domingo, 21 de julio de 2019

Olympus Ultra

Buenas! Vamos a rescatar el blog, antes de que me envíe a paseo…

Hace un par de semanas… no, tres, soy un desastre… estuvimos descubriendo nuevos lugares por tierras griegas. Allá por el mes de marzo, hablando con Dani, surgió la idea de correr el Olympus Marathon y para allá que nos fuimos con él y con Gerard. Finalmente yo me apunté a la carrera larga, de 70km y 5500m de desnivel positivo, básicamente buscando coger algo más de fondo y un último entreno de calidad antes del Campeonato del Mundo de Rogaine. Después de un viaje largo, con 3 horas de avión y 500 kilómetros de coche en dirección norte, nos plantamos en Katerini, a pocos kilómetros de la salida. Ritual típico del día antes, recogida de dorsales, preparación del material y llega la madrugada de la salida. Alguien de la organización me puso en contacto con otros dos corredores con los que me puede acercar al punto de salida. Allí llegué a unas cálidas 3h45 de la mañana.
Dos minutos antes de la hora un tipo de la organización suelta un discurso que tiene pinta de briefing, aunque evidentemente no entiendo nada. Acabada la charla suena lo que interpreto que es una cuenta atrás y sin más protocolo salimos por la carretera en dirección al pueblo. Como no podía ser menos y como pasa en todas las carreras del planeta, un grupo de tres corredores sale a ritmo de mil quinientos. Los 3 o 4 primeros kilómetros son de asfalto amplio, así que no hay prisa por pillar sitio, menos aún siendo pocos corredores. Así que cojo mi ritmo y voy cruzando el pueblo por una calle en ligera pendiente. Saliendo del núcleo urbano veo que uno de los tres ya ha decidido que la cosa no va con él y lo atrapo al cabo de poco. “Good luck!”… “Yes, Good luck!” y paso delante siguiendo a los dos primeros, con los que la distancia se ha estabilizado. Ya fuera del pueblo voy recortando muy poco a poco y empiezo a oír como van charlando en inglés. Así que serán extranjeros… Qué tal serán?... Hombre si han venido de lejos… De momento que charlen, yo la verdad es que cuando corro soy más de guardar el aliento. Acabo llegando a rueda y me quedo ahí sumido en mis pensamientos hasta que llegamos a una curva donde un voluntario nos manda por una pista de tierra que pronto se convierte en un sendero.
Los dos corredores sacan los palos y yo, como no tengo palos que sacar, aprovecho el momento y me pongo delante. Troto un poco, mientras mis dos acompañantes se ponen a caminar. Venga pues camino y aprovecho para comer, que ya me toca el primer rollito con mermelada. Aun así veo que se genera algo de distancia entre nosotros. La verdad es que no aprieto especialmente pero no hacen intención de seguirme. Bueno pues nada… La verdad es que estaría bien ir acompañado, al menos un rato, pero tampoco me voy a frenar, así que me fijo en mi ritmo y mis pulsaciones y adelante. El sendero es de caminar, pero tampoco con pendiente exagerada. Salgo a una carretera y no veo marcas. “Do you know the way?”…”Yes, yes, up!” me gritan. Pues venga, up. Troto unos 200 metros de asfalto y las marcas vuelven a mandarme por un sendero. Otra vez a lo mío, manos a las rodillas, ahora troto un poco porque llanea, ahora vuelvo a caminar, ahora baja a cruzar un río… Sin pensarlo mucho lo cruzo, metiendo los pies en el agua hasta los tobillos. Vaya no hay marcas… Me giro… Mierda, al otro lado… No hacía falta cruzar. Venga pues otra vez agua hasta los tobillos, mientras llegan los dos perseguidores.
Vuelvo a pillar el camino y pongo un plus de atención para seguir las marcas, que por otro lado están bastante bien puestas. Vuelve a ampliarse la distancia y ahora ya mas estabilizado cojo el ritmo y la pausa correctos para ir ganando metros mientras el paisaje se va abriendo con las luces de los pueblos costeros cada vez más bajas. Aparecen las primeras luces del amanecer y parece que el cielo está algo nublado, lo cual es una muy buena noticia. Estos dos días por la zona nos habían hecho entrar el pánico con el termómetro. Pasada la hora y cuarto de carrera salgo a un tramo de pista que me lleva hasta el primer avituallamiento (km10). Buen ritmo y buenas sensaciones, que me hacen saludar con una sonrisa a unos cuantos animados voluntarios que están encargándose del chiringuito.
Koromilia (km10,4):
Cojo algo de agua y un plátano y tiro adelante. El sendero atraviesa una zona de bosque y sigue alternando tramos corredores con rampas de andar. Intento controlar el ritmo, sin dormirme pero sin animarme en exceso. Cae otro trozo de membrillo y voy dándole sorbos al Tailwind. Creo que los dos bidones me dan no recargar en el avituallamiento del 15 y aguantar hasta el del 21. Se va haciendo de día y apago el frontal. Sin más historia aparezco en un prado donde vuelvo a ver un grupo de gente junto a una mesa con bebidas y comidas.
Petrostrougka (km15,8):
Relleno agua en el bidón que tengo más vacío y cojo un par de trozos de naranja. Por lo demás en principio llevo toda la comida que necesito para la carrera. Salgo del avituallamiento hacia arriba… “Ep, ep!”… Me para un voluntario… “Ultra, here”… Y me enfoca prado abajo. Anda, pues no estaba seguro de dónde quedaba este avituallamiento pero eso debe querer decir que ya me he ventilado la primera subida. Mira que bien…
Enseguida me doy cuenta que las características del camino han cambiado por completo. Toda la subida anterior, que coincide con el recorrido de la maratón, discurre por buen camino que debe ser la ruta de ascenso al Monte Olimpo desde el pueblo de Dion. Ahora el sendero es una traza difusa que baja en diagonal por el bosque. El itinerario es técnico pero afortunadamente está muy bien marcado y no hay lugar a dudas prácticamente en ningún momento. La rodilla me da algún aviso así que nada de bajar a lo loco.
Con algo de calma pero mantengo un ritmo bastante digno, trotando bien en los flanqueos y bajando a saltitos controlados en los tramos de más pendiente. En esta tónica el itinerario va bordeando vaguadas hasta un descenso más marcado que me lleva al tercer avituallamiento.
Mastorouli (km21,9):
Llevo aproximadamente tres horas de carrera, así que el ritmo es bueno. Ahora sí que repongo con dos sobrecitos de Tailwind. “You are hurted!” me dice una chica del avituallamiento. Tengo rascadas en la mano que no se de dónde han salido. Bueno… en peores plazas hemos toreado. Una vez resueltas las operaciones me despido entre los ánimos de los simpáticos voluntarios y sigo adelante. En algún momento tengo que empezar la segunda subida. Del mapa, recuerdo que el recorrido iba flanqueando hacia el oeste, con varios repechos y bajadas hasta llegar a una sierra por la que discurría este segundo ascenso. Como en el mapa no salían colocados los avituallamientos no sé muy bien donde queda el siguiente, aunque sí que es el km29. Ya veremos…
De momento el terreno sigue siendo técnico y entretenido y el calor no aprieta. Camino cuando los repechos se alargan o son demasiado empinados y troto el resto del tiempo, manteniendo aún las buenas sensaciones. Van apareciendo más valles y la cosa no parece querer tender hacia arriba. Miro el reloj y ya estoy en el km26,5 (que como el GPS se ha activado tarde) debe ser más del 27. Ahí delante hay un espolón muy marcado. Debe ser ahí donde está el avituallamiento y la subida empezará después. Efectivamente, un último flanqueo me acerca a la arista y una cabeza asomando tras unas rocas me anuncia la llegada del nuevo avituallamiento.
Krevatia (km29,1):
Nuevamente gente muy agradable que me ayuda a rellenar el bidón, me dan ánimos, me preguntan “where are you from” y se preocupan por todo lo que puedas necesitar. Recargo nuevamente agua en el bidón más vacío, me como uno de los sobres con patata (guardo el Tailwind para el próximo) y salgo hacia arriba. “Now is uphill?”… “Yes, quite steep!”. Pues venga. Efectivamente, tiene pinta de ser más seria que la anterior. El primer tramo sigue siendo boscoso, pero cada vez hay más claros,  y desafortunadamente cada vez hay más sol. A ver si puedo ventilarme esta segunda sin pasar mucho calor. No se si es por el sol, por la pendiente o por los kilómetros, pero esta subida la hago algo menos alegre que la primera. Me empiezo a acordar de los palos… Aaay, los palos… En fin, es lo que hay, al menos entrenamos para el rogaine. Intento adaptar el ritmo de respiración como cuando los llevo y voy superando rampas separadas por breves rellanos hasta que llego a un prado superior con un vértice geodésico. Salgo al otro lado y como algo porque me da la sensación que empiezo a ir justo de gasolina. Se me ha perdido el papelito donde llevaba apuntado el planning, pero más o menos me acuerdo.
Diría que ahora tiene que empezar a bajar. Allí al fondo hay un control de paso, debe ser eso… Pero las cintas giran a la izquierda y van siguiendo una carena que va superando diversos montículos. Vaya… La verdad es que me gustaría empezar a bajar, un poco porque empiezo a estar cansado de subir y un poco por evitar que me vean los perseguidores. Mejor que se piensen que estoy lejos… Pero nada, las cintas me llevan de loma en loma mientras yo miro de reojo esperando ver algún corredor a lo lejos. No veo nada, pero la verdad es que tampoco escaneo lo suficiente como para convencerme de que no están. Venga va, mira para adelante, preocúpate sólo de lo que hay delante, pisar bien, comer bien… Gestionar bien tu carrera.
Finalmente no hay más lomas y las cintas giran a la derecha. Digo que giran las cintas y no el camino, porque no hay camino. El recorrido te manda por una pendiente empinadísima de hierba sin piedad. Al poco se mete en el bosque y al menos puedes apoyarte en los árboles pero el descenso se hace bastante lento. La cosa sigue feúcha bastante rato hasta que se acerca el fondo del valle y la cosa suaviza un poco. Si no me equivoco el avituallamiento siguiente estaba en el km40, pero poco después de pasar un cartelito de “km36” me encuentro un tipo que sube y está preparado con la cámara. Será un motivado o quizás el avituallamiento está más cerca de lo que pensaba? Me sigue por detrás y me graba mientras charlamos y le pido que me pase el vídeo y las fotos. Le empiezo a dar mi teléfono pero se le ocurre la obvia solución de Facebook. La parte buena de que ahora estemos todos controlados. Efectivamente el avituallamiento está más cerca de lo esperado (km37).
Xerokalli (km37… bueno, pongo el nombre que salía en la tabla y el kilómetro que me marcaba el reloj…)
Siento que necesito comer algo más contundente así que pido un plato de pasta con tomate y cojo algo de patata que tienen allí. “I think you are in record time” me dice un chico del avituallamiento. Hombre, estoy contento con el ritmo pero récord (9h23 de Jordi Gamito) ni de coña. “Next station is at the top?”… “A little earlier”… Venga pues mejor.
Salgo al trote por una pista, que resulta prolongarse durante unos tres kilómetros. Sospecho que el avituallamiento debía estar previsto para aquí. Bueno… Lo cierto es que estos tres kilómetros de trote medio “regalado” me ha venido bastante bien. Ahora las marcas se meten por un sendero y llevo una marcheta bastante animada. Creo que la pasta me ha sentado bien.
Pero el bosque escasea cada vez más y las cintas se meten en un prado donde el sol está cayendo a plomo. Tomo referencias de tiempo por si veo más tarde a algún perseguidor. Cruzar la rampa me lleva unos 15 minutos. La buena noticia es que pasado ese tiempo no veo a nadie detrás. La mala es que se ha girado las tornas en mi interior. Empiezo a notar síntomas más claros de flaqueza. Busco una pastilla de sales pero están todas rotas. Las dos últimas ya estaban así… Pues vaya… El valle gira y el sendero sigue bajo el sol, incómodo, empinado… Y debe quedar un huevo de subida aún, eran 1600 metros de desnivel… Me da miedo sufrir un bajón más serio con el calor. Cuando es cuestión de comida más o menos lo controlo, pero aquí… Voy superando repechos, más lento de lo que me gustaría y al final veo una pista allí arriba por la que caminan dos personas. Debo estar acercándome al avituallamiento.
“Congratulations!” me dice un tipo que va en una moto por la pista. Gracias hombre, ahí vamos, hemos tenido momentos mejores. En un trozo plano me animo a trotar, no os negaré que en parte para no ofrecer una imagen de “doblez” absoluta (bastante real, por otro lado) que sea transmitida a algún perseguidor. Tras un par de rampitas por fin aparece un refugio y un tenderete donde tienen montado el avituallamiento. En medio de un solano de justicia y levantando una mano poco enérgica a modo de saludo me acerco a la anhelada sombra.
Skollio (km46) (en realidad Skollio es el pico pero bueno, le llamaron así al avituallamiento):
Cojo varios trozos de “helenika Orange” y un vaso de agua refrescante, y relleno los bidones. El resto de la comida no me parece tan atractiva y tengo ganas de acabar con la subida, que sólo me quede bajar. Salgo del avituallamiento trotando un poco en un tramo llano, pero enseguida vuelvo a la misma tónica cansina en cuanto el sendero se empina hacia arriba. Vuelvo a echar de menos los palos. Qué bien vienen para tirar de cualquier lado cuando vas tieso… Miro al suelo e intento coger el ritmo de respiración-paso-bastón, pero sin bastón. Intento convencerme de que la cima está cerca, más de lo que parece. Busco cintas más arriba pero resulta que el camino hace una diagonal hacia la derecha, hasta un collado. Mejor, pendiente más progresiva. Me acerco a la divisoria y miro de reojo hacia abajo. A pesar de la caída del ritmo en la última hora no veo nadie hasta el avituallamiento. Creo que llevo una ventaja de al menos 20 minutos. Salvo desfallecimiento total debería valer. El calor ha hecho mella pero supongo que para todos, y en la bajada espero recuperar algo de ritmo.
Pero todavía queda un último repecho hasta la cima del Skollio, donde hay un control de paso. “The hero!” me gritan unos excursionistas. Hombre… En las pelis tienen otra pinta… Pregunto si hay agua pero aquí no hay nada, así que sin perder un segundo inicio la bajada. Las piernas están torpes y el primer trozo es muy pedregoso y técnico así que me cuesta algo coger el ritmo, pero poco a poco voy recuperando el paso hasta llegar a un cruce, donde de repente aparece toda la retahíla de corredores de la maratón. Se trata más bien de la parte media-trasera, así que enseguida veo que esto va a ser un problema. Lo bueno es que no tengo demasiada prisa. Suerte… En un final apretado esto sería un caos… Voy pidiendo paso, unas veces con timidez, otras con algo más de morro. Al final adopto el mensaje de “Sorry, Ultra, left” a modo de intermitente y voy pasando corredores que me lo ponen más o menos fácil. Llego a un primer avituallamiento de bajada (km57), donde me como el sobre de patata que me falta para abortar cualquier posibilidad de pájara en lo que queda, complementado con agua fresca y fruta del avituallamiento. Dos o tres minutos bien empleados y a seguir, con un ritmo de carrera más o menos aceptable, fuerzas algo renovadas, pero sin forzar demasiado el paso.
La bajada transcurre sin mayores sobresaltos, adelantando corredores de la maratón, describiendo innumerables revueltas y cubriendo el interminable camino de descenso que se va metiendo por el desfiladero. A medida que bajamos van apareciendo más y más excursionistas con lo cual el atasco va empeorando. Paso por una ermita en una cueva, que he visto en vídeos y donde los corredores locales se acercan a tocar la pared. Hago lo propio y sigo bajando escaleras. Empiezan a aparecer repechos traidores de esos que duelen cuando llegas justo de fuerzas y de tiempo. Ahora duelen algo pero también me vienen bien para cambiar un poco de tercio. Hace calor, pero afortunadamente hay bastantes trozos en sombra y no lo paso tan mal como en la subida de antes. Además hay bastantes avituallamientos y puedo ir echando tragos cada poco rato. A falta de 6 o 7 kilómetros aprovecho para probar sensaciones con un gel de cafeína que llevo. Creo que no me era imprescindible, pero el resultado es positivo. Bueno saberlo para otro día.
Después de unas cuantas trampas de esas que no se ven en el perfil, el paisaje se abre y aparece el pueblo de Litochoro. Una breve travesía hacia la derecha me deja en una pista que se acerca hacia la parte superior del pueblo. Un tipo con una moto se aproxima y me acompaña en el último tramo, tocando el claxon de manera que la gente se entere de que algo raro pasa y me aplaudan. La calle en bajada me ayuda a coger un ritmo algo elegante y disfrutón. Finalmente aparece el parque, la última curva y la recta final. La mar de contento cruzo la meta en una primera posición que me sabe la mar de bien! 😊
Poco más que decir, una bonita experiencia conociendo nuevos lugares, recomendable para aquell@s que busquen descubrir otros horizontes y otros lugares.
El fin de semana que viene es el día D. Esperemos que las fuerzas y la cabeza nos acompañen y la cosa vaya bien. Qué quiere decir que vaya bien… Acabar sin remordimientos y con la sensación de que lo has hecho lo mejor que has podido.
Besos y abrazos

jueves, 6 de junio de 2019

Els Bastions 2019


Esta tenía que ser una crónica diferente, después de todo el año explicando balizas y estrategias, y supongo que realmente lo será, aunque no de la manera prevista o que hubiese preferido... Vamos allá antes de que se me olviden los detalles.
Añadí esta carrera en el calendario del año con la intención de hacer una prueba larga con una antelación suficiente antes del Mundial de Rogaine de la Molina. Dos meses de margen y un terreno bastante caminador y semejante al de La Molina hacían de Bastions una candidata ideal dentro del plan de preparación. Además, siendo cerca de casa todo es más fácil de cara a tener apoyo moral y logístico durante la prueba. En este caso, en lugar de contar con la ayuda de mis padres la asistenta de lujo fue Mònica, que se portó de maravilla en su toma de contacto con los avituallamientos. Y así llegó el día, con una mezcla de ganas y de incertidumbre por no saber cómo respondería. Más nervioso que de costumbre, me voy para la salida a las 12 de la noche del viernes.

(Intercalo fotos para ambientar pero obviamente las del tramo de noche no cuadran con el momento en que pasé yo...)

Salida:
Suena la cuenta atrás, y salimos corriendo calle arriba, dejando atrás la salida y las especulaciones. Como siempre, sprints y ritmos sin más sentido que el de coger una buena posición de cara al sendero de turno que te deja sin posibilidades de adelantar. Cuando se estabilizan las cosas me quedo en 5ª o 6ª posición, intentando coger el ritmo de respiración adecuado. La subida es en dirección al Taga, coincidiendo con el recorrido de llegada, y alterna tramos de sendero con pistas de 4x4 que se usan para el ganado. En un tramo de pendiente más llevadera me pasa un tipo flechado. Yo voy a lo mío. Soy consciente de que a estas alturas de la carrera es muy fácil hacer alardes que sin darte cuenta te pasan factura cuando menos te lo esperas. Creo que después de tantas batallas he llegado a un punto en que soy capaz de detectar el ritmo adecuado para mí al inicio de la carrera. Y ese ritmo no es el que llevan los cinco corredores que tengo delante, así que dejo que se vaya abriendo un hueco con ellos mientras entramos en una zona más llana que nos tiene que llevar hasta el pueblo de Bruguera. Estaría bien no perderlos de vista para no tener que estar tan concentrado con las marcas, pero bueno, puestos a elegir, lo primero es no salir de punto. Satisfecho con el ritmo y disfrutando con el paisaje de luces de Ripoll en la lejanía, bajo hacia Bruguera con otro corredor pisándome los talones.
Cruzamos el pueblo y nos encontramos con unos amigos de mi nuevo compañero. "Vas y Benoit! Les premiers ils sont à 2 minutes". Mira... francés... vamos a practicar un poco. "Tu viens d'où?" le digo. "Ah! Tu parles français?"... "Un peu, oui, j'ai habité 2 ans à Lyon"... Y así rompemos un poco el hielo, hasta que nos pasamos un desvío y llego a la conclusión de que mejor dejar la cháchara para otro rato en que el camino sea más obvio. Nos metemos por un sendero bastante incómodo con muchas piedras anti tobillos y cables traicioneros, pero salvamos relativamente bien la papeleta y llegamos abajo junto con otro corredor que se nos ha unido por detrás. El grupillo de tres cruzamos la carretera e iniciamos la nueva subida. El nuevo acompañante tiene una forma de correr extraña. Alterna tramos de caminar donde no sería del todo necesario, con cambios de ritmo con los que nos adelanta con aparente facilidad. En cambio Benoit es más de los míos, ritmo constante y equilibrio. Por mi parte, así en el tramo inicial he tenido buenas sensaciones y la impresión de ir al ritmo que tocaba, ahora empiezo a notar que me falta chispa. No voy asfixiado de respiración ni de pulsaciones, no me duelen las piernas, pero no soy capaz de imponer un ritmo fuerte en este tramo de caminar, que normalmente es mi terreno favorito. Además, empiezo a tener malas sensaciones de estómago, no sé si por los nervios de antes, porque algo me ha sentado mal, o porque sencillamente las fuerzas no son las que tocan. En este plan llego al primer avituallamiento de Els Baells. Entramos los tres justo al tiempo que salen dos de los cinco que llevamos delante.

Els Baells (Km12, Avituallamiento 1):
Mi principal preocupación en el avituallamiento es conseguir papel de váter. Llevo líquido y he comido lo previsto pero tendré que parar para ver si consigo cambiar las sensaciones. Salimos del pueblo por una pista y al entrar en un sendero encuentro un buen lugar para las operaciones. El resultado es satisfactorio y las sensaciones de estómago van mejorando, aunque sigo sin sentirme Superman en las subidas. Bueno, paciencia... Nuevamente con Benoit y el chico de los cambios de ritmo, seguimos con esta segunda subida. Me gusta llevar a mi el ritmo, así que a la que puedo me pongo delante y enchufo el piloto automático. Al cabo de un rato veo dos luces delante mío. No está mal... Al menos no voy más lento que los de delante. Poco a poco vamos recortando y alcanzamos a nuestros dos predecesores justo al llegar a la pista superior de la montaña, que nos conduce al Refugio del Covil, donde hay un control de paso. Afrontamos la bajada, ya en forma de grupo de cinco. Los dos nuevos acompañantes, un chico de verde y uno de azul, que tiene aún peor carraspera que yo y va emitiendo sonidos guturales que nos van marcando el ritmo. Yo en la bajada me encuentro algo mejor. Las piernas las siento bien, la chispa aquí no influye tanto, no me duele nada y puedo coger una buena zancada que hace que mantenga el ritmo con relativa comodidad. No obstante, algo antes de llegar al pueblo de Campelles en un tramo de sendero el tibial que me ha dado la lata estas semanas atrás me hace un amago. "Mierda" esto sí que sería una putada. Cruzo los dedos para que la cosa no vaya a más, pero son sensaciones parecidas a las que tuve en Francia en un rogaine del que me tuve que retirar a finales de abril. Salimos a la carretera y entramos al pueblo, yo nuevamente con estas sensaciones negativas.

Campelles (Km22, Avituallamiento 2):
"Voy con dudas por todos lados" le digo a Mònica, que me espera con el material preparado. Repongo los bidones y sin perder mucho tiempo salgo del avituallamiento. El de azul ha salido antes y al poco se me unen Benoit y el chico de los cambios de ritmo (lo siento, no llegué a saber cómo se llamaba). Viene un tramo que alterna llanos con subidas de correr. Parece que lo del tibial se ha quedado en falsa alarma, pero las sensaciones físicas siguen sin ser buenas. No sé muy bien cómo describirlo. El estómago ya va bien, no me duele nada, pero es como si a mi cuerpo le faltase alegría. En fin, toca ponerse en modo pragmático y tener paciencia. Que pasen los kilómetros y ver cómo evolucionan las cosas. El abandono ni planteárselo, sería dramático para el estado de ánimo y el planteamiento del resto de la temporada. Empieza la bajada hacia Planoles y me pongo nuevamente primero. Es sobre todo una estrategia para no depender del ritmo de los demás y evitar venirme abajo moralmente en caso de no poder seguir su ritmo. Llegamos al fondo del valle, cruzamos el río y empezamos una nueva subida, que en este primer tramo sigue varias carreterillas y calles empedradas hasta llegar al pueblo de Planoles. Seguimos los tres, sin rastro del de azul por delante ni del de verde por detrás, al que hemos perdido en Campelles tras un inicio tal vez demasiado rápido por su parte. 
Salimos del pueblo y tras varios desvíos un poco confusos iniciamos la subida al Collet. Esta subida es de las que en condiciones normales me viene como anillo al dedo. De caminar con paso amplio. La afronto nuevamente en cabeza con la esperanza de descolgar a mis compañeros y tener algo de espaldarazo moral. Nada... No hay manera. Acepto la situación y vuelvo al "modo paciencia". Subimos por en medio del bosque y cruzamos un par de veces una carretera entre la tranquilidad de la noche. En el segundo cruce la seguimos durante 100 metros y veo una luz allí delante. Bueno, algo es algo, vamos más rápido que el de azul. Le alcanzamos justo al llegar al avituallamiento de El Collet.

El Collet (Km 32, Avituallamiento 3):
Cojo algo de fruta, relleno agua y salgo detrás del de azul. Benoit se me une un poco más tarde y seguimos al cuarto clasificado a unos metros de distancia. El sendero flanquea en ligera bajada en dirección al Barranc de l'Home Mort. De repente salimos del bosque y el paisaje se abre, dejando ver la continuación que sube por la vertiente opuesta. Hombre! Una luz ahí enfrente... Y otra aquí! Más cerca, cruzando el río... Aquí está el espaldarazo moral... Aquí tenemos el pódium, así que a pesar de que mis sensaciones han sido más bien flojas, estamos luchando por la carrera. Y estamos recuperando terreno, lo cual quiere decir que seguramente nuestra gestión de carrera ha sido mejor que la de los de delante. "Tu as vu?" me dice Benoit... "Oui, oui, c'est le deuxième là haut et le troisième là bas... On est bien... Allez!". Cruzamos el río y adelantamos al de azul, quedándonos ya 4º y 5º. Empiezo el repecho con el frontal del tercero a modo de zanahoria que perseguir. El tramo siguiente va picando para arriba, y lo puedo trotar bastante bien. No recorto distancias con el tercero, pero está ahí, y también el segundo, que parece que va más lento que el tercero y que nosotros. Más paciencia, no te cebes. Ahora viene la subida al Puigmal y es importante poder hacerla con buenas sensaciones. Con la tortilla dando la vuelta llegamos a Fontalba. El segundo está saliendo del avituallamiento y el tercero está ahí. Como decía aquel, estamos en la pomada. Venga, vamos a por ello.

Fontalba (Km38, Avituallamiento 4):
Cumplo con las operaciones previstas, nuevamente con la ayuda de Mònica. "Quand tu veux on y va" Me dice Benoit. Creo que los dos hemos identificado que hacemos buen tándem, así que salimos juntos, ya con el tercero, que es un chico de amarillo, Benet. El chico de los cambios de ritmo y el de azul con la carraspera, se quedan definitivamente atrás. Vemos la luz del segundo allí delante, y muy arriba otro frontal. La única referencia que tenía del primero era el "El primer va flipadíssim" que me había dicho Mònica en Campelles. Yendo tan rápido lo había dado por perdido, y lo sigo dando por perdido ahora, ya que debe estar como 200 metros más arriba. Ahora mismo la preocupación es pillar buen ritmo y consolidarnos en la lucha por el pódium. En esas andamos con Benet y Benoit (solo nos falta un Benito). Lo cierto es que Benet no lo pone fácil, sube bien y le creo que tiene ganas también de ser él quien marca el ritmo, así que nos vamos alternando en cabeza. Sigo sin estar súper, pero mi estado mental ha mejorado y está arrastrando un poco al físico. Pongo la marcheta y vamos superando los diferentes escalones de la ascensión al Puigmal, que recuerdo bien a pesar de hacer tiempo que no pasaba por aquí. El último repecho es duro e incómodo por lo descompuesto del terreno. El ritmo se ralentiza y eso hace que nos acerquemos al segundo, al menos en distancia, no sé si también en tiempo. Hace rato que no miro hacia atrás. Buena señal. Las luces del día se han ido encendiendo y salimos al rellano superior mientras el sol despunta por el horizonte. Uno de esos momentos bonitos de las carreras.
Llegamos a la cima, donde hay un nuevo control de paso, y tras aminorar el ritmo para beber y comer un poco afronto la bajada. A ver qué tal está el terreno... Al meternos en vertiente norte hay mucha más nieve y a estas alturas de la mañana está bastante dura. Veo al segundo muy cerca, que está peleándose con una pendiente de nieve. Tanteo un poco y veo que si chafas con el talón fuerte la crosta se rompe algo y se baja relativamente bien. Además el terreno no es expuesto y en caso de resbalar bajas poco. También hay algo de traza, así que de momento no saco los crampones. Benoit viene detrás y hace lo mismo, aunque si que da un resbalón y baja unos metros, pero sin peligro, de hecho más bien gana algo de tiempo con ello. Bajamos en dirección al collado que nos separa del Pic del Segre buscando las zonas en las que toca algo el sol y la nieve se empieza a reblandecer. El problema en esta zona es más bien que a veces si chafas demasiado fuerte la crosta superficial se rompe, te hundes y sales disparado hacia delante, cosa que me pasa un par de veces. "C'est une piscine?"... bromea Benoit.
Vuelve la subida y con ella buscamos las rocas y la estabilidad. Inicio el repecho en cabeza intentando exigir un poco a mis compañeros. En un principio aguantan bien pero Benoit en un momento dado se para a coger el resuello. Con deportividad, pero no os negaré que ver síntomas de flaqueza en mis acompañantes me genera algo de reafirmación, al menos el esfuerzo está sirviendo de algo. Superamos el Petit Pic del Segre, el Pic del Segre y varias protuberancias más que hay en este tramo que siempre se hace más largo de lo esperado. Finalmente la montaña tiende claramente hacia abajo y nos dirigimos al Coll de Finestrelles. Las zonas de roca cada vez son más continuas y al final las banderolas se meten por una zona de prados que enlaza con el sendero de bajada. Bajo con agilidad aceptable pero manteniendo el chip de conservar las piernas. Como os decía no es mi mejor día subiendo pero a nivel de sensaciones las noto bastante relajadas. El sendero describe varias eses amplias por las que corro a ritmo bastante digno. Mis tres acompañantes siguen a unos metros sin hacerme luces para adelantar, de lo cual deduzco que el ritmo no es malo. En esta tónica se va acercando el fondo del valle y las casas del Santuari de Núria. Tras un par de amagos tontos de torcedura de tobillo, que me recuerdan que no hay que perder nunca la concentración, llegamos a la pista de esquí y recorremos los últimos 500 metros hasta el avituallamiento. Mantengo la cabeza del grupo y la consecuente segunda posición, más por dar una alegría si alguien me está siguiendo que por otra cosa.

Núria (Km50, avituallamiento 5):
Entro y pido la bolsa de vida, a la que le han hecho un nudo marinero que me cuesta un huevo de abrir (piedad por favor...). "El primer el teniu a cinc minuts"..."Fa bona cara?" pregunta Benet... "Sí, si que fa bona cara"... Pues nada, cinco minutos más cinco minutos de parada nuestra, es bastante distancia y que parece estable, vamos a otra cosa. Tengo un tupper de arroz con tomate y un bidón con Ettix recuperador. Mi estómago ya estaba reclamando algo un poco contundente. Mientras como voy metiendo las cosas en la mochila para el próximo tramo. Una bolsita con patata, un membrillo, un rollito. Pido que me rellenen un bidón con un sobre de Tailwind que también tenía en la bolsa... Creo que resuelvo la papeleta de manera bastante eficiente. De ropa voy bien, así que nada por esa parte. Todo el tiempo lo dedico a echarle gasolina al cuerpo. Me levanto dejo las cosas en la bolsa y salgo del edificio. Mis compañeros lo hacen unos segundos después.
Venga, nuevo intento de tensar la cuerda. Empiezo a trotar saliendo del santuario, ahora por el camino de Noufonts. Un primer repecho obliga a caminar pero después hay un tramo herboso donde se puede trotar. Hago lo propio, aunque cuidando la digestión del arroz. A ver si alguien va justo y muestra un poco de debilidad... Nada, los tres vienen detrás y se pegan a mí. Joder... No hay manera. Benoit parecía ir justo antes pero ahí aguanta, como un campeón. Benet tengo la sensación de que es le que va mejor. Y el otro chico, un valenciano (Vicente, creo), va gimiendo y mascullando cosas como si fuese tieso pero lo llevo pegado a mis talones. Pues nada, otra vez paciencia. Cojo la cancioncilla de respiración-paso-bastoneo y me vuelvo a centrar en mí mismo y en poner un ritmo que considere sostenible para lo que queda de carrera. El sendero sube por un espolón de la montaña y voy mirando arriba intentando identificar banderolas que me indiquen hacia donde vamos. No he hecho nunca este camino y no sé si vamos a acabar yendo hacia la izquierda del espolón (espero que no, más lejos) o a la derecha, enfilando ya en la dirección que toca. En medio de estas cábalas miro de reojo en una revuelta y veo novedades. Benet se está quedando... Bueno, esta sí que no me la esperaba. Y Benoit también pierde algunos metros. Venga, parece que está sirviendo de algo la marcheta. En cambio Vicente sigue enganchado como una lapa.
La pendiente afloja y vamos enfilando hacia la derecha. Identifico el Pic y el Coll de Noufonts, del que me separa una diagonal en flanqueo... Iep! Ahí hay un corredor! Buenooo... Modo caza activado... Drakarys...(tenía que caer una de Juego de Tronos...). No me lo esperaba, la verdad, y el descubrimiento me inyecta una dosis de moral importante. Echo un vistazo al reloj, tomo referencia, las fuerzas van a más y troto por esta diagonal hasta el collado. Unos tres minutos. Le hemos recortado un huevo. Afronto el repecho del Pic d'Eina a buen ritmo y veo que Vicente hace un poco la goma. Paso junto a la cima del Pic d'Eina y miro al otro lado. Está ahí mismo, negociando un tramo de cresta horizontal. No debe haber ni un minuto. Troto en bajada y me voy acercando. Me noto cada vez mejor. De repente se para y parece tocar los crampones. Llego a su altura y se gira, como si no nos hubiese visto venir (por eso nunca llevo música). "Ostia!"... Nos deja paso y sigo adelante en una nueva e inesperada posición. Me acerco a un repecho que conduce al Pic de Noufonts. El tramo que hemos pasado tenía bastante huella y era horizontal, pero ahora viene una diagonal por la vertiente francesa, con la traza muy desdibujada por la noche y expuesta hacia la izquierda. "Bueno chicos, yo me pongo los crampones". Y ahora viene todo el jaleo...
Me quito la mochila y saco la bolsa con los crampones, unos Ice Traction de Climbing TechnologySon los típicos crampones de trail, con goma para ajustar a la zapatilla. No son para subir la cara norte del Eiger, está claro, pero son una herramienta útil para zonas técnicamente sencillas. "Yo no lo veo claro"... Me giro y es el chico que iba primero el que expone sus dudas. "Esto está muy peligroso, no sé cómo va a pasar todo el mundo por aquí". Es cierto que la nieve está dura y el tramo que viene tiene menos traza y un tobogán importante hacia la izquierda. Vicente se lo está mirando. Llegan Benet y Benoit. "Jo tampoc ho veig" dice Benet. Vicente de momento no dice nada. "Ils disent que c'est dangereux, qu'ils veulent pas passer", le traduzco a Benoit. "Moi, je ne suis pas un montagnard" (no soy montañero). Él también tiene dudas. Veo que el lleva unos Yaktrak, que son los crampones estos de cadena. Personalmente, pasar con eso lo veo más arriesgado. El resto llevamos de puntas. Miro a Vicente para ver si alguien está en el bando del Sí, pero tampoco veo apoyo por ese lado. Las dudas de mis compañeros me cortan un poco la energía y se me transmiten también a mí. Me miro la pendiente... Realmente no se puede resbalar. Si resbalas te vas 200 metros hacia Francia, por un tobogán de hielo y rocas. Me viene a la cabeza una excursión de hace años, con amigos de la universidad. Uno de ellos se cayó muy cerca de aquí, de hecho igual era aquí... No, era en Noucreus... Pero muy parecido. Bajó 100 metros de desnivel. Se rompió la tibia y el peroné... Aun así, seguramente el día más afortunado de su vida. Tengo y tendré siempre en la memoria como bajaba dando vueltas de campana. Pero fue un error, salirse de la traza en terreno helado y sin crampones... Podría pasar? Si vamos con cuidado, no... Pero somos varios... Juego de probabilidades... Joder... Me veo arrastrado por la ola de dudas... Por otro lado, me invade un sentimiento de que sea lo que sea, debemos hacer todos lo mismo. Si paso y me quedo sólo, la carrera queda desvirtuada... Es motivo para no pasar?... No lo sé... "Hay que llamar a la organización"... dice alguien..."Por aquí no puede pasar toda la Ultra y la Trail"... "Hombre, la nieve está así ahora, más tarde será otro tema"... Parece que mis cuatro compañeros lo tienen claro. Yo estaba bastante enchufado en la carrera, pero entre unas cosas y me estoy desconectando. "Venga, llamemos"... Venga, pues saco el móvil. Llamo a Mónica, que está en Pic de l'Àliga., siguiente avituallamiento. Le explico al situación. Hablo con una voluntaria... También le explico. Los teléfonos que de organización que salen en el dorsal no tienen cobertura. A todo esto van pasando los minutos. Al final aparece el sexto corredor, al cabo de un buen rato. "Ah doncs jo ho vull provar". Él no lleva palos y la verdad es que no me inspira mucha confianza. La verdad es que yo sin palos sí que me daría más palo, valga la redundancia. Me quedo mirando cómo se pone los crampones, mientras los otros cuatro enfilan el camino de vuelta. En medio de mi propia confusión observo cómo el hombre se dirige hacia la pendiente y hace equilibrios. En algún momento hace un amago de resbalón y pone las manos en el hielo. Me doy la vuelta, no lo quiero ver. Los otros cuatro están parado a unos 200 metros y me gritan. "Què fas? Vens o què?"... Y ahí acabo de decantar la balanza y tomar el camino de vuelta.
Me ahorro los detalles de la bajada, parándome 80 veces a explicar a cada corredor con el que me cruzaba, una decisión de la que no estaba convencido.
A medida que han ido pasando los días cada vez me he ido arrepintiendo más, pero en fin, en el momento se tomó y tomé esa decisión y listos. Decir que nada tuvo que ver la organización en el problema. Los crampones eran material obligatorio y se comprobaba que los llevábamos en la salida. Se podría discutir si poner una cuerda en ese tramo, pensando en esos momentos de la mañana, o si poner a alguien vigilando en ese tramo, pero el recorrido por la Olla es muy largo y para eso llevamos los crampones y se supone que tenemos experiencia en montaña para movernos por ella.
Para acabar la crónica en positivo, decir que estoy contento con mi gestión de carrera y por saber identificar el ritmo adecuado aislándome del que llevan los demás. Y a nivel de sensaciones, si bien el inicio fue dubitativo, me quedo con la tendencia positiva durante la carrera y con la sensación de que mejoro con el paso de los kilómetros, cosa que es positiva pensando en las 24 horas del mundial de rogaine. Por último, agradecer a Mònica la ayuda en los avituallamientos y el compartir esta aventura. Me hubiese hecho ilusión compartir una llegada que tenía buena pinta pero bueno, esperemos que haya más ocasiones.

Besos y abrazos

 

domingo, 26 de mayo de 2019

Rogaine de Partacua 2019

Muy buenas!

Después de un mes un poco irregular a causa de unas molestias en el tibial que me quedaron como secuela de la ruta andando por Irlanda, un par de semanas de buenos entrenos me animaron a participar en esta prueba de la Liga Española de Rogaine. El lugar: Piedrafita de Jaca, en pleno valle de Tena, en el Pirineo de Huesca. El compañero: Tommi, en este caso sin Aurelio, a quien dimos vacaciones por una ocasión. Para allá nos fuimos con Marta y Guille desde Girona, con ganas de hacer un buen entreno en un terreno similar al que nos encontraremos en el Campeonato del Mundo de la Molina. Qué quiere decir eso? Pues terreno montañero, con desniveles importantes (en este caso entre 1200 y 1900 metros) y con una vegetación que combina el bosque relativamente cerrado en las zonas bajas con prados de avance más fácil en las zonas altas.
Una particularidad de la carrera es que se pudo seguir online mediante dispositivos GPS que llevábamos gran parte de los equipos en la mochila. La verdad es que es un elemento muy atractivo tanto para el que tiene ganas de seguirlo desde casa como para los propios participantes, que pueden repasar y analizar después la carrera. En lugar de colgar aquí las típicas imágenes del mapa, os dejo el enlace para quien quiera seguir nuestras evoluciones mientras lee:

https://www.tractrac.com/event-page/event_20190525_ROGAINEPAR/1570
Le dais a "Replay" y se carga el mapa y la carrera, con la evolución de los equipos. Se puede modificar la velocidad de avance y a la derecha se pueden seleccionar los equipos que quieres visualizar. Nosotros somos "Aligots Tierra Trágame".

Nos encontramos con un mapa A3 por las dos caras a escala 1:15000. Cosas reseñables:
- Es la escala más pequeña que nos encontramos en rogaines de 6 o más horas, lo cual quiere decir que se avanza rápido y las cosas "llegan pronto".
- A nivel de relieve, la estructura general es muy sencilla. Un valle que sube hacia el oeste, con un pequeño añadido de la vertiente adyacente por el lado norte.
- Hay un barranco central que es difícil de cruzar y que está marcado como zona prohibida/peligrosa (cuadrícula rosa).
- La vegetación es de bosque relativamente cerrado en la zona este (aunque esté pintado en blanco no tiene por que ser penetrable) y prados abiertos en la zona oeste.
- Red de caminos relativamente densa que nos servirá de apoyo para muchos enlaces.
- A nivel de puntos, destaca que en la zona alta (oeste) hay muchas balizas de elevada puntuación, con varios 7's, 8's y 9's situados relativamente próximos entre sí. Destaca el hecho de que los dos únicos 9's (90 y 91) está situados relativamente próximos en el extremo oeste del mapa (aunque con un enlace no demasiado cómodo).
- En la mitad este hay dos puntos de cruce del barranco, hecho que condiciona la estrategia.
- Otra consecuencia del barranco es que hay un hueco central vacío de balizas.

A la vista de todo ello, la estrategia que trazamos busca asegurar el cubrir en condiciones la zona oeste, y como dice Tommi "subir suave, bajar suave". Subiremos barriendo la zona sur intentando hacer "eses" que nos permitan ir cubriendo controles mientras subimos paulatinamente y bajaremos de forma algo más directa por el norte, dejando para la última parte el grupo de balizas de Tramacastilla de Tena (el pueblo del noreste del mapa), que son controles de baja puntuación y por tanto penalizan poco en caso de renunciar a ellos. En concreto este es el recorrido que dibujamos en el mapa:
Salida-33-51-34-43-44-81 (así aseguramos estos 8 puntos en lugar dejarlos en incertidumbre para el final)
81-58-42-54-52-61-53-41-40-49-73-83-59-39-74-75-85-76-84-91
Llegados a este extremo, atravesamos hacia 90 para seguir por 82-72-50-66-68-67-71-80-46-63 (ida y vuelta) - 47-65-70
A partir de aquí no pintamos nada (error) y lo dejamos para pensarlo según veamos al final.

Una vez en carrera, la cosa empieza con una salida rápida hacia 33 para evitar atascos y un cruce algo accidentado hacia 51, para seguir por caminos más fáciles hacia 34, 43 y 44. Los 8 puntos de la 81 cuestan algo más (es lo suyo) por un bosque menos penetrable de lo que parece en el mapa. El terreno sigue incómodo hacia 58 pero lo salvamos relativamente bien. A partir de ahí todo es más abierto y las cosas resultan más fáciles, más allá de que toca ir salvando desniveles. Pequeña duda en la 76, que está en una cueva muy escondida, pero llegamos a la baliza 91 en 2h35 cosa que nos abre la posibilidad de poder completar el mapa. La travesía hasta la 90 nos cuesta 20 minutos, que damos por bien empleados, y ahí empieza terreno más favorable en bajada. Paramos un momento en el avituallamiento de la 50 y seguimos sin mayores sobresaltos hasta la baliza 80. Ahí nos encontramos terreno algo complicado hasta la 46, en la que nos pasamos un poco hacia el oeste pero corregimos sin perder demasiado tiempo. A medida que avanza la carrera el físico se empieza a resentir, aunque según mis cálculos aún estamos con opciones de cubrir todas las balizas. Llegados a la 70, decidimos el resto del trazado. Haremos las 3 balizas del extremo noreste (56-64-57) en bajada, para después cubrir las del pueblo haciendo 37-36-48, atravesar a 38, bajar a 45-55-35 y si da tiempo cubrir las últimas 31 y 32 al final. Todo transcurre más o menos bien hasta 48, en la que entramos mal en los campos de debajo del control y eso nos deja algo cerrados por la vegetación. Salvamos el problema pero llegamos al camino algo desubicados. Subimos por él, pero en la curva a derecha que toca hay una traza más marcada que sigue de frente y nos la comemos. Las cosas no cuadran y volvemos atrás, casi hasta las casas. Nos reubicamos y decidimos hacer un último intento y esta vez sí encontramos el control siguiendo el camino que toca. Este percance ha dinamitado bastante las opciones de completar el mapa, así que haremos lo que podamos. Además de camino a 38 tomo una elección equivocada y sigo toda la pista, pasando casi por 36 y obligando a cubrir más desnivel. Afortunadamente el tramo a 45 se hace rápido, pero el reloj nos indica que debemos renunciar a 55, que está cerca pero mal conectada por relieve accidentado. Nos vamos a 35, y llegamos a falta de 10 minutos. Demasiado justo para ir a buscar 31 y 32. Nada, nos vamos hacia la meta que ya ha estado bien la cosa. Subimos el último trecho con calma y llegamos con 5 minutos de margen.
Como balance de la carrera, contentos con la estrategia general. Quizá el último tramo en Tramacastilla se puede plantear diferente, pero lo cierto es que si hubiésemos hecho bien la 48, creo que suponía un parcial de 5-6 minutos desde 36, en lugar de los 14 que nos costó. Con esos 8 minutos más hubiésemos podido hacer sin problemas 31 y 32. Para poder hacer también 55 creo que hubiésemos necesitado algo más de físico en la última parte. En cualquier caso un buen entreno, buenas sensaciones personales a nivel de físico y orientación y con ganas de seguir preparando el campeonato. La semana que viene cambiamos de tercio y volvemos al trail en Bastions. No sé si estaré del todo recuperado de este rogaine pero con ganas de dejar las balizas por un día.
Seguiremos informando.

Besos y abrazos

sábado, 20 de abril de 2019

Crónicas desde Irlanda

Muy buenas,

Después de una racha de posts de rogaines, aprovechando que esta semana he estado de paseo por Irlanda vamos a hacer una de aire viajero, a la antigua usanza. De skyrunning tiene poco, pero si a alguien le sirve para inspirarse o sacar alguna idea, pues bienvenida sea.
Tras unas semanas bastante ajetreadas decidí buscar una desconexión en Semana Santa. Dejé la elección del destino en manos de los buscadores de vuelos, que tras arrojar unos cuantos precios prohibitivos, mostraron una combinación razonable (130€) para la opción Irlanda, con ida de Barcelona a Cork, y vuelta de Dublín a Girona. El objetivo principal del viaje era la zona sudoeste, esa parte de la costa formada por una serie de penínsulas montañosas donde hay varias rutas de trekking que aparecían en algunos de los múltiples libros y guías que tengo en la estantería de casa. La que mejor pinta tenía era la Kerry Way, en la península de Iveragh, así que por esa opción me decidí. Estas han sido las diferentes partes del viaje:
- Cork: 
Aquí empezó mi viaje después del retraso de rigor en el vuelo de ida por unos amenazadores problemas técnicos. Tercera ciudad de Irlanda, que viene a querer decir de tamaño bastante manejable (125000 habitantes). Parques agradables, zona de ambiente alrededor del río y una curiosa cárcel que uno puede visitar para hacerse una idea de cómo las pasaban hace 150 o 200 años, cuando te metían en la cárcel por robar un par de naranjas. Tras el reconocimiento diurno de la ciudad, el nocturno. Conclusión: la salsa no es el baile oficial del país

- Killarney: 
Puerta de entrada a la península de Iveragh e inicio de la Kerry Way. Aquí me dirigí en tren la mañana del sábado pasado (2º día de viaje). Un pueblo grande y turístico a orillas de un bonito lago. Pegado al pueblo está el Parque Nacional de Killarney, que al fin y al cabo es un parque periurbano y zona de paseo para la gente del pueblo. En un día gris con chirimiri y viento, me di cuenta que aquí se pasea caiga quien caiga, nada de esperar a que salga el solecillo (podrían esperar sentados...). Bastantes opciones de alojamiento para todos los niveles. Para presupuestos modestos, el Neptune Hostel ofrece una buena relación calidad/precio.

- Kerry Way: 
Es una ruta, prácticamente circular, que da la vuelta a la Península de Iveragh, que es la más grande de las que forman la costa sudoeste de Irlanda. En total son unos 200km que están pensados para hacer en 9 etapas, pero hay algunos pequeños recortes que permiten adaptar la ruta y evitar algún kilómetro. En principio mi idea era caminar 3 o 4 días, ya fuese completando la ruta o comiéndome alguna parte.
El primer día de ruta siguió la tónica de mis dos primeros días en el país, es decir, cielo encapotado y lluvia débil durante la primera parte de la etapa. Inicio con caminos fotogénicos, bien marcados y fáciles de seguir, alguna mansión de aire británico a orillas del lago, una bonita cascada, para pasar después a tramos más salvajes de prados pantanosos en los que, quizá por ser tema de actualidad, parece que en cualquier momento vaya a aparecer el ejército Lannister. Para este primer día tenía en la recámara una opción alternativa pasando por la cresta del Carauntohill (pico más alto de Irlanda con 1039m) pero estaba todo tapadísimo así que ni lo dudé. Con más campo de visión debajo de las nubes, pasé un par de collados hasta llegar a orillas del Lough Accose, donde estaba el Bed&Breakfast que había reservado. Un amago de sol entre las nubes parecía sugerir mejor tiempo para el día siguiente... Ni de coña.
Después de una noche de vendaval y un desayuno "Full Irish" en el que no perdoné absolutamente nada, me puse en marcha bajo la lluvia y el viento. Si el primer día la ropa había aguantado bastante bien, esta vez la cosa fue peor y a los 7-8km ya tenía los pies empapados y a los 12-14 también las piernas. La ruta alterna tramos por prados y bosques pintorescos con otros de pista y carreterillas algo más monótonos, aunque agradecidos en días de lluvia como este. Después del pueblo de Glenbeigh hay una zona bonita, la Montane Stage, en la que el camino flanquea por una cornisa sobre el mar de la Bahía de Dingle. En este caso aquello era un auténtico infierno. Lluvia y vendaval que me tiraba al suelo, aguantando como podía la capucha, la mochila, los pantalones... Bastante dantesco. Con este panorama hasta me daba palo parar y solo me limitaba a avanzar. Con la tontería me planté en el kilómetro 30 de etapa son comer ni beber, momento en el que, ya puestos, me propuse ver si podía cubrir toda la etapa en ayunas (cosas de investigador). Tras mucha lluvia, mucho viento, mucho barro y algunos resbalones, acabé llegando al final de la etapa en Mastergeehy, tras 52km en los que paré 3 o 4 veces a mear (debía entrar agua a presión a través de al piel, porque si no...) y dos a mirar el mapa. Conclusión, los desayunos de los Bed&Breakfast son la bomba...
El tercer día el tiempo mejoró claramente y salió el sol. La primera parte de la etapa era bastante bonita, sobre todo la subida al Windy Gap, que daba acceso a las vistas de la Bahía de Kenmare, la parte sur de la península. En la bajada de este collado me apareció una molestia en el tibial de la pierna derecha. La cosa fue a más y durante el trayecto entre los pueblos de Caherdaniel y Sneem (lo que sería la séptima etapa convencional) fui buscando opciones para liquidar el tema, más teniendo en cuenta que el tramo me pareció más aburrido y poco interesante. Al final llegué hasta el pueblo de Tahilla (entre Sneem y Kenmare, 8ª etapa convencional) y decidí hacer autostop hasta Kenmare, desde donde podía coger autobus a Killarney al día siguiente. Después de 15 minutos de ser ignorado, contra todo pronóstico paró un Audi A6 bastante pepino que me llevó a todo trapo por esta pintoresca carretera.

Al día siguiente volví a probar suerte y antes de que pasase el autobús me paró un tipo en un camión que, de forma bastante más pausada, me llevó hasta Killarney incluyendo en el precio de cero euros una agradable conversación.
- Dingle: 
Habiendo llegado a Killarney por la mañana, cogí cosas que había dejado en el hostal y cogí un autobús hasta el pueblo de Dingle, en la península que queda inmediatamente encima de la de Iveragh, la de la Kerry Way. En vistas de una previsible mejora en la meteorología, decidí quedarme dos noches en Dingle y dedicar el jueves a alquilar una bici y dar una vuelta por la península. Una opción muy interesante con tiempo soleado, que te permite moverte a tu antojo por terreno bastante agradable. El único inconveniente fue el viento, que en algunos tramos hacía el avance un poco pesado. En la zona hay bastante yacimientos arqueológicos donde hacerse una idea de cómo vivía la gente por estos lares hace 1000 o 1500 años. Personalmente me quedo con el Oratorio de Galrus, una construcción en forma de casco de barco invertido en la que me pareció curioso el ver cómo iban encajando las piedras. Los demás sitios de interés, creo que es ir gastando 2 eurillos aquí y 3 allá, sin que me pareciese que valía mucho la pensa. A parte de eso, para los freaks de la Guerra de las Galaxias, hay un par de puntos de rodaje por aquí. Después de austeridad para comer me permití una buena cena a base de pescado.

- Dublín:
Ayer viernes lo dediqué a cruzar el país en autobús y llegar hasta la capital. La indefinición del plan de viaje me llevó a buscar alojamiento con sólo dos días de antelación. Resultado: la opción más barata (52 euros la noche) me llevó a un macro-hostal de mochileros con una habitación de 34!! personas. Impresionante, nunca había visto nada igual. Hoy lo he dedicado a pasear por la ciudad y darle un toque cultural al viaje visitando museos varios. Entre ellos la Chester Beatty Library: siempre me ha parecido curioso el tema de los libros viejos; y la Guiness Storehouse: una de aquellas atracciones que has de visitar (o no...) cuando estás en el sitio pero que para mí no valen la pena. 25 euros de entrada para una movida de puro marketing y consumismo sin que te expliquen gran cosa especialmente interesante. Y si es por beber Guiness en el bar sale mucho más barato.
Y eso ha sido todo, mañana de vuelta para casa y a ver si se acaba de recuperar el tibial para poder correr en condiciones el rogaine de la semana que viene.

Besos y abrazos