martes, 3 de marzo de 2015

Cronicas desde Villa O'Higgins

(con algo de desfase por falta de conexión en condiciones pero bueno...)

Muy buenas,

Si buscáis en la enciclopedia dónde Cristo perdió el gorro, probablemente llegaréis a este lugar. He aquí un pueblecito del sur de Chile perdido entre lagos y fiordos de la Patagonia. Aparte de los pueblos autóctonos que vivían en modo cazadores-recolectores hasta tiempos muy recientes, los primeros colonos llegaron por aquí a inicios del siglo XX, imagino que buscando más terrenos para poner a pastar a las vacas y propiciar la actual fama (merecida) de la excelente carne que se produce en esta zona del mundo. Hasta el 1999 no llegó la carretera hasta aquí. Antes, solamente a caballo o en barco por el lago que queda unos cuantos kilómetros hacia el sur. Este es el final de la mítica carretera austral chilena, que en el último tramo es una pista de tierra que pasa por unos paisajes de auténtico escándalo. Voy a explicaros un poco cómo he llegado hasta aquí. Prometo poner fotos para lubrificar un poco el texto...

16 de febrero:
El día después de la carrera me levanté razonablemente bien. No habiendo podido cenar por tener el estómago aún agitado, el hambre funcionó como un despertador demoledor y me levanté dispuesto a comerme tres vacas enteras. Me mentalicé y al mediodía fui a un buffet chino de esos en los que prima la cantidad muy por encima de la calidad. Me senté tranquilamente, tanteé el estómago y arrasé con todo. Fui hacia la llegada en busca de un césped donde disfrutar de una siesta recuperadora y allí me encontré a Pancho y Gustavo, los ecuatorianos compañeros de podium. Como se tenían que ir al día siguiente por la mañana, se avanzó la entrega de premios e hicimos algo un poco improvisado. Por si mi mochila no pesaba, me llevé una placa de madera que he ido arrastrando por toda la Patagonia. Afortunadamente no fue el arco de roca del año pasado en Le Treg (que un día estuvo a punto de matarme al caer sobre mi cabeza mientras limpiaba un mueble en mi casa...). La tarde de chill out acabó con un buen equipo Argentina-Ecuador-España (se nos unió Andrés), una cena a base de bife de chorizo y unas cervezas en una terraza mientras sonaba el carnaval por la calle. Se me pusieron los dientes largos escuchando todas las aventuras en los raids de aventura de mis experimentados compañeros de mesa. Un rato muy agradable.

17 de febrero:
Después de casi una semana en Villa La Angostura, era momento de partir. Objetivo: el sur. Me puse a hacer dedo (autostop no se usa aquí en Sudamérica) a la salida del pueblo. Imaginé que con la de coches que pasaban rumbo a Bariloche (la capital turística de la región) alguien me llevaría. Error, la verdad que este primer intento fue bastante fracaso y después de una hora y pico pasó un autobus y me subí. Aun así el rato fue interesante porque estuve charlando con Felipe, un español de Santo Domingo de Silos (Burgos) con más batallas en su haber que toda la provincia junta. Si a eso le añadís que hablaba como si lo fueran a prohibir, podéis imaginar que el rato fue entretenido. Ya metido en la dinámica del autobús, conecté directamente con otro que iba a El Bolsón. Este pueblo de nombre señoranillesco, es probablemente la capital hippie-alternativa de Argentina. Mercadillos, artesanías, rastas, reggae y vida que avanza al ralentí, en un ambiente interesante del que aún disfrutas más en caso de ir acompañado. Aquí empecé a darme cuenta de la subida de precios a medida que uno avanza hacia el sur. Puede que una vez Argentina y Chile fuesen destinos baratos. Bueno, eso se acabó, los precios ya son como en España y según como peor... Y al sur aún más, así que va a tocar acampar y cocinar a tutiplen.



18 de febrero:
Como las piernas habían recuperado bien, me fui a hacer una excursión que recomendaba un libro de trekkings que tengo. Una caminata sencilla en dirección al Refugio del Hielo Azul. No llegué hasta arriba pero tuve unas vistas bastante majas. Un buen paseo para retantear las piernas y vuelta para el camping a disfrutar de una ducha por solidaridad con mis compañeros del bus que quería tomar por la tarde. En el camping conocí a Gringo y Luciel, padre e hijo, compañeros de la tienda de al lado. Me invitaron a una cocido riquísimo que me supo a gloria y disfruté de un rato de charla interesante con dos personas super agradables. Tanto que estuve a punto de perder el autobús que me tenía que llevar hacia el sur. Finalmente se alinearon los planetas y llegué a tiempo (gracias en parte al retraso de rigor en la salida del autobus). De esa forma pude recorrer otros ciento y pico kilómetros a través del Parque Nacional de los Alerces, una zona de bosques y lagos preciosa. Acabé llegando a Villa Futaleufquen, a orillas del Lago Futaleufquen, que aparte de tener un nombre complicado es una de estas enormes masas de agua entre montaña que le dan a la zona una aire a fiordos noruegos o neozelandeses.


19 de febrero:
Por la mañana me levanté a una hora razonable para ir a caminar. Al estar en un parque nacional te tienes que ir a registrar a la oficina del parque y decir qué es lo que piensas hacer. Puede que a nivel de filosofía general se asocie Sudamérica con un estilo más flexible y relajado, pero os aseguro que cuando se trata de planificar o regular actividades en montaña, te encuentras con muros germánicos a prueba de bombas. Mi idea era caminar un par de horas en dirección a un pico que domina el lago y volverme. El horario oficial de la ruta hasta arriba y volver era de 7 horas, así que el tío me dijo que no podía ir. ¿Qué problema hay en volverme antes de llegar arriba? En fin... al final le convencí. Y de hecho acabé llegando a lo alto en las dos horas y disfrutando de unas vistas bien majas desde la cima del camino. De vuelta al camping recogí los bártulos y en vistas de que solo había un bus a las 8 de la tarde, decidí dar otra oportunidad al autostop. Esta vez funcionó mejor y fui avanzando, primero con dos profesoras de Trevelin, después con dos malabaristas chilenos en el remolque de una pick-up, con otros dos chilenos y un constructor de la zona y por último en un Renault... 5?... No sé, una pieza de museo si no fuese porque su interior era un auténtico vertedero. El conductor iba a juego con el cuadro. Así llegué a un kilómetro de la frontera con Chile y crucé a pie mientras dos franceses discutían con los guardias porque no les dejaban cruzar el coche. Al entrar a Chile me dijeron que no podía cruzar el embutido que llevaba. Perfecto, una excusa genial para pegarme una merendola y saciar en parte el hambre crónico que arrastro desde después de la carrera. Después de la evolución del día mi objetivo era llegar a Futaleufú, una especie de meca del rafting en Chile. Los 10km me tocó hacerlos a patita hasta que un tipo en una furgoneta se apiadó de mi espalda oprimida por una pesada mochila y me ahorró los últimos 3km. Fui a parar a un camping donde me encontré a un grupo de chilenos que estaban asando un cordero que habían comprado vivo por la mañana. Me costó poco unirme y pasar una velada de lo más agradable.







20 de febrero:
El camping resultó tener la mayor concentración del mundo de tijeretas. Se metieron por todos los rincones de mi mochila y las he ido esparciendo por toda la Patagonia, espero que sin causar un desastre ecológico. Se presentó la oportunidad de tomar un bus hasta Coyahaique y avanzar unos 400km del tirón. En vistas de que no había lugares que me interesasen mucho por el camino, aproveché la ocasión sin dudarlo. Compartí el viaje con Rodrigo y Tamara, músico y historiadora de arte, de Santiago. También con una señora de oratoria fácil que volvía a Coyhaique después de 25 años. Muy interesante, un pozo de ciencia en asuntos de la zona. El viaje no tuvo más historia, aparte de las 11 horas de viaje y del retraso, que nos dejó en Coyhaique pasada la media noche. Coyhaique es la gran ciudad de esta zona de la Patagonia chilena. 70000 habitantes, no os imaginéis París. Aún así, no el lugar más apetecible para llegar pasada la media noche y menos cuando llueve y no tienes reserva en ningún hostal. Y menos aún para darte cuenta, cuando te faltan dos calles para llegar a la dirección que había encontrado en la guía, que has perdido el monedero. Fue un momento crítico. Llegué a la dirección que buscaba y el hostal no existía. Es lo que tiene aprovechar la guía del 2006. En medio de mi desesperación volví a un hotel que acababa de ver y llamé al timbre. Con cara de crisis le expliqué mi situación al tipo, que se portó muy bien y me dejó dejar las cosas. Me fui pitando deshaciendo el camino hasta el bus mientras el llamaba a la compañía. No encontré nada por la acera y llegué al bus justo cuando salía el conductor del mismo con la cartera en la mano. Momento "uff..." con unas 28 efes... Con el corazón en la boca volví al hotel le di mil gracias al tío y me quedé allá, aunque los casi 30 euros se saliesen del presupuesto para alojamiento. Al menos disfruté de buena cama y buena ducha.

21 de febrero:
Tras el susto de la noche anterior, me tomé la mañana con calma. Objetivos: encontrar internet, cambiar dinero, comprar comida... Resolví el tema por la mañana y tras comer un plato de pescado en un restaurante para descansar un poco de la dinámica carnívora, me fui a la salida del pueblo a hacer dedo. Una hora después paró una pickup y sin preguntarme dónde iba me dijo que me subiera. En el remolque ya habían tres chicos chilenos con los que estuvimos charlando un rato de futbol, una situación curiosa. A unos 30kms el coche se paró y nos bajamos todos. El hombre me dijo que a 5km estaba el desvío hacia Cerro Castillo, mi objetivo del día. Pues nada, a caminar. Un kilómetro más tarde me cansé y me paré a esperar que me llevase alguien. Ese alguien llegó, una pareja que iban al aeropuerto. Me dejaron en el cruce, donde ya habían dos grupos esperando, dos parejas, una con perro y otra sin perro. Casualidades de la vida, pasó un coche que solo tenía una plaza libre así que pasé delante de la cola. Una familia que iban a Cerro Castillo, la mar de simpáticos. Paramos a hacer fotos, me invitaron a huevos con pan y estuvimos charlando un buen rato. Ya instalado en el camping me di un paseo por el pueblo y acabé en unas pinturas rupestres con un montón de manos pintadas en la pared, El guía era más bien justito pero un toque cultural interesante para acabar el día. En el camping me encontré que en la cocina estaban preparando un mega asado para un grupo de un tour de estos de full-equipe (y full price también...). Y yo cocinando unos spaguettis con el poco de salsa de tomate que quedaba y frankfurts marca blanca crudos. En esas circunstancias conocí a Carlo, un italiano de Brescia que miraba horrorizado mi plato. El dueño del camping, un tipo muy simpático, nos trajo un plato de carne del día anterior que calentamos y devoramos como posesos. Agazapados en un rincón de la cocina, esperamos nuestra oportunidad... Y se presentó. Se dejaron la mitad del asado. Nos avalanzamos sobre la bandeja de carne junto con una pareja de chilenos, Nicolás y Jaqueline, mientras otro chileno rebañaba las ensaladas (el hombre era vegetariano... qué pecado). Nos dio para hacer bocatas para el día siguiente.






22 de febrero:
Salí a las 8 de la mañana rumbo al monte para caminar. El tiempo espectacular. Cerro Castillo todo despejado, unas nubecillas por la mañana para suavizar un poco la subida y sol más tarde para mostrar la montaña en todo su esplendor. Ligero de equipaje, me dio para darle la vuelta y verla por otro lado y volver al pueblo tras 8 horas de caminata espectacular. Me duché recogí y me fui a probar suerte a la carretera. El panorama no era muy prometedor. 15 o 20 personas en diferentes grupos dispersadas a lo largo de una recta. Durante las siguientes dos horas y media nadie consiguió salir hacia el sur. Un chico dijo que llevaba desde las 11 y media de la mañana... Además corría el rumor de que los autobuses que venían de Coyhaique estarían probablemente llenos... ¿Cómo salimos de aquí?
Inciso sobre el autostop: supongo que igual que hay colgados como un servidor que hacen tesis sobre cómo se reparte el sedimento en un río, habrá alguien que se haya dedicado a estudiar la dinámica del autostop, las costumbres, tácticas óptimas, perfil del autostopista y del conductor que se presta... Hay preguntas no triviales sobre el tema. Por ejemplo si es mejor ser el primero o ponerse un poco más adelante y jugar con el remordimiento del conductor que afronta un debate interior mientras va dejando gente en la cuneta. Claramente ir sólo es una ventaja. Eso hace que, aunque te apetece hablar con el compañero de 20 metros más abajo, dejes esa distancia prudencial y lo ignores en el momento que aparece un coche en el horizonte. Sea como sea, uno de los hechos claros y contrastados científicamente es que el tiempo que espera una chica guapa o un chico feo difiere en varios órdenes de magnitud.




23 de febrero:
Tras dormir en otro camping junto a la carretera, me levanto a las 6h30 y me bajo a la carretera sin desayunar ni nada. Un minuto antes de llegar vi un coche que dejaba a dos personas y seguía al sur. Ese me podría haber llevado... Desayuno ya sobre el asfalto y espero... y espero... y espero... A las 9h15 habían pasado (que no parado) 5 coches. La situación era desesperante. En estas apareció como de la nada Rodrigo que venía en un tour hacia Puerto Tranquilo. No me lo pensé. Fui a hablar con el conductor y me uní al grupo, tanto para el trayecto como para la comida y el tour a las capillas de mármol. Las capillas de mármol son unas formaciones rocosas curiosas a la orilla del Lago General Carrera. Sin ser algo que recordaré toda mi vida, una cosa interesante y curiosa de esas que no está de más hacer. Eso sí, el grupo muy majo, además de Rodrigo y Tamara, una chica de Puerto Montt y tres moteros chilenos la mar de simpáticos. Si alguien cree que en un lago no hay olas que vaya a este sitio. Acabamos empapados. El panorama autostopista era similar al de Cerro Castillo así que opté por una solución drástica. Fui a la gasolinera y me puse a abordar los coches cual Sandokan y los piratas de Malasia. Al segundo intento y tras una mirada bastante escéptica un chico aceptó llevarme a Cochrane. "Así me haces compañía, pero que sepas que voy trabajando y llegaremos tarde". Poco me importó. Se trataba de Moisés un chico de Santiago, que estaba en una especie de misión para espiar antenas telefónicas. Total que acabamos en un par de pueblecitos por el camino y mientras el hombre sacaba fotos de las antenas y apuntaba vete a saber qué cosas, yo tomaba el aire y leía un rato. Hablando de esto y de aquello se nos hizo el viaje ameno y llegamos a Cochrane a una hora razonable, a tiempo de instalar la tienda en el camping y hacer la cena tranquilamente. A todo esto descubrí atónito un coche al lado mío con matrícula de Girona ¿!?... Eran Ramon y Silvia, una pareja de Arbúcies que tienen el proyecto de recorrer en jeep desde la Patagonia hasta Alaska en diversas etapas los próximos años. Otra cena agradable en buena compañía.






24 de febrero:
Sin plan muy definido me fui a la oficina de turismo en busca de ideas. Estaba cerrada, pero rebotando de aquí para allá acabé en el ayuntamiento y me pasaron un plano de una reserva natural situada a 3 o 4 kilómetros. Y para allá me fui. Un día magnífico y un paseo más exigente de lo que esperaba junto al Lago Cochrane. De vuelta al pueblo me pegué una necesaria ducha en el camping y aproveché un autobús que salía hacia Caleta Tortel. Un par de horas de trayecto hasta este curioso pueblecito cuyo nombre me suena a Juego de Tronos. No hay calles sino que todas las casas están conectadas por pasarelas de madera. Nada que ver con las pasarelas de Bocas de Satinga (un pueblecito de Colombia al que le tengo un especial cariño y donde he ido varias veces por distintos proyectos). Todo muy cuco y bien arreglado. Para llegar al camping había que caminar 3 o 4 kilómetros. Me dio palo y acabé en un hostal de una señora que estaba como un auténtico cencerro.





25 de febrero:
Después de barajar varias opciones opté por un plan fácil y relajado, en principio. Una caminata hasta un mirador encima del pueblo. En mis ansias por conocer, intenté bajar por otro lado y acabé liado por terreno embarrado y rocas, lo cual no ayudó a mejorar el estado de mis zapatillas, que desde la carrera han entrado en una irrevocable fase terminal. Después de comer fui a tomar un autobus que me ahorrase los 20 kilómetros hasta la carretera principal (Caleta Tortel no está sobre la propia Carretera Austral). En el cruce me encontré con un chico italiano que viajaba en moto y Célia, una chica francesa que viene en bicicleta desde Ecuador. Ahí queda eso. Este último tramo es más complicado y, cargada como una mula, estaba intentando ahorrarse un tramo en autostop. No es fácil hacer autostop con una bici. Si yo hago autostop con una bici creo que estaría todavía en Villa Angostura pero... En principio llevaba idea de dormir en el cruce, pero pasó un coche que no tenía espacio para bici pero sí para mí, así que un día antes de lo previsto me encontré en Villa O'Higgins, final oficial de la Carretera Austral. En el camping me encontré con Ramon y Siliva, que me ofrecieron acompañarles a un restaurante a comer cordero asado, Mi debate interior duró unas 2 milésimas de segundo.




26 de febrero:
Me encontré con dos días para disfrutar de los alrededores, así que decidí dedicar el primero a una excursión cuya logística pintaba difícil en principio porque la salida es a 25km de Villa O'Higgins. Pero Ramon y Silvia salían hacia el norte así que solucioné al menos la ida yendo en la parte trasera de su jeep equipado. La excursión en sí discurría por un camino que al cabo de un rato se perdía así que decidí subir en freestyle en la dirección que me parecía correcta. Acabé comiendo junto a un lago rodeado de glaciares. Mientras me comía el bocadillo me fijé en un pico de donde intuí que habría una buena vista. Miré el reloj y a pesar de que la vuelta pintaba larga me animé a ir a la cima. Buena decisión, las vistas de arriba eran para mear y no echar gota. 360 grados de montañas, glaciares y lagos. Bajé más contento que unas castañuelas y con energía positiva para superar otro descenso campo a través al más puro estilo rogaine. Llegué a la pista y al cabo de poco llegó por detrás Carlo con la bici. Supongo que se sorprendió de verme. Me acompañó un rato andando y después me animé a correr un rato (dejando la mochila en sus alforjas) hasta que pasó un jeep de lugareños muy lugareños que me ahorraron unos 15kms de carrera. Nos encontramos más tarde en el camping, también con Célia, a quien habían traído hasta aquí y con otro grupo de ciclistas que van hacia el norte. Odile y Antoine, dos franceses de Grenoble, Davide y Manuele, otros dos italianos de Brescia y Silvio, un argentino de Entre Ríos. Un equipazo. Nos pasamos hasta las tantas comentando la jugada. Otra velada agradable más de todas las pasadas en este viaje,








27 de febrero:
Y esta mañana he optado por otra caminata prometedora, aconsejado sabiamente por Manuel, que se encarga del camping El Mosco, en el que me he instalado estos tres días. Me recomendó la ascensión al Cerro Submarino, que se puede hacer saliendo a pie desde Villa O'Higgins. Después de un inicio un tanto perdedor, he encontrado el camino correcto y he subido a buen ritmo por esas subidas directas que a mi me gustan. El tiempo acompañaba, de hecho hacía demasiado calor y he llegado a la cima. Las vistas estaban a la altura de las del día anterior. No hay palabras. Si las fotos no están a la altura es culpa del fotógrafo. Y poco más, para celebrar la llegada a Villa O'Higgins y gastar los últimos pesos hemos repetido el restaurante del cordero de hace dos días y ahora acelero para acabar este post e irme a dormir, que mañana pronto cogemos el barco para cruzar el Lago O'Higgins y de ahí cruzar andando hasta la frontera con Argentina.









Como podéis ver salí con unas sandalias y unas zapas de trail, y vuelvo con dos pares de sandalias...

Ya quedan pocos días, pero si consigo ver el Cerro Torre desde el Chaltén, la montaña que me escapó una noche de fin de año de 2007-2008, la nota del viaje será de matrícula. Seguiremos informando...

Besos y abrazos

sábado, 21 de febrero de 2015

La Misión Race

Buenos y resacosos dias... (resaca de kilómetros)
Estoy sentado en el ordenador de un hostel (no hubo huevos de dormir en el camping, no se si hubiese sido capaz de entrar a la tienda) con el típico jet lag del día después de una carrera. Voy a ver si soy capaz de explicar esta última aventura, que tuvo fases de todos los colores. Siempre he dicho que en un ultratrail puedes pasar por el mejor y por el peor momento de tu vida, 20 veces y sin ningún orden lógico. Creo que la carrera de ayer ha sido la vez que más he notado este contraste de extremos. Vamos allá...
Gracias a Ramiro, un argentino de Buenos Aires (como la mitad de los argentinos...) que tenía un sitio libre en su apartamento, la noche antes de la carrera pude dormir en una cama en condiciones. Salimos a las 12, así que por la mañana acabo de preparar la mochila con el saco de dormir, funda de vivac, tres camisetas de manga larga... Pesa mucho más que de costumbre y no quiero ni pensar cómo será cuando las botellas estén llenas de agua. En la zona de la salida me encuentro con Antoni y Mercé, dos catalanes, y con Javier, de Cádiz, con los que formo la representación española de la carrera. Yo estoy bastante tranquilo y con ganas de empezar a correr. Veo que todo el mundo lleva la camiseta de la carrera así que decido ponérmela para la salida encima de la habitual de Ultra Lleida, y ya me la quitaré un poco más adelante (otra camiseta más a la mochila por si fuera poco). Con algo de retraso por algo de caos en la entrada de corredores a la zona de la salida, salimos a eso de las 12:20.
El primer kilómetro es neutralizado y vamos todos detrás de un coche por dentro del pueblo. Viendo que el ritmo es suave decido andar un poco y quitarme la camiseta. Recupero posiciones pero veo que la cosa ya ha acelerado por delante y que al grupo de cabeza ya no lo pillo a no ser que me dé un calentón sin sentido. Me gustaría ver cuántos van por lo menos para controlar un poco posiciones pero me he empanado demasiado con el tema de la camiseta. Esto me va a llevar de cabeza toda la carrera...
Llegamos a la entrada del sendero donde empieza la primera subida, al Cerro Bayo. Qué fácil es subir cuando aún estas fresco... Paso un par de corredores y llego a la altura de otro que lleva un dorsal amarillo. "¿Qué distancia haces?"... "Cuarenta"... "¿Sabes cuántos van delante de 160?"... "Ninguno, vas primero".
Pequeña alegría, aunque sé cómo funciona esto y hasta que no lo vea yo... (de hecho resultó que todos los que iban por delante, 6 o 7 debían ser, eran de 160... me pregunto por qué la gente no es capaz de decir "no tengo ni idea"...). Me quedo un rato detrás suyo pero preferiría tirar a mi ritmo. No hay sitio para pasar y el hombre no está por la labor, así que le acabo pidiendo permiso y voy a por otro corredor que está un poco más adelante. "¿Qué distancia haces?"..."160"... bien, ya lo sabía yo... Charlamos un poco. Es Gustavo, de Quito. Le pregunto si hay alguien de 160 delante y me dice que sí. Le pregunto que cuantos y me dice que "poquitos". Así funcionan las cosas en Ecuador. No sin cierta nostalgia me recuerda mis días de proyecto de final de carrera en la selva ecuatoriana, esas reuniones en las que "ahorita viene el responsable" (y aún le estoy esperando...). La cultura del "ahorita" y de las informaciones vagas... y lo bien que se vive.
Llegamos a la zona superior de la montaña y con ello empieza la arena (de hecho me enteré que es
ceniza de un volcán que entró en erupción hace poco). Paso a Gustavo y sigo a mi ritmo. Llegando a un collado donde hay un punto de control veo a 3 corredores delante mío. Iré cuarto? El tipo del control está tumbado tomando el sol y ni me pregunta el número. Le pregunto cuántos van delante pero me contesta todo menos eso. Le digo mi dorsal porque interpreto que debe estar allí para controlar a la gente, pero no parece muy preocupado. Ale, pues hasta luego. Llevo un tío a unos 200 metros. Veo que se pone el casco. Qué pereza... La orgnización nos dijo que era obligatorio el uso del casco "en los filos". El "filo" es un lomo redondeado de unos 20 metros de ancho en que la mayor parte es arena blandita (y muy tocahuevos...). Venga va, me lo pongo. Un agobio y con el sol que hace más estorbo que otra cosa. Paso tres o cuatro montículos intentando que me entre la menor cantidad de arena posible en las zapatillas, pero está complicado. Llego a un punto de control donde empieza la bajada por una pista. No rastro del tipo que iba delante mío. Joder, pues si que va flechado el hombre... Me quedo un poco mosqueado pensando (pura autocomplacencia sin sentido...) en que el tío pueda haber cogido un atajo. Entre eso y no saber cómo voy porque cada persona me dice algo distinto, me entra un cierto sentimiento negativo. Intento alejar el lado oscuro de la fuerza y concentrarme en hacer mi carrera. Acabo la bajada y me encuentro con otro control que me dice que voy quinto a 20 minutos.
Bueno, vamos a ver si me concentro y en lugar de preguntar tanto cómo voy me dedico a comer. Saco un alfajor. Para los no duchos en productos típicos argentinos, decir que un alfajor es un bollo más bien pequeño que puede llevar chocolate, crema, dulce de leche... Una bomba calórica. Un poco imprudente por mi parte probarlo por primera vez en la carrera, pero tengo que decir que quedé con buenas sensaciones sobre su efectividad. Toca ahora el segundo sector de la carrera, la primera subida hasta el Collado de las Tres Nacientes. Empiezo a ver lo que será la tónica general de las subidas de esta carrera. Una aproximación laaaaaarga en las que el terreno es un continuo rompepiernas en el que subes 10 metros, bajas 8... y así sucesivamente. Continuamente hay que cruzar vaguadas con su correspondiente tobogán de bajada y el muro de salida. Matador. He perdido de vista a Gustavo, cosa que me extraña porque pensaba que me alcanzaría en la bajada. Pues nada, a la mía. Noto con satisfacción que el alfajor me gusta más de lo que esperaba y que la energía se nota en las piernas. De todas formas la subida es larga y cuando llego arriba hace un rato que el "efecto alfajor" se ha acabado. No he cogido todavía el buen ritmo de alimentación, típico en mí en los inicios de las carreras. Voy a ver si me centro.

Cruzo un rellano y un bosquecillo por el que serpentea el sendero. Justo a la salida me encuentro un corredor tumbado boca abajo como quien se tira en paracaidas. "¿Estás bien?"... "Si, si, si, si. Me acalambré nomás". Me di cuenta de que cuando preguntas todo el mundo está estupendamente... Le pregunto si necesita ayuda pero dice que nada, así que tiro. Viene ahora un repecho que no tenía en mente, pero a estas alturas de la carrera aún acepto estas sorpresas. Por detrás veo que el amigo se ha puesto en marcha pero con un ritmo poco prometedor. Después de varios montículos el recorrido se mete a la derecha y baja por una pendiente de arena. Por aquí tenemos que subir en la última parte de la carrera. Buffff... Va a ser divertido.
Entre el alfajor, una madalena, almendras y un minibocadillo de mermelada, para que mis fuentes de reservas empiezan a ir mejor y entro en una fase más positiva. Está bien porque eso me permite trotar valle abajo a una velocidad bastante aceptable. Llego al control del fondo del valle, donde se separan los recorrido del 80 y de 160. Vuelvo a las andadas "¿Cuántos han pasado?"... "Cuatro"...¿Y de 160?... "Todos de 160"... Vaya, yo que esperaba ganar alguna posición gratis. La posición gratis la gano 5 minutos más tarde cuando me encuentro a Alfonso (el tío de la organización que me prestó su camiseta para poder cumplir con el material exigido) con un venezolano que hace cara de haber explotado. Con esto me pongo cuarto. Está bien, tengo que centrarme en encontrar el equilibrio de ritmo con migo mismo y si lo consigo puedo estar al acecho del podium. Pero esto es muuuuuuuuuy largo...
El calor empieza a aflojar mientras llego por una subida suave y hasta agradable al Collado Bonito. Quería llegar aquí con fuerzas para poder afrontar corriendo el descenso hasta el Lago Traful y los 10kms de pista hasta Villa Traful (primer punto de control). Voy bien y avanzo rápido. El camino cruza el río una primera vez y consigo evitar el agua saltando orgulloso de piedra en piedra. Las siguientes quince veces no... Veo de qué va el percal y paso directamente metiendo el pie hasta la rodilla. Enseguida se forma un barrillo en mis zapatillas entre el agua y la arena que se mete por todos lados. Sigo comiendo bien. Me he acabado toda la comida prevista para este tramo, lo cual es buena señal. El valle es interminable y entre los árboles no tengo referencias. Poco antes de llegar abajo paso un control de paso con dos o tres voluntarios que me animan. 30 segundos más tarde oigo más aplausos detrás mío... Viene alguien? Vaya, me había olvidado de los de detrás... Efectivamente al poco, me pasa Gustavo el ecuatoriano, que baja a muy buen ritmo. "Pucha uevón, me pegué una perdida allá atrás!". Va claramente más rápido que yo así que le saludo y le dejo pasar para seguir bajando a mi ritmo. Este momento me recuerda claramente a aquel momento de la Ronda dels Cims del año pasado en el que me pasó Armando Teixeira y fue el principio del fin. Me vine abajo mentalmente y acabé en una crisis que me llevó al abandono. Pero hoy no es ese día, hoy estoy preparado.
Me centro en seguir mi ritmo y hacer mi carrera. Enseguida llegamos a la carretera, y empiezo a correr por ella a unos 100 metros de Gustavo. Es cuestión de poner el piloto automático porque tiene pinta de que estos 10kms de pista polvorienta con coches que van levantando tierra cada dos por tres, van a ser un auténtico coñazo. Mantengo el trotecillo mirando al suelo... Y entonces se bajó la persiana.
En lo alto de una rampa veo de repente que algo no va. Noto el estómago revuelto y las ganas de vomitar acechan. Me pongo a caminar. Es importante llegar al punto de control pudiendo comer bien porque sin comer no voy a ningún lado. Troto la siguiente bajada pero en la siguiente rampa llega la náusea definitiva. Me apoyo en los palos y voy recibiendo las arcadas con la mayor dignidad posible. Pasan dos coches a los que la visión de un corredor en dificultades no pareció afectarles demasiado. Me tiro al suelo y sigo con la operación de rodillas. Finalmente se para un coche. "Qué pasa amigo?" me dice el conductor con cara de pregunta retórica. Que tengo el estómago para tirar a la basura... Se me pasa un poco y algo animado con esa pequeña muestra de amistad me pongo en pie y sigo caminando. Bueno, a ver cómo solucionamos esto. Tengo que llegar al avituallamiento e intentar que me entre algo de comida. Paso junto a gente que está de camping en sitios idílicos a la orilla del lago. Yo estoy poco idílico, y le pregunto a un tipo que cuánto queda a Villa Traful. "Veinte minutos". Vaya! Una buena noticia. Un rato después le pregunto a otro: "Cinco kilómetros". Vaya, al de antes se le olvidó el pequeño detalle de que voy a pie y estoy hecho una mierda. Como veinte minutos más tarde y harto de pista, polvo y coches, le pregunto a un tercero. "Quince kilómetros". Afortunadamente la respuesta fue suficientemente absurda para que no le diese el menor crédito.  Miles de años después, y con la moral bastante baja, llego al Punto de Control, situado en un restaurante.
Control de material. Me piden que saque el impermeable y una de las camisetas de manga larga.
"OK, ya lo puedes meter". Vaya, pensaba que alguna de las tres personas que hay por aquí tendría el detalle de meterlo mientras me preocupo de qué comer... De hecho, ni comer ni impermeable, porque un nuevo ataque de nauseas me invita a abonar el jardín de la casa. Llega el médico, me pregunta y me da una pastilla para frenar los vómitos. Vuelvo adentro. "Lo dejás?". Ahí animando al personal... "En principio no, voy a ver si como algo...". Y ahora voy a intentar no calentarme, pero el panorama del avituallamiento era como para mear y no echar gota. Imaginaros una sala de unos 10x6 metros. En una mitad de la sala estan todas las bolsas que de los corredores destinadas a este punto de control (podías dejar en ellas lo que quisieras para que te lo llevasen hasta el punto de control, pero no te las devolvían a la meta, en otras palabras, si te quitas ropa te la llevas contigo... La chica de la organización me dijo al recoger los dorsales que "yo no te voy a traer las medias sucias"... Ni que las tuviese que traer con la boca). Otra cuarta parte de la habitación está destinada al médico, un ayudante y un colchón. Alrededor hay espacio para jugar tres partidas en paralelo al Torpederos. Y la cuarta parte restante es el espacio destinado a los corredores y a una barra donde el hombre del restaurante (simpático por otra parte) va repartiendo hamburguesas... previo pago. Efectivamente. La organización ofrece plátanos, naranjas, galletitas y caramelos. Agua y té (la Coca Cola también se paga). Así que tengo que curar mi estómago a base de hamburguesas. "Quieres mostaza? Ají?, Ketchup?". Si hombre, y no tienes dos jalapeños y acabamos rápido con esto? Pero no os lo perdais, en esos 10 metros cuadrados no había una miserable silla. Veo una detrás de la barra y se la pido al tío con cara lastimera. Empieza a llegar más gente, que no tiene más remedio que sentarse en el suelo. "No tenéis más sillas?". La chica de la organización me dice que es que ahí no va a haber sitio para todos y que han puesto sillas y una mesa fuera. Genial, llegas de noche a un avituallamiento y te tienes que sentar fuera, con la fresca. Miro detrás del biombo que separa nuestra zona y veo unas 100 sillas amontonadas contra la pared. No doy crédito. Le miro al del restaurante y me responde en voz baja que el las sacaría pero que no le dejan. Os juro que tendria que haber hecho una foto. No he visto semejante desproposito. En fin, ya me he calentado...
A todo esto la hamburguesa no me entra ni con calzador. Dejo la mitad allí, me acabo la coca cola y sin mucho convencimiento cojo la mochila y me dispongo a irme antes de que me de por montar una escena. El médico me da otra pastilla para los vómitos y salgo andando con actitud de cero a la izquierda. Al salir veo al chico de los calambres comiendose su hamburguesa en la mesa exterior, vestido con sus pantaloncillos cortos. La escena me parece casi cómica.
Salgo por la pista y me planteo el futuro. La verdad es que no es muy positivo. Viene ahora una de las subidas más duras, un tramo de 50kms en el que la retirada es bastante difícil y evidentemente no he comido suficiente como para recuperar. Pienso en el resto de vacaciones con la perspectiva de una eventual retirada y la rallada puede ser máxima. Acabo sacando fuerzas de algún rincón del dedo meñique y me digo que mejor ir tirando a ritmillo de excursión y que a una mala me quedo a dormir en algún lado, que por algo llevamos saco y funda de vivac. Si duermo un rato seguramente se me pase el dolor de estómago y al menos acabar acabaré, sea en el tiempo que sea. Mientras le doy vueltas a la batidora mental me pasa un grupo con tres corredores (el de los calambres entre ellos) y una corredora que va con dos cañas de bambú. Yo sigo a la mía, no estoy para seguir a nadie. Dejo la mente en blanco y cojo el ritmo de paso-bastón-respiración del Champillon (lo acabo de bautizar así porque me lo inventé subiendo este collado del Tor des Geants... y porque rima). Es de noche y no veo lo que queda, lo cual ayuda a subir sin pensar, que es lo que me va mejor. Cuando llegamos a la zona superior, sin vegetación, veo que mis cuatro predecesores están sorprendentemente cerca. De hecho hasta alcanzo a la chica de las cañas de bambú (después me dijo el nombre pero no lo recuerdo...). Me deja pasar. "Tranquila porque voy muerto". Pero ella tampoco está para muchas alegrías así que voy tirando. La media hamburguesa ha hecho algo de efecto, pero poco antes de llegar arriba me coge otro ataque de náuseas. Ale, otro reset... Nunca había tenido problemas de estómago tan continuados. Realmente no tiene buena pinta. Repito el protocolo de bastones, gateo y alaridos hasta qeu consigo sacar algo y pasa un poco la tormenta. El tipo de la cima ha oido mi concierto y me pregunta que cómo va. Pues ya ves... Me dice que a media hora por el otro lado hay otro punto de control y que puedo descansar. Vamos a por ello pues.
Empiezo a bajar al otro lado con un andar bastante torpón. En medio de la noche estoy un poco desorientado en lo que respecta al relieve pero parece que llego a un collado. Espero que esté ahí el control. Una excusa para pararme e intentar comer algo tranquilamente al lado del fuego. Nada. El camino se mete a la izquierda y baja fuerte. Y baja y baja y baja... Hace bastante más de media hora que dejé la cima y ni rastro del punto de control. Empiezo a pensar que las indicaciones del tío (una vez más...) no eran correctas. Al cabo de un rato me encuentro un corredor holandés sentado junto al camino. Vacía de arena sus zapatillas mientras dice "Uuuuyyy, uuuuyyy". Parece que también lleva un buen globo. En vistas de que no hay rastro del punto de control, decido pararme e intentar comerme medio plátano. Me cuesta horrores tragarlo. Es desesperante. Al menos el ataque no llega a mayores y sigo caminando sendero abajo. Por fín llega el fondo del valle y, aunque más tarde de lo prometido, el ansiado punto de control. Le pido agua fresca al hombre y me siento un poco a intentar comerme el otro medio plátano. Por poco me siento encima de otro corredor que está durmiendo debajo de un plástico. Mientras estoy allí sentado pasa la chica de las cañas de bambú y otro corredor (un brasileño creo). Venga, sigamos, a ver si sigue protestando mi estómago.
Con el descanso y ayudado por el terreno plano, parece que camino con algo más de alegría. Viene ahora una larga aproximación más o menos llana hasta el próximo collado. Al cabo de un poco me encuentro a la chica de las cañas de bambú. Mira mejor, así tengo alguien con quien charlar y a ver si voy recuperando el ánimo. Se llama Tania (creo recordar...) y es de Córdoba (la Córdoba argentina). Vamos serpenteando por terreno cómodo entre arbustos. "Trekineás rápido!", me dice... Pues es verdad. Me encuentro mejor. Creo que he vuelto a la carrera.
Al cabo de un poco me doy cuenta de que Tania no me sigue y decido ir tirando. Es momento de someter al estómago a otra prueba. Probemos con un alfajor, que antes me han ido bien. Me lo como en el siguiente punto de control mientras comento la jugada con el de la organización. Parece que entre unas cosas y otras voy el 12º. No está mal, si consigo entrar en carrera puedo optar a entrar entre los 10 primeros, que visto el panorama sería un buen resultado. Sigo adelante y el terreno se va haciendo cada vez más empinado, pero parece que he asimilado el alfajor y sigo en tendencia positiva. Sinceramente no recuerdo gran cosa de esta subida al Collado de las Estacas. Creo que no pasé a nadie. De repente estaba bajando y cuando me di cuenta volvía a subir hacia el siguiente collado. Paso junto a un refugio donde una simpática chica me anima y me dice que queda poco para la cima. Pues parece que sí, ya es el sexto collado y de ahí bajo al segundo punto de control. Sigo recuperando la alimentación, una madalena para adentro. Todo va mejor!
Supero el collado y bajo al otro lado. Es de noche y no tengo noción de las distancias, pero tiene pinta de que esta bajada va a ser larga. Bajo con cierta agilidad y en algunos momentos mantengo un trote relativamente estable. Menos mal porque realmente la bajada es eterna. Y lo de bajada es muy relativo. Llega un punto que es un desesperante subir y bajar, superando vaguadas y más vaguadas (a lo largo del recorrido debe haber como 2000 vaguadas, pequeños toboganes de 5 o 10 metros con el consiguiente muro posterior). Aparece un frontal delante. Mira que bien, otra posición al bolsillo. Llego a la altura del otro corredor y le pregunto que tal. Bien, aunque sin muchas ganas de hablar. Todo el mundo dice que está bien aquí. Pues nada, nos vemos. Poco a poco va habiendo más luz y varios siglos después llego a una pista que parece ser el preludio de la carretera principal, que me tiene que llevar al punto de control del km110. No me tiene que pasar lo del punto de control anterior. El tramo de asfalto empieza con tres kilómetros de subida. Los camino a buen ritmo pero sin atreverme a correr. Es importante llegar con el estómago bien porque voy a poder comer algo un poco más contundente que me sirva de base para la última parte. Por fin acaba la subida. De repente veo un corredor allá delante. Eso me anima a trotar. Llego a su altura y me dice que va lesionado de la rodilla y que si puedo decir en el punto de control que lo vengan a buscar. Sigo adelante y al llegar les comento la situación. "Andrés Valenzuela?"..."No se, un chico con pelo largo"..."Si, está a un kilómetro así?"... "Sí, un poco más". Bueno, Andrés tuvo que llegar por su propio pie...
Por otro lado en el punto de control hay tres corredores. Uno que se retira, el brasileño que había pasado hace un rato, y otro que había llegado un poco después de mí al primer punto de control. Me pido una pizza, vacío de arena mis zapatillas, me cambio de calcetines... Todo con una actitud mucho más positiva que ayer por la noche. Hay que ver cómo cambian las cosas. Me pasé unos buenos 20-25 minutos entre unas cosas y otras, pero bien empleados. Además con el solecillo de la mañana se pasan los pocos rastros de sueño que pude tener y salgo animado a por la siguiente subida. Voy corriendo incluso cuando la pista pica un poco para arriba. Me parece increible encontrarme tan bien. Y está bien que sea así porque dicen que esta penúltima subida, al Cerro O'Connor, es la peor de todas. Llego al sendero y pongo mi ritmo bastón-paso-respiración. Voy pasando a gente de la carrera de 80kms, con los que también coincidimos en este tramo. No se cómo voy porque hace rato que en cada sitio me dicen algo distinto, pero decido ignorarlo y hacer mi carrera. Casi sin darme cuenta se acaba el bosque y el siguiente tramo de arena lo supero relativamente bien. Llego a la primera de las tres cimas que tenemos que superar. El de la organización me dice: "Sabés que el casco es obligatorio?"... "Si, dijeron que era obligatorio y que era por nuestro bien. Yo me quedo con lo de nuestro bien, y considero que llevar casco de bici en lugar de gorra es una imprudencia con este calor. Si quieres me lo pongo, pero me parece una estupidez". Al final resultó que éramos de la misma opinión y me dice que adelante. También me dice que sólo han pasado dos de 160 y que además uno de ellos es un ecuatoriano que puede que esté descalificado. ¿Será Gustavo? Ni idea, y tampoco sé si es verdad lo que me dice, pero por si acaso vamos a tirar a ver si aún rascamos algo.
Supero otras dos cimas y empiezo a bajar por un lomo arenoso intentando que me entre la mínima tierra en los pies. Por el camino me encuentro a Belén, de la pareja de catalanes que me encontré el día antes de la carrera. Se me hace bastante larga la bajada, además con el calor que empieza a apretar. Llego por fin al punto de control del final de la bajada y ahora resulta que voy sexto, o quinto de chicos porque hay una chica por delante. Vaya caos...
Me lanzo a por el último bloque. Toca subir valle arriba y torcer a la izquierda hacia el collado de las Tres Nacientes por donde bajé ayer. La tónica es la de siempre, el terreno tiende a subir pero a base de ir superando vaguadas en las que bajas 8 metros y después te topas con un muro de 10. Pero sigo comiendo y me encuentro genial. Me parece increíble después de lo pasado ayer. De repente veo alguien delante corriendo a buen ritmo. Es la chica que iba delante mío. Veo que se equivoca de camino y le aviso de que es por abajo. Charlamos un poco, es Sofía de Buenos Aires. No la conozco pero por el ritmo que lleva no debe haber muchas chicas que la superen por la zona. "¿Cómo entrenas en Buenos Aires?"... "Como el culo..." Sinceridad ante todo. Le digo que no se cómo voy porque ebn cada sitio me dicen algo diferente. Ella me dice con seguridad que cuarto. En los repechos llevo algo más de ritmo así que me acabo separando. Llego a un control a la entrada del valle de las Tres Nacientes y me confirman la cuarta posición y que el tercero ha pasado hace 40 minutos. Demasiado, además el calor empieza a apretar y tiene pinta que me va a empezar a pasar factura. Vamos a intentar coger un ritmillo y conservar lo que tenemos, que ya está bien.
El terreno sigue igual pero la temperatura va en aumento y mis fuerzas al revés. Pero sólo quedan 15 kilómetros y acabar la carrera lo tengo en el bolsillo. Recuerdo que la última subida a este collado era muy empinada (bajada ayer). Finalmente llego a ella y se confirman mis recuerdos. Una pala arenosa por la que subimos recto. Echo la vista al suelo y tipi-tapa con los bastones. Me viene a la cabeza aquél último repecho de Le Treg, la carrera en el Chad, en el que subía por una duna tambaleándome. Hoy voy algo mejor pero tampoco estoy ya para muchas alegrías. Pensando que ya llegaba he descuidado algo la alimentación en esta última subida. Qué estupidez... Un alfajor me hubiese servido para afrontar con garantías este último tramo. Ahora es demasiado tarde. Al llegar arriba no me apetece y rechazo la idea como el niño pequeño que dice que no quiere comer. Después de un último repecho a modo de Bonus Track bajo unos metros y cruzo un riachuelo. Bebo a morro con avidez, el sol aprieta de lo lindo. Lo bueno es que solo me quedan 200 metros de subida, o eso creo...
Llaneo un tramo y me aproximo a esa última subida al Cerro Buol. Voy echando miradas atrás porque mi ritmo se ha ralentizado y temo que llegue alguien con fuerzas por detrás. La subida se endurece y hasta se pone algo técnica. Detrás de cada repecho aparece más montaña detrás. También aparece un control que me dice que aun queda "un poquito". Debe ser esto que tengo delante...Llego a una doble cima y empieza una bajada hacia un collado. Imagino que de ahí el camino se mete a la derecha y baja hacia el lago, que ya se ve al fondo. Pero no veo ningún sendero... En cambio cuando levanto la mirada hacia la montaña que tengo delante veo una cinta en la cima. Mierda... Ahora recuerdo que en la altimetría esta cima era doble... Pues nada, para arriba. Cada vez me cuesta más. Miro con miedo hacia detrás, todavía no viene nadie. Llego a la cima y la ruta sigue por el lomo. Otra ligera bajada y ni rastro de bajada a la derecha. En cambio, sigo viendo puntos rojos y cintas que suben más allá. Esto sí que no estaba en el guión. El cansancio aumenta mi susceptibilidad y me voy cabreando por momentos. Supero este tercer montículo y llego a un collado donde hay una tienda. Menos mal, es aquí. Pero no veo camino a la derecha. Levanto la mirada con pavor y veo marcas rojas en la montaña de enfrente. Esto si que no... "¿Hay que subir ese pico?", le pregunto con cara de odio. "Si". Joder, esto no puede ser, la altimetría tiene que estar bien, y más al final de la carrera que la gente tiene que administrar las fuerzas físicas y psicológicas. "¿Hasta arriba?"... "Si, ahí nomás"...Me dan ganas de insultar a alguien así que me voy. "Bueno no hasta la cima no, ahi subes un poco y ya bajas!"... Vale ya veo por fin el camino que baja a la derecha. Acabo agradeciéndole la indicación porque al fin y al cabo él no tiene ninguna culpa, y supero los últimos metros de subida. Venga va, que ahora ya es todo favorable...
Empiezo a bajar algo estresado y con la impresión de que en cualquier momento me alcanza alguien. Con el estrés pierdo el camino y acabo bajando como puedo por un tramo más técnico. Lo recupero algo más abajo y acabo llegando al fondo del valle del Cajón Negro, donde el terreno vuelve a llanear con la dinámica conocida de vagadas tocacojones. Paso junto a un arroyo donde vuelvo a meter la boca. Cuesta resistir la tentación de quedarse bebiendo hasta explotar. Al lado hay un par de chicas de la carrera de 80km. "El tercero acaba de pasar, va como tú". De mal, quieren decir... Buff, la verdad es que no me veo como para atrapar a nadie. A pesar de tenerlo cerca no me veo con fuerza mental como para hacer algo más que avanzar como pueda yo mismo hasta la meta. Y eso hago, ir tirando como puedo e ir cubriendo metros por terreno arenoso y rompepiernas. Voy entre árboles y sin referencias de lo que queda. Alcanzo a otra pareja y les digo que bajo con ellos, a ver si se me hace algo más llevadero. A cada momento me parece ver por fin el desvío por el que cogimos el camino de Cerro Bayo al principio de la carrera, pero nunca llega.
En estas que alcanzo una pareja de ecuatorianos. "El brasileño ha pasado hace tres minutos". No se de qué brasileño hablan. Sé que el que ha ido primero toda la carrera era brasileño y me llevaba varias horas de ventaja. Después estaba Gustavo y debe ser que el tercero que llevo delante es también brasileño y lo tengo cerca... Llego a un desvío que pone por un lado "40 minutos a Villa Angostura" y por el otro "1 hora". Veo marcas rojas por este último y lo que es más importante, veo al brasileño. Me lanzo por ahí sin darle más vueltas. Paso junto a él y realmente tiene cara de globo. Le pregunto qué tal pero no me contesta así que con ambición renacida me lanzo hacia delante con un cambio de ritmo para intentar dar un golpe de efecto. Me olvido de ampollas, rozaduras y arena y corro camino abajo. Parece que no me sigue. Sigo adelante y al cabo de un rato veo que hay marcas rojas pero no reflectantes como debería... Mierda, no era por aquí...
No se que hacer, ya he bajado bastante trozo por este camino y volver a subir puede que me lleve a perder mas tiempo aun. Pienso todo esto mientras sigo bajando, así que la opción se va decantando por seguir por este camino. El brasileño no llega y entonces me doy cuenta que probablemente sabía que no era por aquí y cuando lo he visto estaba dando media vuelta. Qué cabrón... Y no me ha dicho nada. Con la rabia de perder esta posición después de todo el esfuerzo para llegar hasta aquí sigo bajando a toda pastilla, determinado a intentar llegar antes que el brasileño a pesar de que este camino sea más largo. Me imagino que me lo encontraré en la llegada y empiezo a increparle mentalmente, a decirle que eso es jugar sucio y que se merece que le metan otros siete... El lado oscuro me posee... A todo esto la bajada afloja y la pista llanea en medio del bosque. No tengo referencias pero el camino parece ir en la buena dirección. Llego a una primera encrucijada en la que una de las opciones parece claramente más apetecible que la otra. Pero llegan más encrucijadas y acabo más perdido que Wally en el Frente Atlético. Paso junto a una finca donde tienen montada una juerga tremenda con la música a tope, pero no veo a nadie. Empiezo a gritar para llamar la atención de alguien pero nada. Es de escena de película de terror... Sigo adelante. Adopto el criterio de que en cada desvío sigo el camino con más huellas de caballos. Digo yo que la gente que viene a trotar por aquí volverá hacia el pueblo. Después de mil vueltas a izquierda y derecha veo una pista que tiene pinta de ser la que tomamos a la salida. Efectivamente, hay cintas! Pero entre medio hay una verja y una trampa para vacas. Como las vacas son más inteligentes que yo, en medio del estrés acabo con la pierna metida hasta la rodilla. Sólo faltaría eso ahora que me parta la pierna a un kilómetro de la meta. Finalmente me calmo y consigo coordinar movimientos. Estoy en la pista.
Corro con rabia hacia el pueblo. Paso a una corredora que me felicita y yo le agradezco pero le empiezo a explicar mi vida y el cabreo que llevo. Me dice que tranquilo y me doy cuenta que es verdad. Después de toda la carrera y de las dificultades pasadas ser cuarto está muy bien y no debo dejar que el último problema me prive de la alegría del último kilómetro. Así que cambio totalmente el chip y giro por la avenida principal saboreando cada paso. No hay ambiente de final de carrera, sólo algunas personas aisladas que se dan cuenta de que llega alguien corriendo y te aplauden. Pero me da igual. Es ese momento personal de cada corredor cuando llega de una carrera de larga distancia, después de horas de esfuerzo con el terreno, su cuerpo y su cabeza. Pasan por mi cabeza imágenes de las personas que deben haber estado acordándose de mí y que me han ayudado a tirar adelante en esta carrera. Giro a la izquierda y veo el arco de meta. Lo cruzo corriendo a grandes zancadas y totalmente feliz.

En medio del cansancio miro a mi alrededor. Se acerca Gustavo y me felicita por la carrera. Parece que no hay ningún problema con su carrera. Me alegro porque ha hecho un carrerón. En cambio, ni rastro del brasileño... No ha llegado. Con bastante culpabilidad me doy cuenta de que probablemente también se haya perdido por el mismo camino (efectivamente fue así...). ¿Pero quien ha llegado entonces? No había un brasileño que estaba varias horas delante? Pregunto y me aclaran la situación. Resulta que el brasileño que iba primero es el que me acabo de encontrar hace dos kilómetros. En la última parte de la carrera ha explotado literalmente por los aires. Gustavo ha llegado primero y segundo ha sido Pancho, otro ecuatoriano que me ha pasado en el primer punto de control mientras yo estaba hecho caldo. Así que finalmente tercero!
Qué decir de esta carrera... Dentro de que la larga distancia supone un cúmulo de ciclos y momentos buenos y malos, creo que es la vez en la que he tenido más contraste de sensaciones entre unos momentos y otros de la carrera. Mi situación en el primer punto de control era francamente mala, básicamente por la mala sensación sobre mi estómago y las posibilidades de recuperarlo. Después he mejorado mi estado
hasta encontrarme como nunca lo había hecho después de 120 kilómetros de carrera. Y finalmente, por no ser insistente con la comida hasta el final, otra fase dura en los últimos diez kilómetros de carrera. De todo se aprende, y contento de sacar cosas para el futuro. Salgo con ganas de afrontar la siguiente fase de la temporada y de preparar la gran cita del verano, la Ronda dels Cims, de manera adecuada y con ganas de dar lo mejor de mí mismo. Esta carrera me ha dado energía positiva, me sirve como ejemplo de que se puede salir de casi cualquier situación negativa y si me tengo que quedar con una moraleja, esta sería que en un ultra, hasta el rabo todo es toro.

Besos y abrazos

P.D: he tardado en publicar el post porque durante estos días he seguido viajando hacia el sur. Os contaré más anécdotas del viaje en el próximo post

P.P.D: Podría ponerme a escribir una última reflexión sobre la carrera y la organización de la misma, pero ya ha quedado larguísimo como de costumbre. A ver si encuentro el momento y hacemos un pequeño debate sobre algunos de los puntos. En resumen, decir que pagando como se pagan 350 euros por la inscripción y en vistas de lo que cada corredor recibe, no he visto semejante negocio en el mundo de las carreras de montaña

viernes, 13 de febrero de 2015

Crónicas desde Villa Angostura

Muy buenas,

(esta es una crónica a la antigua usanza, sentado en un ciber y escribiendo rápido para que me cobren lo mínimo, así que va a ser aún peor que de costumbre...)

Bueno pues ya estoy en posición y preparado (espero) para la carrera de mañana. Villa Angostura es un pueblo de unos 10000 habitantes que queda en lo que sería el norte de la Patagonia Argentina. Como la Patagonia es el sur de Argentina y tanto la Patagonia com Argentina son enormes, podríamos decir que está en medio, un poco para abajo y a la izquierda, tocando a Chile. Está dentro de la zona de Bariloche, una región muy turística donde vienen todos los argentinos a esquiar en invierno y a caminar en verano. Sería una especie de Benasque, un poco más grande y menos encajonado entre montañas. Para que os hagáis una idea del paisaje, se trata de una zona de montañas de unos 2000 metros, con algún 3000 aislado que sale por aquí y por allá y entre medio unos lagos enormes y de formas extremadamente caprichosas que dan el nombre a la región, la Región de los Lagos.
Y aquí es donde empiezo la carrera mañana. Qué carrera? En qué consiste? Pues se trata de La Mision Race (www.lamisionrace.com.ar), que como os comenté es la tercera carrera de este proyecto personal, 7 Ultras - 7 Continentes, una de esas paranoias que se le ocurren a uno en momentos de iluminación. Detrás de ese nombre tan trascendental se esconde un recorrido de 160 kilómetros y unos 8000 metros de desnivel positivo por las montañas de los alrededores. La carrera es bastante en autosuficiencia. Únicamente hay dos puntos de control (kms 60 y 110) en los que tenemos derecho a dejar una bolsa con comida. También puedes dejar ropa para cambiarte, pero el problema es que después si dejas ahí ropa sucia no te la devuelven a la meta (¿?¿?¿?). Mejor dejo el análisis crítico para final de temporada como dicen los entrenadores de fútbol (de momento soy un tanto escéptico). Ahí tenéis una imagen del perfil y recorrido:
Los metros de desnivel no son demasiados teniendo en cuenta la distancia, lo cual da que pensar que puede ser una carrera relativamente rápida y rodadora. O eso es lo que pensaba yo. Por suerte ayer jueves fui a dar una vuelta por la primera parte del recorrido e hice la primera subida y bajada. Bien... Todo ese color blanco que veis en la imagen del recorrido no es nieve. De una manera bastante homogénea en todas las montañas de la zona la vegetación llega hasta unos 1400-1500 metros. Ahí, de repente, el terreno da paso a un suelo arenoso y totalmente suelto por el que avanzar es realmente difícil y andar después de 150kms puede ser un drama. Hoy hace justo un año que me encontraba sacando la lengua por el desierto del Chad en Le Treg. Creo que vamos a celebrar el aniversario como toca. Afortunadamente solo son los últimos 200 - 300 metros de desnivel de cada subida, pero os aseguro que ayer me dio bastante mala pinta. Por lo demás, otra cosa diferente a lo que estoy habituado es el material obligatorio. Estamos obligados a llevar saco de dormir y funda de vivac o tienda de campaña por si necesitamos/queremos quedarnos a dormir por el monte. Además, es obligatorio llevar dos camisetas de manga larga, una normal y la otra de tipo forro polar. Como de costumbre, hace falta un impermeable... Yo traje el Ronhill que he llevado a todos lados: UTMB, Ronda dels Cims, Tor des Geants... Buena impermeabilidad, buena transpiración, poco peso...(mucho dinero, evidentemente). Problema? Pesa 200 gramos. Me dijeron que tenía que pesar 350 porque si no no abriga... No soy ultra experto en material de montaña pero alguna cosa voy sabiendo y creo que la correlación masa-protección del frío no es así de directa. Si no, ya sabéis, a hacer vivacs a la cima del Mont Blanc con los sacos de 2 kilos de hace 30 años... Total, que puedo llevar ese impermeable pero entonces tengo que llevar una tercera camiseta de manga larga. Me la dejó amablemente un chico de la organización, porque yo vine al viaje solo con las dos camisetas de manga larga que pensaba llevar en la carrera. En fin, otro día si queréis discutimos más sobre tema material obligatorio en las carreras, que tiene miga...

Normas aparte, el recorrido es espectacular. Desde lo alto del primero de los picos que subimos hay una vista sobre todo el Lago Nahuel Huapi de las que quitan el hipo. Con el día radiante que hacía ayer y que espero que continúe mañana, un agua completamente azul salpicada de islas boscosas, con cordones de montañas que se suceden hasta el infinito y dominando, enfrente, los glaciares del Monte Tronador. Un marco ideal para el retiro y olvidarse de todo por un rato. Salimos mañana a las 12 del mediodía. Espectativas? Aquí viene cuando en plan cobarde tiro pelotas fuera y digo que no he podido prepara bien la carrera, que he tenido bastantes problemas de lesiones y que bla, bla, bla... Pero bueno, como hay confianza y siendo sincero, probablemente opte por la imprudencia y salga a ver el ritmo que tiene la gente de delante. Como no conozco ni el terreno ni a la gente, pues poco más podemos decir. Eso sí, el objetivo el de siempre: encontrar un buen equilibrio físico-mental y acabar con la sensación de que se ha hecho lo que se ha podido.


Pero más allá de correr y de cómo salga la carrera este viaje me está haciendo recordar la dinámica mochilera de hace unos años. Conocer lugares y conocer gente. Hablar con cualquiera y de cualquier cosa, reírte con gente que acabas de conocer ¿Pensabais que habíais visto los regalos más absurdos del Tele Tienda? ¿Qué os parece un palo para agarrar el papel higiénico y limpiarse el culo? ¿Y un osito de peluche para sujetar los pechos de una mujer cuando duerme de lado? ¿Y un minigolf para jugar en el lavabo mientras estás cagando? Siento el ejemplo escatológico pero me pareció gracioso...
Es lo que tiene viajar, anécdotas a la vuelta de cada esquina y conocer gente interesante con la que conectas de la manera más inesperada. Gente con la que compartes la inquietud de la carrera, que te invita a su apartamento para que descanses mejor la noche antes de la salida, gente con la que comentas de dónde vienes y a dónde vas... O personas capaces de hacer un anillo con un trozo de cobre tirado en el suelo, una billetera con un tetra brik usado, y sobre todo transmitirte energía positiva y recordarte que viajar está al alcance de todos. Tan sólo es una decisión que se ha de tomar.

Besos y abrazos

martes, 10 de febrero de 2015

Cronicas desde Santiago de Chile

(estoy en un teclado sin acentos, pero espero que en la era de Facebook, whatsapp y los emoticonos a nadie le salga una ulcera por leer faltas de ortografia...)

Muy buenas!

Pues ya estoy por tierras sudamericanas, siguiendo con la dinamica viajera de los ultimos meses y esta vez sin rodeos, de vacaciones. Poco trail running en este post, mas que nada una excusa para calentar motores para la carrera que se avecina y colgar cuatro fotos, ya que las he hecho...
No se si alguien entiende como funcionan los buscadores de vuelos por Internet. Por qué te encuentras situaciones en las que idas y vueltas son mas baratas que idas simples, vuelos con 8 escalas son mas baratos que uno directo, etc. Cuando me lance a la piscina a por este viaje y fui a comprar los billetes de avion (punto de no retorno), la opcion mas barata con 200 euros de diferencia consistia en hacer un Paris-Buenos Aires con una escala de 10 horas en Toronto. La idea de visitar Toronto en el mes de febrero cuando llevas una maleta con ropa de verano no es lo mas apetecible...
Ya lanzado a por el viaje decidi empezar visitando a varios amigos que tengo en Santiago de Chile (exiliados de la crisis) asi que compre un billete de ida independiente. En total la perspectiva era un fin de semana saliendo sabado de madrugada de Lyon en tren, y llegando a Santiago el domingo por la noche. Algo relajado...
En la practica todo empezo con una noche en blanco. Una agradable visita de Barcelona que da lugar a una noche simpatica y entretenida, lo normal cuando te juntas con gente que aprecias y hace tiempo que no ves. Teniendo el tren al aeropuerto de Paris a las 5.50 opte por alargar la noche un poco a ritmo de salsa y evitar el riesgo de quedarme dormido en casa. Tres horas y media de espera en el aeropuerto, mas dos dentro del avion porque resulta que era nuevo y tenian un problema con las configuraciones del ordenador (me suena a los fallos en el coche de Alonso...). Por el lado positivo, las 10 horas de escala en Toronto pasaron a ser 8. El panorama al llegar a Toronto alejo las pocas dudas que tenia sobre la opcion de ir a dar una vuelta por la ciudad. Niebla, nieve y frio... Asi que nada, leer, dormir, leer, dormir, ver Juego de Tronos... Con la tonteria al final casi me quedo dormido junto a la puerta de embarque, pero una amable señorita me vino a despertar y puede huir de ese ambiente de Mas Alla del Muro (fin de la cuota de alusiones freaks...).
Al subir al avion me di cuenta de que en la puerta de embarque ponia como destinos Santiago de Chile y Buenos Aires...¿?¿? Llego al asiento miro el mapa ese que sale en la pantalla de cada uno y no habia ni rastro de Buenos Aires, vuelo a Santiago... Voy a preguntarle al azafato y me dice que para en Santiago y que despues sigue a Buenos Aires, pero que hay que bajar. Me cuesta explicarle el galimatias de vuelos que tengo pero en resumen le pido que si me puedo quedar en Santiago y que me bajen la maleta del avion... Hubiese sido cachondo hacer una ida y vuelta "nonsense" a Buenos Aires con el añadido de tener que pasar aduana, recoger maleta, refacturar maleta... Seguro que hubiese acabado perdiendo el ultimo avion.
Total, que 6 horas antes de lo previsto llego a las tierras del verano y me presento en casa de Genis, el amigo que se ofrecio gentilmente a acogerme en su apartamento. Evidentemente lo pille haciendo la siesta (podria haber sido peor...). Y asi que he estado un par de dias re-conociendo una ciudad que ya visite hace unos 7 años en otro periplo viajero. Si a alguien no le gustan las ciudades y su estres, la verdad es que Santiago no es el mejor sitio donde puede ir. Ruido, coches, gente y humo a tutiplen. Una ciudad de 5 o 6 millones de habitantes metida en una cubeta entre los Andes y una especie de Serralada Litoral, es ideal para generar un caldillo de polvo y contaminacion digno de los mismisimos chinos (de momento aqui no han puesto una pantalla para ver la salida del sol en la plaza mayor...). Todo eso aparte, a mi la verdad es que ver el bullicio, la gente y escuchar de nuevo el animado acento chileno repleto de "ueones" y "ueas", es algo que me gusta. 
Yo cuando visito una ciudad me dedico basicamente a patear (apuesto a que no os sorprende). El verbo pulular se adapta bastante a los paseos que me pego mirando y escuchando a la gente y fijandome en detalles sin ninguna importancia objetiva, como el tamaño de los semaforos, como se pagan los autobuses o comparar precios de zapatillas de correr. Otra cosa que hago por sistema es subir al punto mas alto de la ciudad. Da una cierta sensacion de dominio, a parte de que aqui en Santiago te permite vislumbrar algun picacho nevado y especular con la posibilidad de que sea el Aconcagua. En este caso el pico mas alto es el Cerro San Cristobal, que tiene un tocayo en los Montes de Albarracin al que he subido unas 1567 veces. Merodeando por ahi descubri unos senderillos simpaticos asi que esta mañana he ido a entrenar un poco por ahi. Siempre es agradable descubrir corriendo y de paso desentumecemos un poco el cuerpo que si no el sabado...
Aqui en Chile son muy nacionalistas. No he visto ciudad con mas banderas por metro cuadrado. La que hay delante del palacio del gobierno se lleva la palma, secundada por unas 50 hermanas pequeñas alrededor. Una muestra de sentimentalismo mas callejero la encontramos en el street-art, donde grafiteros y poetas generan curiosas fusiones.


Tambien he intentado explotar el lado cultural, asi que me he dado una vuelta por el Museo de Arte Precolombino. Antes de que el hombre con mas origenes del mundo descubriese America, habian por aqui unas gentes que vivian mas o menos tranquilas. Hasta hace unos 10000 años el ser humano no llego por aqui, asi que tenian relativamente pocos problemas de espacio y no se atizaban demasiado. Os dejo un par de fotos de cosas que me han parecido curiosas: una botella con una forma rarisima (no me pregunteis porque pero tenian esa mania) y un utensilio bastante incalificable que usaban para contabilidad del que cuelgan 500 y pico cuerdas con nudos. Segun el numero y la posicion de los nudos me imagino que contarian vacas, sacos de trigo y demas... A primera vista no parece trivial...


Breve apunte gastronomico: Chile, como gran parte de Sudamerica, es territorio comanche para los vegetarianos. En 2007, siguiendo el consejo de un amigo me presente en un restaurante llamado Las Vacas Gordas, donde asesorado por el camarero me comi el mejor filete de carne que he probado en mi vida (algo de cuento siempre a mis amigos chilenos para hinchar su orgullo frente a los vecinos de al lado). Fueron 550 gramos de un animal cuyo nombre no habia escuchado en mi vida. He aprovechado para volver este mediodia con Genis al restaurante, con el objetivo de repetir aquella experiencia. Desilusion, ya no la tienen. Era un animal que se llama wagyu (un primo de las vacas) que al parecer va escaso en el mercado y sale muy caro. De todas formas, con el colchon moral del entreno de la mañana me he zumbado un bife de chorizo que no estaba nada mal.
Como os comentaba la idea de venir aqui a Santiago era visitar unos amigos, antiguos alumnos de la epoca en que me dedicaba a contar mentiras delante de una pizarra. Por lo visto les engañaba bien porque parece que no les caigo mal ;-) Ayer por la tarde juntamos un buen equipo. A parte de Genis, tuve el placer de encontrarme de nuevo con Oriol, una curiosa combinacion de todo-corazon con la mayor antidiplomacia del mundo (enorme el momento: chilena preguntando "te gusta Santiago?... No, lo odio"); Pablo, un antiguo compañero de batallas de mis inicios de tesis, que aguanto la anarquia y los problemas del ambiente en el que hizo su tesina (hay que ser muy buena persona para eso), y Lluis, un mallorquin que ostenta el record (empatado) de haberme aguantado mas años como profesor (con el cariño y agradecimiento por mi parte que eso conlleva). Podria proponerse batir tambien el de mas palabras pronunciadas por minuto. Es el Usain Bolt de la oratoria... (si os habla en mallorquin no hace falta que intenteis entenderle, no os molesteis...) Juntadle a eso a dos incorporaciones, Christian, un chileno ex-residente en Barcelona que dice 4 "ueones" cada 5 palabras y Yuri, un bielorruso que después de vivir en medio mundo habla un español perfecto con acento de Venezuela (habeis visto algo mas exotico?). Lo dicho, un equipazo. Rememoramos una noche en el que uno de los mencionados se dedico a sacar tortugas de la pecera de un restaurante chino de Barcelona y ponerlas boca arriba. No dire mas...

Y eso, que no digo mas. Dentro de un rato me voy a coger... perdon, tomar... el autobus, para ir hacia el sur, a Osorno. De ahi espero encontrar mañana mismo un autobus que me lleve a Villa La Angostura, en Argentina, donde el sabado empieza la carrera.
Espero tener ocasion de escribir otro post antes de la carrera para explicar un poco mas de que va el asunto.

Besos y abrazos

sábado, 31 de enero de 2015

The Wild Boar 2015

Tendría que haber inaugurado el 2015 en cuanto al blog se refiere hace un par de semanas, ya que tenía planeado correr el Trail Hivernal des Coursières, carrera en la que ya participé el año pasado llevándome la medalla de chocolate. Una inoportuna contractura en el gemelo el miércoles anterior me hizo llegar al domingo con la sensación de que no tenía sentido ir a correr 30kms a tope, así que renuncié al tema e intenté recuperar bien de cara al primer rogaine del año, el ya tradicional The Wild Boar, en la Llacuna.
Después del primer puesto del año pasado uno llega a la carrera con ilusión y con ganas de hacerlo lo mejor posible. De todas formas este año en la lista de inscritos figuraba un auténtico equipazo como el formado por Aurelio Olivar y Tommi Tolko, campeones de Europa hace dos años en este mismo terreno, muy buenos orientadores y corredores. Así que revalidar la victoria parecía harto improbable, pero por lo menos se presentaba una buena ocasión de ver a qué distancia estábamos.
Y así llega el sábado pasado, una mañana fría y un viaje en coche de Barcelona a la Llacuna, con Roma, Lluis y Tere, explicando batallitas como en los viejos tiempos, y con Lluís pasándome por la cara la eliminación del Valencia a manos de su Español... si, el hombre es perico... Llegamos a la Llacuna y me encuentro con Jaume, que me surte con más prendas de la equipación de nuestro equipo Fuby Sport. Aprovecho para agradecer la colaboración de este patrocinador al que no conozco en persona pero que certifico nos proporciona una ropa ideal para meterse por todo tipo de zarzas en plan animal, como suele ser mi caso. Si alguna vez necesitáis dormir en una cama de pinchos... Fuby Sport ;-)

Nos vamos para la plaza del pueblo y tras un breve briefing nos mandan seguir a alguien que nos conduce hacia la salida, que resulta estar a unos tres kilómetros. Un agradable paseo que no lo será tanto por la tarde, después de la paliza. El último trozo lo hacemos trotando y por fin llegamos a donde nos dan los mapas. Empiezan los 15 minutos de rigor para preparar la estrategia. Esto es lo que nos encontramos:

La salida es el triángulo que está abajo a la izquierda.
Al igual que las últimas veces, dividimos el mapa en cuatro partes y contamos los puntos en cada zona. La parte con más puntos es la de abajo centro y derecha, así que decidimos empezar hacia ahí y recorrer el mapa en sentido antihorario. Tema relieve, en términos generales hay una sierra que recorre del extremo izquierdo a la parte central superior y otra justo al sur de la salida en diagonal hacia el noreste. Toda la parte derecha es de relieve bastante irregular con valles que la van surcando sobre todo de norte a sur. Y en el extremo norte del mapa hay otro valle, pero no estamos seguros de que vayamos a llegar hasta allí. Decidida la estrategia global, ¿cómo salimos? La idea es hacer 31-41 y 32 (dejando la 43 que parece obligarnos a subir y bajar mucho ya de salida). Le echo un vistazo al plan general y la verdad es que tengo sensación de inseguridad. La zona inferior derecha me da la sensación de estar mal conectada y los caminos que hay enlazan mal las balizas... No sé... En medio de las dudas me olvido de echar un vistazo alrededor y ubicar bien las características de la salida... Craso error.


Felip, el organizador de la carrera, canta la cuenta atrás y salimos corriendo por la pista... ¿por cual?... Hemos salido corriendo detrás de dos italianos y cuando me doy cuenta las curvas no me cuadran. Espero la curva a la derecha que nos lleve a la 31 pero no aparece. Miro la brújula e indica casi oeste... Mierda. Le digo a Jaume que no vamos bien y nos paramos. Otro error... Llegamos a la conclusión de que estamos yendo hacia la 52. Decidimos ir hacia allá y ya veremos qué hacemos por el camino. A todo esto nos ha pasado bastante gente y cuando salimos a los campos donde está la baliza nos damos cuenta de que vienen más por otro camino que era más corto. Para postre la baliza está dentro de una cabaña y se forma un atasco en la puerta que no veas... Empujones entre todo el mundo. Perdemos un par de minutos. Conseguimos entrar dentro, hay un tipo peleándose con la baliza. Parece que a oscuras no la sabe meter (la pinza en la baliza...). Al final, alguien grita que saquen la baliza fuera y acabamos fichando en este accidentado control.

Bueno, centrémonos. Si hemos planeado recorrer el mapa de una forma, no parece adecuado ponerse ahora a improvisar. El año pasado perdimos 40 minutos en una baliza y lo recuperamos, así que no nos desmoralicemos por esto. Volvemos hacia la 31 y a seguir con el plan previsto. Nos encontramos la baliza más descongestionada que la anterior y recuperamos rápidamente la pista que recorre el río. El ataque a la 41 lo hacemos desde el oeste por un senderillo. Pequeño lío porque la baliza queda escondida al otro lado de un montículo, pero no perdemos más de un minuto. Salimos a la pista al este y seguimos dirección sur por sendero hacia la 32, fácil, sin más que seguir el sendero. Intentamos coger la dinámica entre los dos, de uno mirar la fita que toca inmediatamente y el otro preparar la siguiente. La secuencia que hemos decidido ahora es 51-93-71-86-75.

Subimos hacia la 51 por un sendero que a medias se pierde un poco entre unos árboles caídos, pero encontramos una pista que nos lleva hasta un collado y a la baliza que está en un claro del otro lado. Vamos por este lado del monte hacia la 93, por un senderillo que pica para abajo y un cortafuegos que sube a saco hacia el noroeste. Se ve la baliza allá arriba, pero la pendiente es dura y no llegamos nunca. Una vez fichado el control salimos a la cima y bajamos por el mismo cortafuegos al otro lado. El segundo camino que cruzamos es una pista que cogemos hacia la derecha. Nos lleva hasta la 71 sin problemas. Había dudas de cómo ir a la 86... Decidimos aprovechar el relieve y rodear la montaña por el norte para aproximarmos a la baliza por un senderillo desde el noreste. Por el camino hemos visto un sendero que salía en dirección a la 75, así que deshacemos parte del camino y lo seguimos hasta la zona abierta de campos. Un sendero se acerca a la baliza desde el norte pero cruzar el río no parece fácil, así que seguimos aguas arriba. El terreno se vuelve difícil y perdemos algo de tiempo. Una vez llegamos a la pista la cosa se pone más fácil y la baliza está junto a la pista. Después del fallo inicial parece que nos hemos repuesto y no hemos cometido ningún fallo grave en ninguna baliza. Espero que estemos siguiendo también la buena estrategia... Ahora toca ir hacia la zona sureste que no me convencía demasiado. El orden previsto es 63-37-91-62-46-61-65.

Un momento de relax por pista fácil hacia la 63, para ir planificando lo que viene. Cruzamos un campo de árboles y nos metemos al fondo del río por zona de vegetación espesa. Encontramos la baliza e intentamos salir por otro lado que parece más directo, pero ya se sabe que vale más malo conocido... No hay salida fácil, así que nos volvemos y salimos por donde habíamos llegado. Otra vez en la pista, ésta nos lleva a una carretera y cruzamos una zona de casas. Al otro lado atravesamos unos campos y siguiendo el relieve nos metemos en un valle por el que se avanza bien y además la baliza 37 se ve de lejos. Seguimos en la misma dirección hasta salir a la pista importante situada al este. Podríamos atravesar al este para ir a buscar la otra pista (línea discontínua) que va paralela. Pero entre la pendiente y la vegetación no lo vemos claro, así que vamos hacia el sur a buscar un sendero. Vamos conectando caminos hasta aproximarnos a la 91. No hay referencias claras, pero coincidimos con otros dos equipos y al final acabamos encontrando el hoyo en el que se encuentra. Recuperamos el camino y nos dirigimos hacia la 62, que atacamos desde el valle situado al sur. El mapa marca una zona anaranjada de terreno un poco más abierto, pero es difícil de reconocer. Barremos la zona entre los dos y al final la acabamos encontrando más por KO que por orientación. La ruta a la 46 tiene mala pinta, hemos de salir al oeste, cruzar el valle, encontrar la pista e ir acercándonos... Mucho campo a través, y empieza por terreno bastante guarro. Encontramos un sitio para cruzar el río y me meto pendiente arriba a saco, porque si empezamos a dudar aquí nos dan las uvas. Comiéndome las zarzas a mordiscos acabamos saliendo a la pista (nivel 2, discontínua). Un poco a la izquierda hay un desvío que nos viene perfecto. Cogemos el camino a la derecha y después de unas curvas decidimos atravesar en descenso hacia el oeste. La cosa sale bien y salimos rápido a la pista siguiente y de ahí atacamos ya bien la 46. Siguiendo la dinámica campo a través vamos al oeste, encontramos una pista y de ahí por unos campos llegamos a una vaguada sin camino pero por la que se baja bien hacia la 61. La encontramos bastante bien un poco a la derecha y de ahí vamos por sendero hacia la 65. Dos opciones de ataque, atravesar desde el sur o dar rodeo por camino y siguiendo una valla al final de la cual está la baliza. Optamos por esta segunda opción. Las cosas siguen yendo razonablemente bien. Justo llevamos 3 horas.

Volvemos al sendero y vamos hacia el avituallamiento por una pista. La idea ahora es hacer 72-77-82-36. La primera es muy fácil porque se llega al lado por camino y está dentro de un hoyo enorme. Salimos al norte encadenando varios senderos y atacamos la 77 desde el oeste siguiendo un riachuelo. Más allá de las zarzas no tiene mayor problema. Ahora nos toca una subida larga hacia la 82. Seguimos el borde de la urbanización. Mirando ahora los parciales me doy cuenta de que perdimos mucho tiempo aquí (20 minutos), básicamente entre comer y que hicimos mucho trozo por terreno abierto pero sin camino. El ataque a la baliza es campo a través a nivel desde el este y la acertamos bastante bien. Salimos al suroeste y por camino en ligero ascenso hacia la 36 todo por caminos. Aprovechando que el terreno es favorable, hemos estado discutiendo la estrategia para las 2 horas que quedan de carrera. La idea inicial era hacer 54-84-34-56-53, per aprovechando que hemos bajado a la 36, optamos por el recorrido 81-64-45-53, con la esperanza de poder añadir 94-66 si hay tiempo (poco realista).

La 81 resulta fácil, pero el trayecto a la 64 se hace largo. La 45 sale muy rápida pero hemos perdido tiempo y decidimos renunciar a 94 y 66 (con lo cual esta táctica alternativa dejaba de tener sentido porque hacemos 3 puntos menos con más distancia). El recorrido hasta la 53 es muy largo, con un sendero en subida que se hace muy lento. El único punto positivo a nivel personal es que físicamente me encuentro bien. Creo que es la primera vez en la que no he tenido sensación de tener al tío del mazo acechando, cosa que no me esperaba para nada después de la mediocre preparación que había llevado. El ataque a la 53 no es fácil. Bajamos al fondo del valle y no al primer intento pero al segundo sí que la acertamos. Salimos campo a través al suroeste, cruzamos campo de frutales y vamos conectando caminos hasta la 85. El plan, ya de vuelta en esta última hora, era hacer 85-74-58-67-33-44 y meta. De todas formas mirando el mapa no vemos claro el acceso de la 74 a lo alto de la meseta donde se encuentra la 58, así que renunciamos a la 74. Seguimos un camino que sube al sur y que se acaba en un claro. Hay que atravesar el bosque hasta un corta fuegos. Tiramos bastante de tozudería porque el terreno es complicado, pero acabamos saliendo al cortafuegos y a lo alto de la montaña. Miramos el reloj y vemos que la 58 y la 67 son poco compatibles, así que vamos a la 67 directos. Fichamos cuando queda media hora y bajamos pitando hacia la 33. Quedan 25 minutos, así que hay tiempo de ir a la 44. Si no hay nada raro no debería haber problema para llegar a tiempo. Llegamos a la baliza al mismo tiempo que el equipo de Navarra con el que ya hemos coincidido varias veces y la encontramos en el fondo de una zanja. Ellos salen hacia abajo y nosotros hacia arriba (peor opción), pero cada uno por su camino volvemos a coincidir en un campo de frutales. Al otro lado encontramos un camino que pasa junto a la 31, que ya habíamos fichado esta mañana, y tras algunas dudas salimos a la pista que nos ha de llevar a la meta. Quedan 5 minutos, así que ningún problema para recorrer estos últimos 300 metros. Llegamos a meta con 3 minutos y pico de margen pero yendo tranquilos en el último tramo.

Siendo sincero, yo durante la carrera pensaba que lo estábamos haciendo bien e incluso le dije a Jaume que creía que era el mejor rogaine que habíamos hecho a pesar del fallo inicial, porque después no habíamos hecho ningún error al encontrar las balizas y habiamos tenido suerte en varias aventuras campo a través. Al contar los puntos me salen 160, 5 más que el año pasado. Voy dándole vueltas al asunto mientras recorro, pelado de frío, los tres kilómetros de vuelta hacia el pueblo. Llega el momento de cenar el clásico plato de cap i pota (una bomba calórica). Mientras estamos sentados salen los resultados y hemos quedado terceros... No os engañaré, siendo sincero yo iba a la carrera con la esperanza/objetivo de quedar sólo detrás del equipo de Aurelio Olivar y Tommi Tolko. Nos ha ganado también el equipo formado por David Tarrés i Albert Vilana, por otra parte un equipo con experiencia y buenos resultados en estas lides. Más que las posiciones lo que fue una cierta decepción fue las diferencias. David y Albert nos sacaron 14 puntos, es decir entre 2 y 3 balizas y Aurelio y Tommi... 47!! Normalmente a nivel de ritmo de carrera vamos bastante parecido, así que debemos haber cometido más errores de lo que pensábamos a nivel de ataque a las balizas y sobre todo a nivel de la estrategia.

Mirando los resultados parciales y el recorrido de cada equipo empiezo a entender en parte las cosas.
http://www.thewildboar.org/resultatsrogainingtwb2015_parcials.pdf
La estrategia de los dos equipos que nos preceden, del 4º y del 5º es totalmente opuesta a la nuestra. Repasando el mapa me doy cuenta de que esa opción aprovecha mejor el perfil del terreno y que han evitado los tramos largos entre balizas que nos hemos comido. Otro como el 82-77, Aurelio y Tommi lo han hecho de bajada. Una moraleja que me llevo de esta carrera es que, a parte del relieve, penaliza MUCHO hacer tramos largos entre balizas cuando la conexión es por terreno sin camino (ya sé que es lógico).
En ese sentido, incluso siguiendo nuestra opción ahora me doy cuenta de otras combinaciones que hubiesen encadenado balizas más próximas entre sí: 31-41-43-32-51-93-75-63-86-71-35-34-84-54-83-65-61-46-37-91-62-72-77-82-... y de ahí dejar la parte superior, aunque eso no evitaría los dos tramos largos sin balizas 82-64 (aunque recto por pista y en bajada) y 45-53...
Bueno, este coñazo técnico va dirigido a Jaume, espero que los demás hayáis dejado de leer hace un rato.
Total, que tenemos muuuucho por aprender, jejeje. En lo positivo, haberme encontrado bien físicamente y sin recaer de mis molestias (aunque esta semana he vuelto a tener algún amago...).
Ahora toca cambiar de chip y en una semana me voy de vacaciones deportivo-viajeras con vistas a una de las carreras que forman parte del proyecto 7 Ultras - 7 Continentes. Se trata de la Misión Race, en Bariloche, norte de la Patagonia argentina. No negaré que la preparación no ha sido la óptima, pero vamos con ilusión y ganas de hacerlo bien. Espero que los largos viajes que me tienen que llevar hasta allí no pasen demasiada factura. Seguiremos informando...

Besos y abrazos