martes, 23 de abril de 2013

Apuko Ultratrail


Oí hablar por primera vez de esta carrera hace poco más de un mes, durante el fin de semana del Ultratrail de Les Fonts. Óscar, el corredor de quien allí me separaron sólo 2 segundos (después de 15 horas), era el organizador y me dijo que iba a ser una carrera bonita pero muy dura. Los números lo prometían, casi 7000m de desnivel positivo en 84kms (después los relojes del personal dieron algo menos de desnivel, pero más de 6000m sigue siendo una cifra respetable). La zona, los alrededores de Bilbao, una serie de pueblos de los que yo sinceramente no había hablado en mi vida: Zaramillo, Sodupe, Güeñes, Galdames,…
Visualizad los típicos caserío de Euskadi, algún que otro polígono industrial encajado en la montaña y banderas del Athletic a punta pala. Los montes, entre 0 y 1000 metros de altura, combinación de prado verde, bosque espeso y vacas viendo pasar a los corredores y al tiempo.
Ahí tenéis una imagen del recorrido y el perfil de la carrera:
 Salimos a las 6 de la mañana del frontón de Zaramillo. Yo creo que al igual que en la edad media muchos núcleos de población se generaban a partir de las iglesias, en Euskadi los pueblos se han construido a partir de los frontones. Es inconcebible un pueblo sin frontón, aunque tenga tres casas como Zaramillo.

Entre el briefing explicativo y charlas con el personal, la salida me pilla atrás, así que me paso los primeros 200 metros pasando gente por un lado para intentar ponerme más o menos delante. En breve empieza la primera subida, que se prevé dura y me da miedo quedarme enganchado en un atasco de corredores en algún sendero. Afortunadamente vamos trotando por una pista, aunque con bastante pendiente, y cada uno puede correr tranquilamente a su ritmo. Me encuentro a Nerea Martínez, del equipo Salomon, una de las top mundiales en el mundillo del ultratrail, así que ya debo estar bastante delante. Salimos del bosque y veo que delante de mí debe haber unos 15 o 20 frontales, así que me calmo un poco para no forzar de inicio en plan kamikaze, como me pasa a veces. 
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Llegamos a una primera cima, y bajadita por una pala de hierba que a esta hora de la mañana es un tobogán totalmente resbaladizo. Seguimos bajando en flanqueo por el bosque, y voy un poco de culo intentando seguir 2 o 3 tíos que llevo delante. Creo que las primeras bajadas de las carreras son lo que peor se me da, me noto super torpe. Primer avituallamiento (km8,8), aún tengo el desayuno en la garganta, así que pillo un vaso de coca-cola, me llevo un par de trozos de plátano y para adelante. Ahora viene una subida de unos 400 metros de desnivel que en el mapa parecía dura… Efectivamente, después de un par de eses por una pista por la que no me imagino subiendo a ningún tipo de vehículo, el itinerario se mete en un prado y sube absolutamente a saco hasta la cima de la montaña. Va a ser la tónica general de la jornada, si por aquí es más corto para que dar rodeos, esa es la filosofía del trazador de caminos vasco. De todas formas prefiero esto que las bajadas, aquí al menos noto que voy algo mejor respecto al personal, así que recupero algo de terreno respecto al rosario de corredores que veo serpentear delante de mí. A todo esto se ha hecho de día y el sufrimiento de la subida se ve compensado por unas vistas espectaculares de la ría de Bilbao y el fondo del valle envuelto en la niebla. En medio de este entorno espectacular y con la niebla empezando a envolvernos, llegamos a la cima del Ganekogorta, punto más alto del recorrido.
zamaia y gongeda.png
A partir de aquí viene un largo tramo de esos que en un vistazo rápido del perfil llamarías “de bajada”, pero que en realidad está formado por incontables repechos rompepiernas en los que vas acumulando metros de desnivel. Las bajadas son relativamente cómodas, por hierba en la que se corre bien pero hay algún flanqueo embarrado de esos en los que es difícil correr. En algún momento tuve algún amago de llamada de la naturaleza que me trajo malos recuerdos de carreras anteriores, pero afortunadamente conseguí controlarlo a base de comer plátanos como un condenado (6 o 7 en toda la carrera). La bajada definitiva hacia el fondo del valle es espectacular, como un tobogán que acaba sumergiéndose en la niebla. El último tramo hasta el 2 avituallamiento es un camino que llanea bordeando la montaña, por el que intento coger un ritmillo de crucero tranquilo pero sin dormirme, hasta el pueblo de la Quadra (km25,3).
Llevo 3h8’ de carrera… una media de unos 8kms/h, es decir, mucho más rápido de lo que esperaba… ya pincharé, supongo, pero todo esto que tengo de ganado. Cargo plátanos, cargo el camelbak y a seguir. El siguiente tramo es una de esas subidillas que se te pasan por alto cuando miras el perfil y después en carrera te suponen una desagradable sorpresa. De todas formas yo ya venía prevenido y voy trotando por un camino precioso en medio del bosque. Paso a un corredor antes de acabar esta breve subida y a otro al poco de empezar la bajada, así que llego al inicio de la subida más larga de la prueba con la moral alta.
Vienen ahora unos 800 metros de desnivel positivo que llevan del fondo del valle al monte Eretza. “Ahora viene lo duro”, me advierten los del control de paso de abajo… Pues nada a por ello. Cojo un ritmillo de trote por una pista empinada que con la ayuda de los palos hago sorprendentemente cómodo. Al poco veo a otro corredor delante y otro más allá, los dos van peor que yo así que, no sin cierta crueldad, me animo y voy incrementando el ritmo. La pista se pone en rampas del 30% o más por las que ya no hay huevos de trotar, pero aun caminando voy ágil. Aparece otro corredor delante, será el quinto que paso en este tramo… me animo, voy genial de fuerzas y de ánimo. Llego a un pequeño rellano y cojo una pista, aparece el corredor un sexto y un séptimo corredor (ya les he empezado a colgar etiquetas mentalmente), van picados entre ellos pero llevo más ritmo y les cojo justo al llegar a un cortafuegos por el que discurre la última parte de la subida al pico. 
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Este tramo es espectacular, es una franja de unos 50 metros de ancho que sube recto hacia la cima entre medio del bosque más frondoso que he visto nunca. Miras hacia los árboles y no se ven más de 3 o 4 metros hacia el interior antes de encontrarte con un tronco. Eso si miras a los lados, si miras delante ves una subida de cojones que es lo que te espera. Afortunadamente veo también las etiquetas 8, 9, 10 , 11 y hasta la 12 llegando a la cima. De todas formas estas no van a salir tan baratas. Llego arriba a poco de alcanzar a la etiqueta 8 (también bautizado por mí como “el hombre de lila”). Pero ahí llega la bajada y se acaba mi terreno, suficiente con que no me pase nadie. Aprovecho para recuperar un poco las pulsaciones y disfrutar del paisaje hasta el siguiente avituallamiento, Sodupe (km38).
En el avituallamiento me dicen que voy el 12… la verdad es que yo pensaba que habiendo ganado 7 posiciones estaría ya entre los 10 primeros pero bueno, a seguir currándomelo… Con la ayuda de mis padres (aunque nos falta mucho para emular a RedBull cambiando neumáticos) consigo agilizar bastante el paso por los avituallamientos. Salgo a por el siguiente tramo, la subida al monte Lújar. La primera parte discurre junto a un río con unas pozas espectaculares, creo que el tramo que más me ha gustado. Es un placer correr por aquí, uno de esos tramos que te recuerdan lo bonito que es correr por el monte. Además llevo un ritmo relativamente digno y por un terreno bastante rompepiernas y con mucha madera caída, alcanzo a otro corredor. Llegando a la cima me dicen que llevo a poca distancia a un grupo de 4 o 5. Joder, sería genial poder llegar, pero solo veo al que va décimo (“el hombre de verde”) y entonces llega la bajada y ahí se acaban mis esperanzas de poder juntarme con nadie, habrá que esperar a la siguiente subida. Llego a Güeñes, 4º avituallamiento (km48), llevo 6 horas y poco, el ritmo es genial, a ver si aguanto. Cargo un poco más el buche, miniplato de macarrones (la mitad por el suelo y la otra mitad en el dorsal, debido a la falta de sincronización con mi madre, que me rellena el camelbak con isostar…), chocolate, y más plátanos.
Aquí se retira un tipo, así que salgo el décimo. El siguiente tramo me recibe con una “agradable” subida hormigonada por las que imagino que bajarán los coches haciendo rappel. Paso al “hombre de verde”, con el que me había encontrado el año pasado en Cavalls del Vent saliendo del Refugi de Prat d’Aguilo, en el momento más chungo de la carrera (creo que se llama Aitor). Sigo hacia arriba con algo menos de alegría en las piernas que hace un rato. Intento distraerme con cosas varias a cual más estúpida, como calcular si voy más rápido caminando o trotando. Para ello trato de contar simultáneamente los segundos y el número de palos que sobrepaso de la valla que bordea el camino. Evidentemente fracaso, pero al menos me entretengo un rato. Qué por qué no usaba el reloj? No preguntéis… La subida va suavizando y acaba por lo alto de una loma que se va acercando hacia unas antenas después de un par de toboganes. Vuelvo a ver al “hombre de lila” unos 400 metros delante, pero vuelve a llegar la bajada y me toca despedirme de él. Mantengo un ritmo todavía digno hasta San Pedro, donde me reciben un grupo de músicos tocando un aurresku (no tengo ni idea de si se escribe así, pero es esa música que tocan con flautas en la que un tipo con boina y un pañuelo rojo al cuello se pone a bailar dando saltitos y picando con las plantas de los pies entre sí, yo evidentemente no lo hice…). Quinto avituallamiento (km59), más plátanos, más coca-cola y a seguir.
Salgo animado por la gente del pueblo, lo cual me da moral para unos 2kms. La subida va interrumpiéndose por pequeñas bajadas dónde vas perdiendo desesperantemente lo que habías ganado. La ruta sale a la parte superior de la montaña en una zona kárstica con unos hoyos espectaculares que bajan directos al infierno. Vuelve a aparecer el “hombre de lila”, me lleva unos 3 minutos, llevamos igual desde hace 30kms, me siento como esos cerdos de carreras que persiguen zanahorias… Llego a un tramo de pista que llanea, en teoría aquí tocaría trotar… bufff, de repente noto que se enciende la luz de la reserva. El pajarón revolotea a mi alrededor…o echo mano de los geles o me quedo tieso. Este es el cuarto y mi estómago empieza a declararse en huelga. Repito el consabido proceso, sacar el gel de la mochila, evito su mirada desafiante, abro la rosca, vierto parte del contenido en mi boca sin pensar, intento controlar la arcada mientras “disfruto” del gusto a limón sintético, trago y bebo agua con regusto a isostar, no mucho más agradable. Afortunadamente recupero una barrita de energía y puedo acabar la subida por un duro repecho. Unos tipos me dicen que solo queda “bajada con algún falso llano” hasta el avituallamiento. Efectivamente, un llano totalmente falso, un repecho durísimo de unos 100 metros donde veo de nuevo al hombre de lila, antes de lanzarte por un sendero flanqueante y pistas de madera hacia el fondo del valle. Sexto avituallamiento (km74).
zamaia y gongeda.pngBueno ya queda menos (esto va también para el eventual lector de este rollo). Salgo con unas 9h30 de carrera. Queda un tramo duro, la subida al monte Apuko (en la foto) pero veo posible bajar de 11h. He ganado una posición porque se retira un tipo en este control, así que de momento octavo. Recorro un tramo llano y bonito entre el bosque, parece que he recuperado energías. Después de unos 4kms de subida bastante llevadera, el sendero se pone de cara a la pendiente y sube de frente y sin medias tintas hacia un collado. Un poco antes de llegar veo a mi madre que me está esperando y se pone a tirar a un ritmo que casi ni la sigo. En el collado hay gente animando, cosa que me da fuerzas para afrontar lo que viene. Una pala de hierba tremenda, yo creo que sus 40-45º debía tener, que a mí me parece casi vertical. Palos, gemelos, riñones y para arriba. Llego a la cima del monte Apuko con 10h10 de carrera,  y quedan 4kms. No veo al hombre de lila por delante, no veo a nadie por detrás y no debería haber problema así que desconecto con la tranquilidad del objetivo cumplido… Grave error.
La bajada me reserva algún pequeño regalito en forma de repecho. Voy bajando de forma cada vez más torpe y sin nada de chispa hasta llegar a una pista que va a bordear a la derecha hasta cerca de Zaramillo. Ya lo había visto en el mapa, y me lo advirtió ayer Óscar. La carrera no ha acabado, el camino llanea al principio para ir picando para arriba cada vez más. No es una gran cuesta pero yo ya voy vacío y empiezo a tener sensación de globo. Me pongo a caminar con una cierta sensación de mareo, también por el calor. Vaya agonía, veo el dichoso frontón allá abajo pero no se acerca. Afortunadamente la subida no es muy larga, pero mi ritmo es lamentable. Por fin llego a una pista que baja a saco hacia la izquierda y dejo que la gravedad haga el trabajo para el que fue inventada. Tengo que estar ya en el último kilómetro… Desvío a la izquierda por un senderillo, se oye el ruido de la llegada pero no la veo en medio del bosque. De repente pasa lo inevitable, oigo unos pasos rápidos detrás de mí y al girarme veo un corredor desbocado cual buitre abalanzándose sobre su presa. “Tranquilo que te dejo pasar” le digo, en parte para evitar un trompazo absurdo de cualquiera de los dos, en parte porque me parece antinatural esprintar en una carrera como esta. Me resigno a perder la posición mientras entramos en el pueblo y la desilusión se ve rápidamente sustituida por la alegría de ese momento tan personal e intenso como es la llegada de un ultratrail. 

Choco la mano con Oscar, que espera a todos los participantes. Un crack y un pedazo de carrera que recomiendo a todo aquel al que le gusten estas historias. Recupero el aliento y ya sin rastro del pajarón de hace 5 minutos le cuento mis penas a una chica que va entrevistando a todo el que llega. Al final han sido 10h54’ para llegar en 9ª posición. Una media de 7,7kms/h que no me esperaba para nada antes de la carrera. También es cierto que los demás han corrido más de lo que yo esperaba, jejeje… En la meta descubro que el “hombre de lila” (que ni siquiera iba de lila) es Jose Vicente Benito, un crack que el año pasado hizo tercero en el Grand Rayd des Pyrenees. Haber estado tan cerca de él me da un subidón de moral. Me cuenta que está preparando la Ronda dels Cims en Andorra, así que nos veremos también por allá.
 
Como sorpresa final, resulta que cronometraban por separado la subida al Monte Ereza y hacen una especie de “Premio kilómetro vertical” entre todos los corredores. Resulta que he quedado segundo! De hecho sólo me ha ganado un chico que debía ir especialmente a hacer eso porque después ha quedado el 100 y pico en la general. Que subidón! Subimos al podio con Zigor Alberdi (1º) y Gaizka Barañano (3º), el chico que ha ganado el ultra y que se ha cascado un carrerón espectacular.


 Pues esto ha sido todo. Espero que alguien haya llegado hasta aquí, jejeje. Con la moral alta para los próximos compromisos me despido hasta nuevas aventurillas.

Besos y abrazos


jueves, 18 de abril de 2013

Trail Running Raimat



Caray, esta semana crónica por partida doble, le estoy cogiendo el gustillo a esto…

Vaya por delante que cuando escribo esto estamos a domingo por la tarde, la carrera que voy a explicar ha sido esta mañana, pero que probablemente cuelgue esto algún día indeterminado de la semana, para ver si puedo añadir alguna fotillo de las que pongan en la web de la carrera y darle un poco de colorido a mi insoportable rollo.

Puesto el tema en contexto, de qué va el asunto? De la “Trail Running Raimat”, segunda prueba de las Lleida Trail Series (queda super “pro”, si o no?), organizada por el gimnasio Ekke, que para poner en contexto al lector no local en pocas palabras, es como el DIR de Lleida. La primera prueba de esta serie de carreras fue la nocturna de Montoliu, que se disputó la semana antes de la histórica fecha de nacimiento de este blog. Al que conozca los conceptos “Lleida” y “Trail Running” le parecerá sorprendente asociar este terreno con las carreras de montaña. Lo cierto es que ante la falta de desniveles importantes, lo que busca la organización es crear recorridos rompepiernas por los “tossals” que abundan por el Pla de Lleida, aprovechando trialeras de BTT y senderos entre campos y pequeños bosquecillos. La verdad es desde mi punto de vista los recorridos de este tipo que he conocido hasta ahora están muy logrados y le sacan todo el jugo al terreno del que disponemos cerca de Lleida.

Hecha esta introducción, volvamos a esta mañana… Cuando me levanto me vienen a la mente, a través de las piernas, los 42kms de la tirada de ayer. Estoy algo pesimista. Después del tercer puesto en la Nocturna de Montoliu me haría gracia poder mantener un poco el tipo, pero después del entreno de ayer, me empiezan a coger remordimientos de sobreactividad. Afortunadamente en el calentamiento se me sueltan las piernas y desaparece un poco la pesadez, así que me quedo sin excusas ante una eventual mala actuación.

Y salimos…100 metros tranquilos en los que la gente sale tranquila hasta que se desatan las hostilidades por parte de un chico del Ekke (no recuerdo su nombre, pero sí haberlo visto delante de mí con telescopio en la Media Maratón de Lleida) y Alberto, un chico de Monzón que ganó el año pasado la Trenkakames de Rosselló (3ª carrera de la serie, 5 de mayo), dos de los que preveía tener difícil seguir hoy. Joel (presente ya en anteriores capítulos, véase Ultra Les Fonts) sale detrás de ellos y yo me quedo un poco a verlas venir. Primer repecho por senderillo, la cosa parece que se aclara. Alberto y Joel tiran para delante y yo me quedo tercero unos metros detrás. Comparo los decibelios de mi respiración con los de las que oigo a mi alrededor y estimo que mi objetivo realista hoy es intentar quedar tercero. Intento coger un ritmo de crucero asumible.
El recorrido es bastante ameno, repechos por sendero, toboganes técnicos cortos, no más de 30-40 metros, pistas rodeando campos de viñas (no olvidemos que estamos en Raimat, tierra de vinos)… El segundo y tercer kilómetro tienden más o menos a bajar, ahí me quedo solo en tercera posición, los de atrás parece que se quedan y Alberto y Joel, al contrario de lo que me temía, no se alejan y los mantengo a unos 20 metros. En una de estas empieza a dar el viento de cara y aprovecho una bajadita para apretar un pelín y pegarme a ellos para no comerme el viento solo. Me animo, después del calentón del principio he cogido el ritmo de respiración y voy relativamente cómodo con ellos (sensación extraña, tanto lo de ir cómodo como lo de ir con los primeros…). Llegamos a un repecho algo más largo (unos 200 metros, tampoco hay que pasarse) sobre el km 4 o 5. Cojo el senderillo primero y cuando llego arriba veo que me he despegado algo de ellos. De algún rincón en las profundidades de mi cerebro sale una pequeña vena valiente que me lleva a tirar para adelante. Bajadita técnica y un par de quiebros entre arbustos que me hacen ver uno de los inconvenientes de ir primero: nadie mira las marcas por ti así que tienes que estar al loro para no perder el camino!

Intento adoptar un ritmo de crucero buscando un equilibrio entre forzar un poco al personal y no jugarme un “all in” para tener capacidad de respuesta en el previsible caso de que me cojan. Afortunadamente las piernas van bastante bien, la respiración pasable y mi principal problema es el incómodo deseo del salchichón del desayuno por salir a flote a través de mi garganta. Voy echando miradas de reojo y veo que la cosa se pone en que Joel se queda segundo a unos 20 metros y Alberto el tercero y perdiendo algo de terreno. Poco a poco el tema empieza a ser cosa de dos, en las subidas parece que yo voy un poco mejor, en el llano vamos igual y en las bajadas me recupera algo. Total que como duran más las subidas que las bajadas acabo sacando algo de distancia (otro día discutiremos si este argumento es físicamente correcto…no estoy seguro…). De esta forma llegamos a un bosquecillo a dos kilómetros de la meta donde el recorrido discurre casi sin camino y en algún momento estoy a punto de perder las marcas. Entre medio de todas mis pulsaciones, que ahora son muchas, saco algo de concentración y consigo llegar a una bajadita que lleva ya al pueblo. Cruzamos un puente metálico, me giro y veo a Joel 20 metros detrás.
Kike, el chico de la organización que nos va siguiendo con la bici, está esperando a la entrada del pueblo. Le grito para ver cuánto queda, que no haya ningún rodeo trampa… Me dice que 800 metros así que apretó a tope, no puede ser tanto remar para morir en la orilla… Curva derecha y última recta, sprint en bajada, rotonda, me giro…menos mal, hay margen y el último trozo en subida me lo puedo tomar con un poco más de filosofía. No recuerdo la última vez que llegué primero en una carrera… puede que fuese en un 600 que hice en Reus hace 14 años…


Besos y abrazos 

P.D: alguna fotillo más en: http://www.trailrunninglleida.com/p/trail-running-raimat_5.html

sábado, 13 de abril de 2013

Desafío Ultra Lleida (12/4/2013)

Ultra Lleida es una tienda de material de atletismo y carreras de montaña que está pisando fuerte a nivel de Lleida, en medio de la dinámica de enloquecimiento general que está embargando a la sociedad (o buena parte de ella) entorno al running. Dani Delgado es el que dirige el cotarro (Dani si entras por aquí seguro que puedes mejorar la descripción, jejeje). Total, que se ha formado un grupillo interesante de gente aficionada, se montan salidas nocturnas por caminos de la zona y actividades como la de hoy: el Desafio Ultra Lleida.

El reto consistía en recorrer unos 107kms por el Montsec, que para los que no lo conocéis es una sierra que queda a unos 50kms al norte de Lleida, que para los que no la conocéis...ahora me iba a marcar un farol de blogger internacional... imagino que todo el que llegue aqui sabe donde está Lleida.
La salida era en Áger y la ruta describía una especie de "ocho" subiendo a los dos picos principales de la sierra. En total salían unos 5300 metros de desnivel positivo. Vaya por delante que yo no he hecho todo el recorrido. Mis excusas? Que la semana que viene toca carrera dura (Apuko Ultratrail, Vizcaya, espero contarlo la semana que viene) y además mañana voy a Raimat a otra carrera que es corta pero en la que me gustaría hacer algo más que arrastrarme. Así que sí, me he rajado y he hecho solo la primera parte. Aun así han salido unos 42kms, a un ritmo bastante llevadero pero que con el calor que empieza a apretar se acababa haciendo pesadillo. Un entreno divertido, con un grupo animado, buenos avituallamientos y descubriendo nuevos caminos por sitios impresionantes. Ahí os dejo unas fotillos:

Salida a las 6:00 de la mañana:
Embalse de Canyelles:

Congost de Mont-Rebei:
 Pasarela colgante (por ahí no pasábamos...)
Más imágenes del Congost:

Y vista del Pirineo (con nieve para regalar) desde el Coll d'Ares:
En el Coll d'Ares con Ruben y Carles, dos cracks!
Y la última, Carles bajando hacia Àger, llegando a la Ermita de Pedra:
Eso es todo por hoy! A ver qué tal va mañana la carrera!

Besos y abrazos




miércoles, 10 de abril de 2013

Nuevos descubrimientos en el mundo de la orientación (6-7 de Abril de 2013)

Después de un par de semanillas sin el gusanillo competitivo, aunque entrenando por sitios muy guapos (a ver si un día de estos recopilo fotos y hablo de alguna rutilla chula cerca de Barcelona...), el fin de semana pasado hubo "competi" de orientación por partida doble.

Sábado 6 de abril:
Jornada de Copa Barcelona en el Canal Olímpic de Castelldefels. Bastante descafeinado la verdad, poca gente, pero me sirvió para descubrir dos nuevas modalidades de este deporte:
- Microorientación: 2 circuitos muy cortos, entre 3 y 5 minutos, en un bosquecillo donde las balizas están muy juntas. Además le añadieron una dificultad al tema: normalmente las balizas tienen un número que a tí te sale también en la leyenda del mapa de forma que cuando llegas a la baliza puedes comprobar que es la correcta. Aquí la leyenda no tenía el número con lo cual uno tenía que acertar la baliza únicamente con la información del mapa. Eso, cuando tienes una baliza en un arbol y otra en el de al lado complica mucho el asunto y al final tienes más dudas que Hamlet rellenando la BonoLoto. Tanto es así que en el primer circuito la cagué, así que en el segundo me lo tomé con más calma para no redondear la mañana con un segundo fiasco que me dejase sin puntos para la clasificación general.
Ahí teneis un ejemplo, el mapa del primer circuito:
Alguna fotillo del lugar:
Y un ejemplo de baliza para los peques:
-Trail-O: vendría a ser una modalidad de orientación adaptada para minusválidos. Dado que alguien con silla de ruedas no puede meterse por la tierra entre los árboles, el tema funciona de la siguiente manera. El mapa del circuito de Trail-O tiene marcados una serie de "Puntos de Vista" a los que se puede acceder por un camino asfaltado. Desde ahí se ven varias balizas (tres en este caso) de las cuales una o ninguna, se corresponde con la ubicación que hay marcada en el mapa y la descripción de la leyenda. En el punto de vista hay 4 sensores, de forma que el orientador ha de fichar en uno de los tres primeros según si cuál crea que es la baliza correcta, contando de izquierda a derecha entre las que ve, o en el cuarto si considera que ninguna de las tres es la que sale en el mapa. A ver si se entiende algo con esta foto (las balizas están en los dos árboles y entre medio):
 Así que nada, al ser fuera de Barcelona había menos ambientillo, pero no te acostarás sin saber otra cosa más.


Domingo 7 de abril: Carrera de Copa Catalana - Larga Distancia (Capolat, Berguedà)


Prueba de Copa Catalana de larga distancia, lo que quiere decir que el recorrido de cada categoría se diseña para que el tiempo del ganador esté sobre 1 hora o poco más, y que si la empiezas a liar te vayas a más de 2 horas fácilmente.
El lugar de la competición fue un gran descubrimiento. Tal como llegas a Berga desde Barcelona, se desvía uno a la izquierda por la carretera de Avià y pasado este pueblo sale un desvío a la derecha en dirección a Capolat. Una señal de “Pendiente al 16%” da la bienvenida a un tramo de carretera estrecha y hormigonada que se convierte en un puertecillo de unos 3 kilómetros durísimos que hay que probar algún día con la bici. 

Buenas vistas hacia el sur…
 
 Y mejores al llegar arriba:
Pero la cosa iba de orientación… Empieza la carrera, es lineal, lo que quiere decir que has de pasar por una serie de balizas en un orden preestablecido. Me encuentro con el siguiente mapa:
 


A grandes rasgos, las líneas discontinuas son caminos de diferente importancia, las líneas gruesas cortados, los puntos negros rocas y los colores del fondo son diferentes tipos de terreno. El naranja es campo abierto con poca vegetación, menos cuanto más oscuro. El blanco y los diferentes verdes son bosque con diferente grado de penetrabilidad. En este caso, marranos, la penetrabilidad viene a indicar lo difícil que es avanzar por entre los árboles. El rango va desde el blanco que es bosque limpio por el que se puede correr bien hasta donde te permitan los pulmones, hasta el verde oscuro, donde a no ser que seas un faquir inmune a los arañazos o te vayas comiendo las zarzas a bocados, es físicamente imposible avanzar.
La cosa empezó regular (en boli marqué más o menos el recorrido que seguí). Después de tanto tiempo sin enfrentarme a un mapa más o menos complicado me trago la 1 por el este, hasta un cortado donde me reubico y la encuentro. Sigo por la curva de nivel hasta la 2, donde hay un laberinto de zonas verdes (bosquecillos) donde opto por dar vueltas en modo “random” (anti-orientación) hasta que me topo con la baliza. Fáciles la 3 y la 4 y cruzo un collado y bajo hasta la 5, con algo de lío entre diversos cortados.
De la 5 a la 6 viene un desplazamiento largo. En estas situaciones hay dos tendencias a nivel táctico. El buen orientador va recto siguiendo el rumbo con la brújula y es capaz de identificar cualquier rasgo de vegetación o relieve que sale en el mapa, con lo cual acaba saliendo en el otro extremo, más o menos donde estaba previsto. Los cobardes a la que encontramos un camino lo cogemos y corremos, pues eso, como cobardes. Das más vuelta pero es más seguro, y eso es a lo que tiendo yo.
La 7 está cerca y es fácil, igual que la 8. La 9 implica algo más de campo a través, pero guiándome por los caminos la encuentro bien. La 10 plantea dudas a nivel de elección de itinerario… al final decido ir más directo, pero eso implica encontrarse con una zona verde oscuro que te espera con las fauces abiertas. Al final con un pequeño rodeo me planto en una meseta con pocas referencias y me encuentro con una chica que esta buscando la misma baliza que yo. Un poco de movimiento “random” y objetivo cumplido.
Entre caminos y bordes de campos la 11 se consigue fácil. La 12 queda al lado y también se encuentra bien y acto seguido me lanzo en bajada hacia la zona de la 13. A la que me embalo pierdo referencias con lo cual me tengo que parar a pensar y pierdo el tiempo que había ganado corriendo, siempre me pasa lo mismo… En principio la 14 y la 15 están pegadas y deberían salir fácil pero empiezo a estar torpe y consigo desorientarme hasta en trayectos de poco más de 100 metros.
Ya se acaba esto, voy hacia la 16. Está indicada en una especie de zanja en medio del bosque. Parece haber pocas referencias, tiene pinta de difícil. Llego a una curva del camino e intento ir hacia el suroeste… Llevo caminando más de la cuenta… llego al camino de arriba… me la he pasado. Intento coger una referencia en el camino pero es casi recto y es difícil identificar dónde estás. Vuelvo hacia abajo… nada, no identifico ni los blancos, ni los verdes, ni los naranjas… todo me parece igual. Después de repetir la secuencia 2 o 3 veces encuentro la dichosa zanja escondida entre unos arbustos, y la baliza escondida dentro de la zanja. He perdido 15 minutos, adiós a la carrera.
Por vergüenza torera, esprinto subiendo por el camino y voy hacia la 17, que está en un árbol bastante fácil. De ahí ya hacia la meta pasando por la última baliza, conocida también como “la 200”, porque es el código que lleva. Dentro de mi ofuscación salgo a la izquierda y veo la meta pero no la baliza. La 200 nunca tiene ningún tipo de dificultad, equivocarse en ella es como olvidarse de poner el nombre en un examen. Aun así yo he salido un poco al este y no la veo, así que disimulando me meto en el bosque otra vez para evitar el ridículo y pensar un poco. La encuentro detrás de unos arbustos y voy hacia la meta con el rabo entre las piernas…
Al final podría haber sido peor, quedo décimo de unos 30 o así. Lástima porque mirando los tiempos parciales veo que hasta la debacle de la 16 iba el tercero. Bueno, otro día será. Ha sido divertido y hemos pasado la mañana en un sitio majo.
Ahí va una fotillo de “la 200”
De la meta:
Y de una baliza un poco cabrona que por suerte no me tocó a mí…
El próximo fin de semana un poco más de trail. Se acercan las competiciones importantes!

Besos y abrazos