jueves, 10 de octubre de 2019

Swiss Peaks (2ª parte)


... Por si has llegado a este post despistad@, decirte que hay una primera parte en http://cronicasdeskyrunning.blogspot.com/2019/09/swiss-peaks-1-parte.html, por si quieres ver de dónde aparece esto. Es larga, seguramente pesada, pero está escrita con cariño :-) ...

Segundos más tarde de mi alarde me encuentro bajando por un terraplén empinado con el subidón propio de haber escapado del pozo, al menos provisionalmente. Un breve descenso me deja en un tramo llano que flanquea hacia la derecha que vuelve a llegar prácticamente hasta la carretera. Lo recorro a buen ritmo, activado por la adrenalina y el subidón de haber escapado momentáneamente de la boca del lobo. Bajo deseando que el río esté lo más cerca posible, sobre todo para que sea más corta la subida de después. El sonido se va acercando y finalmente aparece una pista y un puente que atraviesa el torrente. Las marcas siguen por la pista durante un breve tramo que sirve de calentamiento para lo que se avecina. Ha llegado el momento de la verdad: recuperación o confirmación de la debacle.
Los reflectantes me meten por un sendero que empieza subiendo de forma moderada y hasta relativamente agradable. Cojo la dinàmica de paso-bastón-respiración, con la ilusión de que las cosas hayan cambiado. Miro el reloj... Las 21h30... Así tengo una referencia de cuánto llevo y cuánto me falta. Son 1600 metros... Deberían costarme unas 2 horas si la subida es más o menos directa. Vamos a ver... Pongo el piloto automático y me dejo llevar por los sonidos de la noche. Me gusta este momento de las carreras, estas primeras horas de oscuridad. La temperatura es buena, con un fresquito que se agradece para afrontar el ascenso. La primera hora de subida pasa de forma bastante agradable. Aparece alguna casa adormecida al borde del camino. No sé cómo deben acceder, pero qué tranquilidad vivir aquí. Me llega un sonido a los oidos... “sht, sht, sht, sht,...”... anda, aspersores... Lógico, riegan la parcela por la noche para aprovechar que hay menos evaporación y que absorban más las plantas...
Entreteniéndome con estas reflexiones llego a un punto en que el sendero gira a la izquierda y parece querer subir de forma más directa. Levanto la cabeza... Por allí se ven las marcas, y también dos frontales juntos que seguro que son de Yann y su acompañante. Efectivamente, la pendiente se incrementa y me toca tirar más de bastones. Mi ritmo baja, quizá más de lo que tocaría... La buena dinàmica de la primera mitad de subida se va torciendo. A la que el terreno se ha puesto más exigente, pam, vuelve a acercarse el tío del mazo. Las revueltas pasan cada vez más lentamente y voy buscando con la mirada algún indicio de que estoy llegando a lo más alto. Me suena que había un colladito y el refugio estaba al otro lado. Ahí arriba parece que hay una abertura. A ver si llego ya... Empieza a soplar algo de airecillo. Venga, eso debe querer decir que estoy cerca... Ahí, por fin, menos mal... Llego al rellano muy cansado. Busco las marcas al otro lado... nada. Miro a un lado, a otro... Ahí estan... Suben... Y suben más. Bufff... Pues para arriba... Al cansancio físico se le añade el moral y a eso se le suma tambien que la pendiente se incrementa todavía más. Voy de mal en peor... Estoy sumido en el mismo estado que en la subida anterior. En parte me decepciona la confirmación de mis problemas. En parte me tranquiliza el hecho de poder abandonar con la seguridad de que no hay nada que hacer. El camino empeora y en algún tramo incluso pierdo la traza. Va, concéntrate, solo falta que pierdas las marcas. Me toca trepar por la hierba para volver al camino, con algunos movimientos que me obligan a parar para recuperar el aliento. Qué desastre, es peor que antes... Voy flanqueando torpemente por un terreno mixto de hierba y rocas, hasta que llego a un colladito que sí parece ser la culminación de la subida. Al otro lado el paisaje se abre, o se abriría si se viese algo, y allí a la izquierda aparece una luz que tiene que ser el avituallamiento. Dos frontales están a punto de llegar.
Venga, espabila a ver si no pierdes mucha distancia con ellos, que tienes que llegar al kilómetro 97 antes de que se vayan los franceses, si no te tocará hacer 12 kilómetros más. Afronto un tramo de descenso muy empinado y bastante técnico, que ahora mismo me sienta como una patada en el trasero. Afortunadamente no es muy largo y las marcas enseguida siguen a nivel para cruzar un tramo de grandes bloques. Una vez superado este tramo, solo me queda una breve subida hasta alcanzar el ansiado avituallamiento. Qué acogedor es el calorcito de una casa en medio de la noche...

Lengritz (Km86,5; 2425m):
"Muy bien! Al final has seguido!" me dice Hugo, el amigo de Yann. "Sí, pero nada, fatal... Peor que la subida de antes... En el próximo avituallamiento me voy con vuestros amigos... Decidles que me esperen si puede ser..."... "Siempre puedes decir eso hasta el km 360" bromea. Que va... No tengo fuerzas. Lo he probado otra vez y no hay manera. La diferencia con dos horas atrás es que ahora estoy más tranquilo. He hecho lo que he podido y si no hay más, pues qué le vamos a hacer. Me estoy tomando un caldo caliente con alguna galleta cuando llega un corredor. Evidentemente también hace mejor cara que yo. "Voy tirando que me pillaréis y así a ver si me pueden esperar vuestros amigos"... les digo a Hugo y a Yann, al que no veo muy fino. Salgo del refugio detrás del chico de la buena cara, que ha pasado como un ciclón, y justo cuando llega otro chico.
De nuevo en medio de la noche, cruzo un rellano herboso y voy siguiendo la estela de mi predecesor que me indica que viene un repecho. No es muy largo, deben ser 150 o 200 metros como mucho y parece bastante tendida. Venga, buen terreno, con la carrerilla y el calor del avituallamiento aún en las piernas, la paso relativamente bien. Empiezo el descenso al otro lado por terreno herboso y con una visitante inesperada: la niebla. Ups... Encima la traza del sendero no está muy definida... Concéntrate... Como te pierdas ahora...... Afortunadamente el recorrido es más o menos recto, y sólo con mantener la dirección van apareciendo las banderolas que resaltan con la luz del reflectante. El descenso parece ser un flanqueo en diagonal hacia la izquierda ¿Hacia dónde? Ni idea... No me acuerdo de qué pinta tenía la orografía de este tramo. Como estaba previsto, aparecen dos luces por detrás. Yann y Hugo me pasan como aviones... Venga, actívate que si no se te escapa el tren.... Incremento un punto mi ritmo, aprovechando la estela para no tener que fijarme tanto en las marcas. Aguanto un rato, pero bajan muy bien y el terreno es empinado y con una hierba resbaladiza que no es lo mejor para mi momento de agilidad más bien dudosa. Las luces se van difuminando en la niebla hasta que desaparecen definitivamente. Por suerte al cabo de pocos minutos también desaparece la niebla, a la vez que las marcas se van metiendo progresivamente en una zona de bosque. El sendero también se transforma en una pista relativamente cómoda. De repente me sorprendo corriendo con un trote bastante digno y sobre todo con una actitud más positiva. En un momento dado veo dos luces pasando unos metros más abajo. No está mal, sólo me separa una curva de Yann y Hugo, no estoy perdiendo distancia con ellos. 
Se acaba el descenso y la pista desemboca en un puente. Al otro lado los dos frontales avanzan unos 150 metros por delante, y una tercera luz está otros tantos metros más adelante. Las luces suben por lo que parece ser una diagonal hacia la derecha. Me suena que son 300 o 400 metros de ascenso... Se intuye bastante progresiva... Venga, a ver si se me da bien... Recupero el bailoteo de paso-bastón-respiración, que hace rato que tenía olvidado. No me acerco a los frontales de delante, pero parece que tampoco se me van, así que llego a la cima (Gibidumpass, 2200m) algo más animado. Sólo me quedan 300 metros de bajada hasta el avituallamiento en el que en teoría tenía decidido abandonar, pero lo cierto es que la bajada anterior y esta última subida parecen indicar que al menos he conseguido detener la hemorragia. De aquí a la base de vida son 12 kilómetros... Quizá tiene más sentido aguantar este trozo, ver cómo evolucionan las cosas, y una vez en la base de vida descansar tranquilamente, dormir si hace falta y en caso de recuperarme algo, darle otra oportunidad a la carrera. Estas reflexiones me conducen hasta las luces del avituallamiento, al que llego entre más ánimos del grupo de franceses... "Creo que voy a probar un poco más"

Giw (Km97; 1962m):
En el avituallamiento está Yann, el corredor de la buena cara y un tercero, que no tenía controlado y que a juzgar por bandera de su dorsal es canadiense. Repongo líquido y cómo tranquilamente para ver si consigo consolidar la recuperación. Una vez acabada la rutina, me despido de los franceses, que son majísimos, y salgo nuevamente a la noche, animado por la victoria moral de haber superado y por lo menos postpuesto lo que parecía un abandono seguro. Este tramo sí que me lo sé... Tengo una primera subida de otros 300 o 400 metros, que también parecía bastante tendida, un tramo un poco rompepiernas y la bajada hacia Eisten, todo ello flanqueando la montaña en dirección sur. El menú no me parece mal para este momento...
Afronto la subida con la misma dinámica que la anterior, persiguiendo ahora a dos luces, dos de esos tres corredores que tengo cerca. En esta ocasión sí que voy recortando la distancia poco a poco y acabo alcanzándoles justo al pasar el punto más alto. "Parece que va mejor, no?"... uno de ellos es el corredor con el que he coincidido en plena crisis en el kilómetro 70... Le respondo con un "Oui!" corto y decidido (ver primera parte para la teoría sobre la relación entre la longitud del "oui" y el estado de demacre) y tomo la delantera al inicio del descenso. Gratamente sorprendido observo que me separo de mis dos compañeros... Bueno, si voy mejor que ellos en bajada es que realmente me estoy recuperando. Con ánimo creciente voy afrontando el sendero, que alterna toboganes con breves repechos. Cada vez soy capaz de trotar en más sitios y mi estado físico y mental se va retroalimentando. El camino va bordeando valles, vaguadas y subvaguadas, en ese tipo de terreno traidor que si vas mal se te hace eterno, pero yo estoy en dinámica positiva, y tras 40 kilómetros de agujero negro estoy empezando a ver la luz.
También veo luces delante mío, y otras más abundantes allí abajo, que tienen que ser Eisten. El descenso se acentúa y tras un breve tramo de carretera las marcas se meten por un sendero que parece que va a bajar atajando las curvas del asfalto. Entro en zona de bosque y con ello se pierden las referencias, pero el sendero es agaradable y mi ritmo cada vez mejor. Otra luz aparece delande de mí... Es Yann y va caminando. "J'en ai marre moi..." (la traducción más exacta y teniendo en cuenta el contexto sería "estoy hasta los huevos de la bajada")... efectivamente, la verdad es que parece que pasa por un momento complicado. Además, sé por experiencia que ver cómo te adelanta un cadáver resucitado es un golpe duro para la moral. Le animo y sigo mi bajada, bastante más positiva, por este sendero que cruza la carretera varias veces y pasa junto a zonas de casas cada vez con más frecuencia. Finalmente el asfalto se impone, señal de que he llegado al pueblo de Eisten. Nuevo consejo de guerra... Parece que este último tramo ha consolidado mi recuperación. La dinámica es positiva y he adelantado a gente. No me siento Superman, pero estoy en un estado que podríamos calificar de normal para un kilómetro 110 de una carrera. De sueño la verdad es que voy bien y en breve va a despuntar el nuevo día. Mi experiencia me dice que hay que dormir cuando sientes que relamente es imprescindible. No creo que sea el momento... Nada, cómo bien, que eso sí que me vendrá de perlas, y sigo adelante. Con la decisión tomada, un breve ascenso me deja en un pabellón donde está montada la base de vida. Declaro oficialmente superada la primera crisis de la carrera.

Eisten (Km 109,3; 1094m):
Voy a buscar mi bolsa de vida y me dirijo a la zona de comidas... "No puedes entrar con la bolsa ahí"... Un hombre que parece ser el responsable del avituallamiento me mira con cara seria. De verdad? Sólo hay un corredor ahí dentro, dos mesas donde caben 40 personas, no tengo a nadie que me pueda ayudar cambiando las cosas a la mochila o rellenando bidones mientras cómo... De verdad no puedo entrar con la bolsa ahí para poder optimizar un poco el tiempo... Nada... Pues mira, que te den... No pienso dejar que un capullo me ponga de mala ostia y me corte la dinámica positiva. Me limito a lanzarle una mirada lanzacuchillos, dejo la bolsa en una silla y me voy a las mesas y a por mi plato. Joder, el otro corredor está dentro, con la bolsa y con acompañante... En fin... No pierdas más energías con eso... (que quede claro que con esto simplemente intento reflejar mis pensamientos en la situación y las pulsaciones del momento y no una crítica objetiva y pausada hacia la organización o los voluntarios). Un plato de pasta con carne mejora significativamente las cosas y tras pasarme algo de agua por la cara y las piernas y realizar la transferencia de material en el lugar reglamentado por el Antiguo Testamento, me dispongo a marcharme. De camino hacia la salida me encuentro con el grupo de franceses, que están en una mesa sentados alrededor de un Yann que hace bastante mala cara. "Muchas gracias, de verdad. No sé dónde llegaré, pero sea donde sea, será gracias a vosotros".
Salgo a la calle con las primeras luces del día, al mismo tiempo que un corredor que diría que es el francés al que he pasado al inicio de la bajada anterior. Un poco más atrás viene otro que debe ser el canadiense (no estoy seguro, la noche confunde...). Troto por un tramo llano hasta la salida del pueblo. "Conoces el camino?" le pregunto..."Sí, he venido en verano a reconocer algunos trozos"... "Qué tal la subida?"... "Bueno... 400 metros de subida, tramo llano, y otros 400...". Venga, vamos a por ellos pues...
El incio es de los que quita el hipo. Un repecho demoledor por un prado herboso, para cruzar una carretera y meterse por otro camino más ortodoxo, de esos con infinitas revueltas pero pendiente tolerable. Me separo relativamente rápido de mis dos perseguidores, lo cual me infunde nuevos ánimos. Desconecto del mundo y vuelvo a poner el piloto automático, intentando digerir la comida y optimizar los puntos donde coloco el pie. Un repertorio de canciones mentales va pasando por mi cabeza, tan variado como absurdo (recuerdo tener clavada bastante rato "El único fruto del amor"... ese es el nivel...). Entre canciones, pasos y bastones, llego a una casa y las marcas tuercen bruscamente a la derecha. Parece que viene el tramo llano, fantástico, la primera parte de la subida la he hecho bien. La nueva tónica del recorrido consiste en una alternancia de pequeñas bajadas y subidas que voy gestionando a base de un caminar-correr relativamente eficiente. Por lo que recuerdo del mapa, el camino tiene que ir bordenado toda esta montaña que tengo a la izquierda hasta llegar al valle contiguo (al oeste). El punto más alto del tramo creo que es justo en el extremo norte, cuando cambiamos de vertiente.
Tras unas cuantas vaguadas, la dirección parece torcer hacia el oeste. Hacia el oeste y hacia arriba... Un duro repecho me da la bienvenida al segundo y definitivo tramo de subida. Adapto el paso y la respiración y observo mis evoluciones... Tiene pinta de ser el primer ascenso realmente exigente tras la crisis. Vamos a ver qué tal... Bueno, parece que bastante mejor que antes... Punto más a favor de la recuperación... 
El camino va girando a la izquierda y va subiendo, y gira a la izquierda más, y sube más, y gira más, y sube más... La típica dinámica de nunca acabar. Suerte que estoy en un buen momento, si no este es el típico camino que desespera. Ahí parece que hay una construcción... Qué es eso?... Barreras de madera... Para los aludes... En medio del bosque?... Eso debe tener más años que las montañas... Bueno, aquí debe empezar el descenso, seguro que el sendero era para subir hasta aquí... Ni de coña... Paso junto a las barreras y sigo subiendo y subiendo y subiendo... pero me lo tomo en positivo. Si en este tramo tan cabrón no me estoy hundiendo es que realmente las cosas han mejorado mucho... Mira, eso parece un colladito... Y el bosque se abre... A ver... Efectivamente, al otro lado la montaña gira y aparece una pista de esquí que ya enfoca hacia el valle contiguo. Las marcas descienden por ella entre zonas de árboles. Nuevamente al trote y con una zancada bastante decente, voy cubriendo los 450 metros de descenso que me separan del nuevo avituallamiento. Llego al lugar justo cuando sale otro corredor, el dorsal número 7, al que he visto salir de la base de vida poco después de llegar yo. Bien, le he recuperado, seguimos en positivo.

Grachen (Km 118,6; 1721m):
Nada reseñable (o que recuerde) en cuanto a comida, pero descubro que tienen "sirop". Para los lectores al sur de los Pirineos (es decir, casi todos) que no lo conozcan, decir que el "sirop" francés es una especie de zumo super concentrado (y super dulce) que mezclas con agua para hacer una bebida de un determinado sabor de fruta. Debería ser implantado y extendido en todas partes por decreto-ley. En concreto este es de sabor tropical. Me viene de perlas porque empiezo a cansarme de la combinación agua + Tailwind. Una vez repuesto el líquido con mi nueva adquisición salgo del avituallamiento. No ha llegado ningún corredor. Buena señal.
Cruzo el pueblo, que ya va activándose con el transcurso de la mañana. Paso junto a un grupo de japonesas que me preguntan cuántos kilómetros llevo. A mi respuesta contestan con ese "Ooooh" tan típico del país del sol naciente. Pues no os cuento los que me faltan... Aparece corriendo Hugo, que me pregunta por el avituallamiento. Le señalo la dirección y me despido, quizá por última vez. Las marcas me llevan hasta una calle principal por la que voy bajando en dirección sur. Adopto un ritmo de trote por el asfalto mientras voy saliendo del pueblo... Mierda... Dónde están las marcas?... Me he salido del camino?... O no hay marcas porque es "evidente" que hay que seguir recto?... Mientras me lo pienso ya he avanzado bastante, con lo cual volver atrás hasta la última marca es un coñazo, con lo cual me aferro a la esperanza de que sea por aquí, con lo cual.... Ahí hay un desvío... A ver... No hay marcas, y si fuese el camino, aquí habría alguna... Joder... Vuelta atrás... Subo deshaciendo el camino por la carretera mientras hago señas a los coches para que me devuelvan al pueblo. La mayoría ni disminuyen la velocidad, excepto una pareja de hindúes que sí frenan pero me miran sin bajar la ventanilla como si fuese un asesino en serie. Finalmente llego de nuevo a las casas y descubro las banderolas. Aquí está el desvío... Hay que estar más atento. Venga, no pasa nada. Habrás perdido 6 o 7 minutos como mucho...
De nuevo en el camino correcto, sigo con el descenso hasta el fondo del valle sin mayores sobresaltos, y afronto la subida al otro lado. Nuevo cambio de tercio, y para rato. Nada menos que 1800 metros y del tirón. Afortunadamente hay un avituallamiento a media subida, creo que a unos 800 metros positivos de aquí. Venga, una hora... Tomo referencias en el reloj y vuelvo a activar el modo subida, por un nuevo camino de revueltas y más revueltas. Siguiendo en la buena tónica, alcanzo el punto de control, donde encuentro de nuevo al dorsal número 7.

Jungen (Km 126,9; 1957m):
Primer punto positivo del avituallamiento: unos platitos con una mezcla de queso, pasta y trocitos de panceta que me lanzan miradas seductoras. Se lo pongo muy fácil y doy cuenta de un par de ellos. Segundo punto positivo: una garrafa de zumo de naranja. Uy qué bien, más variedad para el siguiente tramo, y con lo que me gusta, por mucho azucar que tengan los zumos ;-)... Charlamos con el otro corredor y el tipo del avituallamiento, que es muy simpático. "Os vais a encontrar un tramo complicado más arriba... La roca está mojada". Efectivamente, hasta ahora no nos ha llovido, pero el día está bastante tapado y la parte superior de la montaña parece envuelta en una niebla que promete humedad a raudales. Bueno, pues vamos a ver qué tal.
Salimos juntos con el chico suizo (el dorsal 7 era suizo, pero no recuerdo el nombre), pero al poco rato veo que se empieza a quedar atrás. Unas cuantas revueltas más tarde la ruta gira a la derecha y se dirije a una arista. Por lo que recuerdo, creo que detrás de esa cresta pasamos a la parte superior del valle y al fondo está el collado. Poco importa, ya que con la niebla cuesta tomar referencias. La humedad prometida se hace realidad en forma de chirimiri, que va incrementando de intensidad en ese juego de ahora más ahora menos que te hace dudar sobre si ponerte el impermeable hasta que cuando te lo pones ya estás mojado. Una pareja de excursionistas viene de frente... "Difficult section!"... Pues sí, tiene pinta... Van apareciendo rocas hasta que el terreno se transforma en un mar de bloques que las banderolas van sorteando. Las Cascadia tienen muchas virtudes, pero entre ellas no está el agarre de las suelas en roca mojada. Por eso tengo que activar todos mis sentidos y hacer equilibrios para mantener un ritmo digno sin acabar con una pierna partida por la mitad. Me voy cruzando con excursionistas envueltos en capelinas, a los que saludo sin quitar la vista de donde pongo los pies. "Two hours to the leaders!" dice uno... Uy, "the leaders"... Hace mucho tiempo que no pienso en ellos. Consigo salvar el tramo de bloques sin romperme la crisma y para celebrarlo la niebla me obsequia con una tregua que deja pasar unos rayos de sol. El paisaje se abre hacia el fondo del valle y deja ver el tramo final de la subida hasta el collado. Por si fuera poco, de postre aparece la visión de una camiseta azul a unos 200 metros. Hombre... Otro corredor... Quién será?... No me suena... Me voy acercando a él y le alcanzo poco antes de la cima. Se aparta y me deja pasar con un monosílabo gutural de idioma indefinido... No le he visto en toda la carrera a este hombre... Cuenta la leyenda que había un griego por delante... Moreno de piel... Podría ser... Sea de donde sea el tipo tiene pinta de estar más doblado que el balón de Oliver y Benji. Con la satisfacción de haber ganado una nueva posición y de que ya van unas cuantas desde mi resurgir, alcanzo la cima del Augstbordpass (2892m... evidentemente de estos nombres tan sencillos no me acordaba ni de broma, los estoy mirando ahora... allí todo era "el próximo collado").
Me dejo caer al otro lado por terreno pedregoso, algo inclinado al principio pero que va dando paso a tramos de pendiente más moderada y donde la hierba va ganando terreno. También aparece alguna que otra borda de montaña y con ellas una mejoría del camino, que va alternando tramos de pista de quad y sendero que ataja entre las curvas. Con una meterologia más soleada que al otro lado del monte, me voy acercando al fondo del valle donde hay un primer pueblo trampa que resulta no ser el del avituallamiento. No es grave, sólo un kilómetro de terreno llano me separa del "pueblo bueno". Mientras lo recorro me decido por primera vez en mucho rato a mirar al futuro a medio-largo plazo. Van a ser las 14h... Ahora me quedarán 15 kilómetros hasta la base de vida de Zinal, así que puedo estar allí sobre las 17h de la tarde. Si llego allí más o menos decente, estaría bien poder alargar el primer sueño hasta la cuarta base de vida, en el kilómetro 204, ya pasada la barrera mental del ecuador de carrera. Eso sería sobre las 4 de la mañana, con lo cual el despertar se junta más o menos con el inicio del día... Fantástico. Qué fácil se hacen los planes a la luz del sol...

Blüomatt (Km 142; 1867m):
Al llegar al avituallamiento, nueva sorpresa. El dorsal 1, el que corría de metatarso al principio, imagino que ahora ya no. Qué bien, otra posición a tiro... Después de muchos kilómetros de evitar el tema para centrarme en mi recuperación me decido a preguntar cómo voy... "Él es quinto y tu sexto"... Bueno, no está mal!... El italiano, un tipo que me he cruzado en la primera base de vida, el francés resucitado del "oooouuaaaaaiiiiii"... y un cuarto que no controlo. Volvemos a estar en la competición. Michael (así se llama el suizo del dorsal 1, deja de ser el corredor de metatarso) sale del avituallamiento mientras yo me como el plato de sopa de turno y cambio de sabor de "sirop". Una vez acabadas las operaciones retomo mi caminar en dirección a una nueva subida, que en este caso tiene unos 1000 metros de desnivel.
El primer plato vuelve a ser un tramo de buena senda por revueltas diseñadas por vacas inteligentes y activistas anti-kilómetros verticales. Después de milenios de evolución, saben encontrar una solución óptima entre llegar al plato de hierba en un tiempo razonable y no morir en el intento. Me gusta el plan. Tras una media hora en esta dinámica, la pendiente de la montaña se va suavizando y da paso a unos prados salpicados por algún que otro corral. Echo la vista arriba esperando ver a Michael... Nada, ni rastro... Qué raro... Tenía la esperanza de atraparle a lo largo de la subida... Ep! Ahí hay una camiseta... pero es verde... Ese no es Michael... Pero quien es? No me suena nadie de verde... Aunque claro, se habrán cambiado... Pero entonces, dónde está el suizo?... Bueno, déjate de estupideces... Lo único que está claro es que tienes que subir a ese collado de ahí delante e importa un rábano quién es el de verde, donde está Michael y a qué huelen las nubes...
Una vez focalizado en el objetivo actual de mi existencia cruzo los prados con decisión tomando como referencia la estela del corredor misterioso. Con decisión, pero empiezo a notar que con menos alegría que en la subida anterior. Voy recortando paulatinamente, pero ganarle metros cada vez me resulta más caro. Los prados se acaban y aparece la última parte de la subida, que discurre a través de terreno más pedregoso. Finalmente llego a escasos cinco metros del corredor misterioso, que se para y me deja pasar... Bueno, tampoco creas que voy mucho más rápido. "How are you?... Go, go..." me saluda en inglés... Ya en lo que interpreto que es la quinta posición, recorro los últimos metros de subida hasta el Col de la Forcletta (2874 m).
Los primeros metros de descenso me confirman que la tendencia va cambiando y que mi estado fisico ha empezado un cierto declive. Aún así, nada que ver con la situación de ayer por la noche. Al fin y al cabo, llevas 150 kilómetros y hacia 36 horas sin dormir... Qué quieres... Empiezo a darme cuenta de que el plan ese de aguantar hasta la cuarta base de vida era un brindis al sol. Vamos a ver cómo sigue la bajada pero si mi rendimiento ha empezado a bajar ahora, meterse en la noche con la previsible crisis de sueño y sin saber si voy a poder dormir en los avituallamientos intermedios, seguramente no es una buena idea. Esto es como en la Fórmula 1, cuando los neumáticos están desgastados y el coche empieza a patinar en las curvas, toca parar en boxes. En medio de estas reflexiones aparece el corredor misterioso y me pasa arrancándome las pegatinas. Baja bien el tío...Voy siguiéndole como puedo por un tramo de hierba que al poco de bajar nos deja en el avituallamiento. Bueno, me deja a mí, porque el tío pasa de largo. Joder, vale que es todo bajada hasta la base de vida, pero renunciar a un avituallamiento es de ser muy jefe.

Tsahelet (Km 149,7; 2524m):
Tampoco me entretengo mucho. El tiempo de comer algo de fruta, rellenar agua y hacer un pequeño break para el cansancio de mis piernas y sobre todo de mi cabeza. Sigo el descenso, cada vez en dinámica más cansina y más convencido de la idea de parar en esta base de vida. Al cabo de unos 20 minutos desemboco en otro camino más importante. Unas marcas de pintura me confirman que estoy en el recorrido de la mítica Sierre-Zinal, carrera de 37 kilómetros que hice en 2015 y en la que confluyen corredores de montaña, corredores de asfalto, corredores europeos, corredores africanos... y en la que al final gana Kilian. Me lo imagino corriendo por aquí a menos de 4 el kilómetro... No es exactamente el ritmo que llevo yo ahora. Más bien un caminar-correr en el que el listón de lo trotable cada vez va ponióndose más alto. Voy bordeando la montaña en busca de las casas de Zinal, que es precisamente donde está la base de vida. Poco a poco el descenso se va haciendo más manifiesto y me permite a correr, aunque no con una agilidad increible. Finalmente detrás de un espolón de la montaña aparece el pueblo y el sendero se enfoca directamente hacia él. Hago memoria para recordar rasgos del camino que me indiquen que falta poco. Reconozco una curva y un poco más allá una raíz en la que tropecé para dar una vuelta de campana y un ostión antológico, ante la mirada tan atónita como inactiva de un grupo de espectadores. Y una rampa de hormigón que ya indica la entrada del pueblo. Y una curva que daba acceso a la recta de meta... Ahora me toca seguir bajando hasta la carretera principal. Con algo de confusión y con la ayuda de algún transeúnte (qué palabras me salen... tengo que irme a dormir) doy con la ubicación del ya ansiado avituallamiento.

Zinal (Km 157,5; 1668m):
Nada más llegar me encuentro al corredor misterioso, con el que empezamos a charlar y así deja de serlo. Etienne, que así se llama, me comenta que va a pasar por el masajista y dormir un poco. Me parece buena idea. Mientras empiezo a revolver la bolsa de vida en busca del material que necesito, (o más bien en busca de inspiración para saber el material que necesito) aparece un chico de la organización que nos empieza a explicar dónde está el masajista, la comida, las duchas (obligatorias antes de pasar por el masajista), cómo va la carrera... En algún momento me parece entender que los primeros están durmiendo allí y que no ha salido nadie del avituallamiento todavía (no debía estar muy atento, porque era completamente falso). Entonces no hay nada más que hablar, a descansar, que estamos en la pomada. Paso por la ducha y voy a por la comida. Me sirven un pollo con lentejas que está más seco que un bocata de polvorones... Busco alguna bebida para lubricar un poco el mejunje y se me ilumina la mirada cuando veo una botella de zumo de pera, una de las mejores bebidas del mundo, tal vez sólo superada por un jugo de guanábana de algún garito de Bogotá. Una vez equilibrado el ying con el yang, consigo ingerir una necesaria dosis de calorías y me marcho hacia la camilla. Prioridad, arreglar la cadera derecha, donde llevo una molestia que voy gestionando desde hace muchos kilómetros, y relajar los cuádriceps, que empiezan a estar castigados. Aprovecho el masaje para entrar en un primer semi-sueño. No hay suficiente, así que al acabar me voy hacia la zona de camas y me tumbo, no sin antes pedir que me despierten dentro de 1h y cuarto, a las 19h45. Me relajo y poco a poco voy cambiando de universo...

...zzzz,zzzz,zzzz...

Me despierto de golpe, sorprendentemente activo, con miedo de que haya pasado la hora sin que nadie me despierte. Miro el reloj, las 19h25, aún me quedan 20 minutos para la hora prevista. Intento relajarme pero enseguida noto que es demasiado tarde. Ya no voy a dormir más. Pues nada, arriba, no perdamos el tiempo. Me levanto y le digo al voluntario de antes que ya no hace falta que me despierte. Por ahí anda Michael, que está a punto de salir. Resulta que antes se había quedado a dormir en el avituallamiento anterior, así que no lo veía porque en realidad estaba detrás de mí. Acabo de meter las cosas en la mochila mientras salen también Etienne y el griego, que ha aparecido y no parece tener intención de dormir. Al parecer eso hace un total de cinco corredores que han salido del avituallamiento. Ellos tres, el italiano y el suizo. Del francés aquel del "oooouuuaaaiiiiiiii" nunca más se supo. En algún sitio debe haberse retirado. También lo hace el dorsal 7, que ha llegado en coche y que dice que "I have no power in my legs". No me extraña, sin bastones yo hace rato que no tendría power ni en las pestañas. Todo listo, sigamos adelante...
Salgo del avituallamiento con ganas de volver a entrar en dinámica de carrera. Ha sido un parón largo, aunque creo que necesario. Enseguida empieza una nueva subida, en este caso, unos 1200 metros de desnivel hasta el Col de Sorebois. Los primeros metros de ascensión me sirven para darme cuenta que el masaje ha surtido efecto. Ni rastro del dolor de cadera y las piernas están sorprendentemente frescas. El sendero atraviesa una zona boscosa que enseguida se difumina y da paso a prados y más prados. Las últimas luces del día se van apagando y saco el frontal justo cuando alcanzo al corredor griego. Le paso y sigo en busca de la luz de Etienne, que está unos metros más adelante. También llevo algo más de ritmo, así que saco algo de distancia en medio de una penumbra creciente. Qué raro... sólo veo un frontal ahí detrás... Osti, el griego va detrás de Etienne chupando rueda y sin gastar pilas... Hombreee, eso está feo... (que conste que después me acabó cayendo muy bien).
Como esto corría el riesgo de ponerse aburrido, el destino nos envía algo de picante en forma de niebla. Venga, activa tu vista y también tu lógica para intuir la dirección del camino. Afortunadamente no parece que haya ningún quiebro traicionero y además el marcaje es abundante, así que en ningún momento se me plantean dudas importantes. El camino, que hasta ahora ha sido amplio, se vuelve más estrecho y parece encaramarse hacia lo que se intuye como collado. Dejo una ladera donde parece haber algunos remontes de esquí, para atravesar hacia la izquierda. La aparición de un poco de airecillo me anuncia la proximdad de la cima. Aquí está, bien, subida superada sin sobresaltos, una menos (Col de Sorebois, 2834m).
Al otro lado me sorprende un paisaje repentinamente abierto salpicado por aisladas pero acogedoras luces de casitas por aquí y por allá. Empiezo la bajada con energía para intentar que cuando me coja Etienne ya estemos prácticamente en el avituallamiento. Me ha caído bien este chico, creo que podemos hacer buen tándem. Voy siguiendo el sendero relativamente bien, curva izquierda, curva derecha, y así sucesivamente. Despues de unos cinco minutos de bajada veo que asoma una luz en la cima del collado. Ahí está... Bueno, creo que sólo son 600 metros de bajada, así que puedo aguantar el tipo. Efectivamente, Etienne me va recortando pero no demasiado rápido, así que cuando me alcanza ya se ven ahí abajo las luces del avituallamiento. Una luz, en este caso móvil, está empezando a subir al otro lado. "Ahí está el tercero" le digo.

Moiry (Km 166,8; 2251m):
Uno de los mejores avituallamientos en cuanto a calidez, tanto térmica como humana. Y una tortilla espectacular, que me entra divinamente ahora que ya voy buscando menús ortodoxos que huyan de la sobredosis de dulce del membrillo, los rollitos de mermelada y el Tailwind. Eso y una agradable charla nos recargan las baterías para afrontar el siguiente tramo. Con cierta pereza nos despedimos de los simpáticos voluntarios y volvemos a meternos en la noche. Una breve bajada nos lleva a una presa que nos deja a los pies de una nueva subida. Podría ser peor, solo son 700 metros de desnivel. "Hasta luego!" me dice Etienne... Pues sí, casi mejor que repitamos la dinámica, yo tiro un poco más a la subida, y el me alcanza a la bajada, y así podemos ir haciendo camino juntos.
Cojo el ritmo de nuevo y voy ganando metros en una diagonal hacia la izquierda que supera un escalón y me deja junto a unas granjas. El paisaje se abre y veo el frontal de Michael allí delante. Venga, a ver si consigo cogerle antes de llegar al collado. Echo la mirada al suelo y me centro únicamente en los dos o tres reflectantes que tengo por delante. Cada cinco minutos levanto la cabeza para ver cómo evoluciona la distancia. Hombre... va bajando, pero poco a poco, no está subiendo mal. En sentido opuesto, veo que la distancia con Etienne crece pero también poco a poco, y más allá aparece otro frontal que tiene que ser el de nuestro amigo griego. Tiene pinta de ser un tipo duro este hombre. La pendiente se incrementa en un escalón que parece ser el definitivo. El camino lo salva con un par de quiebros bastante duros y un flanqueo a la izquierda que me deja en lo alto del Col de Torrent (2916m). Michael debe haber pasado un 2 o 3 minutos antes que yo.
No pierdo el tiempo y me lanzo a por la bajada. Ahora son 1300 metros de desnivel hasta el avituallamiento, así que tengo que espabilar si quiero que Etienne no me coja demasiado pronto y después sea incapaz de seguirle. Después de unas cuantas revueltas por la típica tartera pre-collado el sendero tiende a describir una diagonal hacia la derecha. Un rato más tarde paso junto a unas casas y el camino tuerce a la izquierda para describir otra larga diagonal en esta dirección. Mientras avanzo de un lado para otro, tal como estaba en el guión el frontal de Etienne me va recortando distancia. No obstante, aguanto el tipo bastante bien y mantengo mi escapada hasta 30 o 40 minutos después de cruzar el collado. Una vez juntos parece que Etienne se queda satisfecho con el ritmo y no hace ademán de pasar. A todo esto la bajada se va haciendo pesada. No veo referencias, no recuerdo qué pinta tenía todo esto en el mapa y no tengo ni idea de dónde tenemos que ir a parar. Vamos describiendo revueltas de un lado para otro, cruzando alguna pista de vez en cuando, ahora tendemos a avanzar más a la derecha, ahora más a la izquierda... Y el camino no es muy empinado, lo cual no me gusta demasiado porque significa que perdemos altura más lentamente. En una de esas revueltas distingo el frontal de Michael un poco más abajo. Le hemos recortado bastante, creo que tampoco le está gustando mucho esta bajada. Efectivamente, al cabo de poco le veo ahí delante caminando en un tramo llano. Otro que "j'en ai marre"...
Empiezan a aparecer algunas casas, que escrutamos con la esperanza de que tengan la actividad propia de una avituallamiento. Nada, todo dormido. Michael se ha juntado con nosotros así que bajamos los tres ejerciendo algo de apoyo mútuo para ir superando estos kilómetros que parecen pasar leeeeeeeeeentos. Aquí hay un pueblo... Por fin, tiene que ser esto... Callejeamos entre casas siguendo las banderolas, que finalmente parecen llevar a una casa grande en lo alto de una calle. Subo las escaleras. Hay luz dentro... Intento abrir la puerta...
Una señora se acerca corriendo a la puerta seguida por un perro... Qué digo un perro... Un lobo huargo... (no había caído nada de GOT todavía...). La señora me mira ojiplática a través de una ventanilla cuyo vidrio frustra el intento de la bestia de arrancarme media cara de un mordisco. Creo que al dia siguiente en la radio se habló de un supuesto encuentro con extraterrestres...
Para frustración la nuestra al darnos cuenta de que ahí tampoco está el avituallamiento. Existirá realmente? Empiezo a dudarlo. Vale que este parcial eran 14 kilómetros pero tengo la sensacion de que llevamos el doble. Salimos del pueblecito y nos volvemos a meter en el bosque por una pista más o menos horizontal. Ya no hay ganas de trotar y simplemente caminamos en busca de más luces y más casas. Las marcas se meten en un sendero que al poco rato nos deja en otra aldea. De repente aparece un tipo, al que hago un gesto con los brazos que no tengo claro si es un saludo o una amenaza. En cualquier caso me alegro de verle y de, por fin, llegar a este huidizo avituallamiento.

La Sage (Km 180,1; 1668m):
Nos juntamos en un comedor pequeñito, los tres corredores, el hombre y dos mujeres que también están de voluntarias. Nos tomamos la sopa con calma. Etienne es un tipo que se toma los avituallamientos tranquilamente y Michael va a hacer una parada técnica para dormir. Veinticinco minutos... como buen suizo es un tío preciso. En un principio pienso que no es buena táctica. Ha parado hace 35 kilómetros y me parece que no es bueno parar tan a menudo, pero bueno, veremos a final de carrera (eso, lo discutimos al final de la crónica). “Pues nada, ya solo nos falta la mitad, no?” digo irónicamente. “Bueno, todavía no, falta un kilómetro, la carrera son 362” me responde una de las voluntarias. Si es que no pueden flexibilizarse un poco ni para animar al personal...
Con una pereza que va creciendo a cada avituallamiento del que hemos de salir, nos vamos a por ese kilómetro y a por los otros 181. El siguiente tramo debería ser menos pesado. Son sólo 9 kilómetros hasta el próximo avituallamiento, con 300 metros de bajada al inicio, un tramo llano y unos 700 metros que nos dejarán a mitad de la subida siguiente. El descenso transcurre plácidamente e incluso me anima ver que llevo la iniciativa de la bajada en lugar de ir forzando detrás de Etienne. Salimos al fondo del valle y afrontamos un tramo de uno o dos kilómetros de carretera a través de varias zonas de casas dormidas. Da pereza, pero toca trotar si no queremos que esto se haga eterno. Casi que recibimos con alivio el desvío a la izquierda que nos indica el inicio de la subida.
Visto en persepectiva la situación de carrera es bastante positiva. Estamos tercero y cuarto, y me da la sensación que, aún con nuestras limitaciones, llevamos mejor dinámica que los corredores con los que parecemos jugarnos el pódium, que serían Michael y el griego. El primero y el segundo parecen inabordables. De hecho en este último avituallamiento nos han dicho que han pasado hace mucho y que ni habían dormido ni tenían pinta de querer hacerlo. Pero con Etienne parece que nos entendemos bien, tenemos un ritmo compatible y si consolidamos esta posición y vamos haciendo camino juntos, podríamos compartir el tercer escalón del pódium. No es falta de competitividad, si no más bien simbiosis. Sé por experiencia lo que ayuda la compañía cuando llevas tantos kilómetros en las piernas y si realmente llegamos al final en esta situación, será un tanto absurdo ponerse a esprintar en la última bajada... Sea como sea, qué iluso es hacer planes cuando te faltan 50 horas de carrera...
Empezamos la subida y modero un poco el ritmo para no separarme demasiado. Le tengo respeto a esta segunda noche y tener compañía va a ser un punto a favor. El sendero va subiendo tendiendo hacia la derecha con una pendiente no demasiado exigente que no ofrece demasiados problemas. En un momento dado me doy cuenta de que hace un par de minutos que no veo banderolas... mierda... "No veo marcas"... Etienne parece que había puesto el piloto automático siguiéndome y no se había dado cuenta. Avanzo un poco mas... Nada... Toca volver, no podemos equivocarnos, puede ser un desastre. Volvemos hasta la última marca... Nada, no parece haber alternativa. Realmente tiene que ser por donde íbamos. Volvemos a recorrer el camino y un par de minutos más allá del punto más lejano que habíamos alcanzado, aparece por fin una banderola...

Inciso de opinión para todo aquel que en algún momento de su vida tenga que marcar una carrera: he oído en mil briefings aquello de "Hemos marcado claramente los desvíos... A veces si el camino se ve muy claro puede ser que estéis 200 o 300 metros sin ver una marca pero vosotros tranquilos...". No, ni tranquilos ni gaitas, qué quiere decir si el camino se ve claro? Yo veo un camino muy claro, pero cómo sé que es el bueno? Creo que debería haber una distancia máxima entre marcas, pongamos 100 metros, y que se respete. Que sepas que si llevas más de 100 metros sin ver una banderola es que la has cagado, aunque vayas por la autopista A-7. Por lo demás, decir que a pesar de este incidente y el del pueblo hacia el km 120, creo que la carrera estaba bien marcada.

Un pelín desanimado por la confusión sigo marcando el ritmo por el camino, que se mete por una vaguada en la que la pendiente se incrementa considerablemente. De nuevo entro en ese estado de "quiero llegar al avituallamiento de una puñetera vez", cosa que afortunadamente pasa bastante antes que en el tramo anterior. Un flanqueo a la derecha sugiere que estamos llegando a "algún sitio" y el destino nos sonríe cuando la casa que aparece tiene colgado en la pared la pancarta oficial de la Swiss Peaks.

Chemeuille (Km189; 2065m):
Otro avituallamiento acogedor al calor de la chimenea y de unos chicos la mar de simpáticos que se han currado una quiche que tiene una pinta buenísima. Mis ojos se iluminan y pido un buen trozo de ella. Qué bien tener el estómago en forma, estos platos me sientan de fábula. El problema lo tengo mas arriba. La lengua y la garganta me están empezando a molestar. La garganta porque después de 40 y pico horas de mi clásica carraspera, la pobre está que se sube por las paredes, y la lengua porque me está empezando a aparecer el mismo problema que tuve en su día en el Tor des Geants. No sé que narices pasa pero se me empieza como a resecar y estriar, y pasar los alimentos por ella, especialmente los calientes, cada vez supone más un suplicio. En cualquier caso la quiche estaba de muerte y repetí.
De nuevo en la noche, nos disponemos a afrontar un tramo que se antoja crítico. Hasta la base de vida de Grande Dixance (la cuarta) nos esperan 15 kilómetros, con 700 metros de subida para empezar, 1100 metros de bajada después, y 500 más que remontar al final. Quince kilómetros... Antes eran 13 y medio y se me han hecho eternos... Empezamos a explicarnos la vida para mantener a ralla al sueño. Trabajo, carreras, objetivos... Resulta que los dos venimos del mundillo de la investigación, será por eso que conectamos... La charla nos facilita un poco el primer tramo de subida pero poco a poco la verborrea se apaga y volvemos a nuestro mundo interior mientras avanzamos por una "piste d'alpage" que nos habían anunciado los chicos del avituallamiento. Cuando llevamos mucho rato subiendo las banderolas se meten por un senderillo en un giro de la montaña que supongo que debe ser el collado. Mi gozo en un pozo... El paisaje se abre (o la oscuridad se abre) y aparece toda una línea de banderolas en forma de lucecitas que se extiende hacia allaaaaaa lejos (cuando el cansancio se va imponiendo todo te parece muy lejos)... Afortunadamente el avance es sin mucho desnivel, así que vamos cubriendo rápido la distancia. Poco antes del collado de repente aparece un tipo que nos anima, en uno de esos momentos surrealistas que cuando vas cansado aceptas con curiosa naturalidad. Qué coño hacía ese hombre allí a las 4 de la mañana?... Lo desconozco...
Superamos la cima del Col de la Meina (2702m) y afrontamos el descenso. Me reconforta haber superado el primero de los tres "subtramos" pero esta bajada me da miedo. Las marcas se dirigen hacia la derecha por un camino que cada vez es menos camino. La traza se difumina y el terreno se vuelve cada vez más complicado. La hierba está mojada, las rocas resbalan, mis zapatillas no agarran, los palos me molestan, las gafas se me mueven, el camino se pierde... En resumen, estoy crujido. El tramo final de la noche es hora crítica y a pesar de haber dormido en Zinal, esa recarga de energia ya se está agotando. Mi torpeza va in crescendo y con ello también crece el mal humor. Empiezo a quejarme y a lanzar improperios cada vez que pego un resbalón. Encima el camino no baja demasiado sino que atraviesa en diagonal hacia la derecha, así que si hemos de bajar 1100 metros así esto puede ser eterno. Etienne se mantiene detrás, no se si porque el ritmo le va bien (lo dudo mucho) o por solidaridad. Al cabo de mucho rato el descenso cambia de dirección y gira a la izquierda. Lejos de ponerse más fáciles las cosas a medida que nos acercamos al fondo del valle, la traza se difumina aún más al meternos dentro del bosque, hasta que llega un momento que tengo la impresión de estar en un rogaine. Plantas que cierran el paso, riachuelos en los que tienes que meter los pies, terraplenes que toca bajar... Y yo cada vez más torpe y con la crisis de sueño ya plenamente instaurada. Terrible, este tramo me deja realmente K.O. Simplemente porque todo tiene que tener un final, siglos más tarde llegamos al fondo del valle y encontramos la carretera prometida que va a la base de vida. Tengo tanto sueño que no siento ni alivio, y pensar en subir 500 metros en estas condiciones...
Pero es lo que toca, subir, llegar a la base de vida y dormir. No mires a los lados, no mires esa hierba que parece tan acolchadita, ni se te ocurra... Afortundamente, como me paso el 90 por ciento del tiempo con los ojos cerrados no veo demasiado la hierba. Avanzamos por una pista y noto como se me cierran los ojos y me voy desviando hacia un lado. Consigo llegar a un equilibrio e ir corrigiendo la direccion cada pocos segundos para desviarme hacia el lado opuesto. No sé si llegué a soñar caminando pero podría ser... Al cabo de un rato las marcas se meten por un sendero que atraviesa un prado con algo más de pendiente. Casi mejor... Un poco de dificultad que me obligue a pensar dónde tengo que meter el pie. El camino cruza una vez la carretera y empieza a subir de forma decidida. Mejor también, que pasen los 500 metros cuanto antes... Contaros más detalles de la subida sería mentiros. Supongo que superé esos 300 metros en una especie de trance del que desperté cuando apareció ante mí ese deseadísimo edificio de la presa de Grande Dixance donde estaba instalada la base de vida. "Necesito dormir" le digo a Etienne... Sí, seguro que no se ha dado cuenta... "Una hora?"... "Una hora"... Un voluntario nos acompaña al piso donde están las habitaciones y me señala una. En un sólo movimiento me quito la mochila y me desplomo sobre la cama. Dos o tres segundos más tarde estoy más allá de Plutón...

sábado, 28 de septiembre de 2019

Swiss Peaks (1ª parte)


Hace días tenía preparada esta crónica… Cada noche de las dos semanas de viaje por los Balcanes consistió en revivir un trocito de la aventura y plasmarlo en unas líneas como estas, intentando recoger todos los detalles que me gustará revivir cuando lea esto dentro de cinco o diez años. La criatura, no es por asustaros, nació con 26 páginas de peso, que quedaron en mi Tablet a la espera de un Internet estable y unas fotos que las acompañasen… El primer día de vuelta en Girona un hijo de siete padres me robó la mochila del coche con la Tablet y la historia dentro… Así que nada, me dispongo a correr la carrera por tercera vez, esperando tener la memoria en marcha y ser fiel a las sensaciones y emociones que viví en esta experiencia de vida, a la que podría ponerle tantos y tan variados adjetivos.
La idea de hacer la Swiss Peaks nació como un plan B. No es la primera vez que me toca buscar un segundo plato tras un resultado negativo en el sorteo del Tor des Geants. Así acabé en la isla de la Reunión en 2016, y así decidí buscar algún objetivo similar para este 2019. Ese objetivo apareció cuando Sergi, uno de los amigos del grupo con el que salimos a correr en Girona, me propuso un cambio de nombre para el dorsal que él ya tenía pero para el que no sentía suficiente motivación como para pasearlo durante semejante recorrido. Formato similar, montañas bonitas, lugares en parte desconocidos para mí, ubicación adecuada dentro del calendario… Los datos concretos: 360 kilómetros y 26000 metros de desnivel positivo (oficialmente, aunque cada vez hago menos caso de estos datos oficiales…), recorridos por toda la vertiente sur de la región del Valais (sur-suroeste de Suiza), desde el pueblecito de Oberwald hasta Le Bouveret, a orillas del Lago Leman. Buena opción, vamos allá. De esta manera se gestó este segundo gran objetivo de la temporada.
He de decir que la resaca del fracaso del primero de esos objetivos, el Mundial de Rogaine, no fue muy positiva. La decepción me dejó en un estado de cierta apatía e indiferencia, en el que iba viendo venir este objetivo sin la ilusión y la determinación que requería. Además, durante los entrenos las sensaciones puramente físicas de pronto fueron peores, como si alguno de los parámetros de funcionamiento del motor estuviese en un rango que no tocaba. Sea como fuese, las fechas se acercaron, llegó el momento de bajar ritmo de entrenos, descansar e irse para tierras suizas. Después de una visita a Lyon para recordar viejos tiempos, después de una incursión como espectador en el UTMB, después de estar una tarde en Les Houches preparando rollitos de mermelada, trozos de membrillo y paquetes de puré de patata, un viernes por la noche me presenté en Le Bouveret, donde me encontré con Josep, otro de los amigos del grupillo de correr, también apuntado a la aventura. El sábado fue el típico día previo a una carrera, con la particularidad de tener que hacer el trayecto en tren hasta la salida, en Oberwald. Esas cuatro horas en tren nos sirvieron para darnos cuenta de la magnitud de la tragedia… Por el camino, nuevos compañeros de viaje, Carles y Carlos, el primero de ellos veterano de la carrera y con el que compartimos hotel la noche antes. De esta forma nos plantamos en la mañana soleada del domingo 1 de septiembre…
El pueblo de Oberwald no es una gran metrópolis. Ni tampoco Chamonix, ni Courmayeur… Y estamos en Suiza, que no es Zegama… En fin, que el ambiente es tranquilo, por lo menos hasta que miras detrás de los ojos de este o ese corredor. Ahí sí se deja ver la incertidumbre ante lo que nos espera. Por mi parte, como me pasa muchas veces, de lo que tengo ganas es de dejar atrás las especulaciones y entrar en materia, dejar de pensar en lo que vendrá para fijarme en aquello en lo que estoy metido. Dejar atrás las incertidumbres físicas y mentales para pasar a tener que gestionar certezas. Silvano, el célebre speaker italiano que no pronuncia la “r”, va repasando el cartel de favoritos con su prosa refinada. Intento no escuchar demasiado… Top “no se qué” en el UTMB, tal posición en el Tor des Geants,… Venga va, cinco minutos, dejémonos de palabras…
Salida (Km0, 0h):
No es la música de UTMB ni de Cavalls del Vent, no os voy a engañar, pero tampoco me importa demasiado. Lo que necesito es esto, oír esta cuenta atrás, pasar bajo el arco y salir montaña arriba. Cruzamos el pueblo con ese trote de ritmo excesivo que canaliza las ganas acumuladas de la gente, mientras yo intento aclimatarme a la zancada y comprobar que nada falle, que no salte ningún bidón, que los nervios no hagan fallar ningún músculo… Todo en orden. Salgo del pueblo con 7 u 8 corredores delante y Josep un pelín por detrás. Un par de tipos con mochilas de Compressport, un corredor con zapatillas Nike, un tipo pelado y moreno de piel con camiseta de Tecnica, un suizo con el dorsal 1 que corre exageradamente de metatarso… Yo para nada, amortiguo con todo, traicionando los antiguos conceptos de mi época de ochocentista…
Me meto dentro de mí mismo y busco ese baile rítmico de trote y respiración ayudado por pequeños impulsos con los bastones. Los primeros dos kilómetros discurren por una pista semiasfaltada que pica para arriba. Es momento de guardar y que las pulsaciones no se disparen. Dejo que se abra algo de hueco entre mí y el grupo delantero. Me gusta la 7ª u 8ª posición. Suele ser un buen indicador de que voy al ritmo adecuado. Seis o siete personas agrupadas delante significa que hay cinco o seis que seguramente no van al ritmo que les conviene. En un tobogán de bajada la distancia se amplia, para reducirse después al llegar al primer sendero. Perfecto, a caminar…
Me adapto al modo caminante mientras llego a un bonito replano con colores resaltados por el día soleado. Troto un poco y me acerco a un corredor de azul que se ha quedado en tierra de nadie entre el grupo delantero y yo. Le alcanzo en el siguiente repecho. “When do you plan to arrive?” (a pesar de que las interacciones fueron en un mejunje de francés, inglés, italiano y lenguaje de símbolos, voy a pasar todo al castellano para no volveros locos)… “Bufff… La verdad es que no me gusta hacer muchas predicciones… No sé, espero que en algún momento del jueves, cuanto antes mejor…”. Pero vamos, que ahora mismo simplemente la idea de “llegar”, ya ni siquiera el jueves, me parece de lo más lejana. Se llama Yann y es de Annecy, con lo cual nos pasamos al francés. Ha venido con un grupillo de amigos o familiares y visto que llevamos un ritmo bastante parejo nos ponemos a charlar para amenizar el trayecto. La subida acaba y recorremos un tramo llano por un balcón de la montaña con vistas espectaculares hacia la vertiente norte del Valais. Una fina capa de nubes filtra algo los rayos del sol, cosa que se agradece porque en la salida picaba de lo lindo. El tramo llano poco a poco se va decantando hacia un descenso por bosque que recorremos de manera bastante relajada. Hay que guardar cuádriceps, gemelos y todo lo que sea. Con algunos relevos en cuanto a la cabeza del dueto, llegamos a una pista en el fondo del valle que tras unos 500 metros nos deja en el primer avituallamiento.
Ulrichen (Km 12, 1360m):
Cojo un plátano, repongo líquido y busco algo en el bolsillo de la mochila. Joder, no llego… Un poco más y me disloco un hombro… Venga, quítatela y no hagas gilipolleces, a ver si vas a tirar todo al retrete por no perder 5 segundos… Sin mucha más historia salgo del avituallamiento seguido de Yann y de otro corredor que ha bajado más rápido que nosotros. Las banderolas se meten por algún tramo de sendero que corta algunas de las curvas de la carretera que sube al Nufenen Pass. Pongo un ritmo de trote algo más ambicioso para ver si cojo un buen paso y me acerco algo a los de delante. Después del último cruce de carretera aparece un tramo de pista que se presta a llevar esa dinámica. Mis dos compañeros se quedan atrás y yo voy describiendo curvas hasta una casa donde se acaba el camino rodado. Las marcas cogen un sendero a la izquierda y describen unas cuantas revueltas, que sigo mientras miro montaña arriba para ver dónde están los de delante. Allí arriba hay uno trotando, ahí otro, y otro… Bueno, estamos ahí. La subida va aflojando y se vuelve a transformar en otro tramo en balcón pero algo más rompepiernas que el del tramo anterior. Aquí noto que los de delante se separan y me quedo en tierra de nadie. Casi mejor, fíjate en tu ritmo y no te emociones…
Voy bordeando la montaña, pasando vaguadas más o menos profundas, hasta una más marcada donde aparece una pista. Las marcas bajan por ella y la van alternando con algunos atajos por sendero. Poco a poco me voy metiendo en este nuevo descenso que me deja nuevamente en la llanura glaciar del fondo del Valais. Una nueva pista bordea a la izquierda y se mete hacia un valle más marcado. El avituallamiento tiene que estar por aquí… Pues no, las marcas empiezan a subir por un sendero. “Está lejos el avituallamiento?” le pregunto a un caminante. “No, no, en la ermita”. Miro hacia arriba y veo una iglesia en un saliente rocoso. Un duro repecho de unos 100 metros me deja en un bonito replano a la sombra con una fuente de agua que estaba espectacular.
Reckingen Stalenkapele (Km 27, 1444m):
Cojo algo de fruta, alguna galleta, y nuevamente repongo líquido y Tailwind en uno de los bidones. En medio de las operaciones de repente me doy cuenta de que hay un corredor al lado. Camiseta azul… Es de los que estaban delante? Quiero pensar que sí… He venido bien todo este tramo, no creo que me haya alcanzado nadie. Miro el dorsal… Italiano. Le miro, intentando establecer algún tipo de diálogo o interacción, pero no me hace mucho caso. Bueno, pues nada, me voy…
Salgo del avituallamiento por un repecho, con el italiano detrás. Llegamos a una pista bastante llana que me invita a trotar un poco. Me giro y veo que el italiano camina… Sí, seguro que iba por delante, se ha pasado de rosca y ahora está empezando a decaer… (Juassss, menuda vista que tengo…). Animado por lo que interpreto que es ganar una posición, sigo trotando por todo un tramo de pista pedregosa que sube por el fondo del valle. Venga, bien, tengo que llegar hasta allí al fondo y entonces subida a la derecha… En el cambio de dirección hay una pareja, no se si de voluntarios o de caminantes, que me indican el nuevo rumbo. Miro hacia allí y veo otra silueta. Perfecto, otra presa. La pendiente del sendero se acentúa y poco a poco la distancia con mi predecesor va disminuyendo. De repente, tras un pequeño escalón de la montaña me lo encuentro sentado en el suelo bebiendo de una botella. “Ça va?”… “Oooooouuuuuaaaaiiiiiii”… En francés, cuando te preguntan “qué tal”, el grado de alargamiento del “oui” es inversamente proporcional al convencimiento de tu respuesta. Este “oui” es bastante largo. El hombre está crujido.
Gano una posición y sigo superando escalones, ya por terreno de prados. La vista se abre y veo dos siluetas más delante, aunque la subida toca a su fin sin que consiga la distancia con ellas disminuya de forma significativa. Bueno, no pasa nada, estamos ahí. Preocúpate de no descuidar la comida… Eso hago durante estos primeros compases del descenso. Viene un tramo algo traidor, con algunos repechos intermedios y trozos de descenso no muy pronunciado y sin camino en los que toca empujar. Voy corriendo a un ritmo que me parece digno intentando no meter el pie en ningún agujero anti-tobillos. De repente oigo un ruido detrás de mí… Osti, el italiano… La camiseta azul aparece corriendo con soltura con los palos en bandolera. Llega a mi altura y me pasa, con una respuesta a mi saludo que o no existió o no escuché. Está concentrado el hombre… Lo cierto es que el tipo baja con una zancada envidiable. Pues va a ser que venía de atrás y no se estaba hundiendo…
Venga, no te duermas… Incremento algo el ritmo para intentar no perder comba… El prado se acaba y aparece otra pistilla de piedras bastante empinada. Parece que la distancia se estabiliza, aunque yo noto que he subido el ritmo y quizá no voy lo cómodo que debería. Bueno, no deberíamos tardar mucho para el avituallamiento del km43. La verdad es que me apetece, por no decir que empiezo a necesitar ese “break”. Otro ruido al lado mío… Coño, el francés. Bufff, esto sí que no me lo esperaba… Pero si estabas sentado en el suelo… Pues nada, el tío se ha recuperado y también baja mejor que yo. Yo no sé si a todo el mundo le pasa, pero yo soy especialmente sensible a estos cambios de tornas en los que descubres que ahora vas peor que alguien que hace un rato has visto hecho trizas. Me ha pasado varias veces y ahora nuevamente me mina la moral.
El francés me pasa y se va a por el italiano, que en una de estas se para en un reguero a coger agua. Tercer y último intento de interacción sin respuesta, así que sigo bajando por la pista buscando el avituallamiento, que se me antoja cercano. Efectivamente, tras un par de curvas aparecen unas casas y en la primera de ellas está montado el tenderete. Bueno, párate, come y bebe, porque estás entrando en el primer bache de la carrera…
Chaserstatt (Km 43, 1779m):
A ver, qué tienen para comer… Algo que me dé energías… Mira, un pastelito de frutas, tiene buena pinta. Me tomo mi tiempo. De hecho quiero que salgan ellos antes y poder bajar a mi rollo, sin referencias. Lo necesito. Vuelvo a recargar agua. Estoy bebiendo un montón, no se… Tengo como sed compulsiva… Hace calor, pero no para tanto…
Mis dos compañeros salen y yo lo hago un minuto después. Algo de senderillo, algún tramo de pista. Así va avanzando la bajada. Hago balance de la situación: después de un primer tramo de calentamiento, un segundo con algo más de alardes y una tercera subida con buenas sensaciones, la cosa se está empezando a torcer. Esta bajada “de empujar” es el típico terreno donde se demuestran las fuerzas y parece que esas fuerzas no se corresponden con las sensaciones que tenía hasta hace un rato y sí con las menos buenas de los entrenos previos a la carrera. Ahora llego a la primera base de vida. Es momento de comer bien e intentar volver a entrar en carrera, buscando el ritmo y la dinámica que puedo llevar en las condiciones actuales. Y sobre todo paciencia, al fin y al cabo no hemos hecho nada todavía.
Con estas reflexiones acaba la bajada y aparezco en un bonito puente tibetano al final del cual hay un tipo tomando fotos. Salgo al extremo opuesto y cambio de tercio, dejando el trote para más tarde y volviendo a caminar en un nuevo repecho. Se confirma mi falta de alegría. El ritmo no es del todo malo, porque al fin y al cabo yo cuando se trata de caminar, lo hago rápido, pero la dinámica interna no es positiva. En alguna recta vislumbro al francés, que parece que las subidas no son su terreno, pero no le recorto significativamente. Se acaba el repecho y troto de nuevo por un camino cómodo que baja en dirección oeste. Entre los árboles se puede ver ahí abajo todo el núcleo urbano de Fiesch. Las marcas me dejan en una carretera y siguen adelante, callejeando entre subidas y bajadas. Al otro lado del pueblo aparece la base de vida. Hace rato que la necesito…
Fiesch (Km50, 1062m):
“Las bolsas por aquí”… Recojo mi bolsa de vida… Y la comida?... “Allí arriba”… Bufff, escaleras para subir al restaurante. Me toca cargar con la bolsa. Si quiero aprovechar mientras como para ir cambiando material... Creo que son detalles a tener en cuenta por la organización para disminuir la diferencia entre tener o no asistencia. No estoy en contra de la asistencia, faltaría más, soy el primero que disfruta muchas veces de la compañía de mis padres. Pero creo que se debería tender, en la medida de lo posible, a que las ventajas de tener asistencia sean simplemente morales y no tanto logísticas. El plato de arroz con tomate y carne mejora algo mi estado de ánimo. Sigo con mi dinámica de beber compulsivamente y me fundo una jarra de agua, mientras voy pasando material de la bolsa a la mochila. Por ahí anda el italiano, el francés, el suizo del dorsal 1… Me da bastante igual, tengo que intentar comer bien y volver a entrar en carrera. Otra operación que me toca es cambiar de zapatillas. He salido con las Hoka Mafate Evo nuevas, que son cómodas pero me ha salido una molestia entre el metatarso y los dedos del pie que ya había tenido el año pasado cuando corría con zapatillas muy amortiguadas. Así que me paso a las Brooks Cascadia y a ver si corregimos la molestia. Venga, pongámonos en marcha otra vez. A ver qué tal se me ha puesto la gasolina.
Dejo la bolsa de vida otra vez en su sitio y salgo en descenso por las calles del pueblo hasta cruzar el río. Afronto un primer repecho suave que afronto mientras digiero la comida y un segundo en diagonal a la derecha, de unos 200 metros, que también me sienta relativamente bien. Paso un colladito y las marcas me llevan por otra diagonal, ahora a la izquierda, hasta cruzar un puente en otro valle secundario más profundo. Después de estos dos aperitivos, ahora viene la subida de verdad, donde vamos a ver en qué dirección vamos. Cojo el ritmo de caminante y afronto el primer tramo de subida, que discurre por un sendero en revueltas que va atravesando una pista que discurre más o menos en paralelo. La cosa empieza bien pero sigo necesitando beber mucho. Encuentro una fuente en un grupo de casas donde hay dos personas mirando. Les señalo el agua y me dan permiso para coger. Me cuesta controlar las ganas de pegar un trago infinito que de buen seguro me sentaría como un tiro. Salgo de las casas con algo de confusión por la falta de marcas y sigo con la subida, que va aflojando poco a poco para pasar a un tramo más llano a una altura de unos 1900 metros. Este tramo lleva flanqueando hacia la derecha hasta afrontar un segundo tramo de subida dura de unos 500 metros de desnivel.
Contrariamente a lo que parecería lógico, a medida que la subida afloja me voy encontrando peor. El recorrido discurre por una pista que pica para arriba pero suficientemente tendida como para estar “obligado” a trotar. Noto que me faltan fuerzas y ganas, así que voy bajando progresivamente el listón de la pendiente a partir de la cual me permito caminar. El flanqueo se me hace largo y voy buscando el valle definitivo por el que la carrera se enfile a la izquierda. Por fin aparece… Tengo cierto alivio de poder caminar sin remordimientos, pero esa sensación dura poco. El incremento de la pendiente enseguida pasa factura y va incrementando mis dudas y disminuyendo mi ritmo. El ritmo de paso-bastón-respiración cada vez se hace más cansino. El tío del mazo empieza a merodear, se pone a caminar a mi lado, salimos del bosque a los prados del bosque… Y me da en toda la cabeza. Veo el collado allá arriba, lejísimos, me parece… Bajón moral, se declara el estado de crisis… Afronto una rampa dura, ya sin ningún tipo de ritmo. Brazos adelante, empuja, sube una pierna, sube la otra… Voy avanzando como puedo. Debo parecer uno de esos “alpinistas” de las colas del Everest…
El bajón es físico y moral, y las dos componentes se van retroalimentando. He comido bien, todo según lo previsto. He bebido bien, de hecho me sorprende la cantidad de agua que estoy necesitando. He tomado sales, no tengo rampas ni nada. El ritmo que he llevado debería ser asumible, al fin y al cabo una media de unos 7 km/h con el tipo de terreno que hemos tenido no debería ser como para estar así. Evidentemente no es un ritmo sostenible durante 360 km, pero no es para estar así al cabo de 60 kilómetros. No me duele nada en concreto… Simplemente no tengo fuerzas. Es coherente con mis sensaciones del último mes. No sé, algo debe ir mal. No sé si estaré falto de hierro, de vitaminas… No sé… Algo falla. El tema es que no voy ni para atrás y en este plan no puedo plantearme completar el recorrido que tengo por delante. En medio de estos pensamientos depresivos va pasando, muy lentamente, este segundo tramo de subida hasta el collado de Furgerchaller.
Llego a la cima ya con poca luz. El paisaje al otro lado es muy bonito, con algunos rayos a lo lejos, muestra de esas tormentas que anunciaban pero que no se han llegado a concretar sobre nosotros (podríamos estar peor…). Al otro lado del collado aparece una pista, suave, picando para abajo… Nada, ni con esas… Totalmente apático sigo caminando por ella, siguiendo con las mismas reflexiones negativas. Pasado un rato me decido a trotar un poco. Va, que si no no llegaré nunca a ningún lado. Queda un repechillo, más tendido, intento trotar hasta que empiece la subida… Venga, ahora vuelvo a caminar… Este nuevo tramo de subida es relativamente cómodo. Son 200 metros de desnivel (netos), con pequeños tobogancillos, pero muy tendidos. Aunque vaya tieso, alargo un poco el paso y el ritmo es más o menos digno. Llego a lo alto del collado de Saflischpass (2561 m). La verdad es que las sensaciones no han mejorado, y tampoco lo hacen en el descenso. El camino baja flanqueando hacia la derecha bordeando la montaña por un sendero pedregoso que, oh sorpresa, me entra bastante mal. No consigo reunir fuerza física ni mental para correr de manera continua y me limito a saltos cansinos con un breve trote para caminar después unos metros antes de repetir la secuencia. Nada, no voy ni para atrás, ni subiendo ni bajando. Replanteemos la carrera. De esta forma parece impensable poder hacer 300 kilómetros más, ni siquiera a ritmo tranquilo. Ahora viene el avituallamiento del kilómetro 70. Quizá una opción sería pararme un rato a dormir, desconectar, esperar que llegue Josep e intentar seguir con él. Al menos el ir acompañado me puede hacer cambiar dinámica mental y seguir adelante con el recorrido, aunque sea de manera menos competitiva. El problema es que tal como voy no estoy para seguir a nadie y tampoco veo cómo pueden mejorar las cosas. Ya he vivido muchas carreras en las que se gira la tortilla, en las que pasas por crisis y después te recuperas. El problema es que hago un repaso mental de esas situaciones y siempre hay algún error detrás: o no había comido suficiente, o no había bebido, o falta de sales, o había salido demasiado rápido… Pero aquí creo que todo eso lo he hecho bien, simplemente me noto sin fuerzas. Siento que se confirman las dudas físicas con las que venía. En medio de estos pensamientos aparecen las luces del avituallamiento, al que llego perseguido por la luz de otro corredor que me ha venido recortando en el último tramo.
Fleschbode (Km70, 2134 m):
“Qué tal vas?”…”Mal”… Respuesta fácil, cortita y al pie… “Tenemos tartiflete!” me intentan animar. Hombre, una buena noticia! Venga, un plato a ver si me da algo de fuerza. Me preguntan por el problema y les hago un resumen de la situación. “Puedo quedarme a dormir?”… “No, aquí no se puede. Sólo se puede dormir en las bases de vida”… No? A ver, no necesito una suite, solo algún sitio donde tumbarme un rato… Nada, que no se puede. Eso me desmonta los planes… “Bueno pues, puedo abandonar?”… “No, sólo se puede abandonar en las bases de vida”… Pero cómo no voy a poder abandonar… “No, si quieres abandonar tienes que hacerlo en el kilómetro 109”… No, si ya sé dónde está la base de vida. Tu crees que puedo hacer 39 kilómetros con 3000 metros positivos que debe haber, tal como voy? Solo pensar en los 1600 metros de la siguiente subida me da algo. “Pero no veis que aunque quiera no sé si soy capaz de llegar?”… Nada… Aparece un hombre y me dice “Pero sabes vienes de una base de vida? Sabes que ahí podías abandonar?”… y encima en plan borde… Le miro incrédulo…”Señor, en 20 kilómetros tu vida puede pasar de aquí a aquí” le señalo con las manos… Vaya panorama, ahora además de estar fundido estoy cabreado. “Bueno, si quieres puedes dormir aquí, pero sólo dos horas” me dice una voluntaria que se apiada de mi. “No, es igual, me voy”…”Venga, creemos en ti”… “Yo no”…
Y me largo. Sigo bajando mientras discuto mentalmente con el hombre del avituallamiento… Será… Vaya y haga esos 20 kilómetros hombre, a ver qué le parecen… Venga va, olvídalo, ya tienes suficientes problemas como para además dejarte llevar por el lado oscuro. Sigo con el descenso por lo que parece una pista de esquí, hasta llegar a unas casas donde me quito el impermeable, que hace calor. Las marcas se meten por un sendero… Tengo una idea… Aquí abajo hay una carretera, puede que estén el grupo de franceses que siguen a Yann. Si están puedo abandonar e irme con ellos a la base de vida. A ver si hay suerte…
El sonido cada vez más cercano de algún que otro coche me indica que me voy acercando a la ansiada carretera. Después de infinitas revueltas una de ellas me deja delante de la carretera. Hay un grupo de gente con frontales… Son ellos?... Me saludan… Parece que sí, bufff, qué alivio.
Los gritos de ánimo bajan de volumen en cuanto hago un gesto con las manos de “hasta aquí hemos llegado”. “Qué tal vas?”… “Mal, mal, me paro, no tengo fuerzas.” Les repito a ellos también las mismas reflexiones… “Lo has pensado bien? Nosotros estaremos también en el kilómetro 97, que también se puede llegar en coche”… Ya llevo un rato con ello, sí. En cualquier caso hay que esperar a que llegue Yann, así que me siento un rato. Llamo a mis padres y les explico la situación. “Voy a esperar un poco aquí, pero en principio me voy con ellos a la base de vida”. Cuelgo y me quedo sentado en ese quitamiedos sumido en mis pensamientos. Una temporada bastante desastre, con dos fiascos absolutos en los dos objetivos principales. En este segundo, la decepción de no haberlo afrontado como requería, de no haber preparado mentalmente lo que supone enfrentarse a 360 kilómetros. Aquí estoy, fuera después de haber hecho la quinta parte… (llega Yann a muy buen ritmo y sigue adelante seguido de uno de sus amigos)… Pero es que el tramo anterior me ha dejado vacío. Sólo pensar en los 1600 metros de la siguiente subida… Es como dar cabezazos contra un muro… “Cómo lo ves?” me preguntan… Lo veo tan negro como claro… Y mañana qué?... Cuál es la perspectiva?... Mi idea era irme de vacaciones a los Balcanes después de la carrera, pero con qué ánimos me voy para allá?... Me vuelvo para casa, a currar y listos?... Será duro el viaje de vuelta. Qué agobio… Batidora mental… Sé lo que voy a pensar: me retiré después de sólo 20 kilómetros de crisis… Si hiciese otra subida... Si me siguiese encontrando mal me podría retirar más tranquilo…
La idea aparece en mi cabeza como una cuerda que avanza hacia mí. El único punto de salvación que ha aparecido en medio del abismo del abandono en el que llevo cayendo desde hace un rato. No habrá mas cuerdas, o te coges, o te vas al hoyo. Sin reflexiones, ahora o nunca… Levanto la cabeza… “Voy a probar”. Me levanto y salgo corriendo hacia la noche entre los gritos de ánimo de los franceses…


martes, 6 de agosto de 2019

World Rogaining Championships 2019

Supongo que much@s ya sabréis cómo acabó esto...

El Campeonato del Mundo de rogaine era el objetivo del año, por no decir la cita que teníamos en mente desde el buen resultado en el Campeonato de Europa de hace dos años. Muchos rogaines de preparación a lo largo de la temporada, carreras de orientación específica para seguir aprendiendo en los aspectos técnicos, los clasicos entrenos de Aligots de los jueves...
Así llegó la fecha y nos presentamos en La Molina el viernes al mediodía, para cumplir con el clásico ritual de recogida de dorsales, preparación del material y descansar para estar a punto al día siguiente. El día amanece con la mala meteorología prevista, que por lo menos nos da un respiro hasta el momento de recoger los mapas y empezar a preparar la estrategia. Como en todos los campeonatos de 24 horas, 3 horas para ese cometido, que parecen muchas pero se han de aprovechar a tope, ya que hay muchas combinaciones y es muy difícil optimizar el recorrido. Muchas especulaciones previas que toca poner en práctica en el momento que abrimos el mapa. Esto es lo que encontramos (os dejo el link que es más práctico que una imagen en la que quedaría todo demasiado pequeño):
https://tracktherace.com/es/world-rogaining-championship-2019/race
El terreno de carrera presenta unas zonas muy diferenciadas, tanto a nivel de vegetación como de relieve. En cuanto a la orografía, se podría simplificar diciendo que corremos en un valle que recorre el mapa del noroeste (zona baja) al sureste (zona alta), con las zonas altas que lo bordean y una vertiente al norte que baja en dirección a Francia. A nivel de vegetación hay toda una zona baja (por debajo de 1900 más o menos) de zona más boscosa, y una zona alta predominantemente de praderas abiertas. A falta de contar los puntos de las diferentes zonas nuestra idea era dejar la zona abierta para la noche, principalmente porque la orientación es previsiblemente más sencilla. El hecho de que la meteorología para las primeras horas sea peor, supone un punto más a favor de evitar las zonas altas durante las primeras horas. Nos arriesgamos a que haya niebla en la zona alta durante la noche, pero en el balance de pros y contras nos parece que es mejor dejar la zona abierta para entonces. Además, eso favorece una estrategia global que optimiza el desnivel y hace que la última parte de carrera sea predominantemente en descenso.
Teniendo en cuenta eso, para nosotros la manera óptima de recorrer el mapa es describiendo una U con eje en el valle. Algo así:
Como de costumbre, partimos de la base de no renunciar a ninguna zona, sino conectar todas las balizas intentando que haya bucles de donde poder "irnos desprendiendo" de las balizas que nos parezcan poco rentables, pero siempre teniendo en cuenta el ritmo que llevamos.
Una vez decidida la estrategia general pasamos a definir el recorrido en detalle. 
- Decidimos salir barriendo la zona que queda por debajo de la salida-meta, pasando por 25-48-33-43
- Seguimos por el fondo del valle cogiendo la zona por debajo de la Collada de Tosses, que tiene bastantes puntos y están bien conectados: 53-79-73-95-93
- La zona alta al norte del valle hay que barrerla en dos veces, una ahora y otra cuando volvamos en dirección sur. Nos parece que lo mejor es incluir ahora hasta 68, que si no quedaría muy colgada, haciendo lo siguiente: 56.46-96-68-30-49-86
- Recorrido por la zona baja del norte: 86-76-36-106-60-97, y añadiendo un bucle en subida-bajada para ir a buscar 66-67-88 y bajar a 108.
- De aquí subida progresiva en dirección sur: 108-26-77-57-87-37-63-29-107-75, bastante modificable en función de cómo lleguemos a ese punto.
- Bucle para cubrir la segunda parte de la zona alta: 75-58-90-65-85-45-105-50-55-35
- Recorrido por la zona alta hasta la Tossa d'Alp: 35-40-91-31-61-98-51-78-41-71-27-81-42-103-72-70-92
- Bajada hasta Alp: 92-52-32-62-82-69-89-102-64-44-99-109-74-28-84-54-80
- Vuelta a la meta por: 80-39-22-94-21-34-38-23-47-24-meta

El recorrido os deja bastante satisfechos. Presenta bucles que nos permiten descartar 10 o 12 balizas de manera bastante cómoda y con poca puntuación en juego. Además esos descartes evidentes están principalmente en la segunda mitad del recorrido (26, 57, 50, 71, 44-64, 28, 22, 21, 47, 24). También alguna de más puntuación como 98 o 103 que tocará valorar llegados a ese punto.
Aprovechamos el tiempo que nos queda para ir anticipando detalles sobre el ataque a las balizas y a las 11h40 nos vamos hacia el control de material y la salida.
Así llega la cuenta atrás y el dejar atrás las especulaciones:
Salida-25: Inicio ladera abajo, dejando que pasen delante 3 o 4 equipos para llegar a la baliza sin titubeos y entrando poco a poco en el mapa.
25-48: salimos al oeste y tras alguna duda encontramos el sendero que nos lleva en descenso por la vaguada hasta desviarnos para llegar a nivel hasta la baliza
48-33: salimos al este y vamos por pista y sendero hasta la carretera, cruzamos a la pista superior y buscamos a nivel hasta la vaguada, sin problemas
33-43: salimos a la pista y coincidimos con una serie de equipos. Error típico de inicio de rogaine, seguir a alguien que parece muy decidido y en realidad no tiene ni puñetera idea de dónde está yendo. Acabamos atravesando caminos con bastante descontrol. Por suerte como hay bastante gente por la zona alguien la acaba encontrando por K.O. y los demás vamos detrás.
43-53: salimos a nivel hasta la carretera y ponemos algo de pausa mientras avanzamos por ella, reubicándonos bien y atacando la baliza por el borde del privado y la vaguada que lleva hasta ella sin ningún problema
53-79: subida en diagonal hacia el norte hasta encontrar un camino que nos lleva a la baliza sin problemas
79-73: bajada en diagonal al sureste hasta la pista del fondo del valle, trote suave hacia arriba (este es el terreno que nos va bien), pequeño atajo para ahorrarnos una revuelta y nuevamente por pista hasta debajo de la baliza, que atacamos subiendo en diagonal y tras tantear un poco más abajo la encontramos en medio de unas rocas
73-95: volvemos a la pista, bajamos por el cortafuegos y seguimos por pista, sin mayor historia para conseguir fácilmente estos 9 puntos.
95-93: Volvemos a la pista y seguimos en dirección noroeste, para seguir por la loma en dirección al fondo del valle. Cruzamos el río y remontamos el espolón enfrente hasta encontrar otros 9 puntos de forma bastante cómoda
93-56: Bajada en diagonal (norte) hasta el fondo del valle y aprovechamos una trocha para subir hasta la carretera. 100 metros de desnivel que se hacen bastante largos. Recorremos un trozo de carretera hasta la curva y subimos enfrente para aproximarnos a la baliza ganando desnivel progresivamente. También la encontramos sin problemas
56-46: vamos a buscar una pista cómoda que nos permite comer de forma relajada, hasta un desvío y tras un breve tramo por una nueva pista salimos de frente por la vaguada para aproximarnos a nivel hasta el control. También sin problemas
46-96: salimos al noreste hasta un claro y tras un breve tramo de pista cogemos una vaguada que va en dirección a la baliza. Un camino sorpresa no dibujado en el mapa nos facilita el trabajo. Una vez en el fondo del valle cogemos un sendero paralelo al río para tomar referencia en una roca, de ahí al cortado inferior y de ahí ganar 20 metros hasta la baliza. Opción más conservadora pero más segura respecto de atacar a nivel
96-68: por una serie de pistas pasamos por el punto de agua y atravesamos campo a través por terreno fácil hasta confluir hacia una nueva pista que nos acerca a la baliza. Atacamos subiendo ligeramente y la encontramos relativamente fácil. Contentos porque es la típica que se puede atravesar.
68-30: deshacemos camino y por caminos nos acercamos al control para atacar desde la zona superior. La vaguada se identifica bien, así que sin problemas.
30-49: salimos a nivel hasta alcanzar la loma y bajamos por fuerte pendiente hasta encontrar la curva de la pista inferior. Breve trozo por camino y subimos en diagonal orientándonos por el relieve y acabamos atacado un pelín desde arriba. Coincidimos en el control con el equipo de Laia y Neus, que parecen venir de la 86.
49-86: hacia allá nos vamos nosotros, pero como la vegetación pinta complicada, hemos decidido rodear por la parte superior. Damos con un sendero que describe un par de revueltas y conectamos por una pista que nos aproxima al control sin problemas.
86-76: tomando como referencia las curvas de la pista, salimos a nivel hasta dar con la pista de la loma tras la cual está el control. Cuesta algo atravesar hasta el terreno abierto pero una vez ahí bajamos por trazos de sendero con la ventaja de que el relieve se identifica bien. Las ruinas de la baliza quedan algo escondidas pero las encontramos sin demasiadas dudas. Al llegar me doy cuenta de que he perdido un bidón. Mierda...
76-36: salimos loma abajo con la intención de encontrar un sendero que sale en el mapa. No damos con el y la vegetación tiene mala pinta, así que tomamos la opción de bajar hasta la línea eléctrica, que nos permite avanzar bastante bien. El problema lo tenemos al salir a la carretera, que tiene un muro de 3 metros bastante incómodo. Acabamos encontrando la manera de destrepar y seguimos carretera abajo para cruzar un collado y llegar a la baliza. 3 puntos caros en tiempo pero creo que no se podía hacer mucho más.
36-106: el parcial anterior se compensa con este, en el que una vez encontrado un sendero fichamos estos 10 puntos de manera bastante barata.
106-60: parcial largo pero que tiene bastante tramo de carretera. Por pecar de ambiciosos perdemos algo de tiempo en la salida de la baliza, al encontrarnos con una zona de vegetación difícil. Más al oeste sí que damos con la red de carreteras y a partir de ahí no queda mas que correr hasta el pueblecito justo antes de la baliza. Intentamos ganar la carretera que da acceso a la baliza pero nos confundimos con unas escaleras que no tienen salida en la dirección correcta. Acabamos rodeando por la zona superior y yendo a nivel salimos a la carretera finalmente, perdiendo algo de tiempo pero sin que sea una catástrofe. Una vez aquí, sin problemas.
60-97: salimos en descenso hacia la carretera y avanzamos rápido por ella. Cogemos un camino entre campos y atravesamos en dirección a la baliza, cogemos un camino en ascenso sin tenerlo del todo claro y al final nos ubicamos a base de seguirlo hacia arriba. Una vez aquí lo mejor es atacar la baliza de forma segura y desde arriba. No era lo óptimo pero no creo que perdiésemos mucho tiempo.
97-66: tras las dudas de la anterior, esta resulta más sencilla, saliendo a la pista, siguiéndola en ascenso, breve tramos a nivel y más pista.
66-67: seguimos la pista hacia arriba, atravesamos en diagonal hasta el espolón y por otro camino, a nivel hasta el fondo de la vaguada. Aquí viene el tramo complicado subimos en diagonal en dirección noreste, bordeando por arriba un terreno abierto un tanto difuso. La vegetación no es sencilla pero acabamos dando con la vaguada del control y justo en el claro que toca. No obstante, el control está marcado en el extremo norte y tras perder algo de tiempo lo acabamos encontrando más al sur.
67-88: atravesamos a nivel hasta una pista y descenso, sin problemas. Sientan bien 8 puntos fáciles a estas alturas.
88-108: salimos por el punto de agua y conectamos por un sendero en dirección norte. A partir de ahí vamos cruzando campos, unos más cómodos que otros hasta que damos con un sendero que va rodeando el relieve hasta el valle de la baliza. Me cuelo y la busco a la derecha antes de lo previsto, pero corregimos y la acabamos encontrando algo más allá.
108-77: nuestro ritmo ha bajado algo, así que es momento de soltar lastre y renunciar a 26 y 83, para subir directamente hacia 77. Lo hacemos por lo alto de una loma y después a nivel. Aurelio pasa por un mal momento (pensaba que nunca lo vería así) y nos cuesta algo llegar al control, aunque a nivel de orientación no presenta muchos problemas.
77-87: salimos en dirección a la 57 pero creo que son 5 puntos que no nos van a ser rentables al ritmo que vamos ahora, así que corregimos y vamos en dirección a 87. Salimos a una pista y por reducir un poco el desnivel, decido atravesar a media ladera. Vegetación algo más complicada y algunos tropezones que no imagino cuán determinantes serán. Al llegar a la baliza voy a fichar... Y no hay pulsera. No hay sportident. Mierda... 
Cuántas veces me ha dicho Aurelio que lleve una goma adicional de seguridad... Estoy hundido. Nunca me había pasado. Una vez a Jaume, mi antiguo compañero de batallas, se le rompió el sportident, por la mitad, pero nunca se me había roto una pulsera. Nos planteamos qué hacer... Sin pulsera es descalificados. No hay mucho más que hablar. Nos planteamos la opción de seguir, aunque sea sólo para saber lo que hacemos, extraoficialmente pero Aurelio lleva un mal rato y con esta decepción adicional... No vemos claro hacer 16 horas más con la sensación de que en cierta manera son inútiles... Así que nada, miramos el mapa y visualizamos la vuelta hacia la meta. Me ahorro esas tres horas de vuelta, con la cabeza y el alma masticando sin parar un cúmulo de ralladas...
Poco que decir. Mucho tiempo preparando este día para que al final falle esto... No sé qué habríamos hecho... No tengo dudas de que Aurelio se hubiera recuperado, de hecho lo hizo de camino a la meta. No habíamos hecho grandes fallos. Hubiésemos visto por la noche... En fin, es hablar por hablar. Los primeros días la verdad es que no tenía ganas de volver a pensar en rogaines. Ahora lo veo menos negro. Tocará mejorar cosas de cara al futuro y recuperar la motivación para volver a competir en carreras de nivel como era esta. Mi reconocimiento y mis disculpas a Aurelio por el error cometido. Él también tenía muchas ilusiones puestas en esta carrera... No quiero acabar sin felicitar a la organización por el trabajo enorme que se han pegado desde hace muchos meses. La situación el día D no fue fácil teniendo en cuenta la meteorología y a pesar de que se ha generado un poco de controversia con el tema de las pulseras, francamente yo siempre he corrido con ese tipo de pulseras y nunca había tenido problemas. Intentar generalizar el uso de pulseras de tela puede ser una buena opción y más segura, pero no lo veo como algo reprochable para esta ocasión. Me siento el principal culpable de lo ocurrido y como dijo Luismi Martín Berlanas después de una final olímpica de 3000 obstáculos: "A toro pasado todos somos Manolete".

Besos y abrazos