilustre, Pablo Criado, Joe Grant, Jules Henri Gabioud… Aps, y Francesca Canepa, que me atropella por el pasillo porque debe haber visto llegar a nuestra francesa y le debe haber cogido un ataque de ansiedad. Me tomo con relativa calma el avituallamiento, porque no quiero olvidarme de nada. Repongo parte de la comida de la mochila, pero no me cambio de ropa porque voy bien de pies y la camiseta con bolsillos me viene bien para meter cosas (y es la única que tengo así). Vamos a por el segundo tramo.

Valgrisenche – Cogne
Salgo de Valgrisenche (8h29') en dirección al Col de Fenetre. Son 1200 metros de subida en los que habrá un avituallamiento intermedio en el refugio de Epée. Salgo detrás del chico que se peleaba con los bastones y del italiano de Tecnica, pero el primero cede al cabo de un poco y me dedico a subir detrás del italiano. El ritmo me parece cómodo así que me viene bien para hacer la digestión y controlar un poco las fuerzas, que esto no ha hecho más que empezar. El camino flanquea y sube suave hasta el Refugio de Epée (km 57, 2150m), nuevo avituallamiento. Sigo con la rutina de alimentación y saco el frontal, que se acercan las últimas luces de este primer día. Le digo al italiano que voy tirando, que quiero intentar hacer la subida con luz. Al poco me encuentro al chico que se peleaba con los bastones, que ha pasado de largo del avituallamiento y está cogiendo agua de un reguerillo (¿?). Se llama Joviça (imagino que se escribe algo así), es serbio y trabaja en las fuerzas armadas. Un tipo duro. Me cuenta su historial de carreras de larga distancia, pero todas en asfalto. Buena la has escogido para empezar en montaña… El sol se está poniendo a nuestras espaldas y el collado al que nos dirigimos coge un tono rojizo espectacular, mágico. Animado por este ambiente sigo hacia arriba en solitario, acercándome a algunos corredores que veo por delante entre las últimas luces. Llego a la cima (km 60, 2854m) y saco el paravientos mientras observo el horizonte por donde se pone el sol. ¡Qué momentos!


El primer tramo de bajada es bastante técnico, por una canal muy empinada que el sendero recorre con una sucesión de eses. Tema frontales, he decidido venir con el NAO de Petzl, que alumbra muy bien pero que aún con la batería de recambio no me daría para cuatro noches que son más que posibles. Así que esta primera noche, en la que todavía voy fresco, utilizo el otro, que es muy sencillito y no alumbra demasiado. Me obliga a ir concentrado pero con las tiras reflectantes de las banderolas no tengo problemas serios en ningún momento. La bajada hasta Rhemes-Notre Dame (km 64,5; 1738m; 11h15') discurre tranquila y después de tomarme un caldo caliente y más pasteles salgo en dirección al próximo obstáculo, el Col d’Entrelor. 1400 metros de subida, llegando a más de 3000 metros. Afortunadamente no hace un frío exagerado.

Empiezo la subida y al poco me encuentro delante de mí a la ya conocida figura sin bastones. Se tropieza e intento ayudarle. “Va bene?”…”Rampa, bene, bene”. Tampoco parece tener muchas ganas de hablar así que viendo que está repuesto, me largo para arriba. Igual que en la subida anterior, mantengo un ritmo ágil pero controlando. Me acerco a dos frontales que resultan ser los hermanos Gabioud (supongamos que lo sean). Yo casi que me quería quedar detrás pero se apartan y me dejan pasar así que sigo a mi bola. Al poco rato oigo a uno de los dos que está devolviendo a la naturaleza parte de lo que le pertenece. No parece ir muy bien. El último tramo es más duro y acaba con una canaleta bastante derecha en la que hay unos hierros para ayudarse y unas cuerdas. Llegando a la cima veo a escasos metros la mochila Quechua de Madame Lecomte. Uuyyy… te salvas por poco, jejeje (km 70, 3002m).

Llega la bajada, es su terreno, pero lo cierto es que noto que no me saca tanto y su frontal se mantiene a una distancia razonable. Seguramente porque esta bajada no es tan técnica. De todas formas yo le tengo mucho miedo a desgastarme muscularmente e intento bajar con un ritmo controlado y amortiguando los pasos. No hemos llegado todavía a un cuarto de la carrera. El último tramo de bajada es por un sendero agradable entre bosque por el que se corre muy cómodo. El otro día bajamos por aquí con unas vistas preciosas del Gran Paradiso. En esta dinámica llego al avituallamiento de Eaux Rousses (km79, 1660m; 14h26'). Ahí está Emilie Lecomte con su equipo de asistencia, llega poco después Armando y me encuentro también con Magali, que me ayuda a rellenar las botellas y me comenta que voy el 12º. ¡Nada mal!

Armando y Emilie salen antes que yo. “Cuidado con esta subida que es dura” me dice Magali. La hice hace unos años de bajada y recuerdo un camino con bastantes revueltas que subía muy progresivo, la verdad es que creo que me viene bien ahora mismo este tipo de subida… Ya lo veremos… Salgo por un puentecillo y engancho el camino que, efectivamente, sube muy tendido. Mientras andamos fuera del bosque veo el frontal de Armando un par de revueltas más arriba pero más tarde, entre la vegetación, pierdo la referencia y la subida transcurre en un monótono alternar de bastones, pasos y respiración. Sobre los 2200 metros el recorrido flanquea a la izquierda y se mete en el valle que conduce al collado. Se intuyen las montañas con la luna llena, pero en la noche no alcanzo a identificar dónde tenemos que ir a parar. Dos frontales aparecen al fondo de la vaguada, previsiblemente Armando y Emilie. Noto que la noche me ha quitado algo de energía y así como en las subidas anteriores tenía tendencia a recortar respecto de los que me precedían, ahora noto que me cuesta más. Después de un trozo más favorable, volvemos al lío de ganar desnivel. Una de las dos lucecitas de delante se va acercando cada vez más, hasta que alcanzo a ver la mochila Quechua. Bueno, al menos me voy a dar este pequeño gustazo. Me quedo un rato detrás para ver si se rebaja y me cede el paso pero no está en su diccionario… “Je passe à droite”. Pues pasa… no se aparta ni un centímetro, así que me tengo que meter por la hierba. El hecho de adelantarla no quiere decir que yo vaya demasiado bien. De hecho mis energías van francamente a la baja y necesito que llegue la luz del día y sobre todo la base de vida de Cogne y un buen plato de macarrones. Empiezo a escudriñar las montañas, a hacer memoria e intentar identificar dónde narices está el Col Loson. Ya debemos estar a 3200, no?... Ahí a la derecha hay un collado, seguro que ahora flanqueamos en horizontal hacia allí y se acabó… Pero nada, revueltas y más revueltas que se meten por una pala que sube hacia una cresta que está allí arriba a tomar por saco. Descarto con desilusión la opción del collado de la derecha y al poco rato me remata el ver una lucecita roja en un punto de la cresta, todavía muuuuuy lejos… Bufff, bueno, a guardar, calma, ritmo y para arriba sin darle muchas vueltas. Pero el cansancio, probablemente ayudado por el hecho de estar a más de 3000 metros, se incrementa y el caminar es cada vez más cansino, a pesar de que la pendiente del sendero es muy moderada. A unos 150 metros por debajo del collado el sendero deja de tener este detalle conmigo y se convierte en una traza desecha que sube en revueltas muy empinadas hacia la cresta. Paso a modo himalayista y subo desesperantemente lento. Después de una eternidad oigo el ánimo de un tipo que está en el collado (km 90, 3296m), al que respondo con un “Gracie” a modo de susurro. Me paro un momento a recuperar el aliento… Error. Con el cambio de ritmo mi estómago, convulso por el cansancio, encuentra un momento para entrar en erupción. Afortunadamente tampoco parece salir todo lo que he comido durante el día, pero vomitar a 3300 metros es más bien desagradable (esta foto no es del día de la carrera, ni mis caras en ambos momentos son similares, pero es para compensar la imágen desagradable...).

Paso por un primer momento de negativismo al ver que, a pesar de haber ido bien durante todo el día, estoy en menos de un tercio de carrera y paso por un momento bastante crítico. Si el estómago se pone mal se acabó la carrera… Ni hablar, hoy no es ese día (lo admito, me tragué el vídeo de Aragorn en la Puerta Negra unas 10 veces la semana antes de la carrera). Pararse no es una opción, veamos cómo resolvemos el problema. Lo primero es llegar a una cabina de emergencia que hay un poco más allá, a unos 200 metros. Me agarro a unas cuerdas y avanzo por un senderillo, plano pero con un patio que se intuye a la derecha. Me dan un vaso de te calentito que parece que me sienta bien, y sigo bajando en dirección al refugio Vittorio Sella. En mis planes no estaba el dormir tan pronto, y realmente no siento que lo necesite, pero parar una hora puede ser una buena idea para ver si el estómago se estabiliza. Decidido, me paro en el refugio (km 94, 2585m). Llego y me tomo otro vaso de té, porque no me atrevo con las galletas y demás historias que he estado comiendo. Al mismo tiempo llega Emilie y otro tipo, que ahora mismo no le pongo cara, pero algún otro corredor había por allá. Le digo al tipo del refugio que si puedo dormir una hora y me lleva a un cuarto donde hay otro tipo durmiendo. Me quito la mochila y las zapatillas y para de contar. Lo demás, ropa sucia, barro, etc., bajo la manta, donde me meto mientras intento controlar un ataque de temblor. Es una sensación rara lo de dormir en carrera. Vienes con la actividad de la competición y a pesar de estar cansado no te puedes dormir inmediatamente. El revuelto en el estómago no ayuda. Creo que me llego a dormir un poco pero me despierto de repente con mucho malestar en la barriga. Mierda, más… Me levanto abro la puerta y salgo al frío. Las arcadas llegan pero nada detrás. Joder, lo peor… No sale nada y el ataque remite, así que me vuelvo a la cama. Al cabo de un poco llegan los dos Gabioud, que también paran porque uno de ellos está también para los leones. El tipo del refugio me dice que ya ha pasado una hora. Me levanto con la sensación de no haber descansado absolutamente nada, espantado de salir al frío de la mañana, pero sin nada más que hacer allí. Bueno, sigamos hasta Cogne en plan tranquilo, cuidando el estómago, y a ver si allí soy capaz de comerme un plato de macarrones.

Bajo por el sendero hasta Valnontey (km99, 1667m) mientras aparecen las primeras luces del día. Miro hacia el sur hacia unos glaciares que tendríamos que haber cruzado en 2005 si el mal tiempo no nos hubiese impedido pasar un collado. Viéndolos de aquí, casi que mejor… Me encuentro un par de catalanes que me animan durante la bajada y a Sergio, de Carrerasdemontaña.com, que me echa una foto y me anima, que voy muy bien. Hombre, bien, bien… Llego a Valnontey y vienen tres kilómetros de llano por pista y carretera. Debería correr, pero me da miedo agitar el estómago con el trote y llegar al avituallamiento sin ganas de comer lo que necesito. Me pasan dos tíos pero me da igual, es una inversión que me tiene que permitir acabar la carrera.


Llego al avituallamiento (km102, 1531m) y me dan la bolsa. Esta vez sí que me cambio de ropa, que ya toca. Me pido un plato de macarrones y me los como poco a poco mientras charlo con Magali. Parece que me entran, pero me tiro allí diría que media hora. Bueno, parece que el peor momento ha pasado, aunque todavía queda trabajo por hacer para acabar de superar esta crisis.

... continuará...

domingo, 13 de julio de 2014

Ronda dels Cims

No sabía si esperar unos días o empezar a escribir este post así, a bocajarro, recién llegado de Andorra, en un momento en el que me hubiese gustado estar durmiendo cansado pero satisfecho después de haber acabado la carrera. Intentaré explicar lo ocurrido sobre la marcha, sin avanzar las sensaciones negativas del resultado final.

Como ya hubo un previo me sitúo el viernes a las 7 de la mañana en la línea de salida. Nos pasamos los minutos previos sacudiéndonos los nervios los unos a los otros. Saludo a Sergi, Salvador, Jordi Codina,... Me encuentro con Fabrice, a quien conocí en febrero en la carrera del Chad... Nos deseamos suerte. Por otro lado veo a la gente del Matxacuca (la Roja de verdad...) haciéndose la foto de equipo. Me acerco y comentamos la jugada con Francesc, Eli, Genís,... Estamos todos con ganas de empezar y dejar de darle vueltas al asunto. Nos vamos con Francesc hacia delante y esperamos la salida. Tras un minuto de silencio en honor a Iñaki Pérez (recordaréis que os hablé de él en la última carrera de orientación) se da la salida y salimos calle abajo.
Primera imagen curiosa de la carrera, un tipo con rastas y una mochila en la que parece que lleve atado un saco de dormir, que ha salido como un tiro. Detrás va Josep, un valenciano con el que compartimos bastantes kilómetros el año pasado, Armando Teixeira el portugués de Salomon, Julia Boettger, Nerea Martínez,... Yo he salido sobre el 15 o el 20. A mi alrededor está Francesc (por poco tiempo), Javi Puit, Ernest Ausiro, Lluis Sanvicente,... Al final nos conocemos todos. Tras una vueltecilla por el pueblo cogemos una pista hormigonada y cada uno se va yendo a su sitio. Veo como Francesc se va hacia delante. El año pasado compartimos más de 100 kilómetros y llegamos juntos a la meta (ara que et fas famòs em deixaràs presumir d'aquest honor... ;-) ). Tras el pedazo de temporada de maratones que ha hecho, tengo muy claro que su ritmo no es el mío. En el primer tramo de sendero me acabo estabilizando en un grupillo interesante en el que vamos Lluis, "Domi" (otro andorrano), Marc Llucià y Ernest Ausiro (ganador de Bastions en un carrerón).
El primer tramo de la carrera consiste en la subida a la Collada de Ferreroles, bastante traidora porque hay dos bajadas intermedias que hacen que te acaben saliendo casi 2000m de desnivel positivo al llegar allí. Yo me centro en coger mi ritmo. Las primeras subidas no son lo mío. Me noto bastante bien. No me cebo, troto en los tramos llanos y voy siguiendo a poca distancia del grupillo que os comentaba. Se hace ameno porque Lluis y Domi están de palique, aunque yo intento guardar algo de aliento mientras le busco el ritmo a la subida. Alcanzamos un chico de rojo (acabará siendo Anthony, un americano) y un poco más adelante un tipo de blanco que no reconozco pero que era Josep. Hemos pasado a varios así yo creo que somos estos, y más adelante el portugués, Francesc y poco más. Finalmente salimos al valle que da al Coll d'Arenes, la subida se acentúa, la cháchara se acaba y cada uno coge su ritmo. Yo voy con un tipo de amarillo que baja a saco pero que en la subida flojea (la falta de palos probablemente ayude). Llego al Coll d'Arenes y el sendero sigue subiendo a la izquierda para flanquear por el típico terreno sin ningún tipo de sendero que caracteriza esta carrera. La subida no ha estado mal para empezar, pero creo que la he hecho con bastante cabeza.
Al pasar por Ferreroles le pregunto al tío del control cómo voy. "Décimo!" No está nada mal, ya tenemos ubicada la carrera. Bajo intentando cuidar las piernas, flexionando rodillas y ayudándome un poco con los palos. Me zampo un quesito de membrillo y casi sin darme cuenta empiezo a oir la gente del Refugio de Sorteny, primer control. Llego ligeramente por detrás del americano, y el de amarillo.

Refugi de Sorteny (km21, 2h52'):
Me paro a comer tranquilamente. Repongo agua y en lugar de las sales con las que había salido (GU con sabor a té de melocotón, sorprendentemente bueno) relleno con Powerade, que también me gusta. Melón, sandía, me llevo algún puñado de galletas, y longaniza al bolsillo y sigo adelante. Un repechillo y el sendero baja hacia el valle de Rialb. No lo conozco y además se ha metido la niebla así que nada de referencias. Pues nada, con calma. Me acerco poco a poco a Marc, Anthony y el de amarillo y además por el camino adelantamos a Josep. Me dice que ha salido muy rápido, que ha ido un poco con Francesc pero que va fortísimo y que va a intentar tomárselo con calma a partir de ahora. Tras varios repechos duros alcanzo el collado junto con el americano y nos lanzamos al descenso saliendo pronto de la niebla. En una de estas perdemos las banderas. El tío se gira... "senderow?". Me parece que es hacia la izquierda pero no está muy claro. Finalmente vemos una banderilla allí abajo. "Where are you from?" "San Diego, California". Como ya expliqué una vez en otro contexto y otro tipo de crónicas, hay dos tipos de americanos: los que te dicen que son "from the United States" y los que pasan directamente al estado, aún estando a 8000km de su casa. Por tanto a su pregunta correspondiente: "Me, from Alcover, Tarragona" (de buen rollo :-) )
Entre debates identitarios y algún repecho cabrón de esos que no salen en el perfil, nos vamos acercando a Arcalís. Por el camino, me encuentro a Ernest, que me dice que ha estado con gastroenteritis, que no va ni para atrás y que plega. Le intento animar diciéndole que en una carrera tan larga hay tiempo para recuperarse pero la decisión parece bastante tomada. Así que a todo esto me veo octavo con nuestro amigo californiano séptimo y un poco más adelante Marc y el de amarillo en quinta y sexta posición (digo el de amarillo sin más porque no llegué a averiguar nada más de él). Un repechillo nos deja en Arcalís, donde hay un nuevo avituallamiento y me encuentro por primera vez con mis padres.

Arcalís (km32, 5h1'):
"Qué tal?" "Bien, intentando controlar, comiendo bien... Creo que lo voy llevando bien". Siguiendo con esa
dinámica me pido un plato de caldo con pasta, como fruta, más galletas y longaniza al bolsillo... Tengo la sensación de que los demás no paran. Bueno, un francés que llega justo después sí que se toma su tiempo también. Con la tripa llena, buenas sensaciones y buen humor salgo por las pistas de esquí hacia arriba. Siguen Marc, Anthony y el de amarillo algo por delante y les voy recortando terreno hasta llegar casi juntos a la cima del Coll de Cataperdís. Entre que me entretengo a comer otro trozo de membrillo y que bajan mejor que yo (bueno, el californiano quizá no) pierdo algo de distancia en el descenso a los lagos de la Angonella, pero al empezar la siguiente subida volvemos a estar juntos. "Quieres pasar?" me dice Marc. "Bueno tiro un poco que en la bajada me pilláis". Me gusta cómo voy subiendo, tirando de palos y manteniendo buena respiración. Las piernas también responden bastante bien y no tengo sensación de quemarme. Por otra parte, con lo que queda, es lo que toca.
Llego a la cima del Pic del Clot del Cavall (6h30') algo por delante y recorro un tramo llano antes de bajar por un prado empinado que sólo conocía de noche a la luz de la luna llena, de mis dos participaciones en el Ultra Mític. No sin satisfaccion me doy cuenta de que esta vez no me alcanzan en la bajada. Buena señal, será que voy a mejor. El descenso se me pasa bastante rápido hasta una cabaña donde el recorrido gira a la derecha y sigue un sendero en ligero ascenso y bastante trotable hasta el rellano del Pla de l'Estany, donde se encuentra el siguiente avituallamiento. Muy contento con esta quinta posición pero sobre todo con las sensaciones de que estoy llevando bien la carrera.

Pla de l'Estany (km44, 7h7'):
Charlo un poco con dos chicas muy simpáticas que se encargan del avituallamiento, mientras sigo mi rutina de melón-sandía-galletas, longaniza y plátano al bolsillo. Llega Marc y el de amarillo, hombre de pocas palabras. "Aquesta pujada es guapa", me advierte... "La conec, la conec". Vamos a por ella, la temida subida al Coma Pedrosa. Realmente es a degüello. Subida sin camino por unas pendientes iniciales que quitan el hipo, algún ligero descanso mientras atraviesas a la izquierda y el terreno que se va volviendo más pedregoso a medida que subes. En medio de ese panorama una sorpresa positiva, un corredor por delante. Va de blanco, así que debe ser el portugués. No os negaré que alcanzar a un tío "del Equipo Salomon" supone una cierta satisfacción. Además el hombre parece ir justillo. Me concentro en lo mío, porque la subida entre bloques lo exige, pero me voy acercando. Realmente el hombre parece ir cocido. "A la izquierda!"... le grito en un momento en el que no ve las marcas. "Hablas español?" "Un poco"... "Mira, ahora subimos hasta esas rocas de ahi, luego a izquierda y el pico es este que tenemos aqui encima"... y lo culmino con un "Ánimo!" que visto a posteriori me parece la mar de cachondo... Un tipo muy simpático, me agradece y me desea igualmente suerte mientras sigo subiendo.
La verdad es que el último tramo de subida hasta el Forat dels Malshiverns es de escándalo. Una subida por una tartera que se aguanta con alfileres en una pendiente surrealista. Recuerdo la primera vez que pasé por aquí en un Ultra Mític, con nieve y una cuerda para ayudarse... Bastante mejor. Llego al collado y giro a izquierda para culminar el último trozo hasta la cima más alta de Andorra. Cuarto en el Pic de Comapedrosa (8h17'). La subida se ha hecho dura pero dentro de lo razonable, he hecho la subida en 1h5min (buen tiempo para la referencia que tenía) y me encuentro con muy buen ánimo. Echo un vistazo hacia delante pero ni rastro de Lluis y Domi (de Francesc no hace falta ni hablar, me lleva más de media hora). 
Agradezco a los voluntarios su trabajo (la de horas que se tienen que pasar ahí arriba...) y me voy para abajo por la tartera primero y por un agradable nevero después. Bordeo el Estany Negre y sigo bajando por el valle, que va girando a la izquierda y deja ver ya el Refugi de Coma Pedrosa, siguiente avituallamiento. Un poco antes de llegar hay un pequeño repecho en el que no encuentro las marcas (sin ser una gran crítica, creo que este año se ha descuidado un poco el marcaje con respecto a otros años en los que era perfecto). Me giro y veo a Marc que llega como un tiro. "Vas be, vas be!". Voy bien, pero yo no veo ningún sendero... Finalmente atravieso unos arbustos, lo encuentro y llego al refugio, justo delante de Marc.

Refugi de Coma Pedrosa (km50, 8h51'):
Una vez más la rutina de alimentación y pido otro caldo, mientras llega el portugués... llamémosle Armando ahora que nos hemos hecho amigos. "Cómo va?" me pregunta mientras chocamos la mano. "Ahí vamos! Bien de momento y tu?". Hace mejor cara que hace un rato, yo no daba demasiado por él. "Dura la subida, no?" "Si, si! Muy lunga!". Pero el hombre ha resucitado, que por algo es de Salomon :-p. Marc está ya para salir y el caldo que no llega. "Es igual, dejadlo, no hace falta!" les digo con algo de estrés, pero Armando, que está esperando el suyo, me hace una seña como diciendo "Espera, espera, tú no tengas prisa que esto es mano de santo...". Pues le haremos caso a los buenos, así que me quedo y me tomo mi caldo, que por otro lado me ha tocado sin un fideo, que era lo que buscaba. Con la satisfacción del caldo bebido salimos del "refu" e iniciamos la subida a la Collada de Sanfons, yo algo por delante de Armando y a unos 300 metros de Marc. 
Recorto algo durante la subida pero no le alcanzo, y aún menos en la bajada posterior, que flanquea hasta un collado y bordea un montículo después. Pierdo de vista a Marc y también las banderas, que más adelante veo bastante más arriba. Remonto, no sin cierto mosqueo, y las recupero junto a un telesilla. Bajo por una pista y giro a la derecha en otro descenso oblicuo que me acerca ya al Coll de la Botella. Entre que estamos bajando y mi despiste, Marc me ha sacado bastante ventaja cuando llego al avituallamiento, tras un tramo de unos 500 metros por carretera. 

Coll de la Botella (km57, 9h54'):
Me encuentro nuevamente con mis padres. "Qué tal?" "Bien, van cayendo los kilómetros pero bien". Sigo comiendo, aunque aquí no hay caldo, y reponiendo agua y Powerade. Llega Armando y se sienta con un par o tres de personas que le hacen la asistencia. "Qué tal?"... me dice "Ahí vamos!" Le digo mientras me despido y sigo adelante.

Viene ahora un tramo llano que conozco bien, porque también lo hicimos el año pasado. Sube un poco al principio pero después es bastante llevadero. Troto pero me noto cansino. De repente a la que el terreno pica para arriba tengo ganas de caminar. Intento empujar con los palos mientras troto, pero parece que la alegría que tenía hace poco rato se me va escapando a borbotones. Me giro y llega Armando corriendo a buen ritmo. Mierda, ¿por qué no puedo ir como él?... ¡Si estaba hundido! Me aparto para dejarle pasar... "¿Estás bien? ¿Necesitas algo?" "No, no... pero... poco a poco". La falta de sujeto y predicado me indica que mis neuronas flojean. Me hace una seña para que me enganche pero no es momento para cebarme siguiendo una rueda. Me concentro en mi trote y le sigo a cierta distancia. Llegamos a un repecho y me paro a mear, medio para coger un poco de aliento, medio para perderle de vista y coger definitivamente mi ritmo. Un ligero descenso me ayuda y parece que me recupero un poco pero justo antes de llegar a la Collada de Montaner oigo unos pasos que llegan por detrás. El americano me pasa como una exhalación mientras me aparto. "Grasias"... De nada... Ahora lo pienso y quizá este fue el punto de inflexión definitivo. De repente tengo la sensación de que todo el mundo tira menos yo. Un sentimiento negativo me invade y la visión de la subida al Bony de la Pica, que tengo enfrente, no me ayuda para nada. 
Paso junto a un control casi sin saludar (mal indicador también) y afronto la subida mirando al suelo. La verdad es que Armando y Anthony no van mucho más rápido que yo, la distancia se mantiene, no debería desanimarme, pero mi rallada va aumentando por momentos. Llegando a la cima (11h3') veo que otro corredor se acerca por detrás. Tampoco me ayuda. No puedo evitar fijarme en los demás. Camino a grandes pasos por la parte alta de la montaña, tampoco estoy perdiendo terreno con los de delante ni me alcanza el de detrás (el francés de hace un rato), ¿por qué no soy capaz de tranquilizarme? Quizá porque sé que ahora viene un descenso que es peor que las subidas.
Llego al inicio de la bajada, donde hay un control. "Joder, llego al peor sitio en el peor momento"...murmuro para mis adentros. "Ojo que resbala"... empiezo a bajar y, efectivamente, resbala. Y yo voy torpe. Y me fallan los pies. Y me cabreo... Llego a un tramo con cadenas mientras el francés me alcanza por detrás. "Vas y, vas y..." Sigo a la mía, esto es la anti-bajada... Qué tensión... Algo más adelante llega otro corredor por detrás, Carles Rossell. "Abajo, abajo!" me dice... "Lo se, lo se, si es para dejarte pasar"... "Ojo, que esta bajada es dura"..."No hace falta que me lo digas...".
El terreno complicado va acabando de minar mi moral. Y empiezo a darle vueltas a todo, deportivo, no deportivo... cualquier cosa. Llego a una aldea que hay a mitad de bajada y que da acceso a una subida de unos 100 metros de desnivel. Este repecho me acaba de hundir. Ya no es que sufra o que vaya cansado, es que siento que no disfruto, que no me gusta lo que estoy haciendo. La desconexión va en aumento y la decisión de abandonar va cogiendo cada vez más forma. En medio de esta dinámica llega por detrás el hombre de amarillo, que ya nos habíamos olvidado de él, con lo que paso a ir décimo, aunque ahora mismo eso me importa un pimiento. Con el ánimo por los suelos veo como se acerca el techo del pabellón de Margineda y un par de minutos más tarde veo cómo termina el sendero y mi madre me espera. Me saltan las lágrimas mientras digo que no con la cabeza. Me intenta animar mientras nos acercamos a la puerta del pabellón. La gente ve mi estado y me intenta apoyar pero mi respuesta no pasa de una mueca torcida.

Margineda (km70, 12h31'):
Pido un plato de macarrones y tiro la mochila al lado de un banco. Me siento en él, abatido, con la cabeza entre las manos. No estoy especialmente cansado más allá de lo normal tras 70kms y unos 6000m de subida, no me duele nada, pero he entrado en una dinámica mental totalmente negativa que quita cualquier motivación. ¿Qué hago? Mañana voy a estar rallado si me retiro... Pero es que tengo la sensación de que no me gusta lo que estoy haciendo... Hablo con mis padres sobre qué hacer... Finalmente, una vez acabado el plato de macarrones y tras 20 minutos de desconexión, decido intentar el siguiente trozo.
Salgo del pabellón y la gente me anima, en un momento sinceramente emotivo. Momentáneamente recupero la fuerza y la rabia mental y me digo que vale la pena esta segunda oportunidad. Me pongo a trotar y me siento bien, no me duele nada, no me noto especialmente cansado.Tras un trozo por la carretera cojo un sendero a la derecha y me encuentro a otro corredor, un chico de castellón. Comentamos un poco la jugada camino de la subida al Coll de la Gallina, que empieza con unas revueltas francamente duras. Empiezo la subida justo por delante y veo que sin forzar me separo algo. De todas maneras el aire triste de hace un rato no me ha abandonado del todo y mantengo un ritmo constante sin demasiada alegría. Aún así la velocidad no es mala, y el tramo se me hace relativamente corto hasta un merendero donde alcanzo a otro corredor. Le pregunto a un chico del control de paso, por curiosidad, que cuántos van delante y me dice que diez. Tiro por un tramo de pista ascendente y amplio la ventaja con mis perseguidores, pero después llego a un tramo llano que debería trotar perfectamente y me da pereza, así que me conformo con alargar el paso. Total, que el valenciano se acerca y tras una última subida más fuerte llegamos a la cima del Coll de la Gallina casi juntos.
Me lo tomo con calma y le pido a un chico del control que me saque de la mochila el frontal y un bollo. Creo que aún dentro de la mala dinámica he mantenido bien la alimentación. En ningún momento he tenido sensación de agujero en el estómago. Pero empiezo la bajada y las sensaciones vuelven a empeorar. Me intento comer el bollo torpemente mientras bajo por una pista, más que trotando dejándome caer. Vuelve la desgana. El valenciano ha ido tirando y el otro corredor al que había adelantado me pasa también. Me acabo el bollo justo antes de llegar a Fontaneda, donde me esperan mis padres. "Qué tal?" "No mucho mejor, en Coma Bella vemos a ver que hago...".
El resto de la bajada al fondo del valle no tiene mucha historia. Tramos de sendero, algún repecho por carretera y aire triste. La decisión del abandono vuelve a tomar forma en mi cabeza mientras empiezo la subida siguiente, que me tiene que llevar hasta el avituallamiento de Coma Bella en cinco kilómetros y seguiría hasta el Pic Negre siete u ocho más allá. Cojo un ritmo constante, que no es malo a nivel de velocidad, pero aún así la dinámica mental sigue en caída. Es raro, porque no se me hizo muy largo el tramo hasta Coma Bella (menos que el año pasado), pero llego otra vez desconectado. Voy a parar. Paro, desconecto una semana o dos, me dedico el resto del verano a ir a caminar a la montaña, reencontrarle el gusto al tema, reenfocar aspectos deportivos y no deportivos... Paro y que me sirva de punto de inflexión para plantearme las cosas de otra manera.

Coma Bella (km92, 14h30'):
Aparece una luz por delante, un hombre de la organización. "Venga que ya estás en el avituallamiento"... "Lo dejo, la cabeza no va y así no voy a ningún lado". Lo mismo les digo a mis padres mientras entro en el hotel de Coma Bella y me siento a comerme un plato de sopa. Me paso media hora entre los lamentos y los fideos, mientras van entrando corredores. Vámonos de aquí que no hacemos nada. Comunico mi decisión a los de la organización, me quitan el chip del dorsal y dejo la baliza que me habían colocado en el Coll de la Botella por ir de los primeros. Cogemos el coche y nos vamos hacia el Serrat, donde estamos instalados. Ahí se acabó mi historia en esta Ronda dels Cims 2014.


¿Cómo acabó la carrera para los demás? Pues algunos de mis compañeros de carrera durante los primeros kilómetros, como Marc y Lluis, también abandonaron por diferentes motivos. En el lado positivo, la segunda plaza fue compartida por Carles Rossell, Armando Teixeira y Anthony Hollon. Y victoria, después de 170 kilómetros en solitario, en 30h18', a sólo 14 minutos del récord nada menos que de Miguel Heras, para Francesc Solé. El año pasado compartimos más de 100 kilómetros de carrera y llegamos juntos a la meta en uno de los mejores recuerdos que tengo de las carreras que he corrido. Me hizo especial ilusión poder compartir de nuevo ese último kilómetro, aunque no fuese de la forma que más me hubiera gustado. En algún momento de la carrera me atreví a pensar que podía compartir el pódium... no fui capaz. Cualquier frase que ponga para acabar esta crónica se quedará corta para expresar mi admiración por lo que has hecho.

Besos y abrazos

P.D: Felicidades también al resto de "finishers", Eli, Jordi Codina, Salvador,... Espero poder compartir esta alegría en otras carreras

miércoles, 9 de julio de 2014

Nos vamos de Ronda

Pues aquí ando, en el tren de Lyon a Barcelona, repasando el material en la libreta, imaginándome la carrera, dándole vueltas a qué comer y dónde… Todo ese tipo de cosas que después me voy a saltar a la torera…

Y es que pasado mañana ya es el día. Bueno, pasado mañana y al otro, porque si todo va bien espero acabar a una hora indefinida de la tarde-noche del sábado (espero no llegar al domingo...). ¿Nervios? Tampoco diría nervios. Es una mezcla de inquietud ante la certeza de afrontar algo que se va a hacer duro y ganas de empezar y dejarse ya de especulaciones e historias, de caminar y correr por la montaña y de vivir esos momentos de comunión y solidaridad contigo mismo cuando tienes que sacar toda tu fuerza de voluntad por conseguir un objetivo.

Después de varias semanas haciendo pruebas y de dos horas aquí en el tren dándole vueltas al boli y a la libretilla, creo que ya he decidido los detalles a nivel de material, comida y demás.

Tema zapatillas: Una vez más las Cascadia 9. Ya sé que el terreno es técnico y todo lo que se quiera, pero en una carrera de 170km, si llegas al km80 y ya te duelen los pies, las zapatillas ya se te pueden agarrar al techo que no vas a hacer más que retorcerte caminando. Y sinceramente yo cuando el terreno está mojado resbalo con todo… De repuesto las Dynafit, pero muy por si acaso. Si no hay problema serio del tipo la zapatilla se rompe (me pasó el año pasado con el último suspiro de las Cascadia 7), la idea es tirar con ellas hasta el final.

Mochila: la Olmo 12. Tiene más bolsillos que la Skin 5 de Salomon, el bolsillo principal se abre mejor, me olvido de agobios a nivel de espacio y si la comprimes bien ocupa poco. La duda que me ofrecía que es que llevaba los tubos de las botellas (soy fan de las botellas con tubo para beber directamente sin sacarlas) a 2cm de la cara y daban bastante por saco al girar la cabeza (como los burros que solo pueden mirar adelante). Pero el otro día conseguí ponerlas de una manera que no molesta demasiado así que más o menos solucionado.

Comida: llevo 6 geles para la parte inicial (los Overstim líquidos, los únicos que tolero), pero básicamente a base de bollos de crema, membrillo, algún brioche con embutido y no sé coger algún kit kat o snickers para tener algo de chocolate y azúcar. Por lo demás la idea es tirar mucho de avituallamientos. No voy a ser más cansino aquí con la distribución de todo eso por tramos, pero más o menos hay una idea (se admiten apuestas sobre hasta qué kilómetro voy a ser capaz de respetarla).

Bebida: pues llevo dos bidones de unos 600ml, en principio uno para agua y el otro para sales. 4 botellas de Powerade (no las cargo) para cuatro puntos donde me las puedan dar mis padres, un botecito de pastillas de sales de GU, y a partir de ahí a ver qué me va apeteciendo en los avituallamientos. Hago un llamamiento a favor de la Coca Cola sin gas.

Y no sé si me dejo algo. Bueno, por supuesto bastones. Una vez alguien me dijo que para Andorra, si le daban a elegir entre zapatillas y bastones, escogía bastones. Una exageración pero la verdad es que pienso en las tres últimas subidas sin bastones y me entra un sudor frío. El resto de material obligatorio, impermeable, pantalones impermeables (nueva adquisición), manta térmica, silbato, manga larga…

¿Aspiraciones? Pasa palabra. El año pasado quedé el 11º, en una carrera con un buen nivel, al ser parte de la Copa del Mundo. Pero creo que casi ni me lo creo todavía. Probablemente haya sido mi mejor carrera y no va a ser fácil repetir una actuación así. Es cierto que este año hay menos gallos de los conocidos internacionalmente, pero también es cierto que cada vez hay más gente en este deporte y al final el que no corre vuela. Gente que tiene pinta de que lo hará bien, pues por ejemplo Ernest Ausiro, que hace un mes en Bastions, nos dijo hasta luego en el km2 y acabó batiendo el récord de Oscar Pérez. Pavel Pavloncy (o algo así), un checo que ganó en enero la Spine Race, una carrera de 430km por Inglaterra… Sí, Inglaterra, Enero… barro, nieve, lluvia, y noche a tutiplén… Creo que si buscas en la enciclopedia “tipo duro” te sale una foto de este tío. Están Pep Ballester y Armando Teixeira, el portugués de Salomon, que fueron 4º y 6º respectivamente el año pasado. Un nutrido grupo de andorranos, Carles Rossell, Joan Vilana, Lluis Sanvicente (espero no repetir el último tramo de Bastions… ;-)). Mención especial para estos dos últimos que junto con otros dos compañeros (no recuerdo el nombre y no tengo Internet ahora mismo) han llevado a cabo un proyecto solidario que se llama Ronda per la Infància. Pero la verdad es que yo tengo una apuesta particular por otro corredor pero como a veces se pasea por este blog y para no meter presión, me lo guardo y lo dejamos en que tiene toda la pinta de que en condiciones normales, va a hacer un carrerón y vamos a llegar bastante más separados que el año pasado ;-)

Así que aspiraciones por mi parte (que me había ido por la tangente), pues conseguir acabar con la sensación de que he gestionado bien el esfuerzo y la alimentación, que he corrido con cabeza y que he sabido poner la fuerza de voluntad necesaria para conseguir un objetivo. Creo que si soy capaz de hacer una carrera como Bastions, la cosa puede ir bien. A nivel de ritmos y posiciones, la verdad es que he hecho todo lo posible para no pensar en ello, y concentrarme en mi ritmo y mi cuerpo.

Ieps! Llegamos a la estación, os salváis. Dejo de escribir. Si os aburrís podéis seguir la carrera y nuestras evoluciones en este link: http://www.andorraultratrail.com/

Y en principio por Facebook también se irá actualizando la información como el año pasado. Está muy bien cuando llegas a casa luego y ves todos esos mensajes de ánimo que ya habías sentido durante la carrera :-).
Así que ahí nos vamos. Espero tener motivos para llenar dos crónicas como el año pasado.

Besos y abrazos
-         

martes, 1 de julio de 2014

Trail des Crêtes de Chaublais

Por fin he encontrado un rato para ponerme a escribir la crónica del fin de semana pasado… Buen marco, por la ventana del apartamento en el que estoy veo el Mont Blanc. He venido a Chamonix a pasar el fin de semana, entrenar un poco y ver mañana el maratón del Campeonato del Mundo de Skyrunning.
Total, que el fin de semana pasado fui a correr el Trail des Crêtes de Chaublais, una carrera de 67kms y 5200 metros de desnivel positivo acumulado. ¿Dónde quedaba esto? Pues al lado del Lac Leman, en una zona de montañas de unos 2000m de altura que se encuentra junto a la orilla sur. La carrera tiene un punto atractivo y es que Kilian Jornet es el padrino de la carrera. Desconozco qué significa ser el padrino de una carrera. De hecho tanto él como Emelie Forsberg aparecen en la lista de inscritos a la carrera, aunque finalmente no corrieron ni aparecieron por allí, así que me recuerda un poco a cuando todas las fiestas de caminos “se hacían” con Enfermería y Farmacia…
Me presento ahí el sábado a primera hora de la tarde en Vacheresse, un pueblecito que no tendrá más de 500 habitantes, donde está la salida y llegada de la carrera. No hay grandes objetivos para la tarde. Coger el dorsal, hacer la mochila y preparar el coche, que hoy va a ser mi habitación de hotel (creo que ya lo he contado pero reciclé un colchón que entra bastante bien entre los asientos abatidos; no es lo óptimo, pero es barato y para salir del paso no está mal).
Me encuentro a Sabine, una amiga de Grenoble con he compartido bastantes entrenos, que corre la carrera de 23kms y que en ausencia de Emelie Forsberg huele bastante a victoria. Comentamos la jugada y me voy para mi coche-hotel. Palos (nueva adquisición), ropa para mañana, llenar los bidones, ordenar la comida… Ceno pronto y me tumbo a leer un rato, a ver si me coge el sueño. Dejo el libro e intento dejar la mente en blanco, pero unas vacas que hay en la ladera de enfrente no dejan de joder con el cencerro. Finalmente consigo dormirme mientras imagino el suplicio que tiene que suponer vivir con una campana colgada al cuello…
Primer despertador a las 3:30, desayuno, a las 4 vuelvo a tumbarme… bueno, he desayunado tumbado… digamos que vuelvo a intentar dormir un poco, y después de 45 minutos de trance me levanto, me visto y me voy para la salida. En un principio no conozco a nadie, así que la idea es ver un poco qué ritmo se maneja delante y a ver qué tal. Justo antes de la salida sí veo una cara conocida, Gregoire Millet, segundo clasificado en el Tor des Geants de hace dos años. Ya tengo una buena referencia.
Y como siempre, ¡cuenta atrás y salimos! Como es habitual en Francia, la salida es a destajo, más aún teniendo en cuenta que tras 500 metros cogemos un sendero y empieza la primera subida sin piedad. Me coloco quinto, detrás de Gregoire Millet. La pendiente es fuerte así que la gente se pone a caminar bastante pronto, pero eso no quiere decir que vayamos lentos. Noto que hay gente intranquila por detrás y efectivamente en un par de curvas me pasan dos o tres. Algo estresado por la pérdida de posiciones adelanto a Millet, pero enseguida me doy cuenta de que estoy yendo demasiado rápido.
Me pasa otro corredor, un chico que ayer pasó corriendo por al lado de las 8 de la tarde (curioso entrenamiento). La verdad es que no tiene mucha fisionomía de corredor de trail. Está bastante mazado, parece que come sandías por los sobacos. Tiene que costar mover esa musculatura. Al menos le serviría para propulsarse con los bastones, pero incomprensiblemente los lleva en la mano pero sin usarlos. Aún así lo llevaré delante durante toda esta primera subida.
Llego a la cima justo detrás de este chico, calculo que en décima posición. El recorrido pasa por la cima de un montículo pero me doy cuenta de que un tío está cortando 20 metros por debajo. “La baliza está ahí arriba!” le grito. El tío me mira. Le insisto, pero no me dice nada, sabe perfectamente lo que está haciendo. Evidentemente no viene de esos 20 metros de desnivel, pero me toca las narices que la peña haga trampas deliberadamente.

Adelanto al “cachas” y afrontamos la bajada con un tío de rojo y el Tramposo, siguiendo de lejos a un chaval que me ha pasado con muy buen ritmo y unas Sense la mar de limpitas en la última parte de la subida. Una bajada entretenida entre bosque y por un senderillo muy estrecho nos lleva al pueblo de Bernex, primer avituallamiento (km10, aunque a mí el reloj me da menos). El de rojo y el Tramposo pasan de largo pero yo me acerco a pillar un vaso de coca-cola y un puñado de frutos secos. No pierdo demasiado tiempo y salgo ya por una calle en ligero ascenso. Adelanto al Tramposo (aprovecho para lanzarle una mirada de odio) y salimos del pueblo por una pista de esas que está al límite entre caminar y trotar. Yo decido hacer mitad y mitad, mientras parece que cojo algo de ritmo y sensaciones. Después de unos 400 metros de desnivel de una subida llevadera llego a un collado donde la vista se abre hacia el norte. La vista es espectacular, con el Lac Leman en todo su esplendor. El recorrido va por una pistilla fácil que permite admirar el paisaje. Yo sigo con sensaciones raras. De ir bien aquí se puede correr bastante ágil porque el camino pica para abajo, pero yo llevo una zancada corta y bastante pesada. Resultado: me pasa el Tramposo y otro corredor que lleva buen paso. Debo estar el 12º.

En seguida empieza de nuevo la subida, esta vez por sendero con fuerte pendiente. Mis sensaciones no mejoran pero los otros van más lentos y la distancia se mantiene. El sendero es incómodo y pica bastante, todavía más después de llegar a un collado y enfilar un repecho que me deja en lo alto de una cresta. Nuevas vistas espectaculares que aprovecho como excusa para recuperar el aliento, mientras los corredores de delante se me alejan. Ahora mismo me importa más bien poco. Me noto sin chispa, torpe y pesado, mientras avanzo por un sendero que va superando diversos montículos hasta llegar al segundo avituallamiento (km.19, aunque me siguen saliendo menos…).
El Tramposo sale justo cuando llego y el de rojo unos segundos después, pero yo me quedo a recargar líquido y comer algo, a ver si cambio la dinámica. No parece… En el llano y las bajadas noto un malestar que me hace correr a un ritmo lento. Me noto con algo de ganas de vomitar y deseando que llegue la subida para acabar con el traqueteo de cada zancada. Y efectivamente, llega (con el regalo de un primer abandono por parte de uno de los de delante.). Unos 300 metros de desnivel bastante empinados donde cojo otra vez el ritmo de caminar con los bastones. Recupero algo de terreno a los de delante pero también veo como por detrás llegan 3 o 4 encabezados por Grégoire Millet (yo pensaba que no le vería más pero ahí se nota la experiencia…). El balance de la subida es positivo y llego a la cima del Pic Boré justo detrás del Tramposo y el de rojo, a los que paso justo después en un tramo de cresta con vistas brutales. Afronto ahora una bajada por un prado empinado, donde las marcas siguen una valla que hace un rodeo hacia la izquierda y en estas que me giro y veo al Tramposo atravesando a saco pendiente abajo. Me vuelvo a cabrear. Mira que nos habían dicho que no estaba permitido atajar porque estamos en una reserva natural y hay que respetar los senderos… Nada. Le vuelvo a gritar y al llegar al final de la bajada les digo a los de la organización que si ese hace 67 o 57kms. Como quien oye llover, si de hecho parece que el tío es de la zona porque en cada control lo saluda todo el mundo…
Bueno, pues para intentar distraer mi enfado y mantener una buena dinámica de alimentación a pesar de la inestabilidad de mi estómago, saco un brioche de paté que llevo en la mochila y me peleo con él durante un rato. El sendero es llano y es un buen momento para comer. Vuelvo a alcanzar al Tramposo y le lanzo una nueva mirada con toda la bordería que soy capaz de reunir y entre la rabia y que voy algo menos mal que antes, gano distancia hasta llegar al Col de la Dent d’Oche. Tras una bajadita de poco más de un kilómetro por un sendero de piedra bastante suelta (donde acabo una vez en el suelo) llego al tercer avituallamiento (km27, para mi reloj, 23…).

Más naranjas, más plátano y más líquido, que el calor aprieta. Mientras como pasa como un ciclón Millet, que coge un par de cosas y sigue adelante. Pues nada, adelante se ha dicho. La ligera recuperación que había notado no se concreta y vuelvo a notarme incómodo. Se me repite el paté, las naranjas están buenas pero le dejan un sabor desagradable al agua que bebes después… Me noto en una cierta vía de desconexión de la carrera. “Por lo menos será un buen entreno”, intento consolarme. La distancia con Millet aumenta lentamente, pero por lo menos en un collado recojo un segundo cadáver que está sentado tomándose un gel. Si no me he descontado voy noveno, que para tal como está el panorama está bastante bien. Pero tampoco me anima esto y dos tíos se acercan por detrás durante un flanqueo hacia un segundo collado. Me pasan en la bajada sin que les oponga demasiada resistencia. Bajo desganado, con el estómago dando botes. Nada que ver con la bajada del otro día por el valle de Coma de Vaca. Afortunadamente la bajada no es muy larga y llego al avituallamiento del Refugio de Bise (km34, 30 para mi reloj, en cualquier caso ecuador de la carrera).


Me lo vuelvo a tomar con calma. Lleno las dos botellas porque ahora vienen 12kms sin avituallamiento y cada vez hace más calor. En medio de mi sentimiento negativo, una nota positiva: las naranjas. No sé de dónde sacaron semejantes naranjas en el mes de junio pero estaban espectaculares. Lamentablemente al arrancar de nuevo no me encuentro menos cansado. En medio del festín creo que me han pasado otros dos tíos así que debo andar el 13º o el 14º. Afronto la siguiente subida, otros 300 metros, con mentalidad de entreno, a intentar mantener el ritmo pero sin ser capaz de sacar ambición para ir a por los corredores que tengo delante. Aún así, como en todos sitios cuecen habas, dos de ellos se van acercando. Otro cadáver de los que habían salido disparados y uno de los que me ha pasado abajo. Mi amigo el Tramposo parece el más fuerte de los que vienen por detrás. Tras una bajadita y otro repecho hacia un collado, alcanzo a otro corredor y lo paso al inicio del descenso siguiente. No es que me encuentre mucho mejor, pero simplemente hay otros que se encuentran aún peor. Animado por volver a entrar en el top 10, me fuerzo a correr con un ritmo mínimamente digno en un tramo llano de unos 3-4kms. Al final del mismo hay unas casas donde me encuentro con un avituallamiento imprevisto. Pues mira qué bien! Las botellas de agua están calientes así que me voy a la fuente, pego un trago y meto al cabeza. Sigo adelante en un estado que parece que ha vuelto a pasar de malo a regular, por lo menos durante un repecho que me deja frente a la bajada de 4kms hasta el avituallamiento de Abondance. Sin rastro de corredores delante o detrás, afronto la bajada en piloto automático. Desafortunadamente el traqueteo me vuelve a dejar chafado y llego al avituallamiento nuevamente en momento “choffff” (con bastantes efes…).
Km 46 (41 para mi reloj). “Qué tal?” me preguntan las chicas del avituallamiento. “Bueno… cómo te lo diría… dejémoslo en que no es mi mejor día”. Mientras me rellenan las botellas paseo la mirada del jamón a los plátanos, de los plátanos a las naranjas, de las naranjas a los frutos secos. Pico un poco de aquí y de allá, sin saber muy bien que es lo que me conviene o me apetece. En medio de la indecisión llega el Tramposo. La verdad es que en este momento me da un poco lo mismo, pero salgo al trote por lo menos pensando en que le cueste un poco pillarme. Un tramo llano y algo cansino entre la carretera y una cantera, me deja al pie de la siguiente subida (quedan tres y son las más largas de la carrera junto con la del principio). Buffff, ya veo de qué va a ir esto. Una pista forestal de estas de sacar madera, con pendientes que quitan el hipo. Pues venga, palos a caminar y a ir haciendo. Voy buscando las sombras de lado a lado pero el calor va haciendo mella. Mi ritmo no es bueno y al poco oigo el inevitable sonido procedente de detrás. Nuestro amigo se acerca irremisiblemente. Ni me giro, pero noto que se va acercando hasta que llega a mi altura. “Esto sube, eh?”… “Sí” respondo desganado. “Y hace un calor de tres pares de narices…” (bueno no sé decir eso en francés pero con un “Il fait chaud” y la cara transmito mi mensaje). No todo es negativo, el tío me trae la noticia de que no somos 10º y 11º como yo pensaba sino 9º y 10º. No me salen las cuentas pero bueno, mira qué bien… Aún así no tengo muchas ganas de hablar con él y no quiero cebarme, así que dejo unos metros y sigo a mi ritmo, intentando tapar con la visera de la gorra, la visión de la rampa de turno que tengo por delante. No tengo ninguna referencia de lo que queda por subir. Estamos en medio del bosque y no se ve nada. A veces parece que el terreno se abre por delante pero siempre aparece una nueva rampa de cojones. Una eternidad después, una revuelta hacia la izquierda nos deja en un prado al fondo del cual hay un collado con unas casas. Es más lejos de lo que pensaba pero por lo menos veo donde tenemos que llegar… O eso me creía. Giro la mirada a la izquierda, montaña arriba, y veo tres tíos sentados, uno de ellos con el inconfundible peto naranja fosforito de la organización. “Queeee?!?!?! Tenemos que subir allá???”. Había vuelto a atrapar al Tramposo porque se había parado a coger agua de un riachuelo, pero ante este golpe moral me vuelvo a descolgar. Tiro de palos prado arriba, casi sin sendero, mientras me pregunto por qué coññññññño (con muchas eñes) tenemos que subir hasta allí, si no hay un collado, ni una cima, ni nada de nada, simplemente es un punto indefinido en la inmensidad del prado (no es una crítica a la organización ni al recorrido, simplemente describo lo que me pasa por la cabeza en ese momento :-p). Por fin llego a la cima. El Tramposo ya corre prado abajo para llegar, ahora sí, a las casas del collado. Yo hago lo propio, pero con bastante menos ritmo. En las casas me encuentro un avituallamiento líquido inesperado. Cojo una botella de agua, pero está a mil grados. Les pido, suplico, agua fresca, y a la tercera encontramos una botella bebible. Me paro un momento junto a una bañera con agua que han puesto para que la gente se refresque. Mientras me mojo la cabeza veo mi cansancio reflejado en las miradas de la gente. En fin, sigamos… Ya solo quedan dos subidas. Hay que acabar como sea.
Salgo de allí sin atreverme a mirar atrás por miedo a que la llegada de más gente suponga un golpe moral añadido. Bajo torpemente mientras el Tramposo se pierde allá abajo entre el bosque. “Ya no le veo más” pienso. No me apetece pero me zampo un quesito de membrillo (ya llevo 7 u 8). El camino es bonito, primero por un prado de hierbas altas donde han abierto huella y después por un sendero entre el bosque. Salgo a una pista y de ahí a una carretera que me deja en otro mini avituallamiento inesperado (suerte de ellos, que si no…). Más plátano, más naranja… A pesar del membrillo estaba ya con la sensación de agujero en el estómago. Venga sigamos, la penúltima ya… Salgo por otra pista maderera, mientras espero tardar lo máximo posible en escuchar los ánimos hacia mis perseguidores, como quien cuenta los segundos para que llegue el trueno. Pero el trueno llega pronto, así que la tormenta está cerca. “Me van a pillar, pero al menos vamos a joder todo lo que se pueda…”. Con este sentimiento perverso afronto la subida. Es algo más tendida, y eso me ayuda a recuperar un punto de sensaciones. Consigo llevar un ritmo que por lo menos debe ser equivalente al de los de atrás. Alargaremos la agonía pues. La subida acaba y llega un descenso sobre el que nos habían advertido expresamente. “Está prohibido correr y adelantar”. Una orden algo contradictoria en una carrera, pero que yo adopto a gusto como excusa para relajarme un poco. Tampoco mucho, enseguida entiendo el porqué de la advertencia. El sendero se mete por unos tramos equipados con cadenas y cuerdas donde tienes que ir con mucho cuidado, aunque un diez para la organización que tiene a gente en todos los puntos comprometidos. Donde no hay cuerdas tampoco es un camino de rosas y el sendero baja a saco y tienes que vigilar para no dejar caer piedras por si hay alguien abajo. El hecho de no verlas caer de arriba me anima porque eso significa que los de detrás no me han recuperado distancia. Se acaba el descenso, y tras un kilómetro de pista que pica hacia arriba (y donde a mí ya no me da para correr), llego al último avituallamiento (km61, 55 para mi reloj).
“Ça va?”… Miro al chico del avituallamiento y le contesto con una sonrisa cansada… Creo que lo entiende. Bueno he mantenido la posición en el penúltimo tramo, así que me siento obligado a lucharla en lo que queda. Me largo, mirando de reojo para ver si viene alguien. El tramo duro de la subida empieza sin piedad. Un sendero estrecho que sube entre el bosque haciendo eses. Calculo que debía haber unas 1387 eses. Ya tenía pinta en el mapa, pero la realidad supera lo que me esperaba. Además, a pesar de estar entre el bosque el sol está ahora en lo más alto así que me azota sin piedad. Mi ritmo se resiente. Tiro de palos pero llevo una velocidad de excursión de domingo. Alcanzo a los últimos clasificados de la carrera de 23kms y le pregunto a un tío si tiene idea de cuánto falta. “Deben quedar unos 400 metros de desnivel”. Afortunadamente soy consciente de que es imposible (si fuese así, me daba la vuelta y me iba a mi casa). Me suena que el punto más bajo antes del avituallamiento estaba a 900 y poco, he hecho un kilómetro largo en una pendiente que debía ser de algo más del 10%, y llevo 20 minutos subiendo (calculo que debo haber ganado 250m)… Me tienen que quedar 100m. De todas maneras como no estoy seguro, prefiero no decirle nada al tío. No obstante, la subida se me hace interminable. Mis piernas, cual marineros a punto de amotinarse a bordo de la Santa María de Cristóbal Colón, empiezan a preguntarse por la validez de mis cálculos. Afortunadamente y sin previo aviso, el camino desemboca bruscamente en lo alto de una loma. El bosque baja hacia el otro lado. “Perfecto”. Esto me lo había aprendido bien, son 70 metros de desnivel por la loma y bajada a la izquierda hacia la meta. Con la tranquilidad que me da esa certeza, afronto estos últimos metros de subida mientras oigo un cencerro que me indica que el control de la organización, imagino que en el punto más alto, están cada vez más cerca.

Y así es. “Teneis agua fresca?” les pregunto mientras miro inquisitivamente a una botella que indica que mi pregunta es retórica y equivale a un “Dame agua, por favor”. Le echo un trago mientras me informan que el noveno no está lejos. Me da igual el noveno, ahora mismo estoy en modo presa y no cazador. Quedan 4kms, preferentemente de bajada aunque tengo el chip activado para encontrarme aún algún repecho sorpresa. Les doy las gracias y me marcho sin perder más tiempo. Mi agilidad en la bajada no es extrema, pero la proximidad de la meta me da un punto extra. Al principio el camino baja fuerte pero después atraviesa a la derecha en una ligera subida que ya había sospechado sobre el mapa. Al cruzar un riachuelo me quedo mirando el agua y no puedo resistir. Me arrodillo con el pie, la rodilla y los morros en el agua. Joder, qué rica. He ido bebiendo todo el rato, pero el agua fresca del riachuelo frente a la recalentada y con gusto del bidón… No hay color. Algo repuesto sigo adelante, salgo a una pequeña pista y de repente veo a un corredor delante. Enseguida reconozco esa mochila naranja. “Así que te tengo, eh?”. De repente tengo una bocanada de aire fresco e incremento la zancada. Me relajo un momento, casi disfrutándolo e intentando correr sin hacer ruido para que no me oiga, nuevamente en “modo lobo” como el otro día en Bastions (Eli, aquesta del llop va per tu ;-) ). Estoy a 20 metros y el tío todavía no se ha girado, cuando me doy cuenta que va con otro. Va a buen ritmo, así que o no está en la carrera o es de la de 67. Alargo la zancada y me concedo esa pequeña satisfacción. “Iep” le digo mientras le adelanto. Creo que no esperaba verme más (yo tampoco, seamos sinceros…). No me quedo a comentar cómo va el Mundial. Sigo pista abajo desbocado, intentando mantener un ritmo que les incite a dejarme marchar, y así de paso, que me deje cuanto antes en la meta, que ya va siendo hora. Voy girando la cabeza y veo que he abierto hueco. Un pequeño repecho hace algo de daño pero sigo a la carrera, intentando no relajarme porque ellos son dos y al final puede que aceleren para jugarse la posición. Se va acercando el campanario de la iglesia, aunque aún queda un tramo de bajada entre el bosque que se me hace largo. De todas formas mi ritmo es bueno y soy consciente de que ya no me cogen. Por fin, salgo a las calles del pueblo, paso junto a mi coche-hotel y llego a la carretera principal. Caminando en sentido contrario viene Sabine (que después de ganar la carrera ya ha tenido tiempo de comer, ducharse y leer el Quijote). “Ale, ale, ale!! Pues sí que llegas en forma!”. Bueno, la verdad es que mi estado actual no es muy representativo de lo que ha sido la carrera. “Está lejos?” Me está volviendo la pereza y tengo ganas de acabar. No mucho, curva derecha, paso justo por debajo, y otra curva a derecha para cruzar el arco. Llego entre gritos de “Venga, venga!!”. Es lo exótico de ser el único elemento extranjero…
Y esta es la historia de esta carrera... Sensaciones positivas y negativas. Quizá el hecho de acabar bien y el de haber mantenido el ritmo a pesar de no tener buen "feeling" me hace mirar el vaso medio lleno. Por otro lado me sirve para ver claramente que en Andorra tengo que salir con cabeza o si no no voy a ningún lado.
Algunos temillas técnicos:
- Mochila: Skin5 de Salomon (había poco material obligatorio y entraba de sobras). Está empezando a abrirse por algunos sitios pero aún le quedan algunas batallas (y muchas que ha librado...). 
- Zapatillas: otra vez las Cascadia. No corren solas, pero nuevamente muy contento con ellas. Las llevé al zapatero porque se les abrió un poco la punta en Bastions. El apaño ha aguantado perfectamente. Algunos tacos de las suelas empiezan a romperse un poco (van 460kms) pero en general aguantan bien.
- Bastones: nueva adquisición. Los Black Diamond de carbono plegables. Yo la verdad es que plegarlos no los plego. Cuando no me hacen falta corro con ellos en la mano y listos. Es la costumbre... Pesan poco, eso sí que se nota.

Ale pues, os dejo! Próximo objetivo: Ronda dels Cims

Besos y abrazos