lunes, 19 de noviembre de 2018

Cronicas y rogaines desde Letonia



Tras el periplo exótico-deportivo del mes de agosto con motivo del Campeonato de Europa de Rogaine, en el que pasamos unos días por Ucrania, Moldavia y ese extraño rincón que es Transnistria, nos quedamos con ganas de hacer otra escapada para conocer nuevos terrenos de juego. Así que empezamos la casa por el tejado, buscamos a dónde había vuelos baratos desde Girona y una vez seleccionados una serie de destinos candidatos, miramos si había rogaines alrededor y fechas que nos fuesen bien. La combinación escogida resultó ser este viaje a Riga con la excusa de correr el Brivibas Rogaine (que resulta querer decir Rogaine de la Libertad, aunque evidentemente de eso me he enterado por aquí…).
Para l@s que andéis un poco despistad@s, Letonia es la que queda en medio de las tres repúblicas bálticas, el contenido del bocadillo formado por Estonia (arriba) y Lituania (abajo). Un país mayormente llano y con la mitad de sus 2 millones de habitantes acumulados alrededor de la capital, Riga. Eso hace que el resto del territorio, que tampoco es muy grande (pongamos 400km de ancho por 200km de alto) esté formado por una mezcla de campos, prados para vacas y bastante bosque intacto. Dio la casualidad de que este fin de semana, hoy domingo exactamente, se cumplen justo 100 años de la independencia de Letonia, a finales de la Primera Guerra Mundial. Obviamente de la primera, aunque ellos hablan de ella como única, como cerrando los ojos al paso del país por la Unión Soviética. De ahí el nombre del rogaine y de ahí que todo el fin de semana haya habido en la ciudad un pitote que no veas, con espectáculos de luces en los edificios emblemáticos, desfile militar, coros por las calles, banderas por doquier y un espectáculo de fuegos artificiales que me estoy perdiendo ahora mismo por haber venido al aeropuerto (para encontrarme con un retraso de 3 horas en mi vuelo de Ryanair… looser…).

Así que aquí nos plantamos con Aurelio, y aprovechamos un par de días extras para conocer un poco la ciudad. Un destino interesante y manejable para venir 3 o 4 días, ciudad bonita, arreglada, arquitectura elegante, jardines agradables… Aún mejor en primavera o verano, con menos fresco y días más largos. Por si alguien se anima y quiere alojamiento barato, hemos estado en el hostal Cinnamon Sally, rollo mochilero pero tranquilo, limpio y agradable. Eso sí, mejor subir por el ascensor. Ayer al bajar las escaleras nos encontramos dos “cadáveres” durmiendo (¿) en sendas repisas y al volver había un charco de sangre en el suelo, tal vez fruto de la gravedad… No era demasiada, creo que todavía podemos dejar las comillas.
Pido perdón por los detalles macabros y me planto en el sábado por la mañana, cuando Valters, un letón muy simpático que también corría el rogaine, nos pasó a buscar por el hostal y pusimos rumbo a Kandava, un pueblecito situado a unos 80 kilómetros hacia el oeste donde estaba situado el centro de competición. El rogaine era en formato de 6h, de las 12 del mediodía a las 6 de la tarde, lo cual en estas latitudes implica que la carrera tenía una aproximadamente una hora y media de noche. Día gris y tres tristes grados, pero con ganas de ver qué nos encontramos en este terreno presumiblemente diferente. Con más tiempo que de costumbre (1 hora) nos dan el mapa y preparamos la estrategia:

 

Cosas que tenemos en cuenta:
-          OJO! Las curvas de nivel son cada 2 metros, en lugar de los 10 o como poco 5 a los que estamos acostumbrados. Eso significa que nos va a costar apreciar los desniveles del mapa en la realidad (ya te digo…)
-          Subdividimos en cuadrantes de áreas similares, como siempre y nos queda la siguiente distribución: Noreste, 62 puntos; Sureste, 55 puntos; Suroeste, 52 puntos; Noroeste, 59 puntos. Bastante repartido, pero parece que es más difícil la parte este que la oeste (menos caminos) así que vamos a empezar hacia el este.
-          Hay muchas balizas de poca puntuación (2’s y 3’s) cerca de la salida. Vamos a optar por salir “recto” sin perder tiempo al principio y dejando para el final muchos de esos controles, que permiten flexibilizar la estrategia y suponen poca pérdida en caso de tener que renunciar a ellos.
-          Hay muchas zonas prohibidas (rayas rosas) y sólo dos puntos por los que se puede cruzar el río central.
-          Hay dos puntos de agua, pero teniendo en cuenta la temperatura puede que con uno (el de la baliza 56) tengamos suficiente.
-          Como siempre, la idea será unir todas las balizas dejando bucles que nos permitan adaptar la estrategia renunciando a balizas a medida que sea necesario

Teniendo en cuenta esto la verdad es que la estrategia sale bastante fácil:
-          Salida por 24-23-30-41-52
-          Zona norte por 52-40-50-61-70-60-80
-          Bajada hacia el sur por 80-51-62-71-72-53-54-74
-          Zona sur por 74-81-64-73-63-69-42-82-65-56
-          Subida hacia el norte por 56-68-55-46-34-45-67-33-44-83-58-75
-          Y final por 75-57-66-43-31-21-20-32-22

Algo despistados nos coge la cola para entrar en el recinto de salida y con ello al arrancar tenemos algo lejos a los primeros equipos, que han salido con la misma intención que nosotros. Primer error de la jornada. Siguiendo a la marabunta caen los primeros controles. Hay muchos participantes y la gente no va de campo y playa. Aprovechamos el tramo de carretera camino de la 30 para pasar a bastante gente, aunque se ven a lo lejos dos equipos que van a buen ritmo y ya están en la baliza. Tras coger la 41 por la carretera del norte (rodeo tal vez innecesario), empiezan los primeros problemas serios camino de la 52. Entre seguir a otro equipo y no identificar bien el relieve, no atinamos bien la baliza y perdemos el primer par de minutos. La 40 es fácil pero vuelven los problemas camino de la 50, por terreno de bastantes ramas donde avanzamos lento y torpes, sin llevar tampoco una buena orientación. Esto nos sume, a mí por lo menos, en una mala dinámica que acompañará durante toda esta zona noreste. Tengo la sensación de que no identifico nada bien y que si no fuese por los demás equipos que van siguiendo el mismo camino, no encontraríamos las balizas ni a palo. Además me parece que no avanzamos rápido. El terreno se nos hace difícil, tengo la sensación de que más que a la gente que nos vamos encontrando. El tramo 61-70 y el 60-80 me parecieron especialmente malos.
Al poner rumbo sur el tema es un poco más fácil, apoyándonos en el terreno abierto (naranja) y un canal que accede a la 51. En plan conservador hacemos 62 todo por camino y al llegar vemos que un equipo que ha salido al mismo tiempo de la 51 y ha hecho campo a través ya ha pasado (derrota moral). Estoy bastante desmoralizado. Vale que es un terreno al que no estamos acostumbrados, y todo lo que tú quieras, pero si queremos competir con quien sea tenemos que saber adaptarnos a lo que nos echen y está claro que ahora mismo…
En fin, la 71 parece que endereza un poco las cosas y también la 72, muy fácil apoyándose en un lago. Con estos puntos relativamente sencillos y supongo que también a medida que nos vamos acostumbrando al mapa, las cosas mejoran y la 53 nos sale bien a base de identificar correctamente la zona semiabierta (naranja con blanco). Habiéndole pillado el truco a estos espacios semiabiertos también nos sale bien la 54, y de ahí la 74 se hace básicamente por camino hasta un corto ataque en dirección suroeste. Por rumbo y apoyándonos en el espacio abierto (naranja) hacemos la 81 y siguiendo el canal hacia el suroeste para después seguir camino hacia noroeste fichamos la 64. Las cosas han mejorado claramente y buscamos aprovechar al máximo el tiempo que nos queda con luz. Rumbo norte por abierto y camino para atacar la 73 desde el sur, también sin problemas. Para la 63, ponemos rumbo noroeste siguiendo algo de huella que a estas alturas ya se ha formado. Avanzamos rápido y por poco nos la pasamos. Seguimos al noroeste hasta salir a la carretera y vamos todo por camino hasta la 69, para volver después al sur hasta la 42. Sigue la tónica sencilla y apacible por 82-65 y 56. De camino a la 68 decidimos empezar a soltar lastre porque aún tenemos la esperanza (errónea) de llegar al extremo norte, así que renunciamos a 46 y 34. La 55 sale fácil por camino y la 45 también entre caminos y bordes de vegetación. Las últimas luces del día nos permiten llegar a la 67, a los pies de un árbol característico. Ahora sí sacamos los frontales y nos vamos rumbo a la 44 dejando (erróneamente) la 33. Avanzamos apoyándonos en una valla que resulta ser bastante incómoda y nos hace perder unos minutos preciosos. Al llegar a la 44 está claro que debemos renunciar también a la zona norte. Vamos a buscar la 83, la 58 y nos volvemos para barrer la zona cercana a la meta.
La 83 no tiene más historia que correr por la carretera rumbo noroeste. Noto que al menos me siento físicamente bastante bien y puedo mantener un buen ritmo a pesar de la kilometrada que llevamos. Deshacemos camino y nos vamos a por la 58, que se antoja como la última baliza difícil que nos vamos a encontrar. La resolvemos bastante bien entre el bosque, a pesar de ser ya noche cerrada. Una vez salvado el último escollo complicado, volvemos a correr a zancada limpia por la carretera para ir cubriendo los puntillos de 21-31-20-32 y 22, sin más dificultad que sacar las fuerzas para mantener un buen ritmo que nos asegure que llegamos a tiempo. Finalmente cubrimos la 22 y subimos los últimos metros hacia la meta. Al cruzar el parking coincidimos con otro equipo y con el aliciente aprieto un poco para entrar por delante suyo, más por orgullo que por otra cosa. En el último momento los tipos atajan por un recodo y acaban fichando antes que nosotros a la llegada. Joder… Mira que si nos ganan por esto… (en caso de empate a puntos gana el que llega antes).

Sensaciones contradictorias mientras vamos a descargar el Sportident para saber el resultado. Yo tengo la sensación de que las 2h30 primeras hemos ido demasiado lentos e inseguros y que eso nos va a penalizar. Cierto que, en lo positivo, la segunda mitad de carrera ha sido bastante buena, tanto a nivel de orientación como en lo físico. Nos ha salido la friolera de 52,2km, la mayor distancia que hemos hecho nunca en un rogaine de 6h. Cierto es que el terreno era llano, pero también que había trozos de avance bastante incómodo por la vegetación. Sale el veredicto… Tercera posición con 200 puntos. Primer golpe: los segundos tienen 201 (y son precisamente con los que hemos esprintado, si llegamos a empatar aún hubiese dado más rabia…). Segundo golpe: los primeros han hecho 222 puntos, y por si fuera poco les han sobrado 22 minutos (lo cual quiere decir que se han equivocado renunciando a las dos balizas que han dejado a media carrera). Un repaso en toda regla. No sé cual de los dos golpes hace más pupa…

Es verdad que el equipo ganador está formado por dos corredores del equipo nacional de orientación (orientación específica quiero decir), que hacen larga distancia (en orientación específica significa 1h30 aprox.) y por tanto llegan con solvencia a las 6 horas de un rogaine corto, que se conocen bien este tipo de terreno… Todo lo que quieras, pero al final todos tenemos dos piernas, dos brazos y un cerebro y si quieres competir por todo, no te pueden sacar 4 o 5 balizas y significa que hay cosas muy mejorables. En este sentido, para empezar cometemos un fallo al ir directos de 67 a 44 en lugar de ir por 33, opción que además de darnos 3 puntos más y la segunda posición, viendo los parciales hubiese sido más rápida al coger más trozo de camino. Segunda cuestión, la orientación en la primera parte ha sido bastante insegura, por no decir directamente mala. Rumbos poco sólidos, mala elección de puntos de referencia, mala identificación de las zonas semiabiertas (claves en esta zona)… En este sentido tenemos algo de excusa por lo novedoso del terreno, pero bueno… Y tercera cuestión, así como es cierto que cuando se trata de tirar puramente de físico tenemos un ritmo bastante competitivo, cuando tenemos que movernos por terreno de vegetación incómoda nuestra velocidad se resiente mucho y es insuficiente para luchar con gente que se mueve bien. Así que nada, también está bien tener curas de humildad y darse cuenta de los puntos que se han de mejorar! La semana que viene más balizas en el Rogaine de Pardines.

Besos y abrazos

domingo, 11 de noviembre de 2018

Rogaine de les 3 Valls

Muy buenas!

Debía varias crónicas, lo sé, pero ha sido un mes y medio de locos y el día ha seguido teniendo sólo 24 horas, así que pido disculpas por las aventuras no explicadas. Por un lado el Trail Bisaura, una carrera de 82 kilómetros y 5100 metros de desnivel positivo por la zona norte de la comarca de Osona, entre Vic y Ripoll. Un recorrido ejemplar, descubriendo rincones de lo más pintorescos. En cuanto a mi rendimiento, medalla de chocolate en un día en que las fuerzas ya notaron el declive de la temporada. Aún así contento por pelear la carrera. Felicidades a Javi por el carrerón que se marcó y por esa gran victoria que espero que deje un buen sabor de la temporada.
Por otro lado el Medrano Trail Race, carrera de 37 kilómetros en un bonito rincón de la Rioja, en la que pude disfrutar gracias a la invitación de Pedro y Rubén. Prueba difícil, falta de ritmo en las piernas y un resfriado de narices (nunca mejor dicho). Resultado final, décimo puesto y la confirmación de que estamos ya con la reserva, física y mental. No obstante, un placer disfrutar de la compañía de Aurelio, Anna, Álex, Rubén, Pedro, Jesús... El fin de semana valió la pena!

De todas formas, voy a sacarle el polvo al blog con la crónica del Rogaine de les 3 Valls, celebrado el 27 de octubre en Sant Feliu de Pallerols. Lluvia constante, Winter is Coming, nueve horas empapados y congelados... En fin, suerte que somos gente austera... ¿Hay alguien nuevo? Recordatorio de las normas del juego: mapa con un cierto número de balizas (62 en este caso) y un cierto tiempo (aquí, 9 horas) para hacer el máximo número de puntos posible. Cada baliza tiene la puntuación que indica la cifra de las decenas (83, 8 puntos; 34, 3 puntos; etc.). Antes de empezar, 30 minutos para preparar la estrategia que nos parezca óptima. Combinación de estrategia, orientación y físico. Como siempre, Aurelio fue mi compañero de batallas. Protegidos de la lluvia dentro de una sala, este es el terreno de juego que nos encontramos:

Cosas que nos encontramos:
- Mapa montañoso formado por tres valles (como indica el nombre de la carrera) y un cuarto valle que actúa como eje en el borde suroeste del mapa.
- No hay zonas llanas o que parezcan más rápidas, mas allá del fondo de los valles donde hay bastantes parcelas de campos.
- Pocas líneas claras de conexión fácil de balizas. Como mucho la 91-50-61-62-100-81 en la zona noreste (aunque poco aprovechable porque deja bastantes puntos a los lados: 90 al este, 98 y 77 al oeste); o 85-55-45-95-44-75-93-64, en la sierra central (pero con problemas similares por las balizas situadas a un lado y otro, y por presentar la carena desniveles importantes que previsiblemente ralentizarán el ritmo).
- Pocos avituallamientos líquidos, sólo dos, que por tanto deberán tenerse en cuenta a la hora de preparar la estrategia.
- Vegetación bastante homogénea por todo el mapa, y en general impenetrable (verde oscuro), cosa que obligará a basarse sobre todo en la circulación por pistas y senderos.
- Subdividimos el mapa en cuadrantes para hacernos una idea de cuántos puntos hay en cada zona. Dividiendo en cuatro cuadrantes esto es lo que hay: suroeste, 34 puntos (cuadrante muy recortado por la leyenda); sureste, 90 puntos; noreste, 180 puntos; noroeste, 85 puntos.
- Esa distribución es un poco engañosa porque los cuadrantes noroeste y suroeste están muy recortados por la leyenda y los logos, pero aun así queda claro que en el cuadrante noreste hay mayor densidad de puntos y por tanto habrá que asegurar que destinamos tiempo a esa zona. Es cierto que el cuadrante es montañoso y puede ser lento, pero no me parece que mucho más que los demás.
- De todas formas en global parece una estrategia complicada, con muchas balizas incómodas, mucho desnivel y pocas conexiones evidentes.

Con las ideas poco claras acabamos decidiendo salir hacia el sur (recordemos que al salida es el triángulo) con la esperanza de poder recoger algunos puntos fáciles (46-31-86-67), para después subir por 76-57-85-55-45-95-54-44-75-93 y de ahí meternos en el cuadrante nordeste por el avituallamiento, 83-65-47-66-88-91-60- 90 o 50- ... Con bastantes dudas se acaba el tiempo y no hemos acabado todavía la estrategia. Bueno, aunque no sea lo óptimo ya veremos sobre la marcha.
La salida nos pilla sin la cabeza ni la concentración necesaria, así que salimos camino de la 46 algo desorientados. Acabamos encontrándola más por seguir a los demás que por méritos nuestros. La 31 confirma nuestra falta de concentración y perdemos 6-8 minutos por culpa de buscar la baliza más lejos (al este) de la cuenta. Saliendo al norte por el Carrilet llegamos rápido a las proximidades de la 86, pero el acceso no es claro y acabamos atacando desde el norte (error, había un acceso por el sur) y buscando al baliza en un tramo de río bajo unos cortados. La baliza acaba apareciendo en una cueva tras una puertecilla. En vistas del tiempo que hemos perdido decidimos empezar a soltar lastre y renunciar a las balizas del extremo sur (67-76-57). No son pocos puntos pero está claro que va a ser una carrera en la que se tendrán que dejar bastantes balizas. En lugar de eso subimos hacia la 85 y de ahí empezamos el periplo hacia el norte. Las cosas se enderezan y exceptuando algo de confusión en la 45 (mala toma de referencias en la valla al norte de la baliza) no cometemos grandes errores de orientación. No lo he dicho, pero lleva toda la carrera lloviendo y a pesar del impermeable vamos empapados y con bastante frío. El terreno es técnico, con rocas delicadas, patinaje sobre barro y zarzas por doquier. Un panorama delicado que pone a prueba el humor del más optimista. Suerte que yo voy con el número uno en ese sentido. Modificando un poco lo previsto cubrimos la zona de la siguiente manera: 85-55-45-95-54-53-51-73-93-44-75. Un ejemplo claro de las dificultades lo encontramos en la baliza 44, a la que accedemos bajando desde la 93, al norte. Toca rodear un cortado y no hay manera de encontrar paso. Acabamos bajando por una canaleta embarrada al oeste de la baliza, llena de zarzas que acaban haciendo un boquete en mi impermeable. Joder, vaya terreno...
Pasamos por la 83 y vamos al avituallamiento, a ver si nos sube la moral minada por la lluvia y el frío. Las siguientes balizas las vamos cubriendo mayoritariamente por caminos: 65-47-66-88-91. Problemas en este tramo, algo de vegetación en la 47 y confusión a la llegada de la 91 (la buscamos demasiado pronto, al sur). La siguiente zona es complicada porque hay bastantes puntos mal conectados y que obligan a mucho desnivel. Al final optamos por la siguiente opción: 91-60-90-50-98-77-61-62-100-81. Los parciales nos salen lentos pero son muchos puntos, así que es lo que toca. Seguimos empapados y congelados. Es todo un ejercicio de abstracción ante las inclemencias del ambiente. "Qué bonito es el deporte!" ironiza Aurelio... "Mmmmm, que frescor tan rico en los pies!" bromea al cruzar una charca... Cosas que hacen más fáciles las carreras...

Sin mayores problemas de orientación llegamos a la 81 en el extremo norte. Nueva evaluación de la situación para trazar el recorrido hasta el avituallamiento. Optamos por 63-92-80-97-ida y vuelta a 71 desde arriba -69-59-78 y avituallamiento, recorrido que cubrimos sin mayores problemas. Sorprendentemente me sobra agua y quedan sólo un poco más de dos horas, así que pasamos de largo. Vamos a cubrir una zona con balizas bastante juntas. Escogemos la secuencia 40-70-72-64-82-41, que nos sale con una serie de parciales bastante buenos. Queda 1h20 y vamos a hacer una última subida al norte para intentar recoger alguna baliza más de alta puntuación. Eso nos cuesta un parcial de 22 minutos hasta la 87, que nos deja con una hora de margen. Toca pensar en la vuelta hasta meta, que definimos como 68-74-84-48-32. Son 6 parciales (contando el 32-meta) para los que nos debería dar tiempo teniendo en cuenta que hay bastante bajada. Las cosas transcurren sin grandes contratiempos, más allá de algo de confusión para encontrar el punto de cruce de la carretera. Llegamos a meta con 8 minutos de margen, con la sensación de haber hecho una buena carrera después de una primera hora con muchos fallos.
Las buenas sensaciones globales se confirman al salir los resultados. 319 puntos y una buena victoria en un terreno y estrategia complicados. Un día de balizas en condiciones adversas pero que con un compañero como Aurelio siempre pasa más fácilmente. Con motivo de la entrega de premios aprovechamos para presentar un nuevo proyecto impulsado desde la FCOC (Federació Catalana de Curses d'Orientació), con la creación de una selección catalana de cara al Campeonato del Mundo, que se celebrará en La Molina en julio de 2019. Un servidor será el encargado de gestionar las actividades de preparación. Esperemos estar a la altura, que nos sirva a todos para aprender y que el campeonato salga lo mejor posible.

Besos y abrazos


domingo, 7 de octubre de 2018

Rogaine del Tormón (Iberogaine)

Muy buenas,
Después de la paliza de la Canfranc-Canfranc y ya en una época de la temporada algo más anárquica en lo que a entrenos se refiere, este fin de semana hemos estado por tierras de Teruel (Existe!) para correr una nueva prueba de la liga Iberogaine: el Rogaine del Tormón. Además de Aurelio, mi habitual compañero de batallas, en esta ocasión se unió Tommi (nuestro mentor), con quien ya he compartido otros rogaines y que es toda una referencia en el mundo de la orientación. Correr con Tommi siempre es sinónimo de aprender, además de que te permite competir con la tranquilidad de que si cometes un fallo, tienes a alguien al lado que va a saber corregir el error. Tormón es un pueblo situado en un bonito y tranquilo rincón de la provincia de Teruel, al suroeste de la capital y bastante alejado de todo. Un buen destino para disfrutar de la naturaleza y alejarse de preocupaciones cotidianas. Para allá nos fuimos, compartiendo viaje con Marta y Guille, dos amigos del equipo Aligots. Después de una noche de ronquidos persistentes y descanso mejorable en el "suelo duro", a las 10 de la mañana nos dirigimos a la salida y destapamos los mapas para preparar la estrategia:

Ya sabéis las normas, un tiempo determinado (aquí 6 horas) para hacer el máximo número de puntos, pasando por controles cuya puntuación corresponde a la cifra de las decenas (63: 6 puntos; 81: 8 puntos; etc.). Estrategia + Orientación + Resistencia física.
- La primera cuestión a destacar es que únicamente hay 30 balizas, menos de lo habitual, ya que un rogaine de 6 horas suele tener unas 45. Probablemente eso reduzca las combinaciones a considerar dentro de la estrategia.
- El mapa es un Din A3 por las dos caras con un cierto solape entre ambas, lo que complica un poco nuestro procedimiento habitual de dividir el mapa en cuadrantes.
- Hay una esquina al suroeste que está vacía de balizas y reduce la superficie real de carrera.
- Destaca una línea bastante evidente al sur, 31-92-73, recorrida por un sendero claro y que puede ser una buena opción de salida. Esta opción tiene también a favor que en ese extremo sur hay tres balizas de muchos puntos: 92, 73 y 82 (fijémonos que sólo hay dos 8's y dos 9's).
- Partiendo de la base de salir hacia el sur, vamos conectando todas las balizas, como siempre intentando describir bucles que permitan adaptar la estrategia, sobre todo en la parte final.
- Por lo demas, el relieve y la vegetación son bastante homogéneos en todo el terreno del mapa. Dicho de otro modo, hay un poco de todo por todos lados.
Este es el trazado que nos sale: 31-92-73-82-56-51-61-65-62-63-74-91-34-64-53-54-75-71-42-32-43-44-76-52-45-72-41-33-81-55


A las 10:30 se da la salida y nos lanzamos por una pista hormigonada hacia los primeros puntos.
Salida-31: yo iba derecho a atacar desde el nordeste pero Aurelio y Tommi me corrigen y accedemos, junto con todos los demás equipos, por el camino que entra junto a una casa desde el oeste. Una bonita baliza bajo una cascada por la que no hubiésemos podido tirarnos en caso de haber seguido mi itinerario.
31-92: sin mucha más historia que seguir un bonito sendero balizado hasta llegar a un curioso arco natural bajo el que está la baliza. El descenso hasta el río es complicado pero Aurelio acaba encontrando un sendero y llegamos a la baliza con el agua hasta las rodillas.
92-73: más sendero y más pintoresco desfiladero, hasta llegar al extremo sur y subir unos metros por el espolón para encontrar la baliza junto a una torre de roca
73-82: 200 metros de desnivel subiendo por el espolon hacia el noreste, identificando los cambios de orientación y entrando ligeramente en el lado norte para fichar el control en un pequeño claro del bosque
82-56: visto que el campo a través se antoja lento, seguimos la pista hasta el espolón para atacar la baliza desde el noroeste hasta unas ruinas
56-51: vuelta atrás por las pista y desde la curva amplia a izquierda atacamos en dirección noroeste. El espolón es poco definido pero Tommi identifica la traza que conduce hacia las ruinas donde está la baliza.
51-61: bajada al oeste tendiendo a la derecha (norte) para encontrar el sendero que se va metiendo por el fondo del valle y conduce directo a la baliza.
61-65: subimos unos metros al sureste y alcanzamos una pista que conduce al este. Se plantea la duda entre rodear más por camino hacia el sureste o subir recto enfrente a buscar la carretera. En vistas de que el terreno es abierto y que la pista al sureste asciende igualmente y probablemente nos obigue a caminar, optamos por el camino más corto y salimos a la carretera justo en la entrada del camino que se aproxima a la baliza. Bajamos por una vaguada bastante difusa intentando identificar el claro que se encuentra ligeramente al oeste. Con algo de dudas y aprovechando que somos tres para barrer el terreno acabamos dando con las ruinas del control.
65-62: bajada al sureste por terreno abierto por la tala de madera y nos lanzamos al fondo del valle para ir a buscar el punto de agua. De ahí, camino al norte, rodeamos unas rocas a la izquierda y enfocamos la vaguada correcta en dirección norte.
62-63: rumbo norte para rodear las rocas para dirigirnos entonces al noroeste, encontramos el amplio claro (naranja) y desde la esquina noroeste subimos ligeramente para encontrar la baliza tras un bonito muro construido contra unas rocas.
63-74: orientación algo mas fina en dirección noroeste, identificando vaguadas y espolones rocosos hasta un claro amplio y un camino que sirve de referencia. Giramos algo al norte para superar una franja de rocas y rodeamos un espolón a nivel hasta que la ladera gira al norte y con esa referencia identificamos los muros paralelos en los que está la baliza.
74-91: trayectoria a nivel para cruzar un colladito bajo una roca, y de ahí rumbo ascendente hacia la cima, cerca de la cual encontramos estos 9 puntos, coincidiendo con el equipo del C.D.Navarra, con quien tiene pinta que nos jugaremos la victoria como en otras ocasiones.
91-34: bajamos un poco al noreste porque tiene pinta que será más fácil bajar (aunque los navarros bajan más a la izquierda y llegan antes). Llegamos a una pista que nos sugiere empezar a buscar la baliza, peronos damos cuenta de que es una camino nuevo y que no aparece en el mapa, así que corregimos y nos lanzamos más abajo para encontrar el control.
34-64: pista hasta el espolon y ataque en dirección sureste hasta un collado alargado y unas rocas en cuya base está el control.
64-53: recorrido a nivel hacia el noreste hasta un llano en el fondo de la vaguada y subimos al norte por un espolon algo difuso pero con los muros rocosos bien identicables
53-54: acceso algo incómodo hasta la pista y aproximación sin mucha complicación hasta la baliza
54-75: bajada al fondo del valle y subida enfrente para buscar la carretera y el sendero que accede al collado al norte de la baliza, para atacar a nivel hasta un afloramiento rocoso sobre el que está situado el control
75-71: aparece un sendero no dibujado en el mapa pero que facilita mucho las cosas y nos conduce hasta el punto de agua. De ahí subimos a la 71 por un sendero escalonado junto a pinturas rupestres.
71-42: deshacemos camino por el sendero prehistórico y pasamos a la vaguada situada al sur para acceder al muro bajo el que está la baliza.
42-32: quedan poco más de dos horas y el calor aprieta. Vamos justo a ritmo de completar el mapa, pero previsiblemente la fatiga nos hará renunciar a uno o dos controles si queremos llegar a tiempo a la meta. Por lo pronto seguimos con lo previsto y accedemos a los 3 puntos de la 32 por carretera y pista.
32-43: más carretera y más pista para llegar al control por el espolón
43-44: volvemos a la pista intentando atajar algo y atacamos por una pista que pasa sobre unos campos, para seguir después a nivel hasta la vaguada de la baliza
44-52: inicialmente pensábamos ir desde aquí a 76, pero no nos atrevemos y la dejamos para hacerla, en todo caso, después de la 33 si vemos que vamos bien de tiempo. El rumbo entre 44 y 52 no es sencillo porque cuesta identificar las vaguadas y los cambios de vegetación, pero siempre nos queda sacar el as de oros y cederle completamente el timón a Tommi para que nos lleve hasta la vaguada que toca, donde efectivamente aparece la ruina que buscamos y la baliza.
52-45: rumbo noreste hasta el agua, reponemos y nos lanzamos al norte por la vaguada, tendiendo un pelín a la izquierda hasta la baliza.
45-72: nos apoyamos en la pista del fondo del valle, por la que se avanza rápido hasta atacar al suroeste desde el punto donde la pista cruza el río
72-41: rumbo noroeste para recuperar el fondo del valle y seguimos este identificando las curvas, hasta llegar a las rocas que buscamos.
41-33: más recorrido por el fondo del valle para encontrar el control sin dificultad. Queda una hora para el final. Hay bastante desnivel hasta la 76 y el cansancio aprieta así que decidimos renunciar a esa baliza e intentar asegurar 81 y 55.
33-81: se avanza bien por el fondo del cañón así que llegamos bien al precioso emplazamiento del control
81-55: este tramo del desfiladero es algo más incómodo, pero llegamos bien al cruce de valles situado bajo la baliza. Aquí sufrimos un percance en forma de ataque aéreo de algún bicho a Aurelio y Tommi. En un principio les parece que es una avispa, lo que provoca momentos de nerviosismo dado que ambos son alérgicos. Nos planteamos la posibilidad de volver directamente al pueblo, pero finalmente Aurelio y Tommi dan el visto bueno para seguir con lo previsto hacia la 55, aunque en medio de la confusión Tommi ha perdido su mapa. Cogemos un sendero y en un momento en que parece haber vía libre hacia arriba, subimos a saco hasta la pista y giramos a la derecha hasta el espolón en el que está el control.
55-meta: sin más historia seguimos la pista, predominantemente en bajada, con la tranquilidad de llegar a la meta con unos diez minutos de margen.

El resultado final es muy positivo, con 161 de los 168 puntos posibles, que nos conducen a la primera posición. Una bonito día de orientación con dos grandes compañeros. Buena estrategia y pocos fallos de orientación. Quizá en condiciones físicas óptimas y manteniendo el nivel técnico podríamos haber aspirado a completar el mapa, o en todo caso a cubrir la 76 en lugar de la 55, ganando de esa forma dos puntos. En cualquier caso, una buena carrera y seguimos aprendiendo en vistas a ese objetivo del Campeonato del Mundo del año que viene.

Besos y abrazos
























sábado, 22 de septiembre de 2018

Canfranc - Canfranc


Muy buenas,

Dos semanas después de la aventura agridulce del Europeo de Rogaine, tocaba una nueva cita importante, la Canfranc-Canfranc. 100 kilómetros con la mítica cifra de 8848m de desnivel positivo, eso que ahora empieza a ponerse de moda con el nombre de Everesting. Seguramente la fecha no era la óptima para mí, ya que a pesar de que el rogaine no pude hacerlo en plenitud física, 24 horas son 24 horas, y 12 días poco tiempo para recuperar. Pero qué le vamos a hacer, uno de los objetivos de la temporada era completar el circuito de Alpin Ultras, y después de haber hecho las dos primeras pruebas valía la pena hacer el esfuerzo y enfrentarse a esta nueva aventura. Además, era una oportunidad buena para explorar una zona del Pirineo que hasta ahora no conocía. Nuevamente compartí la aventura con mis padres, el ya clásico equipo de apoyo. Así fueron las cosas...

Los momentos previos a la salida discurren a ritmo de Barricada, Blanco y Negro, un auténtico subidón. El volumen de la música baja para dejar oir la cuenta atrás y salimos en la clásica estampida. Busco mantenerme entre las posiciones de delante mientras mi cabeza sigue al ritmo de "Quiero ser más rápido que ellos...". Ya tengo melodía para un ratillo. Un corto tramo de asfalto por el pueblo da paso a un sendero que se mete en el bosque y empieza a describir revueltas. El revuelo inicial se calma y avanzamos en fila india. Llevo seis corredores delante y parece que nadie sale disparado. Pepelu va detrás de mí, dos o tres puestos por detrás. En primera posición va un chico de verde fosforito que pone un ritmo de trote bastante llevadero por este camino que sube de forma muy paulatina. No hay sitio para adelantar y tampoco está mal empezar un poco relajado. Toni se ha puesto segundo. "Hi ha algú davant, Toni?"..."No, no"... Ok, no vaya a ser que me haya despistado. En algún momento intento ganar un par de posiciones pero soy rechazado por algún que otro codo y bastón, así que me calmo y sigo en mi lugar de la fila. Al cabo de un rato aparece un tío de rojo que le echa más morro y ataja en un par de revueltas para ganar puestos sin ningún tipo de pudor. Finalmente se pone primero y pone un punto más. Se acabó el recreo... Aprovecho un par de huecos para ganar posiciones hasta ponerme segundo y veo que Pepelu también ha espabilado y viene justo detrás, con Toni a poca distancia. Nos acercamos poco a poco al primero, mientras salimos del bosque y se acaban las revueltas. Parece que también se ha acabado el recreo para el perfil de la carrera. Las marcas suben recto hacia arriba por una pendiente de hierba.
Con el incremento de la pendiente nos agrupamos los cuatro primeros y vamos subiendo hacia un grupo de gente que ha subido a animar a los corredores. Todo un detalle siendo la una y media de la mañana. Me quedo detrás del chico de rojo y seguimos a un ritmo más o menos llevadero hasta culminar la primera subida, en un colladito que da acceso al Paso de los Sarrios. "A partir de aquí, prohibido correr! El que corra descalificado!" grita un voluntario con voz autoritaria. Tampoco hace falta que nos insista mucho. Las marcas nos llevan a unas rocas donde una cuerda permite pasar por encima de un oscuro abismo a la izquierda, que debe ser por donde se cayó Gandalf. Como nosotros no somos magos, mejor agarrarse bien a la cuerda. Cruzamos el paso manteniendo el pacto de no agresión y superamos un colladito tras el cual las marcas bajan decididamente. El descenso es por una canaleta de piedra suelta, por la que el chico de delante baja un poco inseguro. Busco sitio para pasar pero Pepelu es más rápido y aprovecha la primera oportunidad, saliendo disparado hacia abajo. Toni hace lo mismo y yo tardo algo más. A la que tengo vía libre Pepelu ya se ha ido unos metros por delante. Intento no agobiarme y aprovecho el repecho siguiente para recuperar terreno. Parece que me encuentro bien y que en la subida tengo ritmo. Venga pues a tu paso, sin estrés, que queda mucho. La carrera sigue en esta dinámica y llego al Refugio de López Huici, primer avituallamiento.

Refugio de López Huici (km10):
Los sobrecitos de Tailwind son prácticos pero si no los abres bien los polvos tardan media hora en caer. Mientras repongo el isotónico Pepelu ya ha tomado las de Villadiego y se va camino abajo. Salgo por el sendero, ahora amplio y cómodo, por donde discurre el GR11. Adopto un ritmo más o menos bueno y veo que por detrás la distancia se va ampliando. Aún queda mucho, pero poco a poco parece que la carrera va a estar entre Pepelu y yo. Bueno, y como no me espabile, entre Pepelu y Pepelu. El primer tramo es abierto y voy viendo su frontal ahí delante, pero después entramos en el bosque y pierdo la referencia. No me preocupo demasiado. Me he notado bien en la subida y en breve vendrá la temible subida a Collarada, que tengo la esperanza de que sea mi terreno. De repente noto un pinchazo en la rodilla... Ups, el otro día también me pasó, entrenando, pero se pasó al poco rato. Ahora parece que dura un poco más, y las dudas me hacen perder algo de tiempo. Intentando chafar bien y no hacer gestos raros, voy bajando hacia las luces cada vez más cercanas de Canfranc Pueblo. Un pequeño rodeo para pasar por debajo de la carretera me deja en el camino que empalma con la calle principal, donde se ve el avituallamiento al fondo. "Tres minutos al primero". Bueno, vamos a ver si se los recorto en la subida...

Canfranc Pueblo (km20):
Tras reponer bidones y alimento para el próximo tramo, salgo con ganas de enfrentarme a estos 2000 metros positivos. No es frecuente encontrarse un doble kilómetro vertical (y en sólo 7,2 kilómetros) en medio de una carrera. Vamos a ver qué tal sientan. Troto el primer tramo pero el sendero pronto exige el modo caminante. Me adapto y empiezo con mi ya clásico ritmo de paso-bastoneo-respiración. El primer tramo es por sendero bueno, pero al poco llego a un cartel que indica a la derecha, y el nuevo sendero es mucho menos definido. Las marcas abundan, pero el camino obliga a mirar al suelo, y eso hace que dude en un par de puntos. No estoy entrando bien en la subida. Me noto poco ágil, no atino bien con los bastones y las dudas con el camino hacen que no coja buen ritmo. Para más inri el terreno se va complicando y el sendero cada vez es más perdedor. No todos los problemas vienen de fuera. Mis piernas tampoco parecen tener las fuerzas que pensaba o que me gustaría. Seguramente eso también ayuda a que la agilidad no sea la mejor. Bueno venga, que la subida es muy larga... Paciencia... 
Paciencia, pero la cosa se va complicando. La noche me tiene bastante desorientado, y sin saber muy bien en qué dirección estoy yendo, las marcas se meten por una chimenea que obliga a usar las manos. La pendiente no afloja, y a pesar de que al ser el terreno más lento debería ver a Pepelu en algún momento, la ansiada luz no aparece por ninguna parte. Me voy desanimando un poco. La carrera se me está torciendo y eso que estaba con confianza y las sensaciones en el primer tramo estaban siendo buenas. Tras una nueva trepada de repente aparece un amplio prado que anuncia la parte superior de la montaña. El paisaje (o la oscuridad) se abre y ahora si veo el frontal de Pepelu ahí delante. No parece demasiado lejos, aunque es difícil apreciar la distancia en la oscuridad. Algo más animado cojo un ritmo más estable por este terreno de avance más fácil. La distancia no disminuye pero parece que tampoco aumenta, mientras avanzamos por esta segunda mitad de la subida. El frío me va haciendo notar que estamos ganando altura. Los manguitos van a ser bien recibidos en esta parte superior. Las banderolas giran un poco a la derecha y la pendiente se suaviza, dando paso a un pequeño tobogán de descenso que lleva a un avituallamiento de agua que nos habían anunciado.
"Seis minutos" me dicen mientras relleno un bidón con agua. Ya me lo imaginaba, pero me confirman que en lugar de recuperar, en la subida la distancia se ha ampliado.
Ya veo la luz subiendo por la pala de enfrente. Me voy a por ella, y afronto los últimos 400 metros de desnivel con ganas de compensar un poco la desventaja. El último repecho empieza con un tartera por la que subo bien. Parece que la luz se acerca, pero en realidad es porque Pepelu está afrontando un tramo más lento, en la trepada que da acceso al pico. Cuando me toca a mí, la distancia vuelve a incrementarse, y me vuelve a costar llegar al control de la cima. Qué le vamos a hacer... Va, que queda mucho y ya sabes que en cualquier momento pueden volver las buenas sensaciones.

Collarada (km27):


Dos o tres esforzados voluntarios pasan la noche aquí arriba a la espera de que pase toda la caravana de luces. Afortunadamente la meteorología es plácida y el plan puede ser hasta entretenido y con una salida del sol que desde aquí arriba promete ser espectacular. Yo por mi parte sigo a lo mío y activo la palanca del modo bajada. Por allí abajo se intuye la luz de Pepelu, aunque el terreno enseguida me obliga a enfocar la mirada hacia el suelo. El terreno es bastante técnico, con algún que otro destrepe por rocas y tarteras inclinadas que obligan a estar bien concentrado. En consonancia con mi subida, mi agilidad tampoco está por las nubes ahora. A ratos me parece que los palos me ayudan, a ratos me estorban… No sé qué hacer… Llego a un collado y las banderolas se meten hacia la izquierda por un canalón inclinado (la foto es de otro momento, pero para que se vea y os hagáis una idea). Este debe ser el sitio ese que dijeron ayer en el briefing. Todo un tobogán enorme que va a desembocar al Lago de Ip. Creo que decían que se bajaba algo mejor hacia la izquierda… Efectivamente, hay algún trozo de tartera de esos que te van amortiguando a cada paso, pero la bajada sigue obligándote a poner los cinco sentidos. Tras un ratillo de esquí las marcas vuelven a torcer a la izquierda y se meten por un sendero más o menos horizontal que discurre por una cornisa. La presencia de alguna cuerda indica que ese espacio negro que tengo a la derecha debe ser un vacío considerable, quien sabe si un trampolín hacia el lago. Al poco tiempo aparecen un par de luces ahí delante que desafortunadamente están quietas, así que no son Pepelu. Es el avituallamiento del km31.
Lago de Ip (km31):
Repongo el isotónico y relleno agua. La verdad es que voy con ganas de beber y comer más de lo que tenía en el planning inicial, así que empiezo a coger algo de fruta adicional, sandía y plátano, que parecen bastante apetecibles. Sin perder mucho tiempo salgo adelante, con la esperanza de que la siguiente subida se me dé mejor y pueda recortar la distancia que me separa de mi predecesor. Llego al pie del repecho y veo la luz esperanzadoramente cerca, pero de repente aparece una depresión entre medio que me indica que todavía tengo que seguir bajando y por tanto la distancia es mayor de lo que me pensaba. Joder…
Empieza la rampa y por lo menos técnicamente es algo más fácil que la subida de Collarada. Predominantemente hierba, aunque con bloques que tienes que ir esquivando. Eso sí, la traza es prácticamente inexistente. Tengo la sensación de que reduzco algo la distancia con Pepelu, pero nuevamente la explicación me decepciona, y es que la trayectoria de las marcas va enderezándose cada más y se mete por terreno más tarteroso que vuelve a ser más lento. Intento mantener cierta alegría en el ritmo a base de reducir la longitud del paso y aumentar la frecuencia, un poco como un Froome del trailrunning, aunque me temo que con bastante menos éxito. La subida se me hace larga. No sé cuántos metros de desnivel eran (una moraleja de la carrera es que cuando no conozco para nada el recorrido tengo que empollármelo mucho más…), pero esto parece que no se acaba nunca. Aparece un collado a la derecha pero las marcas se encaraman más alto, hacia la izquierda. Por fin llega el vientecillo que anuncia la cercanía de la cresta. Salgo a lo alto y puedo recuperar un poco la respiración, pero tampoco demasiado. Pepelu no perdona, y ya ha avanzado a buen paso por lo alto de la montaña. La cresta es amplia pero formada por rocas hay que ir saltando y sorteando. En una tónica que se repetirá a lo largo de la carrera, estos tramos de cresta que en el perfil salen llanos, son trampas formadas por repechos rompepiernas que rompen el ritmo constantemente. En esta dinámica voy avanzando hasta el control de la cima de la Moleta.
Nuevamente no le he recuperado prácticamente nada a Pepelu en esta subida. A lo sumo he mantenido la distancia. En fin, paciencia… Nuevo intento de centrarme únicamente en mi ritmo y dejar que la carrera vaya haciendo. Aún queda mucho. Veremos si será para bien o para mal. Emprendo la bajada, menos técnica que la anterior y con las primeras luces de un bonito amanecer rojizo que va despuntando por la derecha. Tras una pequeña duda en un collado, cojo el camino correcto hacia el valle de la derecha (nuevamente, empóllate el recorrido…). Las sensaciones siguen siendo regulares, pero voy tirando un poco de experiencia para mantener un ritmo de carrera correcto, sin pensar demasiado. Llega la bajada definitiva al fondo del valle, hacia la Cascada de las Negras, que ya se ve al fondo, pero con ello llega también otro problema. Otra vez el pinchazo en la rodilla. Joder… Y si no se me va? Esta vez parece que aguanta un poco más. Parece salir cuando hago un movimiento como arrastrando un poco la pierna, pero el desencadenante es muy sutil, y puede ocurrir en cualquier momento, no puedo pasarme toda la carrera evitando ese movimiento. Venga va, intenta variar la carrera, levanta la rodilla, pisa de metatarso… La preocupación inicial por el tendón peroneo de la pierna derecha ha desaparecido ante nuevos “enemigos”. Parece que controlo un poco el problema y el resto de la bajada la cosa aguanta. Esperemos que en el tramo de andar de la próxima subida las piernas se vayan reacomodando. Con estos deseos llego al avituallamiento de la Cascada de las Negras, donde me encuentro a María, una amiga del grupo de trabajo de Lleida.
Cascada de las Negras (km40):
“Cómo vas?”…”Bueno… con menos fuerzas de lo que me gustaría, pero qué le vamos a hacer… Peleando” … “Osti pero vas muy bien! Segundo! Y el primero ha pasado hace… 5 minutos”. Bonito dato, pero no lo ha dicho muy segura y me temo que son alguno más. Bueno, los que sean, vamos a por ello. Salgo del avituallamiento sin atreverme a mirar atrás. En algún punto anterior, por la noche, he visto alguna luz que venía por detrás, creo que a mayor distancia de la que me lleva a mí Pepelu, pero cuando las sensaciones no son las mejores siempre tienes la impresión de que en cualquier momento va a aparecer alguien haciéndote luces. Emprendo esta cuarta subida, otra vez con la esperanza de que la cosa mejore. A priori parecía que esta ascensión era más tendida, pero la realidad es que empieza con un repecho demoledor. Las banderas se enfilan por un lomo herboso y ante la ausencia de camino lo hacen siguiendo la línea de máxima pendiente, para qué vamos a andarnos con tonterías… Lo positivo es que tengo la sensación de que mi ritmo es mejor que en las subidas anteriores. Al ser todo hierba homogénea, puedo coger el bailoteo ese de paso-bastoneo y avanzo con bastante dignidad. Salgo a lo alto del repecho y el terreno se pone más amistoso. Toca trotar, pues venga, a trotar. El recorrido va alternando trozos llanos con cortos repechos, acercándose a una tartera que da acceso a la cresta del fondo del valle. Lo malo es que no alcanzo a ver a Pepelu. Yo he trotado bastante, pero parece que él también… Emprendo la subida por la tartera y un poco antes de llegar a lo alto oigo unos gritos a la izquierda. Unos voluntarios están en lo alto de la cresta. Debe estar pasando Pepelu por allí, pero no le veo… Echo un vistazo al reloj… 8:34… Venga, a ver… Llego a lo alto y giro a la izquierda hacia un montículo por el que me temo que se encaramarán las banderolas… Pues mira! Sorpresa! Las marcas se meten por un flanqueo horizontal a la izquierda. Bonito detalle.
Llego a los voluntarios, que me animan a gritos a mí también. “Venga, muy bien! Lo llevas a 10 minutos”. Miro el reloj… 8:43… Bueno, me salen nueve, pero es bastante distancia igualmente. Tampoco le he recortado en esta. Me desanimo un poco. En fin, más paciencia… Salgo por la loma hacia abajo pero las marcas enseguida enfilan un repecho y después otro y después otro más. El bajoncillo de las referencias no es lo mejor para afrontar ahora esta serie de sorpresas traidoras. La depre pasa de la cabeza al estómago y a las piernas y voy ya con ganas de llegar a la base de vida de Formigal y comerme un plato de macarrones. Una rampa por una pista de esquí me acerca al avituallamiento y como la pendiente no es suficiente, las banderas deciden meterse a la izquierda por un tobogán de hierba y yo hago lo propio mientras una chica me graba con una cámara, hecho que agradezco con algún que otro culetazo.
Formigal (km48):
Me ha parecido, o he querido intuir la figurilla de Pepelu subiendo por otra pista al otro lado, pero yo llego con ganas y necesidad de tomármelo con cierta calma. Por lo menos tengo la esperanza de que mi ritmo, que no ha sido malo en este parcial, haya distanciado a los perseguidores. Me tomo un plato de macarrones con algo de salsa de tomate. Me entra bastante bien, y la sandía que hay al lado aún mejor, y el melón ya ni te cuento… Saco la gorra de la mochila pero resulta que tiene el cierre roto. Mierda… La necesito para quitar algo de sol a mis ojos martirizados por la luz y las lentillas. La chica de la cámara se ofrece muy amablemente y hace un apaño con uno de los alfileres del dorsal mientras yo me acabo los macarrones. Con el estómago recuperado, agradezco y salgo del avituallamiento por otra pista de esquí. Esto sí lo miré, un repecho de unos 100-150 metros de desnivel y después una bajada que da paso a la subida al Vértice de Anayet. Si lo miras de manera muy optimista me quedan tres subidas. Juasssss…. Muuuuuuy optimista…
El repecho obsequia con una rampa corta pero sin piedad antes de enfocar la siguiente bajada. Los macarrones me han devuelto las relativamente buenas sensaciones de la subida anterior y la bajada me sale a buen ritmo. Llego a un prado donde empalmo con el GR11, por el que se ven varios grupos de excursionistas. El día se presenta como una bonita y soleada jornada de montaña. Empiezo la subida con ganas y puedo trotar en bastantes tramos. El sendero es poco técnico y parece que lo aprovecho para coger buena velocidad de crucero. Se alternan rampas con descansillos, en uno de los cuales aparece el Ibon de Anayet a la derecha con la imponente mole del Midi d’Ossau al fondo. No lo conocía y me parece una de las vistas más bonitas del Pirineo. Si no lo conocéis, apuntadlo. Tengo pendiente un vivac aquí. No será esta vez, ya que vuelvo a mirar al frente y dejo a la derecha el GR-11 para encarar el collado situado entre el Pico y el Vértice de Anayet. Al acercarme a la base veo a un tipo de azul subiendo la última rampa. Pepelu iba de amarillo, pero y si se ha cambiado de camiseta en la base de vida? Tomo otra referencia y me pongo en modo persecución. La última rampa es durísima. Salgo al collado y miro el reloj, que me indica que el Pepelu de Azul me lleva 7 minutos. Giro a la izquierda y subo por la cresta, hacia dos personas que bajan. “Venga muy bien! Vas a 10 minutos”… Que va, que va, os debéis haber confundido… “Va de azul el primero?”… “No, no, de amarillo, el de azul no es de la carrera”… Mi gozo en un pozo. Llego a la cima y me confirman la diferencia de 10 minutos, con lo cual en la subida en la que me he encontrado mejor me ha servido para recortar dos minutos. La verdad es que me sabe a poco y me desanimo (grave error, aunque fácil de decir desde este sillón…).
Saco un paquete de puré de patatas que llevo, a ver si me devuelve la alegría, y bajo un poco el ritmo mientras me lo tomo. Tras la carga de hidratos vuelvo a trotar por lo alto de la loma y me centro más en el objetivo de no desconectar y que al menos la carrera vaya pasando lo más rápido posible. Estar al acecho de un posible desfallecimiento de Pepelu es una idea en la que cada vez creo menos. Aun así, el puré me da un punto de gasolina que me permite hacer la bajada bastante decentemente, un gran qué, porque el descenso es eterno hasta que unos 200 kilómetros después acabas saliendo al fondo del valle y conectando de nuevo con el GR-11. Un cartel me anuncia dos kilómetros hasta el Parking de nosequé… Parking quiere decir que llegan coches, coches quiere decir que ahí debe estar el avituallamiento… Venga pues si la pista es como esto que aparece por aquí en 10-12 minutos estoy. Efectivamente, un tramo cómodo picando para abajo me permite coger ritmillo y llegar al avituallamiento con relativamente buena cara.
Campamento de Canal Roya (km62):
“Doce minutos a Pepelu” me dice Mayayo, de carrerasdemontana.com, mientras graba con su iPad. “Me temo que se me ha acabado la persecución, no consigo recortarle nada. A cuánto va el tercero?”…”Lejos, lejos, 30 o 40 minutos”. Eso está bien, por lo menos tengo margen. Me tomo el avituallamiento con algo de calma y salgo a por la siguiente subida. Se trata de un nuevo kilómetro vertical, por un camino que según el briefing debería ser bueno. Ni que lo digas, el sendero es una auténtica autopista, con revueltas amplias y pendiente muy tendida. Lo que parecería indiscutiblemente positivo creo que se vuelve un poco en mi contra. La pendiente está en ese punto en que es trotable si vas bien, pero a mí la nueva referencia me ha dejado un poco desganado, sabiendo además que tengo margen por detrás, así que me limito a caminar rápido. Coincido con muchos corredores de la maratón y voy adelantando a bastantes de ellos. La ascensión discurre de manera bastante monótona, yendo de izquierda a derecha y viendo a los corredores de la siguiente revuelta a escasos metros por encima de uno. Probablemente alguna vez más de uno apurado de tiempo y de escrúpulos haya tirado recto arriba cortando todo este sinfín curvas. A mí personalmente este ir y venir me está cansando de coco y a medida que subo veo que las piernas también flojean y que cada vez me cuesta más pasar a los corredores de la maratón, a pesar de que creo que estoy coincidiendo con las posiciones medias o traseras de la carrera. No troto prácticamente en ningún sitio, a pesar de que algunos tramos son casi llanos. Mala señal, Winter is coming…
Llego arriba y pregunto si hay un sitio con agua. Me temo que aquí no había nada marcado, pero un chico me dice que sí, pero (bis) cuando llego al control me dicen que no, que nada de agua allí. Vaya por Dios… Todos los de la maratón se van hacia abajo y a mí me mandan por lo alto de la cresta, a iniciar todo el círculo de la zona de Astún. En principio sobre el perfil parecía terreno más o menos llano, por lo alto de la montaña… Pues sí, lo llevas claro. El recorrido aparece en todo su esplendor con un sinfín de montículos a superar, por los que a buen seguro circularán las banderolas. El calor también me está dando duro. Mis acciones en bolsa están claramente en descenso, más aún cuando llego junto a unos espectadores que me dicen “Media hora al primero”. Como? Joder, qué desastre de subida he hecho. La nueva referencia supone un golpe moral, porque significa también que si el de detrás va mínimamente bien puede empezar a recortar distancia. Intento activarme un poco, pero el terreno es muy incómodo. Van apareciendo por sorpresa repechos cortos pero de mucha pendiente, tramos de cresta que obligan a ir con cuidado, o fuertes bajadas antirodillas. Voy mirando al frente intentando ver cuándo las marcas se separan de la cresta, pero siempre hay una maldita banderola en el siguiente montículo. A la izquierda se ve un remonte y un par de coches, que debe ser donde está el avituallamiento. Al fin llega el punto donde la cresta fronteriza gira a la izquierda y en el siguiente collado aparece un sendero que baja en diagonal en dirección a un lago y el ansiado punto de parada. Al llegar nuevamente en bajada, la cara que ofrezco a los voluntarios del avituallamiento es nuevamente mejor que la que correspondería a mi estado real.
Ibon de Truchas (km72):
Aprovecho el agua para comerme otra ración de puré de patatas y relleno los dos bidones con Tailwind. Afortunadamente el plan de alimentación lo estoy pudiendo seguir, de hecho incluso por comiendo más de lo estipulado. No es un problema de comida pues, simplemente las piernas tienen la fuerza que tienen. Salgo del avituallamiento por un tramo llano de pista, un kilómetro de regalo que sienta la mar de bien, sobre todo con el pequeño input de gasolina mental y física del avituallamiento. Veo un collado enfrente. Supongo que van ahí las marcas. Aprovechando la perspectiva estudio el tramo que me queda. Cuento los repechos que se ven hasta la bajada definitiva a Candanchú. Son unos cinco… bueno, no está mal… Miro el reloj… No voy mal de tiempo tampoco, por lo menos el crono tiene buena pinta… Pero a medida que me acerco a la subida definitiva al supuesto collado objetivo, no veo marcas a lo lejos y me voy temiendo lo peor… Efectivamente, una vaguada aparece a la derecha y las marcas se meten por ella, dirigiéndose a otro collado que estaba escondido y que añade un tramo significativo de cresta a lo que yo pensaba que era el recorrido. Jodeeer…
Venga va, lo que te echen… Intento convencerme… El nuevo tramo me parece muy arriba y además con muchas rocas con mala pinta. Llego a lo alto y empiezo a recorrer la cresta, que cada vez se va recortando más. Llego a un grupo de voluntarios. “Aquí con cuidado!”… ya te digo… Empiezan a aparecer destrepes donde tienes que poner las manos y pensarte bien a dónde te agarras. Mi nivel de agilidad no está en su mejor momento. Voy superando repechos mientras mi ritmo se va entristeciendo. De repente oigo pasos detrás y me giro sobresaltado. Coño un corredor… Miro el dorsal…200 y pico… “Eres de la de 75, no?”… “Si, si”…”Bufff, estoy para pocas sorpresas ya”…” Jeje, venga va ánimo”. Le dejo pasar sin dudarlo, ya que comparado conmigo va como un avión. Intento engancharme a su ritmo y durante un tramo parece que tira un poco “psicológicamente” de mí en este continuo subir y bajar. Al rato aparece un montículo que me parece un Cervino, pero no veo al tipo subir por él. Está flanqueando por la izquierda! No subimos! Joder, por fin una sorpresa positiva. Algo más animado troto por este terreno más favorable (a ver… por favorable entendamos un atisbo de traza horizontal entre mazacotes de hierba tuercetobillos, tampoco nos vayamos a pensar que esto es la A-7). Parece que se ha acabado el recorrido por la cresta, y las banderolas me llevan más bien hacia abajo, hasta un giro a la izquierda donde enfilo un canalón muy inclinado que me deja en una pista. Qué bien, las marcas se meten por ella y auguran otro kilómetro “de regalo”. Aprovecho para levantar la vista, mirar las montañas de enfrente y enfrentarme mentalmente a la “última” subida de la carrera (las comillas son porque sé que hay aún otro repecho después, que obvio voluntariamente intentando simplificar los problemas). Lo cierto es que si el montículo de antes era el Cervino, el Pico de Aspe me parece el Everest. Y a este sí que vamos a tener que subir. Unas nubes bastante feas rodean la zona. Tengo que ser sincero, en ese momento llegué a tener ganas de que viniese tormenta y nos desviasen por el recorrido de la maratón. Qué le vamos a hacer…
En vista del panorama vuelvo a bajar la mirada y me centro en el presente, y en las marcas, que dejan la pista y se meten por un senderillo que tras un corto repecho bajan hasta una carretera. Es esto el avituallamiento?... Puerto de Somport, leo en un cartel fronterizo. Por aquí pasé hace unos años en una Quebrantahuesos, mítica marcha cicloturista. “El avituallamiento?”… “10 minutos” me contestan unos chicos que hay por allí. Es verdad, recuerdo en el briefing algo sobre un tal Monte Candanchú. Seguro que es otra tachuela sorpresa. Efectivamente, 100 metros de desnivel por un sendero que tiene pinta de agradable pero que a mí ahora me sienta como una patada en el trasero. Una vez superado, bajo por fín por una pista más o menos cómoda hasta las castas donde está la base de vida.

Candanchú (km82):

Qué decir… Estoy bastante fundido. Me confirman que por detrás se sigue ampliando la ventaja, así que deben estar aún más fundidos. No hay para menos. Es cierto que no estoy en mi mejor día, y quizá eso influye en la manera de ver las cosas, pero ahora mismo mi sensación es que esta carrera es de lo más duro que me he encontrado, por no decir lo que más. Mucho desnivel combinado con terreno muy técnico, muchos trozos sin camino alguno y todo ello a lo largo de mucha distancia. En fin, quedan 18-20 kilómetros y toca activar el modo supervivencia. Visto cómo voy se hará largo, pero bueno, como diría aquel, el único problema es que estás cansado…
Después de comer un buen plato de pasta con tomate y más fruta, salgo de nuevo al parking de Candanchú y cruzo al trote con la esperanza de comerme un “kilómetro de regalo” antes de afrontar la subida propiamente dicha. Al final se queda en unos 600m pero menos da una piedra. Llego a zona de hierba y empieza de nuevo la fiesta. El primer tramo de subida es por sendero aceptable y pendiente asumible, así que mantengo un ritmo más o menos bueno. El sendero atraviesa a la derecha y describe una diagonal, tras la cual se pone derecho hacia arriba por una pendiente más seria. Este golpe ya lo encajo medio mal y mi velocidad se resiente. Un poco más arriba llego a un punto de control donde dos voluntarios desvían a los corredores de la maratón. Ellos se van a la izquierda y evitan la subida al Pico Aspe. Yo tengo que seguir bordeando la montaña y meterme hacia un collado que se empieza a intuir allí al fondo. La hierba va dejando paso a las rocas, y la marcha en piloto automático deja de ser una opción. Empieza un baile de piedra en piedra, saltando y haciendo equilibrios, para el cual mis fuerzas no están preparadas ahora mismo. Sortear los bloques incrementa la distancia real recorrida y obliga estar concentrado e inspirado, que tampoco es el caso. Al principio las banderolas flanquean sin ganar mucho desnivel pero después añaden el componente que faltaba a la fiesta y tiran hacia arriba. Momentos de trepar, momentos de saltar de bloque en bloque, momentos de tartera en la que no traccionas… Mi ritmo va de mal en peor y acaba en modo himalayista. En algún momento tengo que parar por completo y recuperar el aliento mientras miro cuántas p… banderolas me quedan para llegar al maldito collado. Me viene a la cabeza aquella subida al Col de Malatra en el Tor des Geants de 2014. Voy por el estilo, aunque con 200km menos en las piernas. Un pequeño quiebro a la derecha permite superar un escalón y salir a la última pendiente. Bufff, parece que el collado vaya tirando marcha atrás. Por allá delante veo a un corredor, el segundo de la de 75, que me ha pasado en el avituallamiento de Candanchú. Tampoco debe ir muy fino. Mil años después llego al collado. Algo es algo, joder…
Algo es algo pero miro a la izquierda y veo dónde está el pico y lo pequeñas que son las figuritas de la cima. Bufffffff (cada vez con más f’s)… Me separa una ladera de roca kárstica agrietada por la que hay que ir trepando haciendo equilibrios. Intento no mirar más arriba de la siguiente bandera y aguantar un rato, para así llevarme una buena sorpresa cuando decida mirar a la cima. Todo son tácticas psicológicas para ir pasando las dificultades. No sé si resultan demasiado. La verdad es que este tramo se me vuelve a hacer eterno. Otros mil años después llego a una brecha justo bajo la cima. De regalo tengo un destrepe con pinta de complicado. No sé cómo pero acabo bajando y afronto los últimos 40-50 metros de desnivel hasta la cima. “Puedo dejar los palos?” grito a los de la cima “Hay que subir hasta aquí!”… No me entienden, ya lo sé que hay que subir, joder que si lo sé… Al final como mi chorro de voz es limitado, me canso de gritar, dejo los palos y trepo, o mejor dicho me arrastro por las rocas hacia la cima. “Venga muy bien! Qué tal vas?”… Te lo digo o te lo cuento… “Pues hombre…”… “Venga va, sabes lo que queda?”…”Creo que sí, bajada, un repecho de 400m y bajada fácil, no?”… “Sí, si, eso es. Ya se que estás hasta las pelotas pero…”… “Ahí la has clavado, hasta las pelotas pero HASTA LAS PELOTAS”. En el fondo el estado de ánimo es como un planeta. Llega un momento que vas tan jodido que le das la vuelta y estos momentos son hasta divertidos…
Me como otra ración de puré de patatas ayudado por algún trago de agua para pasarlo y me levanto. “Venga voy a ver si acabo con esto…”. Deshago el camino hasta la brecha, recojo los palos y me meto a la derecha por otro canalón técnico y tarteroso por el que bajo ayudándome con los bastones. Queréis que me queje más?... Ahí va otra… Como voy más doblado que el balón de Oliver y Benji, bajo super torpe, con lo cual no amortiguo nada y las rodillas me molestan cada vez más. Afortunadamente el terreno no puede ser igual de inclinado todo el rato porque si no bajando así acabaríamos en el centro de la Tierra, así que al poco la pendiente suaviza algo y la tartera es más llevadera. Voy buscando ansiosamente el avituallamiento en un prado allí abajo, pero no hay ni rastro. De repente veo por qué… Las marcas giran bruscamente a la izquierda y suben por una pared rocosa donde hay una cuerda fija. “Hijos de…” grito al aire desesperado. Salen repechos por todas partes… Supero el obstáculo inesperado y me encuentro unos carteles indicativos: “Ultra 100” y “Ultra 75” a la derecha. Y donde me voy yo? A la izquierda… Afortunadamente al cabo de unos metros una vocecita interior llama a la puerta y dice “Pero qué haces imbécil?”. Doy media vuelta y tomo el camino correcto, que además baja, y ahora sí aparece el avituallamiento anhelado.

Motriz de la Tuca (km90):
“Quieres un huevo frito con pan?”, al principio dudo, pero lo cierto es que a pesar de ir petado el estómago está bastante bien, así que de perdidos al río. Acepto semejante manjar, cojo algo más de fruta y me voy. Me hubiese quedado más rato charlando, pero tengo ganas de acabar y evitar llegar de noche. Además creo que si consigo recuperar un poco el ritmo puedo bajar de 20 horas, que visto cómo vengo no estaría mal. Me animo con un poco de trote, supero una rampita y bajo hasta un rellano herboso, donde empieza la que, ahora sí, es la última subida. 400 metros de desnivel, empinados pero por hierba. Parece que el huevo frito ha hecho su efecto y subo mejor que en los últimos 30 kilómetros. Vuelve la música clásica de bastón-paso-respiración y supero el desnivel razonablemente bien. Al final me salen los 400m de subida justo por debajo de media hora, que visto el panorama me parece muy satisfactorio. Llego arriba, donde hay un último control. “Todo bajada y corrible” me dicen. Pues venga, corramos, que si no tiene pinta de que esto se hace eterno. Recuerdo que en el briefing Álex, el director de la carrera, dijo que eran 123 curvas. Sabes qué? Las voy a contar. Así tengo algo que hacer y se me pasa más rápido, y de paso miro si voy a ritmo de bajar de 20h. Soy un freak, lo sé… Empiezo el descenso a las 19h05… “Una”…”Dos”… … …”Trece”… “Veintisiete”… Voy haciendo cálculos sobre el número de curvas por minuto, cuántas debería llevar a las 19h30, y cosas por el estilo. Lo cierto es que entre esta gilipollez y el huevo frito la alegría ha vuelto a mi cuerpo y voy bajando bastante bien… “Sesenta y dos”… “Ochenta y cinco”… En la noventa y nueve las marcas salen de frente por un sendero entre el bosque muy agradable. Amplio la zancada para, ya puestos, conseguir el objetivo de bajar de 20h…”Ciento siete”…”Ciento quince”… las últimas revueltas son más cortitas y pasan muy rápido… “Ciento veintidós”… ay que se ha equivocado… No!  Ciento veintitrés! Justo antes de bajar unas escaleritas que me dejan en el asfalto del pueblo. Tras unos metros salgo a la carretera principal y veo la meta a unos 300 metros. Hay bastante gente animando en la calle, así que entre eso y que me he recuperado milagrosamente (tarde, pero milagrosamente), disfruto bastante del momento. Un último giro a la izquierda y entro bajo el arco de meta.


La carrera me deja sensaciones bastante contradictorias. Supongo que el recuerdo principal es el de la dureza de la prueba. Los últimos 40 kilómetros se me hicieron realmente cuesta arriba y tramos de impotencia como el de la última subida hacía tiempo que no los vivía. Por otro lado sensación de gasolina justa. Es cierto que hace dos semanas hice el rogaine de Ucrania y que quieras que no 24 horas han de notarse en las piernas pero en fin… Siempre tienes la duda de si es eso lo que influye o si en realidad no he mantenido bien la forma después de la Ronda dels Cims. Pero bueno, en lo positivo el haber superado más o menos los problemas y haber sabido hacer el esfuerzo de seguir adelante hasta la meta, manteniendo el segundo puesto y consiguiendo el primero en la clasificación general de Alpin Ultras, aunque sea también gracias a que Raúl Pérez y Sergio Tejero no vinieron a esta prueba. Casi mejor quedarse con esta parte positiva, con ese buen rato que pasamos charlando con Jaime, el speaker, tras cruzar la línea de meta, y con la compañía y el apoyo de mis padres durante toda la carrera.
Besos y abrazos