sábado, 28 de septiembre de 2019

Swiss Peaks (1ª parte)


Hace días tenía preparada esta crónica… Cada noche de las dos semanas de viaje por los Balcanes consistió en revivir un trocito de la aventura y plasmarlo en unas líneas como estas, intentando recoger todos los detalles que me gustará revivir cuando lea esto dentro de cinco o diez años. La criatura, no es por asustaros, nació con 26 páginas de peso, que quedaron en mi Tablet a la espera de un Internet estable y unas fotos que las acompañasen… El primer día de vuelta en Girona un hijo de siete padres me robó la mochila del coche con la Tablet y la historia dentro… Así que nada, me dispongo a correr la carrera por tercera vez, esperando tener la memoria en marcha y ser fiel a las sensaciones y emociones que viví en esta experiencia de vida, a la que podría ponerle tantos y tan variados adjetivos.
La idea de hacer la Swiss Peaks nació como un plan B. No es la primera vez que me toca buscar un segundo plato tras un resultado negativo en el sorteo del Tor des Geants. Así acabé en la isla de la Reunión en 2016, y así decidí buscar algún objetivo similar para este 2019. Ese objetivo apareció cuando Sergi, uno de los amigos del grupo con el que salimos a correr en Girona, me propuso un cambio de nombre para el dorsal que él ya tenía pero para el que no sentía suficiente motivación como para pasearlo durante semejante recorrido. Formato similar, montañas bonitas, lugares en parte desconocidos para mí, ubicación adecuada dentro del calendario… Los datos concretos: 360 kilómetros y 26000 metros de desnivel positivo (oficialmente, aunque cada vez hago menos caso de estos datos oficiales…), recorridos por toda la vertiente sur de la región del Valais (sur-suroeste de Suiza), desde el pueblecito de Oberwald hasta Le Bouveret, a orillas del Lago Leman. Buena opción, vamos allá. De esta manera se gestó este segundo gran objetivo de la temporada.
He de decir que la resaca del fracaso del primero de esos objetivos, el Mundial de Rogaine, no fue muy positiva. La decepción me dejó en un estado de cierta apatía e indiferencia, en el que iba viendo venir este objetivo sin la ilusión y la determinación que requería. Además, durante los entrenos las sensaciones puramente físicas de pronto fueron peores, como si alguno de los parámetros de funcionamiento del motor estuviese en un rango que no tocaba. Sea como fuese, las fechas se acercaron, llegó el momento de bajar ritmo de entrenos, descansar e irse para tierras suizas. Después de una visita a Lyon para recordar viejos tiempos, después de una incursión como espectador en el UTMB, después de estar una tarde en Les Houches preparando rollitos de mermelada, trozos de membrillo y paquetes de puré de patata, un viernes por la noche me presenté en Le Bouveret, donde me encontré con Josep, otro de los amigos del grupillo de correr, también apuntado a la aventura. El sábado fue el típico día previo a una carrera, con la particularidad de tener que hacer el trayecto en tren hasta la salida, en Oberwald. Esas cuatro horas en tren nos sirvieron para darnos cuenta de la magnitud de la tragedia… Por el camino, nuevos compañeros de viaje, Carles y Carlos, el primero de ellos veterano de la carrera y con el que compartimos hotel la noche antes. De esta forma nos plantamos en la mañana soleada del domingo 1 de septiembre…
El pueblo de Oberwald no es una gran metrópolis. Ni tampoco Chamonix, ni Courmayeur… Y estamos en Suiza, que no es Zegama… En fin, que el ambiente es tranquilo, por lo menos hasta que miras detrás de los ojos de este o ese corredor. Ahí sí se deja ver la incertidumbre ante lo que nos espera. Por mi parte, como me pasa muchas veces, de lo que tengo ganas es de dejar atrás las especulaciones y entrar en materia, dejar de pensar en lo que vendrá para fijarme en aquello en lo que estoy metido. Dejar atrás las incertidumbres físicas y mentales para pasar a tener que gestionar certezas. Silvano, el célebre speaker italiano que no pronuncia la “r”, va repasando el cartel de favoritos con su prosa refinada. Intento no escuchar demasiado… Top “no se qué” en el UTMB, tal posición en el Tor des Geants,… Venga va, cinco minutos, dejémonos de palabras…
Salida (Km0, 0h):
No es la música de UTMB ni de Cavalls del Vent, no os voy a engañar, pero tampoco me importa demasiado. Lo que necesito es esto, oír esta cuenta atrás, pasar bajo el arco y salir montaña arriba. Cruzamos el pueblo con ese trote de ritmo excesivo que canaliza las ganas acumuladas de la gente, mientras yo intento aclimatarme a la zancada y comprobar que nada falle, que no salte ningún bidón, que los nervios no hagan fallar ningún músculo… Todo en orden. Salgo del pueblo con 7 u 8 corredores delante y Josep un pelín por detrás. Un par de tipos con mochilas de Compressport, un corredor con zapatillas Nike, un tipo pelado y moreno de piel con camiseta de Tecnica, un suizo con el dorsal 1 que corre exageradamente de metatarso… Yo para nada, amortiguo con todo, traicionando los antiguos conceptos de mi época de ochocentista…
Me meto dentro de mí mismo y busco ese baile rítmico de trote y respiración ayudado por pequeños impulsos con los bastones. Los primeros dos kilómetros discurren por una pista semiasfaltada que pica para arriba. Es momento de guardar y que las pulsaciones no se disparen. Dejo que se abra algo de hueco entre mí y el grupo delantero. Me gusta la 7ª u 8ª posición. Suele ser un buen indicador de que voy al ritmo adecuado. Seis o siete personas agrupadas delante significa que hay cinco o seis que seguramente no van al ritmo que les conviene. En un tobogán de bajada la distancia se amplia, para reducirse después al llegar al primer sendero. Perfecto, a caminar…
Me adapto al modo caminante mientras llego a un bonito replano con colores resaltados por el día soleado. Troto un poco y me acerco a un corredor de azul que se ha quedado en tierra de nadie entre el grupo delantero y yo. Le alcanzo en el siguiente repecho. “When do you plan to arrive?” (a pesar de que las interacciones fueron en un mejunje de francés, inglés, italiano y lenguaje de símbolos, voy a pasar todo al castellano para no volveros locos)… “Bufff… La verdad es que no me gusta hacer muchas predicciones… No sé, espero que en algún momento del jueves, cuanto antes mejor…”. Pero vamos, que ahora mismo simplemente la idea de “llegar”, ya ni siquiera el jueves, me parece de lo más lejana. Se llama Yann y es de Annecy, con lo cual nos pasamos al francés. Ha venido con un grupillo de amigos o familiares y visto que llevamos un ritmo bastante parejo nos ponemos a charlar para amenizar el trayecto. La subida acaba y recorremos un tramo llano por un balcón de la montaña con vistas espectaculares hacia la vertiente norte del Valais. Una fina capa de nubes filtra algo los rayos del sol, cosa que se agradece porque en la salida picaba de lo lindo. El tramo llano poco a poco se va decantando hacia un descenso por bosque que recorremos de manera bastante relajada. Hay que guardar cuádriceps, gemelos y todo lo que sea. Con algunos relevos en cuanto a la cabeza del dueto, llegamos a una pista en el fondo del valle que tras unos 500 metros nos deja en el primer avituallamiento.
Ulrichen (Km 12, 1360m):
Cojo un plátano, repongo líquido y busco algo en el bolsillo de la mochila. Joder, no llego… Un poco más y me disloco un hombro… Venga, quítatela y no hagas gilipolleces, a ver si vas a tirar todo al retrete por no perder 5 segundos… Sin mucha más historia salgo del avituallamiento seguido de Yann y de otro corredor que ha bajado más rápido que nosotros. Las banderolas se meten por algún tramo de sendero que corta algunas de las curvas de la carretera que sube al Nufenen Pass. Pongo un ritmo de trote algo más ambicioso para ver si cojo un buen paso y me acerco algo a los de delante. Después del último cruce de carretera aparece un tramo de pista que se presta a llevar esa dinámica. Mis dos compañeros se quedan atrás y yo voy describiendo curvas hasta una casa donde se acaba el camino rodado. Las marcas cogen un sendero a la izquierda y describen unas cuantas revueltas, que sigo mientras miro montaña arriba para ver dónde están los de delante. Allí arriba hay uno trotando, ahí otro, y otro… Bueno, estamos ahí. La subida va aflojando y se vuelve a transformar en otro tramo en balcón pero algo más rompepiernas que el del tramo anterior. Aquí noto que los de delante se separan y me quedo en tierra de nadie. Casi mejor, fíjate en tu ritmo y no te emociones…
Voy bordeando la montaña, pasando vaguadas más o menos profundas, hasta una más marcada donde aparece una pista. Las marcas bajan por ella y la van alternando con algunos atajos por sendero. Poco a poco me voy metiendo en este nuevo descenso que me deja nuevamente en la llanura glaciar del fondo del Valais. Una nueva pista bordea a la izquierda y se mete hacia un valle más marcado. El avituallamiento tiene que estar por aquí… Pues no, las marcas empiezan a subir por un sendero. “Está lejos el avituallamiento?” le pregunto a un caminante. “No, no, en la ermita”. Miro hacia arriba y veo una iglesia en un saliente rocoso. Un duro repecho de unos 100 metros me deja en un bonito replano a la sombra con una fuente de agua que estaba espectacular.
Reckingen Stalenkapele (Km 27, 1444m):
Cojo algo de fruta, alguna galleta, y nuevamente repongo líquido y Tailwind en uno de los bidones. En medio de las operaciones de repente me doy cuenta de que hay un corredor al lado. Camiseta azul… Es de los que estaban delante? Quiero pensar que sí… He venido bien todo este tramo, no creo que me haya alcanzado nadie. Miro el dorsal… Italiano. Le miro, intentando establecer algún tipo de diálogo o interacción, pero no me hace mucho caso. Bueno, pues nada, me voy…
Salgo del avituallamiento por un repecho, con el italiano detrás. Llegamos a una pista bastante llana que me invita a trotar un poco. Me giro y veo que el italiano camina… Sí, seguro que iba por delante, se ha pasado de rosca y ahora está empezando a decaer… (Juassss, menuda vista que tengo…). Animado por lo que interpreto que es ganar una posición, sigo trotando por todo un tramo de pista pedregosa que sube por el fondo del valle. Venga, bien, tengo que llegar hasta allí al fondo y entonces subida a la derecha… En el cambio de dirección hay una pareja, no se si de voluntarios o de caminantes, que me indican el nuevo rumbo. Miro hacia allí y veo otra silueta. Perfecto, otra presa. La pendiente del sendero se acentúa y poco a poco la distancia con mi predecesor va disminuyendo. De repente, tras un pequeño escalón de la montaña me lo encuentro sentado en el suelo bebiendo de una botella. “Ça va?”… “Oooooouuuuuaaaaiiiiiii”… En francés, cuando te preguntan “qué tal”, el grado de alargamiento del “oui” es inversamente proporcional al convencimiento de tu respuesta. Este “oui” es bastante largo. El hombre está crujido.
Gano una posición y sigo superando escalones, ya por terreno de prados. La vista se abre y veo dos siluetas más delante, aunque la subida toca a su fin sin que consiga la distancia con ellas disminuya de forma significativa. Bueno, no pasa nada, estamos ahí. Preocúpate de no descuidar la comida… Eso hago durante estos primeros compases del descenso. Viene un tramo algo traidor, con algunos repechos intermedios y trozos de descenso no muy pronunciado y sin camino en los que toca empujar. Voy corriendo a un ritmo que me parece digno intentando no meter el pie en ningún agujero anti-tobillos. De repente oigo un ruido detrás de mí… Osti, el italiano… La camiseta azul aparece corriendo con soltura con los palos en bandolera. Llega a mi altura y me pasa, con una respuesta a mi saludo que o no existió o no escuché. Está concentrado el hombre… Lo cierto es que el tipo baja con una zancada envidiable. Pues va a ser que venía de atrás y no se estaba hundiendo…
Venga, no te duermas… Incremento algo el ritmo para intentar no perder comba… El prado se acaba y aparece otra pistilla de piedras bastante empinada. Parece que la distancia se estabiliza, aunque yo noto que he subido el ritmo y quizá no voy lo cómodo que debería. Bueno, no deberíamos tardar mucho para el avituallamiento del km43. La verdad es que me apetece, por no decir que empiezo a necesitar ese “break”. Otro ruido al lado mío… Coño, el francés. Bufff, esto sí que no me lo esperaba… Pero si estabas sentado en el suelo… Pues nada, el tío se ha recuperado y también baja mejor que yo. Yo no sé si a todo el mundo le pasa, pero yo soy especialmente sensible a estos cambios de tornas en los que descubres que ahora vas peor que alguien que hace un rato has visto hecho trizas. Me ha pasado varias veces y ahora nuevamente me mina la moral.
El francés me pasa y se va a por el italiano, que en una de estas se para en un reguero a coger agua. Tercer y último intento de interacción sin respuesta, así que sigo bajando por la pista buscando el avituallamiento, que se me antoja cercano. Efectivamente, tras un par de curvas aparecen unas casas y en la primera de ellas está montado el tenderete. Bueno, párate, come y bebe, porque estás entrando en el primer bache de la carrera…
Chaserstatt (Km 43, 1779m):
A ver, qué tienen para comer… Algo que me dé energías… Mira, un pastelito de frutas, tiene buena pinta. Me tomo mi tiempo. De hecho quiero que salgan ellos antes y poder bajar a mi rollo, sin referencias. Lo necesito. Vuelvo a recargar agua. Estoy bebiendo un montón, no se… Tengo como sed compulsiva… Hace calor, pero no para tanto…
Mis dos compañeros salen y yo lo hago un minuto después. Algo de senderillo, algún tramo de pista. Así va avanzando la bajada. Hago balance de la situación: después de un primer tramo de calentamiento, un segundo con algo más de alardes y una tercera subida con buenas sensaciones, la cosa se está empezando a torcer. Esta bajada “de empujar” es el típico terreno donde se demuestran las fuerzas y parece que esas fuerzas no se corresponden con las sensaciones que tenía hasta hace un rato y sí con las menos buenas de los entrenos previos a la carrera. Ahora llego a la primera base de vida. Es momento de comer bien e intentar volver a entrar en carrera, buscando el ritmo y la dinámica que puedo llevar en las condiciones actuales. Y sobre todo paciencia, al fin y al cabo no hemos hecho nada todavía.
Con estas reflexiones acaba la bajada y aparezco en un bonito puente tibetano al final del cual hay un tipo tomando fotos. Salgo al extremo opuesto y cambio de tercio, dejando el trote para más tarde y volviendo a caminar en un nuevo repecho. Se confirma mi falta de alegría. El ritmo no es del todo malo, porque al fin y al cabo yo cuando se trata de caminar, lo hago rápido, pero la dinámica interna no es positiva. En alguna recta vislumbro al francés, que parece que las subidas no son su terreno, pero no le recorto significativamente. Se acaba el repecho y troto de nuevo por un camino cómodo que baja en dirección oeste. Entre los árboles se puede ver ahí abajo todo el núcleo urbano de Fiesch. Las marcas me dejan en una carretera y siguen adelante, callejeando entre subidas y bajadas. Al otro lado del pueblo aparece la base de vida. Hace rato que la necesito…
Fiesch (Km50, 1062m):
“Las bolsas por aquí”… Recojo mi bolsa de vida… Y la comida?... “Allí arriba”… Bufff, escaleras para subir al restaurante. Me toca cargar con la bolsa. Si quiero aprovechar mientras como para ir cambiando material... Creo que son detalles a tener en cuenta por la organización para disminuir la diferencia entre tener o no asistencia. No estoy en contra de la asistencia, faltaría más, soy el primero que disfruta muchas veces de la compañía de mis padres. Pero creo que se debería tender, en la medida de lo posible, a que las ventajas de tener asistencia sean simplemente morales y no tanto logísticas. El plato de arroz con tomate y carne mejora algo mi estado de ánimo. Sigo con mi dinámica de beber compulsivamente y me fundo una jarra de agua, mientras voy pasando material de la bolsa a la mochila. Por ahí anda el italiano, el francés, el suizo del dorsal 1… Me da bastante igual, tengo que intentar comer bien y volver a entrar en carrera. Otra operación que me toca es cambiar de zapatillas. He salido con las Hoka Mafate Evo nuevas, que son cómodas pero me ha salido una molestia entre el metatarso y los dedos del pie que ya había tenido el año pasado cuando corría con zapatillas muy amortiguadas. Así que me paso a las Brooks Cascadia y a ver si corregimos la molestia. Venga, pongámonos en marcha otra vez. A ver qué tal se me ha puesto la gasolina.
Dejo la bolsa de vida otra vez en su sitio y salgo en descenso por las calles del pueblo hasta cruzar el río. Afronto un primer repecho suave que afronto mientras digiero la comida y un segundo en diagonal a la derecha, de unos 200 metros, que también me sienta relativamente bien. Paso un colladito y las marcas me llevan por otra diagonal, ahora a la izquierda, hasta cruzar un puente en otro valle secundario más profundo. Después de estos dos aperitivos, ahora viene la subida de verdad, donde vamos a ver en qué dirección vamos. Cojo el ritmo de caminante y afronto el primer tramo de subida, que discurre por un sendero en revueltas que va atravesando una pista que discurre más o menos en paralelo. La cosa empieza bien pero sigo necesitando beber mucho. Encuentro una fuente en un grupo de casas donde hay dos personas mirando. Les señalo el agua y me dan permiso para coger. Me cuesta controlar las ganas de pegar un trago infinito que de buen seguro me sentaría como un tiro. Salgo de las casas con algo de confusión por la falta de marcas y sigo con la subida, que va aflojando poco a poco para pasar a un tramo más llano a una altura de unos 1900 metros. Este tramo lleva flanqueando hacia la derecha hasta afrontar un segundo tramo de subida dura de unos 500 metros de desnivel.
Contrariamente a lo que parecería lógico, a medida que la subida afloja me voy encontrando peor. El recorrido discurre por una pista que pica para arriba pero suficientemente tendida como para estar “obligado” a trotar. Noto que me faltan fuerzas y ganas, así que voy bajando progresivamente el listón de la pendiente a partir de la cual me permito caminar. El flanqueo se me hace largo y voy buscando el valle definitivo por el que la carrera se enfile a la izquierda. Por fin aparece… Tengo cierto alivio de poder caminar sin remordimientos, pero esa sensación dura poco. El incremento de la pendiente enseguida pasa factura y va incrementando mis dudas y disminuyendo mi ritmo. El ritmo de paso-bastón-respiración cada vez se hace más cansino. El tío del mazo empieza a merodear, se pone a caminar a mi lado, salimos del bosque a los prados del bosque… Y me da en toda la cabeza. Veo el collado allá arriba, lejísimos, me parece… Bajón moral, se declara el estado de crisis… Afronto una rampa dura, ya sin ningún tipo de ritmo. Brazos adelante, empuja, sube una pierna, sube la otra… Voy avanzando como puedo. Debo parecer uno de esos “alpinistas” de las colas del Everest…
El bajón es físico y moral, y las dos componentes se van retroalimentando. He comido bien, todo según lo previsto. He bebido bien, de hecho me sorprende la cantidad de agua que estoy necesitando. He tomado sales, no tengo rampas ni nada. El ritmo que he llevado debería ser asumible, al fin y al cabo una media de unos 7 km/h con el tipo de terreno que hemos tenido no debería ser como para estar así. Evidentemente no es un ritmo sostenible durante 360 km, pero no es para estar así al cabo de 60 kilómetros. No me duele nada en concreto… Simplemente no tengo fuerzas. Es coherente con mis sensaciones del último mes. No sé, algo debe ir mal. No sé si estaré falto de hierro, de vitaminas… No sé… Algo falla. El tema es que no voy ni para atrás y en este plan no puedo plantearme completar el recorrido que tengo por delante. En medio de estos pensamientos depresivos va pasando, muy lentamente, este segundo tramo de subida hasta el collado de Furgerchaller.
Llego a la cima ya con poca luz. El paisaje al otro lado es muy bonito, con algunos rayos a lo lejos, muestra de esas tormentas que anunciaban pero que no se han llegado a concretar sobre nosotros (podríamos estar peor…). Al otro lado del collado aparece una pista, suave, picando para abajo… Nada, ni con esas… Totalmente apático sigo caminando por ella, siguiendo con las mismas reflexiones negativas. Pasado un rato me decido a trotar un poco. Va, que si no no llegaré nunca a ningún lado. Queda un repechillo, más tendido, intento trotar hasta que empiece la subida… Venga, ahora vuelvo a caminar… Este nuevo tramo de subida es relativamente cómodo. Son 200 metros de desnivel (netos), con pequeños tobogancillos, pero muy tendidos. Aunque vaya tieso, alargo un poco el paso y el ritmo es más o menos digno. Llego a lo alto del collado de Saflischpass (2561 m). La verdad es que las sensaciones no han mejorado, y tampoco lo hacen en el descenso. El camino baja flanqueando hacia la derecha bordeando la montaña por un sendero pedregoso que, oh sorpresa, me entra bastante mal. No consigo reunir fuerza física ni mental para correr de manera continua y me limito a saltos cansinos con un breve trote para caminar después unos metros antes de repetir la secuencia. Nada, no voy ni para atrás, ni subiendo ni bajando. Replanteemos la carrera. De esta forma parece impensable poder hacer 300 kilómetros más, ni siquiera a ritmo tranquilo. Ahora viene el avituallamiento del kilómetro 70. Quizá una opción sería pararme un rato a dormir, desconectar, esperar que llegue Josep e intentar seguir con él. Al menos el ir acompañado me puede hacer cambiar dinámica mental y seguir adelante con el recorrido, aunque sea de manera menos competitiva. El problema es que tal como voy no estoy para seguir a nadie y tampoco veo cómo pueden mejorar las cosas. Ya he vivido muchas carreras en las que se gira la tortilla, en las que pasas por crisis y después te recuperas. El problema es que hago un repaso mental de esas situaciones y siempre hay algún error detrás: o no había comido suficiente, o no había bebido, o falta de sales, o había salido demasiado rápido… Pero aquí creo que todo eso lo he hecho bien, simplemente me noto sin fuerzas. Siento que se confirman las dudas físicas con las que venía. En medio de estos pensamientos aparecen las luces del avituallamiento, al que llego perseguido por la luz de otro corredor que me ha venido recortando en el último tramo.
Fleschbode (Km70, 2134 m):
“Qué tal vas?”…”Mal”… Respuesta fácil, cortita y al pie… “Tenemos tartiflete!” me intentan animar. Hombre, una buena noticia! Venga, un plato a ver si me da algo de fuerza. Me preguntan por el problema y les hago un resumen de la situación. “Puedo quedarme a dormir?”… “No, aquí no se puede. Sólo se puede dormir en las bases de vida”… No? A ver, no necesito una suite, solo algún sitio donde tumbarme un rato… Nada, que no se puede. Eso me desmonta los planes… “Bueno pues, puedo abandonar?”… “No, sólo se puede abandonar en las bases de vida”… Pero cómo no voy a poder abandonar… “No, si quieres abandonar tienes que hacerlo en el kilómetro 109”… No, si ya sé dónde está la base de vida. Tu crees que puedo hacer 39 kilómetros con 3000 metros positivos que debe haber, tal como voy? Solo pensar en los 1600 metros de la siguiente subida me da algo. “Pero no veis que aunque quiera no sé si soy capaz de llegar?”… Nada… Aparece un hombre y me dice “Pero sabes vienes de una base de vida? Sabes que ahí podías abandonar?”… y encima en plan borde… Le miro incrédulo…”Señor, en 20 kilómetros tu vida puede pasar de aquí a aquí” le señalo con las manos… Vaya panorama, ahora además de estar fundido estoy cabreado. “Bueno, si quieres puedes dormir aquí, pero sólo dos horas” me dice una voluntaria que se apiada de mi. “No, es igual, me voy”…”Venga, creemos en ti”… “Yo no”…
Y me largo. Sigo bajando mientras discuto mentalmente con el hombre del avituallamiento… Será… Vaya y haga esos 20 kilómetros hombre, a ver qué le parecen… Venga va, olvídalo, ya tienes suficientes problemas como para además dejarte llevar por el lado oscuro. Sigo con el descenso por lo que parece una pista de esquí, hasta llegar a unas casas donde me quito el impermeable, que hace calor. Las marcas se meten por un sendero… Tengo una idea… Aquí abajo hay una carretera, puede que estén el grupo de franceses que siguen a Yann. Si están puedo abandonar e irme con ellos a la base de vida. A ver si hay suerte…
El sonido cada vez más cercano de algún que otro coche me indica que me voy acercando a la ansiada carretera. Después de infinitas revueltas una de ellas me deja delante de la carretera. Hay un grupo de gente con frontales… Son ellos?... Me saludan… Parece que sí, bufff, qué alivio.
Los gritos de ánimo bajan de volumen en cuanto hago un gesto con las manos de “hasta aquí hemos llegado”. “Qué tal vas?”… “Mal, mal, me paro, no tengo fuerzas.” Les repito a ellos también las mismas reflexiones… “Lo has pensado bien? Nosotros estaremos también en el kilómetro 97, que también se puede llegar en coche”… Ya llevo un rato con ello, sí. En cualquier caso hay que esperar a que llegue Yann, así que me siento un rato. Llamo a mis padres y les explico la situación. “Voy a esperar un poco aquí, pero en principio me voy con ellos a la base de vida”. Cuelgo y me quedo sentado en ese quitamiedos sumido en mis pensamientos. Una temporada bastante desastre, con dos fiascos absolutos en los dos objetivos principales. En este segundo, la decepción de no haberlo afrontado como requería, de no haber preparado mentalmente lo que supone enfrentarse a 360 kilómetros. Aquí estoy, fuera después de haber hecho la quinta parte… (llega Yann a muy buen ritmo y sigue adelante seguido de uno de sus amigos)… Pero es que el tramo anterior me ha dejado vacío. Sólo pensar en los 1600 metros de la siguiente subida… Es como dar cabezazos contra un muro… “Cómo lo ves?” me preguntan… Lo veo tan negro como claro… Y mañana qué?... Cuál es la perspectiva?... Mi idea era irme de vacaciones a los Balcanes después de la carrera, pero con qué ánimos me voy para allá?... Me vuelvo para casa, a currar y listos?... Será duro el viaje de vuelta. Qué agobio… Batidora mental… Sé lo que voy a pensar: me retiré después de sólo 20 kilómetros de crisis… Si hiciese otra subida... Si me siguiese encontrando mal me podría retirar más tranquilo…
La idea aparece en mi cabeza como una cuerda que avanza hacia mí. El único punto de salvación que ha aparecido en medio del abismo del abandono en el que llevo cayendo desde hace un rato. No habrá mas cuerdas, o te coges, o te vas al hoyo. Sin reflexiones, ahora o nunca… Levanto la cabeza… “Voy a probar”. Me levanto y salgo corriendo hacia la noche entre los gritos de ánimo de los franceses…


martes, 6 de agosto de 2019

World Rogaining Championships 2019

Supongo que much@s ya sabréis cómo acabó esto...

El Campeonato del Mundo de rogaine era el objetivo del año, por no decir la cita que teníamos en mente desde el buen resultado en el Campeonato de Europa de hace dos años. Muchos rogaines de preparación a lo largo de la temporada, carreras de orientación específica para seguir aprendiendo en los aspectos técnicos, los clasicos entrenos de Aligots de los jueves...
Así llegó la fecha y nos presentamos en La Molina el viernes al mediodía, para cumplir con el clásico ritual de recogida de dorsales, preparación del material y descansar para estar a punto al día siguiente. El día amanece con la mala meteorología prevista, que por lo menos nos da un respiro hasta el momento de recoger los mapas y empezar a preparar la estrategia. Como en todos los campeonatos de 24 horas, 3 horas para ese cometido, que parecen muchas pero se han de aprovechar a tope, ya que hay muchas combinaciones y es muy difícil optimizar el recorrido. Muchas especulaciones previas que toca poner en práctica en el momento que abrimos el mapa. Esto es lo que encontramos (os dejo el link que es más práctico que una imagen en la que quedaría todo demasiado pequeño):
https://tracktherace.com/es/world-rogaining-championship-2019/race
El terreno de carrera presenta unas zonas muy diferenciadas, tanto a nivel de vegetación como de relieve. En cuanto a la orografía, se podría simplificar diciendo que corremos en un valle que recorre el mapa del noroeste (zona baja) al sureste (zona alta), con las zonas altas que lo bordean y una vertiente al norte que baja en dirección a Francia. A nivel de vegetación hay toda una zona baja (por debajo de 1900 más o menos) de zona más boscosa, y una zona alta predominantemente de praderas abiertas. A falta de contar los puntos de las diferentes zonas nuestra idea era dejar la zona abierta para la noche, principalmente porque la orientación es previsiblemente más sencilla. El hecho de que la meteorología para las primeras horas sea peor, supone un punto más a favor de evitar las zonas altas durante las primeras horas. Nos arriesgamos a que haya niebla en la zona alta durante la noche, pero en el balance de pros y contras nos parece que es mejor dejar la zona abierta para entonces. Además, eso favorece una estrategia global que optimiza el desnivel y hace que la última parte de carrera sea predominantemente en descenso.
Teniendo en cuenta eso, para nosotros la manera óptima de recorrer el mapa es describiendo una U con eje en el valle. Algo así:
Como de costumbre, partimos de la base de no renunciar a ninguna zona, sino conectar todas las balizas intentando que haya bucles de donde poder "irnos desprendiendo" de las balizas que nos parezcan poco rentables, pero siempre teniendo en cuenta el ritmo que llevamos.
Una vez decidida la estrategia general pasamos a definir el recorrido en detalle. 
- Decidimos salir barriendo la zona que queda por debajo de la salida-meta, pasando por 25-48-33-43
- Seguimos por el fondo del valle cogiendo la zona por debajo de la Collada de Tosses, que tiene bastantes puntos y están bien conectados: 53-79-73-95-93
- La zona alta al norte del valle hay que barrerla en dos veces, una ahora y otra cuando volvamos en dirección sur. Nos parece que lo mejor es incluir ahora hasta 68, que si no quedaría muy colgada, haciendo lo siguiente: 56.46-96-68-30-49-86
- Recorrido por la zona baja del norte: 86-76-36-106-60-97, y añadiendo un bucle en subida-bajada para ir a buscar 66-67-88 y bajar a 108.
- De aquí subida progresiva en dirección sur: 108-26-77-57-87-37-63-29-107-75, bastante modificable en función de cómo lleguemos a ese punto.
- Bucle para cubrir la segunda parte de la zona alta: 75-58-90-65-85-45-105-50-55-35
- Recorrido por la zona alta hasta la Tossa d'Alp: 35-40-91-31-61-98-51-78-41-71-27-81-42-103-72-70-92
- Bajada hasta Alp: 92-52-32-62-82-69-89-102-64-44-99-109-74-28-84-54-80
- Vuelta a la meta por: 80-39-22-94-21-34-38-23-47-24-meta

El recorrido os deja bastante satisfechos. Presenta bucles que nos permiten descartar 10 o 12 balizas de manera bastante cómoda y con poca puntuación en juego. Además esos descartes evidentes están principalmente en la segunda mitad del recorrido (26, 57, 50, 71, 44-64, 28, 22, 21, 47, 24). También alguna de más puntuación como 98 o 103 que tocará valorar llegados a ese punto.
Aprovechamos el tiempo que nos queda para ir anticipando detalles sobre el ataque a las balizas y a las 11h40 nos vamos hacia el control de material y la salida.
Así llega la cuenta atrás y el dejar atrás las especulaciones:
Salida-25: Inicio ladera abajo, dejando que pasen delante 3 o 4 equipos para llegar a la baliza sin titubeos y entrando poco a poco en el mapa.
25-48: salimos al oeste y tras alguna duda encontramos el sendero que nos lleva en descenso por la vaguada hasta desviarnos para llegar a nivel hasta la baliza
48-33: salimos al este y vamos por pista y sendero hasta la carretera, cruzamos a la pista superior y buscamos a nivel hasta la vaguada, sin problemas
33-43: salimos a la pista y coincidimos con una serie de equipos. Error típico de inicio de rogaine, seguir a alguien que parece muy decidido y en realidad no tiene ni puñetera idea de dónde está yendo. Acabamos atravesando caminos con bastante descontrol. Por suerte como hay bastante gente por la zona alguien la acaba encontrando por K.O. y los demás vamos detrás.
43-53: salimos a nivel hasta la carretera y ponemos algo de pausa mientras avanzamos por ella, reubicándonos bien y atacando la baliza por el borde del privado y la vaguada que lleva hasta ella sin ningún problema
53-79: subida en diagonal hacia el norte hasta encontrar un camino que nos lleva a la baliza sin problemas
79-73: bajada en diagonal al sureste hasta la pista del fondo del valle, trote suave hacia arriba (este es el terreno que nos va bien), pequeño atajo para ahorrarnos una revuelta y nuevamente por pista hasta debajo de la baliza, que atacamos subiendo en diagonal y tras tantear un poco más abajo la encontramos en medio de unas rocas
73-95: volvemos a la pista, bajamos por el cortafuegos y seguimos por pista, sin mayor historia para conseguir fácilmente estos 9 puntos.
95-93: Volvemos a la pista y seguimos en dirección noroeste, para seguir por la loma en dirección al fondo del valle. Cruzamos el río y remontamos el espolón enfrente hasta encontrar otros 9 puntos de forma bastante cómoda
93-56: Bajada en diagonal (norte) hasta el fondo del valle y aprovechamos una trocha para subir hasta la carretera. 100 metros de desnivel que se hacen bastante largos. Recorremos un trozo de carretera hasta la curva y subimos enfrente para aproximarnos a la baliza ganando desnivel progresivamente. También la encontramos sin problemas
56-46: vamos a buscar una pista cómoda que nos permite comer de forma relajada, hasta un desvío y tras un breve tramo por una nueva pista salimos de frente por la vaguada para aproximarnos a nivel hasta el control. También sin problemas
46-96: salimos al noreste hasta un claro y tras un breve tramo de pista cogemos una vaguada que va en dirección a la baliza. Un camino sorpresa no dibujado en el mapa nos facilita el trabajo. Una vez en el fondo del valle cogemos un sendero paralelo al río para tomar referencia en una roca, de ahí al cortado inferior y de ahí ganar 20 metros hasta la baliza. Opción más conservadora pero más segura respecto de atacar a nivel
96-68: por una serie de pistas pasamos por el punto de agua y atravesamos campo a través por terreno fácil hasta confluir hacia una nueva pista que nos acerca a la baliza. Atacamos subiendo ligeramente y la encontramos relativamente fácil. Contentos porque es la típica que se puede atravesar.
68-30: deshacemos camino y por caminos nos acercamos al control para atacar desde la zona superior. La vaguada se identifica bien, así que sin problemas.
30-49: salimos a nivel hasta alcanzar la loma y bajamos por fuerte pendiente hasta encontrar la curva de la pista inferior. Breve trozo por camino y subimos en diagonal orientándonos por el relieve y acabamos atacado un pelín desde arriba. Coincidimos en el control con el equipo de Laia y Neus, que parecen venir de la 86.
49-86: hacia allá nos vamos nosotros, pero como la vegetación pinta complicada, hemos decidido rodear por la parte superior. Damos con un sendero que describe un par de revueltas y conectamos por una pista que nos aproxima al control sin problemas.
86-76: tomando como referencia las curvas de la pista, salimos a nivel hasta dar con la pista de la loma tras la cual está el control. Cuesta algo atravesar hasta el terreno abierto pero una vez ahí bajamos por trazos de sendero con la ventaja de que el relieve se identifica bien. Las ruinas de la baliza quedan algo escondidas pero las encontramos sin demasiadas dudas. Al llegar me doy cuenta de que he perdido un bidón. Mierda...
76-36: salimos loma abajo con la intención de encontrar un sendero que sale en el mapa. No damos con el y la vegetación tiene mala pinta, así que tomamos la opción de bajar hasta la línea eléctrica, que nos permite avanzar bastante bien. El problema lo tenemos al salir a la carretera, que tiene un muro de 3 metros bastante incómodo. Acabamos encontrando la manera de destrepar y seguimos carretera abajo para cruzar un collado y llegar a la baliza. 3 puntos caros en tiempo pero creo que no se podía hacer mucho más.
36-106: el parcial anterior se compensa con este, en el que una vez encontrado un sendero fichamos estos 10 puntos de manera bastante barata.
106-60: parcial largo pero que tiene bastante tramo de carretera. Por pecar de ambiciosos perdemos algo de tiempo en la salida de la baliza, al encontrarnos con una zona de vegetación difícil. Más al oeste sí que damos con la red de carreteras y a partir de ahí no queda mas que correr hasta el pueblecito justo antes de la baliza. Intentamos ganar la carretera que da acceso a la baliza pero nos confundimos con unas escaleras que no tienen salida en la dirección correcta. Acabamos rodeando por la zona superior y yendo a nivel salimos a la carretera finalmente, perdiendo algo de tiempo pero sin que sea una catástrofe. Una vez aquí, sin problemas.
60-97: salimos en descenso hacia la carretera y avanzamos rápido por ella. Cogemos un camino entre campos y atravesamos en dirección a la baliza, cogemos un camino en ascenso sin tenerlo del todo claro y al final nos ubicamos a base de seguirlo hacia arriba. Una vez aquí lo mejor es atacar la baliza de forma segura y desde arriba. No era lo óptimo pero no creo que perdiésemos mucho tiempo.
97-66: tras las dudas de la anterior, esta resulta más sencilla, saliendo a la pista, siguiéndola en ascenso, breve tramos a nivel y más pista.
66-67: seguimos la pista hacia arriba, atravesamos en diagonal hasta el espolón y por otro camino, a nivel hasta el fondo de la vaguada. Aquí viene el tramo complicado subimos en diagonal en dirección noreste, bordeando por arriba un terreno abierto un tanto difuso. La vegetación no es sencilla pero acabamos dando con la vaguada del control y justo en el claro que toca. No obstante, el control está marcado en el extremo norte y tras perder algo de tiempo lo acabamos encontrando más al sur.
67-88: atravesamos a nivel hasta una pista y descenso, sin problemas. Sientan bien 8 puntos fáciles a estas alturas.
88-108: salimos por el punto de agua y conectamos por un sendero en dirección norte. A partir de ahí vamos cruzando campos, unos más cómodos que otros hasta que damos con un sendero que va rodeando el relieve hasta el valle de la baliza. Me cuelo y la busco a la derecha antes de lo previsto, pero corregimos y la acabamos encontrando algo más allá.
108-77: nuestro ritmo ha bajado algo, así que es momento de soltar lastre y renunciar a 26 y 83, para subir directamente hacia 77. Lo hacemos por lo alto de una loma y después a nivel. Aurelio pasa por un mal momento (pensaba que nunca lo vería así) y nos cuesta algo llegar al control, aunque a nivel de orientación no presenta muchos problemas.
77-87: salimos en dirección a la 57 pero creo que son 5 puntos que no nos van a ser rentables al ritmo que vamos ahora, así que corregimos y vamos en dirección a 87. Salimos a una pista y por reducir un poco el desnivel, decido atravesar a media ladera. Vegetación algo más complicada y algunos tropezones que no imagino cuán determinantes serán. Al llegar a la baliza voy a fichar... Y no hay pulsera. No hay sportident. Mierda... 
Cuántas veces me ha dicho Aurelio que lleve una goma adicional de seguridad... Estoy hundido. Nunca me había pasado. Una vez a Jaume, mi antiguo compañero de batallas, se le rompió el sportident, por la mitad, pero nunca se me había roto una pulsera. Nos planteamos qué hacer... Sin pulsera es descalificados. No hay mucho más que hablar. Nos planteamos la opción de seguir, aunque sea sólo para saber lo que hacemos, extraoficialmente pero Aurelio lleva un mal rato y con esta decepción adicional... No vemos claro hacer 16 horas más con la sensación de que en cierta manera son inútiles... Así que nada, miramos el mapa y visualizamos la vuelta hacia la meta. Me ahorro esas tres horas de vuelta, con la cabeza y el alma masticando sin parar un cúmulo de ralladas...
Poco que decir. Mucho tiempo preparando este día para que al final falle esto... No sé qué habríamos hecho... No tengo dudas de que Aurelio se hubiera recuperado, de hecho lo hizo de camino a la meta. No habíamos hecho grandes fallos. Hubiésemos visto por la noche... En fin, es hablar por hablar. Los primeros días la verdad es que no tenía ganas de volver a pensar en rogaines. Ahora lo veo menos negro. Tocará mejorar cosas de cara al futuro y recuperar la motivación para volver a competir en carreras de nivel como era esta. Mi reconocimiento y mis disculpas a Aurelio por el error cometido. Él también tenía muchas ilusiones puestas en esta carrera... No quiero acabar sin felicitar a la organización por el trabajo enorme que se han pegado desde hace muchos meses. La situación el día D no fue fácil teniendo en cuenta la meteorología y a pesar de que se ha generado un poco de controversia con el tema de las pulseras, francamente yo siempre he corrido con ese tipo de pulseras y nunca había tenido problemas. Intentar generalizar el uso de pulseras de tela puede ser una buena opción y más segura, pero no lo veo como algo reprochable para esta ocasión. Me siento el principal culpable de lo ocurrido y como dijo Luismi Martín Berlanas después de una final olímpica de 3000 obstáculos: "A toro pasado todos somos Manolete".

Besos y abrazos

domingo, 21 de julio de 2019

Olympus Ultra

Buenas! Vamos a rescatar el blog, antes de que me envíe a paseo…

Hace un par de semanas… no, tres, soy un desastre… estuvimos descubriendo nuevos lugares por tierras griegas. Allá por el mes de marzo, hablando con Dani, surgió la idea de correr el Olympus Marathon y para allá que nos fuimos con él y con Gerard. Finalmente yo me apunté a la carrera larga, de 70km y 5500m de desnivel positivo, básicamente buscando coger algo más de fondo y un último entreno de calidad antes del Campeonato del Mundo de Rogaine. Después de un viaje largo, con 3 horas de avión y 500 kilómetros de coche en dirección norte, nos plantamos en Katerini, a pocos kilómetros de la salida. Ritual típico del día antes, recogida de dorsales, preparación del material y llega la madrugada de la salida. Alguien de la organización me puso en contacto con otros dos corredores con los que me puede acercar al punto de salida. Allí llegué a unas cálidas 3h45 de la mañana.
Dos minutos antes de la hora un tipo de la organización suelta un discurso que tiene pinta de briefing, aunque evidentemente no entiendo nada. Acabada la charla suena lo que interpreto que es una cuenta atrás y sin más protocolo salimos por la carretera en dirección al pueblo. Como no podía ser menos y como pasa en todas las carreras del planeta, un grupo de tres corredores sale a ritmo de mil quinientos. Los 3 o 4 primeros kilómetros son de asfalto amplio, así que no hay prisa por pillar sitio, menos aún siendo pocos corredores. Así que cojo mi ritmo y voy cruzando el pueblo por una calle en ligera pendiente. Saliendo del núcleo urbano veo que uno de los tres ya ha decidido que la cosa no va con él y lo atrapo al cabo de poco. “Good luck!”… “Yes, Good luck!” y paso delante siguiendo a los dos primeros, con los que la distancia se ha estabilizado. Ya fuera del pueblo voy recortando muy poco a poco y empiezo a oír como van charlando en inglés. Así que serán extranjeros… Qué tal serán?... Hombre si han venido de lejos… De momento que charlen, yo la verdad es que cuando corro soy más de guardar el aliento. Acabo llegando a rueda y me quedo ahí sumido en mis pensamientos hasta que llegamos a una curva donde un voluntario nos manda por una pista de tierra que pronto se convierte en un sendero.
Los dos corredores sacan los palos y yo, como no tengo palos que sacar, aprovecho el momento y me pongo delante. Troto un poco, mientras mis dos acompañantes se ponen a caminar. Venga pues camino y aprovecho para comer, que ya me toca el primer rollito con mermelada. Aun así veo que se genera algo de distancia entre nosotros. La verdad es que no aprieto especialmente pero no hacen intención de seguirme. Bueno pues nada… La verdad es que estaría bien ir acompañado, al menos un rato, pero tampoco me voy a frenar, así que me fijo en mi ritmo y mis pulsaciones y adelante. El sendero es de caminar, pero tampoco con pendiente exagerada. Salgo a una carretera y no veo marcas. “Do you know the way?”…”Yes, yes, up!” me gritan. Pues venga, up. Troto unos 200 metros de asfalto y las marcas vuelven a mandarme por un sendero. Otra vez a lo mío, manos a las rodillas, ahora troto un poco porque llanea, ahora vuelvo a caminar, ahora baja a cruzar un río… Sin pensarlo mucho lo cruzo, metiendo los pies en el agua hasta los tobillos. Vaya no hay marcas… Me giro… Mierda, al otro lado… No hacía falta cruzar. Venga pues otra vez agua hasta los tobillos, mientras llegan los dos perseguidores.
Vuelvo a pillar el camino y pongo un plus de atención para seguir las marcas, que por otro lado están bastante bien puestas. Vuelve a ampliarse la distancia y ahora ya mas estabilizado cojo el ritmo y la pausa correctos para ir ganando metros mientras el paisaje se va abriendo con las luces de los pueblos costeros cada vez más bajas. Aparecen las primeras luces del amanecer y parece que el cielo está algo nublado, lo cual es una muy buena noticia. Estos dos días por la zona nos habían hecho entrar el pánico con el termómetro. Pasada la hora y cuarto de carrera salgo a un tramo de pista que me lleva hasta el primer avituallamiento (km10). Buen ritmo y buenas sensaciones, que me hacen saludar con una sonrisa a unos cuantos animados voluntarios que están encargándose del chiringuito.
Koromilia (km10,4):
Cojo algo de agua y un plátano y tiro adelante. El sendero atraviesa una zona de bosque y sigue alternando tramos corredores con rampas de andar. Intento controlar el ritmo, sin dormirme pero sin animarme en exceso. Cae otro trozo de membrillo y voy dándole sorbos al Tailwind. Creo que los dos bidones me dan no recargar en el avituallamiento del 15 y aguantar hasta el del 21. Se va haciendo de día y apago el frontal. Sin más historia aparezco en un prado donde vuelvo a ver un grupo de gente junto a una mesa con bebidas y comidas.
Petrostrougka (km15,8):
Relleno agua en el bidón que tengo más vacío y cojo un par de trozos de naranja. Por lo demás en principio llevo toda la comida que necesito para la carrera. Salgo del avituallamiento hacia arriba… “Ep, ep!”… Me para un voluntario… “Ultra, here”… Y me enfoca prado abajo. Anda, pues no estaba seguro de dónde quedaba este avituallamiento pero eso debe querer decir que ya me he ventilado la primera subida. Mira que bien…
Enseguida me doy cuenta que las características del camino han cambiado por completo. Toda la subida anterior, que coincide con el recorrido de la maratón, discurre por buen camino que debe ser la ruta de ascenso al Monte Olimpo desde el pueblo de Dion. Ahora el sendero es una traza difusa que baja en diagonal por el bosque. El itinerario es técnico pero afortunadamente está muy bien marcado y no hay lugar a dudas prácticamente en ningún momento. La rodilla me da algún aviso así que nada de bajar a lo loco.
Con algo de calma pero mantengo un ritmo bastante digno, trotando bien en los flanqueos y bajando a saltitos controlados en los tramos de más pendiente. En esta tónica el itinerario va bordeando vaguadas hasta un descenso más marcado que me lleva al tercer avituallamiento.
Mastorouli (km21,9):
Llevo aproximadamente tres horas de carrera, así que el ritmo es bueno. Ahora sí que repongo con dos sobrecitos de Tailwind. “You are hurted!” me dice una chica del avituallamiento. Tengo rascadas en la mano que no se de dónde han salido. Bueno… en peores plazas hemos toreado. Una vez resueltas las operaciones me despido entre los ánimos de los simpáticos voluntarios y sigo adelante. En algún momento tengo que empezar la segunda subida. Del mapa, recuerdo que el recorrido iba flanqueando hacia el oeste, con varios repechos y bajadas hasta llegar a una sierra por la que discurría este segundo ascenso. Como en el mapa no salían colocados los avituallamientos no sé muy bien donde queda el siguiente, aunque sí que es el km29. Ya veremos…
De momento el terreno sigue siendo técnico y entretenido y el calor no aprieta. Camino cuando los repechos se alargan o son demasiado empinados y troto el resto del tiempo, manteniendo aún las buenas sensaciones. Van apareciendo más valles y la cosa no parece querer tender hacia arriba. Miro el reloj y ya estoy en el km26,5 (que como el GPS se ha activado tarde) debe ser más del 27. Ahí delante hay un espolón muy marcado. Debe ser ahí donde está el avituallamiento y la subida empezará después. Efectivamente, un último flanqueo me acerca a la arista y una cabeza asomando tras unas rocas me anuncia la llegada del nuevo avituallamiento.
Krevatia (km29,1):
Nuevamente gente muy agradable que me ayuda a rellenar el bidón, me dan ánimos, me preguntan “where are you from” y se preocupan por todo lo que puedas necesitar. Recargo nuevamente agua en el bidón más vacío, me como uno de los sobres con patata (guardo el Tailwind para el próximo) y salgo hacia arriba. “Now is uphill?”… “Yes, quite steep!”. Pues venga. Efectivamente, tiene pinta de ser más seria que la anterior. El primer tramo sigue siendo boscoso, pero cada vez hay más claros,  y desafortunadamente cada vez hay más sol. A ver si puedo ventilarme esta segunda sin pasar mucho calor. No se si es por el sol, por la pendiente o por los kilómetros, pero esta subida la hago algo menos alegre que la primera. Me empiezo a acordar de los palos… Aaay, los palos… En fin, es lo que hay, al menos entrenamos para el rogaine. Intento adaptar el ritmo de respiración como cuando los llevo y voy superando rampas separadas por breves rellanos hasta que llego a un prado superior con un vértice geodésico. Salgo al otro lado y como algo porque me da la sensación que empiezo a ir justo de gasolina. Se me ha perdido el papelito donde llevaba apuntado el planning, pero más o menos me acuerdo.
Diría que ahora tiene que empezar a bajar. Allí al fondo hay un control de paso, debe ser eso… Pero las cintas giran a la izquierda y van siguiendo una carena que va superando diversos montículos. Vaya… La verdad es que me gustaría empezar a bajar, un poco porque empiezo a estar cansado de subir y un poco por evitar que me vean los perseguidores. Mejor que se piensen que estoy lejos… Pero nada, las cintas me llevan de loma en loma mientras yo miro de reojo esperando ver algún corredor a lo lejos. No veo nada, pero la verdad es que tampoco escaneo lo suficiente como para convencerme de que no están. Venga va, mira para adelante, preocúpate sólo de lo que hay delante, pisar bien, comer bien… Gestionar bien tu carrera.
Finalmente no hay más lomas y las cintas giran a la derecha. Digo que giran las cintas y no el camino, porque no hay camino. El recorrido te manda por una pendiente empinadísima de hierba sin piedad. Al poco se mete en el bosque y al menos puedes apoyarte en los árboles pero el descenso se hace bastante lento. La cosa sigue feúcha bastante rato hasta que se acerca el fondo del valle y la cosa suaviza un poco. Si no me equivoco el avituallamiento siguiente estaba en el km40, pero poco después de pasar un cartelito de “km36” me encuentro un tipo que sube y está preparado con la cámara. Será un motivado o quizás el avituallamiento está más cerca de lo que pensaba? Me sigue por detrás y me graba mientras charlamos y le pido que me pase el vídeo y las fotos. Le empiezo a dar mi teléfono pero se le ocurre la obvia solución de Facebook. La parte buena de que ahora estemos todos controlados. Efectivamente el avituallamiento está más cerca de lo esperado (km37).
Xerokalli (km37… bueno, pongo el nombre que salía en la tabla y el kilómetro que me marcaba el reloj…)
Siento que necesito comer algo más contundente así que pido un plato de pasta con tomate y cojo algo de patata que tienen allí. “I think you are in record time” me dice un chico del avituallamiento. Hombre, estoy contento con el ritmo pero récord (9h23 de Jordi Gamito) ni de coña. “Next station is at the top?”… “A little earlier”… Venga pues mejor.
Salgo al trote por una pista, que resulta prolongarse durante unos tres kilómetros. Sospecho que el avituallamiento debía estar previsto para aquí. Bueno… Lo cierto es que estos tres kilómetros de trote medio “regalado” me ha venido bastante bien. Ahora las marcas se meten por un sendero y llevo una marcheta bastante animada. Creo que la pasta me ha sentado bien.
Pero el bosque escasea cada vez más y las cintas se meten en un prado donde el sol está cayendo a plomo. Tomo referencias de tiempo por si veo más tarde a algún perseguidor. Cruzar la rampa me lleva unos 15 minutos. La buena noticia es que pasado ese tiempo no veo a nadie detrás. La mala es que se ha girado las tornas en mi interior. Empiezo a notar síntomas más claros de flaqueza. Busco una pastilla de sales pero están todas rotas. Las dos últimas ya estaban así… Pues vaya… El valle gira y el sendero sigue bajo el sol, incómodo, empinado… Y debe quedar un huevo de subida aún, eran 1600 metros de desnivel… Me da miedo sufrir un bajón más serio con el calor. Cuando es cuestión de comida más o menos lo controlo, pero aquí… Voy superando repechos, más lento de lo que me gustaría y al final veo una pista allí arriba por la que caminan dos personas. Debo estar acercándome al avituallamiento.
“Congratulations!” me dice un tipo que va en una moto por la pista. Gracias hombre, ahí vamos, hemos tenido momentos mejores. En un trozo plano me animo a trotar, no os negaré que en parte para no ofrecer una imagen de “doblez” absoluta (bastante real, por otro lado) que sea transmitida a algún perseguidor. Tras un par de rampitas por fin aparece un refugio y un tenderete donde tienen montado el avituallamiento. En medio de un solano de justicia y levantando una mano poco enérgica a modo de saludo me acerco a la anhelada sombra.
Skollio (km46) (en realidad Skollio es el pico pero bueno, le llamaron así al avituallamiento):
Cojo varios trozos de “helenika Orange” y un vaso de agua refrescante, y relleno los bidones. El resto de la comida no me parece tan atractiva y tengo ganas de acabar con la subida, que sólo me quede bajar. Salgo del avituallamiento trotando un poco en un tramo llano, pero enseguida vuelvo a la misma tónica cansina en cuanto el sendero se empina hacia arriba. Vuelvo a echar de menos los palos. Qué bien vienen para tirar de cualquier lado cuando vas tieso… Miro al suelo e intento coger el ritmo de respiración-paso-bastón, pero sin bastón. Intento convencerme de que la cima está cerca, más de lo que parece. Busco cintas más arriba pero resulta que el camino hace una diagonal hacia la derecha, hasta un collado. Mejor, pendiente más progresiva. Me acerco a la divisoria y miro de reojo hacia abajo. A pesar de la caída del ritmo en la última hora no veo nadie hasta el avituallamiento. Creo que llevo una ventaja de al menos 20 minutos. Salvo desfallecimiento total debería valer. El calor ha hecho mella pero supongo que para todos, y en la bajada espero recuperar algo de ritmo.
Pero todavía queda un último repecho hasta la cima del Skollio, donde hay un control de paso. “The hero!” me gritan unos excursionistas. Hombre… En las pelis tienen otra pinta… Pregunto si hay agua pero aquí no hay nada, así que sin perder un segundo inicio la bajada. Las piernas están torpes y el primer trozo es muy pedregoso y técnico así que me cuesta algo coger el ritmo, pero poco a poco voy recuperando el paso hasta llegar a un cruce, donde de repente aparece toda la retahíla de corredores de la maratón. Se trata más bien de la parte media-trasera, así que enseguida veo que esto va a ser un problema. Lo bueno es que no tengo demasiada prisa. Suerte… En un final apretado esto sería un caos… Voy pidiendo paso, unas veces con timidez, otras con algo más de morro. Al final adopto el mensaje de “Sorry, Ultra, left” a modo de intermitente y voy pasando corredores que me lo ponen más o menos fácil. Llego a un primer avituallamiento de bajada (km57), donde me como el sobre de patata que me falta para abortar cualquier posibilidad de pájara en lo que queda, complementado con agua fresca y fruta del avituallamiento. Dos o tres minutos bien empleados y a seguir, con un ritmo de carrera más o menos aceptable, fuerzas algo renovadas, pero sin forzar demasiado el paso.
La bajada transcurre sin mayores sobresaltos, adelantando corredores de la maratón, describiendo innumerables revueltas y cubriendo el interminable camino de descenso que se va metiendo por el desfiladero. A medida que bajamos van apareciendo más y más excursionistas con lo cual el atasco va empeorando. Paso por una ermita en una cueva, que he visto en vídeos y donde los corredores locales se acercan a tocar la pared. Hago lo propio y sigo bajando escaleras. Empiezan a aparecer repechos traidores de esos que duelen cuando llegas justo de fuerzas y de tiempo. Ahora duelen algo pero también me vienen bien para cambiar un poco de tercio. Hace calor, pero afortunadamente hay bastantes trozos en sombra y no lo paso tan mal como en la subida de antes. Además hay bastantes avituallamientos y puedo ir echando tragos cada poco rato. A falta de 6 o 7 kilómetros aprovecho para probar sensaciones con un gel de cafeína que llevo. Creo que no me era imprescindible, pero el resultado es positivo. Bueno saberlo para otro día.
Después de unas cuantas trampas de esas que no se ven en el perfil, el paisaje se abre y aparece el pueblo de Litochoro. Una breve travesía hacia la derecha me deja en una pista que se acerca hacia la parte superior del pueblo. Un tipo con una moto se aproxima y me acompaña en el último tramo, tocando el claxon de manera que la gente se entere de que algo raro pasa y me aplaudan. La calle en bajada me ayuda a coger un ritmo algo elegante y disfrutón. Finalmente aparece el parque, la última curva y la recta final. La mar de contento cruzo la meta en una primera posición que me sabe la mar de bien! 😊
Poco más que decir, una bonita experiencia conociendo nuevos lugares, recomendable para aquell@s que busquen descubrir otros horizontes y otros lugares.
El fin de semana que viene es el día D. Esperemos que las fuerzas y la cabeza nos acompañen y la cosa vaya bien. Qué quiere decir que vaya bien… Acabar sin remordimientos y con la sensación de que lo has hecho lo mejor que has podido.
Besos y abrazos