viernes, 20 de enero de 2017

Fin de año en Hong Kong - Ultratrail Tai Mo Shan

Con algo de retraso pero por fin saco algo de tiempo para quitarle las telarañas al blog. Esta es la crónica de un fin de año diferente, aprovechando una oportunidad que surgió gracias a mi amigo Simon Grimstrup, un danés corredor y trotamundos, un poco como yo. Gracias a él y gracias a la organización del Ultra Tai Mo Shan, que me invitó a participar en esta carrera en la otra punta del mundo. Lo cierto es que no me acababa de encajar dentro del calendario, a caballo entre una temporada 2016 que acabó con la paliza de la Diagonale des Fous y un año 2017 en el que los objetivos principales están en verano e invitan a tomarse el inicio de temporada con tranquilidad y de forma progresiva. De todas formas, una ocasión así no surge todos los días y me hacía ilusión enfrentarme a una carrera de montaña en un entorno curioso como la ciudad de Hong Kong.
La carrera en sí era un nada despreciable "paseo" de 162km, con unos 9000 metros de desnivel positivo. El desnivel era un contínuo rompepiernas con repechos de unos 400-500 metros, y una altitud máxima de 900m. La ciudad de Hong Kong se encuentra distribuida entre una serie de islitas y también en parte en territorio continental. Es en los alrededores de esta última parte por donde discurría la carrera. Me lo imaginaba como una especie de Ultratrail de Collserola, y teniendo en cuenta los ritmos de años anteriores, con un recorrido bastante corredor. Éramos varios los corredores procedentes de Westeros (europeos, para los no expertos en Juego de Tronos...), entre los que destacaban claramente dos figuras de nivel mundial, como son Gediminas Grinius y Andrea Huser, lituano y suiza respectivamente, segundo y segunda en el último Ultratrail du Mont Blanc.
Por no ceñirme sólo a la vertiente deportiva del viaje (que por otra parte si vísteis mi post del Facebook ya sabréis que no fue muy allá...), ahí van cuatro pinceladas con toque viajero para recuperar un poco la dinámica de las crónicas de antaño. Hong Kong es una ciudad con 8 millones de habitantes instalada en un sitio donde no caben. Tanto las islas como la parte continental están formadas por terreno escarpado. Vendría a ser como meter París en las costas del Garraf, así que la única solución posible es poner a la gente unos encima de otros. La acumulación de rascacielos es realmente especacular. No es como en Nueva York, donde están concentrados en Manhattan y son mayormente edificios de oficinas. Aquí los barrios residenciales también están formados por pepinos de 30 a 60 pisos ubicados en serie. En los barrios de clase baja además se intuye que los apartamentos que forman esas torres deben ser bastante pequeños. En alguno de esos edificios deben vivir hasta 5000 personas.
Si una cosa me marcó de Hong Kong fueron eso, los rascacielos, pero hay más cosas. Por ejemplo, la comida. Un parámetro curiosamente muy variable entre países es la relación entre el precio de la comida en los supermercados y en los restaurantes. Hay países donde puedes encontrar supermercados o mercadillos muy económicos mientras que salir a comer fuera es bastante prohibitivo, sólo para ocasiones especiales. Hay otros, como Hong Kong, donde una botella de agua de medio litro en el super te puede costar un euro y pico (por no hablar de los 6 euros que me costaron mis 300g de uvas) y en cambio puedes comer en el restaurante con una estrella Michelín más barato del mundo (Tim Ho Wan, http://blogs.20minutos.es/la-gulateca/2015/09/03/restaurante-estrella-michelin-mas-barato-mundo-tim-ho-wan/). Simon y yo nos presentamos allí después de la carrera y pagamos 15 euros cada uno por un total de trece platos. Si la vida os lleva hasta allí, pedid unos bollos dulces con carne por dentro que se llaman "bum". Espectaculares.
Y un tercer aspecto que me llamó la atención fue la gente. Hong Kong es una curiosa mezcla entre inmigrantes chinos que llegan a raudales y población autóctona entendiendo como tal (dado que al fin y al cabo Hong Kong políticamente es China), las familias que llevan en la ciudad dos o tres generaciones. Todo ello aderezado con una legión no despreciable de expatriados hombres y mujeres de negocios procedentes de multitud de países del mundo. Me dio la sensación de que los "hongkongers" de toda la vida sienten una identidad propia con respecto al global de China y también que en general son más simpáticos y acogedores (espero que no lea esto mi amigo Sheng...). O quizá simplemente sea que se son más expresivos y se ríen más a la manera en que lo hacemos nosotros aquí y eso hace que para un europeo sea más fácil empatizar con ellos. Sea como sea, me quedé con una grata impresión de las personas a las que conocí, principalmente del entorno de la organización de la carrera.

Y a eso vamos, a la carrera. La verdad es que, por abrir un poco la "Sección Excusas", no llegaba a la carrera en una forma óptima (supongo por otra parte que como la mayoría). Después de la Diagonale des Fous me tomé un mes de descanso y después intenté coger un ritmillo de mantenimiento durante el mes de diciembre, más que nada con el objetivo de llegar a la carrera en condiciones de sobrevivir a ella. Después de unos días de Navidad en familia, salí hacia allá el día 27 por la tarde, pasé la noche en el aeropuerto de Doha y llegué a Hong Kong el 28, ya por la noche de allí. Después de la paliza de viaje la primera noche dormí bien, pero las dos noches posteriores me hicieron darme cuenta que llevo especialmente mal el tema del jet lag. La noche del 29 al 30 dormí de 6h30 a 10h y la del 30 al 31, de las 4h30 a las 5h45. Cuando sonó el despertador a las 5h45, 2h15 antes de la salida de la carrera, estaba de un humor de perros.

Acabo los preparativos mientras Simon hace los mismo, y bajamos al hall del hotel para encontrarnos con Angel, la chica de la asistencia. Le damos las bolsas y nos vamos para la salida, que no está lejos. El sitio en cuestión es una plazoleta que han cerrado para la ocasión y donde han montado un escenario donde una speaker muy simpática va amenizando el rato. Va llamando a los foreigners para que subamos a decir algo. A mí me pide "que dé un consejo para los corredores populares"... Le suelto algo como que estas carreras son montañas rusas en las que hay que anticipar los momentos malos para estar preparado mentalmente... Me lo podría aplicar a mí mismo... Se hacen las 8 y llega la hora de salir a afrontar esta curiosa carrera.
Salimos calle arriba, cruzando un barrio dormido e indiferente al grupo de corredores que sale a la aventura. Enseguida dejamos atrás los rascacielos y subimos por una carreterilla que se dirige hacia la montaña. Como era de prever, se pone delante el lituano, junto con Cedric, un francés. Detrás van dos japoneses y Simon, y después voy yo a mi ritmo. Llega el momento de catar la primera subida, una serie de escalones de piedra que dan una idea de lo que será una tónica general a lo largo del día. Varios repechos me acaban llevando a lo alto de una cima desde la que se ve la ciudad de Hong Kong en medio de la neblina. Un curioso paisaje de torres enormes entre islas de vegetación. Sigo en sexta posición, acercándome a Simon y uno de los japoneses en las subidas y alejándome en las bajadas. El primer descenso requiere concentración porque los escalones son muy pequeños y corres el riesgo de acabar de morros en el suelo. La segunda parte cambia de tónica, ya que pasa a ser por un senderillo que se han currado a golpe de machete. En ese momento es algo cabroncete, pero lo echaré de menos más tarde. Salgo a una carretera y veo a Simon un poco más allá. Nos acabamos juntando y llegamos al primer avituallamiento (km12).
Como un plátano, cojo otro y en un bolsillo me meto unas galletas saladas, para complementar lo que llevo en la mochila. Unos geles de esos líquidos de Power Gel y unos bollos que me compré en el super y que resultan ser bastante más secos y sosos de lo que esperaba. Es lo que tiene probar cosas en la carrera... El siguiente tramo son un par de kilómetros de asfalto llanos. "Me gustan estos kilómetros gratis", le digo a Simon... Juas, ya verás si te gustan o no... Afrontamos un repecho de unos 200m y bajada posterior hacia otro barrio de torres, al que llegamos tras cruzar una especie de Ronda de Dalt. Por el camino nos encontramos a uno de los japoneses medio despistado y pasamos a formar un grupo de 3. Me explica que el año pasado estuvo por Barcelona para correr el Ultratrail de Barcelona y vamos charlando un poquillo cuando el aliento lo permite, hasta llegar al CP2 (el segundo avituallamiento, vamos... km22).
Me tomo el avituallamiento con más calma de mis compañeros pero recupero algo después. Nos dicen que vamos 3º, 4º y 5º, algo debe haber pasado con el otro japonés que iba más adelante. Me junto con Simon y al poco nos encontramos al japonés de antes que tiene algún problema en los pies y está ahí parado. El tramo pasa relativamente rápido, entre algún trozo de asfalto y otros de sendero más agradable. En las subidas voy algo mejor que Simon, pero a la que bajamos se reúne conmigo. Antes de los previsto nos encontramos con el CP3 (km29, pensábamos que estaba en el 35, mira qué bien).
Mientras reponemos aparece el japonés y un chico rubio uniformado de Salomon de arriba a abajo que ya lo he calado en la salida y tiene pinta de ir bien. Simon y yo salimos nos espabilamos y salimos en dirección a la subida más larga de la carrera, 700m de desnivel que nos han de llevar hasta el pico de Tai Mo Shan, el punto más alto de la carrera con 950m. A la que la cosa se pone hacia arriba cojo la delantera e intento poner un ritmo algo más exigente en el que considero que es mi terreno. Me separo algo de Simon y me encuentro bien en esta zona de sendero entre el bosque que me gusta bastante más que el asfalto y el empedrado de antes. Salgo del bosque y el sol del mediodía cae a plomo sobre mi cogote, recordándome que hay que beber. El calor me quita algo de alegría pero voy tirando con mi ritmo de bastoneo habitual. Ahora que hablo de los bastones, en esta carrera me reencontré con ellos después de 6 meses sin ellos, desde que se me rompió uno en la Buff Epic Trail. Como a mi amigo Francesc le pasó lo mismo, me dejó el que le quedaba sano, con la mala suerte de que era de la misma marca pero más corto que el mío. Tampoco se notaba mucho, eh, no es excusa...
Avanzo por terreno abierto y veo que por detrás el que viene es el rubio de Salomon. Ya te digo si va fino, me alcanza justo cuando llegamos a la cima, yo agobiado por el calor y con poca alegría. El descenso empieza por una carretera... Empieza, sigue y acaba... Debieron ser 6 o 7 kms de asfalto en descenso con alguna breve interrupción para atajar por un sendero. Aprovecho para charlar con el nuevo compañero. Se llama Tom, es inglés pero vive en Hong Kong desde hace tiempo, donde trabaja como profesor de inglés. Me dice que probablemente va demasiado rápido, que Simon y yo somos más fuertes que él, pero yo no me lo creo. Tiene muy buena pinta, conoce el terreno y se le ve con alegría. La charla me levanta el ánimo y a pesar de que no me gusta el asfalto, por lo menos los kilómetros pasan rápido hasta llegar al CP4. (km47). Aquí está Angel con la mochila. Me bebo uno de los botellines de carbohidratos, me como unos dumplings que están cocinando y me meto un par en un bolsillo ante la mirada aterrorizada de la chica que los cocina. La sed me hace beber bastante, así que entre el agua y los carbohidratos arranco con la tripa llena de líquido. Mala jugada. Salgo un poco detrás de Tom por otro tramo llano de asfalto, justo cuando llegan Simon y el japonés. En el avituallamiento está Cathy, la mujer de Cedric, que no está muy lejos. "Il y a que du beton..." le digo (no hay más que asfalto)... Me dice que Cedric tampoco está muy contento.
Atrapo a Tom y subimos por un sendero asfaltado (sí, un sendero asfaltado). Noto que la comida y líquido del avituallamiento no se me ha puesto bien y veo acercarse al Tío del Mazo peligrosamente. Le digo a Tom que no me encuentro bien y que freno. El hombre huele carne y sale disparado hacia delante, mientras yo me quedo recomponiendo la figura. Paso un par de kilómetros malos pero la cosa se acaba asentando y durante el descenso hacia el CP5 vuelvo a coger un ritmo digno. El malestar de estómago ha hecho que no haya comido suficiente en este tramo así que llego al CP5 (km60) con ganas de comer algo con cara y ojos. Unos noodles no estarían mal. Pero desilusión, justo en este no hay casi nada (sería el único porque todos estaban muy bien surtidos). Plátanos, unos frutos secos y poca cosa más. Me desmoralizo un poco. Llega Simon, que casi no para, así que salimos juntos.
No imaginaréis cómo empezaba el tramo hacia el CP6. Sï, cuatro kilómetros de asfalto llanos junto a un canal. Le digo a Simon que estoy un poco desmoralizado con tanto asfalto, pero la verdad es que no tengo muchas ganas de hablar. Me paro a mear, casi más por seguir sólo a mi bola que porque realmente tenga ganas. No sé si es por la cabeza pero las piernas tampoco responden, aunque es raro porque cuando más adelante llega algún repecho (también de asfalto) es donde le recupero terreno a Simon. Después de unos 7kms de asfalto el recorrido me da un respiro con un sendero agradable, más aún ahora que el calor ha dejado paso a un atardecer agradable. Sólo seran 2 o 3 kilómetros. Tras ellos salgo a una nueva carretera en lo alto de una colina, donde un control de paso me indica que hay 8kms al CP6. Empiezan con un descenso hormigonado matador y siguen de carretera en carretera. Sólo algún corto tramo de tierra para enlazar tramos de asfalto. Curiosamente en uno de ellos de repente noto que el gemelo derecho se contrae y unos metros más allá noto un punto de dolor. Espero que sea un mal gesto y que se pase pero no, se ha instalado y en todo caso va a más. No ha sido un "pedrada", no hay rotura, pero he tenido mil contracturas en los gemelos y sé identificarlas. Durante este último tramo había estado reflexionando sobre la carrera. Os habréis dado cuenta de que no me estaba gustando demasiado (soy sincero), pero habiéndome invitado a venir y con lo buena gente que son los de la organización, estaba decidido a ir tirando hasta el final. Pero esto cambia las cosas. 80km por delante con el gemelo así, no son una buena idea. Me sabe mal, pero arriesgarme a una lesión seria va más allá de lo que estoy dispuesto a hacer. El suplicio del último tramo de la Diagonale des Fous también me viene a la cabeza. Nada, me quedan 5km hasta el CP6 (km78), voy tirando hasta allí, pero si la cosa no mejora, hasta aquí hemos llegado. Y no mejora, más bien el agarrotamiento va en aumento. No puedo correr sin cojear, porque a la que apoyo de metatarso noto que el gemelo se queja con pinchazos de muy mala pinta. A caminar pues. Llega el japonés, que me ve ya en estado de resignación. Le explico mis penas y le deseo suerte. Finalmente llego al CP6, nuevamente en un barrio junto a unos rascacielos enormes.
Me encuentro con Angel y le digo que "I'm very sorry" pero que me he lesionado y que me temo que "the race is over" para mí. El médico está en el siguiente punto de control, aunque tampoco creo que me sea de ayuda. Cathy me ayuda con un tapping y me dice si quiero un ibuprofeno pero no (no soy partidario de ibuprofenos en la carreras, primero porque pueden esconder el dolor y que acabes más lesionado y segundo porque si estás cansado y te duelen cosas, creo que es parte de la carrera). Me siento y me cómo unos noodles con carne, que me sientan la mar de bien, pero cuando me levanto para repetir, sólo caminando ya noto el punto de dolor. Voy desconectando y consolidando al decisión. Lo siento pero no quiero hipotecar el inicio de la temporada que viene, una fase importante, sólo para seguir con 80km de suplicio. Así que cedo el chip a la organización, que por otro lado se portaron muy bien conmigo, y sigo comiendo noodles. Ya en modo turista, uno de los chicos que hace de asistente (no se si para Andrea Huser, que viene más atrás), me dice que vive allí al lado y que si quiero ir a ducharme. Bufff, de lujo. Me lleva a una torre de 60 pisos que en la planta baja tiene unos vestuarios con duchas. Buenísimo.
El tema es que como en principio teníamos que pasar toda la noche corriendo no tengo habitación en el hotel, así que me subo al coche con Angel y el chico que conduce, que no me acuerdo cómo se llamaba pero le pondremos Tor, porque había hecho tres veces el Tor des Geants. Y así que nos fuimos para el CP7, para esperar a Simon, después de ver pasar a Cedric y a Tom (a Gediminas ya ni llegamos). Así entré en la dinámica acompañante, de avituallamiento en avituallamiento y poniéndome tibio de comer. El sumum fue en el CP8, donde los diferentes acompañantes se reunieron para cenar en un restaurante y cada uno me dio la mitad de su plato... En el CP9 lo curioso fue que nos dieron la uvas, literalmente. Saqué la cajita de uvas que había comprado y que tenía preparadas para llevármelas en ruta y me tome mis doce granos, al toque de las campanadas de la alarma del reloj. El resto los repartí entre Cedric (que resultó ser un fanático de las uvas), Tom y Simon. En estas Tom ya iba en segunda posición, haciendo un auténtico carrerón, tal como yo había vaticinado, y Cedric y Simon luchando por la tercera. En el CP10 me tocó arroz tres delicias y en el CP11 unos noodles finos riquísimos. Procuraba esconderme y que no me viesen comiendo cuando llegaban ellos corriendo, porque la verdad es que debía dar bastante envidia. A todo esto a pesar de haber corrido 70 y pico kilómetros de dormir, ni gota, tiene narices hasta dónde llegó el jet lag. Eso sí cuando llegamos a la meta a las 6 de la mañana ahí sí llego mi hora y me tumbé en un banco. Después de Gediminas, que llegó 2 horas antes, llegó Tom en segunda posición y con una energía envidiable, Simon en tercera, y Cedric en quinta, ya que fue sobrepasado al final por el japonés que llegó como un tiro desde detrás. Por concluir con la carrera, decir que a pesar de que el recorrido no fue del estilo que a mí me gusta más, quiero agradecer a la organización por la invitación y felicitarles porque a nivel organizativo la carrera estaba a un nivel espectacular. Los avituallamientos en general muy bien abastecidos, el marcaje bueno, muchos voluntarios a lo largo del camino, muchos fotógrafos (y además las fotos son públicas, no como en muchas carreras)... Y la simpatía de todo el mundo y en general de los asistentes con quien compartí la segunda parte de la carrera, ejemplar. No lo digo por decir. Igual que he dicho lo que me pareció negativo, digo lo positivo.
Y esta es la historia, deportivamente algo triste, de mi periplo por Hong Kong. Lo cierto es que pensaba que parando hacía que el problema fuese poco grave y que en unos días podría volver a correr. A la hora de la verdad, a lo largo de estas tres semanas he ido arrastrando el problema y el conjunto sóleo-gemelo ha ido petando por diferentes puntos, quizá a consecuencia de la fatiga por tantos kilómetros de asfalto, corriendo con zapatillas de trail que no tienen la amortiguación necesaria. De hecho mañana debería haber corrido el ya clásico Rogaine de la Llacuna y he tenido que renunciar. Espero que no corriendo durante una semana o diez días consiga limpiar el tema y poder empezar la temporada tranquilamente. Ya os contaré.

Besos y abrazos

domingo, 30 de octubre de 2016

Diagonale des Fous 2016


(… si pasáis de intros y solo os interesa la sangre y destrucción podéis ir directamente tres o cuatro párrafos más abajo…)
 
Para ser sincero esta carrera empezó como un plan B, concretamente la tarde que salieron los resultados del sorteo del Tor des Geants. Esa era la carrera que tenía en mente para la segunda parte de 2016, pero las monedas, bolas o un maldito programa informático me mandó a las catacumbas de la lista de aspirantes. Automáticamente me puse a buscar un plan B en pleno calentón y acabé en la web del Grand Raid de la Réunion, más conocido como la DIagonale des Fous, que hace referencia a la más larga de las tres carreras que comprenden este evento. En Francia es la segunda carrera por la que te pregunta todo el mundo, sólo después del archiconocido Ultratrail del Mont Blanc. Las inscripciones estaban abiertas… Por qué no?... Le echo un vistazo rápido al precio de los vuelos… Razonable… No se hable más… Pam, inscrito (cuando volví a la página de los vuelos me di cuenta de que sólo había mirado el precio de la ida…).
Diagonale des Fous significa “diagonal de los locos”. Lo de “diagonal” es porque el recorrido atraviesa la isla de la Reunión en “diagonal”. Bueno, teniendo en cuenta que la Reunion en más o menos un círculo aquí un matemático quisquilloso podría poner objeciones… Lo de “locos” es porque se supone que ponerse a cruzar la isla a pata sin parar y con los desniveles que se plantean requiere estar más sonado que el pecho de King Kong. Sea como sea, la prueba en sí consiste en un recorrido de 167km con unos 10000 metros de desnivel positivo. Como tal, estos números no suponen nada extraordinario dentro de este tipo de carreras. El propio UTMB, considerado como una carrera “corredora” tiene 9300 en una distancia similar, el Grand Raid des Pyrenees, 10000 en 160km, y una prueba como la Ronda dels Cims se va a 13500km en solo 3 kilómetros más. Pero hay un factor que diferencia a esta carrera de las demás, y es que no está permitido el uso de bastones. Eso, en zonas de desniveles hardcores como los que hay en la parte central de esta carrera es realmente una putada, sobre todo para los que estamos acostumbrados a utilizarlos. Un segundo punto a tener en cuenta son los cambios de temperatura. Estamos hablando de una isla situada en zona tropical, que aunque ahora esté en primavera presenta unas temperaturas al nivel del mar que se van fácilmente más allá de los 25 grados durante el día. Al mismo tiempo la prueba atraviesa zonas por encima de 2000 metros, que si te enganchan por la noche te pueden llevar por debajo de 5 grados. Por tanto la temperatura, un factor a tener en cuenta. Y por último, los escalones. El itinerario discurre por una serie de senderos, imagino que antiguamente utilizados para conectar los diferentes asentamientos de la isla, que están aderezados con una infinidad de escalones apuntalados con pequeños troncos. Probablemente es la única manera de hacer sostenibles los tramos más empinados de algunos de estos caminos. Me pregunto si Javi Domínguez, destacado corredor vasco que firmó una brillante tercera posición, se dedicó a contar los peldaños que nos tocó subir y bajar (aparte de corredor de monte es físico y alguna vez ha explicado que durante las carreras se dedica a contar los pasos que ha de dar, calcular números primos… así somos los físicos…).
No estaba solo en esta iniciativa. Francesc es un amigo y viejo compañero de guerras. Bueno, en los inicios estábamos en el mismo batallón pero la diferencia de aptitudes ha hecho que progresivamente haya sido destinado a posiciones de vanguardia. Es una de las pocas personas con capacidad para aguantar una de mis charlas sobre récords de atletismo en categoría infantil. Quizá simplemente es buena persona y disimula bien, pero sea como sea, entre otras cosas eso lo convierte en un buen compañero de viaje. Desgraciadamente una lesión le ha estado tocando las narices buena parte de esta temporada y al final le hizo desistir de competir en esta carrera. Con el billete ya en la mano y sin opción de transferirlo, este viaje se convirtió en unas vacaciones no deportivas para él.
La expedición en total duró una semana. Salimos un domingo por la noche de Barcelona, rumbo a Dubai en un Airbus A380 de Emirates. Estos jeques no se andan con tonterías. Se debieron plantar un día en Toulouse, vieron estos juguetitos de dos pisos donde caben cerca de mil personas y dijeron que “pónganme 200 de estos”. Y allí los tienen, aparcados en Dubai y dando saltos a todos los rincones del globo. Tras vislumbrar de lejos el Buhr Kalifa (o algo así… ese pepino de 800 y pico metros que construyeron los jeques para zanjar la coña del edificio más alto del mundo), otro bicharraco de estos nos llevó hasta la Isla Mauricio. Nunca hubiese dicho que estaría en Isla Mauricio y como teníamos 5 horas de escala, fuimos a dar una vuelta por un pueblecito cerca del aeropuerto. Un aire tranquilo, con toques de la Colombia caribeña pero sin la cumbia y los bafles a todo volumen. Y de ahí, un último salto de una horita hasta Saint Denis, capital de la isla de la Reunion, donde llegamos a las 23h del lunes. Allí nos esperaba Guillaume, con quien nos había puesto en contacto su primo Nahuel (otro compañero de batallas, ganador de la Ronda dels Cims de este año) y que nos alquiló un apartamento en Salines les Bains, un pueblecito playero de la costa oeste.
El martes y el miércoles fueron destinados a hacer algo de turismo y enterarnos de dónde habíamos ido a parar, que no se dijera que iba sólo para correr. La Reunión es una isla volcánica, un grano que le salió a la Tierra hace 2 o 3 millones de años en un lugar del Océano Índico,a  unos 500 kilómetros al este de Madagascar, que a su vez está a unos 500 kilómetros de la costa de Mozambique, en África. Resultó que la gente de la zona en la prehistoria antigua y reciente no les dio por ser unos avanzados de la náutica y tampoco habían Davides Mecas que se dedicasen a hacer cientos de kilómetros a nado, así que el lugar permaneció ajeno a los devaneos de la humanidad hasta allá por el siglo XVI. Fueron los holandeses, que tuvieron su época dorada, los primeros que pusieron las zarpas en la isla. Más tarde llegaron los ingleses (dónde no llegaron los ingleses?...) y finalmente se quedaron con el pastel los franceses, diría que en tiempos de Napoleón (aunque tengo dudas y como estoy en el tren y no puedo comprobarlo pues os lo tragáis y punto…). Actualmente es un TOM, es decir un Territoire d’Oultra-Mer, o sea una provincia de Francia con algo más de autonomía que las de la Francia continental, lo cual no es difícil.
Impresiones de la isla, es una mezcla curiosa de progreso francés con toques de despreocupación caribeños, o criollos en este caso. Que nadie se imagine una isla pobre y destartalada… Para nada. Allí se han dejado la pasta sin reparos para dotar al territorio de infraestructuras, subir carreteras a pueblecitos plantados en sitios inverosímiles e implantar polígonos industriales que muevan un poco el cotarro. La isla tiene nada menos que un millón y pico de personas, casi todas ellas pegadas a la costa. Están bastante repartidos, pero la cosa está bastante cerca de la saturación y el tráfico de coches es considerable. Por otro lado, tiene diferencias considerables con la “metropole” (que es como llaman los reunioneses a la Francia continental). Para empezar no se ven por las calles esos edificios clasicones franceses, con un toque a finales del siglo XIX. Nada de eso, digamos que es más arquitectura moderna y edificios blancos propios de urbanizaciones de playa. También se ven algunos toques tropicales, palmeras, pájaros de colores… Pero quizá la diferencia principal es para mí la gente en la calle. En eso parece que estés en un país diferente. A todas horas ves gente caminando de aquí para allá, niños corriendo y jugando… Será el clima.
Y nos plantamos en el día de la carrera. Final de la incertidumbre y las especulaciones, y momento de poner las cartas encima de la mesa y ver si vamos de farol o tenemos una escalera de color. La carrera tiene tres partes bien diferenciadas, una primera hasta el km60 que parece bastante corredera, a pesar de tener tendencia ascendente. Una segunda que recorre el centro de la isla a través de los circos de Cilaos, Salazie y Mafate, donde se concentran los mayores desniveles. Y una tercera, ya junto a la costa norte, donde aparecen algunos bucles y desniveles con pinta de ratonera mortal. Salimos a las 22h del jueves y la idea es encontrarme con Francesc en Cilaos (km67), circo de Salazie (km87) y Sans Souci (km128). Él va a tener también su ultra particular. Me he intentado mentalizar de que no debo salir rápido. Nahuel me previno contra ello y sé cómo funcionan las cosas en estas carreras… Llegamos a Saint Pierre y me meto en el enorme recinto de salida. También siguiendo el consejo de Nahuel pedí sitio en el “Sas élite”, es decir en el cajón delantero de salida. Al parecer mi currículum les pareció bien y un señor la mar de amable me acompañó abriéndonos paso entre la multitud. Hay que decir que no era un cajón especialmente exclusivo, eh… Éramos unos cuantos. Ya ahí metido espero a que llegue la hora, mirando a los pros que tengo alrededor. La verdad es que no había mirado demasiado quien corría, pero me doy cuenta de que se ha juntado la crême de la crême. François d’Haene, para mí junto con Luis Alberto Hernando y Xavier Thevenard (dejando a un lado al Sumo Hacedor) uno de los corredores más solventes en carreras de larga distancia, Antoine Guillon, Ryan Sandes, Javi Domínguez, Gediminas Grinius, Franco Colle, Sebastien Camus… Y así unos cuantos… En chicas veo por ahí a Emma Roca… El más tonto hace relojes… Venga va, dejemos de mirar al personal y salgamos. Avanzamos hasta la línea de salida, donde acabo situado junto a Jordi Gamito, otro de los galgos que viene a sumar los últimos puntos del Ultratrail World Tour. Llegan las 22h, suena la cuenta atrás y empieza la locura…
Como estaba previsto, salimos a ritmo de récord del mundo de 5000, en medio de un pasillo ensordecedor de gente, tambores y niños que sacan la mano para que se la choques. Así discurre el primer kilómetro y pico, tras el que me acabo colocando junto a Javi Domínguez. El pasillo de gente sigue y sigue, mientras bordeamos el puerto de Saint Pierre y empezamos las primeras rampas por una serie de calles que serpentean alejándose de la costa. Intento recordarme que he de salir tranquilo, pero no me noto mal y sigo con Javi como referencia, adelantando a algunos corredores. AL cabo de un poco aparecen por ahí Jordi Gamito y Ryan Sandes y con ellos me quedo formando un cuarteto en el que soy claramente el elemento extraño. El asfalto empieza a dar paso a tramos de pista entre campos de caña que refrescan un poco el ambiente. Más gente ilustre, Franco Colle, que nos alcanza algo antes de llegar al primer avituallamiento (km6), en el que la gente ni para. Por aquello de empezar con la rutina de alimentación me como un quesito de membrillo.
Poco después del avituallamiento la pendiente se acentúa y vamos a parar a un repecho en el lateral de un campo. Mientras adapto el paso, hasta ahora muy alegre, de repente aparece por mi izquierda Antoine Guillon. Osti, este hombre estaba detrás de mí?... Me pasa y unos segundos después hace lo propio Gediminas Grinius (2º clasificado del UTMB de este año). Vaya... Pues igual estaba yendo demasiado alegre... Estos encuentros me dejan con un punto de preocupación. Mira que venía mentalizado a salir con cabeza, sabía que la gente saldría rápido... No es que haya ido ahogado ni mucho menos, pero en los primeros kilómetros de estas carreras no te das cuenta del exceso de ritmo. Sin darte cuenta vas 5-10 pulsaciones por encima de las que deberías y de repente llega un pequeño tramo complicado y te demuestra que te has pasado de vueltas.
Y en esas ando. Tras los dos cracks, me pasan otros corredores y de golpe me encuentro buscando un ritmo adecuado. Mientras se abre la veda y me empieza a pasar gente. De uno en uno, de dos en dos, de cinco en cinco... Me da igual, o me centro en lo mío o voy contra un muro... Y ya veremos si no voy igualmente. A todo esto el terreno va alternando caminos de tierra entre campos y tramos asfaltados al cruzar algún pueblecito, en el que la gente sigue volcada en la calle. Yo voy tirando, con mis cuádriceps pesados y mi cabeza llena de dudas pero sigo trotando y centrándome en comer algo, beber... Hay momentos en los que detengo al sangría y otros en los que me vuelve a pasar gente. Adelantar, no adelanto a casi nadie. En este plan llego al avituallamiento de Domaine Vidot (km14, 1h17').
Relleno los dos flascos y a uno le echo una pastilla de sales. Bebo un par de vasos de agua para pasar el mini-bocadillo de paté que me acabo de comer y sigo adelante. Para que os hagáis una idea, el ritmo en este punto es de poco más de 5min/km, y eso que hemos subido ya a 660 metros y voy cruzado. Se sale como locos...
Saliendo del avituallamiento aparecen los primeros tramos técnicos, con senderillos entre bosques bastante cerrados, que ahora bajan, ahora llanean, ahora esquivan cañas de bambú y de repente te plantan ante un repecho que te quita el hipo. La verdad es que es en los repechos donde voy mejor respecto de los demás, cuando toca caminar. La vía de agua parece que se cierra algo, en parte porque he ido tirando hacia posiciones en las que el ritmo es algo menos exigente. A veces hasta adelanto a alguien, aunque en general creo que el balance sigue siendo negativo y pierdo más que gano. En un cruce de una carretera un tipo del público va contando corredores. Soy el 51º... Me lo imaginaba pero la verdad es que me desmoraliza. Vistos otros resultados de este año pensaba estar más adelante... Y lo que me sabe peor es que tengo la sensación de que he salido el 15º y ahora estoy el 50º mientras que si hubiese salido el 50º ahora igual estaría el 30º y con más piernas. En fin... Intento olvidarme de malos pensamientos y voy pasando la noche, seguir comiendo e intentar entrar en carrera, que esto es muy largo. En algún momento salimos a lo alto de una loma, a la derecha de la cual se intuye un cañón enorme que había visto en el mapa. El relieve va alternando repechillos de caminar con toboganes donde nos lanzamos. Salgo a un tramo de carretera asfaltada que me lleva hasta el avituallamiento de Nôtre Dame de la Paix (km25, 2h49'), donde tienen montado un buen festival.
Vuelta a rellenar bidones y salgo junto con un chico italiano, Marco. Charlamos un poquillo mientras subimos por un tramo de carretera algo cansino (más carretera y pista de la que me gustaría encontré...). Al poco enganchamos un sendero que sube y pongo algo más de ritmo. Más o menos me he asentado en cuanto a posición, y las sensaciones van oscilando. Hay momentos en los que noto que resurjo y otros en los que me pasa algún bólido que me recuerda que igual todavía no voy bien. Uno de estos bólidos fue Andrea Huser, la primera chica, que me pasó en un tramo de pista llano. Llevaba dos marchas más que yo. Ni hola... Pongo el piloto automático por este tramo de pista algo aburrido, la mayor parte llano excepto al final que pica para arriba. Sigo pesado, en fin, paciencia... Nuevo avituallamiento en la noche, Piton Sec (km35, 4h15').
Salgo de aquí en cabeza de un grupo de 4 o 5, entre ellos el italiano y un par de reunioneses (por el acento) que no paran de charlar. Yo ganas de charlar no tengo ningunas. Ni la cabeza ni las piernas están para mucha cháchara. En algún momento ofrezco paso pero parece que ya les va bien, así que nada, yo a lo mío. Hemos ido ganando altura y ahora ya estamos cerca de 2000m. El frío aprieta y agradezco poder subirme los manguitos. Metido en mi dinámica, he cogido un ritmo de crucero más o menos digno, trotando en buena parte del camino. Nos vamos acercando a una antena que se ve y que tiene pinta de ser el punto más alto de este primera bloque, el Piton Textor. Parece que he mejorado algo, a ver si la bajada posterior me acaba de hacer entrar en la carrera. En ese plan llego a esta primera cima (km41, 5h03').
Empieza la bajada, nuevamente junto con Marco. Las primeras sensaciones es que no va a ser un camino de rosas. Estamos atravesando terreno volcánico y eso hace que el camino esté repleto de rocas. Por otro lado en esta zona normalmente llueve bastante, y eso implica que donde el camino es de tierra, se hayan formado unos surcos considerables. En resumen, toca ir siempre con los cinco sentidos enchufados. A pesar de ello en algún momento mi maltrecho tobillo derecho se llevó un susto, por suerte el único de la carrera. En medio de la noche aparecen a lo lejos unas luces, en dirección al centro de la isla. Eso debe ser Mare à Boue. Nahuel me había dicho que la carrera empezaba allí... Pues no te digo nada, yo ya llevo un rato de batalla interior... Mientras vamos superando diversos toboganes a la derecha se ve un mar de nubes que cubre la zona este de la isla, por debajo de la cota 1500 aproximadamente. Puede que sea un indicio del cambio de tiempo que se preveía para el viernes. El resto aparece todo despejado. Junto con mis acompañantes llegamos a una nueva pista (insisto, demasiadas...) que permite incrementar el ritmo. Esta nos lleva a una carretera principal, la única que cruza la isla por las montañas y de ahí cogemos otra nueva pista que retoma el sentido ascendente y se dirige de una vez hacia las prometidas luces. Veo a Franco Colle que viene caminando de vuelta con una chica, con cara de abandono. Soy malo, pero tengo que decir que eso me reconforta. No soy el único que lo pasa mal. Además ahora parece que tengo un amago de reaparición. La pista sube pero troto y además hasta me apetece trotar. Buena señal, llego al avituallamiento y me pido algo de sopa con pasta. Al principio he empezado comiendo pero me doy cuenta que con tanto tramo corredor y con mi estado negativo y de desgana, además he descuidado la alimentación (km51, 6h07').
Salgo del avituallamiento con la sensación de que empieza mi recuperación. Además entre alguno que ya ha abandonado y alguno que he adelantado, creo que he ganado ya algunas posiciones. Según el itinerario, que me he estudiado hasta la saciedad, ahora viene un tramo de subida progresiva. Adelanto a un tío y voy a por otra luz. Me acerco, pero noto que el momento de positivismo ha sido sólo un espasmo. El terreno es incómodo, con muchas ramas y piedras, y eso me lleva a caminar con más frecuencia de la que debería. No llego a alcanzar a la luz, y de hecho me alcanza una por detrás. Vuelvo a ir hacia abajo... Nada, que no hay manera. El camino se ha vuelto más técnico que en la primera parte y yo no respondo bien al cambio. Las fuerzas van a menos. Tampoco me llevo nada al estómago para remediarlo. Nada, esa desgana que precede al pajarón. La primera luz me ha pasado y me ha alcanzado un segundo corredor, ahora ya sin frontal porque las primeras luces del día lo hacen innecesario. Este no me pasa, señal de que tampoco va muy sobrado. No hay grandes subidas, el terreno no es especialmente difícil, pero no hay manera. El momento positivo ha sido un espejismo antes de la crisis definitiva. No voy. No voy y además de repente noto el cosquilleo, que me indica que la arcada es cuestión de segundos... Ahí estamos... Sin decir nada más, me paro a un lado e intento vomitar. El otro chico me pasa y sigue adelante sin decir ni mu. Simpático el chico... No sé si es porque no he comido gran cosa pero no me sale nada, con lo cual las arcadas no paran. Me pongo a gatas en el suelo, intentando dejar la cabeza por debajo del estómago. Nada, no consigo sacar nada. Al final parece que la cosa se estabiliza y me vuelvo a poner en pie. Tengo ese bonus track post-vomitera, unos minutos en los que sé que me voy a encontrar algo mejor antes de volver a sumirme en el pajarón. Lo bueno es que almenos salir no ha salido nada. La poca comida que tengo dentro, sigue ahí. El bonus track me sirve para llegar a lo alto de la cordillera Keulegen, a 2240m desde donde me tengo que sumergir en el circo de Cilaos. La posibilidad del abandono pasa por mi cabeza por unos momentos. Llevo 60km y no he conseguido entrar en carrera prácticamente en ningún momento. Hace años que me muevo en este tipo de pruebas y sé que las cosas cambian, pero lo cierto es que ahora mismo no hay absolutamente nada que haga vislumbrar una recuperación. Pero por otro lado visualizo la perspectiva tras un abandono... 10000km de viaje para parar antes de la mitad de la carrera, y sin lesión, sólo por fallos tuyos, porque te has flipado al salir y porque no has sabido comer... Bufff, qué pereza. Y la cantidad de veces que vas a tener que explicar a la vuelta que has hecho un viaje a la otra punta del planeta para pararte en el kilómetro 60... Por no hablar de presentarme en el avituallamiento de Cilaos, donde me estará esperando Francesc que se ha levantado a las 4 de la mañana para venir a echarme un cable, todo para que llegue yo y le diga "No, que plego...". Nada, ni hablar. Bajo de aquí como sea y en el próximo avituallamiento cómo con calma e intentamos hacer un reset y recomponer la situación. En medio de estas reflexiones voy deslizándome por una bajada vertiginosa aderezada con algunas escaleras y cables metálicos, que me dejan en el avituallamiento de Mare à Joseph (km63, 8h40').
En breve tenemos que llegar a Cilaos, que es el avituallamiento fuerte, pero da igual, tengo que parar ya. Saco uno de los brioches de queso con mermelada y me lo voy zampando acompañado de traguitos de agua. Llega Marco, el italiano, que también ha bajado con calma (no lo he dicho pero me pasaron 4 o 5 en esta bajada). Entre desconectar un momento y charlar con los del control y con Marco, parece que recupero un puntito de ánimo. Salimos los dos juntos por una carretera que baja con fuerte pendiente y afrontamos un repecho que nos deja en la terraza de Cilaos. Soy capaz de mnatener una conversación, buena señal. Algo de callejeo nos lleva al avituallamiento (km67, 9h22), donde nos reciben cuatro chicas bailando vestidas en plan "autóctono". Algo más allá está Francesc, que me conduce a donde tiene la paradeta montada. "Osti, vaig molt malament tio..."..."Bueno, tranquil que això és molt llarg"... "Si, si,ja ho sé que pot canviar però es que no he entrat en CAP moment a la cursa, i ja al final aqui dalt vomitant..."... Necesitaba quejarme un poco... Pruebo el tupper de macarrones que me hice ayer tarde pero eso no hay quien se lo coma. Mejor voy a dentro y me pido un plato con algo de salsa. Reponemos bidones, geles y demás, aunque dejo gran parte de lo que tenía previsto coger, porque veo que necesito tirar más de comida "normal". Ya he desconectado de las barritas. Las zapatillas nada, de momento es de lo poco que va bien. Y la camiseta también bien, así no hace falta cambiar el dorsal. Le doy las gracias y me voy en busca de un plato de pasta. Marco anda en lo mismo. Una vez acabado, salimos juntos del avituallamiento, nuevamente en bajada. Vamos a ver si el reset ha dado sus frutos...
En la primera bajadita ya me veo con una agilidad que no había notado hasta ahora en la carrera. Atino en los apoyos, voy relajado y siento una energía renovada, como si no hubiese corrido casi 70km sino que acabase de empezar. Seguimos bajando por un sendero que bordea la montaña en dirección al pie de la siguiente subida, el Col du Taibit. Además se agradece la charla con Marco, que me explica cómo en abril hizo la Marathon des Sables, otra prueba que tiene que ser un pedazo de aventura. Justo al cruzar el río que da acceso a la subida alcanzamos un primer corredor. Me pongo delante y empiezo a marcar el ritmo. Hoy no tengo bastones, por lo que no puedo poner en práctica ese ritmillo-secuencia que descubrí en el Tor des Geants, pero intento adaptarlo a las condiciones actuales. Manos en las rodillas y piloto automático. Respiración y concentrado en ir poniendo los pies en los puntos que optimicen mi paso en relación con los escalones. La mañana avanza y entra en juego otro factor, el calor. Hemos bajado a casi 800m y eso se nota, pero yo parece que me he instalado en una dinámica positiva esta vez estable y sigo con mi ritmo de subida. Pasamos a otro corredor, y un tercero y un cuarto. Marco sigue detrás de mí. "Venga, que este ritmo es muy bueno", le digo. A media subida hay un avituallamiento, justo antes del cual atrapamos un quinto corredor, con pinta de muy jovencito (km74, 10h36).
Mientras reponemos llega un corredor de naranja que también tiene pinta de ir fuerte en este trozo. Venga, sigamos que hay que aprovechar la buena onda. Vuelta a los peldaños y al baile de subida. Al cabo de un poco veo que Marco se queda algo atrás. Lástima porque hacíamos buen tándem, pero yo me noto bien y sigo haciendo mi carrera. Me cruzo con un corredor que baja, es Sebastien Camus, segundo clasificado del año pasado, que quizá ha tenido algún problema y se vuelve hacia abajo antes de meterse en el circo de Mafate, que tiene escapatoria más difícil. Cuando me cruzo con alguien pregunto cuánto queda para el collado, pero casi con ganas de que quede bastante, porque siento que ahora mismo cuanta más subida más voy a recuperar. Gano dos posiciones más antes de llegar al collado, una de ellas al de Juliette Blanchet, segunda clasificada femenina y que me ha pasado en Cilaos. En total he ganado ocho puestos en esta subida. Conclusión: queda mucha carrera, y si tenemos paciencia y somos capaces de mantenernos en esta dinámica, todavía se pueden hacer buenas cosas en esta carrera. En la Ronda dels Cims de 2015 después de unos primeros 50km muy malos tuve 70km muy buenos, por qué no podría pasar hoy? Pero eso no pasa por arte de magia, lo tiene que promover uno mismo...
Bajo hasta Marla, donde hay un nuevo avituallamiento (km80, 12h02'). Un par o tres de corredores están aquí con cara de poker. Yo me tomo un plato de pasta, algo de cocacola y repongo bidones, mientras llegan Juliette, el penúltimo corredor que he adelantado en la subida, y el de naranja, que parece que sigue fuerte. Sigo adelante un poco después de Juliette, que ha hecho un avituallamiento flash mientras le entrevistaban los de la tele. En el primer repecho la adelanto y sigo por un bonito terreno de pequeñas rampas de subida alternadas con tramos llanos, en conjunto bastante corrible cuando uno va bien, como es mi caso ahora. Adelanto a otro tío y me acerco al pie del Col des Boeufs, entre excursionistas que están haciendo la travesía de uno de los Senderos de Gran Recorrido de la isla. Subo los 300m de desnivel que hay hasta el collado mientras el cielo presenta algún amago de lluvia. Casi que se me acaban demasiado pronto. Bajo por una pista al otro lado, con ganas de ver a Francesc y contarle que he resucitado. Habíamos quedado en el km87, aunque ahora que lo pienso con mi incremento de ritmo y la vuelta que tenía que dar él desde Cilaos, es posible que no llegue a tiempo. Efectivamente, llego a las carpas y lo busco con la mirada pero no está ahí. Bueno, no pasa nada. Preocupémonos de la comida y seamos autosuficientes. Más sopa, cocacola, alguna galleta y seguimos.
Se ha repetido la situación y Juliette me adelanta en el avituallamiento, para pasarla yo justo después. Se me une el otro corredor al que había pasado subiendo a Taibit, que parece que ha recuperado fuerzas. Emprendo con él el tramo de bajada que nos tiene que llevar hasta el fondo del circo de Mafate (Sentier Scout, km89, 13h46). Es Mikael y resulta que es de Lyon. Charlamos un poco mientras bajamos por un sendero con unas vistas impresionantes. La bajada es larga y a medida que perdemos altura se va notando el incremento de temperatura, ayudado por el sol que saca la nariz entre las nubes. Tanta bajada me deja un poco cansado y agradezco el tramo de subida posterior, que nos deja en el avituallamiento de Ilêt à Bourse. En esta bajada he vuelto a cometer un error. Con tanto tramo de correr me he pasado una hora sin comer y ahora noto que llego al avituallamiento con ganas de parar y reponer (km97, 14h56'). No tienen gran cosa, básicamente fruta. Mikael parece que lleva mejor dinámica y sale del avituallamiento antes, mientras yo me refresco un poco. Una lástima, porque era una rueda buena (acabó el 13º).
Perdiendo más tiempo del que debería salgo bajo el sol a afontar los tres kilómetros que me separan del siguiente avituallamiento, donde espero poder comer algo más contundente, porque lo necesito. Una vez más Juliette me ha adelantado en la parada y hago lo propio en la subida posterior, antes de bajar hacia el avituallamiento prometido, en Grande Place (km100, 15h34'). Llego decidido a no escatimar en descanso, pero comer bien, porque siento que he perdido la buena dinámica y que me he estancado. No es que esté como al principio, pero ya no me siento Superman. Bebo y me tomo un plato de sopa con pasta, aunque más pequeño de lo que hubiera debido. Me queda un último repecho y bajada antes de emprender la última gran subida de la carrera (bueno, después hacia el final habrá otras que me parecerán "grandes subidas"). Una vez más adelanto a Juliette y supero estos 300m para bajar al otro lado de forma decidida hasta el fondo del río. Llegamos casi a 500m y eso hace que el calor se note. Cruzo el río y emprendo la subida al otro lado, por unos escalones que prácticamente obligan a trepar. El primer objetivo es Roche Plate, donde hay avituallamiento. La subida es dura de narices. El calor aprieta y además el camino te va obsequiando con "bonitas" bajadas vertiginosas que no te sirven para recuperar ritmo y además te hacen perder lo que has ganado anteriormente. Cada vez que cruzo un riachuelo mojo la gorra para refrescarme un poco las ideas. Una de las veces al sacarme la gorra salen disparadas las gafas de sol, que llevaba apoyadas encima de la visera. Veo como se las empieza a llevar la corriente y me meto dentro sin dudarlo. Las recupero a cambio de salir con los pies totalmente empapados... Las plantas de los pies me lo recordarán después.
Yo ya no estoy en dinámica positiva, sino más bien en dinámica "normal". En las subidas creo que aún voy mejor que los de mi alrededor pero sin la superioridad de hace un rato, y a la que hay un trozo de bajada no me noto muy ágil. A pesar de ello hay gente que está peor, por ejemplo un tipo que me encuentro sentado en medio del camino. "Ça va?"... "Mmmouuuaai... Il faudra recommencer, non?". Pues si, ahí sentado no tienes mucho futuro... Voy levantando la cabeza buscando dónde puede estar Roche Plate. Ni rastro, tengo delante un escalón del valle... Debe ser ahí encima. Una eternidad después me asomo a la cima y veo unas casas hacia la derecha. Un kilómetro más o menos llano me lleva hasta el avituallamiento de Roche Plate (km109, 17h58').
Aquí coincido con un corredor rubio que tengo visto de la Ronda dels Cims de este año, de hecho ya hace varios avituallamientos que coincidimos. Poco más tarde llega como siempre, Juliette. Tras tomarme el vaso de sopa de rigor, los paso en el primer repecho tras el avituallamiento. El primer tramo es bastante llevadero, con una ligera subida para bordear un contrafuerte de la montaña por la derecha. De ahí el recorrido se mete en otro valle y sube de forma decidida hacia la cima del Maido, 900m de desnivel en 3km, sin piedad. A pesar de no ir demasiado alegre me voy separando de Gregoire (así se llama el rubio francés) y Juliette. Vuelvo a mi rutina de paso y respiración, sin pensar, sin mirar arriba. Alcanzo a un corredor, que va mas doblado que el balón de Oliver y Benji. Le acompaña un tipo que le va animando y explicándole lo que queda. Nos hemos metido en la niebla y no se ve nada, casi mejor porque me temo que la cima aún está muuuy lejos. La subida no tiene mayor historia. Llega un punto en que empiezo a preguntar lo que queda a cada persona con la que me cruzo. Mil revueltas después aparezco en una cima que parecía no llegar nunca. Qué alivio... Una bajadita me lleva a la zona de avituallamiento, donde me encuentro nuevamente con Francesc. No estaba claro si nos encontraríamos aquí o no pero después de no haber podido coincidir en el km87, se ha cascado una carreterita infernal para subir hasta aquí. Chapeau! (km115, 19h59').
Se agradece este momento de desconexión. Como algo (menos de lo que debería), saco los manguitos y repongo algo de membrillo, que es básicamente lo que voy comiendo por el camino. Paso por la carpa, me tomo un poco de sopa y sigo hacia abajo. Juliette ha pasado y salido hacia abajo, mientras que Gregoire se toma los avituallamientos con más calma y está todavía ahí. El sendero conduce ahora por una serie de repechos en lo alto de la loma, en dirección norte hasta el descenso definitivo hacia la costa. Las luces se apagan y entre el bosque ya no se ve, así que me toca sacar el frontal. Dentro de la mochila se han enredado las correas que lo sujetan a la cabeza, así que lo llevo un rato en la mano. Afortunadamente llega Gregoire por detrás y en un segundo resuelve el rompecabezas... Me pasa y no soy capaz de seguirle. Si no estaba ágil durante el día, ahora a oscuras todavía es algo más difícil, así que me quedo en solitario para afrontar este descenso interminable. Son unos 10km, primero a través de senderos y después con tramos de pista. Se me hacen muy largos. Las luces de la costa parecen no acercarse nunca. Dos problemas adicionales vienen al encuentro. Con la caída de la noche el sueño aparece, no en vano son ya 36 horas sin dormir. El hecho de llevar las lentillas desde hace 30 horas no ayuda. Y otro más, aparece un dolor en la parte delantera exterior de la pierna izquierda, en el músculo tibial. De momento sólo lo noto en algunos apoyos forzados cuando la pendiente descendente se acentúa, pero ha aparecido y no se va, más bien todo lo contrario. Después de esos kilómetros que parecen cada vez mas largos acabo llegando al pueblo de Sans Souci, que quiere decir "Sin problema"... tiene guasa, a mí me está apareceiendo más de uno (km128, 21h58').
Aquí está nuevamente Francesc con todas las bolsas. Creo que voy a cambiar de zapatillas. Las Salomon se han portado perfectamente pero me noto los pies un poco aturdidos y a ver si la mayor amortiguación de las Tecnica me alivia un poco. A nivel de comida tiro de un plato de arroz con algo de salsa que me ofrecen en el avituallamiento. Otra vez, debí habérmelo llenado más... Salgo calle abajo entre dudas de si debería haber pasado por el fisio para que tocase un poco el tibial. En fin, ya está hecho. Las marcas bajan hacia un gran río (creo que el que viene de Mafate) y tras un tramo de pista lo cruzan a saco. No hay otra, pies en remojo. Joder, poco me han durado secos... Al otro lado el sendero trepa por un contrafuerte y conecta con unas calles junto a una urbanización. El recorrido toma dirección sur, nuevamente en dirección a la montaña y va alternando calles, pistas y cortos tramos de sendero, para subir durante unos kilómetros hasta un punto, que es ninguna parte. Para ser sinceros, me pareció que en esta última parte hay una serie de bucles sin ninguna lógica que están enchufados para meter desnivel. Efectivamente, después de un rato de rutina ascendente llego hasta una pista donde hay un control y las marcas conducen hacia la izquierda. Un sendero bastante técnico se mete en una vaguada (me pasa un corredor que viene de menos a más) y conecta con una carreterilla que lleva al avituallamiento de Chemin Ratineau (km 138, 24h06').
Esta última bajada me ha dejado el tibial aún más tocado, y el primer tramo posterior me recibe con más dificultades que no ayudan. Las marcas se meten por una bajada entre bosque donde te tienes que ir agarrando a los árboles y a unas cuerdas que han puesto. Un tramo muy técnico. El tibial va de mal en peor y voy muy inseguro. En algunos pasos me tengo que sentar en la roca para bajar porque no puedo saltar sobre la pierna izquierda. La subida posterior ayuda algo, así como algunos tramos de sendero llano que permiten trotar. Unos carteles empiezan a aparecer colgados en los árboles: "1", "2",... Digo yo que deben ser los kilómetros... Por el tiempo que pasa entre uno y otro me cuadra (estimado, porque no llevo reloj). Mira qué bien, así se me pasa más rápido. Según el cartel que había en el avituallamiento eran 7,7km... Llego al cartel "7" y ahí no hay ni rastro de pueblo ni avituallamiento. Aparece un "8", y un "9" y un "10" y me encuentro a unos tipos. "Dónde esta el avituallamiento?"... "3 o 4 kilómetros"... La madre que los... Con un rebote de narices enfilo el camino que baja en dirección a unas luces que deben ser La Possession, el pueblo donde está el avituallamiento. El tibial cada vez limita más, y ya casi no corro en bajada, me tengo que contentar con caminar rápido. Paso a algún corredor que aún va peor, pero también llega alguien por detrás. Es Emma Roca, que me alcanza justo cuando me estoy quejando a unos de un control del tema del kilometraje (una gilipollez por mi parte, porque ellos ni pinchan ni cortan en eso, pero a estas alturas ya esoty bastante susceptible). Al llegar Emma, cambio de idioma y me pongo a rajar en catalán. En esa dinámica acabo llegando al avituallamiento de La Possession, donde vuelve a estar Francesc (km146, 25h48').
Aquí ya la asistencia es totalmente moral, que no es poco. A nivel de comida, otro plato de sopa y poco más. "Osti em fot molt mal el tibial"... "Aniré tirant, però tardaré molt, no puc correr pràcticament gens"... Salgo del avituallamiento por 500m de carretera general. De fuerzas no voy mal y al ser el terreno plano el dolor de la pierna es soportable, así que puedo trotar bien y alcanzo a Emma, que ha salido rápido del avituallamiento. La alcanzo justo antes de un desvío. "Coneixes aquest camí?" me pregunta... "No, ni idea"... "Tot empedrat"... Es el Chemin des Anglais (camino de los ingleses), una antigua carretera de tiempos remotos. Me pregunto que les habrían hecho los caballos para hacerles pasar por semejante suplicio. Una versión de asoquinado siglo XVIII formada por unas piedras de medio metro alineadas con unos huecos tremendos entre ellas. Incómodo a más no poder y más madera para mi tibial, que no está para hacer equilibrios de piedra en piedra. En subida tira que te va porque vas más lento, pero en plano tengo que ir vigilando que no se me meta el pie en ninguna ranura. Y para abajo ya es un suplicio total. Bajo quejándome y lloriqueando como un niño pequeño. Me alcanza Emma y me pasa, en medio de la rabia y la impotencia. La alcanzo en la siguiente subida pero de poco me sirve, pierdo un montón en las bajadas. Más quemado que el palo de un churrero llego al penúltimo avituallamiento (km153, 27h15).
No tengo ganas ni de comer, sólo llegar y descansar. El sueño también me aprieta y me noto los ojos al rojo. Para postres saliendo del avituallamiento no veo marcas y temo haberme perdido. Me pongo a gritar jurando en arameo, pero llega un tipo por detrás que dice que es por aquí. Pues por aquí. Subo con mi nuevo compañero, nuevamente por el maldito Chemin des Anglais, más adoquines, aunque almenos en subida. Se hace interminable y además enmedio de la noche sin referencias. Salimos a una primera zona de urbanizaciones, pero un tío de un control nos dice que todavía quedan 6-7kms hasta el avituallamiento. Pero si eran 7,3 desde el avituallamiento anterior?? Bueno mira, es igual... Así va pasando el rato, calles, urbanizaciones, algún sendero, y yo negociando con mi tibial. Una eternidad más tarde se acaba la subida y salimos al último avituallamiento (km162, 29h25').
Aquí nos prometen que quedan sólo 4,5km. A mí ya me da igual. Salimos adelante con el compañero, Jeremy. No hablamos demasiado, el va también quejándose de la rodilla. Un par de lisiados. Tomamos un sendero en el que un cartel indica 3,7km a la Redoute, donde está la meta. Este último descenso vuelve a ser un via crucis, pero almenos la proximidad de la meta ayuda a levantar la moral. Francamente me extraña que fuesen 4,5km porque tardamos 1h16' en recorrerlos y aunque parecíamos dos abueletes, creo que a más de 4 por hora sí que íbamos (creo que en esta última parte los kilómetros y metros de desnivel no estaban bien contados, pero puede que sea fruto de mi estado). Llega el momento que parecía que no iba a llegar nunca y salimos a un tunel bajo la autopista que da acceso a los aledaños del estadio de la Redoute. Un camino de tierra nos lleva a la entrada del estadio, que a las 4 y pico de la mañana está prácticamente vacío. El que sí que está es Francesc, que después de su particular ultratrail está allí filmando la llegada. Un cuarto de vuelta nos deja en la meta tras 30h41'. La sensación es básicamente de alivio. Estas últimas horas han sido muy duras y ni siquiera siento alegría por acabar. Solo alivio de no tener que bajar más, de poder dejar quieta la pierna y de poder tumbarme en breve a dormir.
La carrera me deja con sensación agridulce. Siendo sincero, después de haber hecho otras carreras similares y en vista de otros resultados de este año, el objetivo al venir aquí era algo más que acabar la carrera. Siempre digo que más allá de un resultado o tiempo concretos mi propósito es acabar con la sensación de que he hecho una buena gestión de mis recursos. En este sentido estoy bastante descontento. Mi inicio de carrera ha sido fruto de una sobreestimación de mis capacidades. A pesar de que venía sabiendo que la gente iba a salir rápido y que tenía que estar tranquilo, he salido más rápido de la cuenta y probablemente esos primeros 5 kilómetros me han fastidiado los primeros 50. Por otro lado me siento bastante derrotado en el tema alimentación. Siempre, me hago una planificación detallada a priori, calculando la cantidad a ingerir en cada parcial y a la que se presenta un tramo más de correr, o a la que las fuerzas empiezan a flaquear, siempre me la acabo saltando. Y casi diría que esta vez ha sido de las peores. Ni barritas, ni geles, ni brioches de queso con mermelada... nada. Llega un momento que no me apetece y no soy capaz de imponerme la rutina, y sin esa rutina de alimentación no vas a ningún lado, simplemente te apagas. Me es difícil explicarlo, pero es que soy incapaz de seguir el plan. Y por último estás últimas 6-8 horas con dolor y sin poder competir por la carrera me han dejado también con un mal sabor. En lo positivo por lo menos he acabado. Otro abandono como hace tres años en el UTMB hubiese sido una derrota considerable. Ya estoy suficientemente harto de, cada vez que me preguntan por el UTMB, tener que decir que fui pero me retiré... Al menos hemos podido tachar esta carrera, veremos si el año que viene podemos tachar la otra.
Y en lo positivo tambien el haber compartido esta carrera con un amigo y compañero de batallas. Me hubiese gustado que él hubiese podido estar en la línea de salida dando guerra al personal, pero en todo caso ha sido un placer contar con su ayuda y su apoyo. Viajar y correr son dos de las pasiones que me hacen feliz, compartirlas es doblemente gratificante. Ya lo dijo Alex Supertramp...

Besos y abrazos
P.D: Rincón del freak:
Sobre el material utilizado:
- Zapatillas: los primeros 128km los hice con las s-wings de salomon y la verdad es que muy contento. Cómodas, buena dinámica y ningún problema más allá de los kilómetros. La última parte la hice con las Tecnica. Iba muy jodido, así que asignar cualquier culpabilidad a las zapatillas sería injusto.
- Mochila: como viene siendo habitual, la Skin5 de Salomon. Suficiente para el material de esta carrera (camiseta manga larga, impermeable, manta térmica, frontal con baterías de recambio, un par de cintas de strapping y algunas cosillas más que ocupan poco). Buen ajuste al cuerpo. Para mí una buenísima opción.
- Comida: llevaba barritas (Chimpanzee), geles (los líquidos del power gel), bocadillos de brioche y membrillos (casi lo único que sí usé de forma sistemática). Pero en fin, mejor ni hablar de cómo comí en esta carrera...
- Ropa: los ya clásicos pantalones de Ultra Lleida, una camiseta que daba la organización y con la que tenías que salir y llegar (y que después de llevarla 167km encima, casi que hubiese hecho otros tantos ella sola), manguitos (elemento fundamental para mi)...
- Frontal: el NAO de Petzl, muy bien, una batería aguantó las 7 horas de la primera noche y otras tantas la segunda. Sólo al final empezó a parpadear.

P.P.D: Y una noticia del Diari Segre sobre el tema :-)