viernes, 24 de julio de 2015

Una semana por los Alpes - Dolomites Skyrace

Aprovechando que un 14 de julio Robespierre le cortó la cabeza al rey francés de turno (algún Luis supongo...), que la Republique Française decidió conmemorar ese evento como fiesta nacional y que el centro donde trabajo decidió poner puente obligado este lunes pasado 13 de julio, la semana pasada me cogí los tres días restantes de vacaciones para ir a darme una vuelta por los Alpes. El objetivo inicial era ir a ver a diferentes amigos correr en carreras que se celebraban esos días, Francesc y Eli en la Ice Trail Tarentaise del domingo 12, y Àngela y Jordi en la Dolomites Skyrace del domingo 19. Al final Àngela no pudo correr y me pasó la inscripción con lo cual acabé corriendo yo. Ahí va la crónica de la semana (intentaré ser breve y poner más fotos...) y de la carrera:

Viernes 10:
Salgo del trabajo a las 17h y con el coche cargado hasta los topes con material para hacer bici, correr, hacer alpinismo y vivir en general, me voy en dirección a Val d'Isère. El tiempo pintaba bien así que me fui a dormir al raso a un parking que estaba al inicio de la ruta que tenía en mente para el día siguiente. Las vistas sobre la Grande Motte al atardecer, espectaculares.
Sábado 11: 
Excursión-entreno por la mañana: salida desde el parking de la Sassiere (2200m), subida al Passage de Picheru (2760m), bajada a Val d'Isère (1800m) y vuelta por el Col de la Bailleta (2852m) hasta el punto de partida. Como el tiempo estaba estupendo, subí desde ahí a la Aiguille de la Grande Sassiere (3747m) por la ruta normal de la arista oeste. Con el calor de las últimas semanas, solo pisé nieve durante 20 o 30 metros del camino. Así está el patio...
Justo en la cima me llama Francesc, que ya están por Val d'Isère así que después de un pequeño baño en el lago me voy para allá y pasamos el resto de la tarde comentando la jugada y preparando la asistencia para mañana. Aún me queda mucho por aprender en términos de nutrición...
Después de cenar me voy a dormir a un parking de Tignes (también al raso, no vaya a ser que la tienda se manche...).







Domingo 12:
Despertador a las 2.30 de la mañana, recojo las cosas y para arriba, dirección al avituallamiento de la estación del telesilla Panoramique, a 3050m. Me encuentro un tipo que hace fotos para Salomon y vamos subiendo juntos a buen ritmo (y yo que pensaba ir de paseo...). Al cabo de un poco llega por detrás una chica a todo trapo. "Vas al Panoramique también?"... "Sí, voy a avituallar a mi hijo"... Caray con la super-mami... Así que subiendo por pistas pedregosas y más arriba por tramos helados nos plantamos los tres en el avituallamiento, después de perdernos siguiendo unas banderolas que no debían estar allí (y que también hicieron perderse a los 100 primeros de la carrera).
A las 5 y pico empiezan a llegar los primeros, Luis Alberto Hernando con un cabreo considerable por la confusión con el recorrido, Manuel Merillas, Jessed Hernández... Del avituallamiento suben hasta la cima de la Grande Motte (3650m) y vuelven a bajar hasta aquí. Yo por mi parte espero a Francesc y Eli, que llegan ambos con buena cara. Veo también como a pesar de las normas de la organización que obligaban a cubrir piernas y brazos para subir por el glaciar, no paran de salir hacia arriba corredores con pantaloncillo corto y hasta camiseta de tirantes. Resultado: a la bajada la peña llega ensangrentada como si hubieran pasado por las manos de Ramsay Boolton (es que estos días me he acabado la quinta temporada de Juego de Tronos y lo tengo reciente...). Resbalones y caídas por un glaciar helado que rasca que da gusto... pues es lo que tiene...
Una vez pasan de bajada Francesc y Eli me bajo en el telesilla y me voy pitando para el Col de l'Iseran, donde también los puedo ver pasar dos veces. Desafortunadamente ahí Francesc llega en modo desconexión, después de que las piernas hayan dicho que dos semanas después de la exhibición de la Ronda no están todavía para estas alegrías. De todas formas "chapeau" por intentarlo y salir a disputar con los de delante. Como decía mi abuelo, de los cobardes no se ha escrito nada. Eli pasa con mejor cara y en trayectoria ascendente que le llevará a plantarse en el top 10, ahí es nada. En este avituallamiento me encuentro a Martí, un chico de Gironella con el que ya he charlado esta mañana en el Panoramique, que aquí tiene un momento crítico de esos de "casi que lo dejo..." pero al final saca fuerzas de algún rincón y sigue adelante, recuperándose y haciendo la última bajada como un ciclón (y aún parándose a recoger una flor para Marta, su chica, un caballero como los de antes ;-) ).





Lunes 13:
Por fin nada de madrugar! Desayuno tranquilo y decidimos irnos con Francesc y Eli a la zona de Gressoney a hacer algo de montaña mañana y pasado mañana. Así que vuelta a Val d'Aosta con los bonitos recuerdos del año pasado (entran ganas de Tor...). Por la tarde subida al refugio Gnifetti (3650m) saltándonos una parte con el teleférico (unos más parte que otros... ;-) )



Martes 14:
Salimos de buena mañana (aunque los últimos) glaciar arriba sin un objetivo claro. Francesc quiere hacer el Lyskamm, que es más complicado; Eli y yo estamos más por objetivos más modestos... Finalmente vamos hacia el Lyskamm pero no lo vemos claro y decidimos hacer hoy el resto de picos de la zona para entrar en calor y mañana ya veremos. Así que como en los peores rogaines, volvemos atrás y vamos fichando cuatromiles en un orden poco lógico, aunque como el día es magnífico, poco importa. Acabamos haciendo la Piramide Vincent, Balmenhorn, Corno nero, Ludwigshohe, Parrotspitze y Signalkuppe, como en los buenos tiempos en que íbamos a tresmilear con Lluis, Roma y Tere por los Pirineos. En la cima del último pico, a 4550m, está la Capanna Margherita, edificio más alto de Europa, en el que nos quedamos a dormir. La puesta de sol, espectacular.













Miércoles 15: 
Sorprendentemente no tengo mal de altura. Por los sonidos guturales que llegan desde el lavabo parece que hay alguien que no ha tenido tanta suerte. Salimos del refu en bajada y vamos hacia el Lyskamm (hoy no me escapo, jejeje...). Eli dice que ya ha tenido suficiente cuatromil y se baja hacia Gnifetti. Francesc y yo nos metemos por la arista. El primer tramo en subida bien, pero después hay un tramo llano y muy aéreo en el que yo lo empiezo a ver más negro. Después de un primer paso en que gasto mi comodín del canguelo, al segundo momento de incertidumbre me lo miro y le digo a Francesc que yo no lo veo claro. No es complicado y hay buena traza pero ya me noto tenso y torpe, así que nos sentamos un momento y acto seguido deshacemos el camino. Por la tarde me arrepentiré, pero como en los ultras, la decisión se toma cuando tienes los pies en el barro. Ya más tranquilos, tarde de chill out entre furgoneta y bar, hablando de planes futuros.
Después de unos días muy agradables en buena compañía, sigo mi camino hacia el este mientras Eli y Francesc se vuelven hacia Chamonix. Cuatro horas de coche más tarde acabo durmiendo en una curva cerca de la cima del Stelvio. Mañana toca bici.
 
Jueves 16:
Pues eso, cambio de tercio. De buena mañana el Stelvio, al mediodía el Mortirolo y por la tarde el Gavia, ya que estamos por las caras más duras pero eso sí, conectándolos en coche. 
El Stelvio, largo y con más curvas que un desfile de Victoria Secret (48 revueltas nada menos...), con lo más duro al final, varios kilómetros al 8-9% cuando ya estás a más de 2000m, que hacen pupa.
El Mortirolo, solo tiene 12kms pero es un auténtico muro. Rampas de hasta el 18% y kilómetros enteros con medias del 12% y 13%. Con mi 34x26 fui justillo, justillo...
El Gavia algo más llevadero (17kms al 7-7,5%) pero con algun tramo del 16% que también rasca. Carreterilla estrecha y muy auténtica, y el ambiente de alta montaña, espectacular.
Después de este triplete particular cojo el coche y acabo durmiendo en otro collado a unos 20 kilómetros de Canazei.





Viernes 17: 
Vuelta a las zapatillas, excursión-entreno de unas 8 horas por la zona de la Marmolada y el Grupo Sella (donde será la Dolomites Skyrace el domingo). Ambiente de alta montaña, senderos técnicos, algunos equipados y bastante gente dando vueltas por la zona. Aprovecho para reconocer un poco el terreno de la carrera del domingo. De vuelta al coche, decido irme hacia la zona de Lavaredo para darme una vuelta por allí mañana.




Sábado 18:
Tampoco es plan de quemarse más, que si no mañana no correrá ni el tato, así que el plan es ir a darle la vuelta a las míticas Tre Cime di Lavaredo y en todo caso alargar un poco la excursión, pero en plan paseo. Al final 6 horas a ritmo tranquilo y con una hora de descanso viendo las evoluciones de un par de colgaos (con cariño, pero nunca mejor dicho...) que escalaban la clásica cara norte. Pude comprobar que Lavaredo es uno de los highlights de la escalada y uno de los highlights del dominguerismo... Creo que nunca había visto tanta peña como en el parking de Lavaredo. Y eso que te clavan 16 euros por subir en coche (mucho mejor caminando en 1h - 1h30)








Domingo 19:
Y llega la mañana de la carrera. Después de la dinámica de la semana y las sensaciones de los últimos días voy bastante mentalizado a que las piernas estén pesadas, asumirlo y correr con ello. Llego a la salida y me encuentro que estoy en el último cajón, es decir con 300 personas delante nada más empezar. Así que o salgo pegando un sprint para ganar posiciones pero acabo quemado, o salgo con calma a mi ritmo pero me quedo con los 300 delante más los que opten por la primera opción. Panorama complicado...
Con esas dudas se da la salida, miro el reloj, las 8:32... ni enciendo el crono, pero para tener una idea... Salgo a empujones entre palos, piernas, brazos... Últimamente voy a carreras que o no hay mucha gente o me pongo más o menos delante, así que ya no me acordaba de la batalla de esos primeros momentos. En fin, intento encontrar un equilibrio entre no estresarme y no dormirme, cojo un lateral y voy corriendo ágil pero sin quemarme. Como esperaba paso a gente pero también me pasan bastantes, mientras subimos por una rampa asfaltada que ya conecta con la pista de esquí por la que vamos a ir ascendiendo. Se incrementa la pendiente, extiendo los palos y empiezo con el ritmo de "trotebastoneo" (toma palabra que me acabo de inventar). Funciona, y veo que voy pasando a gente que se pone a caminar a las primeras de cambio. Cojo un lado y voy a la mía. Cada vez que la pendiente sube paso a 10 o 15 que caminan, a ver cuánto dura... Ahí viene un repecho fuerte... Tip, tap, tip, tap, trote bastón, trote bastón... Vaya, pues parece que no voy tan mal. Voy esperando ese momento en que las piernas se agarroten, pero parece que he encontrado un equilibrio de piernas, brazos y respiración en el que voy bien. La gente se va parando a caminar pero yo troto y troto. Levanto la vista y parece que incluso bastante más adelante caminan, pero yo encuentro que se puede ir haciendo bien al trote. Hay momentos en que no voy más rápido que el que camina a mi lado, pero es importante no perder la dinámica de correr porque a medio y largo plazo es lo que marca la diferencia.
 
Sorprendido por mis buenas sensaciones voy cubriendo todo este primer tramo hasta el Passo Pordoi (km6), caminando sólo en dos puntos en que la pendiente era realmente fuerte. En un descansillo veo a una chica con el vestido de Salomon... Osti, pero si es Oihana (Kortazar)... Perfecto, eso quiere decir que empiezo a estar bastante adelante. "Ale, aupa!"... pero animado me voy para arriba. Última rampa antes del collado, le echo un vistazo al reloj... 40 minutos... Muy bien, media de 7 por hora estando en subida, así que salvo catástrofe no tiene pinta de que me vaya hacia las 3 horas como me temía. Oigo gente que grita "Venga Maite!" a otra chica delante de mí. ¿Maite Maiora? Coño y llevo bastante mejor ritmo que ella... Me voy animando por momentos... Cojo un vaso con sales y sigo adelante, algo encallado en el sendero estrechillo que recorremos ahora. Voy pasando a gente a la que puedo. A veces implica hacer pequeños alardes que te pueden sacar de punto pero tengo al sensación de que hoy estoy "on fire", así que a la que veo hueco me tiro.
El terreno se va haciendo más pedregoso a medida que nos metemos en la canal que da acceso a la Forcella Pordoi, la imágen típica de la Dolomites Skyrace. Sigo teniendo más ritmo que los de al lado y en algún momento dudo de si tomar una línea diferente. Al final como no lo conozco bien opto por la opción conservadora... Seguramente me equivoqué... Voy chocándome con culos y más culos hasta que veo unas Scott Kinabalu (como las mías pero sin agujero) que llevan buen ritmo. Me pongo a seguir a Scott (llamémosle así...) mientras adelanta a varios corredores. Bien, pero todavía tengo ganas de más, así que le paso y subo otro punto... Otra chica, de Salomon, una noruega más larga que un día sin pan... Su nombre es de esos impronunciables que tienen una vocal en medio de ocho letras asi que se queda con "Noruega de Salomon". Mejor tener a ella delante que a los diez anteriores, pero hemos venido a lo que hemos venido así que caballerosamente pero pongo el intermitente. Me lo estoy pasando pipa. Ni tengo ganas de que se acabe la subida!
Se va acercando la voz del speaker que han puesto en el collado, cuya voz retumba por las paredes de esta canalera. Me parece oir que acaba de pasar Elisa Desco, italiana de las pros. Últimas revueltas, devuelvo una sonrisa a unos catalanes que me animan y llego al collado. No llega a la hora y cuarto y hemos hecho más de 1400 metros de desnivel. Muy buen ritmo para mí, pero lo mejor son las sensaciones de tener bastante cuerda todavía. Joder, lástima haber salido tan atrás... Pero bueno, vamos a lo que vamos!
Dejo los palos a un tipo de la organización y echo a correr por un tramo llano y pedregoso. Cuesta unos metros coger la zancada amplia pero al poco las piernas se habitúan al cambio de chip y funcionan bien. Me acerco a un tío con la camiseta a rallas rojas y blancas (llamémosle Wally) y lo paso mientras subo al trote por un nevero. Wally me pasa en el siguiente tobogán pero lo vuelvo a adelantar en la siguiente subida. Levanto la vista y el siguiente objetivo es una chica también con el vestido azul de Salomon. "Vai Lili!" me parece oir... Le llamarán Lili a la Elisa Desco, debe ser... "Go, Emelie, go!"... No me jodas... ¿Emelie Forsberg?... La misma que viste y calza... Adelantar a una de las mejores corredoras del mundo y compañera del Dalai Lama (con todo el cariño y admiración) y con la sensación de que voy bastante más rápido que ella, me deja emocionado. Subo el resalte que lleva a la cima agarrándome a las cadenas como si fuera a arrancarlas de la roca. Paso a un italiano del equipo Buff, que no conozco pero que lleva un dorsal bajo así que no debe ser manco... Por si no estaba suficientemente crecido... Paso a otro de amarillo y casi con pena veo que llegamos a la cabaña de la cima (km10). Lástima... ahora que tenía via libre yo creo que aún podría haber pasado a unos cuantos, pero en fin, es lo que hay...

 "Bueno, que nos quiten lo bailao", la verdad es que coronar por delante de Emelie Forsberg no entraba en los planes. Venga, cambio de chip, a ver qué tal la bajada...
La cosa empieza con unas rocas en forma de escalones por donde bajo algo torpe después de tanto rato subiendo. Eso hace que por detrás se me acerquen los corredores a los que acabo de pasar. Noto al tío de Buff pegado detrás mío. Le indico por la izquierda y me aparto un poco para que el hombre lleve su ritmo... "Gracie!"... No hay de qué hombre... La siguiente que aparece es Emelie, que decide directamente tirar recto tartera abajo. Eso es bajar y lo demás son tonterías. En un abrir y cerrar de ojos la tengo a cincuenta metros... Bueno, ponte las pilas porque si no aquí te va a pasar todo quisqui... Así que me pongo en modo cabra, elimino toda la prudencia que puedo y me lanzo a saco piedras abajo. Llego al Refugio Boé, donde el terreno se aplana y recupero una zancada más ortodoxa. Llega otro repecho de unos 50 metros de desnivel, donde vuelvo a pasar a Emelie, pero vuelve la bajada y su terreno, así que me vuelve a pasar. De todas formas me voy adaptando y mantengo un poco más el tipo... paso a uno, me pasa otro... Llegan por detrás Scott y Wally. Veo al primero que salta un muro de unos dos metros como quien baja al trote las escaleras de su casa. Yo voy haciendo lo que puedo, ayudandome con las manos para perder el menos tiempo posible. Y así voy tirando, apurado pero disfrutando como un gorrino en un charco, haciendo equilibrios por las rocas, dando patadas a piedras... Tanta patada a piedras me lleva a acordarme de mis zapatillas. No les debe estar gustando nada esto... Echo un vistazo y efectivamente, el agujero que tenía en la parte delantera posterior de mi zapatilla derecha se ha consolidado por completo y le ha salido un hermano gemelo en la zapatilla izquierda. Como siga así la cosa, corro el riesgo de que se me salga el pie por el agujero. Sería bastante ridículo...
Con estas dudas Emelie y compañía se me escapan por delante y empiezo a oir unos pasos que llegan por detrás. Es la Noruega de Salomon (tiene hasta un aire nobiliario...) que también debe bajar de lo lindo la chica y que a la mínima que puede me adelanta... Venga va, a ver si le aguanto... Me concentro e intento seguir su ballet sobre las piedras, aunque guardando algo de cuidado para no forzar más la zapatilla. Nos metemos en el bosque y no la veo todo el rato, pero creo que no voy mucho más lento que ella. En esta dinámica salimos por fin a una pista donde puedo alargar la zancada y dejar de sufrir por el agujero de mi zapatilla. Empiezo a estar cansadillo y voy buscando ya indicios de dónde narices está el fondo del valle, Canazei y la meta. Voy a unos 50 metros de la noruega, en los repechos la alcanzo, en la bajada se marcha... y mientras tanto vamos pasando a un par o tres de corredores. Finalmente reconozco a la izquierda la pista de esquí por la que hemos subido hace un rato y un poco más allá un puente que ya estaba muy cerca del pueblo. Justo al pasar por él adelanto a mi predecesora, la tiempo que el ansiado Canazei aparece tras una curva. Estoy ya en el último kilómetro, miro el reloj y llevo 2h27. Si me espabilo bajo de 2h30, así que ignorando el agujero de la zapatilla y una mega ampolla que tiene pinta de haberse gestado en mi talón, alargo el paso, ayudado por toda la gente que está en las calles animando al personal. Curva a la derecha y ahí está la meta, que cruzo la mar de contento y satisfecho. 2h29:59... ahí, rozando el palo...
Muy contento con el tiempo, con las sensaciones, con el recorrido y con lo que he disfrutado. La posición (67o) puede frustrar un poco acostumbrado a otras carreras donde el nivel es otro, pero la verdad es que he ido a ritmos parecidos que gente que normalmente va más rápido que yo. Me quedan un poco las ganas de haber salido más adelante y ver si hubiera podido ganar algún minutillo forzándome más con gente de más adelante. Pero bueno, será la próxima vez!

En resumen, gran semana, amigos, montañas, bici, carrera... Reset de la Ronda, y a por los próximos objetivos.

Besos y abrazos

jueves, 2 de julio de 2015

Ronda dels Cims 2015

Requisitos para la inscripción:
- Haber finalizado una crónica de más de 5000 palabras y 500 líneas de desnivel positivo

Material obligatorio:
- Una taza de café
- Galletitas para picar
- Un WC cercano
- Un punto de libro

Ánimo campeones...

Pues estaba en la cama dándole vueltas a la carrera de ayer y me he dicho que total, para no poder dormir, voy a ponerme a escribir la crónica de esta aventura antes de que se me olviden detalles, sensaciones… La cosa fue más o menos así…
El Andorra Ultratrail es una carrera especial para mí. Fue mi primera carrera de más de 100km, allá por 2010; mi primer buen resultado con un noveno puesto en 2011 (en ambos casos en la distancia original del Ultra Mític, 113km); en 2013, ya en la distancia larga de la Ronda dels Cims, la que había sido mi mejor carrera; y en 2014, un abandono que supuso una gran decepción. Después de la de cal y la de arena, necesitaba un desempate en mi partida personal con la Ronda. A eso venía…
El viernes a las 6:30 de la mañana nos presentamos en la salida con Ruben, que después de dos experiencias en el Ultra Mític, este año se decidió a probar la Ronda. La salida de las carreras es el momento de saludar a los amigos y compartir nervios e inquietudes sobre lo que nos depararán las siguientes horas. Sanvi, Marc (probablemente el único que ha participado en todas las ediciones de esta carrera), Ivan, Sergi, Armando Teixeira (un portugués del equipo Salomon, con quien nos reímos un rato recordando las batallitas del pasado Tor des Geants),… En la parte delantera está el speaker entrevistando a Antoine Guillon y algún otro francés, unos de los favoritos para ganar la carrera. Como me imaginaba, mientras hablan las estrellas me encuentro a Francesc huyendo del protagonismo en un discreto segundo plano. Ya hablará luego en la montaña… Nos deseamos suerte, cuando empieza a sonar la ya mítica música que antecede la salida de la carrera. Tres, dos, uno… Se acabaron las especulaciones, los nervios… Sólo queda correr.

Ordino – Sorteny (km21)
La carrera empieza dando una vuelta por el pueblo para estirar el pelotón. Salimos a un barrio de la parte alta y empezamos a subir por una pista asfaltada de fuerte pendiente. Todo el mundo trota, se nota que las piernas están frescas. Ya veremos dentro de unas horas si trotamos tanto... La pista da paso a un sendero muy bonito que va subiendo por dentro del bosque. Dejo pasar a varios corredores que parecen llevar más prisa que yo. He venido decidido a no quemarme en los primeros kilómetros y por eso he salido con el pulsómetro para poder controlar si llevo realmente el ritmo que toca. La primera en la frente, parece que el aparato no tiene su mejor día y va dando unas oscilaciones bastante improbables. Pues nada, a controlar por sensaciones.

Este primer tramo de la carrera consiste en la subida hasta la Collada de Ferreroles, interrumpida por dos descensos intermedios. Me incrusto en un grupillo con Esteban Monje, Raúl (no sé más, es lo que ponía en el dorsal), un canario, y otros dos corredores que hacen un poco la goma. Unos 50 metros más adelante hay un grupo grande de unos diez corredores. Veo a Antoine Guillon, Carles Rossell, Enrico Viola (un italiano con el que coincidí en el Tor), Armando Teixeira… Tirando del grupo va Lluis con su marcheta característica (probablemente sea la persona del mundo con mayor ratio entre amplitud de paso y altura ;-). No veo a Francesc, que debe haber dicho que la compañía es grata pero ya si eso nos vemos en la meta. La situación pinta bien, voy sobre la posición 15, en un grupillo con un ritmo llevadero y casi todo el mundo a tiro de piedra.
Vamos salvando los sucesivos repechos, mientras Esteban habla con el canario sobre carreras de aquí y de allá y yo voy siguiendo los pasos de Raúl sin participar demasiado en la conversación, que hay que guardar aliento. Salimos al valle que conduce al Coll d’Arenes y el canario se va para adelante. Llegamos al collado Raúl, Esteban y yo, con unos doce corredores a la vista por delante. El camino sigue subiendo un poco más, flanquea a la izquierda y baja a media ladera por un terreno bastante guarrete. He venido muy concienciado a seguir una buena alimentación así que saco el primero de los mini bocadillos y me lo voy zampando mientras hago equilibrios por este terreno complicado. Cruzamos la Collada de Ferreroles y bajamos al otro lado en dirección a Sorteny. Raúl va un poco más fuerte, yo en medio y Esteban algo más atrás, que parece que la bajada no es su terreno favorito. El descenso dispersa el grupo y llegamos al primer avituallamiento algo más separados de los corredores de delante. No hay problema, lo importante es entrar bien en carrera.

Sorteny – Arcalís (km31):
Salimos Raúl, Esteban y yo por un repechillo que hay tras el avituallamiento. Yo sigo con mi obsesión por la rutina alimentaria y voy con un trozo de melón en una mano, un revuelto de pan con salchichón en la otra y los palos arrastrándolos como puedo. Entramos en el valle de Rialb y Raúl se marcha un poco por delante. Yo no voy cómodo. No sé si es que tengo que esperar a que mi cuerpo asimile lo que he comido en el avituallamiento, pero noto que me van entrando ganas de andar en tramos objetivamente corribles. El valle gira a la izquierda y la pendiente se pone más seria camino de la Portella de Rialb. Nos volvemos a juntar los tres, más otro corredor que ha llegado desde atrás (Luis, un portugués). A media subida nos encontramos con unos amigos de Esteban, que parece que va sobrado de aliento y se pone a charlar con ellos. “Aquí nos hemos juntado con Albert, el de la gorra gris que viene aquí detrás”. El de la gorra gris va mirando al suelo y con un punto de ritmo excesivo que impide grandes alardes de conversación. No es que vayamos muy rápido, pero voy con esa sensación de ir hacia una explosión irremediable. ¿Cómo puede ser? ¿El calor? Pero el calor es para todos, ¿por qué tengo la sensación de que todo el mundo va mejor que yo?
Cruzamos el collado y en la bajada se marchan Raúl y Luis. Recupero algo las pulsaciones mientras nos acercamos a la subida del Estany Esbalçat, la típica subida que casi no sale en el perfil de la carrera y que si no te la esperas te sienta como una patada en la entrepierna. Paso a Esteban justo antes de empezar, porque tengo miedo de no poder aguantar su ritmo. Las sensaciones no mejoran. Después de la subida viene un tramo llano y de bajada pero muy técnico, uno de esos trozos sin camino que tanto abundan en esta carrera. Voy torpe, y eso no ayuda a recuperar ni mis piernas ni mi cabeza. Con esa dinámica llego al avituallamiento de Arcalís. Allí está Francesc (Ferrer, perdonad porque yo voy soltando nombres como si los conocierais de toda la vida) y Jordi Codina. Jordi es probablemente la persona más positiva de la faz de la tierra. “Va que aneu moooolt be!” Bufff, ni de coña, tengo más dudas que Hamlet rellenando la Bonoloto. Las intento contrarrestar con un plato de caldo con pasta… que sean dos… por lo menos que no sea por no comer.

Arcalís – Pla de l’Estany (km44):
Salgo un poco antes que Esteban, que enseguida me alcanza. Parece que el caldo me ha recargado un poco las baterías y subo con algo más de alegría. Por delante se ven seis o siete corredores con los que vamos recuperando distancia. Pasamos a Joan Vilana, que parece que no pasa por su mejor momento y llegamos casi a la altura de Luis, el portugués, justo cuando coronamos el Coll de Cataperdís.
Viendo que el tío del mazo se está cobrando sus primeras víctimas y aprovechando que mis energías han repuntado algo y que por tanto el estómago está receptivo, me como uno de los bollos de crema que llevo en la mochila. Los corredores de delante se nos van un poco pero no me preocupa demasiado. Ahora lo importante es intentar consolidar esta buena onda que parece que asoma. Pues va a ser que no… Empieza la siguiente subida, al Pic del Clot del Cavall, y noto que esta vez no recortamos tanto a los de delante y que al llegar arriba todo el mundo tiene ganas de correr menos yo. En la bajada posterior mi agilidad brilla por su ausencia y en el tramo llano que lleva al Pla de l’Estany voy con una actitud negativa, caminando con algo de desgana y sin animarme a trotar en casi ningún tramo. Llega Joan, a quien habíamos dejado con el tío del mazo y que ahora parece totalmente recuperado. Pues vaya, así que la gente se va recuperando y yo que parecía que remontaba, sigo cayendo hacia el abismo.
No me lo explico. No hemos salido especialmente rápido (no más que el año pasado, y el año pasado me encontraba bastante mejor a estas alturas), voy comiendo bien… Pero noto las piernas sin fuerzas. Es cierto también que hace un calor de mil demonios, pero es igual para todos y aquí parece que sólo pringo yo… Con estos pensamientos llego al avituallamiento del Pla de l’Estany. Malas sensaciones y ahora viene la subida al Coma Pedrosa… Nada menos…

Pla de l’Estany – Refugi del Coma Pedrosa (km50):
Mientras estamos en el avituallamiento llega un francés, Eric Ressencourt. “Ça va?... Putain, il fait chaud…” Ya te digo… Si mis cálculos no fallan, somos las posiciones 15, 16 y 17 (pongamos la 17 para mí, que soy carne de cañón en este momento). Salgo detrás de Esteban con la sensación de que no voy a ser capaz de seguir su ritmo, cosa que confirmo no más de dos minutos después. Llega el francés por detrás y me pasa. Intento poner mi ritmo y que la distancia aumente lo más lentamente posible, pero no lo consigo. Mi negativismo va en aumento.
El año pasado abandoné en esta carrera después de hacer unos primeros 50kms con muy buenas sensaciones y tener un bajón repentino que activó mi batidora mental con consecuencias fatales. Venía preparado para no dejarme vencer por un momento puntual de bajón, pero no para esta sensación de impotencia desde el inicio de la carrera. Mientras me tambaleo de piedra en piedra por la ladera del Coma Pedrosa, la batidora mental vuelve a activarse… Habrá que aceptar que uno tiene el nivel que tiene… Estoy peor que el año pasado… Y que hace dos… Nada de ir a competir a las carreras, si no puedes ni acabarlas… Hoy te vas a retirar, como el año pasado… Ya empieza a ser una costumbre esto… Y si te retiras hoy, ¿qué pasa con la espina que te tenías que sacar?... Habrá que volver otra vez… Ni hablar… He perdido… Ronda 2, Albert 1… Final del partido…

Y delante de mí un muro, con Esteban y el francés cada vez más pequeños allá delante. Esteban se para un momento y me espera. “Tira, tira…” “No tengo ninguna prisa” “Tira, de verdad, que no voy ni para atrás…” Y en vistas de la evidencia tira adelante y yo sigo con mi calvario particular. Finalmente llego a los pies de la última canal que lleva al Coll dels Malshiverns. Es endiabladamente empinada, lo cual hace que la velocidad de la gente se reduzca y por tanto también las distancias. Me sorprende ver entre otros a Armando, al canario de esta mañana y a Carles Rossell. Pensaba que estarían en Cuenca ya… Todo el mundo recibe aquí, pero yo solo veo lo mío. Finalmente supero la canal y después la cresta que lleva a la cima del Coma Pedrosa, aunque a un paso ridículo. Me encuentro a Carles Rossell en la cima, en modo desconexión. El año pasado hizo un carrerón e imagino que con ese recuerdo todavía cuesta más seguir cuando las piernas o la cabeza fallan. Yo no llevo mucha mejor pinta. Me paro a respirar un poco y empiezo la bajada torpe y desganado. Veo tres corredores que ya bajan por el nevero que lleva al lago. Hasta luego, ya no os veo más…
Y así voy tirando, preguntándome por qué no tengo fuerzas, por qué entrenando tengo buenas sensaciones y en carrera no… ¿Tendré que aceptar que no soy capaz de hacer esta carrera? ¿Qué en realidad estoy peor que el año pasado y que hace dos? ¿Qué se ha acabado el pensar en mejorar, superarse, competir…? En fin, estoy a 2800 metros y aquí tampoco hago nada así que toca seguir avanzando y más adelante ya veremos si sigo, si no sigo o qué… Estado de depresión considerable, mientras bajo cansinamente por la tartera, por el nevero y por el sendero que lleva a los prados que dan acceso al refugio del Coma Pedrosa. Me encuentro por el camino a Robert Marcé, de RAC1, y le cuento medio zombi mis penas. Algunos excursionistas me animan cuando llego al final de la bajada. Bueno, al menos el refugio está aquí al lado, 500 metros y me paro a comer tranquilamente y a reflexionar…
...Y no tengo explicación para la metamorfosis posterior. No había comido ningún membrillo ni bollo milagroso, ni hidratado particularmente bien durante la bajada, ningún motivo objetivo para que en esos 500 metros empezase a alargar el paso, subiese con un punto renovado de alegría el repecho hacia el refugio, saludase con una sonrisa a un par de franceses que me animaban… Nunca entenderé qué pasó en esos cinco minutos para que llegase al refugio de buen humor…



Refugio del Coma Pedrosa – Coll de la Botella:
"Como vas?" "Bueno... he tenido momentos mejores" bromeo con las chicas que se encargan del avituallamiento. Pido un caldo y una coca-cola, pico algo de fruta y me siento tranquilamente. Parece que se me han olvidado momentáneamente los síntomas de abandono. Me centro únicamente en comer para ver si así mi estado mejora (aunque no creo que haya pecado de mala alimentación o hidratación hasta el momento). A falta de cuchara, sorbo el caldo y empujo los fideos con los dedos... En fin, ahora mismo tengo problemas peores que la falta de higiene... Llega otro corredor, un tal César, que me pregunta qué tal. "Ahora no sé, pero hace un rato muy mal... A ver si me recupero porque si no..."
Con el estómago lleno salgo del refugio, justo cuando llega Carles Rossell con cara de no querer saber nada más de esta carrera. Encaro la subida a la Collada de Sanfonts. Empieza con un tramo bastante tendido que viene bien para bajar la comida. Veo que César viene detrás de mí a unos 50 metros. Bueno, supongo que me pasará en breve... Con eso si no me equivoco iré el 17º... De todas formas yo sigo centrado en mi carrera y sin mirar atrás. Llega el primer repecho duro y no me alcanza. El camino gira y no le veo... Vaya, pero si voy más rápido que él y todo... Adopto un ritmo de paso-respiración que descubrí en el Tor des Geants el año pasado. Me siento como en la rítmica monotonía de cuando nadas en las piscina y me ayuda a no pensar y a hacer un esfuerzo constante sin movimientos bruscos. Parece que la marcheta resulta y se me hace corta la subida al Collado de Sanfonts. No me lo puedo creer, me encuentro bien!
Ahora es cuando hay que abrazarse al momento y no soltarlo... Y eso quiere decir comer. Quesito de membrillo para dentro. Empieza la bajada y tengo ganas de correr. El sendero es fácil y bajo ágil y a buen ritmo. Me voy creciendo. Llego a un collado junto a las pistas de esquí de Arinsal y sigo corriendo, sigo flanqueando a la derecha... El camino se pone plano e incluso con pequeños repechos pero sigo al trote. Estoy atónito ante este cambio. Paso ahora al tramo nuevo de este año, que tiene pinta de ser cabrón, pero ahora me siento preparado para cualquier cosa. Efectivamente, una sucesión de repechos que si vas mal te pueden destrozar la moral y hace un rato hubieran acabado conmigo, pero ahora los encajo perfectamente. Tal como voy, cuantos más repechos más me acercaré a los de delante. En esta dinámica de marcha-trote entre subidas y bajadas complementada con algún membrillo y un mini-bocadillo, llego al Port de Cabús. Me encuentro a Francesc (Ferrer) que está esperando a Olga. "Vinga Albert, qué tal vas?" "Doncs ho he passat molt malament però sembla que m'estic recuperant". Los ánimos me vienen de perlas para lanzarme por un prado incómodo de hierba alta, uno de esos tramos característicos de esta carrera, que no te regala nada, ni medio kilómetro, ni en subida ni en bajada. Campo a través, vigilando los hoyos destrozatobillos, y acabando con un talud empinadísimo que me deja en una pista. 200-300 metros de relax y a subir por una pista de esquí. Venga, volvamos al modo natación... tip, tap, tip, tap... y mirada al suelo. Se ve el avituallamiento, donde si todo va bien estará mi hermano Kike. A media rampa me decido a levantar la cabeza para ver lo que me queda y le veo allá arriba. Eso ya equivale a las fuerzas para llegar al avituallamiento. Llego a su lado y le cuento como ha ido la cosa hasta el momento. De haber seguido la cosa como hace 10 kilómetros muy probablemente me hubiera retirado aquí con el rabo entre las piernas... Pero hoy no es ese día...


Coll de la Botella -  Margineda (km73):
Dentro del avituallamiento me encuentro a Armando con cara de poca batería. "Muito calor..." "Vente conmigo que voy despacio..." No quiere saber nada, dice que ha llegado mareado y que ya ha entregado el dorsal. Una vez mas me lo tomo con calma (quiza demasiada), para estar seguro de que no se me escapa el buen momento por falta de alimentación. Lástima que aquí no pude disponer del consabido plato de caldo con pasta. La cabeza vuelve a estar lúcida y aprovecho para planificar con Kike el próximo en Margineda, que no se nos olvide nada. Bien todo listo, sigamos!

Salgo animado por un montón de gente y después de un breve repecho alargo el paso por un tramo favorable. Favorable pero fue aquí donde el año pasado se me cayó el mundo encima sin previo aviso. Paso por la vaguada donde de repente me alcanzó Armando y me dejó preguntándome por qué yo no iba como él... Esta vez la paso con un trote alegre y el contraste con mis recuerdos me sube aún más la moral. Cruzo las pistas de esquí de Pal y atravieso un bosquecillo hacia la Collada de Montaners. Aquí el año pasado la llegada de Nick Hollon como un cohete remató mi estado de ánimo. Esta vez en cambio yo soy el que corre y me encuentro a Joan Vilana que pasa por un momento más bajo. "Qué tal vas?" le digo... "Tengo el estómago cerrado" "Quieres memebrillo, que pasa bien?" "No, no, tranqui..." Le animo a comer porque es la clave para superar esos momentos. El recuerdo de mi estado hace dos horas saca mi lado solidario en esta montaña rusa en que los estados buenos y malos de unos y otros se entrecruzan en un torbellino sin sentido aparente.
Y llega la subida al Bony de la Pica y vuelvo a poner la marcheta, sin mirar atrás y sin mirar arriba. Desde lo alto las luces del atardecer son impresionantes. Las disfruto mientras me llevo algo al estómago que me dé lucidez para la siguiente bajada, la temible bajada a la Margineda. Me viene a la cabeza la pasada edición bajando a trompicones en estado de depresión total. Ahora bajo con relativa agilidad por terreno muy técnico, con algunos tramos con cadenas. Me rindo un pequeño homenaje y disfruto de la bajada. El único problema que empieza a aparecer es una molestia en las plantas de los pies. Se me han abierto las zapatillas (Cascadia, parte delantera interior, en las dos, una brecha de 3-4cm de largo y buenos 5-6mm de ancho) y me han ido entrando piedrecillas. Eso más la consecuencia de tener los pies húmedos mucho rato por la cantidad de agua en la montaña, hace que empiece a notar molestias al bajar, pero bueno, de momento tampoco es un drama.
Llego al pueblo de Aixàs, echo un trago de agua y afronto el repecho hacia el Coll Jovell. Pequeño percance (si no queréis imagenes desagradables podéis pasar al párrafo siguiente)... A media subida echo un trago de Powerade (combiné agua y Powerade, una botella de cada, durante toda la carrera excepto Isostar en un tramo, más un vaso o dos de coca-cola en los avituallamientos) y noto que se me mezcla con la mucosidad que llevo en la garganta. Intento arrancarlo carraspeando a fondo, pero me paso de frenada y del esfuerzo se me revuelve todo y me viene una arcada. Y otra ya definitiva... Afortunadamente solo sale líquido así que con la satisfacción de haber mantenido proteinas e hidratos de carbono unidos a la causa de mover mis músculos, sigo caminando tranquilamente intentando reacomodar mi sistema digestivo.
Sin mayores problemas, supero el repecho y bajo el último tramo hasta Margineda, donde me espera la sorpresa de encontrar a Dani, compañero del instituto, cerveza en mano. Camino con él hasta el pabellón, comentando la jugada. "He pasado un rato muy malo pero estoy recuperando". Y entre ánimos de la gente entro a esta base de vida de la Margineda, punto clave de esta carrera, donde puedes descansar, comer y acumular energías para la noche; o hundirte completamente ante la visión de lo que te queda.

Lo primero que hago al llegar es pedir un plato de pasta con mucho tomate y coger algo de fruta y el vaso de cocacola de rigor. Están por ahí Esteban con el canario de la mañana, ya con ganas de marcharse, otro corredor que ya se va y Raúl, que no lo veía desde antes de Arcalís y que hace cara de hasta aquí hemos llegado. Después me voy a un banco y, con la ayuda de Kike, mientras me como el plato de pasta vamos tachando tareas. Cambiar camiseta, lavarse los pies, cambiar calcetines, cambiar zapatillas, sacar frontal, sacar el MP3 (mierda, se ha encendido solo y no hay batería), fuera el pulsómetro que no chuta... Pasamos un buen rato, bromeando con Kike, Dani y Jordi Codina. El plato de macarrones fue acompañado por un zumo de limón casero que trajo mi hermano y que era canela en rama. A regañadientes dejé un trago para Coma Bella, pero me hubiese bebido litros y litros sin problemas. Bueno, después de las risas, los macarrones y el zumo toca seguir adelante. La compañía ha mejorado aún más mi moral y los diversos abandonos me han dejado en la posición 11. Vamos a ver que tal se nos da la noche, que no decaiga la fiesta...




La Margineda - Coma Bella (km86):
Salgo por una bajadita empedrada y sigo las flechas que dirigen por un rodeo que evita cruzar directamente la carretera principal antes de afrontar la subida a Costa Seda. Vuelvo a poner el ritmo acompasado de nadador y la música mental de fondo de todo el día (esta vez fue "Culpable", un bonito pastel de Lagarto Amarillo, si no lo conocéis, El Canto del Loco bis...). Y así voy superando una a una las 587 revueltas (por ahí debe andar...) de esta subida, mientras se apaga la luz del día y se enciende la de mi frontal. Por fin asomo al colladito final y me zambullo hacia las luces de Sant Julià. Viene ahora un trozo que no conozco y que tiene pinta de cabroncete. Gerard Martínez, el organizador, dijo que en este tramo "se podía correr"... me lo veo venir. Empiezo por una bajada también repleta de curvas, hasta un pueblo (Certés, Llumeneres,... no sé, pasé varios) que ya duerme. Me encuentro un control y me dicen que 6kms al avituallamiento. Ok, perfecto. Tramo de carretera, pista que pica para arriba, bajada, subida,... Un rato más tarde llego a otro control. "5 kilómetros". Jops, juraría que había hecho entre dos y tres desde el último. Quinientos metros más allá encuentro otro tío y le pregunto para asegurar... "Seis o siete"... ya empezamos..."Si, si, un kilómetro y medio y llegas a otro control en una carretera" Troto a buen ritmo en bajada, a ver si se pasa más rápido, paso por el control (aquí creo que me dijeron cinco) y sigo por una sucesión de subidas y bajadas que en la noche solo me dejaron un recuerdo confuso. Al cabo de un rato me cruzo con un coche que me dice que a "un km o un km y medio hay un río, y otro tanto hasta el avituallamiento". El río lo encuentro en su sitio y cuando llevo otro tanto por el otro lado llego a un control. "Dos kilómetros"... Joder, aparecen kilómetros por todos lados... Hago un enésimo llamamiento a todo aquel que participe en un control o avituallamiento a que, a pesar de la buena voluntad que hay detrás de los ánimos, se de especial importancia a dar información precisa sobre lo que queda (o no darla, mejor NS/NC que una mentira). La moral del personal es muy frágil a esas alturas y un avituallamiento más lejos de lo esperado puede dar al traste con una carrera innecesariamente. En fin, me lo tomé con filosofía y finalmente llegué a Coma Bella, creo que pasada la media noche (ya no llevaba reloj).

Llegando me cruzo con Esteban y el canario (perdonad pero no llegué a saber su nombre), que salen para arriba. Yo entro y me vuelvo a encontrar con mi hermano. También está Karel, y entre los dos me ayudan un montón y eso me deja descansar un poco en una silla. Me como otro plato de macarrones, fruta, coca-cola y el trago de zumo de limón. Al lado mío está Enrico, un italiano con quien coincidí en la Ronda del año pasado y en el Tor. No tiene buena pinta... "Troppo caldo" le digo... "Troppo caldo, non mangio benne,..." Y se tumba... Llega también un portugués que también tengo visto del Tor. Apareció allá por el kilómetro 200 y ya no le vi más. Hizo de los 10 primeros y tiene pinta de que hoy también ha seguido una estrategia de menos a más. Bueno, ya me cogerá, yo de momento me las piro para arriba.


Coma Bella - Claror (km105):
Porque toca para arriba, subida hasta los 2600 metros del Pic Negre. Casi lo prefiero, las cosas claras, para arriba, y no el sube baja interminable del tramo anterior. Pongo el piloto automático en medio de la noche, entre el bosque, iluminando con el frontal ramas que parecen serpientes. El sueño no aparece y casi diría que la sensación de caminar a esta hora de la noche es hasta placentera. Creo que llevo buen ritmo, y ademas sostenible, así que no le doy más vueltas a los que vienen por delante o por detrás. Ya se verá...
Llego a Naturlandia, a cota 2000, y un poco más allá al Refugio de Roca de Pimes. Me tomo un par de rodajas de melon, un vaso de cocacola y sigo adelante. Me dicen que Esteban y el canario han pasado hace diez minutos. Voy a ver si les veo ahora que se abre el terreno. La pista hace una pequeña bajadita y se enfila hacia la montaña de enfrente. Allá veo los dos frontales, bastante lejos y llevan buen ritmo. Pues nada, a seguir a lo mío. Durante el resto de la subida poco a poco me acerco, pero al llegar a la zona llana de la cima sigo caminando para poder comer y parece que se me escapan. Este tramo se hace largo, siempre hay montículos más allá y nunca acabas de llegar a la bajada hacia la Collada de la Caulla. Al final parece que el terreno se va curvando hacia abajo y tras un momento de duda en el que casi pierdo las marcas, desciendo hasta una cruz y después por terreno incómodo hasta el collado. Me siguen molestando las plantas de los pies. Lástima porque lo que es muscularmente parece que la cosa va bien...
En el collado me desvían a la derecha y el camino sube suavemente. Recuerdo el pajarón que cogí aquí la primera vez que hice el Ultra Mític, en el 2010. Ha llovido desde entonces y ahora paso con bastante mejores sensaciones. Una bajadita y un repecho me dejan en Prat Primer, donde me encuentro a otro corredor que sale. Qué raro... Casi no le veo la cara, no se si es el canario o el portugués que ha subido con nosotros a la Portella de Rialb. Bueno, qué más da... Echo un trago de la fuente (qué rica el agua...), me como un quesito de membrillo y para arriba, que ahora viene el regalito del Coll de Bou Mort.
Pongo otra vez el chip de subida y poco a poco alcanzo a mi predecesor. Más arriba veo una luz... e incluso otra más allá!... Bien, parece que nos estamos juntando. De momento me encuentro al primero, que resulta ser el canario, sentado en una piedra. Me pregunta por el avituallamiento. Le ha cogido un ataque de sueño. Le digo que 500 metros para arriba y un kilómetro para abajo y le animo. Llego a la cima un poco antes que él y me tiro para el otro lado, siguiendo en la distancia una luz que me imagino que será Esteban. Sin mayor problema llego al refugio de Claror, donde me encuentro a Esteban y a Luis, el portugués. Así que tengo la séptima posición a tiro...

Claror - Estany de l'Illa (km117):
Luis se va, y yo me quedo comiendo otro plato de caldo más, pero con ganas de seguir. El canario se queda a dormir y yo salgo con Esteban, pero ahora llevo un punto más que él y me dice que tire, que puedo intentar hacer top 5. Ufff, no se, sería tremendo después de las que he pasado en el inicio de la carrera, pero la verdad es que ahora mismo me siento pletórico. Paso por el refugio de Perafita y empiezo la subida al Coll de la Maiana. Esteban se queda atrás lo cual me anima, no por el hecho de que él se quede atrás, sino porque él sube muy bien y eso quiere decir que mi ritmo es bueno. Salgo a los prados de arriba y veo al luz de Luis. Bueno, paciencia, no te estreses, este es buen sitio para comer. Llego arriba un par de minutos detrás. Sé que no le voy a coger en la bajada, porque él va muy bien en descenso, pero intento bajar ágil para poder alcanzarle después. Se hace de día mientras bajo hacia la Vall del Madriu. Cruzo el río y encaro el camino que sube progresivamente por el valle. Camino con paso amplio. Calculo que de esta manera voy a unos 5 o 6 por hora, ritmo que garantiza una buena media. En un prado alcanzo a Luis, que me pregunta por el próximo avituallamiento. No tiene buena pinta, y la verdad es que este tramo es bastante cabrón. No se acaba nunca. "Está detrás de aquél escalón de allá arriba", no le miento. Le animo, pero me parece que está bastante tocado. Yo sigo a mi ritmo por este terreno que sube pero que me va muy bien. Vamos a intentar consolidar esta séptima posición. Con esa dinámica llego al Refugio de l'Illa. "Qué tal?" me gritan "Bueno, creo que razonablemente bien".
Mientras como (sí, otro plato de caldo con pasta) y bebo pregunto por los de delante. Un francés (imagino que Eric Ressencourt, el que nos ha pasado subiendo al Coma Pedrosa) va a 50 minutos y Lluis a 1h15. La verdad es que es bastante, tenía la esperanza de que estuvieran más cerca, pero bueno, seguiré a la mía y si consigo mantener esta dinámica todo puede pasar, que todavía queda mucho.





Estany de l'Illa - Pas de la Casa (km130):
Salgo del refu mientras llegan Esteban y Luis. Me saco las zapatillas intentando vaciar las piedras, pero no hay piedras. El problema está en las plantas de mis pies. Lástima, si además no me hiciesen daño los pies y pudiese correr bien en las bajadas... Pero bueno, algún problema tenía que haber... Efectivamente en el primer tramo de bajada, que es empinado, voy bastante torpe pero cuando la cosa se suaviza y hay más hierba puedo incrementar el ritmo y me vuelvo a sentir muy bien. Paso junto a la roca donde hace un par de años me encontré a Francesc listo para echarse a dormir. Hoy no está allí. Está mucho más adelante volando hacia la victoria y dando otro recital como el del año pasado. Después de la Cabana dels Esparvers el camino vuelve a subir. A empezado la cuenta atrás, menos de 50 kilómetros y sólo cuatro subidas hasta la meta. Salgo al valle que va hacia la Portella Blanca. Las banderolas llevan primero por una subida progresiva y después giran a saco hacia la cresta. El terreno es complicado y le quita a mi paso algo de la alegría que llevaba. Llego al collado y con ello al sol y a unos voluntarios muy simpáticos que me dan un zumo de piña (me dijeron que no lo dijera pero me supo genial y tengo que agradecérselo).

El camino gira a la izquierda y va hacia el Coll dels Isards. Jops, lo veo más lejos de lo que recordaba... Aprovecho el trozo llano para beberme el zumo y subo varios repechos que me llevan al collado. En el último me giro y veo que viene Esteban detrás. La verdad es que la última subida he notado que bajaba algo mi ritmo pero creo que seguía siendo bastante digno, así que eso quiere decir que Esteban se ha recuperado respecto a hace un rato. De todas formas en la bajada llevo algo más de ritmo y vuelvo a ganar distancia. El sendero me deja en una pista de esquí, que sigo de frente. De repente no veo marcas... Será porque es evidente que es recto?... Al cabo de un rato me doy cuenta de que no, pero bueno, Pas de la Casa está ahí en frente, así que imagino que volveré a encontrarlas al llegar al pueblo... Pues no... Llego a las casas y ni rastro. No me acuerdo de dónde era el avituallamiento, así que acabo dando más vueltas que un manco en una piragua. Subo por la calle principal, pregunto en una tienda, no saben de qué les hablo, en otra, mismo resultado, a unos franceses que vienen de compras, ni te cuento... Al final, caigo en la cuenta de que llevo el teléfono de la organización en el dorsal... "Estoy en Pas de la Casa y he perdido las marcas, no encuentro el avituallamiento, nadie sabe nada..." "Pregunta por la Sala de Fiestas y si no me vuelves a llamar y te vendrán a buscar"... Pregunto por la sala de fiestas en una tienda y ahora sí que hay respuesta. Ufff, menos mal... Llego al avituallamiento algo estresado, donde me encuentro a Kike y a Esteban que ya ha llegado.

Bueno, centrémonos, plato de macarrones con tomate, cambio de calcetines, cambio de camiseta, no hay zumo de limón, lástima!... "Albert, vinga que vas molt be!", dosis de optimismo de Jordi Codina que viene la mar de bien para seguir adelante.

Pas de la Casa - Incles (km142):
Me despido de mi hermano, que se ha portado genial en la asistencia, pero tiene que irse para trabajar por la tarde. Salgo con Esteban en dirección a Francia, por uno de los pocos tramos feotes de la carrera. El sendero va bajando por el valle, con la desesperación que provoca saber que todo eso se ha de subir después. Pasan de las 10, hace sol, y la temperatura está subiendo claramente. Enseguida veo que eso no va a ser nada bueno. Finalmente, muy abajo, llegamos a la curva que da acceso al valle que lleva al Port Dret. Empezamos a subir... El terreno es muy guarro, no hay camino, las banderas suben dando escalones empinadísimos y hace calor. Bueno, parece que el ritmo de la noche se ha acabado. Bienvenidos a la agonía final...
Aprovecho que Esteban se para a atender una llamada de la naturaleza para poner mi ritmo (que ahora quiere decir, evitar quedarme de mi compañero). Sigue siendo el ritmo paso-respiración rollo natación, pero hemos pasado de las calles centrales de la psicina a ese abuelo que te encuentras nadando en la calle del fondo apoyado al borde de la piscina. El sol cae a plomo y mirar hacia arriba es descorazonador. El valle tiene escalones y más escalones y la subida se me hace eterna. Un repecho durísimo nos deja en una pista, con 100 metros llanos que me hacen recuperar el aliento aliviado. Venga, último repecho, un prado y una última pala entre un nevero y unas rocas, tarterilla deshecha que hace que la eficacia de cada paso sea del 10%. Finalmente aparecemos en lo alto, junto a un control con gente que parece que solo espera a los del Ultra Mític. "162" susurro mi dorsal mientras sigo adelante e intento recuperar el paso. Pasa una chica corriendo a un ritmo espectacular. O está entrenando y viene de ahí al lado, o es una super crack, o nosotros estamos hechos polvo... Probablemente un mix de las tres.
Qué bien viene este trozo llano hasta el Pas de les Vaques... Ahí empieza la bajada hasta Incles. En el descenso parece que Esteban va algo más lento. Yo me debato entre quedarme con él y de paso ahorrarme algo el dolor de pies, o tirar más rápido con un puntito de fuerza que parece que he recuperado. Al final acaba siendo un intermedio, y bajamos juntos hasta los lagos de Siscaró (tremenda tormenta pasé aquí en una travesía en 2003) y me separo en la última bajada hasta Incles. Allí me encuentro a mi prima Patri, que toma el relevo de mi hermano en la asistencia.
"Que tal va?" "Bufff, la noche muy bien pero ahora mucho calor... Y la subida que viene ahora... En fin, ahora ya a acabar como sea". Aquí no hay pasta pero si caldo con arroz. Pues bien, cambiamos. Eso, un trozo de melón y otro vaso de coca-cola. Me embadurnan de crema solar, cosa que tendría que haber hecho ayer. En fin, ahora ya... A ver qué tal se nos da esta subida... La recuerdo muy dura, y son las horas de más calor. Pánico...

Incles - Coms de Jan (km150):
Salimos nuevamente con Esteban y me pongo delante a marcar el ritmo. Quizá fuese egoista, pero me asustaba el hecho de seguir a alguien y no poder... Pensé que si no le iba bien el ritmo ya me pasaría. Y con esas salimos por un primer repecho duro, que lleva a un descansillo que entra por un valle, hasta un desvío a la izquierda. Y ahí a ir subiendo progresivamente, bordeando la montaña, hasta el refugio de Cabana Sorda. Pues no ha estado tan mal... Ya hemos hecho la mitad de la subida... Venga pues... Cruzamos un río y otro repecho muy duro que va girando a la izquierda y vuelve a bordear la montaña subiendo en diagonal... Tip...tap...tip...tap... lo bueno de que suba fuerte es que el desnivel se salva más rápido y la subida se acaba antes (hay que ser optimista...). Giramos otro lomo de la montaña y ahí está la temida última pala. La primera vez que pasé por aquí haciendo el Ultra Mític era de noche, y cuando vi la lucecita del control allá arriba pensé que no podía ser. Ahora la verdad es que me parece menos malo de lo que esperaba. Quizá cuando estaba bajando hacia Incles le tenía tanto miedo a esta subida que ahora no me ha parecido tan mal. "Venga va, que sólo es hasta ahí" le digo a Esteban, y sigo con el ritmillo de subida.
Llegamos a los dos chavales que se encargan del control de arriba. La verdad es que yo estoy para poca cháchara, les saludo, gracias y empiezo la bajada. Otra vez las plantas de los pies... El primer tramo empinado es un suplicio. A ver si llego a esa hierba de ahí abajo... Se repite la tónica de la bajada anterior y llega un punto que me separo de Esteban. La verdad es que tengo ganas de llegar ya. De momento a donde llego es al avituallamiento de Coms de Jan, el penúltimo. Me siento y me tomo el último plato de caldo con pasta, fuerzas para la última subida que nos espera. En Incles nos han dicho que el siguiente había salido de Pas de la Casa a 50 minutos. Yo tengo la sensación de que nuestro ritmo en Port Dret es como para que nos hayan recortado y si el de detrás viene fuerte, el ultimo desde Cabana Sorda también. Haremos lo que podamos...

Coms de Jan - Sorteny (km159) - Ordino (km170, Meta):
Salimos juntos nuevamente dispuestos a acabar con esto. Más marcheta y subida fuerte al principio, remontando hacia la derecha para llanear e incluso bajar un poco después. Sin demasiada historia... Evito mirar hacia atrás para evitar estresarme con posibles llegadas y porque es la mejor manera de llevar el mejor ritmo posible. El collado no se ve en toda la subida, sólo cuando rodeas un espolón rocoso y subes una última pala que te deja en la Cabana de Meners, donde hay otro control. Por fin, ya sólo unos últimos metros hasta el collado y se habrá acabado... la subida.
Resoplo de alivio al ver el valle de Sorteny. Empezamos el descenso, con un sol que empieza a bajar y una temperatura que ya es algo más tolerable. Yo voy pensando en eventuales corredores llegando de atrás y animo a Esteban para que no nos durmamos. La verdad es que después de cómo ha ido la carrera me gustaría que mantuviéramos este séptimo puesto. Ni me pasa por la cabeza que tengamos a tiro a alguien por delante. Con el piloto automático y haciendo una marcha-trote lo más digna posible llegamos al avituallamiento de Sorteny. Aquí ya pasamos con algo de fruta y seguimos para delante.
Salimos a una pista y cogemos un trotecillo intentando que los kilómetros pasen más rápido. Yo con la bajada de la temperatura he recuperado la energía y quitando los tramos empinados de bajada donde veo las estrellas a cada paso, el resto del tiempo me veo con fuerzas de trotar con un ritmo relativamente bueno. Salimos al Serrat y de ahí al camino final que baja por el valle. Últimos 8 o 9 kilómetros...Caminamos en los repechos, que cada vez son menos, y trotamos en llano y bajada. Pasamos por Llorts, por Cortinada y vemos como el valle va girando a la izquierda pero nunca aparece Ordino. Finalmente veo al fondo la ladera del Coll d'Ordino y al pie el ansiado pueblo de igual nombre. Un último repecho y la valla naranja del camping que está justo antes de Sornás. Esto ya lo conozco, ahora sí que estamos... Salimos a la carretera y viene ese último kilómetro tan esperado...
No sé si es cierta esa última frase de Into the Wild, "la felicidad sólo es real si es compartida"... Las dos veces que he acabado la Ronda lo he hecho compartiendo esos instantes finales, esa satisfacción por el objetivo cumplido, después de compartir también momentos de esfuerzo, fuerza de voluntad y superación. Mientras subo esa última rampa hacia la meta, mientras un amigo de Esteban abre una botella de cava y me empapa de arriba a abajo, mientras el speaker anuncia nuestra llegada, mientras la gente aplaude solidarizada con nuestro esfuerzo... esas sensaciones no tienen precio. La vida se llena con sensaciones y eso es lo que hacemos, vivir la vida.

Besos y abrazos

Gracias a tod@s por esos ánimos durante la carrera y por el seguimiento que uno se imagina y que le empuja a seguir adelante. Gracias a Jordi, Karel y Patri por la ayuda en los avituallamientos y sobretodo a mi hermano Kike que estuvo siguiendome tarde, noche y mañana. Y también a mis padres, que aunque no pudieron venir esta vez estuvieron siguiendo y empujando full time.





P.D: cómo fue la carrera por delante... Pues delante nuestro llegó Antoine Guillón, un tipo con buen palmarés (Diagonale des Fous entre otras) que fue de más a menos y que ahora sentado en el sofá me pregunto si no hubiese estado a nuestro alcance. Me alegra mucho la quinta posición de un viejo compañero de batallas, Lluis Sanvicente, que se merece este éxito por la pasión con que corre y vive las carreras (a veces yo creo que hasta tiene que luchar contra ella ;-), según cómo sale más a cuenta ser un poco Ice Man...). Cuarto Eric Ressencourt, el francés que nos pasó subiendo al Coma Pedrosa y que realizó una progresión impecable. Tercera y segunda posición para otros dos franceses, Nahuel Passerat y Jerome Lucas. Y victoria con otra exhibición sin adjetivos para Francesc Solé. Hay tres tipos de alumnos aventajados: el empollón superdotado que vive alejado de la realidad que le rodea a causa de su coeficiente intelectual; el crack afortunado que chafa a los demás con su sobreexhibida falta de necesidad de estudiar; y el genio sencillo que vive, trabaja y disfruta como uno más pero que llegado el día del examen saca la matrícula de honor. Estos son los mejores.

P.P.D: ya puestos a prolongar la biblia, un par de detalles técnicos. Tema zapatillas, empecé la carrera con las Cascadia 10. Muy bien, cómodo y con la roca mayoritariamente seca, buena seguridad. Eso sí, una de ellas tenía un amago de grieta en el upper, parte interna, que se consolidó y se hizo enorme (4cm x 5mm). En la otra salió otro simétrico y en la parte exterior del upper ha aparecido un punto débil en una de las zapas. Llevan entre 200 y 250km... Soy un enamorado de las Cascadia y vengo usando desde la 7, pero una zapatilla de ultras no puede durar 250km...(no me pasó con las 7 y las 9). Las cambié en Margineda por las Adidas Riot 6. Cómodas también, no creo que tengan nada que ver con mis problemas en las plantas de los pies, era bastante inevitable (en todo caso, llevando más calcetines de repuesto). Tema mochila, estrené la Ultimate Direction SJ Ultra Vest, de 11litros. La verdad es que con el material obligatorio final, se podía hacer la carrera bien con una mochila de 5 litros, pero no tengo una buena de 5 litros, solo la Salomon que tiene las cremalleras ya destrozadas de tantas batallas. Es cómoda, muchos bolsillos accesibles, buena sujeción... Quizá al final algo de molestia en el pecho por los bidones, pero por decir algo, la verdad es que no se me movían nada, y eso que erán de 600ml. Hablando de bidones, llevaba dos y con tubo para beber directo (para mí fundamental para una hidratación correcta). Combiné agua en uno y sales en otro (casi siempre powerade de los avituallamientos)

P.P.P.D: balance final, positivo. Siempre puede caer uno en preguntarse si podría haber hecho algo para mantener la dinámica positiva de la noche... No lo sé. Si fui demasiado conformista en no ir a por los de delante... Fácil de pensar ahora sentado... En cualquier caso lo cierto es que en el kilómetro 40 tenía una depresión de caballo y estaba medio retirado (por sensaciones, de la carrera y de las carreras...) y estoy contento porque supe tener sangre fría, paciencia, seguir adelante y esperar un momento bueno que afortunadamente llegó. Y entonces abrazarme a él para disfrutar como pocas veces he hecho. Ahora a descansar y cambio de chip, si todo va bien haré un par de carreras de sobre 30km a final de julio y principios de agosto y después el 22-23 de agosto al campeonato del mundo de rogaining, a ver si sabemos aplicar las lecciones del maestro Tommi...

domingo, 21 de junio de 2015

Rogaine Port del Comte

Y por fin el tercer rogaine del mes de mayo!

Llegaba el momento de ver si habíamos aprendido algo en la clase magistral del Campeonato de España. Volvíamos a estar Jaume y yo solos. Así fue la cosa...

Promete que va a ser un mapa con muchos desniveles, estamos en alta montaña y salimos desde la estación de esquí de Port del Comte, a unos 1700 metros y la montaña más alta de la zona, el Pedró dels Quatre Batlles, roza los 2400 metros. Es decir que si no vamos con cuidado en el diseño de la estrategia nos vamos a chupar desnivel por un tubo como hace dos semanas. Con esa idea recibimos el mapa:

Dividimos el mapa en tres partes, una que queda de la mitad hacia el norte y dos que dividen a partes iguales la mitad sur. Contamos puntos: norte, 115; suroeste, 92; sureste, 82. Vamos a ir hacia el norte recorriendo una línea bastante a nivel por el borde este del mapa, que conecta una serie de balizas de forma bastante natural: 31-55-44-65-64-50-70-71-92-58... De ahí la idea es barrer toda esta zona subiendo progresivamente hasta la zona más alta (balizas 60-42-72-91), bajar hacia la esquina suroeste y volver hacia la meta acabando en bajada por una zona con bastante densidad de balizas y donde podremos adaptar la estrategia al tiempo que nos quede. A ver qué tal sale la cosa...

Desde la salida se ve la baliza 31, así que nos preparamos para salir rápido y evitar el previsible atasco. Fichamos después de un par de jovenzuelos y salimos hacia el oeste más o menos a nivel, cruzando bosque bastante penetrable y dos pistas de esquí. Fichamos la 55 en una pequeña vaguada junto con Olga y Francesc, que han llegado desde abajo. Seguimos a nivel, concentrados en evitar ganar o perder altura involuntariamente a medida que esquivamos árboles. Nos sale bastante bien y damos de lleno con la 44. La 65 nos obliga a subir algo, pero la encontramos fácil en un riachuelo. Más complicada es la 64, en un claro del bosque difícil de identificar, pero que al coincidir con más gente pululando por ahí, acabamos encontrando. De momento las balizas van cayendo bastante fácil y parece que hemos entrado bien en el mapa.
Ahora toca una travesía bastante larga hasta la 50. Empezamos siguiendo a nivel, atravesamos una encrucijada de pistas de esquí y empalmamos con una pista que seguimos hasta una revuelta de donde ya podemos atacar la baliza. Subimos en diagonal, Jaume un poco más abajo y yo más arriba, para cubrir más zona. Yo me voy demasiado lejos y acabo en la pista de arriba, mientras Jaume ya ha encontrado la baliza y me grita para que baje. Resuelta la confusión, subimos pendiente arriba hacia la 70. La pendiente es fuerte pero se sube bien, aunque no acertamos bien el rumbo y salimos demasiado a la derecha. De todas formas no tiene pérdida, la baliza está en lo alto del montículo. Fichamos y salimos montaña abajo hacia el noroeste y flanqueando por la izquierda para evitar la subida posterior. Pasamos por la 71 y seguimos bajando por una vaguada que no ofrece dudas, hasta una pista que nos sirve de referencia y nos permite atacar sin problemas la 92.


Volvemos a la pista anterior y la seguimos al norte subiendo ligeramente hasta llegar a una vaguada de donde podemos atacar la 58. Identificamos bien el prado en el que se encuentra y la encontramos sin problemas. Bajamos al oeste en diagonal para recuperar la pista, que nos deja en la 48. Seguimos llaneando hacia el norte, pero el terreno es algo mas incómodo y la llegada a la zona de la 81 algo confusa. Nos liamos algo bajando al norte y nos pasamos de largo. Empezamos a ir de un lado a otro, típica situación en la que podríamos perder tiempo indefinidamente, pero tenemos suerte y estamos más o menos donde toca, así que Jaume la acaba encontrando. Nos sirve de aviso, para concentrarnos y tomar referencias seguras de ahora en adelante. Salimos al prado justo al sur y lo seguimos en dirección suroeste apoyándonos en un camino desdibujado que lo bordea y nos deja en la 79. Bajamos al norte por un cortafuegos y atravesamos al oeste bajando en diagonal cruzando varias pistas hasta una vaguada y cruzamos hasta el siguiente lomo. Pintaba difícil la baliza 80 pero damos directo con ella. Parece que hoy estamos inspirados.
Subimos en diagonal al suroeste hasta salir a una pista importante. En un cruce cogemos la pista que sale al sur y en la curva siguiente salimos ya más o menos a nivel en dirección a la 67. Hoy nos sale todo bien y damos con ella a pesar de que tampoco pintaba fácil. Subimos hacia el sur hasta una pista que acaba enseguida. Seguimos a nivel por terreno bastante empinado e incómodo, cruzando un par de vaguadas antes de llegar a otra más profunda que es la buena. Perfecto, nuevamente salimos directo a la baliza. Deshacemos el camino subiendo algo más al sur y utilizamos un prado como referencia para atacar la 38. La idea es subir hacia la parte alta siguiendo la ruta: 62-39-59-60-42-72-91.


Salimos de la 38 hacia el norte hasta llegar a una pista. Identificamos la curva adecuada y cruzamos el bosque a nivel hasta dar con la 62 en una vaguada. Seguimos al este subiendo ligeramente bordeando el montículo tras el cual está la 39. Salimos junto a la cima y bajamos por el lomo de la montaña hacia el noreste. Me paso de largo, así que Jaume me frena y nos tranquilizamos un poco para tomar referencias. Oimos voces más abajo así que de oidas acabamos dando con el prado en el que está la 39. Salimos hacia el sur y cogemos una pista que va bordeando la montaña y cruzando pistas de esquí que bajan de la derecha. Apoyándonos en una de ellas subimos a la 59 y seguimos subiendo a saco hasta la cima donde está la 60. Hemos pasado lo peor a efectos de desnivel. Salimos al suroeste y fichamos la 42 en una pequeña cueva y seguimos un camino en ligera subida hasta la 73, que está en una depresión del terreno. Otra sucesión de toboganes arriba y abajo nos lleva a la 91.
A partir de aquí la idea es hacer un zig zag mientras bajamos progresivamente hacia la esquina suroeste del mapa: 73-74-85-94-82-56-47. La 73 no tiene más problema que el de tener que salvar algo de desnivel. Bordeamos el montículo siguiente hacia la 74, pero bajamos demasiado y acabamos teniendo que recuperar altura para fichar la baliza. La ruta hacia la 85 no tiene misterio, pero es una bajada pedregosa por fuerte pendiente que se hace muy incómoda. La cosa mejora en el fondo del valle y siguiendo el barranco salimos directos a la baliza. Viene ahora un tramo complicado ya que tenemos que ir a nivel hasta la 94. Hacemos lo que podemos, porque casi no hay referencias y el terreno es complicado entre tarteras y bosque. Al final salimos más o menos donde toca y además coincidimos con otro equipo, con lo que entre todos la acabamos encontrando.
Pasamos las 4 horas. De momento las hemos ido haciendo todas pero llegará un punto en que habrá que empezar a descartar balizas. De momento seguimos hacia la 82 por un senderillo, después al sur a la 56 bordeando un montículo, y la 47 sin mayores problemas en un riachuelo. Yo no lo tengo claro, pero Jaume me convence para ir a buscar la 93. Pasamos antes por el avituallamiento líquido, no vaya a ser que me pase como la semana pasada, y seguimos rumbo suroeste. Ayudándonos en un camino que atravesamos y en el relieve, salimos directos a la baliza. Nos ha salido bien la jugada. Vamos a ver cómo organizamos la vuelta... Decidimos hacer 84-87-78, ya veremos si 83, 77 y ahí lo volvemos a mirar. 
La 84 nos sale bastante bien y la 87 no tiene misterio, más allá de que toca subir un repecho que a estas alturas hace daño. Coincidimos con el equipo que ganó hace dos semanas el rogaine de Catllarás. A ver si hoy estamos más cerca... Vamos algo por delante de ellos en la 87, pero salimos diferente hacia la 78. Nosotros bordeamos por el norte el montículo (ahora que lo miro hubiese sido mejor por el sur) y tomando como referencia una cima en la que hay una antena, bajamos a la vaguada donde está la baliza. Decidimos descartar la 83 y nos vamos directo a la 77. Seguimos un camino que no me cuadra mucho pero resulta ser el bueno y salimos a la 77. Nos quedan 40 minutos, toca volver...
Vamos a hacer 54-63-40 y ahí vemos lo que queda. Llegamos a la 54 por un camino y atravesamos a nivel hasta una pista de esquí que baja y otra que atraviesa enfrente hacia la 63. La cogemos y seguimos de frente hacia la 40. Nos quedan 18 minutos y estamos junto a la meta... y después de una muy buena carrera en general aquí vino el fallo. De las tres balizas que quedan al este de la meta, yo creo que lo mejor es ir a buscar la 41 y la 61. Jaume no lo ve claro porque la 41 queda lejos, pero al final mi estrés se acaba imponiendo. Bajamos por un cortafuegos a la calle inferior y corremos al sureste. Empiezo a ver que hay que bajar más de lo que pensaba. Llegamos a una vaguada que nos tiene que llevar a la 41, pero es demasiado tarde... Llegamos a una carretera y Jaume me hace entrar en razón. No llegamos... Renunciamos a la 41 a pesar de estar ya muy cerca y nos vamos directo a la 61. Llegamos por una serie de calles pero quedan tres minutos y va a ser demasiado tarde también para llegar a meta a tiempo. Efectivamente llegamos un minuto tarde, así que cinco puntos de penalización...
Acabo con mal sabor de boca por mi error, peor aún cuando sale la clasificación y hemos quedado segundos a 8 puntos de los primeros. Lo bueno es que hace dos semanas nos sacaron 50, así que algo hemos mejorado. Lo malo es que si hubiésemos hecho lo tocaba, es decir, después de la 40 ir a buscar la 61 y la 32, hubiésemos tenido esos 8 puntos de más. En fin... Nos tendremos que quedar con lo positivo!!
Balance de la carrera, a pesar del error final hemos mejorado claramente respecto de la carrera de hace dos semanas. La estrategia ha sido buena exceptuando el error final y a nivel de orientación no hemos cometido fallos importantes. Otro punto positivo es que me he encontrado bien físicamente, así que de cara a las carreras que vienen por lo menos eso me anima.
Balance de la carrera:
Hora 1: 52 puntos (9 balizas)
Hora 2: 38 puntos (6 balizas)
Hora 3: 36 puntos (7 balizas)
Hora 4: 47 puntos (6 balizas)
Hora 5: 34 puntos (5 balizas)
Hora 6: 43 puntos (7 balizas)

Besos y abrazos

P.D: próxima parada, Ronda dels Cims (el fin de semana pasado fui al Trail du Gypaète, pero con gastroenteritis, así que a los 10 kilómetros, deshidratado y sin fuerzas, me fui para casa a comer arroz blanco...)